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Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de Beethoven o Mahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud Capuçon o Daniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

La Fura de Boo

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Viernes 12 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Carmina Burana (Carl Orff), Cantata escénica (1937). Montaje de La Fura del Baus. Beatriz Díaz (soprano), Luca Espinosa (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Xabier Sábata (contratenor), Orfeón Pamplonés (director: Igor Ijurra), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Director de escena y escenógrafo: Carlus Padrissa. Figurinista: Chu Uroz. Iluminadora: Melanie Schroeder. Entrada butaca: 38,50€.

«Oviedo es música» es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al «templo del Campoamor» con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con «altos vuelos», auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.

Vídeo del Ensayo General 11JUL13: ©Canal YouTube Ayto. Oviedo 

Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.

El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con «leds» que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para «soltarse» (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.

Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. «El sol todo lo suaviza» (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya «en la taberna» su Estuans interius literal: «Ardiendo interiormente» por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectora con los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.

Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en  posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que «lidiar» actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…

La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.

Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterreno Beatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta «Monster High» al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede «con lo que le echen», siendo la auténtica Fura de Boo.

Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la  alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.

Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en «El País» hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación «interface» de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al «arte global», ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.

Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como «acelerador de partículas» que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con «imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo», como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el «haber» pero en el «debe» parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.

En el diario regional «El Comercio» Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.

Un Momus colorista y sesentero

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Foto ©ACO

Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria «Alfredo Kraus 2013», Teatro Pérez Galdós. La Bohème (Puccini). Miércoles 19, Viernes 21, Domingo 23 y Martes 25 de Junio.

Fiorenza Cedolins (Mimì), Massimiliano Pisapia (Rodolfo), Beatriz Díaz (Musetta), Giorgio Caoduro (Marcello), Felipe Bou (Colline), Simone Del Savio (Schaunard), Jeroboám Tejera (Benoit / Alcindoro / un aduanero), Rubén Pérez (Parpignol / un vendedor), Stefano Ranzani (dirección musical), Mario Pontiggia (dirección artística), Claudio Martín (coreografía y diseño de vestuario). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Coro de la Ópera de Las Palmas (dirección: Olga Santana Correa), Coro Infantil de la OFGC (dirección: Marcela Garrón Velarde).

Este martes se clausuraba la 46 temporada de ópera de Las Palmas con este título tan emblemático y representado, habiendo asistido a la función dominical de las 19:30 horas el pasado domingo 23. Producción nueva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) elegante, colorida, sin perder de vista el argumento, una obra totalmente actual y con un espectacular «Momus» que llenó el escenario de vida y color. Con un reparto equilibrado, coros perfectos y orquesta bien llevada por el maestro Ranzani (al que vi hace años en el Campoamor), el público con mucha juventud se lo pasó genial con la maravillosa partitura pucciniana antes de continuar la fiesta de San Juan.

Foto ©ACO

Personalmente me gustó la puesta en escena y vestuario en ese París de los 60’s que podemos comprobar en las fotos que de la propia ópera canaria que ilustran casi toda la entrada, y el impresionante acto segundo por la ambientación del café Momus, que aparece arriba, con más de 100 personas en escena, cuerpo de baile y figuración incluidos, y la aparición de Musetta que brilló como todo el entorno. La soprano asturiana fue con creces la mejor de un elenco con algunas voces de renombre que no dieron la talla esperada pero lograron una homogeneidad a la que faltó el toque de calidad que aportó Beatriz Díaz en un rol que domina como han hecho antes otras sopranos que acabaron siendo Mimì.

Foto ©ACO

En la balanza masculina me quedo con el Marcello de Caoduro que resultó el complemento perfecto de Musetta. La aparición de los caballeros ya me dejó claro el plantel con un Felipe Bou decepcionante que parece estar pasando un mal momento vocal, opaco y sin la musicalidad que demostró en Oviedo.

Del esperado primer dúo de Rodolfo y Mimí (con linterna sustituyendo vela con palmatoria) me dejó tan gélido como la mano, en parte por un sonido metálico en ambos que empasta precisamente por eso (ya han compartido otros títulos) aunque faltó la emoción y proyección de unos pianissimi que en gallinero no pude degustar. Cedolins tuvo distintos colores vocales a lo largo de la obra y un vibrato demasiado pronunciado en el agudo, así como cierto estatismo en todas sus apariciones aunque lo compensa con una musicalidad innata para Puccini. De Pisapia otro tanto para un Rodolfo que sin compararlo con nadie y menos en este teatro, parece olvidar la importancia de los pianos, puede que por miedo a verse tapado por su compatriota, apostando siempre por un agudo potente que le pierde interpretativamente.

Foto ©ACO

No hubo química en la pareja protagonista ni tampoco convicción para estos sesenteros de Pontiggia.

El segundo acto trajo lo mejor de la ópera con la irrupción del Vals de una Musetta frívola y elegante, convincente en lo vocal y actoral como seña de identidad de Beatriz Díaz, bien respondida por un Benoît tinerfeño que resultó un excelente comprimario (al igual que el Parpignol local Rubén Pérez) y sobre todos el citado Marcello, y ese concertante potente en todos que dejó buen sabor de boca. Muy bien el coro que dirige Olga Santana y excelente el infantil de Marcela Garrón, solista incluido, auténtica fiesta musical y visual.

