Sábado 24 de octubre, 20:30 horas. Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador, Oviedo. Fundación Municipal de Cultural. Oviedo Filarmonía, Jone Martínez (soprano), Lucas Macías (oboe solista y director). “Música en la Catedral”: obras de Alessandro Marcello, J. S. Bach, W. A. Mozart y F. Mendelssohn. Entrada libre. Fotos de Pablo Piquero y propias.
La Web del Ayuntamiento de Oviedo presentaba este concierto (que llenaría la Catedral de San Salvador con largas colas desde una hora antes, amén de los que se quedaron tras la misa) con las siguientes palabras:
“El programa se abrirá con el Concierto para oboe y cuerdas en re menor, de Alessandro Marcello, una de las partituras más conocidas del repertorio barroco para este instrumento, con Lucas Macías como solista y director. Esta partitura combina el equilibrio formal característico de la época con una expresividad especialmente intensa, que encuentra en el oboe una voz de extraordinaria capacidad cantabile. El instrumento solista alterna pasajes de delicadeza y recogimiento con otros de mayor agilidad, mientras las cuerdas proporcionan el marco sonoro sobre el que se despliega el diálogo musical. La obra destaca por la belleza de sus líneas melódicas y por una melancolía contenida que alcanza su expresión más conmovedora en el movimiento lento.
La voz toma el relevo en la segunda obra, con la cantata de Johann Sebastian Bach Weichet nur, betrübte Schatten («Disipad las sombras tristes»), que se aleja de la solemnidad de otras composiciones religiosas bachianas para ofrecer una atmósfera luminosa y festiva. La evocación de la primavera, el amor y el despertar de la naturaleza se traduce en una delicada escritura vocal, sostenida por un acompañamiento instrumental de gran refinamiento. La obra permite descubrir una faceta especialmente amable de Bach, sin renunciar a la riqueza expresiva y el refinamiento contrapuntístico que caracterizan su producción.
A continuación, sonará el motete de Wolfgang Amadeus Mozart Exsultate, jubilate, una de las grandes demostraciones de su talento para la composición vocal y en la que la voz se convierte en vehículo de una luminosidad casi sobrenatural. Compuesto en 1773 durante su estancia en Milán y concebido para soprano solista y orquesta, esta obra combina el carácter religioso del texto latino con una brillantez melódica que refleja la estrecha relación del compositor con el universo operístico. Sus pasajes de virtuosismo, la naturalidad de sus melodías y la energía de su célebre Alleluia final convierten la obra en una celebración de la voz humana y de su capacidad para expresar júbilo, libertad y espiritualidad.
El programa de este concierto en la Catedral de Oviedo culmina con las secciones II y III del primer movimiento de la Sinfonía nº 2 en si bemol mayor, op. 52, «Lobgesang», de Felix Mendelssohn, una obra concebida como una gran celebración de la palabra, la fe y el poder de la música”.
Y las expectativas se cumplieron de principio a fin porque entre las muchas cualidades de Oviedo Filarmonía (OFil) está una versatilidad que hace posible afrontar cuatro obras del Barroco, Clasicismo y Romanticismo con una plantilla polivalente donde seguir disfrutando de sus primeros atriles, especialmente la cuerda hoy comandada por Marina Gurdzhiya con una “despedida momentánea” del viola Rubén Menéndez, que con la excedencia se incorpora a su puesto docente titular en el Conservatorio avilesino “Julián Orbón”, más una camerata donde también brillaría el cello de Guillermo L. Cañal, Andrea Baruffaldi al contrabajo, sin olvidarme del virtuoso Sergey Bezrodny, alternando clave y órgano. Sumemos al titular Lucas Macías, esta vez de oboe solista dirigiendo con perfecto entendimiento y concertación, haciéndonos meditar sobre su enorme capacidad musical, amén de la memoria prodigiosa para afrontar los 70 minutos de concierto donde solamente para Bach, y por razones obvias, acudiría al atril.
El Concierto para oboe y cuerdas en re menor del noble y diletante Alessandro Marcello (quien a menudo firmaba como Eterio Stinfálico), es una de las maravillas barrocas para oboe, dos violines, viola y bajo continuo -atribuido muchos años a Benedetto- que siempre asociaré con la película “Anónimo Veneciano” (1970) del director Enrico Maria Salerno ambientada en la decadente y romántica Venecia, donde el Adagio central es la verdadera banda sonora clásica que acompaña a Enrico (Tony Musante), el músico protagonista que además de oboísta sueña convertirse en director de orquesta, y su esposa Valeria (Florinda Bolkan) en una historia que explora temas de amor, despedida y fragilidad de la vida. Lucas Macías volvió a demostrar casi como el personaje del film no ya una musicalidad que le llevó a la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam o a la del Festival de Lucerna bajo las mejores batutas, también el poso que pone el virtuosismo al servicio y dominio de la partitura. Si en el Andante su fiato parece “eterno”, la ornamentación resultó una maravilla recargada en su punto, y la perfección del Allegro en total entendimiento con esta OFil camerística logró una interpretación que aprovechó al máximo la reverberación catedralicia para conseguir la sonoridad apropiada, limpia y perfecto “preludio” para seguir meditando con meinem Gott y su BWV 202, cantata nupcial «Disipad las sombras tristes», donde el oboe del onubense de Valverde del Camino, junto a la soprano de Sopela Jone Martínez, contagiaron la luz y carácter festivo de esta evocación otoñal de la primavera germana, maravilla de escritura vocal con el refinado acompañamiento de esta “camerata” para el Bach amable y feliz en Cöthen (entre 1718 y 1723, aunque puede que se escuchase por vez primera en Leipzig unos años más tarde).
