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Beethoven al piano

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Martes 12 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 8 del año 2026, 2.105 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (año 120). Beethoven Piano Dúo (Sylvia Torán y Ramón Grau). Obras de Beethoven.

Desde mis años de estudiante Beethoven ha estado presente tanto en el piano como en los conciertos donde mi tío Paco me llevaba al Teatro Filarmónica (haciéndome socio de su sociedad en 1971) e incluso me regalaba discos donde profundizar y seguir aprendiendo de los grandes intérpretes.

Las sonatas del genio de Bonn están en mi discoteca desde hace muchas décadas, y Willhem Kempff  sería mi primer referente. Después llegarían muchos más, desde los vinilos a los discos compactos sin faltar Daniel Barenboim o el siempre único Glenn Gould, entre otros muchos. De mis partituras abundan no solo las distintas ediciones de las sonatas, también las de violín y piano (obligadas en los dos años de «Música de cámara» con mi siempre recordado Carlos Luzuriaga), las increíbles transcripciones de las sinfonías a cargo de Liszt (diabólicas como el propio virtuoso), más lieder varios y algunas páginas sinfónicas y/o corales que trabajé en los ya lejanos tiempos de repertorista en la Academia Real Musical de la calle Principado ovetense.

Está claro que para todo melómano y estudiante, por supuesto todo un reto para los músicos profesionales, Beethoven siempre está y debe estar presente «en dedos», desde la llamada trilogía de Las Tres B (junto a Bach y Brahms), que en los conciertos de cámara tampoco puede faltar. Así que volvía a la calle Mendizábal para un monográfico pianístico con dos de sus sonatas de plenitud (la Appasionata y la número 31), más una transcripción a 4 manos de su séptima sinfonía con dos maestros que llevan desde 2008 uniendo carreras y pasión beethoveniana, repartiéndose las sonatas y sumando dedos para «La Séptima» del sordo, con las transcripciones de las sinfonías que sigue llevando el dúo en sus recitales.

Sería Sylvia Torán quien presentaría este concierto, con el que volvían a la Sociedad Filarmónica de Oviedo, cronologías, breve análisis y el deseo de compartir una pasión que nos une a tantos.

Ramón Grau (Úbeda, 1989) abriría la velada con la Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata» en su acepción e interpretación. El acercamiento del jienense afincado en Madrid (alumno de Ana Guijarro y del añorado Jenõ Jandó entre otros) a esta sonata, resultó nebuloso aunque intenso, en parte por un pedal no siempre apropiado ni ajustado que impidió una mayor claridad en el sonido, compensado por la pasión y unos excelente contrastes dinámicos que pusieron a prueba los años del Steinway© de la sociedad ovetense que sigue mimado por Jesús Arévalo. Desconozco si había problemas técnicos en el piano, que todo intérprete debe lidiar al no ser nunca el mismo, pero no me emocionó ni resultó la interpretación esperada (mis referencias siempre ponen el listón demasiado alto). Hubo detalles interesantes por los fraseos, la elección de los tempi e incluso cierta frescura juvenil en el acercamiento a esta página, que personalmente necesita algunos años más para poder exprimir todo lo que encierra su escritura, avanzar técnicamente y profundizar musicalmente.

Si el andaluz puso pasión, la madrileña pondría el poso y la madurez con la Sonata nº 31 en la bemol mayor, op. 110, toda una súplica humana y la respuesta divina en una época difícil para Beethoven. Con una pulsación desigual y débil por momentos -que nos hizo perder notas-, el primer movimiento resultó literalmente «espressivo», mientras las dos fugas del tercero estuvieron poco claras aunque bien contrastadas por el juego de las cuartas (descendentes y ascendentes) aunque sin la rotundidad o profundidad de la forma que «dios Bach» colocó en el más allá compositivo e interpretativo.

No hubo pausa y llegaría la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 en una interesante transcripción a 4 manos de Hugo Ulrich (1827-1872), Torán en los graves y Grau en los agudos. Liszt parece tener veinte dedos en su acercamiento sinfónico desde el piano, y escribió: «No hay meditación sobre ellas ni estudio demasiado profundo. En consecuencia, cualquier modo de propagarlas y popularizarlas tiene su lugar». Las transcripciones de Liszt de las sinfonías de Beethoven no sólo son algunas de las transcripciones piano más rigurosas y difíciles de tocar, sino también las más fieles desde el punto de vista sonoro. Ulrich las utiliza directamente, «facilitando» los equilibrios y balances de esta maravillosa Séptima que sigue siendo rica, vitalista, pletórica por momentos, colorista desde una profundidad  de escritura que, al piano, nos acerca a los tiempos donde las orquestas no estaban al alcance del gran público.

El Steinway© sufrió un poco en los agudos que «castañetean» aunque lograsen un color distinto que se agradece en esta transcripción. Importante el trabajo de compenetración de los dos artistas, siempre difícil encajar entradas, silencios y matices, así como manejar los pedales para no enturbiar, si se me permite, «lo principal desde lo accesorio», e incluso la necesaria coordinación para pasar hoja entre uno y otro.

Del acercamiento que el compositor, educador musical y arreglista romántico hace de las sinfonías del «sordo genial», logra un lenguaje pianístico a cuatro manos que puede incluso hacernos olvidar el original, pues trabaja para los dos pianistas, caso del interesante Allegretto con la conocida «marcha fúnebre» donde comienzan las manos graves para ir sumando la tercera y cuarta en el agudo, logrando no solo ganar en dinámicas sino en presencia.

Los tempi rápidos resultan siempre exigentes y bien trabajados, especialmente el Allegro con brio final, aunque los matices resultasen de libro, y por momentos exagerados por unas acentuaciones que ayudan a encajar las cuatro manos, pero escapan de los fraseos y tímbricas orquestales que el piano, por mucho que se trabaje, es incapaz de superar.

Con todo siempre se agradecen estas transcripciones a cuatro manos, así como la riqueza de los dos pianos -esta vez solo uno- que son parte de la propia historia de las sociedades filarmónicas  y hoy en día siguen atrayendo por la espectacularidad de unos repertorios propios, o ajenos, donde «las 88 teclas» siguen siendo en blanco y negro con infinitas gamas de grises.

PROGRAMA:

Ludwig Van Beethoven (1770-1827)

Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata» (1804-1806):

I. Allegro assai / II. Andante con moto / III. Allegro ma non troppo – Presto.
(Ramón Grau)

Sonata nº 31 en la bemol mayor, op. 110 (autógrafo de 25 de diciembre de 1821):

I. Moderato cantabile molto espressivo / II. Allegro molto / III. Adagio ma non troppo.
(Sylvia Torán)

Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (1811-1812), transcrita para piano a 4 manos por Hugo Ulrich:

I. Poco sostenuto – Vivace / II. Allegretto / III. Presto / IV. Allegro con brio.

VIII ciclo de conferencias de «La Castalia»

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Club de Prensa LA NUEVA ESPAÑA (LNE), Oviedo. La Castalia: VIII Ciclo Conferencias “Literatura, Casticismo y Parodia”, en torno a la XXXIII edición del Festival de Teatro Lírico Español.

