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Pinturas parisinas

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Jueves 8 de octubre, 19:30 horas: Teatro Jovellanos, Gijón. Abono 1 OSPA,  Martín García (piano), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director del coro), Nuno Coelho (director). Obras de Falla y Ravel.

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) daba comienzo a su temporada 2026-2027 por todo lo alto con un programa reuniendo dos grandes obras del repertorio sinfónico del siglo XX: Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, y Daphnis et Chloé, de Maurice Ravel, y además con un carácter especialmente significativo, al ser la última inauguración de temporada que el portugués Nuno Coelho afronta como Director Titular y Artístico de la OSPA, culminando así cinco años de intenso trabajo, giras, explorando nuevos repertorios, aprendizaje y experiencias compartidas con la orquesta y el público asturiano, contribuyendo a construir esta etapa de especial intensidad en los últimos años de nuestra OSPA.

Esta primera cita de la nueva temporada contaría con la participación del pianista gijonés Martín García García, que interpretaba la obra de Falla, y del coro El León de Oro, que se incorporaría tras el descanso a la orquesta para abordar la partitura de Ravel.

En la nota de prensa presentando esta temporada, la propia OSPA ahondaba en las obras y los intérpretes:

Dos obras maestras para abrir la temporada

“El programa propone un recorrido por dos universos musicales de extraordinaria riqueza. En Noches en los jardines de España, Manuel de Falla combina la escritura sinfónica con la tradición musical española en una obra de marcado carácter evocador, en la que el piano desempeña un papel protagonista”.

La biografía del gijonés Martín García García (1996) es amplia y le llevo escuchando hace años, concretamente desde 2008 y 2009 también con la OSPA y Max Valdés, “precoz madurez” que ha ido pasando por ciclón con ímpetu aún juvenil, funcionando mejor en recital. Reconocido como uno de los intérpretes españoles con mayor proyección internacional, fue el encargado de afrontar la parte solista de la obra de Falla, habiendo actuado por todo el mundo con las orquestas más prestigiosas, logrando hitos significativos (como su debut en el Carnegie Hall de Nueva York) y una exitosa gira en Japón con 25.000 asistentes en 14 actuaciones. Ha recibido importantes reconocimientos a nivel mundial, incluyendo el primer premio en la ‘Cleveland International Piano Competition 2021’ y el tercer lugar en la ‘International Chopin Piano Competition 2021’. 

“La segunda parte estará dedicada a Daphnis et Chloé, una de las partituras más ambiciosas y deslumbrantes de Maurice Ravel. Destaca por su extraordinaria riqueza tímbrica, sus grandes contrastes sonoros y una orquestación de enorme sofisticación. La participación del coro convierte su interpretación en uno de los grandes retos del repertorio sinfónico”.

El León de Oro participaría en la interpretación de Daphnis et Chloé, todo un emblema de excelencia coral que ha conquistado tanto al público como a la crítica especializada a lo largo de su trayectoria de casi 30 años, y se ha convertido en un referente internacional avalado por invitaciones a festivales de prestigio (Arezzo, Flandes, Tolosa, Varna y Tours) y numerosos premios: el primer premio en la London International a Cappella Choir Competition (2014), el Gran Premio Nacional de Canto Coral (2003 y 2006)  y el premio Amuravela de Oro (2021). La versatilidad es uno de los rasgos que mejor define a esta formación ya que ofrece interpretaciones que abarcan desde los grandes nombres del Renacimiento y Barroco hasta las composiciones más audaces del repertorio contemporáneo y esto les ha permitido consolidarse como uno de los principales coros españoles.

