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El invierno de la vida

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Jueves 3 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Matthias Goerne (barítono), Markus Hinterhäuser (piano). Winterreise (Viaje de invierno), D. 911 (Franz Schubert).

Inscribir este concierto o recital dentro de las Jornadas de Piano tiene todo el sentido, aunque estemos ante uno de los grandes ciclos de lieder, pues la voz no puede ser protagonista sin el hermanamiento con el piano en los 24 poemas de Wilhem Muller a los que la música del «Príncipe del Lied» eleva a la máxima categoría lírica camerística.
Hace años que conozco este Schubert romántico en la voz de Dietrich Fischer-Dieskau y su «alter ego» Gerald Moore, disfrutar de la reedición digitalizada, mi acercamiento a la lengua de Goethe y el estudio concienzudo publicado (y agotado) en Alianza Música del barítono alemán al que siempre hay que volver, más aún para este recital lleno de emociones vitales con los actuales «defensores» del género musical y poético por excelencia junto a Ian Bostridge, el alumno aventajado Goerne y el pianista Hinterhäuser.
Recital intimista con menos público del esperado para un excelente tándem Goerne-Hinterhäuser, la conjunción schubertiana de la poesía marcando cada nota, cada palabra, cada verso, momentos pictóricos donde el piano pinta el paisaje y la voz los personajes, todo un lienzo sonoro con sobretítulos y traducción que nos hicieron valorar más cada uno de los poemas de Muller.
Sin pausa pero sin prisas, comenzando con las «Buenas noches» que cierran y abren ciclos vitales, la despedida del molinero que el arroyo acoge y un nuevo adiós del último viaje, el caminante, de la mano voz y piano, ya en la madurez, las metáforas del invierno como última etapa no exenta de recuerdos a su amada y «sueños primaverales» con simbolismos bien dramatizados por un Goerne casi bardo, explorando cada registro, su grave potente, los agudos filando la sílaba exacta, con un piano de por sí romántico, nada «veleta» en buena compenetración, postura encogida como el alma de Schubert, subrayando intenciones, paleta desde la amplia pincelada al brochazo expresivo, pudiendo escucharse con un actor declamando y sintiendo las dos docenas escénicas.
Primera parte de versos fluidos como un «torrente» y tranquilamente brillante cual «tilo» totémico, con «descanso» tras el «fuego fatuo» y antes de las flores soñadas hasta la «Soledad» sonora. El caminante Goerne con el bastón de Hinterhäuser, versos escalofriantes para un Schubert enfermo, tránsito lleno del dolor espiritual, el del alma que parece más intenso.
Las otras doce canciones aún más introspectivas (recomendables las siempre acertadas palabras de mi querido Luis Suñén en las notas al programa), reflexivas, la crisis invernal con «la cabeza gris», Goerne dramatizando con su amplio canto y gestualidad tan personal como su acercamiento a Schubert, el arranque tras «El correo» bien anunciado por Hinterhäuser, recordándome a Mahler, la amenazante compañera «corneja» que oscurece y enerva con una melodía intrigante, los cambios de tono y de color que en la voz del barítono alemán encuentran la pincelada exacta para mantener la «Ultima esperanza«, la rápida parada «En el pueblo» y volver al miedo de una «Mañana de tormenta«, la gama de grises del piano y la voz que no quitan nunca «ilusión» pues en este viaje invernal cada vez se atisba más claramente el final.
Una referencia del trecho andado es «El mojón» y por supuesto mucho «Coraje» que no sería aún el adiós sino la última escena de la rueca de la zanfona, de la molinera, la del organillo callejero o del ciego zanfonista (Der Leiermann) al que se une el canto solidario acompañado por un piano casi quejumbroso tras «Los falsos soles» en un viaje que rompe el hielo para una inmersión profunda y personal.
El lied como máxima expresión dramática compartida y reducida al salón romántico en el que Matthias Goerne y Markus Hinterhäuser convirtieron el auditorio, y donde los móviles volvieron a romper la magia siempre en los momentos más delicados. Si las mascarillas parece vinieron a acallar toses, habrá que esperar una pandemia telefónica para que se silencien, pues la educación y saber estar parecen perdidos en un siglo tecnológico, deshumanizado, donde solo parece primar lo inmediato. El viaje de invierno es lento pero inevitable, y su disfrute no admite interferencias.

Jaroussky cercano

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Miércoles 26 de enero, 20:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: À SA GUITARE. Philippe Jaroussky (contratenor), Thibaut Garcia (guitarra). Obras de Poulenc, Giordani, Caccini, Dowland, Purcell, Mozart, Paisiello, Rossini, Matos Rodríguez, Granados, Schubert, Fauré, Barbara, Lorca, Bonfá, Reis, Ramírez y Britten.

