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Aprendiendo sobre las tablas

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Lunes 26 de julio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala Principal, La Castalia: Concierto de Clausura del VI Taller Internacional de ópera y zarzuela. Entrada gratuita.

Dice el refrán «muriendo y aprendiendo» sin entender de estaciones, vacaciones ni edades. La asociación cultural La Castalia lleva casi 20 años formando voces desde Oviedo como aquella de 1871 con Víctor Sáenz dirigiéndola, antecedente del actual Conservatorio de Música, y que en 2002 con la profesora de canto Begoña García-Tamargo renacería cual ave fénix para continuar una tarea docente de perfeccionamiento y promoción de los cantantes líricos formados en Asturias sin olvidarse de impulsar la creación musical de nuestra tierra, verdadera cantera de talento recogido tras una larga historia de todo tipo de actividades vocales e instrumentales sembradas en los teatros y sociedades filarmónicas de la región.

Es un placer ver el crecimiento de la propia asociación y del nivel que se alcanza en cada curso y taller a lo largo del año, voces jóvenes que comienzan junto a veteranas siempre en formación, comprobar cada concierto final cómo progresan las promesas, el avance de las maduras que no tiene fin, el retorno de profesionales que quieren actualizar y perfeccionar nuevos repertorios o pulir los ya estudiados.

El claustro va ampliando áreas siempre en pos de la mejor formación lírica que va más allá del canto o la fonética, con el tándem Begoña García-Tamargo y Ana Cristina Tolívar desde los inicios. Dos pianistas de repertorio con larga trayectoria en el acompañamiento como Mario Álvarez y Yelyzaveta Tomchuk, sumando para este nuevo taller la escena lírica con Arantxa Atutxa, el análisis musical con Mª José Collazos, la fisioterapia con Mario Bueno y el último fichaje de Priscilla Ortiz en expresión corporal. Experiencia profesional que da el conocimiento real y verdadero para volcarlo con un alumnado mayoritariamente femenino donde conjugar juventud y veteranía, madurez precoz junto a la evolución por el camino correcto, con un repertorio de altura llevado a la escena, con vestuario y el mínimo atrezzo suficiente, al que se sumó la actriz Marina Cañada, para pisar las tablas de un auditorio que siempre impone en su gran sala tras el ensayo del día anterior.

Citar las voces por tesituras: las sopranos María Fernández, Carmen G. Calviño, Lucía G. Casanueva, Andrea Mosteiro, Vanessa del Riego y Beatriz Vázquez, las mezzos María Heres, Andrea Rey y Eugenia Ugarte, el joven contratenor Mikel Malda y el tenor Juan Carlos Santos, que nos deleitaron durante dos horas dando lo mejor de ellos, con mejores o peores resultados pero con el esfuerzo del trabajo bien hecho, nervios contenidos o desatados que el directo examina y ayuda a corregir, bien arropados desde el piano por Mario y Yelyzaveta con esas reducciones orquestales que parecen imposibles de tocar, atentos a las voces eligiendo el repertorio adecuado para cada una de ellas, no solo arias o romanzas, también dúos y hasta haciendo coros, sin desfallecer para tantas partituras, tan distintas y tan exigentes como la parte vocal.

Imposible desmenuzar el programa que como se puede comprobar arriba, abarcó épocas, idiomas y estilos siempre buscando lo mejor de cada voz. Importantes los dúos para empastar, cantar y escuchar, como los conocidísimos Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» (Monteverdi) y la Barcarola de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach), disfrutando de la danza de Priscilla Ortiz sumada a la escena, que creció como Mikel Malda a pasos agigantados.

Arias completas como Parto, parto de «La Clemenza di Tito» (Mozart) donde Andrea Rey se mostró segura y convincente al igual que en su empastada Malika del Dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) con María Fernández, o una Carmen Calviño volcada con la muy comprometida O rendetemi la speme… Qui la voce de «I Puritani» (Bellini) que ya siente como suya pese a su juventud.

Interesantes los números de «La flauta mágica» (Mozart) para una Lucía Casanueva de Reina de la Noche aún con mucho recorrido pero valiente en su aria, junto a tres genios curtidas y adaptadas en sus roles «secundarios»  y el breve Tamino de Juan Carlos Santos con la reina reconvertida y más contenida como Pamina.

Destacar de la ópera la escena y aria de «Suor Angelica» (Puccini) con dos realidades maduras en perfecto entendimiento y entrega, Vanessa del Riego que nos puso el corazón en un puño y María Heres, una Zía Principessa a la altura dramática esperada que ojalá podamos disfrutarla en la Temporada de Ópera por estar aún inédita en el Campoamor.

No se olvidó la zarzuela, igual o más exigente que la ópera, con otro título inédito en Oviedo como «El gorro frigio» (M. Nieto) donde pudimos disfrutar tanto las partes habladas, siempre endiabladas de memorizar, proyectar y convencer, como de cantar, las escenas V y VIII con el García de Juan Carlos Santos simpático y completo en sus intervenciones, Lucía Casanueva (la bailarina) y Andrea Mosteiro (el Trompeta). Rescatada en Madrid «Cecilia Valdés» (G. Roig) escuchamos de esta zarzuela cubana la salida de la protagonista con el coro (de alumnos) y Beatriz Vázquez mejor Cecilia que mi querida y ensangrentada Lucía (bravo por Mario Álvarez haciendo toda la orquesta y donde la flauta encajó magistral con la soprano).

Un número siempre agradecido es el dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella), unas mañanitas bien empastadas de Andrea Mosteiro y Andrea Rey con coro de lujo, que bisarían todos, público incluido, y el cierre de concierto de «La Malquerida» del mismo compositor, donde la romanza Él va a venir de María Heres, bebiendo de la Bernarda vivida en Oviedo, y con el excelente acompañamiento de Yelyzaveta Tomchuk puso el broche por todo lo alto de esta mezzo completa que va haciéndose su sitio en el Campoamor con papeles menores que esta vez resultaron palabras mayores, profesionalidad, entrega, trabajo y pasión, la receta para triunfar y todo un ejemplo a seguir.

Desde mi fila 15 pude escuchar todas las voces bien proyectadas, técnica diaria que nunca toma vacaciones, distintos estados anímicos, partituras bien elegidas y defendidas con toda la ilusión para disfrute de un público que con todas las medidas de prevención sigue demostrando que «La Cultura es Segura», y amando la lírica en la capital del Principado, apoyando las voces de hoy mañana porque Oviedo merece la «Capitalidad Musical» de esta Viena del norte español.

Granada roja y femenina

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Jueves 25 de febrero, 19:00 horas. Teatro Campoamor, XXVIII Festival de Teatro Lírico  Español, Oviedo 2021: Granada («La Tempranica» de G. Giménez y «La Vida Breve» de M. de Falla). Entrada butaca: 46€.

