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Perianes no falla

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Lunes 6 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Recital. Patio de los Arrayanes: Javier Perianes (piano). Obras de Falla, Chopin y Albéniz. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Hay lugares donde el piano parece encontrar su espacio natural. El Patio de los Arrayanes es uno de ellos. El rumor constante del agua, la geometría serena de la Alhambra y el silencio expectante del público componían el mejor marco posible para el regreso de Javier Perianes (Nerva, 1978), uno de esos músicos que no necesitan demostrar nada porque llevan años confirmándolo todo. Lo llamé hace años «el Sorolla del piano» con su aquiescencia, porque, como el pintor valenciano, trabaja la luz más que el color. Sus interpretaciones nunca buscan el efecto inmediato, sino esa claridad que parece surgir desde dentro de la propia música. Cada obra termina iluminada de una manera distinta.

La web del festival titulaba Falla y su profeta con las siguientes palabras:

En el año dedicado a Manuel de Falla, la presencia de Javier Perianes, uno de sus intérpretes de referencia, adquiere un valor especialmente significativo. El pianista regresa a los Arrayanes con un programa que sitúa a Falla en diálogo con dos figuras decisivas de su universo estético. La primera parte explora la afinidad entre el joven Falla y Chopin, visible en nocturnos, mazurcas y piezas de aliento lírico en las que se reconocen la herencia romántica, el refinamiento armónico y la atención al canto interior. En la segunda, las Cuatro piezas españolas de Falla se insertan en el marco más amplio del nacionalismo pianístico, junto a una selección de Iberia de Albéniz, auténtica cima del piano del siglo XX. El considerando traza así un recorrido coherente entre influencia, identidad y madurez creadora.

El programa nunca fue un enfrentamiento, fue una genealogía, una conversación transversal entre estéticas, lenguajes y raíces, leída desde el piano con inteligencia y una extraordinaria capacidad narrativa que Perianes sigue llevando por distintos escenarios.

La velada se abrió con el Nocturno (1896) de un joven Manuel de Falla, todavía impregnado del romanticismo tardío y de la herencia chopiniana, casi entendiendo esta primera parte como “afinidades inesperadas”. Perianes abordó este nocturno con un fraseo flexible y una sonoridad contenida, subrayando su carácter introspectivo sin exagerar la nostalgia para a continuación, el Nocturno en do sostenido menor, op. 27 nº 1 de Chopin que apareció como una prolongación natural del discurso: atmósferas densas, tensiones armónicas sutiles y un uso del rubato tan elegante como controlado.

Las mazurcas reforzaron ese diálogo implícito: la Mazurca en do menor de Falla, seguida de las mazurkas chopinianas (op. 7 nº 2 y op. póst. 67 nº 1), evidenció cómo ambos compositores, desde contextos culturales distintos, supieron transformar la danza popular en materia poética. Perianes evitó cualquier acento “folklorizante” superficial, apostando por una lectura depurada, de ritmos insinuados y clara articulación, pues en estos momentos el mejor Falla sigue sonando en las manos del onubense.

En la Serenata andaluza y la Canción de Falla, sacó a relucir una paleta tímbrica luminosa, casi guitarrística, mientras que obras como el Vals en la menor, op. 34 nº 2 y la Berceuse, op. 57 de Chopin se desplegaron con una ‘cantabilidad’ (si se me permite el palabro) exquisita, de líneas largas y respiración natural, sin perder nunca la tensión interna, Perianes volvió a demostrar que el silencio también forma parte de la interpretación. No deja morir una nota: la escucha extinguirse.

Falla y Albéniz, España como idea sonora que ahondó en nuestra identidad musical desde dos perspectivas complementarias además de enriquecedoras. Las Cuatro Piezas Españolas de Falla (Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza) fueron interpretadas con una claridad estructural admirable, resaltando su modernidad armónica y su refinamiento rítmico, lejos de cualquier pintoresquismo pero de trazo ágil, luminoso y con la luz del mago evocando paisajes nuestros.

Escuchar “Iberia” en la Alhambra tiene inevitablemente algo de regreso al origen. No porque Albéniz escribiera pensando en Granada, sino porque pocas arquitecturas dialogan tan bien con ese mundo sonoro hecho de luz, distancia y memoria. La selección de Evocación, El Puerto, Almería y Triana permitió a Perianes desplegar aún más toda su autoridad en este repertorio del que no solo es embajador sino todo un referente. Mientras escuchaba desde mi incómoda silla Evocación no pude evitar acordarme de Esteban Sánchez, cuya lectura de “Iberia” sigue ocupando un lugar privilegiado en mi discoteca. Las comparaciones son inevitables, aunque también injustas. Perianes no pretende parecerse a nadie. Esta selección posee una claridad de texturas y una naturalidad en el discurso que la hacen profundamente personal.

Primera parte nostálgica, con nocturnidad sin alevosía, honda, sentida, con el poso onubense, y la segunda tan festiva como la victoria de España ante Portugal rozando una prórroga que no llegó a dejarnos in albis.

Y como si me hubiese leído el pensamiento, la propina fue casi una parte extra y con memoria: el propio homenaje a Falla con su Fantasía Bética (1919) que en Cáceres dedicó al ilustre pianista pacense Esteban Sánchez (Orellana la Vieja, Badajoz: 1934 -1997), pues no hubo mejor intérprete para esta impresionante fantasía, cerrando este recital granadino con una fuerza simbólica y musical incontestable. El de Nerva mostró y demostró su vertiente más poderosa y rítmica, sin perder nunca el control ni la claridad, en una obra exigente que resume como pocas el espíritu moderno y telúrico del compositor gaditano. Aún llegarían dos más: Sevilla (Albéniz) rindiendo el tributo al de Campodrón tras la Bëtica que «no falla», puro arte de esta tierra andaluza, y la Danza ritual del fuego (Falla) ardiendo con llamas a punto de quemarnos para concluir el inicio de la última semana de festival.

No todos los grandes pianistas consiguen que el público salga hablando del programa antes que de la dificultad técnica. Javier Perianes sí, porque su virtuosismo nunca reclama protagonismo: está al servicio de la música. Lo verdaderamente memorable de esta noche no fueron los pasajes imposibles de Iberia, ni la arquitectura perfecta de Chopin, sino la sensación de haber asistido a una conversación íntima entre tres compositores separados por el tiempo y unidos por una misma idea de belleza. Cuando terminó el recital, el rumor del agua volvió a quedarse solo en el Patio de los Arrayanes. Quizá era la mejor manera de entender lo que acabábamos de escuchar: un piano que nunca necesita levantar la voz para decirlo todo. Perianes, una vez más, no falló.

