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Num3ros danzantes

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Sábado 27 junio, 22:30 h. 75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Compañía Nacional de Danza (CND), Muriel Romero (directora): NumEros. Músicas de Chaikovski, Ravel, Peven Everett y Lion Babe. Fotos © Festival de Granada – Álex Cámara.

Nueva noche en el Generalife con la CND y un programa de título curioso: “NúmEros”, que la directora Muriel Romero explica en las notas al programa:

El título de este programa, NumEros, es un portmanteau, una combinación de dos términos, numen y eros, en cierto sentido opuestos pero que conforman dos elementos centrales en la creación en danza: Eros como impulso vital encarnado, impulso creativo, fuerza deseante que se manifiesta en y a través del cuerpo; y Numen como presencia intangible, inspiración poética o espiritualidad inmanente que trasciende la voluntad del artista. Cuando se encuentran, nace NumEros, que evoca el Número como principio de orden, patrón subyacente, lógica que da forma al movimiento. En este sentido, NumEros propone una articulación entre estas tres dimensiones fundamentales del pensamiento y la experiencia creadora en la danza.

Personalmente me encanta la numerología y todo el simbolismo que conlleva, de ahí jugar en mi propio título utilizando el número 3 como si de una «E» reflejada se tratase, y tres fueron las coreografías que eligió la compañía: una clásica de Georges Balanchine con protagonismo femenino de tutú y punteras para la Serenade de Tchaikovsky; otra de William Forsythe titulada Echoes from a Restless Soul con el “Gaspard de la nuit” de Ravel interpretado en vivo por el pianista Gustavo Díaz-Jerez que personalmente fue la que más me gustó, con toda la compañía, más la última de Jacopo Godani, Playlist (Track 1, 2) con música de Peven Everett (Surely Shorty) y Lion Babe (Impossible, Jax Jones remix) solamente con la parte masculina de la compañía.

Los tres coreógrafos trabajan con lo numérico y las geometrías, que bien explica  Muriel Romero: «los intérpretes trabajan a partir de sistemas numéricos –proporciones, repeticiones, permutaciones, secuencias– no solo como meros esquemas compositivos, sino como territorios vividos desde el cuerpo. El cuerpo, en este contexto, no se limita a ejecutar formas: las encarna, las perturba, las transforma. Así, la danza deviene un proceso en el que la precisión numérica se encuentra con el exceso del deseo, y la abstracción formal con la potencia afectiva del gesto». La Serenade es pura tradición y las bailarinas tanto en grupos como con las primeras figuras (Kayoko Everhart y Giada Ross), ejecutaron todos los pasos más la aparición del único bailarín solista (Alessandro Riga). Iluminación sencilla con los mismos tonos azules del vestuario y el único decorado de los centenarios cipreses del Generalife, más un sonido grabado no ecualizado para la música del ruso.

Tras una pausa, supongo que para colocar el piano a la izquierda del escenario, que de nuevo la sonorización no ayudó (tardando en entrar y con unos graves más electrónicos que acústicos) llegaría el “Gaspard de la nuit” (Ravel) de un Gustavo Díaz-Jerez impecable en la interpretación, con la dificultad de montar una coreografía con esta página nada «danzable» del vasco-francés, pero que William Forsythe concibe con técnica clásica pero movimientos más contemporáneos, nuevamente pasando de la “arquitectura en movimiento” de un Balanchine a la utilización del cuerpo en trayectorias geométricas, que me recordaron las esculturas de Rodin o Giacometti, e incluso algún cuadro de Picasso, tanto por el vestuario como por el “movimiento congelado” potenciado por una luz blanquecina donde tensión-distensión fueron combinándose con todas las permutaciones numéricas de los distintos grupos de la compañía y las primeras figuras, conjuntos disjuntos con los silencios de Ravel logrando momentos de plasticidad muy bellos.

Nueva parada técnica para retirar el piano y el último número solo con los bailarines y una música electrónica donde los tremendos graves retumbaron en toda la Alhambra y las membranas de los altavoces parecía fuesen a saltar o empujarnos como en el inicio de “Regreso al futuro”. Vestuario poco visual en azul y granate, movimientos nuevamente clásicos coreografiados por Godani, que no se correspondían con la música, más escenas de chicos universitarios delicados (nada de Jerome Robbins con los Jets y los Sharks), trazando líneas y combinando grupos pero chocando los pasos con una música vital, tal vez buscando ese contraste o descontextualización, que Muriel Romero describe como premisas llevadas «al extremo físico y visual, construyendo composiciones donde la precisión matemática convive con una intensidad visceral, casi animal».

Volviendo al título del programa, Eros el deseo vital, y corporal, Numen lo numérico, y el encuentro de ambos, intangible y ordenado, que matemáticamente tiende a infinito desde la danza creadora y organizada en tres puntos sin ser un triángulo, más bien líneas divergentes aunque del mismo grosor y color.

La India llega a Granada

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Viernes 26 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Danza, en el marco el Año Dual España-India. Palacio de Carlos V:  El sueño del sitar, Un homenaje a Ravi Shankar. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Mónica de la Fuente (dramaturgia, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India), Ignacio García (dramaturgia, dirección de escena), David Murphy (dirección musical), Sukanya Shankar (asesora musical), Ensamble de músicos de la India, Elenco de danza Bharatanatyam, Bailarines de España (Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española, José Manuel Benítez -cedido por el Ballet Nacional de España- bailarín de danza española). Fotos © Festival de Granada | Fermín Rodríguez, y propias.

Si la noche anterior hicimos un viaje en el tiempo hasta las Zambras Moriscas, en este viernes con partido Uruguay-España (ganamos 1-0 y clasificados primeros de grupo para la siguiente fase) había otro viaje hasta la India en un homenaje a Ravi Shankar donde se unían músicas donde las improvisaciones alargaron el evento hasta la medianoche.

La narración que intentaba hacer un relato casi didáctico, con unos textos muy “filosóficos” sobre el Cosmos y el propio hinduismo, no se escuchaba todo lo clara que hubiésemos deseado, y el Ensamble de músicos de la India estuvo amplificado, siendo quienes abrirían la velada, más un bailarín del elenco de danza Bharatanatyam en la galería del primer piso.

En el 150 aniversario de Falla arrancaron con una visión “original” por la instrumentación antes de que la OCG con la dirección de David Murphy prosiguieran El círculo mágico y la Danza ritual del fuego, (de “El amor brujo”) contrapuesta a la hindú.

La orquesta granadina fue combinando y alternando con los músicos de la India la suite titulada “El sueño del sitar. Un homenaje a Ravi Shankar”, con el estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya del homenajeado, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar donde los músicos hindúes fueron los protagonistas.

