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Estaciones danzantes

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Martes 30 junio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Malandain Ballet Biarritz, Thierry Malandain (director artístico), Academia Barroca del Festival de Granada, Aarón Zapico (director musical): Les Saisons. Música de Vivaldi y Giovanni Antonio Guido. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Mi primer Festival de Granada fue un 7 de julio de 2011 en el Auditorio Manuel de Falla con “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi a cargo de Forma Antiqva y con Aitor Hevia (del Cuarteto Quiroga como solista), y que grabarían al día siguiente para el sello alemán Winter&Winter. Y este último día de junio en el Generalife volvía Aarón Zapico al frente de la Academia Barroca del Festival, dentro de la séptima edición de los Cursos Manuel de Falla donde jóvenes instrumentistas prepararon estas estaciones de Vivaldi y G. A. Guido, con Jorge Jiménez de violín solista, para poner música en vivo desde el foso al Malandain Ballet Biarritz.

Siempre he defendido que el ballet debe tener la música en vivo, y en este caso así fue pero amplificada desde una ecualización no preparada para la música barroca, pues los balances que el director asturiano marcaba en el foso no tenían la misma respuesta en la megafonía. Y otro tanto con el violín solista de Jorge Jiménez donde las cuerdas de tripa no tienen igual tímbrica que las actuales.

Pese a todo es un placer volver a escuchar “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi quince años después con el poso y el aprendizaje que da el estudio en profundidad por parte del maestro asturiano, con los jóvenes instrumentistas siguiendo todas las indicaciones “marca Zapico” que sigue dando a esta popular partitura su particular interpretación y visión, con un juego de contrastes y tempi que además tenían la respuesta del ballet francés con coreografías diferenciadas entre “El cura pelirrojillo” veneciano y su continuador algo más «afrancesado» Giovanni Antonio Guido.

La de Thierry Malandain para Vivaldi contó con casi todo el cuerpo de baile y la pareja de Giuditta Banchetti y Hugo Layerelenco, todos de negro con el fondo de los cipreses y la iluminación acorde con cada estación pero sin literalidad, buscando el colorido que me hace rememorar la serie del artista alicantino Eusebio Sempere, entendiendo al grupo como bloque compacto sin líderes y con pocas intervenciones solistas.

En cambio para Guido optó por ir combinando los primeros tiempos con una o dos parejas (Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Laurine Viel y Alejandro Sánchez Bretones) de levita y “polisón” sobre el negro con el fondo en los mismos tonos para las primeras partes, y la suma de los “desnudos” en las segundas secciones, desde Hugo Layer  con la “hoja de otoño negra”, más simbólica que descriptiva, al que irían apareciendo posteriormente duetos, tríos y cuartetos, plásticamente muy bellos, casi transposición del otro Guido, Reni y su “Hipomenes y Atlanta” antes del número final con toda la compañía, lo que el coreógrafo llama “musicalidad de los cuerpos”.

Si la búsqueda del color en la iluminación y los contrastes de coreografías y vestuario entre Vivaldi y Guido marcaron la danza, el foso aportó la sonoridad barroca contrastada con unos silencios que en el primero me recordaban las estatuas de Giacometti de “El hombre que camina” o las de Dülken (ciudad alemana en la Renania del Norte-Westfalia) donde hay un sanatorio para enfermos mentales (que en mi tierra llamaríamos “La Cadellada”) e incluso un «Molino de los locos», mientras para el segundo lo visual parecía se guiarse por la auditivo.

Personalmente me gustó más la coreografía para Vivaldi por los movimientos ocupando todo el espacio, la gestualidad que Malandain entiende como “danza neoclásica contemporánea”, figuras muy plásticas y la mejor adecuación a la música en vivo que la de Guido pese a la alternancia.

Recordar que Granada también es festival internacional de danza, y en esta 75 edición estamos asistiendo a distintos estilos, escuelas y enfoques, aunque espero especialmente al Béjart Ballet de Lausanne el próximo viernes 3 de julio, para poder contarlo desde aquí.

PROGRAMA:

Les Saisons

Coreografía: Thierry Malandain

Música: Antonio Vivaldi y Giovanni Antonio Guido

Violín solista: Jorge Jiménez

Decorados y vestuario: Jorge Gallardo

Diseño de iluminación: François Menou

Diseño de vestuario: Véronique Murat, Charlotte Margnoux,

con la ayuda de Anaïs Abel

Realización de decorados: Frédéric Vadé

Realización de accesorios: Annie Onchalo

Ayudantes de decorado y atrezo: Nicolas Rochais, Gorka Arpajou,

Félix Vermandé, Raphaël Jeanneret, Christof t’Siolle, Txomin LabordePeyre,

Maruschka Miramon, Karine Prins, Sandrine Mestas Gleizes, Fanny Sudres,

Fantine Goulot

Maestros de ballet: Richard Coudray, Giuseppe Chiavaro, Frederik Deberdt

Ballet para 22 bailarines

Duración: 60 minutos sin descanso

Estrenado el 25 de noviembre de 2023 en el Palais des Festivals de Cannes (Francia)

ELENCO LES SAISONS

Primavera – Antonio Vivaldi

Giuditta Banchetti y Hugo Layer

Noé Ballot, Julie Bruneau, Elisabeth Callebaut, Raphaël Canet, Mickaël Conte, Irma Hoffren, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Neil Ronsin, Yui Uwaha, Patricia Velázquez, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Léo Wanner.

Primavera – Giovanni Guido

Le temps vole, Chaque saison s’enfuit

Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Laurine Viel, Alejandro Sánchez Bretones

Danse des bergers

Hugo Layer

Verano – Antonio Vivaldi

Patricia Velazquez y Noé Ballot

Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Elisabeth Callebaut, Raphaël Canet, Clémence Chevillotte, Mickaël Conte, Loan Frantz, Irma Hoffren, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Neil Ronsin, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Verano – Giovanni Guido

L’air s’enflamme, Zéphire disparaît, Chant des coucous

Allegra Vianello y Léo Wanner

Vole à notre secours O ! Cérès adorable

Patricia Velázquez y Hugo Layer

Otoño – Antonio Vivaldi

Irma Hoffren y Raphaël Canet

Noé Ballot, Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Elisabeth Callebaut, Clémence Chevillotte, Mickaël Conte, Loan Frantz, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Neil Ronsin, Julen Rodríguez Flores, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Patricia Velazquez, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Otoño – Giovanni Guido

Célébrons le retour de l’Automne

Yui Uwaha, Guillaume Lillo, Julen Rodríguez, Chelsey Van Belle

Allegro

Patricia Velázquez, Raphaël Canet, Hugo Layer

Invierno – Antonio Vivaldi

Claire Lonchampt y Mickaël Conte

Noé Ballot, Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Raphaël Canet, Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Irma Hoffren, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Chelsey Van Belle, Patricia Velázquez, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Invierno – Giovanni Guido

La saison des frimas

Julie Bruneau, Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Léo Wanner

Le cruel Aquilon nous déclare la guerre

Claire Lonchampt, Patricia Velázquez, Raphaël Canet, Hugo Layer

Laissons gronder les vents

Todos los bailarines.

ACADEMIA BARROCA DEL FESTIVAL DE GRANADA

Director musical: Aarón Zapico

Violines: Orión Arroyo Pérez, María Beltrán Peralta, Mª de los Ángeles Cáceres Márquez, Miguel Calleja Rodriguez, Natalia Cid Iriarte, Fernando Cornejo Ortega, Alfredo Jaime Doblado, Claudia Montoya Salinas, Abraham Parra Amante, Mercedes Rodríguez Pérez, Juan Utrera Moreno

Concertino: Jorge Jiménez

Violas: Nadia Carmona Carrasco, Jesús Segura Torres

Violonchelos: Sara Ortega López, Alba Villar Cairó

Cuerda pulsada: Rafael Arjona Ruz, Álex Pernas Muñoz

Contrabajo: Rubén Castañeda Hernández

Clave: Iraia Otaduy Ortega

Coproductor principal: Château de Versailles Spectacles / Opéra Royal de Versailles / Orchestre de l’Opéra Royal de Versailles

Coproducción: Festival de Danse de Cannes – Côte d’Azur (Francia) / Teatro Victoria Eugenia – Ballet T – Donostia-San Sebastián / Opéra de Saint-Etienne / Theater Bonn (Alemania) / Teatro la Fenice, Venecia (Italia) / CCN Malandain Ballet Biarritz

Maravilloso Zenit Aerial Ballet

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Jueves 18 junio, 22:00 horas. Explanada del Palacio de Exposiciones y Congresos, 23 FEX (Festival Extensión) del 75 Festival Internacional de Música y Danza de Granada: Zenit Aerial Ballet, Helena Sánchez Hortal (dirección escénica): Aria.

Aria es un espectáculo de ballet aéreo de gran formato que transforma el cielo en escenario, combinando coreografía, música y ciudad en una experiencia visual y emocional única a 30 metros de altura. Según lo describe la propia compañía:

«es la evolución de un estilo artístico, un espectáculo eminentemente visual que combina el ballet aéreo con el hilo conductor de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Las fascinantes figuras en el cielo se transforman de manera hipnótica y nos recuerdan las coreografías de natación sincronizada y de ballet clásico. Una creación llena de alegorías y símbolos, evocando mitos y leyendas ancestrales que nos emocionan profundamente sin explicación. Una música, una melancolía de las estaciones que casi ya no existen y, sobre todo, un mensaje latente de regresar a ese equilibrio de la naturaleza que nos hacía tan felices.

Son capaces de generar momentos de una plasticidad y belleza sorprendente con la intención de hacernos conectar y celebrar el poder de los sentidos, contagiando las emociones directamente hasta acorralar la razón.

Destaca la energía que se origina, la complicidad de las bailarinas y su calma y suavidad, que se mezclan con la adrenalina a flor de piel. Un producto para todos los públicos y sin límite de aforo, a más de 30 metros de altura».

Zenit Aerial Ballet, con actuaciones en países como Francia, Taiwán, Colombia o México, y mientras preparan su desembarco en Suecia y Venezuela este verano, llegaba del Kaldearte en VitoriaGasteiz un equipo compuesto por 14 integrantes (ocho bailarinas) que recrearon esta noche de jueves una danza suspendida en el cielo, trasladando al público granadino el universo poético y celestial que evocan, todo un montaje donde combinar técnicas de danza clásica y contemporánea para acercar la danza, el arte y el movimiento al espacio urbano, lo que se llama actualmente “Arte de calle”.