Con el nuevo horario de conciertos a las 19:30 horas, tanto en Gijón como en Oviedo, dada la coincidencia el viernes con el segundo título de la Temporada de Ópera, acudí, como muchos abonados ovetenses, al Teatro Jovellanos para esta inauguración que no quería perderme por muchas razones: la doble dimensión al ser el comienzo de una nueva temporada y, al mismo tiempo, la culminación de una etapa artística compartida durante cinco años con el maestro Coelho que la ha hecho crecer hasta un nivel que merece conocerse más allá de nuestra tierra; mantener mi fidelidad  de 35 temporadas como abonado a la OSPA (pese a mi “divorcio con el cocinero”); seguir disfrutando de ella; comprobar la evolución del pianista gijonés; y por supuesto no perderme al LDO como “leónigan” confeso desde sus inicios.

El teatro del Paseo Begoña obliga por su escenario a una colocación “apretada” de la sinfónica asturiana, y más cuando hay un piano o un coro, tal como sucedió en este primer jueves de octubre. Con un retraso no habitual, del que desconozco la causa (con toda la orquesta afinada a la espera de la salida del solista y director), más un público que acudió en buen número a esta inauguración de la temporada de abono (pues la OSPA ya estuvo en el foso del Campoamor para el Sorrow de la ópera carbayona más el sinfónico del Auditorio para los 50 años de Nuberu), en este 2026 aún queda tiempo para la conmemoración de los #150Falla, y en esta segunda temporada como colaborador artístico de Martín García, nos ofrecería las “impresiones sinfónicas”, como así presentó el gaditano sus Noches en los jardines de España (1916) que iniciaría en París partiendo de los Nocturnos, como bien refleja Jonathan Mallada en las notas al programa. Tres movimientos donde el piano no se enfrenta a la orquesta como un solista convencional sino que dialoga y se imbrica con ella de forma constante. Nuno Coelho así lo entendió con ricas dinámicas y respetuoso con el piano, donde degustar la orquestación de Falla, aunque Martín García optó más por la potencia y el intento de sobresalir. No era necesario porque se pierde toda la sutileza de una pintura casi de acuarela y no de pastel ni óleo: fresca en vez de intensa, jugando con una amplia paleta de colores que la OSPA logró de principio a fin con un sonido que el titular ha ido personalizando en este tiempo, conocedor del potencial de su formación capaz de afrontar cualquier lienzo sonoro.

Si la evocación acuática del primer movimiento son las fuentes de La Alhambra, el gijonés prefirió las cascadas del bosque nazarí que bajan de Sierra Nevada. Al menos en la Danza lejana mantuvo una delicadeza necesaria para partir hasta la sierra cordobesa que nuevamente la OSPA con Coelho delineó con tinta china los trazos gruesos de un solista que no se integró en la sonoridad global.

Y la propina también Falla con una Danza del fuego imprecisa, trastabillada, con llamaradas y dando la impresión de un fuelle soplando para que no se apagase. Espero otra ocasión para reencontrarme con “el otro Martín” inspirado y contenido, más centrado como solista (un ciclón potente como en noviembre de 2022, o delicadamente poderoso desde el mismo ímpetu juvenil como en febrero pasado con la OSPA).

El descanso necesario para reubicar todo el escenario nos traería al Ravel de esta “sinfonía coreográfica” impresionante más que impresionista, muy trabajado, preciso, parisino y de aires cantábricos, con todas las secciones exigentes para todos los solistas, desde la concertino invitada Hannah Perowne hasta la celesta de Sergey Bezrodny, de la flauta de Pan de Myra Sinclair a la máquina de viento de Juan Antonio Martín, la viola de Lucía Ortiz y el cello de Max von Pfeil, así todos y cada uno de los profesores que en este Daphnis et Chloé (1909-1912) deben unirse, sentirse individuales sin perder la compleja unidad, siempre desde la batuta de Nuno Coelho dando protagonismo puntual, dejando fluir las frases, contagiando seguridad, marcando con precisión los múltiples cambios rítmicos y de aire, matizando cada detalle de esta página sinfónica llena de colores, intensidades, emociones y auténtico “caleidoscopio orquestal”, con pasajes que parecen preparar La Valse (1919-1920).

