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Sin equívocos

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Viernes 31 de julio, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, II Edición Ópera-Studio. “El sobre equivocado” (Yónatan Santianes) – “La serva padrona” (G. B. Pergolesi). Vilma Ramírez y Ángeles Rojas (sopranos), Paula Duarte y Anne Broers (mezzos), Álvaro Segador (tenor) –  Ángel Simón (barítono), Noive Solar (soprano), Ariel Martín (actor). Arián Alegre (piano). Entrada libre.

Siempre resulta un placer asistir a estrenos, aún más en mi tierra, y si sumamos que el compositor es (re)conocido además de tener una estrecha relación profesional con él, la cita este último día de julio era de las que denomino “imprescindibles”. Y el público premió con un lleno absoluto y largas colas que iban desde la calle Mendizábal hasta la Plaza de la Escandalera con toda San Francisco que daba gusto contemplar en una fila bien respetada, la mejor demostración de que La Castalia tiene tirón en la Vetusta clariniana en pleno siglo XXI y para todas las edades.

El pasado lunes tenía lugar la presentación de la segunda edición de Ópera-Studio que organiza La Castalia y llegaba la “puesta de largo” así como el día de recoger los frutos de un intenso trabajo que va más allá de seguir dando oportunidades al mundo de la lírica desde la capital asturiana a la que llevo años denominando “La Viena Española” precisamente por su amplia oferta musical en la que la propia asociación La Castalia tiene su propia identidad. Yónatan Sánchez Santianes (Oviedo, 1978) preparó una ópera de cámara dando el protagonismo a los “otros intérpretes” tan necesarios para una representación, la de Pergolesi que resultaba la trama perfecta para la partitura del compositor asturiano, haciendo igualmente de director de escena para todo el espectáculo.

Destacando de principio a fin la labor del pianista Arián Alegre, impecable en la ejecución y un personaje más de la trama, la ópera de cámara del asturiano está escrita con guiños a la de Pergolesi y organizada con sus recitativos, arias, dúos y el concertante final del quinteto. Cada rol estuvo bien delineado por María Piquero tan necesaria para la preparación de unos cantantes que dieron lo mejor de ellos, aunque sigo echando en falta una mejor vocalización de unos textos en castellano simpáticos, entretenidos y entretejidos en el escenario de la ópera italiana, con el atrezzo sencillo de un tresillo con tapizados dieciochescos, más una luz de Eduardo Espina, que aprovechó al máximo las combinaciones de color del Filarmónica, para ir alternando los distintos números de “El sobre equivocado”. Mientras Leonor la regidora, abría la función en la voz de la soprano Vilma Ramírez, los momentos cómicos vendrían con Serafina, la maquinista interpretada por Ángeles Rojas, una soprano que ya tiene muchas tablas, y Ricardo, el técnico de luces del joven tenor Álvaro Segador que arrancaría los primeros aplausos unánime tras su habanera, digna de las mejores zarzuelas, con una voz limpia, la tesitura perfecta que Santianes elige para cada personaje, sin olvidarme de Umberta, la directora de escena que encarnó Anne Broers, y otra de las más aplaudidas, Beatriz la maquilladora a cargo de la mezzo Paula Duarte, con amplio registro, color ideal y excelente escena.

El último número invitaba, tras «el despido de la compañía», a continuar con Pergolesi, aguantar sin descanso aunque los esfínteres aprieten, y un quinteto casi rossiniano donde disfrutar de un simpático concertante, empastado, que daría paso a una criada patrona de más enjundia por dos cantantes con mucha experiencia sobre la escena, en parte por La Castalia con la que están profundizando en sus carreras.

Si el trabajo previo de María Piquero con cada personaje encontró la respuesta perfecta, para “La serva padrona” los tres personajes fueron una verdadera lección actoral (pues de lo vocal ya se encargó Begoña García-Tamargo).  Tras un primer intermedio desde el piano de Arián Alegre, llegaría la acción en la Italia del XVIII, hoy en el Oviedo del XXI. El barítono Ángel Simón “crearía” un Uberto perfecto tanto vocal como escénicamente, poderoso, de amplio registro donde el grave no se resintió en su tesitura, agudos bien proyectados, dicción italiana más que correcta, y haciéndonos disfrutar de sus arias y dúos con Serpina, la soprano Noive Solar que volvió a “enamorar” desde una interpretación pícara como su personaje.

Y no podía faltar Vespone, un auténtico descubrimiento el del actor Ariel Martín con un personaje mudo cuya mímica, escena e interacción con los protagonistas fue otra lección de dramaturgia al servicio de la partitura del italiano, nada de un “tentetieso” (baloco le llama Uberto como dice el libreto), más bien quien consigue acabar con la paciencia de Serpina (Oh tu da senno vai stuzzicando la pazienza mia) soltándole una bofetada que sonó en todo el teatro.

Cada aria de Uberto (Sempre in contrasti Con te si sta. E qua e là, e su e giù e sì e no) sería bien respondida por Serpina (Stizzoso, mio stizzoso) y en los duettos seguir comprobando el empaste y química escénica entre Simón y Solar (Lo conosco a quegli occhietti…) que fue creciendo en el segundo acto tras otro intermedio impecable en el piano de Alegre, con recitativos bien escenificados, iluminados y dramáticamente cantados, la magia de la lírica camerística igual de grande que sus hermanas mayores. Para “recordar” A Serpina penserete qualche volta…, bien “enredados” por Uberto (Son imbrogliato io già…), espada en ristre de Vespone que nunca llega a clavarse, y el final feliz dando vivas al patrón y también a Vespone, dejándonos a todos contentos (Contento tu sarai, avrai amor per me? /  So che contento è il core e amore avrò per te), y pensando como Uberto entendiendo a la ladrona (Ah! ladra, ti comprendo, Mi vuoi tu corbellar) con todos los equívocos de dos tramas operísticas siempre actuales, donde la única certeza es el trabajo bien hecho y el premio final con el público en pie.

Mi más cordial enhorabuena a todos quienes han hecho posible este nuevo espectáculo, desde un Yónatan Santianes que sigue inspirado escribiendo “a medida” de unas voces que no dejan de formarse, y especialmente a La Castalia por seguir luchando en una tarea no siempre recompensada ni reconocida como se merece.

Verano de estudio y estreno

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Lunes 27 de julio, 19:30 horas. Club de Prensa LNE, La Castalia: “Cuando el telón esconde otra historia”. Conferencia de la II Edición Ópera-Studio.

Con la participación de Begoña García-Tamargo, directora artística de La Castalia, Yónatan Santianes, compositor y director de escena, y María Piquero, directora de Teatro y Expresión Corporal se presentaba el estreno absoluto de la ópera de cámara “El sobre equivocado” de Yónatan S. Santianes (Oviedo, 1978) junto a “La serva padrona” de G. B. Pergolesi el próximo viernes 31 de julio  las 20:00 horas en el Teatro Filarmónica de Oviedo, una segunda edición de Ópera-Studio que supone montar una obra más allá de lo que sería un concierto final de otro curso de verano como los que La Castalia lleva tantos años organizando, dando un enorme paso adelante con encargos y estrenos como el del pasado año en el mismo escenario. En esta segunda edición la asociación cultural carbayona vuelve a centrarse en la ópera de cámara con la apuesta por obras cortas y formatos fáciles de seguir, lejos de las producciones inalcanzables por presupuesto y buscando públicos tanto los habituales del Campoamor o el Auditorio, como el de jóvenes que podrían pensar en la ópera como algo lejano. Este ciclo precisamente combina un estreno junto a una pieza del repertorio clásico, ambas dentro del mismo escenario en otra apuesta por los compositores asturianos con unas voces emergentes que siguen formándose, buscando su hueco en el siempre difícil y competitivo mundo de la lírica.

Tras las presentaciones y agradecimientos de la directora artística, tomaba la palabra el compositor y catedrático en el Conservatorio Superior de Música de Aragón desde 2023, tras quince años en el de Las Palmas, el ovetense Yónatan Sánchez Santianes que comenzaría defendiendo que «la cultura no es un gasto, es una inversión», para a continuación ir dando datos de “La serva padrona” para ponerla en contexto con su nueva obra, una más del extenso catálogo (24 zarzuelas y más de 180 canciones, así como obras sinfónicas como los dos episodios de la Saga “13 Reyes”, que ya ha estrenado el Ateneo Musical de Mieres con la Banda de Gaitas “La Laguna del Torollu” incluso en el Festival Intercéltico de Lorient hace ahora dos años), en una línea compositiva “enfocada en tender puentes», como señaló el propio compositor en esta conferencia previa.

Partiendo del 5 de septiembre de 1733 tras un terremoto que obligó a cerrar los teatros napolitanos, y que como agradecimiento tras los mismos compondría la «Misa en Fa mayor» (Misa de San Emidio) en 1732, por encargo de la municipalidad de Nápoles, Pergolesi logrará estrenar su “sierva patrona” en dicha ciudad pero en idioma italiano y no napolitano, buscando la internacionalización de esta ópera con personajes cercanos, del pueblo, y que después llegará a Paris con el rey Luis XV el 1 de agosto de 1752, donde se montará dando lugar a la famosa Querelle des Bouffons entre los defensores de la ópera francesa con la reina junto a Rameau al frente, y quienes querían “italianizarla” con el propio monarca y el filósofo J. J. Rousseau, que también fue músico. Santianes desgranaría a continuación su propia creación, «El sobre equivocado» que conecta directamente con el enredo de la pieza clásica a través de una divertida confusión de un sobre (algo incluso real en algún teatro no muy lejano), un encargo por parte de La Castalia y el origen de esta nueva ópera de cámara, destacando así mismo la entrega de todo el equipo tanto docente como vocal y escénico, destacando al pianista Arián Alegre no ya por su enorme trabajo, también por la implicación como un personaje más de esta ópera de cámara.

La langreana María Piquero (1983) nos contaría su trabajo centrado en la psicología y construcción de los personajes, así como en la evolución de cómo se relacionan entre ellos sobre las tablas, el movimiento con los objetos que forman parte de la propia trama, para sumarse a las gracias para todo el equipo que participa en el estreno.

Cerraría  el acto Begoña García-Tamargo citando a Eduardo Espina en la iluminación, una colaboración desde los inicios, que es otro reto para esta segunda edición de Ópera-Studio, tras dos semanas de intenso trabajo donde sólo queda dar la tranquilidad necesaria a estos cantantes que van preparando una carrera emergente desde La Castalia.

Finalmente animaría a la asistencia, que siempre llena las actuaciones con largas colas hasta La Escandalera, pero tranquilizando por el aforo del teatro de la calle Mendizábal, y que espero contar desde aquí.

Para concluir quedarían las actuaciones finales como aperitivo de lo que nos espera este último viernes de julio:

siempre con el excelente Arián Alegre en el piano del Club de Prensa que necesita algún retoque sonoro en cuanto a su afinación y mantenimiento, escucharíamos dos arias de “La Serva Padrona”: Aspettare e non venire, aria de Uberto por el barítono Ángel Simón, con un rol más de bajo aunque suficiente por su buen registro grave.