Las coreografías también alternaron las flamencas con las bailarinas de Bharatanatyam, coloristas, tradicionales, y que las fotografías de Ferminius reflejan mejor que mis palabras, circulando tanto delante del escenario como en el primer piso, momentos de plasticidad y musicalidad tanto en nuestras castañuelas como en los cascabeles de los tobillos orientales (como en las primeras zambras moriscas de la noche anterior).

Las notas al programa de Enrique Cámara de Landa además de comentar parte de la biografía de Ravi Shankar y David Murphy, analiza las obras que escuchamos, nos explica los instrumentos utilizados, y presenta conceptos tanto musicales como de la tradición religiosa hindú, muy interesante para la mejor comprensión de un concierto que nos traía “diálogos y convergencias” desde la India hasta el Palacio de Carlos V.

Más allá de las sensaciones que pueden llegarnos escuchando las músicas de la India, la parte sinfónica podríamos considerarla más banda sonora que sinfónica, y lo original es precisamente la combinación tímbrica entre los instrumentos occidentales con los orientales. El virtuosismo de Shubhendra Rao en el sitar quedó más que plasmado, junto a Saskia Rao-de Haas en el violonchelo indio que hizo por momentos de nota pedal, en una “tándem” con buen entendimiento. Y la parte del viento con Hrishikesh Mazumdar en la flauta bansuri, de tímbrica por momentos electrónica por su sonoridad y amplificación junto al shehnai (un aerófono de doble lengüeta) de Ashwini Shankar, que también se ubicaría al inicio en la galería del primer piso. Todos ellos lograron esa sonoridad que asociamos a la India, amén de una percusión que trasciende lo musical para contagiar vitalidad tras los momentos trascendentes.

Los bailes ayudaron a llevar mejor la noche palaciega, especialmente las bailarinas, y las flamencas, que compartían coreografías y contrastes en blanco y negro (hubo un cambio al rojo), también con descripciones gestuales a la narración, más el contraste masculino de dos formas de entender la danza.

El público disfrutó sobre todo de los momentos “Bollywood”, mientras las bailarinas esparcían pétalos y el ensamble parecía entrar en calor con unas improvisaciones que no sabíamos cuánto durarían en Prabhuji – canticos de la India y el Finale – Danza Suite. De la OCG el maestro Murphy, sentado en la tarima cuando sonaban las distintas ragas, marcó claramente los muchos cambios rítmicos y planos con desigual respuesta en algunas secciones desbalanceadas. Me quedo con una de las partes líricas con un piano excelente arropado por la cuerda.

Impresiones a vuela pluma de un homenaje donde el sitar fue protagonista, usado en la coreografía, personificado en la narración y un placer escucharlo en manos de Shubhendra Rao, heredero de Ravi Shankar que tanto ha influido en la música occidental desde la globalización que la música ha ejercido desde sus inicios. Una noche colorida incluso por parte del público en el Año Dual España-India.

INTÉRPRETES:

Orquesta Ciudad de Granada

Ignacio García y Mónica de la Fuente, dramaturgia

Ignacio García, dirección de escena

David Murphy, dirección musical

Sukanya Shankar, asesora musical

Ensamble de músicos de la India

Shubhendra Rao, solista de sitar y líder del ensamble

Saskia Rao-de Haas, violonchelo indio

Ashwini Shankar, shehnai

Hrishikesh Mazumdar, flauta bansuri

Vishwesh Swaminadhan, canto

Madan Mohan, violín

Jayachandra Rao, mridangam

Giridhar Udupa, ghatam

Debjit Patitundi, tabla

Sannidhi Vaidyanathan, mridangam

Elenco de danza Bharatanatyam

Coreografía: Rama Vaidyanathan

Cuerpo de baile: Rama Vaidyanathan, Shubhamani Chandrashekar, Reshika Sivakumar, Vaishnavi Dhore, Nilava Sen

Bailarines de España

Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española

José Manuel Benítez (cedido por el Ballet Nacional de España), bailarín de danza española

Mónica de la Fuente, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India

Narración escénica

Lucía Campillo

Mónica de la Fuente

PROGRAMA:

Prólogo

Manuel de Falla (1876-1946):

Introducción, El círculo mágico y Danza ritual del fuego, de El amor brujo (1915)

El sueño del sitar*. Un homenaje a Ravi Shankar:

Ravi Shankar (1920-2012):

Swagatam

Sapney Mein – Raga Yaman Manj

Overture – Dance Suite

Tarana – Dance Suite

Holi – Ghanashyam

Raga Yaman Kalyan (extracto), del Concierto para sitar nº 2

Tilak Kamod – Dance Suite

Raga Mishra Pilu

Raga Adana, del Concierto para sitar nº 1

Raga Tilak Shyam

Prabhuji – canticos de la India

Finale – Danza Suite

* Estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya de Ravi Shankar, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar

Seis voces y seis cuerdas

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Martes 23 junio, 22:30 h. 75 Festival de Granada, Flamenco. Teatro del Generalife: Yerai Cortés. Fotos Álex Cámara y propias.

Mi noche de San Juan “mierense” la celebré en Granada y la disfruté con un espectáculo original, flamenco, actual, sencillo y lleno de calidad con la guitarra de Yerai Cortés y seis mujeres aún sin nombre artístico aunque parece que las hemos bautizado como “Las Coralitas” porque sin ellas nada hubiera sido igual. Con una inicio desconcertante donde el alicantino salía leyendo el periódico y con unas voces procesadas que resultaron directas, comenzaba un espectáculo único.

La web del Festival presentaba así esta noche flamenca:

Yerai Cortés (Alicante, 1995) es uno de los guitarristas más relevantes de la actualidad y una figura clave del flamenco contemporáneo. Criado en una familia vinculada al arte jondo, comenzó su trayectoria en los principales tablaos de Madrid, desarrollando un estilo propio marcado por el virtuosismo y una narrativa muy personal. Con una propuesta artística elegante y gran carga emocional, su guitarra conecta con un amplio público, desde el más tradicional hasta las nuevas generaciones. En 2024 protagonizó el documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, dirigido por C. Tangana (Antón Álvarez). La película obtuvo dos Premios Goya, el de Mejor Película Documental y Mejor Canción Original por Los Almendros, compuesta por el propio el propio director, Cortés, y La Tania. Fue nominado a los Latin Grammy 2025 en la categoría «Mejor Nuevo Artista», un reconocimiento que consolidó su presencia en el panorama musical internacional. En directo ofrece un formato que combina guitarra, coro a seis voces y palmas, con el que ha actuado en escenarios tan diversos como el Montreux Jazz Festival o el auditorio de Radio France en París, además de agotar entradas en todas sus fechas.

