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“13 Reyes: El Camino Primitivo”

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La saga continúa: 30 de mayo, 19:00 horas, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo.

Entrada libre hasta completar aforo (se hará una cuestación en beneficio de la Asociación Down Principado de Asturias)

Esta mañana de San Isidro tuvo lugar a las 11:30 horas la Rueda de Prensa en el Ayuntamiento de Oviedo presentando el «Episodio II: La saga musical más épica sobre la monarquía asturiana», “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que dejo con todos los detalles más los enlaces que siempre enriquecen y aportan más información.

El presidente de la Fundación Municipal de Cultura, el concejal David Álvarez ha presentado, esta mañana, en rueda de prensa el segundo concierto de “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que tendrá lugar en el Auditorio Príncipe Felipe, el sábado 30 de mayo, un espectáculo de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres y la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» compuesto por Yónatan Santianes y organizado por la Delegación de Defensa en Asturias y la Fundación Municipal de Cultura.


El edil de Cultura, que ha estado acompañado por el Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, Iñaki Santianes, ideólogo del proyecto y Pablo Álvarez Fernández, presidente del Ateneo Musical de Mieres, ha asegurado que “este segundo volverá a poner en valor, como lo hizo en el primero, la monarquía asturiana, una de nuestras raíces, seña identitaria de nuestra sociedad y germen de lo que hoy somos, de nuestro país y de nuestra nación. Tenemos una obra creada ex profeso, dando cabida a los creadores musicales, pero también de cualquier tipo, como debe ser la obligación de cualquier institución pública. Y tenemos la unión de dos formaciones musicales: la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» y la Banda Sinfónica del Ateneo Mieres, dos formaciones que a priori pueden parecer inconexas, pero que encima del escenario forman una conjunción extraordinaria”.

El Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, tras agradecer al Ayuntamiento de Oviedo y al concejal de Cultura su apoyo, ha destacado: “La Delegación de Defensa mantiene un firme compromiso con las actividades orientadas a reforzar el vínculo entre las instituciones y las sociedades,  que, entre otras, se materializa en un compromiso permanente para la difusión de la cultura de defensa en particular y de la cultura en general, así como otras actividades de apoyo a asociaciones de carácter social”. Respecto al poema sinfónico “13 Reyes, El Camino Primitivo” se trata, en su opinión, “de una aproximación más épica, si cabe” y lo ha calificado de “ejemplo de colaboración, tradición y proyección cultural, valores especialmente significativos para Oviedo  en su aspiración y carrera a convertirse en la Capital Europea de la Cultura” en 2031.

El recital, ha concluido Moreno, es de entrada libre si bien “incluirá una cuestación voluntaria en apoyo a la Asociación Down Principado de Asturias, con la que se busca contribuir a facilitar la inclusión de las personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual”.


El creador del proyecto, Iñaki Sánchez-Santianes, ha especificado: “Esta segunda parte, que dedicamos al Camino primitivo, la dedicamos a Alfonso II. El Episodio I lo cerramos en una lluviosa tarde en el Jardín de los Reyes Caudillos, junto a la Catedral, y ahí consideramos que debíamos empezar ahí la segunda parte, bajo la estatua de Alfonso II. Lo que nos lleva la música es a esa ruta que Alfonso II hacía en ese caminar a Santiago de Compostela, tras el rumor de que allí estaban los restos del apóstol. La música nos va guiando por toda esa historia. Habrá jotas, pandereta, pandero, gaita, la banda sinfónica… creo que es muy interesante esta segunda parte porque introducimos la parte vocal y coral. Viene una soprano que traemos de Salamanca, Inés Cortés, que también nos aporta ese dulce sonido de la voz y que nos ayuda a todavía más a meternos en lo que es la música y en la historia. Es muy interesante saber que va a haber 100 personas encima del escenario , una masa coral, una banda de gaitas,  una banda sinfónica, un grupo de pandereteras, un grupo de panderos, una soprano y alguna sorpresa más».

Oviedo de verbena

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Jueves 14 de mayo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Tomás Bretón (1850-1923) – Ricardo de la Vega (1839-1910): La Verbena de la Paloma. Sainete lírico en un acto, con el prólogo cómico lírico Adiós, Apolo, de Álvaro Tato (Madrid, 1978). Estrenada el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Fotos de Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World del viernes 15, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez, más alguna propia)

Con todo el aforo vendido hace semanas para las dos funciones (que siguen pidiendo a gritos la tercera), se comprueba que Oviedo es capital lírica de referencia, y La Verbena de la Paloma sigue estando entre nuestras zarzuelas grandes donde lo de “género chico” solo se puede entender por la duración. Si además se crea un sainete lírico para completar y homenajear al Teatro Apolo, donde se estrenó esta joya del dúo De la Vega-Bretón con una selección de los números que el histórico templo de nuestra lírica acogió hasta el 29 de junio de 1929 -fecha de su última función y que sería tristemente derribado para construir  la sede del Banco de Vizcaya- en una genial idea de Nuria Castejón con la colaboración de Álvaro Tato, el éxito estaba asegurado de antemano en esta producción madrileña de hace dos años, y con una escena casi homenaje a “El Manojo de Sagi”.

Para tan magna producción hacía falta contar con un enorme elenco de actores que canten junto a cantantes que actúen, más un cuerpo de baile, y por supuesto una dirección musical que tenga en el foso una orquesta solvente, y en escena un coro rodado en estas obras tan populares que el público, que llenó el Campoamor, las canturrea de cabo a rabo.

En este tercer y penúltimo título del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español se dio todo, sumándole escena, iluminación (Albert Faura) y vestuario fiel (siempre elegante el de Gabriela Salaverri), llevado a ese fatídico 1929 para redondear otra verbena ovetense que quedará en el recuerdo, y con mucho recorrido por delante dos años después de su paso por el Teatro de la Zarzuela madrileño.

“Veremos qué pasa…” comentaba Bretón antes del estreno y nos preguntábamos lo mismo al añadir no otro sainete o “zarzuela chica”, de las que hay muchas dónde escoger como bien nos recordó el profesor Casares en la conferencia del pasado lunes 11, sino el prólogo Adiós, Apolo de Álvaro Tato, con una “acertada antología breve” donde poder escuchar números no siempre muy populares que también sonaron en “las noches del Apolo” para mostrar y presentar todo el elenco, incluyendo el cuerpo de baile. Así fueron desfilando “Soy la garçon, con el pelo cortao” de El sobre verde (Guerrero), una guerra de valses  “De los mares rey me llaman” enlazada con el Caballero de Gracia  y La Gran Vía (Chueca-Valverde), el “Tango del cinematógrafo” de La gente seria (Serrano), la simpática polca japonesa de El pobre Valbuena (Torregrosa y Valverde) para cerrar este nuevo sainete para la ocasión con la “Polca del fotógrafo” de El bateo (nuevamente Serrano), con una escena entre cajones preparando “La verbena” e intervenciones orquestales interrumpidas, aprovechando el piano de María Cueva, unos diálogos acertadísimos, con guiños históricos al final de la dictadura de Primo de Rivera, críticas claras y estampas “fotografiadas” perfectamente ambientadas con apariciones desde las bolsas o el patio de butacas.

Arriba el telón ya para esta verbena carbayona, en la víspera de San Isidro, que sigue chispeante con más años que sumados los de Don Hilarión y Don Sebastián (una recreación personal de Antonio Comas, debutante en el festival, sin hilaridades y toques de revista, más un sobrio Gerardo López), la gracia y desparpajo de Gurutze Beitia, otra debutante y perfecta Tía Antonia, junto al dúo protagonista de Julián y Susana: César San Martín, poco aplaudido en el prólogo y algo más en el sainete (con su canción “También la gente del pueblo”), y Carmen Romeu que brilló también como feminista garçon.

Empaste y entrega en la famosa habanera “Dónde vas con mantón de Manila”, en unos roles bien defendidos vocalmente que además se movieron en escena con la soltura de estos veteranos muy queridos en Oviedo. No se quedó a la zaga Amparo Navarro como la Señá Rita, papel exigente incluso en las partes habladas con excelente proyección. Nicolás Boni colocó a la morena y la rubia en el balcón del primer piso con el boticario, también en la calle, ayudando a una mayor presencia vocal, y el juego de callejas donde mover una acción en la que apenas hubo paradas.

Si el cuerpo de baile cantó, y bien, en el prólogo, en la verbena nos dejaron momentos bellísimos donde se nota que Nuria Castejón conoce y domina las tablas desde su experiencia. Y la soleá “En Chiclana me crié” de la cantaora Sara Salado con el piano y el baile desde el Café de Melilla aportaron otra de las escenas más plásticas de esta fiesta madrileña.

La Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige José Manuel San Emeterio volvió a mostrar su largo recorrido y experiencia como coro titular del festival: voces equilibradas y escena muy trabajada, ayudando a lograr un divertido jolgorio sobre las tablas, con muy dignas intervenciones de las voces “vecinas” de Eugenia Ugarte y Pelayo Alonso del propio coro.

Y del amplísimo elenco todos redondearon esta verbena coral donde los diálogos son tan importantes como los números musicales. La Casta de la ovetense María Zapata o los actores Rafa Castejón (como tabernero y el director de escena del prólogo donde nos dejó un “rico Valbuena”), sumaron junto a Críspulo Cabezas (buen fichaje para nuestro género) y Mitxel Santamarina (un sereno en toda su acepción). De la pareja de guardias además de Adrián Quiñones (haciendo de apuntador en el prólogo), el asturiano Carlos Mesa como bombero, no solo ayudaron en los diálogos, también con una presencia que el libreto de Ricardo de la Vega (ofrecido inicialmente a Chapí) remarca sin perder la crítica de esta pareja de autoridades, al igual que Ricardo Reguera como inspector.

