Inicio

Recordando a Bartók en Oviedo

1 comentario

Miércoles 8 de abril, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Dénes Várjon. Obras de B. Marcello, D. Scarlatti, della Ciaja,  Kodály y Bartók.

No está nunca de más recordar que Oviedo es parada obligatoria de las grandes figuras musicales desde hace muchas décadas. Esta vez llegaba al auditorio, dentro de las jornadas que llevan el nombre del siempre recordado Luis Gracia Iberni (1964-2007), el pianista  húngaro Dénes Várjon (Budapest, 1968) que recordaría y casi repetiría el concierto de su compatriota en 1931 (entonces su tercera visita a la Península Ibérica e invitado por Manuel de Falla para tocar en Granada), aunque finalmente aquella gira sólo pasaría por Barcelona, San Sebastián y Oviedo, además de Lisboa.

El siempre recordado Adolfo Casaprima Collera (1961-2024) en el libro “Una vida para la música: Historia de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, 1907-1994”, dedica un apartado titulado ‘Bartók y su poético ayudante’ (pág. 110 y ss.) donde refiere que «La epidemia de gripe que invade España preocupa sobremanera a los directivos de la Sociedad Filarmónica al inicial la temporada de 1931. Han recibido un telegrama en el que se les anuncia que el compositor Béla Bartok, que debe actuar en el Campoamor el día 31 de enero, se ha contagiado con la enfermedad. Afortunadamente, se recupera rápido y el músico húngaro tan solo retrasa su comparecencia al 3 de febrero, desestimando anular sus citar españolas, como le propone su representante». Llegaba en la cúspide de su carrera y las notas al programa de mano las escribió Adolfo Salazar, con un lleno en el coliseo carbayón de público venido de todas partes, y entre el que estaba Gerardo Diego, apasionado por la música y gran aficionado al piano, acompañado por el pintor gijonés Nicanor Piñole, siendo de destacar que el poeta se llegó a cartear con el húngaro de quien aseguró que “con Ravel, Falla y Stravinsky, forman cuatro puntos cardinales de la música moderna (…) Bartók es el Norte, el punto donde convergen las dos tendencias opuestas”. A Oviedo Bartók llegaría como pianista además de acompañar a la cantante Marie-France de Montaut, solista de los conciertos del Conservatorio de París.

Parte de esta historia también la refleja László Stachó, musicólogo, psicólogo, pianista, profesor titular e investigador principal en la Academia de Música Liszt de Budapest cuyas notas al programa para la Fundación March se incluyen en el programa de mano ovetense, pues La March dedicó un “Ciclo de miércoles” titulado “Perspectivas bartokianas” del 17 de enero al 7 de febrero de  en 2024, donde Dénes Várjon estaba anunciado y hubo de cancelar por enfermedad (desconozco si también una gripe al igual que su compatriota) pero que en Oviedo hemos podido disfrutar como entonces.

Del extenso programa de la fundación madrileña (dejo el enlace así como arriba la portada del diseñador mierense Alfredo Casasola), el propio László Stachó hace una introducción al mundo de Bartók, «compositor, pianista (no uno cualquiera, sino un verdadero virtuoso de su instrumento) e investigador de la música folclórica», y en las notas al programa disecciona las obras que Dénes Várjon nos interpretaría en un auditorio con apenas público, que parece volver a 1931 cuando la crítica del periódico La Voz de Asturias explicaba: “(…) una ola de extrañeza y respeto cruzaba la sala. Alguien suspiraba por los dioses de Beethoven, de Mozart” para finalizar que al menos el crítico se alegraba por “este público está dando en nuestra Sociedad, sino una nota de fina comprensión, al menos una nota de franco respeto y resignación, lo cual no es poco”.

Como entonces, en este abril de 2026 el concierto comenzaba con transcripciones que el propio Bartók realizó de las sonatas en si bemol mayor de Benedetto Marcello (1686-1739), y la Canzone de la opus 4 nº 1 de Azzolino Bernardino della Ciaja (1671-1755), «obras para piano típicamente románticas que recuerdan a las transcripciones de Bach realizadas por Ferruccio Busoni (y otros contemporáneos), con una mayor densidad de la textura musical (octavas dobladas, acordes con más notas)» con las partituras en el atril que Várjon ejecutó con una técnica impecable, de ataques precisos, un pedal muy medido para saborear el enfoque virtuosístico que estas dos sonatas esconden aunque no con la profundidad de las dos siguientes de Domenico Scarlatti (1685-1757) ejecutadas sin pausas: la K 427 en sol mayor, y la K 537 en la tonalidad de la mayor. Impecable su técnica y sonoridad amplia, el acercamiento que hoy en día están haciendo muchos pianistas al repertorio de clave con la grandiosidad de las 88 teclas y una digitación cristalina emulando la cuerda pinzada, pero con la tímbrica poderosa del piano. Bartók conocía la edición completa de Scarlatti preparada por Alessandro Longo en 1906 y hasta dejó grabadas las cuatro, con estas dos elegidas por Várjon.

Lo mejor llegaría con las Danzas de Marosszék de Zoltán Kodály (1882-1967), probablemente su obra de mayor envergadura. Cercano amigo personal, aliado y compañero de Bartók en la lucha por la renovación de la música húngara. Béla Bartók fue un fiel defensor de las composiciones de su colega, y estas danzas las interpretaría con mucha asiduidad, que como escribe Stachó «tan solo en 1930-1931 la tocó docenas de veces». Para todo pianista es un reto por las dificultades que entraña desde una sonoridad tan rotunda que la orquestación del propio Kodály forma parte del repertorio sinfónico de las grandes formaciones. Várjon sacó de un Steinway© perfectamente afinado todo el abanico tímbrico y el empuje rítmico de estas antiguas danzas folclóricas húngaras, bellas y cercanas pese a la geografía, siempre con unas dinámicas amplias y el conocimiento profundo de esta compleja partitura que el Profesor Várjon interpretó de memoria, sobrio y brillante.

Bartók ocuparía toda la segunda parte con un “muestrario” donde reflejar no ya el virtuosismo que todos conocemos -y hemos podido escuchar en grabaciones históricas- sino del nuevo lenguaje del siglo XX inspirado en los folclores de su tierra (Hungría, Rumanía y Eslovaquia) desde el conocimiento como pianista de los grandes que también interpretaba (Beethoven, Brahms, Chopin, Liszt, Richard Strauss o Debussy), para  integrarlos en su estilo propio e inconfundible tras las enseñanzas de la Academia Liszt de Budapest bebiendo de las fuentes directas, como el citado László Stachó y nuestro Dénes Várjon.

Imposible describir el derroche pianístico del húngaro, la fidelidad y conocimiento profundo de cada partitura, la búsqueda de los sonidos precisos, las danzas y hasta los ambientes (las “Gaitas” de la última de las Quince canciones campesinas húngaras fueron casi literales incluso en el roncón).

No solo este ambiente campesino, directo o inspirado, también la grandeza y explosión del Allegro barbaro, o la expresividad del “Atardecer en Transilvania», la impecable Suite para piano, op. 14 con cuatro movimientos delineados y esculpidos, una mano izquierda siempre poderosa y precisa, con profusión de distintos ataques para encontrar el sonido ideal.

Las Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras, op. 20 fueron un nuevo catálogo interpretativo y clase maestra de la técnica al servicio de la música, lo cantabile siempre presente y lo «accesorio» en su plano, con un juego variable en cada tempi donde la indicación “rubato” fue magistral y lo caprichoso entendido como alegría y regocijo recreando música de su tierra.

Éxito de Dénes Várjon que para deleite pianístico nos regalaría un Schumann modélico en todo. De sus «Escenas de niños» (Kinderszenen, Op.15) y como queriendo cerrar otro acercamiento romántico desde “su” Academia en Budapest, la primera Von fremden Ländern und Menschen (Extraños países y personas) y la última Der Dichter spricht (El poeta habla), elección precisa y sentida donde Bartók volvía a Oviedo 95 años después con el piano de su compatriota.

Parte I

Benedetto Marcello (1686-1739)

Sonata en si bemol mayor, SF 742 (transcripción de Béla Bartók):

Lento
Allegro ma non troppo

Allegro
Maestoso

Domenico Scarlatti (1685-1757)

Sonata en sol mayor, K 427

Sonata en la mayor, K 537

Azzolino Bernardino della Ciaja (1671-1755)

Canzone (Sonata en sol mayor, op. 4 nº 1, transcripción de Béla Bartók)

Zoltán Kodály (1882-1967)

Danzas de Marosszék

Parte II

Béla Bartók (1881-1945)

Quince canciones campesinas húngaras, BB 79 (Sz 71) (1881-1945) (selección):

6. Ballade – Tema con variazioni. Andante (Angoli Borbála…)

7-15. Antiguas melodías de danza

7. Allegro (Arra gyere, amőrre én…)

8. Allegretto (Fölmentem a szilvafára…)

9. Allegretto (Erre kakas, erre tyúk…)

10. L’istessotempo(Zölderdőbenaprücsök…)

11. Assai moderato (Nem vagy legény, nem vagy…)

12. Allegretto (Beteg asszony, fáradt legény…)

13. Pocopiùvivo(Sárilovam,afakó…)

14. Allegro (Ësszegyültek, ësszegyültek az izsapi lányok…)

15. Allegro [Gaitas]

Suite para piano, op. 14, BB 70 (Sz 62):

Allegretto

Scherzo

Allegro molto

Sostenuto

Allegro barbaro, BB 63 (Sz 49)

Este a székelyeknél [Atardecer en Transilvania] (Diez piezas fáciles, BB 51 [Sz 39])

Allegro vivace (Dos danzas rumanas, op. 8a, BB 56 [Sz 43])

Tres canciones populares húngaras del distrito de Csík, BB 45b (Sz 35a):

Rubato

L’istesso tempo

Poco vivo

Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras, op. 20, BB 83 (Sz 74):

Molto moderato

Molto capriccioso

Lento, rubato

Allegretto scherzando

Allegro molto

Allegro moderato, molto capriccioso

Sostenuto, rubato

Allegro

Serena Sáenz brilla en Oviedo

Deja un comentario

Martes 7 de abril, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, XIII Primavera BarrocaCNDM “Circuitos Oviedo”: Serena Sáenz, (soprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (clave y dirección). Obras de Vivaldi, Rameau y Haendel. Fotos de Pablo Piquero y propias.

Tercer concierto de esta decimotercera «Primavera Barroca» ovetense en colaboración con el CNDM que dirige Francisco Lorenzo, hoy presente en esta ideal sala de cámara, y con la conferencia previa para estudiantes del Conservatorio Superior de Música y la Universidad de Oviedo, hoy en mayor número que las dos anteriores (se nota menor carga de exámenes), que presentado por el doctor Ramón Sobrino nos daría Dani Espasa, desgranándonos lo que sería el concierto posterior.

Además de hablarnos del bajo ostinato que será uno de los recursos más utilizados desde entonces a lo largo del tiempo, comenzaría por aclararnos cómo elegir este programa que el sevillano Pablo J. Vayón titula «Juego de espejos» en sus notas al programa, y qué mejor que comenzar con Vivaldi que en la primera aria de Bajazet («Sposa, son disprezzata»), está tomada de un aria de Giacomelli y resignificada para su nueva circunstancia con otra letra, una práctica de «pastiche» muy habitual de entonces, incluso reutilizando materiales propios para distintas obras, como veríamos más adelante. No es una limitación creativa sino  que «revela una concepción profundamente pragmática del teatro musical, en la que la verdad expresiva depende de su capacidad para conmover y definir con precisión el estado afectivo deseado» como (d)escribe mi tocayo. En la Sinfonía inicial ya aparece  el bajo ostinato y el tema en otra tonalidad de «La Primavera» en el III movimiento (como también lo hará en el segundo de Orlando Furioso) redundando en lo que hoy llamaríamos reciclaje.