Foto ©ACO

El descanso pareció enfriarnos para preparar ese cuadro hermoso y gélido del invierno parisino donde los dos enamorados recuerdan a sus parejas pero contagiando frialdad. Destacar la orquesta siempre presente y más implicada que los protagonistas con un Ranzani que logró unos momentos sonoros deliciosos para esa ambientación.

Foto ©ACO

Nueva pausa y un último acto que mantuvo la línea musical, menos pasión en el dúo protagonista, excelencia en el de reparto y desiguales emociones para un desenlace siempre emotivo del que me quedo con «qué buena es Musetta» incluso de amarillo, intimismo y delicadeza que la escena y partitura piden.

Buen final de (mi) temporada donde todavía quedan algunos coletazos y el balance de un curso marcado por las dudas que la crisis impone…

Dicha de Amor es la música

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El jueves 23 pude asistir en LAUDEO, organizado por Extensión Universitaria de Oviedo y el Departamento de Musicología a una nueva proyección en directo, esta vez desde el Teatro de la Zarzuela de Viento (es la dicha de Amor), «Poema lírico sobre El Deseo» basado en la zarzuela con libreto de Antonio de Zamora y música de José de Nebra, con dramaturgia de Andrés Lima a partir de poesía amorosa española de los siglos XVII al XXI, y este sábado 25 volví a escucharlo por Radio Clásica.

María Sanhuesa Fonseca nos dió una interesantísima conferencia previa a la representación que nos puso en antecedentes de lo que era la zarzuela barroca, los teatros, libretos, y sobre todo la figura del gran José de Nebra, a caballo entre el barroco y el clasicismo con un lenguaje musical capaz de alternar lo hispano con lo italiano, francés o incluso alemán. La única referencia que tengo de la obra es la grabación de 1995 (publicada en 1996) editada por el desaparecido sello Auvidis Valois «Viento es la dicha de amor» sin diálogos pero con un completo libreto que incluye textos de Andrés Ruiz Tarazona y y Alicia Lázaro. Al menos la doctora Sanhuesa avisó antes de ver la representación que el título no engañaba a nadie, «Poema lírico sobre El Deseo» con textos actualizados y escenografía de «última generación» donde aparece igualmente la maravillosa música de Nebra bajo la dirección y el clave de Alan Curtis al frente de la Orquesta Barroca de Sevilla, cantada (por orden de aparición) por las sopranos Beatriz Díaz (Amor) y Yolanda Auyanet (Liriope), la mezzo Clara Mouriz (Zéfiro), el tenor Gustavo De Gennaro (Marsias), más Ruth González (Delfa), Mercedes Arcuri (Ninfa) y el actor Alberto San Juan (Antenor) entre otros, junto a un excelente Coro del Teatro de la Zarzuela que dirige Antonio Fauró.

La idea de doblar cantantes y actores no es nueva (personalmente no me aportó nada) y la partitura es hermosa en sí, «llena de melodías pensadas para ser cantadas con fluidez y gracia» (Alicia Lázaro en el CD citado), con sucesión de coros, recitativos, arias, dúos y concertantes llenos de colorido, más una orquesta que funcionó a la perfección bajo la batuta del experto Curtis.

Destacar a la soprano asturiana Beatriz Díaz con este papel barroco nuevo y exigente en un registro grave que está creciendo pese a sacrificar un poco la dicción, excelente en cambio en el agudo que sigue siendo de respigar desde el aria inicial «Teme aleve fementido» a la final «Guerra publique, guerra» sobreponiéndose a trompetas con ese color tan personal. Geniales las coplas «Ay Dios aleve» y bien empastada en los concertantes.

La emergente mezzo vasca Clara Mouriz en ese papel masculino realmente agradecido vocalmente, aunque nuevamente tengamos dificultad en entender el texto, también resultó de mi agrado. Bien sus arias «Tórtola que carece» y «Selva florida», más el dúo «Albricias, Arcadia» realmente potente, creciendo a lo largo de la representación. Bien igualmente los personajes de la soprano canaria como Liriope y su paisana Delfa, así como la Ninfa argentina, siendo el tenor argentino Marsias mejor en la retransmisión radiofónica (excelente toma de sonido) que la televisada (por cierto con algunos fallos debidos a cámaras autónomas, como me informaron el jueves), aunque yo hubiese apostado por una cantante, incluso un contratenor.

De la puesta en escena llevada al «Balneario Arcadia» con fondo alpino tipo spa, excelente la iluminación de Valentín Álvarez, vestuario elegante de Beatriz Sanjuan incluyendo la lencería, pero crujiendo ese intento de modernizar o actualizar para un público nuevo que apenas acude y soliviantando al habitual que pasa por taquilla. Para empezar «Amor» no aparece disfrazado de zagal sino de Marilyn Monroe que continuará así en la Segunda Jornada (como se denominaban entonces los Actos), tal vez diosa furiosa.

