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Najarro revive La Argentina

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Sábado 11 de julio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Les Ballets Espagnols de «La Argentina», Antonio Najarro (dirección artística y coreografía): Obras de Julián Bautista, Isaac Albéniz, Ernesto Halffter. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara.

Mi última noche en el Teatro del Generalife para disfrutar de un espectáculo tan universal como la danza española a través de una de las figuras más interesantes y algo olvidadas como Antonia Mercé «La Argentina» (Buenos Aires, Argentina, 1890-Bayona, Francia, 1936), felizmente recuperada por un grande como es Antonio Najarro, quien retoma el nombre de los espectáculos de Mercé Les Ballets Espagnols cortos en el espacio (de 1927 a 1929) pero que enamoraron a tantos otros artistas por su combinación entre tradición y vanguardia, y que la presentación de la web nos ponía en contexto precisamente titulándola Recuperar a Antonia Mercé:

Cuando el 18 de julio se van a cumplir 90 años del prematuro fallecimiento de Antonia Mercé «La Argentina», pionera de la danza española de principios del siglo XX, Antonio Najarro indaga con su compañía en el mundo creativo de la bailarina y coreógrafa para retomar los ballets que creó con su efímera compañía. Este programa une tres de los títulos esenciales estrenados en París de quien fue figura internacional de la danza y cuyo ejemplo ha sido crucial para el desarrollo coreográfico y estilístico de nuestro arte. Permanecen invariables las partituras de cada uno de los ballets, Juerga (Julián Bautista), Triana (Isaac Albéniz) y Sonatina (Ernesto Halffter); en sus trajes y escenografías hay rigor hacia lo original e inspiración para los nuevos diseños de Yaiza Pinillos. Las coreografías de La Argentina, sin embargo, no se conservan y Najarro se ha acercado a su universo de movimiento desde su perspectiva actual, para recrearlos en su aspiración de danza española moderna con impulso de universalidad.

Tres números que nos dan una idea de lo avanzada que fue «La Argentina», así por el país donde nació, siguiendo la moda del momento entre las artistas a llamarse con seudónimos, cuando debutó en Madrid en su adolescencia. Cristina Marinero autora de las excelentes notas al programa, comienza con una cita de Jacinto Benavente en «Acotaciones» (11 de noviembre de 1911) para describir a esta avanzada de su época: “con sus danzas, es una de las pocas artistas que merecen ser consideradas como tales entre las que se presentan al público”.

Globalmente el espectáculo se organizó en las tres coreografías famosas ya citadas, aunque no conservadas pero sí informadas por Najarro, donde todo es de destacar, desde el vestuario hasta la música, tanto grabada como en directo, que figura en el programa de mano, pero sobre todo los los diseños de vídeo proyecciones e ilustraciones: para Juerga los de Emilio Valenzuela inspirados en el diseño original de Manuel Fontanalsa, para Triana en los diseños originales del pintor canario Néstor de la Torre (1887 – 1938), otro avanzado del su tiempo, incluso en su diseño del vestuario, escenografía y figurines espectaculares reinterpretando de los vestidos de volantes en estética vanguardista, así entendidos para la Sonatina con las vídeo proyecciones de Néstor L. Arauzo y Davitxun, ya del por sí dignas de guardarse por sí solas, resultando el mejor decorado para los tres momentos, a cual mayor en belleza, colorido, plasticidad por una compañía de danza que ha entendido las bases del ballet para llevarlas a la danza española (hasta con las castañuelas virtuosas), así más universal que nunca.

Con un solo foco iluminando al guitarrista José Luis Montón, siempre con su sombrero, a quien hace 16 años escuché en Gijón con «Bach como disculpa», interpretaría la «Andaluza» de Granados aún sin los dedos suficientemente sueltos y con una amplificación tan excesiva que se escuchaba aún con más precisión desde el deslizarse sobre el mástil hasta la afinación, el prólogo abrió la Juerga madrileña a más no poder, el Ballet-pantomima en un cuadro con música del exiliado Julián Bautista perteneciente al llamado “Grupo de los Ocho”, en una versión grabada por Manuel Coves con la Sinfónica de Tenerife. El vestuario de Yaiza Pinillos logró el color y estilo de cada personaje, desde el ciego con su bastón a los tunantes sin instrumentos, a la violetera y «la flamenca del pañolón», o los chulapos y señoritingas, sin faltar un torero goyesco. Juegos y movimientos de mantones, capas y capotes siempre efectistas, junto a la coreografía que nos hace entender el libreto libreto de Tomás Borrás, porque la danza es escena musical sin palabras.

Volvería la guitarra del barcelonés Montón como Interludio interpretando al sevillano Manuel Infante (1883-1958) y su visión personal de El vito, mezcla de la canción popular que Lorca también arregló, con el igualmente popular intermedio, más que la propia zarzuela, “La boda de Luis Alonso” (G. Giménez), virtuosa versión con trémolos, rasgueos y el sabor flamenco de la mal llamada música clásica, pues mejor no etiquetarla nunca.

Triana sería impactante por todo lo ya citado, el vestuario rompedor con la música de la «Iberia» (Albéniz) y los números Evocación, plasticidad, movimientos perfectos, El Albaicín con la cercanía geográfica y popular, El Corpus Christi en Sevilla donde el trono parecía real apareciendo con el baile en una evolución de la cruz del fondo tan trianera como la última, recordando mi Sevilla de 1982 y el azulejo en “Las Golondrinas” con el texto de Antonio Domínguez Fombella:

Si me perdiese algún día
que me busquen en Triana,
no vayáis hacia mi Asturias,
tal vez allí, oigáis mi gaita,
suspirar tiernos recuerdos
en mágica resonancia.
Buscadme en los aledaños
de una taberna en Triana,
donde nuestro amigo Paco
tiene aroma de albahaca,
me da de beber buen vino
de humildad y templanza;
si me perdiese algún día,
allí encontraréis mi alma.

Descanso suficiente para hidratarse, la mente en mi tierra y la Sonatina de Ernesto Halfter (1905-1989) perteneciente a la “Generación del 27”, con la música en vivo a cargo de Constanza Lechner al piano y ¡el cajón!), Sergio Menem al  violonchelo, y José Luis Montón  de nuevo, guitarra clásica encajando a trío la música del único discípulo de Falla, y que para el compositor madrileño se convirtió en motivo de tensiones con Antonia Mercé. Para la danza española al no ser un ballet español como se entendía entonces, lo recompuso en 1929, volviendo a llevarme a mi tierra, la canción “Pastor que estás en el monte” que utiliza en la obra y escuchándose grabada un fragmento entre los distintos cuadros. Fondos oníricos, casi dalinianos, el simbolismo europeo, con un vestuario tan rompedor como hace cien años junto a la coreografía de un Antonio Najarro que sigue marcando estilo propio desde el conocimiento profundo de la danza.

La tarde del sábado estuvo gris pero al menos la noche tuvo luna lorquiana proyectada, y mi bajada evitando caminar nuevamente por el bosque de la Alhambra para intentar conciliar rápido el sueño. Aún queda otro día antes de la vuelta a casa.

ELENCO:

PROGRAMA:

Prólogo

Enrique Granados (1867-1916): Danza española «Andaluza», op. 37 nº 5

Guitarra: José Luis Montón

Juerga

Ballet-pantomima en un cuadro, op. 4

Música: Julián Bautista (1901-1961)

Libreto: Tomás Borrás (1901-1961)

Grabación musical: Sinfónica de Tenerife (Manuel Coves, director)

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos

Diseño de vídeo proyecciones e ilustraciones: Emilio Valenzuela inspirado en el diseño original de Manuel Fontanals

Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel

Estrenado en el Théâtre National de l’Opéra-Comique de París el 29 de mayo de 1929 por Les Ballets Espagnols con coreografía de Antonio Mercé y escenografía de Manuel Fontanals

Interludio

Manuel Infante (1883-1958): El vito

Guitarra: José Luis Montón

Triana

Fantasía coreográfica sevillana

Música de Isaac Albéniz (1860-1909): Evocación, El Albaicín, El Corpus Christi en Sevilla y Triana (de “Iberia”)

Libreto: Enrique Fernández Arbós (1863-1939)

Grabación musical: Sinfónica de Tenerife (Manuel Coves, director)

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos inspirada en los diseños originales de Néstor de la Torre

Diseño de vídeo proyecciones e ilustraciones: Emilio Valenzuela inspirado en los diseños originales de Néstor de la Torre

Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel

Estrenado en el Théâtre National de l’Opéra-Comique de París el 27 de mayo de 1929 por Les Ballets Espagnols de Antonia Mercé, La Argentina, con escenografía y figurines de Néstor de la Torre

Sonatina

Música: Ernesto Halffter

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos

Diseño de vídeo proyecciones: Néstor L. Arauzo y Davitxun

Diseño de iluminación: Sergio Torres

Estrenado en el Théâtre Fémina de París el 18 de junio de 1928

Sonatina es una coproducción de la Fundación Juan March y Palau de les Arts de Valencia

Guitarra: José Luis Montón

Piano y cajón: Constanza Lech

Violonchelo: Sergio Menem

Renacer en el Paraíso

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Sábado 11 de julio, 12:30 h75 Festival de Granada, Conciertos matinales. Monasterio de San Jerónimo: Coro Gulbenkian y solistas de la Orquesta Gulbenkian, Martina Batič (directora). Paradiso. Polifonía del siglo XVI a nuestros días: Obras de Orlando di Lasso, Carlo Gesualdo, Manuel Cardoso, Alfredo Aracil, Duarte Lobo, Estêvão de Brito, Palestrina y Victoria. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Concierto coral y matinal en mi penúltimo día del festival granadino en el incomparable Monasterio de San Jerónimo, lleno, con la acústica ideal para estos eventos, y uno de las mejores formaciones vocales: el portugués Coro Gulbenkian (junto a varios solistas de su orquesta madre) y la dirección de la eslovena Martina Batič (1978), un placer contemplar sus manos y magisterio con un repertorio renacentista atemporal.

