Inicio

Reflexiones corales

3 comentarios

Martes 7 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Música de cámara. Patio Elíptico, Centro Cultural CajaGranada: Numen Ensemble, Johan Rondón (viola), Myriam Sotelo (celesta), Néstor Pamblanco (percusión), Héctor Eliel Márquez ( director). Música y espacio, obras de Pärt, Kurtág, Feldman, Ligeti, Taverner y Tallis. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Mi relación con el mundo coral viene desde mi adolescencia, y a lo largo de los años el repertorio ha ido ampliándose con compositores de nuestro tiempo, pero también en la forma de entender la polifonía. Cabe reseñar igualmente cómo los coros saben no solo adaptarse a los espacios donde actúan sino pensar conciertos para utilizar la acústica y el entorno ofreciéndonos noches como esta de San Fermín en el Patio Elíptico del Centro Cultural CajaGranada, diseñado por el vallisoletano «que vio la luz en Cádiz» Alberto Campo Baeza (1946), vanguardista «palacio imperial» de nuestro tiempo por el que se entrelazan dos pasarelas, con un diámetro de 30 metros, las mismas medidas del patio del Palacio de Carlos V al que rinde homenaje estético, recordándome el Guggenheim neoyorkino.

En la web del festival se presentaba este espectáculo coral titulándolo Dos compositores centenarios:

Con motivo del centenario del nacimiento de György Kurtág y Morton Feldman –el primero de ellos, aún activo– Numen Ensemble propone un programa que reflexiona sobre la relación entre música y espacio a través de cinco siglos de creación vocal. Las obras de Kurtág y Feldman, marcadas por la concentración del gesto, la escucha extrema y una concepción casi arquitectónica del sonido, dialogan con partituras corales históricas de Pärt, Ligeti, Taverner y Tallis, en las que el espacio de este Patio Elíptico es también un elemento estructural y expresivo. Desde la intimidad de Omaggio a Luigi Nono y la atmósfera suspendida de Rothko Chapel, creada para un templo aconfesional de Houston, hasta la monumentalidad policoral de Spem in alium, el programa traza una línea de continuidad entre tradición y contemporaneidad, situando la experiencia sonora y la percepción del oyente en el centro del discurso musical.

Si algo hay que destacar es la dificultad de las obras elegidas que requieren muchas horas de trabajo, pues la atonalidad exige una afinación muy cuidada que parte de los coralistas aseguraban “armados” del correspondiente diapasón pegado a la oreja, pues apenas hay referencias para poder entonar las notas correspondientes que si no son las correctas desvirtúan la propia partitura. Mi mayor reconocimiento a Héctor Eliel Márquez abanderando y entendiendo estas composiciones con el magisterio de una generación de directores que arriesgan y logran de su coro, en este caso el Numen Ensemble, interpretaciones que trascienden lo musical. Desde el propio recinto, la elección del vestuario en blancos y negros, el propio director combinando ambos, las luces, las distintas ubicaciones y las distintas combinaciones vocales fueron un verdadero espectáculo vocal, apoyado en el venezolano Johan Gregory Rondón Castillo, viola solista de la OCG, de impecable sonido en un instrumento ideal por su tesitura, y Myriam Sotelo  en la celesta, sacándole la tímbrica y matices de este idiófono, que abrían ambos concierto con el Spiegel im Spiegel del estonio Arvo Pärt, perfecta obertura sonora de las reflexiones corales posteriores, y después el inmenso trabajo del catedrático de Níjar Néstor Pamblanco en un gran set de percusión, con timbales, bombo, temple-blocks, vibráfono y hasta campanólogo en The ⁠Rothko Chapel de Morton Feldman, auténtico homenaje por la interpretación de todo el ensemble.

