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Júbilo musical

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Sábado 24 de octubre, 20:30 horas. Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador, Oviedo.  Fundación Municipal de Cultural. Oviedo Filarmonía, Jone Martínez (soprano), Lucas Macías (oboe solista y director). “Música en la Catedral”: obras de Alessandro Marcello, J. S. Bach, W. A. Mozart y F. Mendelssohn. Entrada libre. Fotos de Pablo Piquero y propias.

La Web del Ayuntamiento de Oviedo presentaba este concierto (que llenaría la Catedral de San Salvador con largas colas desde una hora antes, amén de los que se quedaron tras la misa) con las siguientes palabras:

“El programa se abrirá con el Concierto para oboe y cuerdas en re menor, de Alessandro Marcello, una de las partituras más conocidas del repertorio barroco para este instrumento, con Lucas Macías como solista y director. Esta partitura combina el equilibrio formal característico de la época con una expresividad especialmente intensa, que encuentra en el oboe una voz de extraordinaria capacidad cantabile. El instrumento solista alterna pasajes de delicadeza y recogimiento con otros de mayor agilidad, mientras las cuerdas proporcionan el marco sonoro sobre el que se despliega el diálogo musical. La obra destaca por la belleza de sus líneas melódicas y por una melancolía contenida que alcanza su expresión más conmovedora en el movimiento lento.

La voz toma el relevo en la segunda obra, con la cantata de Johann Sebastian Bach Weichet nur, betrübte Schatten («Disipad las sombras tristes»), que se aleja de la solemnidad de otras composiciones religiosas bachianas para ofrecer una atmósfera luminosa y festiva. La evocación de la primavera, el amor y el despertar de la naturaleza se traduce en una delicada escritura vocal, sostenida por un acompañamiento instrumental de gran refinamiento. La obra permite descubrir una faceta especialmente amable de Bach, sin renunciar a la riqueza expresiva y el refinamiento contrapuntístico que caracterizan su producción.

A continuación, sonará el motete de Wolfgang Amadeus Mozart Exsultate, jubilate, una de las grandes demostraciones de su talento para la composición vocal y en la que la voz se convierte en vehículo de una luminosidad casi sobrenatural. Compuesto en 1773 durante su estancia en Milán y concebido para soprano solista y orquesta, esta obra combina el carácter religioso del texto latino con una brillantez melódica que refleja la estrecha relación del compositor con el universo operístico. Sus pasajes de virtuosismo, la naturalidad de sus melodías y la energía de su célebre Alleluia final convierten la obra en una celebración de la voz humana y de su capacidad para expresar júbilo, libertad y espiritualidad.

El programa de este concierto en la Catedral de Oviedo culmina con las secciones II y III del primer movimiento de la Sinfonía nº 2 en si bemol mayor, op. 52, «Lobgesang», de Felix Mendelssohn, una obra concebida como una gran celebración de la palabra, la fe y el poder de la música”.

Y las expectativas se cumplieron de principio a fin porque entre las muchas cualidades de Oviedo Filarmonía (OFil) está una versatilidad que hace posible afrontar cuatro obras del Barroco, Clasicismo y Romanticismo con una plantilla polivalente donde seguir disfrutando de sus primeros atriles, especialmente la cuerda hoy comandada por Marina Gurdzhiya con una “despedida momentánea” del viola Rubén Menéndez, que con la excedencia se incorpora a su puesto docente titular en el Conservatorio avilesino “Julián Orbón”, más una camerata donde también brillaría el cello de Guillermo L. Cañal, Andrea Baruffaldi al contrabajo, sin olvidarme del virtuoso Sergey Bezrodny, alternando clave y órgano. Sumemos al titular Lucas Macías, esta vez de oboe solista dirigiendo con perfecto entendimiento y concertación, haciéndonos meditar sobre su enorme capacidad musical, amén de la memoria prodigiosa para afrontar los 70 minutos de concierto donde solamente para Bach, y por razones obvias, acudiría al atril.

El Concierto para oboe y cuerdas en re menor del noble y diletante Alessandro Marcello (quien a menudo firmaba como Eterio Stinfálico), es una de las maravillas barrocas para oboe, dos violines, viola y bajo continuo -atribuido muchos años a Benedetto- que siempre asociaré con la película “Anónimo Veneciano” (1970) del director Enrico Maria Salerno ambientada en la decadente y romántica Venecia, donde el Adagio central es la verdadera banda sonora clásica que acompaña a Enrico (Tony Musante), el músico protagonista que además de oboísta sueña convertirse en director de orquesta, y su esposa Valeria (Florinda Bolkan) en una historia que explora temas de amor, despedida y fragilidad de la vida. Lucas Macías volvió a demostrar casi como el personaje del film no ya una musicalidad que le llevó a la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam o a la del Festival de Lucerna bajo las mejores batutas, también el poso que pone el virtuosismo al servicio y dominio de la partitura. Si en el Andante su fiato parece “eterno”, la ornamentación resultó una maravilla recargada en su punto, y la perfección del Allegro en total entendimiento con esta OFil camerística logró una interpretación que aprovechó al máximo la reverberación catedralicia para conseguir la sonoridad apropiada, limpia y perfecto “preludio” para seguir meditando con meinem Gott y su BWV 202, cantata nupcial «Disipad las sombras tristes», donde el oboe del onubense de Valverde del Camino, junto a la soprano de Sopela Jone Martínez, contagiaron la luz y carácter festivo de esta evocación otoñal de la primavera germana, maravilla de escritura vocal con el refinado acompañamiento de esta “camerata” para el Bach amable y feliz en Cöthen (entre 1718 y 1723, aunque puede que se escuchase por vez primera en Leipzig unos años más tarde).

El kantor de Santo Tomás siempre expresivo, artesano del contrapunto, con nueve movimientos donde los recitativos se alternan con las arias, Macías ensamblado desde el oboe con su orquesta y atento a Martínez que nos deleitaría desde una dicción perfecta, unos “da capo” llenos del poso y dominio de este repertorio, más una proyección vocal desde todos los matices, que llenaba el templo “Origen del Camino”, aplaudiendo antes de la última aria con ritmo de gavota Sehet in Zufriedenheit tausend helle Wohlfahrstage («Que veáis con júbilo muchos luminosos días de bonanza»).

Mismos intérpretes y aumento de plantilla para una de las muchas joyas del genio salzburgués que también desprende alegría y júbilo: el motete religioso Exsultate, jubilate, K 165 / 158a (1773) compuesto por Mozart en Milán durante su viaje a Italia, una partitura donde los ornamentos ponen a prueba a todo solista mas donde no puede olvidarse el continuo diálogo con una orquesta a la que Macías exigió al máximo siempre respetando el protagonismo vocal. Tres movimientos que van haciendo crecer emociones y música a borbotones (entendidos como abundancia y no atropellada), desde el Allegro inicial pasando por el Andante central hasta el Alleluia del Allegro final, todos los tempi siempre valientes y bien contratados nos permitieron comprobar el excelente estado vocal de Jone Martínez, esplendor, registro amplio donde el grave mantiene el color, agilidades vertiginosas impecables, agudos prístinos y matizados para dejarnos una lección del buen hacer que seguro contó con el beneplácito de su maestro Carlos Mena, presente en el concierto y más que orgulloso de comprobar cómo los alumnos emprenden un vuelo ya maduro y sin complejos.

Razones de agenda me impidieron asistir al ensayo del pasado miércoles y posterior concierto el jueves de los Premios Princesa de Asturias donde la OSPA con Nuno Coelho, el coro de la FPA que dirige José Esteban G. Miranda, más las sopranos Sylvia Schwartz, Pilar Alva-Martín y el tenor Santiago Ballerini interpretaron la Sinfonía nº 2 en Si bemol mayor, Op. 52, «Lobgesang» (Canto de alabanza) de Felix Mendelssohn, que no interpretaban desde 2007 (y tienen grabada), por lo que como un “regalo” no sé si caído del cielo, en este concierto catedralicio también sonaría parte de la misma, en concreto las secciones II y III de la «Sinfonia» (primer movimiento). Aunque hasta ese momento la música era más que suficiente por cronología, estilo e incluso unidad programática, me tomé este regalo como muchos otros aficionados, que por distintas razones no accedieron al siempre muy solicitado y restringido concierto. Con toda la Oviedo Filarmonía muy bien equilibrada en efectivos además de colocación en el crucero y laterales de San Salvador, Lucas Macías volvió a mostrar su ya amplia trayectoria directorial al frente de su orquesta ovetense que sonó románticamente contenida para no ensuciar la complicada acústica, balanceada en todas las secciones, rica en matices y poniendo el broche final a la fría noche del octubre otoñal antes de comenzar a preparar el verdiano Macbeth del Campoamor desde el foso, una OFil que como su titular, está en lo que se dice “un momento dulce” del que espero seguir disfrutando a lo largo de esta temporada.

PROGRAMA:

Alessandro Marcello (1673 – 1747)

• Concierto para oboe y cuerdas en re menor

Johann Sebastian Bach (1685 – 1750)

• Weichet nur, betrübte Schatten, BWV 202

Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791)

• Exsultate, jubilate, K 165 / 158a

Felix Mendelssohn (1809 – 1847)

• Secciones II y III del primer movimiento de la Sinfonía nº 2 en si bemol mayor , op. 52, «Lobgesang»

Un viaje musical de muchos quilates

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Jueves 15 de octubre, 19:30 h. Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. V Ciclo Interdisciplinar de Música Ciudad de Oviedo (CIMCO), KAMBRASS: «Un nuevo comienzo». Música de Jan Bach, Granados, John Cage, Dowland y Bernstein. Pinturas de César Frey (El Último Crío). Fotos de Pablo Piquero y propias.