Coincidiendo con el XXXIII Festival de Teatro Lírico Español en el Teatro Campoamor, el Club de Prensa de LNE sigue siendo el escenario del octavo ciclo de conferencias organizado por La Castalia, que este año llevan por título “Literatura, Casticismo y Parodia”.

A continuación paso a reseñar las tres conferencias a las que he asistido hasta este lunes 11 de mayo, quedando pendiente la última en la que no podré estar, y dedicada al reestreno de Maharajá con la presencia del compositor Guillermo Martínez el 15 de junio a las 18:00 horas. Conferencias de los dos alumnos  más aventajados de «El Profesor» que nos darían mucho más que clases magistrales, acercándonos aspectos de tres títulos en La Viena Española , verdadera capital lírica sólo detrás de Madrid.

Lunes 23 de febrero, 19:30 horas. María Encina Cortizo: El barberillo de Lavapiés.

«La zarzuela contribuyó a forjar una identidad musical española, frente a la ópera italiana, que dominaba los teatros en el XIX». Lo dijo el lunes 23 de febrero en el Club de Prensa de LNE la doctora María Encina Cortizo en la apertura del ciclo «Literatura, casticismo y parodia» de la asociación cultural La Castalia, durante una conferencia dedicada a «El barberillo de Lavapiés». La actividad, vinculada a la 33ª edición del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo que organiza la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo (en colaboración con el diario LNE), contó con la catedrática de Musicología de la Universidad de Oviedo, Mª Encina Cortizo, presentada por Begoña García-Tamargo, directora artística de La Castalia, quien, en su intervención, destacó la variedad y ambición del festival ovetense.

Cortizo hizo una encendida defensa de la zarzuela como género, despojándola de prejuicios y reivindicando su valor histórico y artístico. «Los géneros no son mejores ni peores. Son diferentes; la zarzuela tiene muchísimo valor», afirmó. La catedrática contextualizó la magnitud del repertorio, con 13.000 títulos registrados en la la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), fundada precisamente por varios creadores del género, como el propio Barbieri, Ruperto Chapí y Sinesio Delgado. «Quizá entre esos títulos 500 sean buenos y 250 muy buenos», matizó Cortizo, y situó «El barberillo de Lavapiés» entre los grandes.

Trasfondo político

Con libreto de Luis Mariano de Larra –hijo del escritor Mariano José de Larra– y música de Francisco Asenjo Barbieri, se estrenó el 19 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela, con gran éxito. Los tres actos, en verso, combinan intriga política, aventuras y una vibrante defensa del casticismo madrileño, todo ello en un tono cómico que ha asegurado su permanencia en los escenarios.

Cortizo fue más allá del título para trazar la dimensión histórica de Barbieri. Recordó cómo un grupo de jóvenes compositores que, sin apenas recursos, comenzó su andadura en 1850, logró en apenas seis años levantar el Teatro de la Zarzuela, impulsando el resurgir del género en el siglo XIX. Indicó también que Barbieri fundó la Sociedad de Conciertos de Madrid en 1866 y creó la primera orquesta sinfónica estable en España, ampliando así su legado más allá del teatro musical. «Ha pasado a la historia como compositor de zarzuela, y es mucho más», señaló.

La zarzuela está ambientada en el Madrid del siglo XVIII. La acción transcurre en el barrio de Lavapiés durante el reinado de Carlos III, “el Rey alcalde”. Refleja el ambiente popular madrileño, con majos y manolas, pero también incluye intrigas políticas contra el ministro Grimaldi, tal como comentó la profesora Cortizo.

Toda la obra es un retrato musical del Madrid popular: lenguaje castizo, chulapos, verbenas y ambiente de barrio y fue un gran éxito en un momento político clave. El estreno coincidió con el final del turbulento Sexenio Democrático en España (1874).

Aunque el título parece dar a entender que el barbero Lamparilla es el eje de la historia, en realidad la trama mezcla una historia de amor con conspiraciones políticas. «Lamparilla es más bien un personaje carismático que sirve de nexo entre los distintos mundos sociales», remarcó la doctora berciana. La partitura alberga entre sus números más conocidos la «Canción de Paloma» («Como nací en la calle de la Paloma…»); las Seguidillas Manchegas «En el templo de Marte vive Cupido», pieza coral y de solistas muy popular que destaca por su ritmo castizo, y el Preludio y Coro («A mí las Valonas»), el inicio de la obra, conocido por su ritmo y ambiente popular.

Para Cortizo, la zarzuela es «un cajón de sastre, como la ópera; teatro con música que sirve para entendernos como sociedad». En «El barberillo de Lavapiés» confluyen la pareja noble y la pareja cómica, en una arquitectura dramática que convierte la partitura en «la mejor ópera de Barbieri». La producción se estrenaría el jueves, 26 de febrero, en el Campoamor, con dirección musical de Óliver Díaz, dirección de escena de Christof Loy, de quien pudimos visualizar fragmentos del estreno en el Theather Basel (Basilea, Suiza), disponible en las RRSS hasta el 16 de julio y que en Oviedo sería el estreno en España, con escenografía de Manuel La Casta. «Vamos a seguir luchando para tener una tercera función que se llenaría, fijo», aseguró Begoña García-Tamargo, al cierre del acto, como así sucedió esperando que en el próximo año siga creciendo.

Jueves 12 de marzo, 19:30 horas. Ramón Sobrino: El gitano por amor.

Manuel García y El gitano por amor: historia, voz y redescubrimiento en Oviedo

El jueves 12 de marzo el Club de Prensa de LNE acogía la segunda cita del VIII Ciclo de Conferencias “Literatura, Casticismo y Parodia” organizado por La Castalia dentro de la XXXIII edición del Festival Lírico. La sesión sirvió como antesala de uno de los acontecimientos más esperados del certamen: el estreno de El gitano por amor, que llegaría al Teatro Campoamor el jueves 19 de marzo.

La conferencia, presentada como siempre por la directora artística de La Castalia, Begoña García-Tamargo, estuvo a cargo del musicólogo Ramón Sobrino, catedrático de la Universidad de Oviedo, quien ofreció una completa introducción histórica y musical a esta singular obra.

Una ópera pensada para una diva

Manuel García compuso El gitano por amor pensando en una intérprete excepcional: su hija, la legendaria soprano María Malibrán. Figura imprescindible del Romanticismo, Malibrán destacó por una expresividad única y una técnica vocal fuera de lo común, cualidades que marcaron profundamente la escritura del papel protagonista, Rosita.

Como explicó Sobrino, la complejidad vocal del personaje responde directamente a esas capacidades extraordinarias. La propia vida de la cantante —tan intensa como breve— contribuyó a forjar su aura legendaria.

Manuel García: una figura clave de la ópera europea

Ramón Sobrino situó al compositor sevillano en el centro de la historia operística europea de comienzos del siglo XIX. García no solo fue un brillante tenor, sino también empresario, pedagogo y creador incansable, desempeñando un papel fundamental en la difusión de la ópera italiana fuera de Italia.

Tras su carrera como cantante, desarrolló una intensa actividad compositiva y docente, dejando una huella duradera en el arte del canto. Su legado se vio reforzado además por su propia familia: junto a María Malibrán, otra de sus hijas alcanzó proyección internacional, mientras que su hijo, también llamado Manuel García, se convirtió en uno de los pedagogos más influyentes del siglo XIX.

Cervantes y la ópera: una combinación poco habitual

Uno de los aspectos más llamativos de El gitano por amor es que se trata de una ópera bufa en dos actos escrita íntegramente en castellano, algo poco común en su época. La obra está basada en La gitanilla de Miguel de Cervantes, relato que combina amor, identidad y vida nómada.

García supo trasladar estos elementos al lenguaje escénico y musical, creando una obra que dialoga tanto con la tradición literaria española como con el estilo operístico europeo.

Una fusión estética singular

Compuesta en 1828, la partitura pertenece a la última etapa creativa del compositor y representa probablemente su proyecto escénico más ambicioso de ese periodo. Sin embargo, su estreno ha tenido que esperar más de dos siglos.

El estilo musical refleja claramente la influencia del bel canto italiano, con amplias líneas melódicas y exigente virtuosismo vocal. Pero, como destacó Sobrino, la obra incorpora también giros rítmicos y melódicos que evocan el mundo andaluz, generando una fusión estética que le otorga una personalidad propia dentro del repertorio prerromántico.

Un redescubrimiento esperado

La conferencia no solo permitió contextualizar históricamente la obra, sino también despertar el interés por este «redescubrimiento» musical. La admiración que Manuel García suscitó en figuras como Emilio Castelar —presidente de la Primera República española— da cuenta de la relevancia que tuvo en su tiempo.

Más de doscientos años después, El gitano por amor encuentra por fin su lugar en los escenarios, ofreciendo al público actual la oportunidad de descubrir una pieza que combina historia, virtuosismo y tradición.

Los pasados 19 y 21 de marzo, el Teatro Campoamor fue testigo de este esperado estreno.

Jueves 11 de mayo, 19:30 horas. Emilio Casares: ”Un paseo por el Madrid castizo con «La verbena de la Paloma».

Hay conferencias que informan y otras que contagian pasión. La de «mi profesor» Emilio Casares en el Club de Prensa de LNE perteneció claramente a las segundas, haciéndome viajar en el tiempo a una de sus inolvidables clases. Más de una hora que pasó volando gracias a la erudición, memoria y entusiasmo de quien lleva más de medio siglo sumergido en el universo de la zarzuela y defendiendo sin complejos uno de los patrimonios líricos más importantes —y paradójicamente más olvidados— de Europa.

Casares comenzó recordando sus años como niño cantor y sus primeros contactos con la zarzuela, que conocería a fondo hace ya cincuenta y dos años investigando a los maestros de capilla de la Catedral de Oviedo y el legado de Francisco Asenjo Barbieri, con 3.927 cartas editadas en dos tomos, y desde entonces sumergirse en ese mundo. Aquella curiosidad acabaría convirtiéndose en una vida dedicada a rescatar un patrimonio gigantesco: más de 15.000 zarzuelas catalogadas, 20.000 libretos y alrededor de 3.000 tonadillas. “El país con más lírica del mundo”, afirmaría con convicción. Y lo mejor es que para mi profesor «es una diversión que otros llaman trabajo». Genio y figura de este querido ovetense de adopción, además de compañero de fatigas en sus años de Seminario de Raimundo Arias Mere, un melómano en Rioturbio con quien me unen muchos años de amistad, esta vez presente en la conferencia.

Las cifras que Don Emilio nos daría siguen quitando el hipo desde que en 1989 se va a Madrid para crear el ICCM: el apoyo de la SGAE de Teddy Bautista que se sumó al proyecto, 10.000 zarzuelas, 20.000 libretos y ni una zarzuela de Barbieri publicada (Jugar con fuego de Mª Encina Cortizo abriría un inmenso trabajo musicológico junto a Ramón Sobrino, un tándem de sus más destacados alumnos), el Diccionario de la Zarzuela pagado por Villar Mir, con dos ediciones de 4.000 ejemplares agotados y hoy accesible en internet. Faltaba en España una «Historia de la Zarzuela» junto a 23 países más de Iberoamérica -y Filipinas- con otra curiosidad como que el patrocinio de la misma es de la Fundación Beckmann, dirigida por Juan Domingo Beckmann Legorreta con sede en Tequila (Jalisco) y dueño de una famosa marca de ese mezcal como «José Cuervo». Serán ¡cuatro volúmenes de mil páginas! (el primero entraría este lunes en imprenta), siendo en pleno 2026 la primera historia de nuestro género, e igualmente disponible para consultarse en el portal digital. Don Emilio recordó que hay más de 15.000 zarzuelas ya catalogadas, 3.000 tonadillas… «el país con más lírica del mundo», con más de 20 mil en nuestra «España gamberra y divertida». De las pocas estadísticas publicadas, en 1867  hubo 4.401 funciones de zarzuela en todos los recintos posibles (teatros, salones, casinos…) y por entonces se daban 1.080 funciones de ópera al año (hoy llegan a poco más del centenar) que con la población española de entonces -14 millones- llegaban a dos millones doscientos mil espectadores que acudían a las representaciones de «La Corte de Faraón» (cuando no había lo que hoy llamaríamos «repertorio», pues se estrenaban zarzuelas y óperas casi semanalmente).

La conferencia derivó pronto en una apasionante lección de historia cultural española. Casares fue dibujando el mapa de esta música popular, culta, satírica y profundamente viva. “Hoy solo tenemos editadas 62 zarzuelas”, lamentó, pese a la existencia de centenares de títulos de enorme valor, con al menos 200 títulos magníficos (en el portal digital ya hay 3.121 compositores y 5.283 libretistas).

Especial atención dedicó a Tomás Bretón, figura capital de nuestra música y víctima, según Casares, de un injusto olvido. En sus clases nos hablaba que tras Wagner o el Don Giovanni mozartiano después vendría La Revoltosa de Chapí (de la que Saint-Saens llegó a decir que la cambiaría por toda su obra), y tristemente no tenemos cuántas funciones hubo, y no solo en España, pues Latinoamérica es otro ejemplo.

Bretón fue grande en Europa, dejó más de 140 zarzuelas (La Dolores fue récord de éxito con 66 funciones en Madrid y 133 en Barcelona, más que sus óperas). Gran teórico en la Restauración, fue magnífico escritor, director de orquesta, compositor de sinfonías… su Diario es un documento de lectura obligada y reflexión, datos biográficos que comentaría Casares, como que Bretón fue un autodidacta hasta que Arrieta le tutelará. Compondrá 37 zarzuelas «ligeras», dirige las orquestas madrileñas y el Teatro Real. Bretón soñaba con triunfar en la ópera pero necesitaba vivir de la música y encontró en el género lírico español un éxito tan inmenso como contradictorio para sus aspiraciones. “Causa dolor y vergüenza”, escribió el propio compositor al comprobar que La verbena de la Paloma alcanzaba mucha más popularidad que sus óperas.

Y precisamente ahí se centró el tramo más brillante de la charla. Casares analizó La verbena de la Paloma como mucho más que un «sainete costumbrista»: un retrato social y periodístico del Madrid popular (frases que han quedado en el acervo popular como «Qué tiés madre»), donde se habla “de lo que habla la gente”: política, calor, celos, viejos verdes, serenos de Cangas del Narcea y bailes callejeros. Nada de héroes mitológicos ni gestas históricas como Bretón hubiese deseado, tras componer su ópera Los Amantes de Teruel que hubo de esperar 6 años para su estreno, y triunfó más en Barcelona que Madrid. El pueblo convertido en protagonista con un libreto «sentimental» construido sobre un triángulo amoroso y sostenido por una música extraordinaria que, según el musicólogo, se acerca mucho más a la ópera de lo que tradicionalmente se admite.