Segundo concierto del triplete de contratenores con otro conocido de la afición como Philippe Jaroussky, esta vez con el guitarrista Thibaut Garcia, la unión de dos mundos, estilos, ambientes, casi una velada íntima para un auditorio con excelente entrada que respiró la cercanía de dos artistas con vínculos españoles en perfecta armonía, comentando los temas y su organización en distintos bloques, bromeando entre ellos y levantando algunos excesivos «bravos» que rompieron la tranquilidad y recogimiento que transmitieron tanto los artistas como la tenue iluminación y una sonorización cuidadísima, amplificación tan bien mezclada que ayudó a redondear un recital de los que llamo para «omnívoros» por la variedad.

Como si de la presentación que hacen las figuras internacionales de sus trabajos discográficos, el recital mantuvo esa estructura, la del CD homónimo al título del concierto, alternando solamente el orden,  con abundante música francesa como era de esperar, algún guiño al repertorio barroco que el contratenor lleva años defendiendo, por supuesto la música «ligera» de mi tiempo, esa que también se ha convertido en clásica, y por supuesto las intervenciones solitas del guitarrista hispanofrancés que demostró sus dotes no ya de acompañante ideal para este formato de repertorio sino un transcriptor de páginas con piano que en la guitarra toman un color casi de salón. Si la séptima cuerda, como bien escribe María Sanhuesa en las notas al programa (enlazadas arriba en obras) es la voz, este concierto, con duración más allá de noventa minutos, fue un auténtico placer para seguir situando a Oviedo como «la Viena española».

Imposible detallar las dos decenas largas de obras, incluyendo las dos propinas, pero quiero destacar el acercamiento al popular García Lorca y su Anda, jaleo con una guitarra cercana al flamenco como bien comentó el propio Thibaut, mucho más «verdadero» que la «maja» de Granados, las canciones de Poulenc, la primera dando el título a la grabación y el concierto, el siempre bello y sentido lirismo de Fauré que Jaroussky con García dejaron para el recuerdo, incluso el Britten «francés» atemporal o el más reciente Septembre de Barbara (1930-1997) porque no había «enero» que bromeó el contratenor. La mezcla de estilos en una voz que adopta y adapta cualquier canción que con la guitarra las hacen actuales y para todos los públicos. Incluso el «tributo» a los laudistas como Dowland que nuestro instrumento identitario engrandece en color y sonido.

Interesante el acercamiento sudamericano, tanto en la versionadísima Mañana de Carnaval en «brasileño» como en la argentina Alfonsina y el mar naturales y que demuestran la versatilidad de estilos tanto de los intérpretes como de estas páginas ya atemporales de las que todos tenemos nuestras referencias.

Al principio citaba el enorme trabajo de Thibaut García como solista y transcriptor, dejándonos La cumparsita uruguaya a nivel concertístico o el Xodó de Baiana (Dilermando Reis), lo popular con la calidad camerística. Pero personalmente me impactó el Schubert elegido, esos elfos (Erikönig D 328) sobre un texto de Goethe que la guitarra francesa «robó» al piano alemán y el contratenor interpretó con el dominio del siempre exigente lied que en esta interpretación demostró la excelente idea de este dúo. Interesantes igualmente las transcripciones de Giordani o Paisiello que todo estudiante de canto conoce pero que con Jaroussky alcanzan la excelencia.

Concierto original y variado como el público, satisfechos y con la amabilidad de siempre por parte de unos intérpretes cercanos siendo estrellas mundiales, sin divismos, firmando autógrafos y fotografiándose con todos, como ya hiciese hace tres años cuando el mundo era más sano y las mascarillas no robaban sonrisas.

Impagable Fagioli

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Sábado 22 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: «Naturaleza & tormentos». Franco Fagioli (contratenor), Gabetta Consort, Andrés Gabetta (violín y director). Obras de: Purcell, Vinci, Händel, Porpora, Vivaldi y Locatelli.

La capital asturiana a quien llamo hace tiempo «La Viena española» por su oferta musical amplia y variada, la misma de la que el concejal de cultura José Costillas en FITUR dice «ha quitado a la ciudad el sambenito de ciudad burguesa y aburrida en la que no pasaba nada«,  prosigue su lujo de programación con el primero de los tres conciertos dedicados a los contratenores que ahora mismo ocupan la cima de este registro, aún sorprendente para muchos.

No es cuestión de rankings pero el hispano argentino Franco Fagioli, que ya me entusiasmase en su anterior visita hace cuatro años «trayéndonos la primavera», ha dejado el listón tan alto que a punto estuve de titular esta entrada como Al filo de lo imposible pero mejor evitar confusiones con el programa de Sebastián Álvaro aunque haya retos musicales que merecen el mismo respeto. Esta vez la fusión de naturaleza y tormento fue digna de «los 14 ochomiles» demostrando de nuevo que no hay nada imposible.

El programa elegido para este tour de Barcelona a París con la parada obligada en Oviedo, está al alcance de pocos cantantes, un maratón vocal mucho más duro que toda una ópera y que exige no solo dramatizar cada personaje de las arias sino todo un esfuerzo físico que convierte a estos virtuosos en auténticos atletas del canto.