La lírica tiene por capital a Oviedo, y tras la ópera llega esta vigésimo octava edición de un festival que arrancó este último jueves de febrero con dos joyas en una, usando de hilo argumental la Granada granada, roja, pasional, trágica, de atractiva puesta en escena (Giancarlo del Mónaco) y música para degustar, con un elenco muy digno en los dos títulos, una orquesta en estado de gracia pese a lo reducida por las limitaciones actuales, al igual que el aforo, más un Iván López Reynoso que supo sacar lo mejor de la Oviedo Filarmonía con la que se entiende a las mil maravillas, encabezando estos repertorios donde se muestra seguro, cómodo y dominador de dinámicas y tempi adaptados siempre a las voces.

En La Tempranica el hilo argumental lo llevan dos grandes de la escena como Jesús Castejón y Carlos Hipólito encarnando a Giménez y Falla respectivamente, con unos diálogos (de Alberto Conejero) un tanto «a calzador» pero que cumplieron su cometido, siendo un placer ver y escuchar a estos actores queridos por todos los públicos, mientras las letras «andaluzas» no siempre fueron entendibles, aunque para eso se inventaron los sobretítulos.

En lo musical la mezzo Ana Ibarra encarnó a una gitana de garra, como su voz, de timbre metálico que en estos papeles hasta se agradece, sensual y arrebatadora, con el contrapeso de Rubén Amoretti (que repetiría en Falla), bajo de verdad de los que escasean, aunque el color y emisión no sean los de antaño pero que formaron una pareja convincente en lo vocal y escénico, con una iluminación que subraya el dramatismo, siendo «la tempranica» la auténtica protagonista.

No faltaron en el reparto voces de casa como Ana Nebot (en la conocida «tarántula» de Gabrié), Juan Noval Moro como Zalea o la pastora María Heres que tienen su minuto de gloria en el teatro de todos, completando el elenco conocidos como Gustavo Peña, Miguel Sola, Gerardo Bullón o Cristina Faus, que harían doblete al igual que el excelente «cantaor» Jesús Méndez.

Mención especial para la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras porque con apenas 16 voces y mascarilla obligada, sonaron siempre presentes, especialmente los hombres, y afinadas incluso fuera de escena, todo un éxito que redondearían en la segunda obra, al igual que una orquesta en el foso redonda, equilibrada pese a los pocos efectivos, entregada, empastada en todas las secciones y mimada por el director mejicano invitado de la formación titular del festival que se asienta como la orquesta perfecta para la lírica asturiana.

Para La Vida Breve sería Virginia Tola la Salú protagonista junto a la abuela Cristina Faus, voces ideales para ambos roles, el contraste tímbrico y de color necesario, junto al gusto en el canto, la presencia escénica y una dramatización que en Falla es intrínseca en ambas. La soprano argentina tiene un color agradecido aunque pierda volumen en el registro grave, pero dominando de principio a fin su personaje, mientras la mezzo valenciana está en un estado óptimo vocalmente, un lujo su empaste, dicción y proyección, como pudimos comprobar en «la otra Salú».

Igualmente importante el cuerpo de baile con coreografía de Nuria Castejón que lucieron en esta Granada totalmente granada, bien entendida y mejor llevada por todos, nuevamente el coro completando una velada exigente de alto nivel global. Pese a la sobriedad de la puesta en escena, con unos paneles móviles y momentos muy cinematográficos (más en «La Tempranica» con guiños al Stoker de Coppola), la iluminación ayuda a ese ambiente de rojo pasión, de rojo granada que envuelve la acción, junto a una boda donde el cantaor Jesús Méndez crucificado y la guitarra del lenense Jesús Prieto Sánchez-Hermosilla completaron un cuadro «jondo», amplificados con primor y arropados por una orquesta delicada. También el herrero Gustavo Peña, la voz de la fragua, lució en esta breve pero intensa obra de final trágico.

El coro volvió a dejarnos su calidad habitual, con las intervenciones solistas de Vanessa del Riego entre otras, que ayudan a completar un elenco donde los llamados comprimarios juegan un papel importantísimo para redondear la representación.

Personalmente Falla sigue superando a Giménez, puede que realmente la gitana haya calado en dibujar su Salú, y colocar las dos obras en una misma función dan la visión global del ambiente internacional que la capital andaluza ha tenido en tantas músicas. Tanto el vestuario como la puesta en escena de Del Mónaco ayudan a disfrutar de la dramaturgia total, tal vez incomprensible en su momento pero que en estos tiempos donde todo parece ser revisable, no entorpecen el concepto primigenio.

Bien este arranque de temporada donde el público fiel soporta todas las restricciones, aunque seguro que esperan los siguientes títulos, la Zarzuela con mayúsculas tan lírica como esta función doble en horario anormal, pero demostrando continuamente que la cultura es segura y que Oviedo mantiene una tradición y capitalidad musical de la que esta semana es otro ejemplo, y desde aquí lo seguiré contando si nada lo impide desde La Viena del Norte español.

Trabajando con talento

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Un nuevo curso de La Castalia que celebrará su mayoría de edad, 18 años de andadura tras recuperar la más antigua sociedad lírica ovetense que se remonta a 1875 con músicos de la talla de Víctor Saenz, Anselmo González del Valle o el mierense Teodoro Cuesta, flautista y director de la Banda del Real Hospicio además de poeta, en los albores de nuestra tradición musical decimonónica que plantó la semilla para una afición que lleva consolidada en la capital asturiana desde entonces y a la que llamo «La Viena española» por la amplia oferta musical (de hecho hoy había otro concierto de la Orquesta Universitaria de Oviedo en la Sala de Cámara del Auditorio estrenando una obra de Pablo Moras).

Con la asistencia del Presidente del Principado Adrián Barbón y la teniente de alcalde de Oviedo Mª Concepción Suárez, así como el presidente del RIDEA, Ramón Rodríguez o el Presidente de la Ópera de Oviedo, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, entre otras personalidades, lo que es de agradecer por lo que supone de visibilidad de los responsables políticos en estos actos, esperando un apoyo que Begoña García-Tamargo se encargó de recordar al inicio del concierto, volvíamos e escuchar muchas de las voces del último concierto, con la indisposición por afección gripal de Canela García, pero manteniendo un programa donde seguir comprobando el trabajo de estas voces y su evolución en tan poco tiempo.

Destacar el «debut» con La Castalia de Cristina Galán que abriría velada con una canción española de Guridi (No quiero tus avellanas) y el aria J’ai perdu mon serviteur de «Le devin du village» (J. J. Rousseau), más el piano del maestro Burgueras, siempre atento a estos jóvenes talentos.

Adrián Ribeiro volvió a demostrar poderío vocal y buen gusto, bien el Obradors de Corazón ¿por qué pasáis? con un piano igualmente protagonista, pero especialmente destacable en Musica proibita (S. Gastaldón) más el dúo final fuera de programa.

