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Un clásico

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Viernes 19 junio, 22:30 horas. 75 Festival de Granada, Teatro del Generalife: Danza. Ballet Nacional de Letonia – Aivars Leimanis, director artístico. Giselle. Ballet en dos actos. Música: Adolphe Adam– Libreto: Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges– Coreografía original: Jean Coralli, Jules Perrot y Marius Petipa – Puesta en escena: Aivars Leimanis. Diseño de escenografía y vestuario: Ināra Gauja. Diseño de iluminación: Kārlis Kaupužs. Supervisora de Ballet: Dace Lapiṇa. Estrenado por el propio Ballet Nacional de Letonia el 10 de marzo de 2006. Fotos de Alex Camara y propias.

La web del Festival, tomando parte de las notas al programa de Cristina Marinero, presentaba la Giselle desde Letonia como El gran ballet romántico del s. XIX sigue emocionando en el XXI. Y es el ballet perfecto, «por eso sigue vivo en los escenarios de todo el mundo cuando celebra ahora nada menos que 185 años desde su estreno en la Ópera de París. Giselle es tierra y cielo, cuerpo y espíritu, luz y oscuridad. Es el gran ballet romántico y su historia de amor, traición, clases sociales y muchachas convertidas en espíritus fantasmales sigue conmoviendo cuando su puesta en escena e interpretación son de calidad».

El Ballet Nacional de Letonia, heredero de los ballet rusos que han escrito parte de la historia de la danza, mantiene con mimo una producción de hace veinte años con una coreografía maestra, creada por los genios Jean Coralli y Jules Perrot en París, sobre la música de Adolphe Adam, y recuperada por Marius Petipa en San Petersburgo. Probablemente se note el paso del tiempo, como en todo, pero no se puede negar el tributo a la propia historia del ballet.

Aivars Leimanis, director de la compañía letona, se ha encargado de la puesta en escena de esta obra de arte que todos recuerdan por el segundo acto, donde las vengativas willis vestidas con largos tutús blancos hacen bailar a los hombres hasta desfallecer entre la niebla del bosque. La producción que vimos esta noche de viernes en el Generalife es exquisita precisamente por mantener lo “clásico”, algo que debemos destacar porque la tradición debe seguir viva, manteniéndola tras casi dos siglos, aunque la música del compositor francés no tiene la monumentalidad de un Tchaikovski.

La historia de Giselle es conocida por lo conmovedora, y  a nivel coreográfico supone todo un reto para las parejas solistas, sobre todo la protagonista (Yuliya Brauer) con verdaderos retos técnicos, resueltos con belleza y plasticidad por la bailarina principal. El primer acto resultó luminoso, con un vestuario colorido y un decorado sencillo pero suficiente, más una iluminación no siempre atenta a la acción. Giselle se lució tanto en sus muchos números en solitario como en los dúos con el Príncipe Albrecht (Amir Dodarkhojayev), y otro tanto en los números corales, con excelentes movimientos en escena.

No estuvieron a la zaga los solistas Aleksandrs Osadčijs (Hilarion, el guardabosque) y Paula Lieldidža-Kolbina (Myrtha, la reina de las wilis) siendo aplaudidos en sus apariciones, aunque en cierto modo buscándolo con las reverencias danzantes por parte de ambos.

Destacar todo el cuerpo de baile, especialmente las bailarinas, por momentos hasta 20 en escena, con cuadros que siguen siendo inspiradores lienzos del ballet clásico, sobre todo el segundo acto donde iluminaron el bosque con su presencia.

En las notas al programa Marinero nos cuenta el origen de Giselle:

«Fue en 1841 cuando se presentó en el teatro entonces sito en la Rue Le Peletier, con libreto del afamado escritor Théophile Gautier, basado en el poema de Victor Hugo, Fantômes, y en las leyendas recogidas por el alemán Heinrich Heine sobre las danzantes nocturnas o willis. El primero relataba el trance de una muchacha española que bailaba sin parar, hasta morir; el segundo escribía sobre los espíritus de las jóvenes engañadas y fallecidas antes de su boda, que surgen de sus tumbas de noche en sus trajes de novia para vengarse de los hombres que las han traicionado.