Después llegaría la conocida aria de Serpina Stizzoso, mio stizzoso a cargo de la soprano Noive Solar, dos voces que he ido comprobando su crecimiento artístico en La Castalia y fuera de ella, para finalizar con un avance del estreno del día 31: el número octavo de «El sobre equivocado» con todo el elenco del quinteto a cargo de Vilma Ramírez y Ángeles Rojas (sopranos), Paula Duarte y Anne Broers (mezzosopranos) y Álvaro Segador (tenor).

Una página que a buen seguro levantará al público por su empaque y empaste a cargo de un reparto joven que sobre las tablas asegura otro estreno de altura para la historia de “La Castalia del siglo XXI».

Resumen de mi Festival de Granada 2026

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Tras un intenso mes en el 75º Festival Internacional de Música y Danza de Granada, mi cuarto año completo (al último programado para este sábado 18 de julio ya no estaré), quiero comenzar agradeciendo al Colegio Mayor Santa Cruz La Real a la dirección y todo su personal, hacerme sentir nuevamente como en casa.

Desde este blog he ido subiendo mis reseñas, más que críticas, desde el mismo día 9 de junio hasta el 12 de julio, normalmente antes de irme a dormir, aunque algunas quedaron para la mañana -o tarde- del día siguiente, cada una de ellas con fotos propias pero sobre todo las de mi querido y admirado amigo ©Ferminius y del nuevo “fichaje” (Álex Cámara) entre otros muchos profesionales, que siempre añado en las entradas, pues forman parte de todo el inmenso equipo humano del festival, el segundo de Paolo Pinamonti al frente, y a quienes también debo dar mi más sinceras gracias.

Los números de mis asistencias en este 2026 han sido los siguientes: 34 espectáculos en 31 días (20 en junio más 14 en julio ) y 11 espacios que detallo por seguir siendo “marcos incomparables” de los conciertos, auténtica referencia a nivel mundial por historia, belleza y algunos de ellos con una acústica indescriptible.

Comentar simplemente que en este mi cuarto año completo hubo menos matinales, menos coincidencias horarias, que facilitan la elección, muy poco órgano (sólo uno aunque imponente), muchas efemérides (menos de las esperadas para los 150 años de Falla), y también acudí a toda la danza (siempre en el festival) y los guiños flamencos, tributo a la pre-historia de Falla y Lorca en 1922, así como a una relajante noche de jazz donde solo me faltó una cerveza en la mano.

Palacio de Carlos V (11): JUN 6 / JUL 5.

Teatro del Generalife (8): JUN 6 / JUL 2.

Patio de los Arrayanes (4): JUN 3 / JUL 1.

Palacio de los Córdova (2): JUL 2.

Colegio Mayor Santa Cruz La Real (2): JUN 1 / JUL 1.

Crucero del Hospital Real (2): JUN 1 / JUL 1.

Auditorio Manuel de Falla (1): JUN 1.

Explanada del Palacio de Exposiciones y Congresos (1): JUN 1.

Santa Iglesia Catedral (1): JUN 1.

Patio Elíptico. Centro Cultural CajaGranada (1): JUL 1.

Monasterio de San Jerónimo (1): JUL 1.

Sin entrar en una valoración global, aunque he ido dejándolas en años anteriores, dejo a continuación todos los enlaces a cada una de las entradas en este blog.

JUNIO

Espectáculos extraordinarios:

Martes 9 junio

Fanfarrias del Festival, distintas ubicaciones y horarios por Granada.

Palacio de Carlos V, 22:00 h. (FEX)

Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director).

Música para un centenario: estelas  de Carlos

Espectáculos extraordinarios:

Jueves 11 junio

Teatro del Generalife, 22:30 h. (Pre-Festival)

Ludovico Einaudi.

Solo piano.

Conciertos sinfónicos:

Viernes 12 junio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino – Zubin Mehta director. Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):
Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, KV 543 (1788) – Sinfonía nº 40 en sol menor, KV 550 (1788) – Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 «Júpiter» (1788)

Y entrega de la Medalla de honor del Festival a Zubin Metha, con la presencia de S. M. Doña Sofía de Grecia.

Doña Sofía en 1964, entonces Princesa de España, con su hermana Doña Irene en el Festival de Granada

Danza

Sábado 13 junio

Teatro del Generalife, 22:30 h.

Gala benéfica de flamenco (Fundación Reina Sofía): Ballet Flamenco de Andalucía – Patricia Guerrero.
Flamenco Patrimonio

Espectáculos extraordinarios:

Domingo 14 junio

Auditorio Manuel de Falla, 21:00 h. (FEX)

Atlanta Symphony Youth Orchestra, William R. Langley, director.
El lago de los cisnes

Espectáculos extraordinarios:

Jueves 18 junio

Explanada del Palacio de Exposiciones y Congresos, 22:00 h. (FEX)

Zenit Aerial Ballet, Helena Sánchez Hortal, dirección escénica.
Aria

Danza:

Viernes 19 junio

Teatro del Generalife, 22:30 h.

Ballet Nacional de Letonia – Aivars Leimanis, director artístico.

Giselle

Ballet en dos actos. Música: Adolphe Adam. Libreto: Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges. Coreografía original: Jean Coralli, Jules Perrot y Marius Petipa. Puesta en escena: Aivars Leimanis. Diseño de escenografía y vestuario: Ināra Gauja. Diseño de iluminación: Kārlis Kaupužs. Supervisora de Ballet: Dace Lapiṇa.

Conciertos matinales:

Sábado 20 junio

Santa Iglesia Catedral, 12:30 h.

Olivier Latry, órgano.

Obras de: Susanne van Soldt, Jan Pieterszoon Sweelinck, José Jiménez, Pablo Bruna, Juan Cabanilles, Jean-François Dandrieu y Claude Balbastre.

Conciertos sinfónicos:

Sábado 20 junio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Orquestra de la Comunitat ValencianaMarianne Crebassa, mezzosoprano Gustavo Gimeno, director.

Maurice Ravel (1875-1937): Rhapsodie espagnole (1907-08)

Manuel de Falla (1876-1946) / Luciano Berio (1925-2003): Siete canciones populares españolas (1978) *

Igor Stravinsky (1882-1971): L’Oiseau de feu (El pájaro de fuego. Ballet completo, 1909-1910).

* En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

V Centenario de la visita de Carlos V a Granada:

Domingo 21 junio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Ensemble Odhecaton / Ensemble La Pifarescha / Ensemble Pian & Forte. Paolo Da Col, director.

Música para la coronación imperial de Carlos V. Bolonia, Basílica de San Petronio, 1530. Reconstrucción escénica de la ceremonia de coronación a cargo de Rita Cosentino.

Girolamo Fantini (1600-1675): Prima entrata imperiale

Nicolas Gombert (1495-1560): Kyrie y Gloria (Missa a la Incoronation «Sur tous regrets», a 5 voces) – Conceptio tua In illo tempore, a 6 voces – Credo

Jean Richafort (1480-1547): Sour tous regretz

Nicolas Gombert: Sanctus – Agnus Dei, a 5 y 6 voces

Jacobus Clemens non Papa (ca. 1510-1555): Frisque et gaillard

Josquin Desprez (1450-1521): O bone et dulcissime Jesu, a 4 voces

Heinrich Lübeck (1799-1865): Etzliche Punctenn aus einer Sonada

Nicolas Gombert: Regina caeli, a 12 voces

Cesare Bendinelli (c. 1542-1617): Sonata nº 336

Música de cámara

Lunes 22 junio

Patio de los Arrayanes, 22:00 h.

Cuarteto Quiroga.

György Kurtág (1926): Aus der Ferne III (1991).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826): Cuarteto de cuerda nº 1 en re menor (1823).

György Kurtág: Aus der Ferne V (1999).

Juan Crisóstomo de Arriaga: Cuarteto de cuerda nº 2 en la mayor (1823).

György Kurtág: Secreta: funeral music. In memoriam László Dobszay (2011).

Juan Crisóstomo de Arriaga: Cuarteto de cuerda nº 3 en mi bemol mayor (1823).

En conmemoración del bicentenario de la muerte de J. C. Arriaga y el centenario del nacimiento de G. Kurtág.

Flamenco

Martes 23 junio

Teatro del Generalife, 22.30 h.

Yerai Cortés

V Centenario de la visita de Carlos V a Granada:

Miércoles 24 junio

Colegio Mayor Santa Cruz la Real, 22:00 h.

Ensemble InAlto – Lambert Colson, corneto y dirección.

Obras de Josquin Desprez, Nicolas Gombert, Nicolas Payen, Thomas Crécquillon, Francisco Fernández Palero, Juan del Encina, Cipriano de Rore, Claudio Monteverdi, Gioseffo Guami, Costanzo Antegnati, Costanzo Festa, Marco da Gagliano y Emilio de’ Cavalieri.

V Centenario de la visita de Carlos V a Granada

Jueves 25 junio

Patio de los Arrayanes, 22:00 h.

Zambra morisca

Grupo Confluencias – Trío de pulso y púa Alonso – Abir El Abed cantante solista – Sara Calero, danza (colaboración especial) Coco Reyes, narradora Omar Metioui, director artístico y ‘ud ramal – Reynaldo Fernández Manzano, dirección científica, guión y textos.

Espectáculo teatral con música y danza:

Viernes 26 junio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Orquesta Ciudad de Granada – Músicos y cuerpo de baile de la India – Solistas de danza españolaIgnacio García y Mónica de la Fuente, dramaturgia – Ignacio García, dirección de escena – David Murphy director. El sueño del sitar

Un homenaje a Ravi Shankar

Ravi Shankar (1920-2012): Dance Suite *

Manuel de Falla (1876-1946): Danza ritual del fuego, de El amor brujo

Música original sobre motivos de Ravi Shankar, compuesta e interpretada por Shubendra Rao y Saskia Rao-de Haas *

* Estreno. En el marco del Año Dual España-India

Conciertos matinales:

Sábado 27 junio

Crucero del Hospital Real, 12:30 h.

Capilla Santa MariaJone Martínez, soprano – Daniel Zapico, tiorba – Daniel Oyarzabal, clavicémbalo – Carlos Mena, contratenor y dirección.

El canto en su espejo

Agostino Steffani (1654-1728):

Duetto «M’hai da piangere» / Aria «Funeste imagini» (de Niobe. 1688) / Aria «Chi provó gl’Astri severi» (de Orlando generoso. 1691) / Duetto «Occhi perché piangete» / Overture (de Briseide. 1669) / Duetto «Lungi dall’Idol mio» / Aria «Potea peggio trattarti?» (de Le Glorie di Enea. 1695) / Aria «Pende il cor tra’l No e’l Si» (de Henrico Leone. 1689) / Duetto «Placidissime catene».

Danza:

Sábado 27 junio

Teatro del Generalife, 22:00 h.

Compañía Nacional de Danza –  Muriel Romero, directora.

NumEros

Serenad. Coreografía: George Balanchine © The George Balanchine Trust. Música: Piotr Illich Chaikovski. Diseño de vestuario: KarinskaPuesta en escena: Colleen Neary. Realización de vestuario: Estudio Tania Bakunova.

Echoes from a Restless Sou. Coreografía, diseño de iluminación y vestuario: Jacopo Godani. Música: Maurice Ravel (piano solista: Gustavo Díaz-Jerez). Asistentes coreográficos: Vincenzo de Rosa, Zoe Lenzi. Realización de vestuario: Estudio Tania Bakunova.

Playlist (Track 1, 2). Coreografía: William Forsythe. Música: Peven Everett y Lion Babe. Puesta en escena: José Carlos Blanco Martínez. Diseño de vestuario: William Forsythe. Diseño de iluminación: Tanja Rühl. Realización de vestuario: Iñaki Cobos y Primer Plano Vestuario SL.

Conciertos sinfónicos:

Domingo 28 junio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Riccardo Muti, director  Orchestra Giovanile Luigi Cherubini.

Giuseppe Verdi (1813-1901): Sinfonia, de Nabucco (1841) / Le quattro stagioni, bailables de I vespri siciliani (1855).

Manuel de Falla (1876-1946): El sombrero de tres picos (suite no 2) (1919-21) *

Maurice Ravel (1875-1937): Boléro (1928).

* En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

Recitales:

Lunes 29 junio

Patio de los Arrayanes, 22:00 h.

Yuliana Avdeeva, piano.

Fryderyck Chopin (1810-1849): Nocturnos, op. 62 (1846).

Władysław Szpilman (1911-2000): Mazurka en fa menor (1942).

Fryderyck Chopin: Fantasía en fa menor, op. 49 (1841).

Władysław Szpilman: Suite «The Life of the Machines» (1933).

Fryderyck Chopin: Andante spianato et Grande polanaise brillante, op. 22 (1830-31) – 24 Preludios, op. 28 (1836-39).

Danza:

Martes 30 junio

Teatro del Generalife, 22:30 h.

Malandain Ballet Biarritz – Thierry Malandain, director artístico – Academia Barroca del Festival de Granada – Aarón Zapico, director.

Les Saisons

Coreografía: Thierry Malandain. Música: Antonio Vivaldi y Giovanni Antonio Guido. Violín solo: Jorge Jiménez. Decorados y vestuario: Jorge GallardoDiseño de iluminación: François Menou. Diseño de vestuario: Véronique Murat, Charlotte Margnoux, con la ayuda de Anaïs Abel. Realización de decorados: Frédéric Vadé. Realización de accesorios: Annie Onchalo.

JULIO

V Centenario de la visita de Carlos V a Granada:

Miércoles 1 julio

Colegio Mayor Santa Cruz la Real, 22:00 h.

Stile Antico

La consecución del poder: Carlos V, de príncipe a protector

Clemens non Papa (1510-1555): Carole Magnus eras.

Josquin Desprez (1450-1521): Salve Regina a 5.

Atrib. Pierre de la Rue (1452-1518): Absalon fili mi.

Nicolas Gombert (1495-1560): Mille Regretz / Virgo Sancta Katherina / Magnificat Primi Toni.

Rodrigo Ceballos (1534-1581): Hortus conclusus.

Cristóbal de Morales (1500-1553): Asperges me.

Thomas Crequillon (1505-1557): Andreas Christi famulus.

Cristóbal de Morales (1500-1553): Jubilate Deo.

Conciertos sinfónicos:

Jueves 2 julio

Palacio de Carlos V, 22:00 h

Orquesta Nacional de España – David Afkham, director.

Gustav Mahler (1860-1911): Sinfonía nº 9 en re mayor (1909-1910).

Danza:

Viernes 3 julio

Teatro del Generalife, 22:30 h.

Béjart Ballet Lausanne  – Julien Favreau, director artístico.
Dyonisos (Suite) – L’Oiseau de Feu – Boléro

Dionysos (Suite). Coreografía: Maurice Béjart. Música: Manos Hadjidakis. Pinturas: Yokoo Tadanori. Vestuario: Gianni Versace.

L’Oiseau de Feu. Coreografía: Maurice Béjart. Música: Igor Stravinsky. Diseño de escenografía y vestuario: Joëlle Roustan y Roger Bernard.

Boléro. Coreografía: Maurice Béjart. Música: Maurice Ravel. Diseño de escenografía y vestuario: Maurice Béjart.

Conciertos matinales:

Sábado 4 julio

Crucero del Hospital Real, 12:30 h.

Plural Ensemble – Mahan Esfahani, clave – Fabián Panisello, director.

Luigi Boccherini (1743-1805): Campane dell’Ave Maria y Tamburo dei Soldati (de Musica notturna delle strade di Madrid, op. 30 no 6 G. 324. 1780).

José María Sánchez-Verdú (1968): Las ínsulas extrañas (2024).

Luigi Boccherini: Il Rosario (de Musica notturna delle strade di Madrid).

Alberto Carretero (1985): Con certo in certo (2026) *

Luigi Boccherini: Minuetto dei Ciechi y Passa Calle (de Musica notturna delle strade di Madrid).

Jesús Villa-Rojo (1940): Recordando a Falla (1989).

Luigi Boccherini: Il tamburo y Ritirata (de Musica notturna delle strade di Madrid).

Manuel de Falla (1876-1946): Concerto per clavicembalo, flauto, oboe, clarinetto, violino e violoncello (1926).

En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

* Estreno, encargo del Festival de Granada

Conciertos sinfónicos:

Sábado 4 julio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Budapest Festival Orchestra – Anja Kampe, soprano – Hanno Müller-Brachmann, bajo Iván Fischer, director.

Robert Schumann (1810-1856): Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 «Renana» (1850).

Richard Wagner (1813-1883): Escena final de Die Walküre (Acto 3, escena 3: Despedida de Wotan y Fuego mágico. 1856).

Ópera & Cine

Domingo 5 julio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Joven Orquesta Nacional de EspañaCoro masculino de la Orquesta Ciudad de GranadaHéctor Eliel Márquez, director del coro – Alejandro del Ángel, tenor – Donato Renzetti y Timothy Brock, directores.

Franz Liszt / Pietro Mascagni: Sinfonía Fausto / Rapsodia Satanica.

Sinfonía Fausto (1854). Sinfonía de Franz Liszt (1811-1886) en tres movimientos para tenor, coro y orquesta, S. 108.

Rapsodia satanica (1917). Película de Nino Oxilia (1889-1917).Música de Pietro Mascagni (1863-1945). Guion de Alberto Fassini sobre poema de Fausto Maria Martini.

Recitales:

Lunes 6 julio

Patio de los Arrayanes, 22:00 h.

Javier Perianes, piano.

Manuel de Falla (1876-1946): Nocturno (1896).

Fryderyck Chopin (1810-1849): Nocturno en re bemol mayor, op. 27 nº 2 (1835).

Manuel de Falla: Mazurka en do menor (1899).

Fryderyck Chopin: Mazurka en la menor, op. 7 nº 2 (1830-31) / Mazurka en sol mayor, op. 67 nº 1 (1835).

Manuel de Falla: Serenata andaluza (1900).

Fryderyck Chopin: Vals en la menor, op. 34 nº 2 (1831).

Manuel de Falla: Canción (1900).

Fryderyck Chopin: Berceuse en re bemol mayor, op. 57 (1843, rev. 1844).

Manuel de Falla: Cuatro piezas españolas (1906-1909).

Isaac Albéniz (1860-1909): Iberia (Selección. 1905-08).

En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

Música de cámara:

Martes 7 julio

Patio Elíptico. Centro Cultural CajaGranada, 22:00 h.

Numen Ensemble – Héctor Eliel Márquez, director.

Música y espacio

Arvo Pärt (1935): Spiegel im Spiegel (1978).

György Kurtág (1926) *: Omaggio a Luigi Nono, op 16 (1979).

Morton Feldman (1926-1987): The Rothko Chapel (1971).

György Ligeti (1923-2006): Lux Aeterna (1966).

John Taverner (1944-2013): A Hymn to the Mother of God (1985).

Thomas Tallis (1505-1585): Spem in alium (1570).

* En conmemoración del centenario de los nacimientos de G. Kurtág y M. Feldman

Flamenco:

Miércoles 8 julio

Palacio de los Córdova, 22:00 h.

Esperanza Garrido, cante – Paco Jarana, guitarra flamencaÓscar Lago, guitarra flamenca – Pablo Suárez, piano –  Manuel José Muñoz “el Pájaro”, percusión. Eva Yerbabuena, dirección artística

De luna a luna *
* Estreno

Jazz:

Jueves 9 julio

Palacio de los Córdova, 22:00 h.

Leonor Watling & Leo Sidran con The Groovy French Band.

El arte de encontrarse

Conciertos sinfónicos:

Viernes 10 julio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Orquesta Ciudad de GranadaCoro de la Orquesta Ciudad de GranadaHéctor Eliel Márquez, director del coro – Lucas Macías, director.

Silvia Tro Santafé, mezzosoprano (Salud) – Belén Elvira, mezzosoprano (La abuela) – Leticia Rodríguez, mezzosoprano (Carmela) – Álvaro Gallegos (voz de la fragua) –  Alejandro Roy tenor (Paco) – Joan Martín-Royo, bajo (El tío Sarvaor) – El Turry, cantaor – Andrés Merino, barítono (Manuel) – Luis Mariano, guitarra.

Pietro Mascagni (1863-1945): Intermezzo, de Cavalleria rusticana (1889).

Richard Wagner (1813-1883):  Preludio y Muerte de Isolda, de Tristan und Isolde (primera versión, 1857-1859).

Manuel de Falla (1876-1946): La vida breve (1905) *

* Estreno de la primera versión inédita de «La vida breve», de 1905.

En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

Conciertos matinales:

Sábado 11 julio

Monasterio de San Jerónimo, 12:30 h.

Coro Gulbenkian- Solistas de la Orquesta Gulbenkian – Martina Batič, directora.

Paradiso. Polifonía del siglo XVI a nuestros días

Orlando di Lasso (1532-1594): Vide homo.

Carlo Gesualdo (1566-1613): O vos omnes.

Manuel Cardoso (1566-1650): Sitivit anima mea.

Alfredo Aracil (1954): Paradiso (Cuaderno I).

Duarte Lobo (c. 1565-1646): Audivi vocem de caelo.

Estêvão de Brito (1575-1641): Heu, Domine.

Alfredo Aracil: Paradiso (Cuaderno II).

Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594) Sperent in te.

Tomás Luis de Victoria (1548-1611) O magnum mysterium.

Alfredo Aracil: Paradiso (Cuaderno III) *

* Estreno, encargo del Festival de Granada

Danza:

Sábado 11 julio

Teatro del Generalife, 22:30 h.

Les Ballets Espagnols de «La Argentina» – Antonio Najarro, dirección artística y coreografía.

Juerga y Triana – Sonatina

Juerga y Triana
Música de Juerga: Julián Bautista – Música de Triana: Isaac Albéniz– Dirección de escena: Carolina África – Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos – Diseño de vídeo proyecciones e ilustraciones: Emilio Valenzuela – Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel – Solos de guitarra: José Luis Montón – Bailarines: bailarines de la Compañía Antonio Najarro.

Sonatina

Música: Ernesto Halffter – Dirección de escena: Carolina África – Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos – Diseño de vídeo proyecciones: Néstor L. Arauzo y Davitxun – Diseño de iluminación: Sergio Torres – Músicos en directo : Constanza Lechner (piano, cajón), José Luis Montón (guitarra), Sergio Menem (violonchelo) – Bailarines: bailarines de la Compañía Antonio Najarro.

Ópera:

Domingo 12 julio

Palacio de Carlos V, 22:00 h.

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) – Coro Teatro de la Maestranza – Íñigo Sampil, director del coro – Daniele Callegari, director musical.

Aida

Ópera en cuatro actos (1871). Versión concierto Música de Giuseppe Verdi (1813-1901). Libreto de Antonio Ghislanzoni, basado en un guión de Auguste Mariette.

Manuel Fuentes, bajo (El Rey) – Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano (Amneris) – Olga Maslova, soprano (Aida) – Francesco Meli, tenor (Radamés) – Inho Jeong, bajo (Ramfis) – Fabián Veloz, barítono (Amonastro) – Néstor Galván, tenor (Un mensajero) – Patricia Calvache, soprano (Gran sacerdotisa).

Reflejar igualmente la Exposición en la Carrera de la Virgen titulada «Geometría y gracia» que finalizaba con mi estancia en la capital nazarí.

Como reza el último anuncio, «Los caminos del arte y de la música llevan al Festival de Granada». Espero seguir disfrutándolo algún año más, aunque mi juventud va pasando y pesando…

Amor y deber para una clausura faraónica

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Domingo 12 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Ópera. Palacio de Carlos V: Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, director del coro), Dominic Limburg (director musical), Manuel Fuentes (bajo), Ketevan Kemoklidze (mezzo), Olga Maslova (soprano), Francesco Meli (tenor), Inho Jeong (bajo), Fabián Veloz (barítono), Néstor Galván (tenor), Patricia Calvache (soprano): Aida, ópera en cuatro actos (1871) en versión concierto. Música de Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, inspirado en un texto de Auguste Mariette Bey. Estrenada el 24 de diciembre de 1871 en el Teatro de Ópera del Jedive de El Cairo. Fotos © Festival de Granada – Lucía Rivas, y propias.

Última noche de mi festival y Aida para clausurar esta septuagésimoquinta edición, la antepenúltima ópera de Verdi, quien también se rindió a la fascinación por Egipto a partir del libreto de Mariette, y que no pudo estrenar en la inauguración del Canal de Suez (se programó Rigoletto) para esperar  hasta la Nochebuena de 1871, haciendo de mi día 34 en Granada otra noche buena para los verdianos.

Si las escenografías provocan últimamente críticas no muy positivas, al menos las versiones en concierto nos permiten imaginar nuestros propios decorados. Sumemos que los protagonistas traen rodada la ópera desde Sevilla (con mínimos cambios en el reparto que dejo al final de la entrada), interactuando y dramatizando la lucha entre el amor y el deber, por lo que el éxito de esta Aída imperial de Granada fue rotundo.

Los dos primeros actos, aprovechando la increíble acústica palaciega, suponen un despliegue sinfónico coral que por momentos se apoderó de los solistas, ellos fueron verdaderos valientes con sus volúmenes, con el maestro suizo Dominic Limburg que disfrutó de una excelente ROSS  y un magnífico coro del teatro sevillano, para en los actos finales manejar sutilmente todos sus efectivos, atento a los matices, fraseos, complicidades y riqueza tímbrica en una partitura que exige de principio a fin, contando, como es de esperar, de un reparto vocal homogéneo, equilibrado y con el trío protagonista brillando en la noche.

Tras una obertura íntima y «en frío» llegaría el Radamés del tenor genovés Meli con la archiconocida Celeste Aida, reto vocal que uno de los tenores favorito de Muti afrontó valiente, de timbre idóneo y color esmaltado, agudos limpios y seguros, de buen fiato, esperando a la Amneris de la segunda triunfadora de la noche, la georgiana Ketevan Kemoklidze, vestido verde esperanza y dominadora de principio a fin a lo largo de la función. El trío lo completaba la soprano rusa Olga Maslova que debutaba su personaje. Iría de menos a más, dejándonos arias, dúos y concertantes de mucha calidad afianzándose según avanzaba la noche.

Prosiguiendo con las apariciones en escena, tanto El Rey del bajo Manuel Fuentes como el mensajero del tenor canario Néstor Galván, irían sumándose el en difícil equilibrio entre potencia y musicalidad, que como el resto, irían ganando seguridad: Ramfis con el bajo coreano Inho Jeong poderoso y rotundo, más las imponentes voces graves del Teatro de la Maestranza, cantando a “¡Radamés!” que retumbaba en la piedras renacentistas del palacio imperial, al igual que el grito de “Guerra” con la ROSS pletórica en todas las secciones, ubicando trompetas en la galería del primer piso con ese efecto envolvente y la popular “Marcha triunfal” verdadera gloria y regocijo sonoro. Maslova ya desgranó su calidad vocal en Retorna vincitor y la sacerdotisa gaditana Patricia Calvache contestaría con su voz hermosa desde el “altar metálico” rodeada de las voces blancas del coro, en diálogo con las graves y un Radamés siempre presente.

Los personajes entraban y salían por la rampa izquierda y comenzaba, sin apenas pausa, el segundo acto, esclavas y Amneris empastadas, sentidas, con la orquesta arropándolas y silencios marcados para mayor expresión y dramatismo, sumándose Aida. Momentos bien cantados, matizados, con otra intervención coral segura, afinada, nueva petición de “guerra y muerte al extranjero” empujados por el ejército instrumental, una escena segunda que iría avivando el fuego operístico y un Amonasro del argentino Fabián Veloz en “contrapeso” al Radamés de Meli.

Tras el descanso los mejores y más sentidos momentos de esta joya verdiana, las sacerdotisas en la escalera derecha del fondo con una de las dos arpas, recibiendo a Amneris con Ramfis, y a continuación Aida con la bellísima aria Qui Radamès verrà!  Che vorrà dirmi? Io tremo! ya centradísima la soprano rusa con la posterior aparición y diálogo con Amonasro que se escondería saliendo por el lateral derecho. Emociones, amores y obligaciones preparando la escena con Radamés, otro momento mágico con un empaste vocal con interacción entre Meli y Maslova, más el retorno de Amonasro. Si la georgiana Kemoklidze ya dominaba desde el inicio, vestida de color burdeos irrumpía para proseguir su poderío escénico y vocal, un concertante final del tercer acto que dejaba al público asombrado de unas voces y orquesta en su punto, siempre guiadas por un Dominic Limburg atento a todo, de gesto claro, amplio, manteniendo el equilibrio musical sin excesos.

Último acto para la “coronación” de Kemoklidze plena en gestualidad, maravillosos movimientos girándose sin perder volumen ni proyección, química con Radamés Meli en un “duelo vocal” impecable, sentido, mejor cantado y emocionante. Seguiría la pugna argumental con Ramfis, sacerdotes y Amneris elevando la trama con entrega total, sentimientos cantados, expresivos, delicados con la respuesta dura al grito de È traditor! È traditor!, Morrà!, montaña rusa o pirámide de emociones antes de entrar en el templo de Vulcano, esta última noche imperial. La maravilla vocal entre Radamés y Aida O terra, addio, las sacerdotisas fuera de la tarima y la súplica final de Amenris Pace, t’imploro, el trío protagonista para cerrar trama, criptas y losas egipcias esta vez palaciegas para la “Aida sevillana” que viajó a Granada.

ELENCO:

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS)

Coro Teatro de la Maestranza

Íñigo Sampil, director del coro

Dominic Limburg, director musical

El Rey: Manuel Fuentes, bajo

Amneris: Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano

Aida: Olga Maslova, soprano

Radamès: Francesco Meli, tenor

Ramfis Inho Jeong, bajo

Amonasro: Fabián Veloz, barítono

Un mensajero: Néstor Galván, tenor

Gran sacerdotisa: Patricia Calvache, soprano

Pacto musical con el diablo

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Domingo 5 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Ópera y cine. Palacio de Carlos V: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), Coro masculino de la Orquesta Ciudad de Granada (Héctor Eliel Márquez, director del coro), Alejandro del Ángel (tenor), Donato Renzetti y Timothy Brock (directores). Obras de Franz Liszt y Pietro Mascagni. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara, y propias.

Cine de verano en el palacio imperial con dos obras y dos directores al frente del una JONDE fresca, entregada, disciplinada y bien ensamblada para un programa que pide una gran orquesta como la que se subió al escenario. Apoyaré siempre esta cantera de las orquestas profesionales, incluso las que surgen independientes, porque nadie diría en mis años jóvenes que tendríamos este renacer de grandes músicos que necesitan rodarse como complemento necesario a sus estudios de instrumento, y según surgían nuevas formaciones sinfónicas a lo largo del territorio español, como sucede en el resto de Europa, la gente joven que aspira a la profesionalidad necesita estas oportunidades, con ilusión, calidad y un resultado final que no tienen nada que envidiar a “sus mayores”, y así lo estamos comprobando en esta edición.

La noche dominical tenía como hilo argumental el mito de Fausto, que bien nos explica y describe en las notas al programa mi admirado José Manuel Ruiz Martínez, profesor de Lingüística General y Teoría de la Literatura en la Universidad de Granada así como crítico musical. La poco interpretada Sinfonía Fausto de Liszt es un hito del sinfonismo del siglo XIX dentro de la llamada “música programática”.

Sus tres movimientos son retratos psicológicos de los principales protagonistas del drama, pero la interpretación del reputado maestro italiano Donato Renzetti (Torino di Sangro, 1950) me lleva a tomar las palabras del propio Liszt: «soy el espíritu de la negación».

En vez de transmitir emociones me acabó causando verdadero sopor, una lástima porque la JONDE fue disciplinada y entregada al maestro, sonando compacta, con una cuerda (a partir de 8 contrabajos para calcular la plantilla) bien comandada por la concertino María Asensi Yagüe, unas maderas que en el tema de Margarita sonaron y dieron la inocencia del personaje, unos metales brillantes para “acallar la amarga ironía mefistofélica y proclamar el triunfo del «eterno femenino»”  como escribe José Manuel, y el siempre exigente coro masculino y tenor, que añadiría posteriormente Liszt, en este caso el de la OCG junto al tenor mexicano Alejandro del Ángel para los versos de Goethe, traducidos en la pantalla para la posterior película. Demasiado ocupados en dar todas las notas de la partitura, los volúmenes no siempre fueron idóneos ante cierto “maltrato” orquestal.

La sinfonía no funcionó tal y como la planteó Renzetti, sin encontrar o atender los balances y fraseos, perdiéndose la oportunidad de disfrutar esta maravillosa sinfonía.

Y aunque el concierto se presentaba dentro del apartado “Ópera y cine” no resultó tan literal como en la anterior edición con Carmen y Pagliacci, ambas dirigidas por el norteamericano Timothy Brock (1963), aunque el compositor de la banda sonora para la película Rapsodia satanica (1917) de Nilo Oxilia fuese Pietro Mascagni en su primera y única aproximación a un género que, cien años después, sigue siendo la actual música sinfónica. Cada vez encontramos más películas previas al cine sonoro con la música en vivo tal y como se hacía en su época, y la labor de digitalizar estas cintas para una buena proyección es la mitad del espectáculo del “cine al aire libre”, aunque no sea igual que en un teatro o auditorio, pero Granada en verano es idónea para el Séptimo Arte con la música en vivo.

Nuevamente la JONDE rindió como una orquesta profesional, música diegética perfectamente encajada y sincronizada con muchas imágenes coloreadas, destacando especialmente las que el piano de la protagonista, curiosidad femenina que pacta con el diablo, sonaba chopiniano en las manos del segoviano Daniel Cardiel Manso, músico invitado que también se ocuparía de la celesta más el órgano en Liszt. El maestro Brock, investigador y especialista en estos rescates audiovisuales, supo sacar lo mejor de una partitura que pasará a la historia precisamente por ser de Mascagni, de sincronización perfecta y respuesta precisa de una orquesta joven pero madura y esta vez bien balanceada.

No sé si la excesiva duración de la velada o el sopor de la primera parte, hizo marchar a buena parte del público, pero es otra película para contar y tendrá que elegirse mejor la combinación de obras en este ciclo, pues el final resultó un pacto con el diablo musical.

PROGRAMA:

Franz Liszt (1811-1886)

Sinfonía Fausto en tres retratos de carácter, para tenor, coro y orquesta, S. 108 (1854-57, rev. 1861):

Faust –  Gretchen – Mephistopheles – Chorus Mysticus

Rapsodia satánica

Mediometraje, Italia, 1917

Dirección: Nino Oxilia (1889-1917)

Música: Pietro Mascagni (1863-1945)

Guion: Alberto Fassini sobre poema de Fausto Maria Martini

Reparto: Lyda Borelli, Andrea Habay, Ugo Bazzini, Giovanni Cini, Giulio Bazzini

Fotografía: Giorgio Ricci

Derechos para para la proyección en vivo: Ripley’s Film Srl

Restauración realizada por L’Immagine Ritrovata and Cineteca di Bologna

Invitación a la música

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Sábado 4 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V:  Budapest Festival Orchestra, Anja Kampe (soprano), Hanno Müller-Brachmann (bajo), Iván Fischer (director).. Obras de Schumann y Wagner. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Los festivales también viven de los reencuentros. Un año después de aquella inolvidable Quinta de Mahler, la Budapest Festival Orchestra regresaba al Palacio de Carlos V para confirmar por qué es una de las grandes formaciones europeas del momento. Yo mismo la había descubierto en Oviedo allá por 2012 y, tras volver a escucharla este pasado mes de mayo con idéntico programa, Granada suponía la tercera estación de un viaje musical ya plenamente asentado. El único cambio era la presencia de Anja Kampe en sustitución de Ingela Brimberg, una sustitución que, a mi juicio, terminaría siendo incluso favorable.

Hace poco definí a Iván Fischer como «la batuta amable» y esta noche no hizo sino confirmarlo. No dirige desde la imposición sino desde la invitación. Su autoridad resulta absoluta precisamente porque nunca necesita exhibirla. Más que ordenar, propone; más que marcar el pulso, contagia el deseo de hacer música. Cada gesto parece una conversación con sus músicos y la respuesta de la orquesta es inmediata, natural, casi camerística incluso cuando despliega una plantilla monumental.

La «Renana» permitió disfrutar desde el primer compás de una cuerda opulenta pero nunca pesada, de unas maderas capaces de cantar cada frase con naturalidad y de unos metales que combinan nobleza con brillantez sin perder nunca el equilibrio. La disposición vienesa —violines enfrentados, violonchelos proyectando directamente hacia la sala y contrabajos abrazando el conjunto desde el fondo— sigue pareciéndome una de las decisiones acústicas más inteligentes cuando una orquesta sabe aprovecharla como ésta, y en el Palacio aún mas.

El descanso tuvo además un regalo inesperado: compartir los micrófonos de Radio Clásica con mi querido Arturo Reverter y Miguel Ángel González Barrio. Escuchar conversar a dos wagnerianos de semejante nivel es casi otro concierto. Mientras Miguel Ángel nos guiaba por el camino que conduce hasta la despedida de Wotan, yo seguía pensando que, siendo verdiano de nacimiento, cuanto más leo y escucho a Wagner más comprendo por qué termina atrapando. Sigue pendiente ese Anillo completo y, cómo no, la peregrinación algún día a Bayreuth.

Si Schumann había mostrado el refinamiento de la Budapest Festival Orchestra, Wagner permitió comprobar toda su potencia sonora. La enorme plantilla desplegada por Fischer nunca resultó aparatosa. Todo lo contrario: la densidad orquestal conservó siempre una transparencia admirable. Las trompas fueron, sencillamente, extraordinarias; los metales sonaban con esa mezcla de nobleza y poder que sólo las grandes orquestas consiguen, mientras la cuerda mantenía una tensión permanente bajo el canto de los leitmotiv.

Anja Kampe volvió a demostrar por qué Brünnhilde forma parte de su ADN artístico. Conserva volumen, autoridad dramática y una expresividad que convierte cada intervención en verdadero teatro, incluso en versión de concierto. Hanno Müller-Brachmann ofreció un Wotan noble y musical, de bello color en el centro aunque algo más comprometido en el registro agudo, quizá excesivamente pendiente de la partitura para transmitir toda la dimensión humana del personaje.

El público respondió puesto en pie, entre bravos dirigidos al dúo vocal pero, sobre todo, a Iván Fischer y a una Budapest Festival Orchestra que volvió a convertir el Palacio de Carlos V en uno de esos lugares donde parece natural que la música suceda. Muchos esperábamos todavía una Cabalgata como propina, pero quizá no hacía falta añadir nada más. Después del viaje desde las orillas del Rin hasta el círculo de fuego que protege a Brünnhilde, sólo quedaba guardar silencio y agradecer otra de esas noches que justifican por sí solas un Festival.

PROGRAMA:

I

Robert Schumann (1810-1856)

Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 «Renana» (1850):

Lebhaft

Scherzo. Sehr mäßig

Nicht schnell

Feierlich

Lebhaft

II

Richard Wagner (1813-1883)

Escena final de Die Walküre (Acto III, Escena 3: Despedida de Wotan y Fuego mágico) (1856)

La OSPA presenta su temporada 26-27

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Una temporada para celebrar el pasado y ensanchar el futuro

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) ha presentado su temporada 2026-2027 con un mensaje claro: combinar la celebración de grandes aniversarios con la voluntad de abrirse a nuevos públicos. Una programación amplia, de diecisiete conciertos de abono (uno más que en la última), que recorrerá tres siglos de historia de la música y que llega acompañada de una medida práctica pero significativa: el adelanto del horario de los conciertos a las 19.30 horas para facilitar la asistencia desde distintos puntos de Asturias.

La temporada se articula alrededor de dos grandes conmemoraciones. El punto de partida será Manuel de Falla, de cuyo nacimiento se cumplen 150 años, con las evocadoras Noches en los jardines de España (y de solista el pianista gijonés Martín García). El cierre llegará en junio con la Novena Sinfonía de Beethoven (con un excelente cuarteto solista más El León de Oro) en el bicentenario de la muerte del compositor alemán, una de las obras más universales del repertorio sinfónico.

Pero la programación no se limita a celebrar efemérides. El director titular y artístico, Nuno Coelho, ha planteado un recorrido que alterna repertorio clásico y propuestas más contemporáneas, buscando atraer a oyentes habituales y también a quienes se acercan por primera vez a la música sinfónica, esperando crezca el número de abonados para esta nueva temporada.

La presencia de Falla se prolongará con El amor brujo, recuperando la esencia original de una obra concebida como “gitanería” (con la cantaora sevillana Esperanza Fernández, que me cautivó hace dos años en Granada), lejos de los moldes operísticos tradicionales. Junto a ella convivirán nombres fundamentales del pasado siglo como Stravinsky, con su revolucionario Petrushka; Lutosławski, que transformó el folclore en un lenguaje moderno y sofisticado; o John Adams, cuya música aborda los dilemas éticos de la era nuclear a partir de la figura de Robert Oppenheimer.

La temporada también reserva espacio para figuras menos frecuentes en las salas de conciertos. Es el caso de María Teresa Prieto, compositora ovetense vinculada a la Generación del 27 y al exilio republicano en México, cuya obra Chichén Itzá permitirá reivindicar una trayectoria todavía insuficientemente conocida. Del mismo modo, la recuperación de la Messa di Gloria de Puccini (dirigida por Óliver Díaz con el Coro de la FPA) conecta con una historia muy particular de la vida musical asturiana, pues Oviedo fue una de las primeras ciudades españolas en interpretar esta partitura tras su redescubrimiento.

Entre los solistas invitados destacan algunos de los nombres más relevantes del panorama internacional, como la violinista Alina Ibragimova, el pianista Juan Pérez Floristán, el violonchelista Pablo Ferrández o la flautista Clara Andrada (que mantiene su colaboración artística). Particularmente espero con ganas el regreso de la violinista Patricia Kopatchinskaja, quien además dirigirá a la OSPA, además de mi tocayo ovetense Pablo González con un Nielsen que le ha convertido en su más fiel seguidor.

Su presencia refuerza una programación que combina grandes clásicos con obras menos transitadas, ofreciendo al público oportunidades tanto de reencontrarse con repertorios conocidos como de descubrir nuevos horizontes.

Más allá de los títulos concretos, algunos ya apuntados, la sensación que transmite esta temporada es la de una orquesta en fase de consolidación y crecimiento. La incorporación de nuevos músicos a la plantilla y la apuesta por ampliar la base de público parecen formar parte de una misma estrategia: fortalecer una institución cultural que sigue siendo uno de los principales referentes musicales de Asturias.

Entre Falla y Beethoven, entre la tradición y la modernidad, la OSPA propone una temporada que invita a mirar simultáneamente al pasado y al futuro. Una invitación que, sobre el papel, resulta difícil rechazar.

La batuta amable

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Jueves 28 de mayo, 19:30 horas. Auditorio «Príncipe Felipe, Oviedo: los Conciertos del Auditorio. Budapest Festival Orchestra, Ingela Brimberg (soprano), Hanno Müller-Brachmann (bajo-barítono), Iván Fischer (director). Obras de R. Schumann y R. Wagner. Fotos de Pablo Piquero y propias.

Una de las orquestas actuales que me impresionaron desde aquel concierto de hace nada menos que catorce años en este mismo ciclo, es la Budapest Festival Orchestra con su titular Iván Fischer (Budapest, 20 de enero de 1951), su fundador en 1983 junto a Zoltán Kocsis. Y su directo en Granada de la pasada edición del Festival Internacional de Música corroboró las buenas impresiones que he ido comprobando en los conciertos que suelo disfrutar en el canal MezzoTV. Oviedo sigue estando en el mapa musical junto a las grandes capitales como Madrid, Barcelona y Valencia, esta vez con la tercera de Schumann (inspirada en el Rin, que desborda energía, lirismo y vitalidad) y la poderosa escena final de La Valquiria wagneriana, con la “Despedida de Wotan” y el “Fuego mágico”, un concierto no muy largo pero intenso emocionalmente.

Con una gran plantilla de cuerda desplegada por Fischer para la partitura del compositor de la ciudad sajona de Zwickau (14 primeros violines, 10 segundos, 10 violas, 8 violonchelos y 6 contrabajos, (situados, por cierto, arriba, en el centro, donde habitualmente se coloca la percusión y en la llamada colocación vienesa), fue pese a lo nutrida nada problemática porque el balance estuvo siempre en su punto y los planos de cada sección una delicia para el oido pudiendo equilibrar el “arsenal” de viento. Hay obras que la disposición de violines enfrentados, chelos frente al director, violas a la derecha con las arpas detrás, más el fondo con los contrabajos, parecen abrazar al público y permitir una escucha fiel, por lo que hay que aplaudir estas decisiones cuando son tan acertadas como la de los húngaros.

El maestro húngaro es contenido en los gestos, siempre amable, de batuta larga “como las de antes” (justo lo contrario al “mondadientes” de Gergiev) pero vibrante, por momentos recogida y nunca funcionando como estilete; mano izquierda en el amplio sentido de la palabra, invitando siempre a los fraseos, preocupado por los detalles y dinámicas sacando al primer plano lo que la partitura (que apenas mira salvo la primera página de cada movimiento) esconde, consiguiendo una sonoridad única de su orquesta, y que durante el 74º Festival de Granada confesaba que sin haberlo en su ciudad natal, para la formación siempre es un verdadero festival tocar: lo disfrutan y se nota en la actitud, la entrega, la complicidad, que si la unimos a unos programas que mantienen en sus largas giras (espero volver a escucharla el sábado 4 de julio en el Palacio de Carlos V), el dominio de cada obra es magnífico.

Del concierto celebrado el pasado lunes dentro de la Gira de Ibermúsica, aunque he leído distintas críticas, me quedo con la de mi admirado Rafael Ortega Basagoiti para Scherzo, de la que iré tomando fragmentos que siempre son doctos y acertados, sabiendo que no se ofende por citarle, y que también hace lo mismo con nuestro común amigo Arturo Reverter, autor de las notas al programa madrileño:

«La sinfonía de Schumann despliega una música de jubilosa exaltación y luminosidad en los movimientos primero y último, un amable carácter en el scherzo que, en realidad, como comenta Arturo Reverter en sus notas, es un elegante y apacible ländler, y evidente solemnidad en los movimientos tercero y cuarto, la del primero de ellos muy lírica y de canto sereno; la segunda más próxima, como también apunta Reverter, al “esplendor de la expresión eclesiástica».

Si en mis palabras ya describo cómo nos hace vivir y sentir la batuta del húngaro, retomo al doctor Ortega: «Fischer es un maestro de contagiosa energía e intensidad, con un gesto muy efusivo, ayudado por una batuta de longitud considerable (“de las de antes”, podría decirse), generalmente claro, aunque ocasionalmente entra en cierta confusión por alguna tendencia al arrebato fogoso. Pero la intención musical, el concepto, es siempre tan interesante, que termina ganándonos por encima de pequeñas objeciones puntuales. Le ayudó mucho la calurosa entrega del concertino Daniel Bard».

Personalmente la “Sinfonía Renana” (segunda de las cuatro que compuso Schumann aunque figura siempre como tercera) con semejante despliegue orquestal sonó grande en las dinámicas, pues la cuerda es capaz de compensar el viento y el balance siempre resulta ganador, alcanzando matices extremos sin perder presencia. En esto coincido con Don Rafael:

«Consiguió Fischer el carácter apropiado a la exultante música de Schumann. Apasionado, efusivo, el primer movimiento, con una respuesta orquestal brillante, empastada y de espléndida sonoridad. Algún matiz piano pudo haber quedado más adelgazado y certero, pero la música llegaba con claridad de planos y envidiable calor expresivo. Se tradujo con afable, tranquilo canto y excelentes inflexiones el ländler, muy lírico, que se dibuja en el atípico scherzo. La orquesta seguía siendo un lujo, con una cuerda homogénea y muy bien empastada, una madera de estupenda sonoridad y unos metales de envidiable redondez. El soberbio final de las trompas en este movimiento fue todo un ejemplo de ello. Estupendo el canto también de clarinetes y fagots en el inicio del Nicht schnell, trazado con estupenda sensibilidad y delicados matices. La atmósfera de solemnidad casi religiosa llegó sin decaer, con fantásticos trombones, a los que luego se sumaron trompetas y trompas para una fanfarria en el tramo final del movimiento de formidable impacto, aunque la nutrida cuerda pudo haber puesto algunas gotas más de misterio en la conclusión».

Y parafraseando un anuncio de mis años jóvenes, “un poco de Wagner es mucho”. Oviedo tiene centenaria tradición lírica, y se notó por la presencia de más aficionados que los habituales sinfónicos. Madrid y Oviedo han sido verdianos mientras Barcelona y Gijón wagnerianos. Los omnívoros, como quien suscribe, disfrutamos con ambos aunque la lengua italiana la sintamos más cercana que el duro idioma de Goethe. Pero si nos proyectan sobretítulos con la traducción, aunque parezcamos tontos mirando todos para arriba, cuando no hay escena el ridículo es menor (recordando un comentario que hizo a propósito de esta instalada costumbre Muti en un encuentro con motivo de un “Falstaff” para recordar en agosto de 2015).

Para las notas al programa ovetense nadie mejor que el compositor y profesor calasparreño Pedro Gómez, pues tiene un programa en Radio Clásica titulado precisamente “Desmontando a Wagner”. La lectura la dejo pinchando en el enlace o hipervínculo (los modernos siguen utilizando el anglicismo “link”). Y del tándem Ortega-Reverter vuelvo a desgranar lo ya apuntado del lunes 25 en Madrid:

«La Valquiria es, de las cuatro óperas del Anillo wagneriano, la que probablemente presenta una más continuada intensidad dramática, una vibración que no concede respiro alguno ni a intérpretes ni a oyentes (… ) la escena final del acto III con Wotan y Brunhilde es uno de los momentos más hermosos de la historia de la ópera. Y fue precisamente esa escena final (la tercera) del acto III la que Fischer y la orquesta húngara brindaron (…)  con Ingela Brimberg como Brunhilde y Hanno Müller-Brachmann como Wotan. Procede suscribir completamente lo anotado por Arturo Reverter respecto a este final: tras “un larguísimo dúo entre Wotan y Brünnhilde, en el que se hace memoria de todo —como en la entera Tetralogía—, el dios ha de castigar a su hija predilecta por haberlo desobedecido. Invoca a Loge para que rodee de fuego la roca donde va a depositar a la joven ya dormida y se despide amargamente de ella en uno de los monólogos más extraordinarios de la historia de la ópera”. En efecto, si la escena entera es de una intensidad ante las que no cabe ni el parpadeo, los quince minutos finales son de un nivel de emoción difícil de resistir. Por encima del manejo magistral y recurrente de los leitmotivs está el desfile de sentimientos. El tenso diálogo entre padre e hija que se inicia en la escena, con Brunhilde enfrentando a su padre a sus propias contradicciones, éste dedicándole palabras crueles (“El dios nunca más debe verte”), ella suplicándole que quien la tome sea digno (“aquél que me consiga debe merecerlo”) y finalmente rogando al menos que ponga algún obstáculo, que resulta ser el fuego de Loge alrededor de la roca en que ella dormirá el sueño decretado por su padre. Hay de todo en estos minutos: amor, rigor, explicación, súplica, una disciplina inclemente que obedece a un destino que se supone inmutable. Wotan está, cómo no, atormentado, pero no puede eludir el amor y la ternura por su hija. Todo ello asoma finalmente en su largo monólogo, con Brunhilda ya sumida en el sueño, en el que todo el amor callado sale a relucir desde las primeras palabras (¡Adiós, valiente y maravillosa hija!) hasta el desgarro que encierran las del tramo final (¡Así se aparta de ti el dios, con un beso a tu divinidad!) para culminar con la amenaza a pusilánimes y cobardes (¡Aquel al que la punta de mi lanza aterrorice nunca logrará atravesar el fuego!), emitida, como señala Reverter, a plena voz. La supeposición del motivo del fuego mágico, con el de Loge y el de Siegfried consigue en este tramo final una intensidad emotiva difícil de describir… y de igualar. Unos momentos inolvidables».

Si en la Rheinische el ejército sinfónico era digno del Imperio Austrohúngaro, este final de Die Walküre resultaba lo más adecuado “para invadir Polonia” con permiso del genial Woody Allen (con estatua a tamaño real en la capital asturiana). A partir de ¡8 contrabajos! se puede  calcular el resto de la cuerda, y del viento ya se sabe cómo se las gastaba Don Ricardo. Incluso la percusión, además de unos timbales siempre ajustados, también se trajo triángulo, platillos y yunque, aunque sólo fuese para un par de compases, pero así está escrito. Los metales son pura artillería pero aterciopelada (¡qué placer escuchar las trompas perfectas! que Max Valdés llamaba los bronces), sus juegos tímbricos con trompetas, trombones y tubas, pues la orquestación wagneriana es un tanque que pasa a camuflarse por la inmensidad de los contrastes dinámicos. Y en el final de “La Valquiria” no están en Bayreuth sino apuntando a las espaldas del dúo para esta gira, solvente y con un Fischer igual de amable sin renunciar al generalato de este batallón sinfónico. De acuerdo con lo escuchado por el doctor en Madrid y las referencias a Don Arturo:

«La interpretación (…) fue gobernada con gran instinto dramático por Iván Fischer, que construyó con fluidez un discurso intenso, contrastado y fluido, con un clímax de gran carga dramática y un tramo final realmente emocionante. Tuvo a su disposición el lujo de la orquesta húngara, que lució con esplendor sus muchas virtudes. Estupenda y bien ajustada cuerda, preciosa sonoridad de la madera (maravilloso el clarinete bajo en el tramo inicial) y unos metales de una seguridad, redondez y poderío extraordinarios. Y, como es característico en él, sacó el mejor partido de tan distinguidos mimbres. Extraordinario. Hay que coincidir nuevamente con Reverter cuando señala, con su experto conocimiento de la cosa vocal, las exigentes características que han de poseer los cantantes encargados de los dos papeles para conseguir una interpretación de garantías. Para Brunhilde, en efecto, se reclama “una soprano dramática auténtica; puede que una de las más amplias de la literatura junto a la posterior Elektra de Strauss” (…) La veterana sueca Ingela Brimberg (Estocolmo, 1964) tiene la tesitura (más que muy exigente, como destaca Reverter). La voz tiene buena presencia, y aunque el vibrato empieza a rozar cierto exceso de amplitud, conoce al dedillo el papel (…) cantó de memoria su parte, al contrario que Müller-Brachmann) y lo tiene bien dominado en lo dramático. No fue la suya una Brunhilda inolvidable, pero sí muy notable en el carácter y la intención dramática. Nuevamente hay que hacerse eco de la atinada afirmación de Reverter en el caso del dios. Wotan es un “reto auténtico para un cantante poderoso, un bajo-barítono o barítono heroico, un Heldenbariton, capaz de tronar y de plegarse al lirismo más absoluto en este incomparable cierre”  (…) Müller-Brachmann tiene una voz noble, que se mueve con más soltura en centro y grave que en el agudo, donde evidenció alguna tirantez (…) y eso, en momentos como esa amenaza final a plena voz (frente a toda la potente orquesta wagneriana, cierto es), se nota. Más entonado en los momentos de más fina expresión que en aquellos donde se pide una imponente presencia que no alcanza. Cumplidor, sin duda, aunque tampoco un Wotan que deja huella. Con todo, la música es tan sobrecogedora y emocionante que, cuando se sirve con un plausible nivel de prestación vocal (como así fue) y con excelencia orquestal (como también ocurrió), el éxito está asegurado».

Ingela Brimberg fue una verdadera Valquiria, poderosa, dominadora del rol de Brünnhilda que lleva años cantándolo y la expresión de lo que se espera de una soprano wagneriana que los años no han hecho perder su volumen ni dramatismo. Y del bajo-barítono Müller-Brachmann, más segundo que primero, me quedo con su color, redondo, de buena proyección, deleitándonos en las pocas intervenciones “a capella” o con el “tanque” apuntando a la retaguardia antes de volver a cargar la munición en un Wotan más humano que dios, más preocupado de la partitura que de avivar el fuego.

Un éxito con el público en pie lanzando bravos al dúo y sobre todo a este «Festival Fischer» de quien hubiésemos deseado una cabalgata de propina, pero tras la dura batalla desde el Rhin hasta el castillo del Walhalla estas huestes germano-magiares bien se merecían “el descanso del guerrero”.

En Granada también lo contaremos, si nada lo impide…

PROGRAMA

Robert Schumann (1810-1856)

Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 («Renana»):

I. Lebhaft

II. Scherzo: Sehr mäßig

III. Nicht schnell
IV. Feierlich

V. Lebhaft

Richard Wagner (1813-1883)

Escena final de Die Walküre (La Valquiria), www 86b (Acto III, escena 3- «Despedida de Wotan»

y «Fuego mágico»).

Bellos lamentos

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Miércoles 27 de mayo, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio, XIII Primavera BarrocaCircuitos Oviedo CNDM. Les Épopées, Eva Zaïcik (mezzosoprano), Stéphane Fuget (clave, órgano y dirección): Lamenti. Obras de B. Strozzi, Felice Sances, R. Rognoni, T. Merula, M. Rossi, F. Cavalli, C. Monteverdi, D. Mazzocchi y A. Falconieri.

Con tiempo veraniego finaliza la decimotercera edición de esta Primavera Barroca en colaboración con el CNDM con el famoso conjunto francés Les Épopées bajo la dirección, clave y órgano de Stéphane Fuget y el regreso de la mezzo Eva Zaïcik que hace tres años en este mismo ciclo llegó, cantó y “reinó”, entonces con Le Consort capitaneado por Justin Taylor. El programa titulado “Lamenti” proponía un intenso viaje por el primer Barroco italiano, con obras de Barbara Strozzi, Claudio Monteverdi, Francesco Cavalli, Tarquinio Merula entre otros autores fundamentales del siglo XVII, en un concierto que combinaba virtuosismo instrumental y expresividad vocal. Como bien explica en las notas al programa Pablo J. Vayón «El lamento constituye uno de los núcleos expresivos más fértiles y persistentes del primer Barroco, un espacio en el que la música abandona definitivamente los equilibrios renacentistas para adentrarse en una retórica del afecto basada en la intensidad, el contraste y la inmediatez».

Con un orgánico un tanto «sui generis» donde se combinan cuerda frotada, pinzada (clave) y pulsada del laúd, más la variante permutando clave por órgano, las propias obras del programa no ayudaban a disfrutar de la limpieza en los ornamentos de unas páginas donde lo mejor fueron aquellas donde se reducían a uno o dos instrumentos, como comento más adelante, si bien hay  que reconocer la calidad de los cuatro instrumentistas con los que el maestro Fuget se rodeó.

También intentó avanzada la primera parte explicar someramente, en un español similar a mi francés, que lo que podría parecer que sonaba mal estaba bien por las afinaciones, modos y la tonalidad del primer barroco aún sin asentar tal como hoy la reconocemos. Pero estaba claro que la protagonista sería la mezzo francesa Eva Zaïcik (Ivry-sur-Seine, 1987) por una voz expresiva, matices muy ricos, buena proyección, color uniforme en todos los registros, con un timbre agudo nunca punzante y un grave poderoso que con este ensemble tan reducido pudimos apreciar aún más.

En L’Eraclito amororo de Strozzi, ya noté que salvo la viola de gamba, los ornamentos ensuciaban los fraseos que la mezzo iba cantando con un legato muy expresivo, y otro tanto en el Usurpator tiranno de Giovanni Felice Sances, original para soprano pero cómoda y bien interpretada por la francesa. De esta página el crítico sevillano apunta que «el bajo de chacona que usa (…)  o los signos especiales empleados por Mazzocchi para marcar con intervalos microtonales las lágrimas de la Magdalena muestran hasta qué punto el lamento aguijoneó la imaginación de los compositores y estimuló una búsqueda constante de novedad musical al servicio de una expresión cada vez más refinada y extrema del padecimiento».

Es habitual alternar en estos conciertos partes cantadas e instrumentales tanto por la variedad como para el descanso vocal, y así disfrutamos de un Rognoni perfecto entre el órgano de Fuget y la viola de Agnès Boissonot-Guibault, un alivio en una tímbrica no siempre variada ni equilibrada, que sí se buscó precisamente en el acompañamiento solo con clave y órgano de la nana conmovedora de Merula, pues la Virgen arrulla al Niño anticipando su trágico destino, así como el virtuosismo de Fuget en una excelente Toccata settima en re menor. (Rossi). Cerraría la primera parte la escena 14 del primer acto de Medea de Il Giasone (Cavalli) donde el «tutti» nunca empañó la presencia y gusto de una Eva Zaïcik siempre pulcra en su línea de canto, dramatismo y agilidades limpias en toda su tesitura así como el acompañamiento remarcando la escena, lo más destacado hasta ese momento.

Nadie mejor para estos «Lamentos» que el propio Monteverdi, del que mi tocayo sevillano escribe en las notas:

«Pocas páginas condensan de manera tan ejemplar este giro como el Lamento d’Arianna, de Claudio Monteverdi, auténtico punto de arranque de la tradición que articula este programa. Su origen se remonta a 1608, cuando la corte de Mantua celebró con extraordinaria magnificencia el matrimonio de Francisco Gonzaga y Margarita de Saboya. En ese contexto festivo vio la luz L’Arianna, fruto de un proceso creativo marcado por la urgencia y la adversidad: la muerte por viruela de Caterina Martinelli, joven cantante destinada al papel protagonista y profundamente querida por el compositor, obligó a rehacer la obra. El libreto de Ottavio Rinuccini se ha conservado completo, pero de la música solo ha sobrevivido esta pieza deslumbrante, que Monteverdi reutilizaría desde Venecia, como madrigal a cinco para su VI Libro de madrigales (1614) y vuelto a lo divino como Pianto della Madonna».

Interesante la versión tanto de una expresiva y contenida Zaïcik como de Les Épopées, retardando las caídas al acorde que resuelve, silencios bien marcados y la sonoridad  mejor al alternar clave y órgano para darle esa riqueza a un orgánico algo monócromo, repitiendo la fórmula en la Intonazione cromatica del terzo tono de Merula. También pudimos disfrutar del solo de arpa de Marina Bonetti para lucirse despojada del resto del orgánico y retornar a las lágrimas de Mazzocchi  y «la Strozzi», siempre con las sensaciones que crean unas disonancias tan expresivas como la propia mezzo en los textos de Giovanni Pietro Monesi, donde la voz encarna la melancolía elevada a sufrimiento de esta amante cantando este lamento.

Más equilibrado el conjunto con La suave melodia e su corrente (Falconieri) con la melodía a cargo de la viola de gamba y la corriente estaba interpretada de una manera exquisita por el laúd, más un clave bien ornamentado dejando el protagonismo al dúo.

Cerraba programa y primavera barroca el Cavalli de su ópera Xerxe (la escena 18 del segundo acto, «Luci mie») con todos  los efectivos a mayor gloria de una Zaïcik, página que apunta al primer bel canto, con los conjuros mágicos de Medea más la ingenuidad íntima y doliente de la joven hija de Ariodante. Buen broche para esta mezzo siempre entregada, expresiva, con un color que si ya es bello, seguro que en pocos años esmaltará todavía más, y un cuarteto que brilló en momentos puntuales y casi solísticos, aunque la mano maestra de Fuget siempre buscó el encaje con la solista.

Al menos la alegría vino con una propina donde apreciar esa faceta de esta mezzo francesa que dejó atrás los lamentos para coquetear en una simpática canzonetta que cambió la oscuridad por la luz en un día veraniego cerrando esta decimotercera primavera barroca carbayona.

PROGRAMA:

I

Barbara STROZZI (1619-1677)
De Cantate, ariette e duetti, op. 2 (1651):

14. L’Eraclito amoroso

Giovanni FELICE SANCES (1600-1679)

De Cantade, libro 2 (1633):

2. Usurpator tiranno

Riccardo ROGNONI (ca. 1550-1620)

Diminutions sur ‘Ancor che col partire’ (1592)

Tarquinio MERULA (1595-1665)

Canzonetta spirituale sopra alla nanna (1636)

Michelangelo ROSSI (1602-1656)

De Toccate e correnti:

Toccata settima en re menor

Francesco CAVALLI (1602-1676)

De Il Giasone (1649):

Medea: Dell’antro magico (acto i, escena 14)

II

Claudio MONTEVERDI (1567-1643)

Lamento d’Arianna, SV 22 (1623)

T. MERULA

Intonazione cromatica del terzo tono

Domenico MAZZOCCHI (1592-1665)

De Dialoghi e sonetti (1638):

9. Lagrime amare

B. STROZZI

De Diporti di Euterpe, op. 7 (1659):

4. Lagrime mie

Andrea FALCONIERI (ca. 1585-1656)
De Il primo libro di canzoni, sinfonie… (1650):

La suave melodia e su corrente

F. CAVALLI

De Xerse (1654):
Adelanta: Luci mie (acto II, escena 18).

LES ÉPOPÉES:

Agnès Boissonnot-Guilbault, VIOLA DE GAMBA

Yuli Bayeul, LAÚD

Marina Bonetti, ARPA

EVA ZAÏCIK, MEZZOSOPRANO
STÉPHANE FUGET, CLAVE, ÓRGANO Y DIRECCIÓN

Arde París

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Martes 21 de mayo, 19:30 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Emily D’Angelo (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Arriaga, Rossini y Falla. Fotos de Pablo Piquero y propias.

En una semana de lo más musical, acabando mayo llegaba el antepenúltimo de los Conciertos del Auditorio «Con París como telón de fondo» como titula Pablo Meléndez-Haddad las notas al programa. Y Oviedo Filarmonía pasaba con la ductilidad a la que nos tiene acostumbrados del foso zarzuelístico al repertorio sinfónico, con un ajetreado final de temporada, que nuevamente con su titular Lucas Macías Navarro (quien además acaba de renovar hasta la temporada 2027-28 con la OCG y la nueva gerencia de Ana Mateo). Orquesta y maestro siguen creciendo y haciendo crecer cada actuación en estos años de estabilidad.

Volvía nuevamente a Oviedo la mezzo canadiense Emily D’Angelo (Toronto, 23 de septiembre de 1994) que tan grato recuerdo nos dejó hace cuatro años, encandilando al numeroso público del auditorio especialmente con Rossini, pero esto lo cuento más adelante.

Al malogrado compositor vizcaíno Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Baizola (Bilbao, 1806 – París, 1826) se le ha llamado «El Mozart español» por ser un niño prodigio pero de sorprendente «madurez melódica y expresiva» como nos cuenta mi tocayo periodista, historiador y crítico musical. No es habitual en lo conciertos pese a que su calidad es equiparable a los mejores clásicos, manteniendo un estilo propio. Retomo las notas de Meléndez-Haddad sobre el genio vasco (de quien conmemoramos su 200 aniversario), «formado como músico en París, con once años ya comenzaba a destacar por su calidad y obras como su  ópera Los esclavos felices (1820), escrita el año anterior a su traslado, con 15 años, a París, donde se inscribiría en la École Royale de Musique et Declamation, siendo discípulo de Cherubini, quien le nombró profesor ayudante, sus obras se mueven entre el Clasicismo vienés y el incipiente Romanticismo francés».

La Sinfonía en Re para orquesta sinfónica, es una partitura ideal para formaciones como Oviedo Filarmonía. La Orquesta del Conservatorio de París, que la estrenó, no llegaba a los 40 músicos, mientras en el auditorio estos eran toda la cuerda (capitaneada por Marina Gurdzhiya) más viento a dos -sin trombones ni tuba- y timbales. De las grabaciones existentes, tengo en CD las de López Cobos con la Orquesta de Cámara Inglesa, y la de Jordi Savall con su orquesta Le Concert des Nations, ambas dignas de reescuchar, y que en el directo de esta jueves con calor veraniego, sumó fuego a todo el programa.

De estructura clásica en cuatro movimientos (Adagio, Andante, Allegro-Minuetto y Allegro con moto), su orquestación permitió comprobar el excelente momento de esta orquesta ambiciosa y colorista como la propia partitura de Arriaga. Una madera empastada, cuarteto de metales a pares (trompetas y trompas) de sonido orgánico y una cuerda que da gusto escucharla con un sonido claro, aterciopelado y compacto, siempre bien llevada de la(s) mano(s) de Macías.

El cisne de Pésaro tiene un lenguaje propio e inimitable por su manejo melódico, las armonías y una instrumentación única, tanto en sus óperas como en los «pecados de vejez». Esta Giovanna d’Arco (1832), cantata para voz solista y piano, en el arreglo para orquesta de Salvatore Sciarrino (Palermo, 1947), Rossini la estrena primero en su casa parisina (1 de abril de 1859) con él al piano y la célebre Marietta Alboni, antes de abandonarse a los placeres culinarios. Hay una versión orquestal de 1842, aunque la de Sciarrino es un encargo del Festival Rossini (1989) estrenada por nuestra Teresa Berganza bajo la dirección de Alberto Zedda.

Como tantos otros, el italiano se rindió a la santa doncella quemada en la hoguera, con ese estilo romántico que no faltó en la interpretación de una Emily D’Angelo ideal por tesitura, color, proyección e incluso dramatismo. Página bien interiorizada por la mezzo canadiense a quien solo faltó el fuego alrededor, pero que puso toda la carne en el asador, bien cocinada por Macías y la OFIL que mantuvo bien planos y dinámicas, en parte por una mezzo de registro grave, cercano al original de contralto, aunque con unos agudos y agilidades casi «belcantistas» que le permitieron afrontar esta cantata operística por su escritura (donde no faltan los recitativos) con una orquesta que fue manteniendo vivo el fuego enriqueciendo el original con piano.

La orquestación de Salvatore Sciarrino es totalmente respetuosa con el estilo del gourmet, y nos permitió disfrutar de una OFIL magnífica en todas las secciones, arropando a esta Juana de Arco convincente, pletórica y con una dramatización digna de las grandes figuras de la lírica (como demostrase en su recital junto a la soprano ucraniana Olga Kulchynska) incluso por el vestuario y corte de pelo habituales.

Sobre esta cantata, Meléndez-Haddad escribe: «Sigue siendo un misterio la autoría del libreto utilizado por Rossini en su Grande scena Giovanna D’Arco. Cantata a voce sola con accompagnamento di piano, espressamente composta per Madamigella Olimpia Pélissier da Rossini, aunque algunas fuentes apuntan al libretista Gaetano Rossi (1774-1855), quien colaboró con Vaccai en una ópera basada en la vida de la santa. Lejos de pretender brindar dimensión operística a esta pieza, una de las últimas de Rossini antes de su abrupta retirada, el compositor opta por un monólogo para voz de contralto con la típica estructura de cantata italiana con raíces en el Barroco dividida en recitativo / aria / recitativo / cabaletta brillante, secciones que permiten detallar la lucha interior de la heroína. El arco dramático camina desde un comienzo íntimo, melancólico, para posteriormente evocar a su madre y a su familia (“O mia madre, se frattanto”), para decantar en una emoción tan contenida como profunda antes del apasionado final (“Corre la gioia di core in core”), en el que la doncella, plena de energía y determinación, acaba celebrando su infausto destino». Así la afrontaron D’Angelo y OFIL con su titular Macías Navarro, una página poco habitual en los conciertos y que el público asturiano tan lírico siempre agradece acudiendo puntualmente a estos conciertos.

Este año se conmemoran los 150 años del nacimiento y 80 de la muerte del gaditano Manuel de Falla (1876-1946) cuya música eleva el nacionalismo español hasta el universo mundial, con obras sinfónicas que son habituales en los conciertos, más aún en este 2026. Para la ocasión y aprovechando la presencia de la mezzo canadiense, la segunda parte la ocuparía El amor brujo (versión de 1925). El maestro Macías repetirá con Falla en el 75 Festival Internacional de Granada al frente de la OCG en la primera versión inédita de 1905 de su ópera La vida breve el próximo 10 de julio en el Palacio de Carlos V en este #Falla150, donde en el amplio elenco estará el tenor asturiano Alejandro Roy (dejo sobre estas líneas el avance en el programa). 

El amor brujo es un ballet-pantomima escrito para orquesta de cámara entre 1914 y 1915, recién acabado de llegar de París, donde residía, huyendo de la guerra. «Sobre un libreto de María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra lo presentará en 1915 en el Teatro Lara de Madrid como gitanería, incluyendo danzas, canciones y texto según lo solicitado por la mítica Pastora Imperio. Al año siguiente Falla replantea la obra y propone una orquestación para conjunto sinfónico antes de una tercera revisión que se daría a conocer en París en 1923, la misma que, dos años después, estrena como ballet». Si de Arriaga refería mis grabaciones, de este «Falla brujo» casi puedo decir que colecciono versiones de todo tipo, donde no faltan las cantaoras pues en El amor brujo late el profundo conocimiento que Falla tenía del cante jondo (recordando que en 1922 junto a Lorca organizó en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra granadina el primer concurso, germen del actual festival internacional de música y danza de la capital nazarí). Pero si me piden una, aunque todos sepamos lo que supone grabar en estudio y nada que ver con el siempre irrepetible directo, me quedo con Rocío Jurado y la ONE dirigida por Jesús López Cobos, banda sonora de la película de Carlos Saura, pues nadie como la chipionera para poner fuego, pasión, celos y fantasmas, el retrato de Candela y Carmelo, la pareja de enamorados que lucha contra todo, un canto al amor teñido de genuino duende y quejío. Claro que de las líricas evidentemente elijo a la siempre recordada madrileña Teresa Berganza, porque sigue siendo mi referente entre «las grandes de la escena».

Es difícil para las mezzos y aún mejor contraltos rodadas en la lírica, captar la esencia flamenca que exige otra técnica y estilo, más tras el Rossini anterior donde el fuego alcanzó altas temperaturas para arrancar este Amor brujo ovetense. Para la Candela canadiense con perfecta dicción española no es el mejor papel al que enfrentarse. Sobreponiendo a su vestuario una gasa negra con grandes lunares -un toque actual flamenco-, sus intervenciones (Canción del amor dolido, Canción del fuego fatuo, Danza del juego del amor y Las campanas del amanecer) fueron de menos a más, pues la orquesta arrancó poderosa en la Introducción y escena sin bajar decibelios para el primer número. Para la mezzo en el registro grave pierde volumen aunque mantiene el color y cuerpo que mostró en la primera parte; mejor el fuego fatuo que intentó quemarla como a Juana de Arco, pero solventó con un estilo propio, elegante y bien fraseado, aunque no tenga el quejío flamenco; algo más templada la orquesta en el tercer número pudo lucir presencia y personalidad junto a violín y oboe; mas las campanas finales avivaron las llamas  y en el agudo no pudo brillar porque su color tiende a lo oscuro, aunque por otra parte la orquesta no bajaría el calor a lo largo de los doce números de este ballet en concierto sinfónico-vocal.

Y si Emily D’Angelo exprimió todo su potencial vocal buscando la cercanía a lo nuestro, sería Oviedo Filarmonía quien bordó cada intervención desde todos los principales. Si la trompeta del valenciano Juan Antonio Soriano lució en cada aparición, brillo y color con sordina, de fraseos empastados, el oboe del navarro Jorge Bronte no se quedó a la zaga, incluso en sus diálogos -a lo largo de todo su registro- con trompeta y flauta, más aún «jugando con el amor» de la mezzo. Importante e imponente la trompa del de Liria, Víctor Talayero, en la primera parte, más Daniel Ayala en Falla que no falla: de afinación exquisita y empastes con los metales muy destacados. La flauta de la cartagenera Mercedes Schmidt brilló a lo largo de todo el concierto (verdadero pájaro cantor); el clarinete de la madrileña Inés Allué mantuvo el altísimo nivel interpretativo. Contar con el piano del virtuoso ruso Sergey Bezrodny sigue siendo un lujo para toda orquesta, más el violín de la moscovita Gurdzhiya «cantando» con D’Angelo el juego del amor resultó uno de los momentos más líricos junto a su solo en la Pantomima, y otro tanto el chelo siempre solvente del avilesino Gabriel Ureña en el mismo número. El cuarteto de contrabajos sobre la tarima logró la sonoridad rotunda y necesaria en los graves más el empuje rítmico junto a los timbales siempre acertados del ilerdense Daniel Ishanda. Toda la cuerda sonó rica de color, presente, bien balanceada, y el maestro onubense Macías dejándoles interpretar gustándose (tanto en la Escena como la Pantomima resultaron otros momentos orquestales de altura para cada sección y principales brillando todos a gran nivel). La conocida Danza ritual del fuego bien avivado por el tempo elegido, sirvió para deleitarnos con esas maravillosas dinámicas sinfónicas y los balances precisos de los principales junto al tutti poderoso con un final que dejó esta evocación de un París en llamas para este jueves caluroso pero sin quemarnos.

PROGRAMA

PARTE I

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826)

Sinfonía en re

Adagio / Andante / Allegro-Minuetto / Allegro con moto

Gioachino Rossini (1792-1868)

Giovanna d’Arco, cantata para voz solista y orquesta (arreglo para orquesta de Salvatore Sciarrino)

PARTE II

Manuel de Falla (1876-1946)

El amor brujo (versión de 1925)

Introducción y escena

Canción del amor dolido
El aparecido (El espectro)
Danza del terror
El círculo mágico. Romance del pescador A media noche. Los sortilegios
Danza ritual del fuego
Escena
Canción del fuego fatuo
Pantomima
Danza del juego del amor
Final. Las campanas del amanecer

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