De Rameau y Les indes galantes, Espasa confesaba que hace una suite un tanto personal por el orden y elección de los distintos números, a veces buscando tonalidades cercanas, cómo utiliza la improvisación en la mano derecha a partir del bajo escrito, o combinar timbres de soprano y flauta. En el caso del aria de Platée nos contaría que el personaje es una rana en esa ópera, un guiño a la no muy agraciada princesa española (no citó que se trataba de María Teresa de Austria y Borbón) casada con el rey Luis XIV, y donde podríamos ver lo excelente actriz y cantante Serena Sáenz, a quien Dani Espasa «descubrió» cuando tenía 14 años y hoy es toda una figura internacional.

Para la segunda parte sería el alemán Händel el elegido, quien con 22 años se fue a estudiar un «Erasmus» (como ironizó el catedrático Sobrino) a Roma que le marcará para siempre, incluso siendo italiano desde su nueva nacionalidad inglesa. Será un admirador de Corelli quien como concertino estrenó alguna de sus óperas  y oratorios (Il trionfo del Tempo e del Disinganno), se inspirará en los Concerti Grossi del maestro entonces londinense pero netamente «corelliano». Nuevamente reciclará melodías, caso de su Lascia la spina que canta Piacere en el citado oratorio, la primera vez que la compone en Italia y aparecerá en otras obras con letras distintas y alguna variación melódica que conviene no cantar o tocar la más popular Lascia ch’io pianga. Y cerrará concierto el aria de Morgana de su ópera Alcina.

A una pregunta de un alumno sobre qué temperamento utilizaba, el maestro Espasa sin ahondar en demasiados tecnicismos que daría para otros 50 minutos de clase, nos citó a Johann George Neidhardt el “loco de los temperamentos”, habló de la afinación que para el intervalo de «tercera pura» es mucho más complicada y que la quinta, 5ª, que tiene por acústica a estar baja, siendo habitual el llamado temperamento mesotónico en el barroco por ejemplo de de Monteverdi, mientras que en cuanto a las nuevas tonalidades que surgen en el Barroco, fluctúan medio tono bajo como era en Rameau (390Hz) respecto al piano actual (440Hz) que usa Vivaldi, y que para este concierto se afinaría todo a 415Hz para evitar complicaciones a los distintos instrumentos.

Con una sala al completo que sigue demostrando la vigencia del Barroco entre todos los públicos, volvía por tercera vez a la capital asturiana Vespres d’Arnadí tras un recordado «Orlando doble» en junio de 2016 con Xabier Sábata, y con Vivica Genaux hace cinco años en plena Pandemia que no nos privó de un memorable Hasse entre otros barrocos. Fieles a repertorios muy bien armados y con voces de primera arrancarían el concierto con una plantilla para la ocasión, formación solo de cuerda comandada por la canadiense Farran Sylvan, más Josep María Martí al laúd (impecable todo el programa) junto al propio Dani Espasa al clave y un continuo preciso para un Vivaldi «de manual» por contrastes de tempi, matices y expresividad en todo el orgánico.

Tras la Sinfonia y los posteriores tres movimientos de Dorilla in Tempe, RV 709, aparecía en escena la soprano catalana Serena Sáenz (Barcelona, 1994), para interpretarnos dos arias distintas en carácter e iguales en dificultad: «Sposa, son disprezzata» de la Irene del Bajazet (Il Tamerlano), y Licore con el «Alma oppressa» (de La fida ninfa). La instrumentalización de la voz a cargo del Vivaldi maduro, puro e implacable virtuosismo lleno de ornamentaciones, agilidades increíbles, exigentes fiatos y hasta una bravura o furor con una orquesta sobresaliente en el impulso rítmico que la barcelonesa bordó.

En plenitud vocal, Serena Sáenz deslumbró por un color de voz carnoso de agudos cristalinos y graves livianos mas suficientes, pero sobre todo por su expresividad, tanto vocal como corporal, diferenciando cada rol, moviéndose en este Vivaldi con un dominio total y unos «da capo» portentosos que son el meollo de la música barroca.

Su descanso llegaría con la «Suite Espasiana» de Les indes galantes (Rameau). Incorporándose al orgánico primero Marina Durany con el traverso (también el piccolo) y después el oboe de Pere Saragossa. Vayón escribe: «Si el principal parámetro de la música era la melodía, como querían Rousseau y los defensores de la ópera italiana, la alternancia de recitativos y arias se convertía en el eje sobre el que descansaban las obras; si en cambio era la armonía, como pensaban Rameau y los defensores de la ópera francesa, la escena, constituida de recitados, breves arias, coros y danzas, devenía unidad dramática mínima«, y en la combinación de estas galantes indias, Vespres D’Arnadí fueron fieles a la definición de este dulce tradicional valenciano que suele elaborarse durante el tiempo de Cuaresma y Semana Santa, casi cual mantecado avilesino de Pascua por la exquisitez de los ingredientes elegidos para este plato musical francés de la formación y «sin calabaza». Siete números donde no faltó la famosa melodía del Air pour les sauvages antes del Tambourin literal (con Dani Espasa en la pandereta) luminoso y un alarde instrumental por parte de todos para este muestrario así organizado preparando sin oboe las dos últimas arias de Serena Sáenz: la pastora de Hippolyte et Aricie, donde el dúo de la soprano con el traverso fueron unos «Rossignols amoreux» más el solo de violines y clave un remanso pastoril antes de la graciosa y expresiva aria de esa rana loca «Aux langueurs d’Apollon» en la citada ópera Platée. El cierre de esta primera parte fue perfecto para redondear un éxito de la soprano catalana, madurez vocal total, manejando todos los recursos desde una técnica impecable y una escena donde ojos y manos subrayaban un texto irónico lleno de gracia, y hasta tener «mando en plaza» casi llevando a la cuerda a su terreno de virtuosismo y teatralidad.

De Händel a Haendel, de Alemania a Inglaterra pero siempre el Handel de fondo «italiano» la segunda parte que se abría sólo con la cuerda para el aria de Belleza Tu del ciel ministro eletto del oratorio ya comentado en la introducción y conferencia. Serena Sáenz, con nuevo y elegante vestuario en blanco y negro para este monográfico haendeliano, volvió a sentar cátedra, jugando con los tempi y bien arropada por unos músicos siempre ensamblados que brillaron sobre todo en el dúo entre violín y laúd a la misma altura expresiva que el aria, pura belleza vocal e instrumental.

Perfecto colocar a continuación el Concerto grosso en sol mayor, op. 6, nº 1 sumándose el oboe de Saragossa para completar esa sonoridad única que logra ese instrumento en estos conciertos donde alterna el grosso con los excelentes solistas (violinesI y II,  viola y cello) y el clave perlado de un Espasa que respira con sus músicos, cinco movimientos en alternancia de aires bien ceñidos a las indicaciones, donde los tiempos rápidos mostraron la conjunción de todos ellos con limpieza y precisión exquisita.

Quedaban otras dos arias con el mismo orgánico para seguir disfrutando de la soprano catalana, de nuevo el oratorio con la sentida Lascia la spina , Piacere del personaje y la interpretación que no todas las sopranos pueden cantar ante un registro grave al que la barcelonesa llega casi de puntillas para ornamentarlo y hacerlo brillar en el medio y agudo con su musicalidad y gusto.

Y salto a la Morgana de Alcina, otro aria como Tornami a vagheggiar , primorosa, corpórea, de agilidades portentosas y fiatos casi imposibles con total dominio de la respiración. Si en Rameau su voz fue un ruiseñor, el canto haendeliano de Sáenz resultó todo un catálogo ornitológico de trinos, saltos, diálogos con el violín, el ropaje perfecto de Vespres d’Arnadí y un cierre que levantó al público de las butacas.

Sin aparente cansancio y comentando que era un «suicidio» llegaría el primer regalo, por supuesto Händel y el aria «Agitato da fiere tempeste» (de Riccardo Primo, Re d’Inghilterra), más que un tour de force todo un gimnasio de vocal para el diafragma con amplias y necesarias respiraciones imperceptibles por la técnica de la soprano catalana nuevamente pletórica en esta joya operística italiana en el Londres triunfante de George Frideric Haendel.

Nueva apoteosis de aplausos entre un público ya entregado, ¡Bravos! varios y nada mejor que cerrar con «Piangerò la sorte mia» (del Giulio Cesare), sentada junto a Dani Espasa en el inicio, con la flauta emulando y completando su voz, un cambio de tempo encajado a la perfección con un ensamble ideal, atento, versátil, y el remanso final «da capo» de maravillosos ornamentos en este concierto donde Serena Sáenz enamoró de principio a fin.

 

PROGRAMA:

I

Antonio VIVALDI (1678-1741)

De Dorilla in Tempe, RV 709 (1726):

Sinfonía – I. Allegro – II. Andante – III. Allegro

De Bajazet (Il Tamerlano), RV 703 (1735):

Aria de Irene: Sposa, son disprezzata (acto I, escena 7)

De La fida ninfa, RV 714 (1732):

Aria de Licori: Alma oppressa (acto I, escena 10)

Jean-Philippe RAMEAU (1683-1764)

De Les indes galantes, RCT 44 (1735):

Air des incas pour la dévotion du soleil (entrada I I , escena 5)

Adoration du soleil (entrada II, escena 5)

Air pour les esclaves africains (entrada I, escena 6)

Air pour Borée et la Rose (entrada III, escena 8)

Menuet I y II (prólogo, escena 2)

Air pour les sauvages (entrada IV, escena 6)

Tambourin I y II (entrada I, escena 6)

De Hippolyte et Aricie, RCT 43 (1733):
Aria de una pastora: Rossignols amoureux (acto V)

De Platée, RCT 53 (1745):
Aria de La Folie: Aux langueurs d’Apollon (acto I, escena 5)

II

George Frideric HAENDEL (1685-1759)
De Il trionfo del Tempo e del Disinganno, HWV 46a (1707):

Aria de Bellezza: Tu del ciel ministro eletto (parte II, 28)

Concerto grosso en sol mayor, op. 6, nº 1 (1739):

I. Tempo giusto – II. Allegro e forte – III. Adagio – IV. AllegroV. Allegro

De Il trionfo del Tempo e del Disinganno, HWV 46a (1707):

Aria de Piacere: Lascia la spina (parte II, 16)

De Alcina, HWV 34 (1735):
Aria de Morgana: Tornami a vagheggiar (acto I, escena 14)

INTÉRPRETES:

VESPRES d’ARNADÍ (grupo residente de la temporada 25/26 del CNDM)

Farran Sylvan James, Cecilia Clares y Oriol Algueró VIOLINES I

Ricard Renart, Maria Gomis y Marta Atcher VIOLINES II

Natan Paruzel y David Glidden VIOLAS

Oriol Aymat VIOLONCHELO

Mario Lisarde CONTRABAJO

Josep Maria Martí ARCHILAÚD

Marina Durany TRAVERSOs

Pere Saragossa OBOE

SERENA SÁENZ SOPRANO
DANI ESPASA CLAVE Y DIRECCIÓN

Germinó y sigue creciendo…

Deja un comentario

Oviedo 5 de abril, 18:30 horas. Auditorio de Oviedo, Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (JOSCAN), Juan Floristán (piano), Óliver Díaz (director). Obras de Copland, Rachmaninov y Dvořák.