Es un placer escuchar pero también ver a Fagioli cómo respira, su gestualidad, su técnica asombrosa, sus fiatos, su perfecta dicción, su amplísimo registro donde los graves son rotundos y sus agilidades un verdadero derroche de gusto y entrega. Nada de artificio, la naturalidad del canto barroco, el auténtico bel canto de la época que instrumentaliza la voz. Y si además la arropa unos músicos como los de Andrés Gabetta al mando de este «consort», el resultado es redondo e impagable, pues hasta el violín solista cantó con la misma belleza que el contratenor argentino en Vivaldi y Locatelli.

Arias lentas y rápidas para degustar el canto legato del tucumano y corroborar la belleza de estas páginas, la genialidad de Händel, la grandeza de Vinci o el oficio del maestro Porpora. Bien organizado todo el programa que nos llevó hasta las 22:30 de la noche en un verdadero suspiro, con apenas los necesarios descansos que nos dejaron al Gabetta Consort dos conciertos vivaldianos de altura, más el de Locatelli con mi admirado Jorge Jiménez ejerciendo de concertino y la muestra de la sabia elección de los músicos por parte de su director Andrés Gabetta, no solo excelente violinista sino un perfecto concertador de esta música barroca que volvió a llenar el auditorio ovetense. De su formación también citar la impecable y bien sentida tiorba de Miguel Rincón, auténticas perlas en el continuo, y el fagot de Alessandro Nasello sobre todo en el «pastor» final de Händel así como la flauta del «ruiseñor» vinciano en feliz contestación al vocal de Fagioli.

Cada personaje, cada aria, cada intervención del contratenor logró quitarnos la respiración como si vampirizase el aire del respetable, aunque imposible apagar móviles que parecen volvernos a la post-normalidad de la pandemia. Las tres arias de Leo Vinci (1690-1730) equiparables en belleza al todopoderoso Händel de cuya Ariodante nos dejó Fagioli los momentos álgidos en un auténtico crescendo emocional incluso en el regalo Come nube de «Agripina y el triunfo del tiempo», el que detuvo este contratenor que sigue alternando escena y recital, esperando la terna completa con Jarouski y Orlinski que espero contar desde aquí, pero este frío sábado de enero con un Fagioli impagable hará difícil superarlo.

P.D.: Entrevista de este sábado en LNE:

Francia a cuatro manos

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Jueves 20 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Lucas & Arthur Jussen (dúo de piano), Ensemble de la Filarmónica de Berlín. Obras de: Dvořák, Poulenc, Ravel y Saint-Saëns.

Volvían a Oviedo para celebrar los 30 años de estas Jornadas de Piano los hermanos Jussen (tras su paso por Barcelona), von una compañía de auténtico lujo como los ocho componentes de «los berliners» entre los que se encontraba un conocido de la afición ovetense, el violista Joaquín Riquelme, auténtico «dinamizador» de sus compañeros que casi ejerció de maestro de ceremonias. Lucas Jussen (27 de febrero de 1993) y Arthur Jussen (28 de septiembre de 1996) nunca defraudan y menos en las obras elegidas, todas francesas y en combinaciones para disfrutarlos a pares: a cuatro manos, con dos pianos y en formato camerístico rodeados de un ensemble auténticamente formidable que hizo las delicias de un público que vuelve con hambre de música recuperando aforos y manteniendo la mascarilla entre otras medidas de prevención.

Para abrir boca y gozar de los «berlineses«, el quinteto de cuerda puso la nota checa con Dvořák y su Quinteto de cuerda nº 2 en sol mayor, op. 77, cuatro movimientos que sonaron «de disco», tal es el entendimiento y sonido de estos cinco virtuosos del arco, fraseos delineados, sonoridades compactas ricas  en matices, minuciosos en la afinación (tras cada movimiento) y detallistas que sacaron de esta perla camerística lo mejor de ella, fuego en el primer movimiento, vértigo unificado en el segundo, la calma de una «respiración única» en el tercero y un final sobresaliente, auténtica lección y aperitivo para paladares exquisitos dentro del menú francés que trajeron los hermanos holandeses.

La Sonata para piano a cuatro manos, FP8 (Poulenc) comenzó impetuosa, casi sin respiro con el Prélude enérgico donde la «coreografía» iba no ya en las manos sino en los propios gestos de los hermanos. Como escribía el gran Sir Neville Marriner «Te das cuenta de que no es normal. No son sólo dos buenos pianistas tocando juntos: ambos sienten exactamente los detalles más sutiles de la interpretación del otro». Maravilla de sonata con el sello inconfundible del Rústique Poulenc capaz de volcar en 20 dedos todo un mundo orgánico coronado en el vertiginoso, además de virtuoso Final que estos hermanos interpretan desde la unidad genética que tantos ejemplos ha dado en este repertorio.