Segundo de los cuatro conciertos del ciclo CIMCO que dirige y presenta en cada sesión Cristina Gestido, este jueves con KamBrass, un quinteto de metales fundado en Barcelona en 2017, cuya curiosidad y pasión por la música de cámara son incentivos compartidos por los cinco músicos de este proyecto, con galardones, premios y reconocimientos tanto nacionales como internacionales.

«Un nuevo comienzo» es una conmemoración de la Independencia de los Estados Unidos (1776) entendida no solo como un acontecimiento político sino como ese nuevo comienzo: el inicio de un espacio cultural «abierto al intercambio de ideas y a la libertad creativa», con un programa que recorre desde las raíces centroeuropeas anglosajonas hasta la consolidación de la identidad musical propiamente estadounidense a través de un diálogo transatlántico entre Europa y América.

Y siendo CIMCO un ciclo interdisciplinar de música de cámara en la capital asturiana, a él se sumaba el artista César Frey, alter ego de «El Séptimo Crío» (firma creada en el año 2000), cuya obra “Hypnothic” presidía el lado izquierdo del escenario, combinando la fuerza sonora de los instrumentos de viento con la posterior creación visual en directo en la sala de cámara del auditorio ovetense.

Nacido en Bruselas de padres asturianos, a los 10 años se vino a Piedras Blancas para al año siguiente trasladarse definitivamente a Mieres (salvo su estancia de un año en Logroño), y donde le hemos seguido en su amplia producción en paredes, locales comerciales sin olvidarme de las charlas didácticas al alumnado de todo Asturias en torno al Hip-Hop y el grafifti. Su trabajo gráfico más cercano a gran escala lo tenemos  a pocos metros del propio auditorio (en el polideportivo del Instituto Alfonso II), y sobre las tablas iría dialogando a lo largo de la velada con el desarrollo melódico de KamBrass.

El quinteto barcelonés abría la sesión con una original visión de La Folía, las Foliations (mezclando Folia y “variations”) del estadounidense Jan Bach (1937-2000) es una “metamorfosis escénica de este ritmo, nacido en la península como una danza frenética en el Renacimiento que derivó en un refinado esquema de variaciones en el Barroco, y su resurrección en el siglo XX a través de nuevas voces en la creación contemporánea para quinteto de metales”. Se estructura en un conjunto de 20 variaciones basadas en el célebre tema renacentista. Los movimientos inicial y final (como el coral y la fuga) están fijos, pero el orden de las variaciones intermedias queda a libre elección de los intérpretes. En las variaciones hay estilos muy diversos como la variación «Austrian», «Bumptious», «Arpeggione», «Rococo» o «La Caccia». Un derroche en esta intensa composición donde apreciar la calidad tanto de la partitura como de la interpretación a cargo del quinteto catalán. Tras la exposición del tema, sería Joan Pàmies el primero de los cinco intérpretes en presentar todas las variaciones, prosiguiendo cada miembro en este turno de palabra tan didáctico y siempre de agradecer.

Visiones tímbricas bien ensambladas con unos metales ricos en matices y fraseos en esta página original para quinteto de metales donde se respira un lenguaje musical propio pero inspirado en la herencia peninsular que también “cruzó el charco” para enriquecer una cultura aún joven ante la tradición occidental heredada, a la que los EEUU tanto nos debe.

Sería Enrique Granados el compositor que estrenaría en Nueva York sus “Goyescas” en enero de 1916, como bien presentaría Oriol Reverter, sin poder disfrutar de su éxito en nuestro país. Tras ser invitado a la Casa Blanca el 7 de marzo, hubo de posponer su regreso tres días, partiendo el 11 de marzo hasta Falmouth. El 24 de marzo zarparía de Londres en el vapor Sussex con rumbo al puerto francés de Dieppe, pero sería detectado por un submarino alemán y torpedeado por la armada alemana (en plena Primera Guerra Mundial), falleciendo ahogado en el Canal de la Mancha junto a su esposa Amparo Gal Lloberas a la que intentó salvar. Añado otra anécdota: tanto su hijo como su nieto Enrique Granados Aumacellas (1934-2018) fueron grandes nadadores ante la catástrofe vivida por su familia, llegando incluso a ser olímpicos. Buena conexión a los dos lados del Atlántico donde no podía faltar este triunfo español en la Gran Manzana.

El KamBrass nos ofrecieron primeramente tres de los ocho Valses poéticos (1. Melodioso, 3. Tempo de Valse Lente y 4. Allegro umoristico) en un exquisito arreglo propio, con juegos tímbricos alternando las distintas trompetas y el bugle, flugel o fliscorno a partir de los originales para piano. Un redescubrimiento sonoro como el impresionante Intermezzo lleno de color, percusión justa desde las llaves de la trompeta de Ocón, el flugel de Joan, la trompa aterciopelada de María, el trombón por momentos camaleónico de Xavier, y el sustento en el grave de un Oriol impecable también en sus solos. Musicalidad y perfecto entendimiento en cada fraseo y planos sonoros del quinteto en un merecido homenaje al malogrado compositor ilerdense que triunfaría en New York con una ópera todavía no suficientemente reconocida en nuestra patria.

Probablemente el momento más esperado sería Five de John Cage, presentado y explicado por Xavier Gil, preguntándonos qué es el tiempo. Contestó por nosotros: lo que une sonido y silencio, además con el juego del número cinco, que César Frey iría plasmando con el quinteto moviéndose por la sala y envolviendo con esa sonoridad propia  de este «ensemble» durante los cinco minutos que veíamos correr en el reloj digital situado en el centro del escenario.

Cinco voces, cinco instrumentos, cinco colores, cinco líneas de un pentagrama y cinco sentidos, perfecta sincronización de música y pintura, herencia yanqui pero plenamente imbricada en nuestros tiempos, el llamado “arte urbano” hecho camerístico y donde prevalecería la vista (tres ojos) sobre el oído (la oreja) que se iría destapando, situado a la derecha para ensamblarse dos caballetes en una sola obra (titulada «Sentidos») mientras KamBrass los enlazaba con las “Lágrimas” Flow my tears del renacentista inglés John Dowland, porque también lo anglosajón tiene arraigo en la cultura estadounidense, con un arreglo de Timothy Jackson sonando tan actual como el espectáculo audiovisual y camerístico de estos seis artistas, cinco catalanes y un mierense de adopción en esta “performance” única e irrepetible (que intento ilustrar con las fotos).

Larga y merecida ovación tras la enorme emoción por haber asistido a este espectáculo, antes de que Íñigo Ocón nos presentase una de las últimas obras escritas por Leonard Bernstein, su Dance Suite (1989) pensada para esta formación de quinteto de metales tan habitual en los EEUU y los países germanos, que poco a poco va encontrando intérpretes en nuestra tierra, caso de este joven y laureado quinteto catalán.

Cinco amigos, como los destinatarios de esta página de Lenny, los bailarines y coreógrafos Antony Tudor, Agnes George de Mile, Mijail Baryshnikov (Misha”, George Balanchine y Jerome Robbins, que se “negaron” a escenificarlo por la brevedad y variedad de los distintos estilos. Nuevamente la magia numérica y la herencia occidental en la siempre reconocible música del irrepetible Bernstein, con sordinas, glissandos y todos los recurso sonoros de estos metales con «muchos quilates».

Cinco breves movimientos evocando ritmos populares que KamBrass Quintet nos regalaron con la calidad de cada solista, todos participando en partes virtuosas bien cantabiles, derrochando musicalidad y como se dice coloquialmente “buen rollo” entre ellos, como lo sería la partitura y amistades del mayor músico estadounidense del pasado siglo en todas sus facetas.

Faltaba por presentar María Servera Montserrat, que lo haría agradeciendo a César Frey su implicación en el Five, a Cristina Gestido por su enorme labor en este CIMCO, y también al público presente (en menor número que los anteriores ante la amplia oferta en la capital asturiana) sin el que la música no tendría sentido interpretarse.

El regalo fuera de programa sería de nuestro Manuel de Falla, aún de aniversario (#150Falla) con la “Nana” de sus Siete Canciones Españolas en otro excelente arreglo de los propios KamBrass, buenos conocedores del buen trabajo de tantos arreglistas para esta formación de quinteto, como podemos comprobar en su CD “Developments” que pusieron a la venta al finalizar el concierto.

KamBrass Quintet:

Íñigo Ocón Sagastume y Joan Pàmies Magrané (trompetas)

María Servera Montserrat (trompa)

Xavier Gil Batet (trombón)

Oriol Reverter Curto (tuba)

PROGRAMA:

Jan Bach (1937-2000):

Foliations: Tema y variaciones sobre La Folía

Enrique Granados (1867-1916) -arr. Quinteto Kambrass- :

Tres valses poéticos

Intermezzo, de “Goyescas”

John Cage (1912-1992):

Five

John Dowland (1563-1626) -arr. Timothy Jackson– (1958):

Flow my tears

Leonard Bernstein (1918-1990):

Dance Suite

Oviedo se llena de Tunas

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Oviedo, capital mundial de la tradición universitaria con el XXIX Certamen Internacional de Cuarentunas

  • El evento reunirá a 28 tunas y más de 600 tunos procedentes de España, Portugal, Holanda y México.
  • Las actuaciones oficiales se celebrarán en el Auditorio Príncipe Felipe con entrada libre y gratuita hasta completar aforo.
  • La concejala Covadonga Díaz Álvarez será nombrada Madrina del certamen antes del tradicional canto de «Clavelitos» desde el balcón del Ayuntamiento.
  • La ciudad de Oviedo se vestirá de gala los próximos viernes 16 y sábado 17 de octubre de 2026 para acoger el XXIX Certamen Internacional de Cuarentunas Universitarias. Este evento de referencia cultural y musical, convocado anualmente por la Federación Internacional de Cuarentunas, está organizado en esta edición por la Asociación Tunos Veteranos de la Universidad de Oviedo y cuenta con el firme apoyo institucional del Excmo. Ayuntamiento de Oviedo.
Pero este vigésimo noveno certamen tendrá también un significado muy especial para todos, y especialmente para quien suscribe. Sabemos que, desde donde esté, habrá alguien acompañando cada reunión, cada ensayo, cada pasacalles y cada acorde, nuestro eterno JAMIN 🖤.
Mi «hermano» Jami, Benjamín Castaño Fernández (Mieres, 12 de septiembre de 1960 – Avilés, 11 de julio de 2026), estuvo comprometido con este proyecto desde el primer día, siendo uno de los grandes impulsores tras el último certamen celebrado en Cartagena, y trabajó incansablemente para fortalecer los lazos de amistad entre todas las Cuarentunas. Su ausencia se siente profundamente, pero su legado permanece vivo en cada uno de nosotros.