Este Domingo de Resurrección a una hora poco habitual y con no demasiada publicidad, aunque el público fiel no falla, llegaba a la capital ovetense desde nuestra vecina Cantabria la JOSCAN en el «Encuentro de Primavera 2026«, agradeciendo además que su primera salida haya sido a nuestra tierra tras el concierto en la mañana anterior en Comillas, con muchos asturianos tanto en las responsabilidades de la Consejería de Educación, Formación Profesional y Universidades del Gobierno de Cantabria, como en la propia formación de los jóvenes músicos y al frente de la dirección artística y musical el carbayón Óliver Díaz, quien traía a un pianista amigo, al que sigo desde su «descubrimiento» en 2015 (XVIII Paloma O’Shea Santander International Piano Competition) donde se alzaría con el primer premio precisamente con el mismo concierto que interpretaría en este encuentro primaveral, todo un acontecimiento al que no podíamos faltar.

En su presentación figura que la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (JOSCAN) es un proyecto pedagógico de marcado carácter artístico, cuyo objetivo es contribuir, de forma muy significativa, a la educación musical y preparación profesional de los jóvenes músicos cántabros y de toda la sociedad a través de sus actividades artísticas. Como proyecto educativo, se pretende tender puentes entre las enseñanzas musicales de los conservatorios de esa comunidad, las enseñanzas musicales superiores y el entorno profesional de la orquesta. Desde sus comienzos en 2011, bajo la dirección artística de Emilio Otero, la JOSCAN ha contado en sus diferentes etapas con prestigiosos directores: el cántabro Jaime Martín, junto a maestros como José Luís Temes, Enrique García Asensio, Vladimir Stoupel, Andrés Juncos, la murciana Virginia Martínez o el mexicano Iván López Reynoso. Desde entonces han dado 10 conciertos, siendo estos del «Encuentro de Primavera 2026» el sexto de esta temporada tras un paréntesis de cinco años felizmente recuperado y necesario en el actual panorama sinfónico nacional. Se plantaron semillas en todos los terrenos que dependiendo del interés, buen abono, barbechos, y tiempo, han germinado e incluso creciendo como es el caso. Se podría escribir mucho de tantos excesos que marchitaron los buenos frutos, la escasa inversión o una mala «comercialización» de un producto que incluso hemos exportado a medio Europa, más allá del viento. Así que solo queda aplaudir esfuerzos como este de Cantabria, pleno además de cantidad y calidad musical, que no solo son cantera para el futuro sino una realidad digna de comentar.

Tras una intensa semana de preparación en las instalaciones del Centro de Programas Educativos de Viérnoles (Torrelavega), Óliver Díaz presentaba un ambicioso repertorio donde comprobar el nivel alcanzado por una amplia plantilla de músicos que lo dieron todo con la frescura de la edad, las ganas de aprender, la entrega y el talento más los vínculos que se crean en esta «pequeña sociedad» que es una orquesta, como así la definió el director asturiano en la breve presentación tras la Fanfarria para el hombre común («Fanfare for the Common Man») de Aaron Copland (1900-1990), breve pero impactante obra que rinde homenaje a la figura del ciudadano corriente mediante una potente llamada de metales y percusión cargada de simbolismo y solemnidad, compuesta en 1942 para la Orquesta Sinfónica de Cincinnati, tras tantos encargos que se hicieron  por el «fervor patriótico» tras la entrada de EEUU en la SGM.

Abrir el concierto con los metales y percusión de la JOSCAN ya suponía una primera prueba de fuego y esta popular composición (de la que bebería tanto el «olímpico» John Williams como algunas notas que tomarían prestadas Queen para «We Will Rock You») no podía ser mejor carta de presentación.

Cada concierto de Juan Floristán (Juan Luis Pérez Floristán, Sevilla 1993), alumno entre otros de la gran Leonskaja, es siempre un acontecimiento único aunque interprete una obra tantas veces a lo largo de su ya larga trayectoria como el Concierto para piano n° 2, Op. 18 de Sergei Rachmaninov, pues los años dan no solo poso y experiencia, también complicidades con la orquesta de turno, con la que sentir ese ambiente camerístico que el ruso crea entre un tejido orquestal que manejaba como pocos en toda su amplia producción. El sevillano, un comunicador de talla internacional como ya asombró a quienes no le conocían en el programa «La Revuelta» con David Broncano hace un año, también quiso aportar antes de comenzar algunas pinceladas de esta famosa partitura más allá del cine o las connotaciones personales del compositor, que evidentemente ayudan a comprender mejor este «segundo» que nunca cansa escuchar. Tras Santander lo interpretaría en este mismo auditorio hace nueve años con Oviedo Filarmonía y ya entonces marcaba desde su personalidad unos tiempos tranquilos, sosegados pese a su juventud así como un perfecto entendimiento con el podio de Kerem Hasan. Más recientemente en Granada (20 de junio de 2024) lo escuchaba interpretarlo con la orquesta de la capital nazarí dirigida por la noruega Tabita Berglund, y donde destacaba que «El sevillano ha madurado y su interpretación resultó en cierto modo rocosa como las piedras del Carlos V, dura y muy contrastada, mandando y mostrando buen entendimiento con la directora noruega atenta al solista» pese a una OCG que estuvo descompensada y hasta gélida. Pero este primer domingo de abril Juan Floristán y Óliver Díaz encontraron en la JOSCAN la herramienta ideal donde volcar una interpretación a la altura de lo escrito. La plantilla, que dejo al final de la entrada, estuvo equilibrada en todas las secciones, con una cuerda que se puede calcular a partir de los seis contrabajos, una madera excepcional, una percusión siempre certera, y sobre todo los metales que presentaron sus credenciales en la fanfarria inicial.

Para quienes conocen a fondo «El segundo de Rach» (compuesto y estrenado entre 1900-1901), es difícil para todos, no ya las partes del piano donde debe dialogar, marcar los muchos cambios de compás y ritmo, encajar cada cadencia con el «tempi» global o ese carácter de último romántico que alterna melancolía, lirismo y dedos virtuosos, hasta sobreponerse con la necesaria fortaleza al empuje orquestal. Para toda formación sinfónica no hay sección que escape a sus respectivos solos y fraseos con el solista, el equilibrio entre lo íntimo y contemplativo con el «poderío» triunfal y expansivo de cada tutti, también muy atentos a la agógica y la plena concentración en la batuta, que debe conducir y concertar, algo que Díaz hace como pocos directores actuales. El entendimiento entre solista, orquesta y director funcionó desde el arranque en solitario del Moderato inicial hasta el último Allegro scherzando. Reconforta escuchar una orquesta bien empastada, con una cuerda sedosa capitaneada por Stefany Andreina Belandria, unos cellos mayoritariamente femeninos y maravillosos en sus fraseos, una madera donde flautas, oboes o clarinetes suenan «a gloria bendita» y sobre todo unos metales «orgánicos» capaces de dinámicas extremas sin perder homogeneidad, musicalidad, buen gusto y protagonismo en su sitio. Y sumemos el piano de Floristán, escuchando, compartiendo, sacando el color y sabor nunca edulcorado, adecuado para cada uno de sus pasajes. Protagonista y compañero sabiendo mandar sin imposiciones, incluso en los rubati, a unos jóvenes que dieron lo mejor de ellos tras un duro trabajo que tuvo la recompensa del aplauso unánime y prolongado.

Tras tanto esfuerzo, tensión y «notas» llegaría tras el verde y duro norte Cantábrico más el sevillano sur florido, el remanso finlandés de Le sapin (El abeto) de Sibelius (la última de sus Cinco piezas para piano, op. 75), donde Juan Floristán nos transportó a la naturaleza pianística de otro gran orquestador donde el piano es el contrapeso necesario para todos, esplendor sonoro lleno de intimismo y melancolía esculpiendo las 88 teclas con maestría y emotividad.

Para toda orquesta sinfónica afrontar la música de Antonín Dvořák (1841-1904) es siempre la piedra de toque de sus músicos y una herramienta donde ponerla a punto con la batuta correspondiente, más que un ejercicio necesario un peldaño en el crecimiento. De la conocidísima «Sinfonía del Nuevo Mundo» vamos bien servidos esta temporada y además con orquestas tanto jovenes como profesionales, que han puesto en los atriles la novena del checo. Así en Gijón las navidades pasadas fue una de las obras elegidas para el debut en su Sociedad Filarmónica de la recién creada Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, bajo la batuta de Pedro Ordieres, donde además participé en las notas al programa para comentar esta página «americana» (más breve Óliver antes de comenzarla), y el 23 de enero fue otro regalo de la OSPA, dos interpretaciones recientes para esta sinfonía que no puede ni debe faltar en el archivo ni en los atriles.

Óliver Díaz supo transmitir a la JOSCAN toda la inspiración que el compositor checo encontró en aquellos años neoyorquinos donde combinar el lenguaje romántico europeo y los ritmos afroamericanos sumados al folklore indígena, «realmente multirracial en sus bases» como la definió Bernstein. Sinfonía en cuatro movimientos con todos los recursos del ritmo, el contrapunto y el color orquestal modernos que nos dejaron una interpretación valiente en los tempi elegidos por el asturiano, segura en cada cambio de aire, dejando a los solistas marcar su pulso, manejando los balances con mano firme, sacando en cada sección lo mejor de sus primeros atriles, de nuevo con una cuerda rica en matices y una concepción brillante sin exageraciones ni desmanes en los volúmenes. Las reconocibles melodías de esta «Novena de Dvořák» irían dibujándose claras, presentes, sinfonismo en estado puro con todas las emociones y lenguajes utilizados por el checo que dejó la semilla para una música que se germinaría, crecería y se haría adulta en el «nuevo mundo» como hoy abría y demostraba Copland.

La JOSCAN ya germinó, crece correctamente y ya da sus primeros frutos, bien regada por Óliver Díaz hoy acompañado por Juan Floristán, dejándonos una excelente «resurrección sinfónica juvenil» en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, la mejor presentación en este coliseo por donde ha pasado lo más granado de la música de mi tiempo.

 

PROGRAMA:

Pulcritud coral

Deja un comentario

Lunes 30 de marzo, 20:00 horas. Catedral de San Salvador, Oviedo: “Crucifixus”, Concierto de Semana Santa. Coro “El León de Oro” (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Lotti, Victoria, Donati y Pizzetti. Fotos de Beatriz Montes y propias.

En la presentación de este concierto sacro, el coro “El León de Oro” (LDO) dentro de su propia temporada (de los pocos que la tienen) nos describen lo que escucharíamos este Lunes Santo en la Sancta Ovetensis con un lleno increíble y colas que rodeaban la plaza de Alfonso II hasta la capilla de La Balesquida media hora antes:

«El programa que presenta El León de Oro en la Catedral de Oviedo se inscribe plenamente en el espíritu de la Semana Santa, como un recorrido sonoro por la oscuridad, el dolor y la esperanza que atraviesan estos días. En él se respira, además, un marcado ambiente italiano, que conecta distintas generaciones y estéticas: desde Antonio Lotti hasta Lorenzo Donati e Ildebrando Pizzetti, sin olvidar a Tomás Luis de Victoria, cuya profunda vinculación con Italia —donde vivió y se formó— se refleja en la intensidad expresiva de su música.