Hubo también espacio para las anécdotas deliciosas: el enfrentamiento entre Barbieri y Bretón, las cinco repeticiones en la noche del estreno en el Teatro Apolo (con 2.500 butacas que se llenaban cada día), o aquella carta donde Friedrich Nietzsche comentaba desde Turín La Gran Vía para escribir a Wagner sobre “La Jota de los ratas” madrileños de Chueca que tanto le impresionaron, así como la «vecindad» de Barbieri con el citado teatro y cómo tras conocer el éxito de Bretón con «La Verbena» no se lo creyó y expiró… Curiosidades que nos sacaron más de una sonrisa como la propia ambientación y la  crítica del libreto de Ricardo de la Vega válida para nuestros días (nada que ver aquellos políticos de las dos repúblicas que fueron los únicos momentos de defensa lírica en este «país duro para la cultura»).

Casares reivindicó igualmente la dimensión internacional del género, especialmente en Latinoamérica y Filipinas, como Cuba donde se llegó a representar más de 3.000 zarzuelas, y hasta los mineros chilenos interrumpían su trabajo para escuchar a Bretón. También recordó que el cierre de las capillas musicales tras la desamortización empujó a muchos músicos hacia los escenarios líricos, alimentando un repertorio inmenso y prácticamente inagotable, o la necesidad de quitar ese «sambenito» de un Falla único, olvidándonos de Amadeo Vives, Giménez y tantos otros de la misma talla musical que el gaditano.

El coloquio final dejó otro dato revelador: existen al menos 29 compositoras de zarzuela documentadas desde 1856, aunque apenas se conservan partituras completas, caso de dos obras de María Rodrigo.

Más que una conferencia, la intervención de Emilio Casares fue una reivindicación apasionada de nuestra memoria musical. Una invitación a mirar la zarzuela sin prejuicios, a descubrir su modernidad, su riqueza y su extraordinaria vitalidad. Y también una llamada de atención: quizá seguimos sin ser plenamente conscientes del tesoro cultural que tenemos delante.

Los próximos días 14 y 16 con todo vendido, serán las dos funciones de esta gran zarzuela del «Género Chico», con todo vendido hace semanas…

Oviedo de verbena

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Oviedo se rinde a “La verbena de la Paloma” antes de su estreno en el Campoamor

El Teatro Campoamor acogió esta mañana a las 11:30 horas en su Salón de Té, la presentación oficial de La verbena de la Paloma, tercer y penúltimo título del XXXIII Festival Lírico Español de Oviedo, organizado por la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, en colaboración con el diario La Nueva España. Y si algo quedó claro durante la rueda de prensa es que el montaje llega rodeado de una enorme expectación.

La producción, dirigida musicalmente por Víctor Pablo Pérez y escénicamente por Nuria Castejón, ha agotado todas las localidades para sus dos funciones previstas, los días 14 y 16 de mayo, apenas unos días después de ponerse a la venta. El propio elenco y equipo técnico reclamaron públicamente la posibilidad de añadir una tercera representación ante la alta demanda del público ovetense.

Durante la presentación, el concejal y presidente de la fundación municipal, David Álvarez, definió la célebre zarzuela como “uno de los hits del corpus de la zarzuela”, destacando además la singularidad de esta propuesta escénica, que incorpora como prólogo Adiós, Apolo, un sainete escrito por Álvaro Tato (Madrid, 1978). La pieza recrea la última noche del mítico Teatro Apolo de Madrid en 1929, escenario donde precisamente se estrenó La verbena de la Paloma en 1894. El director burgalés Víctor Pablo Pérez, tendrá un encuentro el próximo viernes 15 a las 19:30 horas en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, dentro del ciclo Cultura OFF, donde recordará su estancia en nuestra tierra (bajo el título Historias de la Historia Musical de Oviedo) desde 1980 a 1988, como nos recordaron en esta rueda de prensa tanto el concejal como el propio maestro.

Un homenaje al Teatro Apolo y a la zarzuela clásica

Nuria Castejón explicó que el montaje mantiene la esencia clásica de la obra, aunque traslada ligeramente la acción hasta 1929 para enlazarla con el prólogo. Según detalló, Adiós, Apolo funciona como un homenaje sentimental y humorístico al desaparecido teatro madrileño, evocando aquella histórica última función en la que el público se resistía a abandonar la sala y tuvo que intervenir la policía para desalojarla.

“Todo está contado desde el humor y desde un tono muy romántico”, señaló la directora de escena, que apuesta por una mirada cercana y emotiva sobre una de las obras más populares del género.

Por su parte, el director artístico de este festival, Cosme Marina, aseguró que, pese a las numerosas versiones de La verbena de la Paloma representadas durante las más de tres décadas del certamen, “ninguna como ésta”. Marina destacó especialmente la magnitud del reparto y la cuidada unión dramatúrgica entre las dos piezas que conforman el espectáculo.

Un elenco entregado… y enamorado de Oviedo

La actriz Gurutze Beitia, encargada de interpretar a ‘Tía Antonia’, definió el ambiente de trabajo como “una familia de verdad” y lamentó que no exista, de momento, una tercera función para responder al entusiasmo del público.

También la soprano valenciana Carmen Romeu, que dará vida a ‘Susana’, elogió la dirección musical de Víctor Pablo Pérez, capaz de aportar “frescura y nuevos matices” a una partitura tan conocida. La ovetense María Zapata, encargada del personaje de ‘Casta’, resumió el espíritu del espectáculo con una frase rotunda: “Es una obra sumamente divertida, para verla varias veces”.

El actor y tenor Antonio Comas, que participa tanto en el prólogo como en la zarzuela principal en el papel de ‘Don Hilarión’, así como Rafa Castejón, que hace de ‘director de escena’ en el prólogo y de ‘tabernero’ en esta producción, destacaron la calidad artística de un equipo en el que coinciden “muy buenos actores y muy buenos cantantes que son buenos actores”. La reflexión final dejó una de las frases más celebradas de la presentación: “La modernez significa hacer las cosas bien”.

Con el cartel de “entradas agotadas” colgado desde hace semanas y el respaldo unánime del equipo artístico, Oviedo vuelve a confirmar su condición de gran plaza de la lírica española, consolidándose —como apuntaron varios participantes— como el segundo gran referente nacional del género, solo por detrás del Teatro de la Zarzuela.

¡Oviedo pide más funciones de zarzuela!

Añadir que dentro del Ciclo Off Zarzuela, el sábado 16 habrá Talleres infantiles: Una verbena de colores. Música, movimiento y expresión plástica, un acercamiento cultural a la Zarzuela “La verbena de La Paloma” para público a partir de 5 años en el Teatro Campoamor (Salón de Té), con dos sesiones, a las 12:30 h. y 16:30 h. Aforo 30 personas, con inscripción previa desde hoy hasta el 14 de mayo.