De este joven y ya veterano coro granadino formado por 54 voces (14-14-11-15), que dejo su plantilla por cuerdas, con nombres y apellidos, irían ampliándose desde las 25 iniciales, con las graves en la tarima y las blancas sobre ellas en una “escalera al cielo” iluminada por distintos colores que ambientaban a Kurtág y su Omaggio a Luigi Nono, op 16. Una lástima que los textos solo estuviesen en formato digital y no era cuestión estar siguiéndolos desde los dispositivos móviles, pero la sonoridad camerística tan llena de onomatopeyas era más que suficiente, con una acústica impensable en este espacio sin cubrir, y un ejercicio de orfebrería en la dirección.

Más movimientos del coro para Ligeti y su impactante Lux Aeterna (1966) «a capella», perfectamente llevada por Héctor Eliel Márquez, marcando desde el centro cada inflexión, cada fraseo (Que la luz eterna brille para ellos, Señor, junto a tus santos por toda la eternidad, porque eres misericordioso. Concédeles, Señor, el descanso eterno, y que la luz perpetua brille para ellos) con unas sopranos en unos agudos pianissimi que con esfuerzo lograron iluminar esta otra joya de la polifonía de nuestro tiempo.

Y llegaría otro de los magos corales, John Taverner (1944-2013) y su A Hymn to the Mother of God para doble coro, todas las voces al completo, ubicadas en blancos y negros, los dos pisos con Márquez desde abajo en otro esfuerzo tanto de dirección como de canto, marcando los compases en silencio para dejar flotando el último verso “En ti, oh Mujer llena de gracia, toda la creación se regocija”, emoción y reflexión en un enorme trabajo de taracea coral.

Concluía el concierto con el más «vanguardista» de todo el programa, Thomas Tallis (1505-1585) y su Spem in alium donde el coro se situaría detrás rodeando al público y Márquez haciéndonos partícipe de su dirección mientras a nuestras espaldas podíamos percibir respiraciones, fraseos, colores vocales en el monumento polifónico que planteado en este recinto, sin ser catedralicio, nos abrazó con todas las voces del Numen Ensemble. Polifonía a 40 partes donde ir ubicándonos auditivamente con el contrapunto que se iba desplazando de izquierda a derecha en una ola sonora con ocho “coros” a cinco voces de este monumento coral.

Una de las grandes noches granadinas con la música a capella de un coro y ensamble donde el concierto sería el examen final de un master con muchas horas de estudio para regalarnos su “cum laude” polifónico desde un programa de doctorado coral.

Dejo a continuación íntegras las notas al programa de Stefano Russomanno por el análisis detallado de este concierto, que titula De lo amplio a lo concentrado

Los azares de las efemérides congregan en un mismo programa a Morton Feldman y György Kurtág. Ambos nacieron hace cien años, en 1926, pero contemplan la música desde ángulos opuestos: Feldman trabaja desde la extensión y desde la evaporación temporal de los materiales sonoros; Kurtág lo hace en cambio desde la concentración y el atomismo del gesto.

«Necesito ocho o diez minutos de la misma manera que un pintor necesita una tela de cinco metros», comentaba Feldman, y esta afirmación cobra pleno sentido en la pausada liturgia de Rothko Chapel (1971), concebida para la homónima capilla octogonal construida en Houston, cuyo interior acoge catorce cuadros de Mark Rothko. Las lentas transformaciones del material sonoro –declinado a través de dinámicas suaves e intercalado por silencios– se sitúan en un lugar intermedio entre pintura y espacio, impregnando con su presencia la sala y envolviendo al oyente de manera similar a lo que hacen las telas de Rothko con el espectador.

Las sonoridades suspendidas con las que arranca el Omaggio a Luigi Nono (1979) de Kurtág bien podrían entenderse como un guiño al lirismo transfigurado –el canto sospeso– del colega italiano. Las seis piezas que conforman la obra, por un total de nueve minutos, son otros tantos epigramas caracterizados cada uno como un universo propio. La segunda pieza remite a un inasible ritmo de vals, la tercera juguetea con el comienzo del Tristán wagneriano; la cuarta se reduce a una brevísima sucesión de enérgicas escalas descendentes; la quinta arranca con un fluida polifonía para extinguirse gradualmente sobre superposiciones polirrítmicas; la sexta evoca, en la contraposición entre soli y tutti, la escritura policoral veneciana, tan querida por Nono.