Sumemos al LDO, capaces de afrontar una partitura al alcance de pocos coros y con una plantilla que no llegó a 48 voces (que serían 12 por cuerda), sin referencias instrumentales ni texto para cantar, todo con boca cerrada o vocalizaciones como “ah” u “oh” con inflexiones, matices, ataques, creando efectos atmosféricos, casi místicos, de verdadero color armónico y comportándose como una sección orquestal más, pues así debe funcionar en esta compleja y difícil partitura, flotando sobre un colchón instrumental (cuerdas, arpas y viento-madera), e incluso cantando con los metales. Ubicados al fondo, con las siempre envidiables voces blancas flanqueando las graves, todos “incómodos” por las estrecheces del escenario pero con profesionalidad y mucho trabajo previo que Marco Antonio García de Paz logró para este ballet de Ravel, pocas veces podremos escuchar en vivo esta obra como en Gijón y al día siguiente en Oviedo. Perfectamente imbricado en el sonido sinfónico, también lo disfrutamos brevemente “a capella” en el único momento del Interlude (que cierra el primero de los tres cuadros) y que demostró la versatilidad de los gozoniegos para cualquier repertorio, que en el sinfónico-coral siguen siendo sinónimo de calidad, empaste y afinación.

Con un público respetuoso y emocionado, el ballet alcanzó su cumbre en la bacanal final, auténtico broche de oro para casi dos horas de buena música sentida como perfumes parisinos y salitre cantábrico.

Si Coelho ha conseguido un “sonido OSPA”, con la suma vocal de «los leones» amplió una paleta tímbrica casi galáctica, que a buen seguro en el Auditorio de Oviedo, con otra acústica y más espacio, aún brillará más.

PROGRAMA:

Manuel de FALLA (1876-1946): Noches en los jardines de España:

I. En el Generalife

II. Danza lejana

III. En los jardines de la Sierra de Córdoba

Maurice RAVEL (1875-1937): Daphnis et Chloé (Ballet completo):

Tableau I

Introduction et Danse religieuse

Danse générale

Danse grotesque de Dorcon

Danse légère et gracieuse de Daphnis

Danse de Lycéion

Nocturne

Danse lente et mystérieuse des Nymphes

Interlude

Tableau II

Introduction et Danse guerrère

Danse suppliante de Chloé

Tableau III

Leverdu jour

Pantomime (Daphnis et Chloé miment l’aventure de Pan et de Syrinx)

Danse de Chloé

Danse générrale (Bacchanale)

Trabajando con talento

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Un nuevo curso de La Castalia que celebrará su mayoría de edad, 18 años de andadura tras recuperar la más antigua sociedad lírica ovetense que se remonta a 1875 con músicos de la talla de Víctor Saenz, Anselmo González del Valle o el mierense Teodoro Cuesta, flautista y director de la Banda del Real Hospicio además de poeta, en los albores de nuestra tradición musical decimonónica que plantó la semilla para una afición que lleva consolidada en la capital asturiana desde entonces y a la que llamo «La Viena española» por la amplia oferta musical (de hecho hoy había otro concierto de la Orquesta Universitaria de Oviedo en la Sala de Cámara del Auditorio estrenando una obra de Pablo Moras).

Con la asistencia del Presidente del Principado Adrián Barbón y la teniente de alcalde de Oviedo Mª Concepción Suárez, así como el presidente del RIDEA, Ramón Rodríguez o el Presidente de la Ópera de Oviedo, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, entre otras personalidades, lo que es de agradecer por lo que supone de visibilidad de los responsables políticos en estos actos, esperando un apoyo que Begoña García-Tamargo se encargó de recordar al inicio del concierto, volvíamos e escuchar muchas de las voces del último concierto, con la indisposición por afección gripal de Canela García, pero manteniendo un programa donde seguir comprobando el trabajo de estas voces y su evolución en tan poco tiempo.

Destacar el «debut» con La Castalia de Cristina Galán que abriría velada con una canción española de Guridi (No quiero tus avellanas) y el aria J’ai perdu mon serviteur de «Le devin du village» (J. J. Rousseau), más el piano del maestro Burgueras, siempre atento a estos jóvenes talentos.