Finalmente una Oviedo Filarmonía en el foso, siempre bien llevada por el maestro Víctor Pablo Pérez que logró la viveza de una música conocida -con el famoso Preludio para degustar calidades individuales y colectivas- más una concertación muy cuidada y atenta a una escena siempre poblada donde encajar mucha acción.

Todo un éxito este penúltimo título a la espera del cierre de temporada con la reposición de Maharajá para los días 18 y 20 de junio, una producción propia que ha tenido que esperar nueve años para volver a la escena, mientras se sigue pidiendo una tercera función para próximas ediciones.

FICHA

Jueves 14 de mayo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Tomás Bretón (1850-1923) – Ricardo de la Vega (1839-1910): La Verbena de la Paloma. Sainete lírico en un acto, con el prólogo cómico lírico Adiós, Apolo, de Álvaro Tato (Madrid, 1978). Estrenada el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Fotos de Alfonso Suárez.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Víctor Pablo Pérez – Dirección de escena y coreografía: Nuria Castejón – Escenografía: Nicolás Boni – Iluminación: Albert Faura – Vestuario: Gabriela Salaverri – Asistente de dirección de escena, solista y bailarina: Cristina Arias – Asistente de iluminación: David Hortelano – Asistente de vestuario: Sabina Atlanta.

REPARTO
Barítono / Julián: César San Martín – Tiple 1ª / Susana: Carmen Romeu – Tiple 2ª / Será Rita: Amparo Navarro – Actor 1º / Don Hilarión: Antonio Comas – Tiple 3ª / Casta: María Zapata – Característica / Tía Antonia: Gurutze Beitia – Fotógrafo / Don Sebastián: Gerardo López – Cantaora: Sara Salado – Director de Escena / Tabernero: Rafa Castejón – Mujer del actor 1º / Doña Severiana: Ana Goya – Actor 2º / Mozo 1º: Críspulo Cabezas – Actor 3º / Sereno: Mitxel Santamaría – Actor 4º / Inspector: Ricardo Reguera – Apuntador / Guardia 1º: Adrián Quiñones – Bombero / Guardia 2º: Carlos Mesa – Ayudante del director / Mozo 2º: Albert Díaz – Portera / Vecina: Eugenia Ugarte *- Portero / Vecino: Pelayo Alonso *.

Bailarines: María Ángeles Fernández, Esther Ruiz, Luis Romero, Cristhian Sandoval, Daniel Morillo, José Ángel Capel, Juan Pedro Delgado, Lucía Fernández, Marian Alquézar, Olivia Juberías.

* Miembros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”.

Colaboración especial de Jesús Castejón (voz de la radio).

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio Álvarez)

Beethoven al piano

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Martes 12 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 8 del año 2026, 2.105 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (año 120). Beethoven Piano Dúo (Sylvia Torán y Ramón Grau). Obras de Beethoven.

Desde mis años de estudiante Beethoven ha estado presente tanto en el piano como en los conciertos donde mi tío Paco me llevaba al Teatro Filarmónica (haciéndome socio de su sociedad en 1971) e incluso me regalaba discos donde profundizar y seguir aprendiendo de los grandes intérpretes.

Las sonatas del genio de Bonn están en mi discoteca desde hace muchas décadas, y Willhem Kempff  sería mi primer referente. Después llegarían muchos más, desde los vinilos a los discos compactos sin faltar Daniel Barenboim o el siempre único Glenn Gould, entre otros muchos. De mis partituras abundan no solo las distintas ediciones de las sonatas, también las de violín y piano (obligadas en los dos años de «Música de cámara» con mi siempre recordado Carlos Luzuriaga), las increíbles transcripciones de las sinfonías a cargo de Liszt (diabólicas como el propio virtuoso), más lieder varios y algunas páginas sinfónicas y/o corales que trabajé en los ya lejanos tiempos de repertorista en la Academia Real Musical de la calle Principado ovetense.

Está claro que para todo melómano y estudiante, por supuesto todo un reto para los músicos profesionales, Beethoven siempre está y debe estar presente «en dedos», desde la llamada trilogía de Las Tres B (junto a Bach y Brahms), que en los conciertos de cámara tampoco puede faltar. Así que volvía a la calle Mendizábal para un monográfico pianístico con dos de sus sonatas de plenitud (la Appasionata y la número 31), más una transcripción a 4 manos de su séptima sinfonía con dos maestros que llevan desde 2008 uniendo carreras y pasión beethoveniana, repartiéndose las sonatas y sumando dedos para «La Séptima» del sordo, con las transcripciones de las sinfonías que sigue llevando el dúo en sus recitales.

Sería Sylvia Torán quien presentaría este concierto, con el que volvían a la Sociedad Filarmónica de Oviedo, cronologías, breve análisis y el deseo de compartir una pasión que nos une a tantos.

Ramón Grau (Úbeda, 1989) abriría la velada con la Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata» en su acepción e interpretación. El acercamiento del jienense afincado en Madrid (alumno de Ana Guijarro y del añorado Jenõ Jandó entre otros) a esta sonata, resultó nebuloso aunque intenso, en parte por un pedal no siempre apropiado ni ajustado que impidió una mayor claridad en el sonido, compensado por la pasión y unos excelente contrastes dinámicos que pusieron a prueba los años del Steinway© de la sociedad ovetense que sigue mimado por Jesús Arévalo. Desconozco si había problemas técnicos en el piano, que todo intérprete debe lidiar al no ser nunca el mismo, pero no me emocionó ni resultó la interpretación esperada (mis referencias siempre ponen el listón demasiado alto). Hubo detalles interesantes por los fraseos, la elección de los tempi e incluso cierta frescura juvenil en el acercamiento a esta página, que personalmente necesita algunos años más para poder exprimir todo lo que encierra su escritura, avanzar técnicamente y profundizar musicalmente.

Si el andaluz puso pasión, la madrileña pondría el poso y la madurez con la Sonata nº 31 en la bemol mayor, op. 110, toda una súplica humana y la respuesta divina en una época difícil para Beethoven. Con una pulsación desigual y débil por momentos -que nos hizo perder notas-, el primer movimiento resultó literalmente «espressivo», mientras las dos fugas del tercero estuvieron poco claras aunque bien contrastadas por el juego de las cuartas (descendentes y ascendentes) aunque sin la rotundidad o profundidad de la forma que «dios Bach» colocó en el más allá compositivo e interpretativo.

No hubo pausa y llegaría la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 en una interesante transcripción a 4 manos de Hugo Ulrich (1827-1872), Torán en los graves y Grau en los agudos. Liszt parece tener veinte dedos en su acercamiento sinfónico desde el piano, y escribió: «No hay meditación sobre ellas ni estudio demasiado profundo. En consecuencia, cualquier modo de propagarlas y popularizarlas tiene su lugar». Las transcripciones de Liszt de las sinfonías de Beethoven no sólo son algunas de las transcripciones piano más rigurosas y difíciles de tocar, sino también las más fieles desde el punto de vista sonoro. Ulrich las utiliza directamente, «facilitando» los equilibrios y balances de esta maravillosa Séptima que sigue siendo rica, vitalista, pletórica por momentos, colorista desde una profundidad  de escritura que, al piano, nos acerca a los tiempos donde las orquestas no estaban al alcance del gran público.

El Steinway© sufrió un poco en los agudos que «castañetean» aunque lograsen un color distinto que se agradece en esta transcripción. Importante el trabajo de compenetración de los dos artistas, siempre difícil encajar entradas, silencios y matices, así como manejar los pedales para no enturbiar, si se me permite, «lo principal desde lo accesorio», e incluso la necesaria coordinación para pasar hoja entre uno y otro.

Del acercamiento que el compositor, educador musical y arreglista romántico hace de las sinfonías del «sordo genial», logra un lenguaje pianístico a cuatro manos que puede incluso hacernos olvidar el original, pues trabaja para los dos pianistas, caso del interesante Allegretto con la conocida «marcha fúnebre» donde comienzan las manos graves para ir sumando la tercera y cuarta en el agudo, logrando no solo ganar en dinámicas sino en presencia.

Los tempi rápidos resultan siempre exigentes y bien trabajados, especialmente el Allegro con brio final, aunque los matices resultasen de libro, y por momentos exagerados por unas acentuaciones que ayudan a encajar las cuatro manos, pero escapan de los fraseos y tímbricas orquestales que el piano, por mucho que se trabaje, es incapaz de superar.

Con todo siempre se agradecen estas transcripciones a cuatro manos, así como la riqueza de los dos pianos -esta vez solo uno- que son parte de la propia historia de las sociedades filarmónicas  y hoy en día siguen atrayendo por la espectacularidad de unos repertorios propios, o ajenos, donde «las 88 teclas» siguen siendo en blanco y negro con infinitas gamas de grises.

PROGRAMA:

Ludwig Van Beethoven (1770-1827)

Sonata nº 23 en fa menor, op. 57, «Appassionata» (1804-1806):

I. Allegro assai / II. Andante con moto / III. Allegro ma non troppo – Presto.
(Ramón Grau)

Sonata nº 31 en la bemol mayor, op. 110 (autógrafo de 25 de diciembre de 1821):

I. Moderato cantabile molto espressivo / II. Allegro molto / III. Adagio ma non troppo.
(Sylvia Torán)

Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (1811-1812), transcrita para piano a 4 manos por Hugo Ulrich:

I. Poco sostenuto – Vivace / II. Allegretto / III. Presto / IV. Allegro con brio.

Colores sugerentes

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Viernes 8 de mayo, 20:00 h. Oviedo, Auditorio Príncipe Felipe: OSPA, 𝐀𝐛𝐨𝐧𝐨 𝟏𝟑: 𝑂𝑟𝑔𝑖́𝑎 𝑑𝑒 𝑖𝑚𝑎́𝑔𝑒𝑛𝑒𝑠. Adèle Charvet (mezzo), Nuno Coelho (director). Obras de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 y 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚.