La cita consolidará una vez más a la capital asturiana como un importante escaparate de la tradición universitaria, acercando al público una manifestación musical con siglos de historia. Durante estas dos jornadas, Oviedo recibirá a 28 tunas y más de 600 tunos que llenarán de música, colorido y alegría tanto las tablas del Auditorio Príncipe Felipe como las principales calles y plazas de la ciudad, impulsando de forma notable el atractivo turístico y cultural de la región.

Recepción oficial e inauguración institucional

El programa oficial arrancará el viernes 16 de octubre a las 17:00 h, momento en el que el Alcalde de Oviedo recibirá a los representantes de las agrupaciones participantes en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.
Durante este acto protocolario, la organización nombrará oficialmente a Doña Covadonga Díaz Álvarez, Concejala de Gobierno de Juventud, Festejos y Centros Sociales, como Madrina de la XXIX edición del certamen. En su honor se le impondrá la beca de distinción y se le hará entrega de un broche exclusivo de la Federación Internacional de Cuarentunas en representación de todos los asistentes.

Tras la ceremonia, el Alcalde, la Madrina, el Presidente de Tunos Veteranos de la Universidad de Oviedo y el Presidente de la Federación Internacional de Cuarentunas saldrán al balcón principal de la fachada consistorial.

Desde allí, la Madrina declarará inaugurado de forma oficial el certamen, dando paso a uno de los momentos más emotivos del fin de semana: la interpretación conjunta de la emblemática canción “Clavelitos” por parte de todas las tunas congregadas en la Plaza del Ayuntamiento.

Pasacalles, rondas y actuaciones en el Auditorio

Vecinos y visitantes podrán disfrutar de la vistosidad de este acto inaugural y del posterior pasacalles a partir de las 17:25 h. que recorrerá el trayecto desde la Plaza del Ayuntamiento hasta la Plaza de la Catedral. Asimismo, las calles y plazas de la ciudad contarán con actuaciones improvisadas y rondas a lo largo de todo el fin de semana.

Por su parte, las actuaciones oficiales de las tunas participantes tendrán lugar en el Auditorio Príncipe Felipe distribuidas en tres grandes sesiones:

  • Viernes 16 de octubre: de 19:15 h a 21:30 h.
  • Sábado 17 de octubre (mañana): de 11:45 h a 14:15 h.
  • Sábado 17 de octubre (tarde): de 18:30 h a 21:30 h.

La entrada para presenciar las sesiones del Auditorio será totalmente libre y gratuita hasta completar el aforo de cada uno de los pases programados.

Jami siempre estarás con nosotros

Más información:

Facebook: https://www.facebook.com/share/1A7eS1hmYt/ 

Instagram: https://www.instagram.com/cuarentunaoviedo

Bach en Covadonga

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Domingo 11 de octubre, 17:00 horas. Basílica de Covadonga. 18º Ciclo “Órganos de Covadonga”. Ana Belén García Pérez: “Más allá de Bach”. Obras de Bach y Widor.

Cuarto y último  concierto del ciclo de órgano con el «Federico de Covadonga» en un domingo veraniego con muchos visitantes que aprovecharon este fin de semana largo de El Pilar y con la guipuzcoana Ana Belén García Pérez (Andoain, 1977) , alumna destacada de Esteban Elizondo y que volvía a nuestra tierra con un programa presentado, como todo el ciclo, por la doctora María Sanhuesa Fonseca que ahondó en la música de órgano “Más allá de Bach”, donde no faltaron las referencias tanto biográficas como cinematográficas, pues la música de “Mein Gott” es siempre perfecta en cualquier estilo y además se ha utilizado tantas películas que los melómanos conocemos precisamente por esas bandas sonoras que las han hecho tan populares.

Con el Órgano Mayor de la Basílica en perfecto estado gracias a los cuidados de Federico Acitores, y puntualidad británica para evitar “apuros eucarísticos” con la música de Bach en su recreación vivaldiana abría Ana Belén García la velada, desde el mimo en la elección de los registros (con la ayuda del titular Fernando Álvarez) donde ir jugando con la alternancia entre tutti y solos de dos violines bien fraseados y contrastados tanto por el italiano como en el enriquecimiento de El Kantor. Reconozco mi debilidad por los tempos lentos y el Adagio central resultó delicioso por la atmósfera creada desde la excelente acústica de la Basílica.

El compositor organista francés Charles-Marie Widor es uno a quien los intérpretes se rinden por sus partituras, con indicaciones puntuales para la registración y la grandiosidad de su amplio catálogo. Como tantos otros a lo largo de la historia, su espejo y modelo es Johann Sebastian Bach y “Bach’s Memento“ es una colección de seis transcripciones para órgano, publicada por primera vez en 1925 (por la editorial J. Hamelle en París). De él elegiría la intérprete guipuzcoana el Aria en mi menor, un arreglo del Preludio y Fuga en Mi menor, BWV 855 (I. Praeludium) y Mattheus Final en do menor, un arreglo de la Matthäuspassion, BWV 244, 78. (BWV68, con ese impresionante coral final “Wir setzen uns mit Tränen nieder” que pondría el mejor broche para este último concierto.

Y entre el francés dos obras de “dios Bach” para desplegar desde La Cuna de España la inmensidad organística nacida en Alemania hasta inundar todo el orbe musical. El Preludio y fuga en la menor, BWV 543 es solo una pequeña muestra de la inspiración compositiva más allá de la matemática en el pentagrama, con el inicio majestuoso antes del desarrollo de la fuga, que desplegó el magisterio en manos y pies de la organista vasca, esta vez pudiendo seguirla en pantalla (se agradece haber venido con todo el equipo audiovisual para favorecer una mayor interacción entre la escucha y la vista).

La Tocata y fuga en re menor, BWV 565 no hace falta presentarla porque probablemente sea la obra más popular de Bach para todos los públicos, a menudo descontextualizada por usarla asociada a imágenes tenebrosas, pero no hay duda que su impacto sonoro sigue manteniéndose sobre todo en el original. Ana Belén García apostó por una interpretación reposada sin evitar el virtuosismo, dejando que los silencios envolvieran las notas de fraseos claros con buena ornamentación. La elección de los registros en los tres manuales más el pedalero lograron un viaje emocional y tímbrico hasta Leipzig desde la arquitectura del alemán de Corao en el castellano Acitores que es ya adulto en Covadonga. Impresionante la fuga antes del último Widor, manteniendo la recreación tanto en la escritura como en la ejecución de mi admirada guipuzcoana.

Con el tiempo justo -en todos los sentidos- aún hubo  propina con la conocida Sonata en  re mayor de Mateo Albéniz (Logroño 1755 – San Sebastián 1831), un guiño a las posibilidades en cualquier instrumento de esta breve y “misteriosa” sonata del riojano fallecido en Donosti, que ha encontrado numerosas transcripciones aunque en el órgano de Covadonga pareció originalmente compuesta con la alegría en el tiempo, los registros suficientes más la siempre excelsa musicalidad de una madura Ana Belén que mantiene su trayectoria organística más allá de la docencia, esperando volver a escucharla de nuevo en algún concierto de su amplia agenda.

PROGRAMA:

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Concierto en la menor, BWV 593 -basado en el Concierto para dos violines, op. 3 nº 8 de Antonio Vivaldi):

Allegro – Adagio – Allegro

Charles-Marie Widor (1844-1937)

Bach’s Memento (1925):

Aria (arreglo del Preludio y Fuga en Mi meinor, BWV 855, 1. Praeludium.

Johann Sebastian Bach

Preludio y fuga en la menor, BWV 543.

Tocata y fuga en re menor, BWV 565.

Charles-Marie Widor

Bach’s Memento:

Mattheus-Final (arreglo de la Matthäuspassion, BWV 244, 78. (BWV)/68. (NBA), Coral: “Wir setzen uns mit Tränen nieder”).

Propina: Mateo Albéniz (1755-1831): Sonata en  re mayor.

Contraste de reinas

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Viernes 9 de octubre, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: 79ª Temporada de Ópera, Maria Stuarda, tragedia lírica en dos actos, música de Gaetano Donizetti (1797-1848) con libreto de  Giuseppe Bardari, basado en la traducción italiana de Andrea Maffei de Maria Stuart de Friedrich von Schiller. Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 30 de diciembre de 1835. Coproducción Ópera de Oviedo y ABAO Bilbao Ópera. Fotos de Fernando Rodríguez, RRSS y propias.

(Crítica para Ópera World del 12 de octubre, con tipografía y colores propios y el añadido de los siempre enriquecedores enlaces)

Oviedo, una de las ciudades finalistas para la Capitalidad Cultural Europea de 2031, volvió a demostrar la amplitud de su oferta musical en una jornada en la que coincidieron el segundo título de la temporada lírica del Campoamor y la inauguración del abono de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), última temporada de su titular, el portugués Nuno Coelho. Una de esas curiosas coincidencias propició también el regreso del austriaco Friedrich Haider al podio de «su» Oviedo Filarmonía (OFIL), orquesta a la que contribuyó decisivamente durante su titularidad entre 2004 y 2011, impulsando su crecimiento y el cambio de denominación de la antigua Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo (OSCO).