Adrián Ribeiro volvió a demostrar poderío vocal y buen gusto, bien el Obradors de Corazón ¿por qué pasáis? con un piano igualmente protagonista, pero especialmente destacable en Musica proibita (S. Gastaldón) más el dúo final fuera de programa.

El candasín Mikel Malda progresa a pasos agigantados en su tesitura de contratenor, con dos arias muy apropiadas a su registro que gana cuerpo en el grave manteniendo un color propio, Thy hand, Belinda de «Dido y Eneas» (Purcell) y el conocido Largo (Ombra mai fu) de «Serse» (Händel), sin eludir el recitativo bien interpretado.

Importantísimo el trabajo fonético en todas las obras, donde se escuchó inglés, alemán, francés y español con una dicción perfecta siempre al servicio del canto.

No faltaría un «intermedio» con el instrumento más cercano a la voz, el cello de Santiago Ruiz de la Peña (que debutó recientemente en los atriles de la OFil) y el piano virtuoso de Sergey Bezrodny en el Allegro Moderato de la Sonata «Arpeggione» (Schubert).

Plenamente consolidada la soprano Janeth Zúñiga que amplía repertorio, registro e idiomas, desde un alemán Brahms sentido, siguiendo con la virtuosa francesa Les filles de Cadix (Delibes) para cerrar con zarzuela española, «La Generala» (Vives), casi escenificada Canción del Arlequín que nada tiene que envidiar a la opereta francesa, explorando no solo la línea de canto sino la dramatúrgica.

Un escalón más en su permanente esfuerzo y estudio para mi querida mezzo María Heres, años de trabajo pese a su juventud, abordando repertorio romántico francés tanto en su Fauré íntimo de Tristesse como el aria Mon coeurs s’ouvre à la voix del «Sansón y Dalila» (Saint-Saëns), interpretación en el amplio sentido de la palabra, pasión y entrega vocal más una Dalila verdaderamente creíble, el chorro de voz controlado para utilizarlo como recurso dramático en el momento preciso, manteniendo afinación y musicalidad digna de elogio.

Volvería con Adrián Ribeiro, fuera de programa, para el dúo de «Luisa Fernanda» (Moreno Torroba) y Javier, el famoso Cállate corazón escenificado con el agua cayendo por uno de los canalones pero haciéndonos pensar en una fuente con pájaros, estas dos voces empastadas en feliz entendimiento más la complicidad siempre única del maestro Manuel.

Larga vida a La Castalia y salud para continuar esta ímproba tarea de apostar por lo nuestro, esperando un apoyo necesario para mantener parte de la historia lírica asturiana.

Crecer y seguir apoyando

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Domingo 9 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura XVII curso «La voz en la música de cámara», homenaje al RIDEA. Entrada libre.

Ya van diecisiete cursos organizados por «La Castalia» centrados en la voz y la música de cámara con un profesorado de reconocido prestigio y un alumnado conocido que además de seguir formándose protagonizaron todos un estreno absoluto que llenó el Teatro Filarmónica porque el RIDEA no hubiera sido suficiente y además el merecido homenaje de «La Castalia» por el apoyo incondicional en tiempos de crisis varias merecía el mejor de los marcos posibles y el de la vecina calle Mendizábal reunía todas las condiciones.

Begoña García-Tamargo abrió el acto con la gratitud a los colaboradores y una excelente y amplia semblanza de la institución homenajeada, así como la entrega a Ramón Rodríguez Álvarez, actual presidente del RIDEA, de una placa conmemorativa y unas breves palabras de agradecimiento.