Con un programa organizado en tres bloques, rogando aplaudir al final de cada uno, Alfredo Aracil (Madrid, 1954) y sus tres cuadernos de “Paradiso” (el último estreno por encargo del Festival) sería el cierre de cada uno de ellos, con un estilo propio, exigente, el renacimiento coral del siglo XX que no pudo encontrar mejores intérpretes que los lisboetas.

La web del festival presentaba este matinal titulándola Desde el Paraíso de Dante y Aracil:

El Coro Gulbenkian, dirigido por su titular Martina Batič, presenta un programa que pone en diálogo la creación coral contemporánea con la gran polifonía del Renacimiento. El eje del concierto lo constituye el Paradiso de Alfredo Aracil, obra de largo aliento concebida como una reflexión sonora y espiritual a partir de la Comedia de Dante, de la que se interpretan los dos primeros cuadernos, que tienen ya una importante trayectoria (fueron presentados en 1991 y 2004), junto a un tercero que se ofrecerá como estreno absoluto, propiciado por encargo del Festival. Estas páginas actuales se complementan con obras de figuras que son referencias esenciales de la tradición coral europea, estableciendo un contraste e incluso interacción, ya que dos de ellas son citadas en los propios pentagramas de Aracil, fecundos entre lenguajes, épocas y formas de entender la polifonía como vehículo expresivo de extraordinario impacto emotivo.

Las 24 voces del Coro Gulbenkian ya demostraron nada más comenzar su calidad: equilibrio, empaste, color homogéneo, afinación (es casi necesario tener el diapasón a mano), exquisitez en los matices y el entendimiento total con la maestra eslovaca. Tres primeras páginas de Orlando di Lasso (Vide homo, quæ pro te patior de Lagrime di San Pietro, 1594), Carlo Gesualdo (O vos omnes de losResponsoria et alia ad officiium Hebdomadæ Sanctæ spectantia) y Manuel Cardoso (Sitivit anima mea de su Missæ quaternis, quinis et sex vocibus. Liber primus), impecables, dicción, perfección en entradas y finales aprovechando la reverberación ideal de la Iglesia monacal, y la métrica del tactus que Martina Batič lleva maravillosamente indicada con la respuesta exacta de sus voces.

El salto a Aracil y su primer cuaderno de Paradiso no era tarea fácil pues las disonancias, juegos polifónicos y tesituras amplísimas para cada cuerda están solamente al alcance de pocos coros, pero el de la Fundación Calouste Gulbenkian es uno de ellos.

Calidad en cantidad con los bajos sustentando la arquitectura al infinito que alcanzaron unas sopranos sutiles, seguras, matizadas, más el resto del armazón coral con contraltos y tenores interpretando los textos de Dante en italiano y su traducción sólo disponibles en la web.

Segundo bloque con compositores portugueses: Duarte Lobo (Audivi vocem de cælo de Liber Missarum) y Estêvão de Brito (Heu Domine del Officium Defunctorum) antes de cuaderno segundo del Paraíso de Alfredo Aracil. Impactante el ensemble instrumental con los nueve instrumentistas (dos violines, viola, clarinete, clarinete bajo, dos trompas y dos percusionistas) y el coro.

Partitura de hace 22 años que sigue siendo increíblemente bien armada, fusiones vocales e instrumentales, especialmente con el vibráfono, más toda la ampla percusión dibujando y resaltando los textos en italiano cantados con un discurso vocal exigente para afinar, encajar las entradas y donde Batič defendió su extraordinaria reputación como directora en una obra dificilísima, que fue el perfecto broche del segundo “hacer renacer” hispano-portugués de “los Gulbenkian”.

El compositor madrileño estrenaba el tercer cuaderno tras otra interpretación “a capella” de dos grandes: Palestrina (Sperent in te de Offertoria totuis anni) y Tomás Luis de Victoria (O magnum mysterium), magisterio renacentista antes del último paraíso de Dante para el coro y los dos percusionistas, casi retomando la pulsación en los parches y la tímbrica que aporte el vibráfono. Los propios textos nos hablaban de “La novedad del sonido”, de “La dulce mezcla” y el final “Como un reloj… Oh luz eterna”. Aracil siempre renaciendo, alcanzando su paraíso más terrenal que dantesco, con la interpretación soñada para este tercer cuaderno que ya parece pedir más.

Las notas al programa del propio Aracil (muy aplaudido al finalizar el concierto), así como los textos y su traducción los dejo enlazados para su lectura en la web.

P.D.: Circunstancias personales me han hecho “retrasarme” en el blog, pero la música sigue siendo reconfortante en los momentos más duros, la distancia no es olvido sino pesar. Cada día es un “renacer”.

INTÉRPRETES:

Coro Gulbenkian

Sopranos: Ariana Russo, Maria João Sousa, Claire Rocha Santos, Carina Matias Ferreira, Margarida Simões, Filipa Passos

Contraltos: Estrela Martinho, Joana Nascimento, Laura Lopes, Lucinda Gerhardt, Manon Marques, Markéta Chumová

Tenores: Aníbal Coutinho, Artur Afonso, Francisco Cortes, Gerson Coelho, Miguel Carvalho, Nuno Raimundo

Bajos: João Costa, Miguel Jesus, Nuno Gonçalo Fonseca, Nuno Rodrigues, Pedro Casanova, Rui Bôrras

Solistas de la Orquesta Gulbenkian

Violines: Vicente Sobral, Zachary Spontak

Viola: João Dinis

Clarinetes: Iva Barbosa, José María Mosqueda

Trompas: Duarte Moreira, Antonia Chandler

Percusión: Abel Cardoso, Marco Fernandes

Martina Batic directora

PROGRAMA:

Paradiso. Polifonía del siglo XVI a nuestros días

Orlando di Lasso (1532-1594)

Vide homo, quæ pro te patior (Lagrime di San Pietro, 1594)

Carlo Gesualdo (1566-1613)

O vos omnes (Responsoria et alia ad officiium Hebdomadæ Sanctæ spectantia, 1603)

Manuel Cardoso (1566-1650)

Sitivit anima mea (Missæ quaternis, quinis et sex vocibus. Liber primus, 1625)

Alfredo Aracil (1954)

Paradiso. Cuaderno I (1990)

O somma luce…

Un punto vidi…

Duarte Lobo (c. 1565-1646)

Audivi vocem de cælo (Liber Missarum, 1621)

Estêvão de Brito (c. 1575-1641)

Heu Domine (Officium Defunctorum, ms. antes de 1618)

Alfredo Aracil

Paradiso. Cuaderno II (coro y 9 instrumentos, 2004)

Nella profonda e chiara sussistenza…

Un punto solo…

Qual è ´l geomètra…

Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594)

Sperent in te (de Offertoria totuis anni, 1593)

Tomás Luis de Victoria (1548-1611)

O magnum mysterium (de Motecta, 1572)

Alfredo Aracil

Paradiso. Cuaderno III (coro y 2 percusionistas, 2025-26) *

La novità del suono…

Il dolce mischio…

Come orologio… / O luce etterna

* Estreno, encargo del Festival de Granada

Nacidos para ser yunque

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Viernes 10 de julio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V: Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Coro de la OCG (Héctor Eliel Márquez, director del coro), solistas, Lucas Macías (director). Obras de Mascagni, Wagner y Falla. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

El festival granadino está ya en la recta final y en la antepenúltima noche que coincidía con el partido entre España y Bélgica (victoria sufrida) volvía al Palacio para comprobar en vivo el trabajo del maestro Lucas Macías con la OCG, pues con la OFil le sigo desde su titularidad y tenía curiosidad en un programa donde Mascagni y Wagner los tiene muy trabajados aunque el reto estaba en el estreno de La vida breve (1905) en su versión “original”, la ópera de Manuel de Falla y que se enmarca en el 150 aniversario del gaditano.

La Web presentaba el programa como El taller de Falla:

La Orquesta Ciudad de Granada bajo la dirección de Lucas Macías presenta un programa que recorre algunos hitos del teatro musical europeo entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. El Intermezzo de Cavalleria rusticana de Mascagni y el Preludio y Muerte de Isolda en su primera versión sitúan al oyente en el núcleo del drama operístico. El centro del concierto lo ocupa en cualquier caso La vida breve de Manuel de Falla en su primera versión inédita, una partitura desconocida que permite redescubrir el proceso creativo del compositor y su temprana síntesis entre tradición lírica europea y elementos populares. Esta recuperación aporta una mirada nueva sobre una de las óperas fundamentales del repertorio español, revelando matices estructurales y expresivos que enriquecen la comprensión de la obra y de su contexto histórico.