Gautier trabajó sobre estas dos ideas centrales con el libretista Vernoy de Saint-Georges para elaborar un guion dividido en dos actos. El primero, terrenal y luminoso, sobre la trama de Victor Hugo, se desarrolla en la aldea de la protagonista, enamorada del apuesto Albrecht, quien resulta ser un noble ya prometido, lo que la enajena, bailando hasta morir. El segundo acto, etéreo y oscuro, recoge las ideas de Heine y Giselle se ha convertido ya en una willi a las órdenes de la malvada Myrtha, quien las dirige para acorralar a los hombres que les han engañado y obligarles a danzar incesantemente hasta su final.

Con diseños originales del entonces afamado Cicéri, en nómina en la Ópera de París, y celebrado por sus escenografías para el primer ballet romántico, La sílfide (1832) y, un año antes, para la ópera Roberto el diablo, de Meyerbeer, la composición de Giselle se encargó al músico Adolphe Adam y su coreografía a los dos maestros de danza de la Ópera, Jean Coralli y Jules Perrot».

Como el resto de compañías de ballet clásico del mundo, el Ballet Nacional de Letonia (con sesenta bailarines) también parte de la producción de Petipa en San Petersburgo a finales del XIX, recuperación que supuso un nuevo impulso para este magno título, y en 2022 celebrarían su 100º aniversario, una compañía de fuertes lazos con la tradición del ballet ruso. Así, Letonia en 1939 fue ocupada por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, después por la Alemania nazi, pasando a integrarse a la URSS tras el final de la II Guerra Mundial y hasta su nueva independencia en 1991, siempre inquebrantables defendiendo este arte centenario junto a su orquesta.

Aivars Leimanis, solista de la compañía de 1976 a 1996, es su director desde 1993 y quien firma la puesta en escena de esta historia de traición y perdón, de amor incondicional. Comenzó su formación en la escuela nacional de Riga, donde también fueron alumnos los astros del Mariinsky y el Bolshoi, Mikhail Baryshnikov y Alexandr Godunov, antes de que desertaran de la URSS a EEUU para brillar en Nueva York desde los años 70, manteniendo en cartel los grandes ballets de la tradición rusa como El cascanueces, El lago de los cisnes o esta Giselle, con un primer acto muy coral y un segundo algo más lúgubre pero donde poder apreciar el excelente trabajo en conjunto de todo el cuerpo de baile. Insisto en destaca especialmente a las bailarinas, bien coordinadas y con momentos de plasticidad total siempre buscando las simetrías y manteniendo la esencia clásica.

Cuando se trata de ballet echo de menos la orquesta en vivo (como así fue hace 13 años en Sevilla con esta misma compañía y ballet) en vez de la música grabada, que reconozco ayuda a toda la compañía a encajar a la perfección música y baile, más aún en esta Giselle donde la parte mímica es tan importante como el propio baile, aunque es una forma de abaratar costes y además el Teatro del Generalife no tiene un foso para poder dar un espectáculo completo. Con todo resultó un. éxito para un público que llenó el aforo en esta noche granadina.

ELENCO:

Giselle: Yuliya Brauer

Príncipe Albrecht: Amir Dodarkhojayev

Hilarion, el guardabosque: Aleksandrs Osadcijs

Myrtha, la reina de las wilis: Paula Lieldidža-Kolbina

Berthe, madre de Giselle: Dace Lapina

Wilfred, escudero de Albrecht: Antons Freimans

Bathilde, prometida de Albrecht: Marianna Ŝmidta

Duque, padre de Bathilde: Ringolds Žigis

Boda pas de deux: Annija Kopštale, Aeden William Conefrey

Dos willis: Emma Laguna, Laine Paike

Campesinas/os, nobles, soldados, willis y Vals: cuerpo de baile del Ballet Nacional de Letonia

Maravilloso Zenit Aerial Ballet

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Jueves 18 junio, 22:00 horas. Explanada del Palacio de Exposiciones y Congresos, 23 FEX (Festival Extensión) del 75 Festival Internacional de Música y Danza de Granada: Zenit Aerial Ballet, Helena Sánchez Hortal (dirección escénica): Aria.

Aria es un espectáculo de ballet aéreo de gran formato que transforma el cielo en escenario, combinando coreografía, música y ciudad en una experiencia visual y emocional única a 30 metros de altura. Según lo describe la propia compañía:

«es la evolución de un estilo artístico, un espectáculo eminentemente visual que combina el ballet aéreo con el hilo conductor de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Las fascinantes figuras en el cielo se transforman de manera hipnótica y nos recuerdan las coreografías de natación sincronizada y de ballet clásico. Una creación llena de alegorías y símbolos, evocando mitos y leyendas ancestrales que nos emocionan profundamente sin explicación. Una música, una melancolía de las estaciones que casi ya no existen y, sobre todo, un mensaje latente de regresar a ese equilibrio de la naturaleza que nos hacía tan felices.