La explanada granadina ya estaba al completo mucho antes de comenzar el espectáculo, y se divisaba una bola a la izquierda, en el centro la inmensa grúa tan importante y necesaria del espectáculo, y un escenario, tres puntos donde no perder detalle. Interesante la sinopsis de este original ballet aéreo que ayuda a entender mejor una coreografía sugerente de una belleza y plasticidad sorprendentes:

«Blancas como la Luna, las sílfides son los espíritus aéreos que la acompañan en su viaje alrededor de nuestro planeta.
La leyenda dice que, una vez cada 100 años, descienden a la Tierra, envolviendo cada rincón con su magia, llenando de belleza los cielos e inundando de paz y felicidad los corazones de aquellas personas que tienen la suerte de contemplarlas.
Cuentan que ese año las estaciones son más hermosas: los otoños más coloridos, los inviernos más blancos, las primaveras más floridas y los veranos más suaves.
Dicen que, cuando regresan a la Luna, su magia permanece en nuestros cielos, brillando como lágrimas doradas por la añoranza que les produce dejar la Tierra».

Y desde la gran bola ascendían al atardecer ocho sílfides que dibujarían coreografías increíbles, sujetas por unos cables que por momentos olvidábamos para disfrutar de unos espíritus aéreos mientras sonaba un Vivaldi electrónico sin perder la esencia original, buena fusión y trabajo de mezcla.

Flotaban sobre nuestras cabezas, enfocaban cañones de luz mezclados con las luces de los teléfonos que intentaban captar cada momento, cada movimiento flotando en un cielo anaranjado.

Sin descanso, transitando por el aire (increíble el trabajo del gruista), los espíritus blancos descendían a tierra hasta el escenario que proyectaba colores, baile contemporáneo, cambios de estación vivaldiana, ambiente cálido de verano y nueva elevación donde bailar conformando combinaciones a pares, giros circenses, dos bailarinas sujetando a una tercera sin arnés, las ocho trepando por los cables cual trapecistas sin red, y creando imágenes bellísimas donde las formas y la luz resaltaban aún más un Vivaldi de DJ.

Transcurrían las estaciones, cambiaban los movimientos, los colores,  nueva bajada a la tierra boca abajo casi besando el suelo, ante el asombro de los más cercanos a las ocho hadas del cielo, movimientos increíbles, aplausos ante cada “pausa” escénica mientras la música no cesaba y se pasaba del aterrizaje al despegue.

El tiempo musical y el otoño de la caída de las hojas, flotando en la ya noche granadina antes del blanco invierno y la blanca luna (la que hechizó a Lorca), globos en el aire que soltarían cual nieve poética con el público compartiendo una coreografía espectacular, auténtica maravilla donde las ocho artistas conjugaron desde la acrobacia un baile urbano surcando el cielo nazarí a la espera del verano que ya llama a la puerta.

Enhorabuena al FEX por acercar este espectáculo del Zenit Aerial Ballet tan internacional como el propio Festival de Música y Danza de Granada con esta apuesta novedosa, actual, enriquecedora y que muestra una óptica actual y juvenil del llamado «tercer arte» aún más visual del que nos espera este viernes 19 en el Teatro del Generalife, pero serán otras historias para seguir cortándolas desde aquí.

AERIAL BALLET

Helena Sánchez (España) · Andrea Vargas (España) · Wilma Puentes (España) · Saray Huertas (España) · Silvia Moroni (Italia) · Paula Saiz (España) – Paloma Maciá (España) · María Serrano (España) · Maria Palazón (España) · Melodía García (España) · Maria Teresa Antón (España) · Elisa Angelucci (Italia) – Andrea Arnaiz (España) · Yaiza Vicedo (España)

DIRECCIÓN BALLET AÉREO

Helena Sánchez (España)

PRODUCTOR EJECUTIVO

Nando Coderch (España)

ROAD MANAGER & BOOKING

Carlo La Marca (Italia)

DIRECCIÓN TÉCNICA Y RIGGING

Jorge Rodríguez (España)

COREOGRAFÍA

Melodía García (España) · Helena Sánchez (España) e intérpretes

DISEÑO DE LUCES E ILUMINACIÓN

Juan Francisco García (España)

DIRECCIÓN DE GRÚA

Salvador Rocher (España) e intérpretes

ASISTENCIA TÉCNICA

Carles Gallart García (España)

VÍDEO Y FOTOGRAFÍA

Max Romanenko (Rusia) · Laura Divella (España) · Pau Sanchís (España)

Desde Bremen, plurales y actuales

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Lunes 20 de abril, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo: XIII Primavera Barroca, CNDM Circuitos Oviedo: Marsyas Baroque: Musas y heroínas.

Prosigue la decimotercera Primavera Barroca ovetense en colaboración con el CNDM y con otra conferencia previa para este cuarto concierto, enfocada a estudiantes del Conservatorio Superior de Música de la capital y la Universidad de Oviedo, presentado nuevamente por el doctor Ramón Sobrino, que nos darían la leonesa Sara Johnson Huidobro (a quien recordé hace casi 13 años en Gijón cuando ya apuntaba maneras estudiando en Zaragoza) y la tarazonesa (o turiasoniense) María Carrasco Gil preparándonos el concierto posterior, y aclarándonos tanto el origen del nombre de este cuarteto germano español (dos a dos) residente en Bremen, sin olvidarse de quién era Marsias (un pastor, ora sileno, ora sátiro, cuya leyenda se sitúa en Frigia y considerado el “inventor” del aulós, opuesto a la flauta de Pan, y desafiando nada menos que al dios Apolo, lo que le llevó a morir desollado tras ser vencido en el duelo). Alternando el uso de la palabra nos  desgranarían un programa titulado Musas y heroínas”, que se completaba perfectamente con las notas del especialista sevillano Pablo J. Vayón que además añade al título “… y artistas”.

Para este concierto, que ya interpretaron en Madrid el pasado enero, lo presentarían desde “La doble cara de la feminidad”: la mujer como arquetipo, alegoría o construcción poética, y la creación de la mujer como arquitecta de su propio discurso y gestora de su autonomía intelectual.

Se agruparon y analizaron las obras y su autoría en seis bloques:

I. Construcciones de lo femenino: de la ninfa transformada a la palabra de la heroína”, donde estaban Jacob van Eyck y G. Ph. Telemann.

II. El parnaso francés: El manifiesto de Marin Marais y Michel Blavet”, el barroco elegante especialmente para el clavecín tan distinto del alemán.

III. Bayreuth como epicentro: El diálogo entre la soberana y la virtuosa” en referencia a las obras de Wilhelmine von Bayreuth y Anna Bon di Venezia (egresada del Ospedalle della Pietà).

IV. “Celdas y Salones: La doble geografía de la creación barroca” con Isabella Leonarda, Claudia Francesa Rusca y Élisabeth Jacquet de la Guerre.

V. “El enigma y la modernidad: De la identidad oculta a la vanguardia de Marsyas”, con esa probable compositora que firmaba como Mrs. Philarmonica, al estreno de la italiana Alessandra Bellino (Nápoles, 1970) de su obra dedicada al cuarteto, con explicación de Sara Johnson sobre un fragmento de la partitura y explicándonos que el clave con el que hoy tocaba no tenía el registro a solo de cuatro pies, que al faltarle la octava aguda no es tal como lo escribió la napolitana para los más actuales, pero sí con el resto de registros, incluyendo el de laúd; finalmente el

VI. “La Pietà: La profesionalidad de la alteridad” con Vivaldi formando a las alumnas del hospicio veneciano de donde salían jóvenes virtuosas y “donde la frontera entre práctica profesional y educación de vida resultó especialmente permeable” como refiere mi tocayo sevillano, y de donde también saldría Anna Bon di Venezia como una de las destacadas en la música de su tiempo y excelente alumna, hija de una soprano y de un libretista de ópera, que escribió mucha música para flauta, siendo una auténtica virtuosa que luego veremos relacionada con Guillermina de Prusia.

Tras tres cuartos de hora y una vez informados del origen de este original programa ejecutado en el orden que figura al final de esta entrada, con tiempo para un café y la necesaria afinación del conjunto, comenzaría con puntualidad británica el concierto de “Las cuatro de Bremen” y otra excelente entrada con todo vendido, lo que corrobora el éxito de este ciclo entre el público asturiano.

De G. Ph. Telemann (1681-1767) y su Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, serían María Carrasco Gil y Paula Pinn las solistas con ese cambio tímbrico sobre el original en los movimientos asociados a las musas y diosas, siendo la violinista quien nombraría a cada una (Xantippe, esposa de Sócrates, la ultrajada Lucretia, la poetisa Corinna, la valiente Clelia o la legen­daria Dido) en una interpretación bien conjuntada con el continuo de Konstanze Waidosch y Sara Johnson.

La Sonata para flauta y bajo continuo en la menor de Wilhelmine von Bayreuth en tres movimientos (I. Affettuoso – II. Allegro – III. Presto) nos traería el dúo de la leonesa y la alemana que iría alternando a lo largo del concierto las distintas flautas de pico apropiadas a las tonalidades, virtuosa en los movimientos rápidos y con excelentes fraseos en los lentos. Interesante saber que la compositora es Guillermina de Prusia, her­mana de Federico el Grande y margravina de Bayreuth, donde, entre otras cosas, dejó un precioso teatro que sigue en pleno uso y donde Marsyas Baroque también actuaron, la procedencia noble y la ya citada Anna Bon di Venezia, que fue nombrada en 1756, con solo dieciséis años, virtuosa di musica di came­ra en la corte del margrave, cuando a Guillermina le quedaban dos años de vida, como nos cuenta en las notas mi tocayo sevillano.

Si en Telemann uno de los violines fue flauta, en el Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (de los “Sei divertimenti”) de la alumna veneciana, el violín respiró y cantó con la misma intención que en el compositor del Sacro Imperio Romano Germánico, con un cuarteto bien ensamblado y de balances difíciles por las distintas dinámicas de cuatro instrumentos que lograron buscar un buen “sonare”.

Para las obras siguientes cambiarían la ubicación primera permutando violín y chelo tras presentar Sara Johnson el siguiente bloque, volver a explicar las características del clave ovetense, el diálogo Blavet-Rameau con un bello dúo de cello y flauta, donde las musas son invocadas genéricamente, más la obra de la napolitana Alesandra Bellino presente en la sala, que estrenasen en Madrid y tiene la originalidad de escribir música actual para esta formación instrumental barroca en este universo femenino. Paula Pinn elegiría la flauta soprano más aguda de su “arsenal” (hasta seis usaría) y el cuarteto interpretó esta partitura llena de disonancias, tímbricas extremas y uno uso de cada instrumento “rompedor” para ellos y plenamente innovador. Partitura inspirada en la mitología y en las sonoridades históricas, establece un diálogo contemporáneo con los siglos XVII y XVIII, reafirmando la vigencia creativa de los referentes femeninos y la capacidad del repertorio antiguo para inspirar nuevas lecturas precisamente por la sonoridad buscada en este rendido homenaje al gran maestro Luigi Dallapiccola celebrando el cincuenta aniversario de su muerte.