Antes del concierto, y tras las palabras de Paolo Pinamonti (el micrófono no funcionó) pidiendo al público guardar un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del trágico incendio forestal ocurrido en Los Gallardos (Almería), comenzaba una velada que no colmó mis expectativas iniciales. La orquesta granadina va tomando forma aunque la noté descommpensada, con pocos contrabajos para dar consistencia en los graves, que con un tarima al menos ganaría en profundidad, una cuerda que va buscando su sonido aunque le falte algo más de tensión. En el Intermezzo de Cavalleria rusticana de Mascagni los cellos sí frasearon con gusto y musicalidad, la madera sí estuvo empastada más los metales sonaron algo destemplados, supongo que por la temperatura palaciega aunque al atardecer siempre desciende.

Para cerrar la primera parte el Preludio y Muerte de Isolda en su primera versión volvió a reflejar las carencias pese a los intentos del maestro onubense en la búsqueda de la tímbrica ideal para esta maravilla wagneriana. Me pareció, si se me permite el guiño cómico, un “Tristón e Isorda” sin la tensión y emoción que esta joya sinfónica necesita. La relación del alemán con el gaditano para la segunda parte las refleja muy bien Jorge de Persia en las notas al programa, y seguro que con más trabajo la OCG irá creciendo. Tocar en casa es una responsabilidad y aún mayor con estas páginas exigentes que suponen algo más que hacer sonar lo escrito en vez de sentirlo y disfrutarlo.

Tras la pausa de hidratación tan futbolera y comprobar cómo iban los cuartos de final llegaría el esperado estreno de la primera versión de Falla, con toda la historia que conlleva y que daría para un análisis más profundo ante lo que bien podría ser un borrador para una obra que tanto trabajo le costó al gaditano enamorado de Granada.

Con el propio Coro de la OCG que dirige Héctor Eliel Márquez (con unos días intensos tras el concierto del Numen Ensemble), y un amplio elenco de solistas, llegaba el estreno de la primera versión inédita de 1905 de La Vida Breve. Las notas de Jorge de Persia comentan que «hasta algo más de un año atrás la única fuente completa primigenia conservada de 1905 era la partitura de canto y piano y algunas páginas que Antonio Gallego suponía acertadamente pertenecientes a la de orquesta, considerada perdida en su totalidad». Se aprecian los “añadidos” en algunas partes y la instrumentación pero se mantiene el resto. Una ópera en concierto tiene la ventaja de imaginar cada cual la escenografía: el cercano Albaicín, la puesta de sol en la capital nazarí, la casa humilde de Carmela en Granada más la boda y el final trágico tan romántico.

Pero cantantes no interactuaron como se podría esperar, reconociendo que al tratarse de una edición nueva era mayor la preocupación en la fidelidad que la entrega a los distintos personajes. Pese a todo, la mezzo valenciana Silvia Tro Santafé gozó de buena Salud, buenos agudos, excelente proyección y el dramatismo de su papel. Otro tanto el Paco del tenor asturiano Alejandro Roy, que ha ganado en el registro grave manteniendo su poderío en estos roles veristas que domina con soltura. La abuela canaria Belén Elvira pide unos graves donde la pérdida de volumen se notó por una OCG que no bajó las dinámicas, y la elección de mezzos pedía una mayor diferenciación de color, compensada por la expresividad. Breves las intervenciones del bajo barcelonés Joan Martín-Royo (El tío Sarvaor)al que le ocurrió otro tanto, y la tercera mezzosoprano de la noche, Leticia Rodríguez (Carmela), sin dejarme a los barítonos Andrés Merino (Manuel) y Álvaro Gallegos «en la fragua».

Mención aparte de Antonio Gómez El Turry, cantaor que aporta a la obra el toque flamenco. Casi escondido detrás de los contrabajos y amplificado, al igual que la guitarra de Luis Mariano, pienso que innecesariamente pues debe escucharse en la lejanía aunque en el escenario había monitores para que Macías y la orquesta les escuchasen y pudiesen encajar, a la perfección, el cante y toque natural y “ad libitum” de la pareja.

Del coro destacar volumen y afinación tanto en las voces graves como en las blancas, el buen emparte todos juntos, incluso los jaleos y gestos escritos por Falla, y al proyectarse los textos podíamos seguir esa letra con los giros andaluces (“Arsa”) donde las consonantes desaparecen “mujé”, las jotas casi aspiradas y la frase repetida como leitmotiv ¡Malhaya quien nace yunque, en vez de nacer martillo!”.

Enorme trabajo con poco tiempo para poder preparar concienzudamente y escuchar este drama lírico de Falla por parte de todos, que además se retransmitió en directo por Canal Sur TV y Radio Clásica (que a su vez lo remitirá a la UER). El reto en la dirección para Lucas Macías es un escalón más para comprobar su crecimiento desde el podio con sus actuales tres orquestas sinfónicas. Y si suelo jugar con las palabras, esta vez no titulo la entrada como “Falla no falla” sino que me quedo con el paralelismo del yunque sobre el que golpeó el martillo.

ELENCO:

Orquesta Ciudad de Granada (OCG)

Lucas Macías, director

Coro de la OCG

Héctor Eliel Márquez, director del coro

Silvia Tro Santafé, mezzosoprano (Salud)

Belén Elvira, mezzosoprano (La abuela)

Leticia Rodríguez, mezzosoprano (Carmela)

Álvaro Gallegos, tenor (voz de la fragua)

Alejandro Roy, tenor (Paco)

Joan Martín-Royo, bajo (El tío Sarvaor)

El Turry, cantaor

Andrés Merino, barítono (Manuel)

Luis Mariano, guitarra

PROGRAMA:

I

Pietro Mascagni (1863-1945)

Intermezzo, de Cavalleria rusticana (1889)

Richard Wagner (1813-1883)

Preludio y Muerte de Isolda, de Tristan und Isolde (primera versión, 1857-59)

II

Manuel de Falla (1876-1946)

La vida breve (1905)

Drama lírico en dos actos y cuatro cuadros

Libreto de Carlos Fernández Shaw

Estreno de la primera versión inédita de 1905

Edición de la partitura dirigida por Álvaro Flores Coleto / Manuel de Falla Ediciones S. L.

En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

Encuentros nocturnos

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Jueves 9 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Jazz. Palacio de los Córdova: Leonor Watling & Leo Sidran, con The Groovy French Band. El arte de encontrarse. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

En mi juventud idolatraba a Michelle Pfeiffer como actriz y terminaría arrebatándome en “Los fabulosos Baker Boys” cantando tan maravillosamente como actuaba. Y en aquellas escapadas de fin de semana en tren hasta la capital, descubrí a Ben Sidran en el siempre añorado Café Central, haciéndome con muchos de sus discos, que no eran fáciles de encontrar. Más tarde con Jorge Drexler lo reencontré tocando el piano en el disco y DVD en vivo “eco2”, compartiendo con su hijo Leo el excelente plantel de músicos de los que siempre se ha rodeado el uruguayo.

Pasado el tiempo me sucedió algo parecido con Leonor Watling cuando fundó  su grupo Marlango, seducción y sofisticación en esta madrileña de inglés biingüe por parte de madre (de quien tomó su apellido artístico). En esta nueva noche granadina se alineaban los astros como reuniendo tantos buenos momentos con todas estas figuras, Leo & Leo en un espectáculo titulado El arte de la conversación como el primer tema de su disco homónimo (Leo & Leo, Bonsai Music, 2025), junto a Leo Sidran y su grupo The Groovy French Band, en un directo que da pureza a la grabación por destilar al cuarteto el sonido siempre irrepetible del estudio, disco recomendable para escuchar casi en bucle. Hasta las notas al programa (que dejo al final de esta entrada) volvían a recordarme mi trayecto vital de una juventud que pasa de la física a la mental.

La web presentaba esta velada como Encontrarse en torno al jazz:

Leonor Watling y Leo Sidran se encuentran en un proyecto compartido que celebra la afinidad artística, el diálogo entre lenguajes y el gusto por la canción bien construida. Watling, figura destacada del cine y el teatro español, ha desarrollado también una sólida trayectoria musical, especialmente al frente de Marlango, grupo con el que exploró durante años un pop elegante y cosmopolita. Leo Sidran, compositor, cantante y músico estadounidense criado en el entorno del jazz, mantiene desde joven una estrecha relación con España y con la lengua española, presente de forma natural en su obra. En 2025 ambos publicaron el disco Leo & Leo (Bonsai Music, 2025), punto de partida de El arte de encontrarse, un concierto que reúne canciones propias y miradas cruzadas, acompañados por The Groovy French Band, y que pone en primer plano la complicidad, la escucha y el placer de compartir escenario.

Repertorio cómplice entrelazando canciones propias y miradas cruzadas en las que la voz de Watling se funde con la instrumentación y el poso jazzístico de una banda de primer nivel, escucha mutua, elegancia y el placer de compartir la música en directo en un entorno patrimonial inigualable, como así leía en la prensa local.