El kantor de Santo Tomás siempre expresivo, artesano del contrapunto, con nueve movimientos donde los recitativos se alternan con las arias, Macías ensamblado desde el oboe con su orquesta y atento a Martínez que nos deleitaría desde una dicción perfecta, unos “da capo” llenos del poso y dominio de este repertorio, más una proyección vocal desde todos los matices, que llenaba el templo “Origen del Camino”, aplaudiendo antes de la última aria con ritmo de gavota Sehet in Zufriedenheit tausend helle Wohlfahrstage («Que veáis con júbilo muchos luminosos días de bonanza»).
Mismos intérpretes y aumento de plantilla para una de las muchas joyas del genio salzburgués que también desprende alegría y júbilo: el motete religioso Exsultate, jubilate, K 165 / 158a (1773) compuesto por Mozart en Milán durante su viaje a Italia, una partitura donde los ornamentos ponen a prueba a todo solista mas donde no puede olvidarse el continuo diálogo con una orquesta a la que Macías exigió al máximo siempre respetando el protagonismo vocal. Tres movimientos que van haciendo crecer emociones y música a borbotones (entendidos como abundancia y no atropellada), desde el Allegro inicial pasando por el Andante central hasta el Alleluia del Allegro final, todos los tempi siempre valientes y bien contratados nos permitieron comprobar el excelente estado vocal de Jone Martínez, esplendor, registro amplio donde el grave mantiene el color, agilidades vertiginosas impecables, agudos prístinos y matizados para dejarnos una lección del buen hacer que seguro contó con el beneplácito de su maestro Carlos Mena, presente en el concierto y más que orgulloso de comprobar cómo los alumnos emprenden un vuelo ya maduro y sin complejos.
Razones de agenda me impidieron asistir al ensayo del pasado miércoles y posterior concierto el jueves de los Premios Princesa de Asturias donde la OSPA con Nuno Coelho, el coro de la FPA que dirige José Esteban G. Miranda, más las sopranos Sylvia Schwartz, Pilar Alva-Martín y el tenor Santiago Ballerini interpretaron la Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, Op. 52, «Lobgesang» (Canto de alabanza) de Felix Mendelssohn, que no interpretaban desde 2007 (y tienen grabada), por lo que como un “regalo” no sé si caído del cielo, en este concierto catedralicio también sonaría parte de la misma, en concreto las secciones II y III de la «Sinfonia» (primer movimiento). Aunque hasta ese momento la música era más que suficiente por cronología, estilo e incluso unidad programática, me tomé este regalo como muchos otros aficionados, que por distintas razones no accedieron al siempre muy solicitado y restringido concierto. Con toda la Oviedo Filarmonía muy bien equilibrada en efectivos además de colocación en el crucero y laterales de San Salvador, Lucas Macías volvió a mostrar su ya amplia trayectoria directorial al frente de su orquesta ovetense que sonó románticamente contenida para no ensuciar la complicada acústica, balanceada en todas las secciones, rica en matices y poniendo el broche final a la fría noche del octubre otoñal antes de comenzar a preparar el verdiano Macbeth del Campoamor desde el foso, una OFil que como su titular, está en lo que se dice “un momento dulce” del que espero seguir disfrutando a lo largo de esta temporada.
PROGRAMA:
Alessandro Marcello (1673 – 1747)
• Concierto para oboe y cuerdas en re menor
Johann Sebastian Bach (1685 – 1750)
• Weichet nur, betrübte Schatten, BWV 202
Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791)
• Exsultate, jubilate, K 165 / 158a
Felix Mendelssohn (1809 – 1847)
• Secciones II y III del primer movimiento de la Sinfonía nº 2 en si bemol mayor , op. 52, «Lobgesang»







































































