Tras la explosiva obra el “remanso” del clave solo y elegante de Élisabeth Jacquet de La Guerre , de biografía interesante pues fue niña prodigio admirada por todos, que acabó instalándose en París con su marido -el organista Marin de La Guerre– y lo hizo como compositora libre llegando a publicar colecciones de música para violín y clave, abriendo un salón de formidable éxito social. Criada en Versalles allí coincidiría con Marin Marais, y de él escuchamos dos movimientos de la Suite a tres en sol menor (1692), pues además del conocido legado para la viola, es autor de una colección menos conocida de tríos como el que disfrutamos, manteniendo la colocación y retomando una flauta contralto, con una buena combinación y alternancia de dúos y tutti que cerrarían la primera parte de estas barrocas.

Abriría la segunda parte la flauta soprano sola de Paula Pinn con una de las diferencias sobre “Doen Daphne d’over schoone Maeght” de Jacob van Eyck (ca. 1590-1657), el carillonero ciego de Utrecht, donde se retrata la belleza proverbial de Dafne -la ninfa deseada por Apolo y trans­formada en laurel- como explica en las notas al programa Pablo J. Vayón, para proseguir con la procedencia conventual de Claudia Francesca Rusca y su Canzon prima à 4 ‘La Borromea’ (de Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi) ya con el cuarteto al completo.

Llegaría el momento del lucimiento de la española María Carrasco al violín con la Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº12 de la monja ursulina, organista, cantante y prolífica compositora italiana Isabella Leonarda, la primera mujer en publicar una colección de sonatas arrancando con el clave para sumarse el cello en el cambio de tempo.

Esquiva a los historiadores y sin saber su sexo real, Mrs. Philarmonica dejó en Londres un par de publicaciones para violín y de su Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (de la Sonate a due violini…, prima parte, 1715) escuchamos sus cuatro movimientos (I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto) donde nuevamente la flauta “hizo de violín” con todas las dificultades de los ornamentos, el virtuosismo del Vivace o el excelente diálogo con el violín en una interpretación de altura por parte igualmente del bajo continuo (siempre impecable Konstanza Waidosch).

Y nadie mejor para finalizar que Il Prete Rosso con uno de sus conciertos de cáma­ra: el Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 para disfrutar de una inspirada Paula Pinn bien arropada por sus tres compañeras, los movimientos rápidos vertiginosos más el intermedio que pese a no indicarse el tempo, como ya habían explicado en la conferencia, toman los motivos escritos por Vivaldi que se han utilizado en otros conciertos para violín como el “Per Anna Maria”, del que el cuarteto toma parte de los motivos del veneciano.

Sin entrar ya en musas aunque sí fueron “heroínas y artistas”, el regalo de una danza virtuosa para otra flauta y Marsyas Baroque: «Ballo detto Pollicio»de Tarquinio Merula (ca. 1595-1665), agradecidas tanto al CNDM como a todo el personal del Auditorio de Oviedo y la mejor recompensa de una ovación cerrada en este nuevo concierto primaveral de la capital asturiana a la que aún quedan dos más.

PROGRAMA:

Georg Philipp TELEMANN (1681-1767)
Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, TWV 42:C1 (ca. 1728).

I. Introduzione. Grave. Vivace. Andante. Vivace – II. Andante. Vivace – III. Xantippe – IV. Lucretia. Largo – V. Corinna – VI. Clelia. Spirituoso – VII. Dido. Triste. Disperato

Wilhelmine von BAYREUTH (1709-1758)
Sonata para flauta y bajo continuo en la menor

I. Affettuoso II. Allegro III. Presto

Anna Bon di VENEZIA (ca. 1738-1765)
Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (Sei divertimenti, 1759):

I. Andantino – II. Allegro – III. Presto.

Michel BLAVET (1700-1768) / Jean-Philippe RAMEAU (1683-1764)

De la Suite en E, si, mi (Troisième recueil de pièces):

V. L’entretien des muses-Gracieux

Alessandra BELLINO (1970)

Marsýas * (2025)

Élisabeth JACQUET DE LA GUERRE (1665-1729)

De la Suite para clave solo en sol menor (Les pièces de clavecin, premier livre, 1687):

I. Prélude

Marin MARAIS (1656-1728)

De la Suite à trois en sol mineur (Pièces en trio, 1692):

X. Plainte XI. Passacaille

II

Jacob van EYCK (ca. 1590-1657)

De Der Fluyten Lust-Hof (1644):

Diferencias sobre ‘Doen Daphne d’over schoone Maeght’

Claudia Francesca RUSCA (1593-1676)

De Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi (1630):

Canzon prima à 4 ‘La Borromea’

Isabella LEONARDA (1620-1704)

Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº 12 (1693)

Mrs. PHILARMONICA (fl. 1715)

Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (Sonate a due violini…, prima parte, 1715):

I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto

Antonio VIVALDI (1678-1741)

Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 (1720-1724):

I. Allegro – II. [Sin indicación] – III. Allegro

* Estreno absoluto

MARSYAS BAROQUE

Paula Pinn, FLAUTAS DE PICO:

María Carrasco Gil, VIOLÍN BARROCO:

Konstanze Waidosch, VIOLONCHELO  – BARROCO:

Sara Johnson Huidobro, CLAVE:

Serena Sáenz brilla en Oviedo

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Martes 7 de abril, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, XIII Primavera BarrocaCNDM “Circuitos Oviedo”: Serena Sáenz, (soprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (clave y dirección). Obras de Vivaldi, Rameau y Haendel. Fotos de Pablo Piquero y propias.

Tercer concierto de esta decimotercera «Primavera Barroca» ovetense en colaboración con el CNDM que dirige Francisco Lorenzo, hoy presente en esta ideal sala de cámara, y con la conferencia previa para estudiantes del Conservatorio Superior de Música y la Universidad de Oviedo, hoy en mayor número que las dos anteriores (se nota menor carga de exámenes), que presentado por el doctor Ramón Sobrino nos daría Dani Espasa, desgranándonos lo que sería el concierto posterior.

Además de hablarnos del bajo ostinato que será uno de los recursos más utilizados desde entonces a lo largo del tiempo, comenzaría por aclararnos cómo elegir este programa que el sevillano Pablo J. Vayón titula «Juego de espejos» en sus notas al programa, y qué mejor que comenzar con Vivaldi que en la primera aria de Bajazet («Sposa, son disprezzata»), está tomada de un aria de Giacomelli y resignificada para su nueva circunstancia con otra letra, una práctica de «pastiche» muy habitual de entonces, incluso reutilizando materiales propios para distintas obras, como veríamos más adelante. No es una limitación creativa sino  que «revela una concepción profundamente pragmática del teatro musical, en la que la verdad expresiva depende de su capacidad para conmover y definir con precisión el estado afectivo deseado» como (d)escribe mi tocayo. En la Sinfonía inicial ya aparece  el bajo ostinato y el tema en otra tonalidad de «La Primavera» en el III movimiento (como también lo hará en el segundo de Orlando Furioso) redundando en lo que hoy llamaríamos reciclaje.

De Rameau y Les indes galantes, Espasa confesaba que hace una suite un tanto personal por el orden y elección de los distintos números, a veces buscando tonalidades cercanas, cómo utiliza la improvisación en la mano derecha a partir del bajo escrito, o combinar timbres de soprano y flauta. En el caso del aria de Platée nos contaría que el personaje es una rana en esa ópera, un guiño a la no muy agraciada princesa española (no citó que se trataba de María Teresa de Austria y Borbón) casada con el rey Luis XIV, y donde podríamos ver lo excelente actriz y cantante Serena Sáenz, a quien Dani Espasa «descubrió» cuando tenía 14 años y hoy es toda una figura internacional.

Para la segunda parte sería el alemán Händel el elegido, quien con 22 años se fue a estudiar un «Erasmus» (como ironizó el catedrático Sobrino) a Roma que le marcará para siempre, incluso siendo italiano desde su nueva nacionalidad inglesa. Será un admirador de Corelli quien como concertino estrenó alguna de sus óperas  y oratorios (Il trionfo del Tempo e del Disinganno), se inspirará en los Concerti Grossi del maestro entonces londinense pero netamente «corelliano». Nuevamente reciclará melodías, caso de su Lascia la spina que canta Piacere en el citado oratorio, la primera vez que la compone en Italia y aparecerá en otras obras con letras distintas y alguna variación melódica que conviene no cantar o tocar la más popular Lascia ch’io pianga. Y cerrará concierto el aria de Morgana de su ópera Alcina.

A una pregunta de un alumno sobre qué temperamento utilizaba, el maestro Espasa sin ahondar en demasiados tecnicismos que daría para otros 50 minutos de clase, nos citó a Johann George Neidhardt el “loco de los temperamentos”, habló de la afinación que para el intervalo de «tercera pura» es mucho más complicada y que la quinta, 5ª, que tiene por acústica a estar baja, siendo habitual el llamado temperamento mesotónico en el barroco por ejemplo de de Monteverdi, mientras que en cuanto a las nuevas tonalidades que surgen en el Barroco, fluctúan medio tono bajo como era en Rameau (390Hz) respecto al piano actual (440Hz) que usa Vivaldi, y que para este concierto se afinaría todo a 415Hz para evitar complicaciones a los distintos instrumentos.

Con una sala al completo que sigue demostrando la vigencia del Barroco entre todos los públicos, volvía por tercera vez a la capital asturiana Vespres d’Arnadí tras un recordado «Orlando doble» en junio de 2016 con Xabier Sábata, y con Vivica Genaux hace cinco años en plena Pandemia que no nos privó de un memorable Hasse entre otros barrocos. Fieles a repertorios muy bien armados y con voces de primera arrancarían el concierto con una plantilla para la ocasión, formación solo de cuerda comandada por la canadiense Farran Sylvan, más Josep María Martí al laúd (impecable todo el programa) junto al propio Dani Espasa al clave y un continuo preciso para un Vivaldi «de manual» por contrastes de tempi, matices y expresividad en todo el orgánico.

Tras la Sinfonia y los posteriores tres movimientos de Dorilla in Tempe, RV 709, aparecía en escena la soprano catalana Serena Sáenz (Barcelona, 1994), para interpretarnos dos arias distintas en carácter e iguales en dificultad: «Sposa, son disprezzata» de la Irene del Bajazet (Il Tamerlano), y Licore con el «Alma oppressa» (de La fida ninfa). La instrumentalización de la voz a cargo del Vivaldi maduro, puro e implacable virtuosismo lleno de ornamentaciones, agilidades increíbles, exigentes fiatos y hasta una bravura o furor con una orquesta sobresaliente en el impulso rítmico que la barcelonesa bordó.

En plenitud vocal, Serena Sáenz deslumbró por un color de voz carnoso de agudos cristalinos y graves livianos mas suficientes, pero sobre todo por su expresividad, tanto vocal como corporal, diferenciando cada rol, moviéndose en este Vivaldi con un dominio total y unos «da capo» portentosos que son el meollo de la música barroca.