Encuentro previo a las 19:15 con Nuno Coelho
(Reseña para LNE del sábado 9, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

La OSPA presentaba en el decimotercero de abono un programa sugerente de música francesa y española con aires comunes desde la vecindad y biografías de los compositores elegidos.

Comenzaba el concierto con el poco escuchado 𝑃𝑜𝑒𝑚𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟 𝑦 𝑑𝑒𝑙 𝑚𝑎𝑟 de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, el amor y el mar con un interludio donde volver a constatar el excelente estado de la OSPA, con Aitor Hevia de nuevo concertino invitado, el titular portugués y la mezzo francesa 𝐀𝐝𝐞̀𝐥𝐞 𝐂𝐡𝐚𝐫𝐯𝐞𝐭, plena, expresiva, delicada, en esta maravilla sinfónico vocal que emocionó a un auditorio que sigue sin la asistencia que la calidad de los conciertos se merece.

La segunda parte con una reforzada OSPA con alumnado del CONSMUPA nos trajo la España parisina de Debussy más la sentida en la distancia del sevillano Turina.

𝐼𝑏𝑒́𝑟𝑖𝑎 de 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 es nuestra piel de toro, la orquestación impresionante del francés con la inspiración y color hispano, verdadero caleidoscopio instrumental para disfrutar con cada sección de la OSPA y Coelho dibujando toda la paleta parisina. Si el segundo “cuadro” trajo perfumes nocturnos, la mañana festiva resultó un derroche sinfónico.

Para  cerrar, todo el empuje orquestal desde el piano que son las enérgicas 𝐷𝑎𝑛𝑧𝑎𝑠 𝑓𝑎𝑛𝑡𝑎́𝑠𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠 de 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚. Ritmo que nos transporta con aires festivos, nostalgia y energía en tres momentos de evanescencias y toda una gama tímbrica: jota aragonesa, zambra andaluza  y la “Orgía” casi zapateado que siempre asociaré a la publicidad de un conocido brandy. Pasión y exuberancia en este abono 13 que volvió a abrir la puerta grande a una OSPA pletórica y colorista.

PROGRAMA:

ERNEST CHAUSSON (1855 – 1899)
Poème de l’amour et de la mer, op. 19:
I. La fleur des eaux
II. Interludio
III. La mort de l’amour

CLAUDE DEBUSSY (1862 – 1918)

Imágenes para orquesta: Iberia:

I. Par les rues et par les chemins – II. Les parfums de la nuit – III. Le matin d’un jour de fête

JOAQUIN TURINA (1882 – 1949)

Danzas fantásticas, op. 22:

I. Exaltación
II. Ensueño
III. Orgía

NOTAS AL PROGRAMA de Julia María Martínez-Lombó Testa:

Zarzuela de las dos orillas

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Jueves 30 de abril, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Gala Lírica. Ruth Iniesta (soprano), Jorge de León (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). «Las dos orillas»: Preludios, intermedios, canciones y romanzas de zarzuela. Fotos de Pablo Piquero y Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World, con los añadidos habituales de mi blog)

Dentro del trigésimo tercer Festival de Teatro Lírico Español, aunque fuera del abono de los cuatro títulos (con dos funciones), se presentaba una interesante gala lírica con dos de nuestra voces más internacionales y defensores de nuestra zarzuela: la soprano zaragozana Ruth Iniesta y el tenor tinerfeño Jorge de León con un programa titulado «Las dos orillas» con conocidas páginas de nuestro género a ambos lados del Atlántico, y que esta pareja defiende con la misma calidad que sus habituales roles operísticos, haciendo grande nuestro “Patrimonio Cultural Inmaterial” que de momento espera dicho reconocimiento.

El ovetense Óliver Díaz en el foso -pues la escena para “La Verbena de la Paloma” de los días 14 y 16 de mayo, ya se está montando- volvía a ponerse al frente de la orquesta titular del Festival (y del ciclo “Los Conciertos del Auditorio”) con la que hace años tiene una relación tan personal que le permite sacar de ella lo mejor, siempre mimando las voces, respetándolas, acompañándolas, y en las partes orquestales haciendo sonar compacta a una gran plantilla para esta ocasión, reforzada con alumnado del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) y contando con Marina Gurdzhiya como concertino, que como muchos primeros atriles, tendrían sus momentos de lucimiento.

Interesante programa donde además de los números instrumentales que forman parte del repertorio orquestal en medio mundo, reunía algunas de las romanzas y dúos más conocidos del género lírico español junto a imprescindibles páginas de su homónima caribeña, zarzuela cubana, que pocas veces hemos disfrutado sobre las tablas aunque sí de sus romanzas más populares, canciones que muchos no asociaban a la escena musical.

El Preludio de La Torre del Oro (Giménez) sirvió para testar el buen estado de Oviedo Filarmonía y cómo se plegaron al mando de un Díaz que jugó con unos retardandos no escritos pero muy apropiados por lo personales en cuanto al fraseo. En esta parte hispana, el segundo número orquestal sería el intermedio de La pícara molinera (Pablo Luna), con esa conexión sevillano-asturiana de nuestra zarzuela, bien de tempi y excelente balance en el foso.

La parte vocal iría alternando romanzas de Iniesta, León y dúos, comenzando con la poco escuchada y exigente “La Dogaresa” (1920) del maestro Rafael Millán. Salir casi a puerta gayola para enfrentarse con «Ya muerto está mi amor en flor» supuso para la soprano madrileña tardar en centrar su rol de Marietta dejando un agudo final algo destemplado. Por su parte «Yo arrasaré Venecia», del Paolo tinerfeño, también supone comenzar literalmente a pecho descubierto con otro agudo final de los que llamamos “a romper” que dicho sea, al público habitual le encanta. La aparición para el dúo «Tu voz resonaba en la noche tranquila» por ambos lados de la escena, ayudaron a crear la necesaria complicidad, voces empastadas y compenetradas, siempre mimadas por la orquesta, pero con el público aún frío.

Los que peinamos canas atesoramos las grabaciones de Alfredo Kraus como joyas y referentes vocales, Canarias tierra de tenores con Jorge de León que nos dejó la romanza «La roca fría del calvario» de La Dolorosa (Serrano) más vibrante que sentida, pasión en vez de dolor, pero con gusto y valentía tanto en los fraseos como en unos agudos que fueron encontrando posición a medida que avanzaba el recital.

Relevo con una Ruth “primorosa”, rojo pasión y mantón de Manila bien manejado como esta conocida página de El barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. La excelente técnica permite unas agilidades y volumen perfectos aunque los años quiten esmalte vocal pero regalen su corporeidad, así como las tablas que el tiempo, como el bien vino, convierten en reserva.

Y en una parte dedicada a la zarzuela española no puede faltar Pablo Sorozábal, de quien nos dejarían el dúo «Todos lo saben» (de La tabernera del puerto). Escena, empaste, entrega, química incluso con la combinación de colores en la pareja, optando el Leandro canario por una chaqueta de smoking azul mar para esta bien cantada escena con la Marola madrileña en el hoy “Puerto de Campoamor”, que al fin levantó el ánimo de un público que acudió con ganas y en buen número, pese a la coincidencia en el Auditorio “Príncipe Felipe” del concierto para la celebración del “Día de les lletres asturianes” con el maestro Marco A. García de Paz al frente de la OSPA, su Coro “El León de Oro” y el estreno de dos obras de los compositores Jorge Muñiz y Guillermo Martínez.

Los aires caribeños llenarían toda la segunda parte, la zarzuela cubana que bebe de su folklore al igual que la nuestra pero más cercana a las revistas o musicales de sus vecinos, sin olvidarnos que La Habana en aquellos años era el cabaret de los yanquis. Grandes compositores cubanos los elegidos para esta fiesta de la lírica de las dos orillas, comenzando por un poco reconocido Eliseo Grenet cuyo «Lamento esclavo» aún está sin encontrarse una edición completa, y que Rodrigo Prats utilizará para La perla del Caribe. Oviedo Filarmonía hizo la travesía de nuestro abuelos para llenarse de ritmos afrocubanos donde la percusión cubana de un “recuperado” Fernando Arias aportaba el sabor y el arpa de Jose Antonio Domené ese especial color caribeño.

Vestuario distinto para esta parte cubana, azabache y tinto, negro la madrileña y grana el tinerfeño que abría “en” Soledad (1932) con la romanza «Qué negra y qué triste mi vida de ayer». Ideales los solos de violín (Marina Gurdzhiya) y flauta (Mercedes Schmidt) en el puente antes de retomar la estrofa con los agudos poderosos de Jorge de León llenando un teatro ya rendido al tinerfeño.

Aún quedaba el cubano más internacional, Ernesto Lecuona con María de la O (1930), Ruth Iniesta y la conocida canción de esta ópera, cuyo título original es «Mulata infeliz» antes de escuchar el famoso estribillo. Gurdzhiya contestando desde el violín en un puente instrumental de gran versatilidad en todo el foso y el buen gusto de la soprano que prepararían el dúo «Me engañabas traicionando mi pasión», revista musical en estado puro con cambios de ritmos y tonalidades muy variados, mejor cantados y compenetración de este dúo al que se le notaba cómodo en escena y todavía más en el estilo.

Una de las comedias líricas cubanas que más tirón han tenido en Madrid, recordando aún su retransmisión por los propios canales del Coliseo de la calle Jovellanos hace ya seis años, es “Cecilia Valdés” (1932) de Gonzalo Roig. Una gala lírica se puede hacer con piano y la misma dignidad, pero teniendo una orquesta y director de casa no se podía escatimar y apostar por unos números ganadores: la Contradanza fue otra marca de calidad con ese solo de clarinete (Inés Allué) tan de Brooklyn, más los ritmos caribeños que bien hubiese firmado Lenny, pero era Roig con una OFil en estado de gracia sección por sección: una cuerda danzante, unas maderas juguetonas, los metales redondeando presencias y la percusión que contagia el ímpetu para todos, dejando listo el fin de fiesta en el Barrio del Ángel habanero que hoy era calle madrileña en el teatro de la capital asturiana para lucimiento de los dos cantantes, siempre mimados por el ovetense Óliver Díaz:

«Dulce quimera» de Jorge de León, melodía sincopada, cantable, músicas de estilo cercanas al canario y su folklore, el mestizaje con las herencias que el tenor sintió y cantó como propias con un final en sobreagudo largo y mantenido por parte de su Leonardo.