Dejo imágenes del programa y cartel de la ópera de cámara así como alguna fotografía mía sin entrar muy a fondo en detalles. Cierto que los dúos elegidos de Haydn, Schumann, Mendelssohn o el hermosisimo La Nuit de E. Chausson buscaron el empaste y continuar trabajando repertorios e idiomas donde estas voces se van encontrando más cómodas, todas ellas conocidas por el que suscribe y contemplando una evolución no siempre igual, alguna diría incluso que en retroceso, puede que por nerviosismo ante el imponente aspecto teatral (es preocupante la desafinación total sin escuchar el piano de referencia), incluso con distintos pianistas que aportan nuevos enfoques al trabajo como Ignacio Fernández o Juan Urdániz además de los profesores de estos cursos Sergey Bezrodny o Manuel Burgueras, con incorporaciones de nuevo repertorio español actual comenzando con el turolense Antón García Abril (1933) y sus Canciones asturianas, con Urdániz al piano acompañando las tres elegidas, Tengo de subir al puertu y la añada Dúermete neñu de la mezzo María Heres realmente cómoda en ellas, y Hasta los naranjales han florecido de la soprano Canela García.

El asturiano Jorge Muñiz (1974) y su ópera Fuenteovejuna fue la que abrió la temporada de ópera ovetense y de él pudimos escuchar en este concierto el estreno en España de su Oda a Covadonga (2005) con texto de Claudio Sánchez Albornoz en la voz del tenor Adrián Begega y el piano del maestro Burgueras, un homenaje a los tres centenarios de Covadonga.

El gallego Juan Durán (1960) no solo arregló Lela de su paisano Rosendo Mato Hermida (1914-1994) y letra de Castelao cantado por el tenor Vladimir López y Urdániz al piano sino el compositor de Tríptico de Amor y Ausencia con texto de Gabriela Mistral, cuya Ausencia estrenaban en Asturias la mezzo María Heres y el pianista Manuel Burgueras deleitando a un público entregado con esta belleza de música cercana geográfica y anímicamente.

Siempre se ha dicho que el violonchelo es lo más parecido a a voz humana, y antes de sumarse al trío instrumental para Doña Esquina, Santiago Ruiz de la Peña nos dejó la difícil Polonesa Concertante (David Popper, 1843-1913) de armónicos casi imposibles, con el virtuoso Bezrodny al piano, poniendo el punto y seguido antes del esperado estreno absoluto del ovetense Gabriel Ordás (1999), quien tomaría el violín y la dirección de una ópera de cámara sobre el entremés homónimo de Agustín Moreto y Cavana que disfrutamos en versión concierto y a no más tardar estoy convencido tendrá su puesta de largo porque resulta actual, moderna y accesible, en la línea de este músico integral con el que «La Castalia» encontró un filón al ser destinataria de algunas composiciones de un talento que sigue sorprendiendo con cada obra.

Cinco personajes para las voces que fueron «calentando» con Urdániz al piano, Ruiz de la Peña al cello y el propio Ordás tocando el violín y dirigiendo, corroborando lo escuchado previamente en calidades y registros para un elenco vocal donde nuestra mezzo Doña Esquina fue la protagonista total e incontestable de una partitura fresca, que respeta las voces, con ritmo, salero, aires del mejor musical de Broadway (a fin de cuentas también ópera de nuestro tiempo) recordando al genio Bernstein, y un argumento dieciochesco que parece tan actual como la música del propio Gabriel.

Mi más sincera enhorabuena a «La Castalia» por seguir creciendo, apoyando lo nuestro y formando contra viento y marea a una generación que no lo tiene fácil en estos tiempos.

Recortes de la prensa asturiana del lunes 10 en El Comercio y La Nueva España:

El camino sin final

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Lunes 30 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA): La Castalia, Curso de Repertorio Vocal, concierto de clausura. Directores: Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto) y Manuel Burgueras (piano). Entrada libre.

Será pasión musical o deformación profesional que siga con atención, siempre que puedo, los cursos de perfeccionamiento, profundización y todo aquello que tenga relación con esa máxima de «morir aprendiendo», pues en cualquier faceta de la vida pero aún más en la música siempre estamos aprendiendo. Así que me encantó volver al Palacio del Conde de Toreno en la plaza Porlier para comprobar el trabajo de La Castalia que lleva más de quince años organizando estos cursos, la colaboración con el RIDEA sin la que no sería posible llevarlos a cabo, tras la negativa de subvenciones por parte de políticos e instituciones, y sobre todo la evolución de unos cantantes a los que sigo en mayor o menor medida.