Su descanso llegaría con la «Suite Espasiana» de Les indes galantes (Rameau). Incorporándose al orgánico primero Marina Durany con el traverso (también el piccolo) y después el oboe de Pere Saragossa. Vayón escribe: «Si el principal parámetro de la música era la melodía, como querían Rousseau y los defensores de la ópera italiana, la alternancia de recitativos y arias se convertía en el eje sobre el que descansaban las obras; si en cambio era la armonía, como pensaban Rameau y los defensores de la ópera francesa, la escena, constituida de recitados, breves arias, coros y danzas, devenía unidad dramática mínima«, y en la combinación de estas galantes indias, Vespres D’Arnadí fueron fieles a la definición de este dulce tradicional valenciano que suele elaborarse durante el tiempo de Cuaresma y Semana Santa, casi cual mantecado avilesino de Pascua por la exquisitez de los ingredientes elegidos para este plato musical francés de la formación y «sin calabaza». Siete números donde no faltó la famosa melodía del Air pour les sauvages antes del Tambourin literal (con Dani Espasa en la pandereta) luminoso y un alarde instrumental por parte de todos para este muestrario así organizado preparando sin oboe las dos últimas arias de Serena Sáenz: la pastora de Hippolyte et Aricie, donde el dúo de la soprano con el traverso fueron unos «Rossignols amoreux» más el solo de violines y clave un remanso pastoril antes de la graciosa y expresiva aria de esa rana loca «Aux langueurs d’Apollon» en la citada ópera Platée. El cierre de esta primera parte fue perfecto para redondear un éxito de la soprano catalana, madurez vocal total, manejando todos los recursos desde una técnica impecable y una escena donde ojos y manos subrayaban un texto irónico lleno de gracia, y hasta tener «mando en plaza» casi llevando a la cuerda a su terreno de virtuosismo y teatralidad.

De Händel a Haendel, de Alemania a Inglaterra pero siempre el Handel de fondo «italiano» la segunda parte que se abría sólo con la cuerda para el aria de Belleza Tu del ciel ministro eletto del oratorio ya comentado en la introducción y conferencia. Serena Sáenz, con nuevo y elegante vestuario en blanco y negro para este monográfico haendeliano, volvió a sentar cátedra, jugando con los tempi y bien arropada por unos músicos siempre ensamblados que brillaron sobre todo en el dúo entre violín y laúd a la misma altura expresiva que el aria, pura belleza vocal e instrumental.

Perfecto colocar a continuación el Concerto grosso en sol mayor, op. 6, nº 1 sumándose el oboe de Saragossa para completar esa sonoridad única que logra ese instrumento en estos conciertos donde alterna el grosso con los excelentes solistas (violinesI y II,  viola y cello) y el clave perlado de un Espasa que respira con sus músicos, cinco movimientos en alternancia de aires bien ceñidos a las indicaciones, donde los tiempos rápidos mostraron la conjunción de todos ellos con limpieza y precisión exquisita.

Quedaban otras dos arias con el mismo orgánico para seguir disfrutando de la soprano catalana, de nuevo el oratorio con la sentida Lascia la spina , Piacere del personaje y la interpretación que no todas las sopranos pueden cantar ante un registro grave al que la barcelonesa llega casi de puntillas para ornamentarlo y hacerlo brillar en el medio y agudo con su musicalidad y gusto.

Y salto a la Morgana de Alcina, otro aria como Tornami a vagheggiar , primorosa, corpórea, de agilidades portentosas y fiatos casi imposibles con total dominio de la respiración. Si en Rameau su voz fue un ruiseñor, el canto haendeliano de Sáenz resultó todo un catálogo ornitológico de trinos, saltos, diálogos con el violín, el ropaje perfecto de Vespres d’Arnadí y un cierre que levantó al público de las butacas.

Sin aparente cansancio y comentando que era un «suicidio» llegaría el primer regalo, por supuesto Händel y el aria «Agitato da fiere tempeste» (de Riccardo Primo, Re d’Inghilterra), más que un tour de force todo un gimnasio de vocal para el diafragma con amplias y necesarias respiraciones imperceptibles por la técnica de la soprano catalana nuevamente pletórica en esta joya operística italiana en el Londres triunfante de George Frideric Haendel.

Nueva apoteosis de aplausos entre un público ya entregado, ¡Bravos! varios y nada mejor que cerrar con «Piangerò la sorte mia» (del Giulio Cesare), sentada junto a Dani Espasa en el inicio, con la flauta emulando y completando su voz, un cambio de tempo encajado a la perfección con un ensamble ideal, atento, versátil, y el remanso final «da capo» de maravillosos ornamentos en este concierto donde Serena Sáenz enamoró de principio a fin.

 

PROGRAMA:

I

Antonio VIVALDI (1678-1741)

De Dorilla in Tempe, RV 709 (1726):

Sinfonía – I. Allegro – II. Andante – III. Allegro

De Bajazet (Il Tamerlano), RV 703 (1735):

Aria de Irene: Sposa, son disprezzata (acto I, escena 7)

De La fida ninfa, RV 714 (1732):

Aria de Licori: Alma oppressa (acto I, escena 10)

Jean-Philippe RAMEAU (1683-1764)

De Les indes galantes, RCT 44 (1735):

Air des incas pour la dévotion du soleil (entrada I I , escena 5)

Adoration du soleil (entrada II, escena 5)

Air pour les esclaves africains (entrada I, escena 6)

Air pour Borée et la Rose (entrada III, escena 8)

Menuet I y II (prólogo, escena 2)

Air pour les sauvages (entrada IV, escena 6)

Tambourin I y II (entrada I, escena 6)

De Hippolyte et Aricie, RCT 43 (1733):
Aria de una pastora: Rossignols amoureux (acto V)

De Platée, RCT 53 (1745):
Aria de La Folie: Aux langueurs d’Apollon (acto I, escena 5)

II

George Frideric HAENDEL (1685-1759)
De Il trionfo del Tempo e del Disinganno, HWV 46a (1707):

Aria de Bellezza: Tu del ciel ministro eletto (parte II, 28)

Concerto grosso en sol mayor, op. 6, nº 1 (1739):

I. Tempo giusto – II. Allegro e forte – III. Adagio – IV. AllegroV. Allegro

De Il trionfo del Tempo e del Disinganno, HWV 46a (1707):

Aria de Piacere: Lascia la spina (parte II, 16)

De Alcina, HWV 34 (1735):
Aria de Morgana: Tornami a vagheggiar (acto I, escena 14)

INTÉRPRETES:

VESPRES d’ARNADÍ (grupo residente de la temporada 25/26 del CNDM)

Farran Sylvan James, Cecilia Clares y Oriol Algueró VIOLINES I

Ricard Renart, Maria Gomis y Marta Atcher VIOLINES II

Natan Paruzel y David Glidden VIOLAS

Oriol Aymat VIOLONCHELO

Mario Lisarde CONTRABAJO

Josep Maria Martí ARCHILAÚD

Marina Durany TRAVERSOs

Pere Saragossa OBOE

SERENA SÁENZ SOPRANO
DANI ESPASA CLAVE Y DIRECCIÓN

Esplendor Barroco

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Lunes 2 de febrero día 6 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Catedral de Santa María de Plasencia (Cáceres). Miriam Hontana (violín), Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach y Vivaldi. Fotos propias y de Sandra Polo.

(Crítica para Scherzo y aquí con la tipografía que las webs no admite así como los siempre enriquecedores enlaces -links- y más fotos de Sandra Polo).

Sin el inicio del IV Festival Atrium Musicae tenía lugar en Coria con el concierto de órgano a cargo de Benjamin Alard, la clausura de este intenso festival nos devolvía al Camino de La Plata con parada final en Plasencia, también con órgano (el que se instaló en 1919 y restaurado por José Antonio Azpeitia en 2023) añadiendo el violín para unir dos generaciones de maestros: el consagrado Daniel Oyarzabal y la joven Miriam Hontana en un programa con música de dos de los grandes de la primera mitad del siglo XVIII, Bach y Vivaldi, un dúo que en Madrid ya actuó en el Bach Vermut allá por noviembre de 2023 además de formar el conjunto OBNI (Objeto Barroco No Identificado) participando en el FIAS de 2022.

La amplia reverberación catedralicia no ayudó a disfrutar en todo su esplendor de un órgano algo desafinado y con “gemidos, en parte por la climatología y el poco uso, un instrumento que necesita respirar para vivir y mantenerse en forma, pero la calidad y buen oficio del dúo nos hicieron disfrutar de un repertorio que se organizó a pares entre “El Kantor” y el “Prete Rosso”, emparentando obras de cámara y piezas solísticas, alternando transcripciones y conciertos que muestran la fecunda relación entre ambos compositores.

Se abría la fría tarde con el Preludio BWV 568 impetuoso y potente aunque necesitado de más presencia en el pedalero a cargo de Daniel para proseguir con el arreglo que el propio Bach hizo sobre el concierto para dos violines RV522 del italiano, tres movimientos variados en registros, graves en el Allegro inicial, agudos para el Adagio central y plenos para el Allegro final.

Y el órgano se convirtió en el continuo de la Sonata BWV 1023 para que Miriam Hontana arrancase con una cadenza de cortar la respiración antes del Adagio ma non tanto, la Allemande y la Gigue siempre en primer plano gracias a una sabia elección de registros en el órgano de balances bien equilibrados. En cambio con la vivaldiana RV12 tras un Adagio inicial preciso y sentido, la reverberación empañó los siguientes tres movimientos, con sonidos “confusos” que mezclaban los registros del órgano y la sonoridad propia de un violín que en el Presto voló sin poder despegar toda la belleza de esta sonata.

Siguiente bloque emparejado, la Fuga en sol menor para violín y continuo BWV 1026 adoleció de la mala acústica pese a la tímbrica de un violín de graves redondos y agudos limpios bien arropados por los registros del órgano. Seguiría el célebre “Invierno” de Las Cuatro Estaciones, más equilibrado, con tiempos más ligeros (obviando el “molto”), virtuosa Miriam Hontana y certero Daniel Oyarzabal con unos excelentes registros “orquestales” más los silencios y articulación que esta vez sí ayudaron a una mayor limpieza de escucha para apreciar tanto una ejecución muy personal de la violinista, expresividad desde el respeto a este opus 8 RV 297 del que aportar la frescura e ímpetu solista y la registración capaz de engañar al oido por lo acertada.

No hay mejor forma de finalizar que Bach, Oyarzabal en solitario con el coral In dir int Freude, BWV 615, del”Libro de órgano” nuevamente pletórico de sonoridades, al fin el pedalero presente sustentando la melodía y registros idóneos para este rey del barroco.

Aprovechando esta joya, Miriam Montana bajaría hasta el crucero catedralicio para interpretar en solitario la monumental Ciaccona para violín de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, intensidad emocional, sensibilidad, fraseos personales, dominio técnico asombroso y un sonido que esta vez la acústica lo repartió por todo el templo, desde un violín plenamente barroco que resultó un regalo para el público que abarrotó la Catedral de Santa María. La joven madurez donde ya hay un trabajo no solo técnico sino introspectivo para afrontar esta chacona con la sonoridad y el poso de esta artista.

