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VIII ciclo de conferencias de «La Castalia»

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Club de Prensa LA NUEVA ESPAÑA (LNE), Oviedo. La Castalia: VIII Ciclo Conferencias “Literatura, Casticismo y Parodia”, en torno a la XXXIII edición del Festival de Teatro Lírico Español.

Coincidiendo con el XXXIII Festival de Teatro Lírico Español en el Teatro Campoamor, el Club de Prensa de LNE sigue siendo el escenario del octavo ciclo de conferencias organizado por La Castalia, que este año llevan por título “Literatura, Casticismo y Parodia”.

A continuación paso a reseñar las tres conferencias a las que he asistido hasta este lunes 11 de mayo, quedando pendiente la última en la que no podré estar, y dedicada al reestreno de Maharajá con la presencia del compositor Guillermo Martínez el 15 de junio a las 18:00 horas. Conferencias de los dos alumnos  más aventajados de «El Profesor» que nos darían mucho más que clases magistrales, acercándonos aspectos de tres títulos en La Viena Española , verdadera capital lírica sólo detrás de Madrid.

Lunes 23 de febrero, 19:30 horas. María Encina Cortizo: El barberillo de Lavapiés.

«La zarzuela contribuyó a forjar una identidad musical española, frente a la ópera italiana, que dominaba los teatros en el XIX». Lo dijo el lunes 23 de febrero en el Club de Prensa de LNE la doctora María Encina Cortizo en la apertura del ciclo «Literatura, casticismo y parodia» de la asociación cultural La Castalia, durante una conferencia dedicada a «El barberillo de Lavapiés». La actividad, vinculada a la 33ª edición del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo que organiza la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo (en colaboración con el diario LNE), contó con la catedrática de Musicología de la Universidad de Oviedo, Mª Encina Cortizo, presentada por Begoña García-Tamargo, directora artística de La Castalia, quien, en su intervención, destacó la variedad y ambición del festival ovetense.

Cortizo hizo una encendida defensa de la zarzuela como género, despojándola de prejuicios y reivindicando su valor histórico y artístico. «Los géneros no son mejores ni peores. Son diferentes; la zarzuela tiene muchísimo valor», afirmó. La catedrática contextualizó la magnitud del repertorio, con 13.000 títulos registrados en la la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), fundada precisamente por varios creadores del género, como el propio Barbieri, Ruperto Chapí y Sinesio Delgado. «Quizá entre esos títulos 500 sean buenos y 250 muy buenos», matizó Cortizo, y situó «El barberillo de Lavapiés» entre los grandes.

Trasfondo político

Con libreto de Luis Mariano de Larra –hijo del escritor Mariano José de Larra– y música de Francisco Asenjo Barbieri, se estrenó el 19 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela, con gran éxito. Los tres actos, en verso, combinan intriga política, aventuras y una vibrante defensa del casticismo madrileño, todo ello en un tono cómico que ha asegurado su permanencia en los escenarios.

Cortizo fue más allá del título para trazar la dimensión histórica de Barbieri. Recordó cómo un grupo de jóvenes compositores que, sin apenas recursos, comenzó su andadura en 1850, logró en apenas seis años levantar el Teatro de la Zarzuela, impulsando el resurgir del género en el siglo XIX. Indicó también que Barbieri fundó la Sociedad de Conciertos de Madrid en 1866 y creó la primera orquesta sinfónica estable en España, ampliando así su legado más allá del teatro musical. «Ha pasado a la historia como compositor de zarzuela, y es mucho más», señaló.

La zarzuela está ambientada en el Madrid del siglo XVIII. La acción transcurre en el barrio de Lavapiés durante el reinado de Carlos III, “el Rey alcalde”. Refleja el ambiente popular madrileño, con majos y manolas, pero también incluye intrigas políticas contra el ministro Grimaldi, tal como comentó la profesora Cortizo.

Toda la obra es un retrato musical del Madrid popular: lenguaje castizo, chulapos, verbenas y ambiente de barrio y fue un gran éxito en un momento político clave. El estreno coincidió con el final del turbulento Sexenio Democrático en España (1874).

Aunque el título parece dar a entender que el barbero Lamparilla es el eje de la historia, en realidad la trama mezcla una historia de amor con conspiraciones políticas. «Lamparilla es más bien un personaje carismático que sirve de nexo entre los distintos mundos sociales», remarcó la doctora berciana. La partitura alberga entre sus números más conocidos la «Canción de Paloma» («Como nací en la calle de la Paloma…»); las Seguidillas Manchegas «En el templo de Marte vive Cupido», pieza coral y de solistas muy popular que destaca por su ritmo castizo, y el Preludio y Coro («A mí las Valonas»), el inicio de la obra, conocido por su ritmo y ambiente popular.

Para Cortizo, la zarzuela es «un cajón de sastre, como la ópera; teatro con música que sirve para entendernos como sociedad». En «El barberillo de Lavapiés» confluyen la pareja noble y la pareja cómica, en una arquitectura dramática que convierte la partitura en «la mejor ópera de Barbieri». La producción se estrenaría el jueves, 26 de febrero, en el Campoamor, con dirección musical de Óliver Díaz, dirección de escena de Christof Loy, de quien pudimos visualizar fragmentos del estreno en el Theather Basel (Basilea, Suiza), disponible en las RRSS hasta el 16 de julio y que en Oviedo sería el estreno en España, con escenografía de Manuel La Casta. «Vamos a seguir luchando para tener una tercera función que se llenaría, fijo», aseguró Begoña García-Tamargo, al cierre del acto, como así sucedió esperando que en el próximo año siga creciendo.

Jueves 12 de marzo, 19:30 horas. Ramón Sobrino: El gitano por amor.

Manuel García y El gitano por amor: historia, voz y redescubrimiento en Oviedo

El jueves 12 de marzo el Club de Prensa de LNE acogía la segunda cita del VIII Ciclo de Conferencias “Literatura, Casticismo y Parodia” organizado por La Castalia dentro de la XXXIII edición del Festival Lírico. La sesión sirvió como antesala de uno de los acontecimientos más esperados del certamen: el estreno de El gitano por amor, que llegaría al Teatro Campoamor el jueves 19 de marzo.

La conferencia, presentada como siempre por la directora artística de La Castalia, Begoña García-Tamargo, estuvo a cargo del musicólogo Ramón Sobrino, catedrático de la Universidad de Oviedo, quien ofreció una completa introducción histórica y musical a esta singular obra.

Una ópera pensada para una diva

Manuel García compuso El gitano por amor pensando en una intérprete excepcional: su hija, la legendaria soprano María Malibrán. Figura imprescindible del Romanticismo, Malibrán destacó por una expresividad única y una técnica vocal fuera de lo común, cualidades que marcaron profundamente la escritura del papel protagonista, Rosita.

Como explicó Sobrino, la complejidad vocal del personaje responde directamente a esas capacidades extraordinarias. La propia vida de la cantante —tan intensa como breve— contribuyó a forjar su aura legendaria.

Manuel García: una figura clave de la ópera europea

Ramón Sobrino situó al compositor sevillano en el centro de la historia operística europea de comienzos del siglo XIX. García no solo fue un brillante tenor, sino también empresario, pedagogo y creador incansable, desempeñando un papel fundamental en la difusión de la ópera italiana fuera de Italia.

Tras su carrera como cantante, desarrolló una intensa actividad compositiva y docente, dejando una huella duradera en el arte del canto. Su legado se vio reforzado además por su propia familia: junto a María Malibrán, otra de sus hijas alcanzó proyección internacional, mientras que su hijo, también llamado Manuel García, se convirtió en uno de los pedagogos más influyentes del siglo XIX.

Cervantes y la ópera: una combinación poco habitual

Uno de los aspectos más llamativos de El gitano por amor es que se trata de una ópera bufa en dos actos escrita íntegramente en castellano, algo poco común en su época. La obra está basada en La gitanilla de Miguel de Cervantes, relato que combina amor, identidad y vida nómada.

García supo trasladar estos elementos al lenguaje escénico y musical, creando una obra que dialoga tanto con la tradición literaria española como con el estilo operístico europeo.

Una fusión estética singular

Compuesta en 1828, la partitura pertenece a la última etapa creativa del compositor y representa probablemente su proyecto escénico más ambicioso de ese periodo. Sin embargo, su estreno ha tenido que esperar más de dos siglos.

El estilo musical refleja claramente la influencia del bel canto italiano, con amplias líneas melódicas y exigente virtuosismo vocal. Pero, como destacó Sobrino, la obra incorpora también giros rítmicos y melódicos que evocan el mundo andaluz, generando una fusión estética que le otorga una personalidad propia dentro del repertorio prerromántico.

Un redescubrimiento esperado

La conferencia no solo permitió contextualizar históricamente la obra, sino también despertar el interés por este «redescubrimiento» musical. La admiración que Manuel García suscitó en figuras como Emilio Castelar —presidente de la Primera República española— da cuenta de la relevancia que tuvo en su tiempo.

Más de doscientos años después, El gitano por amor encuentra por fin su lugar en los escenarios, ofreciendo al público actual la oportunidad de descubrir una pieza que combina historia, virtuosismo y tradición.

Los pasados 19 y 21 de marzo, el Teatro Campoamor fue testigo de este esperado estreno.

Jueves 11 de mayo, 19:30 horas. Emilio Casares: ”Un paseo por el Madrid castizo con «La verbena de la Paloma».

Hay conferencias que informan y otras que contagian pasión. La de «mi profesor» Emilio Casares en el Club de Prensa de LNE perteneció claramente a las segundas, haciéndome viajar en el tiempo a una de sus inolvidables clases. Más de una hora que pasó volando gracias a la erudición, memoria y entusiasmo de quien lleva más de medio siglo sumergido en el universo de la zarzuela y defendiendo sin complejos uno de los patrimonios líricos más importantes —y paradójicamente más olvidados— de Europa.

Casares comenzó recordando sus años como niño cantor y sus primeros contactos con la zarzuela, que conocería a fondo hace ya cincuenta y dos años investigando a los maestros de capilla de la Catedral de Oviedo y el legado de Francisco Asenjo Barbieri, con 3.927 cartas editadas en dos tomos, y desde entonces sumergirse en ese mundo. Aquella curiosidad acabaría convirtiéndose en una vida dedicada a rescatar un patrimonio gigantesco: más de 15.000 zarzuelas catalogadas, 20.000 libretos y alrededor de 3.000 tonadillas. “El país con más lírica del mundo”, afirmaría con convicción. Y lo mejor es que para mi profesor «es una diversión que otros llaman trabajo». Genio y figura de este querido ovetense de adopción, además de compañero de fatigas en sus años de Seminario de Raimundo Arias Mere, un melómano en Rioturbio con quien me unen muchos años de amistad, esta vez presente en la conferencia.