Lux Aeterna (1966) es una de las muestras más significativa de la «micropolifonía» de György Ligeti. Escrita para coro a 16 voces, esta página apela a una polifonía de elementos pequeños tan densa y enrevesada que el oyente la percibe como una mancha tímbrica ligeramente temblorosa. La férrea lógica del contrapunto termina por generar, paradójicamente, una impresión sonora de inmovilidad, modulada por medio de variaciones de textura y color. El motete Spem in alium (c. 1570) puede verse como el reverso luminoso de Lux aeterna: en esta pieza renacentista, el compositor inglés Thomas Tallis despliega una polifonía a 40 partes, en la que el contrapunto se desplaza como una majestuosa ola a través de los ocho coros a cinco voces que integran la plantilla.

En los años setenta del siglo XX, Arvo Pärt pasó por una profunda crisis personal que le llevó a simplificar radicalmente su lenguaje musical: melodías sencillas, moldeadas sobre el modalismo del canto ortodoxo, tempi lentos, repeticiones hipnóticas y un material armónico tan austero que a veces gravita alrededor de un único acorde perfecto. Uno de los primeros frutos de esta nueva conducta es Spiegel im Spiegel (1978), emblema de un universo sonoro emparentado con la hipnótica fascinación por el tintinear de la campana. La crítica habló de «minimalismo sacro» a propósito de una propuesta que manifestaba una doble implicación estética y moral. Algo parecido ocurre con el compositor británico John Tavener: su conversión a la religión ortodoxa marcó un antes y un después en su producción musical, que desde ese momento se orientaría hacia los temas sacros, la sencillez diatónica y el talante místico, como emerge en la pieza para doble coro A Hymn to the Mother of God (1985).

PROGRAMA:

Música y espacio

Arvo Pärt (1935)

Spiegel im Spiegel (celesta y viola, 1978)

György Kurtág (1926)

Omaggio a Luigi Nono, op 16 (coro mixto a capella, 1979)

I. Sclonienie mestaimienia «Cei» (Declinación del pronombre «quien»)

II. Rasrïf (La ruptura. Fragmento de un poema de Anna Ajmátova)

III. Liubof na miesits (Amor por meses. Poema de Rimma Daloš)

IV. No Kcac usnat (Mas, ¿cómo saber…? Poema de R. Daloš)

V. O, nasidanie – liubof (Oh, amor, una lección. Poema de R. Daloš)

VI. I atviersta dlia minia (Y la Puerta está abierta para mí. Poema de R. Daloš)

Morton Feldman (1926-1987)

The ⁠Rothko Chapel (coro, soprano, alto, percusión, viola y celesta, 1971)

György Ligeti (1923-2006)

Lux Aeterna (coro a capella, 1966)

John Taverner (1944-2013)

A Hymn to the Mother of God (doble coro a capella, 1985)

Thomas Tallis (1505-1585)

Spem in alium (coro a capella, c. 1570)

Clausura con doce siglos de música coral

2 comentarios

Domingo 20 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: XXXIX Semana de Música Religiosa. Coro ‘CantArte’ de León, Guillermo A. Ares (director): «Crucifixus», obras de Theodulf Orleans (ca. 750-821), Cristóbal de Morales (1500-1553), Javier Bello-Portu (1920-2004), Joseph Gabriel Rheinberger (1839-1901), Ēriks Ešenvalds (1977), Antonio Lotti (1667-1740), György Deak-Bardos (1905-1991), Pärt Uusberg (1986), Sir John Tavener (1944-2013) y John Taverner (1490-1545).