PROGRAMA:

I

Manuel de Falla (1876-1946)

Nocturno (1896)

Fryderyk Chopin (1810-1849)

Nocturno en re bemol mayor, op. 27 nº 2 (1835)

Manuel de Falla

Mazurca en do menor (1899)

Fryderyk Chopin

Mazurca en la menor, op. 7 nº 2 (1830- 31)

Mazurca en sol mayor, op. 67 nº 1 (1835)

Manuel de Falla

Serenata Andaluza (1900)

Fryderyk Chopin

Vals en la menor, op. 34 nº 2 (1831)

Manuel de Falla

Canción (1900)

Fryderyk Chopin

Berceuse en re bemol mayor, op 57 (1843, rev. 1844)

II

Manuel de Falla

Cuatro piezas españolas (1906-1909)

Aragonesa

Cubana

Montañesa

Andaluza

Isaac Albéniz (1860-1909)

Iberia (Selección. 1905-08)

Evocación

El Polo

Almería

Triana

Invitación a la música

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Sábado 4 de julio, 22:00 h75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V:  Budapest Festival Orchestra, Anja Kampe (soprano), Hanno Müller-Brachmann (bajo), Iván Fischer (director).. Obras de Schumann y Wagner. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Los festivales también viven de los reencuentros. Un año después de aquella inolvidable Quinta de Mahler, la Budapest Festival Orchestra regresaba al Palacio de Carlos V para confirmar por qué es una de las grandes formaciones europeas del momento. Yo mismo la había descubierto en Oviedo allá por 2012 y, tras volver a escucharla este pasado mes de mayo con idéntico programa, Granada suponía la tercera estación de un viaje musical ya plenamente asentado. El único cambio era la presencia de Anja Kampe en sustitución de Ingela Brimberg, una sustitución que, a mi juicio, terminaría siendo incluso favorable.

Hace poco definí a Iván Fischer como «la batuta amable» y esta noche no hizo sino confirmarlo. No dirige desde la imposición sino desde la invitación. Su autoridad resulta absoluta precisamente porque nunca necesita exhibirla. Más que ordenar, propone; más que marcar el pulso, contagia el deseo de hacer música. Cada gesto parece una conversación con sus músicos y la respuesta de la orquesta es inmediata, natural, casi camerística incluso cuando despliega una plantilla monumental.

La «Renana» permitió disfrutar desde el primer compás de una cuerda opulenta pero nunca pesada, de unas maderas capaces de cantar cada frase con naturalidad y de unos metales que combinan nobleza con brillantez sin perder nunca el equilibrio. La disposición vienesa —violines enfrentados, violonchelos proyectando directamente hacia la sala y contrabajos abrazando el conjunto desde el fondo— sigue pareciéndome una de las decisiones acústicas más inteligentes cuando una orquesta sabe aprovecharla como ésta, y en el Palacio aún mas.

El descanso tuvo además un regalo inesperado: compartir los micrófonos de Radio Clásica con mi querido Arturo Reverter y Miguel Ángel González Barrio. Escuchar conversar a dos wagnerianos de semejante nivel es casi otro concierto. Mientras Miguel Ángel nos guiaba por el camino que conduce hasta la despedida de Wotan, yo seguía pensando que, siendo verdiano de nacimiento, cuanto más leo y escucho a Wagner más comprendo por qué termina atrapando. Sigue pendiente ese Anillo completo y, cómo no, la peregrinación algún día a Bayreuth.

Si Schumann había mostrado el refinamiento de la Budapest Festival Orchestra, Wagner permitió comprobar toda su potencia sonora. La enorme plantilla desplegada por Fischer nunca resultó aparatosa. Todo lo contrario: la densidad orquestal conservó siempre una transparencia admirable. Las trompas fueron, sencillamente, extraordinarias; los metales sonaban con esa mezcla de nobleza y poder que sólo las grandes orquestas consiguen, mientras la cuerda mantenía una tensión permanente bajo el canto de los leitmotiv.

Anja Kampe volvió a demostrar por qué Brünnhilde forma parte de su ADN artístico. Conserva volumen, autoridad dramática y una expresividad que convierte cada intervención en verdadero teatro, incluso en versión de concierto. Hanno Müller-Brachmann ofreció un Wotan noble y musical, de bello color en el centro aunque algo más comprometido en el registro agudo, quizá excesivamente pendiente de la partitura para transmitir toda la dimensión humana del personaje.

El público respondió puesto en pie, entre bravos dirigidos al dúo vocal pero, sobre todo, a Iván Fischer y a una Budapest Festival Orchestra que volvió a convertir el Palacio de Carlos V en uno de esos lugares donde parece natural que la música suceda. Muchos esperábamos todavía una Cabalgata como propina, pero quizá no hacía falta añadir nada más. Después del viaje desde las orillas del Rin hasta el círculo de fuego que protege a Brünnhilde, sólo quedaba guardar silencio y agradecer otra de esas noches que justifican por sí solas un Festival.

PROGRAMA:

I

Robert Schumann (1810-1856)

Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 «Renana» (1850):

Lebhaft

Scherzo. Sehr mäßig

Nicht schnell

Feierlich

Lebhaft

II

Richard Wagner (1813-1883)

Escena final de Die Walküre (Acto III, Escena 3: Despedida de Wotan y Fuego mágico) (1856)

Clave Falla

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Sábado 4 de julio, 12:30 h. 75 Festival de Granada, Conciertos matinales. Crucero del Hospital Real: Plural Ensemble, Mahan Esfahani (clave), Fabián Panisello (director). Obras de Boccherini, Sánchez-Verdú, Alberto Carretero, Jesús Villa-Rojo y Falla. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Concierto matutino para seguir homenajeando a Falla con un programa donde conjugar al gaditano y los actuales compositores españoles con el clave como protagonista.

La web del festival lo presentaba como En clave de Falla:

“lural Ensemble, uno de los conjuntos españoles de referencia en la interpretación de la música contemporánea, presenta un programa concebido en torno al Concerto per clavicembalo de Manuel de Falla, que se suma al homenaje del maestro gaditano. Bajo la dirección de Fabián Panisello y con un solista de extraordinario prestigio internacional como Mahan Esfahani, clavecinista especialmente comprometido con la creación actual para su instrumento, el programa enlaza pasado y presente a partir del legado falliano. Junto a la famosa evocación sonora del Madrid del XVIII que hizo Boccherini, se escucharán obras de Jesús Villa-Rojo y José María Sánchez-Verdú, junto al estreno absoluto de Con certo in certo del sevillano Alberto Carretero, obra escrita expresamente para esta ocasión por encargo del Festival y en diálogo directo con Falla.