Aún quedaba una propina vivaldiana, el Largo del Concierto para violín en Si menor, RV 389, con Oyarzabal en el órgano y Hontana en el crucero en esta clausura esplendorosa de la cuarta edición de AtriumMusicae, que se ha saldado con un gran éxito de público en todas sus citas, incluso en las que han tenido lugar fuera de la capital, esperando ya la de 2027 que a buen seguro seguirá creciendo como la propia Fundación Atrio de Cáceres, fiel a su slogan “Sonidos que construyen legados, donaciones que transforman”.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Preludio en sol mayor, BWV 568

Antonio Vivaldi (1685-1750)
Concierto en re menor, BWV 596
(arreglo para órgano de J. S. Bach del Concierto para dos violines en re menor, RV 522 (de L’Estro Armonico)

Johann Sebastian Bach
Sonata para violín y continuo en mi menor, BWV 1023

Antonio Vivaldi
Sonata para violín y continuo en re menor, RV 12

Johann Sebastian Bach
Fuga en sol menor para violín y continuo, BWV 1026

Antonio Vivaldi
Concierto n° 4 en fa menor, op. 8, RV 297 “El Invierno” (de Las Cuatro Estaciones)

Johann Sebastian Bach
In dir ist Freude, BWV 615, BWV 731
Ciaccona para violín solo de la Partita n° 2 en re menor, BWV 1004

Orlando curioso

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Miércoles 19 de noviembre de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. A. Vivaldi (1678-1741): «Orlando Furioso» RV 728.

(Crítica para Ópera World del viernes 21 de noviembre, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Iván Martínez más alguna propia)

La Ópera de Oviedo volvió a demostrar en esta LXXVIII Temporada que su política de programación no teme los riesgos. Si el curso pasado recuperaba «Arabella», ahora traía al Campoamor, por primera vez en su historia, uno de los títulos más celebrados —y durante siglos más olvidados— de Antonio Vivaldi: «Orlando furioso», ópera estrenada en 1727 y hoy todavía infrecuente en los grandes teatros. La apuesta, valiente y culturalmente necesaria, certifica la voluntad de la institución ovetense de abrir su temporada a repertorios menos transitados, ampliando horizontes para su público, aunque el carbayón no estuvo lo que se dice entusiasmado pese a la buena entrada en esta tercera representación, pues al descanso se vaciaron butacas y al final del segundo acto, pese a la advertencia de ser una pausa técnica rogando no abandonar los asientos, se obvió por otra parte del respetable, puede ser también por el horario que nos llevaría hasta casi las once de la noche y seguro había de administrarse algún medicamento.

Como nos recordaba el musicólogo Ramón Sobrino Cortizo en la conferencia previa del pasado día 11, Vivaldi abre una puerta a la magia y la locura de Orlando, y ”la partitura es un auténtico festín para los cantantes, que pueden mostrar su virtuosismo”, recordándonos que Il prete rosso compuso más de 800 obras, de las cuales 51 son óperas siendo Orlando una de las más brillantes, por su fuerza musical, su rigor dramático y su riqueza emocional. A partir de la obra de Ludovico Ariosto (1532) Vivaldi compone una joya donde los celos, la magia y la locura se entrelazan en una trama ambientada en la isla encantada de Alpina, con los amores cruzados de Orlando, Angélica, Medoro, Ruggiero y Bradamante enfrentándose a los hechizos y trampas de la maga. «El héroe Orlando es una figura que atraviesa la historia literaria europea, desde la ‘Chanson de Roland’ medieval hasta la ‘Divina Comedia’ de Dante», señaló Sobrino Cortizo.

Vivaldi compone aquí un continuo de recitativos y arias da capo que exige a los intérpretes virtuosismo, variedad expresiva y un control absoluto del estilo, un esfuerzo físico que ahuyenta a grandes voces de este periodo de la historia lírica. El entramado vocal que subió al escenario del Campoamor —con predominio de voces femeninas y un único timbre viril real, el Astolfo de San Martín— lo confirma: todas las tesituras avanzaron por una partitura ardua, plena de agilidades, cambios de afecto y amplios saltos interválicos. A este mapa vocal se sumó la acústica propia del teatro, que permitió comprobar cómo ciertas voces se proyectaban mejor cuando la escena las situaba en posiciones delanteras, y especialmente al lado derecho del escenario (que la gran Montserrat Caballé siempre elegía en tiempos de menor importancia en la escena), un fenómeno que no siempre coincidió con las necesidades dramáticas.

Aarón Zapico, profundo conocedor del repertorio barroco, planteó una lectura contrastada y teatral desde la Sinfonía u obertura inicial, con tempi vivos y mucha atención al color. En las funciones anteriores hubo comentarios y críticas sobre el desequilibrio recurrente entre el foso y las voces, si bien en esta tercera fue menor, al menos desde mi fila 12. En los tutti, especialmente en el primer acto, el empuje de la Oviedo Filarmonía, solvente y poco habituada a este repertorio, demostró su ductilidad en todos los estilos, esta vez con un continuo que brilló siempre (David Palanca al clave, Guillermo L. Cañal al chelo y Pablo Zapico a la tiorba) desde un trabajo ejemplar que aportó armazón expresiva y claridad retórica, junto a la cuerda guiada por Jorge Jiménez, otro referente en este estilo, que nos dejaron momentos de sonoridad luminosa para una plantilla personalmente algo numerosa por las dinámicas empleadas.

El elenco reunió mayoritariamente debutantes en la temporada ovetense, lo que añadió un punto extra de riesgo aunque al ser la tercera de las cuatro funciones se avanzó en seguridad. El contratenor Arnaud Gluck (Ruggiero) fue, para buena parte del público y crítica, el triunfador vocal de este miércoles, muy aplaudido en sus intervenciones solistas, y a quien recordamos en el espíritu del «Dido y Eneas» de hace un año dentro de los Conciertos del Auditorio. De voz delicada y lírica, encontró en la instrumentación más liviana de sus arias el espacio ideal para ornamentaciones elegantes y un fraseo de enorme sensibilidad, especialmente en las dos arias lentas a las que aportó esa languidez de su rol: Sol da te, mio dolce amor del acto primero (escena duodécima) con la flauta magistral de Mercedes Schmidt, y Pianger, sin che l’onda del pianto del segundo acto con el chelo del continuo.

La soprano vizcaína Jone Martínez (Angélica) se impuso como la voz de mejor proyección y timbre bello. Técnica segura, coloraturas impecables y un trabajo actoral que reforzó la dimensión afectiva del personaje. En muchos pasajes, su Angélica eclipsó al propio Orlando.La mezzo chilena Evelyn Ramírez (Orlando) firmó un personaje complejo con un timbre oscuro y homogéneo, algo corto en volumen en la zona grave, yendo de menos a más, que en su tercer acto mostró mayor resolución y autoridad dramática con unas coloraturas ya nítidas. No es una “contralto con calzones” pero sí tiene gran capacidad expresiva para su color de voz, además de una innegable preparación física para poder cantar encaramándose a la cueva, aunque se perdiese algo de proyección por esa ubicación.

Segunda mezzo, Shakèd Bar (Alcina) aportando solidez, volumen y un punto de crueldad escénica bien administrado, resolviendo con credibilidad las exigencias del rol pleno de ornamentos virtuosísticos, con otro color para poder diferenciarse dentro del póquer en esta cuerda donde las contraltos escasean.

La tercera sería Serena Pérez (Medoro). La asturiana ofreció una línea elegante y un fraseo refinado en una tesitura incómoda, aunque la orquesta la cubrió en algún momento pero siempre de voz redonda y madurando poco a poco con un trabajo en evolución constante.

Finalmente la griega Maria Zoi (Bradamante) con el barítono madrileño César San Martín (Astolfo) enfrentaron sus respectivas dificultades con desigual resultado. Ella, superada por volumen y algún recitativo desafinado; él, más cómodo a medida que avanzaba la función, con un tercer acto mejor resuelto, aportando la única voz grave del elenco.

El Coro Intermezzo que prepara Pablo Moras, volvió a mostrar su solidez habitual, preciso y empastado en sus breves intervenciones desde el foso, con volumen y buen gusto.

Volver a destacar en esta función el papel de los seis bailarines que acompañan la escena y dejaron cuadros de bella factura y plasticidad, así como los figurantes.

De la puesta en escena, estética, simbólica y estática por momentos. La propuesta de Fabio Ceresa, con escenografía de Massimo Checchetto, opta por elementos mínimos pero de fuerte impacto visual donde pasamos del cielo a los abismos: un puente articulado que une cielo y mar, donde pescar y lanzar la red que captura peces o estrellas; dos escalinatas y una gran luna central que mira desde arriba, giratoria que también hace las veces de trono de Alcina al volverse casi venera de la Primavera boticelliana, con colores sólidos excepto en el último acto.

No faltaron filtros de amor ni cueva. La disposición, simétrica y de gran plasticidad, compone cuadros vistosos aunque resta espacio de movimiento, generando cierto estatismo en algunos pasajes, si bien el inmenso hipogrifo (magistralmente manejado) se convirtió en un protagonista más. El vestuario de Giuseppe Palella y Elisa Cobello —rico, fantasioso, lleno de pedrería y de códigos cromáticos que distinguen mundos y hechizos— resultó uno de los mayores aciertos de la producción, sumándose la iluminación de Fabio Barettin para modular atmósferas y afectos mediante colores cálidos y fríos, completando un universo visual coherente y atractivo, tanto en los fondos como en la paleta utilizada en la concha, pues la fantasmagoría es fundamental para el juego de colores del propio texto de Ariosto, y como dice Ceresa en el libreto de este título, “todo está permitido en Orlando Furioso porque (…) es un mundo hecho de metáforas”.

Puedo concluir que este Orlando era un riesgo necesario y una apuesta valiente. Escuchar Vivaldi escenificado sigue siendo un acontecimiento y Oviedo apostó con audacia aunque el resultado no alcanzó la categoría de gran éxito, pero al menos marcó un paso adelante en la normalización del repertorio barroco dentro de la programación española. La función dejó contradicciones —estilísticas, acústicas y de equilibrio—, pero también momentos de bellísima musicalidad, voces emergentes de gran interés y una puesta en escena que supo iluminar el imaginario fantástico del libreto de Braccioli. Una noche irregular pero estimulante, que confirma que la ópera crece cuando se atreve.

FICHA:

Miércoles 19 de noviembre de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. A. Vivaldi (1678-1741): «Orlando Furioso» RV 728, “Drama per musica” en tres actos, con libreto de Grazio Braccioli, basado en el poema épico “Orlando furioso” (1516) de Ludovico Ariosto. Estrenado en el Teatro Sant’Angelo de Venecia, el 10 de noviembre de 1727. Coproducción de la Fondazione Teatro La Fenice y el Festival della Valle d’Itria di Martina Franca. Edición musical: Lina Manrique.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Aarón Zapico – Dirección de escena: Fabio Ceresa – Diseño de escenografía: Massimo Checchetto – Diseño de vestuario: Giuseppe Palella – Diseño de iluminación: Fabio Baréin – Dirección del coro: Pablo Moras – Maestra repetidora: Anna Crexells.