Son capaces de generar momentos de una plasticidad y belleza sorprendente con la intención de hacernos conectar y celebrar el poder de los sentidos, contagiando las emociones directamente hasta acorralar la razón.

Destaca la energía que se origina, la complicidad de las bailarinas y su calma y suavidad, que se mezclan con la adrenalina a flor de piel. Un producto para todos los públicos y sin límite de aforo, a más de 30 metros de altura».

Zenit Aerial Ballet, con actuaciones en países como Francia, Taiwán, Colombia o México, y mientras preparan su desembarco en Suecia y Venezuela este verano, llegaba del Kaldearte en VitoriaGasteiz un equipo compuesto por 14 integrantes (ocho bailarinas) que recrearon esta noche de jueves una danza suspendida en el cielo, trasladando al público granadino el universo poético y celestial que evocan, todo un montaje donde combinar técnicas de danza clásica y contemporánea para acercar la danza, el arte y el movimiento al espacio urbano, lo que se llama actualmente “Arte de calle”.

La explanada granadina ya estaba al completo mucho antes de comenzar el espectáculo, y se divisaba una bola a la izquierda, en el centro la inmensa grúa tan importante y necesaria del espectáculo, y un escenario, tres puntos donde no perder detalle. Interesante la sinopsis de este original ballet aéreo que ayuda a entender mejor una coreografía sugerente de una belleza y plasticidad sorprendentes:

«Blancas como la Luna, las sílfides son los espíritus aéreos que la acompañan en su viaje alrededor de nuestro planeta.
La leyenda dice que, una vez cada 100 años, descienden a la Tierra, envolviendo cada rincón con su magia, llenando de belleza los cielos e inundando de paz y felicidad los corazones de aquellas personas que tienen la suerte de contemplarlas.
Cuentan que ese año las estaciones son más hermosas: los otoños más coloridos, los inviernos más blancos, las primaveras más floridas y los veranos más suaves.
Dicen que, cuando regresan a la Luna, su magia permanece en nuestros cielos, brillando como lágrimas doradas por la añoranza que les produce dejar la Tierra».

Y desde la gran bola ascendían al atardecer ocho sílfides que dibujarían coreografías increíbles, sujetas por unos cables que por momentos olvidábamos para disfrutar de unos espíritus aéreos mientras sonaba un Vivaldi electrónico sin perder la esencia original, buena fusión y trabajo de mezcla.

Flotaban sobre nuestras cabezas, enfocaban cañones de luz mezclados con las luces de los teléfonos que intentaban captar cada momento, cada movimiento flotando en un cielo anaranjado.

Sin descanso, transitando por el aire (increíble el trabajo del gruista), los espíritus blancos descendían a tierra hasta el escenario que proyectaba colores, baile contemporáneo, cambios de estación vivaldiana, ambiente cálido de verano y nueva elevación donde bailar conformando combinaciones a pares, giros circenses, dos bailarinas sujetando a una tercera sin arnés, las ocho trepando por los cables cual trapecistas sin red, y creando imágenes bellísimas donde las formas y la luz resaltaban aún más un Vivaldi de DJ.

Transcurrían las estaciones, cambiaban los movimientos, los colores,  nueva bajada a la tierra boca abajo casi besando el suelo, ante el asombro de los más cercanos a las ocho hadas del cielo, movimientos increíbles, aplausos ante cada “pausa” escénica mientras la música no cesaba y se pasaba del aterrizaje al despegue.

El tiempo musical y el otoño de la caída de las hojas, flotando en la ya noche granadina antes del blanco invierno y la blanca luna (la que hechizó a Lorca), globos en el aire que soltarían cual nieve poética con el público compartiendo una coreografía espectacular, auténtica maravilla donde las ocho artistas conjugaron desde la acrobacia un baile urbano surcando el cielo nazarí a la espera del verano que ya llama a la puerta.

Enhorabuena al FEX por acercar este espectáculo del Zenit Aerial Ballet tan internacional como el propio Festival de Música y Danza de Granada con esta apuesta novedosa, actual, enriquecedora y que muestra una óptica actual y juvenil del llamado «tercer arte» aún más visual del que nos espera este viernes 19 en el Teatro del Generalife, pero serán otras historias para seguir cortándolas desde aquí.