Leo&Leo ya sonaba en el ambigú por su megafonía, y el buen ambiente se trasladaba poniéndose el sol al irrepetible directo con el trío de jazz por excelencia: Paul Sany al piano (que después también usaría un Nord©), Max Darmon al bajo eléctrico y Romain Bouiges en la batería, con una sonorización al fin impecable, equilibrada, sin molestar para incorporarse Leo Sidran con su guitarra y una voz peculiar cantando sus temas, evocación del mejor Lou Reed, que tras los dos temas haría la presentación de Leo, Watling cantando The Art of conversation, primeros diálogos entre este quinteto disfrutando ya de la noche incipiente. Enlazarían con otro de los temas de su disco (que se vendía a la entrada en formato CD y LP), Nobody Kisses Anymore, hablando de echar de menos los besos, con Sany dándole el toque eléctrico emulando los Hammond y volviendo para que los dos Leo nos cantaran su tema escrito a cuatro manos It`s never too late, charla cantada porque una es tarde contándonos sus edades, felices 50, y la anécdota de que Watling se sacaría el carnet de conducir un año antes, el ambiente desenfadado, la queja por la luz que impedía a Leonor leer o el ruido de fondo de una boda que también daría para algún chascarrillo.

Con el piano de Paul al que se sumaría el resto, un tema lento, relajación de “pequeños amigos”, el inglés compartido, So good fine.

Encuentros, diálogos y dejando irse a Leonor el cuarteto interpretaría el tema de Leo alternando el «espanglish» de Speak to me spanish, este artista criado en Wisconsin que se vino a España con 15 años, y por tanto hacía 30 en Sevilla, de donde rescató un tema juvenil con letra de un “guiri” que intentaba ligar cantando con su guitarra, “no nai no nai, guiris, tapas, chiquillos…”, cercano viaje de Chicago a Triana con el cuarteto siempre delicado, elegante, ordenado, y el piano impecable de un Sany rico en matices además de buen gusto y feeling.

Sidran se iría al piano para contarnos su visita a Granada en 1999 con su padre Ben a la Huerta de San Vicente en el centenario de Federico invitados por Laura García Lorca, presente entre el público y dedicándole Meaning in a the moment con el acompañamiento de las voces a capella, chasqueando con swing y Paul sumando su mano derecha para un solo coral, encontrándole literalmente «sentido» a un momento que dejó la huella perenne de Granada.

Volviendo a sus posiciones, con el Nord© de colchón, el bajo sustentando polifonías, la batería elegante y por supuesto la guitarra iniciando What’s Trending con Watling, versión de directo que sin los metales de estudio depuraba esta tendencia de amistad, de Leo y Leo, complicidad, mucha música de una pareja que el destino unió para crear un proyecto de largo recorrido.

Sidran presentaría a su banda francesa, contándonos y cantándonos la expresión en francés (Entre chien et loup), Leonor traduciendo al inglés (Between Dog and Wolf), metáfora entre perro y lobo para describir el paso del día a la noche, todos ya más lobos, incluso aullando para sumarse al jolgorio de la boda cercana, dúo humano que no canino, caminando a la sombra de la luna lorquiana (Walking on sunshine).

Leo Watling y su encuentro con Leo Sidran, sus versiones de Suzanne Vega o la de la recordada Lasha de Sela, una cantante única, medio canadiense, chilena, mexicana, criada no se sabe dónde, el recuerdo de Marlango dejando el inglés para cantar en español Con toda palabra, con toda sonrisa, con toda mirada, con toda caricia… con toda la delicadeza. Como alguna vez comentaron Leo&Leo se decidieron a disfrutar cada momento, y en esta noche granadina nos contagiaron este sentimiento con toda naturalidad.

Risas, diálogos y Wake UpSoSo, sin etiquetas, despertando “buen rollo” con el trío haciendo también voces, el sonido Hammond, punteo de guitarra y mucha marcha enfocando el fin de fiesta. Leonor Watling presentaría Light, una de sus canciones favoritas de Leo “aunque me gustan todas pues escribe muy bien”, con respuesta de Leo Sidran “cantas muy bien”. Luces que ya no molestaban ambientando un escenario que invitaba a escucharlos bebida en mano, ausente pese al patrocinio.

Dúo Leo&Leo con el ruido de fondo boda antes de despedirse todos, porque nunca es demasiado tarde, Tonight someone Is me, una noche con álguien que (no) soy yo, 90 minutos de club palaciego disfrutando de buena música, con unos músicos excelentes, sonido impecable y la seducción a dúo que sigue sonando mientras lo cuento.

Dejo las notas al programa El arte de la conversación:

La actriz y cantante Leonor Watling (Marlango) inicia una nueva aventura musical asociada al músico y compositor Leo Sidran. Leo&Leo es un enlace que se ha ido fraguando a fuego lento desde la admiración recíproca de ambos artistas. Watling descubrió a Leo como admiradora de su padre, el poeta y músico Ben Sidran, y Leo, que ya conocía a la actriz por sus trabajos en la gran pantalla, descubrió su faceta musical a través de Marlango y de la amistad que le une con su marido, el cantautor uruguayo Jorge Drexler. La brillante carrera cinematográfica de Watling a la orden de directores de prestigio internacional como Pedro Almodóvar, Isabel Coixet o Álex de la Iglesia, entre muchos otros, no ha sido obstáculo para que la actriz de rienda suelta a sus inquietudes musicales. Así queda demostrado con los siete discos que firma con el grupo Marlango en calidad de compositora y cantante, y en esta nueva aventura junto a uno de los músicos que más admira y respeta.

Leo Sidran, por su parte, es un músico experimentado que ha combinado sus facetas como baterista, guitarrista y cantante con las de compositor y letrista. Tanto su versatilidad como su dedicación lo han convertido en un artista prolífico que se ha prodigado al servicio de nombres consagrados como Ben Sidran y Steve Miller Band. En paralelo ha editado más de media docena trabajos a su nombre y fue partícipe en calidad de coproductor de la canción «Al Otro Lado del Río», incluida en la película Diarios de Motocicleta y ganadora del Óscar a mejor canción.

Juntos han establecido un binomio de complicidades y universos afines a través de las canciones de Leo interpretadas por Leonor y con el sustrato y sofisticación musical de The Groovy French Band. Una sesión donde está garantizada la elegancia y el buen gusto bajo un sonido de terciopelo. Una propuesta que ha tenido como fruto el disco de estudio Leo & Leo (Bonsai Music, 2025), donde el lema «El Arte de la Conversación» recoge el espíritu de este encuentro ya reflejado en el tema que compuso el propio Leo Sidran en 2021 con el título «The Art Of Conversation». La Academia de la Música ha galardonado recientemente este trabajo conjunto con el premio al mejor Álbum de jazz”.

LEO & LEO

Leonor Watling & Leo Sidran con The Groovy French Band

Leonor Watling, voz

Leo Sidran, guitarra

Max Darmon, bajo

Paul Sany, teclados

Romain Bouiges, batería

Reflexiones corales

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Martes 7 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Música de cámara. Patio Elíptico, Centro Cultural CajaGranada: Numen Ensemble, Johan Rondón (viola), Myriam Sotelo (celesta), Néstor Pamblanco (percusión), Héctor Eliel Márquez ( director). Música y espacio, obras de Pärt, Kurtág, Feldman, Ligeti, Taverner y Tallis. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Mi relación con el mundo coral viene desde mi adolescencia, y a lo largo de los años el repertorio ha ido ampliándose con compositores de nuestro tiempo, pero también en la forma de entender la polifonía. Cabe reseñar igualmente cómo los coros saben no solo adaptarse a los espacios donde actúan sino pensar conciertos para utilizar la acústica y el entorno ofreciéndonos noches como esta de San Fermín en el Patio Elíptico del Centro Cultural CajaGranada, diseñado por el vallisoletano «que vio la luz en Cádiz» Alberto Campo Baeza (1946), vanguardista «palacio imperial» de nuestro tiempo por el que se entrelazan dos pasarelas, con un diámetro de 30 metros, las mismas medidas del patio del Palacio de Carlos V al que rinde homenaje estético, recordándome el Guggenheim neoyorkino.

En la web del festival se presentaba este espectáculo coral titulándolo Dos compositores centenarios:

Con motivo del centenario del nacimiento de György Kurtág y Morton Feldman –el primero de ellos, aún activo– Numen Ensemble propone un programa que reflexiona sobre la relación entre música y espacio a través de cinco siglos de creación vocal. Las obras de Kurtág y Feldman, marcadas por la concentración del gesto, la escucha extrema y una concepción casi arquitectónica del sonido, dialogan con partituras corales históricas de Pärt, Ligeti, Taverner y Tallis, en las que el espacio de este Patio Elíptico es también un elemento estructural y expresivo. Desde la intimidad de Omaggio a Luigi Nono y la atmósfera suspendida de Rothko Chapel, creada para un templo aconfesional de Houston, hasta la monumentalidad policoral de Spem in alium, el programa traza una línea de continuidad entre tradición y contemporaneidad, situando la experiencia sonora y la percepción del oyente en el centro del discurso musical.