REPARTO:

Orlando: Evelyn Ramírez (mezzosoprano)* – Angelica: Jone Martínez (soprano)* – Alcina: Shakèd Bar (mezzosoprano)* – Bradamante: Maria Zoi (mezzosoprano)* – Medoro: Serena Pérez (mezzosoprano) – Ruggiero: Arnaud Gluck (contratenor)* – Astolfo: César San Martín (barítono).

Orquesta Oviedo Filarmonía

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

* Debutante en la Ópera de Oviedo

Paz y música sinceras

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Martes 28 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica), Año 119, concierto 14 del año 2025 (2.094 de la sociedad): Ángel Luis Sánchez Moreno (oboe y director) y Ensemble, Iliana Verónica Sánchez (soprano), Daniel Oyarzábal (clave). Nulla in mundo Pax Sincera, obras de A. Marcello, Vivaldi, Mozart y Bach.

Con el título de Nulla in mundo pax sincera (Nada en el mundo tiene paz sincera) se presentaba el oboísta Ángel Luis Sánchez Moreno (Madrid, 1995) con un Ensemble de dos violines, viola, violonchelo y contrabajo (cuyos nombres no figuraban aunque reconociese alguno), más el siempre brillante y muy solicitado Daniel Oyarzábal (Vitoria-Gasteiz, 1972) al clave, sumándose la  hermana de Ángel, la soprano Iliana Verónica Sánchez (Madrid, 1985), con obras del barroco tan agradecido siempre, más el Mozart joven aún con reminiscencias anteriores desde el llamado estilo galante, que hicieron las delicias de una tarde otoñal asturiana.

En las notas al programa con ese título vivaldiano de la segunda obra y primera con el oboe y la soprano, el concierto nos invitaba «a un viaje sonoro hacia esa búsqueda de paz y belleza divina que, aunque profundamente anhelada por la humanidad, permanece fuera de nuestro alcance en el mundo terrenal» y donde las músicas nos ofrecían «un refugio, un espacio que invita a reflexionar que lo humano y lo espiritual aún pueden encontrarse», como así resultó.

Abría el concierto el famoso Concierto para oboe en re menor de Alessandro Marcello que siempre asociaré a la película «Anónimo Veneciano» (Enrico Maria Salerno, 1970), con una bellísima Florinda Bolkan. Como buena obra barroca es un diálogo perfecto entre solista y orquesta con ese Adagio central escoltado por dos ‘tempi’ rápidos (Andante spiccato y Presto) que son una explosión de virtuosismo donde disfrutar de Ángel Luis Sánchez Moreno, bellísimo sonido de oboe, fraseado y arropado por un ensemble plenamente adoptado por el solista que apenas necesitó ejercer de director ante el buen entendimiento de todos.

Nos mantuvimos en la Venecia de este «viaje sonoro» pero con Il Petre Rosso y el aria que daba título al programa, la primera del motete sacro Nulla in mundo pax sincera, mismo orgánico aunque con solo un violín y la soprano Iliana Verónica Sánchez, en un «arreglo» para la ocasión por el tamaño del orgánico comandado por el «concertino» que fue perfecto para arropar la voz de la madrileña, aseado y reflejando la tensión melódica con buenos ornamentos más el ambiente que el cura pelirrojo maestro de música  en el Ospedalle Della Pietà refleja en este bellísimo motete sacro.

Salto a la Austria mozartiana y primera intervención en solitario del vitoriano Daniel Oyarzábal que nos ofrecería el primer movimiento de la Sonata para piano en do mayor, KV 279 jugando con los dos teclados para lograr los contrastes dinámicos y la desnudez del clave sin las posibilidades del pianoforte, mordentes, trinos, arpegios y adornos llenos de humor del genio salzburgués con 18 años en una de sus primeras sonatas, y logrando mantener una unidad tímbrica que rodeó todo el concierto.

Así se mantuvo el mismo espíritu optimista y transparente con el Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor KV 370, compuesto siete años más tarde, con los músicos sentados alcanzando el buen entendimiento para una formación camerística que así lo exige, como el mismo latido para compartir protagonismo con el solista. Tres movimientos de nuevo con el Adagio central introspectivo y exigente en mantener las notas largas del oboe sin perder presencia, y los extremos sutiles con el luminoso Allegro y el ligero Rondó que mantuvieron el equilibrio de un cuarteto para lucimiento del oboísta madrileño con una amplia gama dinámica y articulación perfecta.

La segunda parte la ocuparía por completo «mein Gott» con obras que jugarían con la plantilla, comenzando por el aria de la Cantata 51 Jauchzet Gott in allen Landen (Aclamad a Dios todas las naciones), disfrutando de la soprano y con el oboe «sustituyendo» la trompeta original en el aria pero alcanzando así un empaste, limpieza en el sonido y volumen más recogido, prosiguiendo solo la cuerda en el recitativo con los perlados del clave que son imprescindibles. Iliana Verónica Sánchez posee una buena emisión, con una voz que «corre bien» por el teatro (indicar que todos se colocaron fuera de la caja escénica, en el límite del escenario), tiene el color ideal y estilo para estos repertorios, puede que con un volumen no demasiado grande aunque favorecido por la reducida plantilla elegida, y personalmente con la necesidad de marcar más las consonantes del idioma de Goethe que tan acostumbrados estamos de escuchar, pero su técnica es suficiente para afrontar tanto el carácter como los ornamentos que El kantor de Leipzig exige a las voces «instrumentalizadas» en su época.

Igual de exigente aunque breve la conocida aria Bist Du Bei Mir (Si estás conmigo) BWV 508, más sentida e íntima, buscando la idea de esa deseada «paz celestial» desde la «grandeza divina» con una voz angelical que transmitió la reflexión del encuentro entre lo humano y lo espiritual, con clave en vez de órgano y el ensemble arropando la voz de la soprano madrileña.

Volvería «solo ante el peligro» Daniel Oyarzábal al clave, primero con el Preludio y fuga en do mayor BWV 870 (del segundo libro de El Clave bien temperado), rico en ornamentos, bien fraseado el preludio y clara, además de precisa la fuga, para rebosar de virtuosismo con el Preludio en si menor BWV 923 (que sustituyó, con buen criterio, al programado Preludio y fuga en re menor BWV 875), un salto cualitativo de un Daniel pletórico que igual nos impresiona al órgano que exprime cada clave que le dejan, «un seguro de vida artístico» como le ha definido mi querido Luis Suñén, y Bach siempre es único en sus interpretaciones.

El colofón de nuevo con «su ensemble» al completo para la reconstrucción del Concierto para oboe en do mayor, BWV 1055R, (mejor que con flauta) para lucimiento de Ángel Luis Sánchez Moreno, final de viaje con ese diálogo entre solista, cuerda y continuo donde disfrutar de la magia de «dios Bach» siempre inimitable, padre de todas las músicas, pasando de la introspección al virtuosismo en sus tres movimientos. Un amor de oboe (a falta de oboe de amor en la mayor) con una plantilla para la ocasión que nunca desluce y menos cuando hay complicidad entre todos.

Aún vendrían fuera de programa dos paradas más en este viaje, Händel con el tercer movimiento, Largo, del Trío Sonata para dos violines y continuo en sol menor HWV 393 «Dresden» nº 2, en adaptación para oboe y violín -más cello y clave- y la famosa aria «Lascia ch’io pianga» del Orlando HWV 31, de nuevo con el ensemble y clave (mejor que al órgano original) con una inspirada Iliana Verónica Sánchez que no podía faltar para la ocasión en este concierto tan barroco donde compartir sensaciones y ansia de paz en este concierto comandado por Ángel Luis Sánchez Moreno brillando con su hermana.

PROGRAMA:

A. Marcello:

Concierto de oboe en re menor: Andante spiccato – Adagio – Presto.

A. Vivaldi:

Nulla in mundo pax sincera, RV 630: aria.

W. A. Mozart:

Sonata para piano en do mayor, KV 279 (I. Allegro).

Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor, KV 370: Allegro – Adagio – Rondeau. Allegro.

J. S. Bach:

Cantata Jauchzet Gott in allen Landen, BWV 51 (aria y recitativo).

Bist Du Bei Mir, BWV 508.

Preludio y fuga en do mayor, BWV 870.

Preludio en si menor, BWV 923.

Concierto para oboe en do mayor, BWV 1055: Allegro – Larghetto – Allegro ma non tanto.

Barroco de Sevilla a Granada

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Miércoles 9 de julio, 21:00 horas. Iglesia del Monasterio de La Cartuja: Orquesta Barroca de Sevilla, Aurora Peña (soprano), Ignacio Ramal (violín y dirección). Obras de Handel, Ferrandini, Juan-Alfonso García y Vivaldi. Fotos ©Fermín Rodríguez.

Volvía en este vigésimo primer día de mi festival a la bellísima iglesia barroca del Monasterio de La Cartuja granadina con un música de la misma época llegado desde Sevilla plenamente universal ¡y actual!, donde no faltó el homenaje a Juan-Alfonso García y una acústica con reverberación ideal para las obra instrumentales aunque no tan buena para la voz, sumándole un calor que nunca es bueno para los músicos. La web lo presentaba así:

Barrocos con García
La Orquesta Barroca de Sevilla es uno de los más importantes conjuntos españoles dedicados a música del período preclásico, pero este año se acerca al Festival para participar en el homenaje a Juan-Alfonso García en el décimo aniversario de su muerte. Lo hace con un programa en el que participa la soprano Aurora Peña y que tiene como centro el Tríptico del compositor extremeño-granadino, que condiciona el resto del recital con dos obras instrumentales especialmente célebres y otras dos piezas vocales también conocidas: primero, un lamento escrito por Ferrandini sobre la imagen de María ante el Santo Sepulcro (una obra que fue atribuida a Handel); después, un virtuosístico motete de Vivaldi, auténtica oración penitencial que refleja el temor a la justa ira de Dios y la esperanza en su misericordia.

La Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) comandada por Ignacio Ramal (de quien la revista Codalario tiene como protagonista del mes en una amplia y documentada entrevista de mi querido Mario Guada) sonó perfecta de afinación (pese al calor cartujeño), empastada, con excelentes balances, «históricamente informada» y con una plantilla de cuerda donde alternaban clave y órgano, dando un sonido consistente que en este recinto es el ideal.

Iré intercalando en mis comentarios las notas al programa de Pablo J. Vayón: que titula Misterios barrocos. Así el concierto comenzaba con Handel (Haendel o Händel) y su Concerto grosso en si bemol mayor, op. 6 nº 7, en tres movimientos (Largo – Allegro – Largo – Andante – Hornpipe).