Alterando un poco el orden programado, comenzaría el concierto con Las ínsulas extrañas de José María Sánchez-Verdú que ya disfruté de su estreno hace dos años en un “doctorado auditivo” del compositor gaditano, en esta ocasión con el Plural Ensemble y el clavecinista Mahan Esfahani. Inicio tan pianissimo y casi imperceptible de Ema Alexeeva para ir creciendo y sumando intensidades en planos sonoros donde la tímbrica de cada instrumento supone una reflexión e inspiración en el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, siempre relacionado con Granada. Entonces el propio Sánchez-Verdú escribía de su obra: «Mi pieza, lejos de emular el Concerto, describe un viaje casi místico a través de siete paisajes que trazan una ascensión en la percepción. El material musical se despliega en ostinati, bloques que se despliegan como espejos concéntricos, ecos en transiciones orgánicas entre paisajes, y tienen al clave siempre como centro del itinerario. […] Como la ascensión al Monte Carmelo –que describió y también diseñó en un muy especial dibujo con su mano el propio santo– en la pieza musical se conjuga la búsqueda de una plenitud mística y espiritual a través de un terreno místico por naturaleza: el camino. Las ínsulas extrañas es una cartografía de todos estos espejos y resonancias, con San Juan y Manuel de Falla y con el espacio de la montaña que los aunó en espacios y tiempos que dialogan».

A continuación se intercalarían pasajes de Luigi Boccherini y su Musica notturna delle strade di Madrid, para la cuerda frotada, no siempre “entendibles” y con algunos desajustes por los tempi elegidos por Panisello, aunque el chelo se lució en su intervención arropado por los pizzicati del resto.

Algo mejor el estreno de Alberto Carretero y su Con certo in certo. El sevlllano Pablo J. Vayón en las notas al programa nos la describe: «(…) parte de la doble acepción etimológica de la palabra “concierto”: confrontación y acuerdo. Se remite el compositor sevillano al Principio de Incertidumbre descrito por Heisenberg sólo unos meses después del estreno de 1926: «Traté de tomar este enunciado para sumergirme en los materiales de esta partitura de Falla, incluso algunos desechados, buscando nuevos contextos, relaciones, superposiciones e imbricaciones entre ellos que hacen difícil percibir simultáneamente posición y velocidad. Así, tomando la música de Falla como tierra fértil, he cultivado en ella un nuevo concierto para clave y cinco instrumentos con cierta incertidumbre y con ciertas certezas también». El rítmico final tenía mucho del barroco vivaldiano sumando un clave coprotagonista de Mahan Esfahani, donde tanto la parte sin registros totalmente percusiva y los cluster aprovechando la resonancia, amplificaban de forma natural al resto del ensamble, siempre muy atentos a las indicaciones de Panisello, logrando unas sonoridades inquietantes.

Y si Sánchez-Verdú o Carretero se acercaron al Falla del clave, Jesús Villa-Rojo y su particular Recordando a Falla demostró lo actual que sigue siendo el gaditano en esta “aproximación” al estreno parisino desde la óptica actual, que personalmente me hizo reencontrarme con el compositor de Brihuega (Guadalajara) en esta obra ya treintañera que mantiene su espíritu más allá de influencias aunque el “recuerdo a Falla” estuvo claro, con el ensamble utilizando tan solo violín y chelo alternando movimientos y climas sonoros con el oboe de Carmen Mateos luciendo ese timbre tan peculiar pensado por el briocense.

Tras más Boccherini llegaría para cerrar, aunque hubiese preferido ubicarlo al principio, esa joya que es el Concerto per clavicembalo, flauta, oboe, clarinetto, violino e violoncello del gaditano que finalizó en Granada, bien analizado en las notas al programa de mi tocayo sevillano, unidad sonora más allá del propio clave, siempre perlado e impecable con una partitura rompedora en su momento (1923-26) tan vigente entre sus compañeros de programa matinal, y bisando el Vivace final.

Más que “en clave de Falla” resultó Falla la clave como dovela central, piedra angular que evita el colapso de la estructura en este arco sonoro para celebrar los 150 años del nacimiento de Don Manuel de Falla, con menos protagonismo del deseado y. esperado en esta 75 edición del Festival Internacional de Música y Danza.

PluralEnsemble

Sofia Salazar, flauta

Carmen Mateos, oboe

José Viana, clarinete

Ema Alexeeva, Weronika Dziadek, violines

Ana María Alonso, viola

Michal Dmochowski, Isabel Anaya, violonchelos

Mahan Esfahani, clave

Fabián Panisello, director

PROGRAMA:

José María Sánchez-Verdú (1968)

Las ínsulas extrañas (2024)

Luigi Boccherini (1743-1805)

Musica notturna delle strade di Madrid, op. 30 nº 6, G. 324 (1780)

1. Le Campane di l’Ave Maria

2. Il tamburo dei Soldati

Alberto Carretero (1985)

Con certo in certo (2026) *

Luigi Boccherini

Musica notturna delle strade di Madrid

4. Il Rosario

Jesús Villa-Rojo (1940)

Recordando a Falla (1989)

Luigi Boccherini

Musica notturna delle strade di Madrid

3. Minuetto dei Ciechi / 5. Passa Calle

6. Il tamburo

7. Ritirata

Manuel de Falla (1876-1946)

Concerto per clavicembalo, flauta, oboe, clarinetto, violino e violoncello (1923-26)

Allegro / Lento / Vivace

Que no pare la danza

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Viernes 3 de julio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Béjart Ballet Lausanne, Julien Favreau (director artístico). Dyonisos (Suite) – L’Oiseau de FeuBoléro, música de Hadjidakis, Stravinsky y Ravel. Fotos propias.

Otra noche en el Generalife del festival granadino en su vertiente de danza con la compañía creada en 1987 por Maurice Béjart (Medalla de Honor del Festival 2007) y heredera de su espíritu con tres de sus creaciones más icónicas, y un cuerpo de baile interracial e internacional plagado de verdaderas estrellas de la danza.

Abría la noche la Suite Dionysos sobre música del griego Manos Hadjidakis (1925-1994) y piezas de música folk de la tradición helénica, que estrenó en Nueva York en 1980, inspirada en el mito opuesto a Apolo. Aires de sirtaki, blancos del Egeo, el vino, el mar y la luz, Coreografías variadas desde lo coral hasta los solos, apolíneos y dionisíacos, el color rojo vino de Versace, bacantes, ditirambos y efebos con cuadros helénicos tan actuales en pleno siglo XXI, el hedonismo hecho arte griego en movimiento con el Dionisio Oscar Eduardo Chacón y el Zeus de Oscar Frame. La perfecta sincronización del movimiento con la música de buzukis y cítaras de una coordinación galáctica para un ballet atemporal.