Siempre Federico

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Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 5 de junio de 1898 – Camino de Víznar a Alfácar, 19 de agosto de 1936) está siempre presente en mi vida, no ya desde su poesía que nunca pasa de moda, también desde su faceta musical que nos descubriese el Maestro Casares en aquellas clases del «aulín» en la entonces Facultad de Filosofía y Letras de la Plaza de Feijóo ovetense, recordando la propia definición del granadino:

«Ante todo soy músico«

El disco con la colección de Canciones populares Españolas editado por Sonifolk en 1989 forma parte de mi discoteca de «imprescindibles» (también en formato de cassette), una reedición en vinilo gracias a la colaboración de un gran número de entidades y personas con la propia Fundación García Lorca en cabeza, como no podía ser menos, y que parte de la grabación que el granadino realizó en 1931 para «La Voz de su Amo», cinco discos gramofónicos con diez temas de su propia «Colección de Canciones Populares Antiguas» con el propio García Lorca al piano acompañando a Encarnación López Júlvez (1897-1945), La Argentinita. De los diez temas iniciales se añade en este LP dos temas aparte de la cantante, interpretación exponente de la sencillez, gracia y sentimiento que requiere el canto popular. Y si la grabación en sonido monofónico tiene sus imperfecciones, sigue siendo una joya que como aquellos vinilos de entonces, contiene un excelente folleto con los textos de las canciones, una carta autógrafa con un dibujo, más tres trabajos de especialistas en la música de Lorca: un breve ensayo del hispanista Roger Tinnell (Virginia, 1944 – Ibiza, 2022), el trabajo publicado en 1940 por el filólogo e historiador de la literatura Federico de Onís (Salamanca, 1885 – Hato Rey -Puerto Rico, 1966) en la Revista Hispánica Moderna con el título «García Lorca, folclorista», y la crítica que el musicólogo Adolfo Salazar (Madrid, 1890 – Ciudad de México, 1958) hizo en 1931 para «El Sol» precisamente del primer disco de la Colección de Canciones, titulado «Un cancionero viviente».

La vigencia poética y especialmente musical de Lorca sigue presente, y en estos días se han publicado dos libros que considero imprescindibles, engrosan mi biblioteca y aumentan un fondo editorial que sigue creciendo tantos años después, incluso encontrándose imágenes inéditas escondidas en una lata de betún gracias al cineasta Manuel Menchón, así como el descubrimiento por parte del cantaor Miguel Poveda de un poema de nuestro amado y atemporal Federico, o una pieza musical del poeta con el título Canción de invierno, donde el genio andaluz no se había hecho un nombre y firmó esta obra como Federico García, fechada el 29 de enero de 1916, cuando Lorca era todavía un adolescente de 17 años.

En mis estancias granadinas durante el Festival Internacional de Música y Danza, que este año alcanza su 75 edición (recordando a Falla), no puede faltar la visita a su centro en la Plaza de la Romanilla, donde se ubica igualmente la fundación y su legado.

El primer libro es una edición cuidadísima, de la que dejo la ficha y los datos:

Obra musical de Federico García Lorca. Cancionero popular. Letras y partituras de las canciones compuestas / armonizadas por Lorca.

Referencia: N87826. Editorial: YA LO DIJO CASIMIRO PARKER

Año de edición: 2026

ISBN: 979-13-87766-28-3

Medidas: 26 x 19,5 cm

Tapa dura e impreso a color

Letras y partituras de las canciones compuestas / armonizadas por Federico García Lorca. Estudio preliminar de Samuel Diz. Epílogos de Mauricio Sotelo y Carmen Linares. Edición a cargo de Marcos Almendros.

Encuadernación en cartoné. 128 páginas. Precio: 26 €.

«Cancionero popular» reúne la obra musical de Federico García Lorca, faceta creativa que estuvo presente a lo largo de su vida y en toda su obra. Contiene partituras manuscritas del propio Federico (unas páginas absolutamente vibrantes), las letras y partituras de las canciones que grabó con La Argentinita y las letras de las canciones que escribió para sus obras de teatro.

Lorca fue un talentoso músico, capaz de unir lo erudito con lo popular, integrando tradición andaluza, intuición poética y una refinada sensibilidad artística. Este libro pone en valor otra dimensión de su faceta creativa: sus primeras composiciones musicales, el impulso del folklore a través de las canciones populares españolas y la presencia de la música en sus obras de teatro.

Este libro pone en valor otra dimensión de su faceta creativa: sus primeras composiciones musicales, el impulso del folklore a través de las canciones populares españolas y la presencia de la música en sus obras de teatro.

CONTENIDO:

Estudio preliminar. La música: metáfora omnipresente. Samuel Diz

Armonías de juventud: Partituras manuscritas. Carpeta de composición de Federico García Lorca

Resoluciones normales del acorde de 5ª

Modulaciones

Andante maestoso

Lieder Heroico (Andante maestoso)

Granada (Serenata de la Alhambra)

Canción de invierno (Romanza sin palabras)

Pensamiento poético (Canción de invierno)

Menuetto

Sonata 3 (Amorosa)

Canciones populares: Letras y partituras. Armonizadas por Federico García Lorca

Las tres hojas: villancico popular

Romance de los peregrinitos

Nana de Sevilla

Romance de los mozos de Monleón

El Café de chinitas

Canción antigua de las morillas

Los cuatro muleros

Sevillanas del siglo XVIII

Zorongo

Anda jaleo

Canciones para teatro: Letras. Escritas por Federico García Lorca.

Canción de las niñas

Canción del niño

Serenata

Nana

Cantar de boda

Copla del cortejo de boda

Canción de la criada

Canción de las muchachas

Canción popular

Girasol de tu madre

Nana

Canciones de la romería

Canción a ella

Ovejita, niño mío…

Canción de los gondoleros

Epílogo. Nuestras canciones populares. Carmen Linares

Epílogo. Lorca: músico infinito. Mauricio Sotelo

Y el segundo libro es otra excelente publicación que completa la exposición homónima “Lorca y el archivo: memoria en movimiento” de la Residencia de Estudiantes madrileña. Aquí dejo la ficha más la descripción:

Lorca y el archivo: memoria en movimiento

Edición bilingüe.

Editorial: Publicaciones de la Residencia de Estudiantes.

Edición: Andrew A. Anderson, Melissa Dinverno y Christopher Maurer.

Año de edición: 2026

ISBN: 978-84–128156-6-5

Medidas: 15 × 22 cm

640 páginas. Precio: 25 €

Ilustraciones: 360

Encuadernación: Tapa dura holandesa

Descripción:

«Mi obra apenas está comenzada. La veo a lo lejos, como un orbe denso, con firmeza de pulso para acercarme a ella».

Así hablaba Federico García Lorca de su obra en noviembre de 1935, en una entrevista publicada en El Mercantil Valenciano el 15 de ese mes. ¿Cómo imaginar entonces que unos meses después tendría lugar el golpe de Estado de 1936 y que en agosto de ese año el poeta sería asesinado? Ante el peligro de que sus manuscritos y documentos pudieran extraviarse o ser destruidos, desde ese momento su familia se desvivió para que la barbarie no lograra borrar la memoria de Lorca y que su obra perdurara y se expandiera por todo el mundo.