AERIAL BALLET

Helena Sánchez (España) · Andrea Vargas (España) · Wilma Puentes (España) · Saray Huertas (España) · Silvia Moroni (Italia) · Paula Saiz (España) – Paloma Maciá (España) · María Serrano (España) · Maria Palazón (España) · Melodía García (España) · Maria Teresa Antón (España) · Elisa Angelucci (Italia) – Andrea Arnaiz (España) · Yaiza Vicedo (España)

DIRECCIÓN BALLET AÉREO

Helena Sánchez (España)

PRODUCTOR EJECUTIVO

Nando Coderch (España)

ROAD MANAGER & BOOKING

Carlo La Marca (Italia)

DIRECCIÓN TÉCNICA Y RIGGING

Jorge Rodríguez (España)

COREOGRAFÍA

Melodía García (España) · Helena Sánchez (España) e intérpretes

DISEÑO DE LUCES E ILUMINACIÓN

Juan Francisco García (España)

DIRECCIÓN DE GRÚA

Salvador Rocher (España) e intérpretes

ASISTENCIA TÉCNICA

Carles Gallart García (España)

VÍDEO Y FOTOGRAFÍA

Max Romanenko (Rusia) · Laura Divella (España) · Pau Sanchís (España)

Un lago especial

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 16). Danza.

Viernes 4 de julio, 22:30 horas. Teatro del Generalife. Ballet Preljocaj, Angelin Preljocaj. El lago de los cisnes. Música de Tchaikovsky y adicional de 79D . Fotos propias.

Decimosexta noche de mi festival granadino y volvía al Generalife y su teatro para disfrutar nuevamente de un ballet actual y «rompedor», tras el de los italianos, y que la web presentaba así:

Cisnes en contemporáneos tutús
Fue considerado “enfant terrible” de la danza contemporánea de Francia en los años ochenta y ahora, cuando celebra el 40 aniversario con su compañía, continúa con nuevos retos escénicos. Angelin Preljocaj estrena en el Festival su original versión de El lago de los cisnes en la que ha reescrito el argumento y la coreografía de Marius Petipa. El creador reinterpreta el clásico desde su personalísimo movimiento y hace convivir a Chaikovski con el electro contemporáneo de 79D, arropándolo con detallada iluminación y una escenografía audiovisual. Por supuesto que mantiene los pilares del decimonónico ballet –y los tutús, si bien, contemporáneos–, en el que el príncipe Sigfrido se enamora de la princesa convertida en cisne blanco, Odette, y es engañado por la malvada de negro, Odile, mientras trata de liberarla de su encantamiento.

Ciertamente la danza es una de las siete artes, la del «movimiento corporal, expresado a través de secuencias rítmicas y coreografías», capaz de conmover ante la belleza de una historia que no por conocida sigue teniendo el lenguaje universal de la música bailada. La compañía  de Angelin Preljocaj no solo reescribe argumento y coreografías con la música siempre genial de Chaikovski, sino que coloca en distintos cuadros la electrónica elegante de 79D, que con el vídeo de Boris Labbé en la pantalla más un vestuario elegante de Igor Chapurin recrean un argumento visualmente bello. El numeroso cuerpo de baile mostró un trabajo impecable tanto los y las «solistas» protagonistas de la historia y primeras figuras, como los conjuntos. Por separado las mujeres perfectamente compenetradas, dejándonos escenas coloristas incluso en blanco y negro -con los mínimos brillos de unos tules ideales- así como los hombres, aprovechamiento del espacio escénico del Generalife donde hasta los silencios se coreografiaban para no dejar hueco a los aplausos ni detener la acción y la utilización puntual de las sillas crearon verdaderos cuadros escénicos.

La sinópsis del ballet actualizado en el argumento está en el programa de mano, y aquí la dejo:

El lago de los cisnes es un ballet en cuatro actos inspirado en un cuento alemán, con música de Piotr Ilich Chaikovski. Odette es una joven preocupada por los asuntos ambientales. Una noche, mientras pasea por la orilla del lago de los cisnes, se encuentra con Rothbart, un hombre de negocios corrupto y malvado. Rothbart está buscando formas de explotar un depósito de combustibles fósiles que acaba de descubrir cerca del lago. Temiendo que la joven pueda frustrar sus planes, usa sus poderes para convertirla en un cisne.