En lo humano «Marsias» como cocinero puedo entenderlo en cuanto a interesado por el vino, la comida y las mujeres, sobre todo «Delfa» cual ¿encargada del comedor? ¿servir en vez de entretener? ¿a las ninfas?. De éstas como empleadas en el entorno acuático también servirían, pero supongo que la culpa es mía por conocer el argumento antes de asistir a la representación.

El detalle del rapto de una desnuda actriz con la bañera girando como en los tiovivos, está bien pensado pero se coló el sonido de las ruedas de por los micrófonos y será difícil quitar ese ruido extra caso de comercializar la producción en DVD. Como las imágenes que ilustran la entrada son de la representación, cada uno podrá opinar. Habrá quien me escriba diciendo que para gustos colores… claroscuros barrocos con luces y sombras.

Los poemas están muy bien elegidos (Ángel González, Valente, Hierro…) y apropiados para cada momento, aunque la forma de recitar de Alberto San Juan resultó algo cansina para mi gusto. El directo es lo que tiene y supongo que será difícil encontrar grandes declamadores en los castings. De su «pareja» mejor me callo todos los aspectos (incluso el físico).

La división de opiniones estaba servida antes del estreno, y la quinta función del sábado volvió a suscitar abucheos que seguramente los gestores achaquen a la edad. Creo que debemos dejar algo a nuestra imaginación y no ser tan explícitos. Estamos dando la comida ya masticada, puré que a la larga dejará dentaduras intactas de inútiles. ¿Son necesarias las escenas de «alto voltaje»? ¿el desfile la ropa interior? ¿desnudos cual aquélla «Fedra» de Espríu y Espert de finales de los 70? y un ballet que por momentos resultó excesivo pese a la coreografía de Sol Picó al «estilo Martha Graham» que podría triunfar per sé y descontextualizado.

Cierto que zarzuela es cantar, declamar, bailar, comprendo el «horror vacui» tan barroco, incluso puedo aceptar estas transmutaciones: ¿otro Viaje a Reims? ¿está barata la escenografía IKEA?. Pero al final no se debe olvidar la música y menos a los cantantes, auténticos protagonistas que tienen que actuar en no muy buenas condiciones. El barroco es exceso pero me quedo con el musical sobre el escénico. En estos tiempos de crisis (sobre todo de ideas) donde parecemos retroceder históricamente en muchos aspectos, el landismo parece ser reclamo para captar público en los teatros, ocupando más espacio en las críticas que el específicamente musical. Será que me crié con discos de vinilo y cintas….

La llegada del vídeo supuso todo un descubrimiento y los directos del Campoamor no podían olvidar el banco o la reja que servían para todo. El LaserDisc© me lo comí con patatas y me detuve en el DVD, porque el Blu-ray© nunca lo tuve claro. De la televisión nada de nada, algo más en los cines y sobre todo Internet, aunque la cadena de música y los CDs siguen a mi lado funcionando medio día.

Cumplir años es lo que tiene y debo estar volviéndome un viejo carca que se jubilará con 70 años si esto continúa así. Pero siempre nos quedará la música…

Más que un regalo musical de Reyes

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Sábado 5 de enero, 22:00 horas. Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. Concierto de Reyes: Beatriz Díaz (soprano), Real Filharmonía de Galicia, Manuel Hernández Silva (director). Obras de Mozart, Haydn y Schubert. Entrada: 15€.

«Noche mágica» titulaba a la salida de un concierto en horario nada habitual pero que tuvo una excelente entrada en la Sala Ángel Brage de acústica perfecta. La orquesta gallega es la excelencia musical en todas sus secciones y perfecta para el programa elegido. El maestro venezolano pergeñó una selección del clasicismo vienés que domina como nadie, transmitiendo todo su conocimiento a los profesores que funcionaron como el gran instrumento que es la orquesta cuando al frente se pone un director de la talla y carisma de Manuel Hernández Silva, quien además comentó cada obra con el humor y gracejo suyos haciendo gala de su vertiente pedagógica. El premio del roscón de Reyes fue la soprano asturiana Beatriz Díaz con unas arias operísticas nuevas pero ya plenamente integradas en una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y le abren un abanico de roles que eran impensables no hace mucho, unido a su teatralidad inconmensurable viviendo cada papel sobre el escenario, contagiando su saber estar y cantar a todos, algo que el director supo ver y sacar a flote.

El concierto comenzaba con la obertura de La Clemenza di Tito, KV 621 (Mozart) que sonó impecable en una orquesta dúctil y de sonoridad cristalina, conducida con gusto y dominio.

Papá Haydn nos trajo dos arias de la ópera jocosa La vera costanza, Hob. 28/8 para disfrutar de Beatriz Díaz en estado puro, verdadera constancia la suya: «Non s’innalza, non stride sdegnosa», la mandamás y metomentodo Baronesa Irene, papel de amplia gama dinámica y de tesitura perfectamente solventado por la allerana, y «Con un tenero sospiro» de la pescadora Rosina, dulzura y buen hacer global, metamorfósis total para dos interpretaciones casi antagónicas como bien explico el maestro Hernández Silva antes de escucharlas. Grandes ovaciones en esta primera aparición vocal lógicas por el resultado global, orquesta en su sitio y protagonismo vocal.