Tras el descanso dos coreografías más de Béjart, primero su versión de L’Oiseau de Feu (El pájaro de fuego) de Stravinsky, estrenada en 1970 que se vio en España en 1979 con el Ballet Nacional Clásico (actual Compañía Nacional de Danza), y su entonces director Víctor Ullate, como bien recuerda la web del festival.

Un pájaro impecable de Hideo Kishimoto, el Fénix de Aubin Le Marchand y una iluminación idónea encajada para cada movimiento de la música del ruso, con simetrías y pleno entendimiento entre los partisanos (de gris) y los pequeños pájaros, rojo fuego y movimientos perfectos de plasticidad bellísima en otra coreografía del maestro Béjart ejecutada a la perfección y que Favreau ha mantenido en el tiempo.

Cerraba la velada Boléro (1961) sobre la famosísima composición del vasco-francés Maurice Ravel que volvíamos a escuchar en esta edición aunque no en directo sino grabada. Inicio de bombo ostinato para preparar la escena con las sillas y la la gran mesa redonda roja donde la bailarina solista Mari Ohashi, La Méolide omnipresente iría dibujando el inmenso crescendo, mientras el cuerpo de baile (Le Rythme) sumaba elementos en cada repetición de la melodía raveliana, inquietante, todos alrededor para conformar esta joya visual por la que no pasan los años y mantiene la contemporaneidad de una compañía fiel al legado de su fundador.

Éxito nocturno en esta noche estrellada del Generalife con la mejor danza de esta septuagésimo quinta edición del festival.

PROGRAMA:

Dionysos (Suite)

Coreografía: Maurice Béjart

Música: Manos Hadjidakis

Pinturas: Yokoo Tadanori

Vestuario: Gianni Versace

Estrenado en diciembre de 1985 por el Ballet du XXe siècle en el City Center de Nueva York

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L’Oiseau de Feu

Coreografía: Maurice Béjart

Música: Igor Stravinsky

Diseño de escenografía y vestuario: Joëlle Roustan, Roger Bernard

Estreno el 31 de octubre de 1970 por el Ballet du XXe siècle en el Palais des Sports de París

Boléro

Coreografía: Maurice Béjart

Música: Maurice Ravel

Diseño de escenografía y vestuario: Maurice Béjart

Estrenado el 10 de enero de 1961 por el Ballet du XXe siècle en el Théâtre Royal de la Monnaie de Bruselas

ELENCOS:

P.D.: Las fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez las añadiré a continuación cuando nos las hagan llegar, pues al subir la entrada del blog aún no estaban disponibles a la espera del visto bueno de la compañía.

Imágenes que ilustran mejor mis impresiones:

Estaciones danzantes

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Martes 30 junio, 22:30 h75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Malandain Ballet Biarritz, Thierry Malandain (director artístico), Academia Barroca del Festival de Granada, Aarón Zapico (director musical): Les Saisons. Música de Vivaldi y Giovanni Antonio Guido. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Mi primer Festival de Granada fue un 7 de julio de 2011 en el Auditorio Manuel de Falla con “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi a cargo de Forma Antiqva y con Aitor Hevia (del Cuarteto Quiroga como solista), y que grabarían al día siguiente para el sello alemán Winter&Winter. Y este último día de junio en el Generalife volvía Aarón Zapico al frente de la Academia Barroca del Festival, dentro de la séptima edición de los Cursos Manuel de Falla donde jóvenes instrumentistas prepararon estas estaciones de Vivaldi y G. A. Guido, con Jorge Jiménez de violín solista, para poner música en vivo desde el foso al Malandain Ballet Biarritz.

Siempre he defendido que el ballet debe tener la música en vivo, y en este caso así fue pero amplificada desde una ecualización no preparada para la música barroca, pues los balances que el director asturiano marcaba en el foso no tenían la misma respuesta en la megafonía. Y otro tanto con el violín solista de Jorge Jiménez donde las cuerdas de tripa no tienen igual tímbrica que las actuales.

Pese a todo es un placer volver a escuchar “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi quince años después con el poso y el aprendizaje que da el estudio en profundidad por parte del maestro asturiano, con los jóvenes instrumentistas siguiendo todas las indicaciones “marca Zapico” que sigue dando a esta popular partitura su particular interpretación y visión, con un juego de contrastes y tempi que además tenían la respuesta del ballet francés con coreografías diferenciadas entre “El cura pelirrojillo” veneciano y su continuador algo más «afrancesado» Giovanni Antonio Guido.

La de Thierry Malandain para Vivaldi contó con casi todo el cuerpo de baile y la pareja de Giuditta Banchetti y Hugo Layerelenco, todos de negro con el fondo de los cipreses y la iluminación acorde con cada estación pero sin literalidad, buscando el colorido que me hace rememorar la serie del artista alicantino Eusebio Sempere, entendiendo al grupo como bloque compacto sin líderes y con pocas intervenciones solistas.

En cambio para Guido optó por ir combinando los primeros tiempos con una o dos parejas (Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Laurine Viel y Alejandro Sánchez Bretones) de levita y “polisón” sobre el negro con el fondo en los mismos tonos para las primeras partes, y la suma de los “desnudos” en las segundas secciones, desde Hugo Layer  con la “hoja de otoño negra”, más simbólica que descriptiva, al que irían apareciendo posteriormente duetos, tríos y cuartetos, plásticamente muy bellos, casi transposición del otro Guido, Reni y su “Hipomenes y Atlanta” antes del número final con toda la compañía, lo que el coreógrafo llama “musicalidad de los cuerpos”.

Si la búsqueda del color en la iluminación y los contrastes de coreografías y vestuario entre Vivaldi y Guido marcaron la danza, el foso aportó la sonoridad barroca contrastada con unos silencios que en el primero me recordaban las estatuas de Giacometti de “El hombre que camina” o las de Dülken (ciudad alemana en la Renania del Norte-Westfalia) donde hay un sanatorio para enfermos mentales (que en mi tierra llamaríamos “La Cadellada”) e incluso un «Molino de los locos», mientras para el segundo lo visual parecía se guiarse por la auditivo.

Personalmente me gustó más la coreografía para Vivaldi por los movimientos ocupando todo el espacio, la gestualidad que Malandain entiende como “danza neoclásica contemporánea”, figuras muy plásticas y la mejor adecuación a la música en vivo que la de Guido pese a la alternancia.

Recordar que Granada también es festival internacional de danza, y en esta 75 edición estamos asistiendo a distintos estilos, escuelas y enfoques, aunque espero especialmente al Béjart Ballet de Lausanne el próximo viernes 3 de julio, para poder contarlo desde aquí.