Si algo hay que destacar es la dificultad de las obras elegidas que requieren muchas horas de trabajo, pues la atonalidad exige una afinación muy cuidada que parte de los coralistas aseguraban “armados” del correspondiente diapasón pegado a la oreja, pues apenas hay referencias para poder entonar las notas correspondientes que si no son las correctas desvirtúan la propia partitura. Mi mayor reconocimiento a Héctor Eliel Márquez abanderando y entendiendo estas composiciones con el magisterio de una generación de directores que arriesgan y logran de su coro, en este caso el Numen Ensemble, interpretaciones que trascienden lo musical. Desde el propio recinto, la elección del vestuario en blancos y negros, el propio director combinando ambos, las luces, las distintas ubicaciones y las distintas combinaciones vocales fueron un verdadero espectáculo vocal, apoyado en el venezolano Johan Gregory Rondón Castillo, viola solista de la OCG, de impecable sonido en un instrumento ideal por su tesitura, y Myriam Sotelo  en la celesta, sacándole la tímbrica y matices de este idiófono, que abrían ambos concierto con el Spiegel im Spiegel del estonio Arvo Pärt, perfecta obertura sonora de las reflexiones corales posteriores, y después el inmenso trabajo del catedrático de Níjar Néstor Pamblanco en un gran set de percusión, con timbales, bombo, temple-blocks, vibráfono y hasta campanólogo en The ⁠Rothko Chapel de Morton Feldman, auténtico homenaje por la interpretación de todo el ensemble.

De este joven y ya veterano coro granadino formado por 54 voces (14-14-11-15), que dejo su plantilla por cuerdas, con nombres y apellidos, irían ampliándose desde las 25 iniciales, con las graves en la tarima y las blancas sobre ellas en una “escalera al cielo” iluminada por distintos colores que ambientaban a Kurtág y su Omaggio a Luigi Nono, op 16. Una lástima que los textos solo estuviesen en formato digital y no era cuestión estar siguiéndolos desde los dispositivos móviles, pero la sonoridad camerística tan llena de onomatopeyas era más que suficiente, con una acústica impensable en este espacio sin cubrir, y un ejercicio de orfebrería en la dirección.

Más movimientos del coro para Ligeti y su impactante Lux Aeterna (1966) «a capella», perfectamente llevada por Héctor Eliel Márquez, marcando desde el centro cada inflexión, cada fraseo (Que la luz eterna brille para ellos, Señor, junto a tus santos por toda la eternidad, porque eres misericordioso. Concédeles, Señor, el descanso eterno, y que la luz perpetua brille para ellos) con unas sopranos en unos agudos pianissimi que con esfuerzo lograron iluminar esta otra joya de la polifonía de nuestro tiempo.

Y llegaría otro de los magos corales, John Taverner (1944-2013) y su A Hymn to the Mother of God para doble coro, todas las voces al completo, ubicadas en blancos y negros, los dos pisos con Márquez desde abajo en otro esfuerzo tanto de dirección como de canto, marcando los compases en silencio para dejar flotando el último verso “En ti, oh Mujer llena de gracia, toda la creación se regocija”, emoción y reflexión en un enorme trabajo de taracea coral.

Concluía el concierto con el más «vanguardista» de todo el programa, Thomas Tallis (1505-1585) y su Spem in alium donde el coro se situaría detrás rodeando al público y Márquez haciéndonos partícipe de su dirección mientras a nuestras espaldas podíamos percibir respiraciones, fraseos, colores vocales en el monumento polifónico que planteado en este recinto, sin ser catedralicio, nos abrazó con todas las voces del Numen Ensemble. Polifonía a 40 partes donde ir ubicándonos auditivamente con el contrapunto que se iba desplazando de izquierda a derecha en una ola sonora con ocho “coros” a cinco voces de este monumento coral.

Una de las grandes noches granadinas con la música a capella de un coro y ensamble donde el concierto sería el examen final de un master con muchas horas de estudio para regalarnos su “cum laude” polifónico desde un programa de doctorado coral.

Dejo a continuación íntegras las notas al programa de Stefano Russomanno por el análisis detallado de este concierto, que titula De lo amplio a lo concentrado

Los azares de las efemérides congregan en un mismo programa a Morton Feldman y György Kurtág. Ambos nacieron hace cien años, en 1926, pero contemplan la música desde ángulos opuestos: Feldman trabaja desde la extensión y desde la evaporación temporal de los materiales sonoros; Kurtág lo hace en cambio desde la concentración y el atomismo del gesto.

«Necesito ocho o diez minutos de la misma manera que un pintor necesita una tela de cinco metros», comentaba Feldman, y esta afirmación cobra pleno sentido en la pausada liturgia de Rothko Chapel (1971), concebida para la homónima capilla octogonal construida en Houston, cuyo interior acoge catorce cuadros de Mark Rothko. Las lentas transformaciones del material sonoro –declinado a través de dinámicas suaves e intercalado por silencios– se sitúan en un lugar intermedio entre pintura y espacio, impregnando con su presencia la sala y envolviendo al oyente de manera similar a lo que hacen las telas de Rothko con el espectador.

Las sonoridades suspendidas con las que arranca el Omaggio a Luigi Nono (1979) de Kurtág bien podrían entenderse como un guiño al lirismo transfigurado –el canto sospeso– del colega italiano. Las seis piezas que conforman la obra, por un total de nueve minutos, son otros tantos epigramas caracterizados cada uno como un universo propio. La segunda pieza remite a un inasible ritmo de vals, la tercera juguetea con el comienzo del Tristán wagneriano; la cuarta se reduce a una brevísima sucesión de enérgicas escalas descendentes; la quinta arranca con un fluida polifonía para extinguirse gradualmente sobre superposiciones polirrítmicas; la sexta evoca, en la contraposición entre soli y tutti, la escritura policoral veneciana, tan querida por Nono.

Lux Aeterna (1966) es una de las muestras más significativa de la «micropolifonía» de György Ligeti. Escrita para coro a 16 voces, esta página apela a una polifonía de elementos pequeños tan densa y enrevesada que el oyente la percibe como una mancha tímbrica ligeramente temblorosa. La férrea lógica del contrapunto termina por generar, paradójicamente, una impresión sonora de inmovilidad, modulada por medio de variaciones de textura y color. El motete Spem in alium (c. 1570) puede verse como el reverso luminoso de Lux aeterna: en esta pieza renacentista, el compositor inglés Thomas Tallis despliega una polifonía a 40 partes, en la que el contrapunto se desplaza como una majestuosa ola a través de los ocho coros a cinco voces que integran la plantilla.

En los años setenta del siglo XX, Arvo Pärt pasó por una profunda crisis personal que le llevó a simplificar radicalmente su lenguaje musical: melodías sencillas, moldeadas sobre el modalismo del canto ortodoxo, tempi lentos, repeticiones hipnóticas y un material armónico tan austero que a veces gravita alrededor de un único acorde perfecto. Uno de los primeros frutos de esta nueva conducta es Spiegel im Spiegel (1978), emblema de un universo sonoro emparentado con la hipnótica fascinación por el tintinear de la campana. La crítica habló de «minimalismo sacro» a propósito de una propuesta que manifestaba una doble implicación estética y moral. Algo parecido ocurre con el compositor británico John Tavener: su conversión a la religión ortodoxa marcó un antes y un después en su producción musical, que desde ese momento se orientaría hacia los temas sacros, la sencillez diatónica y el talante místico, como emerge en la pieza para doble coro A Hymn to the Mother of God (1985).

PROGRAMA:

Música y espacio

Arvo Pärt (1935)

Spiegel im Spiegel (celesta y viola, 1978)

György Kurtág (1926)

Omaggio a Luigi Nono, op 16 (coro mixto a capella, 1979)

I. Sclonienie mestaimienia «Cei» (Declinación del pronombre «quien»)

II. Rasrïf (La ruptura. Fragmento de un poema de Anna Ajmátova)

III. Liubof na miesits (Amor por meses. Poema de Rimma Daloš)

IV. No Kcac usnat (Mas, ¿cómo saber…? Poema de R. Daloš)

V. O, nasidanie – liubof (Oh, amor, una lección. Poema de R. Daloš)

VI. I atviersta dlia minia (Y la Puerta está abierta para mí. Poema de R. Daloš)

Morton Feldman (1926-1987)

The ⁠Rothko Chapel (coro, soprano, alto, percusión, viola y celesta, 1971)

György Ligeti (1923-2006)

Lux Aeterna (coro a capella, 1966)

John Taverner (1944-2013)

A Hymn to the Mother of God (doble coro a capella, 1985)

Thomas Tallis (1505-1585)

Spem in alium (coro a capella, c. 1570)

Pacto musical con el diablo

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Domingo 5 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Ópera y cine. Palacio de Carlos V: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), Coro masculino de la Orquesta Ciudad de Granada (Héctor Eliel Márquez, director del coro), Alejandro del Ángel (tenor), Donato Renzetti y Timothy Brock (directores). Obras de Franz Liszt y Pietro Mascagni. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Cine de verano en el palacio imperial con dos obras y dos directores al frente del una JONDE fresca, entregada, disciplinada y bien ensamblada para un programa que pide una gran orquesta como la que se subió al escenario. Apoyaré siempre esta cantera de las orquestas profesionales, incluso las que surgen independientes, porque nadie diría en mis años jóvenes que tendríamos este renacer de grandes músicos que necesitan rodarse como complemento necesario a sus estudios de instrumento, y según surgían nuevas formaciones sinfónicas a lo largo del territorio español, como sucede en el resto de Europa, la gente joven que aspira a la profesionalidad necesita estas oportunidades, con ilusión, calidad y un resultado final que no tienen nada que envidiar a “sus mayores”, y así lo estamos comprobando en esta edición.

La noche dominical tenía como hilo argumental el mito de Fausto, que bien nos explica y describe en las notas al programa mi admirado José Manuel Ruiz Martínez, profesor de Lingüística General y Teoría de la Literatura en la Universidad de Granada así como crítico musical. La poco interpretada Sinfonía Fausto de Liszt es un hito del sinfonismo del siglo XIX dentro de la llamada “música programática”.

Sus tres movimientos son retratos psicológicos de los principales protagonistas del drama, pero la interpretación del reputado maestro italiano Donato Renzetti (Torino di Sangro, 1950) me lleva a tomar las palabras del propio Liszt: «soy el espíritu de la negación».

En vez de transmitir emociones me acabó causando verdadero sopor, una lástima porque la JONDE fue disciplinada y entregada al maestro, sonando compacta, con una cuerda (a partir de 8 contrabajos para calcular la plantilla) bien comandada por la concertino María Asensi Yagüe, unas maderas que en el tema de Margarita sonaron y dieron la inocencia del personaje, unos metales brillantes para “acallar la amarga ironía mefistofélica y proclamar el triunfo del «eterno femenino»”  como escribe José Manuel, y el siempre exigente coro masculino y tenor, que añadiría posteriormente Liszt, en este caso el de la OCG junto al tenor mexicano Alejandro del Ángel para los versos de Goethe, traducidos en la pantalla para la posterior película. Demasiado ocupados en dar todas las notas de la partitura, los volúmenes no siempre fueron idóneos ante cierto “maltrato” orquestal.

La sinfonía no funcionó tal y como la planteó Renzetti, sin encontrar o atender los balances y fraseos, perdiéndose la oportunidad de disfrutar esta maravillosa sinfonía.

Y aunque el concierto se presentaba dentro del apartado “Ópera y cine” no resultó tan literal como en la anterior edición con Carmen y Pagliacci, ambas dirigidas por el norteamericano Timothy Brock (1963), aunque el compositor de la banda sonora para la película Rapsodia satanica (1917) de Nilo Oxilia fuese Pietro Mascagni en su primera y única aproximación a un género que, cien años después, sigue siendo la actual música sinfónica. Cada vez encontramos más películas previas al cine sonoro con la música en vivo tal y como se hacía en su época, y la labor de digitalizar estas cintas para una buena proyección es la mitad del espectáculo del “cine al aire libre”, aunque no sea igual que en un teatro o auditorio, pero Granada en verano es idónea para el Séptimo Arte con la música en vivo.

Nuevamente la JONDE rindió como una orquesta profesional, música diegética perfectamente encajada y sincronizada con muchas imágenes coloreadas, destacando especialmente las que el piano de la protagonista, curiosidad femenina que pacta con el diablo, sonaba chopiniano en las manos del segoviano Daniel Cardiel Manso, músico invitado que también se ocuparía de la celesta más el órgano en Liszt. El maestro Brock, investigador y especialista en estos rescates audiovisuales, supo sacar lo mejor de una partitura que pasará a la historia precisamente por ser de Mascagni, de sincronización perfecta y respuesta precisa de una orquesta joven pero madura y esta vez bien balanceada.

No sé si la excesiva duración de la velada o el sopor de la primera parte, hizo marchar a buena parte del público, pero es otra película para contar y tendrá que elegirse mejor la combinación de obras en este ciclo, pues el final resultó un pacto con el diablo musical.

PROGRAMA:

Franz Liszt (1811-1886)

Sinfonía Fausto en tres retratos de carácter, para tenor, coro y orquesta, S. 108 (1854-57, rev. 1861):

Faust –  Gretchen – Mephistopheles – Chorus Mysticus

Rapsodia satánica

Mediometraje, Italia, 1917

Dirección: Nino Oxilia (1889-1917)

Música: Pietro Mascagni (1863-1945)

Guion: Alberto Fassini sobre poema de Fausto Maria Martini

Reparto: Lyda Borelli, Andrea Habay, Ugo Bazzini, Giovanni Cini, Giulio Bazzini

Fotografía: Giorgio Ricci

Derechos para para la proyección en vivo: Ripley’s Film Srl

Restauración realizada por L’Immagine Ritrovata and Cineteca di Bologna

Apóstoles de la polifonía imperial

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Miércoles 1 julio, 22:00 h75 Festival de Granada, V Centenario de la visita de Carlos V a Granada. Colegio Mayor Santa Cruz la Real: Stilo Antico: La consecución del poder: Carlos V, de príncipe a protector. Obras de Clemens non Papa, Josquin Desprez, Pierre de la Rue, Nicolas Gombert, Rodrigo Ceballos, Cristóbal de Morales y Thomas Crequillon . Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Nuevo concierto dedicado al quinto centenario de la visita del Emperador a Granada, con el grupo vocal afincado en Londres Stilo Antico, uno de los mejores conjuntos vocales del mundo y reconocido por sus interpretaciones de la música del Renacimiento y del primer Barroco, que como curiosidad (o cualidad) no tiene director, pues sus doce miembros trabajan como músicos de cámara, ensayando intensamente juntos para llegar a las interpretaciones musicales del grupo, y escuchando atentamente para responder a las voces de los demás durante las actuaciones.

La web del festival presentaba el programa como La corte musical de Carlos V:

«Desde su infancia en los Países Bajos hasta su elección como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1519, Carlos V consolidó un vasto imperio europeo y ultramarino, heredando territorios de su padre y de su abuelo y gobernando con una red compleja de dominios y administraciones. Su corte se convirtió en un centro musical de primer orden, con compositores y músicos de gran prestigio que reflejaban la riqueza cultural de su entorno y la dimensión política de su poder. Stile Antico, uno de los grupos más importantes del mundo en el ámbito de la polifonía renacentista, ofrece en este programa un recorrido por obras sacras y profanas vinculadas a esa época, mostrando cómo la música acompañó la formación, la afirmación y la consolidación de la autoridad de Carlos V, y cómo la creación artística servía de reflejo y soporte de su reinado».

Stile Antico cantan con un empaste único, una gama de matices impresionante, de sonido hermoso en la tradición de los conjuntos ingleses que se dedican a la música polifónica, disciplinados, y con una puesta en escena meticulosa y esmerada donde el emplazamiento de las voces es crucial para disfrutar al máximo las posibilidades en cada propuesta, cambiando posiciones, dejando sólo ocho voces o incluso cuatro blancas.

Y el programa elegido para el festival granadino enlazaba y completaba el anterior en este mismo escenario del antiguo convento dominico, hoy Colegio Mayor de la Santa Cruz que interpretó el pasado día de San Juan el grupo Ensemble InAlto dentro del aniversario histórico del Emperador Carlos llegado a la capital nazarí en 1526 con su esposa Isabel de Portugal. Tanto del entorno como de las obras escribe el profesor Victoriano José Pérez Mancilla las notas al programa, y en ellas comenta que “Carlos fue un amante de la música desde que esta formó parte de su educación como príncipe y, durante su reinado, la utilizó como elemento de disfrute en la corte, a la vez que como propaganda de sus éxitos y muestra del poder. Una prueba es la primera obra del concierto, el motete secular Carole magnus eras, del compositor flamenco Clemens non Papa, en el que se ensalzan los logros del emperador Carlos V y se establece una conexión con los de Carlomagno. En este motete destaca la sección última, donde el texto recoge el lema imperial «plus ultra»”. Con la caída del sol este inicio ya puso al público en situación de lo que vendría a continuación, tras una breve presentación en castellano de una de las mujeres.

Stile Antico interpretaría a continuación dos motetes sacros a dos, que el emperador trajo de Flandes a España con su capilla flamenca: Salve Regina de Josquin Desprez y Absalon fili mi atribuido a Pierre de la Rue. Todas las cualidades apuntadas de este coro siguieron confirmándose: sonoridad redonda, dicción perfecta, emisión siempre clara con todos los matices y una precisión increíble por parte de la formación.

Ya vimos en comentado anterior que Nicolas Gombert fue el compositor favorito de Carlos V, interpretándonos la “chanson” Mille regretz, inspirada en la canción favorita de Carlos V del mismo nombre, atribuida a Josquin Desprez; si los “apóstoles” asombraron, el cuarteto de voces blancas fue todo un homenaje sonoro digno del propio emperador. A continuación, el motete sacro Virgo Sancta Katherina; y finalmente un himno Magnificat, perteneciente a un ciclo de ocho que parece fue la manera con que Gombert imploró a Carlos V para que lo librase de su pena de galeras por abusar de un menor. Está claro que el pago fue suficiente y Stile Antico lo hizo con rédito suficiente para seguir deleitándonos con esa sonoridad inglesa que siguen manteniendo casi como emblema coral.