Mientras tanto, en la sede de una empresa de venta de plataformas de perforación, el director ejecutivo y su esposa están desvelando el modelo de una nueva planta. Durante la fiesta, Siegfried, el hijo del director general, se entera de que la nueva planta se construirá en la orilla del lago. Su amor por la naturaleza lo impulsa a vetar el proyecto y oponerse a su padre, a pesar de ser heredero de la presidencia de la empresa. Esa misma noche, va al lago a investigar. Allí, conoce a la extraña y fascinante doncella cisne y la sigue por la orilla. Pero pronto es detenido por Rothbart y sus hombres, quienes lo toman por un oponente y lo dejan inconsciente a la orilla del agua. Después, un ballet de cisnes se posa en el lago y uno de ellos se acerca a Siegfried. Cuando el joven recupera la conciencia, ve a la doncella cisne que conoció antes, Odette, parada frente a él y se enamora locamente de ella.

Después de firmar un acuerdo secreto con Rothbart para vender la planta y construirla cerca del lago, el padre de Siegfried organiza una fiesta e invita a Rothbart y a su hija, Odile. Ella es la gemela malvada de Odette y el padre de Siegfried quiere que ella seduzca a su hijo. Engañado por el parecido de Odile con Odette, Siegfried informa a los invitados que se va a casar con ella. Rothbart está de acuerdo, con la condición de que adquiera la planta. Cegado por el amor, Siegfried acepta la condición. Pero cuando aparece la verdadera Odette, comprende su error y se siente abrumado por un dolor insoportable. Acude a su madre para aliviar su sufrimiento, pero es en vano. Siegfried regresa al lago para volver a ver a Odette, pero el destino que se trajo sobre sí mismo ya está en movimiento.

Y las notas al programa las vuelve a firmar, como en los Ballets de Montecarlo y Atterbaletto la periodista (que es Máster en Artes Escénicas, investigadora en temas cinematográficos y especialista en comunicación de cine desde 1996) Cristina Marinero, que dejo íntegras:

El cisne blanco, en defensa de la naturaleza

Es Premio Nacional de Danza de Francia 1992 y miembro de su Academia de Bellas Artes desde 2019, entre una larga lista de galardones y nombramientos. El parisino de padres albaneses Angelin Preljocaj fue considerado enfant terrible de la danza contemporánea en los años ochenta y ahora, a sus sesenta y ocho años, es ya uno de sus clásicos.

Celebra en esta temporada el 40º aniversario de la fundación de su compañía, el Ballet Preljocaj, con la que impresionó desde sus primeras actuaciones por la sólida técnica neoclásica y moderna de sus coreografías, presentadas con su personal estilo contemporáneo.

A partir de finales de los años 80, actuó en los espacios de danza más prestigiosos y solicitados de Francia, como el Théâtre de la Ville de París o la Ópera de Lyon, donde creó su icónico Romeo y Julieta, en 1990. Sus producciones están en el repertorio de compañías de medio mundo, entre ellas, la de la Scala de Milán, el New York City Ballet y el Ballet de la Ópera de París. Angelin Preljocaj ha creado más de sesenta coreografías, de solos y dúos a piezas para grandes formaciones. Desde 2006, el Ballet tiene como sede Le Pavillion Noir, edificio creado específicamente para él en Aix-en-Provence, ciudad al norte de Marsella donde está instalado como Centro Coreográfico Nacional.

Realizada para veintiséis bailarines, el Ballet Preljocaj estrenó su versión de El lago de los cisnes en diciembre de 2020 y se presentó por primera vez en España en abril de 2021, en los Teatros del Canal, dentro del festival Madrid en Danza. El creador francés reinterpreta en danza contemporánea el eterno clásico de Marius Petipa con una nueva historia y hace convivir la magistral partitura de Chaikovski con el electro contemporáneo de 79D’s. Un noventa por ciento de la música utilizada es de la creada por el compositor ruso para el ballet estrenado en 1877, pero no toda, ya que ha incluido pasajes de otras de sus obras. Esta reconfiguración de la banda sonora le ayuda a Preljocaj a potenciar el nuevo guion de este gran título de la tradición para traerlo a nuestros días, con el tema central de la defensa de la naturaleza como protagonista. El también coreógrafo de títulos como Le Parc o Ghost piensa que la mejor manera de homenajear a Petipa es trasladarse imaginariamente a cómo fue su proceso creativo y reinventar ciertos elementos de su argumento, como ha hecho.

