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Ainhoa Arteta vuelve a enamorar

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Sábado 27 de octubre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ainhoa Arteta (soprano), Juan Jesús Rodríguez (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi.
Vuelven los Conciertos del Auditorio y nada mejor en plena temporada operística que un programa lírico donde Ainhoa Arteta regresaba a la capital del Principado en compañía de Juan Jesús Rodríguez (hicieron juntos La Bohème del Maestranza con mi querida Beatriz Díaz) acompañada de la OvFi y su titular Marzio Conti que, como la orquesta, están en momentos dulces desde el foso pese a saltar a escena en esta fría tarde sabatina, totalmente rodados, ensamblados, gustándose y cumpliendo el no siempre agradecido papel acompañante, pues cuando la voz es protagonista se hace difícil estar a la misma altura.
Sin entrar en la organización del programa -algunos vecinos de localidad hasta discutían-, la verdad que el público asturiano, sobremanera el lírico tan abundante en la capital, disfrutó de una velada donde la tolosarra se reencontró y volvió a enamorarnos dándolo todo de principio a fin, lo que siempre le agradeceremos.
Mozart es apuesta segura cuando hay calidad, y no faltó en la primera parte. Está bien comenzar con Le nozze di Figaro y su obertura porque anima el espíritu, esta vez sin prisas, preparando las dos arias siguientes con la orquesta calentando motores, que suelo decir, porque la tarde daría para mucho.

El recitativo y aria del Conde «Hai già vinta la causa… Vedro mentrió suspiro» fue la entrada en escena del barítono onubense, más realidad que promesa, sin importarle compartir planos sonoros con la formación carbayona pese a lo que ello supone vocalmente, no se amilanó y tuteó a la masa instrumental.

Otro tanto vendría a continuación, aunque la Condesa guipuzcoana, elegante de blanco y negro, estaba portentosa y pletórica para cantarnos «Porgi amor», presentimiento de gozo vespertino con una voz casi nueva, con cuerpo en todos los registros y decidida a cautivarnos, algo más mimada desde el atril pero igualmente exigente.
El cambio dramático llegó con Don Giovanni y su obertura que sigue siendo una joya, estuvo bien interpretada y entendida por el maestro Conti, hoy en su salsa. La mandolina de mi querido y admirado Héctor Braga acompañó perfectamente el aria «Deh, viene alla finestra» bien cantada por Juan Jesús, gustándose, creíble de inicio a fin, relevado en la escena por Donna Elvira Arteta con el recitativo y aria «In quali eccesi, o Numi… Mi tradi quell’alma ingrata«, magisterio del agradecido y siempre engañoso Wolfgi lleno de guiños bien entendidos por La Diva ya sin estola, que hoy ejerció rematando faena y transformación camaleónica a Zerlinna con el duetto «La ci darem la mano« que nos dejó el empaste y musicalidad en ambos intérpretes contagiando la química escénica siempre necesaria al respetable, con una concertación del director florentino capaz de sacar lo mejor de una orquesta pensada para el foso pero que se crece en el escenario.

La segunda parte volvería al esquema de arias alternadas con preludios e intermedios orquestales para cerrar en dúo. Primero Pagliacci (Leoncavallo) y el Aria de Tonio «Si può?« con Juan Jesús Rodríguez impresionante, dramático sin aspavientos, convincente y bien acompañado que levantó una gran y merecida ovación, compartiendo protagonismo.

Puccini es inimitable y uno de los grandes conocedores no ya de la voz sino de la dramaturgia orquestal, y Manon Lescaut es obra de referencia. Su Intermezzo sonó desgarrador gracias al cello de Gabriel Ureña -pidiendo a gritos más conciertos solistas por su calidad, calidez y musicalidad- bien secundado por el viola Igor Sulyga y el concertino Andrei Mijlin, en una de las páginas instrumentales más logradas de la historia lírica, que la Oviedo Filarmonía desgranó al detalle. El plato fuerte llegó con el aria de Manon Arteta «Sola, perduta, abbandonata» acompañada, encontrada y bien arropada, plenitud vocal y dramática en esta auténtica recreación de nuestra soprano con Conti haciendo de su orquesta una, «el instrumento» para lograr la excelencia.

Y Verdi cerraría este recital lírico como no podía ser menos, en un orden cambiado al primar cuestiones vocales más que argumentales. Germont Rodríguez nos regaló «Di Provenza…» merecedor del completo escénico aunque cerrando los ojos nos situase perfectamente, registro homogéneo de color, dinámicas amplias y musicalidad cantabile que le dará muchos triunfos en un barítono calificado de verdiano. Violeta Arteta le relevó con la emocionantísima «Addio del passato« que resultó única, sin medias tintas, volcada con el personaje en todos los aspectos, provocándome la carne de gallina que sólo las grandes son capaces, delicia y dolor hechos voz.