En el otoño de 1739, Handel dedicó unas semanas intensas a la composición de una serie de obras instrumentales concebidas para su siguiente temporada de conciertos en el Lincoln’s Inn Fields de Londres, donde alternaba óperas y oratorios. Para ello recurrió al modelo del concerto grosso que había consagrado Corelli, pero lo reformuló con mayor libertad estructural y una expresividad más variada. Así surgieron los doce conciertos del opus 6, entre los cuales el nº 7 destaca por su estructura en cinco movimientos, que alternan tiempos lentos y rápidos, y culmina con un Hornpipe brillante, adaptación de una danza de Georg Muffat.

La alternancia de tiempos, ritmos y contrastes desde una tímbrica compacta y los balances permitiéndonos escuchar todo lo escrito por el compositor de Halle nacionalizado inglés y enterrado en Westminster Abbey, quedó reflejada en esta primera obra antes de proseguir, ya con la soprano Aurora Peña (Valencia, 1990) en Il pianto di Maria, una Cantata sacra da cantarsi dinanzi al Santo Sepolcro del veneciano Giovanni Battista Ferrandini, de quien mi tocayo sevillano escribe:

Durante mucho tiempo se creyó que la cantata Il pianto di Maria era obra de Handel, pero hoy se acepta con firmeza que fue compuesta hacia 1735 por Giovanni Battista Ferrandini, músico veneciano que desarrolló buena parte de su carrera en la corte bávara de Múnich, donde también murió. La obra, destinada a ser cantada «dinanzi al Santo Sepolcro», está escrita para soprano solista y cuerdas, y se estructura en cinco recitativos y cuatro arias. Presenta varias singularidades: sólo el primero y el tercero de los recitativos son seccos, esto es, con bajo continuo, mientras que los demás son recitativos acompañados, con intervención de la orquesta. El último de ellos, que describe el temblor de la tierra, alcanza un dramatismo inusitado. En el aria «Sventurati miei sospiri», las dos secciones de violines se dividen, generando cuatro partes independientes que crean una textura inesperadamente rica. El lenguaje armónico de Ferrandini, contenido y emocional, convierte esta cantata en una de las más conmovedoras expresiones del barroco devocional.

Comentaba la acústica poco ideal para la voz, pero la soprano valenciana brillaría en cada uno de los recitativos y arias de esta cantata, que por momentos me recordaba a Pergolessi. El acompañamiento del orgánico ayudaba a dar y resaltar toda la expresividad de este «llanto de María» en italiano, que Aurora Peña iría desgranando con agilidades claras (aunque tan solo percibía las vocales), ese penar de la Madre de Dios de aires claramente italianos (pese a la atribución inicial que bien explica Vayón) que le va muy bien a las características y estilo de la valenciana.

La OBS proseguiría con la misma sonoridad rotunda, matizada, precisa y atemporal porque la calidad no entiende de distintas interpretaciones, el bellísimo Tríptico (1990) del «recuperado» y merecidamente homenajeado diez años después de su muerte Juan-Alfonso García (del que he vuelto a visitar su exposición en la Casa de Los Tiros y prometo dedicarle una entrada en mi vuelta a Asturias). De esta joya escribe mi tocayo sevillano:

El programa nos conduce a continuación al Tríptico (1990) de Juan-Alfonso García. Compuesta para la Orquesta de Cámara de Granada, esta obra se construye a partir de materiales anteriores reelaborados con un lenguaje personal que combina sobriedad, lirismo y profundidad expresiva. La primera sección es una reelaboración orquestal de una pieza organística previa basada en la célebre canción renacentista De los álamos vengo, madre; la tercera también procede de una obra anterior para órgano, mientras que la sección central enlaza dos citas significativas: un fragmento del Concierto para clave de Manuel de Falla y el Villancico del rey negro de Valentín Ruiz Aznar, maestro y referente del compositor. «Pertenezco a esta estirpe. Valoro mis raíces. Las reconozco. Soy árbol plantado a orilla de esta corriente», escribió García, reivindicando su lugar en una tradición musical viva y profundamente enraizada.

La OBS con Ignacio Ramal demostró la versatilidad y calidad para interpretar esta obra del «homenajeado» para orquesta de cuerda, donde disfrutar del lenguaje sobrio del organista de la Catedral de Granada utilizando unos motivos reconocibles y reelaborados con la maestría de quien conocía y reconocía nuestra herencia musical para traerla a nuestro tiempo ¡35 años después!, y mantenerla de plena actualidad. Una interpretación impecable con una formación (dejo más abajo la plantilla) ideal que esta orquesta barroca actualizó con la sonoridad perfecta y un entendimiento fruto de un impecable y arduo trabajo por parte de todos.

El plato fuerte para cerrar el recital sería Il Prete Rosso, primero su Sinfonia en si menor «Al Santo Sepolcro» que firmaría cualquier otro grupo «especialista» y parece que no valoramos lo que tenemos tan cerca. Dos movimientos (Adagio molto – Allegro ma poco) que Vayón describe y que la OBS enlazó con un «interludio» incorporándose al clave perlado de Alejandro Casal:

El programa regresa al Barroco veneciano con la Sinfonia al Santo Sepolcro de Vivaldi, un concerto ripieno concebido para la liturgia de Semana Santa. Se trata de una obra breve, de escritura contrapuntística densa y sorprendentemente cromática, que incluye una brillante doble fuga. Sirve esta sinfonía como introducción al motete In furore iustissimae irae, compuesto durante una estancia del autor en Roma en la década de 1720. La obra adopta la forma típica que Vivaldi dio a sus motetes: dos arias contrastantes separadas por un recitativo y un Aleluya final marcado por un virtuosismo vocal exuberante. La primera aria traduce la ira divina en un acompañamiento en unísonos violentos con marcados descensos cromáticos; la segunda, en contraste, es serena y doliente, casi un lamento, que se funde con naturalidad en el tono devocional y expresivo que recorre todo el programa.

El lenguaje vivaldiano está claro, con pasajes que nos recuerdan el verano de sus cuatro estaciones o el otoño en el último motete, de cromatismos y armonías semejantes con una orquesta especialista demostrando el por qué lleva años entre las orquestas históricamente informadas y sin complejos interpretativos.

La soprano Aurora Peña mostró unas agilidades claras, emisión perfecta, expresión adecuada, poderosa en su primer aria «In fuore iustissimae irae», un fraseado decitativo «Miserationum Pater piissime», jugando con los matices en el aria «Tunc meus fletus» y finalizar un conjunto con el Alleluia de recogijo para un público que llenó la iglesia del Monasterio de La Cartuja y aplaudió un recital de Misterios barrocos descifrados en este vigésimo día de Festival que ya encara la recta final hasta el domingo, con una propina que nos devolvía a Handel: Tu del ciel ministro eletto, de «Il trionfo del Tempo e del Disinganno» HWV 46a.

INTÉRPRETES:

Orquesta Barroca de Sevilla
Aurora Peña, soprano
Ignacio Ramal, violín y dirección

VIOLINES PRIMEROS:

Ignacio Ramal (concertino) – Ignacio Ábalos – Pablo Prieto – Raquel Batalloso

VIOLINES SEGUNDOS:

Miguel Romero – Fumiko Morie – Elvira Martínez – Andrés Murillo

VIOLAS:

José Manuel Navarro – Carmen Moreno

VIOLONCHELO:

Mercedes Ruiz

CONTRABAJO:

Ventura Rico

CLAVE Y ÓRGANO:

Alejandro Casal

PROGRAMA:

In memoriam

George Frideric Handel (1685-1753)

Concerto grosso en si bemol mayor, op. 6 nº 7, HWV 325

Largo – Allegro – Largo – Andante – Hornpipe

Giovanni Battista Ferrandini (c. 1710-1791)

Il pianto di Maria (Cantata sacra da cantarsi dinanzi al Santo Sepolcro):

Recitativo «Giunta l’ora fatal nel ciel prescritta»

Cavatina «Se d’un Dio fui fatta Madre»

Recitativo «Ahí, me infelice!»

Cavatina da capo «Se d’un Dio fui fatta Madre»

Recitativo «Ahimè ch’Egli già esclama ad alta voce»

Aria «Sventurati miei sospiri»

Recitativo «Sì disse la gran Madre»

Aria «Pari all’amore inmenso»

Recitativo «Or se per grande orror tremò la terra»

Juan-Alfonso García (1935-2015)

Tríptico (1990)

Antonio Vivaldi (1678-1741)

Sinfonia en si menor «Al Santo Sepolcro», RV 169:

Adagio molto – Allegro ma poco

In furore iustissimae irae (Motteto a canto solo con stromenti), RV 626:

Aria «In fuore iustissimae irae»

Recitativo «Miserationum Pater piissime»

Aria «Tunc meus fletus»

Alleluia

Feliz 1700

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Viernes 30 de mayo, 20.00 horas. Teatro Jovellanos. Concierto nº 1700 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Carlos Mena (contratenor), Concerto 1700. Sacro Vivaldi.

Parecen coincidencias pero realmente no lo son, y hacer coincidir el concierto 1700 de la Sociedad Filarmónica de Gijón con la presencia del conjunto fundado hace 10 años por Daniel Pinteño era casi de justicia. El siempre bienvenido a Asturias Concerto 1700, lo apalabraba hace dos años y este último viernes clausuraba la temporada actual que nos trajo al teatro del Paseo de Begoña un monográfico Vivaldi donde poder disfrutar de este 1700 mezclando instrumental y sacro en la voz del contratenor vitoriano Carlos Mena (1971), con el brazo derecho en cabestrillo (caídas imprevistas) y sus cualidades vocales intactas, incluso ganando cuerpo como los buenos vinos.

La doctora María Sanhuesa en sus notas al programa tituladas «Sacro Vivaldi: musica per (la) Pietà» amén de diseccionar cada obra, las terminaba así:

Luces y sombras, voces y violines, lo sacro y lo profano en la ciudad sobre el agua. Sin contraste no hay belleza, y sobre eso Vivaldi y Venecia —la mítica Venecia/Venusia del carnaval retratado por Federico Fellini en Il Casanova— lo sabían todo. El mundo en las cuerdas de un violín, o en la coloratura de una voz.

Así resultó este «Vivaldi 1700» que llegaba desde Lugo a Gijón, cual La Serenísima cantábrica, conjugando la calidad de un orgánico para la ocasión (detallado más adelante) variado en combinaciones tímbricas con un continuo de peso, teniendo al órgano un Ignacio Prego siempre impecable junto al cello de Ester Domingo, alternando  las tres obras sacras con las dos instrumentales donde el asturiano Pablo Zapico tomaría la guitarra barroca, con el magisterio y entrega del malagueño Daniel Pinteño atento al detalle y la afinación (al finalizar cada obra), con el respeto total por la voz de contralto que brilló en las obras elegidas.