Aún quedaban dos pianos, el de Ravel, inspirado escribiendo igualmente para una mano izquierda como en esta versión de La Valse, M.72 (en Barcelona los Jussen optaron por las cuatro manos de Mi madre la oca, más imbricada con la última obra del programa ovetense), el mundo sinfónico lleno de color que con un piano a pares consigue una cercanía difícil de alcanzar pero tan rica y sentida dentro de ese encaje perfecto de los hermanos. Impresiona cerrar los ojos para escuchar el «piano imposible», duplicado y casi en espejo, con el hermano mayor siempre de «grave sustento» para hacer brillar al pequeño, la luminosidad por partida doble.

La juventud tiene en estos dos holandeses (desconozco el gentilicio de los Países Bajos como ahora denominan al país de los tulipanes) buen reflejo para sus contemporáneos y seguidores, especialmente en las hoy cenagosas redes sociales donde verles y escucharles es un oasis entre tanta miseria humana. Elegir El carnaval de los animales (Saint-Saëns) creo que es una excelente opción más allá del carácter didáctico que pueda tener, pues contar con un octeto de tanta altura como el que trajeron para ofrecernos la versión original, fue un regalo para todo melómano.

Simon Rössler al «glockenspiel» y marimba solamente para esta obra, como el flautista Egor Egorkin con algo más de protagonismo, son lujos casi inalcanzables, y no digamos el principal berlinés de clarinete Wenzel Fuchs, un «cuco» de ensueño con el nivel de este solista mundial que también puso el toque de comicidad incluso marcándole la pulsación en las escalas del menor de los Jussen en los Pianistas animales. No podemos olvidarnos de cada intervención estelar, irreprochables y perfectas, desde El elefante Gunars Upatnieks, pasando por los cacareos de gallinas y rebuznos de asnos (nada burros) con Luis Felipe Coelho y Álvaro Parra, más el emocionante cisne de Solène Kermarrec. Por supuesto completaron este elenco de figuras internacionales los hermanos en los pianos sonando como uno desde la grandeza y entendimiento rozando la deseada perfección en su ejecución, realmente todo el conjunto, disfrutando y sonando impecable, encajado y «ensamblado» con el rigor germano aunque con «mano de obra» internacional.

El ejemplo del trabajo en equipo sintiendo y viviendo la música con una calidad «brutal» (como dice ahora la gente joven) se coronó con ese Finale bisado tras un nuevo éxito de los hermanos Jussen con una compañía de ocho inmensos solistas unidos para ofrecernos la crème de la crème del mundo camerístico.

P. D.: Dejo a continuación el artículo publicado el pasado martes en el diario La Nueva España.

Pasión juvenil

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Miércoles 19 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: concierto 2027 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Henar Fernández Clavel (piano). Obras de Beethoven, Bach, Mendelssohn, Chaminade, Saint-Saëns, Albéniz, Turina, Falla, Granados y Lecuona.

Henar Fernández Clavel (Avilés 2006) es una joven de su generación, tal vez «rara avis» entre sus iguales de estudios obligatorios, pero que tiene un don especial para el piano, buen ejemplo de la cantera «del Orbón». Posee una musicalidad innata, personalidad, talento, ingenio, evidentemente muchas horas de estudio y buenos profesores. Gracias a «La Castalia» y el RIDEA ha ofrecido este concierto en la Filarmónica de Oviedo que siempre se ha caracterizado por apoyar las promesas asturianas desde su fundación, y en esta nueva época busca igualmente ir renovando un público necesario para mantener ese escaparate que supone la llamada «música de cámara», antesala pedagógica para dar el salto a las grandes salas de conciertos y teatros de ópera que Oviedo tiene como mejor tarjeta de visita.

Henar Fernández Clavel, a punto de cumplir 16 años en abril, es desparpajo en estado puro, comunicadora que llega al público sin complejos aunque no deba olvidarse del necesario rigor en el estudio de las partituras, la técnica (que nunca termina para poder darlo todo) al servicio de la música.

La pianista avilesina es un torbellino emocional que se aprecia incluso al salir a escena y sentarse al piano, con una madurez poco habitual para su corta edad e incluso con tics de muchos  grandes de las 88 teclas. Pero ese ímpetu puede impedirle el necesario reposo para afrontar las páginas que nos trajo al Filarmónica, obras de estudio y trabajo en el conservatorio que van más allá de los exámenes. Es envidiable el empuje juvenil efervescente y explosivo, demasiado acelerado por momentos que impiden un fraseo más limpio, obligándola a meterse en «demasiados charcos» (cierto es que de los errores también se aprende y ayudan a superarse).

Obras de enjundia ya desde el primer movimiento de la sonata Patética de Beethoven, más «apasionada» a la que eché de menos el siguiente movimiento que frenase un poco sus revoluciones (como en los vinilos de mi época), o esa Fantasía bachiana que deberá tomarse como entrenamiento diario o desayuno musical, mejor a mitad de velocidad para ir «desengrasando dedos» y acelerar un poco cada semana. Las palabras de la romanza de Mendelssohn las puso con la pasión que envolvió todo el concierto, pero los «arabescos» de Cécile Chaminade también requieren respirar hondo. Henar seguramente conoce los «trucos» para alcanzar su deseado virtuosismo más allá del impacto para el gran público, y el dibujo es la base de la pintura. Sus profesores la guiarán por el buen camino y está en él. Totalmente de acuerdo con su versión del Allegro appassionato (Saint-Saëns), fogosa y digna de virtuosos, al que nuevamente pediría rigor y exactitud pese a la dificultad extrema, limpieza en las notas aunque suponga menos carga emotiva y más trabajo duro, cabeza y corazón en la proporción ideal que los años aún desequilibran hacia el segundo.

Tras el merecido y necesario descanso, la parte de música española estuvo bien enfocada y el poso lo darán los años que seguro la llevarán a afrontar estas partituras de forma precisa y clara, porque sentido musical y talento le sobra a la avilesina, con detalles dignos de una intérprete con larga trayectoria que van descubriendo más allá de nuestra tierra. La «orgía» pianística de Turina bañó incluso la propina totalmente «fogosa» de Falla, de agradecer la entrega en cada obra, «añorando» unos tempi más llevaderos en pos del rigor y aplaudiendo el valor de enfrentarse al público. El exceso de velocidad no suele ser buen compañeros de viaje y provoca demasiados accidentes, pero los años la harán más prudente y segura.

Agradeció a todos tras el «aperitivo» beethoveniano el apoyo y oportunidad de «presentarse en sociedad» (especialmente a Begoña G. Tamargo, luchadora y defensora como pocos) sin olvidarse de sus profesores, incluso en el campo del acompañamiento que hoy en día presenta oportunidades de trabajo siempre necesario en el difícil mundo de la música, y especialmente en el de los pianistas. Espero que Henar no se acomode y regocije en exceso con los siempre merecidos premios, pues el día a día no perdona y siempre se encontrará entre el público con «repugnantes exigentes» como el que suscribe (con todo el respeto y cariño hacia mi admirada joven pianista).

Mucho ánimo para Henar Fernández Clavel en una carrera que ya ha comenzado con pasión y entrega, del que desconocemos el destino final, siempre con la esperanza de seguir escuchándola y verla crecer en todos los aspectos.

El regreso del triunfador

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Miércoles 12 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1643: Ciclo Jóvenes Intérpretes «Fundación Alvargonzález»: Martín García (piano). Obras de Mozart, Liszt y Chopin.

Buen comienzo de mi nuevo año musical escuchando en solitario al gijonés Martín García (1996) que volvía después de 10 años a su tierra tras los últimos premios de los que hablaba en la entrevista para Mi Gijón, aunque recuerdo su concierto con la OSPA hace 9 meses donde no me resultó que estuviese cómodo aunque tenga a Mozart desde sus inicios. En este regreso el programa lo ocuparon tres grandes, bien comentados en las notas al programa de Ramón G. Avello, volviendo a felicitar a la Filarmónica de Gijón por el esfuerzo de edición que siempre es de agradecer, que podría resumir como el del entregado Martín García afrontando un Mozart jovial, un Liszt explosivo y especialmente «su» Chopin casi sublime, diáfano, sentido y de consentido canturreo, que «afea» su sonido sumándose a los tics de tantos pianistas.

La Sonata nº 14 en do menor, K. 457 (Mozart) sonó plenamente a Beethoven, especialmente el Adagio central que recuerda el homónimo de la Patética, y así lo interpretó el galardonado pianista gijonés, pulcro pero estilísticamente más cercano al sordo genial que al prodigio de Salzburgo que, como bien recordó al inicio la presentación de David Roldán, no fue para el piano donde más compuso, aunque siempre está bien comenzar un concierto con una sonata mozartiana, especialmente para los muchos estudiantes de piano que estuvieron atentos a cada movimiento.

El siempre explosivo y casi torturado Liszt demuestra la necesaria y exigente técnica de los virtuosos sin perder de vista todo lo que sus obras esconden, obligada entrega, la misma de Martín, seleccionando tres obras muy distintas pero igual de difíciles, cortando los aplausos tras la sonata con ganas de entrar a fondo con lo más duro y «peligroso»: los «Funérailles» de las Harmonies Poétiques et Religieuses III, S. 173, séptima de la colección de emociones y contrastes, bien entendidos por el gijonés emigrado a Madrid hace años, precisamente para continuar su formación, «Les jeux d’eaux à la Villa d’Este« de los Annés de pèlegrinage III, S 163/4, predecesor o inspirador de Debussy que sonó etéreo por momentos obviando el trasfondo religioso de esta época del abate, para terminar con el Valse-Impromtu S. 213 que serviría de aperitivo al monográfico del polaco, su mejor carta de presentación que convenció al jurado y público del último Concurso Chopin en Varsovia.