PROGRAMA:

Les Saisons

Coreografía: Thierry Malandain

Música: Antonio Vivaldi y Giovanni Antonio Guido

Violín solista: Jorge Jiménez

Decorados y vestuario: Jorge Gallardo

Diseño de iluminación: François Menou

Diseño de vestuario: Véronique Murat, Charlotte Margnoux,

con la ayuda de Anaïs Abel

Realización de decorados: Frédéric Vadé

Realización de accesorios: Annie Onchalo

Ayudantes de decorado y atrezo: Nicolas Rochais, Gorka Arpajou,

Félix Vermandé, Raphaël Jeanneret, Christof t’Siolle, Txomin LabordePeyre,

Maruschka Miramon, Karine Prins, Sandrine Mestas Gleizes, Fanny Sudres,

Fantine Goulot

Maestros de ballet: Richard Coudray, Giuseppe Chiavaro, Frederik Deberdt

Ballet para 22 bailarines

Duración: 60 minutos sin descanso

Estrenado el 25 de noviembre de 2023 en el Palais des Festivals de Cannes (Francia)

ELENCO LES SAISONS

Primavera – Antonio Vivaldi

Giuditta Banchetti y Hugo Layer

Noé Ballot, Julie Bruneau, Elisabeth Callebaut, Raphaël Canet, Mickaël Conte, Irma Hoffren, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Neil Ronsin, Yui Uwaha, Patricia Velázquez, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Léo Wanner.

Primavera – Giovanni Guido

Le temps vole, Chaque saison s’enfuit

Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Laurine Viel, Alejandro Sánchez Bretones

Danse des bergers

Hugo Layer

Verano – Antonio Vivaldi

Patricia Velazquez y Noé Ballot

Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Elisabeth Callebaut, Raphaël Canet, Clémence Chevillotte, Mickaël Conte, Loan Frantz, Irma Hoffren, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Neil Ronsin, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Verano – Giovanni Guido

L’air s’enflamme, Zéphire disparaît, Chant des coucous

Allegra Vianello y Léo Wanner

Vole à notre secours O ! Cérès adorable

Patricia Velázquez y Hugo Layer

Otoño – Antonio Vivaldi

Irma Hoffren y Raphaël Canet

Noé Ballot, Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Elisabeth Callebaut, Clémence Chevillotte, Mickaël Conte, Loan Frantz, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Claire Lonchampt, Timothée Mahut, Neil Ronsin, Julen Rodríguez Flores, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Patricia Velazquez, Chelsey Van Belle, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Otoño – Giovanni Guido

Célébrons le retour de l’Automne

Yui Uwaha, Guillaume Lillo, Julen Rodríguez, Chelsey Van Belle

Allegro

Patricia Velázquez, Raphaël Canet, Hugo Layer

Invierno – Antonio Vivaldi

Claire Lonchampt y Mickaël Conte

Noé Ballot, Julie Bruneau, Giuditta Banchetti, Raphaël Canet, Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Irma Hoffren, Hugo Layer, Guillaume Lillo, Timothée Mahut, Julen Rodríguez Flores, Alejandro Sánchez Bretones, Yui Uwaha, Chelsey Van Belle, Patricia Velázquez, Allegra Vianello, Laurine Viel, Léo Wanner

Invierno – Giovanni Guido

La saison des frimas

Julie Bruneau, Clémence Chevillotte, Loan Frantz, Léo Wanner

Le cruel Aquilon nous déclare la guerre

Claire Lonchampt, Patricia Velázquez, Raphaël Canet, Hugo Layer

Laissons gronder les vents

Todos los bailarines.

ACADEMIA BARROCA DEL FESTIVAL DE GRANADA

Director musical: Aarón Zapico

Violines: Orión Arroyo Pérez, María Beltrán Peralta, Mª de los Ángeles Cáceres Márquez, Miguel Calleja Rodriguez, Natalia Cid Iriarte, Fernando Cornejo Ortega, Alfredo Jaime Doblado, Claudia Montoya Salinas, Abraham Parra Amante, Mercedes Rodríguez Pérez, Juan Utrera Moreno

Concertino: Jorge Jiménez

Violas: Nadia Carmona Carrasco, Jesús Segura Torres

Violonchelos: Sara Ortega López, Alba Villar Cairó

Cuerda pulsada: Rafael Arjona Ruz, Álex Pernas Muñoz

Contrabajo: Rubén Castañeda Hernández

Clave: Iraia Otaduy Ortega

Coproductor principal: Château de Versailles Spectacles / Opéra Royal de Versailles / Orchestre de l’Opéra Royal de Versailles

Coproducción: Festival de Danse de Cannes – Côte d’Azur (Francia) / Teatro Victoria Eugenia – Ballet T – Donostia-San Sebastián / Opéra de Saint-Etienne / Theater Bonn (Alemania) / Teatro la Fenice, Venecia (Italia) / CCN Malandain Ballet Biarritz

El piano polaco

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Lunes 29 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Recitales. Patio de los Arrayanes: Yuliana Avdeeva (piano). Obras de Szpilman y Chopin. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Volvía a escuchar a la pianista moscovita Yuliana Avdeeva (1985) con un programa donde es ya un referente desde que ganase en 2010 la XVI edición del Concurso de Piano Chopin, la segunda mujer en lograrlo tras Martha Argerich en 1965. La directora del Instituto Polaco de Cultura Maria Ślebioda presentaba en la web del festival este concierto En torno a Chopin y Szpilman:

Este programa extraordinario (…) está dedicado a la obra de dos artistas polacos –Fryderyk Chopin y Władysław Szpilman– cuyas trayectorias vitales siguieron caminos muy distintos. Paradójicamente, sin embargo, es posible encontrar entre ellos varios puntos en común.

Ambos procedían de familias en las que las raíces polacas se entrelazaban con las extranjeras: el padre de Chopin era un profesor francés que se estableció en Polonia, mientras que Szpilman provenía de una familia judía asimilada. Los dos mantuvieron un estrecho vínculo con Varsovia, estaban dotados de un talento excepcional y sentían una profunda fascinación por las tradiciones musicales polacas. Además, sus vidas transcurrieron en épocas difíciles y decisivas para la historia de Polonia.

La carrera de Chopin floreció a comienzos del siglo XIX, cuando Polonia no existía como Estado independiente. El compositor, con apenas veinte años, emigró a Francia tras el fracaso de un levantamiento contra el dominio ruso y permaneció allí hasta su muerte prematura, probablemente causada por la tuberculosis. Fue precisamente en Francia donde pudo desarrollar plenamente su extraordinario talento y alcanzar una merecida fama internacional. Como expresó certeramente el poeta polaco del siglo XIX Cyprian Kamil Norwid, Chopin fue «de origen varsoviano, polaco de corazón y ciudadano del mundo por su talento.

