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Juan Durán en femenino plural

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JUAN DURÁN: «(di)Versos Femeninos». NURIA LORENZO, mezzo; ALEJO AMOEDO, piano. Sello RDC; referencia MG-2201.

El compositor Juan Durán Alonso (Vigo, 19/09/1960) de amplio y variado catálogo, miembro de la denominada «Generación de la apertura» y fundador de la Asociación Gallega de Compositores en 1987, encuentra en la poesía un camino propio en lo que podríamos llamar el «lied actual», voz y piano donde la música engrandece unos textos siempre bien elegidos, aunque en esta última grabación no vengan incluidos (sí en el programa del pasado 8 de mayo de 2021 en Homenaje a las víctimas del Covid celebrado en Nigrán, donde interpretaron las obras aquí grabadas), con dos intérpretes también pontevedreses.
En un formato poco habitual, este disco grabado en el Auditorio Municipal Carmen Estévez de Vilalba (Lugo) el 6 de junio de 2021, recoge diez canciones de seis poetisas (hoy parece que se debe escribir poetas) musicadas con anterioridad y ahora en la voz de la mezzo Nuria Lorenzo con el piano de Alejo Amoedo, un dúo de larga trayectoria para unas partituras de protagonismo compartido como así se debe entender, conocedor Durán del registro vocal y color de una cantante poderosa en timbre, carnoso, de buena dicción, microdramas sentidos en su escritura global. Sumemos un pianista perfecto complemento musical y subrayando el ambiente de cada poema, sugiriendo, remando en la misma dirección de presencia justa y equilibrada con la voz en todas sus diversas expresiones. El resultado es otra aportación de Durán a un repertorio que crece y donde los compositores actuales encuentran el vehículo idóneo para dar a conocer este formato de salón, ideal en las salas camerísticas.
Cada una de las obras están perfectamente analizadas en la parte musical por el siempre docto y ameno Arturo Reverter, otro pontevedrés de pro para redondear una grabación que bien podría llevar la etiqueta de «Galicia calidade«. Me limitaré a esbozar mis impresiones de cada uno de los diez cortes, destacando la calidad de la toma de sonido amén de los propios intérpretes, y el universo poético de Juan Durán, nuevamente acertado en la fusión poesía y música, lírica en estado puro y cercano con este dúo vigués.
1. Julia Uceda (Sevilla, 1925): Antígona. La poesía de la andaluza es música en cada verso y el compositor vigués evoca aires románticos cual aria de fuerza en la voz rotunda de Nuria y el piano apasionado de Alejo.
2. Alfonsa de la Torre (Cuéllar, Segovia, 1915-1993: Engrandecí con lágrimas, nostalgia preparada al teclado y continuada con unos fraseos vocales de los versos, creciendo en intensidades contenidas, jugando con la métrica tan musical como los propios pentagramas con un final perdiéndose.
3. Alfonsina Storni (Capriasca, Argentina, 1892-1938): Versos a la tristeza de Buenos Aires, la saudade o mejor «morriña» desde ambos lados del Atlántico, el hermanamiento del emigrante sentido desde Galicia con los aires del tango universal que la voz grave y profunda de la mezzo interpreta arropada por un piano muy bien tratado, dibujando y vistiendo de salón de baile esa tristeza intrínseca de la siempre recordada Alfonsina.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885), «Tríptico rosaliano«: 4. Cada noite eu chorando pensaba; 5. Tecín soya a miña tea; 6. Lúa descolorida, con explicación en vídeo del compositor, así como la interpretación por Nuria y Alejo, la expresión del pueblo gallego, tradición y canción como las cantigas a modo de «lied gallego». La primera acunando los versos desde el piano que hasta en los silencios subraya ese sentimiento de tristeza. Poder pasar del andar al bailar lo consigue la siguiente, el piano abre el paso calmado que prosigue la voz casi de puntillas, amplios escalones desgarrados desde el canto casi imperceptible que crece en intensidad emocional y aire hasta esa danza culminando sentimientos hechos música. Para concluir, la delicadeza iniciada desde el teclado que prepara una melodía fraseada con esos versos de la gran Rosalía aún más etéreos con los arpegios del piano realzando la voz cuidada además de matizada con gusto y un color propio.
7. Marica Campo (Val do Mao, O Incio, Lugo, 1948): Baixei ao teu amor. Un torbellino de emociones plasmadas tanto en el poema como la propia escritura musical, un inicio pianístico brillante preludio de la aparición vocal que toma vuelo, nostalgias gallegas, cambios de tempo ayudando a reflejar un amor atemporal. Un piano digno de sonar solo que en este caso la voz completa estas palabras tan musicales e introvertidas como esta séptima canción del disco.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile,1889-1957), «Tres poemas de amor y ausencia«: 8. Vergüenza; 9. Ausencia; 10. Balada. Cierre poético también con la magia del tres, primero rítmico y animado, melodía casi de bolero con piano, diálogo vocal e instrumental bien entendido. Otro ambiente presenta el segundo poema, protagonismo de Alejo en solitario desde una introducción íntima, casi recordándonos a Schumann, después Nuria casi recitando sobre unos pocos acordes en rubato, paréntesis que reflejan esa ausencia rellenada con versos que animan el desarrollo en intensidad siempre contenida por parte de los dos intérpretes. Para cerrar ciclo y disco una balada, «es una forma de expresar el canto cortesano del final de la Edad Media en Europa, que aparece en el siglo XIV. La poesía es disociada de la música, pero la musicalidad es creada en la escritura misma del poema»; con esta definición de la socorrida Wikipedia© entiende Durán el poema de la chilena, contratiempos sudamericanos, melodía brillante con acompañamiento muy apropiado y también en solitario, aires de danza que empujan la canción hasta un final luminoso.
Un disco para escuchar y leer esos (di)versos que Juan Durán vuelve a engrandecer y nos han dejado  grabado para guardar esta pareja de largo recorrido y experiencia: la mezzo Nuria Lorenzo, ideal en color y tesitura además de sentimiento, con el pianista Alejo Amoedo, solvente en las partes solas y riguroso en la vestimenta necesaria de la voz. Y muy recomendable el directo donde poder disfrutar de esta nueva aportación a nuestra «canción de concierto».
P.D. La foto de portada es de Xoan Piñón; el técnico de sonido Pablo Barreiro y el diseño de Antonio Cid.

Un torbellino asturiano desde Singapur

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El flautista avilesino Roberto Álvarez, afincado en Singapur hace años, amplía su discografía mientras mantiene su frenética actividad tanto orquestal como docente, siempre bien rodeado de excelentes músicos y compañeros, ayudando a promocionar obras de compositores de nuestro tiempo tras el trabajo anterior dedicado a Francesco Molino (I Molinisti) en compañía del guitarrista Kevin Loh para su sello habitual Centaur.

La pandemia no supuso un parón para «mis músicos«, y qué mejor oportunidad para proseguir con sus enormes ganas de legarnos composiciones para flauta y piano ahora con la ucraniana Kseniia Vokhmianina esta vez para un sello que también apuesta por valores actuales como es Odradek Records con el sugerente título de «El torbellino interior» (The Whirlwind Within).

Tanto las obras como los autores aparecen perfectamente reflejados en un CD muy bien presentado y con los textos en inglés, alemán y español, para un mercado físico que se mantiene, además de la proyección que suponen las plataformas digitales y las redes sociales, hoy verdaderas cartas de presentación para músicos y compositores ante unos gustos cambiantes que optan por lo inmediato en pugna con esta música que necesita su tiempo para degustarla.

Con todo, este «torbellino» de CD, presentado recientemente, es una excelente amalgama de estilos y compositores, música muy bien escrita para ambos instrumentos, la flauta de Roberto y el piano de Kesniia. Siete obras de siete compositores de nuestro tiempo, de mi generación, especialmente el admirado y muy querido maestro Gonzalo Casielles Camblor (1931-2020), todo un referente asturiano como intérprete, compositor y maestro al que Roberto homenajea de la mejor forma posible con El vals de la fortuna, curiosa obra que el propio profesor comentaba «era algo compuesto sobre la marcha, tan sencilla que creía no valía nada» transformando el gordo de la navidad de 1981 (23786) en notas, desarrollando esta preciosa pieza que su discípulo rescató y en agosto de 2014 le solicitó una copia enviándole un arreglo para flauta y piano que se estrenaría al mes siguiente. Gracias por la recuperación y sacar del olvido la música de Casielles con la calidad interpretativa de su alumno aventajado.

Igualmente de interesante la obra del también avilesino Daniel Sánchez Velasco (1972) cuyas tres Dance Preludes (2020) emanan asturianía universal escritas con la frescura del director, compositor y clarinete de la OSPA, perfecto encaje de los solistas, con diálogos bien entendidos, dominio de las cualidades en cada instrumento explotadas con virtuosismo, magisterio y belleza que estos intérpretes elevan a la quinta esencia de la música «hecha en Asturias» para todo el mundo.

La catalana Elisenda Fábregas (1955) afincada y formada en EEUU, firma una Sonata nº 1 para flauta y piano (1995) en cuatro movimientos «clásicos»( I. Allegro; II. Largo; . III. Allegretto scherzando; IV. Allegro molto con brio) tratando los instrumentos en igualdad, música espiritual como describe la propia compositora elogiando la interpretación del dúo, que la grabación nos permite corroborar, motivos y emotivos, aires impresionistas exigentes en técnica que estos virtuosos la hacen cercana y llena de calidad.

También utiliza la forma sonata desde nuestro tiempo el inglés James Rae (1957) y su Sonatina para flauta y  piano (2007) en tres movimientos que representan la concepción transfronteriza de lenguaje actual desde un clarinetista que conoce bien «la madera» (I. Aquarelle; II. Nocturne; III. Fire dance), música sin etiquetas por el ambiente creado, giros de jazz enlazando con mi siempre admirado Claude Bolling (1930-2020), otro de los grandes impulsores de la flauta en todos los estilos sin perder la esencia sonora ni su amplísima paleta, como así nos lo han grabado esta pareja astur-ucraniana desde Singapur para todo el orbe melómano.

Se suma a la forma sonata desde el lenguaje actual el británico Mike Mower (1958), compositor, flautista y saxofonista además de músico de estudio, que ha compuesto para la Big Band de la BBC o la Orquesta de Jazz de la capital sueca, ahora con su Sonata nº 3 for flute and piano (2003), cuatripartita con sus movimientos titulados evocando fenómenos geológicos (I. Moraine; II. Escapment; III. Plateau; IV. Scree), el lenguaje de Mower con el que tanto Álvarez como Vokhmianina se encuentran en su salsa, enérgicos, compenetrados y haciendo atemporal una música de nuestro siglo.

El compositor e ingeniero mexicano José Elizondo (1972), alumno de Harvard, compone su Limoncello (2018) lleno de dolor y ritmo, su particular homenaje italiano, exigente para el dúo pues les pide «ser tierno pero no abiertamente dulce, fluido don arrebatos ocasionales brillantes y espontáneos pero no caprichoso, sereno pero ni triste ni melancólico», y los artistas lo consiguen desde un equilibrio elegante, pacifico, creando unas imágenes que tras leer los textos son pura musicoterapia.

Del bonaerense Pablo Aguirre (1967), tres ejemplos en su terreno, pues se ha especializado en esta formación de dúo flauta y piano, con la fusión de lo tradicional y lo clásico que hoy impera en las obras contemporáneas. Tres números que parecen conformar estas estampas emocionales: La fuga (1997), Distancias (2002) y Pasión ensordecedora (1991), aires argentinos bien entendidos y agradecidos, ritmos que contagian sin «milongas», música camerística escrita magistralmente como heredera del irrepetible Piazzolla, e interpretada desde el conocimiento de estos artistas que ejercen como tales en todas sus facetas.

Gracias a Roberto por estos regalos que tengo en un lugar especial y cercano de mi fonoteca, con el cariño de un profesor al que sus buenos alumnos siguen recordando desde los tiempos de pupitre, pizarra y mucha música de todas las épocas y estilos. Al menos lo sembrado se recoger y disfruta.

Seda, un viaje en femenino plural

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El pasado lunes 6 de junio tuve la suerte de estar en Madrid y poder asistir en la Sala Manuel de Falla del Palacio de Longoria, sede de la SGAE, a la presentación de SEDA, mucho más que un CD de la compositora, guitarrista e investigadora de Puertollano, afincada en Barcelona, Silvia Nogales Barrios, una maravilla de proyecto hecho realidad, todo un viaje en femenino plural con obras de ella misma, de la argentina Claudia Montero, afincada en Valencia donde fallecería en enero de 2021, la brasileño-americana Clarice Assad, la israelita Anna Segal, Cinthya García o María Parra, un trabajo en el que Silvia fue capaz de implicar a cantidad de instituciones y artistas no solo desde Verkami, y que se materializó en esta joya bien explicada en el texto de la contraportada: «Un viaje único y sensorial a través de las historias y la música de distintas mujeres del mundo», pues además de la grabación se incluyen ilustraciones de las cinco paradas en este itinerario personal, textos, créditos y su mundo que toma cuerpo desde la multidisciplinariedad con la que Silvia ofrece su música.

En la mesa y moderando el evento estuvieron Carlos Santos (periodista), quien creyó en ella hace tiempo divulgando en su programa «Entre dos luces» una música que me impresionó desde la primera vez que la escuché, María José Romero Rodenas (directora de la Cátedra de Igualdad de Género y Diversidad “Clara Campoamor”, de la Universidad de Castilla La Mancha), María Parra (pianista y compositora) más Esther Acevedo, actriz y escenógrafa (también tía de la artista pues la genética es siempre importante), que fueron compartiendo vivencias, anécdotas y explicaciones de este trabajo del que también pudimos degustar parte en vivo con las proyecciones oportunas, la propia Silvia Nogales en solitario, con el piano de María Parra o la escena de Esther Acevedo, mucho más que poesía e interpretación del viaje musical, banda sonora femenina llena de guiños y repleta de belleza.

Finalizado el «acto oficial», la familia de Silvia nos agasajó con un auténtico «vino español», productos de su tierra manchega donde no faltaron embutidos, quesos, empanada, dulces y por supuesto los vinos, aprovechando  para felices encuentros inesperados (Javier y Alessandro) comprobando que la música sigue abriendo puertas, más con Silvia Nogales que no sólo es ARTISTA sino luchadora que cree en lo que hace y contagia su ilusión.

Ya de vuelta en casa solo quedaba disfrutar una y otra vez del trabajo bien hecho que ya ha tenido múltiples críticas y reseñas, todas excelentes como era lógico. Cada uno de las siete obras (en 10 cortes)  son mágicas llaves hacia la belleza global, «seda» cual viaje mundial desde una guitarra propia que comenzaría en un escaparate con 6 años y ahora navega por el universo, el Ave Fénix de María Parra o La última samurai de la propia Silvia armada con su personal catana de seis cuerdas e interpretada por Esther Acevedo en un vídeo hermoso de aromas nipones.

Placeres sin preparar que me depara la vida, siempre con la música que sana más que seda, y nos hace viajar en todas las dimensiones. Enhorabuena a todos los que han hecho posible esta otra «Seda» y todo lo mejor para Silvia Nogales Barrios que como bien decía mi admirado Carlos «La libreta colorá», triunfará seguro porque es su vida sin buscar aplauso o fama.

Y los que compartimos pasiones así lo sabemos y entendemos.

Rafael Aguirre: la guitarra infinita

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Miércoles 11 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1651. Rafael Aguirre (guitarra). Obras de García Abril, Agustín Castellón Campos Sabicas, Esteban Delgado Bernal (Esteban de Sanlúcar), F. Tárrega, A. Piazzolla, F. Bustamante, Satie y Agustín Barrios Mangoré.

Volvía a Gijón el guitarrista malagueño Rafael Aguirre (1984) en solitario, como en sus inicios allá por los primeros años 20 lo hizo Andrés Segovia (el propio intérprete lo recordaba en sus redes sociales) y con un programa heterodoxo donde demostraría que la música no tiene etiquetas, el instrumento más español también es universal, y desde una técnica virtuosística unida a una musicalidad única, el concierto resultó todo un éxito para un público numeroso que disfrutó de este «omnívoro» de las seis cuerdas con una agenda a tope.

Con su simpatía fue presentando casi todas las obras y el porqué de la elección, si bien las de nuevo excelentes notas al programa, esta vez de Ramón G. Avello (enlazadas arriba en obras) desmenuzaba cada una de ellas, pasando a un lado y otro del Atlántico con la misma naturalidad de su acento, homenajes sonoros a la guitarra, clásica en concepto e infinita desde su amor por el instrumento.

Una de las «Evocaciones» de Antón García Abril (1933-2021) abrirían boca para apreciar con la segunda, La guitarra hace llorar a los sueños que con una amplificación discreta y necesaria, Aguirre hizo hablar este “pozo con viento, en vez de agua” como llamó Gerardo Diego a nuestro instrumento además de inspirarse en Lorca el recientemente fallecido compositor turolense, más actual que nunca. Y dos ejemplos del flamenco más  íntimo para un boquerón que lo lleva en la sangre: del navarro Agustín Castellón Campos «Sabicas» (1912-1990) las alegrías Olé mi Cádiz, que llevaría a las grandes salas de conciertos, siendo referente de todo guitarrista, más los Panaderos flamencos de Esteban Delgado Bernal, Esteban de Sanlúcar (1912-1989), otra figura universal que en manos del malagueño nos transportaron a la esencia de un sonido impecable lleno de «pellizco».

Evidentemente no podía faltar Francisco Tárrega (1852-1909) de quien Rafael Aguirre es su mejor intérprete, primero su Capricho árabe de verdadera recreación y hondura, sin presentaciones, sólo la música del grande en las manos del malagueño, largamente aplaudido, y el cierre con las virtuosísticas Variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Paganini, verdadera paráfrasis que el «endiablado italiano» parece contagiar al español, violín o guitarra en buena lid decantada hacia nuestro lado.

De las transcripciones y arreglos, todas tan bien realizadas que pareciesen estar escritas para las seis cuerdas, desde el Invierno porteño de Ástor Piazzolla (1921-1992) más íntimo que el propio quinteto original, la galopa Misionera del también argentino Fernando Bustamante (1915-1979) en un viaje a la frontera con Paraguay lleno de ritmo y pasión en una guitarra más completa que el piano, pasando al guaraní, no demasiado conocido, Agustín Barrios, Mangoré (1885-1944) contemporáneo del recordado Segovia, tan virtuoso o más que el español, cuya página Un sueño en la floresta exige unos trémolos virtuosos sin perder el sentido popular hecho obra clásica de salón. Así la sintió un Aguirre dominador de todos los estilos con un sonido pulcro, propio, poesía hecha música.

Y si Argentina miró siempre a Francia, la Gymnopedia nº 1 Lent et douloureux de Eric Satie (1866-1925) no sólo culminó el viaje trasatlántico sino que reafirmó mi idea de parecer escrita para la guitarra de Aguirre, la partitura sin indicación instrumental porque tanto el timbre como la interpretación del malagueño así la hicieron posible.

Con total naturalidad y demostrando que la guitarra es infinita, dos propinas conocidas que sonaron nuevas en sus arreglos: el conocido y cinematográfico Gabriel’s oboe de Ennio Morricone (1928-2020), relatando igualmente el videoclip que rodase en las Canarias cuando la pandemia cancelaba conciertos, y una Granada de Agustín Lara (1897-1970), perfecto broche de las visiones hispanoamericanas para el instrumento que suena en todo el mundo siempre con el calificativo de española, única e historia nuestra.

A Brasil, si nada lo impide, llevará con mis queridos Manuel Hernández Silva y Beatriz Díaz nuestra música con la Sinfónica de Sao Paulo, verdaderos embajadores de talla mundial.

Explorando piano y saxo

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Martes 29 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 6 del año 2022, 2.031 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Dúo Saxperience: Antonio Cánovas (saxofón), Elena Miguélez (piano). Obras de: Amy Beach, J. J. Solana, A. Guinovart, J. A. Amargós, T. Yoshimatsu y P. Iturralde.

Interesante programa el ofrecido por el Dúo Saxpierence para la sociedad filarmónica ovetense, apostando por un equilibrio interpretativo entre piano y saxo con obras tanto originales como transcripciones que dan una visión de la evolución de un instrumento moderno que se ha convertido en imprescindible en todos los repertorios, desde la llamada clásica, especialmente desde el Impresionismo, hasta el jazz con todas sus fusiones, incluyendo el flamenco, la música ligera, las bandas de musica que serían impensables sin él, y obras actuales pensadas para su peculiar timbre y expresividad en cada tesitura, este martes con los alto y soprano.

Las obras elegidas por Cánovas y Miguélez demostraron la perfecta simbiosis y entendimiento de los dos profesores, una vida en común por y para la música con partituras muy exigentes para ambos, donde poner la técnica al servicio de unas músicas que encantaron a un público variopinto con presencia de estudiantes de los distintos conservatorios asturianos, formando a las nuevas generaciones en ambos lados de la música, desde el trabajo del escenario hasta la butaca, el ocio que tantas alegrías nos dan.

Antonio Cánovas ejerció igualmente de anfitrión y docente, presentándonos cada una de las obras interpretadas. De la compositora norteamericana Amy Beach (1867-1944) decir que está sonando cada vez más en los auditorios y teatros desde todas sus facetas, siendo la camerística igual de interesante que la sinfónica. Su Romance Op. 23 (1893) para violín y piano es muy popular y la transcripción para saxo alto del propio Cánovas mostró la versatilidad de su instrumento, capaz de descubrir sonoridades propias sin «traicionar» el original, siempre con un piano presente de graves redondos y un brillo complementando las texturas del saxo.

El compositor madrileño Juan José Solana Gutiérrez (1957), actual presidente de la Fundación SGAE, compuso en 2015 Gran Vía 6 a.m. para saxo alto y piano dedicado a este dúo que la estrenaría en Madrid. La historia que esconde es la larga espera en esa parada del bus madrileño tras perder el último de las noche y observar el latido de la capital de España a esas horas, auténtica banda sonora del despertar al trabajo y la cotidianidad, música llena de matices y ambientes que los destinatarios compartieron con todos los presentes, poniendo cada uno de nosotros las imágenes para el recuerdo en una partitura muy trabajada como en el maestro Solana es habitual.

Para cerrar la primera parte el catalán Albert Guinovart (1962), su Fantasía sobre «Goyescas» (1997) para clarinete y piano que con el permiso del compositor por la complementariedad sonora del saxo soprano, no puso reparos al cambio de instrumento. Si la obra original de Granados es una maravilla tanto orquestal como al piano, mantenerlo y variar sus melodías con el soprano en unas armonizaciones actuales, auténtica fusión o visión mediterránea del catalán que mantiene todo el protagonismo pianístico enriquecido aún más con el timbre de un saxo que canta igualmente «jondo» y operístico, enamorando como las majas del ilerdense que el barcelonés reviste de moderno testimonio.

Todavía quedaba mucho más por disfrutar pues la segunda parte nos trajo a dos compositores actuales cuya música explota todos los recursos del saxo alto con un piano capaz de recordarnos al mejor Debussy o Mompou unido con Montoliú o las armonías del lejano oriente plenamente New Wave. Del segundo barcelonés del concierto, Joan Albert Amargós (1950), tengo grabaciones suyas en todos los formatos, estilos y épocas, dominador del clarinete y el piano además de excelente orquestador del que viví los arreglos asturianos disfrutando igualmente con su dirección, En su faceta compositiva, este Homenatge a Lorca (1998) es una joya para el piano y el saxo, los tres cantos populares del granadino universal, otro enamorado de la música como buen poeta, resultan actuales sin perder la esencia, desde Los cuatro muleros rítmicos, variados, casi individualizados, totalmente jazzísticos, piano inmenso y saxo estratosférico, pasando por el Zorongo cual «música callada» de teclas intimistas hasta el desbordante Anda Jaleo que Cánovas y Miguélez llevaron al culmen, auténtica experiencia con el saxo, unísonos y escalas a dos engrandecidas por la precisión y encaje de ambos gracias al magisterio de armonías del catalán.

Y el fin de fiesta con un japonés, Takashi Yoshimatsu (1953), con su Fuzzy Bird Sonate (1991), tres movimientos de estos «pájaros borrosos» que corren, cantan y vuelan, tal y como indica el compositor en cada uno de los cuadros sonoros. Dúo perfecto de saxo y piano por los ambientes creados, (di)fusionando lo tradicional y universal desde el lejano oriente que sigue dándonos compositores interesantes, búsqueda de sonidos explotando los instrumentos y melodías eternas vestidas de modernidad. un piano rítmico y exigente completando el virtuosismo del saxo, jugando con percusiones y un vuelo incesante casi de vencejos por su coordinación en esta interpretación para asombro de todos a la altura de estos dos profesionales.

Un concierto completo, original donde no podía faltar un tributo al gran Pedro Iturralde (1929-2020),  nuestro saxofonista de referencia que hubiese disfrutado con estas obras, docente, compositor e innovador, un espejo para tantos que llegarían después, fallecido sin el merecido homenaje en vida que un emocionado Antonio Cánovas le rindió con el primero de los movimientos del tríptico Memorias con el sonido siempre único del soprano para esta melodía tan sentida en escritura e interpretación.

Goethe en el lied

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Miércoles 16 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1648: «La Lírica de Goethe». Lieder sobre textos de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Paula Iragorri (mezzo), Marcos Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Grieg, H. Wolf y Camilo Comas.

No cabe duda que el alemán Goethe, de quien se conmemora este año el 190 aniversario de su muerte, está unido a la historia del lied y muchos compositores tomaron su obra para musicarla, siendo el triunvirato por excelencia el formado por Schubert, Schumann y Hugo Wolf como así nos lo contaba mi admirado profesor Emilio Casares en aquellos felices años de facultad.

Evidentemente la lírica de Goethe resultó ideal por su propia musicalidad como bien explica el musicólogo Jorge Trillo Valeiro en las notas al programa de este concierto de la filarmónica gijonesa, apostando por la calidad de cada concierto y la importancia de la voz en una temporada digna de elogio.

De no afrontar un ciclo completo, siempre muy exigente para un concierto de lieder, elegir las obras con Goethe como inspirador resultó una auténtica lección donde pudimos escuchar otros compositores en la voz de la mezzo donostiarra Paula Iragorri Bascarán y el pianista langreano Marcos Suárez, el protagonismo compartido de todo lied que exige además un dominio idiomático, «genético» en Paula, y un compañero de viaje capaz de afrontar cada partitura como una obra solista para poder dialogar, subrayar el texto, completar el espíritu de cada poema, y brillar a la misma altura, disfrutando además de la proyección de Alejandro Carantoña con la traducción de cada canción, otro tanto a favor de la centenaria sociedad gijonesa que además apoya económicamente la rehabilitación de la capilla de San Esteban del Mar en colaboración con el Rotary Club local, cuyo presidente presentó antes del concierto agradeciendo igualmente el apoyo del consistorio.

Muy interesantes tanto las obras como los compositores elegidos, siguiendo un orden cronológico que además, tal y como nos contó al descanso David Roldán, los de la primera parte siendo más jóvenes que Goethe, murieron mucho antes, mientras en la segunda avanzamos hasta un desconocido para mí abogado catalán nacido probablemente en 1880, Camilo Comas y Mora (o de Mora), «distinguido aficionado a la bella música«, pianista entre otros instrumentos más, y compositor rescatado por María Sanhuesa y la propia Paula Iragorri, que indagando por Internet me encuentro algún dato curioso como haber sido miembro de la delegación española en el Patronato del Festival de Bayreuth creado para sufragar el estreno de Parsifal (Wagner), posteriormente su breve paso como juez de instrucción en Ibiza, donde además de dar un concierto vocal e instrumental en el Círculo Agrícola con un programa donde aparece otra obra suya, también parece que estrenaría en la catedral una Pasión según San Juan en 1901, indicando Mossèn Francesc Xavier Torres Peters en su artículo: «El Sr. Comas en las piezas que cantó y en las que ejecutó, demosstrónos nueva vez que, más que aficionado a la música slecta y al canto, es un acabadísimo profesor y un artista consumado«. La obra que cerraría el concierto, Gretchen, Op. 15, inspirada en el Faust de Gounod, con traducción al francés, demostraría no ya el conocimiento musical de sus «vecinos del norte» sino la inspiración y el excelente tratamiento musical con un piano efectista y una melodía vocal compuesta para mezzo, al mismo nivel que sus compañeros de programa en Gijón.

Comienzo con los pioneros Mozart (Das Veilchen, K, 476) y Beethoven para conocer el camino por el que discurriría el lied, la voz con la tesitura vocal central (habitualmente barítonos pero también mezzosopranos) y el piano casi sonatístico, siempre con la música al servicio del texto como así lo entendieron Iragorri y Suárez, transitando al dramatismo romántico del Egmont. Y el culmen de la primera parte con Schubert, que exprimiría a Goethe en sus casi 80 lieder a él dedicados, eligiendo aquí una pequeña muestra, desde el juvenil Wandrers Nachtlied sencillo y honda declaración de amor, hasta el conocido e impactante Erlkönig D. 328 que la mezzo «vivió» jugando con una amplia gama dramática con el piano brillando de forma frenéticamente segura, eligiendo un tempo exigente para ambos y verdadera joya del malogrado compositor vienés. La propina, en esta misma línea de feliz conjunción lírica, An die musik, paso del estilo final clásico al romanticismo del Sturm und Drang, modelos de lied que ocuparán todo el XIX impregnando de poesía las músicas de salón más allá de lo germano.

Variedad temporal y geográfica duranre la segunda parte, primero Schumann, de quien escucharíamos tres de los ocho lied de su Myrtheu, Op. 25, feliz continuador de Schubert, el piano tan poético como la voz, expresividad de Marcos cual narrador descriptivo y subrayado de Paula, cómoda en su canto pese a la exigencia interpretativa. Continuaría la influencia de las «canciones de Goethe» hasta Tchaikovsky, escuchando el último de los 6 romances, Op. 6 (Nur wer die Sehnsucht kennt), optando la mezzo por la traducción al ruso de este rey melódico, la Mignon casi operística con un piano orquestal, más la quinta de las 6 canciones, op. 68 (Zur Rosenzeit) del noruego Grieg, exprimiendo la dramaturgia del texto que el dúo así interpretó, con dominio estilístico y lingüístico de la mezzo de la mano de un piano poderoso, rico en matices, claro y disfrutando ambos de una escritura que ayuda a lucirse.

Palabras mayores, también en lo musical, las de Hugo Wolf y su noveno número, Mignon: Kennst du das Land? (de los Goethe-Lieder, IHW 10), el último romántico del lied camerístico que abriría puertas a los sinfónicos, el culmen de un recital para disfrutar de este género tan difícil, exigente, ideal para la tesitura y color de Paula Iragorri que encontró en Marcos Suárez su igual y fiel acompañante, dos caminantes a los que también cantaría Schubert.

Broche final el agradable «rescate» ya comentado, Gretchen, Op. 15 del citado Camilo Comas, que puso a este catalán al mismo nivel emocional de sus compañeros de programa compartiendo la lírica de Goethe, sin vender almas y girando en la rueca como Margarita. Así lo defendieron y sintieron Paula y Marcos en un programa atractivo para los amantes de este género, feliz conjunción de voz y piano, que como escribió el Padre Sopeña en su estudio El lied romántico (1973), también citado por Trillo, «la música como autobiografía con genial capacidad de transmigración, es lo que hace de la música romántica novedad y constante a la vez«.

En el buen camino

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En la recuperación de la llamada canción de concierto, Aurelio Viribay Salazar es una verdadera autoridad desde su cátedra madrileña, además de un pianista solicitado por muchas voces, especialmente jóvenes que sin complejos se acercan a un repertorio de tanta calidad como el francés o el alemán con el pianista vitoriano de referencia para ello.

Tengo las últimas grabaciones con la soprano pacense Mar Morán cantando a García Leoz o al tenor cordobés Pablo García-López en una selección titulada Raíces, uniones atlánticas y mediterráneas que van en esta línea de sacar a la luz tantas partituras olvidadas y seguramente polvorientas, con un canal en YouTube© dedicado a la «Canción Lírica» que aloja multitud de vídeos en vivo donde se muestra nuestro grandísimo patrimonio musical y la calidad de las voces que el vasco Aurelio Viribay comparte desde su magisterio, y a quien Arturo Reverter ha bautizado como «arqueólogo de la canción española» (tras «nacerle» en Bilbao en vez de Gasteiz, pues como dicen los chistes «los de Bilbao nacen donde quieren«).

Ya llevo días disfrutando de esta grabación, No camiño (GeBéMusic del Grupo Beroly), con el barítono Gabriel Alonso (Ferrol, 1991), trece temas de compositores gallegos de distintas épocas que pusieron música a la poesía de mi vecina y querida Galicia, auténticas joyas literarias. Trece poemas en la lengua de la gran Rosalía de Castro, la más conocida, junto a Manuel Antonio, Leiras Pulpeiro, Salvador Golpe, Manuel Cuña Novás, Ramón Otero Pedrayo, Manuel Curros Enríquez, Manuel Martínez González y José Trapero Pardo, lírica escrita que los músicos realzan con unas melodías siempre ajustadas al texto, y en este caso unos más que interesantes pianos compartiendo la métrica interna de la lengua gallega escrita con músicas de salón atemporales.

Todos los compositores, uno para cada canción, son una excelente mezcla, desde los actuales a los veteranos más los que están «por descubrir», todos gallegos de pura cepa, muchos apegados al terruño, otros emigrados, viajeros siempre con la «morriña» presente e inspiradora al igual que la literaria. Aquí los dejo ordenados cronológicamente, como curiosidad y con enlaces a sus biografías, algunas dignas de ser novelas o guiones cinematográficos:

Marcial del Adalid (A Coruña, 1826-1881), Canuto Berea (A Coruña, 1836-1891), Xoán Montes (Lugo, 1840-1899), Xosé Castro «Chané» (Santiago, 1856 – La Habana, 1917), Xosé Baldomir – seudónimo de José Ventura Eduardo Gregorio Valdomir- (A Coruña, 1865-1947), Gustavo Freire (Lugo, 1885-1948), José Fernández Vide (Ourense, 1893-1981), Antonio Iglesias (Ourense, 1918-2011), Margarita Viso (A Coruña, 1957), Juan Durán (Vigo, 1960), Octavio Vázquez (Santiago, 1972), Fernando Buide (Santiago, 1980) y Borja Mariño (Vigo, 1982).

Interesante la variedad de estilos que son cual catálogo de la evolución de nuestro patrimonio lírico, por lo que propongo una escucha de cada canción sin conocer más datos, disfrutarlas siguiendo, si se puede, los textos del libreto (aunque sin traducir) e intentar descubrir la época, pues seguro habrá más de una sorpresa, mestizajes de puro romanticismo del XXI o vigencia plena del XIX para nuestros tiempos, unidad gallega de varias generaciones que son, como el slogan turístico, «Galicia calidade«, al igual que la cantera de voces gallegas de nuestros días.

El barítono ferrolano de registro amplio y bello, redondo en el grave, con buena articulación y matices variados, siempre resaltando los textos, repasa aquí dos siglos de música gallega con el siempre docto piano de Aurelio Viribay en una excelente toma de sonido de esta grabación realizada los días 7, 8 y 11 de enero del pasado año (con Filomena azotando) en los Estudios Cezanne Producciones de Las Rozas (Madrid). Canciones para cualquier voz pero que en las masculinas, y más las graves, son relatos todavía más cercanos a aquellos emigrantes dejando todo en su tierra.

Dejo al final de la entrada el listado con los trece temas, especificando música y letra, pues así debemos entender estas partituras. Personalmente siempre me ha gustado, en cualquier versión, el llamado segundo himno gallego, Negra sombra de Juan Montes, que supone actualizar la visión coral por la camerística aunque desconozco cuál fue primero; el excelente Sós de Durán dedicado al barítono, bien tratado el dúo como unidad, piano rotundo y voz explorando registros; los Dous cantares de Buide que suponen una brisa fresca en el acercamiento al género de la canción de concierto por la excelente armonización y trabajo de voz y piano; al igual que la Saudade de un Mariño verdaderamente inspirado por Rosalía de Castro; el aire popular llevado al concierto por Vázquez del En Cornes de la escritora nativa, e interesante Ao lonxe de Iglesias, casi operístico con silencios dramáticos y dedicado dentro del ciclo «Canciones gallegas» al gran crítico Antonio Fernández-Cid. Ciertas remembranzas extremeñas -encuentro cierta similitud inicial con «Ya se van los pastores»- desde el Caribe (porqué no también asturianas por cantábricas) en la Mariquiña de Chané o la zarzuelística Romanza de Xosé que me recuerda igualmente parte de la «Molinera» ibérica, sencillez sentida tanto en la voz como en el piano de este mosaico lírico.

Habrá que esperar, como se ha hecho con la gallega, la revisión de la lírica asturiana a lo largo de esta misma época (con algunos intentos no muy reconocidos), pues las similitudes musicales corren parejas y también se conjugan compositores interesantes de hoy en día con los señeros, aunque nos han faltado escritores de la talla literaria que nuestros «primos hermanos» siempre han tenido, en parte por no ser una lengua oficial ni parezca que lo sea, siendo todavía motivo de disputas políticas.

Cortes, autores (música / letra) y títulos:

1. Juan Durán / Manuel Antonio: Sós.

2. Margarita Viso / Leiras Pulpeiro: O mar.

3. Marcial del Adalid / Popular: Adiós, meu meniño, adiós!.

4. Xosé Baldomir / Salvador Golpe: Meus amores.

5. Fernando Buide / Rosalía de Castro: Dous cantares.

6. Borja Mariño / Manuel Cuña Novás: Saudade.

7. Xoán Montes / Rosalía de Castro: Negra sombra.

8. Antonio Iglesias / Ramón Otero Pedrayo: Ao lonxe.

9. Octavio Vázquez / Rosalía de Castro: En Cornes.

10. Xosé Castro «Chané» / Manuel Curros Enríquez: Un adiós a Mariquiña.

11. Canuto Berea / Manuel Martínez González: Un sospiro.

12. Gustavo Freire / José Trapero Pardo: Romanza de Xosé (Non chores Sabeliña).

13. José Fernández Vide / Ramón Otero Pedrayo: Canción de Corisco – Miñatos de vran.

Ten piedad y danos la paz

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Miércoles 2 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1646 de la Filarmónica de Gijón.  Cantus Missae: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Rheinberger, Mendelssohn, Brahms y Whitacre.

Un miércoles de ceniza coral con varios monumentos vocales que nuestra formación más internacional y laureada como El León de Oro (LDO) trajeron a la temporada de la filarmónica gijonesa en un Jovellanos que presentaba una entrada excelente con los muchos leónigans llegados a la capital de la Costa Verde. El programa que ya pude disfrutar en Oviedo, fue de nuevo un «Monumento canoro» aunque el título esta vez fuese el de «Cantus Missae» por la misa de Rheinberger, más allá de toda creencia religiosa porque la música une, eleva el espíritu y siempre clama por la paz. Así se entendió por todos los presentes, recordando los momentos tan difíciles en Ucrania y la propia pandemia que sigue entre nosotros obligando a seguir «enfocicaos» tanto los asistentes como los cantantes, mascarillas que no nos impiden demostrar no solo que la cultura es segura sino que la música es la mejor terapia posible y que el LDO canta siempre bien hasta con la boca tapada.
La Misa en Mi bemol Mayor (Cantus Missae), Op. 109 de Josef Rheinberger (1839-1901) abría este emotivo concierto, pensada para gran coro, los 47 componentes sobre el escenario del Jovellanos volvieron a sonar «a capella» con su calidad superlativa, no importan los relevos generacionales porque exprimen cada cuerda al límite, capacidad dinámica, tesituras extremas, con las voces blancas siempre cálidas incluso en los pianísimos, hasta los bajos profundos, más graves siempre de agradecer porque son el verdadero sustento que hace brillar al resto de voces. «Señor ten piedad», sentimientos extramusicales en tiempos de guerra, trascendiendo lo religioso porque necesitamos piedad y amor por el prójimo independientemente de creencias, «hacer todo el bien posible» que escribiese Beethoven, una verdadera ceremonia coral que «los leones» llevaron a cabo bajo el sumo sacerdote Marco. Respetuoso silencio de un público agradecido (bisarían el Kyrie como agradecimiento y dedicado a un ucraniano del coro).
De Felix Mendelssohn (1809-1847) al que este coro conoce y se entrega desde siempre, dos salmos  que siguen siendo joyas vocales, Jauchzet dem Herrn, alle Welt (Salmo 100) y Richte Mich Gott (Salmo 43), casi seña de identidad del LDO, la inspiración en Bach, textos que tenemos traducidos en el siempre excelente programa de mano, hoy firmado por Violeta Rubio, entrega y recogimiento equilibrado, pronunciación alemana perfecta, cantos religiosos en esta «puesta en escena» profana para respigarse por tantas emociones desde el buen cantar.
Transitando por un romanticismo cada vez más necesario para toda formación, escucharíamos el monumental Geistliches Lied, Op. 30 de Johannes Brahms (1833 -1897), con el piano del corista Óscar Camacho hoy situado hacia atrás, para evitar los incómodos trasiegos, pero en línea visual con Marco A. García de Paz y «cantando» desde las 88 teclas, conocedor de las «respiraciones» desde el instrumento y con la ductilidad de su formación, el piano vocal ideal para el mejor Brahms coral.
Y final con Eric Whitacre (1970), el verdadero «romántico» de nuestro tiempo, revolucionario coral para nuestro «coro de oro» que canta como pocos al estadounidense, su When David Heard, más que un capricho de Marco, obra exigente a la que «su coro» llega en el momento ideal para interpretarla, las afinaciones extremas siempre controladas, los matices donde el silencio es más importante que nunca, arte vocal subrayando un sufrimiento que en la partitura está siempre presente, respeto de un público en total comunión con «nuestro león», todo un ejemplo de disciplina y trabajo, los ideales de un coro veterano por el que la mezcla generacional le mantiene como un gran reserva. No nos cansaremos de cada concierto único, irrepetible, con emociones imparables sin perder nunca esa «marca de la casa», polivalencia coral o policoralidad, la importancia de los impresioantes silencios intrínsecos a la propia música, dramatismo, afinación muy cuidada (e impagable), partitura y programa con la necesaria compenetración total de cantantes y director.
Si en la misa nos damos la paz antes del Agnus Dei, hoy musicado por Rheiberger, también pedimos Piedad al Todopoderoso (máximo rector o ente eterno, no importan las creencias ante el dolor) con el Kyrie cual plegaria cantada que se repitió más que de regalo, de sentida súplica coral.

Heres más que una promesa

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Lunes 28 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 4 del año 2022, 2.029 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. María Heres Peláez (mezzo), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de: Schubert, Mahler, Hugo Wolf, Milhaud, Granados, Donizetti, Saint-Säens, Penella y J. Serrano.

Siempre es interesante acudir a un recital de lírica en una voz tan auténtica como la de mezzo y aún más si es María Heres a quien sigo desde sus inicios en este difícil mundo del canto. La juventud y el trabajo tienen su premio, y debutar en esta histórica sociedad ovetense es uno de ellos. Con su pianista de cabecera, Mario A. Blanco nos trajeron un muestrario de lo que la mezzo pixueta está estudiando mientras amplía repertorio buscando siempre el más apropiado a su voz, que va ganando cuerpo en un torrente de volumen controlado con la técnica, tanteando tanto las llamadas «canciones de concierto» (lied, chanson y canción española) en los tres idiomas, como arias de ópera y romanzas de zarzuela, profundizando en el carácter que todas estas obras esconden.

La primera parte transitó por textos alemanes de Goethe («Los elfos» de Schubert), Ruckert (Mahler y su Liebst du um Schönhelt) y Morike (Verborgenheit de Wolf) musicados por tres figuras del lied que exigen una dramatización propia con el piano realzando unas letras, no siempre bien vocalizadas, estando la mezzo asturiana cómoda en las tres pero sin la visión y poso que sólo los años pueden dar a estas partituras.

Mucho más cómoda con el francés de Milhaud y sus Trois Chanson de Négresse, que sigue trabajándolas porque le van muy bien además de aplaudidas una a una para esta «mujer de negro», jovial en «Mon Histoire», más lírica en «Abandonée» y sentida «Sans feu ni lieu», mejor conexión poética con el país vecino y un piano que lleva en volandas a la voz.

Igualmente aplaudidas cada una de las tres canciones de La maja dolorosa de Granados, exigentes en tesitura pero que los crecientes graves de Heres alcanzaron con seguridad y el piano mimándola. Habrá que seguir trabajando la vocalización pero «Ay, majo de mi vida» está en el camino correcto.

Breve descanso para coger fuerzas pues vendrían dos arias de ópera donde María Heres brilló con luz propia, tanto en la Leonora de Fia dunque vero? O Mio Fernando («La Favorita» de Donizetti) donde el piano orquestal debe sufrir como sólo los maestros repetidores saben, y la Dalila de Mon coeur s’ouvre á ta voix de Saint-Saëns, ese canto de amor a Sansón que sintió en este rol al que le va tomando el pulso en cada recital.

De nuestra zarzuela otros dos números de fuste, «La Malquerida» de Penella y su romanza Él va a venir que protagoniza la mezzo de voz poderosa y doliente, dramatización entregada, y Qué te importa que no venga («Los Claveles») del maestro Serrano, perfecto cierre a este recital de la cantante de Oviñana, cómoda vocalmente, emocionada por el apoyo de un público fiel y el piano siempre.

Tras agradecer tanto a la propia sociedad como al RIDEA y La Castalia que tanto han supuesto en el apoyo musical de los jóvenes talentos asturianos, también en el de María Heres en su incipiente carrera, y especialmente a su maestra Begoña G. Tamargo, alma mater de la pronto veinteañera asociación cultural que toma el relevo a la decimonónica de la capital asturiana, dos regalos: La tarántula, el popular Zapateado de «La tempranica» (Giménez), y la bellísima Pampamapa de Guastavino que la mezzo bordó en casa, siempre con el esforzado Mario Álvarez Blanco al piano, su «mano derecha» necesaria con quien tanto ha trabajado y auténtico pilar para este estreno en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Quedamos con las ganas de celebrar en apenas un mes la Gala Lírica del XX Aniversario de La Castalia en el Auditorio, donde estarán dos de sus alumnas destacadas, que ya no son promesas sino realidades, Janeth Zúñiga y la propia María Heres, otro peldaño más compartir escenario con el tenor asturiano Alejandro Roy y cantar con una orquesta como Oviedo Filarmonía que estará dirigida por Isabel Rubio y donde podremos escuchar dos estrenos de Guillermo Martínez y Gabriel Ordás, igualmente muy ligados a «La Castalia del siglo XXI«, esperando poder seguir contándolo desde aquí.

Una «schuvertida»

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Miércoles 23 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo), Schubertiada. Enol Ensemble, Carlos Dávila (actor). Entrada: 8 €.

El CIMCO es un nuevo ciclo y apuesta municipal en la sala de cámara que, como indica su acrónimo, es interdisciplinar, aunando espectáculos con la música como nexo, «vanguardista y prejuicios» tal como se presenta.

Y este miércoles bajo el título de Schubertiada, hizo cual «Ministerio del Tiempo» un viaje al Oviedo actual del romántico Franz Schubert encarnado por Carlos Dávila de Higiénico Papel, con una ambientación mínima pero suficiente, incluso con una iluminación muy cuidada, aunando en su música la lectura traducida de cuatro lieder cantados por Ana Nebot y el piano de Mario Bernardo, con una saltarina trucha última que sirvió para escuchar finalmente el quinteto homónimo a cargo de esta formación adaptable a distintos repertorios e intérpretes conocidos de los melómanos asturianos. Una reunión en el «salón de casa» con amigos haciendo música y muchos más disfrutándola (con una excelente entrada a precio asequible), sin prejuicios, aplaudiendo incluso entre movimientos, buena propuesta que completa la gran oferta de «La Viena española» dentro de la siempre didáctica y necesaria música camerística.

Tras la presentación de Franz Dávila recordando el texto del programa «on line», comenzaría la reunión con una selección de cuatro lieder y textos leídos previamente, que la soprano ovetense «vivió» además de cantar, dramatización musical bien arropada por el piano de un compañero habitual en tantos años de profesionales, amigos disfrutando de An die Musik D. 547 (Von Schober), sosiegoy gusto, Lied der Mignon D. 877 (Goethe) delicado personaje femenino que Nebot casi nos susurró arrulada por Bernardo, y Die Fiorelle D. 550 (Schubart), saltarina y vital, naturaleza hecha música. Canciones válidas para cualquier voz, habitualmente masculinas aunque siempre resultan tentadoras para las femeninas, y que con Ana Nebot brillaron desde ese ambiente íntimo y cómplice con el piano, cómoda tanto en estos lieder schubertianos como en las francesas que también le van a su voz y ya hemos disfrutado igualmente.

Y una vez lanzada la caña al río finalmente el anzuelo funcionó para escuchar el Quinteto con piano en la mayor, Op. 114, D. 667 «La trucha», inspirada composición del vienés en esta formación poco habitual para una de sus obras más conocidas y versionadas, con un piano propio siempre muy presente y el cuarteto de cuerda bien ensamblado donde todos tienen su protagonismo individual y el necesario entendimiento, que entre amigos no presentó problemas. Los cuatro movimientos (Allegro Vivace; Andante; Scherzo. Presto; Tema con variaciones; Finale. Allegro giusto) fueron «in crescendo» en complicidad y entrega, especialmente las variaciones del lied antes de un final brillante, diría que plateado cual trucha de nuestros ríos a cargo de un ensemble con nombre de lago asturiano y emblemático.

Otro disfrute musical en este divertida schubertiada que podríamos unir en una velada «schuvertida» para un público agradecido que no falla, mascarillas incluidas con las que el Schubert «transportado» al siglo XXI hizo la chanza inicial de su viaje en el tiempo al salón ovetense.

Enol Ensemble: Ana Nebot (soprano), Fernando Zorita (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente-Pereira (chelo), Ximo Clemente (contrabajo), Mario Bernardo (piano).

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