El candasín Mikel Malda progresa a pasos agigantados en su tesitura de contratenor, con dos arias muy apropiadas a su registro que gana cuerpo en el grave manteniendo un color propio, Thy hand, Belinda de «Dido y Eneas» (Purcell) y el conocido Largo (Ombra mai fu) de «Serse» (Händel), sin eludir el recitativo bien interpretado.

Importantísimo el trabajo fonético en todas las obras, donde se escuchó inglés, alemán, francés y español con una dicción perfecta siempre al servicio del canto.

No faltaría un «intermedio» con el instrumento más cercano a la voz, el cello de Santiago Ruiz de la Peña (que debutó recientemente en los atriles de la OFil) y el piano virtuoso de Sergey Bezrodny en el Allegro Moderato de la Sonata «Arpeggione» (Schubert).

Plenamente consolidada la soprano Janeth Zúñiga que amplía repertorio, registro e idiomas, desde un alemán Brahms sentido, siguiendo con la virtuosa francesa Les filles de Cadix (Delibes) para cerrar con zarzuela española, «La Generala» (Vives), casi escenificada Canción del Arlequín que nada tiene que envidiar a la opereta francesa, explorando no solo la línea de canto sino la dramatúrgica.

Un escalón más en su permanente esfuerzo y estudio para mi querida mezzo María Heres, años de trabajo pese a su juventud, abordando repertorio romántico francés tanto en su Fauré íntimo de Tristesse como el aria Mon coeurs s’ouvre à la voix del «Sansón y Dalila» (Saint-Saëns), interpretación en el amplio sentido de la palabra, pasión y entrega vocal más una Dalila verdaderamente creíble, el chorro de voz controlado para utilizarlo como recurso dramático en el momento preciso, manteniendo afinación y musicalidad digna de elogio.

Volvería con Adrián Ribeiro, fuera de programa, para el dúo de «Luisa Fernanda» (Moreno Torroba) y Javier, el famoso Cállate corazón escenificado con el agua cayendo por uno de los canalones pero haciéndonos pensar en una fuente con pájaros, estas dos voces empastadas en feliz entendimiento más la complicidad siempre única del maestro Manuel.

Larga vida a La Castalia y salud para continuar esta ímproba tarea de apostar por lo nuestro, esperando un apoyo necesario para mantener parte de la historia lírica asturiana.

Juventud, talento y mucho trabajo

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Lunes 9 de diciembre, 19:00 horas. Oviedo, Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe, La Castalia: Concierto de Clausura del XVIII Curso «La voz en la música de cámara». Profesorado: Begoña García-Tamargo (canto), Manuel Burgueras (música de cámara vocal), Ana Cristina Tolivar Alas (fonética aplicada al canto).

No me cansaré de escribir sobre el talento de nuestra juventud y la apuesta desde hace dieciocho cursos de la asociación cultural «La Castalia» que preside Santiago Ruiz de la Peña por formar voces y programar obras de estreno. Una de las «joyas de la corona» es Gabriel Ordás (1999) que volvía a estrenar una ópera de cámara para ellos, «Terceto de desamor» con libreto de María Abella (1999) también de la tierra, jóvenes sobradamente preparados que no dejan de trabajar desde un silencio que no debemos mantener. Este concierto que llenó la sala de cámara, también nos dejó dos estrenos ovetenses del gallego Juan Durán (1960) y del madrileño Víctor Carbajo (1970) con dos partituras bien defendidas por unas voces conocidas, nuevas otras pero con mucha carrera por delante, talentos a los que voy viendo progresar, avanzar en cada curso, siempre con la maestría del maestro Burgueras que acierta en la elección del mejor repertorio donde la canción de concierto gana terreno a las siempre necesarias arietas, permitiéndonos disfrutar con su buen hacer en el piano, especialmente en estas obras donde el piano dialoga con la voz.

La directora artística de los cursos tomó la palabra para presentar esta nueva edición y rendir homenaje a la Fundación Musical Ciudad de Oviedo que sigue poniendo a Oviedo como capital musical del norte de España, «La Viena del Norte» que yo digo, glosando las temporadas donde está inmersa con la Banda de Música y por supuesto la Oviedo Filarmonía, cuya gerente María Riera también agradeció la placa conmemorativa (en compañía del presidente de la Fundación Francisco Álvarez Buylla) y puso los puntos sobre las «íes» en cuanto a cómo la política no siempre entiende de la rentabilidad que supone apostar por una seña de identidad de la capital asturiana además de generadora de puestos de trabajo y riqueza para la ciudad.

María Heres (mezzo), Janeth Zúñiga (soprano) y Adrián Ribeiro (tenor) con el piano de Yelyzaveta Tomchuk pusieron en escena una ópera vivaz, entretenida, actual pero siempre cercana, respetando un texto de nuestros días donde hay recitativos, «parlatos» y muchas melodías solas, a dúo y por supuesto a trío, complicidad vocal, sabiamente escrita tanto para un piano luminoso, rítmico, valiente, como para cada tesitura, compuesta como comentaba tras el concierto con el maestro Burgueras «a la vieja usanza», pensando en los intérpretes, tesituras, color y personajes a medida que nos dejaron otro estreno del prolífico Gabriel Ordás, jóvenes que empastaron, se entregaron y demostraron la valía que atesoran en sus carreras: Heres poderosa y convincente en cada aparición, Ribeiro ganando enteros en unos agudos seguros sin perder compostura, Zúñiga avanzando a pasos agigantados desde su primera vez en el RIDEA que todavía recuerdo. Bravo por todos pues estrenar requiere un trabajo añadido en el estudio y defender los roles como todos lo hicieron es solo parte de una carrera de fondo que ya han comenzado.

Con los ligeros cambios en el programa que he añadido a bolígrafo al programa escaneado, y sin entrar muy en detalle, nuevo escalón del contratenor Mikel Malda que empastó a la perfección en Sound the trumpet (Purcell) con Almudena Sanz (soprano), igualmente ganando enteros en su formación, que nos dejó un Granados (Amor y odio) bien sentido y cantado.

Al tenor Thomas Minaux le descubrí el pasado mes de julio y sigue en clara trayectoria ascendente, con dos Schumann (Ich denke dein y Schön ist das Test des Lenzes) a dúo con Canela García (soprano) más que convincentes, de dicción muy correcta de dos voces empastadas a la perfección con el magisterio pianístico de Manuel Burgueras, lieder en estado puro acertando con los intérpretes. Sigo a la soprano gallega desde hace años y su progreso es imparable, trabajadora y ganando en expresividad además de graves, con La niña de Guatemala (Carbajo) entre lo mejor de la velada en una partitura bellísima de escritura y entendida a la perfección, al igual que Träume de los «Wesendoncklieder» (Wagner) verdaderamente bien interpretados.