El alicantino curtido en acompañar espectáculos de baile y cantaores, tenía la oportunidad de presentarse en solitario con “seis soles”, más sus seis cuerdas con las que ir desgranando temas propios, bulerías, tarantas y hasta valses, con una sonorización exquisita donde los efectos electrónicos estaban tan bien encajados que no distinguíamos el vivo y lo grabado, con las seis chicas todas ellas una fiesta compartida.

Luces sencillas pero por momentos impactantes, destellos de flashes blancos o rojos, efectos de humo, coincidiendo con la tensión y la “furia” o la penumbra. Sus voces sonaron como una, con quejío y pellizco, rememorando el arte de Algeciras aunque desconozca su procedencia, palmas tanto virtuosas de toque preciso como sordas empujando y encajando con la guitarra de Yerai, y un zapateado tan sincronizado que daba ritmo de cajón desde una tarima amplificada con exquisitez.

El programa de mano se limitaba a plasmar las siguientes notas:

Yerai Cortés se consolida como una de las figuras más importantes del flamenco actual. Combina una sensibilidad poco común con una visión artística que trasciende etiquetas. En su música conviven la raíz popular y una mirada contemporánea, que dan forma a un discurso propio, sólido y abierto al riesgo.

Tras el reconocimiento internacional obtenido con su debut, el guitarrista presenta “POPULAR”, un segundo trabajo que amplía su universo creativo y reafirma su personalidad artística. Más allá del virtuosismo, Yerai apuesta por la emoción, el detalle y la construcción de atmósferas que invitan a una escucha atenta.

Su propuesta adquiere una dimensión especial en directo. Sobre el escenario, se rodea de seis mujeres que aportan voz y percusión corporal. Este formato genera una experiencia inmersiva, marcada por el pulso colectivo y la intensidad interpretativa. La interacción entre los elementos crea una tensión que evoluciona a lo largo del espectáculo.

El concierto no se plantea como una simple sucesión de temas. Funciona como un recorrido continuo, con transiciones fluidas y momentos de gran carga expresiva. La sobriedad escénica y el cuidado de la iluminación refuerzan un enfoque centrado en lo esencial, donde cada gesto y cada sonido adquieren protagonismo.

Con esta nueva gira, Yerai Cortés presenta su proyecto en los escenarios y festivales más emblemáticos de Europa. Su propuesta encuentra en el directo su espacio natural.

Todo lo anterior se queda corto, como los 90 minutos de fiesta. El clima creado en el Generalife, a tope con público de todas las edades y gustos, fue cual montaña rusa de puro arte. La guitarra jonda, sentida, explosiva y mágica, más la coreografía de unas chicas “manga” de negro (tutú, minifalda y medias colegiales) moviéndose por el escenario entre un bosque de pies de micrófono, que iban cambiando de posición, con los jaleos espontáneos y sinceros de “¡agua!” o “¡aire!” porque el fuego lo ponían las seis cuerdas junto a las seis corales de oro molido. El “Yeri” cambiando de ubicaciones, sentado, a la izquierda, susurrando algunas melodías «corales», con el pie sobre la silla, centrado, adelantado, recogido, acompañando y compartiendo protagonismo, enriqueciendo unos cantos con letras actuales y naturales como el vals que decía “en los puertos italianos y en los cafés parisinos”… y viva los alicantinos, con el Castillo de Santa Bárbara igualmente celebrando la noche más corta del año (con sus “Fogueres”) en esta fiesta flamenca, moderna, juvenil, distinta, “la fuerza la sacaría de donde la saca nadie”…

Si Yerai “tiene cinco en la izquierda” primorosos, limpios, “la derecha otros cinco que valen por veinte”, como cantaban, de bordones rotundos y melódicos siempre perfectamente compenetrados con sus seis perlas, fusión bien entendida con mucha compenetración desde este maravilloso espectáculo de una docena de luces con media docena de cuerdas y otra de voces.

La Noche de San Juan con calor natural y fuego musical, «canela en rama» desde Alicante hasta Granada con mi mente en Mieres pero el cuerpo flamenco.

Cuartetos para centenarios

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Lunes 22 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Música de cámara. Patio de los Arrayanes: Cuarteto Quiroga. Obras de Arriaga y Kurtág. En conmemoración del bicentenario de la muerte de J. C. Arriaga y el centenario del nacimiento de G. Kurtág.

El Cuarteto Quiroga proponía un diálogo entre dos figuras separadas por dos siglos, pero unidas por la radicalidad de su escritura y la intensidad. El bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, fallecido con diecinueve años, y a quien se la apodado “el Mozart español”, dejó pese a su breve trayectoria una obra madura, en la que sus tres cuartetos de cuerda ocupan un lugar central por su equilibrio formal, claridad expresiva y dominio del lenguaje clásico (y el Quiroga los ha grabado en septiembre de 2005 en la neerlandesa iglesia WedtVest90 de Schiedam, que están presentando este año del bicentenario). Por otro el compositor húngaro, nacido en Rumanía, György Kurtág, que ha cumplido cien años este pasado febrero, representa una de las figuras más singulares del último siglo con exploraciones más concentradas y de carácter aforístico, junto a una expresividad diría que especial. Como dice la web del Festival “El programa subraya así una curiosa relación entre juventud truncada y longevidad creadora, con el cuarteto de cuerda como vehículo privilegiado para la introspección y la experimentación”.

Alternar las miniaturas de Kurtág con los tres cuartetos de Arriaga no pareció encajar mucho, y el público estuvo algo «perdido» con el húngaro, pero estaba claro que el punto fuerte era el bilbaíno.

Las notas al programa de Luis Gago las titula Los dos extremos:

«(…) Escuchar la música de ambos en el concierto de esta noche tiene, por tanto, el atractivo del contraste entre dos maneras casi antagónicas de abordar la creación musical: la eclosión de talento casi incomprensible en un adolescente Arriaga versus la larga lucha por encontrar una voz propia de Kurtág, que publicó su op. 1, precisamente un cuarteto de cuerda, a los treinta y tres años. La conjunción de un genio precoz y una muerte temprana suelen ser los mejores aliados de la leyenda (…). El editor y musicólogo Alfred Schlee es homenajeado en su nonagésimo cumpleaños y recordado tras su muerte en Aus der Ferne III y V, esta última «música angustiada con grandes dosis de sul ponticello. Y luego, muy suavemente, algo se eleva», nos dice su autor. Conmueve observar las tres páginas y media en las que, con una escritura temblorosa, Kurtág entonó un planto fúnebre por László Dobszay, una persona cercanísima al compositor durante décadas, fechadas en Saint-André-de-Cubzac el 26 de agosto de 2011 (…) . En palabras de Cibrán Sierra, «un epitafio turbador que nos enfrenta al sobrecogedor abismo de la nada, donde el átomo se funde con la materia oscura y el sonido parece desintegrarse en el fatal agujero negro del silencio». Calando e perdendosi, escribe Kurtág casi al final de esta música rica en armónicos, en acordes de séptima y novena, tocada con sordinas de metal, con los sonidos reducidos a ascuas: «serán ceniza, mas tendrá sentido».

Sin entrar a fondo en la biografía de Arriaga citar la curiosidad de su fecha de nacimiento: un 27 de enero de 1806 (exactamente el día en que Mozart habría celebrado su quincuagésimo cumpleaños). De las únicas obras que se publicaron en vida del compositor vasco están los tres cuartetos de cuerda, que vieron la luz en París en 1824. De ellos, Cibrán Sierra escribe en el libreto del CD: «El dramatismo oscuro del inicio del primer cuarteto, en la sombría tierra sonora de re menor, convive con la deliciosa naïvité de las variaciones del segundo cuarteto, o con la increíble imaginación sonora del Andante del tercer cuarteto, que preludia usos instrumentales inauditos en la época». Del Quiroga podría repetir sus cualidades que reflejo en cada concierto al que he asistido, y son muchos, pero los tres cuartetos de Arriaga son también un referente en vivo, con la peculiar acústica del Patio de los Arrayanes. Ahondando en la descripción, “el Primer Cuarteto, en re menor, transmite la cara más sombría, dramática y retóricamente intensa de Arriaga, con una seriedad expresiva verdaderamente sorprendente en un compositor tan joven. El Segundo, en la mayor, tiene una luminosidad más extrovertida y una brillantez casi concertante, con momentos de un encanto y una elegancia irresistibles. Y el Tercero, en mi bemol mayor, es el más libre y audaz en términos de invención, color y juego formal: su Andante se convierte en pura imaginación sonora, y su final, una explosión de inteligencia y energía”.

La composición de un cuarteto de cuerda supone todo un complejo proceso que en Haydn, Beethoven o Schubert llevó años, mientras que en Arriaga asombra por su precocidad, celeridad y calidad, tres páginas amables del más puro clasicismo pero con sello propio. Retomando el libreto de la grabación del Cuarteto Quiroga, quiero destacar el análisis:

«Resulta admirable cómo se divierte con frases irregulares, cómo roza el cubismo en sus Scherzi, jugando al trilero con el oyente, en un ejercicio de ingenio parangonable a algunos de los más arriesgados experimentos haydnianos de Eszterháza. Es fascinante el arrojo instrumental, como ese brillante y operístico comienzo del segundo cuarteto, o el audaz tejido contrapuntístico con el que va urdiendo, de manera nada ostentosa, pero llena de pícara creatividad, los desarrollos del Finale del cuarteto en mi bemol. Sorprende ver a un joven firmar páginas donde los silencios ocupan espacios retóricos de tanta profundidad expresiva, un adolescente que no se esconde ante la oscuridad y que maneja con sobriedad las texturas más dramáticas; da gusto observar cómo es capaz de desarrollar el trabajo temático, explotar la diversidad de las cadencias, con sus múltiples encrucijadas narrativas, y cómo, a pesar de todo, nunca suena pretencioso, como les pasa a tantos, y no cae en el habitual pecado de la pedantería o la hipertrofia petulante. En sus cuartetos, Arriaga suena atrevido, con agallas y descaro; fresco y joven, pero inteligente, refinado y elegante».

Si Kurtág es lo actual, con sus aristas y particular entendimiento de estos “regalos cuartetísticos”, exigentes para poder extraer tanta profundidad en tan cortas duraciones, y el Cuarteto Quiroga los interpretó de forma magistral, desde matices íntimos, casi imperceptibles, a la fuerza arrolladora, Arriaga es frescura, con una escritura madura que saca de cada instrumento su protagonismo: diálogos deliciosos de los violines, el chelo sustentando la arquitectura sin perder los pasajes melódicos y un tratamiento de la viola que le da el color y el brillo que el Quiroga demostró con una interpretación perfecta a la que ni el calor, ni las toses, ni los cuchicheos a mi alrededor, lograron opacar.

Como decía George Steiner, un clásico lo es porque nos lee a nosotros tanto como nosotros a él, y así entendió el Cuarteto Quiroga al genio bilbaíno, al que llevan interpretando desde sus inicios, esta vez emparejado con el húngaro simplemente por efemérides.

PROGRAMA

I

György Kurtág (1926)

Aus der Ferne III (1991).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826)

Cuarteto de cuerda nº 1 en re menor (1823).

György Kurtág

Aus der Ferne V (1999).

Juan Crisóstomo de Arriaga

Cuarteto de cuerda nº 2 en la mayor (1823).

György Kurtág

Secreta: funeral music.
in memoriam László Dobszay (2011).

II

Juan Crisóstomo de Arriaga

Cuarteto de cuerda nº 3 en mi bemol mayor (1823).

En conmemoración del bicentenario de la muerte de J. C. Arriaga y el centenario del nacimiento de G. Kurtág.

@Lucía Rivera – Festival de Granada

P. D. Las fotos fueron compartidas el martes 23 a las 11:39 horas, utilizo esta última, ya subida la entrada de madrugada y actualizada a mediodía.

Fuego valenciano en Granada

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Sábado 20 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V: Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV), Marianne Crebassa (mezzo), Gustavo Gimeno (director). Obras de Ravel, Falla, Berio, Stravinsky. Fotos de Álex Cámara y propias.

La Orquestra de la Comunitat Valenciana llegaba al Festival de Granada con el mismo programa ofrecido dos días antes en Valencia junto a Gustavo Gimeno, director invitado habitual de las principales orquestas internacionales. El escenario incomparable del Palacio de Carlos V y una noche de calor ya veraniego sirvieron de marco para un concierto dominado por el fuego en todas sus acepciones: el color orquestal, la intensidad expresiva y, finalmente, la célebre danza «falliana» que cerró la velada.

La primera parte se abrió con la Rapsodie espagnole de Maurice Ravel, obra escrita entre 1907 y 1908 que constituye una de las más refinadas evocaciones de España realizadas desde fuera de nuestras fronteras. Gimeno apostó por una lectura de líneas claras y gran precisión, construida desde el equilibrio de planos y una atención minuciosa al detalle tímbrico. Fue un Ravel limpio y transparente, de sonoridades cuidadosamente perfiladas, en el que destacó especialmente la intervención del corno inglés (Ana Rivera) en la Malagueña, uno de los momentos más inspirados de la interpretación.

La llegada de Marianne Crebassa elevó aún más el interés de la velada. La mezzosoprano francesa confirmó una vez más su extraordinaria afinidad con la música española en las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla. Su impecable dicción, particularmente en la articulación de las consonantes, y un fraseo siempre elegante permitieron disfrutar de unas versiones alejadas de cualquier exceso expresivo. Crebassa optó por la naturalidad y la musicalidad, dejando que la belleza de estas canciones emergiera desde su aparente sencillez.

La versión interpretada fue la orquestación realizada por Luciano Berio, de mayor complejidad y densidad sonora que la más «conocida» de Ernesto Halffter. La escritura del compositor italiano amplía considerablemente el papel de metales y maderas sin traicionar la esencia de la parte pianística original. Gimeno supo encontrar el equilibrio entre la riqueza orquestal y la línea vocal, exigiendo una precisión admirable a los músicos valencianos. Aunque no todas las canciones alcanzaron idéntico nivel de inspiración, resultó difícil no dejarse conmover por una emotiva Asturiana que, por unos minutos, me devolvió a mi tierra. Pese a las prolongadas ovaciones que obligaron a la cantante a salir varias veces a saludar, finalmente no hubo propina.

La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a El pájaro de fuego de Igor Stravinsky en su versión completa de ballet, una opción poco frecuente en las salas de concierto. La ausencia de la dimensión escénica hace que la obra pueda resultar extensa para parte del público, pero permitió comprobar el extraordinario momento artístico que atraviesa la formación valenciana.

De nuevo aparecieron las señas de identidad de la noche: precisión, claridad y disciplina orquestal. Aunque el estilo gestual de Gimeno no termina de convencerme. Su dirección resulta a menudo muy amplia sin coincidir con las dinámicas, y físicamente intensa, con una mano izquierda que, cuando no pasaba las páginas (y eran muchas), frecuentemente duplica el trabajo de la derecha o puede resultar agresiva visualmente para las entradas en ff, pero debo reconocerle una capacidad indiscutible para mantener la tensión narrativa y extraer el máximo rendimiento de la orquesta. En Stravinsky encontró además un terreno especialmente propicio para desplegar esa energía.

Hubo espacio para la magia. Uno de los momentos más reveladores llegó en el final de la obra, cuando el director dejó caer simplemente los brazos para señalar el piano subito, obteniendo una reacción instantánea de los músicos antes del crescendo final. Fue un gesto sencillo pero enormemente eficaz.

La orquesta desplegó una impresionante paleta de colores. La cuerda brilló con especial intensidad y las numerosas intervenciones solistas fueron resueltas con gran calidad. Merecen mencionarse al menos a Bernardo Cifres en la trompa y Gjorgi Dimcevski como concertino, sin olvidar el delicado trabajo de la celesta, instrumento fundamental tanto en Ravel como en Stravinsky.

Y cuando parecía que la temperatura ya no podía subir más, llegó la propina. La célebre Danza ritual del fuego de Falla puso el broche definitivo a una velada de enorme nivel musical. Los valencianos la ejecutaron con brillantez y contundencia, añadiendo la última chispa a una noche que, entre el calor granadino y la intensidad del programa, tuvo mucho de celebración alrededor de una hoguera de San Juan.

P.D.: Me encantó saludar a mi querido Don Ignacio a quien he visto crecer como violinista, resultando una verdadera alegría este encuentro sorpresa en Granada.

De Asturias al cielo

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Jueves 18 de junio, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: “Maharajá”. Zarzuela compuesta entre 2016 y 2017 por encargo de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo en el marco de los actos conmemorativos del 125 aniversario del Teatro Campoamor de Oviedo. Música de Guillermo Martínez y libreto de Maxi Rodríguez. Estrenada el 15 de junio de 2017 en el Teatro Campoamor de Oviedo. Producción del Teatro Campoamor (2017).

Desde Granada recibo la reseña de Asunción Tejedor, un punto de vista de aficionada, apreciable precisamente por la frescura y rapidez de sus impresiones al finalizar la representación este jueves en Oviedo, que quiero compartir desde este blog, con los añadidos de mis enlaces siempre enriquecedores.

Entre los aspectos más destacados de esta nueva representación de Maharajá sobresale el excelente nivel del reparto principal. Vanesa (Beatriz Díaz) brilló tanto por la calidad vocal como por su presencia escénica, mientras que Mishka (David Menéndez) aportó solidez y carisma a un personaje fundamental en el desarrollo de la trama. Igualmente notable resultó la interpretación de Velino (Juan Noval-Moro), convincente tanto en el plano vocal como teatral.

Especial mención merece Ana (Serena Pérez), uno de los personajes más divertidos y agradecidos de la obra. Su interpretación estuvo llena de frescura, naturalidad y sentido del humor, contribuyendo de manera decisiva al tono desenfadado de la zarzuela. No obstante, en algunos momentos su emisión resultó algo contenida y ciertas frases cantadas llegaron con menor claridad a la sala, lo que dificultó apreciar plenamente algunos detalles de su intervención.

El componente cómico funcionó especialmente bien gracias al trabajo conjunto de todos los intérpretes, que supieron mantener un ritmo escénico ágil y eficaz. Los personajes secundarios aportaron dinamismo y contribuyeron a crear una atmósfera cercana y entretenida para el público.

Como aspecto mejorable, los diálogos hablados no siempre se percibieron con la nitidez deseable. En varios pasajes la dicción o la proyección dificultaron la comprensión completa del texto, algo especialmente relevante en una obra donde el libreto y el humor tienen un peso importante en la comunicación con el espectador.

En conjunto, una representación muy disfrutable, sostenida por un elenco comprometido y por varias interpretaciones de gran nivel, que permitieron apreciar plenamente el atractivo de esta zarzuela contemporánea.

La OSPA presenta su temporada 26-27

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Una temporada para celebrar el pasado y ensanchar el futuro

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) ha presentado su temporada 2026-2027 con un mensaje claro: combinar la celebración de grandes aniversarios con la voluntad de abrirse a nuevos públicos. Una programación amplia, de diecisiete conciertos de abono (uno más que en la última), que recorrerá tres siglos de historia de la música y que llega acompañada de una medida práctica pero significativa: el adelanto del horario de los conciertos a las 19.30 horas para facilitar la asistencia desde distintos puntos de Asturias.

La temporada se articula alrededor de dos grandes conmemoraciones. El punto de partida será Manuel de Falla, de cuyo nacimiento se cumplen 150 años, con las evocadoras Noches en los jardines de España (y de solista el pianista gijonés Martín García). El cierre llegará en junio con la Novena Sinfonía de Beethoven (con un excelente cuarteto solista más El León de Oro) en el bicentenario de la muerte del compositor alemán, una de las obras más universales del repertorio sinfónico.

Pero la programación no se limita a celebrar efemérides. El director titular y artístico, Nuno Coelho, ha planteado un recorrido que alterna repertorio clásico y propuestas más contemporáneas, buscando atraer a oyentes habituales y también a quienes se acercan por primera vez a la música sinfónica, esperando crezca el número de abonados para esta nueva temporada.

La presencia de Falla se prolongará con El amor brujo, recuperando la esencia original de una obra concebida como “gitanería” (con la cantaora sevillana Esperanza Fernández, que me cautivó hace dos años en Granada), lejos de los moldes operísticos tradicionales. Junto a ella convivirán nombres fundamentales del pasado siglo como Stravinsky, con su revolucionario Petrushka; Lutosławski, que transformó el folclore en un lenguaje moderno y sofisticado; o John Adams, cuya música aborda los dilemas éticos de la era nuclear a partir de la figura de Robert Oppenheimer.

La temporada también reserva espacio para figuras menos frecuentes en las salas de conciertos. Es el caso de María Teresa Prieto, compositora ovetense vinculada a la Generación del 27 y al exilio republicano en México, cuya obra Chichén Itzá permitirá reivindicar una trayectoria todavía insuficientemente conocida. Del mismo modo, la recuperación de la Messa di Gloria de Puccini (dirigida por Óliver Díaz con el Coro de la FPA) conecta con una historia muy particular de la vida musical asturiana, pues Oviedo fue una de las primeras ciudades españolas en interpretar esta partitura tras su redescubrimiento.

Entre los solistas invitados destacan algunos de los nombres más relevantes del panorama internacional, como la violinista Alina Ibragimova, el pianista Juan Pérez Floristán, el violonchelista Pablo Ferrández o la flautista Clara Andrada (que mantiene su colaboración artística). Particularmente espero con ganas el regreso de la violinista Patricia Kopatchinskaja, quien además dirigirá a la OSPA, además de mi tocayo ovetense Pablo González con un Nielsen que le ha convertido en su más fiel seguidor.

Su presencia refuerza una programación que combina grandes clásicos con obras menos transitadas, ofreciendo al público oportunidades tanto de reencontrarse con repertorios conocidos como de descubrir nuevos horizontes.

Más allá de los títulos concretos, algunos ya apuntados, la sensación que transmite esta temporada es la de una orquesta en fase de consolidación y crecimiento. La incorporación de nuevos músicos a la plantilla y la apuesta por ampliar la base de público parecen formar parte de una misma estrategia: fortalecer una institución cultural que sigue siendo uno de los principales referentes musicales de Asturias.

Entre Falla y Beethoven, entre la tradición y la modernidad, la OSPA propone una temporada que invita a mirar simultáneamente al pasado y al futuro. Una invitación que, sobre el papel, resulta difícil rechazar.

Efecto Einaudi

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Jueves 11 junio, 22.30 h. 75 Festival de Granada, Concierto Extraordinario. Teatro del Generalife: Ludovico Einaudi. Solo piano. Fotos Álex Cámara / Festival de Granada, y propias.

Como figura en la web del festival, llegaba esta cita excepcional de aniversario (con todo vendido): Einaudi en el Generalife, antesala de la 75 edición del Festival, con el reconocido compositor y pianista italiano Ludovico Einaudi (Turín, 1955) debutando en Granada con este concierto extraordinario en el Teatro del Generalife, en gira española de Granada a Pamplona, Madrid y Barcelona hasta el día 16, y el programa Solo piano que ha grabado recientemente, a la espera de nuevo en estos días, enlazando y organizado temas con la naturalidad y sencillez del italiano.

Figura destacada en el panorama musical contemporáneo, Einaudi ha construido un lenguaje personal que trasciende géneros y públicos. Su obra, próxima a veces al minimalismo, combina claridad melódica y carga emocional profunda, conectando con audiencias amplias más allá de los circuitos clásicos tradicionales, lo que se nota por “el tirón” de todas su actuaciones, como en Granada con todo el papel vendido y colas esperando antes de abrirse las puertas. Sus composiciones para piano solo, también  para conjuntos, han sido aclamadas internacionalmente, formando parte de bandas sonoras cinematográficas y de series, consolidándolo como uno de los creadores más influyentes de nuestro tiempo.

Concierto extraordinario en todos los sentidos para comenzar oficialmente este viernes la septuagésima edición del festival granadino, apostando por “música sin etiquetas” como me gusta llamarla, y nadie mejor que el pianista italiano que rompe barreras, aunque los que peinamos canas asociemos su música a la por entonces llamada “New Age” donde el estadounidense George Winston marcó estilo siendo un superventas parecido al inglés Michael Nyman, y que ahora el turinés parece tomar el relevo.

Con una amplificación no de la calidad esperada, pero con los efectos de reverberación y delay habituales en sus grabaciones, sumándole un excelente uso de los pedales, Einaudi embrujó a todo el Generalife que siguió la actuación en un silencio sepulcral, relajante, cual «salvapantallas sonoro» de casi dos horas, donde ir desgranando y enlazando temas de una carrera longeva como el propio artista comentaría (en inglés) tras el primer bloque. Su música, como él la definió, es un lienzo desde el piano donde puede pasar de la brocha al lápiz, un paisaje que nunca es igual, como en cierto modo entendían los impresionistas, el mezclar colores  directamente en el óleo que para Ludovico es el piano, con el fondo de los cipreses imperiales.

En el Generalife ofreció una velada única e irrepetible, un concierto o mejor recital íntimo, donde “invita al público a sumergirse en un universo sonoro íntimo y universal, donde cada nota parece hablar en silencio. El programa propone un viaje emocional por una obra que trasciende géneros y fronteras, caracterizada por su minimalismo lírico, su profundidad expresiva y una conexión directa con el oyente”. A través del piano solo, fuimos disfrutando casi de un muestrario de todos sus trabajos, pues el autor interpretó algunas de las piezas más queridas de su repertorio junto con otras menos conocidas, y composiciones de sus trabajos más recientes, tal y como lo presentaba el programa de mano.

En su biografía destaca “que se ha formado en el Conservatorio de Milán bajo la guía de maestros como Luciano Berio. Einaudi ha sabido destilar la complejidad de la vanguardia para alcanzar una «esencialidad máxima». Desde su debut con Le Onde hasta su reciente e íntimo proyecto Underwater –gestado en el silencio del confinamiento–, su carrera ha sido una búsqueda constante de la pureza. Ya sea interpretando su célebre Elegy for the Arctic sobre el hielo del océano Ártico o bajo las estrellas en el Generalife (como en esta noche nazarí), Einaudi demuestra que, en un mundo ruidoso, su piano es el refugio donde el silencio y la emoción finalmente se encuentran”.

Cual cuadros de una exposición donde el italiano iba pintando al piano mientras el público contemplaba cada lienzo, el color inicial casi etéreo, por el empleo del registro agudo, iría ganando en intensidades cuando aparecían unos graves potentes, pinceladas donde el trazo cambiaba con irisaciones ayudadas por el técnico de sonido en un piano peculiar por esa sonoridad casi electrónica. No hace falta aplicar conceptos academicistas de acordes, tonalidad, cadencias, ni siquiera frases que esperamos se repitan y evolucionan sutilmente, simplemente dejar fluir sonidos y sensaciones.

Las notas prosiguen en el apartado Referente internacional de la música contemporánea que “Ludovico Einaudi no es solo un pianista; es un referente indiscutible de la música contemporánea, una figura que ha logrado lo que parecía imposible para un compositor de formación clásica: derribar las barreras entre géneros y conectar con el alma de millones de personas en todo el mundo. Su nombre es sinónimo de un éxito sin precedentes, siendo el único músico de su disciplina capaz de batir récords de permanencia en las listas de éxitos internacionales, compitiendo con los grandes iconos del pop y el rock, y llenando los auditorios más prestigiosos del planeta, desde el Royal Albert Hall hasta la Sidney Opera House”.

Noche con el «Efecto Einaudi» para un público heterogéneo, intergeneracional, que vivimos un recital distinto, casi como de musicoterapia para una total relajación y disfrute emocional, banda sonora sin imágenes, donde cada uno puso las suyas, puede que en parte por los muchos vídeos que están en las distintas redes sociales del italiano, hoy auténtico soporte vehicular de esta música de nuestro tiempo que escapa a las etiquetas tradicionales.

PROGRAMA y enlaces:

Ascent
Jay
(* 10)
Melodia Africana
(* 3)

Memory One (* 4)
Swordfish

Tu sei
Elegy for the Arctic
(* 16)

Le Onde (* 1)
Oltremare

Low Mist 1
Birdsong
Devils
Low Mist 2
Una Mattina
(* 7)

Experience (* 14)
Divenire

I giorni (* 5)

(* X número de pista en su CD “Solo piano” ©2026)

Música para la Granada Imperial

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Martes 9 de junio, 22:00 horas. 25 FEX, Palacio de Carlos V: Concierto extraordinario “Música para un centenario. Estelas de Carlos V”. Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director). Obras de F. Jusid, García Abril y J. Lopez-Montes.

La presentación de este concierto que llenó el palacio imperial, decía: «Un concierto que, con motivo del V Centenario de la UGR, explora el legado de Carlos V a través de tres miradas sonoras, desde la evocación histórica hasta la creación contemporánea». Y tras las fanfarrias a lo largo de día entrábamos a palacio para disfrutar de juventud y buena música.

Me alegra comprobar que las universidades españolas son una cantera musical, una afición como pueda ser la coral, como la orquestal donde comprobar el altísimo nivel de una juventud preparada que poco a poco va ocupando atriles en las profesionales, y siendo la labor docente como la realizada por la Universidad de Granada de alabar. Con una orquesta inmensa, de amplia mayoría femenina, especialmente en la cuerda, bastante equilibrada en plantilla y la acústica siempre increíble de este marco incomparable, la noche (no prevista para mí) arrancaba con música de cine, la de Federico Jusid (1973) organizando una suite con dos series televisivas (Isabel de 2021, y Carlos Rey Emperador tres años después) con la que mis antiguos estudiantes conocieron un poco de nuestra historia, aquí hecha música desde nuestro tiempo mostrando la oposición de caracteres de ambos personajes. Carácter épico que va transformándose hacia lo lírico antes de la explosión final de esta página sinfónica muy bien llevada por el maestro Gabriel Delgado, buen conocedor y director, exprimiendo al máximo a estos jóvenes instrumentistas, atento siempre a los detalles a los que le respondieron todas las secciones.

Del turolense García Abril se eligió para la ocasión el poema sinfónico Alhambra (1996-1998), aprovechando la propia historia hispano-germana (la obra fue un encargo de la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin para sus 75 años) no solo el entorno donde el Palacio representa al Emperador Carlos V, sino también la plantilla, que dejo  a contiuación para ver la magnitud: 3 (pic) – 3 (crn ing) – 3 (req, cl b) – 3 (cfg) – 4.3.3.1.1 – 5 perc, ap, pf – cuerda). Intervenciones excelentes de los solistas (no tengo sus nombres), desde la concertino al clarinete y oboe, con una orquesta muy empastada con unos metales siempre presentes. Partitura con el sello sinfónico de un compositor completo que también nos dejó unas bandas sonoras y televisivas que muchos conocemos aunque la mayoría desconozcan su autoría.

Asistir a un estreno siempre es un privilegio y nuestros compositores actuales no siempre tienen la posibilidad de que se escuchen sus obras, pero al menos los encargos de distintas instituciones, solistas o incluso orquestas, no solo motivan la creatividad sino que logran ampliar un repertorio que es el nuestro y era norma antes de lo que se ha convertido en repertorio. Aplaudo ue se sigan programando obras nuevas, más aún cuando se mezcla lo sinfónico-coral con la electrónica, poco habitual en parte por la complejidad de los montajes. En esta ocasión se contó con el propio músico, José López-Montes (Guadix, 1977), que presentaría su obra: Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V.

López-Montes, catedrático de «Tecnología musical» en el Conservatorio Superior de Granada, muestra interés, como él mismo refleja en su web, «en el trabajo tímbrico-armónico, la composición algorítmica y la sinestesia, con obras aúnan síntesis de vídeo, tecnologías de espacialización sonora y programación de herramientas de composición asistida por computadora, combinando elementos tales como autómatas celulares, algoritmos genéticos, gramáticas generativas o sonificación de datos. Su producción abarca una amplia variedad de instrumentaciones, técnicas y planteamientos escénicos».

El acitano de prolífico catálogo, nos explicaría antes del estreno, que esta composición es una instalación octofónica por encargo de la UGR,  pensado para el propio Palacio de Carlos V desde el pasado (la vihuela de Narváez y su “Delphin”) y presente, inspirado en la arquitectura renacentista de esta joya monumental con la obsesión por la geometría traducida a la música; también utiliza textos de la poeta y musicóloga franco-libanesa Katia-Sofia Hakim (Bayona, 1988), Garcilaso de la Vega, el granadino Ibn al-Jatib, Juan Boscán, el embajador de Carlos V Andrea Navagero y anónimos, tanto grabados como cantados.