Las cifras que Don Emilio nos daría siguen quitando el hipo desde que en 1989 se va a Madrid para crear el ICCM: el apoyo de la SGAE de Teddy Bautista que se sumó al proyecto, 10.000 zarzuelas, 20.000 libretos y ni una zarzuela de Barbieri publicada (Jugar con fuego de Mª Encina Cortizo abriría un inmenso trabajo musicológico junto a Ramón Sobrino, un tándem de sus más destacados alumnos), el Diccionario de la Zarzuela pagado por Villar Mir, con dos ediciones de 4.000 ejemplares agotados y hoy accesible en internet. Faltaba en España una «Historia de la Zarzuela» junto a 23 países más de Iberoamérica -y Filipinas- con otra curiosidad como que el patrocinio de la misma es de la Fundación Beckmann, dirigida por Juan Domingo Beckmann Legorreta con sede en Tequila (Jalisco) y dueño de una famosa marca de ese mezcal como «José Cuervo». Serán ¡cuatro volúmenes de mil páginas! (el primero entraría este lunes en imprenta), siendo en pleno 2026 la primera historia de nuestro género, e igualmente disponible para consultarse en el portal digital. Don Emilio recordó que hay más de 15.000 zarzuelas ya catalogadas, 3.000 tonadillas… «el país con más lírica del mundo», con más de 20 mil en nuestra «España gamberra y divertida». De las pocas estadísticas publicadas, en 1867  hubo 4.401 funciones de zarzuela en todos los recintos posibles (teatros, salones, casinos…) y por entonces se daban 1.080 funciones de ópera al año (hoy llegan a poco más del centenar) que con la población española de entonces -14 millones- llegaban a dos millones doscientos mil espectadores que acudían a las representaciones de «La Corte de Faraón» (cuando no había lo que hoy llamaríamos «repertorio», pues se estrenaban zarzuelas y óperas casi semanalmente).

La conferencia derivó pronto en una apasionante lección de historia cultural española. Casares fue dibujando el mapa de esta música popular, culta, satírica y profundamente viva. “Hoy solo tenemos editadas 62 zarzuelas”, lamentó, pese a la existencia de centenares de títulos de enorme valor, con al menos 200 títulos magníficos (en el portal digital ya hay 3.121 compositores y 5.283 libretistas).

Especial atención dedicó a Tomás Bretón, figura capital de nuestra música y víctima, según Casares, de un injusto olvido. En sus clases nos hablaba que tras Wagner o el Don Giovanni mozartiano después vendría La Revoltosa de Chapí (de la que Saint-Saens llegó a decir que la cambiaría por toda su obra), y tristemente no tenemos cuántas funciones hubo, y no solo en España, pues Latinoamérica es otro ejemplo.

Bretón fue grande en Europa, dejó más de 140 zarzuelas (La Dolores fue récord de éxito con 66 funciones en Madrid y 133 en Barcelona, más que sus óperas). Gran teórico en la Restauración, fue magnífico escritor, director de orquesta, compositor de sinfonías… su Diario es un documento de lectura obligada y reflexión, datos biográficos que comentaría Casares, como que Bretón fue un autodidacta hasta que Arrieta le tutelará. Compondrá 37 zarzuelas «ligeras», dirige las orquestas madrileñas y el Teatro Real. Bretón soñaba con triunfar en la ópera pero necesitaba vivir de la música y encontró en el género lírico español un éxito tan inmenso como contradictorio para sus aspiraciones. “Causa dolor y vergüenza”, escribió el propio compositor al comprobar que La verbena de la Paloma alcanzaba mucha más popularidad que sus óperas.

Y precisamente ahí se centró el tramo más brillante de la charla. Casares analizó La verbena de la Paloma como mucho más que un «sainete costumbrista»: un retrato social y periodístico del Madrid popular (frases que han quedado en el acervo popular como «Qué tiés madre»), donde se habla “de lo que habla la gente”: política, calor, celos, viejos verdes, serenos de Cangas del Narcea y bailes callejeros. Nada de héroes mitológicos ni gestas históricas como Bretón hubiese deseado, tras componer su ópera Los Amantes de Teruel que hubo de esperar 6 años para su estreno, y triunfó más en Barcelona que Madrid. El pueblo convertido en protagonista con un libreto «sentimental» construido sobre un triángulo amoroso y sostenido por una música extraordinaria que, según el musicólogo, se acerca mucho más a la ópera de lo que tradicionalmente se admite.

Hubo también espacio para las anécdotas deliciosas: el enfrentamiento entre Barbieri y Bretón, las cinco repeticiones en la noche del estreno en el Teatro Apolo (con 2.500 butacas que se llenaban cada día), o aquella carta donde Friedrich Nietzsche comentaba desde Turín La Gran Vía para escribir a Wagner sobre “La Jota de los ratas” madrileños de Chueca que tanto le impresionaron, así como la «vecindad» de Barbieri con el citado teatro y cómo tras conocer el éxito de Bretón con «La Verbena» no se lo creyó y expiró… Curiosidades que nos sacaron más de una sonrisa como la propia ambientación y la  crítica del libreto de Ricardo de la Vega válida para nuestros días (nada que ver aquellos políticos de las dos repúblicas que fueron los únicos momentos de defensa lírica en este «país duro para la cultura»).

Casares reivindicó igualmente la dimensión internacional del género, especialmente en Latinoamérica y Filipinas, como Cuba donde se llegó a representar más de 3.000 zarzuelas, y hasta los mineros chilenos interrumpían su trabajo para escuchar a Bretón. También recordó que el cierre de las capillas musicales tras la desamortización empujó a muchos músicos hacia los escenarios líricos, alimentando un repertorio inmenso y prácticamente inagotable, o la necesidad de quitar ese «sambenito» de un Falla único, olvidándonos de Amadeo Vives, Giménez y tantos otros de la misma talla musical que el gaditano.

El coloquio final dejó otro dato revelador: existen al menos 29 compositoras de zarzuela documentadas desde 1856, aunque apenas se conservan partituras completas, caso de dos obras de María Rodrigo.

Más que una conferencia, la intervención de Emilio Casares fue una reivindicación apasionada de nuestra memoria musical. Una invitación a mirar la zarzuela sin prejuicios, a descubrir su modernidad, su riqueza y su extraordinaria vitalidad. Y también una llamada de atención: quizá seguimos sin ser plenamente conscientes del tesoro cultural que tenemos delante.

Los próximos días 14 y 16 con todo vendido, serán las dos funciones de esta gran zarzuela del «Género Chico», con todo vendido hace semanas…

Oviedo de verbena

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Oviedo se rinde a “La verbena de la Paloma” antes de su estreno en el Campoamor

El Teatro Campoamor acogió esta mañana a las 11:30 horas en su Salón de Té, la presentación oficial de La verbena de la Paloma, tercer y penúltimo título del XXXIII Festival Lírico Español de Oviedo, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, en colaboración con el diario La Nueva España. Y si algo quedó claro durante la rueda de prensa es que el montaje llega rodeado de una enorme expectación.

La producción, dirigida musicalmente por Víctor Pablo Pérez y escénicamente por Nuria Castejón, ha agotado todas las localidades para sus dos funciones previstas, los días 14 y 16 de mayo, apenas unos días después de ponerse a la venta. El propio elenco y equipo técnico reclamaron públicamente la posibilidad de añadir una tercera representación ante la alta demanda del público ovetense.

Durante la presentación, el concejal y presidente de la fundación municipal, David Álvarez, definió la célebre zarzuela como “uno de los hits del corpus de la zarzuela”, destacando además la singularidad de esta propuesta escénica, que incorpora como prólogo Adiós, Apolo, un sainete escrito por Álvaro Tato (Madrid, 1978). La pieza recrea la última noche del mítico Teatro Apolo de Madrid en 1929, escenario donde precisamente se estrenó La verbena de la Paloma en 1894. El director burgalés Víctor Pablo Pérez, tendrá un encuentro el próximo viernes 15 a las 19:30 horas en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, dentro del ciclo Cultura OFF, donde recordará su estancia en nuestra tierra (bajo el título Historias de la Historia Musical de Oviedo) desde 1980 a 1988, como nos recordaron en esta rueda de prensa tanto el concejal como el propio maestro.

Un homenaje al Teatro Apolo y a la zarzuela clásica

Nuria Castejón explicó que el montaje mantiene la esencia clásica de la obra, aunque traslada ligeramente la acción hasta 1929 para enlazarla con el prólogo. Según detalló, Adiós, Apolo funciona como un homenaje sentimental y humorístico al desaparecido teatro madrileño, evocando aquella histórica última función en la que el público se resistía a abandonar la sala y tuvo que intervenir la policía para desalojarla.

“Todo está contado desde el humor y desde un tono muy romántico”, señaló la directora de escena, que apuesta por una mirada cercana y emotiva sobre una de las obras más populares del género.

Por su parte, el director artístico de este festival, Cosme Marina, aseguró que, pese a las numerosas versiones de La verbena de la Paloma representadas durante las más de tres décadas del certamen, “ninguna como ésta”. Marina destacó especialmente la magnitud del reparto y la cuidada unión dramatúrgica entre las dos piezas que conforman el espectáculo.

Un elenco entregado… y enamorado de Oviedo

La actriz Gurutze Beitia, encargada de interpretar a ‘Tía Antonia’, definió el ambiente de trabajo como “una familia de verdad” y lamentó que no exista, de momento, una tercera función para responder al entusiasmo del público.

También la soprano valenciana Carmen Romeu, que dará vida a ‘Susana’, elogió la dirección musical de Víctor Pablo Pérez, capaz de aportar “frescura y nuevos matices” a una partitura tan conocida. La ovetense María Zapata, encargada del personaje de ‘Casta’, resumió el espíritu del espectáculo con una frase rotunda: “Es una obra sumamente divertida, para verla varias veces”.

El actor y tenor Antonio Comas, que participa tanto en el prólogo como en la zarzuela principal en el papel de ‘Don Hilarión’, así como Rafa Castejón, que hace de ‘director de escena’ en el prólogo y de ‘tabernero’ en esta producción, destacaron la calidad artística de un equipo en el que coinciden “muy buenos actores y muy buenos cantantes que son buenos actores”. La reflexión final dejó una de las frases más celebradas de la presentación: “La modernez significa hacer las cosas bien”.

Con el cartel de “entradas agotadas” colgado desde hace semanas y el respaldo unánime del equipo artístico, Oviedo vuelve a confirmar su condición de gran plaza de la lírica española, consolidándose —como apuntaron varios participantes— como el segundo gran referente nacional del género, solo por detrás del Teatro de la Zarzuela.

¡Oviedo pide más funciones de zarzuela!

Añadir que dentro del Ciclo Off Zarzuela, el sábado 16 habrá Talleres infantiles: Una verbena de colores. Música, movimiento y expresión plástica, un acercamiento cultural a la Zarzuela “La verbena de La Paloma” para público a partir de 5 años en el Teatro Campoamor (Salón de Té), con dos sesiones, a las 12:30 h. y 16:30 h. Aforo 30 personas, con inscripción previa desde hoy hasta el 14 de mayo.

Zarzuela de las dos orillas

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Jueves 30 de abril, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Gala Lírica. Ruth Iniesta (soprano), Jorge de León (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). «Las dos orillas»: Preludios, intermedios, canciones y romanzas de zarzuela. Fotos de Pablo Piquero y Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World, con los añadidos habituales de mi blog)

Dentro del trigésimo tercer Festival de Teatro Lírico Español, aunque fuera del abono de los cuatro títulos (con dos funciones), se presentaba una interesante gala lírica con dos de nuestra voces más internacionales y defensores de nuestra zarzuela: la soprano zaragozana Ruth Iniesta y el tenor tinerfeño Jorge de León con un programa titulado «Las dos orillas» con conocidas páginas de nuestro género a ambos lados del Atlántico, y que esta pareja defiende con la misma calidad que sus habituales roles operísticos, haciendo grande nuestro “Patrimonio Cultural Inmaterial” que de momento espera dicho reconocimiento.

El ovetense Óliver Díaz en el foso -pues la escena para “La Verbena de la Paloma” de los días 14 y 16 de mayo, ya se está montando- volvía a ponerse al frente de la orquesta titular del Festival (y del ciclo “Los Conciertos del Auditorio”) con la que hace años tiene una relación tan personal que le permite sacar de ella lo mejor, siempre mimando las voces, respetándolas, acompañándolas, y en las partes orquestales haciendo sonar compacta a una gran plantilla para esta ocasión, reforzada con alumnado del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) y contando con Marina Gurdzhiya como concertino, que como muchos primeros atriles, tendrían sus momentos de lucimiento.

Interesante programa donde además de los números instrumentales que forman parte del repertorio orquestal en medio mundo, reunía algunas de las romanzas y dúos más conocidos del género lírico español junto a imprescindibles páginas de su homónima caribeña, zarzuela cubana, que pocas veces hemos disfrutado sobre las tablas aunque sí de sus romanzas más populares, canciones que muchos no asociaban a la escena musical.

El Preludio de La Torre del Oro (Giménez) sirvió para testar el buen estado de Oviedo Filarmonía y cómo se plegaron al mando de un Díaz que jugó con unos retardandos no escritos pero muy apropiados por lo personales en cuanto al fraseo. En esta parte hispana, el segundo número orquestal sería el intermedio de La pícara molinera (Pablo Luna), con esa conexión sevillano-asturiana de nuestra zarzuela, bien de tempi y excelente balance en el foso.

La parte vocal iría alternando romanzas de Iniesta, León y dúos, comenzando con la poco escuchada y exigente “La Dogaresa” (1920) del maestro Rafael Millán. Salir casi a puerta gayola para enfrentarse con «Ya muerto está mi amor en flor» supuso para la soprano madrileña tardar en centrar su rol de Marietta dejando un agudo final algo destemplado. Por su parte «Yo arrasaré Venecia», del Paolo tinerfeño, también supone comenzar literalmente a pecho descubierto con otro agudo final de los que llamamos “a romper” que dicho sea, al público habitual le encanta. La aparición para el dúo «Tu voz resonaba en la noche tranquila» por ambos lados de la escena, ayudaron a crear la necesaria complicidad, voces empastadas y compenetradas, siempre mimadas por la orquesta, pero con el público aún frío.

Los que peinamos canas atesoramos las grabaciones de Alfredo Kraus como joyas y referentes vocales, Canarias tierra de tenores con Jorge de León que nos dejó la romanza «La roca fría del calvario» de La Dolorosa (Serrano) más vibrante que sentida, pasión en vez de dolor, pero con gusto y valentía tanto en los fraseos como en unos agudos que fueron encontrando posición a medida que avanzaba el recital.

Relevo con una Ruth “primorosa”, rojo pasión y mantón de Manila bien manejado como esta conocida página de El barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. La excelente técnica permite unas agilidades y volumen perfectos aunque los años quiten esmalte vocal pero regalen su corporeidad, así como las tablas que el tiempo, como el bien vino, convierten en reserva.

Y en una parte dedicada a la zarzuela española no puede faltar Pablo Sorozábal, de quien nos dejarían el dúo «Todos lo saben» (de La tabernera del puerto). Escena, empaste, entrega, química incluso con la combinación de colores en la pareja, optando el Leandro canario por una chaqueta de smoking azul mar para esta bien cantada escena con la Marola madrileña en el hoy “Puerto de Campoamor”, que al fin levantó el ánimo de un público que acudió con ganas y en buen número, pese a la coincidencia en el Auditorio “Príncipe Felipe” del concierto para la celebración del “Día de les lletres asturianes” con el maestro Marco A. García de Paz al frente de la OSPA, su Coro “El León de Oro” y el estreno de dos obras de los compositores Jorge Muñiz y Guillermo Martínez.

Los aires caribeños llenarían toda la segunda parte, la zarzuela cubana que bebe de su folklore al igual que la nuestra pero más cercana a las revistas o musicales de sus vecinos, sin olvidarnos que La Habana en aquellos años era el cabaret de los yanquis. Grandes compositores cubanos los elegidos para esta fiesta de la lírica de las dos orillas, comenzando por un poco reconocido Eliseo Grenet cuyo «Lamento esclavo» aún está sin encontrarse una edición completa, y que Rodrigo Prats utilizará para La perla del Caribe. Oviedo Filarmonía hizo la travesía de nuestro abuelos para llenarse de ritmos afrocubanos donde la percusión cubana de un “recuperado” Fernando Arias aportaba el sabor y el arpa de Jose Antonio Domené ese especial color caribeño.

Vestuario distinto para esta parte cubana, azabache y tinto, negro la madrileña y grana el tinerfeño que abría “en” Soledad (1932) con la romanza «Qué negra y qué triste mi vida de ayer». Ideales los solos de violín (Marina Gurdzhiya) y flauta (Mercedes Schmidt) en el puente antes de retomar la estrofa con los agudos poderosos de Jorge de León llenando un teatro ya rendido al tinerfeño.

Aún quedaba el cubano más internacional, Ernesto Lecuona con María de la O (1930), Ruth Iniesta y la conocida canción de esta ópera, cuyo título original es «Mulata infeliz» antes de escuchar el famoso estribillo. Gurdzhiya contestando desde el violín en un puente instrumental de gran versatilidad en todo el foso y el buen gusto de la soprano que prepararían el dúo «Me engañabas traicionando mi pasión», revista musical en estado puro con cambios de ritmos y tonalidades muy variados, mejor cantados y compenetración de este dúo al que se le notaba cómodo en escena y todavía más en el estilo.

Una de las comedias líricas cubanas que más tirón han tenido en Madrid, recordando aún su retransmisión por los propios canales del Coliseo de la calle Jovellanos hace ya seis años, es “Cecilia Valdés” (1932) de Gonzalo Roig. Una gala lírica se puede hacer con piano y la misma dignidad, pero teniendo una orquesta y director de casa no se podía escatimar y apostar por unos números ganadores: la Contradanza fue otra marca de calidad con ese solo de clarinete (Inés Allué) tan de Brooklyn, más los ritmos caribeños que bien hubiese firmado Lenny, pero era Roig con una OFil en estado de gracia sección por sección: una cuerda danzante, unas maderas juguetonas, los metales redondeando presencias y la percusión que contagia el ímpetu para todos, dejando listo el fin de fiesta en el Barrio del Ángel habanero que hoy era calle madrileña en el teatro de la capital asturiana para lucimiento de los dos cantantes, siempre mimados por el ovetense Óliver Díaz:

«Dulce quimera» de Jorge de León, melodía sincopada, cantable, músicas de estilo cercanas al canario y su folklore, el mestizaje con las herencias que el tenor sintió y cantó como propias con un final en sobreagudo largo y mantenido por parte de su Leonardo.

La gracia y estilo sabrosón, casi de una “modernizada” Celia Cruz para esa espléndida «Sí, yo soy Cecilia Valdés», habanera sentida que gira a danzón, donde Ruth Iniesta se entregó cantando, bailando, mandando siempre con buena respuesta desde el foso y otro final agudo, limpio, potente y arrancando muchos bravos. El dúo final, perfecto broche vocal, expresivo, entregado, de colores apropiados, química y literalidad de «Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría», en este caso con dos propinas en la misma línea y totalmente ganado el público.

Primero la famosa «Quiéreme mucho» de Roig, en casa cantada como nadie por Kraus que mi padre dedicaba a mi madre (“Cuando se quiere de veras”) y de una zarzuela titulada Servicio Militar Obligatorio, que fueron alternando estrofas canario y madrileña, incluso con segundas voces que aportaron el toque distintivo, así como el baile del puente instrumental antes de atacar el final del estribillo en unos sobreagudos no escritos muy del gusto del respetable al que encandilarían todavía más con la conocida canción del tipo tango-congo compuesta por Eliseo Grenet «Ay mamá Inés» que formaba parte de la zarzuela Niña Rita (1927) completada por Lecuona.

Dos propinas que tras los saludos de rigor, aún bisarían la última, algo al menos curioso, con la participación del público y hasta el maestro Óliver Díaz cantando, muchos recuerdos radiofónicos, Ruth bailona, Jorge cómico y una OFIL siempre cómplice en el foso.

 

PROGRAMA «LAS DOS ORILLAS»:

PRIMERA PARTE

Gerónimo Giménez (1852-1923)

La Torre del Oro, Preludio

Rafael Millán (1893-1957)

La Dogaresa

«Ya muerto está mi amor en flor»

«Yo arrasaré Venecia»

«Tu voz resonaba en la noche tranquila»

Pablo Luna (1879-1942)

La pícara molinera, Intermedio

José Serrano (1873-1941)

«La roca fría del calvario», La Dolorosa

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1015)

«Me llaman la primorosa», El barbero de Sevilla

Pablo Sorozábal (1897-1988)

«Todos lo saben», La tabernera del puerto

SEGUNDA PARTE

Rodrigo Prats (1909-1980):

«Lamento esclavo», La perla del Caribe

«Qué negra y qué triste mi vida de ayer», Soledad (1932)

Ernesto Lecuona (1895-1963)

María la O (1930)

«Mulata infeliz»

«Me engañabas traicionando mi pasión»

Gonzalo Roig (1890-1970)

Cecilia Valdés (1932)

Contradanza

«Dulce quimera»

«Sí, yo soy Cecilia Valdés»

«Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría»

El barberillo valiente

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Jueves 26 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894): El barberillo de Lavapiés. Zarzuela en tres actos con libreto de Luis Mariano de Larra (1830–1901). Estrenada el 19 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela. Coproducción del Theater Basel (2025), el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo y el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Fotos propias y de Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World del viernes 27 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez más alguna propia)

Oviedo sigue siendo capital lírica, y finalizada la LXXVIII Temporada de Ópera arranca el Festival de Teatro Lírico Español que alcanza su trigésimotercera edición con dos funciones que se quedan pequeñas ante la demanda en la que es segunda temporada estable de zarzuela, tras la madrileña. Y este jueves llegaba a la capital asturiana el director de escena alemán Christof Loy, de fama internacional, quien se enamoró de nuestro género creando su  propia compañía de zarzuela con cuatro artistas españoles llamada “Los Paladines”, con sede en Austria (y a quien le comunicaron en el ensayo general el Premio del Teatro de Rabisbona como “Mejor Emprendedor”). Con ellos ha venido a Oviedo y con quienes ha debutado en Viena con Benamor (Pablo Luna), y en el Teatro de Basilea (Suiza) el pasado mes de septiembre precisamente con este Barbieri de El barberillo de Lavapiés que estrenaba este último jueves de febrero en nuestra sempiterna Vetusta (Madrid deberá esperar a la próxima temporada), para proseguir su andadura en el coliseo de la calle Jovellanos madrileña donde dirigirá El Gato Montés (Penella) el próximo junio, esperando siga periplo y lo traiga para la próxima edición de nuestro festival (personalmente me encantaría disfrutar de Benamor).

De El barberillo de Lavapiés aún recordamos anteriores producciones como la de 1994 en el primer festival, la de 2005 en la duodécima edición con la producción madrileña de Calixto Bieito y la más cercana de Alfredo Sanzol (en 2020) con dirección musical de Miquel Ortega.

Christof Loy confesaba no hace mucho en la prensa especializada que sus pasión por nuestra zarzuela le vino tras ver una representación de La del Manojo de Rosas en el Teatro de la Zarzuela en pleno Covid-19, cuando toda Europa tenía cerrados los teatros líricos mientras los españoles abrían, lo que le ganó para el género, siendo el comienzo de una andadura que ha culminado esta temporada con las tres producciones líricas antes citadas.

El barberillo de Lavapiés sigue siendo la zarzuela emblemática de la amplísima producción de Barbieri, y obra cumbre de la denominada “Zarzuela Grande”, triunfando ya desde su estreno, permaneciendo en la memoria de tantos aficionados al género, siendo de agradecer la edición crítica de los doctores de la Universidad de Oviedo Mª Encina Cortizo y Ramón Sobrino a los que bien conocemos y admiramos, y que se llevó al disco gracias a la Fundación Caja-Madrid para el sello francés Auvidis-Valois, con un reparto encabezado por María Bayo, Lola Casariego, Manuel Lanza y Juan Pons en el cuarteto protagonista, todos bajo la dirección musical de Víctor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Muchos nombres ligados a Asturias que han mantenido en alto este «Barbero de Barbieri« que combina intriga política, aventuras con una vibrante defensa del buen casticismo madrileño y goyesco, majos y majas, manolas y estudiantes, guardias y conspiradores para esta “tonadilla escénica dieciochesca” ampliada, que no pierde el tono cómico y le ha asegurado su permanencia en los escenarios a lo largo del tiempo.

No quiero olvidarme de Luis Mariano de Larra, autor del libreto e hijo de Mariano José (que firmaba sus artículos como Fígaro e otro guiño al barbero) de quien heredó el amor a las letras, y escribió muchos textos de zarzuela para Arrieta, Gaztambide y Barbieri entre otros, pero cuyo fin de carrera literaria es digno de una película por estar ligado a una estafa de su hermana Baldomera, que tristemente le trajo el sobrenombre de “Larra el malo” con una furia hacia él que le obligó a abandonar el teatro y retirarse, como bien ha escrito Carlos Gómez Amat en el libreto que acompaña la histórica grabación de 1994, además de las excelentes notas del tándem Cortizo-Sobrino, donde el análisis de esta joya de Barbieri (el “maestro Bandurria” como humorísticamente él mismo se llamó) es referente para todo amante de nuestro patrimonio musical.

Christof Loy se refería a El barberillo de Lavapiés con las siguientes palabras antes del estreno suizo: «Ante todo, he intentado leer la obra con atención y he descubierto que, como toda buena comedia, tiene un trasfondo serio que debe aflorar constantemente. Lo genial del libreto es que personajes como Lamparilla y Paloma siempre logran salir de situaciones difíciles con humor. De este modo surge un nivel jovial tanto del contenido como de la filosofía de la obra. Y ese delicado equilibrio entre lo ligero y lo serio —algo parecido a lo que ocurre en la genial película de Ernst Lubitsch To be or not to be— es lo que intento captar atmosféricamente».

Sigo citando al alemán porque explica muy bien su acercamiento, siendo lo que más le atrae del Lamparilla «su origen teatral, la figura del Arlecchino. Sin proponérselo, se ve enredado en una intriga política que amenaza su vida. Y a lo largo de la acción va perdiendo cada vez más su papel “profesional” de bufón… y solo entonces se convierte en el hombre al que Paloma puede amar. Esta historia de amor entre Paloma y Lamparilla es, de por sí, gran literatura, comparable con las grandes parejas de enamorados en las comedias de Shakespeare. Y yo intento dar a esta evolución tan conmovedora de la pareja una gran autenticidad en mi puesta en escena».

La propuesta de Loy está obviamente actualizada y situada en El Pardo, como bien explicaba el propio director en una entrevista para la revista “Codalario” el 20 de septiembre pasado: «Como siempre en mis producciones, me tomo la libertad de inventar un mundo poético-teatral que corresponda al espíritu de la obra, pero también a mi necesidad de acercarme a los personajes. Para mí era importante representar el mundo del primer acto —que no transcurre en Madrid, sino en El Pardo— como una belleza casi irreal; luego, la barbería de Lamparilla se convierte en el lugar central de la acción, pero también ese Lavapiés es una invención: de un Lavapiés realista solo permanecen los faroles. Y, finalmente, el tercer acto es un espacio íntimo, la vivienda de Paloma, y en principio el escenario de un drama psicológico de cámara. Lo insólito de esta obra es que los personajes principales se sustraen por completo a los clichés. A primera vista parece evidente: está la pareja cómica del pueblo y, por otro lado, la pareja noble y seria. Sin embargo, los celos de Don Luis lo hacen parecer, en ocasiones, el personaje más cómico de la obra; al amor de Paloma y Lamparilla le devuelvo toda la dignidad que quizá se haya perdido con el paso de la tradición escénica. Y al final, también la pareja tragicómica de los nobles alcanza de nuevo esa grandeza. Es maravilloso cómo en esta obra se hace realidad la utopía».

Resaltar por último que esta producción está disponible para todo el mundo en la plataforma Operavision que la ha subido a Youtube© durante seis meses (filmada los días 5 y 7 de noviembre del pasado año). Evidentemente es una elaboración contemporánea (como era de esperar con Loy) pero de estética atemporal, casi de musical americano setentero por el vestuario, incluso anterior por las costureras que me recordaron el taller que tenía mi abuela materna), y donde lo único dieciochesco es la Guardia Walona de Carlos III “el rey alcalde”, elegantes de blanco con tricornio y peluca, pero la trama se sigue sin mayores problemas y sigue divirtiendo igual que siempre, incluso notando que Loy no ha renunciado a los tópicos más asociados al género (danza, colorido y casticismo), en un Madrid colorido donde toda la gente fluye, “todos un poco locos..” como lo describe el propio escenógrafo alemán que piensa ya en la temporada del Carnaval vienés, donde podría funcionar muy bien, reconociendo que está aprendiendo mucho y se acerca con respeto, amor y pasión a este género, pero también con cierta inocencia, “Y en mi teatro siempre es esencial una verdadera emoción”.

El decorado se ve limpio y concentrado en los actores para que nada distraiga, pues siempre funciona bien el aforismo de “más e menos”, unido a una iluminación cálida  que me recordó al mejor Sagi. No puede faltar el cuerpo de baile con cuatro parejas que dieron color y salero, lo que redunda y añade el calificativo de “grande” a esta producción internacional, a la que se sumó el coro titular del festival, la “Capilla Polifónica de Oviedo” que salvo un arranque dubitativo en la “Jota de los estudiantes” volvieron a funcionar en cada acto, estudiantes, vecinos y soldados, destacando especialmente el coro de las costureras (aunque no suspirasen el “Camisón” como el propio Barbieri indica en su manuscrito, en una acotación que me hizo llegar Ramón Sobrino).

En la parte instrumental repetían el Barberillo ovetense de 2020 tanto el coro como la Oviedo Filarmonía y seis componentes de la Rondalla Langreana (guitarras y mandolinas), presentándose este 2026 con el cuarteto protagonista (de “Los Paladines” ): la mezzo donostiarra Carmen Artaza (que también estuvo en el de Sanzol en la calle Jovellanos), la soprano madrileña Cristina Toledo y su paisano el barítono David Oller, completando el cuarteto principal el tenor uruguayo Santiago Sánchez, quien ejerció de presentador antes de levantarse el telón (al igual que en Basilea, allí en un alemán perfecto), por lo que el trabajo de la partitura de Barbieri estaba más que hecho, aunque nunca haya dos representaciones iguales.

Dos dúos bien diferenciados que representan los distintos mundos sociales, aún vigentes incluso en los diálogos que siguen siendo actuales, destacando la inclusión y presencia en ellos de Lope, con el guitarrista argentino Marcelino Echeverría, que iría poniendo el fondo ideal con melodías del propio barberillo pero también fragmentos de Asturias (Albéniz) o Recuerdos de la Alhambra (Tárrega) que enriquecieron la acción hablada, destacando la buena proyección y el mismo color vocal en las muchas y siempre difíciles partes teatrales de todos los protagonistas (lo que es un hándicap para muchos cantantes no hispano parlantes).

Y si la nobleza la representan la Marquesita del Bierzo y Don Luis de Haro, todos estábamos con el pueblo, con Paloma y Lamparilla, verdaderos triunfadores de la función.

La dicharachera costurera madrileña de Carmen Artaza mostró su gracia y buen hacer tanto  en las partes habladas como en cada intervención: romanzas (su canción inicial “Como nací en la calle de la Paloma”), dúos (bisaría con Oller “Una mujer que quiere ver a un barbero” cantado con gusto, al igual que el conocido dúo de las majas del tercer acto con Cristina Toledo (“Aquí estoy ya vestida como hace el caso”), y por supuesto en los concertantes, siempre de empaste perfecto manteniendo un color homogéneo y redondo de mezzo, sumándole una escena completísima haciendo plenamente suyo este rol.

Hace tiempo que el rol de Lamparilla lo abandonaron los llamados tenores cómicos para incorporarse directamente al repertorio de los barítonos, en parte por los guiños al rossiniano que tantas veces aparece en esta zarzuela, y David Oller es un lírico con la obligada vis cómica que dominó la escena dentro y fuera (Rossini le va muy bien) aunque el tempo algo rápido (hubo varios a lo largo de la función) para su entrada del primer acto hiciesen difícil una mejor vocalización, pero mostrando siempre una buena línea de canto, proyección hablada y cantada, presencia y dominio de este barbero castizo.

Un escalón por debajo (que no en lo social), la Marquesita Cristina Toledo no tiene suficiente caudal vocal en los graves pero lució buen empaste y equilibrio en el dúo de las majas antes citado, mientras el tenor Santiago Sánchez estuvo algo más opaco como Don Luis de Haro incluso en las partes habladas, menos “interpretadas” o creíbles que las cantadas, un tenor lírico con una bella línea de pero de poco volumen.

Excelente el bajo gallego Alejandro Baliñas como Don Juan de Peralta, poderoso, cantabile desde su registro y agradecido en escena. De los llamados actores cantantes (aunque prefiero la inversa), Joselu López, un albaceteño de Hellín, funcionó muy bien como Don Pedro de Monforte, completando un elenco vocal donde hubo nobleza canora y triunfo del pueblo.

No quiero olvidarme de los llamados partiquinos, a cargo de tres componentes del coro titular que van buscando su sitio en estos papeles comprometidos precisamente por su brevedad: los estudiantes encarnados por el langreano Adrián Begega y Carlos Prado junto a la contralto Eugenia Ugarte como vendedora, más desenvuelta y espontánea que sus dos compañeros tenores.

El director ovetense Óliver Díaz volvía al foso con Oviedo Filarmonía, una relación de hace años que le permite sacar de esta versátil y ya madura orquesta capitalina lo mejor en todas sus secciones. Además de saber mimar las voces como pocos, ya en el Preludio inicial supo jugar con las dinámicas y el ritmo, al igual que en el Intermedio del tercer acto, dando confianza y feliz entendimiento que hasta en las caleseras finales la dejó sonando sola con la misma calidad. Interesante resultó repetir las conocidas seguidillas “En el Templo de Marte vive Cupido” para favorecer el cambio de decorado sin pausa al tercer acto, haciendo cantar como Lamparilla la corneta de Antonio Soriano, que además adornó como buen valenciano que no olvida su tierra pese a los años que lleva en Oviedo. El maestro Díaz siempre favoreciendo y apoyando las voces, aceleró algún número para no agotar las exigentes capacidades pulmonares que pide Barbieri, aunque fuese en detrimento de unos textos ya de por sí difíciles de encajar, incluso para el coro, pero hay que reconocerle como un defensor de nuestra zarzuela desde su magisterio y experiencia en tantos fosos, incluso operísticos.

Otro éxito en Oviedo, que ama nuestro género por excelencia, y el aforo completo para las dos funciones sigue mostrando una afición que crece cada temporada, aplaudiendo entusiasmada a Christof Loy y todo su equipo en este estreno español dentro de la zarzuela, que pronto corroborarán en la capital de España y allá donde la lleve, valiente en sus apuestas y un idilio hispano que no decaerá, menos con “Los Paladines” que a buen seguro irán rodándose y ampliando plantilla, algo de agradecer en los siempre duros tiempos para la lírica.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Óliver Díaz – Dirección de Escena: Christof Loy – Asistente de dirección: Silvia Aurea – Escenografía: Manuel La Casta – Asistente de escenografía: Matías Carbia – Iluminación: Valerio Tiberi – Asistente de iluminación: Emanuele Agliati  Vestuario: Robby Duiveman – Coreografía: Javier Pérez.

REPARTO
Lamparilla: David OllerPaloma: Carmen ArtazaMarquesita del Bierzo: Cristina Toledo Don Luis de Haro: Santiago SánchezDon Juan de Peralta: Alejandro BaliñasDon Pedro de Monforte: Joselu LópezLope/Guitarrista: Marcelino EcheverríaEstudiante 1º: Adrián Begega* – Estudiante 2º: Carlos Prado* – Vendedora: Eugenia Ugarte*.

* Miembros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

BAILARINES

Davide Pillera, Lucía Vázquez, Iván Amaya, Laura García Aguilera, Amparo Uhlmann, Pascu Ortí, Chiara Viscido, Giuseppe Bencivenga

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio)

Orquesta Langreana de Pulso y Púa

Sara Cuello, Isabel Benavente (guitarras) – Dimas Coalla (guitarra bajo) – Sofía Nevado, Begoña Pérez, Ángel Cuartas (mandolinas)

Una emotiva y plácida gala lírica

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Sábado 10 de enero, 19:30 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: “Gala Lírica” con Plácido Domingo (barítono), Ismael Jordi (tenor), Sabina Puértolas (soprano), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Entradas: 89€ y 79€, con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo y el patrocinio de Riesco Abogados y Grupo Resnova.

(Crítica para Ópera World del domingo 11, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y fotos propias más las de Pablo Piquero)

Nada menos que cuarenta y ocho largos años después de su última actuación en Oviedo, el legendario artista, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1991, Plácido Domingo, y nuevo director artístico de la Accademia Pucciniana, regresaba a la capital asturiana este frío sábado 10 de enero para protagonizar una gala extraordinaria en un Auditorio Príncipe Felipe rendido y con todo vendido desde hacía semanas, que le vitoreó a lo largo de toda la velada.

Y es que el músico madrileño, que el próximo día 21 cumplirá 85 eneros, sigue siendo el mejor embajador de nuestra lírica y todo un reclamo para seguir llenando cada recital, más aún rodeándose de grandes voces de la “penúltima generación” como son la soprano mañica, y mierense de adopción, Sabina Puértolas (1973) y el tenor jerezano Ismael Jordi (1973), que brillaron tanto solos como en los dúos con el maestro Domingo gracias a un programa muy bien armado con el ovetense Óliver Díaz (1972) al frente de una Oviedo Filarmonía (OFIL) que es ya un referente en la programación asturiana tanto en el foso del Campoamor como en el auditorio de la capital.

En palabras del propio artista en la prensa regional, regresar a Oviedo después de tantos años, me produce una gran emoción. Esta ciudad ocupa un lugar muy especial en mí y me trae recuerdos memorables de los inicios de mi trayectoria artística en España. Estoy feliz de volver en este momento de mi vida”. En 1977 cantaría Tosca y Andrea Chenier, entonces tenor “in crescendo” del que no hace falta recordar una carrera que ha ido amoldando a una voz siempre reconocible aunque los años le llevaran a la cuerda de barítono y en la actualidad esa longeva trayectoria le ha dado todos los recursos y trucos para seguir en activo aunque transporte las partituras para amoldarse a su actual estado físico, por otra parte envidiable, y las necesite en el atril, siempre con una musicalidad y gusto al cantar tanto ópera como zarzuela. Precisamente su primer aria sería “Nemico della patria” como prueba de ese trayecto de tenor a barítono, siempre con una OFIL respetuosa y bien llevada desde el atril por un Díaz que la entiende como pocos, tras abrir velada con la obertura verdiana de Nabucco, página ideal para testar a una orquesta siempre compacta, de sonoridades ricas, secciones muy equilibradas, con Marina Gurdzhiya de concertino y el arpa impecable de un José Antonio Domené que es imprescindible en estos repertorios.

La primera parte operística fue alternando las primeras arias de soprano y tenor con un Plácido verdiano más dos dúos con cada uno de ellos. Primero una Puértolas en estado de gracia (“Mercè, dilette amiche” de las Vísperas), impecable, de agilidades cristalinas y entrega total, después Jordi con el Werther capaz de olvidarnos de Kraus (perfecto su “Pourquoi me réveiller” de dicción, matices, color e interpretación) junto al Macbeth (“Perfidi!… Pietà, rispetto, amore”) de un Domingo que “capea el temporal” pero sigue emocionando por sus tablas y oficio.

De los dúos, empaste ideal con Ismael Jordi en “Au fond du temple saint” de Los pescadores de perlas, otro rol krausiano que el andaluz bordó, más “Udiste?… Mira, di acerbe lagrime”, de Il trovatore junto a Sabina Puértolas que sirvió para cerrar por todo lo alto una primera parte operística de muchos quilates, tras la famosísima obertura de Carmen donde Óliver Díaz llevó a la OFIL como buen diestro de naturales sin engaño.

La zarzuela goza también en Oviedo del mimo y respeto de una afición lírica que entiende y exige, disfrutando cuando las voces responden y la orquesta las ayuda con igual calidad. El famoso intermedio de La leyenda del beso sonó completo y no recortando el arpa virtuosa que abre la parte más conocida de esta zarzuela de Soutullo y Vert. “La aldea” de Domingo no levantó el vuelo cual gavilán ni brilló con el esmalte de barítonos que la han hecho casi carta de presentación, pero escuchar al octogenario interpretarla aunque bajada de tono, sigue emocionando porque son romanzas que hemos heredado de nuestros abuelos y padres conociéndolas casi como “Las 40 principales” de varias generaciones. Otro tanto con la Maravilla de “Amor vida de mi vida” que ha perdido parte del encanto de esta romanza que el madrileño ha llevado por todo el mundo y continúa en el repertorio casi cual seña de identidad de la “segunda etapa” de Domingo.

Antes, otra de las imprescindibles nos la interpretó Ismael Jordi emocionándonos con la romanza de Doña Francisquita (“Por el humo se sabe dónde está el fuego”) de escuela canora canaria por medias voces, fraseo, línea de canto y agudos precisos bien colocados en un estado vocal impecable del jerezano.

Y un verdadero primor Sabina Puértolas en feliz complicidad con batuta y orquesta de El barbero de Sevilla de Giménez (también sonaría el intermedio de La boda de Luis Alonso), virtuosismo vocal que hace fácil lo difícil ante el dominio técnico donde nunca pierde el color y los graves han ganado cuerpo, coquetería no solo en el vestido rojo pasión de esta segunda parte, también en enamorar con una interpretación de presencia absoluta sobre las tablas.

Los dúos elegidos volvieron a traer el empaste perfecto de Domingo, su magisterio y conocimiento de nuestro patrimonio lírico, primero con Jordi en una Marina casi cantábrica de salitre vocal y sentimientos compartidos (“Se fue, se fue la ingrata”) y el grato regreso de Puértolas para el Manojo imprescindible nuevamente brillante y chulapón mezcla de veteranía y juventud que nos recordó tan buenas representaciones en el Campoamor dignas de haberse llevado al disco. El directo siempre irrepetible y la conciencia de estar despidiendo a un Plácido Domingo que se resiste a cortarse la coleta.

Las propinas resultaron una tercera parte con los mismos protagonistas y similares sentimientos, primero La Tabernera con un Domingo que “No puede ser…” más dramatizado que cantado bien arropado por la OFIL y Díaz, unas Carceleras de Chapí impactantes con una Puértolas que hasta jugó con los músicos en todos los registros vocales y escénicos, más un “jondo” Jordi de “Adiós Granada” (Emigrantes), romanza que los grandes tenores han interpretado, y que tanto Kraus como Domingo han popularizado de este cuadro lírico en un acto escrito por Tomás Barrera y Rafael Calleja en 1905, y que el jerezano la bordó de principio a fin con una OFIL versátil, compacta, brillando con el tenor.

Aún quedaba rematar la faena con Soleá y dos Rafaelillos, el famoso pasodoble del maestro Penella, un Gato Montés a tres, que pareció evocar “Los tres tenores” donde Domingo ejerció de maestro de ceremonias, este sábado cual diestro que se despedía en la plaza ovetense (sin cortarse la coleta) dando la alternativa a Puértolas y Jordi toreando este último morlaco lírico del que guardo la grabación para el sello amarillo cantada junto a Verónica Villarroel, Juan Pons y Teresa Berganza más la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección del siempre recordado Miguel Roa. Larga vida a Plácido Domingo y a nuestra lírica.

PROGRAMA:

I

Giuseppe Verdi (1813-1901):

Nabucco, obertura.

Umberto Giordano (1867-1948):

“Nemico della patria”, Andrea Chénier (Plácido Domingo).

Giuseppe Verdi:

“Mercè, dilette amiche”, I vespri siciliani (Sabina Puértolas).

“Perfidi!… Pietà, rispetto, amore”, Macbeth (Plácido Domingo)

Jules Massenet (1842-1912):

“Pourquoi me réveiller”, Werther (Ismael Jordi)

Georges Bizet (1838-1875):

“Au fond du temple saint”, Les pêcheurs de perles (Plácido Domingo / Ismael Jordi).

Carmen, obertura.

Giuseppe Verdi:
“Udiste?… Mira, di acerbe lagrime”, Il trovatore (Plácido Domingo / Sabina Puértolas)

II

Reveriano Soutullo (1880-1932) y Juan Vert (1890-1931):

La leyenda del beso, Intermedio.

Jacinto Guerrero (1895-1951):

“Mi aldea”, Los gavilanes (Plácido Domingo).

Amadeo Vives (1871-1932):

“Por el humo se sabe dónde está el fuego”, Doña Francisquita (Ismael Jordi).

Federico Moreno Torroba (1891-1982):

“Amor, vida de mi vida”, Maravilla (Plácido Domingo).

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1915):

“Me llaman la primorosa”, El barbero de Sevilla (Sabina Puértolas)

Emilio Arrieta (1821-1894):
“Se fue, se fue la ingrata”, Marina (Plácido Domingo / Ismael Jordi).

Gerónimo Giménez:
La boda de Luis Alonso, Intermedio.

Pablo Sorozábal (1897-1988):
“Hace tiempo que vengo al taller”, La del manojo de rosas (Plácido Domingo / Sabina Puértolas)

Plácido Domingo 40 años después

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Plácido Domingo regresa a Oviedo después de 40 años para ofrecer una Gala extraordinaria junto a Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Oliver Díaz y la OFIL

Cuarenta años después de su última actuación en Oviedo, el legendario artista y Premio Príncipe de Asturias de las Artes, Plácido Domingo, regresa a la ciudad el próximo 10 de enero para protagonizar una Gala extraordinaria en el Auditorio Príncipe Felipe.

El concierto, que cuenta con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo y el patrocinio de Riesco Abogados y Grupo Resnova, reunirá además en el escenario a la soprano Sabina Puértolas y el tenor Ismael Jordi, bajo la dirección del maestro Oliver Díaz al frente de la Orquesta Oviedo Filarmonía

En palabras del propio artista, “regresar a Oviedo después de tantos años, me produce una gran emoción. Esta ciudad ocupa un lugar muy especial en mí y me trae recuerdos memorables de los inicios de mi trayectoria artística en España. Estoy feliz de volver en este momento de mi vida”, ha señalado Plácido Domingo.

El programa, especialmente seleccionado para la ocasión, recorrerá algunos de los momentos más emblemáticos del repertorio operístico y sinfónico, combinando la fuerza de las grandes arias con la complicidad de los dúos y la elegancia de las obras orquestales. La presencia de Sabina Puértolas e Ismael Jordi, dos de las voces más destacadas del panorama lírico español, completa el cartel de lujo de esta producción que contará con la dirección musical del maestro Oliver Díaz, uno de los más reconocidos de su generación.

Las entradas estarán disponibles a partir de este jueves 20 de noviembre en la taquilla del Teatro Campoamor y en la web entradas.oviedo.es.

Precio localidades: Butaca de Patio 89 € – Anfiteatro 79 €.

La Fundación Municipal de Cultura señala que, con este evento, Oviedo vuelve a situarse en el centro del mapa lírico internacional, reafirmando su compromiso con la excelencia artística y la celebración de la música como patrimonio vivo.

Pasión y gratitud en la voz de José Bros

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El tenor catalán ofreció en el Campoamor un recital de elegancia, entrega y emoción compartida con el pianista Mario Álvarez

Jueves, 16 de octubre 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: Recital “Pasión Lírica”. José Bros (tenor), Mario Álvarez Blanco (piano). Arias y romanzas de ópera y zarzuela.

(Crítica para LNE del sábado 18, con el añadido de fotos propias, los enlaces –links– enriquecedores, y la tipografía más colores que la prensa no refleja)

Cada regreso de José Bros (Barcelona, 1965) a Oviedo es un reencuentro con alguien de casa, y así lo siente tanto el artista como su público fiel que acudió al recital de este jueves otoñal. El tenor catalán, habitual de la escena del Campoamor desde hace más de tres décadas y protagonista de más de dieciocho producciones entre óperazarzuela y recitales, muchos vividos por quien suscribe, volvió a emocionar a los melómanos asturianos que le siguen adorando y con quienes mantiene un idilio y hasta amistad con muchos de ellos. Su Pasión Lírica es programa de aire retrospectivo y confesional, acompañado por el pianista local Mario Álvarez, cómplice artístico por vez primera pero amigo de larga trayectoria en la capital asturiana.

El recital se articuló en dos partes equilibradas y muy personales. En la primera, Bros rindió homenaje a Francesco Paolo Tosti con Vorrei morire y L’ultima canzone, dos miniaturas de pura emoción contenida, interpretadas con exquisita línea de canto y una mezza voce que sigue siendo su sello característico de timbre único. A ellas siguió el bel canto de Donizetti con una Una furtiva lagrima de filigrana expresiva (el Nemorino que utilizó su “Elisir” para encandilarnos junto a nuestra Beatriz Díaz hace ocho años sobre estas mismas tablas), antes del primer lucimiento del pianista en un sentido Intermezzo de “Manon Lescaut” de Puccini, preludio al inspirado Donna non vidi mai, fraseado con lirismo y hondura. Su dicción en italiano es maravillosa y la música realza cada texto. La melancolía de È la solita storia del pastore (“L’Arlesiana») encontró en Bros al Federico introspectivo, y cerraría esta primera parte con el aria verdiana Tutto parea sorridere (de “Il Corsaro”), una sección con un despliegue vocal lleno de vigor y elegancia pese a cierta descolocación vocal del agudo final, plena de orgullo guerrero que sigue llamando “a las armas”.

La segunda parte viajó rápido de Francia a España pasando por su Cataluña. El tenor abordó con naturalidad el refinamiento de MassenetOuvre tes yeux bleus y el solemne Ô souverain, ô juge, ô père de “El Cid»—, de dicción impecable y tono devoto. Mario Álvarez volvió a “darle descanso” con el conocido Fandango de “Doña Francisquita”, página de virtuosismo pianístico que no puede igualar el brillo, tempo ni salero orquestal pero que sirvió de puente hacia un Maig de Toldrà luminoso, delicado, sentido y cercano en su lengua natal.

Las muy conocidas romanzas de zarzuela —Bella enamorada, De este apacible rincón de Madrid y No puede ser— que muchos tenemos memorizadas por nuestro maestro Alfredo Kraus, desataron la ovación del público, que celebró el arte de un cantante que sigue combinando elegancia, naturalidad y entrega.

Antes de la última romanza, también en las propinas, Bros tomó la palabra para agradecer al Ayuntamiento, a su Alcalde Alfredo Canteli, y a todo el personal de la FMC (Fundación Municipal de Cultura) su apoyo, también a Mario Álvarez por el excelente trabajo recordando sus 32 años de amistad, así como la gratitud de todos los implicados en poder buscar este hueco en la amplísima oferta musical de “La Viena española” candidata a capital cultural para 2031. No faltó, pese a lo discreto que siempre ha sido en su vida personal, con sus “luces y sombras” por las que todos pasamos, actualmente pletórico y optimista con la confesión de su reciente boda hace algo más de un mes, por lo que dedicó a su esposa, presente en la sala, un emocionad Canto porque estoy alegre (de Antón García Abril) como regalo de cumpleaños este jueves 16 de octubre en plena “luna de miel” y un regalo más (“manda Mario” bromeó) para cerrar con la Mattinata (Leoncavallo) antes del apasionado bis de No puede ser que sí lo fue.

Una gran noche de arte, lírica, gratitud y pasión compartida: pura verdad cantada.

La pasión de Bros

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Jueves, 16 de octubre 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: Recital “Pasión Lírica”. José Bros (tenor), Mario Álvarez Blanco (piano). Arias y romanzas de ópera y zarzuela.

(Reseña rápida desde el teléfono para LNE del viernes 17, con el añadido de fotos propias, los enlaces –links– enriquecedores, y la tipografía más colores que la prensa no refleja)

Cada visita del tenor barcelonés Josep Bros (1965) a Oviedo supone un reencuentro con quien podríamos denominar como “de casa” tras participar en más de 18 títulos de ópera, zarzuela y varios recitales, todos con buenos recuerdos, por lo que esta Pasión Lírica en compañía del pianista Mario Álvarez era como un resumen a una larga trayectoria muy unida a “La Viena española” que le ha visto crecer desde sus inicios.

El repertorio elegido por Bros ahondaba con sus mejores arias en roles como su siempre aclamado Nemorino (L’elisir), Des Grieux (Manon Lescaut), Federico (L’Arlesiana), el capitán Corrado (Il Corsaro) o Don Rodrigo (El Cid), sin olvidarnos del enamorado Enrique (El último romántico), el coronel Javier (Luisa Fernanda) y el marinero Leandro (La tabernera del puerto).

Mas en un recital no puede faltar Tosti para abrirlo con dos de sus bellísimas canciones: Vorrei morire y L’ultima canzone, íntimas y sentidas, o ese maravilloso Maig de Toldrà catalán en la parte española de la segunda.

Las páginas elegidas por el tenor catalán son una pequeña gran muestra del enorme trabajo con cada una de ellas en una longeva carrera, aún más exigentes por separado, y con el excelente acompañamiento de un pianista plenamente de casa, que atesora muchas horas de lírica en sus dedos desde 1992 tras su debut como maestro repetidor en el Campoamor, quien se luciría en solitario para los siempre necesarios descansos vocales como en el Intermedio de “Manon Lescaut” muy sentido, o el conocido aunque algo insípido Fandango de “Doña Francisquita”, reducciones orquestales siempre difíciles de trasladar a las teclas para reflejar la tímbrica original.

En este jueves de pasión lírica destacar la “mezza voce” siempre cuidada de Bros, gusto exquisito, un centro donde recrear su dramaturgia innata en fraseos precisos y jugosos, más sus agudos siempre generosos, además de variados en ataques o matices, aunque por momentos juegue con las colocación de las vocales finales (caso del último corsario donde que Verdi llama a las armas), todo en el idioma de Dante.

Con la vocalización siempre clara y precisa, en la segunda parte Bros transitó por las lenguas de Voltaire, la vernácula de Espriu y nuestro Cervantes, más pasional si cabe con esas romanzas de la “escuela Kraus” que tan bien ha interiorizado el catalán, con sus luces y sombras como nos contaría micrófono en mano tras el “apacible rincón”para agradecer al Alcalde y todo el personal de la FMC poder encajar este recital en la amplia oferta cultural ovetense, así como a Mario Álvarez tras 32 de amistad y la primera vez juntos.

Todo antes de Sorozábal, tras quien vendrían regalos y confesiones: un mes de matrimonio y el regalo de cumpleaños a una esposa, presente en el patio de butacas y dedicataria de la bella Canto porque estoy alegre (García Abril), declaración emocionada y sentida como la siguiente Mattinata (Leoncavallo) hoy vespertina cual ramo lírico de enamorados y bisar aún más entregado  “No puede ser” para su querido público y amistades puestas en pie.

PROGRAMA

 Primera parte

  • Vorrei moriré, F.P. Tosti (1846-1916)
  • L’ultima canzone, F.P. Tosti
  • Una furtiva lagrima de “L’elisir d’amore”, G. Donizetti (1797-1848)
  • “Manon Lescaut”, G. Puccini (1858-1924): Intermezzo (piano)
  • Donna non vidi mai
  • È la solita storia del pastore, de “L’Arlesiana”, F. Cilea (1866-1950)
  • Tutto parea sorridere, de “Il Corsaro”, G. Verdi (1813-1901)

Segunda parte

  • Ouvre tes yeux bleus, J. Massenet (1842-1912)
  • Ô souverain, ô juge, ô père, de “Le Cid”, J. Massenet
  • Fandango de “Doña Francisquita” (piano), A. Vives (1871-1932)
  • Maig, E. Toldrà (1895-1962)
  • Bella enamorada, de “El último romántico”, R. Soutullo (1880-1932) y J. Vert (1890-1931)
  • De este apacible rincón…, de “Luisa Fernanda”, F. Moreno Torroba (1891-1982)
  • No puede ser, de “La tabernera del puerto”, P. Sorozábal (1897-1988)

La Vetusta clariniana por La Castalia

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Martes 29 de julio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, «La Castalia en Vetusta: Un paseo lírico a través de «La Regenta» en su 140 aniversario».

Con el ovetense Teatro Filarmónica registrando un lleno digno de destacar, llegaba la I Edición «Ópera-Studio» que organizaba la Asociación «La Castalia» heredera de la que se fundó en el siglo XIX, presidida por Begoña García-Tamargo, con un muy trabajado espectáculo escénico-vocal a cargo de un elenco joven de artistas, muchos ya iniciada su carrera profesional, con la dirección de escena del donostiarra Íñigo Santacana.

Ya dejé reflejada aquí la presentación de este espectáculo que contó con el pianista Juan Carlos Martín junto a las voces femenias de Vilma Ramírez (soprano), Noive Solar (soprano), María Heres (mezzo), más las masculinas de Aitor Garitano (tenor) y Ángel Simón (barítono) junto a Laura Iglesias (actriz). Celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» de Clarín, esta puesta en escena estuvo centrada en la creación lírico literaria con fragmentos de las óperas y zarzuelas citadas por Leopoldo Alas, con gran relevancia de ambos géneros en muchos capítulos, pero armando una trama de algunas de las obras citadas con su relación directa a la la época donde parecen coincidir con las representaciones donde «La Castalia» del siglo XIX participaría activamente en el Oviedo que Clarín convertiría en Vetusta, y que como indicaba el pasado miércoles Íñigo Santacana, la dramaturgia y la selección de los extractos más representativos de «La Regenta» se ubica en 1890 ensayando aquella decimonónica «La Castalia» los propios personajes clarinianos más una actriz que es la propia Ana Ozores con el conflicto al aparecer en medio e intentar integrarla en el montaje, con un diálogo que sigue poniendo a la sociedad frente a los bulos en nuestros días.

Resultó muy logrado lo meta-teatral con los dos planos que comentaba el pasado miécoles Santacana: el de los personajes reales de la primitiva Sociedad La Castalia (Clementina Bertrand, Lola García, Luisa Bontel, Álvaro Olay, Víctor Sáenz…) ensayando las obras, más el ficticio de Ana Ozores en un juego de los personajes de la novela universal de Clarín con los reales, contando con un atrezzo más que suficiente, un elegante vestuario de época donde no faltaron los peinados de entonces y las joyas, más una luminotecnia austera pero suficiente y realzando la acción sin pausa a cargo de Eduardo Espina.

Era difícil elegir  tantas de las obras citadas en «La Regenta» donde aparecen citas diez óperas y cinco zarzuelas, fiel reflejo no ya de la afición del zamorano hijo adoptivo de Oviedo, sino el conocimiento de la lírica tan bien hilvanada en el propio argumento de la mejor novela de nuestra historia local. Tanto Mª Luz González Peña, siempre colaborando con «La Castalia» desde el archivo de la SGAE, ayudando con los materiales utilizados, como los musicólogos de la Universidad de Oviedo, los doctores Mª Encina Cortizo  y Ramón Sobrino, pareja de indispensables por el conocimiento en la materia y su inestimable apoyo a «La Castalia del siglo XXI». Hilar las doce páginas fue todo un acierto desde la escena de un ensayo que fue toda una función lírica con las cinco voces participantes más la actriz.

 

A continuación dejo reflejados los números seleccionados para el espectáculo, con los cantantes así como sus respectivos personajes, otra difícil elección pero perfectamente acomodada a las partes cantadas que dieron la unidad argumental:

La soprano cubana Vilma Ramírez en los roles de Clementina Bertrand y de Ana Ozores, la también soprano  y. santanderina Noive Solar como Lola García y Petra, la mezzo asturiana María Heres como Luisa Montiel, el tenor donostiarra Aitor Garitano como Álvaro Olay y Álvaro Mesía, más el barítono venezolano Ángel Simón con el triple papel de Víctor Sáenz, Víctor Quintanar y el magistral Fermín de Pas.

Se abría la función casi como un cuadro con el dúo «Tardi si fa… Dammi il tuo viso« del Fausto de Gounod cantado por Vilma Ramírez como Margarita, y Aitor Garitano, buena pareja escénica y vocal, primer guiño a la ópera francesa tan del gusto de Clarín traducida a la lengua de Dante como era la costumbre de aquella Vetusta tan italiana como la actual, aunque siempre abierta a otras «modas».

Segunda cita clariniana en La Sonámbula de Bellini que “canta” Paco Vegallana y sobre las tablas Ángel Simón recreando con potencia y gusto el aria» Vi raviviso», siempre con el piano «orquestal» de Juan Carlos Martín en feliz entendimiento con todas las voces tras días de duro trabajo con ellas.

Y proseguiría la función con El barbero de Sevilla rossiniano donde Aitor Garitano «armado» con un laúd cantaría «Se il mio nome» con un color muy apropiado para su Lindoro bien contestado por una Rosina siempre acertada a cargo de María Heres, a quien Lola (o Petra) le tapa la boca antes de finalizar para así enlazar con el siguiente número, enlazado con los diálogos y cambios de posición en el escenario donde todas las voces están presentes.

Muy interesante poder escuchar el cómico terceto «Cuidado no os haga daño» de la zarzuela de Gaztambide Los magyares, ya en el repertorio de aquella Castalia del XIX, esta vez más actual que nunca con Simón, Solar y Garitano verdaderamente simpáticos, dominio escénico en una partitura recuperada para esta Vetusta de nuestro tiempo que sigue teniendo «sus esforzados cantantes» además de excelentes actores.

En Oviedo no puede faltar Verdi y tampoco en «La Regenta», para disfrutar de la joven pero veterana María Heres, dominadora de principio a fin con el aria «Re dell’abisso, affrettati!» (Un ballo in maschera) impactante vocal y escénicamente, ya en plenitud vocal a quien he visto crecer.

Y volvería la zarzuela con dos páginas muy distintas por desigual fama, aunque Clarín y «La Castalia» han recuperado: la poquísima escuchada Beltrán y la Pompadour (de José Casares en arreglo de Teo Montero del Rey) con el dúo Solar-Garitano «Hacéis bien; yo, la Marquesa», más esa joya que es El Juramento de Gaztambide con el dúo «Es el desdén acero de doble filo» interpretado por Ramírez y Simón. Bien ubicados y seleccionados ambos dúos y la combinación de voces distintas por color y tesitura, muy ensayadas y trabajadas con los finales conjuntados y el piano impecable de Juan Carlos Martín.

Y si las dos voces masculinas mostraron sus cualidades en sus anteriores dúos, en solitario nos dejarían dos arias que, como en las zarzuelas elegidas, también han gozado de distinta fama aunque Clarín las conocía en sus escapadas a la capital de España: Poliuto (Donizetti) con un entregado Ángel Simón «Decio, signor del mondo» más el «Spirto gentil» de La Favorita (Donizetti) donde Aitor Garitano cantó con gusto esta página referente de todo tenor que sólo el tiempo logra madurar hasta hacerla propia.

Los enlaces de las obras seleccionadas fueron haciéndose con unos diálogos muy estudiados e hilvanados para comprobar que la técnica vocal es igual de necesaria cuando se habla, así como lo que supone memorizar y hacer creíbles unos textos que además jugaban con los personajes de Clarín, incorporándose la actriz Laura Iglesias que curiosamente se la escuchó menos que a los cantantes.

Había que volver a Verdi para ir acabando el espectáculo pero no podía faltar Meyerbeer y algún fragmento de Los Hugonotes por ser la ópera que inauguraría en. 1892 el Teatro Campoamor, al que además sería el propio Clarín quien propondría el nombre, y para este espectáculo elegirían el dúo «O ciel, dove vai tu?… Lasciami partir» a cargo de Vilma Rodríguez y Aitor Garitano como al principio de la función en este segundo guiño a la ópera francesa cantada en italiano, pareja convincente en lo vocal y en la escena, bien elegidos para estos dúos.

El final verdiano estaba acorde con los gustos de Leopoldo Alas. Si Víctor  Quintanar recordaba a un tenor de Valladolid comparándolo con Gayarre, también cita el famoso cuarteto «Bella figlia dell’amore» de Rigoletto, donde comprobar la unión de colores y volúmenes de los cuatro elegidos: María Heres potente y musical como nadie, Noive Solar de agudos claros, Aitor Garitano más esforzado, y Ángel Simón cómodo por tesitura, con una dramaturgia que desembocaría en La Traviata como la referencia al «amor de padre», la orquesta plena al piano, y la conocidísima, además de actual en estos días, aria final «Prendi, quest’è l’immagine» a cargo de una convincente Vilma Ramírez con muerte en escena y fundido en negro.

Un aplauso para todo el enorme equipo que trajo a nuestro siglo La Castalia, la música que Clarín cita en «La Regenta» con más ópera que zarzuela (entonces «asociada al ridículo o la ruina moral»), pero recuperándola gracias a unos musicólogos formados en la excelencia que siguen sacando de los cajones tanta música olvidada, y el trabajo previo de todos ellos, sumando los diez días en conjunto para poner en pie este espectáculo donde el público disfrutó de la calidad con pocos medios pero muy bien utilizados (otro logro), y la entrega unida a la pasión por la lírica que tantos compartimos en la Vetusta de nuestros días.

#LaRegenta140

La Castalia de nuestro tiempo

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Miércoles 23 de julio, 20:00 horas. Club La Nueva España: Conferencia-presentación «La Regenta y el Teatro Lírico». En torno al espectáculo «La Castalia en Vetusta».

Como aperitivo a la I Edición Ópera-Studio que se celebrará el próximo martes 29 de julio a las 20 horas en el Teatro Filarmónica, con entrada libre hasta completar aforo, esta tarde teníamos la presentación y posterior conferencia sobre el espectáculo que organiza la Asociación «La Castalia» heredera de la que se fundó en el siglo XIX, presidida por Begoña García-Tamargo, quien haría de presentadora, el director de escena Íñigo Santacana más la doctora Ana Cristina Tolívar, bisnieta de Clarín y toda una autoridad en Leopoldo Alas, que nos expondría la relación de su bisabuelo con la lírica en Oviedo reflejada en su obra maestra «La Regenta» que ahora cumple 140 años de su publicación.

La profesora y directora artística García-Tamargo comenzaría adelantándonos esta nueva apuesta de «La Castalia», por vez primera en el formato de «Ópera-Studio» centrada en la creación lírico literaria con fragmentos de las óperas y zarzuelas citadas por Clarín, con gran relevancia de ambos géneros en muchos capítulos. No faltaron los agradecimientos a todas las instituciones que colaboran, Ayuntamiento de Oviedo desde distintas concejalías, al diario La Nueva España, al Centro RETO por participar de manera altruista en toda la escenografía, a los artistas participantes (dejo al final copia con sus nombres), a Mª Luz González Peña, siempre colaborando con «La Castalia» desde el archivo de la SGAE por su ayuda con los materiales utilizados, y a los musicólogos de la Universidad de Oviedo los doctores Mª Encina Cortizo  y Ramón Sobrino, pareja de indispensables por el conocimiento en la materia y su inestimable apoyo a «La Castalia del siglo XXI».

A continuación realizaría la presentación de los dos conferenciantes y sus currículum, tanto el de la doctora Ana Cristina Tolívar Alas como del director de escena donostiarra Íñigo Santacana.

Sería Ana Cristina quien profundizaría en su conferencia sobre La Regenta y el teatro lírico. Comenzaría el 19 de abril de 1868 citando cómo Clarín escribe en el periódico sobre música tras escuchar una Norma en el ovetense Teatro de El Fontán (hoy Biblioteca de Asturias), su paso por Madrid y los sucesivos viajes entre Oviedo y la capital de España. Anécdotas como la carta que en 1868 escribe a Bretón y su proyecto de una ópera española que Don Leopoldo no veía claro, especialmente por la politización a la que podría verse abocada. No faltarán sus críticas varias de las representaciones a las que acudirá desde niño y su admiración por Wagner, pues la música siempre tiene protagonismo en su obra, con preferencias por los compositores germanos y un buen conocedor de Eduard Hanslick.

De su bisabuelo recordará la amistad con el músico Anselmo González del Valle, quien probablemente le iniciaría en la música, aunque sería Víctor Sáenz, fundador de «La Castalia» y una familia muy musical, sobre todo su aventajada alumna, y que sería mujer de Clarín, Onofre García-Argüelles, a quien el escritor solía rogarle con frecuencia que cantase una romanza que al mismo tiempo interpretaba al piano. Para los curiosos y estudiosos, la profesora Tolívar Alas tiene en el nº 23 de Los Cuadernos del Norte (1984) un excelente trabajo titulado «La música en «La Regenta»» así como el titulado «Clarín y el teatro lírico» que se puede consultar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Ya centrándose en las referencias musicales de «La Regenta» la filóloga nos hablaría de un Paseo por una sinfonía llamada Vetusta con citas varias a obras de otros compositores como Martínez Burgos, la ópera de Marisa Manchado y Amelia Valcárcel, o directamente las que cita el propio Clarín, caso del Stabat Mater de Rossini, que le sirve para criticar la teatralización de las obras religiosas y cuya música va a producir en Ana Ozores la decisión de desfilar como penitente el día de Viernes Santo (citando fragmentos de los capítulos XXV y XXVI).

De las obras citadas por Leopoldo Alas y su relación con la época parecen coincidir con representaciones donde La Castalia participaría activamente en el Oviedo que Clarín convertiría en Vetusta. Primero las dos óperas, Norma y La Favorita con sus famosas arias («Casta diva» y «Spirto gentil»), paralelismo de castidad y carnalidad con citas varias en «La Regenta» y sus personajes. De La favorita  cita al tenor ovetense Lorenzo Abruñedo con Víctor Sáenz al piano, pero también El barbero de Sevilla y el paralelismo entre Rosina y Ana Ozores que cita Fermín de Pas por despertarse con unos gritos, así como Víctor Quintanar y su obsesión por la ópera identificándose con Don Bártolo.

Interesante la citas clarinianas de La Favorita y La Sonámbula que “canta” Paco Vegallana, la ópera francesa con el Fausto de Gounod, y hasta La dama de las camelias en que se inspira Verdi para La Traviata con una gaita «tocando» el famoso brindis. De su amor por Donizetti tampoco falta el aria «Decio, signor del mondo» de Poliuto, y hasta Meyerbeer con Los Hugonotes (ópera que inaugurará el Teatro Campoamor al que Clarín propone el nombre). Víctor  Quintanar recuerda en la novela a un tenor de Valladolid comparándolo con Gayarre o la cita al famoso cuarteto de Rigoletto y «La donna è mobile» que aparece también. Hay una cita de 1883 a la compañía madrileña “Los bufos” que estuvieron en Oviedo y más citas de La Traviata como la referencia al «amor de padre». Los títulos y textos se cantan en italiano como era costumbre de la época de Clarín.

Y si la ópera aparece con frecuencia, también la zarzuela: Marina y El dominó azul (Arrieta), El relámpago (Barbieri) o Los magyares (Gaztambide), todas en el repertorio de aquella Castalia decimonónica «con sus esforzados cantantes», así como dos páginas que merecen destacarse por haber caído en el olvido: La isla de San Balandrán (Oudrid) y Beltrán y la Pompadour (José Casares). De todas formas en «La Regenta» aparece más ópera que zarzuela, entonces «asociada al ridículo o la ruina moral». Finalizaría la doctora Tolívar Alas dando las gracias a los musicólogos que colaboraron en la documentación aunque imposible escucharlas todas en el espectáculo pero siendo una selección ajustada.

Finalmente Íñigo Santacana nos hablaría de la sinopsis, la dramaturgia y la selección de los extractos más representativos de «La Regenta» donde la zarzuela también aparece con muchos títulos no representados, y contar con la experta Ana Cristina Tolívar resultó fundamental en el montaje. El espectáculo está ubicado en 1890 ensayando en La Castalia los temas de «La Regenta» con una actriz que es la propia Ana Ozores (sin citarla), con el el conflicto al aparecer en medio e intentar integrarla en el montaje. Lo meta-teatral logra dar dos planos: los personajes reales de la primitiva Sociedad La Castalia (Clementina Bertrand, Lola García, Luisa Bontel, Álvaro Olay, Víctor Sáenz) ensayando las obras, más el ficticio de Ana Ozores en un juego de los personajes de la novela universal de Clarín y los reales. Hay otro nivel con el  dúo de Fausto (Gounod) y Margarita ligados a la novela y sus propios personajes. El trabajo ha supuesto todo un reto vocal e interpretativo pues no salen nunca de escena y deben saber cuándo pasar de un plano a otro. Al final en el coloquio le preguntarían por las luces, que estarán a cargo de Eduardo Espina (del Centro Niemeyer de Avilés), tan importantes en toda producción y en este caso «muy poéticas».

Begoña García-Tamargo remarcaría que esta producción es especial entre otras cosas por darse y vivirse en Oviedo, convencida que pasará a la historia, con un duro trabajo de ocho horas diarias y todas las dificultades técnicas, destacando el enorme esfuerzo del pianista Juan Carlos Martín con todas las voces, muchas ya conocidas de anteriores cursos y algunas haciendo ya carrera profesional, a saber: Vilma Ramírez (soprano), Noive Solar (soprano), María Heres (mezzo), Aitor Garitano (tenor), Ángel Simón (barítono) y Laura Iglesias (actriz).

Las puertas del Teatro Filarmónica se abrirán el próximo martes 29 de julio a las 19;30 horas y pide no asustarse por la larga cola habitual, pues el aforo de 700 butacas es suficiente para poder disfrutarlo todos quienes acudan al mismo.

Finalmente remarcará que el vestuario y los muebles de la época darán mayor credibilidad a un espectáculo que mantiene el mismo espíritu de La Castalia del XIX en el XXI. Avanza igualmente que el 25 de octubre habrá otro espectáculo (ópera de cámara con ballet, coro, cuarteto de cuerda…) que se presentará en su momento, y a propósito del citado Stabat Mater de Rossini recuerda que será la inauguración de la próxima temporada de los Conciertos del Auditorio que recomienda a todo el público que llenó el Club LNE.

#LaRegenta140

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