Otro talento joven es el barítono Javier Agudo, que ya me impactase en el verano, color de voz imponente, tesitura amplia de graves claros, medios bien proyectados y agudos aterciopelados que no solo nos deleitó con una canción finlandesa de Sibelius sino en el dúo Länliches Lied (Schumann) con la soprano gallega Beatriz Vázquez. Ésta debutaba en la capital estrenándonos en Oviedo Tecín soia (Juan Durán con textos de Rosalía de Castro) y recreando Nuit dètoiles (Debussy), el impresionismo que también transitó como Pierrot Janeth Zúñiga con la magia del piano vistiendo unas melodías claras y bien dichas.

También repiten en plaza las sopranos Hanna Rubio y Eugenia Ugarte que cantaron Vo cercando fra le ombre (Emanuele Barone d’Astorga) y Quando lo stral spezzai (G. Paisiello), colores y timbres muy iguales que permitieron un empaste y entendimiento entre ellas perfecto para dos páginas que no deben faltar en la formación vocal, bien elegidas para este concierto.

El broche final de nuevo a tres más el piano de Manuel, con Janeth, Canela y María Heres en Matinée dété (Massenet), musicalidad, talento, complicidades, trío de damas y ropaje maestro, tras el Debussy previo y los agradecimientos finales.

El premio fue la prolongada ovación, merecidos aplausos y un éxito más para todos en un lunes festivo donde la música en Oviedo sigue siendo su seña de identidad y sirvió de pistoletazo a las fiestas navideñas.

Un escalón más

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Lunes 29 de julio, 19:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de Clausura del V Curso Internacional de Canto y Repertorio Vocal.
Aún convaleciente de mi reciente operación de hombro y escribiendo con una sola mano, siempre digo que el verano también es trabajo y me complace volver a los conciertos que La Castalia ofrece al público con sus alumnos y profesores, otro regalo tanto para Oviedo como para melómanos llegados de todas partes que dejaron pequeño el patio del RIDEA, así como la posibilidad de continuar una formación vocal que nunca termina a un plantel de voces variado y con distintas trayectorias.
Otro mes de julio donde la incansable Begoña García-Tamargo se pone al frente de un claustro de profesores para dar lo mejor de su profesionalidad y poder seguir educando nuevas voces para un ascenso en esa carrera que no tiene fin pero que podemos congratularnos a la vista de los resultados.

Manuel Burgueras (repertorio vocal), Curro Carreres (escena lírica), Yelyzaveta Tomchuk (pianista acompañante), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis musical) y Mario Bueno (fisioterapia) junto a la propia Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto) han estado trabajando sin pausa con un alumnado internacional de todas las cuerdas, colores vocales y tesituras para sacar de ellos más de lo que podamos imaginar, adaptando a cada uno repertorio, estilos así como la puesta en escena que esta vez supuso un avance de calidad a lo largo de las dos horas de concierto donde hubo canción de concierto, ópera y zarzuela organizado en dos partes sin apenas descanso, en combinaciones variadas y bien estructuradas para disfrutar no solo de la música vocal sino también de un elenco de jóvenes abarcando promesas y realidades, desde la soprano debutante Eugenia Ugarte hasta la querida y consolidada mezzo María Heres con nuevos registros caso de su Habanera de «Carmen» (Bizet) verdaderamente lograda.

Me encanta comprobar el progreso imparable de la jovencísima soprano Janeth Zúñiga, los avances de Almudena Sanz, también soprano, el trabajo incansable de Canela García, pasando por el contratenor Mikel Malda que habrá que seguir de cerca (muy aplaudido con el conocido Lascià del Rinaldo handeliano), continuando por el barítono Javier Agudo o el bajo Román García así como más «descubrimientos»: el tenor Adrián Ribeiro, una voz con cuerpo que dará muchas alegrías, la soprano Carla Sampedro, con un timbre peculiar al que le encontraron sus roles, el barítono Darío Gallego y el tenor Thomas Minaux. Mención especial para la actriz Marina Cañada que volvió a demostrar la interacción necesaria con la música en el «dúo de gatos» de Rossini con Canela García, la actuación creíble y entendible del lenguaje minino en el simpático número del cisne de Pésaro.

El avance en calidad lo puso el maestro Curro Carreres que logró de todos ellos una implicación total en cada interpretación con los pianistas, creyéndose las partituras, interpretando en todos los sentidos, desde Tosti a las romanzas y dúos de zarzuela hasta la ópera, interesantísimos casos como el aria Si la rigueur («La Juive» de Halévy) con el bajo Román García, el dúo Heure exquise de «La viuda alegre» (Léhar) con Janet Zúñiga y Thomas Minaux más el piano de Tomchuk, e incluso Quel vecchio maledivami de Verdi con Agudo-Rigoletto y García-Sparafucile en buen empaste y actuación de ambos.

Con ligeros cambios de vestuario, salidas a escena aprovechando el espacio del Palacio del Conde de Toreno y la siempre acertada selección del repertorio, fueron saliendo las voces para disfrutar cada página, combinaciones jugando con el color y alternando con páginas en solitario. Imposible detallar cada número (el programa lo he dejado más arriba), pero quiero destacar sobremanera la escena y terceto Zu Hilfe… Stirb, Ungeheur, durch unsre Macht del primer acto de «La Flauta Mágica» (Mozart) como el exponente máximo de hacer posible recrear este parte del cuento cantado, con las tres damas de Janeth, Canela, María más las actuaciones de Adrián-Tamino al que casi desnudan y la «serpiente» Marina, con el piano orquestal de Yelyzaveta, empastes y escena exprimidos al máximo.

De nuestra zarzuela siempre hay numerosas páginas donde aprovechar las posibilidades vocales de cada cuerda, con romanzas primorosas y bellísimas, caso de «Gigantes y Cabezudos» (Fernández Caballero) con Canela García como Pilar en esa sentida Está en su carta… No sé leer con Manuel Burgueras al piano, Madrileña bonita del enorme Pablo Sorozábal («La del manojo de rosas«) con Darío Gallego, las poco escuchadas Nocturno y romanza A verla voy de «Curro Gallardo» (Penella) con el barítono Javier Agudo y Burgueras, junto a «La canción de La Lola» (Chueca y Valverde) y la romanza En la calle del Ave María interpretada por Almudena Sanz acompañada por Burgueras. Dúos emocionantes como el No llores más de «La Malquerida» (Penella) a cargo de María Heres y Javier Agudo, entregados como Cállate corazón de «Luisa Fernanda» (Moreno Torroba) con Heres-Ribeiro o el conocidísimo de Felipe y Mari Pepa («La Revoltosa» de Chapí), perfecto broche final nuevamente con María Heres, Darío Gallego y Elyzabeta Tomchuk al piano que cosecharon las mayores ovaciones.