A través de este diálogo entre tradición y contemporaneidad, el programa traza un itinerario que transita desde las tinieblas hacia la trascendencia. En este contexto, la interpretación de la Messa di Requiem de Pizzetti se erige como el eje central del concierto: una obra de extraordinaria belleza y profunda espiritualidad, muy poco frecuente en los escenarios. Su inclusión supone una apuesta artística valiente que invita a la escucha atenta y al recogimiento, en perfecta sintonía con el carácter introspectivo y meditativo de la Semana Santa».

Si algo identifica al coro asturiano, uno de los más laureados en España y con casi tres décadas de trayectoria, es la impecable organización de cada concierto, con una versatilidad al alcance de muy pocas formaciones corales amateurs, y que conjugan tradición e innovación con una plantilla de geometría variable que le permite tan amplio repertorio (desde el Renacimiento a las llamadas vanguardias actuales). Y nuevamente volvieron a acertar en elección y calidad con el éxito de un público fiel que crece en cada aparición de los gozoniegos. En el IV Festival AtriumMusicae de Cáceres cautivaron a medianoche en su Concatedral con el Officium Defuntorum de Victoria junto a la Schola Antiqva, y a primera hora del día siguiente asombraron con parte de este programa que disfrutamos este penúltimo día de marzo. Incluso en el Niemeyer volvieron a cantar parte de un Donati que ya es «fondo coral» de los gozoniegos.

La magia coral se repitió nuevamente en Lunes Santo (como el pasado año), con la acústica catedralicia que ayuda y no perdona, pero LDO no conocen las dificultades. Afinación perfecta, concentración total para unas entradas seguras, matices extremos sin importar la tesitura, finales precisos y cada partitura un dechado de belleza coral aunque la temática de este “Crucifixus” pareciera oscura. Pero resultó contenida, brillante, sin estruendos, empaste entre las cuerdas impecable, las asombrosas sopranos de agudos casi imposibles siempre limpios y fraseados, los bajos que cimentan hasta las profundidades cada templo sonoro, los contrastes de unas contraltos que enriquecen el color, y los tenores que van rejuveneciendo desde la cantera para completar una tímbrica de coro uniforme, compacta y expresiva a más no poder.

Abría el concierto el Crucifixus (a 8) de A. Lotti, con una acústica que multiplica presencia y realza las líneas de claroscuros para esta página conmovedora, herencia directa del Maestro Peter Phillips.

Alternar a Victoria con Donati es otra apuesta arriesgada, y acertada, de Marco A. García de Paz que los “enfrenta” por temática y aúna en esta visión doble de la polifonía eterna. Las tinieblas del abulense y la interiorización del italiano, el Renacimiento del “tactus” que tan bien conocen “los leones” más lo abrupto de nuestro tiempo hecho música. El Caligaverunt oculi mei a cuatro voces mixtas (de su Oficio de Tinieblas), arrancó unos tímidos aplausos por su magna interpretación que no rompieron la continuidad con las tinieblas de Donati. Todo un despliegue de voces siempre equilibradas, de disonancias afinadas, todas las cuerdas entregadas, llevadas con la expresividad de las manos maestras y la respuesta justa a cada indicación, con las campanas de Las Pelayas sonando de fondo.

Reubicando las voces con las blancas a la izquierda y graves a la derecha llegaría la impresionante Messa di Requiem (1923) de Ildebrando Pizzetti (1880–1968), una obra que muestra la influencia de los compositores polifónicos de los siglos XV y XVI, todo un descubrimiento por parte de LDO y Marco que mantienen toda la solemnidad de la liturgia en latín con esa herencia polifónica llena de “guiños” históricos que son como la propia historia del coro, más las aportaciones de unas disonancias siempre bellas, de sonidos esculpidos por las distintas voces de los luanquinos. Un Réquiem de dinámicas asombrosas, desde un perfecto unísono contraltos-bajos quasi gregoriano; el poderoso Dies Irae medieval «vistiéndose» actual con las contestaciones rítmicas y melódicas sin apenas palabras; el vibrante Sanctus de armonías espectaculares, sustentadas por unos bajos tenidos mientras las voces agudas nos elevan a las alturas que Victoria ubicó en el infinito y las sopranos iluminando al parmesano, verdadera explosión vocal frente a la espiritualidad contrapuntística; el Agnus Dei suplicante y ese final «liberador» marcando el carácter de cada sílaba, de cada frase, tejiendo un manto sonoro acogido con una atronadora ovación.

No faltó el regalo de bisar el Sanctus para esta misa (entendida incluso como puesta en escena) esperanzadora donde LDO siguen conmoviendo, asombrando y enamorando.

¡Hosanna Leones!

PROGRAMA:

Antonio Lotti (1667–1740):

Crucifixus (a 8)

Tomás Luis de Victoria (1548–1611):

O vos omnes (SSAT)

Lorenzo Donati (1972):

Davanti alle tenebre

Tomás Luis de Victoria:

Tenebrae factae sunt (SSAT)

Lorenzo Donati:

Dentro alle tenebre

Tomás Luis de Victoria:

Caligaverunt oculi mei (SATB)

Lorenzo Donati:

Oltre le tenebre

Ildebrando Pizzetti (1880–1968):

Messa di Requiem, 1923.

I. Requiem aeternam

II. Dies irae

III. Sanctus

IV.Agnus Dei

V. Libera me

El dolor inspirador

Deja un comentario

Domingo 29 de marzo, 20:00 horas. Gijón, Iglesia Mayor de San Pedro Apóstol, Concierto nº 1711 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. CONCIERTO EXTRAORDINARIO DE SEMANA SANTA: G. B. Pergolesi: Stabat Mater, P. 77.

Domingo de Ramos en Gijón con la Iglesia de San Pedro a rebosar, incluso gente de pie en los laterales, para disfrutar del dolor más bello e inspirador de todas las artes, la “Madre Dolorosa” que Pergolesi pone música a esta maravilla, de la que incluso “Mein Gott” se basará en ella, casi exacta, para su Cantata “Tilde, Höchster, meine Sünden”, BWV 1083, aunque con texto en alemán, y que coincidencias ¿del destino? sonaba en Radio Clásica durante el viaje de vuelta a mi aldea.

En estas fechas este Stabat Mater no suele faltar en los conciertos sacros e incluso a lo largo del año, y tengo versiones grabadas para dar y tomar, utilizando voces infantiles, contratenores y la habitual de soprano, contralto y orquesta barroca que fue la que pudimos escuchar en este extraordinario de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Interesante el orgánico para la ocasión con reputados y experimentados músicos de las orquestas asturianas,  la Camerata Barroca L’Alcordanza (en asturiano significa «memoria, recuerdo» y también «acuerdo, consonancia») fundada por el infatigable Pedro Ordieres (hoy en el violín),  esta vez dirigida por el avilesino Rubén Díez, con las voces de la soprano mallorquina Cristina van Roy y la mezzo gijonesa Serena Pérez, a la que voy comprobando su crecimiento vocal desde sus inicios, que sin ser contralto está ganando cuerpo en el registro grave manteniendo unos agudos redondos y su color vocal característico.

Si L’Alcordanza estuvo bien acoplada y equilibrada en su plantilla, con tiorba y no órgano en el continuo, facilitando mejor las dinámicas y limpieza tímbrica, las dos voces femeninas se mostraron bien compenetradas en los dúos y luciendo igualmente en sus partes solistas, siempre alternándose el orden de los doce números que conforman el Stabat Mater (1736) de Giovanni Battista Draghi llamado o apodado Pergolesi.

Elegir como ilustración para este concierto a la Madre de Dios en “El descendimiento” del flamenco Rogier van der Weyden (Museo de El Prado) es recurrente incluso en portadas de libros, webs o discos, pues plasma esa sensación indescriptible de la belleza que el dolor inspira, la madre al pie de la cruz. Pergolesi compone esta secuencia en sus últimas semanas de vida, con solo 26 años, aquejado de tuberculosis en el monasterio franciscano de la ciudad balnearia de Pozzuoli, cerca de Nápoles. Basado en un poema del siglo XIII (atribuido a Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi) que ha ido variando a lo largo de los tiempos, es uno de los textos religiosos más utilizados por los compositores. La adaptación del nacido en Iesi (Estados Pontificios) al que todos conocemos por su pseudónimo Pergolesi, es su obra religiosa más famosa y musicalmente más difundida, impresa y editada  del siglo XVIII, siendo elogiada hasta por J. J. Rousseau (del primer número  dijo “el dúo más perfecto y conmovedor que viene de la pluma de cualquier compositor”). Igualmente es una de las más antiguas que se mantiene viva, junto con El Mesías de Händel.

Con un uso magistral de las disonancias buscando el patetismo de este episodio y hasta del suyo propio, esta obra compuesta para la Confraternità dei Cavalieri della Virgine de’ Dolori de Nápoles, mientras escribía también una Salve Regina, fue elegida para reemplazar el de Alessandro Scarlatti en las representaciones del Viernes de Dolores. La interpretación en Gijón mantuvo un buen nivel global: Van Roy posee una voz luminosa, amplia, de agilidades limpias, ornamentos precisos, y en algún momento poco contenida para unos textos que marcan la propia expresividad, pero estuvo bien en el conocidísimo “Vidit suum”  (con la camerata “suspirando” con ella) y los dúos compenetrados, fraseados y contestados por la mezzo local.

De Serena Pérez tengo claro es una mezzo que va ganando volumen en el registro grave, haciendo brillar con sus agudos muchos papeles de las cada vez más escasas contraltos (similar a lo que sucede con barítonos y bajos). En el caso de la asturiana la expresividad fue grande, demostrando su continua formación en el repertorio barroco, amplios matices y unos pianissimi bien proyectados que se escuchaban en todo el templo que cierra la Playa de San Lorenzo.  El “Fac, ut portémoslas Christi nortem…” fue conmovedor y marcaría el “camino al Paraíso” en el dúo final hasta el Amen.

Para L’Alcordanza todos mis elogios, pues son todos músicos excelentes, polivalentes, capaces de interpretar páginas sinfónico corales al lado de las camerísticas, preservando el estilo de cada página. Abajo dejo la plantilla, perfectamente equilibrada, bien ubicados repartidos en el altar, con la acústica ideal para estas formaciones, y un Rubén Díez que conoce estos repertorios desde la base del estudio con piano hasta la batuta o unas manos “corales” que consiguieron todos los contrastes “pictóricos” de esta partitura de Pergolesi, los tempi y finales en cada número bien ajustados y marcados, más el respeto por las voces en cada una de las muchas dinámicas barrocas, logrando un concierto para la meditación para estos días desde la belleza musical del dolor, como bien recordó al finalizar el párroco D. Javier Gómez Cuesta, bisando el inicial dúo “Stabat Mater” cerrando un concierto extraordinario en todos los sentidos.

INTÉRPRETES:

Cristina van Roy (soprano) – Serena Pérez (mezzosoprano).
L’Alcordanza Camerata Barroca:
Violines I: Pedro OrdieresCelia Montañez, Gints Sapietis
Violines II: ⁠Luisa Lavín, Pablo de la Carrera, Daniel Baltar
Viola: Beltrán Cubel
Violoncello: ⁠Pelayo Cuéllar 
Contrabajo: ⁠Javier Fierro
Tiorba: Alejandro Parino
Director: Rubén Díez

PROGRAMA y textos:

Giovanni Battista PERGOLESI (1710-1736): Stabat Mater, P. 77.