A Szpilman le tocó vivir tiempos aún más difíciles. El pianista, nacido en 1911, tenía tan solo veintiocho años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Confinado por los nazis alemanes en el gueto de Varsovia, hizo aquello que mejor sabía hacer: tocar el piano en cafés y salas de conciertos, entre otros –también las obras de Chopin– ofreciendo a sus oyentes un instante de consuelo y una apariencia de normalidad. Tras escapar del gueto, permaneció oculto gracias a la ayuda de amigos polacos y, en los últimos meses de la guerra, encontró refugio entre las ruinas de una Varsovia devastada por los alemanes. Relató aquellas experiencias en unas conmovedoras memorias que posteriormente fueron llevadas al cine por Roman Polański. Después de 1945 regresó a la Radio Polaca, donde ya había trabajado antes de la guerra, y retomó su actividad concertística, aunque con el tiempo se dedicó principalmente a la música ligera.

A ambos artistas los unía un profundo amor por la música y por la identidad polaca expresada a través del lenguaje de la melodía. Los inconfundibles polonesas y mazurcas de Chopin evocaban en sus oyentes la imagen de la patria del compositor y alimentaban la esperanza de que Polonia renaciera algún día. Szpilman, por su parte, al tocar en el gueto de Varsovia transmitía una esperanza semejante: la certeza de que, incluso en los años más oscuros de la historia de la humanidad, la libertad y la normalidad acabarían regresando tarde o temprano.

Un momento simbólico que une estas dos vidas aparentemente tan distintas tuvo lugar el 23 de septiembre de 1939, cuando una bomba alemana interrumpió una emisión en directo de la Radio Polaca durante la cual Szpilman interpretaba un nocturno de Chopin para reconfortar el ánimo de los habitantes de una Varsovia sitiada. «Cañones ocultos entre flores», como Robert Schumann definió la música de Chopin, enmudecieron de forma repentina y durante más de cinco años tuvieron que ceder ante la superioridad de los bombarderos nazis. Sin embargo, fue finalmente el arte el que triunfó sobre la barbarie inhumana, legándonos una lección universal sobre el poder de la belleza, la memoria y la condición humana.

Hace dos años en Oviedo calificaba a Avdeeva como “soberbia sobriedad” y mantiene una gestualidad sin amaneramientos, es su interpretación lo importante y trascendente, más en su Chopin que discurre limpio, transparente como el estanque de los Arrayanes, su gama dinámica extrema sin aparente esfuerzo, pianissimi imperceptibles que el silencio del público permitió paladear, forttissimi poderosos con ataques precisos, un uso de los pedales impecable y una técnica capaz de tocar con el mínimo volumen pasajes rapidísimos percibiendo todas las notas. El acercamiento al virtuoso polaco pasa por unos tempi bien elegidos, casi literales a las indicaciones, con unas dinámicas que juegan con los fraseos y el rubato nunca exagerado. El atardecer granadino resultó ideal para comenzar con los dos primeros Nocturnos, op. 62, arrullando la puesta de sol y los arabescos acuáticos proyectados casi coreografías, el melodismo y la emoción del primero frente a la agitación del segundo, obras compuestas  apenas tres años antes de su muerte. al igual que la Mazurca (1942) de Władysław Szpilman tan chopiniana del compositor que se haría famoso por la película de Roman Polański El pianista (2002), basada en la novela homónima del propio Szpilman, que narra su supervivencia a la ocupación alemana de Varsovia y al Holocausto, y donde el compositor eludió la prohibición impuesta a los artistas judíos de interpretar la música de Chopin, como bien recogen las notas de mi admirado Rafael Ortega Basagoiti.

La épica Fantasía en fa menor, op. 49 alterna la solemnidad inicial para adentrarse en las turbulencias que subyacen mezcladas con la melancolía, y así la entendió Avdeeva, sobria pero profunda.

Muy interesante la Suite «The Life of the Machines» (1933) de Szpilman, partitura entregada por su hijo Andrzej a la propia pianista rusa, que describe estas tres páginas como la reflexión «sobre la industrialización con sentido del humor, asignando musicalmente adjetivos humanos a las máquinas», y «nos permite vislumbrar lo que Szpilman podría haber compuesto si no hubiera vivido las atrocidades de la Guerra Mundial». Avdeeva nos dejó una interpretación arrebatadora desde la sobriedad, sacando del piano sonoridades increíbles demostrando su adaptación a este repertorio contemporáneo que emparejó desde el corazón polaco.

Para cerrar la primera parte una de las obras más complejas y completas de Chopin, el Andante spianato et Grande Polanaise brillante, en mi bemol mayor, op. 22 (1830-31), que muchos conocimos con el acompañamiento orquestal para la polonesa que hoy casi no suele hacerse, y buena elección ubicarla en este bloque porque el andante mantiene el carácter de los nocturnos iniciales mientras la polonesa retoma la fuerza que la moscovita parece esconder nuevamente con un virtuosismo al servicio de la música escrita tan brillante como el adjetivo que la acompaña.

Interpretar los 24 Preludios, op. 28 (1836-39) es todo un reto para cualquier pianista, pues suelen elegirse solo algunos en los conciertos, así que escucharlos todos por Yuliana Avdeeva fue el mejor regalo para mi onomástica. Nuevamente ciñéndose a las indicaciones de aire, la alternancia de matices, los protagonismos en una u otra mano, el discurso siempre claro desde todas las dinámicas y la sonoridad que la moscovita fue desgranando en todos ellos, que el doctor Ortega describe  como “páginas independientes, de genial brillantez y concisión, en una construcción extremadamente libre y variada, que no admite clasificación”, unos breves, otros más extensos pero cada uno con personalidad propia, como la de esta pianista que volvió a demostrar el por qué del triunfo en Varsovia y su entendimiento de Chopin.

El público muy respetuoso durante todo el concierto, aplaudió largamente a la rusa que nos regalaría al borde de la medianoche el Nocturno en do sostenido menor, póstumo, otra página conocido por la citada película de Polański  interpretado por el propio Szpilman y donde “La Pianista” con mayúsculas nos dejó aires polacos con la misma magia que la propia Alhambra.