La despedida coral cantando Asturias patria querida puso el punto y seguido a este nuevo curso que no se detiene. Un escalón más para La Castalia y su equipo, para las voces que continúan formándose en todos los ámbitos y para Oviedo y todo el Principado de Asturias que sigue apostando por la música en todas sus facetas como verdadera seña de identidad. Mi enhorabuena para todos, profesorado y alumnado, porque la educación está desde siempre en nuestras vidas.

Resurrección vocal

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Domingo 21 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: La Castalia, Concierto de clausura, curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto).

No hay vacaciones para la formación y La Castalia volvió a reunir jóvenes talentos que dentro de nada, como recordaba en las pasadas Jornadas Culturales del Conservatorio de Oviedo, podremos presumir de haberlos visto comenzar en el siempre difícil mundo de la lírica y además en nuestra tierra. Valores en alza a los que sigo desde sus primeros pasos y descubrimientos que habremos de seguir muy de cerca.

Quiero dar las gracias al esfuerzo no ya de estas voces sino de La Castalia con el tándem indestructible que forman Burgueras y García-Tamargo para continuar apoyando estos cursos tan necesarios para el canto, la siempre complicada tarea de encontrar el repertorio adecuado a cada alumno, distintos caracteres, cualidades, colores, valores, y este Domingo de Resurrección volvieron a dar en el clavo, incluso con los invitados y habituales colaboradores. Ligeros cambios en el programa que iré comentando a continuación.

La Escuela de Música Divertimento de Oviedo lleva décadas trabajando en la formación musical de los jóvenes y no han olvidado los coros que siguen triunfado allá donde actúan, comenzando por el coro infantil que participa en la escena ovetense, caso de la última Carmen (Bizet) y el conocido Choeur des gamins con puesta en escena y la dirección de Cristina Langa más el piano de Marcos Suárez. Maravilloso grupo afinado, simpático, profesionalidad increíble que hizo las delicias del público que casi llena la sala de cámara.

A continuación tomaron el relevo las chicas del Coro Arsis con la Habanera divina de M. Massotti Littel y el difícil Bring me Little water, Silvy «a capella» incluyendo la percusión corporal rítmicamente complicada pero solventada nuevamente con calidades indescriptibles para unas jóvenes para quienes la música forma parte de su vida, ocio y educación siempre de la mano. Bravo por ellas.

Llegó el turno solista con voces conocidas y el piano del maestro Burgueras, responsable de que todas dieran lo mejor en cada partitura, primero la soprano Almudena Sanz con tres obras donde fue ganando confianza para una voz natural que va ganando color en cada curso: la conocida canción de cuna de Brahms (Wiegenlied), la Canción de las dos noches de Antón García Abril y otro estreno del joven Ignacio Fernández, Namárië quien vuelve a regalar a La Castalia una página de bella melodía y piano bien escrita, lenta y romántica para la voz de Almudena.

Se presentaba el tenor Adrián Ribeiro que comienza el grado superior de canto, una voz que diríamos con cuerpo en busca del repertorio apropiado. Con el barroco aún le cuestan las difíciles agilidades, caso del Vittoria, vittoria de G. Carissimi, pero en cuanto gane en matices será un tenor prometedor que con Tosti demostró bravura, potencia sobrada que irá domando, afinado y homogéneo de color Malia y L’ultima canzone dieron muestras de estas cualidades.

Conocida la soprano Canela García que va asegurando la afinación y ganando en confianza y escena,  algo rígida en el Jerusalem del «Paulus» (Mendelssohn) pero con Turina y El Fantasma le vino mucho mejor por carácter y graves con cuerpo más color homogéneo, rematando con Lágrimas mías de «El anillo de hierro» (M. Marqués), excelentes y encontrando el repertorio ideal a una voz con sello propio que mejora en cada curso.

La jovencísima soprano Janeth Zúñiga nos asombró con Mozart, primero Das Veilchen y a continuación Ruhe sanf, mein joldes Leben de «Zaide«, su voz crece y la mejoría es increíble, cual flauta limpia y afinación segura para el “traidor y engañoso” Mozart, con un semblante que ayuda y una promesa segura con un repertorio que le ayuda a ampliar registros. De Kirke Mechem y su Fair Robin I Love de «Tartufo«, un vals que supuso otro acierto en la elección de repertorio redondeó una más que digna actuación.

El tenor Adrián Begega es también de los conocidos y habituales en estos cursos, con un timbre bello, de amplios matices y que se encuentra cómodo con los franceses, un repertorio bueno para su voz como demostró con las dos páginas de Fauré En Sourdine y Aurore más H. Duparc y Phidylé. Me agrada comprobar la evolución y que vaya encontrando su camino.

La mezzo María Heres es apuesta segura, impecable en cualquier obra por una voz que transmite todo lo que canta aunque el barroco parece pensado para ella y dominando idiomas. Tras comenzar con Les Berceaux de Fauré pasó al inglés Take, o take those lips away de R. Quilter para terminar su actuación con la bellísima Cantata Profana (Adagio-Lento-Allegro) «piango, gemo  sospiro» de Vivaldi en el arreglo que Félix Lavilla dedicase a Victoria de los Ángeles, buenos espejos donde mirarse tanto la cantante asturiana como el pianismo del maestro Burgueras, un dúo de altura para este concierto.

Solo uno de los dúos previstos de Le Nozze di Figaro (Mozart) con el compositor Ignacio Fernández al piano: el recitativo Tutto ancor non ho perso y el «duettino» Via resti servita, madama brillante a cargo de Almudena Sanz como Sussana y Canela García Marcellina, dos sopranos diferentes que empastan bien además de empatizar pese a afinación mejorable en la primera, pero bien elegido para ambas aumentando repertorio operístico en el siempre «traicionero Mozart» que vocalmente resulta ideal en estos años iniciales.

El trío formado por Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández (viola) y Santiago Ruiz de la Peña (violonchelo) pusieron el broche de oro con el Trío para cuerdas de Jean Françaix, cuatro movimientos de encajes complicados con los que demostraron el buen trabajo y tiempo dedicado a formar un «ente único» como es el trío, la música de cámara que tanto ayuda en la captación de formaciones y públicos para una partitura exigente que interpretaron con madurez, buen sonido, entendimiento entre ellos y «chapeau» por ellos. Un buen Domingo de Resurrección musical gracias a La Castalia.

Crecer y seguir apoyando

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Domingo 9 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura XVII curso «La voz en la música de cámara», homenaje al RIDEA. Entrada libre.

Ya van diecisiete cursos organizados por «La Castalia» centrados en la voz y la música de cámara con un profesorado de reconocido prestigio y un alumnado conocido que además de seguir formándose protagonizaron todos un estreno absoluto que llenó el Teatro Filarmónica porque el RIDEA no hubiera sido suficiente y además el merecido homenaje de «La Castalia» por el apoyo incondicional en tiempos de crisis varias merecía el mejor de los marcos posibles y el de la vecina calle Mendizábal reunía todas las condiciones.

Begoña García-Tamargo abrió el acto con la gratitud a los colaboradores y una excelente y amplia semblanza de la institución homenajeada, así como la entrega a Ramón Rodríguez Álvarez, actual presidente del RIDEA, de una placa conmemorativa y unas breves palabras de agradecimiento.

Dejo imágenes del programa y cartel de la ópera de cámara así como alguna fotografía mía sin entrar muy a fondo en detalles. Cierto que los dúos elegidos de Haydn, Schumann, Mendelssohn o el hermosisimo La Nuit de E. Chausson buscaron el empaste y continuar trabajando repertorios e idiomas donde estas voces se van encontrando más cómodas, todas ellas conocidas por el que suscribe y contemplando una evolución no siempre igual, alguna diría incluso que en retroceso, puede que por nerviosismo ante el imponente aspecto teatral (es preocupante la desafinación total sin escuchar el piano de referencia), incluso con distintos pianistas que aportan nuevos enfoques al trabajo como Ignacio Fernández o Juan Urdániz además de los profesores de estos cursos Sergey Bezrodny o Manuel Burgueras, con incorporaciones de nuevo repertorio español actual comenzando con el turolense Antón García Abril (1933) y sus Canciones asturianas, con Urdániz al piano acompañando las tres elegidas, Tengo de subir al puertu y la añada Dúermete neñu de la mezzo María Heres realmente cómoda en ellas, y Hasta los naranjales han florecido de la soprano Canela García.

El asturiano Jorge Muñiz (1974) y su ópera Fuenteovejuna fue la que abrió la temporada de ópera ovetense y de él pudimos escuchar en este concierto el estreno en España de su Oda a Covadonga (2005) con texto de Claudio Sánchez Albornoz en la voz del tenor Adrián Begega y el piano del maestro Burgueras, un homenaje a los tres centenarios de Covadonga.

El gallego Juan Durán (1960) no solo arregló Lela de su paisano Rosendo Mato Hermida (1914-1994) y letra de Castelao cantado por el tenor Vladimir López y Urdániz al piano sino el compositor de Tríptico de Amor y Ausencia con texto de Gabriela Mistral, cuya Ausencia estrenaban en Asturias la mezzo María Heres y el pianista Manuel Burgueras deleitando a un público entregado con esta belleza de música cercana geográfica y anímicamente.

Siempre se ha dicho que el violonchelo es lo más parecido a a voz humana, y antes de sumarse al trío instrumental para Doña Esquina, Santiago Ruiz de la Peña nos dejó la difícil Polonesa Concertante (David Popper, 1843-1913) de armónicos casi imposibles, con el virtuoso Bezrodny al piano, poniendo el punto y seguido antes del esperado estreno absoluto del ovetense Gabriel Ordás (1999), quien tomaría el violín y la dirección de una ópera de cámara sobre el entremés homónimo de Agustín Moreto y Cavana que disfrutamos en versión concierto y a no más tardar estoy convencido tendrá su puesta de largo porque resulta actual, moderna y accesible, en la línea de este músico integral con el que «La Castalia» encontró un filón al ser destinataria de algunas composiciones de un talento que sigue sorprendiendo con cada obra.

Cinco personajes para las voces que fueron «calentando» con Urdániz al piano, Ruiz de la Peña al cello y el propio Ordás tocando el violín y dirigiendo, corroborando lo escuchado previamente en calidades y registros para un elenco vocal donde nuestra mezzo Doña Esquina fue la protagonista total e incontestable de una partitura fresca, que respeta las voces, con ritmo, salero, aires del mejor musical de Broadway (a fin de cuentas también ópera de nuestro tiempo) recordando al genio Bernstein, y un argumento dieciochesco que parece tan actual como la música del propio Gabriel.

Mi más sincera enhorabuena a «La Castalia» por seguir creciendo, apoyando lo nuestro y formando contra viento y marea a una generación que no lo tiene fácil en estos tiempos.

Recortes de la prensa asturiana del lunes 10 en El Comercio y La Nueva España:

Buenos estudiantes en verano

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Lunes 30 de julio, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de clausura del IV Curso de Canto y Repertorio Vocal. Entrada libre y aforo completo.

Parece que estudiar en verano seguimos asociándolo a los malos resultados pero muchos son los que aprovechan el periodo estival para seguir haciendo cursos de perfeccionamiento, acudir a talleres y seguir creciendo porque así es la vida, muriendo y aprendiendo. En el campo musical nunca se deja de estudiar ni siquiera siendo profesional, incluso más aún para mantenerse siempre en forma, así que vacaciones como muchos las entendemos no existen.
En mi caso verano es sinónimo de desconexión laboral pero nunca de mis aficiones, entre las que nunca faltan lecturas y conciertos de todo tipo como se puede comprobar en el blog. Poder comprobar la evolución del alumnado es probablemente una de las satisfacciones mayores que se tienen tanto en la docencia como en mi melomanía, a menudo unidas ambas tras mis años de pianista repertorista, por lo que siempre que tengo a mano la posibilidad de escaparme a conciertos de clausura ahí estoy, y de nuevo Oviedo con «La Castalia» me ha dado la oportunidad de comprobar el buen estado vocal de nuestros jóvenes que ocupan el mes julio formándose con los mejores profesionales, todos luchando contra indolentes políticos, sin subvenciones, con zancadillas y rivalidades mal entendidas, poniendo dinero propio y apostando por un futuro más cercano de lo que se piensan los dirigentes, porque el tiempo vuela y no se puede dejar escapar el talento.

En nombre de esta incombustible Castalia del siglo XXI, su directora artística y profesora de canto Begoña García-Tamargo presentó este colofón de curso tras diez días duros de esfuerzo ímprobo para 14 alumnos, 100 horas de trabajo con profesorado de fonética (Ana Cristina Tolívar), análisis (Mª José Collazos) o repertorio vocal (Manuel Burgueras) para «desmenuzar» 76 obras y seleccionar las que finalmente pudimos disfrutar en el patio del RIDEA con un lleno impensable en un lunes al fin veraniego, con largas colas y una afición única en La Viena del Norte como llamo a este Oviedo musical, dejando aquí el programa. Además de recordar los sinsabores también repasó los conciertos en el Arqueológico, la centenaria Sociedad Filarmónica Ovetense, las distintas temporadas operísticas y sinfónicas con dos orquestas en la capital, junto a las Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio con su presupuesto pendiente de aprobar a estas alturas del año, aunque sabemos cómo funcionan nuestros dirigentes.

El maestro Manuel Burgueras al piano, del que dejo arriba la entrevista en La Nueva España, no solo ayudó durante todo el recital (al estar indispuesto Ángel Álvarez que también tenía sus obras) sino que continúa buscando lo mejor para cada voz, esta vez con mayoría de sopranos y distintos niveles pero todas ellas superando la dura prueba con público. Repertorio variado con canción de concierto para mayor disfrute pianístico y pureza total, arias de ópera, oratorio y también zarzuela para terminar. Acompaño fotos y obras junto a breves comentarios de todos los participantes.

Abría fuego el barítono coruñés David González Piñeiro con dos de las cinco canciones de «Let us garlands bring» opus 18 (G. Finzi) con textos de Shakespeare, Come away, come away death y Fear more the heat o’ the sun bien pronunciadas y sentidas para un timbre hermoso y delicado al que no debemos perderle la pista.

La jovencísima soprano Paula Montejo interpretó Amor, ch’atendi (G. Caccini) de voz natural a la que auguro largo recorrido, sin complejos y color prometedor totalmente adecuado a esta bellísima página, segura con el apoyo del maestro Burgueras.

El siempre difícil «Giulio Cesare» (Händel) del aria Si, spietata, il tuo rigore lo interpretó el bajo Román García, también joven pero que apunta maneras en su registro, agilidades bien resueltas con el aire adecuado para una voz que crecerá mucho con los sabios consejos de sus maestros.

Almudena Sanz es otra soprano que nos dejó muestras de dos estilos diferentes pero bien hilvanados y elegidos para su color, el complicado barroco de «Juditha Triumphans» (Vivaldi) con O servi volate más el clasicismo de Haydn y Quando la rosa non ha più spine (aria de Susana) de «La Metilde ritrovata» aún mejor.

Ya conocía al tenor Adrián Begega quien nos dejó el aria Sol può dir come si trova de «Il Re Pastore» (Mozart) que le va muy bien por tesitura y estilo, mejorando poco a poco su escena aunque el genio de Salzburgo siempre esconda dificultades en cada partitura.

Misma tesitura para otro tenor muy distinto, Vladimir López, voz con cuerpo en toda el registro y gusto en su línea de canto que optó por la conocida Parlami d’amore, Mariù (C. A. Bixio), disfrutando del piano y la melodía bien sentida, quedándome con ganas de escucharle algo más porque gustó en esta intervención.

También repetía la soprano Canela García que avanza en cada curso, cantando en su primera intervención la bellísima Nuit d’étoiles (Debussy), bien musicalmente y que deberá «romper» poco a poco en escena porque cualidades vocales las tiene.

Siguiendo en la misma tesitura de sopranos conocidas en estos cursos Cristina Suárez interpretó Ruhe meine Seele (R. Strauss) en perfecto alemán y protagonismo compartido con Manuel Burgueras, el siempre agradecido lied para ambos con un registro grave amplio e ideal en este repertorio al alcance de pocas voces jóvenes que la soprano gallega resolvió con solvencia.

Un placer escuchar a la mezzo asturiana María Heres en cada curso, siempre cómoda y segura en el repertorio barroco que adora, y más con el Messiah (Händel) con el que comenzó su primera intervención en la reposada aria He was despised and rejected of men con un piano mimando cada pasaje haciendo olvidar la orquesta original,

para continuar con el dúo O death, where is thy sting bien empastado con Adrián Begega en color e intención.

Las voces gallegas son habituales de «La Castalia» por cercanía y confianza en estos maestros, y una de ellas es la soprano ferrolana Carla Romalde, una veterana pese a su juventud, siempre con soltura en las obras trabajadas, dejándonos en primer lugar la complicada aria Ah, non credea mirarti de «La Sonnambula» (Bellini), belcantismo puro para una voz que se maneja bien con las agilidades.

Volvía el bajo Román García que se atrevió y cumplió con el aria Vieni, o levita de «Nabucco» (Verdi) asombrando de nuevo por un registro que el tiempo engordará para una cuerda en la que escasean estas voces.

Bellini volvería a sonar con Canela García quien interpretó Dopo l’oscuro nembo de «Adelson e Salvini» aprovechando esa voz con cuerpo y música de reminiscencias hermanas del Oh! quante volte («I Capuleti e i Montecchi») de mayor dramatismo vocal que corporal y el piano orquestal.

Más clasicismo de Haydn, la «canzonetta» con texto de Shakespeare She never told her love para la mezzo María Heres en su última intervención, inglés perfecto de dicción y confianza en un repertorio que avanza para su registro poderoso siempre cantando con emoción y buen gusto.

Del hermoso oratorio «Elías» (Mendelssohn), el tenor Adrián Begega eligió Zerreiset eure Herzen… So ihr mich resuelto con seguridad y matices algo exagerados pero solvente de principio a fin.

En la recta final y con segundas intervenciones llegaría la conocida aria Oh, ma lyre immortelle de la poco escuchada «Sapho» (Gounod) a cargo de Cristina Suárez, una joya que las grandes sopranos guardan para sus recitales y de agradecer poder escucharla en este concierto, bien trabajada por la cantante gallega que redondeó una buena intervención con la excelencia pianística del maestro Burgueras.

El apasionante mundo del lied volvía al recital con David González y Verborgenheit (H. Wolf) que requiere dicción y emoción, microrrelatos dialogados con el piano, perfectamente ensamblados ambos para este «descubrimiento mío» en el cuarto curso de «La Castalia», barítono al que espero poder seguir su trayectoria.

Oviedo ama la zarzuela, nuestro género por excelencia que tiene tanta tradición como la ópera en la capital asturiana (la segunda temporada tras Madrid) por lo que el cierre no podía ser otro, la romanza En un país de fábula de «La Tabernera del Puerto» (Sorozábal) que escuchamos hace poco en el Campoamor, aquí por la soprano Carla Romalde de timbre algo metálico pero seguro y suficiente con los ornamentos en su sitio  pausados junto a la «orquesta» de Burgueras, el acompañamiento ideal en esta clausura de curso y concierto que hizo las delicias de todos los presentes. Nombres de voces que cuando triunfen diremos «los escuché en Oviedo, La Viena del Norte gracias a La Castalia«.

El camino sin final

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Lunes 30 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA): La Castalia, Curso de Repertorio Vocal, concierto de clausura. Directores: Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto) y Manuel Burgueras (piano). Entrada libre.

Será pasión musical o deformación profesional que siga con atención, siempre que puedo, los cursos de perfeccionamiento, profundización y todo aquello que tenga relación con esa máxima de «morir aprendiendo», pues en cualquier faceta de la vida pero aún más en la música siempre estamos aprendiendo. Así que me encantó volver al Palacio del Conde de Toreno en la plaza Porlier para comprobar el trabajo de La Castalia que lleva más de quince años organizando estos cursos, la colaboración con el RIDEA sin la que no sería posible llevarlos a cabo, tras la negativa de subvenciones por parte de políticos e instituciones, y sobre todo la evolución de unos cantantes a los que sigo en mayor o menor medida.