Lorca y el archivo: memoria en movimiento, basado en una nueva y rigurosa investigación en colecciones personales, familiares y estatales de varios países, recorre la historia del legado de Federico García Lorca desde la muerte del poeta hasta hoy. Concibe el archivo de un modo dinámico, destacando los esfuerzos de quienes lo generaron y los contextos sociopolíticos por los que navegaron, entre ellos la guerra, el exilio y la difícil vuelta a España. A cargo de Andrew A. Anderson, Melissa Dinverno y Christopher Maurer, esta edición de la Residencia de Estudiantes —donde Lorca vivió durante años decisivos para su obra, y donde este fondo estuvo alojado desde 1986 hasta 2018—, Memoria en movimiento ofrece nuevos datos sobre el archivo lorquiano, su creación y su desarrollo, y cuenta historias, hasta ahora desconocidas, de pérdida y salvación, de descubrimiento y perseverancia, demostrando cómo estos mudos objetos —y los de cualquier colección— nos pueden seguir hablando, ahora y en el futuro.

Además de los autores de la edición, escriben en este libro otros tres especialistas en Lorca: Christian de Paepe, Mario Hernández y Andrés Soria Olmedo. La exposición estará abierta hasta el 26 de julio en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Dos referencias bibliográficas totalmente aconsejables para seguir completando y venerando a Federico 90 años después de su paso a la eternidad.

Colores sugerentes

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Viernes 8 de mayo, 20:00 h. Oviedo, Auditorio Príncipe Felipe: OSPA, 𝐀𝐛𝐨𝐧𝐨 𝟏𝟑: 𝑂𝑟𝑔𝑖́𝑎 𝑑𝑒 𝑖𝑚𝑎́𝑔𝑒𝑛𝑒𝑠. Adèle Charvet (mezzo), Nuno Coelho (director). Obras de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 y 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚.

Encuentro previo a las 19:15 con Nuno Coelho
(Reseña para LNE del sábado 9, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

La OSPA presentaba en el decimotercero de abono un programa sugerente de música francesa y española con aires comunes desde la vecindad y biografías de los compositores elegidos.

Comenzaba el concierto con el poco escuchado 𝑃𝑜𝑒𝑚𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟 𝑦 𝑑𝑒𝑙 𝑚𝑎𝑟 de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, el amor y el mar con un interludio donde volver a constatar el excelente estado de la OSPA, con Aitor Hevia de nuevo concertino invitado, el titular portugués y la mezzo francesa 𝐀𝐝𝐞̀𝐥𝐞 𝐂𝐡𝐚𝐫𝐯𝐞𝐭, plena, expresiva, delicada, en esta maravilla sinfónico vocal que emocionó a un auditorio que sigue sin la asistencia que la calidad de los conciertos se merece.

La segunda parte con una reforzada OSPA con alumnado del CONSMUPA nos trajo la España parisina de Debussy más la sentida en la distancia del sevillano Turina.

𝐼𝑏𝑒́𝑟𝑖𝑎 de 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 es nuestra piel de toro, la orquestación impresionante del francés con la inspiración y color hispano, verdadero caleidoscopio instrumental para disfrutar con cada sección de la OSPA y Coelho dibujando toda la paleta parisina. Si el segundo “cuadro” trajo perfumes nocturnos, la mañana festiva resultó un derroche sinfónico.

Para  cerrar, todo el empuje orquestal desde el piano que son las enérgicas 𝐷𝑎𝑛𝑧𝑎𝑠 𝑓𝑎𝑛𝑡𝑎́𝑠𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠 de 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚. Ritmo que nos transporta con aires festivos, nostalgia y energía en tres momentos de evanescencias y toda una gama tímbrica: jota aragonesa, zambra andaluza  y la “Orgía” casi zapateado que siempre asociaré a la publicidad de un conocido brandy. Pasión y exuberancia en este abono 13 que volvió a abrir la puerta grande a una OSPA pletórica y colorista.

PROGRAMA:

ERNEST CHAUSSON (1855 – 1899)
Poème de l’amour et de la mer, op. 19:
I. La fleur des eaux
II. Interludio
III. La mort de l’amour

CLAUDE DEBUSSY (1862 – 1918)

Imágenes para orquesta: Iberia:

I. Par les rues et par les chemins – II. Les parfums de la nuit – III. Le matin d’un jour de fête

JOAQUIN TURINA (1882 – 1949)

Danzas fantásticas, op. 22:

I. Exaltación
II. Ensueño
III. Orgía

NOTAS AL PROGRAMA de Julia María Martínez-Lombó Testa:

Concerto 1700 graba la integral op. 22 de Boccherini

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CD Luigi Boccherini: String Quartets, op. 22.

Concerto 1700 – Daniel Pinteño: Luigi Boccherini: String Quartets, op. 22.

Sello: 1700 Classics / Referencia: 170009.

Concerto 1700, fundado por el violinista malagueño Daniel Pinteño Villaescusa (1985), sigue grabando en su propio sello, creado en 2018, y se han alzado con el Premio MIN 2026 al “Mejor Álbum de Música Clásica”, todo un regalo para celebrar su primera década de trayectoria. Avanzando siempre en la senda camerística de la excelencia, llega este CD presentando la primera grabación mundial de la integral de los cuartetos de Luigi Boccherini (Lucca, Italia 1743 – Madrid, 1805), seis cuartetos que conforman el Opus 22 y fueron compuestos en 1775 para el Infante don Luis Antonio de Borbón y Farnesio (hermano pequeño de Carlos III), con un lenguaje refinado, elegante y de una poética íntima singular que aún no tenía un registro discográfico completo.

Para los melómanos y músicos en general, el cuarteto de cuerda está considerado el rey de las formaciones camerísticas, y en estas obras, Boccherini establece un diálogo ilustrado entre instrumentos, dejando atrás viejas jerarquías y aportando luz a un periodo donde España era un centro de vanguardia internacional tan importante como el centroeuropeo donde reinan Haydn y Mozart, con un estilo propio desde un lenguaje diríamos que más italiano, que trajo la corte borbónica.

Concerto 1700 con Daniel Pinteño son una formación variable consolidada en la recuperación de este patrimonio hispano, que he ido comentando desde este blog, así como los conciertos que he podido disfrutar en vivo (el último el pasado 26 de abril en formato dúo). Es encomiable que se hayan puesto como misión seguir devolviendo la vida a estas partituras con el frescor y rigor que merecen, pues es una música plenamente vigente, auténticas joyas del siglo XVIII español que no puede faltar en la discoteca de todo buen melómano ávido de conocer más sobre nuestro legado.

De mis anteriores comentarios en el blog quiero recordar sus grabaciones que puntualmente llegan a la bandeja de mi cadena: “Italia en España” ((2020), “Literes: Sacred Cantatas for alto” (2021), “José Castell: String Trios” (2022), “D. Scarlatti: Amorosi Accenti” (2023), ”Back to folia” (2024) y “Gaetano Brunetti: String Quartets Opus 3” (2025). En este 2026 siguen apostando por recuperaciones y estrenos como estos seis cuartetos opus 22 de Boccherini.