I. Stabat Mater dolorosa (dúo)

Stabat Mater dolorosa

Juxta crucem lacrymosa,

Dum pendebat Filius.

II. Cujus animam gementem (soprano)

Cujus animam gementem,

Contristatam et dolentem,

Pertransivit gladius.

III. O quam tristis et afflicta (dúo)

O quam tristis et afflicta

Fuit illa benedicta

Mater Unigeniti!

IV. Quæ mœrebat et dolebat (alto)

Quae moerebat et dolebat,

Pia Mater, dum videbat

Nati poenas incliti.

V. Quis est homo qui non fleret (dúo)

Quis est homo, qui non fleret,

Matrem Christi si videret

In tanto supplicio?

Quis non posset contristari,

Christi Matrem contemplari

Dolentem cum Filio?

Pro peccatis suae gentis

Vidit Jesum in tormentis,

Et flagellis subditum.

VI. Vidit suum dulcem natum (soprano)

Vidit suum dulcem natum

Moriendo desolatum

Dum emisit spiritum

VII. Eja Mater fons amoris (alto)

Eja Mater, fons amoris,

Me sentire vim doloris

Fac, ut tecum lugeam.

VIII. Fac, ut ardeat cor meum (dúo)

Fac, ut ardeat cor meum

In amando Christum Deum

Ut sibi complaceam.

IX. Sancta Mater, istud agas (dúo)

Sancta Mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

Cordi meo valide.

Tui nati vulnerati,

Tam dignati pro me pati,

Poenas mecum divide.

Fac me tecum, pie, flere,

Crucifixo condolere,

Donec ego vixero.

Juxta crucem tecum stare,

Et me tibi sociare

In planctu desidero

Virgo virginum praeclara,

Mihi jam non sis amara

Fac me tecum plangere.

X. Fac ut portem Christi mortem (alto)

Fac, ut portem Christi mortem,

Passionis fac consortem,

Et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,

Cruce hac inebriari

Ob amorem filii.

XI Inflammatus et accensus (dúo)

Inflammatus et accensus,

Per te virgo sim defensus

In die judicii.

XII. Quando corpus morietur – Amen (dúo)

Quando corpus morietur, Fac, ut animae donetur Paradisi gloria. Amen.

Monsieur Mahúgo

Deja un comentario

Oviedo, 26 de marzo, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, XIII Primavera Barroca / CNDM «Circuitos»: Yago Mahúgo (clave). Obras de Couperin. Fotos de Pablo Piquero y propias.

Hace ya once años que el clavecinista Yago Mahúgo (Madrid, 1976) visitaba esta Primavera Barroca con su grupo Ímpetus, un músico de tecla e investigador al que tuve la suerte de escucharlo el pasado verano en Granada al pianoforte. Pero esta vuelta a Oviedo nos le traería al clave con la conferencia previa a las 18:00 horas (integradas dentro de esta programación, en colaboración con el CONSMUPA y la Universidad de Oviedo), presentado por la doctora Mª Encina Cortizo donde acercar y enseñarnos no solo su bellísimo clave (una réplica del Taskin -1769- realizada en 2009 por el luthier Keint Hill, propiedad del propio Mahúgo) sino cómo es su acercamiento a la obra de François Couperin, desgranando muchas de las obras que escucharíamos posteriormente en una sala llena que sigue demostrando el tirón que este ciclo tiene entre los melómanos asturianos.

El músico madrileño que está celebrando sus 44 años de carrera en una gira mundial, se ha embarcado en llevar al disco la integral del francés, al que desde la cercanía de tantas horas de estudio le llama François,  un proyecto titánico e inédito en nuestro país, casi 230 piezas, si tenemos en cuenta las 220 en los Libros de piezas y los preludios de El arte de tocar el clave, once álbumes de los que ya podemos disfrutar el primero (3 CDs) donde escuchar parte del programa que disfrutamos este frío último jueves de marzo. Destacar que la obra completa de Couperin abarca cuatro libros, con veintisiete órdenes (ordres) en total, y en esta primera «entrega» figura el Primer Libro que abarca cinco ordres, los números 1 y 3, esperando ya la publicación del segundo ya grabado. Si el esfuerzo es inmenso, aún más al ser el propio Mahúgo quien ha realizado tanto la grabación como la edición, con su propio sello (CMY Baroque).

En la conferencia previa el maestro madrileño nos situó en el Versalles de Luis XIV (que también era músico) y el tratado didáctico L’art de toucher le clavecin (1716) de François Couperin, verdadero manual para los clavecinistas, donde el compositor sistematizó la técnica, la articulación y el complejo sistema ornamental francés mediante detalladas tablas explicativas. A partir de las danzas que conformaban la Suite de entonces, una estructura consolidada por Jacques Champion de Chambonnières (ca. 1602-1672), fundador de la escuela clavecinística gala (como bien nos recuerda en las notas al programa mi admirado sevillano Pablo J. Vayón, Couperin comenzará a ponerles títulos en una evocación muy francesa que el propio Mahúgo nos fue desvelando, y en cada parte del concierto relató de manera más resumida.

El artículo en femenino hace referencia a «la pieza» de cada Pièces de clavecin y en todas ellas se indican las referencias más o menos directas de cada danza, un mosaico de aires, tempos o registros bien organizados y elegidos por el maestro Mahúgo. Sin entrar a comentar las dos partes (de unos treinta minutos cada una),  intercalando «capítulos» del manual con piezas de los libros I y II, que dejo al final de esta entrada, destacar cómo «canta» cada parte melódica, buscando el teclado idóneo al carácter, con una mano izquierda limpia y la derecha siempre elegante, llena de filigranas tan francesas en aquella corte donde todo era refinamiento y libertad (como en los ritmos), unas armonías audaces y sobre todo la enorme expresividad, ornamentos jugosos y una visión madrileña de aire francés bien narrada desde el clave, dejando flotando en el aire los finales que la acústica de la sala de cámara siempre favorece.

Del monográfico Couperin quiero transcribir parte de lo apuntado por mi tocayo en el programa que titula «Un teatro de caracteres», que completa y expresa mejor que quien suscribe (mis comentarios los añado al suyo en texto negro y con algún enlace a su canal en YouTube©) lo vivido en este segundo concierto de la decimotercera edición de la Primavera Barroca ovetense, con una iluminación apropiada que se aprecia en las fotos de mi otro tocayo, más un público respetuoso en general (los paseos traseros los omito):

Los preludios, de índole improvisatoria pero cuidadosamente construidos, funcionan aquí como umbrales retóricos que enmarcan las piezas de los distintos ordres. En el primero conviven la nobleza de L’Auguste con la gracia pastoril de Les Silvains (agudeza en la búsqueda del timbre propicio) o la vivacidad encadenada de La Bourbonnoise, La Manon y L’Enchanteresse.

En el segundo se alternan el brío casi marcial de La Diane y su Fanfare con la agilidad de La Diligente y la delicadeza introspectiva de Les idées heureuses (aquí dejo el enlace a YouTube©, con una bellísima tímbrica desde la copia del Taskin original que contrasta con las partituras en la tableta digital, hoy en día habitual y casi imprescindible).

En el tercero profundiza en contrastes de carácter, desde la gravedad de La Ténébreuse (nunca mejor expresado desde el clave esa imagen espectral) hasta la expansiva La Favorite, chacona de amplio aliento, ideal para terminar la primera parte de su recital.

En la segunda, pueden destacarse las texturas ondulantes de Les ondes (desde nuestro Cantábrico común con el francés) y la magia armónica de Les baricades mistérieuses (antes de las revolucionarias), que revelan la maestría de Couperin en el arte de sugerir, más que describir, afectos y atmósferas. Influyente incluso para Bach, Couperin encarna la culminación de la tradición clavecinística francesa: una síntesis de rigor formal, sutileza ornamental y elocuencia poética que transforma la suite en un auténtico teatro de caracteres.

Aún hubo tiempo para un regalo (Le Tic Toc Choc) de Monsieur Mahúgo con «su François» cercano y profundo en el salón ovetense que sigue siendo el mejor escenario para las músicas de cámara tan necesarias para poder continuar «aprendiendo a escuchar». El directo siempre será único, aunque las grabaciones sigan ocupando mis estanterías y así poder rememorar lo vivido.

PROGRAMA

François COUPERIN (1668-1733):

De Pièces de clavecin, livre I (1713):

L’Auguste. Allemande (premier ordre, nº 1)

Les Silvains. Rondeau (premier ordre, nº 8)

La Bourbonnoise. Gavotte (premier ordre, nº 14)

La Manon (premier ordre, nº 15)

L’Enchanteresse. Rondeau (premier ordre, nº 16)

De L’art de toucher le clavecin (1716):

Allemande

De Pièces de clavecin, livre I (1713)

La Diane (second ordre, nº 12)

Fanfare pour la suitte de la Diane (second ordre, nº 13)

La Garnier (second ordre, nº 16)

La Diligente (second ordre, nº 20)

Les idées heureuses (second ordre, nº 18)

De L’art de toucher le clavecin (1716):

Prélude I

II

De Pièces de clavecin, livre I (1713):

La Ténébreuse. Allemande (troisième ordre, nº 1)

L’Espagnolette (troisième ordre, nº 9)

La Favorite. Chaconne à deux tems (troisième ordre, nº 12)

De L’art de toucher le clavecin (1716):

Prélude V

De Pièces de clavecin, livre I (1713):

Les ondes (cinquième ordre, nº 14)

La tendre fanchon. Rondeau (cinquième ordre, nº 6)

De L’art de toucher le clavecin (1716):

Prélude VII

De Pièces de clavecin, livre II (1716-1717):

Les langueurs tendres (sixième ordre, nº 2)

Les baricades mistérieuses. Rondeau (sixième ordre, nº 5)

Propina (Encore):

Le Tic Toc Choc (ou Les Maillotins) (XVIII ordre, nº 6)

Regalos camerísticos

Deja un comentario

Martes 24 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica: año 12o, concierto 2.103 (nº 6 del año 2.026) de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Ensemble 4.70. Obras de Brahms y Chaikovski.

La «Música de cámara» es materia obligada en la formación de todo músico, e igualmente del buen melómano, así como la primigenia y verdadera toma de contacto con obras que no son habituales en los programas concertísticos, y menos aún si hablamos del sexteto de cuerda.

El Ensemble 4.70 cumple cinco años desde su debut en Gijón, lo que en un grupo de cámara llegar al lustro es todo un éxito, precisamente por la poca demanda de estas formaciones, con un género que guarda mucha música «desconocida» por no poder escucharse ni programarse en vivo. Son precisamente las sociedades filarmónicas (en Asturias aguantan Oviedo y Gijón, más la debilitada avilesina) las que custodian este patrimonio, dando la oportunidad de poder interpretarlo a formaciones como la asturiana, que va creciendo poco a poco (dúos, tríos, cuartetos o quintetos) y que este martes llegaba al teatro de la calle Mendizábal con dos de sus fundadores (Marta Martínez Gil y David Roldán Calvo), los dos «fichajes» posteriores (Pedro Ordieres y Rubén Martínez Larfeuil) de nuestras orquestas  OSPA y OFil respectivamente, más dos solistas internacionales como Yuri Zhislin y Nadège Rochat, ofreciéndonos así este sexteto nada habitual, que al menos repetirá concierto en la hermanada sociedad gijonesa el miércoles 8 de abril, esperando no nos (les) falten más oportunidades de escuchar tantas músicas «olvidadas» y rescatadas por unos intérpretes que las viven, reviven y transmiten desde un trabajo no siempre reconocido, y donde encajar agendas de sus componentes puede ser una misión casi imposible, aunque tienen «cuerda para rato».