La velada comenzó con una presentación reivindicativa de la profesora y directora artística de la asociación cultural La Castalia, Begoña García-Tamargo, donde recordó las penurias no ya económicas en cuanto a la ausencia de subvenciones para ellos, sino también culturales defendiendo nuestra Zarzuela, releyendo lo escrito por Chapí 1)  hace 112 años y negándose como tantos a su privatización por decreto, de la Fundación del Teatro Real. Nuestro patrimonio y nuestras voces para el género más representativo que sigue luchando frente a los foráneos y ni siquiera en igualdad de condiciones.

Se hace camino al andar y nada mejor que comenzar con zarzuela por la primera soprano del elenco vocal, la navarra Inés de Arbizu, la segunda vez que la escuchaba, y quien también cerraría este concierto, profesional que como todos, sigue perfeccionándose y ampliando repertorio. Defendió con seguridad «La canción del Arlequín» de La Generala (Amadeo Vives) y la disfrutamos tanto con Gustave Charpentier (1860-1956) en Depuis le jour de «Louise«, auténtica «pirotecnia» que exige control absoluto y dominio técnico, más las hermosas Aguas de Primavera (Vesennije vody), op. 14 nº 11 de Sergei Rachmaninov, cual banda sonora de la tormenta que caía en el exterior y se colaba por desagües y canalones, sin perder concentración, musicalidad ni buen gusto. Soprano a seguir de cerca y el acompañamiento maestro de Burgueras, también acertado en cuanto a bucear en repertorios siempre adecuados a cada voz.

El momento emotivo lo puso el violonchelista Santiago Ruiz de la Peña hijo, una mayoría de edad con este regalo de poder interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op. 33 de Camille Saint-Saëns con el piano de Sergey Bezrodny, joven con la música antes de nacer por sus padres y ejemplo de elección por su parte de un arduo camino sin fin donde el sacrificio será diario, aplaudiendo su opción y el apoyo en casa para una carrera de auténtico fondo. La muestra este concierto del compositor francés muy trabajado, con acompañamiento de virtuoso y la búsqueda personal de un sonido propio, afinado y afianzado, pues la interpretación como el sentimiento mostrado le vienen de raza, no en vano se suele decir que el violonchelo es el instrumento más parecido a la voz humana, feliz conjunción familiar.

El barítono Pedro La Villa está evolucionando en cada curso, ganando en color y emisión, le cuesta «soltarse» por lo que elegir sus dos obras fue otro punto favorable, el aria Va tacito e nascosto del «Giulio Cesare» (Händel) algo pesante y demasiado silábica, y sobre todo la canción sobre texto de Shakespeare Take, O take those lips away (Roger Quilter) donde la escritura «de salón», camerística con el piano le dan más cercanía y expresión que la ópera barroca.

Algo parecido podría decir del tenor asturiano Adrián Begega con Thy rebuke… Behold, and see… But thou del «Messiah» de Händel, ayudándole cantar con las manos ocupadas en la carpeta, habitual en los oratorios y cantatas, para disfrutar mucho más en el Poème d’un jour (Gabriel Fauré) siendo aplaudido en cada uno de los tres de nuevo con el piano de Burgueras coprotagonizando estas canciones de concierto donde Begega brilla con un color propio de amplias dinámicas y buena dicción.

Avance significativo de la soprano Canela García en cada curso donde la escucho, mucho trabajo previo cuyo premio será a largo plazo pero donde el estudio y repertorio irán dándole alegrías en una búsqueda dirigida por buenos maestros. El «Offertorium» de la Misa Sacra en do menor, op. 147 (R. Schumann) mantiene su voz contenida aunque requiera uniformidad de color en todos sus registros, mientras que con la romanza En la calle del Ave María del sainete lírico «La Canción de la Lola» (Chueca y Valverde) la soprano explora sonidos desde el idioma propio junto a la interpretación siempre necesaria de la música para la escena.