Grabado en  el Auditorio Fray Luis de León en Guadarrama (Madrid) en septiembre del pasado año, y con los habituales ingenieros de Pinteño (Sonia Gancedo y Víctor Sordo, de VN Studio), con instrumentos de época, manteniendo la misma plantilla que en los seis cuartetos Opus 3 de Brunetti (Daniel Pinteño, violín I – Fumiko Morie, violín II – Isabel Juárez, viola – Ester Domingo, violoncello). De estos dos italianos afincados en España, sus cuartetos comparten igual estructura de dos movimientos contrapuestos, e incluso coincidiendo muchas tonalidades y orden de los mismos, aunque en el caso de Boccherini están en el mismo orden del catálogo (de Gérard 183 al G. 188), y que el propio compositor definió como «opera picola» en contraste a la «opera grande» (con cuatro movimientos), diferencia logística más que musical pensando precisamente en el mercado editorial, pues su obra se publicaba en París, Londres o Viena con enorme éxito y demanda.

Es obligatorio citar el diseño siempre original, tanto del propio disco (curiosa la portada con cuatro sillas vacías y la contraportada con una más otra siendo retirada), fotografías, maquetación y el libreto con las notas de Óscar Sánchez en castellano, traducidas al inglés, francés y alemán, que aportan un interesante estudio tanto biográfico del compositor madrileño (desde los 25 años), al que estilísticamente se le ha enmarcado en el estilo galante y el clasicismo, como el análisis de estos seis cuartetos opus 22.

De la importancia y vigencia de esta primera integral llevada al disco, quiero recordar que Concerto 1700 son portada de la revista Scherzo de este mes de mayo, así como de una amplia entrevista de Stefano Russomanno, donde comentan que “Boccherini entiende el cuarteto como un lienzo sobre el que pintar su música”, y el CD figura como excepcional del mes en la crítica de Andrés Moreno Mengíbar.

Cuartetos donde compartir protagonismo toda la cuerda, aunque Boccherini fuese un gran violonchelista, lo que evidentemente se nota en la exposición de los segundos temas o siendo el «rey absoluto» (aquí Ester Domingo), pero aportando soluciones y atmósferas distintas en cada uno: hay movimientos donde el violín primero de Daniel Pinteño lleva el ritmo y no solo el segundo de Fumiko Morie y la viola de Isabel Juárez (que también puede llevar el bajo), jugando con las texturas de los cuatro dada la similitud tímbrica del cuarteto, mas donde la maestría del compositor de Lucca (que desde 1768 hasta la fecha de su muerte ya no saldrá de España) se demuestra también en las dinámicas y esa búsqueda de colores para que cada instrumentista tenga su propio rol.

Cada uno de los cuartetos juega con todas estas características de una música doméstica que se llamó quartettini, con un primer movimiento dinámico, brillante, y un segundo en forma de «minueto», graciosos, encantadores, más allá de lo cortesano y plenos de la inventiva creativa de este compositor que es plenamente español. Concerto 1700 nos dejan su habitual empaste, sonido con cuerpo, de rítmica contagiosa, un empaste y equilibrio entre los cuatro intérpretes que se aprecia con todo detalle sobre todo en la escucha con auriculares, ataques muy trabajados (los arcos darían para todo un tratado de interpretación históricamente informada), y una defensa de los cuartetos “Made in Spain” que podemos exportar sin complejos, siendo necesario por lo tanto no solo dejarlos en el para mí imprescindible formato físico, sino poder llevarlos a las salas de concierto.

Concerto 1700:

DANIEL PINTEÑO, violín I – FUMIKO MORIE, violín II – ISABEL JUÁREZ, viola – ESTER DOMINGO, violoncello.

Cortes:

:

Cuarteto de cuerda en do mayor, G183:

01. Allegro molto; 02. Tempo di Minuetto.

Cuarteto de cuerda en re mayor, G184:

03. Moderato; 04. Minuetto.

Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, G185:

05. Adagio; 06. Rondeau. Allegro moderato.

Cuarteto de cuerda en si bemol mayor, G186:

07. Allegro moderato; 08. Allegro vivace.

Cuarteto de cuerda en la menor, G187:

09. Allegretto con molto; 10. Minuetto amoroso.

Cuarteto de cuerda en do mayor, G188:

11. Andantino; 12. Non troppo. Presto.

Zarzuela de las dos orillas

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Jueves 30 de abril, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Gala Lírica. Ruth Iniesta (soprano), Jorge de León (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). «Las dos orillas»: Preludios, intermedios, canciones y romanzas de zarzuela. Fotos de Pablo Piquero y Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World, con los añadidos habituales de mi blog)

Dentro del trigésimo tercer Festival de Teatro Lírico Español, aunque fuera del abono de los cuatro títulos (con dos funciones), se presentaba una interesante gala lírica con dos de nuestra voces más internacionales y defensores de nuestra zarzuela: la soprano zaragozana Ruth Iniesta y el tenor tinerfeño Jorge de León con un programa titulado «Las dos orillas» con conocidas páginas de nuestro género a ambos lados del Atlántico, y que esta pareja defiende con la misma calidad que sus habituales roles operísticos, haciendo grande nuestro “Patrimonio Cultural Inmaterial” que de momento espera dicho reconocimiento.

El ovetense Óliver Díaz en el foso -pues la escena para “La Verbena de la Paloma” de los días 14 y 16 de mayo, ya se está montando- volvía a ponerse al frente de la orquesta titular del Festival (y del ciclo “Los Conciertos del Auditorio”) con la que hace años tiene una relación tan personal que le permite sacar de ella lo mejor, siempre mimando las voces, respetándolas, acompañándolas, y en las partes orquestales haciendo sonar compacta a una gran plantilla para esta ocasión, reforzada con alumnado del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) y contando con Marina Gurdzhiya como concertino, que como muchos primeros atriles, tendrían sus momentos de lucimiento.

Interesante programa donde además de los números instrumentales que forman parte del repertorio orquestal en medio mundo, reunía algunas de las romanzas y dúos más conocidos del género lírico español junto a imprescindibles páginas de su homónima caribeña, zarzuela cubana, que pocas veces hemos disfrutado sobre las tablas aunque sí de sus romanzas más populares, canciones que muchos no asociaban a la escena musical.

El Preludio de La Torre del Oro (Giménez) sirvió para testar el buen estado de Oviedo Filarmonía y cómo se plegaron al mando de un Díaz que jugó con unos retardandos no escritos pero muy apropiados por lo personales en cuanto al fraseo. En esta parte hispana, el segundo número orquestal sería el intermedio de La pícara molinera (Pablo Luna), con esa conexión sevillano-asturiana de nuestra zarzuela, bien de tempi y excelente balance en el foso.

La parte vocal iría alternando romanzas de Iniesta, León y dúos, comenzando con la poco escuchada y exigente “La Dogaresa” (1920) del maestro Rafael Millán. Salir casi a puerta gayola para enfrentarse con «Ya muerto está mi amor en flor» supuso para la soprano madrileña tardar en centrar su rol de Marietta dejando un agudo final algo destemplado. Por su parte «Yo arrasaré Venecia», del Paolo tinerfeño, también supone comenzar literalmente a pecho descubierto con otro agudo final de los que llamamos “a romper” que dicho sea, al público habitual le encanta. La aparición para el dúo «Tu voz resonaba en la noche tranquila» por ambos lados de la escena, ayudaron a crear la necesaria complicidad, voces empastadas y compenetradas, siempre mimadas por la orquesta, pero con el público aún frío.