Desde sus inicios, el Ensemble 4.70 mantiene sus señas de identidad: calidad y compenetración de los intérpretes, interés y valor divulgativo de los programas, con sólida base musicológica. Y los dos sextetos elegidos para estos conciertos en Oviedo y Gijón fueron buena muestra de ello.

Si bien no hay mucha literatura para esta formación, los dos que trajeron a la Filarmónica de Oviedo, podemos considerarlos como el núcleo de este repertorio, y como se «autoconfiesan» los fundadores en sus propias notas al programa «ni que decir tiene que a violas y chelos nos pirra, pues al estar doblados neutralizamos a la parejita de violines, que en el cuarteto, al ser mayoría, se vienen bastante arriba…».

La primera parte la ocuparía el Sexteto de cuerdas nº 2 en sol mayor, op. 36 del hamburgués Brahms, compuesto entre 1864 y 1865, es una obra que revela el crecimiento en su oficio (frente a sus tres cuartetos ) ya con un domino del contrapunto y un auténtico lienzo donde la austeridad es cual aura de resignación que sería como una de las características de su madurez. La combinación de los instrumentos demuestra su gusto por las texturas densas donde refuerza las voces medias y graves que nos remiten a su amplísima producción coral. Cuatro movimientos, con el Scherzo en segundo lugar, para ir comprobando las combinaciones tímbricas de este «trío doblado» pero con protagonismos más compartidos, la viola «murmurando» mientras el violín principal presenta el tema principal, el canto del chelo y los dos violines retoman el «murmullo», elegantes inquietudes antes del impresionante juego que consigue en los tres aires de un sofisticado y rítmico Scherzo. El sexteto se mostró bien compenetrado, matizado, aunando los siempre complicados cambios marcados por Yuri Zhislin, respirando esos aires húngaros que tanto le gustaban a Brahms. El Adagio es otro hallazgo contrapuntísico donde poner a prueba tanto el empaste como el entendimiento entre los seis músicos, expresivo a más no poder antes de concluir con un Poco allegro lírico y romántico a más no poder.

Retomando las notas al programa, «una de las pocas cosas que le podemos reprochar a Brahms es que despreciase a Tchaikowsky: diríase que fue víctima del típico (y por desgracia plenamente vigente) prejuicio purista (por no decir snob) en virtud del cual, si algo gusta a la mayoría de la gente, es malo», quiero expresar que podrá tildarse al ruso de excesivamente sentimental, comercial y como decimos en Asturias «pegañosu», pero a muchos sigue llegándonos su inimitable estilo melódico, armónico y tímbrico que en este Souvenir de Florence, op. 70 florece en sus cuatro movimientos.

El sexteto «florentino» ocupó a Tchaikovsky durante siete años (con sus primeros bocetos en 1887 y revisiones en 1891 -París- y 1892), aunque el trabajo principal fue hecho en 1890, a su regreso de una estancia en Florencia -de ahí el título- pero escrito en Frolovskoye (cerca de Klin). La escritura parece haber surgido como un cambio de ritmo de su trabajo en la ópera La dama de picas y el ballet El Cascanueces, pero también como una ofrenda a su benefactora, Nadezhda von Meck, que estaba enferma en ese momento y no podía salir de su casa. Tchaikovsky le escribió: «Sé que te encanta la música de chamber y me alegro de que puedas escuchar mi sexteto… …lo escribí con el mayor entusiasmo y con el menor esfuerzo» y definió como «conmovedora» viendo en ella un eco de sus últimas sinfonías, aunque en un tono más lírico y reflexivo.

El primer movimiento comienza con un tema principal vigoroso, pasional y explosivo, que contrasta con un tema que es posiblemente la única melodía del sexteto cuya ligereza tiene ese «spirito» italiano con aires de serenata, incluso de Mendelssohn y ¡hasta de Brahms!. El segundo movimiento, Adagio, se abre con una especie de versión lenta del tema principal del primer movimiento, y luego pasa a una graciosa melodía apoyada por un acompañamiento de pizzicato al estilo del violín italiano con acompañamiento de cuerdas recordándonos la guitarra antes del solo de violín y su “dúo” con el violonchelo. Impresionantes los «invita la sonoridad de Ensemble 4.70 con el cello de la «asturiana» Nadège Rochat verdadero sustento en el grave más el delicioso violín del ruso afincado en Londres Yuri Zhislin. En la sección central, Tchaikovsky abandona el canto para producir un episodio de puro efecto sonoro con las cuerdas tocando rápidamente en la punta del arco en una destacada interpretación de los seis músicos. El tercer movimiento es de un brillo despreocupado, con el trío que nos recuerda al Tchaikovsky del ballet antes citado «bailando las nueces» en su cabeza por aquel entonces. Para el final, el compositor buscó una melodía insignificante, probablemente de origen folclórico que nos alegra y acerca tantas músicas, transformándose a través de todo tipo de recursos en los tres instrumentos doblados con un sorprendente fugato antes del brillante cierre.

Un sexteto con dos páginas para disfrutar de la música de cámara de la que en Asturias podemos presumir de apostar por ella…

Ensemble 4.70:

Yuri Zhislin, violín – Pedro Ordieres, violín – Rubén Martínez, viola –  David Roldán, viola – Nadège Rochat, violonchelo – Marta Martínez, violonchelo

PROGRAMA:

J. Brahms (1833-1897):

Sexteto de cuerdas nº 2 en sol mayor, op. 36

I. Allegro non troppo

II. Scherzo – Allegro non troppo – Presto giocoso

III. Adagio

IV. Poco allegro

P. I Chaikovski (1840-1893):

Souvenir de Florence, op. 70

I. Allegro con spirito

II. Adagio cantabile e con moto

III. Allegretto moderato

IV. Allegro vivace

Bach aprieta pero no ahoga

Deja un comentario

Domingo 15 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo:  Concentus Musicus Wien, Stefan Gottfried (director). “Nikolaus Harnoncourt, in memoriam († 5 de marzo de 2016)”. Obras de J S. Bach.

De todos los apóstoles de nuestro “Dios Bach”, este domingo honrábamos a Nikolaus Harnoncourt (Berlín, 1939 – Sankt Georgen im Attergau, 2016), con la llegada a Oviedo de la orquesta que él fundase en el otoño de 1953, aquellos veinteañeros como la violinista Alice Hoffelner (con quien se casaría al poco) o Leonhardt ¡con la viola de gamba! más Nikolaus dirigiéndola desde el violonchelo hasta 1987, siendo después el director artístico de estos vieneses internacionales.

El Credo de Harnoncourt reza: “La música de cada época se puede presentar de la manera más vívida utilizando los recursos sonoros de su tiempo». De su ya larga historia, durante más de cuatro años los músicos del conjunto vienés se centraron inicialmente de forma exclusiva en los ensayos, refinando su sonido y buscando una interpretación auténtica de obras barrocas y prebarrocas, hasta que ofrecieron su primer concierto en 1957 en el Palais Schwarzenberg de la capital austríaca.

Y a partir de entonces nacía otra Historia de la Música, alejada de visiones románticas con afinaciones aptas para los instrumentos actuales pero muy distintas de sus orígenes. Si en mi juventud se hablaba de versiones historicistas, hoy ya se las denominan con “criterios históricamente informadas”, aunque el espíritu sigue siendo el mismo: realizar “interpretaciones auténticas”  en una aproximación de la que nunca agradecemos lo suficiente el enorme trabajo de aquellos “visionarios” que rompían moldes en busca de poder recrear obras según el estilo, contexto, instrumentos y técnicas originales de su época desde el análisis concienzudo de las fuentes históricas, tratados y réplicas de instrumentos para ofrecer una versión más fiel a la intención del compositor, comúnmente aplicada al Barroco, Renacimiento y Clasicismo.

No citaremos todo el apostolado pero al menos tocaba recordar “Los Cuatro Evangelistas”: Harnoncourt con Leonhardt, Koopman y Gardiner (éstos pasando por Oviedo Origen del Camino para refundar «La Viena Española»).

Las claves de esta iniciativa y muchos más datos podemos rastrearlos en el Archivo Nikolaus Harnoncourt (www. harnoncourt.org) donde se localizan las partituras anotadas de los Brandeburgo que sonaron este domingo, y cuya interpretación conviene complementar previamente con la lectura de algunos escritos como el capítulo del libro “El diálogo musical” (Paidós Ibérica, 2003) o “La música como discurso sonoro” (1984, traducido por Juan Luis Milán y publicado en Acantilado, 2007), que no pueden faltar cual Evangelio según Nikolaus de la biblioteca que todo creyente en Bach atesora, y que el crítico Alberto González Lapuente incluye en sus notas al programa junto a un breve análisis de los seis “Conciertos de Brandeburgo” BWV 1046-1051,  que ocuparían todo el programa.

Pero la obra viva de Nikolaus, su Concentus Musicus Wien, como cualquier otra transmisión oral, va perdiendo y adaptando, incluso traduciendo de forma desigual con el transcurso del tiempo, y aunque se mantenga el espíritu, falta «la mano que todo lo guía». Por su parte las fuentes escritas, aunque sean las originales, se interpretan siempre distintas y aún mas desde el irrepetible directo. En esta gira hispano-portuguesa donde Oviedo sigue estando en el mapa, tras la liturgia bachiana solo me quedó pensar que «Mein Gott» todo lo perdona y como el refrán «aprieta pero no ahoga».

Los famosos «conciertos para distintos instrumentos» escritos cual tentaciones paganas entre Weimar y Köthen para el Margrave Cristian Luis, y de los que el ex-director del Archivo Bach, en mi siempre recordado Leipzig, Christoph Wolff definió como «el más amplio espectro de instrumentos de orquesta… en combinaciones audaces», siendo para tantos bachianos un soplo de aire fresco al combinar distintas formaciones. Pero no fueron sino una penitencia pese al intento por comprender lo que iríamos escuchando en apenas dos horas, con una sensación de prisa en terminar el concierto, pues tocaba madrugar, y mucho, para tomar el vuelo hacia Barcelona (quedando aún por delante Lisboa, Las Palmas y Sevilla antes de retornar a Viena). En el aire estaba el espíritu pero no la dirección, pues Stefan Gottfried estuvo más preocupado del teclado que en mantener los tempi y los balances, que deslucieron casi todo el concierto. Sensación de cierta taquicardia porque no había un solo corazón latiendo en estos seis libros del «Nuevo Testamento». El alma insufla conocimiento pero faltaba cohesión, con momentos incluso de desafine, desajustes de todo tipo que si Harnoncourt lo estaba escuchando a la derecha de Dios Padre pensaría que su «evangelio» no era el mismo, aunque perdonándolo todo desde su eterna piedad y comprensión por estos herederos humanos indignos por tomar su nombre en vano.

El Concierto nº1 en fa mayor  -único escrito en cuatro movimientos- con las dos trompas naturales solistas era previsible que daría quebraderos de cabeza -y oído- para todos, y cual claxon de camión el volumen (y las pifias varias) taparon a un trío de oboes que se volvieron invisibles-o inaudibles- e incluso un fagot que intentaba compactar el continuo discontinuo y deslabazado. Nada se escuchaba con claridad y menos a una cuerda donde el contrabajo doblando los cellos (ahí teníamos al leonés Luis Zorita) emborronaba aún más la sonoridad. De acuerdo que por aquel entonces la trompa era un instrumento «de aire libre» que tocaban los cazadores y batidores, pero se escuchó más una jauría que ni siquiera nos dejó entrever el esperado y tranquilo Menuetto que pudiera dejarnos algo relajados y alejados del estruendo. Malas sensaciones que proseguirían…

Algo mejor transcurrió el Concierto nº 3 en sol mayor, casi camerístico y cabalístico en torno al número tres (tres violines, tres violas y tres violonchelos), en este caso gracias a la ausencia en él de los instrumentos de viento que salvó la versión de los errores anteriores, con el clave del profesor vienés Stefan Gottfried al menos «en su sitio», pese a unos ornamentos no muy brillantes pero manteniendo el sonido de una cuerda algo más ajustada, donde el Adagio central, que originalmente solo consta de dos acordes (inicial y final), fue casi un Andante para poder dar rienda suelta en las cadencias a lo que El evangelio según Harnoncourt plasmó en sus partituras más allá de lo imaginable por El Kantor.

Para cerrar la primera parte de impares, el Concierto nº 5 en re mayor, sonido global reducido para el lucimiento de la quebequesa Annie Laflamme al traverso y el violín del veterano Erich Höbarth, sumándose el clave del vienés en su gran cadencia de nada menos que ¡65 compases!, verdadero regalo de «dios Bach» donde poder mostrar las cualidades que tanto le faltaron como director del conjunto, aunque de nuevo llevándola excesivamente ornamentada, como intentando demostrar más virtuosismo -y protagonismo- del necesario. González Lapuente describe este quinto como «el más moderno de los seis. Se trata del primer concierto «para piano» de la historia de la música (si consideramos que «piano» hace referencia a cualquier instrumento de teclado). Los otros dos instrumentos solistas son el violín y la flauta travesera, que por entonces empezaba a sustituir a la flauta dulce. Hay que tener en cuenta el papel asignado al clave a principios del siglo XVIII para juzgar lo sensacional que debió de resultar para el oyente de la época su uso en esta obra». Hoy día ya estamos hechos a esta sonoridad que asociamos al Barroco (también tristemente «por culpa» de Orff con los estudiantes de su Método que tantos profesores hemos utilizado en Primaria y Secundaria). Al menos fuimos transitando del aprieto inicial a un leve empapizamiento tras comprobar lo desigual de las distintas combinaciones instrumentales a cargo del «DesConcentus Musicus» vienés que tal vez deba volver a los inicios al principio comentados de reunirse de forma exclusiva en los ensayos para refinar su sonido.Llegaría la segunda parte con nuevos sobresaltos en una gran sala donde su peculiar acústica (sin cerrar la caja escénica como sí recuerdo se hizo con el Apóstol Leonhardt en mayo de 2011) no le viene nada bien a estas formaciones que además combinan distintos orgánicos (con todo lo que supone de ubicaciones dispares), de sonido «nebuloso» o farragoso por momentos, sin poder apreciar la cantidad de detalles que contienen los conciertos pares y las anotaciones de Harnoncourt.

Así, en el cuarto Concierto nº  4 en sol mayor brilló el violín solista de la georgiana Theona Gubba-Chkheidze, bien secundada por el resto de la cuerda más las dos flautistas de pico (Rahel  Stoellger y Patricia Nägele), las tres empastadas aunque sin un balance equilibrado con el ensamble, y menos aún en el Andante donde fuera de escena el trío solista hizo lo que Bach escribió como due Fiauti d’Echo, due Violini…  mientras Gottfried luchaba (es un decir) por mantener una pulsación que parecía asistólica a punto de infartar.

En el Concierto nº  6 en si bemol mayor, para dos violas, dos violas de gamba, violonchelo, contrabajo y clave, brilló el siempre gesticulante y por momentos exagerado Pedro de Pablo Cano, pese a una mínima desafinación del madrileño con el austriaco Firmian Lermer. De destacar y aplaudir el esfuerzo y colaboración de Zorita al cello, pues del resto las dos violas de gamba no pasaron la revisión sonora (la visual era tierna por lo nuevas). Bravo por el siempre esforzado y virtuoso cello de Luis Zorita González con la «dupla» junto a la contrabajista Alexandra Dienz, en este sexto menos embarullada.

Para concluir el programa en esta segunda parte de «pares», llegaría el célebre Concierto nºen fa mayor con cuarteto solista de trompeta natural en fa, flauta de pico, oboe y violín, que quedaría desdibujado por una trompeta demasiado «fallona» del otrora gran solista Gabriele Cassone (Udine, Italia, 1959) desde la primera nota. Conozco y reconozco las dificultades de los metales naturales tan distintos de las modernas trompetas «barrocas», pero el italiano evidenció que el tiempo no perdona, y curiosamente lo mejor -o menos malo- sería el Andante central donde no interviene, pudiendo así disfrutar de Patricia Nägele, Pier Luigi Fabretti y Erich Höbarth bien arropados por el ensemble vienés que mantuvo la unidad que faltó en los movimientos extremos, con un Allegro assai rozando el esperpento o la blasfemia bachiana.

Una lástima porque este segundo, como nos contaba en las notas González Lapuente , «es una complicada interlocución musical en la que Bach no indicó ninguna dinámica, de manera que se esperaba la relación habitual de la época que era opuesta a la actual: por regla general, los solos se tocaban en piano y los tutti en fuerte. El solista no necesitaba luchar contra el tutti puesto que no lo acompaña, sino que establece con este una forma de diálogo». Más monólogos que diálogo y más pena que gloria, aunque como en los toros (y había seis auténticos morlacos) hubo división de opiniones, pese a la devoción por Bach y el afecto casi devocional por El Concentus de Harnoncourt de los muchos melómanos que este cuarto Domingo de Cuaresma ocuparon el auditorio de «La Viena española», finalista a la candidatura de Capitalidad Cultural Europea 2031 junto a Granada, Cáceres y Las Palmas.

Las prisas no son buenas consejeras, menos en una música que debe paladearse sin empapizarnos, y ni siquiera hubo propina, aunque tras lo escuchado casi fue de agradecer.

Se me hace difícil escribir de estos conciertos tan esperados pero queda aquí mi opinión que a buen seguro muchos no compartirán, pero siempre enfatizo que es personal…

Gracias por leerme.

INTÉRPRETES:

Violines: Erich Höbarth, Andrea Bischof, Barbara Klebel-Vock, Christian Eisenberger, Silvia Iberer, Veronica Böhm, Theona Gubba-Chkheidze , Jennifer Lippl, Markus Hoffmann.

Violas: Pablo de Pedro, Firmian Lermer, Ursula Kortschak.

Violas de gamba: Pierre Pitzl, Bianca Riesner.

Violoncellos: Luis Zorita, Bianca Riesner, Hannah Stoellger.

Contrabajo:  Alexandra Dienz.

Flautas de pico (Blockflöte): Rahel  Stoellger, Patricia Nägele.

Flauta (traverso): Annie Laflamme.

Oboes: Pier Luigi Fabretti, Heri Choi, Patricia Nägele.

Fagot: Ivan Calestani.

Trompas: Dániel Pálkövi, Viktor Praxmarer.

Trompeta: Gabriele Cassone.

Cémbalo: Stefan Gottfried.

PROGRAMA:

Johann Sebastian Bach (1685-1750): Conciertos de Brandeburgo

PARTE I

Concierto nº 1 en fa mayor, BWV 1046*

I. – – – –

II. Adagio

III. Allegro

IV. Menuetto-TrioI-Polacca-TrioII

Concierto nº 3 en sol mayor, BWV 1048

I. – – – –

II. Adagio

III. Allegro

Concierto nº 5 en re mayor, BWV 1050*

I. Allegro

II. Affettuoso

III. Allegro

PARTE II

Concierto nº  4 en sol mayor, BWV 1049**

I. Allegro

II. Andante

III. Presto

Concierto nº  6 en si bemol mayor, BWV 105

1 – – – –

II. Adagio ma non tanto

III. Allegro

Concierto nºen fa mayor, BWV 1047*

I. Allegro

II. Andante

III. Allegro assai

Violines solistas: *Erich Höbarth y **Theona Gubba-Chkheidze

Comienza la primavera…

Deja un comentario

Lunes 9 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: XIII Primavera Barroca. Los elementos (Antonio Literes). Jone Martínez, Pilar Alva-Martín y Soraya Mencid (sopranos), Lucía Cahiuela (mezzo), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección). Fotos de Pablo Piquero y propias.

Este 9 de marzo se cumplían mis 35 años de matrimonio y 14 de este blog en WordPress, continuación del iniciado en 2008 en el «clausurado» de Blogger©, y aquí seguimos  casi cual notario musical de una pasión que me acompaña desde mi infancia.

El Barroco goza de buena salud entre un público de todas las edades, y Oviedo llega a su decimotercera edición de este ciclo, en colaboración con el CNDM (Circuitos Oviedo), con todo vendido (por lo visto y leído ahora se dice «Sold Out») en este primer concierto que traía a los asturianos de Forma Antiqva bajo la dirección de Aarón Zapico y un elenco de voces femeninas, con las que lleva tiempo trabajando en distintos proyectos, que pusieron sobre las tablas la calificada como “ópera armónica al estilo italiano”, Los elementos (ca. 1705), del mallorquín Antoni Literes i Carrió (Artà, 1673-Madrid, 1747), una puesta en escena que ya realizasen los asturianos en la Fundación Juan March en abril de 2018 bajo la dirección escénica e iluminación de Tomás Muñoz.

Y no hizo más falta para esta nueva joya de un patrimonio musical sin complejos, una fiesta en este actual salón  ovetense nada cortesano, con cuatro cantantes cuidando un vestuario de concierto para personificar cada personaje de estos «elementos» de Literes, que va ocupando su lugar en los programas de nuestro tiempo: una de las triunfadoras del Orlando furioso ovetense, la soprano sopelana Jone Martínez (otro «fichaje» de los langreanos) de blanco para  ser Aire y Aurora, la mezzo madrileña Lucía Cahiuela ocre de Tierra y Tiempo, la soprano granadina Pilar Alva-Martín de rojo Fuego, más un azul Agua de la soprano cartayera Soraya Méncid, cuatro elementos para seis personajes que irían desgranando un libreto del que desconocemos su autoría, pero lleno de simbolismos en un lenguaje castellano muy trabajado y complicado de encajar, tanto en los recitativos como en las coplas, arias, duetos, tonadas…

La escritura del compositor mallorquín, bien explicada  en la conferencia previa (habrá que animar al alumnado a no perdérselas) a las 18:00 horas por el doctor Ramón Sobrino y Aarón Zapico exige «bucear» en todos los detalles, y la interpretación  de Forma Antiqva, buenos conocedores de estas «cantadas hispanas», se ciñó a cada uno de los 36 números con puentes instrumentales -de Corelli, Basset, José de Torres o Gaspar Sanz- muy bien enlazados por parte de los hermanos Zapico (primorosa la guitarra barroca de Pablo pese a una «incidencia» no prevista por parte de una señora algo desorientada) o el violín de Jorge Jiménez, también una sabia elección del acompañamiento ideal para cada solo, con «dúos» entre voz y cello (Ruth «Zapico») que cantaron cada frase en la misma dirección, con el orgánico básico de unos músicos que conforman el «núcleo duro» e imprescindible de los asturianos con Aarón en un clave siempre ornamentando o completando cada página.