Odette es una joven preocupada por el medioambiente y una noche, paseando por la orilla del lago, se encuentra con el malvado Rothbart quien, para que no frustre sus planes, la convierte en cisne. En el ballet original éste es un brujo con aspecto de ave y aquí es un hombre de negocios corrupto que quiere explotar un depósito de combustibles fósiles descubierto cerca del lago. El príncipe Sigfrido es en esta versión el hijo del director general de la empresa y está dispuesto a boicotear la planta. Al acercarse al lago conoce a una doncella cisne y se unirán en su objetivo. No será fácil porque también aparece en escena la pérfida Odile, el cisne negro.

Además de la elegancia de los diseños de vestuario de Igor Chapurin, con tutús contemporáneos que destilan el perfume de los originales decimonónicos, toman especial protagonismo en este Lago la iluminación de Éric Soyer, diseñada para crear los espacios interiores y exteriores donde se desarrolla la historia, y la escenografía audiovisual de Boris Labbé, en muchos momentos deudora de la ciudad futurista del clásico del cine mudo, Metrópolis.

Casi dos horas de espectáculo total donde todo se trabajó cada detalle por una compañía de conjuntos espectaculares con la presencia de 16 bailarinas de plasticidad increíble que parten de la danza clásica como base para un exigente trabajo corporal pleno de gestualidades, más los bailarines que solos o sumándose, edificaron escenas corales magníficas, desde un baile discotequero «muy Studio 54» hasta cámaras lentas (slow motion) que visualmente parecían cuadros del irrepetible Lindsay Kemp, especialmente con los vestidos blanco impoluto y tutús modernos, vaporosos, que la ligera brisa granadina hacían aún más delicados, engrandecidos por una iluminación de Éric Soyer cálida y capaz de pasar de las ráfagas al cañón centrado hasta los fundidos en negro tan cinematográficos.

Un lago de los cisnes especial en la noche del Generalife que me está volviendo a conquistar con la danza como en mis años universitarios y desterrando la definición jocosa de La charca de los patos con la que bautizaba este ballet con la música de Chaikovski, y una verdadera lástima no tener fotos de Ferminius que ilustrarían mucho mejor esta reseña personal.

PROGRAMA:

Ballet Preljocaj

Coreografía: Angelin Preljocaj

Música: Piotr Ilich Chaikovski y música adicional de 79D

Vídeo: Boris Labbé

Diseño de vestuario: Igor Chapurin

Diseño de iluminación: Éric Soyer

Asistente a la dirección artística: Youri Aharon Van den Bosch

Asistente en ensayos: Paolo Franco

Coreóloga: Dany Lévêque

ELENCO:

Odette: Odile Mirea Delogu / Siegfried: Leonardo Cremaschi / Madre de Siegfried: Lucile Boulay / Padre de Siegfried: Erwan Jean-Pouvreau / Rothbart: Elliot Bussinet.

Teresa Abreu, Isabel García López, Celian Bruni, Araceli Caro Regalón, Alice Comelli, Lucia Deville, Antoine Dubois, Chloé Fagot, Afonso Gouveia, Eva Gregoire, Laurent Le Gall, Théa Martin, Zoë McNeil, Ygraine Miller-Zahnke, Agathe Peluso, Ayla Pidoux, Mireia Reyes Valenciano, Redi Shtylla, Owen Steutelings, Micol Taiana

Director técnico: Luc Corazza

Regidor general / sonido: Martin Lecarme

Regidor de luces: Jean-Bas Nehr

Regidor de video: Ambroise-Marc Poudevigne

Regidores de escena: Mario Domingos, Rémy Leblond

Vestuarista: Tania Heidelberger

Producción: Ballet Preljocaj

Coproducción: Chaillot – Théâtre national de la Danse, Biennale de la danse de Lyon 2021 / Maison de la Danse, La Comédie de Clermont-Ferrand, Festspielhaus St Pölten (Austria), Les Théâtres – Grand Théâtre de Provence, Théâtres de Compiègne.

El Ballet Preljocaj, Centro Coreográfico Nacional cuenta con la subvención del Ministerio de Cultura y Comunicación – DRAC PACA, Provence-AlpesCôte d’Azur Region, Bouches-du-Rhône Department, Aix-Marseille Provence Metropolis, Ciudad de Aix-en-Provence, y con el apoyo de Groupe Partouche – Pasino Grand Aix-en-Provence, y de personas y compañías patrocinador