La gracia y estilo sabrosón, casi de una “modernizada” Celia Cruz para esa espléndida «Sí, yo soy Cecilia Valdés», habanera sentida que gira a danzón, donde Ruth Iniesta se entregó cantando, bailando, mandando siempre con buena respuesta desde el foso y otro final agudo, limpio, potente y arrancando muchos bravos. El dúo final, perfecto broche vocal, expresivo, entregado, de colores apropiados, química y literalidad de «Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría», en este caso con dos propinas en la misma línea y totalmente ganado el público.

Primero la famosa «Quiéreme mucho» de Roig, en casa cantada como nadie por Kraus que mi padre dedicaba a mi madre (“Cuando se quiere de veras”) y de una zarzuela titulada Servicio Militar Obligatorio, que fueron alternando estrofas canario y madrileña, incluso con segundas voces que aportaron el toque distintivo, así como el baile del puente instrumental antes de atacar el final del estribillo en unos sobreagudos no escritos muy del gusto del respetable al que encandilarían todavía más con la conocida canción del tipo tango-congo compuesta por Eliseo Grenet «Ay mamá Inés» que formaba parte de la zarzuela Niña Rita (1927) completada por Lecuona.

Dos propinas que tras los saludos de rigor, aún bisarían la última, algo al menos curioso, con la participación del público y hasta el maestro Óliver Díaz cantando, muchos recuerdos radiofónicos, Ruth bailona, Jorge cómico y una OFIL siempre cómplice en el foso.

 

PROGRAMA «LAS DOS ORILLAS»:

PRIMERA PARTE

Gerónimo Giménez (1852-1923)

La Torre del Oro, Preludio

Rafael Millán (1893-1957)

La Dogaresa

«Ya muerto está mi amor en flor»

«Yo arrasaré Venecia»

«Tu voz resonaba en la noche tranquila»

Pablo Luna (1879-1942)

La pícara molinera, Intermedio

José Serrano (1873-1941)

«La roca fría del calvario», La Dolorosa

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1015)

«Me llaman la primorosa», El barbero de Sevilla

Pablo Sorozábal (1897-1988)

«Todos lo saben», La tabernera del puerto

SEGUNDA PARTE

Rodrigo Prats (1909-1980):

«Lamento esclavo», La perla del Caribe

«Qué negra y qué triste mi vida de ayer», Soledad (1932)

Ernesto Lecuona (1895-1963)

María la O (1930)

«Mulata infeliz»

«Me engañabas traicionando mi pasión»

Gonzalo Roig (1890-1970)

Cecilia Valdés (1932)

Contradanza

«Dulce quimera»

«Sí, yo soy Cecilia Valdés»

«Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría»

El fin del continuo

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Domingo 26 de abril, 12:00 horas. Centro Niemeyer, Avilés. Música – Suena la cúpula: Concerto 1700 (Daniel Pinteño, violín – Ester Domingo, violonchelo): El fin del continuo. Obras de Barbella, Nardini, Supriani, Ledesma y Geminiani. Entrada: 12 € (+1€ gastos).

Concierto matutino en la Cúpula del Niemeyer avilesino a cargo de Concerto 1700 en formación de violín y cello con un programa titulado El fin del continuo, un viaje hacia atrás en el tiempo, que se presentaba así:

EL FIN DEL CONTINUO propone un viaje en el tiempo que captura el fascinante tránsito del barroco tardío hacia el clasicismo. A través de la evolución de la sonata y la transformación del bajo continuo, se muestra cómo la densidad ornamental cede paso a la claridad galante. Es una exploración de ese cambio de paradigma, donde la emoción y la estructura se entrelazan para reflejar una era de profundo cambio musical.

En cada visita musical al ágora del brasileño, compruebo cómo su cúpula posee una acústica difícil, mezclando eco y reverberación, lo que dependiendo del tipo de repertorio, agrupación o instrumentos, incluso de la ubicación como espectador, no siempre favorece una escucha clara ni por parte del público ni de los artistas. Sumemos que la afinación también se resiente por la humedad y temperatura en este lado de la Ría de Avilés, por lo que esta vez el resultado fue desigual.

Hecha esta aclaración, Daniel Pinteño con su violín de mediados del siglo XVIII más el violonchelo de Ester Domingo ofrecieron un recital interesante por el trabajo que siempre dedican a rescatar obras que duermen en archivos esperando «volver a la vida», y así fueron estos cinco compositores del clasicismo al barroco tardío con sonatas para dúo donde poder apreciar la «involución» estilística desde una interpretación que este dúo lleva al mínimo detalle con una técnica y sonido impecable, siempre ceñidos a lo que hoy se llama «interpretación históricamente informada«, sin el continuo de clave, guitarra o tiorba para comprobar que estas partituras tienen vida propia con este dúo.

Se abría el concierto con el napolitano Emanuelle Barbella (1718-1777), que compuso múltiples sonatas para mandolina, y en este caso para violín y cello escuchamos la Sonata VI, dedicada a Arch. Menzies compuesta hacia 1765, barroca cercana a lo clásico -o viceversa- por cronología, de escritura muy cuidada y ejecución con los problemas de escucha en los movimientos rápidos teniendo la sensación de un cuarteto ante la «amplificación» de este espacio semiesférico.

Del toscano Pietro Nardini (1722-1793), alumno de Tartini y amigo de Leopoldo Mozart, proseguirían Pinteño y Domingo con otra sonata a dúo, la escrita en la tonalidad de re mayor (opus 5, nº4) de 1769 en plena transición de épocas y estilos, con tres movimientos donde el Adagio inicial sería bello y muy bien llevado, aunque supongo que comprobando la sonoridad, en los dos siguientes evitaron «pisar el acelerador» pero sin evitar que la peculiar acústica ensuciase los ornamentos y notas rápidas por parte del violín mientras el cello daba unos graves rotundos.

Al menos sí pude disfrutar de dos toccattas de Francesco Supriani (Bari, 1678 – Nápoles, 1753), un músico desconocido que desde Nápoles se trasladó en 1708 a Barcelona, siendo nombrado primer violoncello de su Real Capilla, fundada poco antes por el violinista Giuseppe Porsile para el archiduque Carlos de Austria. La contratación de músicos italianos, además de responder al gusto del archiduque por la ópera italiana, fue una maniobra política para posicionarse en contra de los Borbones, aspirantes franceses al trono de España en la Guerra de Sucesión. Supriani  se convirtió en el primero en ser considerado como especialista de violonchelo en España (tal y como aparece en el documento de su contratación), y autor de Principii da imparare à suonare il Violoncello (“Principios para aprender a tocar el violonchelo”) que es el primer método de la historia específicamente para la enseñanza del violonchelo. Ester Domingo comenzó con la número V, tranquila y aplaudida antes de la ligera y virtuosa X. Una lección práctica de sonido portentoso, poderoso, digitación precisa, ornamentos claros, arcos amplios y musicalidad ideal para esta música a solo que coloca a Supriani en el lugar que se merece (por cierto «recuperado» por Guillermo Turina) y donde la acústica sí ayudó a una escucha perfecta.

Desandando el tiempo llegaría la Sonata en la mayor para violín y bajo del segoviano Juan de Ledesma (ca. 1713-1781), primer viola de la Real Capilla y violinista del Real Coliseo de Óperas del Buen Retiro. Obra compuesta en 1757 con tres movimientos (Andantino – Alegro – Minué) alejándose de los cuatro del modelo de Corelli. Cercana por su escritura al llamado «segundo estilo galante» según el recordado musicólogo canario Lothar Siemens, los armónicos del violín volaron por la cúpula mientras el cello daba el «sustento terrenal», y el Minué me recordó incluso el “Et exhultabit” del Magnificat de Bach, con Pinteño en la voz y Domingo al bajo para esta sonata española y universal de mediados del siglo XVIII.

Para finalizar el más barroco» del programa por el papel que desempeñan los dos instrumentos, el violín protagonista y el cello de sustento, con algunos diálogos más una escritura muy de su época. La Sonata en la mayor para violín y bajo Op. 4. Nº 10 de Francesco Geminiani (Lucca, 1687 – Dublín, 1762), alumno de Alesandro Scarlatti y Arcangelo Corelli, nos hizo disfrutar de sus tres movimientos: el Allegro central fue aplaudido (Pinteño lo comentó con su gracejo malagueño), y el último Allegro al inicio sí sonó limpio pero nuevamente perderíamos claridad en las notas rápidas que rebotaban en la cúpula aunque no empañaron un excelente trabajo por parte del dúo.

La propina tras anunciar sus futuros proyectos y actuaciones de compañeros en este Niemeyer, sería la Sarabanda Amorosa del italiano Nicola Matteis (Nápoles, hacia 1650 – Londres, después de 1713) que cerró este viaje cronológico y estilístico dejándonos mejor «sabor de boca», antes de la posterior tertulia de ambos intérpretes con parte del público y donde poder adquirir algunas de sus grabaciones bajo su propio sello, de las que tengo muchas comentadas en este blog, esperando hacer lo mismo con su último trabajo dedicado a los seis Cuartetos de cuerda op. 22 de Boccherini.