Los que peinamos canas atesoramos las grabaciones de Alfredo Kraus como joyas y referentes vocales, Canarias tierra de tenores con Jorge de León que nos dejó la romanza «La roca fría del calvario» de La Dolorosa (Serrano) más vibrante que sentida, pasión en vez de dolor, pero con gusto y valentía tanto en los fraseos como en unos agudos que fueron encontrando posición a medida que avanzaba el recital.

Relevo con una Ruth “primorosa”, rojo pasión y mantón de Manila bien manejado como esta conocida página de El barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. La excelente técnica permite unas agilidades y volumen perfectos aunque los años quiten esmalte vocal pero regalen su corporeidad, así como las tablas que el tiempo, como el bien vino, convierten en reserva.

Y en una parte dedicada a la zarzuela española no puede faltar Pablo Sorozábal, de quien nos dejarían el dúo «Todos lo saben» (de La tabernera del puerto). Escena, empaste, entrega, química incluso con la combinación de colores en la pareja, optando el Leandro canario por una chaqueta de smoking azul mar para esta bien cantada escena con la Marola madrileña en el hoy “Puerto de Campoamor”, que al fin levantó el ánimo de un público que acudió con ganas y en buen número, pese a la coincidencia en el Auditorio “Príncipe Felipe” del concierto para la celebración del “Día de les lletres asturianes” con el maestro Marco A. García de Paz al frente de la OSPA, su Coro “El León de Oro” y el estreno de dos obras de los compositores Jorge Muñiz y Guillermo Martínez.

Los aires caribeños llenarían toda la segunda parte, la zarzuela cubana que bebe de su folklore al igual que la nuestra pero más cercana a las revistas o musicales de sus vecinos, sin olvidarnos que La Habana en aquellos años era el cabaret de los yanquis. Grandes compositores cubanos los elegidos para esta fiesta de la lírica de las dos orillas, comenzando por un poco reconocido Eliseo Grenet cuyo «Lamento esclavo» aún está sin encontrarse una edición completa, y que Rodrigo Prats utilizará para La perla del Caribe. Oviedo Filarmonía hizo la travesía de nuestro abuelos para llenarse de ritmos afrocubanos donde la percusión cubana de un “recuperado” Fernando Arias aportaba el sabor y el arpa de Jose Antonio Domené ese especial color caribeño.

Vestuario distinto para esta parte cubana, azabache y tinto, negro la madrileña y grana el tinerfeño que abría “en” Soledad (1932) con la romanza «Qué negra y qué triste mi vida de ayer». Ideales los solos de violín (Marina Gurdzhiya) y flauta (Mercedes Schmidt) en el puente antes de retomar la estrofa con los agudos poderosos de Jorge de León llenando un teatro ya rendido al tinerfeño.

Aún quedaba el cubano más internacional, Ernesto Lecuona con María de la O (1930), Ruth Iniesta y la conocida canción de esta ópera, cuyo título original es «Mulata infeliz» antes de escuchar el famoso estribillo. Gurdzhiya contestando desde el violín en un puente instrumental de gran versatilidad en todo el foso y el buen gusto de la soprano que prepararían el dúo «Me engañabas traicionando mi pasión», revista musical en estado puro con cambios de ritmos y tonalidades muy variados, mejor cantados y compenetración de este dúo al que se le notaba cómodo en escena y todavía más en el estilo.

Una de las comedias líricas cubanas que más tirón han tenido en Madrid, recordando aún su retransmisión por los propios canales del Coliseo de la calle Jovellanos hace ya seis años, es “Cecilia Valdés” (1932) de Gonzalo Roig. Una gala lírica se puede hacer con piano y la misma dignidad, pero teniendo una orquesta y director de casa no se podía escatimar y apostar por unos números ganadores: la Contradanza fue otra marca de calidad con ese solo de clarinete (Inés Allué) tan de Brooklyn, más los ritmos caribeños que bien hubiese firmado Lenny, pero era Roig con una OFil en estado de gracia sección por sección: una cuerda danzante, unas maderas juguetonas, los metales redondeando presencias y la percusión que contagia el ímpetu para todos, dejando listo el fin de fiesta en el Barrio del Ángel habanero que hoy era calle madrileña en el teatro de la capital asturiana para lucimiento de los dos cantantes, siempre mimados por el ovetense Óliver Díaz:

«Dulce quimera» de Jorge de León, melodía sincopada, cantable, músicas de estilo cercanas al canario y su folklore, el mestizaje con las herencias que el tenor sintió y cantó como propias con un final en sobreagudo largo y mantenido por parte de su Leonardo.

La gracia y estilo sabrosón, casi de una “modernizada” Celia Cruz para esa espléndida «Sí, yo soy Cecilia Valdés», habanera sentida que gira a danzón, donde Ruth Iniesta se entregó cantando, bailando, mandando siempre con buena respuesta desde el foso y otro final agudo, limpio, potente y arrancando muchos bravos. El dúo final, perfecto broche vocal, expresivo, entregado, de colores apropiados, química y literalidad de «Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría», en este caso con dos propinas en la misma línea y totalmente ganado el público.

Primero la famosa «Quiéreme mucho» de Roig, en casa cantada como nadie por Kraus que mi padre dedicaba a mi madre (“Cuando se quiere de veras”) y de una zarzuela titulada Servicio Militar Obligatorio, que fueron alternando estrofas canario y madrileña, incluso con segundas voces que aportaron el toque distintivo, así como el baile del puente instrumental antes de atacar el final del estribillo en unos sobreagudos no escritos muy del gusto del respetable al que encandilarían todavía más con la conocida canción del tipo tango-congo compuesta por Eliseo Grenet «Ay mamá Inés» que formaba parte de la zarzuela Niña Rita (1927) completada por Lecuona.

Dos propinas que tras los saludos de rigor, aún bisarían la última, algo al menos curioso, con la participación del público y hasta el maestro Óliver Díaz cantando, muchos recuerdos radiofónicos, Ruth bailona, Jorge cómico y una OFIL siempre cómplice en el foso.

 

PROGRAMA «LAS DOS ORILLAS»:

PRIMERA PARTE

Gerónimo Giménez (1852-1923)

La Torre del Oro, Preludio

Rafael Millán (1893-1957)

La Dogaresa

«Ya muerto está mi amor en flor»

«Yo arrasaré Venecia»

«Tu voz resonaba en la noche tranquila»

Pablo Luna (1879-1942)

La pícara molinera, Intermedio

José Serrano (1873-1941)

«La roca fría del calvario», La Dolorosa

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1015)

«Me llaman la primorosa», El barbero de Sevilla

Pablo Sorozábal (1897-1988)

«Todos lo saben», La tabernera del puerto

SEGUNDA PARTE

Rodrigo Prats (1909-1980):

«Lamento esclavo», La perla del Caribe

«Qué negra y qué triste mi vida de ayer», Soledad (1932)

Ernesto Lecuona (1895-1963)

María la O (1930)

«Mulata infeliz»

«Me engañabas traicionando mi pasión»

Gonzalo Roig (1890-1970)

Cecilia Valdés (1932)

Contradanza

«Dulce quimera»

«Sí, yo soy Cecilia Valdés»

«Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría»