Inicio

Najarro revive La Argentina

Deja un comentario

Sábado 11 de julio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Les Ballets Espagnols de «La Argentina», Antonio Najarro (dirección artística y coreografía): Obras de Julián Bautista, Isaac Albéniz, Ernesto Halffter. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara.

Mi última noche en el Teatro del Generalife para disfrutar de un espectáculo tan universal como la danza española a través de una de las figuras más interesantes y algo olvidadas como Antonia Mercé «La Argentina» (Buenos Aires, Argentina, 1890-Bayona, Francia, 1936), felizmente recuperada por un grande como es Antonio Najarro, quien retoma el nombre de los espectáculos de Mercé Les Ballets Espagnols cortos en el espacio (de 1927 a 1929) pero que enamoraron a tantos otros artistas por su combinación entre tradición y vanguardia, y que la presentación de la web nos ponía en contexto precisamente titulándola Recuperar a Antonia Mercé:

Cuando el 18 de julio se van a cumplir 90 años del prematuro fallecimiento de Antonia Mercé «La Argentina», pionera de la danza española de principios del siglo XX, Antonio Najarro indaga con su compañía en el mundo creativo de la bailarina y coreógrafa para retomar los ballets que creó con su efímera compañía. Este programa une tres de los títulos esenciales estrenados en París de quien fue figura internacional de la danza y cuyo ejemplo ha sido crucial para el desarrollo coreográfico y estilístico de nuestro arte. Permanecen invariables las partituras de cada uno de los ballets, Juerga (Julián Bautista), Triana (Isaac Albéniz) y Sonatina (Ernesto Halffter); en sus trajes y escenografías hay rigor hacia lo original e inspiración para los nuevos diseños de Yaiza Pinillos. Las coreografías de La Argentina, sin embargo, no se conservan y Najarro se ha acercado a su universo de movimiento desde su perspectiva actual, para recrearlos en su aspiración de danza española moderna con impulso de universalidad.

Tres números que nos dan una idea de lo avanzada que fue «La Argentina», así por el país donde nació, siguiendo la moda del momento entre las artistas a llamarse con seudónimos, cuando debutó en Madrid en su adolescencia. Cristina Marinero autora de las excelentes notas al programa, comienza con una cita de Jacinto Benavente en «Acotaciones» (11 de noviembre de 1911) para describir a esta avanzada de su época: “con sus danzas, es una de las pocas artistas que merecen ser consideradas como tales entre las que se presentan al público”.

Globalmente el espectáculo se organizó en las tres coreografías famosas ya citadas, aunque no conservadas pero sí informadas por Najarro, donde todo es de destacar, desde el vestuario hasta la música, tanto grabada como en directo, que figura en el programa de mano, pero sobre todo los los diseños de vídeo proyecciones e ilustraciones: para Juerga los de Emilio Valenzuela inspirados en el diseño original de Manuel Fontanalsa, para Triana en los diseños originales del pintor canario Néstor de la Torre (1887 – 1938), otro avanzado del su tiempo, incluso en su diseño del vestuario, escenografía y figurines espectaculares reinterpretando de los vestidos de volantes en estética vanguardista, así entendidos para la Sonatina con las vídeo proyecciones de Néstor L. Arauzo y Davitxun, ya del por sí dignas de guardarse por sí solas, resultando el mejor decorado para los tres momentos, a cual mayor en belleza, colorido, plasticidad por una compañía de danza que ha entendido las bases del ballet para llevarlas a la danza española (hasta con las castañuelas virtuosas), así más universal que nunca.

Con un solo foco iluminando al guitarrista José Luis Montón, siempre con su sombrero, a quien hace 16 años escuché en Gijón con «Bach como disculpa», interpretaría la «Andaluza» de Granados aún sin los dedos suficientemente sueltos y con una amplificación tan excesiva que se escuchaba aún con más precisión desde el deslizarse sobre el mástil hasta la afinación, el prólogo abrió la Juerga madrileña a más no poder, el Ballet-pantomima en un cuadro con música del exiliado Julián Bautista perteneciente al llamado “Grupo de los Ocho”, en una versión grabada por Manuel Coves con la Sinfónica de Tenerife. El vestuario de Yaiza Pinillos logró el color y estilo de cada personaje, desde el ciego con su bastón a los tunantes sin instrumentos, a la violetera y «la flamenca del pañolón», o los chulapos y señoritingas, sin faltar un torero goyesco. Juegos y movimientos de mantones, capas y capotes siempre efectistas, junto a la coreografía que nos hace entender el libreto libreto de Tomás Borrás, porque la danza es escena musical sin palabras.

Volvería la guitarra del barcelonés Montón como Interludio interpretando al sevillano Manuel Infante (1883-1958) y su visión personal de El vito, mezcla de la canción popular que Lorca también arregló, con el igualmente popular intermedio, más que la propia zarzuela, “La boda de Luis Alonso” (G. Giménez), virtuosa versión con trémolos, rasgueos y el sabor flamenco de la mal llamada música clásica, pues mejor no etiquetarla nunca.

Triana sería impactante por todo lo ya citado, el vestuario rompedor con la música de la «Iberia» (Albéniz) y los números Evocación, plasticidad, movimientos perfectos, El Albaicín con la cercanía geográfica y popular, El Corpus Christi en Sevilla donde el trono parecía real apareciendo con el baile en una evolución de la cruz del fondo tan trianera como la última, recordando mi Sevilla de 1982 y el azulejo en “Las Golondrinas” con el texto de Antonio Domínguez Fombella:

Si me perdiese algún día
que me busquen en Triana,
no vayáis hacia mi Asturias,
tal vez allí, oigáis mi gaita,
suspirar tiernos recuerdos
en mágica resonancia.
Buscadme en los aledaños
de una taberna en Triana,
donde nuestro amigo Paco
tiene aroma de albahaca,
me da de beber buen vino
de humildad y templanza;
si me perdiese algún día,
allí encontraréis mi alma.

Descanso suficiente para hidratarse, la mente en mi tierra y la Sonatina de Ernesto Halfter (1905-1989) perteneciente a la “Generación del 27”, con la música en vivo a cargo de Constanza Lechner al piano y ¡el cajón!), Sergio Menem al  violonchelo, y José Luis Montón  de nuevo, guitarra clásica encajando a trío la música del único discípulo de Falla, y que para el compositor madrileño se convirtió en motivo de tensiones con Antonia Mercé. Para la danza española al no ser un ballet español como se entendía entonces, lo recompuso en 1929, volviendo a llevarme a mi tierra, la canción “Pastor que estás en el monte” que utiliza en la obra y escuchándose grabada un fragmento entre los distintos cuadros. Fondos oníricos, casi dalinianos, el simbolismo europeo, con un vestuario tan rompedor como hace cien años junto a la coreografía de un Antonio Najarro que sigue marcando estilo propio desde el conocimiento profundo de la danza.

La tarde del sábado estuvo gris pero al menos la noche tuvo luna lorquiana proyectada, y mi bajada evitando caminar nuevamente por el bosque de la Alhambra para intentar conciliar rápido el sueño. Aún queda otro día antes de la vuelta a casa.

ELENCO:

PROGRAMA:

Prólogo

Enrique Granados (1867-1916): Danza española «Andaluza», op. 37 nº 5

Guitarra: José Luis Montón

Juerga

Ballet-pantomima en un cuadro, op. 4

Música: Julián Bautista (1901-1961)

Libreto: Tomás Borrás (1901-1961)

Grabación musical: Sinfónica de Tenerife (Manuel Coves, director)

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos

Diseño de vídeo proyecciones e ilustraciones: Emilio Valenzuela inspirado en el diseño original de Manuel Fontanals

Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel

Estrenado en el Théâtre National de l’Opéra-Comique de París el 29 de mayo de 1929 por Les Ballets Espagnols con coreografía de Antonio Mercé y escenografía de Manuel Fontanals

Interludio

Manuel Infante (1883-1958): El vito

Guitarra: José Luis Montón

Triana

Fantasía coreográfica sevillana

Música de Isaac Albéniz (1860-1909): Evocación, El Albaicín, El Corpus Christi en Sevilla y Triana (de “Iberia”)

Libreto: Enrique Fernández Arbós (1863-1939)

Grabación musical: Sinfónica de Tenerife (Manuel Coves, director)

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos inspirada en los diseños originales de Néstor de la Torre

Diseño de vídeo proyecciones e ilustraciones: Emilio Valenzuela inspirado en los diseños originales de Néstor de la Torre

Diseño de iluminación: Nicolás Fischtel

Estrenado en el Théâtre National de l’Opéra-Comique de París el 27 de mayo de 1929 por Les Ballets Espagnols de Antonia Mercé, La Argentina, con escenografía y figurines de Néstor de la Torre

Sonatina

Música: Ernesto Halffter

Dirección y coreografía: Antonio Najarro

Dirección de escena: Carolina África

Diseño de vestuario: Yaiza Pinillos

Diseño de vídeo proyecciones: Néstor L. Arauzo y Davitxun

Diseño de iluminación: Sergio Torres

Estrenado en el Théâtre Fémina de París el 18 de junio de 1928

Sonatina es una coproducción de la Fundación Juan March y Palau de les Arts de Valencia

Guitarra: José Luis Montón

Piano y cajón: Constanza Lech

Violonchelo: Sergio Menem

Perianes no falla

1 comentario

Lunes 6 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Recital. Patio de los Arrayanes: Javier Perianes (piano). Obras de Falla, Chopin y Albéniz. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Hay lugares donde el piano parece encontrar su espacio natural. El Patio de los Arrayanes es uno de ellos. El rumor constante del agua, la geometría serena de la Alhambra y el silencio expectante del público componían el mejor marco posible para el regreso de Javier Perianes (Nerva, 1978), uno de esos músicos que no necesitan demostrar nada porque llevan años confirmándolo todo. Lo llamé hace años «el Sorolla del piano» con su aquiescencia, porque, como el pintor valenciano, trabaja la luz más que el color. Sus interpretaciones nunca buscan el efecto inmediato, sino esa claridad que parece surgir desde dentro de la propia música. Cada obra termina iluminada de una manera distinta.

La web del festival titulaba Falla y su profeta con las siguientes palabras:

En el año dedicado a Manuel de Falla, la presencia de Javier Perianes, uno de sus intérpretes de referencia, adquiere un valor especialmente significativo. El pianista regresa a los Arrayanes con un programa que sitúa a Falla en diálogo con dos figuras decisivas de su universo estético. La primera parte explora la afinidad entre el joven Falla y Chopin, visible en nocturnos, mazurcas y piezas de aliento lírico en las que se reconocen la herencia romántica, el refinamiento armónico y la atención al canto interior. En la segunda, las Cuatro piezas españolas de Falla se insertan en el marco más amplio del nacionalismo pianístico, junto a una selección de Iberia de Albéniz, auténtica cima del piano del siglo XX. El considerando traza así un recorrido coherente entre influencia, identidad y madurez creadora.

El programa nunca fue un enfrentamiento, fue una genealogía, una conversación transversal entre estéticas, lenguajes y raíces, leída desde el piano con inteligencia y una extraordinaria capacidad narrativa que Perianes sigue llevando por distintos escenarios.

La velada se abrió con el Nocturno (1896) de un joven Manuel de Falla, todavía impregnado del romanticismo tardío y de la herencia chopiniana, casi entendiendo esta primera parte como “afinidades inesperadas”. Perianes abordó este nocturno con un fraseo flexible y una sonoridad contenida, subrayando su carácter introspectivo sin exagerar la nostalgia para a continuación, el Nocturno en do sostenido menor, op. 27 nº 1 de Chopin que apareció como una prolongación natural del discurso: atmósferas densas, tensiones armónicas sutiles y un uso del rubato tan elegante como controlado.

Las mazurcas reforzaron ese diálogo implícito: la Mazurca en do menor de Falla, seguida de las mazurkas chopinianas (op. 7 nº 2 y op. póst. 67 nº 1), evidenció cómo ambos compositores, desde contextos culturales distintos, supieron transformar la danza popular en materia poética. Perianes evitó cualquier acento “folklorizante” superficial, apostando por una lectura depurada, de ritmos insinuados y clara articulación, pues en estos momentos el mejor Falla sigue sonando en las manos del onubense.

En la Serenata andaluza y la Canción de Falla, sacó a relucir una paleta tímbrica luminosa, casi guitarrística, mientras que obras como el Vals en la menor, op. 34 nº 2 y la Berceuse, op. 57 de Chopin se desplegaron con una ‘cantabilidad’ (si se me permite el palabro) exquisita, de líneas largas y respiración natural, sin perder nunca la tensión interna, Perianes volvió a demostrar que el silencio también forma parte de la interpretación. No deja morir una nota: la escucha extinguirse.

Falla y Albéniz, España como idea sonora que ahondó en nuestra identidad musical desde dos perspectivas complementarias además de enriquecedoras. Las Cuatro Piezas Españolas de Falla (Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza) fueron interpretadas con una claridad estructural admirable, resaltando su modernidad armónica y su refinamiento rítmico, lejos de cualquier pintoresquismo pero de trazo ágil, luminoso y con la luz del mago evocando paisajes nuestros.

Escuchar “Iberia” en la Alhambra tiene inevitablemente algo de regreso al origen. No porque Albéniz escribiera pensando en Granada, sino porque pocas arquitecturas dialogan tan bien con ese mundo sonoro hecho de luz, distancia y memoria. La selección de Evocación, El Puerto, Almería y Triana permitió a Perianes desplegar aún más toda su autoridad en este repertorio del que no solo es embajador sino todo un referente. Mientras escuchaba desde mi incómoda silla Evocación no pude evitar acordarme de Esteban Sánchez, cuya lectura de “Iberia” sigue ocupando un lugar privilegiado en mi discoteca. Las comparaciones son inevitables, aunque también injustas. Perianes no pretende parecerse a nadie. Esta selección posee una claridad de texturas y una naturalidad en el discurso que la hacen profundamente personal.

Primera parte nostálgica, con nocturnidad sin alevosía, honda, sentida, con el poso onubense, y la segunda tan festiva como la victoria de España ante Portugal rozando una prórroga que no llegó a dejarnos in albis.

Y como si me hubiese leído el pensamiento, la propina fue casi una parte extra y con memoria: el propio homenaje a Falla con su Fantasía Bética (1919) que en Cáceres dedicó al ilustre pianista pacense Esteban Sánchez (Orellana la Vieja, Badajoz: 1934 -1997), pues no hubo mejor intérprete para esta impresionante fantasía, cerrando este recital granadino con una fuerza simbólica y musical incontestable. El de Nerva mostró y demostró su vertiente más poderosa y rítmica, sin perder nunca el control ni la claridad, en una obra exigente que resume como pocas el espíritu moderno y telúrico del compositor gaditano. Aún llegarían dos más: Sevilla (Albéniz) rindiendo el tributo al de Campodrón tras la Bëtica que «no falla», puro arte de esta tierra andaluza, y la Danza ritual del fuego (Falla) ardiendo con llamas a punto de quemarnos para concluir el inicio de la última semana de festival.

No todos los grandes pianistas consiguen que el público salga hablando del programa antes que de la dificultad técnica. Javier Perianes sí, porque su virtuosismo nunca reclama protagonismo: está al servicio de la música. Lo verdaderamente memorable de esta noche no fueron los pasajes imposibles de Iberia, ni la arquitectura perfecta de Chopin, sino la sensación de haber asistido a una conversación íntima entre tres compositores separados por el tiempo y unidos por una misma idea de belleza. Cuando terminó el recital, el rumor del agua volvió a quedarse solo en el Patio de los Arrayanes. Quizá era la mejor manera de entender lo que acabábamos de escuchar: un piano que nunca necesita levantar la voz para decirlo todo. Perianes, una vez más, no falló.

PROGRAMA:

I

Manuel de Falla (1876-1946)

Nocturno (1896)

Fryderyk Chopin (1810-1849)

Nocturno en re bemol mayor, op. 27 nº 2 (1835)

Manuel de Falla

Mazurca en do menor (1899)

Fryderyk Chopin

Mazurca en la menor, op. 7 nº 2 (1830- 31)

Mazurca en sol mayor, op. 67 nº 1 (1835)

Manuel de Falla

Serenata Andaluza (1900)

Fryderyk Chopin

Vals en la menor, op. 34 nº 2 (1831)

Manuel de Falla

Canción (1900)

Fryderyk Chopin

Berceuse en re bemol mayor, op 57 (1843, rev. 1844)

II

Manuel de Falla

Cuatro piezas españolas (1906-1909)

Aragonesa

Cubana

Montañesa

Andaluza

Isaac Albéniz (1860-1909)

Iberia (Selección. 1905-08)

Evocación

El Polo

Almería

Triana

El piano danzante

Deja un comentario

Sábado 7 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”. Jan Lisiecki (piano): «World (of) Dance». Obras de Martinů, Falla, Szymanowski, Schubert, Bartók, Ginastera, Chopin, Brahms, Piazzolla y Albéniz.

(Crítica para LNE de lunes 9, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

En Praga está la famosa “Casa Danzante” del arquitecto Frank Gehry (en realidad son dos edificios, también conocidos como “Fred y Ginger”, la famosa pareja de bailarines de Hollywood) en colaboración con el checo Vlado Milunić, un polémico proyecto para el que ambos arquitectos gozaron de total libertad artística. La misma libertad del pianista canadiense Jan Lisiecki para organizar un programa ecléctico y nada habitual titulado “Mundo de danza”, toda una guía musical de viajes por Europa con dos pequeños saltos hasta Argentina, una mezcla de valses, mazurkas, polonesas y tangos, música popular que también se traslada al ballet aunque en el piano todo adquiera una dimensión menos bailable pero más universal, usando distintos elementos que conformaron un edificio sonoro de lo más agradecido para el numeroso y variado público que acudió hasta el auditorio ovetense, tras su concierto en el Palau catalán el pasado jueves, únicas paradas españolas en esta nueva gira.

De las dos partes en las que el canadiense organizó este concierto, la primera parecía una suma de lo que ahora se llaman “encores” -yo sigo diciendo propinas-, seis conjuntos de piezas breves de seis autores bajo el título de danzas, mezclando romanticismo y nacionalismo con aires normalmente ligeros donde disfrutar del virtuosismo del aún joven Lisiecki (Calgary, 23 de marzo de 1995) que lleva desde su más tierna infancia delante de las 88 teclas, de técnica asombrosa pero aún con el ímpetu que le hace transitar por tempos algo precipitados junto a los más aposentados y emotivos lentos imposibles de danzar.

Abría el recital con las “Tres danzas checas” de B. Martinů, temperamentales y de complejas armonías y ritmos que el canadiense llenó de colorido, especialmente en la Polka tercera. Sin pausa ni aplausos (igual en las dos partes) llegaría el homenaje a Falla (150 años de su nacimiento y 80 de su muerte) con las dos primeras Danzas españolas” de “La vida breve, la segunda sugerente por sus contrastes sonoros y dinámicas ricas, más una primera algo atolondrada pero igual de luminosa. Lisiecki es de origen polaco y se nota por cómo entendió las Cuatro danzas polacas” de Szymanowski, exhuberantes y jugando con los tempi y sus acotaciones de aire, desde ese aire chopiniano (que llenaría la segunda parte). Las poco escuchadas Dieciséis danzas alemanas D 783” de Schubert fueron más vienesas que germanas, de melodías bien fraseadas ejecutadas con la elegancia típica del pianista.

Retornaba la arquitectura nacionalista con Bartók y sus coloridas “Danzas populares rumanas Sz 56″, una suite  de seis páginas mezclando vértigo y calma de la tercera (“En el lugar”) donde poder paladear el pianismo delicado despojado de ornamentos, el más interesante de Lisiecki. Algo similar con las famosas Danzas argentinas op. 2” de Ginastera, tres aires evocadores y coloristas donde la intermedia, “Danza de la moza donosa”, fue delicada sutileza entre las otras dos tan explosivas y virtuosas, en un auténtico arrebato rítmico que cerraba casi una hora de lo más intensa.

Para la segunda parte sería la música de Chopin la que nos llegó al alma, mostrando más poso desde una técnica al servicio de cada partitura. El Gran Vals Brillante, los dos valses Opus 34, con un “Lento” enlazado con el Opus 39 nº 15 de Brahms de suma delicadeza (primero sonaría su Opus 39 nº 3), con amplias dinámicas y sonoridad de un Steinway© que parecía otro, llenando toda la sala desde los pianissimi a las fff. El Chopin de Lisiecki es poético, personal, sentido, posado, antes de la sexta “Polonesa Heróica”con la que finalizaría el concierto, todo un derroche técnico de tempi prodigiosos, temperamental y con una ejecución potente (aunque “pise” alguna tecla como ya sucediese en el Campoamor a la “leyenda Rubinstein un inolvidable 7 de junio de 1975).

En este viaje no faltarían un personal “Libertango” de Piazzolla, el otro salto argentino más virtuoso que evocador desde el mismo París bien enlazado con el “Tango” de la “España” de Albéniz, y una impetuosa “Danza ritual del fuego” que adoleció de precisión pero regaló sonoridad antes de la chopiniana heroicidad final.

Lisiecki pudo presumir de sus orígenes polacos sin perder los aires de danza del resto del programa, y así la primera propina fue de su “compatriota” Ignacy Jan Paderewski (1860-1941), el Minueto en sol mayor, Op. 14 nº 1”, para repetir con el Chopin “marca de la casa” y su famosísimo Vals del minuto (“Vals en re bemol mayor, op. 64 nº 1”) que duró lo habitual: minuto y cuarenta segundos, otra muestra de virtuosismo e ímpetu juvenil. Su agenda no para, pero tendrá que hacer alguna pausa para (re)posar y asentar un repertorio propio aún sin definir.

PROGRAMA:

PRIMERA PARTE

Bohuslav Martinů (1890-1959):

Tres danzas checas, H. 154

Obkročák

Dupák

Polka

Manuel de Falla (1876-1946):

Danza española nº 2, de «La vida breve»

Danza española nº 1, de «La vida breve»

Karol Szymanowski (1882-1937):

Cuatro danzas polacas, M. 60

Mazurka: Tempo di Mazurka, animato

Polonaise: Moderato, festivo, pomposo

Krakowiak: Allegretto grazioso

Oberek: Vivace e agitato

Franz Schubert (1797 – 1828):

16 Danzas alemanas, D. 783

Béla Bartók (1881-1945):

Danzas populares rumanas, Sz. 56

Danza con el bastón. Allegro moderato

Danza del cinturón. Allegro

En el lugar. Andante

Danza de Bucium. Molto moderato

Polka rumana. Allegro

Danza rápida. Allegro

Alberto Ginastera (1916-1983):

Danzas argentinas, op. 2

Danza del viejo boyero – Allegro

Danza de la moza donosa – Moderato

Danza del gaucho matrero – Allegro marcato

SEGUNDA PARTE

Frédéric Chopin (1810-1849):

Grande Valse Brillante en mi bemol mayor, op. 18

Johannes Brahms (1833-1897):

Vals en sol sostenido menor, op. 39, nº 3

Frédéric Chopin:

Vals, op. 34

Vivace (la bemol mayor)

Lento (la menor)

Johannes Brahms:

Vals en la bemol mayor, op. 39, nº 15

Astor Piazzolla (1921-1992):

Libertango

Isaac Albéniz (1860-1909):

España, op. 165:

Tango. Andantino

Manuel de Falla:

Danza ritual del fuego, de «El amor brujo»

Frédéric Chopin:

Polonesa en la bemol mayor, op. 53

PROPINAS (Encores):

Ignacy Jan Paderewski (1860-1941):

Minuet en sol mayor, Op. 14 nº 1

Frédéric Chopin:

Vals en re bemol mayor, op. 64 nº 1 (Vals del minuto)

Un mundo de danzas

Deja un comentario

Sábado 7 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”. Jan Lisiecki (piano): «World (of) Dance». Obras de Martinů, Falla, Szymanowski, Schubert, Bartók, Ginastera, Chopin, Brahms, Piazzolla y Albéniz.

(Reseña para LNE del mismo sábado 7 en su web, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

El pianista canadiense Jan Lisiecki (Calgary, 23 de marzo de 1995) traía a Oviedo un programa intenso trufado de danzas a lo largo de la geografía y el tiempo, estilos y dificultades variadas para hacer las delicias de los muchos aficionados al mundo de las 88 teclas, que acudieron en buen número al Auditorio en un largo trayecto donde no faltó el homenaje a Falla en el año del 150 aniversario de su nacimiento.

Luz tenue para empezar viaje en la Chequia de Martinů, bajar hasta la “breve” Andalucía fallesca para tomar rumbo a Polonia (Szymanowski) -prólogo danzante chopininiano de la segunda parte- con escala en Viena y las poco transitadas “Danzas alemanas” de Schubert, reponer fuerzas casi siBartókn aliento en otro corto trayecto destino Rumania con el húngaro Bartók, antes de cruzar el Atlántico hasta la Pampa de Ginastera y sus “Danzas argentinas”, un mate con “la moza donosa” para cabalgar cual gaucho con boleadoras. Un itinerario musical a distintas velocidades pero siempre firmes y seguras: a pie, marcando buen paso, tomando caballo o diligencia, hasta el último en barco (que los vuelos son peligrosos). Con todo Lisiecki arriesga en cada danza desde una técnica impecable y una sonoridad amplia, un piano poderoso y delicado de este viajero que disfruta de paisaje y paisanaje, imaginando trajes de colores, cumbres y llanuras donde lo popular se hace música sin apenas reposo.

Para la segunda gran etapa un trayecto tortuoso y necesitado de mucho poso y reposo, de ballet más que danza aunque mantengamos el ritmo: Chopin de inicio, intermedio para paladear y final por todo lo alto, con Brahms acompañando a pares, más nuestros internacionales Albéniz y Falla, tango y fuego (se quemó algo) que Piazzolla aunó desde el mismo Paris, con nostalgia marplatense, donde triunfó Chopin y sus polonesas (hoy Sexta de arrebato).

En Oviedo triunfó Jan Lisiecki con dos propinas en “minuto y medio”.

PROGRAMA:

PRIMERA PARTE

Bohuslav Martinů (1890-1959):

Tres danzas checas, H. 154

Obkročák

Dupák

Polka

Manuel de Falla (1876-1946):

Danza española nº 2, de «La vida breve»

Danza española nº 1, de «La vida breve»

Karol Szymanowski (1882-1937):

Cuatro danzas polacas, M. 60

Mazurka: Tempo di Mazurka, animato

Polonaise: Moderato, festivo, pomposo

Krakowiak: Allegretto grazioso

Oberek: Vivace e agitato

Franz Schubert (1797 – 1828):

16 Danzas alemanas, D. 783

Béla Bartók (1881-1945):

Danzas populares rumanas, Sz. 56

Danza con el bastón. Allegro moderato

Danza del cinturón. Allegro

En el lugar. Andante

Danza de Bucium. Molto moderato

Polka rumana. Allegro

Danza rápida. Allegro

Alberto Ginastera (1916-1983):

Danzas argentinas, op. 2

Danza del viejo boyero – Allegro

Danza de la moza donosa – Moderato

Danza del gaucho matrero – Allegro marcato

SEGUNDA PARTE

Frédéric Chopin (1810-1849):

Grande Valse Brillante en mi bemol mayor, op. 18

Johannes Brahms (1833-1897):

Vals en sol sostenido menor, op. 39, nº 3

Frédéric Chopin:

Vals, op. 34

Vivace (la bemol mayor)

Lento (la menor)

Johannes Brahms:

Vals en la bemol mayor, op. 39, nº 15

Astor Piazzolla (1921-1992):

Libertango

Isaac Albéniz (1860-1909):

España, op. 165:

Tango. Andantino

Manuel de Falla:

Danza ritual del fuego, de «El amor brujo»

Frédéric Chopin:

Polonesa en la bemol mayor, op. 53

PROPINAS (Encores):

Ignacy Jan Paderewski (1860-1941):

Minuet en sol mayor, Op. 14 nº 1

Frédéric Chopin:

Vals en re bemol mayor, op. 64 nº 1 (Vals del minuto)

Tres de tres (toma 3)

2 comentarios

Viernes 30 de enero, día 3 del Festival Atrium Musicae. Cáceres, Gran Teatro, 19:30 horas: Javier Perianes (piano). #Falla2026, Diálogos imaginarios. Fotos de Sandra Polo.

Un viernes completo que comenzaba a mediodía (toma 1), proseguía a la tarde en el Museo Helga de Alvear  (toma 2) y finalizaba en el ya centenario Gran Teatro de Cáceres, el Festival Atrium Musicae en “tres de tres”, en su tercera jornada, con un recital que fue mucho más que una sucesión de obras, toda una propuesta intelectual y sonora cuidadosamente construida. Bajo el epígrafe Diálogos imaginarios, y comenzando el año #Falla150, Javier Perianes (Nerva, 1978) volvió a demostrar por qué es una de las voces pianísticas más autorizadas de nuestro tiempo, capaz de unir rigor estilístico, profundidad poética y una naturalidad expresiva que nunca cae en lo impostado, puliendo cada sonido, esmaltándolo o oscureciéndolo, un pedal siempre en su sitio, una limpieza en la ejecución y sobre todo la madurez que le lleva a enfrentarse con obras de siempre con la misma entrega juvenil.

El programa bien organizado que siempre es para destacar, planteaba un sugestivo juego de espejos: primero Falla frente a Chopin, después Falla frente a Albéniz. No se trataba de contraposiciones forzadas, sino de una conversación transversal entre estéticas, lenguajes y raíces, leída desde el piano con inteligencia y una extraordinaria capacidad narrativa que Perianes está llevando por distintos escenarios.

La velada se abrió con el Nocturno (1896) de un joven Manuel de Falla, todavía impregnado del romanticismo tardío y de la herencia chopiniana, casi entendiendo esta primera parte como “afinidades inesperadas”. Perianes abordó este nocturno con un fraseo flexible y una sonoridad contenida, subrayando su carácter introspectivo sin exagerar la nostalgia para a continuación, el Nocturno en do sostenido menor, op. 27 nº 1 de Chopin que apareció como una prolongación natural del discurso: atmósferas densas, tensiones armónicas sutiles y un uso del rubato tan elegante como controlado.

Las mazurcas reforzaron ese diálogo implícito. La Mazurca en do menor de Falla, seguida de las mazurkas chopinianas (op. 7 nº 2 y op. póst. 67 nº 1), evidenció cómo ambos compositores, desde contextos culturales distintos, supieron transformar la danza popular en materia poética. Perianes evitó cualquier acento “folklorizante” superficial, apostando por una lectura depurada, de ritmos insinuados y clara articulación, pues en estos momentos el mejor Falla sigue sonando en las manos del onubense.

En la Serenata andaluza y la Canción de Falla, “El Sorolla del piano” como le he llamado más de una vez, sacó a relucir una paleta tímbrica luminosa, casi guitarrística, mientras que obras como el Vals en la menor, op. 34 nº 2 y la Berceuse, op. 57 de Chopin se desplegaron con una ‘cantabilidad’ (si se me permite el palabro) exquisita, de líneas largas y respiración natural, sin perder nunca la tensión interna, la búsqueda de cada sonoridad, de cada silencio, de los fraseos bien entendidos y naturales, emparentando de forma increíble y razonada este “Falla vs Chopin”.

Y para la segunda parte “Falla vs Albéniz”, España como idea sonora que ahondó en nuestra identidad musical desde dos perspectivas complementarias además de enriquecedoras. Las Cuatro Piezas Españolas de FallaAragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza— fueron interpretadas con una claridad estructural admirable, resaltando su modernidad armónica y su refinamiento rítmico, lejos de cualquier pintoresquismo pero de trazo ágil, luminoso y con la luz del mago evocando paisajes nuestros.

Frente a ellas, la selección de Iberia de Isaac Albéniz (Evocación, El Puerto, Almería y Triana) permitió a Perianes desplegar aún más toda su autoridad en este repertorio del que no solo es embajador sino todo un referente. Comentaba con mi compañero de butaca, crítico y amigo al final de estas cuatro perlas del “collar ibérico” las muchas versiones que atesoro y que la del extremeño Esteban Sánchez seguían siendo únicas. Perianes nos regaló un sonido expansivo, control absoluto de las texturas y una comprensión profunda del pulso interno de cada pieza que hicieron de esta parte uno de los momentos culminantes de la noche, desde una Evocación interiorizada, El Puerto casi gaditano de pulso que sólo un andaluz es capaz de transmitir, después una Almería descomunal por su disección sonora y una técnica siempre al servicio de lo escrito por el de Campodrón, especialmente la Triana vibrante, llena de energía contenida y brillo rítmico.

Y como si nos hubiesen escuchado, la propina fue casi una parte extra y con memoria: el propio homenaje a Falla con su Fantasía Bética (1919) dedicada al ilustre pianista pacense Esteban Sánchez (Orellana la Vieja, Badajoz: 1934 -1997), del que Perianes comentó (y no es de hablar) que no hubo mejor intérprete para esta impresionante fantasía, cerrando este recital con una fuerza simbólica y musical incontestable. El de Nerva mostró y demostró su vertiente más poderosa y rítmica, sin perder nunca el control ni la claridad, en una obra exigente que resume como pocas el espíritu moderno y telúrico del compositor gaditano.

En definitiva, un recital memorable que confirmó no solo la excelencia pianística de Javier Perianes, sino también su capacidad para pensar la música, convirtiendo un programa como el que está llevando con esta parada cacereña, en un relato coherente y sugerente. Un auténtico diálogo imaginario que, por momentos, sonó profundamente real.

PROGRAMA:

Falla vs Chopin

Manuel de Falla (1876–1946)

Nocturno (1896)

Frédéric Chopin (1810–1849)

Nocturno en do sostenido menor, op. 27, n° 1 (1836)

Manuel de Falla

Mazurca en do menor (c.1900)

Frédéric Chopin

Mazurka en la menor, op. 7 n°2 (1830-32)

Mazurka en sol mayor, op. post. 67 n°1 (1835)

Manuel de Falla

Serenata andaluza (1900)

Frédéric Chopin

Vals en la menor op. 34 n°2 (1838)

Manuel de Falla

Canción (1900)

Frédéric Chopin

Berceuse en re bemol mayor, op. 57 (1843-44)

Falla vs Albéniz

Manuel de Falla

Cuatro Piezas Españolas (1906-1908):

Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza

Isaac Albéniz (1860–1909)

Suite Iberia (Selección) (1905-1909):

Evocación, El Puerto, Almería y Triana

Benditas irreverencias

1 comentario

Miércoles 14 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Concierto 2.099 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (año 120): “Una Suite española”. Rosa Torres-Pardo y La Jose (piano y cante). Obras de Granados, Albéniz, FallaGarcía Lorca Sefarad.

Si nuestros grandes compositores se inspiraron en el folklore y la canción popular, se agradece revisar (o devolver) los originales a las fuentes con todo el respeto a ellos desde el profundo conocimiento de las partituras. Y la madrileña Rosa Torres-Pardo (1960) volvía a visitar desde su larga trayectoria interpretando a Granados, Falla o Albéniz (su Iberia la tengo en mi discoteca) en colaboración con una cantaora como ya disfruté en la sociedad hermana de Gijón en mayo de 2018 junto a Rocío Márquez y los poemas recitados por Luis García Montero -esta vez sólo uno pero sin el poeta granadino– y cantando La Jose (Alicante, 1983), una artista «como la copa de un pino» que además estrenaban en España (el absoluto tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Münich, prosiguiendo por Viena y Sofía el pasado año) este espectáculo que va más allá del mestizaje entre lo popular y lo clásico, «una bendita irreverencia» como la calificaron ambas, una actualización de lo mejor que tenemos en el patrimonio musical hispano, y que además nos sirvió para inaugurar los 150 años del nacimiento del Tito Manuel como lo presentaron en la primera de las dos propinas.

El programa se organizaba en cuatro bloques, similares al «Desconcierto para piano y voz» que sigue igual de fresco y actual, donde volver a disfrutar del magisterio pianísitico de Torres-Pardo tanto en la versiones originales como en su visión acompañando y plegándose a la voz natural de Josefa, Josefina o directamente La Jose, una cantaora alicantina afincada en Madrid, hija de gitano y paya que muchos recordarán por su paso en el televisivo concurso «La Voz», esta vez en un maridaje lleno de «pellizco» culto al que sólo cabría la expresión «¡Qué arte!», y muy bien amplificada, discretamente para no perder el equilibrio necesario con un piano a tumba abierta siempre respetuoso con la voz, a quien se la ha calificado de «torbellino, verdad y garra».

La pianista arrancaba en solitario Granados con La maja y el ruiseñor que daba paso al cante de unas canciones donde la naturalidad de la voz sumándole los ornamentos tan de la copla flamenca engrandecían estas páginas Goyescas llenas de gracia, salero, dramatismo y hondura. Primer bloque que arrancó ovaciones de un público menos habituado a estos recitales pero que valora la calidad así como la apuesta de los programadores por estas propuestas que buscan nuevos públicos, y que los declarados «omnívoros musicales» seguimos apreciando.

La Lorquiana es una selección muy bien engarzada por la pianista que comienza con Almería de Albéniz  para ir modulando hacia el cante de La Jose que va enhebrando El vito, el Zorongo de Federico, la Jota de Falla, El Corpus original que va transitando tonalidades e incluyendo el canto de una saeta de cortar la respiración, La tarara que el propio Albéniz ubica en la Sevilla florida, una Soleá donde el piano eleva la guitarra al séptimo cielo, para arrullarnos con la Nana convirtiendo el negro mantón en bebé imaginado. Y enlazaría la maestra madrileña el Tango de Albéniz con el recitado de «Iberia, el sur del sur» del poeta granadino, tan presente como sentido.

La cantaora tiene un timbre propio y una expresividad no solo con su voz, baila, palmea, jalea, chasquea los dedos y se entrega desde un poderío pleno de amplísima tesitura siempre añadiendo su toque personal a cada obra. Y como bien presentaron al alimón, las tres melodías de «Sefarad» cantadas en ladino con la voz de la alicantina son una joya que brilla aún más por la elección por parte de la pianista de Córdoba y Jerez de Albéniz mostrando no ya el conocimiento de los originales a los que es capaz de «recocinar» y darles el tono adecuado (como en El Corpus), revestirlas e incluso hacerle el dúo en La Serena que resultó nuevamente hondo, sentido y bien construido por este tándem que aúna generaciones, estilos y musicalidad a borbotones.

Y no hubo mejor homenaje al gaditano que ese acercamiento a «El amor brujo» (que me recordó a Lole y Manuel), la Introducción en un piano orquestal,  la Canción del amor dolido llena de verdadero embrujo, la sonoridad bien lograda que culminaría en una Danza del fuego donde Rosa Torres-Pardo jugó desde la candela mínima a la hoguera resplandeciente, insuflando aire para avivar el rescoldo hasta la llamarada, arrancando una inmensa ovación por la pasión, interrumpiendo el último fuego fatuo donde La Jose aportó personalidad a una página que personalmente siempre aposté por voces menos líricas y plegadas al original de Falla (desde la irrepetible Rocío Jurado en la película de Saura, a Estrella Morente o Marina Heredia, pasando por Carmen Linares o las más cercanas por estilo de Pastora Soler o Diana Navarro). Cante y piano que elevaron lo flamenco a la canción de concierto internacional.

Propina igualmente «de raíz» con El paño moruno clásico al piano madrileño, tan natural como popular y flamenco transportado para la voz alicantina, mestizaje y devolución al folklore (como lo fue la Nana) y que sería interesante escuchar las Siete canciones populares españolas por este dúo que al menos prometió Volver cantándonos más que el tango gardeliano, de recuerdo almodovariano con otra gran voz como la ya famosa Rosalía, un guiño más de esta Suite (por fusión o mestizaje) que Torres-Pardo con La Jose llevaron a su estilo, invitando a cantar al respetable que fue imposible seguirles, prefiriendo disfrutarlas solas.

PROGRAMA:

«Una Suite española»

GOYESCAS:

La maja y el ruiseñor

La maja de Goya

El majo tímido

El tralalá y el punteado

Majas dolorosas II y III

LORQUIANA:

Selección de Iberia, de Albéniz y canciones populares de García Lorca (Almería – El vito – Zorongo – Jota – El Corpus Christi en Sevila – La tarara – Soleá – Nana)

Tango de Albéniz / Texto “Iberia, el sur del sur» de L. GarcíaMontero)

SEFARAD:

Los Bilbilicos

Morenika

La Serena

EL AMOR BRUJO:

Introducción

Canción del amor dolido

Danza del terror

Romance del pescador

Danza del fuego

Canción del Fuego Fatuo

Un Sorolla musical en el Cantábrico

Deja un comentario

Domingo, 11 de enero, 12:00 horas. Centro Niemeyer, Avilés. “Suena la cúpula”: Saxperience Antonio Cánovas (saxos alto y soprano) & Elena Miguélez (piano)-. «Los sonidos de Sorolla». Obras de Albéniz, Debussy, Ravel, Falla y Guinovart. Entrada: 12€ + 1€ por gestión (!).

Para celebrar al llamado pintor de la luz, Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 – Madrid, 1923), llegaba a Avilés —tras actuar el día anterior en Veguellina de Órbigo dentro del ciclo Passionato— mi querido Dúo Saxperience, formado por el maestro de Totana Antonio Cánovas, al saxo alto y soprano, y la pianista leonesa Elena Miguélez. Ambos, muy vinculados durante años a Asturias como catedráticos del CONSMUPA y especialmente a Mieres (él dirigiendo la AMAM y la Banda Sinfónica del Ateneo Musical, ella al frente de la Coral Cantares), ejercen en la actualidad sus carreras docentes en Murcia y continúan siendo una pareja artística muy querida, algo que se reflejó en la buena entrada registrada en el Niemeyer de la Villa del Adelantado.

Las obras elegidas giraban en torno al Mediterráneo y a esa luz tan característica que, como fuente de inspiración, une a Sorolla con los compositores del programa, buscando fechas y cuadros contemporáneos a las partituras, que a diferencia del concierto escuchado en Mieres hace dos años, en esta ocasión no se proyectaron durante la interpretación -aunque confieso que los tenía perfectamente “guardados” en la memoria-.

El concierto se abría con el conocido Tango, op. 165 (1890), perteneciente a «España, seis hojas de álbum« de Isaac Albéniz (Campodrón, 1860 – Cambo-les-Bains, 1909). Una de las muchas transcripciones existentes —la guitarra ha sido especialmente generosa con esta página—, aquí adaptada para el Dúo Saxperience, con un saxo alto que canta la melodía y un piano que arropa esta habanera tan nuestra. Ambientación sonora muy bien elegida, aunando ese carácter viajero que comparten tanto el compositor como los intérpretes.

Le siguió la Rapsodia (1903) de Claude Debussy (1862-1918), original para saxo y orquesta. El impresionismo musical del francés y el pictórico de Sorolla se dieron aquí la mano en una de las interpretaciones más logradas de la mañana. Destacó el virtuosismo y dominio del saxofonista murciano —y asturiano de adopción—, con una excelente compenetración con el piano en esta reducción orquestal, creando una atmósfera ideal. La peculiar acústica de la cúpula sumó un plus etéreo e impresionista a una página que invita siempre a la ensoñación, con una adecuación por parte de ambos intérpretes al eco más la resonancia que no siempre ayudan y esta vez lograron nuevas sensaciones.

Sin abandonar los aires marineros, llegó la Pièce en forme de habanera (1907) del vasco-francés Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – París, 1937), transcripción de la original para voz grave y piano. El saxo alto fraseó sin palabras, mientras el acompañamiento pianístico fue entendido con absoluto rigor. Faltaron, pero nos imaginamos, los Sorolla de niños, playas y barcas, esta mañana el Mediterráneo recreado desde el Cantábrico avilesino.

Tras una breve pausa para el cambio al saxo soprano, se abordaron las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla (Cádiz, 1876 – Alta Gracia, 1946) en el inicio de las celebraciones para conmemorar los 150 años de su nacimiento. Escritas para voz y piano y adaptadas a innumerables instrumentos, encontraron en el soprano una sonoridad especialmente rica y expresiva, fiel a los fraseos originales, con un acompañamiento pianístico siempre exigente en el arreglo del propio Cánovas.
Buen inicio con El paño moruno; más discreta -pese a la “proximidad geográfica”- la Seguidilla murciana; la Asturiana, auténtico regalo por carácter y expresividad; mejor encajada la Jota; intimista la Nana, con pianísimos que verdaderamente nos acunaron; inicio contenido de la Canción, algo comprometida tímbricamente pero resuelta con profesionalidad, y un Polo de complejo arranque pianístico, excelentemente fraseado en el soprano. Un ciclo siempre agradecido, aunque inevitablemente echemos de menos las letras que seguimos cantando interiormente. De nuevo me vinieron a la memoria los cuadros asturianos de Sorolla, tan bien representados también en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

Regresó Albéniz con Mallorca, op. 202 (1890-91), original para piano y aquí transcrita para saxo alto y piano por el maestro totanero. En esta suerte de barcarola, el protagonismo melódico del viento aporta una sonoridad especialmente envolvente, mientras el piano, liberado de la densidad de la partitura original y cercana a otras versiones con guitarra e incluso «orquestales«, puede recrearse en los detalles. Volví a “ver” a Sorolla con sus barcas de la Albufera, góndolas venecianas… ahora teñidas por los grises a la vera de la ría avilesina.

El cierre del programa lo puso la Fantasía sobre «Goyescas» de Granados (1997) de Albert Guinovart (Barcelona, 1962). De nuevo Don Antonio al soprano, instrumento que mejora notablemente la tímbrica respecto al clarinete original desde su propio arreglo, evocando incluso el color del corno inglés bien arropado por Doña Elena. Obra muy interesante, cargada de referencias como el encargo a Sorolla por la “Hispanic Society of America” en 1917, la inspiración goyesca de Granados y su ópera homónima —vivida en Oviedo hace dos años—. Personalmente, lo más logrado del concierto: Guinovart recupera el modelo decimonónico de la fantasía virtuosa con piano, género hoy injustamente relegado, respetando el lenguaje pianístico de Granados que el compositor barcelonés conoce en profundidad.

Como propina otro compositor catalán de nuestro tiempo, Homenatge a Lorca de Joan Albert Amargós (Barcelona, 1950) sobre Los cuatro muleros: lenguaje actual, jazz y flamenco, con grandes exigencias técnicas que el dúo resolvió con absoluta solvencia.

Una excelente mañana dominical para volver a disfrutar de este dúo de amigos, en una nueva escapada musical a esta tierra donde siguen siendo recibidos con respeto, admiración y cariño.

PROGRAMA:

Isaac Albéniz (1860-1909):

Tango – Op. 165 n° 2. 1890

Arreglo para saxofón alto y piano: A. L. Christopherson.

Claude Debussy (1862-1918):

Rhapsodie. 1903-1905

Adaptación para saxofón alto y piano: Vincent David.

Maurice Ravel (1875-1937):

Pièce en forme de Habanera. 1907.

Arreglo para saxofón alto y piano: Viard.

Manuel de Falla (1876-1946):

Siete canciones populares españolas. 1914

Arreglo para saxofón soprano y piano: Antonio Cánovas.

1. El paño moruno – 2. Seguidilla murciana – 3. Asturiana – 4. Jota – 5. Nana – 6. Canción – 7. Polo

Isaac Albéniz (1860-1909):

Mallorca. 1890

Arreglo para saxofón alto y piano: Antonio Cánovas.

Albert Guinovart (1962):

Fantasía sobre «Goyescas» (1911). 1997

Arreglo para saxofón soprano y piano: Antonio Cánovas.

Consagración joven

1 comentario

Sábado 26 de julio, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, Gijón: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), Francisco Fullana (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Fabià Santcovsky, Isaac Abéniz – Francisco Guerrero e Igor Stravinsky. Entrada: 6 €.

Cada vez que acudo a un concierto sinfónico con orquestas jóvenes mantengo la esperanza de creer en parte de una generación con poca visibilidad que se sacrifica para dedicar su vida al siempre difícil mundo musical donde poder ganarse la vida, esperando mantener vivo este capital humano para que no tenga que emigrar y demostrando cómo los avances logrados durante tres generaciones nuestro país ha pasado de importar músicos a exportarlos por medio mundo, y conozco muchos.

La JONDE (Joven Orquesta Nacional de España) es como la selección nacional juvenil de los mejores músicos españoles que ya «juegan ligas europeas» en distintas capitales, y celebraba su segundo encuentro del presente año en el Teatro de La Laboral de Gijón preparando una mini-gira que arrancaba este sábado en la capital de la Costa Verde para proseguir en el Palau de la Música Catalana en el Festiva Grec de Barcelona este lunes 28, para volar hasta Alemania, primero a Wiesbaden (viernes 1) en el Kurhaus Wiesbaden dentro del Rheingau Musik Festival, y después en el  Konzerthaus de Berlín (el domingo 3) en el Young Euro Classic Festival.

Muchos días de trabajo previo con una selección de profesores especialistas en cada instrumento llegados de las mejores orquestas europeas, ensayando por parciales y secciones, más un equipo docente formado por unos profesionales que funcionan cual claustro musical, con los primeros «tutti» dirigidos por Miguel Sepúlveda (director asistente de la JONDE) y en los conciertos con el maestro portugués Nuno Coelho (Oporto, 1989), titular de nuestra OSPA, más el violinista mallorquín Francisco Fullana, al que se sumará para Wiesbaden Thibaut Garcia a la guitarra, sin olvidarme, dentro de estos invitados, al compositor catalán Fabià Santcovsky Reschini (Barcelona, 1989), XLI Premio Reina Sofía de Composición Música 2023 (quien comentaba esta semana en el Instagram© de la JONDE: “Es un gran regalo trabajar con estos músicos porque tienen lo mejor de todos los mundos, por un lado lo mejor de una orquesta joven con esta energía y lo mejor de una orquesta profesional”) de quien interpretan su concierto para violín solo y gran orquesta Concierto de los Elementos I&II, pues como toda orquesta profesional, estos jóvenes deben preparar obras de su tiempo sin olvidarse del llamado repertorio sinfónico, que tampoco puede faltar en los programas. El violín solista citaba del compositor catalán en la misma red social:  “Da gusto trabajar con Fabià con esa energía, esa creatividad y ese propio lenguaje que crea con esta obra”.

En Gijón la JONDE mostró una calidad suprema en un repertorio exigente, difícil, plenamente entregados, viéndoles disfrutar, además de seguir formándose, con un Coelho cuyas virtudes ya conocemos y que volvió a demostrar al frente de unos músicos excelentes en todas y cada una de las familias y secciones. De ellos también comentaba en Instagram© el director invitado de este segundo encuentro: “Siempre es una experiencia muy bonita estar con la JONDE. Los músicos tocan todo, tienen muchísimas ganas de mejorar, de tocar en conjunto, de trabajar cada detalle, y la verdad es que se les puede pedir todo y lo hacen siempre con una sonrisa”.

Del compositor Santcovsky, formado en Alemania y con un gran catálogo de obras, se ha escrito que «su música es fruto de un imaginario en el que se invoca la representación de ciertos arquetipos de la idea de naturaleza como forma de plantear un lenguaje constituido en el límite entre lo humano y lo natural. Como contraste a esta línea de trabajo, en sus óperas ha desarrollado un lenguaje acompañado de medios electrónicos y planteamientos temáticos inspirados en la ciencia ficción y en la especulación sobre el futuro de la tecnología como motor de cambio de la condición, la forma y la cultura del ser humano». Su Concierto de los elementos I&II para violín y orquesta consta de dos partes: La última representación del mirlo y Resonancia sin nombre. En palabras del propio autor “Este concierto es un conjunto de elementos que propongo entenderlos como fenómenos de un mundo que no sólo se compone de objetos, sino que se manifiesta a través de ellos”, donde cada instrumento es utilizado cual «objeto sonoro». Su estrenó corrió a cargo de la Orquesta de RTVE con su titular Christoph König y el ilerdense Joan Espina de solista el pasado 11 de octubre, y la JONDE lo ha incorporado para esta gira de verano.

La música del compositor catalán es un verdadero cambio que musicalmente bebe del atonalismo para trabajar con texturas, timbres casi ornitológicos (el mirlo que se hace violín y vuelve al pájaro en un perpetuum mobile del arco sobre las cuerdas) en un delicado trabajo tanto del violín solista como de toda la orquesta, transitando en la búsqueda de sonoridades distintas en cada instrumento cual objeto sonoro. Santcovsky tras ganar el premio pedía para su música, y en general para la de nuestro tiempo, en una entrevista para el periódico La Vanguardia «generosidad para recibir su discurso” y proseguía: “Cualquier música que no se ha oído antes va a ser rechazada por el público”, definiendo su estilo como similar a la corriente pictórica del informalismo de mediados de siglo XX, que se desarrolla sobre todo en Italia, y tiene en España a Tàpies como su principal representante». Tras su interpretación puedo afirmar que tanto orquesta como solista y director fueron generosos, entregados, disciplinados, ilusionados y muy aplaudidos junto al compositor, que subió a saludar y felicitar a todos al finalizar, pues esta obra es de nuestro tiempo, y tanto músicos como melómanos debemos consumir lo actual, educarnos en estos lenguajes que beben del pasado pero aportan nuevas sensaciones. Me gustó la comparación con Tàpies y personalmente, tras escuchar las siguientes obras, pensé en Las Meninas de Picasso como reutilización o inspiración en «los clásicos» para poder alcanzar una nueva visión desde lo conocido, o si se quiere, cocinar con los mismos ingredientes combinados desde las técnicas actuales, pues de los pucheros tradicionales hemos pasado a los laboratorios gastronómicos.

Fullana ya en solitario nos regalaría una interpretación «sui generis» del arreglo de Ruggiero Ricci para violín de los conocidos Recuerdos de la Alhambra (Tárrega) antes de seguir con el gerundense Isaac Albéniz (1860-1909) y tres números de su Suite Iberia compuestos entre 1905 y 1909: Málaga, El Corpus Christi en Sevilla y El Albaicín en las orquestaciones de Francisco Guerrero Marín (Linares, 1951 – Madrid, 1997), un jienense de la que se ha llamado «Escuela granadina» (alumno de Juan-Alfonso García) emigrado a Alemania que entroncaba muy bien con el precedente del catalán (“Tienes que vaciar el ruido mental de tu propio discurso interno para poder dar albergue a la propuesta de otra persona”), uno de los primeros en partir de la receta tradicional del piano para volver a cocinarla con una riquísima orquestación, como otros ya han hecho con esa «biblia pianística» del compositor de Campodrón, eligiendo los números que les inspirarían en la búsqueda de sonoridades. Desde Fernández Arbós y Frühbeck de Burgos pasando por David del Puerto, Mauricio Sotelo o José Luis Turina, solo por citar algunos de quienes buscaron en esta Iberia, la cocina orquestal de Paco Guerrero es de un respeto al original pianístico para engrandecerlo con un trato delicado de la tímbrica, una rítmica bien marcada utilizando nuestras panderetas y castañuelas, con unas dinámicas extremas que en la orquesta resultan verdaderamente ricas, cierto gusto francés (en la memoria siguen Ravel o Debussy pero también el Falla parisino), todo con una opulencia tal vez excesiva pero ideal para poner a prueba a una JONDE donde Coelho volvió a marcar al detalle los motivos, las contestaciones, las combinaciones con un balance muy trabajado de intensidades y planos. Si la cuerda asombró en el concierto del catalán, en este Albéniz de Guerrero brilló con una calidad impecable en todo con arpas, la madera no se quedó atrás, los metales, especialmente las trompas, siempre presentes y afinadas pero contenidas, completando la plantilla una percusión (con celesta) dando las pinceladas que Guerrero remarca al piano de Albéniz en una ruta andaluza que hizo el trayecto de Málaga a Sevilla con final en Granada.

Tras el descanso para reubicar plantilla en el escenario, cambiar la concertino de la primera parte por otro en la segunda (los nombres no estaban especificados en el programa de mano), la gran obra que toda orquesta necesita para comprobar su estado de madurez es La consagración de la primavera (1910-1913) de Igor Stravinski (1882-1971). Inmenso sinfonismo e instrumentación más allá de la visión «danzable» del ruso, con las dos partes donde disfrutar con una JONDE magistralmente llevada por Nuno Coelho atento a cada detalle, cada entrada, cada matiz… Desde el jugoso fagot inicial de la Introducción de la «Adoración de la tierra» cada intervención de los primeros atriles era una pugna por la mayor musicalidad, el empaste de cada sección impecable, las amplísimas dinámicas asombrosas y la entrega total. Las dos grandes danzas (de la tierra en la primera parte y la sagrada de la segunda) solo serían los broches desde la Adoración a El sacrificio de una interpretación madura, rica, limpia y clara, arrebatadoramente rítmica e íntimamente entendida. Recordando otras versiones de afamadas orquestas internacionales, esta sabatina en Gijón será un modelo a seguir que estoy seguro aplaudirán en su gira, que vuelve a poner a España en el sitio de la calidad musical que tiene nada menos que en el epicentro sinfónico alemán.

Y música de España para una «tercera parte» de propinas que con estos intérpretes fueron verdaderos regalos para todos los presentes por el ímpetu, musicalidad, entrega y sorprendente calidad. Comenzaron con el conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (G. Giménez) plena, matizada, con el director portuense jugando con el «tempo», una admirable percusión por compenetración y riqueza interpretativa de tres castañuelas a dos manos alternando con panderetas, unos metales broncíneos, las maderas líricas y la cuerda nuevamente asombrosa.

A este final de fiesta se sumaría de nuevo el Guarnieri «Mary Portman» (1735) de Francisco Fullana para interpretar al mejor y mayor virtuoso navarro Pablo Sarasate (1844-1908), sus Aires gitanos en otra demostración de buen hacer musical por parte de todos, con Nuno Coelho excelente concertador de una JONDE maravillosa en conjunto y el violín zíngaro siempre presente, donde la técnica siempre estuvo al servicio de una música atemporal.

Ya con la alegría del buen trabajo hecho, Coelho se limitó a dar la entrada al «himno no oficial» de la JONDE que es Amparito Roca (Jaume Texidor) para un arreglo de orquestación prodigiosa donde jalear al flautín, trompeta y demás solistas que pusieron en pie tanto a los músicos felices tras el éxito de esta apertura de gira, como al público plenamente entregado y agradecido por esta carga de emoción y adrenalina de una generación JASP (acrónimo de «Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados») que ya es un eslogan para no olvidar.

Música para La Regenta

1 comentario

Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Música en torno a «La Regenta», Cuarteto «Clarín». Obras de Toldrá, Granados, Albéniz y Turina.

Música y literatura siempre han ido de la mano y la capital del Principado está celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Clarín, siendo este el primer concierto del ciclo con un cuarteto de cuerda que ha tomado el nombre del ilustre ovetense nacido en Zamora, cuatro músicos pertenecientes a la Oviedo Filarmonía, que a su vez está completando otra banda sonora para la obra que ha inmortalizado Vetusta como sinónimo de Oviedo.

Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña, conocido simplemente como Leopoldo Alas o Clarín  (Zamora, 25 de abril de 1852 – Oviedo, 13 de junio de 1901) fue un escritor y jurista español además de crítico musical. Buscar obras españolas contemporáneas a su vida daría para muchas opciones, aunque ceñirse a la formación elegida se puede hacer algo más complicado. A la terna inicial de Granados, Albéniz y Turina se sumaría un Toldrá posterior y que abriría el concierto como ventana con vistas al mar que desde Oviedo no se ve, aunque la luz del mediterráneo iluminase muchas páginas de los tres  compositores catalanes así como el Guadalquivir sevillano de aires toreros y melodías cercanas.

El vilanovino Eduardo Toldrá (1895-1962) ayudó a difundir la estética de Debussy como intérprete de cuartetos en España, y junto al sevillano Turina se mueven en un lenguaje personal equidistante de los dos polos que marcaban los intereses encontrados del momento, algo alejado de nuestro Clarín aunque cercano a la evocación en los inicios del siglo XX y conocedores del cuarteto. Y seguiré emparejando a Toldrá y Turina, inicio y final del concierto, pues hay mucho de búsqueda de un realismo que puede resultar tópico, como ocurre con lo que de “andaluz” tienen los compositores españoles elegidos para este programa clariniano, pero también muy literario, independientemente de la propia cronología.

Vistes al mar de Toldrá establece un diálogo con la poesía de Joan Maragall en cada uno de los tres movimientos (las poesías de referencia son La ginesta, A les llunyanies, y La mar estava alegre aquest migdia), aplaudidos independientemente pese al anunció inicial del cellista. Hay en ellos una tenue y sensible polifonía en el primero, un segundo movimiento evocador de Debussy por el tratamiento de la melodía, junto al movido y en cierto modo «innovador» tercero, evocaciones literarias válidas para esta banda sonora. Los cuatro músicos que llevan años compartiendo en sus atriles mucha música, aunque no en esta formación, así entendieron estas vistas o poesías sin letra, muy aseadas aunque con algún problema de afinación, puede que por la temperatura de la sala de cámara.

Las Doce danzas españolas op. 37 (1892-1900) del ilerdense Enrique Granados (1867-1916) están originalmente escritas para piano y según el propio compositor fueron escritas en 1883, aunque probablemente perfeccionadas posteriormente por él mismo. Si bien existen muchas versiones y arreglos, desconozco la autoría de las interpretadas por el Cuarteto «Clarín» que seleccionaron tres de las doce: la número 2 Oriental, con un sentido movimiento central, la tercera conocida como Fandango o Danza gallega, una zarabanda enérgica y rítmica, más la popular Andaluza o Playera (quinta, que no debe confundirse con la anterior) de cierto aire flamenco por esa «evocación de lo andaluz» a que hacía referencia anteriormente. En lo personal estuvieron algo alejadas del espíritu primigenio y donde los unísonos volvieron a notarse algo desafinados; a favor esta versión personal con los violines cual mano derecha mientras viola y cello son la izquierda, con fraseos más adaptados a la cuerda que al piano así como una agógica bien entendida por el cuarteto.

Algo similar ocurriría con la selección de cuatro de los ocho números pertenecientes a la Suite Española nº 1, op. 47 del gerundés Isaac Albéniz (1860-1909). Compuesta entre 1882 y 1889, los arreglos estuvieron más en la línea pianística por la sonoridad y mejor instrumentación para cuarteto de cuerda, con los aires adecuados así como mayor ajuste en la afinación. Asturias (Leyenda, nº 5) bien elegida la alternancia y protagonismos, Cádiz (Saeta, nº 4) muy bien sentido, Cataluña (Corranda, nº 2) de sardana más rica en la cuerda que en el propio piano, y finalmente Sevilla (Sevillanas nº 3), cuatro episodios contrastados donde poder lucirse cada músico y mantener un sonido más homogéneo en la formación para la ocasión.

Finalizarían con La oración del torero (31 de marzo al 6 de mayo de 1925) de Joaquín Turina (Sevilla, 1882 – Madrid, 1949), obra breve escrita inicialmente para el cuarteto de laúdes Aguilar, que asume como característica la esencia del pasodoble desde una gran estilización y una sutil fuerza interior, siendo probablemente una de las obras de mayor interioridad compuestas por el sevillano, que además realizaría la adaptación para cuarteto de cuerda nada más terminar la primera en mayo, y para orquesta de cuerda en 1927. La interpretación del Cuarteto «Clarín» estuvo ceñida a la partitura del andaluz, de sonido compacto y con ese aire torero bien llevado por una cuerda que está rodada, aunque no sea solamente la suma pues un cuarteto necesita toda una vida para latir y sonar cual unidad.

De regalo volverían a Granados y el «Intermedio» de Goyescas que en cualquier versión siempre es bello y en cuarteto no defraudó, poniendo el cierre a este nuevo capítulo sonoro para Ana Ozores.

Cuarteto «Clarín»:

Marina Gurdzhiya, violín
Luisa Lavín, violín
Rubén Menéndez, viola
Guillermo L. Cañal, violonchelo

PROGRAMA

Eduard Toldrá (1895-1962):

Vistes al mar

-Allegro con brio
-Lento
-Molto vivace

Enrique Granados (1867-1916):

Doce danzas españolas (selección)

-Oriental

-Fandango

-Andaluza

Isaac Albéniz (1860-1909):

Suite Española (selección)

-Asturias

-Cádiz

-Cataluña

-Sevilla

Joaquín Turina (1882-1949):

La oración del torero, op. 34

Merecida oportunidad para jóvenes pianistas

Deja un comentario

Sábado 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta» de Mieres: 1ª Gala Pianística de Mieres. Intérpretes: Juan Vicente Stroup, Iván Gómez García, Laura Puente Novales, Aníbal Mortera Pariente (cello), Hugo Álvarez Lanero, Héctor del Río Fernández y Henry Sebasthian Crespo. Obras de varios compositores. Fotos ©pablosiana.

Una buena entrada en el auditorio mierense para la primera gala de piano organizada por Henry Sebasthian Crespo con diversos apoyos y patrocinios como ya comenté el pasado día 19 en este blog,  donde rodeado de sus compañeros de estudios, todos aún formándose en el CONSMUPA y rondando los veinte años, que tenían esta gran oportunidad de interpretar en público un variado y exigente programa, que además de un permanente examen supone dar visibilidad al esfuerzo y trabajo que no siempre se ve ni aprecia: muchas horas de práctica, estudio, sueño, clases en el conservatorio alternadas con estudios obligatorios de Secundaria y Bachillerato, los incontables sacrificios de sus familias que son el principal apoyo, y muchos sinsabores que, por propia decisión y amor hacia la música, se ven compensados con las actuaciones para el público, esperando proseguir una carrera que está comenzando. Así es la vida de un músico que cuando afronta una trayectoria profesional ya no sabrá qué son vacaciones, fines de semana, ausencia de descanso por el obligado y necesario trabajo con infinitas horas para preparar nuevos repertorios y hacerse un hueco en el difícil mundo de la música, que en España parece serlo aún más, y todos ellos lo saben pero les mueve su juventud y ganas de triunfar.

La artista plástica Paz Mayora Villamil con segundo apellido de pintor que puede tenga algún parentesco lejano, haría las labores de presentación, comenzando con la frase de Franz Listz «La música es un lenguaje poético, para expresar todo lo que, dentro de nosotros mismos, traspasa los horizontes normales, lo que escapa al análisis lógico, lo que se encuentra en las profundidades inaccesibles», antes de ir dando paso a cada uno de los artistas y obras que interpretarían, ayudando a quienes no tenían o podían leer en la penumbra el excelente programa de mano (gracias al Ateneo Musical de Mieres y la Imprenta Álvarez) del que dejo copia aquí.

Tomaría a continuación la palabra el mierense de adopción y organizador de esta gala Henry Sebasthian Crespo, palabras de adulto y contagiando pasión por el piano, agradecimientos por los apoyos y que cerraría una velada de dos horas de excelente música, tras alguna variación mínima en el orden previsto, y una «maratón» en cuyo cartel figuraba el lema «Ideado por los alumnos, para los alumnos y para el público, aportemos en difundir el amor por el arte y la música clásica».

No suelo tomar notas en los conciertos, pero desde mi experiencia docente me dispuse a ir anotando cada actuación para hacérselas llegar como «profesor jubilado» y esta tarde ejerciendo de «tribunal» con todo el respeto y cariño hacia esta generación que pide paso. Desde ellas paso a comentar lo vivido.

El primero en abrir la velada sería Juan Vicente Stroup (Oviedo, 1999) que elegiría a Mompou y sus Variations sur un thème de Chopin,  el lenguaje del catalán adoptando esa forma tan romántica de desarrollar y homenajear páginas de los grandes, en este caso de uno de las figuras del piano como el polaco, siempre reconocible desde su Preludio en la mayor, op. 28 nº 7 en el tema y doce variaciones posteriores que respiraron aires actuales, casi de jazz o banda sonora, difíciles pero que el carbayón afrontó con buena técnica y un sonido muy trabajado navegando por ese engañoso mar en calma lleno de tormentas, cambios de ánimo y adoración de intérprete y compositor por Chopin, que aparece de nuevo en la décima variación (Fantasía-Impromptu op. 66) y además cerraría esta gala, toda ella un homenaje a unas figuras del piano que fueron igualmente virtuosos concertistas y mejores compositores para su instrumento.

El único pertrechado de partitura y algo descentrado en plena época de exámenes finales, sería Iván Gómez García (Avilés, 2004), quien optó por el poliédrico y atormentado Beethoven de su Sonata piano nº 8 en do menor, op. 13 “Patética” aunque obviando el primer movimiento, supongo que para acortar la duración global. Irregular, con muchas dudas y aún en proceso de asimilar la hondura del sordo genial, el de La Villa del Adelantado  tendrá que trabajar aún más la técnica y templar ánimos, pues dentro del conjunto de pianistas, tampoco la obra era de las más complejas para un alumno de su nivel. Supongo que sus maestros le ayudarán en esta tarea para poder incorporar con solvencia al menos las «más famosas» de las sonatas para piano del compositor de Bonn enterrado en Viena.

La música española para piano es auténtica «prueba de fuego» para todo intérprete, y Laura Puente Novales (Bilbao, 2004) optó por los catalanes Granados y Albéniz, recordándome a una paisana suya, que tiene en el primero uno de los preferidos en sus conciertos. Los ocho Valses poéticos del ilerdense fueron de menos a más, sentidos, fraseados, interiorizados, con un sonido muy trabajado al igual que su estudio e profundidad y de buena memoria. Y la Suite Iberia del de Campodrón está considerada como «La biblia del piano» por su dificultad no ya en la interpretación sino en la hondura y madurez que necesita, siendo pocos y ya con edad los pianistas que la han afrontado. La bilbaína eligió la primera de ellas, Evocación, que me sorprendió por su joven madurez veinteañera, reposada, cantabile y con un buen empleo de los pedales, una primera aproximación que apunta a una excelente intérprete de nuestra música.

Jugaban «en casa» y se notó por el apoyo desde el patio de butacas, Aníbal Mortera Pariente (Rioturbio, 2005) y Hugo Álvarez Lanero (La Culquera, Lena, 2001), dúo de chelo y piano, amigos desde su aún cercana la infancia, que llevaron su complicidad en el único dúo del concierto, la Elegía, op. 24 del francés Gabriel Fauré, con Hugo excelente concertador y coprotagonista de esta bella página donde Aníbal mostró un sonido poderoso, rotundo, con los esperables y habituales problemas de afinación en su instrumento pero mostrándose ambos muy expresivos y compenetrados.

Ya en solitario, Hugo Álvarez se enfrentaría a la Ballada n° 2 op. 38 de Chopin, biena memoria para toda ella, dinámicas amplias aunque algo excesivas por momentos pero entendiendo el «arrebato romántico» y algunas dificultades en los complicados pasajes rápidos que solo la práctica conseguirán sortear sin problemas, compensando la interpretación con su musicalidad y expresión que sería uno de los más aplaudidos.

Héctor del Río Fernández (2004) no se amilanó en la elección de sus obras aunque el riesgo le pasaría factura. Si el Albéniz de «Iberia» la he calificado como biblia, la «Suite Española» op. 47 es cual antiguo testamento. De ella Castilla fue árida en sus seguidillas y peligrosa, necesitando repetir el arranque, descentrándose en algunos pasajes con paradas que los fallos no deben obligar sino mantener la tranquilidad y recordar que lo ya tocado no tiene vuelta atrás y la música debe fluir aunque sea con tropiezos. Y probablemente el mayor virtuoso del piano fue el húngaro Franz Liszt, con unas manos (como las de Rachmaninov) que le permitían alcanzar notas imposibles para el común de los mortales. El Étude transcendante nº 1 es mucho más que un «estudio», donde la técnica es muy exigente pero su interiorización y expresión aún son mayores. La ejecución tuvo buen sonido aunque el pedal no siempre ayudó sino que «enturbió» y el vértigo de los múltiples arpegios no es recomendable. También titulado Estudio op. 25 nº 12 en do menor, «Óceano» que Chopin lleva al concierto, es de nuevo complicado extraer del ejercicio la gran capacidad melódica que esconden estas breves e intensas partituras, que incluso en el subtítulo ya parece apuntar los derroteros que toma. El trabajo de limpiar notas y pedales no cesará nunca pero la interpretación estuvo matizada aunque el ímpetu juvenil alcance unos fortissimi cercanos a las «tres efes». Mejor el g ran Vals op. 42 nº 5 en la bemol mayor que hace falta pulir pues la expresión y el tempo fueron correctos, pero el fraseo tendrá que ir estudiándolo mucho más lento para «vocalizar» correctamente e ir poco a poco aligerándolo sin perder esas melodías únicas y «escondidas» del polaco.

El cierra lo pondría Henry Sebasthian Crespo (Valencia, Venezuela, 2003) con las dos obras que pudimos escucharle hace un mes en el acto del premio Tertulia 17 -uno de los patrocinadores- pero esta vez en el piano Kawai© mierense, que se comportó perfectamente ajustado por Jesús Ángel Arévalo (algún día habrá que homenajear a esta generación de origen castellano que se instaló en nuestra tierra, echó raíces y siguen apoyando la música). La vida obliga a madurar prematuramente, pero el talento unido al duro trabajo también otorgan lo que he llamado «poso», el paso de un vino cosechero a crianza y reserva cuando madura en las mejores condiciones, Y como un buen caldo, Henry Sebasthian alcanza ya el calificativo de reserva, pues lleva desde niño al piano y en sus 21 años lleva diez de experiencia concertística desde su tierra natal, lo que se nota en cuanto se sienta al piano. Llamado «el Chopin de Broadway» el ruso Serguei Rajmáninov emigrado a los EEUU puede ser considerado el último pianista y compositor romántico ya en el siglo XX, y su Momento musical, nº 1 uno de sus homenajes a los predecesores de las 88 teclas. Exigente técnicamente, la música la necesita para sobrevolar toda la carga expresiva del virtuoso ruso y así la afrontó el valenciano de Venezuela, con poso, peso y madurez. Para cerrar el círculo del concierto, de nuevo Chopin y su Ballade nº 1 en sol menor, op. 23, tan distinta a la segunda elegida por Hugo, dos visiones, dos interpretaciones que además siempre son distintas por el mismo intérprete porque ahí reside la magia de cada día, hacerse con la obra, interiorizarla y personalizarla en cada momento. Valiente, arriesgado y poderoso este Chopin de Henry que sigue creciendo con su amado y admirado polaco a base de un trabajo y madurez que ya le ha abierto las puertas del Real Conservatorio de Bruselas (Bélgica), donde será alumno del maestro y concertista Aleksandar Madzar quien le aceptó en su cátedra de piano para los próximos dos cursos.

El propio Henry Sebasthian llamaría a todos los participantes a compartir los aplausos de un público entregado a los jóvenes talentos, más agradecimientos y hasta la entrega de los Diplomas acreditativos de esta gala que irán aumentando el currículo de esta generación que en Mieres pudimos disfrutar y los melómanos presumiremos pronto de haberlos «descubierto».

PROGRAMA:

Juan Vicente Stroup (Oviedo, 1999):

Federico Mompou (1893-1987): Variations sur un thème de Chopin.

Iván Gómez García (Avilés, 2004):

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sonata piano nº 8 en do menor, op. 13 “Patética”.

Laura Puente Nováles (Bilbao, 2004):

Enrique Granados (1867-1916): Valses poéticos.

Isaac Albéniz (1860-1909): I. Evocación (de «Iberia»).

Aníbal Mortera Pariente, violoncello (Rioturbio, 2005) y
Hugo Álvarez Lanero, piano (La Culquera -Lena-, 2001):

Gabriel Fauré (1845-1924): Elegía, op. 24.

Hugo Álvarez Lanero:

Frederic Chopin (1810-1849): Ballada n° 2 op. 38.

Héctor del Río Fernández (2004):

Isaac Álbeniz: Castilla (de la «Suite Española»).

Franz Liszt (1811-1886): Étude transcendante nº 1.

F. ChopinEstudio op. 25 nº 12, «Óceano»  y Vals op. 42 nº 5.

Henry Sebasthian Crespo (Valencia -Venezuela- 2003):

Serguei Rajmáninov (1873-1943)): Momento musical, nº 1.

F. ChopinBallade nº 1 en sol menor, op. 23.

Older Entries