Palabras mayores la selección de Chopin para la segunda parte donde hasta el piano pareció otro por la calidad del sonido, la calidez y riqueza de matices demostrada, el «rubato» siempre justo sin  amaneramientos, unos pedales más certeros que en Liszt, pero especialmente la entrega y limpieza (de)mostrada por Martín García en un compositor al que le tiene «tomada la medida», sin olvidarnos de los excelentes maestros a lo largo de su cuarto de siglo de carrera exigente y sacrificada que sigue reflejando en su biografía. Las tres Mazurcas op. 50 pletóricas y de contagiosa vivacidad, tres Preludios op. 28 (los números 17, 19 y 23) casi «premonitorios» al enlazarse con la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 que afrontó con la madurez de un intérprete joven además de veterano, entregado, disfrutando de la individualidad en cada movimiento pero dándole esa unidad estilística que sólo unos pocos intérpretes alcanzan tras una vida «en blanco y negro».

Y sabedor que al polaco le tiene bien interiorizado, Martín García nos regaló la propina brillante del Valse op. 34 No. 3 en fa mayor, vértigo a dos manos sin perder el carácter nada bailable pero contagioso para disfrute de la llamada música de salón que encandilaba a los públicos como este miércoles hizo  en el teatro de su Gijón natal.

Quedaban dos regalos más, el guiño para los aspirantes a seguir los pasos de Martín, y nada menos que con Bach, el único, primero el conocido Preludio en do mayor BWV 846 de «El Clave Bien Temperado» que no falta en los estudios del instrumento que el Kantor ni conoció pero que interpretado como hizo el maestro García, resultó más cercano en el tiempo de lo que es porque «Mein Got» es eterno, y finalmente el Preludio y Fuga en re mayor BWV 850, que pareció corroborar el refrán de «no hay quinto malo», impactando el primero por su velocidad para deleitarse con la fuga perfectamente delineada. A fin de cuentas el «padre de todas las músicas» es necesario para todos los músicos y todos los públicos. Martín García conectó en casi dos horas de buen repertorio, donde su técnica sigue impactando y los años terminarán redondeando sus interpretaciones más allá de su (nuestro) amado Chopin.

Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Ángeles y demonios al piano

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Martes 23 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano: Benjamin Grosvenor (piano). Obras de: Brahms, Liszt y Chopin.

Crítica para La Nueva España del jueves 25, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Había una vez un alemán, un húngaro y un polaco encerrados en una lámpara con forma de piano a los que un joven genio británico sacó a la luz frotando las teclas con el forro de su chaqueta haciendo magia para que en una misma tarde fría y lluviosa, pasásemos del cielo al infierno con la dosis suficiente para hechizarnos en plena pandemia de virus sin nacionalidad, junto a toses, móviles y paraguas caídos muy nuestros.
Benjamin Grosvenor (1992) volvía después de cinco años al auditorio ovetense, esta vez en solitario, con un programa comprometido y bien planeado que ha llevado en su mini gira española (Las Palmas, Barcelona y Oviedo, parada obligada en la capital del piano que escribía ayer en estas mismas páginas): primero los Drei Intermezzi op. 117 de Brahms, un aperitivo delicado donde el dolor emerge al final tras un ambiente íntimo creado desde la pureza y limpieza de sonido, sumada al poso que van dando los años.
Preparación necesaria para la impresionante Sonata en si menor, S. 178 de Franz Liszt, ángeles caídos remontando el vuelo desde una visión pianística que ha llevado al disco pero el directo hace siempre único e irrepetible. Cima compositiva del virtuoso abate magiar, cinco movimientos en continuidad demostrando que el intérprete británico tiene perfectamente interiorizada la fuerza que Liszt vuelca en esta sonata tan especial, auténtico éxtasis sonoro que alterna solemnidades celestiales y agitaciones demoníacas, luz cegadora y fuego extremo en un “Fausostenido” (si se me permite la licencia del fa# con el invocado Fausto), entrega tan explosiva que hubo de “extinguirse” al descanso, siempre necesario tanto para el Steinway© como para el intérprete tras el esfuerzo de este pianista menudo -en apariencia- tornado a “menudo pianista” en su regreso a nuestra tierra.
Misma pócima mágica para la segunda parte: Liszt y una «Berceuse quasi ChopiNana» (última licencia por hoy), pasional en entrega y lírica de visión global, antes de atacar la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 del otro mago del piano romántico, Chopin tras Liszt. Una nueva visión de ángeles y demonios sin necesidad de mayores argumentos, que en las manos de Grosvenor fueron capaces de volar cual ángel caído redimido y regresar al Olimpo de Orfeo, reescribir una historia llena de colores pintados sobre el blanco y negro del teclado. Verdadera sonata cuatripartita reflejando la inquietud interior, el debate entre lo contundente y lo delicado, mano de hierro en guante de seda bien entendido, contrapuntos relucientes y derroche expresivo de un piano decimonónico con la visión del siglo XXI, una nueva aproximación del británico fascinado con poner juntos al polaco y al húngaro en un mismo programa, como comentaba en la entrevista para este periódico publicada el mismo día del concierto.
Repertorio imprescindible y de siempre por pianistas de hoy para llegar a un público joven de mañana, que debe conocer estas composiciones maravillosas llenas de sorpresas por descubrir. Y de regalo casi una tercera parte con igual receta, pero latina y del siglo pasado, obras que Benjamin Grosvenor transita habitualmente junto a los españoles: dos de las tres Danzas argentinas op. 2 del porteño Alberto Ginastera planteadas nuevamente como binomio, sensual y brillante, femenino y masculino en tiempos de indefiniciones, primero la Danza de la moza donosa y después la Danza del gaucho matrero. Si la primera vez auguraba a este Grosvenor del 92 un buen vino, la segunda degustamos ya un reserva que seguirá madurando en barrica de piano.

Las Variaciones Buchbinder

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Martes 2 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Rudolf Buchbinder (piano): THE DIABELLI PROJECT.

Crítica para La Nueva España del jueves 4, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Regresaba al auditorio, tras casi ocho años de su Gershwin en estas jornadas que llevan el nombre de Iberni, el pianista austríaco Rudolf Buchbinder (Chequia, 01 diciembre 1946), una de las leyendas vivas que se presentaba con su personal “Proyecto Diabelli 2020”, obras inspiradas en el Vals en do mayor de Anton Diabelli (1781-1858) con un amplio y original programa de partituras encargadas hace doscientos años por el propio Diabelli (de las 51 una selección de 8), las irrepetibles e impresionantes variaciones de Beethoven, verdadera exploración de nuevos lenguajes y recursos del piano, junto a los encargos del propio Buchbinder a compositores actuales para este original proyecto como Auerbach, Dean, Hosokawa, Jost, Lubman, Manoury, Richter, Shchedrin, Staud, Dun y Widmann. Nueva experiencia pianística con partituras estrenadas recientemente en el Auditorio Nacional de Madrid, arrancando gira precisamente en Oviedo (La Viena del Norte español) prosiguiendo por Barcelona, Hannover y Frankfurt, para colocar de nuevo la capital del Principado en el circuito internacional de los grandes intérpretes.
El vals de Diabelli serviría para unir dos siglos pianísticos y afrontar un nuevo reto en las manos del maestro Buchbinder, once visiones desde nuestro tiempo, estados anímicos variados, lenguajes rompedores y neorrománticos, distintos idiomas perfectamente entendibles al piano, sonoridades muy cuidadas que el intérprete vienés desgranó con su estilo único de limpieza y elegancia, contención y respeto por lo escrito, espontaneidad y autenticidad, más todo el mimo en la búsqueda de un piano actual por el que doscientos años no son nada pues siguen descubriendo el infinito musical de las 88 teclas. Destacable cómo organizó las obras actuales, auténticas “Nuevas variaciones” engarzando estas perlas cultivadas en un collar multicolor, piezas únicas que toman sentido desde la global interpretación de un “Rudi” juvenil y “diabélico” destinatario de varias; no faltaría el cierre cual “coda” con guiño al Año Nuevo en la página del alemán Jörg Widmann (1973) que cerraba estas Variaciones Diabelli del XXI.
Misma entrega y magistral interpretación de la selección realizada por el pianista austríaco del proyecto Vaterländischer Künstlerverein (1824) de Diabelli, donde los virtuosos del momento volcaron su talento y Buchbinder no defraudó. Dos mundos y visiones complementarias, el modelo inicial eligiendo siete más la coda donde destacarían el Liszt joven, la coda vertiginosa de Czerny y especialmente el Schubert que volvería a sonar de propina, compositores heterogéneos, pianistas pedagogos e intérpretes decimonónicos que siguen vivos en nuestros días.
Mención aparte el adelantado a su tiempo, el profético Beethoven reinando en la segunda parte y del que Rudolf Buchbinder sigue siendo referente. Las treinta y tres variaciones del ligero vals “diabélico” con igual espíritu que las iniciales, desgranando cada una de ellas como piezas independientes que fueron uniéndose con los años, exprimiendo los tiempos, vertiginosamente limpios, cálidamente lentos, catálogo compositivo y vital del sordo genial afincado en Viena, el mismo que revisa a Diabelli y Mozart, al “dios Bach” junto a los obligados Clementi y Czerny, pero sobre todo el microcosmos que solo Buchbinder a sus años puede unificar en el universo del piano.
Delicadeza y magisterio en el cuarto Impromptu D899, op. 90 en la bemol mayor de Schubert, propina que será otra galaxia por explorar. Para Buchbiner sólo hay dos músicas: la buena y la mala, pero en sus manos sólo existe la primera opción.

Regalos de cumpleaños para La Castalia

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Lunes 1 de noviembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XX Curso «La Voz en la Música de Cámara». Concierto de Clausura. Entrada libre.