PROGRAMA:

Emanuelle Barbella (1718-1777)
Sonata VI, dedicada a Arch. Menzies (ca. 1765):

1. Larghetto e con Gusto 2 . Allegretto 3. Allegretto Brillante. Ala Francese

Pietro Nardini (1722-1793)
Sonata en re mayor Op. 5. Nº 4 (1769):

1. Adagio 2. Alegro 3. Alegro Assai

Francesco Supriani (1678-1753)
Toccata V

Toccata X

Juan de Ledesma (ca. 1713-1781):
Sonata en la mayor para violín y bajo (1757):

1 Andantino 2. Alegro 3. Minué

Francesco Geminiani (1687-1762)
Sonata en la mayor para violín y bajo Op. 4. Nº 10 (1739):

1. Andante 2. Alegro 3. Allegro

Noche impagable

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Viernes 24 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: “Larga noche”, abono 12 OSPA, Antje Weithaas (violín y directora), Obras de Haydn, K. A. Hartman y Mozart.

Concierto duodécimo de abono de una OSPA casi camerística en «disposición vienesa» que nos traía a la violinista y directora alemana Antje Weithaas (Guben, 1966) con un programa que «pone las pilas» a toda orquesta, y más cuando se dirige como concertino en el caso de las sinfonías clásicas, lo que exige responsabilidad a toda la orquesta, compartir y escucharse, pues las dinámicas escritas no siempre ayudan a un balance adecuado, más el concierto solista donde la violinista logró «concertar», poner de acuerdo y alcanzar un nivel altísimo.

El encuentro previo a las 19:15 horas con Oriol Roch nos ayudó a entender este programa titulado «Larga noche» que se hizo corta, así como el «maridaje» con su violín «Peter Greiner» de 2001 (un violinista y luthier alemán afincado entre Zurich y Londres) que sonó siempre claro, preciso y de tímbrica redonda en todo su rango.

Como curiosidad personal añadir que Weithaas mantiene una estrecha colaboración artística con el pianista Dénes Várjon a quien escuchamos hace unos días en este mismo auditorio, con las sonatas para violín de Beethoven premiadas con el «Jahrespreis der Deutschen Schallplattenkritik» en 2024.

Las notas al programa de mi admirado Eduardo Chávarri Alonso analizan las tres obras, e iré intercalándolas en mis comentarios, entrecomilladas y en el color habitual de mis citas en el blog.

Haydn y Mozart son verdaderas «trampas» en cualquier concierto, por la engañosa sencillez, y más en el caso de dos sinfonías tan populares que todo melómano atesora con grabaciones de referencia. Si además, como apuntaba al inicio, se dirige desde la silla de concertino, el reto se hace mayor y Antje Weithaas nos lo dejó claro en el encuentro previo. Con una plantilla apropiada, adecuada y equilibrada para ambas sinfonías (violines enfrentados, cellos en el centro, contrabajos detrás de los primeros, viento en la ubicación habitual y timbales -de cobre- a la derecha en la que abría programa), la sonoridad fue perfecta tanto en la 95 de Haydn como en la 40 de Mozart.

«La Sinfonía en do menor Hob. I:95, compuesta por Haydn en su primer viaje a Londres (1791-92), es la única de las londinenses en tonalidad menor y sin introducción lenta». La profesora Weithaas con Daniel Jaime de ayudante, nos enseñó cómo se «lleva» a la OSPA desde el puesto de concertino. «El primer movimiento contrapone unísonos apasionados y pasajes más íntimos», y esos unísonos fueron perfectamente ejecutados así como los matices, sin necesidad de marcarlos porque la propia música invitaba a escucharse por parte de toda la orquesta. «El Andante cantabile presenta un tema lírico con tres variaciones, la segunda marcada por contrastes dinámicos y modulaciones» de nuevo obligaba a la formación a un entendimiento y colaboración para que las muchas y variadas dinámicas de este segundo movimiento se ejecutasen, escuchándose todos, y se logró con un sentido y sonido unitario al más ajustado Sturm und Drang, como «el padre de la sinfonía» dejó para las generaciones posteriores. «El Minueto alterna secciones contrastantes de un carácter más tenso, y el Trío, en do mayor, permite lucirse al violonchelista principal». La cuerda asturiana sigue manteniendo un color propio, yo lo llamo «cantábrico»,y cercano a las formaciones británicas, algo que se alcanza tras más de tres décadas de «hacer música» juntos. Contar con Maximilian von Pfeil es un lujo como pudimos comprobar en el segundo movimiento y especialmente en este Menuet que me recordó al Haydn de su concierto para chelo. «El Finale, con brillante contrapunto, cierra enérgicamente la sinfonía, regresando a la tonalidad menor inicial» y literalmente resultó brillante y enérgico con todas las secciones perfectamente empastadas, los balances adecuados y una atención total a la Maestra Weithaas.

Si Haydn resultó una prueba superada con creces, aún quedaba escuchar cómo afrontarían en la segunda parte «La Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550, de Mozart, compuesta en 1788, destaca por su intensidad emocional y su estructura innovadora». Misma plantilla aunque sin timbales ni trompetas pero con el par de clarinetes, nuevamente la orquesta camerística, debiendo afrontar sin ambajes cuatro movimientos a cual más exigente para todos, pues no hay forma de «escapar» de una escritura tan perfecta como la del genio de Salzburgo, donde los detalles conforman el toque de calidad. «El primer movimiento, Molto allegro, presenta un tema rítmico que ha trascendido al acervo popular, siendo una de las piezas más conocidas del compositor». Con el tempo giusto y sin complejos, Weithaas llevó a la OSPA por una música que, no por conocida, siempre pide y exige sumar, aportar por parte de cada sección. El equilibrio se logró de principio a fin: «El segundo movimiento, Andante, ofrece una melodía lírica en mi bemol mayor, proporcionando un contraste sereno al carácter dramático del primero». La madera sigue en su madurez y conjunción, con una línea de empaste que el propio Mozart trabajó con todos esos instrumentos en distintas combinaciones, las dos trompas manteniendo el nivel de los últimos conciertos, más una cuerda aterciopelada, matizada, unida y donde hasta los arcos marcan una coreografía digna de destacar. «El tercer movimiento, Menuetto, mantiene la tonalidad menor y presenta un carácter elegante que contrasta con el Trío en sol mayor«, y si hay que definir su interpretación es precisamente por la elegancia de todas las secciones antes de atacar «El cuarto movimiento, Allegro assai, retoma la intensidad inicial con un desarrollo contrapuntístico y una conclusión enérgica». Valiente en el tempo, pues los retos hay que afrontarlos, bien delineados los contrapuntos por parte de toda la orquesta, y sobre todo la energía que Antje Weithaas transmitió desde su silla.

Dos clásicos exigentes donde las «trampas» que escondían las respectivas sinfonías no hicieron caer a una  madura OSPA que pese a su veteranía y excelentes conciertos en esta temporada, aún no recupera público, pero esto daría para un análisis específico que va más allá de esta reseña…

Y entre los clásicos, Antje Weithaas nos brindaría como solista el “Concierto fúnebre” del muniqués Karl Amadeus Hartmann (1905-1963). «Compositor alemán, eligió permanecer en Múnich durante el nazismo, rechazando el exilio y defendiendo valores democráticos en silencio. En 1939 compuso su Concierto fúnebre como respuesta a la anexión nazi de los Sudetes. Estrenado en Suiza en 1940, fue revisado en 1959, cuando recibió su título definitivo». La profesora alemana ya nos advirtió en el encuentro previo que no nos dejáramos llevar por el calificativo de este concierto de Hartmann, porque la música que su compatriota escribe tiene momentos inspirados en corales, canciones populares y hasta ciertas referencias a Shostakovich, y no nos mintió. Con la orquesta solo de cuerda, ya con Daniel Jaime de concertino y Pablo de la Carrera de ayudante, nos brindaron un concierto intenso, difícil para todos, pero emocionante. «La obra tiene cuatro movimientos enlazados sin pausa y basados en corales. Se inicia con el canto husita “Vosotros, guerreros de Dios”, en homenaje al pueblo checoslovaco, seguido de un Adagio de intensa expresividad». El «Stefan-Peter Greiner» sonó pletórico, arrullado y acunado por una orquesta tan ensamblada que sonaba como un «gran cuarteto», escuchándose todo, desde los armónicos hasta esa feliz conjunción coral rica y plena donde la cuerda canta sin palabras. «El tercer movimiento, un frenético scherzo, combina virtuosismo y ostinati hasta un clímax a modo de danza macabra». Si se puede hablar de una prodigiosa cadenza, Antje Weithaas fue la solista capaz de epatar no ya por una técnica asombrosa y una sonoridad rotunda, además de sentida, sino por una concertación y compenetración que resultó el mejor premio para este esfuerzo compartido. «El final, Choral, introduce una canción rusa y concluye con una coda sombría y disonante», aunque las sombras resultasen luminosas y todo un descubrimiento, por quien suscribe, de esta obra de nuestro tiempo.

Otra tarde-noche impagable por el trabajo realizado a cargo de Antje Weithaas con quien la OSPA sigue dando alegrías y la satisfacción de continuar aprendiendo y creciendo con invitadas que huyen de protagonismos, sintiéndose una más de la orquesta desde la cercanía que hace grande a todos.

PROGRAMA:

FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809)

Sinfonía nº 95 en do menor, Hob. I:95:

I. Allegro moderato
II. Andante

III. Menuet

IV. Vivace

KARL AMADEUS HARTMANN (1905-1963)

“Concierto fúnebre”:

I. Introducción. Largo
II. Adagio
III. Allegro di molto
IV. Choral. Langsamer Marsch

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756-1791)

Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550:

I. Molto allegro

II. Andante

III. Menuetto: Allegretto

IV. Allegro assai

La Ópera de Oviedo presenta su nueva temporada

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La programación de la septuagésimo novena temporada reúne obras de Mahler, Puccini, Donizetti, Verdi y Mozart, con destacados repartos de los circuitos nacional, internacional y talento local, nuevas producciones y coproducciones y la apuesta por el talento joven a través de las funciones Viernes de Ópera

Según la nota de prensa, el pasado miércoles 22 de abril el director general y artístico de la Ópera de Oviedo, Celestino Varela, fue el encargado de presentar a los socios los detalles de los cinco títulos, ya conocidos, que conforman la 79ª temporada operística en el Teatro Campoamor de la capital asturiana.