No podían faltar en este concierto la presencia de compositores españoles como quien fuese maestro de la Capilla Real de Granada, el onubense Rodrigo de Ceballos con el motete Hortus conclusus, con texto del Cantar de los Cantares, y a después el sevillano Cristóbal de Morales (terna de nuestro siglo de oro polifónico junto a Victoria y Guerrero) la antífona Asperges me. Las distintas colocaciones conseguían unos balances entre agudos y graves perfectos, los incipi gregorianos los hacían distintas voces graves y las entradas y fínales de una exactitud pasmosa llena de delicadeza y donde dejaban flotando en el claustro colegial la última sílaba.

Antes del Jubilate Deo que cerraría el programa, interpretarían el motete Andreas Christi famulus que nos (de)volvía a Crécquillon, página compuesta para la reunión en Utrecht de la Orden del Toisón de Oro de 1546 presidida por Carlos V, perfecta ilustración sonora en este homenaje tanto vocal como imperial, con estas doce voces como “apóstoles corales´.

Entonando ese salmo “Cantad al Señor con alegría toda la tierra” sería el mejor colofón de Morales por este grupo inglés que, como tantos de su país, nos han dejado una forma de entender nuestro “siglo de oro de la polifonía” que ya han creado escuela entre nuestras formaciones corales.

Y una propina de la escuela franco-flamenca impulsora de los madrigales renacentistas manteniendo la época imperial: el motete sacro Gaudete de Giaches de Wert (Gante o Weert, c. 1535 – Mantua, 1596), rubricando una velada “en mi casa” que aún seguiría en el hall con la venta del sus dos últimas grabaciones, y la posterior, además de merecida, cena en “El Disloque” de la Plaza de Carlos Cano, donde poder escuchar un espontáneo Happy Birthday, verdadero regalo de esta primera noche de julio escuchado desde la tertulia que no falla al finalizar cada concierto.

STILE ANTICO:

Helen Ashby, Kate Ashby, Rebecca Hickey, sopranos – Emma Ashby, Amy Blythe, Rosie Parker, altos – Andrew Griffiths, Jonathan Hanley, Benedict Hymas, tenores – James Arthur, Nathan Harrison, Gareth Thomas, bajos.

PROGRAMA:

La consecución del poder: Carlos V, de príncipe a protector

Clemens non Papa (1510- 1555)

Carole magnus eras

La capilla flamenca

Josquin Desprez (ca.1450-1521):

Salve Regina, a 5 voces

Atrib. Pierre de la Rue (1452- 1518):

Absalon fili mi

El compositor favorito de Carlos

Nicolas Gombert (1495- 1560):

Mille regretz

Virgo Sancta Katherina

Magnificat Primi Toni

Talento local : compositores españoles bajo Carlos V

Rodrigo Ceballos (1534- 1581):

Hortus conclusus

Cristóbal de Morales (1500- 1553):

Asperges me

Un nuevo Carlomagno. Carlos el diplomático

Thomas Crécquillon (1505- 1557):

Andreas Christi famulus

Cristóbal de Morales:

Jubilate Deo

Num3ros danzantes

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Sábado 27 junio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Compañía Nacional de Danza (CND), Muriel Romero (directora): NumEros. Músicas de Chaikovski, Ravel, Peven Everett y Lion Babe. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara.

Nueva noche en el Generalife con la CND y un programa de título curioso: NúmEros, que la directora Muriel Romero explica en las notas al programa:

El título de este programa, NumEros, es un portmanteau, una combinación de dos términos, numen y eros, en cierto sentido opuestos pero que conforman dos elementos centrales en la creación en danza: Eros como impulso vital encarnado, impulso creativo, fuerza deseante que se manifiesta en y a través del cuerpo; y Numen como presencia intangible, inspiración poética o espiritualidad inmanente que trasciende la voluntad del artista. Cuando se encuentran, nace NumEros, que evoca el Número como principio de orden, patrón subyacente, lógica que da forma al movimiento. En este sentido, NumEros propone una articulación entre estas tres dimensiones fundamentales del pensamiento y la experiencia creadora en la danza.

Personalmente me encanta la numerología y todo el simbolismo que conlleva, de ahí jugar en mi propio título utilizando el número 3 como si de una «E» reflejada se tratase, y tres fueron las coreografías que eligió la compañía: una clásica de Georges Balanchine con protagonismo femenino de tutú y punteras para la Serenade de Tchaikovsky; otra de William Forsythe titulada Echoes from a Restless Soul con el “Gaspard de la nuit” de Ravel interpretado en vivo por el pianista Gustavo Díaz-Jerez que personalmente fue la que más me gustó, con toda la compañía, más la última de Jacopo Godani, Playlist (Track 1, 2) con música de Peven Everett (Surely Shorty) y Lion Babe (Impossible, Jax Jones remix) solamente con la parte masculina de la compañía.

Los tres coreógrafos trabajan con lo numérico y las geometrías, que bien explica  Muriel Romero: «los intérpretes trabajan a partir de sistemas numéricos –proporciones, repeticiones, permutaciones, secuencias– no solo como meros esquemas compositivos, sino como territorios vividos desde el cuerpo. El cuerpo, en este contexto, no se limita a ejecutar formas: las encarna, las perturba, las transforma. Así, la danza deviene un proceso en el que la precisión numérica se encuentra con el exceso del deseo, y la abstracción formal con la potencia afectiva del gesto». La Serenade es pura tradición y las bailarinas tanto en grupos como con las primeras figuras (Kayoko Everhart y Giada Ross), ejecutaron todos los pasos más la aparición del único bailarín solista (Alessandro Riga). Iluminación sencilla con los mismos tonos azules del vestuario y el único decorado de los centenarios cipreses del Generalife, más un sonido grabado no ecualizado para la música del ruso.

Tras una pausa, supongo que para colocar el piano a la izquierda del escenario, que de nuevo la sonorización no ayudó (tardando en entrar y con unos graves más electrónicos que acústicos) llegaría el “Gaspard de la nuit” (Ravel) de un Gustavo Díaz-Jerez impecable en la interpretación, con la dificultad de montar una coreografía con esta página nada «danzable» del vasco-francés, pero que William Forsythe concibe con técnica clásica pero movimientos más contemporáneos, nuevamente pasando de la “arquitectura en movimiento” de un Balanchine a la utilización del cuerpo en trayectorias geométricas, que me recordaron las esculturas de Rodin o Giacometti, e incluso algún cuadro de Picasso, tanto por el vestuario como por el “movimiento congelado” potenciado por una luz blanquecina donde tensión-distensión fueron combinándose con todas las permutaciones numéricas de los distintos grupos de la compañía y las primeras figuras, conjuntos disjuntos con los silencios de Ravel logrando momentos de plasticidad muy bellos.

Nueva parada técnica para retirar el piano y el último número solo con los bailarines y una música electrónica donde los tremendos graves retumbaron en toda la Alhambra y las membranas de los altavoces parecía fuesen a saltar o empujarnos como en el inicio de “Regreso al futuro”. Vestuario poco visual en azul y granate, movimientos nuevamente clásicos coreografiados por Godani, que no se correspondían con la música, más escenas de chicos universitarios delicados (nada de Jerome Robbins con los Jets y los Sharks), trazando líneas y combinando grupos pero chocando los pasos con una música vital, tal vez buscando ese contraste o descontextualización, que Muriel Romero describe como premisas llevadas «al extremo físico y visual, construyendo composiciones donde la precisión matemática convive con una intensidad visceral, casi animal».

Volviendo al título del programa, Eros el deseo vital, y corporal, Numen lo numérico, y el encuentro de ambos, intangible y ordenado, que matemáticamente tiende a infinito desde la danza creadora y organizada en tres puntos sin ser un triángulo, más bien líneas divergentes aunque del mismo grosor y color.

Diplomacia musical

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Sábado 27 junio, 12:30 h. 75 Festival de Granada, Conciertos matinales. Crucero del Hospital RealEl canto en su espejo. Capilla Santa Maria, Lucía Martín Cartón (soprano), Daniel Zapico (tiorba), Daniel Oyarzábal (clavicémbalo), Carlos Mena (contratenor y dirección). Obras de Agostino Steffani. Fotos © Álex Cámara – Festival de Granada, y propias.

Segundo concierto matinal con el regreso del la Capilla de Santa Maria del vitoriano Carlos Mena, un «habitual del Festival», que además presentaría el programa entre los distintos bloques, y con el cambio de la soprano Jone Martínez por la vallisoletana Lucía Martín Cartón (otra voz de “su cantera”), junto a los dos Danieles (el también vitoriano Oyarzábal y el langreano Zapico), en un programa dedicado al Cura, compositor y espía (como titula la web) Agostino Steffani, que desarrolló casi toda su carrera en Alemania, entre Múnich, Hannover y Düsseldorf, donde compaginó la actividad musical con el sacerdocio y delicadas misiones diplomáticas. “Su vida estuvo atravesada por intrigas políticas y de espionaje, relaciones clandestinas y episodios criminales que hoy parecen propios de un thriller contemporáneo. Su prestigio artístico se apoya sobre todo en sus dúos de cámara, auténticos laboratorios expresivos, pero últimamente también se están explorando sus óperas, una veintena. Su lenguaje vocal enlaza el belcantismo heredado de Cavalli con la generación de Handel, incorporando además recursos del estilo francés. Carlos Mena, fundador y director de la Capilla Santa Maria, proponía en esta matinal sabatina un paseo por su música, encadenando números que revelan la precisión retórica, la elegancia melódica y la densidad dramática de un lenguaje plenamente teatral”, números que organizó en arias y dúos. Precisamente de este género del dúo de cámara escribe en las notas al programa Pablo J. Vayón tituladas Agostino Steffani, de la cámara al teatro, que también nos deja una semblanza biográfica del polifacético compositor, que iré intercalando en mis comentarios de sobremesa.