El «Menuetto» de la Sinfonía nº 3 en RE M, D. 200 (Schubert) sonó puramente vienés, «prevals» bien explicado por la acentuación de la tercera parte que los profesores de la Filharmonía bordaron al responder en total comunión con la batuta, entendimiento como si el maestro venezolano llevase con ellos toda la vida.

Y volvía el gran Mozart de Le Nozze di Figaro, KV 492, primero la Obertura «de disco», todas las notas dibujadas y escuchadas en una cuerda de lujo y un viento siempre claro, el preludio de esa ópera única en la historia lírica que más allá del libreto de Da Ponte la música del de Salzburgo ilumina. En el aria «Giunse alfin il momento» la orquesta fue un acompañamiento soñado para el gusto en grado sumo que derrochó Beatriz Díaz (alumna aventajada de La Freni) desde el recitativo, deleitando con unos pianissimi siempre presentes y arropados por la musicalidad de una orquesta de lujo funcionando como un único instrumento tocado por la batuta de Hernández Silva. Todo un descubrimiento esta Rosina «Condesa de Boo» que el público valoró con atronadores aplausos y varias salidas de la soprano para saludar.

Quedaba todavía la Sinfonía nº 35 en REM, KV 385 «Haffner» interpretada como nunca antes había escuchado en vivo, posible por la simbiosis de director y orquesta en una obra tan interiorizada por el venezolano quasi vienés (sus 20 años de residencia en la capital austriaca se notan siempre) que los cuatro movimientos fueron auténticas delicias, fuego, amor y rapidez máxima posible que el propio Mozart dejó anotado en la partitura estrenada en Salzburgo como bien nos contó el maestro: desde el Allegro con spirito, fogoso sin perder nunca ímpetu y abanico de dinámicas; el Andante auténtica declaración amorosa hecha música sinfónica, delicadeza en cada plano sonoro, en cada acento, en cada matiz, en cada intervención instrumental y sobre todo en cada gesto del director; un Menuetto sublime de paladeo en todo su desarrollo, incluyendo el trío; y ese Finale. Presto tan rápido y preclaro que sólo una orquesta con el virtuosismo unido a la calidad de la orquesta gallega es capaz, y Hernández Silva logró que lo diesen todo. Realmente apoteósica.

La noche mágica todavía nos depararía el «premio» de los roscones de reyes al volver Beatriz Díaz para regalarnos «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini), sorpresa y nueva lección interpretativa donde las cadenzas y rubati jugosos de esta nueva Rosina fueron engarzados con el oro directorial de Manuel al mando del instrumento sinfónico atento y respetuoso, escuchándose todos en ese juego musical que resultó esta joya cantada por la asturiana. El público rendido, nueva salva de aplausos y  BraBoos de izquierda a derecha del patio de butacas, un aria conocida y recreada que surgió por sorpresa añadiendo un nuevo papel en el amplio repertorio de nuestra adorada Beatriz Díaz.

La cuerda de la RFG soltó arcos y con el humor que solo la maestría de los grandes logran sacar de los profesores, cerraron la Noche Mágica con una Pizzicato Polka de los hermanos Johann y Josef Strauss que igualó las mejores de Año Nuevo por lo jugosa en matices, calderones, cambios de tempi… ¡Tan sólo faltó el triángulo para hacerla insuperable!

Imposible comenzar 2013 mejor. Gracias a la orquesta, a Beatriz y a mi admirado y querido Manolín… Esta vez llevé «MUCHO CUCHO®» personalmente y el regalo imperecedero.

Lágrimas doradas

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Viernes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Coro El León de Oro (LDO), Beatriz Díaz (soprano), Borja Quiza (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Sergio Rendine (1954), Debussy y Fauré.