La Ópera de Oviedo alzará el telón en septiembre con un programa doble englobado bajo el título “Sorrow”, que incluye Kindertotenlieder y Suor Angelica, un díptico lírico que se verá por primera vez en el ciclo, que reúne las visiones musicales de Gustav Mahler y Giacomo Puccini.

La velada contará con el barítono Jacques Imbrailo en Kindertotenlieder, mientras que Suor Angelica estará encabezada por la soprano asturiana Beatriz Díaz en el papel titular (que debutó hace casi ocho años en tierras gallegas en la versión original con piano) volviendo a las tablas del coliseo ovetense, acompañada por Ana Ibarra (Princesa), Anna Tobella (Hermana Celadora), la mezzo pixueta María Heres (Madre Abadesa), la cántabra Marina Pardo (Maestra de Novicias) junto a las sopranos leridana Montserrat Serós (Sor Genoveva), ruso-cubana Anna Cabrera (Sor Dolcina) y navarra Andrea Jiménez (Hermana Enfermera).

La dirección musical correrá a cargo de Diego Martin-Etxebarria al frente de la OSPA, con dirección escénica de Joan Anton Rechi en una nueva producción de la Ópera de Oviedo, en la que participarán el Coro Titular de la Ópera de Oviedo – Coro Intermezzo, y el Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento.

Kindertotenlieder, de Mahler, es un conmovedor ciclo de canciones que aborda el dolor y la pérdida desde una perspectiva profundamente íntima y poética. Por su parte, Suor Angelica, de Puccini, es una ópera que ofrece un intenso drama lírico centrado en la redención y el sacrificio, con una de las partituras más emotivas del compositor italiano.

Fechas: 11, 13, 16 y 19 de septiembre.

El bel canto de Donizetti regresa en octubre

La temporada continuará en octubre con cuatro funciones de Maria Stuarda, de Gaetano Donizetti, una de las grandes tragedias del bel canto. La soprano Yolanda Auyanet asumirá el papel protagonista junto a Paola Gardina como Elisabetta, Jihoon Son como Leicester, David Lagares como Talbot, Carlos Daza como Lord Cecil e Irina Avramenko como Anna.

La dirección musical estará a cargo de Friedrich Haider en su retorno al frente de la OFIL que él relanzase, con la participación del Coro Titular de la Ópera de Oviedo – Coro Intermezzo. La puesta en escena correrá a cargo de Emilio López, tras su propuesta en el Campoamor de Anna Bolena, en una nueva coproducción de la Ópera de Oviedo y ABAO Bilbao Opera.

Fechas: 9, 11, 14 y 17 de octubre.

La tragedia shakespeariana de Verdi llega en noviembre

Noviembre sube a escena Macbeth, de Giuseppe Verdi, una de las grandes tragedias operísticas inspiradas en Shakespeare. Los papeles principales estarán encabezados por el mejor barítono verdiano actual, el onubense Juan Jesús Rodríguez como Macbeth, el esperado regreso de Marigona Qerkezi como Lady Macbeth, completando el reparto Gianfranco Montresor (Banco), los tenores cántabro Alejandro del Cerro (Macduff) y asturiano Jorge Rodríguez-Norton (Malcolm), más Julia Merino (Dama), Mikel Zabala (Doctor) y Ángel Simón (Criado, Sicario y Heraldo).

La directora musical estará a cargo de será Clelia Cafiero, con la OFIL en el foso, con puesta en escena de Paco López en una nueva coproducción de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga. Participa el Coro Titular de la Ópera de Oviedo – Coro Intermezzo.

En el marco de esta producción se inauguran las funciones de los Viernes de Ópera del ciclo 2026/2027, con Jorge Nelson Martínez en el papel de Macbeth, Paulina Bielarczyk como Lady Macbeth, el bajo gallego Alejandro Baliñas en el rol de Banco y el tenor murciano Francisco Cruz como Macduff.

Fechas: 13, 15, 18, Viernes Ópera: 20, y 21 de noviembre.

El Puccini más apasionado en diciembre

El ciclo continuará en diciembre con Manon Lescaut, de Giacomo Puccini, una de las óperas más intensas y líricas del compositor italiano. El papel de Manon Lescaut será interpretado por Vanessa Goikoetxea, otro regreso esperado, junto al mexicano Arturo Chacón-Cruz como Des Grieux, Manel Esteve como Lescaut, el barítono mierense Abraham García como Geronte di Ravoir y El Comandante, el tenor catalán Josep Fadó como Edmondo, la mezzo donostiarra Marifé Nogales como el Músico y también como El Peluquero, el mallorquín Pablo López como El Posadero y El Sargento, y el canario Gabriel Álvarez como Maestro de danza y Farolero.

La dirección musical estará a cargo de Nuno Coelho al frente de la OSPA, de la que es director titular, con dirección de escena de Emiliano Suárez en una nueva coproducción de la Ópera de Oviedo y ABAO Bilbao Opera. En escena también el Coro Titular de la Ópera de Oviedo – Coro Intermezzo.

De nuevo función de Viernes de Ópera con Rebecca Gulinello en el papel de Manon Lescaut, Joan Laínez como Des Grieux y Guillem Batllori como Lescaut.

Fechas: 11, 13, 16, Viernes Ópera: 18, y 19 de diciembre.

Mozart cierra la temporada con su gran comedia de enredo

La temporada cerrará en enero y febrero con Così fan tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart, una de las grandes óperas bufas del repertorio clásico. Fiordiligi será interpretada por la soprano malagueña Berna Perles, junto a  la mezzo bogotana Andrea Niño como Dorabella, la soprano madrileña Natalia Labourdette como Despina, el barítono californiano Christian Pursell como Guglielmo, el tenor croata Filip Filipović como Ferrando y otro «regreso a casa» del barítono castrillonense David Menéndez como Don Alfonso.

La dirección musical estará a cargo de Lucas Macías al frente de la OFIL, de la que es titular, con el Coro Titular de la Ópera de Oviedo – Coro Intermezzo. La dirección escénica es de Marta Eguilior en una producción de la ABAO Opera Bilbao.

Tercer título con función a precio asequible de Viernes de Ópera con la soprano checa Lada Bočková como Fiordiligi, la mezzo colombiana Paola Leguizamón como Dorabella, la soprano franco-española Eleonora Deveze como Despina, el barítono chipriota Yiorgo Ioannou como Guglielmo, el tenor chino Anle Gou como Ferrando y el bajo-barítono leonés Javier Blanco como Don Alfonso.

Fechas: 29 y 31 de enero, más 3, Viernes Ópera: 05, y 6 de febrero.

La LXXIX temporada mantiene los cinco títulos combinando repertorio muy conocido, nuevas producciones, también propias, y dos títulos especialmente llamativos: Macbeth y Maria Stuarda, con muchas voces conocidas en el Campoamor, el regreso de varias asturianas, los Viernes de Ópera orientados a impulsar el talento joven en el segundo reparto (en Macbeth, Manon Lescaut y Così fan tutte) más el reparto en el foso de las dos orquestas habituales: la OSPA (que se encargará del programa doble que abre la temporada y de Manon Lescaut), mientras que Oviedo Filarmonía acompañará los tres títulos restantes.

Esplendoroso Cuarteto Quiroga

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Miércoles 22 de abril, 20:00 horas. Teatro Jovellanos. Concierto nº 1713 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Cuarteto Quiroga. Obras de Haydn, Shostakóvich y Beethoven.

La nueva visita del Cuarteto Quiroga a Asturias confirmó el excelente momento de forma de una formación que, tras más de dos décadas de trayectoria -que he vivido casi desde sus inicios- sigue conjugando madurez interpretativa y frescura discursiva. El conjunto, residente en el Museo Cerralbo de Madrid, abordó un programa de gran exigencia articulado en torno a tres pilares del repertorio cuartetístico que trazaban un sugerente arco histórico y expresivo.

El esquema elegido —Clasicismo, siglo XX y Romanticismo— responde a una lógica habitual, pero adquiere pleno sentido cuando, como en esta ocasión, se sostiene sobre una lectura coherente y profundamente trabajada, tal y como indicaba el asturiano Aitor Hevia en una reciente entrevista para la revista Ritmo, «es un modelo de programa recurrente para muchos cuartetos. Comenzar por una obra clásica, en medio una obra contrastante y para acabar un gran cuarteto. Los tres son muy diferentes. El primero de Haydn es el nº 1 del gran Opus 20, cuartetos que supusieron un gran cambio en la manera de escribir. Sencillo en los motivos pero con un desarrollo que es una maestría típica de Haydn. Seguimos con una obra icónica del siglo XX, el nº 8 de Shostakóvich. Desde el principio hasta el final ataca no hay solución de continuidad de un movimiento a otros. Logra mantener una tensión tanto en los movimientos lentos como rápidos que te hace estar escuchando con atención todo el rato. En la segunda parte el opus 127 de Beethoven en mi bemol mayor es una de las grandes cimas para cuarteto. Interpretar uno de los últimos cuartetos de Beethoven es un gran reto. Son muy físicos, muy largos y exigentes. En algunos casos difíciles de entender por los reguladores, las frases. Son partituras que no son evidentes y requieren de mucho trabajo individual y musical».

De las notas al programa de Ramón Sobrino Cortizo tituladas “Contrapunto de cámara: forma y significado” iré intercalando algunos párrafos que analizan cada uno de los tres cuartetos.

Equilibrio y claridad en Haydn

«El Cuarteto nº 1, Op. 20, de Haydn pertenece a los seis «Cuartetos Sol», así denominados por presentar su edición princeps (París, La Chevardière, 1774) un sol naciente en su portada, siendo la tercera serie de cuartetos escritas durante su servicio en la casa Esterházy. Los cuartetos del Op. 20 consolidan la escritura cuartetística clásica, igualando el papel de las cuatro líneas instrumentales, a diferencia de los ejemplos previos en las que, bien el primer violín, bien las voces extremas resultaban dominantes. Haydn homogeneiza las cuatro partes gracias al retorno al contrapunto (…) Luminoso y de aparente sencillez, consta de cuatro movimientos».

Este Cuarteto en mi bemol mayor, Op. 20 nº 1 de Haydn abría la velada con una interpretación de notable equilibrio. Los Quiroga subrayaron la modernidad de estos cuartetos, donde el compositor iguala las cuatro voces en un tejido contrapuntístico de gran sutileza.

El Allegro moderato fluyó con naturalidad, sin afectación, destacando por la claridad en la articulación y un sonido homogéneo. El Menuetto, de pulso firme y elegante, evitó cualquier rigidez, mientras que el Affettuoso e sostenuto mostró un refinado trabajo de dinámicas y fraseo. El Finale, ágil y enérgico, confirmó la compacidad del conjunto, una de sus señas de identidad.

Shostakóvich: intensidad sin concesiones

Antes de abordar el Cuarteto nº 8 en do menor, op. 110 de Shostakóvich, Cibrán Sierra introdujo brevemente la obra, apelando a su dimensión humana y a su vigencia como denuncia frente a la violencia y la opresión.

«El Octavo cuarteto de Shostakovich, el más popular de sus catorce cuartetos, fue estrenado en 1960 en Leningrado (…) Compuesto durante la estancia en Dresde del compositor para elaborar la banda sonora de la película soviética Cinco días y Cinco noches, sobre la destrucción de la ciudad durante la II Guerra Mundial, está concebido «En memoria de las víctimas del fascismo y la guerra». (…) el análisis de su música revierte el mensaje oficial de un compositor que ha vivido en continua amenaza de muerte y que en 1960 ha tenido que afiliarse al Partido Comunista Soviético, revelando que se trata de la autobiografía de un disidente.

La correspondencia del compositor y sus memorias (Volkov, Testimonio, 1979), confirman el verdadero mensaje de un cuarteto escrito para una víctima, el propio compositor, como él mismo confiesa a su amigo Davidovich en julio de 1960».

Palabras lúcidas tanto de Sierra como de Sobrino Cortizo y totalmente apropiadas para este octavo cuarteto desgarrador, donde la música llora, gime, corta la respiración, suspira y grita en sus cinco movimientos. La interpretación fue, sin duda, el núcleo emocional del concierto. Concebido sin interrupciones entre movimientos, el cuarteto exige una tensión sostenida que “El Quiroga” mantuvo con admirable concentración. Desde el primer Largo, de carácter casi confesional, hasta el cierre en un último suspiro sonoro, el conjunto ofreció una lectura de gran intensidad expresiva. El Allegro molto resultó incisivo y casi brutal en su insistencia rítmica, mientras que el Allegretto adoptó un aire de vals deformado, cargado de ironía amarga. Los pasajes más extremos, especialmente en los movimientos lentos, se resolvieron con un control notable del sonido y una implicación emocional evidente, sin caer en el exceso retórico. El prolongado, denso y estruendoso silencio final,  fue quizá la mejor medida del impacto logrado.

Beethoven: arquitectura y trascendencia

«Los tres Cuartetos Galitzin, números 12, 13 y 14, nacen del encargo en 1822 del príncipe ruso que les da nombre (…) El estreno del primer cuarteto el 6 de marzo de 1825 por el Cuarteto Schuppanzigh, no salió bien. Beethoven recurrió entonces a Joseph Michael Böhm. El cuarteto «fue estudiado y ensayado con frecuencia bajo los propios ojos de Beethoven. Dije «ojos» intencionadamente –explica Böhm–, ya que el infeliz era tan sordo que ya no podía oír el sonido celestial de sus composiciones… Con atención cercana, sus ojos seguían los arcos y por lo tanto era capaz de juzgar las más mínimas fluctuaciones en el tempo y el ritmo y corregirlas inmediatamente». Presenta cuatro movimientos (…) con un Maestoso acordal inicial (…), un tema con seis variaciones en el segundo, y un scherzo con trío en el tercero. Las variaciones, cuyo tema presenta reminiscencias del Benedictus de la Missa Solemnis (1823), desarrollan un plan formal y tonal (…). La partitura revela muchas de las características del último periodo del tercer estilo beethoveniano, desde el cultivo de la variación al uso magistral del contrapunto, la profunda coherencia motívica –el motivo del Maestoso inicial reaparece en el canon fugado de la recapitulación del Allegro del dicho movimiento– o la capacidad de trascender la forma musical, como revelan las similitudes de sonido y fraseo del Presto (trío) del Scherzo con sus Bagatelle contemporáneas, del Op. 126».

Descanso para respirar tanta emoción y  segunda parte con el Cuarteto nº 12 en mi bemol mayor, Op. 127 de Beethoven que devolvió la luz sin renunciar a la complejidad. Obra clave del último periodo del compositor, plantea retos tanto estructurales como expresivos que el Cuarteto Quiroga abordó con solvencia.

El primer movimiento, con su introducción Maestoso, fue planteado con amplitud y sentido arquitectónico, dando paso a un Allegro bien articulado. El Adagio ma non troppo e molto cantabile, núcleo expresivo de la obra, destacó por la calidad del canto y el equilibrio entre las voces, evitando caer en una visión excesivamente sentimental. El Scherzo aportó ligereza y contraste, mientras que el Allegro final cerró la obra con energía y precisión, confirmando la solidez del conjunto en todos los registros.

Epílogo sereno

Tras la intensidad del programa, las gracias de Cibrán al público y a la Sociedad Filarmónica de Gijón, la propina —la sonatina BWV 106 (Actus Tragicus) de “dios Bach”— ofreció un momento de recogimiento y depuración sonora en versión para cuarteto de cuerda. Con esta página, evidenciaron una vez más su capacidad para aunar rigor estilístico y sensibilidad, con un sonido transparente y una respiración común.

El Cuarteto Quiroga firmó una actuación de alto nivel, marcada por la coherencia del programa y la solidez interpretativa. Más allá del virtuosismo individual (que lo tienen), destacó la construcción de un discurso colectivo maduro -los años juntos se notan- capaz de transitar con naturalidad desde el equilibrio clásico hasta la desolación contemporánea y la introspección beethoveniana.

Sumar la grandeza del kantor con este cuarteto de cuerda que podría describir, con permiso de cada integrante, como Perfeccionista, Apasionado, Contenido y Delicada. Unámonoslo todo con exquisitez y rigor, sumando cuatro corazones y un mismo sentimiento musical de “El Quiroga” en todo su esplendor y una velada de gran intensidad musical que reafirma al conjunto como una de las referencias del panorama camerístico actual.

Cuarteto Quiroga:

Aitor Hevia, violín – Cibrán Sierra, violín – Josep Puchades, viola – Helena Poggio, violonchelo

PROGRAMA

Joseph HAYDN (1732 – 1809)

Cuarteto de cuerda en mi bemol mayor, Op. 20, nº 1:

I. Allegro moderato

II. Menuetto. Allegretto

III. Affettuoso e sostenuto

IV. Finale. Presto

Dmitri SHOSTAKOVICH (1906 – 1975)
Cuarteto de cuerda nº 8 en do menor, Op. 110:

I. Largo

II. Allegro molto

III. Allegretto

IV. Largo

V. Largo

Ludwig van BEETHOVEN (1770 – 1827)

Cuarteto de cuerda nº 12 en mi bemol mayor, Op. 127:

I. Maestoso – Allegro

II. Adagio ma non troppo e molto cantabile

III. Scherzando vivace

IV. Allegro

Desde Bremen, plurales y actuales

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Lunes 20 de abril, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo: XIII Primavera Barroca, CNDM Circuitos Oviedo: Marsyas Baroque: Musas y heroínas.

Prosigue la decimotercera Primavera Barroca ovetense en colaboración con el CNDM y con otra conferencia previa para este cuarto concierto, enfocada a estudiantes del Conservatorio Superior de Música de la capital y la Universidad de Oviedo, presentado nuevamente por el doctor Ramón Sobrino, que nos darían la leonesa Sara Johnson Huidobro (a quien recordé hace casi 13 años en Gijón cuando ya apuntaba maneras estudiando en Zaragoza) y la tarazonesa (o turiasoniense) María Carrasco Gil preparándonos el concierto posterior, y aclarándonos tanto el origen del nombre de este cuarteto germano español (dos a dos) residente en Bremen, sin olvidarse de quién era Marsias (un pastor, ora sileno, ora sátiro, cuya leyenda se sitúa en Frigia y considerado el “inventor” del aulós, opuesto a la flauta de Pan, y desafiando nada menos que al dios Apolo, lo que le llevó a morir desollado tras ser vencido en el duelo). Alternando el uso de la palabra nos  desgranarían un programa titulado “Musas y heroínas”, que se completaba perfectamente con las notas del especialista sevillano Pablo J. Vayón que además añade al título “… y artistas”.

Para este concierto, que ya interpretaron en Madrid el pasado enero, lo presentarían desde “La doble cara de la feminidad”: la mujer como arquetipo, alegoría o construcción poética, y la creación de la mujer como arquitecta de su propio discurso y gestora de su autonomía intelectual.

Se agruparon y analizaron las obras y su autoría en seis bloques:

I. “Construcciones de lo femenino: de la ninfa transformada a la palabra de la heroína”, donde estaban Jacob van Eyck y G. Ph. Telemann.

II. “El parnaso francés: El manifiesto de Marin Marais y Michel Blavet”, el barroco elegante especialmente para el clavecín tan distinto del alemán.

III. “Bayreuth como epicentro: El diálogo entre la soberana y la virtuosa” en referencia a las obras de Wilhelmine von Bayreuth y Anna Bon di Venezia (egresada del Ospedalle della Pietà).

IV. “Celdas y Salones: La doble geografía de la creación barroca” con Isabella Leonarda, Claudia Francesa Rusca y Élisabeth Jacquet de la Guerre.

V. “El enigma y la modernidad: De la identidad oculta a la vanguardia de Marsyas”, con esa probable compositora que firmaba como Mrs. Philarmonica, al estreno de la italiana Alessandra Bellino (Nápoles, 1970) de su obra dedicada al cuarteto, con explicación de Sara Johnson sobre un fragmento de la partitura y explicándonos que el clave con el que hoy tocaba no tenía el registro a solo de cuatro pies, que al faltarle la octava aguda no es tal como lo escribió la napolitana para los más actuales, pero sí con el resto de registros, incluyendo el de laúd; finalmente el

VI. “La Pietà: La profesionalidad de la alteridad” con Vivaldi formando a las alumnas del hospicio veneciano de donde salían jóvenes virtuosas y “donde la frontera entre práctica profesional y educación de vida resultó especialmente permeable” como refiere mi tocayo sevillano, y de donde también saldría Anna Bon di Venezia como una de las destacadas en la música de su tiempo y excelente alumna, hija de una soprano y de un libretista de ópera, que escribió mucha música para flauta, siendo una auténtica virtuosa que luego veremos relacionada con Guillermina de Prusia.

Tras tres cuartos de hora y una vez informados del origen de este original programa ejecutado en el orden que figura al final de esta entrada, con tiempo para un café y la necesaria afinación del conjunto, comenzaría con puntualidad británica el concierto de “Las cuatro de Bremen” y otra excelente entrada con todo vendido, lo que corrobora el éxito de este ciclo entre el público asturiano.

De G. Ph. Telemann (1681-1767) y su Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, serían María Carrasco Gil y Paula Pinn las solistas con ese cambio tímbrico sobre el original en los movimientos asociados a las musas y diosas, siendo la violinista quien nombraría a cada una (Xantippe, esposa de Sócrates, la ultrajada Lucretia, la poetisa Corinna, la valiente Clelia o la legen­daria Dido) en una interpretación bien conjuntada con el continuo de Konstanze Waidosch y Sara Johnson.

La Sonata para flauta y bajo continuo en la menor de Wilhelmine von Bayreuth en tres movimientos (I. Affettuoso – II. Allegro – III. Presto) nos traería el dúo de la leonesa y la alemana que iría alternando a lo largo del concierto las distintas flautas de pico apropiadas a las tonalidades, virtuosa en los movimientos rápidos y con excelentes fraseos en los lentos. Interesante saber que la compositora es Guillermina de Prusia, her­mana de Federico el Grande y margravina de Bayreuth, donde, entre otras cosas, dejó un precioso teatro que sigue en pleno uso y donde Marsyas Baroque también actuaron, la procedencia noble y la ya citada Anna Bon di Venezia, que fue nombrada en 1756, con solo dieciséis años, virtuosa di musica di came­ra en la corte del margrave, cuando a Guillermina le quedaban dos años de vida, como nos cuenta en las notas mi tocayo sevillano.

Si en Telemann uno de los violines fue flauta, en el Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (de los “Sei divertimenti”) de la alumna veneciana, el violín respiró y cantó con la misma intención que en el compositor del Sacro Imperio Romano Germánico, con un cuarteto bien ensamblado y de balances difíciles por las distintas dinámicas de cuatro instrumentos que lograron buscar un buen “sonare”.

Para las obras siguientes cambiarían la ubicación primera permutando violín y chelo tras presentar Sara Johnson el siguiente bloque, volver a explicar las características del clave ovetense, el diálogo Blavet-Rameau con un bello dúo de cello y flauta, donde las musas son invocadas genéricamente, más la obra de la napolitana Alesandra Bellino presente en la sala, que estrenasen en Madrid y tiene la originalidad de escribir música actual para esta formación instrumental barroca en este universo femenino. Paula Pinn elegiría la flauta soprano más aguda de su “arsenal” (hasta seis usaría) y el cuarteto interpretó esta partitura llena de disonancias, tímbricas extremas y uno uso de cada instrumento “rompedor” para ellos y plenamente innovador. Partitura inspirada en la mitología y en las sonoridades históricas, establece un diálogo contemporáneo con los siglos XVII y XVIII, reafirmando la vigencia creativa de los referentes femeninos y la capacidad del repertorio antiguo para inspirar nuevas lecturas precisamente por la sonoridad buscada en este rendido homenaje al gran maestro Luigi Dallapiccola celebrando el cincuenta aniversario de su muerte.

Tras la explosiva obra el “remanso” del clave solo y elegante de Élisabeth Jacquet de La Guerre , de biografía interesante pues fue niña prodigio admirada por todos, que acabó instalándose en París con su marido -el organista Marin de La Guerre– y lo hizo como compositora libre llegando a publicar colecciones de música para violín y clave, abriendo un salón de formidable éxito social. Criada en Versalles allí coincidiría con Marin Marais, y de él escuchamos dos movimientos de la Suite a tres en sol menor (1692), pues además del conocido legado para la viola, es autor de una colección menos conocida de tríos como el que disfrutamos, manteniendo la colocación y retomando una flauta contralto, con una buena combinación y alternancia de dúos y tutti que cerrarían la primera parte de estas barrocas.

Abriría la segunda parte la flauta soprano sola de Paula Pinn con una de las diferencias sobre “Doen Daphne d’over schoone Maeght” de Jacob van Eyck (ca. 1590-1657), el carillonero ciego de Utrecht, donde se retrata la belleza proverbial de Dafne -la ninfa deseada por Apolo y trans­formada en laurel- como explica en las notas al programa Pablo J. Vayón, para proseguir con la procedencia conventual de Claudia Francesca Rusca y su Canzon prima à 4 ‘La Borromea’ (de Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi) ya con el cuarteto al completo.

Llegaría el momento del lucimiento de la española María Carrasco al violín con la Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº12 de la monja ursulina, organista, cantante y prolífica compositora italiana Isabella Leonarda, la primera mujer en publicar una colección de sonatas arrancando con el clave para sumarse el cello en el cambio de tempo.

Esquiva a los historiadores y sin saber su sexo real, Mrs. Philarmonica dejó en Londres un par de publicaciones para violín y de su Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (de la Sonate a due violini…, prima parte, 1715) escuchamos sus cuatro movimientos (I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto) donde nuevamente la flauta “hizo de violín” con todas las dificultades de los ornamentos, el virtuosismo del Vivace o el excelente diálogo con el violín en una interpretación de altura por parte igualmente del bajo continuo (siempre impecable Konstanza Waidosch).

Y nadie mejor para finalizar que Il Prete Rosso con uno de sus conciertos de cáma­ra: el Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 para disfrutar de una inspirada Paula Pinn bien arropada por sus tres compañeras, los movimientos rápidos vertiginosos más el intermedio que pese a no indicarse el tempo, como ya habían explicado en la conferencia, toman los motivos escritos por Vivaldi que se han utilizado en otros conciertos para violín como el “Per Anna Maria”, del que el cuarteto toma parte de los motivos del veneciano.

Sin entrar ya en musas aunque sí fueron “heroínas y artistas”, el regalo de una danza virtuosa para otra flauta y Marsyas Baroque: «Ballo detto Pollicio»de Tarquinio Merula (ca. 1595-1665), agradecidas tanto al CNDM como a todo el personal del Auditorio de Oviedo y la mejor recompensa de una ovación cerrada en este nuevo concierto primaveral de la capital asturiana a la que aún quedan dos más.

PROGRAMA:

Georg Philipp TELEMANN (1681-1767)
Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, TWV 42:C1 (ca. 1728).

I. Introduzione. Grave. Vivace. Andante. Vivace – II. Andante. Vivace – III. Xantippe – IV. Lucretia. Largo – V. Corinna – VI. Clelia. Spirituoso – VII. Dido. Triste. Disperato

Wilhelmine von BAYREUTH (1709-1758)
Sonata para flauta y bajo continuo en la menor

I. Affettuoso II. Allegro III. Presto

Anna Bon di VENEZIA (ca. 1738-1765)
Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (Sei divertimenti, 1759):

I. Andantino – II. Allegro – III. Presto.

Michel BLAVET (1700-1768) / Jean-Philippe RAMEAU (1683-1764)

De la Suite en E, si, mi (Troisième recueil de pièces):

V. L’entretien des muses-Gracieux

Alessandra BELLINO (1970)

Marsýas * (2025)

Élisabeth JACQUET DE LA GUERRE (1665-1729)

De la Suite para clave solo en sol menor (Les pièces de clavecin, premier livre, 1687):

I. Prélude

Marin MARAIS (1656-1728)

De la Suite à trois en sol mineur (Pièces en trio, 1692):

X. Plainte XI. Passacaille

II

Jacob van EYCK (ca. 1590-1657)

De Der Fluyten Lust-Hof (1644):

Diferencias sobre ‘Doen Daphne d’over schoone Maeght’

Claudia Francesca RUSCA (1593-1676)

De Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi (1630):

Canzon prima à 4 ‘La Borromea’

Isabella LEONARDA (1620-1704)

Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº 12 (1693)

Mrs. PHILARMONICA (fl. 1715)

Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (Sonate a due violini…, prima parte, 1715):

I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto

Antonio VIVALDI (1678-1741)

Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 (1720-1724):

I. Allegro – II. [Sin indicación] – III. Allegro

* Estreno absoluto

MARSYAS BAROQUE

Paula Pinn, FLAUTAS DE PICO:

María Carrasco Gil, VIOLÍN BARROCO:

Konstanze Waidosch, VIOLONCHELO  – BARROCO:

Sara Johnson Huidobro, CLAVE:

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