La de Agostina Steffani (1654-1728) fue una figura cosmopolita, cuya trayectoria se desarrolló entre Italia y diversas cortes germánicas. Nacido y formado inicialmente en el ámbito veneciano, muy pronto se trasladó a Múnich, donde completó su educación musical bajo la protección del elector de Baviera y en contacto con músicos como Johann Caspar Kerll y, más tarde, en Roma, con Ercole Bernabei. Este itinerario explica la síntesis estilística que caracteriza su obra: una base italiana proyectada en contextos políticos y culturales del norte de Europa, donde a menudo se privilegiaba el estilo francés.

Si las notas del sevillano nos ponían en contexto, Carlos Mena ampliaría las explicaciones diferenciando los duetti (a los que en sus. tiempos de estudiante a principios de los 90 le dedicaban todo un semestre) de las arias operísticas, cuando comenzaban los conciertos de pago sin mecenazgo, donde Steffani debía amoldarse a los gustos del público, siendo su música todavía poco divulgada, y que el contratenor ya apalabró (como así nos contó) el pasado festival con su director Paolo Pinamonti para seguir esta tarea divulgativa así como didáctica de un compositor polifacético y cosmopolita.

El segundo concierto matinal de esta septuagésimoquinta edición del festival granadino, giraba en torno a los duetos, que como escribe mi tocayo sevillano de Steffani «(…) cultivó también el dúo de cámara, género destinado a la práctica privada en círculos aristocráticos. Su desarrollo a lo largo del siglo XVII fue inseparable de la introducción del bajo continuo, que permitió reducir la textura a una o dos voces y favoreció formas de escritura más flexibles. A partir del madrigal y de la cantata, el dúo evolucionó hacia estructuras compuestas por secciones contrastantes, determinadas por la organización métrica y retórica del texto. Difundidos ampliamente en manuscritos, los dúos de Steffani fueron considerados modélicos por teóricos y músicos de generaciones inmediatamente posteriores», y abría el tándem Mena y Martín-Cartón con «M’hai da piangere», cuarteto donde la cuerda pinzada del clave y la pulsada de la tiorba, también “cantaban” unos textos que la música impregnaba de expresividad, y el dúo vocal, bien empastado, haría una primera recreación de estas maravillas del «diplomático”.

Tras las primeras explicaciones de Carlos Mena llegaría un bloque con arias de distintas óperas del compositor y polifacético italiano, comenzando por una transcripción de Daniel Zapico (manteniendo una práctica habitual para difundir en cámara la escena) del aria de Niobe (estrenada en Múnich en 1688) «Dal mio peto o piante uscite», preparando a Martín-Cartón en el aria «Funeste imagini», y después a Mena con «Chi provó gl’Astri severi» (de Orlando generoso). Si ambas voces en los duetos empastaron y dialogaron, en las arias operísticas la vallisoletana mostró una proyección perfecta y un color de voz idóneo para este barroco tan exigente. Por su parte el vitoriano sigue manteniendo su timbre homogéneo en toda su amplia tesitura, donde en el grave mantiene el color y la agilidades “naturales” en el cambio de registro.

La producción operística de Steffani «se vincula estrechamente a esos entornos cortesanos. En Múnich compuso, entre otras obras, Niobe, regina di Tebe (1688), que se sitúa en la última fase de su servicio bávaro y refleja la consolidación del modelo veneciano fuera de Italia: arias breves, cada vez más cercanas al predominio melódico del belcantismo. Poco después, su nombramiento como maestro de capilla en Hannover respondió a un programa político explícito: dotar a la corte de un teatro de ópera italiana capaz de competir con otros centros europeos. En este contexto surgen Henrico Leone (1689) y Orlando generoso (1691), ambas con libretos de Ortensio Mauro, integradas en una actividad escénica regular que funcionaba como instrumento de prestigio dinástico. A mediados de la década, Le glorie di Enea (1695) prolonga esta línea, recurriendo a la materia clásica como vehículo de representación simbólica del poder, en sintonía con las prácticas habituales de las cortes europeas. Briseide (1696), ya en un momento de transición en la carrera de Steffani –cada vez más implicado en misiones diplomáticas–, se inscribe igualmente en ese marco, en el que la ópera, alejada de la función pública del núcleo veneciano, actúa como expresión de identidad política y cultural».

Nuevo relato del profesor Mena para explicarnos tanto la práctica de las transcripciones, recordando que Daniel Zapico lleva muchas incluso de los franceses (su disco Au Monde es un ejemplo) como para el siguiente duetto «Occhi perché piangete» incidiendo en las «estructuras compuestas por secciones contrastantes, determinadas por la organización métrica y retórica del texto» (también reflejado por Vayón en sus notas), y Oyarzábal con la transcripción para clave de de la Obertura de Briseide, rivalizando en misicalidad en. este solo orquestal para sacar la mejor sonoridad del instrumento fabricado en 1982 por Willard Martin en Bethlehem (Pennsylvania), según un original de Nicolas Blanchet, que fue donado por Rafael Puyana al Archivo Manuel de Falla, verdadero patrimonio organológico.

El tercer dueto, «Lungi dall’Idol mio», mantuvo lo característico que destaca Pablo J. Vayón en sus notas: « (…) Uno de sus rasgos más destacados es el uso sistemático del contrapunto: las voces se relacionan mediante imitación, inversión y estrechamientos, generando un tejido en el que las líneas mantienen su independencia. Esta escritura, relativamente excepcional en el repertorio del dúo italiano, fue percibida ya en su época como el grado más alto de elaboración del género. Los textos, predominantemente amorosos, adoptan a veces forma de diálogo, configurando pequeñas escenas dramáticas, y otras veces funcionan como monólogos líricos distribuidos entre dos voces. Desde el punto de vista formal, presentan una notable variedad, con alternancia de estilos y cambios de metro que responden directamente a la estructura poética. Su proximidad a la sonata en trío, especialmente en el tratamiento equilibrado de las voces superiores, ha sido señalada con frecuencia: en este sentido, si la sonata instrumental alcanza su formulación clásica con Corelli, el duo vocal encuentra en Steffani uno de sus momentos culminantes». Maravillosos contrastes de aire, tempi, expresión, alternando los acompañamientos entre clave y tiorba, o uniéndolos en una sonoridad y dramatización que otorgan a los dúos de Steffani este más que merecido reconocimiento.

Seguirían las dos arias últimas, primero el contratenor con «Potea peggio trattarti?» (de Le glorie di Enea), una impresionante lección vocal del vitoriano por su virtuosismo en las agilidades de ornamentos precisos y saltos melódicos sin perder nunca esa homogeneidad de color, y otro tanto con la soprano en el aria «Pende il cor tra’l No e’l Si» (de Henrico Leone).

Casi despedida del “alma mater” de esta Capilla Santa Maria antes de presentar el último dueto, «Placidissime catene», con una cita a Sócrates sobre cómo romper la cadena del desamor y que prestásemos atención al tratamiento que Steffani da a la palabra “Libertad”. Emocionante cierre del dúo vocal y el instrumental, música sin etiquetas donde disfrutar unos relatos que casi nos hicieron “llorar” incluso en el bis tras casi dos horas de disfrute en el Hospital Real, con una acústica perfecta en una mañana que pese al sueño acumulado no podía perderme.

Como en mis años juveniles sábado de sesión doble y a la noche subiré al Generalife para seguir sumando “NumEros”, que contaré de madrugada, si nada ni nadie lo impide, aunque las tertulias nocturnas posteriores sean parte de mis personales Festivales de Granada.

PROGRAMA:

El canto en su espejo

Agostino Steffani (1654-1728)

Duetto «M’hai da piangere» (1688)

Aria «Dal mio petto o pianti uscite» (de Niobe. Múnich, 1688

(Transcripción instrumental Daniel Zapico)

Aria «Funeste imagini» (de Niobe)

Aria «Chi provó gl’Astri severi» (de Orlando generoso. Hannover, 1691)

Duetto «Occhi perché piangete» (c. 1702)

Overture (de Briseide. Hannover, 1669)

Duetto «Lungi dall’Idol mio»

Aria «L’ingrata si rende» (de Henrico Leone. Hannover, 1689.

(Transcripción instrumental Daniel Zapico)

Aria «Potea peggio trattarti?» (de Le glorie di Enea, Hannover, 1695)

Aria «Pende il cor tra’l No e’l Si» (de Henrico Leone)

Duetto «Placidissime catene» (1699)