Esta semana estoy bajo de moral por la pérdida de un amigo entrañable que el programa de esta tarde ayudó a mantenerlo vivo en mi memoria, con emociones diversas por muchos motivos y cercanías sobre el escenario.
El auténtico protagonista de la velada fue el coro que dirige Marco Gª de Paz, «El León de Oro» capaz  de afrontar con solvencia, seguridad y musicalidad en cada nota la obra que le encarguen, con el secreto del trabajo duro, un auténtico equipo que disfruta cantando y transmite ese amor coral a la legión de «leónigan» que les seguimos. Volvía a colaborar con la OvFi y no me extraña que se hagan asiduos porque sus actuaciones son siempre únicas.
Esta vez comenzaba el concierto con el estreno de Lamentum in mortem herois del napolitano Rendine, obra sinfónico-coral encargada por la orquesta ovetense, un auténtico «collage» desde un lenguaje actual deudor del antiguo como base, espíritu religioso en letra y música con reminiscencias del Ars Antiqva, Leonin, Perotin, Notre Dame… el origen de la llamada «música moderna», con cuartas y quintas, también el tritono pecaminoso y demoniaco como bien comenta Nuria Blanco en las notas al programa, de una orquestación rica en timbres organísticos donde la percusión y hasta dos gaitas (los directores de la Banda «Ciudad de Oviedo» El Pravianu y Guti fuera de escena) ambientan un medievo casi de película, obra llena de dificultades para todos, especialmente para el coro que con 42 voces sonó presente, rico en matices y recreando una obra que acabará sonando en muchos más escenarios, aunque LDO haya dado a luz esta obra que ruega por el alma de los muertos, con una dirección de Conti en su línea de contagiarnos su ímpetu, y aplaudiendo la idea de encargar obras a compositores de nuestro tiempo como es su compatriota Rendine.
Los tres Nocturnos (Debussy) volvieron a demostrar el excelente momento de la orquesta capitalina que ha dado un salto de calidad desde la llegada del director italiano. Cuidadoso del detalle optó por mimar la tímbrica en todas las secciones, desde unos timbales siempre aterciopelados (alguno que me sigue está pensando la enorme diferencia con «el otro») hasta una cuerda etérea pero limpia, arpas de ensueño: el rondó Nuages realmente blancas, luminosas, el viento como brisa dando sensación global y detallista al mismo tiempo; Fêtes trajo el colorido y la danza, banda de música sinfónica bien trazada (qué poco le gustaba a Don Claudio que calificasen su música de impresionista) y llevadas con decisión por Conti, hasta las Sirènes donde las voces blancas del LDO realmente enamoraron, vocalizaciones dificilísimas con poliritmias perfectas, mar dorado más que plateado para dejar flotando en el ambiente una espiritualidad preparatoria de la segunda parte.
Hay un libro del recordado Federico Sopeña que es de obligada lectura para comprender mejor el de esta triste tarde de viernes: El «Requiem» de la Música Romántica (Rialp, 1965), donde hace un estudio del Réquiem en Re m., Op. 48 de Fauré que no tiene desperdicio (como nada de lo que ha escrito el Padre Sopeña), considerándolo como la más significativa introducción a la música del organista y compositor parisino, emparedado y oscurecido entre el romanticismo y el impresionismo frente a la «apisonadora» de su compatriota Debussy, y tengo que seguir citándolo para poder expresar lo sentido en esta obra que amo desde lo profundo de mi espíritu «mundano» y poco creyente como el propio Fauré, que «sucumbre, no a la sensualidad, sino a un raro espíritu de esa sensualidad que se llama charme, encanto, sugestión para lo más fino y lo más peligroso de lo corporal».
Interpretación nada exagerada, adaptada a los medios y nuevamente el coro como protagonista, deleitándonos desde el Introit et Kyrie, seguro, empastado, celestial, con pianísimos siempre primorosos y fortes contenidos pero potentes como los ataques orquestales, avanzando con paso firme voces graves, blancas que siguen sorprendiendo, tutti, contrastes deslumbrantes sin perder sonoridad con una formación instrumental igualmente poderosa a la vez que delicada. Nueva luz en la entrada de la cuerda del Offertoire con el coro otra vez puro terciopelo vocal, y el tránsito con la primera intervención de Borja Quiza sobre la palabra Hostias, una de las cumbres de Fauré, registro rotundo, lleno, sin sentimentalismos pero sí de expresión que está más allá de lo amoroso-profano, color perfecto para esta obra que Sopeña tilda de «Encanto y austeridad» en el capítulo XI por ir contracorriente y no usar abundantes ni variadas intervenciones de solistas, sólo barítono y soprano. El Sanctus va trenzando esa espiral de coro y cuerda donde la orquesta estuvo plena, casi «parsifaliana», el «organístico» Hossana y el concertino cual remolino y trino final antes del cambio del Benedictus por el Pie Jesu que traería a nuestra asturiana Beatriz Díaz entonándolo como ella sabe aunque Monti optase por la brillantez en vez del recogimiento especialmente acentuado en esta parte de la obra. Emoción contenida e intensidad ajustada de la soprano allerana en su breve intervención.
Volvería el protagonismo coral con el Agnus Dei et Lux Aeterna subyugante, coro celestial recreándose en cada frase y matices, muchos en este número, sin olvidarme del órgano también importantísimo en la vida y obra de Fauré, magistralmente interpretado por el virtuoso Sergei Bezrodny, arrancando el emocionante, profundo y subyugante Libera Me con un Quiza y un LDO capaces de lograr convencernos de una ira de Dios con la orquesta entregada a lo que el compositor pretendía y Monti buscó: «feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experencia», final de trayecto In Paradisum, las mujeres angelicales, los hombres sustento, coro divinamente terrenal y último suspiro tras la contención del dolor y la angustia, consecución de una paz interior que sólo la música sinfónico-coral logra.

La Liù de Beatriz Díaz

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Viernes 23 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, tercer título de la LXV Temporada de Ópera de Oviedo: «Turandot» (Puccini). Función fuera de abono.

PERSONAJES E INTÉRPRETES: Turandot: Maribel Ortega; Emperador: Emilio Sánchez; Timur: Dario Russo; Calaf: Marc Heller; Liù: Beatriz Díaz; Ping: Manel Esteve; Pang: Vicenç Esteve; Pong: Mikeldi Atxalandabaso; Un mandarín: José Manuel Díaz; Príncipe de Persia: Jorge Rodríguez-Norton. Orquesta Oviedo Filarmonía, dirección musical: Gianluca Marcianò; Coro de la Ópera de Oviedo, director del coro: Patxi Aizpiri; Coro de niños Escuela de Música «Divertimento», director: Iván Román Busto.

Mi última «Turandot» en el Campoamor fue en 1975 donde tras la Mimí de «La Bohème» Mirella Freni afrontaba una Liù de auténtico delirio con un reparto encabezado por la ya desparecida Ángeles Gulín. En el 2012 la asturiana de Boo, Beatriz Díaz toma el relevo de su profesora italiana y coloca nuevamente el rol triunfante (como parece sucedió con Eri Nakamura en el estreno de abono), auténtica figura en esta «función joven» y la más aplaudida de toda la representación, recreando un personaje que parece escrito para ella como ya lo hiciese en el Euskalduna en mayo de 2008. Lástima que el resto del reparto no estuviese a su altura, pues la música de Puccini requiere un equilibrio de todo difícil de conseguir, y precisamente faltó.

Beatriz Díaz de amarillo para romper gafes, ya en sus primeras notas en «Il mio vecchio è caduto!», lazarillo de un Timur que estuvo a buen nivel, marcaría distancias con el resto, «Signore ascolta», hasta el final «per non vederlo più!» realmente epílogo para Puccini. Su presencia llena la escena en una producción casi estática, con una línea de canto impecable, homogénea, poderosa en los fortes y generosa en unos pianissimi que flotaban angelicales por encima del ejército orquestal que el de Lucca despliega en su obra póstuma. La musicalidad de la asturiana sigue siendo emocionante y ver cómo se mete en el papel contagia y enamora a todos. Credibilidad global y arias para degustar, auténtica triunfadora («BraBoo» diría M) que se perdieron los abonados.

Bien el trío ya rodado de las tres funciones anteriores donde brilló más Ping hermano barítono que Pang, con el bilbaino Pong equilibrando los conjuntos tanto vocal como escénicamente sin abusar de la bis cómica. Aseada aunque algo forzada la Turandot de Maribel Ortega, en parte por la ubicación en lo alto de la escalera de caracol que hacía presente su voz perdiendo colorido, de registros heterogéneos y matices poco logrados, sacando adelante su papel de «mala de la película» con profesionalidad y bien vestida.

El Calaf de Marc Heller resultó desigual, con potencia a costa de esfuerzo y detrimento de color, olvidando que su personaje va más allá de las notas, enigma que no resolvió ni en el esperado «Nessun dorma».

El coro algo mermado de efectivos cumplió aunque fue cayendo y calando en el difícil final (aunque no hay nada fácil en «Turandot»), notándosele cansado. Muy bien entre bastidores el coro infantil, afinado y con volumen suficiente.

De Marcianò puedo compartir la crítica de otra función en la web «Codalario» de Aurelio M. Seco, incluso la de Abeledo en LNE, buscando más el efectismo en los fortissimi y crescendi que el plano adecuado para complementar el canto, pues la rica y expresionista orquestación del último Puccini es lo que requiere, y la OvFi cumplió con lo que el maestro les exigió, confirmando su buen papel en un foso que se les quedó pequeño.

Por último la sencilla y económica escenografía de Susana Gómez no desentonó en absoluto, austeridad y calidad con los pocos recursos que tuvo perfectamente utilizados, y pese a haber leído algo negativo sobre la escalera de caracol central, personalmente me gustó y funcionó en el agradecido escenario giratorio que dio juego junto a la iluminación y vestuario en conjunto.

Muerte con triunfo del amor y el sacrificio, larga vida para Liù que siempre sale victoriosa y una Beatriz Díaz que nunca pide a gritos sino con trabajo bien hecho más protagonismo en su casa. En tiempos de crisis es una inversión rentable, el llenazo indicativo y los aplausos para ella un toque de atención para quien quiera escuchar.

Magia y heroismo

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Viernes 16 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 4 OSPA, Suyoen Kim (violín), Gilbert Varga (director). Obras de Beethoven y Dvorak.
Concierto que nos dejó huella con un repertorio calificado en cierto modo de «heróico» como escribe en las notas al programa Asier Vallejo Ugarte (enlazadas en los nombres de los compositores) lo que siempre se agradece, en especial cuando confluyen un conductor serio, riguroso, y una solista joven e impactante que debutaba en España sustituyendo a otro joven prodigio como Kristóf Baráti, aunque creo que todos ganamos con el cambio por esta alemana de origen coreano que es Suyoen Kim, 24 años pero con una trayectoria que ha unido esa técnica oriental con el vigor germano bien tamizado por la escuela rusa. Mis queridos daneses la bautizaron hace nueve años en el diario Jyllands-Posten (el de las caricaturas de Mahoma) como «nueva estrella mundial», y no se equivocaron.

El Concierto para violín en RE M., Op. 61 (Beethoven) compuesto en 1806 es una de esas joyas universales de la literatura musical que la propia Kim tiene en su repertorio hace años, ahora más maduro, pletórico, romántico, de sonoridades potentes en ese Stradivarius «exCroall» de 1684 patrocinado por Portigon AG (Baráti hubiese traído el «Lady Harmsworth» de 1703), con una orquesta que sonó como nunca, todo un bloque bien ensamblado y unificado con el rigor del maestro Varga, planos sonoros en su sitio ¡hasta los de Mr. Prentice!, medidas exactas, tal como están escritas, acompañamiento delicado, un dúo de trompas de terciopelo, sacando de todas y cada una de las secciones de la OSPA una identidad que ojalá no se pierda, con muchos atriles jóvenes en esta primera parte, gustándose, escuchándose, disfrutando con violinista y director, compartido por el respetable. El inicio de los timbales y la larga introducción orquestal del Allegro ma non troppo

lograron la magia (siempre en lucha herórica con un ejército de toses sincopadas que va en aumento) desde el primer instante, incisivo, potente, sinfónico, y la aparición del violín de Suyoen Kim auténtica seda, musicalidad en cada arco, en cada trino, dobles cuerdas imposibles y una cadencia impactante. El Larghetto resultó cautivador, nuevamente mágico en intimidad compartida por solista y orquesta con el maestro atento a todos los detalles, sin perder nunca la vista en la protagonista, incluyendo el arranque seguro del Rondó: Allegro, enérgico, dinámico, con el tempo giusto y humorístico… rigor y vigor que apuntaba como primeros calificativos al finalizar el concierto. Magia orquestal donde tengo que destacar el dúo del violín con Mascarell en la línea de empaste y musicalidad de esta maravilla concertística, y el fraseo con los cellos realmente de filigrana sonora bien llevado por Varga.

Varias salidas tras los aplausos de un público entregado a la interpretación de la germanocoreana también agradecida a sus compañeros en este viaje heróico todavía dejó una propina «Little bird», pajarillo de nuestro tiempo en alarde técnico sin perder un ápice la misma delicada fuerza demostrada en el concierto beethoveniano.

La Sinfonía nº 7 en Re m., op. 70 (Dvorak) continuaría en cierto modo el heroismo y admiración por el genio de Bonn, tamizada por el de Hamburgo, con una amplia plantilla, la habitual con algún refuerzo, obra memorizada e interiorizada por el maestro inglés, hijo y alumno del violinista húngaro Tibor Varga (1921-2003), lo que permitió una lección de cómo dirigir esta obra sacando nuevamente lo mejor de la orquesta asturiana. La sombra amenazante de los graves con que arranca el Allegro maestoso fue ganando en dramatismo, cuerda hiriente sin chirriar, maderas a dos pero todas a una, metales potentes, timbales en su sitio, momentos líricos en violines y flautas, remanso en el Poco adagio, sin perder la melancólica tristeza con un clarinete idílico de Andreas en su intervención, y Varga dibujando cada detalle, atento a cada matiz, dinámicas bien cuidadas sin perder rotundidad, casi organístico. El Scherzo: Vivace sincopado, casi danzante cual vals brillante devolvió una oscuridad sin tragedias, interiorizada para concluir con el Finale: Allegro titánico, broche de oro para una sinfonía continuadora de la magia que flotó en el ambiente, luces y sombras con triunfo sonoro gracias a la simbiosis musical conseguida por un director con música en sus genes. Grabado por Radio Clásica tendremos que estar atentos a la programación para rememorar un día mágico.

Me perderé la vuelta de Milanov con un programa «Diaghilev» que me llama, pero en la Ópera del Campoamor Beatriz Díaz como Liù ejerce un magnetismo único… aunque Santander está cerca para un sábado de un noviembre cargadísimo.

Ainhoa Arteta vuelve a enamorar

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Sábado 27 de octubre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ainhoa Arteta (soprano), Juan Jesús Rodríguez (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi.
Vuelven los Conciertos del Auditorio y nada mejor en plena temporada operística que un programa lírico donde Ainhoa Arteta regresaba a la capital del Principado en compañía de Juan Jesús Rodríguez (hicieron juntos La Bohème del Maestranza con mi querida Beatriz Díaz) acompañada de la OvFi y su titular Marzio Conti que, como la orquesta, están en momentos dulces desde el foso pese a saltar a escena en esta fría tarde sabatina, totalmente rodados, ensamblados, gustándose y cumpliendo el no siempre agradecido papel acompañante, pues cuando la voz es protagonista se hace difícil estar a la misma altura.
Sin entrar en la organización del programa -algunos vecinos de localidad hasta discutían-, la verdad que el público asturiano, sobremanera el lírico tan abundante en la capital, disfrutó de una velada donde la tolosarra se reencontró y volvió a enamorarnos dándolo todo de principio a fin, lo que siempre le agradeceremos.
Mozart es apuesta segura cuando hay calidad, y no faltó en la primera parte. Está bien comenzar con Le nozze di Figaro y su obertura porque anima el espíritu, esta vez sin prisas, preparando las dos arias siguientes con la orquesta calentando motores, que suelo decir, porque la tarde daría para mucho.