La velada comenzó con una presentación reivindicativa de la profesora y directora artística de la asociación cultural La Castalia, Begoña García-Tamargo, donde recordó las penurias no ya económicas en cuanto a la ausencia de subvenciones para ellos, sino también culturales defendiendo nuestra Zarzuela, releyendo lo escrito por Chapí 1)  hace 112 años y negándose como tantos a su privatización por decreto, de la Fundación del Teatro Real. Nuestro patrimonio y nuestras voces para el género más representativo que sigue luchando frente a los foráneos y ni siquiera en igualdad de condiciones.

Se hace camino al andar y nada mejor que comenzar con zarzuela por la primera soprano del elenco vocal, la navarra Inés de Arbizu, la segunda vez que la escuchaba, y quien también cerraría este concierto, profesional que como todos, sigue perfeccionándose y ampliando repertorio. Defendió con seguridad «La canción del Arlequín» de La Generala (Amadeo Vives) y la disfrutamos tanto con Gustave Charpentier (1860-1956) en Depuis le jour de «Louise«, auténtica «pirotecnia» que exige control absoluto y dominio técnico, más las hermosas Aguas de Primavera (Vesennije vody), op. 14 nº 11 de Sergei Rachmaninov, cual banda sonora de la tormenta que caía en el exterior y se colaba por desagües y canalones, sin perder concentración, musicalidad ni buen gusto. Soprano a seguir de cerca y el acompañamiento maestro de Burgueras, también acertado en cuanto a bucear en repertorios siempre adecuados a cada voz.

El momento emotivo lo puso el violonchelista Santiago Ruiz de la Peña hijo, una mayoría de edad con este regalo de poder interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op. 33 de Camille Saint-Saëns con el piano de Sergey Bezrodny, joven con la música antes de nacer por sus padres y ejemplo de elección por su parte de un arduo camino sin fin donde el sacrificio será diario, aplaudiendo su opción y el apoyo en casa para una carrera de auténtico fondo. La muestra este concierto del compositor francés muy trabajado, con acompañamiento de virtuoso y la búsqueda personal de un sonido propio, afinado y afianzado, pues la interpretación como el sentimiento mostrado le vienen de raza, no en vano se suele decir que el violonchelo es el instrumento más parecido a la voz humana, feliz conjunción familiar.

El barítono Pedro La Villa está evolucionando en cada curso, ganando en color y emisión, le cuesta «soltarse» por lo que elegir sus dos obras fue otro punto favorable, el aria Va tacito e nascosto del «Giulio Cesare» (Händel) algo pesante y demasiado silábica, y sobre todo la canción sobre texto de Shakespeare Take, O take those lips away (Roger Quilter) donde la escritura «de salón», camerística con el piano le dan más cercanía y expresión que la ópera barroca.

Algo parecido podría decir del tenor asturiano Adrián Begega con Thy rebuke… Behold, and see… But thou del «Messiah» de Händel, ayudándole cantar con las manos ocupadas en la carpeta, habitual en los oratorios y cantatas, para disfrutar mucho más en el Poème d’un jour (Gabriel Fauré) siendo aplaudido en cada uno de los tres de nuevo con el piano de Burgueras coprotagonizando estas canciones de concierto donde Begega brilla con un color propio de amplias dinámicas y buena dicción.

Avance significativo de la soprano Canela García en cada curso donde la escucho, mucho trabajo previo cuyo premio será a largo plazo pero donde el estudio y repertorio irán dándole alegrías en una búsqueda dirigida por buenos maestros. El «Offertorium» de la Misa Sacra en do menor, op. 147 (R. Schumann) mantiene su voz contenida aunque requiera uniformidad de color en todos sus registros, mientras que con la romanza En la calle del Ave María del sainete lírico «La Canción de la Lola» (Chueca y Valverde) la soprano explora sonidos desde el idioma propio junto a la interpretación siempre necesaria de la música para la escena.

Termino con mi querida mezzo María Heres, joven apasionada de la música para quien el canto es casi obsesión, activa y pasiva, disfrutando en conciertos, participando con la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» en el Festival Lírico carbayón, y formándose continuamente, buscando, ahondando, investigando, asesorándose para encontrar lo mejor para su voz que sigue ganando enteros en agudos y graves, color con personalidad, emisión clara y matizada, que en la primera aparición nos dejó un A Chloris (Reynaldo Hanh) cómplice con el piano del maestro Manuel, y la conocida aria Cara sposa de «Rinaldo» (Händel) sentida, convencida, metida en un repertorio donde se la nota feliz, recuperando el registro de mezzo o contralto últimamente «robados» por los contratenores. Y mostrándonos el rol cómico que no puede esconder, de nuevo defendiendo nuestra zarzuela en el registro apropiado, nada menos que a Gerónimo Giménez y «La Tempranica» con su zapateado más conocido como «La tarántula» tan exigente en la reducción orquestal para el piano como en el trabalenguas del texto encajado en un cuplé de altura que María nos cantó con aplomo, gracejo y solvencia.

Gracias a todos por esta despedida de «abril, aguas mil» donde el diluvio fue de ilusión por parte de los intérpretes, «a mal tiempo buena cara» por la entrega y pasión del dúo Begoña-Manuel, y servidor tan refranero como Sancho Panza en un país que necesita muchos Quijotes para seguir defendiendo y apostando por nuestro patrimonio y nuestra cultura, aunque «no hay peor sordo que el que no quiere oir«. Al menos seguiremos con la música porque «quien canta, sus males espanta» y «donde música hubiere, cosa mala no existiere«…

1) Ruperto Chapí: «Mientras el Teatro Real sea un teatro extranjero, mientras no se organice con dirección al arte Nacional, mientras este arte no haya de encontrar allí más que desdenes de la parte de un público hostil, bien va como va. Vengan o vayan «Lucias» y tenores Marconis, que todo ello se caerá sólo como lo del cuento. En tanto, ya lo sabéis compositores españoles, el Teatro Real, por ahora, no es nuestro reino«.

Siempre progresando

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Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando «hecho a medida» por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de «Idaspe» (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de «Fausto» (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de «Armida» y casi al final su incursión con el Rossini de «L’italiana in Algeri» y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de «Die tote Staadt» (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de «Alcina» (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del «Don Giovanni» mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de «Catone» (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era «nueva en mi memoria».

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de «I Capuleti e i Montecchi» (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve «Songs of Travel» de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de «Le roi D’Ys» Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de «sopranos de otra liga» (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de «Mitridate re di Ponto» (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de «Mirentxu» (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de «La flauta mágica» (Mozart), Come, now a roundel de «Sueño de una noche de verano» (Britten) y Piangerò la sorte mia de «Giulio Cesare» (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

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