PROGRAMA

I

Fryderyk Chopin (1810-1849)

Nocturnos, op. 62 (1845-46)

Nocturno nº 1 en si mayor. Andante

Nocturno nº 2 en mi mayor- Lento

Władysław Szpilman (1911-2000)

Mazurca en fa menor (1942)

Fryderyk Chopin

Fantasía en fa menor, op. 49 (1841)

Władysław Szpilman

Suite «The Life of the Machines» (1933):

I. Begin slowly

II. Machine at rest

III. Toccatina

Fryderyk Chopin

Andante spianato et Grande Polanaise brillante, en mi bemol mayor, op. 22 (1830-31)

II

Fryderyk Chopin

24 Preludios, op. 28 (1836-39):

Nº 1 en do mayor. Agitato

Nº 2 en la menor. Lento

Nº 3 en sol mayor. Vivace

Nº 4 en mi menor. Largo

Nº 5 en re mayor. Molto allegro

Nº 6 en si menor. Lento assai

Nº 7 en la mayor. Andantino

Nº 8 en fa sostenido menor. Molto agitato

Nº 9 en mi mayor. Largo

Nº 10 en do sostenido menor. Molto allegro

Nº 11 en si mayor. Vivace

Nº 12 en sol sostenido menor. Presto

Nº 13 en fa sostenido mayor. Lento

Nº 14 en mi bemol menor. Allegro

Nº 15 en re bemol mayor. Sostenuto

Nº 16 en si bemol menor. Presto con fuoco

Nº 17 en la bemol mayor. Allegretto

Nº 18 en fa menor. Molto allegro

Nº 19 en mi bemol mayor. Vivace

Nº 20 en do menor. Largo

Nº 21 en si bemol mayor. Cantabile

Nº 22 en sol menor. Molto agitato

Nº 23 en fa mayor. Moderato

Nº 24 en re menor. Allegro appassionato

Juvenil Muti

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Domingo 28 junio, 22:00 h75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V: Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, Riccardo Muti, director. Obras de Verdi, Falla y Ravel. Fotos © Festival de Granada – Fermín Rodríguez, y propias.

Quienes nos dedicamos a la docencia sabemos que el contacto con la gente joven nos mantiene activos y en cierto modo “vampirizamos” su ímpetu, energía y ganas de vivir, intentando devolverles al menos un poco de lo que acumulamos en la mochila de la vida.

Y en la noche granadina volvía una orquesta joven como la “Luigi Cherubini” con su maestro Muti, que además nunca había actuado en el Festival en su ya larga historia. La expectación era inmensa y con espectadores, aficionados, visitantes y críticos de casi todos los medios nacionales, el concierto era probablemente el más esperado en el aniversario de Falla y los 75 años de un festival que deberá plantearse su futuro ante lo que llevamos en esta edición.

La web del Festival presentaba este concierto como Juventud y tradición:

La Orchestra Giovanile Luigi Cherubini comparece por primera vez en el Festival bajo la dirección de Riccardo Muti, figura capital de la tradición sinfónica y operística italiana y mentor del conjunto desde su fundación en 2004. El programa trama justamente ópera y música sinfónica: primero, Verdi, con la obertura de Nabucco y los bailables de I vespri siciliani, síntesis de teatro, energía rítmica y escritura instrumental de madurez; después Falla, con una de las suites sacadas de El sombrero de tres picos, obra capital en el 150 aniversario de su nacimiento; y finalmente, Ravel, cuyo Boléro cierra el concierto con uno de los experimentos más radicales y reconocibles de la orquestación moderna

De Don Riccardo con toda su famiglia no contaré nada que los melómanos no sepan, tan solo recordar la clase que nos dio en Oviedo antes del “Falstaff” de 2015, donde el napolitano sentó cátedra sobre Verdi, que tampoco faltaría en esta noche dominical.

Y abría Verdi con la Sinfonia, de Nabucco, con una gran orquesta disciplinada pero más preocupada de tocar lo escrito que de disfrutar. Atenta al maestro que marcaba todo, con su peculiar estilo donde para las dinámicas sigue agachándose, rebosando la misma energía que le transmitía esta juventud por él reclutada. Para cerrar la primera parte y tras unas palabras explicando lo difícil de los bailables que son más sinfónicos que operísticos en I vespri siciliani, estas cuatro estaciones tan napolitanas como la pizza, reflejan el paso de la vida, los músicos fueron primaverales pero el maestro aún permanece en el verano porque el otoño lo dibujó desde el poso de los años, y el invierno abría para intentar refrescar otro día palaciego donde el calor hace difícil incluso dormir.

Si Muti entiende Verdi como pocos, para la segunda parte tan nuestra, el napolitano pareció sacar a flote la herencia española de aquel reino bajo la corona aragonesa. Para el homenaje a Falla eligió la segunda suite del «tricornio», con la danza siempre protagonista, que incluso pareció más bailable viendo cómo fue llevándola desde el podio, con una orquesta donde todas las secciones y primeros atriles tuvieron su protagonismo con mayor o menor acierto, siempre disculpable por la juventud y la tensión a la que seguro estuvieron sometidos. Faltó más musicalidad de principio a fin para la magia nazarí del gaditano, escuchando la “sintonía del festival” sin anunciar los tiempos, y la Jota donde recordar las castañuelas de una Lucero Tena presente, a quien los «querubines» probablemente no conozcan pero el joven Riccardo sí, y me consta la cercanía de estas dos figuras compartiendo estos días en Granada y la Alhambra que sigue hechizando incluso sin música.

Cada vez que veo programarse el famoso Boléro de Ravel me vienen a la memoria dos películas totalmente diferentes: “El bolero de Raquel” de Cantinflas (bolero mexicano es limpiabotas), y  “10, la mujer perfecta” donde Bo Derek nos enamoró a todos incluyendo y al genial Dudley Moore que conseguía lo añorado por todos.

Ravel realiza en su partitura mucho más que un ejercicio de orquestación con la inspiración en la danza española, y es una prueba como examen final para toda formación, que la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini superó tras el deficiente Falla, y Muti les fue indicando desde el inmenso crescendo, el inicial casi susurrado donde apenas escuchamos la obsesiva caja “ad Infinitum”, hasta la explosión final, dejando que los solistas se luciesen en do mayor hasta el cambio y estruendoso mi mayor, en todos los sentidos.

Éxito de antemano por el programa y corroborado en el concierto (mi nota final: suficiente), con Muti triunfador y protagonista en este último domingo de junio, que nos mantiene a todos jóvenes y esta reseña ha quedado para la mañana del lunes. Las tertulias y encuentros posteriores son parte necesaria de mi estancia granadina, sigo con espíritu adolescente pero el cuerpo no miente y los años van pesando.