El recitativo y aria del Conde «Hai già vinta la causa… Vedro mentrió suspiro» fue la entrada en escena del barítono onubense, más realidad que promesa, sin importarle compartir planos sonoros con la formación carbayona pese a lo que ello supone vocalmente, no se amilanó y tuteó a la masa instrumental.

Otro tanto vendría a continuación, aunque la Condesa guipuzcoana, elegante de blanco y negro, estaba portentosa y pletórica para cantarnos «Porgi amor», presentimiento de gozo vespertino con una voz casi nueva, con cuerpo en todos los registros y decidida a cautivarnos, algo más mimada desde el atril pero igualmente exigente.
El cambio dramático llegó con Don Giovanni y su obertura que sigue siendo una joya, estuvo bien interpretada y entendida por el maestro Conti, hoy en su salsa. La mandolina de mi querido y admirado Héctor Braga acompañó perfectamente el aria «Deh, viene alla finestra» bien cantada por Juan Jesús, gustándose, creíble de inicio a fin, relevado en la escena por Donna Elvira Arteta con el recitativo y aria «In quali eccesi, o Numi… Mi tradi quell’alma ingrata«, magisterio del agradecido y siempre engañoso Wolfgi lleno de guiños bien entendidos por La Diva ya sin estola, que hoy ejerció rematando faena y transformación camaleónica a Zerlinna con el duetto «La ci darem la mano« que nos dejó el empaste y musicalidad en ambos intérpretes contagiando la química escénica siempre necesaria al respetable, con una concertación del director florentino capaz de sacar lo mejor de una orquesta pensada para el foso pero que se crece en el escenario.

La segunda parte volvería al esquema de arias alternadas con preludios e intermedios orquestales para cerrar en dúo. Primero Pagliacci (Leoncavallo) y el Aria de Tonio «Si può?« con Juan Jesús Rodríguez impresionante, dramático sin aspavientos, convincente y bien acompañado que levantó una gran y merecida ovación, compartiendo protagonismo.

Puccini es inimitable y uno de los grandes conocedores no ya de la voz sino de la dramaturgia orquestal, y Manon Lescaut es obra de referencia. Su Intermezzo sonó desgarrador gracias al cello de Gabriel Ureña -pidiendo a gritos más conciertos solistas por su calidad, calidez y musicalidad- bien secundado por el viola Igor Sulyga y el concertino Andrei Mijlin, en una de las páginas instrumentales más logradas de la historia lírica, que la Oviedo Filarmonía desgranó al detalle. El plato fuerte llegó con el aria de Manon Arteta «Sola, perduta, abbandonata» acompañada, encontrada y bien arropada, plenitud vocal y dramática en esta auténtica recreación de nuestra soprano con Conti haciendo de su orquesta una, «el instrumento» para lograr la excelencia.

Y Verdi cerraría este recital lírico como no podía ser menos, en un orden cambiado al primar cuestiones vocales más que argumentales. Germont Rodríguez nos regaló «Di Provenza…» merecedor del completo escénico aunque cerrando los ojos nos situase perfectamente, registro homogéneo de color, dinámicas amplias y musicalidad cantabile que le dará muchos triunfos en un barítono calificado de verdiano. Violeta Arteta le relevó con la emocionantísima «Addio del passato« que resultó única, sin medias tintas, volcada con el personaje en todos los aspectos, provocándome la carne de gallina que sólo las grandes son capaces, delicia y dolor hechos voz.

Merecida pausa que rebobinó musicalmente al Preludio, otra vuelta de tuerca orquestal para la formación ovetense que está en buena forma lírica, cuerdas claras e incisivas, vientos nunca estridentes y percusión en su sitio, conjunto idóneo para la música escénica, «sorbete de limón» idóneo para el esperado final, Germont y Violeta en «el dúo» intenso para ambos personajes que puso en lo más alto un concierto de categoría especial, Juan Jesús Rodríguez convincente hasta en el bastón, suegro intimidador convertido en padre complaciente con una Ainhoa Arteta enamorada hasta los tuétanos y comprensiva desde el mayor de los sufrimientos que es sacrificarse por el Alfredo ausente. Qué final más intenso en todos los sentidos y éxito merecido para los protagonistas con un nivel del que orquesta y titular fueron copartícipes, consiguiendo cuadrar el círculo siempre difícil en estos conciertos.

El dúo del primer acto de Luisa Fernanda (Moreno Torroba) devolvió al Vidal onubense un protagonismo que nunca perdió gracias a una Luisa Arteta que se reconcilió con todos, Diva cercana y enamorada retornando al Olimpo abandonado, e igualando nuestra zarzuela a la ópera cuando las voces ponen su arte al servicio de la partitura. Oviedo sabe del tema, su orquesta también, y el público lo agradece.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

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