Composición muy interesante y compleja de dirigir e interpretar, pues a una orquesta poderosa se sumaba el Coro Manuel de Falla que dirige Juan Ignacio Rodrigo, más la impactante parte electrónica que en momentos es protagonista y en otros se suma a la masa instrumental, alcanzando una tímbrica que pasa de lo inquietante a lo onírico. Aunque mi ubicación trasera no me permitió la escucha envolvente que los altavoces colocados en torno al círculo «abrazaban» los oídos e incluso parecían rebotar en las piedras centenarias, me pareció encontrar partes de sampleo sinfónico-coral manejadas por el propio compositor dentro de la propia orquesta, para esta feliz conjunción entre pasado y presente. La labor del director canario Gabriel Delgado fue admirable, desde el trabajo con unos músicos sobresalientes (espectaculares los percusionistas), un coro atento, afinado y con buena proyección frente al bloque sinfóncio, hasta el producto final de un directo siempre irrepetible, con unas sensaciones de poder estar asistiendo a todo un espectáculo sonoro.

Ya con tiempo pude leer el programa con notas extendidas de Marina Hervás Muñoz, profesora contratada doctora en el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. De ellas quiero destacar la inclusión de los textos utilizados y su traducción, así como dejar algunos párrafos que ayudan a una mejor comprensión de este estreno:

«(…) Ya en el título se nos presentan sus dos ejes principales: de un lado, la «diferencia», el término renacentista para las variaciones, con la salvedad de que no son solo instrumentales –como acostumbraba a ser en la época–, sino también vocales. Estas diferencias se hacían sobre música, por lo general, muy conocida. Aquí se juega con la tensión entre lo que nos puede sonar conocido y su extrañamiento, en la medida en que parte de los materiales son del Delphin de música de Luys de Narváez, vihuelista granadino vinculado a la corte imperial. Fragmentos de esa música son absorbidos, transformados y orquestados hasta dialogar con sonoridades contemporáneas, revelando también su modernidad latente.

De otro lado, suena el propio Palacio. Tal y como explica José López-Montes: «Icnofonía es una palabra inventada a partir de icnografía, que es la representación gráfica de la planta de un edificio. Icnofonía podría traducirse, pues, como su equivalente sonoro, y por tanto, una suerte de sonificación de las proporciones que se encuentran en una estructura arquitectónica horizontal». La electrónica, distribuida en un dispositivo octofónico que rodea al público, prolonga del octógono presente –aunque no de manera evidente– en la arquitectura del Palacio, algo que refuerza, aún más, su conexión con la tradición andalusí y la Alhambra. El coro, además, canta sobre textos de varios autores de distintas procedencias (…). Los poemas tratan de ampliar las numerosas capas de significado que se pueden extraer del Palacio: la transformación de la ciudad, la vida personal e íntima de los emperadores o el dolor bélico. A ello se suman voces, grabaciones y ecos del paisaje sonoro contemporáneo del monumento, como si la propia arquitectura conservase aún estratos de escucha acumulados durante siglos y que en Icnofonía se nos presentan como ecos espectrales a lo que solo hay que prestar oído. Es una invitación, entonces, a invocar a los «Icnos (ἴχνος)» –que significa «huella, rastro, pisada»– del Palacio, con el anhelo de que quiera revelarnos el enigma de su silencio».

Éxito de público y aplausos para todos los participantes, con dos propinas. No podía faltarnos Falla y de El sombrero de tres picos y el final de las seguidillas y farruca, homenaje a este granadino de adopción con la cuerda de la orquesta algo desbalanceada tras el esfuerzo previo, pero totalmente entregada al maestro Delgado, y todos entonando el muy logrado arreglo del himno universitario Gaudeamus Igitur con el público en pie y algunos entonando las estrofas elegidas.

PROGRAMA:

Federico Jusid (1973)

Suite Isabel / Carlos, Rey emperador (2012-2016)

Antón García Abril (1933-2021)

Alhambra, 1996-1998

José López-Montes (1977)

Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V (2016, estreno absoluto, encargo de la UGR)

La música por Granada

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Martes 9 de junio: 75 Festival de Granada, 23 FEX (Festival del Extensión).

Fanfarrias. Ensemble de Metales de la Federación Granadina de Bandas de Música (FEGRABAND). Puerta Real (12:45 horas), Plaza Bib-Rambla (12:45 horas), Hotel Victoria (20:00 horas) y Palacio Carlos V (21:30 horas). Obras de Tárrega, Beethoven, Puccini, Óscar Musso, Gustav Holst y Wagner.

Granada ya respira música en la calle y en mi día 1 en la capital nazarí me encontré como aperitivo el FEX (Festival del Extensión) que lleva un montón de actividades artísticas por la ciudad y su provincia. Los voluntarios reparten los folletos para seguir cada día paseando por la ciudad y encontrarnos sorpresas como las Fanfarrias, esta vez con un “ensemble” de ocho trombones de distintas edades, músicos que ya están tocando en las distintas bandas de música granadinas y agrupados en la FEGRABAND.

Buscando la sombra y a la puerta del edificio de Correos en Puerta Real, mi primera parada y la de muchos paseantes que se detenían a escuchar uso arreglos “corales” por las voces utilizadas y variando épocas y estilos. Mi amigo Fermín Rodríguez es fotógrafo profesional (Ferminius) con quien sigo charlando en mi “segunda casa” y me pilló preparando el teléfono para mis instantáneas con el móvil (me reconozco adicto) y son las que suelo acompañar cada entrada del blog, y que además no tenía prevista hasta el jueves.

Un breve paseo hasta la siempre concurrida Plaza Bib-Rambla y sentado en una terraza porque era  ya hora de mi primera cerveza granadina, nuevamente el público se asombraba de la sonoridad tan especial de lo que los guiris llamarían un “Brass Ensemble” y casi homenaje el conocido Amazing Grace. Banda sonora de la mañana antes de volver a mis aposentos, pues quedaba mucho por la tarde. 

Por deformación profesional en la tarde volví a seguir, como los niños de Hamelín, a los trombonistas que cambiaban de director pero mantenían las obras, aunque alternando el orden, y en la tarde regresaba a Puerta Real, donde desde el primer piso del Hotel NH Collection Granada Victoria (que ya disfruté en otros viajes), como es habitual en tantas ciudades con tradición musical y festivalera, la Fanfarria anunciaba que en nada arranca la edición del emblemático festival, 75 años que también conmemoran los 150 años de Falla, uno de los ideólogos del mismo junto a Federico allá por 1922, y cuya música estará presente a lo largo de un mes intenso, esperando ir contándolo.

Camino del primer concierto nocturno, tras tomar el microbús que nos lleva hasta La Alhambra, a rebosar ambos, delante del Palacio Carlos V cerraba esta “trombonada” del martes aún sonando la obertura de Tannhäusser, tan imperial y adecuada antes de acceder a un espacio y día tan especial, que contaré en la siguiente entrada.

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