Tras inaugurar la temporada del Campoamor con Sorrow, llegaba Maria Stuarda, título intermedio de la llamada “Trilogía Tudor” de Donizetti, junto a Anna Bolena y Roberto Devereux. Tres óperas que, con el amor, los celos, las intrigas palaciegas y la ambición desmedida, contienen todos los ingredientes de una gran serie histórica. La programación ovetense comenzó este recorrido hace dos años y lo culminará el próximo con el viaje musical y dramático al universo de los Tudor (1485-1603).

Estrenada en 1835, Maria Stuarda sitúa frente a frente a dos reinas, Elisabetta I de Inglaterra y Maria I de Escocia, con el conde de Leicester como vértice de un triángulo amoroso. La rivalidad política y religiosa se mezcla así con los celos y el deseo, hasta desembocar en la condena y ejecución de la soberana escocesa. El enfrentamiento entre ambas monarcas, con el célebre insulto «¡Vil bastarda!» como detonante dramático, convirtió la obra en un título especialmente incómodo para la censura. La ópera, inicialmente destinada a estrenarse en Nápoles, tuvo que afrontar cambios y adaptaciones que afectaron tanto al texto como a su recorrido escénico.

Donizetti encuentra en el drama de Schiller un terreno idóneo para desplegar los recursos del bel canto: la ornamentación, el virtuosismo vocal y, sobre todo, una capacidad extraordinaria para convertir el canto en expresión dramática. Bajo la aparente exhibición técnica laten personajes de carne y hueso, con contradicciones, debilidades y una dignidad que la música lleva hasta sus últimas consecuencias. De ahí que escenas como «Figlia impura di Bolena» trasciendan la dificultad vocal para convertirse en auténticos puntos de inflexión teatral. La partitura no se limita a dibujar dos figuras históricas: enfrenta dos maneras de ejercer el poder y dos personalidades condenadas a medirse hasta el final.

De Maria Stuarda existen grabaciones de referencia, entre las que destacan las protagonizadas por Montserrat Caballé y Joan Sutherland en los años setenta, así como la de finales de los noventa con una entonces impresionante Edita Gruberova. Su recuerdo se hizo especialmente presente al reencontrarnos con Haider, que nos había traído a la soprano eslovaca en recital al Auditorio de Oviedo hace 17 años (12 de octubre de 2009) precisamente junto a Oviedo Filarmonía. La memoria también forma parte de la escucha.

En el Campoamor, la ópera solo se había representado en la temporada 2002-2003, con Ángeles Blancas como Maria Stuarda y Joseph Calleja como Leicester entre las voces protagonistas. Aquella producción contó, además, con dos intérpretes asturianos: David Menéndez (Lord Guglielmo Cecil) y Yolanda Montoussé (Anna Kennedy). Veintitrés años después, el título regresaba en una coproducción con ABAO Bilbao Ópera, donde ya la disfrutaron el pasado febrero.

La propuesta escénica de Emilio López busca una lectura actual sin descontextualizar la obra de su periodo histórico. En el programa de mano, el director lo expresa con claridad: «No me interesa trasladar la acción a otra época, sino descubrir todo aquello que sigue siendo profundamente actual dentro del universo de Donizetti». Una declaración que encuentra su reflejo en un montaje de códigos visuales reconocibles, con ecos de Juego de Tronos, pero sin renunciar a la identidad histórica de la trama.

Hay elementos que remiten a la anterior Anna Bolena (de 2024) como la mesa con tablero de ajedrez que Maria arroja al suelo, el pavimento emdosacado y las grandes piezas de ajedrez que convierten a los personajes en figuras de una partida de poder. Entre ellas destaca una reina que terminará descabezada por Lord Cecil, imagen de un destino que parece decidido antes incluso de que las protagonistas puedan mover sus piezas.

El vestuario de Naiara Beistegui mantiene esa estética de serial histórico de cuidada factura, mientras la escenografía geométrica de la asturiana Carmen Castañón construye un espacio de sugerente atemporalidad. Esferas suspendidas, un gigantesco globo terráqueo rodante, un arco cuadrado y dos enormes prismas móviles conforman una arquitectura cambiante que Óscar Frosio transforma mediante una iluminación precisa, adaptando los volúmenes a los distintos ambientes dramáticos. Los vídeos proyectados en el sobretelón completan este universo visual, con resultados desiguales en su desarrollo, pero coherentes con la propuesta general.

Entre las imágenes de mayor impacto destaca el velo rojo proyectado sobre el coro durante la espera de la reina: una sangre simbólica que anticipa la violencia del desenlace y que, al prolongarse, termina por subrayar en exceso una imagen cuya fuerza ya había quedado establecida.

Dos reinas rivales, una católica y otra protestante; una prisionera por orden de la otra; un hombre dividido entre el amor y la lealtad. Y, por encima de todo, una palabra que desencadena la tragedia. Maria y Elisabetta no son aquí simplemente una heroína y una villana, sino dos mujeres atrapadas en las exigencias del poder, obligadas a tomar decisiones cuyas consecuencias acabarán devorándolas. Esa es la lectura que Emilio López coloca en el centro de su propuesta y que la música de Donizetti convierte en drama.

Siguiendo el orden de aparición de los personajes, el telón se abre a la galería palaciega de Westminster. Damas y caballeros regresan del torneo celebrado en honor del embajador francés y esperan la llegada de Elisabetta. El Coro Intermezzo, dirigido por Pablo Moras, permanece buena parte del tiempo en una disposición escénica estática, pero responde con solvencia vocal, afinación y volumen, creciendo en los concertantes hasta alcanzar un resultado especialmente brillante en el final.

La aparición de la mezzosoprano italiana Paola Gardina como Elisabetta ofrece una interpretación que va ganando consistencia a medida que avanza la función. Su instrumento presenta un color homogéneo, agudos poderosos y un registro medio bien proyectado. En la zona grave, sin embargo, pierde parte de la presencia esperable en un papel que tradicionalmente se ha confiado a sopranos, aunque su caracterización de la reina inglesa encuentra otros recursos expresivos con los que sostener la autoridad del personaje.

Buena parte del resultado depende también de una Oviedo Filarmonía que, bajo la batuta de Friedrich Haider, se mostró especialmente sinfónica. Las amplias dinámicas, los contrastes y el cuidado de los matices revelan una lectura musical de calidad, aunque no siempre suficientemente atenta al equilibrio con las voces. En algunos pasajes, la intensidad del foso exige demasiado a los cantantes y amenaza con cubrir la expresión dramática, algo que el bel canto necesita preservar incluso en sus momentos de mayor despliegue virtuoso. Con todo, la orquesta demuestra su solvencia tanto en el acompañamiento como en los pasajes de mayor vuelo instrumental, y el reencuentro con Haider deja un balance musical estimable.

El bajo-barítono David Lagares, como Talbot, vuelve a confirmar una evolución que seguimos apreciando temporada tras temporada en el escenario ovetense. Su instrumento, rotundo y melódico, aporta el necesario contrapeso sonoro a las voces femeninas, mientras su presencia escénica resulta convincente en un repertorio donde el fraseo y la nobleza expresiva son tan importantes como la contundencia. Un conde de Shrewsbury bien delineado y mejor cantado.

En una línea semejante, el barítono Carlos Daza defiende con fidelidad a Lord Guglielmo Cecil, personaje fundamental en la progresión dramática de la obra. Es una de esas figuras que suelen quedar asociadas a la maldad, aunque Donizetti les reserve también momentos de lucimiento vocal. Daza aprovecha esas oportunidades, especialmente en el segundo acto, y contribuye a mantener la tensión de una trama en la que la intriga política nunca deja de avanzar.

Cuando Elisabetta pregunta por Leicester, aparece el tenor coreano Jihoon Son. Afronta los agudos con valentía, aunque en ocasiones se percibe cierta tendencia a cerrarlos, un aspecto que resta algo de amplitud a su línea vocal. A cambio, ofrece una proyección excelente, entrega escénica y un color especialmente esmaltado en el registro medio. Su interpretación gana enteros en los conjuntos, donde encuentra el espacio necesario para integrarse en el tejido vocal sin renunciar a la personalidad del personaje.

El cambio de escenario nos conduce al parque de Fotheringay, donde aparece la reina de Escocia encarnada por la soprano canaria Yolanda Auyanet, también protagonista de la producción en Bilbao. La encontramos en un excelente momento vocal, con una técnica sólida, fraseo cuidado y un legato de auténtica escuela. En Donizetti, esas cualidades son oro puro: la capacidad de sostener la línea, dar sentido a cada frase y hacer que el virtuosismo nazca de la expresión convierte su Maria Stuarda en una creación de notable consistencia. Auyanet no necesita recurrir al exceso para transmitir el orgullo, la fragilidad o la determinación de la reina cautiva. Su instrumento conserva la belleza y la firmeza necesarias para afrontar las exigencias del papel, pero es en la construcción de las frases donde se percibe una experiencia que da profundidad al personaje. La suya es una Maria que vive el drama desde dentro y que, sin perder nunca la dignidad, avanza hacia un final en el que la música y la interpretación se funden con especial intensidad.

La soprano Irina Avramenko, que debutaba en la Temporada de Ópera de Oviedo como Anna Kennedy, dispone de intervenciones más breves, pero suficientes para dejar constancia de su musicalidad. Se integra con naturalidad en los dúos y concertantes, empastando con las voces protagonistas y aportando sensibilidad a la figura de la nodriza, cuyo vínculo con Maria introduce una dimensión más íntima en medio de la lucha política.

La acción crece conforme se suceden los personajes y Donizetti despliega su extraordinaria capacidad para definirlos musicalmente. Los cazadores fuera de escena, el encuentro entre Leicester y Maria, los sextetos y los grandes conjuntos, con o sin coro, revelan una escritura del de Bérgamo reconocible desde los primeros compases: cada voz tiene su espacio, cada intervención modifica el equilibrio dramático y cada concertante parece conducir inevitablemente al conflicto siguiente.

Con seis solistas de nivel homogéneo y una orquesta dispuesta a explorar la riqueza de la partitura, el primer acto dejó ganas de más. La música sostiene la tensión y evita que la sucesión de escenas se convierta en una mera exhibición de recursos vocales, algo esencial en una obra cuyo atractivo reside tanto en el virtuosismo como en la evolución psicológica de sus protagonistas.

Cecil, encarnado por Daza, y Elisabetta, por Gardina, firman el documento que condena a Maria. La sentencia, proyectada sobre los prismas oblicuos, convierte la geometría escénica en una suerte de tribunal visual. Leicester, en la voz de Son, intenta interceder, y el duelo entre los personajes se transforma en un juego de lealtades donde la música dice tanto como las palabras. Las voces se cruzan, se enfrentan y se sostienen mutuamente, mientras la maquinaria del poder sigue su curso.

La escena siguiente nos devuelve a la prisión de Maria. Frente a Cecil y al comprensivo Talbot, la reina escocesa mantiene su orgullo y su arrojo, consciente de que ya no hay negociación posible. La expresividad belcantista encuentra aquí uno de sus terrenos más fértiles: la escritura de Donizetti hace avanzar la acción sin renunciar a la expansión melódica, y cada frase parece acercar a la protagonista a la aceptación de su destino.

La última parte prepara la noche de la ejecución. El coro vuelve a mostrar su solidez, Avramenko se integra con sensibilidad y Auyanet afronta la despedida con gallardía. El primer cañonazo anuncia que la hora se aproxima; Cecil apremia, mientras Talbot y Leicester invocan al Dios vengador de la inocencia. La escena adquiere una dimensión casi ritual, con todos los personajes atrapados en un desenlace que ya nadie puede detener.

«Sangre inocente derramada para apagar la ira del cielo indignado, que no atraiga sobre la Inglaterra perjura el látigo de un Dios vengador». Las palabras, cargadas de presagio, encuentran en la música una expresión desgarradora. El rojo vuelve a ocupar el centro de la escena y la imagen final adquiere toda su fuerza trágica: la reina que ha perdido la corona conserva, sin embargo, la dignidad. El telón cae y el aplauso, contenido hasta ese instante, estalla como respuesta a una tragedia que no necesita subrayados para conmover.

Otro éxito para la Ópera de Oviedo, que mantiene el bel canto como una de las señas de identidad de su temporada. La producción ofrece un marco visual cuidado y una lectura escénica que busca la actualidad sin desfigurar el contexto histórico, mientras el conjunto vocal destaca por su homogeneidad y por la solidez de sus protagonistas, con una Yolanda Auyanet especialmente convincente en la construcción musical y dramática de Maria Stuarda.

La OFIL de Haider aporta calidad y riqueza sonora, aunque un mayor cuidado del equilibrio con las voces habría permitido disfrutar aún más de los matices de la partitura. Son detalles que no empañan el balance general de una función en la que Donizetti vuelve a demostrar que la belleza vocal alcanza su mayor sentido cuando se pone al servicio del drama.

Y queda también una reivindicación que no debería seguir aplazándose: el reconocimiento de nuestros cantantes. En un reparto donde las voces españolas sostienen con solvencia personajes de enorme exigencia, la calidad está demostrada y no necesita disculpas ni concesiones. Producciones como esta, compartidas entre Bilbao y Oviedo, mantienen viva la magia de la lírica y recuerdan que el bel canto no es solo una tradición que preservar, sino un arte capaz de seguir abriendo heridas, siglos después, con la misma belleza con la que las convierte en música.

FICHA:

Viernes 9 de octubre, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: 79ª Temporada de Ópera, Maria Stuarda, tragedia lírica en dos actos, música de Gaetano Donizetti (1797-1848) con libreto de  Giuseppe Bardari, basado en la traducción italiana de Andrea Maffei de “Maria Stuart” de Friedrich von Schiller. Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán el 30 de diciembre de 1835. Coproducción Ópera de Oviedo y ABAO Bilbao Ópera.

FICHA ARTÍSTICA:

Elisabetta, reina de Inglaterra: Paola Gardina (mezzosoprano) – Maria Stuarda, reina de Escocia: Yolanda Auyanet (soprano) – Roberto, conde de Leicester: Jihoon Son (tenor) – Giorgio Talbot: David Lagares (bajo-barítono) – Lord Guglielmo Cecil: Carlos Daza (barítono) – Anna Kennedy: Irina Avramenko * (soprano).

Dirección musical: Friedrich Haider – Dirección de escena: Emilio López – Diseño de escenografía: Carmen Castañón – Diseño de vestuario: Naiara Beistegui – Diseño de iluminación: Oscar Frosio -Dirección del coro: Pablo Moras

Orquesta Oviedo Filarmonía

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

*Debuta en la Temporada de Ópera de Oviedo

Pinturas parisinas

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Jueves 8 de octubre, 19:30 horas: Teatro Jovellanos, Gijón. Abono 1 OSPA,  Martín García (piano), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director del coro), Nuno Coelho (director). Obras de Falla y Ravel.

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) daba comienzo a su temporada 2026-2027 por todo lo alto con un programa reuniendo dos grandes obras del repertorio sinfónico del siglo XX: Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, y Daphnis et Chloé, de Maurice Ravel, y además con un carácter especialmente significativo, al ser la última inauguración de temporada que el portugués Nuno Coelho afronta como Director Titular y Artístico de la OSPA, culminando así cinco años de intenso trabajo, giras, explorando nuevos repertorios, aprendizaje y experiencias compartidas con la orquesta y el público asturiano, contribuyendo a construir esta etapa de especial intensidad en los últimos años de nuestra OSPA.

Esta primera cita de la nueva temporada contaría con la participación del pianista gijonés Martín García García, que interpretaba la obra de Falla, y del coro El León de Oro, que se incorporaría tras el descanso a la orquesta para abordar la partitura de Ravel.

En la nota de prensa presentando esta temporada, la propia OSPA ahondaba en las obras y los intérpretes:

Dos obras maestras para abrir la temporada

“El programa propone un recorrido por dos universos musicales de extraordinaria riqueza. En Noches en los jardines de España, Manuel de Falla combina la escritura sinfónica con la tradición musical española en una obra de marcado carácter evocador, en la que el piano desempeña un papel protagonista”.

La biografía del gijonés Martín García García (1996) es amplia y le llevo escuchando hace años, concretamente desde 2008 y 2009 también con la OSPA y Max Valdés, “precoz madurez” que ha ido pasando por ciclón con ímpetu aún juvenil, funcionando mejor en recital. Reconocido como uno de los intérpretes españoles con mayor proyección internacional, fue el encargado de afrontar la parte solista de la obra de Falla, habiendo actuado por todo el mundo con las orquestas más prestigiosas, logrando hitos significativos (como su debut en el Carnegie Hall de Nueva York) y una exitosa gira en Japón con 25.000 asistentes en 14 actuaciones. Ha recibido importantes reconocimientos a nivel mundial, incluyendo el primer premio en la ‘Cleveland International Piano Competition 2021’ y el tercer lugar en la ‘International Chopin Piano Competition 2021’. 

“La segunda parte estará dedicada a Daphnis et Chloé, una de las partituras más ambiciosas y deslumbrantes de Maurice Ravel. Destaca por su extraordinaria riqueza tímbrica, sus grandes contrastes sonoros y una orquestación de enorme sofisticación. La participación del coro convierte su interpretación en uno de los grandes retos del repertorio sinfónico”.

El León de Oro participaría en la interpretación de Daphnis et Chloé, todo un emblema de excelencia coral que ha conquistado tanto al público como a la crítica especializada a lo largo de su trayectoria de casi 30 años, y se ha convertido en un referente internacional avalado por invitaciones a festivales de prestigio (Arezzo, Flandes, Tolosa, Varna y Tours) y numerosos premios: el primer premio en la London International a Cappella Choir Competition (2014), el Gran Premio Nacional de Canto Coral (2003 y 2006)  y el premio Amuravela de Oro (2021). La versatilidad es uno de los rasgos que mejor define a esta formación ya que ofrece interpretaciones que abarcan desde los grandes nombres del Renacimiento y Barroco hasta las composiciones más audaces del repertorio contemporáneo y esto les ha permitido consolidarse como uno de los principales coros españoles.

Con el nuevo horario de conciertos a las 19:30 horas, tanto en Gijón como en Oviedo, dada la coincidencia el viernes con el segundo título de la Temporada de Ópera, acudí, como muchos abonados ovetenses, al Teatro Jovellanos para esta inauguración que no quería perderme por muchas razones: la doble dimensión al ser el comienzo de una nueva temporada y, al mismo tiempo, la culminación de una etapa artística compartida durante cinco años con el maestro Coelho que la ha hecho crecer hasta un nivel que merece conocerse más allá de nuestra tierra; mantener mi fidelidad  de 35 temporadas como abonado a la OSPA (pese a mi “divorcio con el cocinero”); seguir disfrutando de ella; comprobar la evolución del pianista gijonés; y por supuesto no perderme al LDO como “leónigan” confeso desde sus inicios.

El teatro del Paseo Begoña obliga por su escenario a una colocación “apretada” de la sinfónica asturiana, y más cuando hay un piano o un coro, tal como sucedió en este primer jueves de octubre. Con un retraso no habitual, del que desconozco la causa (con toda la orquesta afinada a la espera de la salida del solista y director), más un público que acudió en buen número a esta inauguración de la temporada de abono (pues la OSPA ya estuvo en el foso del Campoamor para el Sorrow de la ópera carbayona más el sinfónico del Auditorio para los 50 años de Nuberu), en este 2026 aún queda tiempo para la conmemoración de los #150Falla, y en esta segunda temporada como colaborador artístico de Martín García, nos ofrecería las “impresiones sinfónicas”, como así presentó el gaditano sus Noches en los jardines de España (1916) que iniciaría en París partiendo de los Nocturnos, como bien refleja Jonathan Mallada en las notas al programa. Tres movimientos donde el piano no se enfrenta a la orquesta como un solista convencional sino que dialoga y se imbrica con ella de forma constante. Nuno Coelho así lo entendió con ricas dinámicas y respetuoso con el piano, donde degustar la orquestación de Falla, aunque Martín García optó más por la potencia y el intento de sobresalir. No era necesario porque se pierde toda la sutileza de una pintura casi de acuarela y no de pastel ni óleo: fresca en vez de intensa, jugando con una amplia paleta de colores que la OSPA logró de principio a fin con un sonido que el titular ha ido personalizando en este tiempo, conocedor del potencial de su formación capaz de afrontar cualquier lienzo sonoro.

Si la evocación acuática del primer movimiento son las fuentes de La Alhambra, el gijonés prefirió las cascadas del bosque nazarí que bajan de Sierra Nevada. Al menos en la Danza lejana mantuvo una delicadeza necesaria para partir hasta la sierra cordobesa que nuevamente la OSPA con Coelho delineó con tinta china los trazos gruesos de un solista que no se integró en la sonoridad global.

Y la propina también Falla con una Danza del fuego imprecisa, trastabillada, con llamaradas y dando la impresión de un fuelle soplando para que no se apagase. Espero otra ocasión para reencontrarme con “el otro Martín” inspirado y contenido, más centrado como solista (un ciclón potente como en noviembre de 2022, o delicadamente poderoso desde el mismo ímpetu juvenil como en febrero pasado con la OSPA).

El descanso necesario para reubicar todo el escenario nos traería al Ravel de esta “sinfonía coreográfica” impresionante más que impresionista, muy trabajado, preciso, parisino y de aires cantábricos, con todas las secciones exigentes para todos los solistas, desde la concertino invitada Hannah Perowne hasta la celesta de Sergey Bezrodny, de la flauta de Pan de Myra Sinclair a la máquina de viento de Juan Antonio Martín, la viola de Lucía Ortiz y el cello de Max von Pfeil, así todos y cada uno de los profesores que en este Daphnis et Chloé (1909-1912) deben unirse, sentirse individuales sin perder la compleja unidad, siempre desde la batuta de Nuno Coelho dando protagonismo puntual, dejando fluir las frases, contagiando seguridad, marcando con precisión los múltiples cambios rítmicos y de aire, matizando cada detalle de esta página sinfónica llena de colores, intensidades, emociones y auténtico “caleidoscopio orquestal”, con pasajes que parecen preparar La Valse (1919-1920).

Sumemos al LDO, capaces de afrontar una partitura al alcance de pocos coros y con una plantilla que no llegó a 48 voces (que serían 12 por cuerda), sin referencias instrumentales ni texto para cantar, todo con boca cerrada o vocalizaciones como “ah” u “oh” con inflexiones, matices, ataques, creando efectos atmosféricos, casi místicos, de verdadero color armónico y comportándose como una sección orquestal más, pues así debe funcionar en esta compleja y difícil partitura, flotando sobre un colchón instrumental (cuerdas, arpas y viento-madera), e incluso cantando con los metales. Ubicados al fondo, con las siempre envidiables voces blancas flanqueando las graves, todos “incómodos” por las estrecheces del escenario pero con profesionalidad y mucho trabajo previo que Marco Antonio García de Paz logró para este ballet de Ravel, pocas veces podremos escuchar en vivo esta obra como en Gijón y al día siguiente en Oviedo. Perfectamente imbricado en el sonido sinfónico, también lo disfrutamos brevemente “a capella” en el único momento del Interlude (que cierra el primero de los tres cuadros) y que demostró la versatilidad de los gozoniegos para cualquier repertorio, que en el sinfónico-coral siguen siendo sinónimo de calidad, empaste y afinación.

Con un público respetuoso y emocionado, el ballet alcanzó su cumbre en la bacanal final, auténtico broche de oro para casi dos horas de buena música sentida como perfumes parisinos y salitre cantábrico.

Si Coelho ha conseguido un “sonido OSPA”, con la suma vocal de «los leones» amplió una paleta tímbrica casi galáctica, que a buen seguro en el Auditorio de Oviedo, con otra acústica y más espacio, aún brillará más.

PROGRAMA:

Manuel de FALLA (1876-1946): Noches en los jardines de España:

I. En el Generalife

II. Danza lejana

III. En los jardines de la Sierra de Córdoba

Maurice RAVEL (1875-1937): Daphnis et Chloé (Ballet completo):

Tableau I

Introduction et Danse religieuse

Danse générale

Danse grotesque de Dorcon

Danse légère et gracieuse de Daphnis

Danse de Lycéion

Nocturne

Danse lente et mystérieuse des Nymphes

Interlude

Tableau II

Introduction et Danse guerrère

Danse suppliante de Chloé

Tableau III

Leverdu jour

Pantomime (Daphnis et Chloé miment l’aventure de Pan et de Syrinx)

Danse de Chloé

Danse générrale (Bacchanale)

Comienzan las celebraciones musicales

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Miércoles 7 de octubre, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 12 del año 2026 (año 129, concierto 2.109) de la Sociedad Filarmónica de Oviedo: Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, Pedro Ordieres (director), Ensemble RONA (Valerie Steenken, violín – Montserrat Egea, chelo – Juan Barahona, piano). Obras de Ramón de Garay, Borodin y Beethoven.

Inaugurábamos la temporada 2026-27 en la centenaria Sociedad Filarmónica de Oviedo con la orquesta de su Fundación que dirige el violinista ovetense Pedro Ordieres (1979), heredera de la extinta Orquesta de la Universidad que fundase su padre Alfonso, y que al fin ha encontrado el necesario asentamiento en este año desde su nacimiento para seguir creciendo y dando la oportunidad a muchos músicos para seguir formándose («servir como espacio de encuentro intergeneracional para músicos aficionados, estudiantes y adultos que desean tocar en equipo» según reza su ideario), desde repertorios exigentes, también del gusto de un público que este primer miércoles de octubre acudió en buen número al teatro de la calle Mendizábal pese a las inclemencias otoñales, y que suponen todo un reto, evidentemente para cualquier orquesta, más aún para esta formación que adapta su amplia plantilla con total naturalidad a las obras programadas.

Es necesario  seguir reivindicando nuestro patrimonio musical asturiano, y nadie mejor que Ramón Fernando de Garay y Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) , un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven (por citar la terna clásica), prolijo en todos los estilos aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías (escritas entre 1790 y 1817) que han sido grabadas hace ya quince años por el incombustible José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo (y agotadas  dentro del sello Verso de la Fundación BBVA), formado en la Real Colegiata de Covadonga donde su padre era organista, antes de su partida a Jaén en 1785. Al menos en La Villa del Adelantado pude degustar su Sinfonía nº 9 allá por 2013 dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa (también fenecida) y que volvería a escuchar con la OSPA en mayo de 2017 y Víctor Pablo Pérez.

Hay que mantener el patrimonio asturiano con su amplia herencia sinfónica, y el maestro Pedro Ordieres optó por la Sinfonía nº 1 en Mi bemol mayor, que con esta misma orquesta ya ha interpretado el pasado mes de junio en la villa natal de Garay, y en Boal dentro del 9º Festival Indiano «Volven os americanos», acercando la música orquestal al tristemente olvidado suroccidente asturiano, por lo que podemos decir que «estaba bien rodada», algo que se notó en sus cuatro movimientos (Allegro – Minuet (Andante) – Andante Amoroso – Presto), ajustados a las indicaciones, con una plantilla equilibrada en sonoridades y plenamente adaptada a este estilo clásico del avilesino, que desde el podio Ordieres llevó sin batuta, mandando y llevando con sus manos polifónicas para así resaltar los motivos, marcar con precisión las amplias  dinámicas y ejercer de auténtico «maestro de capilla» como lo fue el avilesino emigrado a Jaén (donde pude presumir de la asturianía que muchos desconocían).

Y desde esa adaptación de la plantilla a todos los repertorios que está frontando, sacando «músculo» nos ofrecerían el poema sinfónico En las estepas de Asia Central (1880) del ruso Alexander Borodin, dedicada a Liszt, auténtica prueba de fuego para los solistas de viento, bien arropados por una cuerda que fue ganando cuerpo y mejorando afinación a lo largo del concierto, desde el dedicado lirismo inicial hasta los tutti bien empastados.

Ensemble RONA

El plato fuerte, tras el descanso, y aperitivo del 200 aniversario de la muerte de Ludwig van Beethoven (me hago viejo porque ya celebré los 150 y recuerdo conciertos en el de su nacimiento) sería el Triple Concierto para violín, violonchelo y piano en Do mayor, op. 56 contando con el trío del Ensemble Rona, otra formación versátil y polivalente que nace de la admiración de sus miembros hacia la música de cámara, forjados en la madrileña Escuela Superior de Música Reina Sofía, y que a nivel solista son parte de una excelente generación de jóvenes intérpretes que tienen un nivel altísimo fruto del duro trabajo, y en Beethoven lo demostraron con creces en sus tres movimientos (Allegro – Largo – Ronda alla Polacca), emulando a otros grandes que se unen para parecer fácil esta difícil y poco programada página de «El Genio de Bonn».

La muniquesa Valerie Steenken (1999), concertino de la OCNE desde 2023, la toledana Montserrat Egea (1997), docente y chelista también de la OCNE un año antes (formación que volvía a escuchar este verano en Granada), y el pianista asturiano -que le nacieron en París- Juan Barahona (1989) al que sigo desde sus inicios, resultaron los solistas ideales por su compenetración, musicalidad, entendimiento, dinámicas, sonoridad, y la perfecta concertación de Ordieres con su orquesta, en este triple beethoveniano al alcance de muy pocos. Un lujo contar con el Ensemble Rona para disfrutar de esta partitura bien llevada por todos, con unísonos impecables, cambios de tempo bien encajados, amplísima gama de matices y el protagonismo compartido donde reconocer la calidad de estos solistas siempre «mimados» desde el podio, fieles a un estilo cercano en una interpretación sin complejos por parte del trío.

Con el buen sabor de boca del Triple, el agradecimiento de Juan por estar en casa (donde volverán en abril) y la presentación por parte de Valerie, qué mejor propina que Beethoven y el tercer movimiento (Tema con variaciones: Allegretto) de su  Trío en si bemol para piano, clarinete y cello, op. 11 “Gassenhauer” (1798), que en esta versión elevó aún más la calidad de este concierto inaugural de la temporada, abriendo ya el «Año Beethoven«.

 

PROGRAMA:

R. Garay (1781-1824)

Sinfonía nº 1 en mi bemol mayor:

Allegro – Minuet – Andante Amoroso – Presto

A. Borodin (1833-1887):

En las estepas del Asia Central

L. V. Beethoven (17770-1827):

Triple Concierto oara violín, vioonchelo y piano en do mayor, op. 56:

Allegro – Largo – Ronda alla Polacca

30 años de vida coral

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Marco A. Gª de Paz y Elena Rosso, toda una vida coral

El León de Oro inicia la temporada 2026/2027 marcada por sus 30 años de trayectoria

El Proyecto LDO afronta un curso que combina grandes proyectos sinfónico-corales, repertorio histórico y contemporáneo, nuevos espacios y colaboraciones, con presencia en Asturias, otros puntos de España y el ámbito internacional

El Proyecto El León de Oro inicia su temporada 2026/2027, un curso especialmente significativo al coincidir con el 30º aniversario de su nacimiento en Luanco, capital del Concejo de Gozón (Asturias). Si dos décadas eran mucho, tres décadas después aquel pequeño grupo de amigos en torno a las habaneras de la villa marinera en el local familiar que ahora regenta Julio García de Paz, el LDO es hoy un proyecto coral integral que reúne cinco formaciones —Peques LDO, Lithos, Aurum, Ferrum y El León de Oro— y que combina excelencia artística, formación, comunidad, compromiso con Asturias y proyección nacional e internacional.

Las celebraciones específicas del aniversario se darán a conocer a finales de este 2026, pero la propia programación permitirá mostrar lo que significa haber llegado hasta aquí: un proyecto capaz de crecer, transformarse y generar nuevas generaciones y formaciones sin perder sus raíces, con repercusión en la prensa regional.

Una misma raíz, muchas formas de hacer música

La programación refleja la diversidad que caracteriza a LDO: desde el Renacimiento y el Barroco hasta la creación contemporánea, desde el canto a cappella hasta las grandes obras sinfónico-corales, y desde propuestas familiares y educativas hasta proyectos concebidos para espacios singulares.

Las cinco formaciones representan distintas edades, voces y recorridos, pero comparten una misma identidad. Es la geometría variable de El León de Oro: diferentes maneras de hacer música dentro de un mismo proyecto.

Esta dimensión intergeneracional estará especialmente presente a lo largo de la temporada, mostrando un proyecto que crece de generación en generación: desde Peques LDO y Lithos, como espacios de formación y futuro, hasta Aurum, Ferrum y El León de Oro. Y al mando no solo el tándem Marco–Elena, también Jesús Gavito Feliz, fundador del coro, compositor, docente y director, que no podía faltar para sumar el crecimiento y ampliación de este proyecto que mantiene el mismo espíritu de esta vida coral en común, «genuina cantera» de oro.

De Luanco al mundo

Si en este blog me presento como «de Mieres al mundo», LDO lo hace desde Luanco, que seguirá siendo el origen y lugar de referencia del proyecto, pero la temporada volverá a demostrar que las raíces no son un límite, sino el punto desde el que proyectarse. La programación recorrerá numerosos escenarios asturianos y llegará también a Barcelona, Santiago de Compostela, Cocentaina y Maribor (Eslovenia).

El resultado es un diálogo permanente entre territorio y proyección, identidad y apertura, que resume una de las señas de LDO: talento asturiano, sonido global.

Grandes encuentros artísticos

La temporada arrancará los días 8 y 9 de octubre con la OSPA en el Teatro Jovellanos de Gijón y el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, respectivamente, con Daphnis et Chloé de Ravel, bajo la dirección de Nuno Coelho y con Marco Antonio García de Paz al frente del coro.

Uno de los momentos más singulares llegará el 7 de noviembre en Cocentaina, donde Aurum y Ferrum participarán en el 26º Gran Premio Nacional de Canto Coral tras haber obtenido sendos primeros premios nacionales. Las dos formaciones compartirán escenario dirigidas, respectivamente, por Elena Rosso y Marco Antonio García de Paz. Más allá de la competición, será el encuentro excepcional de dos caminos nacidos de una misma raíz, una imagen especialmente significativa de la evolución de LDO.

El calendario incluirá también el gran programa dedicado a Mendelssohn con Oviedo Filarmonía, proyectos junto a otras agrupaciones y diferentes propuestas de repertorio coral.

Música y espacio

La temporada explorará asimismo la relación entre música, arquitectura y patrimonio. La Cúpula del Centro Niemeyer acogerá propuestas de El León de Oro y Aurum; la Catedral de Oviedo será escenario de Caleidoscopio y LDO actuará en San Martín Pinario de Santiago de Compostela conmemorando el Año Santo Jacobeo.

Son proyectos concebidos desde la idea de que el espacio también forma parte de la experiencia musical, y en los que voz, arquitectura, acústica, luz y silencio pueden establecer nuevos diálogos.

 

Una temporada de encuentros y comunidad

La programación estará atravesada por el encuentro: con orquestas, coros, compositores, otras disciplinas artísticas y, especialmente, con el público. En este sentido, «LDO en Comunidad» continuará llevando la actividad coral a diferentes municipios asturianos, con citas previstas en Pravia y Arriondas, acercando la música a nuevos públicos y reforzando la participación y la cohesión cultural.

Esta vocación estará también presente en la participación de Aurum en el II Certamen Internacional de Poesía y Relato Corto Poeta Aurelio González Ovies, en los conciertos navideños que reunirán a las cinco formaciones y en la tradicional participación del proyecto en las Fiestas del Socorro de Luanco.

Treinta años construidos entre todos

Los 30 años de LDO son, sobre todo, 30 años de personas: cantantes, directores, profesores, familias, colaboradores, instituciones, empresas y públicos que han sostenido y acompañado el proyecto. La trayectoria artística no puede entenderse sin esa comunidad que ha permitido que aquella iniciativa nacida en Luanco se haya convertido en la realidad actual. Y como seguidor incondicional me permití nombrarnos a sus incondicionales a lo largo de estos años como #leónigans que siguen aumentando en el tiempo. Por eso, la temporada 2026/2027 no será simplemente la antesala de una efeméride. Será una muestra de lo que El León de Oro es hoy y de todo lo que todavía puede llegar a ser.

30 años construyendo música: una historia que sigue creciendo

El León de Oro expresa su agradecimiento a todas las empresas, instituciones y entidades que, de una manera u otra, hacen posible que este proyecto siga creciendo y desarrollándose. De manera especial, a Grupo SATEC, su mecenas, por su apoyo continuado y su compromiso con la cultura y el talento asturiano; a Excade, S.L., y a las instituciones que respaldan su actividad, como la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Gozón, entre otras. Su apoyo resulta fundamental para mantener vivo un proyecto cultural arraigado en Asturias, favorecer el desarrollo de nuevas generaciones de músicos y seguir llevando el nombre de nuestra tierra a escenarios nacionales e internacionales. Como «leónigan» puedo presumir desde distintos puntos de la geografía española de su calidad y altísimo nivel que les pone de referente no solo coral sino de un auténtico proyecto de vida que cumple 30 años, esperando seguir disfrutando.

Volver a Covadonga

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Domingo 27 de septiembre, 17:00 horas. Basílica de Covadonga. 18º Ciclo “Órganos de Covadonga”: Heinrich Walther. Obras de Vivaldi, Bach y Arriaga.

Segundo concierto del organista alemán Heinrich Walther este fin de semana en una Asturias que le enamora hace muchos años (reconoce tener una foto de Los Lagos en su despacho de Friburgo), y otra oportunidad para comprobar cómo la música es irrepetible y cada órgano un mundo.

Con un programa casi idéntico al anterior de Pola de Siero, este domingo se veía recortado por las «necesidades del culto» que limitaron la duración del concierto a una hora (con las campanas marcando cada cuarto y las seis de la tarde durante el último Allegro con moto, y privándonos de alguna obra más). Si el “órgano de La Pola” lo calificaba de cercano, de sonido relajado y versátil por su mecánica con el verdadero “sello Grenzing”, el «Federico de Covadonga» otorga mayores posibilidades  en su tímbrica, un teclado más, la sonoridad que la Basílica proporciona, así como muchos más registros apropiados para las tres páginas que el alemán interpretó como hace 13 años, donde ya escribía «Otro alemán en Covadonga» recordando al de Corao, aunque a Heinrich casi podemos considerarlo asturiano de adopción.

También segundo concierto del 18º Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga» con la presentación del programa a cargo de María Sanhuesa Fonseca que relacionó las obras sinfónicas con las transcripciones al órgano, un breve análisis de las tres partituras que escucharíamos, así como la cita a Edouard Batiste «El domador de órganos» por su labor en esta siempre complicada labor a partir del estudio y copia de las partituras originales, y cómo el Acitores de la Basílica está «bien domado por su titular Fernando Álvarez Menéndez» desde hace muchos años, verdadero alma mater de un ciclo plenamente consolidado en este inicio del otoño asturiano donde acudimos los amantes del instrumento rey (que posamos con Walther a la salida del concierto donde no faltó el propio Federico Acitores y señora, orgulloso de su «hijo» que ya ha cumplido 25 años, inaugurado el 21 de abril de 2001).

J. S. Bach conoció y admiró la obra de su contemporáneo el italiano Vivaldi pues el aprendizaje en su época consistía en copiar las partituras, aunque «el Kantor» no se limita al trabajo artesano para poder dar desde su instrumento toda la gama tímbrica de orquesta del Concierto Op. 3 nº 6 para 2 violines y continuo, RV 522, sino rehacerla y añadiendo ornamentos tan propios de «mein Gott», jugando con los teclados y registros para engrandecer los contrastes entre solistas y  tutti que en el gran órgano sinfónico de Acitores con las manos, pies y magisterio de Heinrich Walther, trabajando como pocos la registración.

Heinrich Walther volvió al Bach original con el «Autógrafo de Leipzig» desde su estancia en Weimar y uno de sus 18 Chorales, “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (Oh! Inocente Cordero de Dios), canto de manos y pies con la siempre prodigiosa escritura de Bach, y en Covadonga sin la bombarda turbia para que los bajos no tapasen los tres teclados, al fin el equilibrio que Walther no encontró el día anterior y al fin pudimos disfrutar de la grandeza germana -en todos los sentidos- y la sonoridad de otro «Federico El Grande», desde Covadonga al mundo.

Y como escribía esta madrugada antes sobre dos órganos distintos por las sonoridades pero un solo maestro, volvía a escuchar el arreglo para órgano de la Sinfonía en re del malogrado Arriaga realizada por el propio Heinrich, enlazando lo que hizo Bach con Vivaldi: llevar lo orquestal a los tubos, un exhaustivo estudio de la partitura sinfónica y la recreación al órgano, pues como «el kantor» con el italiano, el maestro alemán lo realiza desde su conocimiento con el bilbaíno. Siempre le agradeceremos al maestro alemán que siga volcado no ya en la interpretación, también en la difusión a través de sus arreglos de muchas páginas sinfónicas donde no faltan compositores vascos. Walther recrea esta Sinfonía en Re de Arriaga, y además como un bien pintor es capaz en dos órganos distintos de utilizar una base distinta (tabla o lienzo), técnica (óleo o acuarela) pero sobre todo pinceles distintos porque logra nuevos trazos, brillos, inmediatez desde el oficio, para ofrecer un mismo cuadro con dos visiones. No es sólo restaurar y limpiar un cuadro, es utilizar las características de los órganos para reconocer siempre lo pintado. Riqueza orquestal por tímbricas, matices, fraseos, tempi y sobre todo un clima sonoro que en Covadonga fue aún más hondo.

Tras el concierto de Siero escribía «Perfecta recreación sinfónica, todo un espectáculo visual verle manejar pies y manos, los cambios de teclado, los registros rápidos sin perder la unidad orquestal, la dirección e interpretación todo en uno desde el instrumento rey que además Walther conoce a la perfección», para redondear en «El Federico de Covadonga» una Sinfonía en Re mayor de Arriaga-Walther.

Gracias a Heinrich ¡el alemán asturiano!

PROGRAMA:

Antonio Vivaldi (1678-1741) – J. S. Bach (1685-1750): Concierto para órgano en la menor, BWV 593 -arreglo para órgano-:

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro.

Johann Sebastian Bach: “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (del “Autógrafo de Leipzig” / 18 Chorales).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826) – Heinrich Walther (1959): Sinfonía en Re, para orquesta:

I. Adagio – Allegro vivace – Presto. II. Andante. III. Allegro. IV. Allegro con moto.

Siempre Heinrich Walther

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Sábado 26 de septiembre, 20:15 horas. Iglesia de San Pedro de Pola de Siero. Concierto de órgano “El viento que canta”: Heinrich Walther. Obras de Buxtehude, Vivaldi, Bach y Arriaga.

Al organista alemán Heinrich Walther (1959) habría que nombrarle hijo predilecto de Asturias, pues además de un enamorado de nuestra tierra es habitual encontrarlo en los distintos órganos asturianos a los que hace “trabajar” a fondo, e incluso grabar discos en ellos donde transmitir el enorme legado que muchos de aquí ni siquiera reconocen, aunque todavía quedan los fieles defensores del llamado “rey de los instrumentos”, y Walther es todo un apóstol.

En Pola de Siero la Iglesia de San Pedro tiene desde 2013 un órgano de Gerhard Grenzing (13/II), constructor afincado en El Papiol, al que el tiempo le va otorgando la “maduración” necesaria desde una sonoridad  cercana por su ubicación (en el transepto norte al lado izquierdo del altar) y sonidos muy bien combinados, con un secreto doble de registros intercambiables para poder seleccionar alternativamente el suministro de viento a los tubos de uno u otro teclado, con las correderas de palancas encima de la consola. Por todo ello es un órgano capaz de crear sonido rápido con una mecánica de ejecución precisa y sensible, de sonido relajado pero fusionado muy “sello Grenzing”, y como el propio constructor lo ha definido.

En este mismo instrumento Heinrich grabó un CD en noviembre de 2023 con una muestra de Bach a Usandizaga, tres siglos de estilos variados donde mostrar las enormes posibilidades del “órgano de La Pola”, una exploración que con Walther siempre es un placer escuchar, y aún más en directo.

Este último sábado de septiembre la Asociación Pro-Órgano de Siero, con el patrocinio de la propia Parroquia de San Pedro Apóstol, la Consejería de Cultura del Principado, el Ayuntamiento  de Siero y el propio taller de Gerhard Grenzing, el organista alemán desgranaría  cuatro páginas con el nexo del trabajo en encontrar los sonidos precisos para cada una de ellas.

Buxtehude sería el principio de este «peregrinaje», como haría J. S. Bach, el órgano barroco poderoso, de sonoridades rotundas combinadas con rigor expresivo en los dos teclados más el pedal, que nos llevaron a la majestuosidad luterana de los preludios abriendo las celebraciones, esta vez con el Preludio en fa sostenido menor, BuxWV 146.

Bach conoció la obra de su contemporáneo Vivaldi, y el arreglo que hace “el Kantor de Leipzig” es un trabajo de artesano para poder dar desde su instrumento toda la gama tímbrica de orquesta del concierto para dos violines, cuerda y continuo RV522, rehaciéndola, engrandeciendo las voces y jugando con los contrastes de sus tres movimientos, donde el Adagio central es un prodigio en el órgano. Así lo entendió Heinrich Walther con un esmerado trabajo de registración.

Con la sonoridad germana del Grenzing catalán en esta Pola recia, el mejor exponente sería el coral BWV 656 “Oh! Inocente Cordero de Dios”, la plegaria musical del culto, donde cantan manos y pies. La escritura de Bach es prodigiosa y los bajos por momentos taparon las dos manos, pero es difícil encontrar el equilibrio que Walther buscó desde el inicio.

Lo más interesante e intenso de este concierto sabatino sería escuchar el arreglo para órgano de la Sinfonía en re del malogrado Arriaga, presentada en Avilés el pasado año (que me perdí), realizada por el propio Heinrich, en cierto modo enlazando lo que hizo Bach con Vivaldi, y que continúa la labor que el maestro alemán ya hizo con los también vascos Usandizaga y su “Fantasía para violonchelo y orquesta” o Tomás de Garbizu y su “Misa Benedicta”.

Entusiasta de estos compositores le ha llevado a analizar sus páginas sinfónicas para recrearlas en el órgano. El trabajo que Walther realiza de la sinfonía de Arriaga, que descubrió hace un año, es como la de restaurar y limpiar un cuadro, para ofrecer desde el órgano toda la riqueza orquestal no solo en tímbricas sino en matices, fraseos, tempi y hasta en el clima sonoro. Perfecta recreación sinfónica, todo un espectáculo visual verle manejar pies y manos, los cambios de teclado, los registros rápidos sin perder la unidad orquestal, la dirección e interpretación todo en uno desde el instrumento rey que además Walther conoce a la perfección, consiguiendo una recreación más que un arreglo de la Sinfonía en Re mayor de Arriaga. Si en la segunda obra la autoría es Vivaldi-Bach, en esta es justo por Arriaga-Walther.

Y con ese aire mozartiano o haydniano que tiene Arriaga más los sonidos del Grenzing, la propina sería del Brahms romántico heredero de la tradición organística germana con su Herzlich tut mich erfreuen, antes de partir para Covadonga donde Heinrich Walther se pondrá nuevamente al mando del Acitores, como hace ya 13 años tras el “bautizo avilesino”, dos años antes en su Semana de Música Religiosa o la visita en 2010 a otro Acitores, el ovetense de 2000 en la Iglesia de San Francisco para la vigésimo primera edición del siempre recordado Festival de Órgano CajAstur.

Distintos órganos, distintas sonoridades y un solo maestro.

PROGRAMA:

Dietrich Buxtehude (1637-1707): Preludio en fa sostenido menor, BuxWV 146.

Antonio Vivaldi (1678-1741) – J. S. Bach (1685-1750): Concierto para órgano en la menor, BWV 593 -arreglo para órgano-:

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro.

Johann Sebastian Bach: “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (del “Autógrafo de Leipzig” / 18 Chorales).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826): Sinfonía en Re, para orquesta:

I. Adagio – Allegro vivace – Presto. II. Andante. III. Allegro. IV. Allegro con moto.

(arreglo para órgano de Heinrich Walther, 202 / 2026)

Propina: Johannes Brahms (11833-1897): Herzlich tut mich erfreuen, op. 122, nº4

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