PROGRAMA

I

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Sinfonia, de Nabucco (1841)

Le quattro stagioni, bailables de I vespri siciliani (1855)

L´inverno

La primavera

L´estate

L´autunno

II

Manuel de Falla (1876-1946)

El sombrero de tres picos (suite nº 2) (1919-21)*

Danza de los vecinos (Seguidillas)

Danza del molinero (Farruca)

Danza final (Jota)

Maurice Ravel (1875-1937)

Boléro (1928)

* En conmemoración del 150 aniversario de Manuel de Falla

Con la colaboración de la Embajada de Italia en España

La India llega a Granada

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Viernes 26 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Danza, en el marco el Año Dual España-India. Palacio de Carlos V:  El sueño del sitar, Un homenaje a Ravi Shankar. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Mónica de la Fuente (dramaturgia, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India), Ignacio García (dramaturgia, dirección de escena), David Murphy (dirección musical), Sukanya Shankar (asesora musical), Ensamble de músicos de la India, Elenco de danza Bharatanatyam, Bailarines de España (Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española, José Manuel Benítez -cedido por el Ballet Nacional de España- bailarín de danza española). Fotos © Festival de Granada | Fermín Rodríguez, y propias.

Si la noche anterior hicimos un viaje en el tiempo hasta las Zambras Moriscas, en este viernes con partido Uruguay-España (ganamos 1-0 y clasificados primeros de grupo para la siguiente fase) había otro viaje hasta la India en un homenaje a Ravi Shankar donde se unían músicas donde las improvisaciones alargaron el evento hasta la medianoche.

La narración que intentaba hacer un relato casi didáctico, con unos textos muy “filosóficos” sobre el Cosmos y el propio hinduismo, no se escuchaba todo lo clara que hubiésemos deseado, y el Ensamble de músicos de la India estuvo amplificado, siendo quienes abrirían la velada, más un bailarín del elenco de danza Bharatanatyam en la galería del primer piso.

En el 150 aniversario de Falla arrancaron con una visión “original” por la instrumentación antes de que la OCG con la dirección de David Murphy prosiguieran El círculo mágico y la Danza ritual del fuego, (de “El amor brujo”) contrapuesta a la hindú.

La orquesta granadina fue combinando y alternando con los músicos de la India la suite titulada “El sueño del sitar. Un homenaje a Ravi Shankar”, con el estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya del homenajeado, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar donde los músicos hindúes fueron los protagonistas.

Las coreografías también alternaron las flamencas con las bailarinas de Bharatanatyam, coloristas, tradicionales, y que las fotografías de Ferminius reflejan mejor que mis palabras, circulando tanto delante del escenario como en el primer piso, momentos de plasticidad y musicalidad tanto en nuestras castañuelas como en los cascabeles de los tobillos orientales (como en las primeras zambras moriscas de la noche anterior).

Las notas al programa de Enrique Cámara de Landa además de comentar parte de la biografía de Ravi Shankar y David Murphy, analiza las obras que escuchamos, nos explica los instrumentos utilizados, y presenta conceptos tanto musicales como de la tradición religiosa hindú, muy interesante para la mejor comprensión de un concierto que nos traía “diálogos y convergencias” desde la India hasta el Palacio de Carlos V.

Más allá de las sensaciones que pueden llegarnos escuchando las músicas de la India, la parte sinfónica podríamos considerarla más banda sonora que sinfónica, y lo original es precisamente la combinación tímbrica entre los instrumentos occidentales con los orientales. El virtuosismo de Shubhendra Rao en el sitar quedó más que plasmado, junto a Saskia Rao-de Haas en el violonchelo indio que hizo por momentos de nota pedal, en una “tándem” con buen entendimiento. Y la parte del viento con Hrishikesh Mazumdar en la flauta bansuri, de tímbrica por momentos electrónica por su sonoridad y amplificación junto al shehnai (un aerófono de doble lengüeta) de Ashwini Shankar, que también se ubicaría al inicio en la galería del primer piso. Todos ellos lograron esa sonoridad que asociamos a la India, amén de una percusión que trasciende lo musical para contagiar vitalidad tras los momentos trascendentes.

Los bailes ayudaron a llevar mejor la noche palaciega, especialmente las bailarinas, y las flamencas, que compartían coreografías y contrastes en blanco y negro (hubo un cambio al rojo), también con descripciones gestuales a la narración, más el contraste masculino de dos formas de entender la danza.

El público disfrutó sobre todo de los momentos “Bollywood”, mientras las bailarinas esparcían pétalos y el ensamble parecía entrar en calor con unas improvisaciones que no sabíamos cuánto durarían en Prabhuji – canticos de la India y el Finale – Danza Suite. De la OCG el maestro Murphy, sentado en la tarima cuando sonaban las distintas ragas, marcó claramente los muchos cambios rítmicos y planos con desigual respuesta en algunas secciones desbalanceadas. Me quedo con una de las partes líricas con un piano excelente arropado por la cuerda.

Impresiones a vuela pluma de un homenaje donde el sitar fue protagonista, usado en la coreografía, personificado en la narración y un placer escucharlo en manos de Shubhendra Rao, heredero de Ravi Shankar que tanto ha influido en la música occidental desde la globalización que la música ha ejercido desde sus inicios. Una noche colorida incluso por parte del público en el Año Dual España-India.

INTÉRPRETES:

Orquesta Ciudad de Granada

Ignacio García y Mónica de la Fuente, dramaturgia

Ignacio García, dirección de escena

David Murphy, dirección musical

Sukanya Shankar, asesora musical

Ensamble de músicos de la India

Shubhendra Rao, solista de sitar y líder del ensamble

Saskia Rao-de Haas, violonchelo indio

Ashwini Shankar, shehnai

Hrishikesh Mazumdar, flauta bansuri

Vishwesh Swaminadhan, canto

Madan Mohan, violín

Jayachandra Rao, mridangam

Giridhar Udupa, ghatam

Debjit Patitundi, tabla

Sannidhi Vaidyanathan, mridangam

Elenco de danza Bharatanatyam

Coreografía: Rama Vaidyanathan

Cuerpo de baile: Rama Vaidyanathan, Shubhamani Chandrashekar, Reshika Sivakumar, Vaishnavi Dhore, Nilava Sen

Bailarines de España

Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española

José Manuel Benítez (cedido por el Ballet Nacional de España), bailarín de danza española

Mónica de la Fuente, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India

Narración escénica

Lucía Campillo

Mónica de la Fuente

PROGRAMA:

Prólogo

Manuel de Falla (1876-1946):

Introducción, El círculo mágico y Danza ritual del fuego, de El amor brujo (1915)

El sueño del sitar*. Un homenaje a Ravi Shankar:

Ravi Shankar (1920-2012):

Swagatam

Sapney Mein – Raga Yaman Manj

Overture – Dance Suite

Tarana – Dance Suite

Holi – Ghanashyam

Raga Yaman Kalyan (extracto), del Concierto para sitar nº 2

Tilak Kamod – Dance Suite

Raga Mishra Pilu

Raga Adana, del Concierto para sitar nº 1

Raga Tilak Shyam

Prabhuji – canticos de la India

Finale – Danza Suite

* Estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya de Ravi Shankar, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar