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Pasión juvenil

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Miércoles 19 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: concierto 2027 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Henar Fernández Clavel (piano). Obras de Beethoven, Bach, Mendelssohn, Chaminade, Saint-Saëns, Albéniz, Turina, Falla, Granados y Lecuona.

Henar Fernández Clavel (Avilés 2006) es una joven de su generación, tal vez «rara avis» entre sus iguales de estudios obligatorios, pero que tiene un don especial para el piano, buen ejemplo de la cantera «del Orbón». Posee una musicalidad innata, personalidad, talento, ingenio, evidentemente muchas horas de estudio y buenos profesores. Gracias a «La Castalia» y el RIDEA ha ofrecido este concierto en la Filarmónica de Oviedo que siempre se ha caracterizado por apoyar las promesas asturianas desde su fundación, y en esta nueva época busca igualmente ir renovando un público necesario para mantener ese escaparate que supone la llamada «música de cámara», antesala pedagógica para dar el salto a las grandes salas de conciertos y teatros de ópera que Oviedo tiene como mejor tarjeta de visita.

Henar Fernández Clavel, a punto de cumplir 16 años en abril, es desparpajo en estado puro, comunicadora que llega al público sin complejos aunque no deba olvidarse del necesario rigor en el estudio de las partituras, la técnica (que nunca termina para poder darlo todo) al servicio de la música.

La pianista avilesina es un torbellino emocional que se aprecia incluso al salir a escena y sentarse al piano, con una madurez poco habitual para su corta edad e incluso con tics de muchos  grandes de las 88 teclas. Pero ese ímpetu puede impedirle el necesario reposo para afrontar las páginas que nos trajo al Filarmónica, obras de estudio y trabajo en el conservatorio que van más allá de los exámenes. Es envidiable el empuje juvenil efervescente y explosivo, demasiado acelerado por momentos que impiden un fraseo más limpio, obligándola a meterse en «demasiados charcos» (cierto es que de los errores también se aprende y ayudan a superarse).

Obras de enjundia ya desde el primer movimiento de la sonata Patética de Beethoven, más «apasionada» a la que eché de menos el siguiente movimiento que frenase un poco sus revoluciones (como en los vinilos de mi época), o esa Fantasía bachiana que deberá tomarse como entrenamiento diario o desayuno musical, mejor a mitad de velocidad para ir «desengrasando dedos» y acelerar un poco cada semana. Las palabras de la romanza de Mendelssohn las puso con la pasión que envolvió todo el concierto, pero los «arabescos» de Cécile Chaminade también requieren respirar hondo. Henar seguramente conoce los «trucos» para alcanzar su deseado virtuosismo más allá del impacto para el gran público, y el dibujo es la base de la pintura. Sus profesores la guiarán por el buen camino y está en él. Totalmente de acuerdo con su versión del Allegro appassionato (Saint-Saëns), fogosa y digna de virtuosos, al que nuevamente pediría rigor y exactitud pese a la dificultad extrema, limpieza en las notas aunque suponga menos carga emotiva y más trabajo duro, cabeza y corazón en la proporción ideal que los años aún desequilibran hacia el segundo.

Tras el merecido y necesario descanso, la parte de música española estuvo bien enfocada y el poso lo darán los años que seguro la llevarán a afrontar estas partituras de forma precisa y clara, porque sentido musical y talento le sobra a la avilesina, con detalles dignos de una intérprete con larga trayectoria que van descubriendo más allá de nuestra tierra. La «orgía» pianística de Turina bañó incluso la propina totalmente «fogosa» de Falla, de agradecer la entrega en cada obra, «añorando» unos tempi más llevaderos en pos del rigor y aplaudiendo el valor de enfrentarse al público. El exceso de velocidad no suele ser buen compañeros de viaje y provoca demasiados accidentes, pero los años la harán más prudente y segura.

Agradeció a todos tras el «aperitivo» beethoveniano el apoyo y oportunidad de «presentarse en sociedad» (especialmente a Begoña G. Tamargo, luchadora y defensora como pocos) sin olvidarse de sus profesores, incluso en el campo del acompañamiento que hoy en día presenta oportunidades de trabajo siempre necesario en el difícil mundo de la música, y especialmente en el de los pianistas. Espero que Henar no se acomode y regocije en exceso con los siempre merecidos premios, pues el día a día no perdona y siempre se encontrará entre el público con «repugnantes exigentes» como el que suscribe (con todo el respeto y cariño hacia mi admirada joven pianista).

Mucho ánimo para Henar Fernández Clavel en una carrera que ya ha comenzado con pasión y entrega, del que desconocemos el destino final, siempre con la esperanza de seguir escuchándola y verla crecer en todos los aspectos.

El regreso del triunfador

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Miércoles 12 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1643: Ciclo Jóvenes Intérpretes «Fundación Alvargonzález»: Martín García (piano). Obras de Mozart, Liszt y Chopin.

Buen comienzo de mi nuevo año musical escuchando en solitario al gijonés Martín García (1996) que volvía después de 10 años a su tierra tras los últimos premios de los que hablaba en la entrevista para Mi Gijón, aunque recuerdo su concierto con la OSPA hace 9 meses donde no me resultó que estuviese cómodo aunque tenga a Mozart desde sus inicios. En este regreso el programa lo ocuparon tres grandes, bien comentados en las notas al programa de Ramón G. Avello, volviendo a felicitar a la Filarmónica de Gijón por el esfuerzo de edición que siempre es de agradecer, que podría resumir como el del entregado Martín García afrontando un Mozart jovial, un Liszt explosivo y especialmente «su» Chopin casi sublime, diáfano, sentido y de consentido canturreo, que «afea» su sonido sumándose a los tics de tantos pianistas.

La Sonata nº 14 en do menor, K. 457 (Mozart) sonó plenamente a Beethoven, especialmente el Adagio central que recuerda el homónimo de la Patética, y así lo interpretó el galardonado pianista gijonés, pulcro pero estilísticamente más cercano al sordo genial que al prodigio de Salzburgo que, como bien recordó al inicio la presentación de David Roldán, no fue para el piano donde más compuso, aunque siempre está bien comenzar un concierto con una sonata mozartiana, especialmente para los muchos estudiantes de piano que estuvieron atentos a cada movimiento.

El siempre explosivo y casi torturado Liszt demuestra la necesaria y exigente técnica de los virtuosos sin perder de vista todo lo que sus obras esconden, obligada entrega, la misma de Martín, seleccionando tres obras muy distintas pero igual de difíciles, cortando los aplausos tras la sonata con ganas de entrar a fondo con lo más duro y «peligroso»: los «Funérailles» de las Harmonies Poétiques et Religieuses III, S. 173, séptima de la colección de emociones y contrastes, bien entendidos por el gijonés emigrado a Madrid hace años, precisamente para continuar su formación, «Les jeux d’eaux à la Villa d’Este« de los Annés de pèlegrinage III, S 163/4, predecesor o inspirador de Debussy que sonó etéreo por momentos obviando el trasfondo religioso de esta época del abate, para terminar con el Valse-Impromtu S. 213 que serviría de aperitivo al monográfico del polaco, su mejor carta de presentación que convenció al jurado y público del último Concurso Chopin en Varsovia.

Palabras mayores la selección de Chopin para la segunda parte donde hasta el piano pareció otro por la calidad del sonido, la calidez y riqueza de matices demostrada, el «rubato» siempre justo sin  amaneramientos, unos pedales más certeros que en Liszt, pero especialmente la entrega y limpieza (de)mostrada por Martín García en un compositor al que le tiene «tomada la medida», sin olvidarnos de los excelentes maestros a lo largo de su cuarto de siglo de carrera exigente y sacrificada que sigue reflejando en su biografía. Las tres Mazurcas op. 50 pletóricas y de contagiosa vivacidad, tres Preludios op. 28 (los números 17, 19 y 23) casi «premonitorios» al enlazarse con la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 que afrontó con la madurez de un intérprete joven además de veterano, entregado, disfrutando de la individualidad en cada movimiento pero dándole esa unidad estilística que sólo unos pocos intérpretes alcanzan tras una vida «en blanco y negro».

Y sabedor que al polaco le tiene bien interiorizado, Martín García nos regaló la propina brillante del Valse op. 34 No. 3 en fa mayor, vértigo a dos manos sin perder el carácter nada bailable pero contagioso para disfrute de la llamada música de salón que encandilaba a los públicos como este miércoles hizo  en el teatro de su Gijón natal.

Quedaban dos regalos más, el guiño para los aspirantes a seguir los pasos de Martín, y nada menos que con Bach, el único, primero el conocido Preludio en do mayor BWV 846 de «El Clave Bien Temperado» que no falta en los estudios del instrumento que el Kantor ni conoció pero que interpretado como hizo el maestro García, resultó más cercano en el tiempo de lo que es porque «Mein Got» es eterno, y finalmente el Preludio y Fuga en re mayor BWV 850, que pareció corroborar el refrán de «no hay quinto malo», impactando el primero por su velocidad para deleitarse con la fuga perfectamente delineada. A fin de cuentas el «padre de todas las músicas» es necesario para todos los músicos y todos los públicos. Martín García conectó en casi dos horas de buen repertorio, donde su técnica sigue impactando y los años terminarán redondeando sus interpretaciones más allá de su (nuestro) amado Chopin.

Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Ángeles y demonios al piano

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Martes 23 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano: Benjamin Grosvenor (piano). Obras de: Brahms, Liszt y Chopin.

Crítica para La Nueva España del jueves 25, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Había una vez un alemán, un húngaro y un polaco encerrados en una lámpara con forma de piano a los que un joven genio británico sacó a la luz frotando las teclas con el forro de su chaqueta haciendo magia para que en una misma tarde fría y lluviosa, pasásemos del cielo al infierno con la dosis suficiente para hechizarnos en plena pandemia de virus sin nacionalidad, junto a toses, móviles y paraguas caídos muy nuestros.
Benjamin Grosvenor (1992) volvía después de cinco años al auditorio ovetense, esta vez en solitario, con un programa comprometido y bien planeado que ha llevado en su mini gira española (Las Palmas, Barcelona y Oviedo, parada obligada en la capital del piano que escribía ayer en estas mismas páginas): primero los Drei Intermezzi op. 117 de Brahms, un aperitivo delicado donde el dolor emerge al final tras un ambiente íntimo creado desde la pureza y limpieza de sonido, sumada al poso que van dando los años.
Preparación necesaria para la impresionante Sonata en si menor, S. 178 de Franz Liszt, ángeles caídos remontando el vuelo desde una visión pianística que ha llevado al disco pero el directo hace siempre único e irrepetible. Cima compositiva del virtuoso abate magiar, cinco movimientos en continuidad demostrando que el intérprete británico tiene perfectamente interiorizada la fuerza que Liszt vuelca en esta sonata tan especial, auténtico éxtasis sonoro que alterna solemnidades celestiales y agitaciones demoníacas, luz cegadora y fuego extremo en un “Fausostenido” (si se me permite la licencia del fa# con el invocado Fausto), entrega tan explosiva que hubo de “extinguirse” al descanso, siempre necesario tanto para el Steinway© como para el intérprete tras el esfuerzo de este pianista menudo -en apariencia- tornado a “menudo pianista” en su regreso a nuestra tierra.
Misma pócima mágica para la segunda parte: Liszt y una «Berceuse quasi ChopiNana» (última licencia por hoy), pasional en entrega y lírica de visión global, antes de atacar la Sonata nº 3 en si menor, op. 58 del otro mago del piano romántico, Chopin tras Liszt. Una nueva visión de ángeles y demonios sin necesidad de mayores argumentos, que en las manos de Grosvenor fueron capaces de volar cual ángel caído redimido y regresar al Olimpo de Orfeo, reescribir una historia llena de colores pintados sobre el blanco y negro del teclado. Verdadera sonata cuatripartita reflejando la inquietud interior, el debate entre lo contundente y lo delicado, mano de hierro en guante de seda bien entendido, contrapuntos relucientes y derroche expresivo de un piano decimonónico con la visión del siglo XXI, una nueva aproximación del británico fascinado con poner juntos al polaco y al húngaro en un mismo programa, como comentaba en la entrevista para este periódico publicada el mismo día del concierto.
Repertorio imprescindible y de siempre por pianistas de hoy para llegar a un público joven de mañana, que debe conocer estas composiciones maravillosas llenas de sorpresas por descubrir. Y de regalo casi una tercera parte con igual receta, pero latina y del siglo pasado, obras que Benjamin Grosvenor transita habitualmente junto a los españoles: dos de las tres Danzas argentinas op. 2 del porteño Alberto Ginastera planteadas nuevamente como binomio, sensual y brillante, femenino y masculino en tiempos de indefiniciones, primero la Danza de la moza donosa y después la Danza del gaucho matrero. Si la primera vez auguraba a este Grosvenor del 92 un buen vino, la segunda degustamos ya un reserva que seguirá madurando en barrica de piano.

Las Variaciones Buchbinder

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Martes 2 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Rudolf Buchbinder (piano): THE DIABELLI PROJECT.

Crítica para La Nueva España del jueves 4, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Regresaba al auditorio, tras casi ocho años de su Gershwin en estas jornadas que llevan el nombre de Iberni, el pianista austríaco Rudolf Buchbinder (Chequia, 01 diciembre 1946), una de las leyendas vivas que se presentaba con su personal “Proyecto Diabelli 2020”, obras inspiradas en el Vals en do mayor de Anton Diabelli (1781-1858) con un amplio y original programa de partituras encargadas hace doscientos años por el propio Diabelli (de las 51 una selección de 8), las irrepetibles e impresionantes variaciones de Beethoven, verdadera exploración de nuevos lenguajes y recursos del piano, junto a los encargos del propio Buchbinder a compositores actuales para este original proyecto como Auerbach, Dean, Hosokawa, Jost, Lubman, Manoury, Richter, Shchedrin, Staud, Dun y Widmann. Nueva experiencia pianística con partituras estrenadas recientemente en el Auditorio Nacional de Madrid, arrancando gira precisamente en Oviedo (La Viena del Norte español) prosiguiendo por Barcelona, Hannover y Frankfurt, para colocar de nuevo la capital del Principado en el circuito internacional de los grandes intérpretes.
El vals de Diabelli serviría para unir dos siglos pianísticos y afrontar un nuevo reto en las manos del maestro Buchbinder, once visiones desde nuestro tiempo, estados anímicos variados, lenguajes rompedores y neorrománticos, distintos idiomas perfectamente entendibles al piano, sonoridades muy cuidadas que el intérprete vienés desgranó con su estilo único de limpieza y elegancia, contención y respeto por lo escrito, espontaneidad y autenticidad, más todo el mimo en la búsqueda de un piano actual por el que doscientos años no son nada pues siguen descubriendo el infinito musical de las 88 teclas. Destacable cómo organizó las obras actuales, auténticas “Nuevas variaciones” engarzando estas perlas cultivadas en un collar multicolor, piezas únicas que toman sentido desde la global interpretación de un “Rudi” juvenil y “diabélico” destinatario de varias; no faltaría el cierre cual “coda” con guiño al Año Nuevo en la página del alemán Jörg Widmann (1973) que cerraba estas Variaciones Diabelli del XXI.
Misma entrega y magistral interpretación de la selección realizada por el pianista austríaco del proyecto Vaterländischer Künstlerverein (1824) de Diabelli, donde los virtuosos del momento volcaron su talento y Buchbinder no defraudó. Dos mundos y visiones complementarias, el modelo inicial eligiendo siete más la coda donde destacarían el Liszt joven, la coda vertiginosa de Czerny y especialmente el Schubert que volvería a sonar de propina, compositores heterogéneos, pianistas pedagogos e intérpretes decimonónicos que siguen vivos en nuestros días.
Mención aparte el adelantado a su tiempo, el profético Beethoven reinando en la segunda parte y del que Rudolf Buchbinder sigue siendo referente. Las treinta y tres variaciones del ligero vals “diabélico” con igual espíritu que las iniciales, desgranando cada una de ellas como piezas independientes que fueron uniéndose con los años, exprimiendo los tiempos, vertiginosamente limpios, cálidamente lentos, catálogo compositivo y vital del sordo genial afincado en Viena, el mismo que revisa a Diabelli y Mozart, al “dios Bach” junto a los obligados Clementi y Czerny, pero sobre todo el microcosmos que solo Buchbinder a sus años puede unificar en el universo del piano.
Delicadeza y magisterio en el cuarto Impromptu D899, op. 90 en la bemol mayor de Schubert, propina que será otra galaxia por explorar. Para Buchbiner sólo hay dos músicas: la buena y la mala, pero en sus manos sólo existe la primera opción.

Regalos de cumpleaños para La Castalia

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Lunes 1 de noviembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XX Curso «La Voz en la Música de Cámara». Concierto de Clausura. Entrada libre.

Veinte años lleva la Asociación Cultural «La Castalia» apostando por el talento musical desde Asturias con las incombustibles Begoña G. Tamargo y Ana Cristina Tolívar formando músicos y dándoles la oportunidad de mostrarse a un público que ya desde «La Castalia» original del siglo XIX, la de Víctor Sáenz, ha hecho de la capital del Principado verdadera cuna de aficionados a la lírica y melómanos en general. Y La Castalia del XXI como bien recordaba al inicio del concierto la profesora de canto, con la misma decisión de entonces, con altibajos en los apoyos pero decidida en promover la formación y el inicio de carreras profesionales, homenajeaba en este concierto a la que fuese directora de la Obra Social y Cultural de la extinta Caja de Ahorros de Asturias, entre los años 1995 y 2005, Regina Rubio.

Importante agradecer el apoyo en los inicios de entidades que los tiempos han deslocalizado y perdido uno de los objetivos principales como era el apoyo a la cultura de nuestra tierra. Ya no tenemos Caja, ni Ahorros, ni en Asturias, por lo tanto, gracias en el recuerdo por el trabajo de Regina que entendió desde su responsabilidad que esta Castalia debería tener el respaldo de una entidad financiera que, como tantas otras, han llevado su capitalidad a otras autonomías para medrar de políticos en consejos de administración.

Me sigue asombrando la cantera, y hasta escuela propia, que nuestra Asturias ofrece, y nada mejor que comenzar noviembre descubriendo figuras en ciernes, aplaudiendo la progresión de voces que he visto «nacer al público», el trabajo nunca valorado por el tiempo que conlleva, el apoyo de un profesorado plenamente volcado a esta labor pedagógica a menudo ingrata pero necesaria, y esta vez añadir el regalo de poder escuchar ¡cuatro estrenos! en el Principado de compositores actuales, con lenguaje propio, conocedores de la voz y sus recursos, que las intérpretes han estudiado en tiempo récord para compartir con todos estas alegrías de «los primeros 20 años» de La Castalia del XXI.

Cuatro compositores con Juan Durán (1960) y los presentes Miguel Brotóns (1965), Guillermo Martínez (1983) y Raquel Rodríguez (1980) en distintas combinaciones, el Tríptico rosaliano con María Heres y Henar F. Clavel, del vigués, Ferrol, 1916, Impromptu fantasía para soprano y piano, de un alicantino afincado en Galicia inspirado por la poesía del ferrolano Ricardo Carballo Calero con Beatriz Vázquez y el maestro Mario Álvarez Blanco,  Pprincipio è Maggio del prolífico venezolano adoptado y «escolano de oro» en la voz de Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, más Yllayah de la carbayona con la voz de la mezzo Andrea Rey y un trío instrumental con Jesús Méndez (violín), Paula Lebón (chelo) y nuevamente Yelyzaveta (piano), cuatro regalos en cuatro interpretaciones y cuatro estilos que conviven y las voces recrean, música que necesita ser cantada para vivir. Enhorabuena.

De las voces felicitar de nuevo a la mezzo María Heres que apostó por la canción italiana antes del tríptico de Durán o el dúo de Guastavino Pueblito, mi pueblo con su homónima de tesitura Andrea Rey, en clara progresión, y a la chihuahuense Janeth Zúñiga que sigue ampliando repertorio, bien enfocada hoy con Deux ancolies (Lili Boulanger) más el estreno de Guillermo que le va perfecto a su color y tesitura.

Siempre sorprendente el desparpajo del joven violinista Marcelo Re con dos obras de Kreisler y Beethoven bien arropado por el «piano orquestal» de Tomchuk que vuelve a demostrar cómo la cuerda asturiana que trajeron «Los Virtuosos» ha florecido,  y desigual la joven avilesina Henar F. Clavel, buen fichaje en el mal llamado piano acompañante que tiene relevo generacional aunque algo precipitada en sus Albéniz y Falla, ímpetu juvenil que apunta maneras interpretativas pero deberá ser más cuidadosa al afrontar obras tan conocidas como comprometidas.

Final vocal con el piano de Mario con las famosas Mañanitas de «Don Gil de Alcalá», algo descompensadas pero siempre agradecidas para el gran público.

Apostar por repertorios nuevos, por compositores de ahora, sin olvidar la base necesaria de los llamados «clásicos», apoyar a músicos que se forman en nuestra tierra y brindarles la oportunidad del concierto son objetivos de «La Castalia» desde sus inicios. Su claustro de profesores conoce de primera mano lo que supone una carrera interminable de sacrificios, penurias y también alegrías como la de este inicio de noviembre, con un público que sigue siendo fiel y acudiendo a cada cita, sea en el RIDEA, en el Bellas Artes o en el Auditorio. En marzo se esperan novedades para celebrar por todo lo alto el vigésimo aniversario, tal como avanzó Begoña García-Tamargo, y poder actuar con una orquesta será otro escalón y premio para unas voces que seguirán formándose toda la vida.

Sueños de amor, cariño y pasión

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Miércoles 27 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos. Concierto 1639 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «Los históricos de la Filarmónica: Vázquez del Fresno». Cantarinos pa que suañes. Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano y compositor).

Los homenajes deben hacerse siempre en vida, y a ser posible en la tierra natal. La centenaria sociedad gijonesa rendía este último miércoles de octubre el merecido a Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) uno de sus socios que además debutó en ella como pianista hace 50 años, apoyado desde los inicios, disfrutando como espectador, triunfando como intérprete y haciéndonos disfrutar a sus fieles seguidores, que con los años terminamos siendo amigos.

La ventaja de cumplir años me permite poder compartir la trayectoria de este músico integral al que admiré en los conciertos que daba en Mieres, entonces también con Filarmónica local, donde como estudiante de piano le admiraba y pude escuchar el estreno de sus Audiogramas (de los que hoy nos regaló  el intermedio segundo) dedicado a su malogrado paisano y compañero Jesús González Alonso, a quien recordaré toda mi vida tras escucharle ganar el Concurso «Casa Viena» del antiguo conservatorio en la calle Rosal de Oviedo durante de mis vacaciones mateínas, y posteriormente también en mi Mieres de Luis Fernández Cabeza, presidente de una Filarmónica a la que aún no se le ha escrito su historia.

Al menos a Luis sus paisanos han dedicado el mejor homenaje posible en su doble faceta de intérprete y compositor, comenzando con su juvenil Yerba, op. 12 sobre temas populares asturianos, diez acuarelas vigentes por frescura, paisanaje desde el ímpetu virtuoso del Vázquez del Fresno enamorado de Debussy y la escuela francesa con los guiños humorísticos y socarrones entre cada número, el amor del Cantábrico  y la historia musical además de genética de sus tíos abuelos Saturnino del Fresno y Baldomero Fernández,  el respeto por el maestro Enrique Truán, el cariño demostrado hacia los destinatarios de todas sus obras y el amor por la vida que en su caso ha estado escrita siempre en los pentagramas. Un placer volver a escuchar la yerba asturiana desde la óptica de Luis Vázquez del Fresno, 50 años que son un soplo en una larga historia.

El segundo regalo fueron los Cantarinos pa que suañes al completo y encontrando al fin la voz ideal y única, destinataria in mente que la tierra y el destino pusieron en su camino, también en el mío, la soprano Beatriz Díaz que solo ella puede recrear e interpretar como la concibió el compositor, también pianista, el «lied asturiano» que da al piano el mismo protagonismo y a la voz la pureza lírica junto a la raíz autóctona de la tonada. Si en el Avilés «pre-pandemia» los trece poemas de Chemag (José María González Fernández) supusieron un hito, volver a escucharlos en Gijón resultaron el auténtico homenaje para todos. Cantarinos llenos de amor y dolor, de tristeza y melancolía, de sentimiento y esperanza, pero sobre todo de pasión. Cada poema, todos lujosamente encuadernados por «El Sastre de los Libros» para esta ocasión especial, los textos originales y traducidos con el respeto por el buen gusto y el merecido hacia un histórico de la propia Sociedad Filarmónica de Gijón, emanaban la propia lírica que Vázquez del Fresno volcaría en cada página. La voz de Beatriz Díaz engrandecía cada página, microrrelatos cargados del sentimiento preciso con una gama de matices aún mayor que la paleta del mejor pintor musical, pianísimos de cortar la respiración, los momentos de tonada propia cantados con el saber de una estrella operística que también lleva lo asturiano en sus genes, los melismas tan barrocos y belcantísticos que el piano apoya cual gaita de tecla, finales a elegir dependiendo del texto, susurrados o potentes, con entrega hasta la extenuación organizándolos de cuatro en cuatro, alegrías y tristezas, cadeninas y ñubes, auténticos xuguetes de la allerana con el beneplácito total del gijonés, compositor y pianista.

El cierre Marineru que une la mina y el mar, de Bóo a Xixón por autopista musical, retomando la melodía de los primeros Cantarinos pa que suañes cantados y saboreados, no sería aún colofón sino mi deseo de poder llevarlos al disco para herencia de nuevos melómanos e historia musical viva de nuestra tierra.

Si el segundo Audiograma me hizo desandar cincuenta años y desempolvar los programas de entonces, todos a buen recaudo, el estreno de Otoño con Beatriz Díaz resultó la tarta final, poesía de vida, metáfora de hojas caídas y sienes plateadas, el lenguaje propio de Luis Vázquez del Fresno que nuestra soprano universal hizo verbo lírico.

Una tarde con muchas historias, sueños cumplidos, poesía y música en perfecta comunión, amores fraternales y platónicos, elegías con recuerdos, pasión por la vida, amistades que perduran en el tiempo echando raíces que engrosan cada capítulo de un libro aún sin final.

Gracias Luis por tu música, tu amistad y por darnos tantas alegrías a quienes tenemos la suerte de compartirlas contigo. Felicidades por estas Bodas de Oro a las que todavía le quedan muchos años más de fértil creación, esperando seguir contándolos.

Vida en Gijón

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Jueves 30 de septiembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Der Tod in Wien, Orbón Ensemble. Obras de Mozart y Beethoven. Entrada butaca: 16 €.

Nueva escapada a Gijón para despedir septiembre y arrancar la temporada en el Jovellanos con este concierto en colaboración con la Sociedad Filarmónica local recién renovada en su junta pero que sigue apostando por abrir las puertas al público no abonado en conciertos de cámara que siguen siendo la escuela para músicos y público.

Presentación a cargo de Beatriz Montes llena de guiños a nuestra generación, a la numerología con el cinco mágico, el musical de las líneas del pentagrama y al número de músicos de este concierto, que fueron saliendo a su llamada biográfica, el oboe que da la afinación con el La anglosajón de la A, la referencia del título de este programa elegido más allá del literario o cinematográfico cambiando Venecia por Viena como la ciudad donde mueren los compositores elegidos, sin olvidar las notas a sus obras, en esta puesta de largo del Orbón Ensemble que homenajea al músico avilesino más internacional de nuestra historia, dos quintetos para piano y vientos de dos clásicos que nunca decepcionan y tienen un estilo único, más el directo como ADN siempre único e irrepetible que los melómanos necesitamos como el aire que respiramos, con una buena entrada a pesar de las restricciones aún vigentes y volviendo a demostrar que la cultura es segura.

Mario Bernardo (piano), Daniel Tarrio (oboe), Iván Cuervo (clarinete), José Luis Morató (trompa) y Vincent Mascarell (fagot) son cinco músicos de casa que como ellos mismos se definen, «comparten una misma pasión: la interpretación de música (…) al más alto nivel técnico y expresivo», unidos para este ensemble hoy quinteto, y al que sus obligaciones profesionales no les impiden disfrutar sobre el escenario y eligiendo dos partituras en la tonalidad de mi bemol mayor de dos grandes afincados en la Viena Imperial que cerraría el XVIII, el Clasicismo máximo atisbando ya los nuevos y convulsos tiempos que traería el XIX.

El Quinteto  en mi bemol mayor, KV 452 (Mozart) es una maravilla del genio de Salzburgo que conocía cada instrumento sacándole todo el colorido y combinaciones tímbricas en su estilo genuino, las melodías que evocan sus óperas y motetes, los pasajes camerísticos de los conciertos solistas reunidos en cinco músicos que se entienden y comparten una música no solo bella o relajante sino chispeante y llena de vida desde el primer movimiento tras el Largo inicial y el Allegro moderato posterior. Balances bien logrados, el ropaje del piano tan mozartiano, las texturas alcanzadas sin importar alguna nota fuera de lugar porque la conjunción sobrevuela toda la obra. El Larguettto central evocador y reposado sin caer en tópicos, disfrute de cada viento y el teclado de hilo conductor llevando de la mano a los cuatro. El Rondó (Allegretto) final demostró lo necesario que es respetar lo escrito y elevarlo a la máxima expresividad, matizado, equilibrado, la aparente y engañosa simplicidad del genio ya maduro que obliga al quinteto a mantener una tensión interminable para redondear esta página maravillosa de la que el propio Mozart se sentía orgulloso como así hizo llegar a su exigente padre Leopold, que también recordó Montes en su presentación.

Y de la brillantez luminosa del genio al ardor del admirador, el alemán del que su padre quería fuese otro Mozart en Viena, aunque Beethoven sería igualmente único y daría un paso de gigante hacia el nuevo siglo. Su Quinteto en mi bemol mayor, op. 16 aún rezuma juventud y cierta inexperiencia pero apunta directamente el camino a seguir. El Grave-Allegro ma non troppo tiene la feliz conjunción clásica con los claroscuros románticos que vendrían pocos años después, unísonos que exigen al quinteto concentración y serenidad para no excederse en sentimiento, que no sentimentalismo. El Andante Cantabile permite a los músicos unos fraseos personales, incluso el piano dibuja motivos sonatísticos que como quinteto esboza los concertísticos o sinfónicos. Y el Rondó: Allegro ma non troppo común con el genio toma derroteros propios, excelencia de doble caña, otra caña equilibra tensiones, metal que no llega al brillo broncíneo, y el piano abrazando este quinteto.

Muerte en Viena pero vida en Gijón con una propina chispera, una selección de La Gran Vía de Chueca en arreglo para este quinteto de Jorge Costas Miguélez, las melodías de la zarzuela tan populares cantadas por los vientos con un piano orquestal, Menegilda y Caballero de Gracia, los tres ratas que aquí no roban sino más bien encandilan, cantando y contestándose entre las maderas, adaptación ideal donde cada instrumento recrea estos números castizos de una Gran Vía reconvertida hoy en Paseo de Begoña, y una velada que esperemos sea el aperitivo a otra temporada llena de buena música, pues el cartel augura éxitos aunque no haya dos conciertos iguales, el ADN del directo y copiando a Beatriz, «Bienvenidos»….

La autovía minera une Mieres y Gijón, villas de carbón y de mar a las que octubre llenará de luz otoñal y esperanza por retomar las buenas costumbres de los conciertos, y seguir contándolas y compartiéndolas desde este cuaderno de bitácora. Claro que Oviedo sigue siendo capital a la que he bautizado como «La Viena del Norte» español. Hoy no hubo muerte, sólo mucha vida musical.

Tres Tenores Tres

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Jueves 16 de septiembre de 2021, 21:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe: SAN MATEO 2021, GALA LÍRICA DE GRANDES TENORES BAG (BROS-ANDUAGA-GANDÍA). José Bros, Antonio Gandía y Xabier Anduaga, Oviedo Filarmonía, Jaume Santonja (director).
Entrada butaca: 28€.

Espectáculo vocal nocturno en el gran coso ovetense con tres espadas que hubieron de torear auténticos morlacos de distintas ganaderías líricas con mayor y menor cuerpo, tres figuras de tres generaciones, bien arropados por una Oviedo Filarmonía veterana en estas lides y con el maestro de ceremonias el valenciano Santonja Espinos que iniciaría el «paseíllo» antes de la aparición de los diestros en el orden del cartel mateín con un ejemplar de la gran casta verdiana.

Una voz y tres timbres, de colores variados y épocas distintas con momentos cumbres que los buenos aficionados asturianos recuerdan de la otra plaza lírica, repertorio para todas las edades que haría cuajar distintas faenas para un público entregado que les haría salir por la puerta, grande independientemente de los trofeos alcanzados otorgados por el respetable sin que la presidencia del alcalde y parte de la corporación en el palco se opusiesen.

Tres estilos y tres formas de entender esta fiesta “tenoril” comenzando por el maestro catalán Bros, con mando en plaza, querido y admirado, bien asentado en el ruedo dando un recital de buen gusto, arrimándose con la distancia justa para no salir corneado, gustándose en todas los estilos, cómodo y aseado. Al final del festejo tomaría la palabra para agradecer sus 30 años de carrera donde Oviedo siempre ha estado apoyándole y la lleva en el corazón, como otras figuras mundiales.

Tomaría la alternativa el joven donostiarra Xabier Anduaga, torero de principio a fin, arriesgando para gustar y gustarse, estilista de excelente recorrido y volumen en los primeros, algo más tapado en lo hispano y faena de aliño con los italianos. Belleza y elegancia prometedora que augura éxitos en las grades plazas internacionales porque hay buena materia prima y de escuela tradicional, con buenos maestros donde inspirarse.

Completaba la terna el alicantino Antonio Gandía, complemento ideal e intermedio equilibrado, contenido, con algún susto ante el volumen nunca contenido por Santonja, dejando la bravura de las partituras que mostrasen el peligro. Entregado de principio a fin, aunque menos ovacionado que sus compañeros, tuvo una serie de naturales sentidos llenos de buen gusto más que para la galería, pero no lo suficiente para levantar los oles del graderío central totalmente opuesto a lo que sería el llamado “Tendido 7”. Son tres estilos distintos, que no distantes, para apreciar colores, continuidad en la línea siempre plena de musicalidad en el caso del maestro Gandía.

Hubo susto en el graderío bajo por un desmayo al iniciarse la segunda parte del festejo, que hizo volver a comenzar su faena a un Anduaga que no perdió la compostura.
La vuelta al ruedo al alimón nos dejó otra faena compartida para un toreo de salón con tres «sobreros» Amapola de Lacalle, Júrame de María Grever, y Granada de Agustín Lara, excelente trapío que los diestros alternaron en la línea de su lidia individual emulando el espectáculo de otros tres tenores del finiquitado siglo XX que apostaron por estadios de fútbol y un marketing que este nuevo trío de nuestro siglo XXI le da el lavado de imagen y la cercanía de los tiempos que corren pues la pandemia ha trastocado todo, pero Oviedo sigue siendo capital musical, «La Viena del norte» español.

La presidencia y el respetable tras los tres regalos fuera del programa, pidieron volver a sacar de chiqueros el indultado Moreno Torroba cual brindis por el triunfo y la gratitud del Bros Maestro abriendo las puertas grandes para una salida ordenada de un público aún recordando pases para el recuerdo. Casi parezco un currista que se conformase con un natural, una verónica o un par en todo lo alto aunque fallase en la suerte máxima. Curiosos paralelismos del Arte de Cúchares y Euterpe mal vistos hoy en día. Por lo menos espero no se prohíba lo que no gusta, pues nadie está libre de pecar…

PROGRAMA (cual ÓRDEN DE LIDIA y diestros)

* Obertura de «La forza del destino», G. Verdi.

* “Il lamento de Federico», de «L’arlesiana», F. Cilea. (José Bros).

* Una furtiva lagrima de «L’elisir d’amore», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

*  Pourquoi me réveiller, de «Werther», J. Massenet. (Antonio Gandía)

* Quando le sere al placido, de «Luisa Miller», G. Verdi. (José Bros).

* A mes amis, de «La fille du règiment», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

* M’appari tutt’amor, de «Marta», F. von Flotow. (Antonio Gandía).

* Donna non vidi mai, de «Manon Lescaut», G. Puccini. (José Bros).

* La donna è mobile, de «Rigoletto», G. Verdi. (Xabier Anduaga).

* L’amour, l’amour…Ah lève-toi soleil, de «Romeo et Juliette», Ch. Gounod (Antonio Gandía).

Pausa (sin bocadillo que Oviedo no es Iruña)

* Por el humo, de «Doña Francisquita», A. Vives. (Xabier Anduaga).

* De este apacible rincón de Madrid , de «Luisa Fernanda», F. Moreno Torroba. (Antonio Gandia).

* No puede ser, de «La tabernera del puerto», P. Sorozábal (José Bros).

* “La danza”, G. Rossini. (Xabier Anduaga).

* «L’alba separa dalla luce l’ombra”, F. P. Tosti. (Antonio Gandía).

* “Musica proibita”, S. Gastaldon. (José Bros).

* “A Vucchella”, F. P. Tosti. (Xabier Anduaga).

* “Mattinata”, R. Leoncavallo. (Antonio Gandía).

* “Non ti scordar di me”, E. De Curtis. (José Bros).

Recordando nuestras músicas

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Viernes 3 de septiembre, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. San Mateo 2021: Volver (La música que cantaron nuestros padres y abuelos): Mª José Suárez (mezzo), Marcos Suárez (piano). Entrada: 8 €.

No puede haber fiesta sin música y San Mateo en la capital del Principado arrancaba este primer viernes de septiembre, como el inicio de otro curso escolar, de otra temporada con nuevas ilusiones y las canciones de siempre en una velada de amigos donde la sala de cámara se convirtió en un pub sin copas y con las restricciones de una pandemia que aún convive con nosotros pero no puede parar las ganas del directo y la fiesta con toda la responsabilidad, demostrando no solo que la cultura es segura sino que reivindicamos la capitalidad musical de Oviedo.

La mezzo carbayona fue perfecta anfitriona en este arranque festivo, «La Suárez» triunfando nada más salir a escena mientras «El Suárez» preludiaba la cinematográfica Volver, un «Suárez doble» con canciones que los jóvenes de más edad conocemos y cantamos, Mª José y Marcos dispuestos a compartir los recuerdos que sólo la música es capaz de remover.

Bienvenida a todos los invitados, familia, amigos, compañeros de profesión, aficionados de todas las edades, porque cantar en casa no tiene igual y llegaría el primer bloque de cuplés con Los amores de Ana del artista gijonés Juan Martínez Abades (1862-1920), mis recuerdos setenteros de estudiante tunante y de la otra Ana, Belén que la volvió a poner entonces de moda, melodías que permanecen y mantienen esa picaresca de buen maridaje entre letra y música, el mismo de «Los Suárez», continuando con La chica del 17 (Margarita Seró allá por 1926) que como bien explicaba Mª José, cómplice en el «salón de casa», vivía en el número 13 pero la rima no resultaba con la plaza del Tribulete, arrancando algún coro a media voz antes de afrontar Las tardes del Ritz, tributo a nuestra paisana Lilián de Celis que marcó época e historia viva de este género que nos hace mover los pies con un vaivén contagiado por la pareja asturiana.

Marcos Suárez nos dejaría su primera intervención solista con el Tango de la «Suite España» (Albéniz), seriedad y partitura obligada demostrando que los pianistas se amoldan a todo espectáculo, verdaderos todoterreno como el langreano que esta tarde no quería abandonar el repertorio original, ese aire de habanera en la Cuba perla caribeña española, las músicas de ida y vuelta como todas las que escuchamos este primer viernes mateíno.

Tras el paréntesis instrumental volveríamos con Mª José Suárez que «colgaba las plumas” y pasaba al bolero, recuerdos de amores y películas, desde el gardeliano Volver
de nuestras sienes plateadas que nos hicieron saltar Lágrimas negras cubanas y hasta la pasión cinematográfica de Almodóvar con el  Cucurrucucú paloma o el siempre eterno Piensa en mí, Chavela o Linda Ronstad, versiones del Lara original siempre personales de la ovetense y el langreano sin perder sello propio pues son canciones verdaderamente caleidoscópicas que admiten cualquier acercamiento desde estilos aparentemente antagónicos, pues cuando la melodía es bella, el ropaje queda perfecto.

En una velada tan cercana y nuestra, nada mejor que escuchar al piano el eterno pasodoble Suspiros de España del maestro jienense Álvarez Alonso, que Marcos Suárez afrontó nuevamente desde la seriedad en una difícil adaptación de la orquestación original, antes de llegar a dos verdaderos «hits» que escuchaba de crío a mi abuela Pepita, la parte cantarina de la familia, primero La violetera de Padilla, que Suárez enmendó la plana a la mismísima Saritísima, y hasta «La Peluso» se atreve con ella, vigencia eterna del cuplé, y no digamos el picarón Tápame ideal para un verano astur atípico de frío comentado siempre con la sorna y coña marinera candasina o almeriense única de María José, ganándose aún más a un público entregado y cada vez más entonado, rejuveneciendo con esta pócima musical en los años de radio y televisión todavía en blanco y negro ya en tiempos digitales punto cero.

Nada mejor que estar entre amigos, y así llegaría la sorpresa cantado a dúo con la soprano Beatriz Díaz el cómico Dúo de gatos de Rossini, felinas reales de peluche que maúllan y convirtieron esta «riña de líricas» en un verdadero regalo para el oído, siempre con el seguro Marcos Suárez que conoce bien a las dos y «respira» como buen repertorista.

Y llegaría el final nunca deseado con un cuplé del llamado «pasatiempo lírico» La alegre trompetería (1908) compuesto por el maestro Lledó, «La regadera» con toda la picardía ya perdida de la ironía y los dobles sentidos, textos a los que la imaginación libraba de censuras en tiempos duros, necesaria música terapéutica con la psicóloga Suárez, jardinera armada de regadera en miniatura para la ocasión. ¡Que no nos falte el humor! y si es con inteligencia todavía mejor, el de la mezzo asturiana insustituible en nuestra zarzuela (sin abandonar la ópera), regalándonos un recital distinto para nuestra larga juventud. Así nos sentimos con la propina compartida y coreada de «La Corte de Faraón» también de Lledó y ¡Ay, ba! del Babilonio que marea, revista llevada a la gran pantalla, las vedettes en color de aquellos programas televisivos para las noches de los sábados y el recuerdo de unas melodías que forman parte de una historia común vivida por todos, presentes y ausentes.

Agradecimientos últimos como las flores de Mª José Suárez a todos los asistentes y muy especiales al alcalde Alfredo Canteli por su apoyo a la lírica en La Viena del Norte español durante estos tiempos difíciles, y a Covadonga Díaz, concejal de festejos incansable y luchadora, bisando ya a viva voz con toda la sala el «Ay! vámonos allá», a Oviedo capital musical asturiana y feliz comienzo del San Mateo 2021. Faltó volver a los diecisiete pero siempre volvemos a sentirnos jóvenes con estas canciones que guardan muchas historias.

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