Veinte años lleva la Asociación Cultural «La Castalia» apostando por el talento musical desde Asturias con las incombustibles Begoña G. Tamargo y Ana Cristina Tolívar formando músicos y dándoles la oportunidad de mostrarse a un público que ya desde «La Castalia» original del siglo XIX, la de Víctor Sáenz, ha hecho de la capital del Principado verdadera cuna de aficionados a la lírica y melómanos en general. Y La Castalia del XXI como bien recordaba al inicio del concierto la profesora de canto, con la misma decisión de entonces, con altibajos en los apoyos pero decidida en promover la formación y el inicio de carreras profesionales, homenajeaba en este concierto a la que fuese directora de la Obra Social y Cultural de la extinta Caja de Ahorros de Asturias, entre los años 1995 y 2005, Regina Rubio.

Importante agradecer el apoyo en los inicios de entidades que los tiempos han deslocalizado y perdido uno de los objetivos principales como era el apoyo a la cultura de nuestra tierra. Ya no tenemos Caja, ni Ahorros, ni en Asturias, por lo tanto, gracias en el recuerdo por el trabajo de Regina que entendió desde su responsabilidad que esta Castalia debería tener el respaldo de una entidad financiera que, como tantas otras, han llevado su capitalidad a otras autonomías para medrar de políticos en consejos de administración.

Me sigue asombrando la cantera, y hasta escuela propia, que nuestra Asturias ofrece, y nada mejor que comenzar noviembre descubriendo figuras en ciernes, aplaudiendo la progresión de voces que he visto «nacer al público», el trabajo nunca valorado por el tiempo que conlleva, el apoyo de un profesorado plenamente volcado a esta labor pedagógica a menudo ingrata pero necesaria, y esta vez añadir el regalo de poder escuchar ¡cuatro estrenos! en el Principado de compositores actuales, con lenguaje propio, conocedores de la voz y sus recursos, que las intérpretes han estudiado en tiempo récord para compartir con todos estas alegrías de «los primeros 20 años» de La Castalia del XXI.

Cuatro compositores con Juan Durán (1960) y los presentes Miguel Brotóns (1965), Guillermo Martínez (1983) y Raquel Rodríguez (1980) en distintas combinaciones, el Tríptico rosaliano con María Heres y Henar F. Clavel, del vigués, Ferrol, 1916, Impromptu fantasía para soprano y piano, de un alicantino afincado en Galicia inspirado por la poesía del ferrolano Ricardo Carballo Calero con Beatriz Vázquez y el maestro Mario Álvarez Blanco,  Pprincipio è Maggio del prolífico venezolano adoptado y «escolano de oro» en la voz de Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, más Yllayah de la carbayona con la voz de la mezzo Andrea Rey y un trío instrumental con Jesús Méndez (violín), Paula Lebón (chelo) y nuevamente Yelyzaveta (piano), cuatro regalos en cuatro interpretaciones y cuatro estilos que conviven y las voces recrean, música que necesita ser cantada para vivir. Enhorabuena.

De las voces felicitar de nuevo a la mezzo María Heres que apostó por la canción italiana antes del tríptico de Durán o el dúo de Guastavino Pueblito, mi pueblo con su homónima de tesitura Andrea Rey, en clara progresión, y a la chihuahuense Janeth Zúñiga que sigue ampliando repertorio, bien enfocada hoy con Deux ancolies (Lili Boulanger) más el estreno de Guillermo que le va perfecto a su color y tesitura.

Siempre sorprendente el desparpajo del joven violinista Marcelo Re con dos obras de Kreisler y Beethoven bien arropado por el «piano orquestal» de Tomchuk que vuelve a demostrar cómo la cuerda asturiana que trajeron «Los Virtuosos» ha florecido,  y desigual la joven avilesina Henar F. Clavel, buen fichaje en el mal llamado piano acompañante que tiene relevo generacional aunque algo precipitada en sus Albéniz y Falla, ímpetu juvenil que apunta maneras interpretativas pero deberá ser más cuidadosa al afrontar obras tan conocidas como comprometidas.

Final vocal con el piano de Mario con las famosas Mañanitas de «Don Gil de Alcalá», algo descompensadas pero siempre agradecidas para el gran público.

Apostar por repertorios nuevos, por compositores de ahora, sin olvidar la base necesaria de los llamados «clásicos», apoyar a músicos que se forman en nuestra tierra y brindarles la oportunidad del concierto son objetivos de «La Castalia» desde sus inicios. Su claustro de profesores conoce de primera mano lo que supone una carrera interminable de sacrificios, penurias y también alegrías como la de este inicio de noviembre, con un público que sigue siendo fiel y acudiendo a cada cita, sea en el RIDEA, en el Bellas Artes o en el Auditorio. En marzo se esperan novedades para celebrar por todo lo alto el vigésimo aniversario, tal como avanzó Begoña García-Tamargo, y poder actuar con una orquesta será otro escalón y premio para unas voces que seguirán formándose toda la vida.

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