Merecida pausa que rebobinó musicalmente al Preludio, otra vuelta de tuerca orquestal para la formación ovetense que está en buena forma lírica, cuerdas claras e incisivas, vientos nunca estridentes y percusión en su sitio, conjunto idóneo para la música escénica, «sorbete de limón» idóneo para el esperado final, Germont y Violeta en «el dúo» intenso para ambos personajes que puso en lo más alto un concierto de categoría especial, Juan Jesús Rodríguez convincente hasta en el bastón, suegro intimidador convertido en padre complaciente con una Ainhoa Arteta enamorada hasta los tuétanos y comprensiva desde el mayor de los sufrimientos que es sacrificarse por el Alfredo ausente. Qué final más intenso en todos los sentidos y éxito merecido para los protagonistas con un nivel del que orquesta y titular fueron copartícipes, consiguiendo cuadrar el círculo siempre difícil en estos conciertos.

El dúo del primer acto de Luisa Fernanda (Moreno Torroba) devolvió al Vidal onubense un protagonismo que nunca perdió gracias a una Luisa Arteta que se reconcilió con todos, Diva cercana y enamorada retornando al Olimpo abandonado, e igualando nuestra zarzuela a la ópera cuando las voces ponen su arte al servicio de la partitura. Oviedo sabe del tema, su orquesta también, y el público lo agradece.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

Décimo aniversario de la ALAAK

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Martes 5 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. ALAAK, Concierto X Aniversario: Mercedes Gancedo (soprano), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de Fauré, Schubert, Debussy, Ginastera, Haendel, Donizetti, Mozart, Massenet y Gounod. Entrada: 10€.

La Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside mi amigo Carlos Abeledo celebraba su décimo aniversario con buena asistencia de público y en su línea de ofrecer oportunidades a cantantes en formación con proyección futura, y así llegó a Oviedo la joven argentina afincada en Barcelona Mercedes Gancedo acompañada del asturiano Mario Álvarez Blanco, un repertorista de la casa que cumplió con su cometido, discreto en cuanto a volúmenes pero dando la seguridad que todo cantante quiere tener tras de sí, y poco agradecido sobre todo en las obras orquestales con transcripciones no siempre pianísticas donde el «repetidor» debe sacar del teclado colores que no tiene.

De la soprano comenzar diciendo que me sorprendió su color vocal, más cercano a mezzo pese al repertorio elegido (como curiosidad comentar que muchas de ellas las canta Cecilia Bartoli, pero también mi idolatrada Netrebko, sin olvidarme de mi soprano preferida Beatriz Díaz que también actuó para la ALAAK), donde tuvo sus más y sus menos aunque siempre metida en cada papel, muy expresiva gestualmente y con detalles que supongo apuntan a una prometedora carrera que todavía está comenzando, pues quedan cosas por trabajar (realmente toda la vida) que su maestra espero sepa encauzar a partir de una mejor elección de las obras para poder dar de sí todo un potencial que no brilló en esta velada como cabría esperar.

La primera parte digamos que fue muy «académica» (y lo digo con conocimiento de causa por los años pasados como pianista acompañante del alumnado que Mª Dolores Suárez Tamargo tenía a finales de los 80 y principios de los 90) en su entorno de voz con piano donde lo francés dominó al notársela cómoda expresivamente: Ici-bas! (G. Fauré), bien para su registro y color, Nur wer die Sehnsucht kennt «Lied der Mignon» (F. Schubert), Beau soir y
C’est l’extase langoureuse (C. Debussy) como «ariettes oubliées» bien interpretadas por soprano y pianista, más la siempre hermosa Canción del árbol del olvido (A. Ginastera) cantada con el acento porteño original aunque el piano hubiese resultado más «guitarrístico» para esta vidalita… El cierra con otra preciosidad como el Après un rêve (Fauré) donde la voz «corrió» más que en las obras iniciales, llena de sentimiento y como se dice en el argot taurino, gustándose.

Para la segunda parte llegaba la lírica, dura y no siempre adaptada al color de voz de la descendiente de asturianos (ese apellido Gancedo es muy vaqueiro), nuevamente con la tendencia francesa que resultó mejor que unos «italianos» no apropiados para ella: el aria más famosa de «Rinaldo» Lascia ch’io pianga (G. F . Händel) apta a su color dramático aunque de agilidades poco limpias, Prendi, per me sei libero de «L’elisir d’amore» (G. Donizetti) que no es para ella en nada, no está cómoda ni segura, Vedrai carino de «Don Giovanni» (W. A. Mozart), nunca fácil de cantar y bien solventado, para acabar con dos arias francesas bien dichas pero poco agradecidas: Adieu, notre petite table de «Manon» (J. Massenet) mejor que O Dieu, que de bijoux! o «Aria de las Joyas» de la Magdalena de «Faust» (C. Gounod), a las que podríamos aplicarle lo dicho anteriormente. Lástima que una voz bien afinada, de emisión buena aunque algo corta todavía, y registros muy homogéneos con un grave redondo que crecerá en volumen de trabajarlo correctamente, nos cantase un repertorio que no le luce. Para remate las dos propinas elegidas volvieron a pecar de lo mismo, bien cantadas, interpretadas gestualmente pero sin convencerme del todo, la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Asenjo Barbieri) y O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini).

