Viernes 6 de noviembre, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Chopin / Lutoslawski”, OSPA, Georgijs Osokins (piano), Alexandre Bloch (director). Obras de Kodály, Chopin y Lutosławski.

La Web de la OSPA presentaba este tercero de la temporada como «La utilización de la música popular atraviesa una metamorfosis radical de Chopin a Lutosławski: parte del romanticismo en que el folclore es un elemento pintoresco, una representación nostálgica del “alma del pueblo”. Después se convierte en una herramienta de reivindicación nacional (Bartók) y, en épocas de regímenes totalitarios, en un potentísimo artefacto político que los estados utilizan por su aparente simplicidad y conexión con las masas. Sin embargo, Lutosławski esquiva el dogma oficial en su Concierto para orquesta utilizando el folclore en un lenguaje reconocible y sofisticado al mismo tiempo».

Las notas al programa del compositor Israel López Estelche las titula EL FOLCLORE REIVINDICADO, donde no solo analiza las tres obras sino el contexto de las mismas, con esa cercana referencia a nuestra Asturias, y que iré desgranándolas junto a mis comentarios:

«¿Qué tienen que ver el Concierto para piano nº 2, de Frédéric Chopin (1810– 1849), Las Danzas de Galánta, de Zoltán Kodály (1882–1967); ¿y el Concierto para orquesta, de Witold Lutosławski (1913–1994)? ¿Tiene algún sentido ponerlas en un programa juntos? ¿Hay algo en común?.

El simple hecho de ser tres obras maestras sería suficiente, para disfrutar un programa redondo. Pero si afinamos un poco más la respuesta, podemos encontrar la solución en nosotros mismos, en nuestras raíces y bases culturales compartidas; lo que hace sentirnos parte de una sociedad.

Por ejemplificar, pensemos por un momento de qué manera han aparecido en nuestras vidas algunas melodías o canciones tan asturianas, como: Asturias, patria querida, Asturias, de Víctor Manuel o En el pozo María Luisa. Desde la celebración nostálgica a la exaltación territorial o la reivindicación política han ido creando una identidad colectiva (en sentido de religare) detectada por los miembros de esa comunidad. Así, además de ser referentes culturales directos, tienen una capacidad diferenciadora, que propone una originalidad ante modelos homogeneizadores externos. Y ahí reside lo común de estos compositores: reivindican el folclore como identidad, como elemento político y material desde el que surge la originalidad y la diferencia».

Tras el encuentro inicial 45 minutos antes con el maestro Alexandre Bloch (Angers, 1985) y Fernando Zorita, el nuevo titular de la Orquesta de RTVE se confesó constructor de un programa propuesto por Nuno Coelho y Oriol Roch en torno al segundo concierto de piano de Chopin, como así lo aclaró el gerente de la OSPA presente en la sala de conferencias, y estuvo bien tanto la organización del mismo como especialmente el Concierto para orquesta de Lutosławski, intentado transmitir y contagiar a los músicos y también al público esta energía latente en esta página del polaco.

De la obra que abría concierto, López Estelche la analiza con las siguientes palabras:

«Kodály compuso Las Danzas de Galánta en 1933, tras un estudio etnomusicológico profundo compartido con Béla Bartók. Incluye cinco diferentes danzas de la «música gitana» de la zona de Galánta (Hungría), que fueron utilizadas como música militar durante las Guerras Imperiales. Formalmente se desarrolla como un poema sinfónico mezclado con una estructura de suite, dentro de un estilo que incluye referencias al impresionismo, orientalismo de los «cinco rusos» y ciertas dosis de primitivismo».

Con una plantilla para la ocasión, con una cuerda (14/12/8/7/6) capitaneada nuevamente por el concertino invitado Jordi Rodríguez Cayuelas, la OSPA se reencontraba con esta página que ya han interpretado, al menos así lo tengo reflejado en este blog, en 2014 con mi siempre recordado David Lockington, y en  2018 con Jaime Martín (aunque seguro hubo alguna anterior), y seguramente haya músicos que por entonces no estaban en la actual formación. Alexandre Bloch aportó con gesto claro, preciso y una enorme expresividad las cinco danzas donde seguir comprobando el excelente estado de la orquesta asturiana, destacando sobre todo los solos de clarinete de Andreas Weisgerber plenos de musicaiidad, sin olvidarme de la flauta de Myra Sinclair y el oboe de Juan Ferriol, con aires variados, alegres y una vitalidad que dio confianza y alas a la formación.

El pianista Georgijs Osokins (Riga, 1995) sustituía por enfermedad al polaco Rafał Blechacz pero manteniendo el ya programado segundo concierto de Chopin, agradeciendo la rápida gestión en encontrar un solista de la misma calidad y entendimiento con el director francés. Sin muchas referencias aunque sea una de las figuras del “sello amarillo”, el letón no defraudó, sorprendiendo su posición tan baja en la banqueta que me recordó al Glenn Gould de mi juventud, y con una plantilla más reducida (cuerda 13/10/8/6/4) para esta joya del virtuoso polaco, el doctor López Estelche nos dice:

«Chopin introdujo en el salón parisino la mazurca, haciéndola indispensable y característica de su catálogo. En el Finale del Concierto usa este «nuevo aire» que sorprendió incluso al crítico parisino François-Joseph Fétis, que destacó su «abundancia de ideas originales que sin referente en lo ya conocido». En un estilo internacional, bastante homogéneo, la visión nacionalista, determinante desde la segunda mitad del siglo XIX, se convierte, por su potencia distintiva, en una herramienta identitaria, que ayudará a la reivindicación política».

El Maestoso inicial resultó literal, majestuoso con ese inicio que recuerda el motivo del concierto primero, antes de la entrada segura y clara de Osokins, con complicidad ideal junto a Bloch, el piano siempre presente y la orquesta bien balanceada, destacando una sonoridad global digna de haberse grabado para que pudiese comprobarse el nivel y calidad tanto del solista como de toda la OSPA y la concertación perfecta del maestro francés. El Larghetto resultó una verdadera delicadeza, con unos “ritenutos” encajados milimétricamente dejando que el piano llevase el tempo, manejando los pedales con precisión y sabiduría. Finalmente el Allegro vivace mostró no ya el poderío del letón y un sonido contundente, compacto, al igual que la orquesta, pletóricos, románticos sin olvidar el aire folklórico que invadiría este tercero de abono.

Y con los mismos aires centroeuropeos, si Chopin resultó impresionante, la Rapsodia húngara  nº 15 en la menor, «Rákóczi March”, S.244/15  (after Horowitz) de Franz Liszt epató no solo por el virtuosismo del letón sino por seguir jugando nuevamente con los tempi dese una técnica apabullante sin apenas esfuerzo, y en tiempo de escuelas globales, está claro que el poso ruso aún se mantiene en esta generación de jóvenes talentoso.

Para la segunda parte volvería la OSPA con más músculo, plantilla inmensa de metales a 4, maderas a 3, cinco percusionistas (desplegando bombo, platillos, tambores, campanas de orquesta, caja, gong, pandereta y xilófono) más timbales (hoy con el maestro Casanova), piano, celesta, un arpa y gran cuerda (14/12/10/7/6) para el concierto de Lutosławski, del que el cántabro-asturiano escribe:

«El caso de Lutosławski es diferente. El Concierto para orquesta (1954), surgió de un encargo de la Filarmónica de Varsovia para celebrar el renacimiento de Polonia, tras la invasión alemana. Pero, a diferencia de los compositores anteriores, utilizó melodías extraídas de la recopilación de Oskar Kolberg (1880), para huir de las imposiciones vigentes del realismo socialista y poder combinarlas con estructuras de carácter neoclásico y técnicas y sonoridades consideradas de vanguardia».

Como tal concierto todas las secciones y primeros atriles (algunos variados desde Kodály) pudieron mostrar su calidad y musicalidad, con Alexandre Bloch impulsando cada uno de los tres movimientos exuberantes de dinámicas, ritmo, la agógica ya mostrada en la primera parte, y la expresividad que el director francés mostró para llevar a la orquesta a una explosión musical. Si la Intrada con el ostinato de los timbales y la melodía en los contrabajos da el aire industrial con el recuerdo de la Polonia siderúrgica que renace tras la SGM, el movimiento central que figura como “Capriccio notturno ed Arioso” sacó a flote empaste, entrega total escucha mutua, rigor y entendimiento con el director, antes del cierre que conjuga tres movimientos en uno, una Passacaglia para comenzar con buen pie, la Tocata verdaderamente virtuosa para todos (la cuerda sonó “todos a una”) y el Corale final impactante por dinámicas para concluir con las mimas palabras de mi querido Israel:

«Los tres compositores, convirtieron el folclore en una herramienta de ligazón cultural y referencia identitaria y política, que les empujó a dialogar con lo externo desde lo interno. De la aldea, al mundo», casi como mi presentación del blog donde solo quedaría añadirle “Y la música por montera”.

Mantengo la idea de hacer visible fuera de Asturias a una OSPA que ya en este tercero de abono es un referente sinfónico en el amplio mapa orquestal, y rogando que el relevo de Nuno Coelho sea certero para seguir “presumiendo” de esta formación de todos los asturianos.

Como nota emotiva dejar el recuerdo a la violinista Jantien Kassies que se jubila y a quienes sus compañeros le tributaron un largo aplauso y el regalo de un ramo de flores. Como quien suscribe, todos cumplimos años y la OSPA está rejuveneciendo, todavía a la espera de un concertino titular.

PROGRAMA:

ZOLTÁN KODÁLY (1882–1967)

Danzas de Galánta:

I.  Lento / II. Allegretto moderato / III. Allegro con moto, grazioso / IV. Allegro / V.  Allegro vivace

FRÉDÉRIC CHOPIN (1810–1849)

Concierto para piano n.º 2 en fa menor, op. 21:

I.  Maestoso / II. Larghetto / III. Allegro vivace

Propina:

FRANZ LISZT (1811-1886)

Rapsodia húngara nº 15 en la menor, «Rákóczi March”, S.244/15  (after Horowitz)

WITOLD LUTOSŁAWSKI (1913–1994)

Concierto para orquesta:

I.  Intrada / II. Capriccio notturno ed Arioso / III. Passacaglia, Toccata e Corale