Termino con mi querida mezzo María Heres, joven apasionada de la música para quien el canto es casi obsesión, activa y pasiva, disfrutando en conciertos, participando con la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» en el Festival Lírico carbayón, y formándose continuamente, buscando, ahondando, investigando, asesorándose para encontrar lo mejor para su voz que sigue ganando enteros en agudos y graves, color con personalidad, emisión clara y matizada, que en la primera aparición nos dejó un A Chloris (Reynaldo Hanh) cómplice con el piano del maestro Manuel, y la conocida aria Cara sposa de «Rinaldo» (Händel) sentida, convencida, metida en un repertorio donde se la nota feliz, recuperando el registro de mezzo o contralto últimamente «robados» por los contratenores. Y mostrándonos el rol cómico que no puede esconder, de nuevo defendiendo nuestra zarzuela en el registro apropiado, nada menos que a Gerónimo Giménez y «La Tempranica» con su zapateado más conocido como «La tarántula» tan exigente en la reducción orquestal para el piano como en el trabalenguas del texto encajado en un cuplé de altura que María nos cantó con aplomo, gracejo y solvencia.

Gracias a todos por esta despedida de «abril, aguas mil» donde el diluvio fue de ilusión por parte de los intérpretes, «a mal tiempo buena cara» por la entrega y pasión del dúo Begoña-Manuel, y servidor tan refranero como Sancho Panza en un país que necesita muchos Quijotes para seguir defendiendo y apostando por nuestro patrimonio y nuestra cultura, aunque «no hay peor sordo que el que no quiere oir«. Al menos seguiremos con la música porque «quien canta, sus males espanta» y «donde música hubiere, cosa mala no existiere«…

1) Ruperto Chapí: «Mientras el Teatro Real sea un teatro extranjero, mientras no se organice con dirección al arte Nacional, mientras este arte no haya de encontrar allí más que desdenes de la parte de un público hostil, bien va como va. Vengan o vayan «Lucias» y tenores Marconis, que todo ello se caerá sólo como lo del cuento. En tanto, ya lo sabéis compositores españoles, el Teatro Real, por ahora, no es nuestro reino«.

Bonsais y crisantemos

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Sábado 16 de julio, 20:30 horas. Gijón, Fundación Museo Evaristo Valle, Ciclo de Música de Cámara: Siripong Tiptan (violín), Ignacio Rodríguez (violín), David Abrahamyan (viola), Jaime Calvo-Morillo Rapado (violonchelo), Sergey Bezrodny (piano). Obras de Brahms y Puccini. Entrada: 10€.

El verano no supone descanso para los músicos y si cuentan con espacios como el museo gijonés donde poder ofrecer su trabajo, mucho mejor, inaugurándose este ciclo de lo que llamo la base musical, tanto para intérpretes como público, la música de cámara. El entorno del «Evaristo Valle» sigue siendo único en cualquier estación, y esta vez los bonsais, la paciencia, el tiempo y el verdadero amor por la naturaleza tuvieron de nuevo paralelismo en la compañía musical como intentaré describir en las siguientes líneas.