Clausura ideal de la XXXIX SMRA con este coro leonés de tres años recién cumplidos pero maduro y con mucho recorrido, 21 voces jóvenes (ninguno pasa de los 35 años) con el músico Guillermo Alonso Ares, antiguo escolano de Covadonga, al frente de un proyecto que trajo hasta Avilés un programa con doce siglos de música coral perfectamente organizados, desde la salida con el Himno Gloria, Laus et honor del obispo Orleans, realizando las voces graves el «itinere» o camino hasta el altar del Domingo de Ramos cual monjes medievales, sin olvidar la mejor polifonía renacentista de nuestro Siglo de Oro con Cristóbal de Morales, pasando por compositores barrocos, clásicos, románticos, contemporáneos como el tolosarra Bello-Portuel húngaro Deak-Bardos o el británico Tavener, y los más cercanos como el letón Ešenvalds o el joven y polifacético estonio Uusberg, todo un acierto llegar desde las raíces hasta nuestros días corales, estructurando cada obra cual relato cantado de esta semana de pasión que desemboca en el Domingo de Resurrección, lección no ya religiosa sino musical perfecta para el espíritu de esta semana, ya la trigésimonovena y que volvía al templo de San Nicolás que tantos estrenos y tan inolvidables conciertos ha acogido en estos años.

El coro de nuestro vecina León cuenta con un plantel de voces capaces de afrontar con solvencia esta historia de la música religiosa occidental en un reto para cada cuerda, bien equilibradas en sonoridades y afinación así como un empaste que se redondeará todavía más con el trabajo, unas sopranos algo «excesivas» en los agudos fuertes pero maravillosas de color y expresividad, una mezzo solista que nos dejó impactados con la belleza de su voz, las contraltos dando la base necesaria a las voces blancas y encaje ideal con los bajos potentes de las voces graves, más unos tenores en algún tema reforzados por el propio director, quien también tuvo sus partes solistas, y donde su objetivo de «disfrutar cantando» lo transmitieron a un público que les jaleó y obligó a regalarnos dos propinas, una maravillosa composición de Manuel Guisado Rodrigo (1964) con dos fragmentos de la pasión, el Juicio a Jesús y Barrabás seguido de un Mater Dolorosa con el solo de la citada mezzo, más la salida procesional y Aleluya Regina Celi de Juan García de Salazar, extraído del archivo de la Catedral de Burgos, clausurando concierto y semana. Coro que suena a profesional y afronta obras como tal, todo un reto en la apuesta de las nuevas formaciones para triunfar en un mundo tan competitivo como el vocal, orgullo leonés que lleva su nombre allá donde va.

El orden y atrezzo estuvieron perfectamente estudiados, desde la citada salida en «cantus firmus», el toque de campana inicial o en el O salutaris hostia de Ešenvalds con las dos solistas en los extremos, la ubicación del director con las voces graves antes de situarse en el centro tras el Introitus de Morales, pasando por el candelabro al que fueron apagando velas según cantaba el texto del Parce mihi, Domine, cerrando «trilogía» dorada, el Miserere del compositor vasco con la atronadora carraca o matraca que ponía punto final, el movimiento corporal del Kyrie del estonio, arrancado por las voces blancas con manos en oración mientras las graves agachadas se elevan al entrar a cantar y el giro hacia el altar de todo el coro, la ubicación rodeando al público en Song for Athene de Tavener, con los hombres en el frontal manteniendo una nota pedal cual roncón tubular, así como todo lo que ayudaba a realzar más si cabe el contenido dramático de unas obras cargadas de sentimientos cristianos elevadas por las propias partituras.

Entrega del joven coro a su director, que además de saber rebuscar obras las consigue armar con esta calidad y frescura, gestos claros y respuesta directa para otro concierto memorable que ha dejado en lo alto la calidad de toda la semana, órgano y coros como señas de identidad del ciclo junto a la apuesta por novedades y (re)estrenos. CantArte con Guillermo Ares no pudieron ser mejor broche antes de conmemorar en 2017 los 40 años…

Espero poder estar de nuevo y contarlo.