Jone Martínez, Aire y Aurora

Las cuatro voces femeninas para esta «ópera armónica al estilo italiano» (no al completo por plantilla que se ampliaría de hacerse «al pie de la letra» como bien explicó el maestro Aarón en la clase previa), fueron un acierto por la elección, de colores y caracteres bien diferenciados, ubicadas a pares atrás escoltando al ensamble (Aire y Tierra más Fuego y Agua) para bien cantar desde sus posiciones o transitar por las tablas de una Sala de Cámara de acústica ideal para estos repertorios, casi la segunda casa de los langreanos, que sin interrupción alguna hicieron las delicias de un heterogéneo y entregado público.

«La Noche» comenzaba con las coplas «Frondosa  apacible estancia» cantadas por Jone Martínez  y Lucía Caihuela, aire limpio y tierra  fértil, soprano y mezzo para abrir esta ópera, prosiguiendo con el dúo y recitado «Moradores de estas playas», antes del primer coro A cuatro, lección de empaste de las voces: «Y así le festejen, celebren y sirvan con tiernos arrullos y suaves caricias». Alternancias vocales donde captar las cualidades de todas ellas, cristalina Soraya Méncid y verdadero fuego de Pilar Alva capaz de pasar de la soflama a la hoguera encendida por su amplia tesitura manteniendo el color en todos los registros. Cada elemento presentándose con distintos «enfoques» manteniendo la difícil escritura textual y musical que los instrumentos subrayaban.

Lucía Caihuela, Tierra y Tiempo

Alternancia de voces con un bajo continuo dialogando o sustentando arietas, o los tutti siempre bien controlados en las dinámicas por Aarón Zapico. «La noche» finalizaba A tres con Aire, Tierra y Agua, «Iras fatales fulminan» sin apagar el Fuego previo antes que el Tiempo anunciara el «Comienzo del Amanecer»:

«Y aunque intente la fatiga,

ilusión, horror o miedo,
con tan confusos rumores

interrumpir mi sosiego…»

Pilar Alva-Marín, Fuego

Literes dota cada número de expresividad, alegorías y carácter que las cuatro voces entendieron a la perfección. Caihuela llenaba estas luces de alborada pasando del Tiempo a la Tierra diferenciando ambos personajes siempre arropada por el orgánico adaptado al mismo carácter vocal. Y cada elemento iba apareciendo, Aire «En brazos del Alba», Agua «Deidades que en el monte bipartido» y la Tonada «Dormida fatiga» de una Jone Martínez verdadera Aurora. Claroscuros instrumentales que Forma Antiqva transmite desde sus inicios, barroco «de libro» con rítmicas poderosas y puentes entre los números elegidos para dotar de continuidad una narrativa peculiar, tanto por estilo y época como demostrando el magisterio de cada uno de sus componentes.

Soraya Méncid, Agua

Y «La llegada del Sol», los cuatro elementos que arrancan cantando las Coplas con el Agua de vida,

«El moble diamante

de espuma rizada,

del yelo erizada

en campo volante…»

«Moble» que significa móvil aplicado al agua como «diamante que se mueve», continuando Tierra («Aqueste hemisferio / y duro obelisco / que sirve de aprisco / a tanto viviente»), Aire («Mi esfera recibe / el plumado velamen, / que vuela al examen / del centro que vive…») y Fuego («La tímida hoguera / y llama medrosa / al frío quejosa, / al yelo severa…»), versos ya de por sí musicales entendiendo la lírica desde este estilo nuestro que las cuatro voces, bien empastadas con el orgánico apropiado (aunque se echasen en falta flautas), nos llevaron sin cegarnos hasta las últimas coplas: «Esfera copiosa» alternando el coro de todas ellas («Con luces e incendios…») con la despedida de Los elementos necesarios para aposentar estas tres etapas, Tierra, Aurora y Tiempo, juego de mezzo y dos sopranos, sumándose la tercera para el último coro:

«Instantes abracen
los siglos enteros
en que aplausos logren sus merecimientos».

Más que merecidos aplausos de un público en pie festejando esta adelantada primavera, retiradas las cuatro voces mientras Forma Antiqva finalizaba y retomaba el inicio para la salida y saludo de todos estos intérpretes que son profetas no solo en su tierra sino más allá de nuestras fronteras…

Barroco español sin complejos, patrimonio musical que debe sonar, porque los papeles no lo hacen. Aún quedan cuatro conciertos más que a buen seguro volverán a llenar la Sala de Cámara del auditorio carbayón, pues la calidad está comprobada y la afición asturiana lo sabe.

INTÉRPRETES:
JONE MARTÍNEZ, soprano (Aire y Aurora)
LUCÍA CAIHUELA, mezzosoprano (Tierra y Tiempo)
PILAR ALVA-MARTÍN, soprano (Fuego)
SORAYA MÉNCID, soprano (Agua)

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez, violín

Daniel Pinteño, violín

Ruth Verona, violonchelo

Jorge Muñoz, contrabajo

Pablo Zapico, guitarra barroca

Daniel Zapico, triorba

AARÓN ZAPICO, clave y dirección

PROGRAMA


Diluvio sinfónico

Deja un comentario

Viernes 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Tras el diluvio, abono 10 OSPA , Erika Baikoff (soprano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Britten y Schumann.

(Crítica para LNE digital del sábado 7, en papel el domingo 8, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Brahms sigue siendo una de las piedras angulares en los repertorios sinfónicos, y aún más en nuestra OSPA que estas dos últimas temporadas ha interpretado tres de sus sus sinfonías: Tercera (21/02/25) con su titular Nuno Coelho , Cuarta (21 de marzo  de 2025) con Giancarlo Guerrero, Primera (14 de noviembre de 2025) con Françóis Leleux, más su Obertura para un Festival Académico (23 de enero pasado) con Ramón Tébar, completándose este primer, frío y lluvioso viernes de marzo con la Obertura Trágica que escribiría a continuación, feliz complemento de la anterior, que la doctora María Sanhuesa en sus notas al programa escribe tanto de las dos oberturas como el análisis de la que escucharíamos abriendo este décimo de abono: «Consciente de las diferencias de carácter, el compositor afirmaba de ambas obras que “una ríe, y la otra llora”». Mas la interpretación del décimo abono mantuvo media sonrisa, su escritura en la tonalidad de re menor (que tantas obras maestras utiliza), asociada a lo triste y trágico, que pareció marcar el concierto, la OSPA con Coelho la mantuvo luminosa además de majestuosa, dejándonos el rictus para esperar el resto del programa, organizado a la manera decimonónica de obertura, obra con solista y sinfonía.

La soprano norteamericana Erika Baikoff , que nos enamoró en su Gretel de la ópera ovetense el pasado  septiembre, sería quien cantaría Les Illuminations de Benjamin Britten  en sustitución de Ian Bostridge  que cancelaría su participación por enfermedad el miércoles a primera hora, dejándome con las ganas de escucharle de nuevo tras su paso por el 74º Festival de Granada el pasado verano, precisamente con un Britten emocional e incluso escalofriante. Es de agradecer la prontitud de los gestores para contactar con la soprano de origen ruso para un programa que ya estaba cerrado y ¡tenía en su repertorio! (poco habitual por otra parte), estando encantada de regresar a Oviedo (como nos contaría Nuno Coelho en la conferencia previa al concierto).

Las notas de prensa sobre Erika Baikoff dicen que se está consolidando rápidamente como una de las voces líricas más cautivadoras de su generación y elogiada por su arte “conmovedor” y su canto “luminoso y vibrante”. Tras sus dos visitas a Oviedo puedo reafirmar todos los calificativos, que en mi caso describí como “de voz clara, ágil, excelente proyección y volumen suficiente, transmitiendo la inocencia sin caer en lo infantilizado desde un fraseo siempre elegante dominadora de la escena de principio a fin, con un vals conjunto pletórico por parte de ambas”.

El ciclo Les Illuminations op. 18 de Britten (estrenado el 31 de enero de 1940 por la soprano suiza Sophie Wyss) está compuesto para soprano o tenor solista con orquesta de cuerda, usando nueve canciones de la colección homónima escrita por Arthur Rimbaud que inspiraron al compositor inglés nada más leerlas. La OSPA, este viernes con Jordi Rodriguez de nuevo como concertino invitado (seguimos esperando la convocatoria de la plaza titular tan necesaria) volvió a sonar perfecta, empastada, rica, con los distintos solistas de cada sección que fueron completando una interpretación perfecta de Baikoff , verdadero caleidoscopio lírico repleto de matices, con una voz de emisión clara, sentida, de enorme expresividad acorde con cada poema y una perfecta dicción en la lengua de Molière, que pudimos seguir desde el programa de mano aunque hubiese preferido se proyectaran, gustándome especialmente en la cuarta canción (Realeza: Allegro maestoso), una impactante quinta (Marina: Allegro con brio) y la última (Partida: Largo mesto), auténtica tormenta emocional mientras la cuerda “imitaba” en todos los registros los silbidos, rasgueos de guitarra, arpegios y fraseos donde Britten refleja sobre el pentagrama toda la carga que Rimbaud (sólo él comprende una realidad alucinada) plasmaría con alucinaciones, sueños y magia hecha música de nuestro tiempo. Más allá de la última frase «Départ dans l’affections et le bruit neufs!» (¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!), mucho afecto y poco ruido. Un triunfo que logró varias salidas de la soprano y el maestro portuense ante los largos y merecidos aplausos de un público fiel que no abandona nuestra orquesta ni en días de tragedias o diluvios.

Y para la segunda parte, una plantilla ideal de esta OSPA plenamente sinfónica y trágica por la susodicha tonalidad menor de esta segunda sinfonía de Schumann (escrita en 1841). Tras revisarla por el poco éxito tras su estreno en Leipzig homenajeando a Liszt ante un lenguaje orquestal novedoso, haría importantes cambios para dirigirla en Düsseldorf el 3 de marzo de 1853 ya como Sinfonía n.º 4, op. 120.

Sería interesante poder escucharla en su primera versión (que a Brahms le parecía “más natural”) pero está claro que tiene pros y contras. Sus cuatro movimientos enlazados, con modulaciones agradecidas, dinámicas amplias siempre bien planteadas por Coelho y bien respondidas por la orquesta, con todas las secciones bien balanceadas y plegadas a cada indicación del portuense, nos “iluminaron” hasta el re mayor final que hizo escampar pese a los presagios. Aires o tiempos arriesgados además de valientes, que la OSPA llevará hasta el Euskalduna bilbaíno dentro del festival “Música-Musika” donde siempre ha brillado, llevando la marca Asturias que mejor nos define culturalmente.

PROGRAMA:

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897):

Obertura trágica, op. 81

BENJAMIN BRITTEN (1913 – 1976):

Les Illuminations, op. 18:

I. Fanfarria: Maestoso (poco presto)

II. Ciudades: Allegro energico

IIIa. Frase: Lento ed estatico

IIIb. Antiguo: Allegretto; un poco mosso

IV. Realeza: Allegro maestoso

V. Marina: Allegro con brio

VI. Interludio: Moderato ma comodo

VII. Encarnando la belleza: Lento ma comodo

VIII. Desfile: Alla marcia

IX. Partida: Largo mesto

ROBERT SCHUMANN (1810-1856):

Sinfonía n.º 4 en re menor, op. 120 (rev. 1851):

I. Ziemlich langsam – Lebhaft

II. Romanze: Ziemlich langsam

III. Scherzo: Lebhaft

IV. Langsam – Lebhaft

Older Entries