Alrededor del conocido virtuoso afincado en nuestra tierra Sergey Bezrodny se aglutinan jóvenes que sabedores de la solvencia del pianista ruso en estos repertorios aprovechan para trabajar unos conciertos básicos en sus carreras, y así conocí este sábado al violinista tailandés Siripong Tiptan quien con el ruso interpretó la Sonata para violín y piano nº 2 en la mayor, op. 100 (1886) de Brahms, el siempre exigente hamburgués que dominó el género camerístico como pocos, siendo un romántico que bebió de las fuentes clásicas para elevarlas a su quintaesencia. Tres movimientos donde poder respirar su riqueza melódica compartida por un dúo exigente técnicamente, el violín cantabile y el todopoderoso piano rivalizando en belleza protagonista, con un Allegro amabile de sonoridad carnosa por parte del tailandés más el contrapeso pianístico del ruso compañero ideal en estos viajes. El movimiento central juega con cambios de aire y amplias dinámicas que resultaron equilibradas y serenas (Andante tranquilo. Vivace. Andante. Vivace di più. Andante. Vivace) para quien se mostraba como un valor en alza con ganas de volar alto en los extremos. El Allegretto grazioso (quasi andante) devolvió la calma musical con el piano manteniendo una pulsación que frenase ímpetus desbocados, el contrapeso y equilibrio ideal para lograr con más tiempo una joya de cámara, un bonsai frondoso al que sólo la paciencia y el paso del tiempo dará la forma deseada.

Escrita para cuarteto de cuerda pudimos escuchar I Crisantemi (1890) de Puccini, luctuosa y colorida flor de temporada para tres conocidos músicos a los que se sumó Tiptan cual jardinero jefe, ejerciendo de primero pero compartiendo ideales, en algo más que el mero ejercicio compositivo del gran compositor de Lucca. Su concepción melódica para la escena se puede apreciar en esta composición donde Tiptan, Rodríguez, Abrahamyan y Rapado fueron cantantes de cuerda frotada, como dos sopranos de timbre irreal por uniforme, compartiendo acción con el tenor y el barítono, frases combinadas con temas que reaparecerán en Manon Lescaut desde el dominio armónico exportable a la orquesta dada la riqueza de esta breve obra elegíaca dedicada a Amadeo de Saboya duque de Aosta y rey de España (1870-1873), con el dolor por su muerte en enero de 1890 como bien recoge Clara Luz García en las notas al programa. El salón palaciego resulta ideal para saborear la tímbrica siempre cercana del cuarteto de cuerda, tesituras extremas y complementarias para un verdadero frasco de esencia pucciniana.

Un descanso para saborear una copa de cava rosado nos prepararía para el gran Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864) de Brahms, obra muy trabajada y revisada cual tilo en bonsai, evoluciones y transformaciones que denotan el incorformismo del compositor alemán para alcanzar esta obra culmen y muestra del estilo joven con sello maduro e inimitable, lo mismo que los cinco músicos que la interpretaron. Como si llevasen tiempo tocando juntos, el quinteto fue desgranando cada uno de los cuatro movimientos resultando impactantes y seguros, todos dominadores de su papel y escuchándose para hacer música además de tocarla. La propia partitura es clara y precisa en emociones pero encontrar el momento de tensión requiere tiempo y trabajo, por lo que disfrutar este quinteto con piano compartido por todos volvió a recordarme los bonsais: apretar, recortar, dirigir, esperar, regar, tiempo, paciencia, toda una filosofía de la vida y de la música, el fruto esperado que todo amante de la naturaleza contempla y reflexiona.

De los cuatro movimientos bien ajustados me quedo con el Scherzo: allegro cual momento ideal antes de la poda que supuso el Finale donde la forma tomaba cuerpo y el tiempo verá crecer. La combinación de talentos ayuda a crear momentos irrepetibles, aunque la música de cámara requiera cual árboles en miniatura, mucho esfuerzo y tiempo dedicado a ello. Como público agradecer el esfuerzo de afrontar obras de estas dimensiones y aplaudir el esfuerzo de los intérpretes por buscar esa excelencia que se encuentra al final de un camino aún arrancando. Por supuesto volver a aplaudir la apuesta de la Fundación y los colaboradores por la música de cámara.

Programa variado y colorido como los árboles junto a las flores en este ciclo habitual del verano gijonés que finalizará el 4 de agosto en los propios jardines (si el tiempo no lo impide) con la guitarra como protagonista. Buena opción escaparse hasta Somió, disfrutar del entorno, de la escultura, la pintura y por supuesto los bonsais de la familia Basagoiti, un ejemplo a seguir donde la música ayuda a un crecimiento vigoroso y continuado.