Con todo, hay que seguir la trayectoria de esta voz aún joven (tiene 22 años) y becada en Barcelona (forma parte del Opera Estudi), desde donde espero el acierto y confianza del maestr@ de canto para enfocarla a repertorios más apropiados a una voz que promete mucho.

Del abismo al paraíso

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Miércoles 14 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Midori (violín), OvFi, Marzio Conti (director). Obras de Puccini, Britten y Ravel.

Concierto distinto con la lírica sobrevolando todo él en un estilo que tanto la orquesta ovetense como su actual titular dominan y se sienten cómodos, «cojeando» algo en Ravel pero sobre todo emocionando con Midori.

El Intermezzo del Acto III de «Manon Lescaut» (Puccini) se colocaba al inicio para calentar motores, versión más sinfónica que de foso que siempre agradecen todos al permitir una gama dinámica más amplia y mejor escucha por parte de un público tan operófilo como el carbayón, con un solo del cello de Gabriel Ureña dulce y bien cantabile cual barítono en estado de gracia, seguido por la viola de Igor Sulyga y el violín de Mijlin, trío de ases que despuntaron cual figuras líricas.

El Concierto para violín nº 1, op. 15 de Britten nos presentaba en la capital asturiana (puente entre Florida y Suiza) a Midori, una violinista cuya presencia física menuda y delicada se transforma desde el primer compás. Cual prolongación corpórea su interpretación de esta obra poliédrica, de aristas cortantes, llena de sufrimiento, transmitía con toda la gestualidad pareja a cada nota que su violín (Guarneri del Gesù de 1734) emitía, sin perder el lirismo que ya nos cautivó recientemente en el «Peter Grimes» y ahora la OvFi acompañó como si de la voz se tratase, violín cantante, emotivo, dramático, gimiente, brillante, con un virtuosismo nunca exagerado y planeando todo el dolor y sentimiento del compositor inglés en un 1939 triste históricamente como bien recuerda Aurelio M. Seco en las notas al programa. La concertación de Conti puedo decir que fue operística porque así lo pide una partitura exigente para toda la plantilla, logrando una gama dinámica que hizo suspirar tras cada pianíssimo, siempre atento a la solista que ejerció con mando en plaza. Esfuerzo recompensado dejándonos una versión para recordar de una obra con la que no se atreven muchos solistas ni orquestas, dura no ya para el ánimo.

Todavía con ese malestar que Britten te deja en el cuerpo, Midori nos regaló la Fuga de la Sonata nº 1 en Sol m. BWV 1001 de Bach, auténtica delicia de fraseo, sonido y placer tras el dolor, en un tempo agradecido, nada lento y como terapia necesaria, grandeza que continuó al pedir salir al vestíbulo del primer piso para compartir con el público el agradecimiento mútuo que supone haber dado el mejor regalo: la música.

La segunda parte comenzó con los Valses nobles et sentimentales de Ravel, más plebeyos de lo esperado aunque la plantilla estuviese algo reforzada, bien llevados pero faltando precisamente algo más de sentimentalismo que no es igual que sensiblería. Conti tuvo algunos detalles interesantes pero la orquesta aún no puede alcanzar repertorios de esta envergadura pese al excelente trabajo que están realizando. Ya que la lírica pareció impregnar el programa, como en ella la elección del repertorio es la base para una carrera fructífera que no traiga problemas a la voz.

Creo que el maestro florentino sabedor de esa máxima operística quiso resarcirse con el Capriccio sinfonico de su compatriota Puccini, obra no muy habitual, de paleta sonora cercana al oyente aunque sin la voz para la que tan bien escribirá, sólo resulte evocadora más allá de las melodías apuntadas. Bien las distintas familias orquestales, buen empaste global, nuevamente dinámicas bien conseguidas y una cuerda que va tomando cuerpo, para una obra juvenil del de Lucca donde los motivos de «La Bohème» (triunfante tras «Manon Lescaut») me trajeron mentalmente a Beatriz Díaz como la Musetta con alma de Mimì para quien Don Giácomo no tiene secretos.

Al menos la propina también sonó operística, y la cuerda vibró en el hermosísimo Intermezzo de la «Cavalleria Rusticana» de Mascagni que nos devolvió el color y la sonrisa tras un concierto que surcó lo más recóndito de nuestros sentimientos aunque inicio y final fuesen «intermedios» del abismo al paraíso…

P. D. Crítica sin firma en LVA.

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