Se abría este 1700 con Mena y Concerto interpretando el motete Filiae maestae Jerusalem, RV 638 (proyectándose la traducción de los textos), tres secciones donde el dramatismo que describe la tristeza de las hijas de Jerusalén tras la muerte de Cristo, encontró la expresión y color de esa voz de contratenor contralto sin fisuras, homogénea, con el grave natural del vitoriano bien arropado por el ensamble al mando de Pinteño donde todo encaja y los punteos de Zapico enriquecían el continuo.

El Concerto a 4 en sol menor, RV157 no solo nos dejaba el característico «sonido vivaldiano» sino el virtuosismo de Pinteño en perfecto entendimiento con Fumiko Morie y Leticia Moros, más los rasgueos en la guitarra de Zapico, la calidad de Domingo y los ornamentos de Prego.

De más envergadura vocal e instrumental serían las cuatro secciones del motete Vestro Principi divino, RV 633, las agilidades de Mena ya desde el aria inicial, contestadas por el violín malagueño, un recitativo bien vestido en el continuo (impecables Domingo y Zapico), más los dos Presto que culminan en un Alleluia virtuoso en la voz, de agilidades casi imposibles con un fiato del vitoriano bien entendido por el orgánico, lleno de brillo, entrega y pasión de «El cura pelirrojo» (feliz en el Ospedalle della Pietá y las “figlie di coro” para quienes tanta música escribió).

Sin la viola llegaría la Sonata da camera a tre, Op. 1 nº 12, RV 63, La Follia con los dos violines protagonistas y basada en variaciones sobre La Follia de Arcangelo Corelli, donde Concerto 1700  están en «su salsa» pues transitan esta música desde sus inicios.

El número fuerte para cerrar el 1700 sería la cantata (mejor que motete como explica Sanhuesa) Nisi Dominus, RV 608, sin «viola d’amore» pero de sonoridad vivaldiana de principio a fin, emoción en el Vanum est vobis (que bisarían de regalo), combinaciones instrumentales degustando incluso la cuerda con sordina del Cum dederit, rico juego de contrastes en los tempi, virtuosismo instrumental y vocal donde las agilidades transitan «como flechas» casi todas las vocales (impactante el Amen final) y unos saltos de registro bien sorteados por un pletórico Mena, incluso colocándose atrás para el Beatus vir solo con violín y órgano, seguido por el recogimiento suplicante del Gloria Patri retomando la posición inicial en una interpretación atemporal, agradecida, exigente, que nos dejó esta música única «por los siglos de los siglos».

Un feliz 1700 para ir cerrando poco a poco mi temporada 24-25 (y ya avanzando parte de la siguiente en la sociedad gijonesa).

CONCERTO 1700:

Daniel Pinteño, violín y dirección – Fumiko Morie, violín – Leticia Moros, viola – Ester Domingo, violonchelo – Ignacio Prego, órgano – Pablo Zapico, cuerda pulsada.

PROGRAMA:

SACRO VIVALDI

Filiae maestae Jerusalem, RV 638

I. Filiae maestae Jerusalem (Adagio)

II. Sileant zephyri (Largo)

III. Sed tenebris diffusis

Concerto a 4 en sol menor, RV157

I. Allegro

II. Largo

 III. Allegro

Vestro Principi divino, RV 633

I. Vestro Prinicipi divino (Allegro)

II. O felix culpa (Recitativo)

III. Quid loqueris ad cor (Presto)

IV. Alleluia (Presto)

Sonata da camera a tre, Op. 1 nº 12, RV 63, La Follia

Nisi Dominus, RV 608

I. Nisi Dominus (Allegro)

II. Vanum est vobis (Largo)

III. Surgite (Presto-Adagio)

IV. Cum dederit (Andante)

V. Sicut sagittae (Allegro)

VI. Beatus vir (Andante)

VII. Gloria Patri (Larghetto)

VIII. Sicut erat in principio (Allegro)

IX.  Amen (Allegro)

Alquimia para la primavera

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Domingo 23 de marzo, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Sala de cámara: Primavera BarrocaCircuitos CNDM: Musica Alchemica, Lina Tur Bonet (concertino y dirección). Obras de Vivaldi y Bach.

En lo musical seguimos con la «Primavera barroca» aunque metereológicamente estemos aún en un invierno que vuelve a vender todo el aforo de la sala de cámara del auditorio ovetense, ideal para estas músicas, con un Diálogo entre iguales (como titula Pablo J. Vayón las notas al programa) de la violinista Lina Tur Bonet al frente de su formación Musica Alchemica.

Con dos grandes del Barroco rodados por una formación «ad hoc» volvía a Oviedo con «su ensemble» la violinista ibicenca en gira del CNDM, tras Sevilla (ayer) y Salamanca (mañana) con parada obligada en la capital asturiana en un viaje por la Ruta de la Plata, de norte a sur casi como Vivaldi y Bach. Siempre rompedora en sus proyectos, el éxito estaba asegurado de mano, y este maridaje ítalo-alemán lo explicaría antes del concierto, con Bach llenando las bibliotecas de Köthen y Weimar con partituras de Vivaldi al que conocería copiando su música (era cómo se estudiaba entonces), inspiradora y engrandecida por el kantor, pues la música instrumental sería en esos años el centro de su producción, por una vez sin tantas obligaciones litúrgicas y probablemente su periodo más feliz.

Abría el concierto la obertura de La verità in cimento, RV 739 de «Il Prete Rosso» con el orgánico al completo (que dejo al final de esta entrada), cartas sobre la mesa de esta «alquimia barroca» donde la afinación siempre es un problema, aún mayor por los cambios de temperatura, pero suficiente para comprobar el buen entendimiento entre los ocho músicos.

Con Marco Testori de solista y dos violines -no los tres- llegaría el Concierto para violonchelo en si menor, RV 424 donde lo interesante estuvo en la combinación tímbrica, aunque la afinación no siempre ayudó a este luminoso Vivaldi con el que Lina Tur Bonet siempre ha apostado por tempi casi al límite, que transmite a sus músicos, y mantendría en esta primera parte con ella de solista en el Concierto ‘Il grosso mogul’, retrotrayéndome a otro escuchado en Gijón. Entonces escribía para este concierto:

El RV 208 es una variante de la opus 7 nº 11 transcrita para órgano por Bach (BWV 594) con la novedad del movimiento central para el solista (Allegro – Grave Recitativo – Allegro) de un “recitativo sin palabras” sin perder el carácter virtuosístico del veneciano. Compuesto en los albores de la década de 1710 es un ejemplo del “hombre de teatro” con efectos especiales de todo tipo: ritornellos brillantes, ascendentes bariolages (técnica del arco que consiste en una rápida alternancia entre una nota estática y una que cambia, creando una melodía por encima o por debajo de dicha nota), solos sonoros y rudos junto a una velocidad exuberante en los pasajes más caprichosos, o la generación de melodías sobre armonías exóticas, todo sobre los patrones de un estilo resueltamente teatral donde tampoco falta el elemento visual incluyendo grandes movimientos de arco, articulaciones irregulares y abruptos cambios de posición, algo esencial para causar efecto y admiración incluso en nuestros días.

La versión de los «alquímicos» resultó mucho más libre y todo el virtuosismo y energía de la balear, las cadencias originales ejecutadas con rigor y enorme expresividad, el continuo uniendo clave, laúd, más chelo y contrabajo que le dan más «peso» y color, acelerandos bien entendidos por todos y un rotundo primer movimiento (aplaudid0 al finalizar), el intrigante y sentido Grave: recitativo, para rematar con un Allegro assai bien equilibrado llevado desde el violín con un dominio total de Lina Tur Bonet y mejor ubicado en esta primera parte -permutado con el de Bach del programa original-.

Pausa de quince minutos y un arreglo para cuerda realizado por Dani Espasa de la Passacaglia en do menor, BWV 582, contemporánea de Il grosso mogul en los años de Bach en Weimar como recuerda el sevillano Pablo J. Vayón, interesante apuesta para la ocasión con el orgánico casi al completo (sin laúd) y más contenido, buscando una sonoridad organística y fraseos casi de tecla destacando la viola de Paruzel, el kantor enlazando con el siguiente Vivaldi y el Concierto para laúd en re mayor, RV 93 que tiene versiones para mandolina o guitarra, esta vez con Jadran Duncumb (1989)de solista, bien técnicamente aunque por momentos quedase corto en presencia, pues está escrito principalmente como acordes, y el solista debe tocar arpegios basados en estos acordes aumnque también incluye partes importantes de lucimiento para los violines. El conocido Largo intermedio fue más mimado por el ensamble aunque todo el concierto estuvo en la línea de los grandes contrastes (tempo, dinámicas…) que el barroco pide y con el aire fresco que siempre insufla la directora y violinista a sus interpretaciones. Muy aplaudido el noruego, croata e inglés Duncumb.

Y cerrando el círculo nuevamente Bach con Tur Bonet interpretando el Concierto para violín, cuerda y continuo en mi mayor, BWV 1042, misma estructura tripartita utilizada por Vivaldi, de nuevo con más rigor y excelencia en la ejecución, llevando su ensemble por donde quiso pero sin obligar, transmitiendo dominio y magisterio, eligiendo unos tempi ajustados a las indicaciones donde nuevamente el Adagio fue entendido por todos con la grandeza del kantor mientras los movimientos extremos mantuvieron la exuberancia virtuosística y el balance apropiado para disfrutar de una solista madura, valiente y generosa.

De regalo un guiño al cambio climático y las condiciones de esta primavera invernal con el Presto veraniego de L’estate vivaldiano que muchos de los músicos presentes esta tarde han llevado al disco Se4sons  (emparejándolo con Piazzolla), el directo siempre único pero con la misma energía y libertad de Lina Tur Bonet a la que siempre es un placer escuchar en cualquier estación del año.

PROGRAMA

Primera parte:

Antonio VIVALDI (1678-1741):

La verità in cimento, RV 739 (1720): Obertura

Concierto para violonchelo en si menor, RV 424 (1) (ca. 1729):

I. Allegro non molto – II. Largo – III. Allegro

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Concierto para violín en re mayor ‘Il grosso mogul’, RV 208 (4):

I. Allegro – II. Grave recitativo – III. Allegro

Segunda parte:

J. S. BACH:

Passacaglia en do menor, BWV 582 (ca. 1708-1712, arr. para cuerda de D. Espasa)

A. VIVALDI:

Concierto para laúd en re mayor, RV 93 (3) (1730-1731)

I. Allegro giusto – II. Largo – III. Allegro

J. S. BACH:

Concierto para violín, cuerda y continuo en mi mayor, BWV 1042 (2) (ca. 1718)

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro assai

MUSICA ALCHEMICA:

Timoti Fregni y Valerio Losito, VIOLINES – Natan Paruzel, VIOLA – Marco Testori (1), VIOLONCHELO  – Margherita Naldini, CONTRABAJO – Jadran Duncumb (3), LAÚD – Matteo Messori, CLAVE.
LINA TUR BONET (2-4), CONCERTINO Y DIRECCIÓN.

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