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Viernes 30 de octubre, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 2: Korngold Schumann. OSPA, Veriko Tchumburidze (violín), Shyeon Sung (directora). Obras de Bacewicz, Korngold y Schumann.

Segundo abono de la OSPA en el nuevo horario y con los encuentros previos a las 18:45, de nuevo en la Sala de cámara del auditorio ovetense este último viernes con la directora surcoreana Shyeon Sung y Fernando Zorita de introductor además de traductor. Entre ambos fueron desgranando un programa variado e interrelacionado entre la primera y segunda parte como bien nos explicaron, la creación desde el dolor que une, el exilio recreador y la enfermedad mental que encuentra en la música un mensaje de esperanza en todas las obras, organizadas como hace tiempo en obertura, concierto solista y sinfonía.

Tras un respetuoso minuto de silencio por las víctimas del trágico accidente ferroviario de Urta, sonaría la Obertura de la violinista y compositora polaca Grażyna Bacewicz, considerada como «el pulso moderno de su país y una de las arquitectas sonoras del pasado siglo». Escrita durante la ocupación alemana en 1943, Sung ya mostró su estilo de dirección elegante, claro, preciso y muy expresivo para sacar de una OSPA al completo (la orquestación es impresionante: flautín, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 fagotes, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, percusión -timbales, bombo, platillos, glockenspiel y caja-, más la cuerda), sonando lo mejor de todas sus secciones en esta breve partitura de unos seis minutos, que demuestra cómo desde la persecución y el dolor más allá de la SGM se puede escribir con vitalidad, energía y esperanza, los cuatro toques iniciales casi beethovenianos en el timbal, que simbolizan la victoria más que el destino, un motivo rítmico que irá apareciendo a lo largo de la obertura con una verticalidad que no olvida lo melódico en todas las familias, brillando todas, con la triunfal fanfarria de los metales y una cuerda, esta vez comandada por la catalana María Florea (a quien recuerdo de Cáceres en un concierto del Atrium Musicae), compacta, segura y acertada.

Con un espléndido Guadagnini (Milán, 1756) cedido generosamente por la Deutsche Stiftung Musikleben, se presentaba la violinista turca de origen georgiano Veriko Tchumburidze (1996) para deleitarnos con el «cinematográfico» Concierto para violín en re mayor, op. 35 (1937-1939, rev. 1945) de Erich Wolfgang Korngold, un niño prodigio vienés alabado por Mahler, Richard Strauss, Puccini o Schnabel, que iba para sinfonista pero el antisemitismo germano le llevaría hasta Hollywood en 1934 reclamado por su compatriota el director Max Reinhardt, convirtiéndose en padre de las bandas sonoras. La música de películas la consideraba «ópera sin canto» y muchos tenemos en nuestra memoria películas donde su música es la sinfónica del siglo XX, espejo para posteriores compositores. Viajando entre Viena y Los Ángeles donde no dejaba de componer música para las películas de la Warner Bros., siendo además el sustento que otros compatriotas no tuvieron.

Cuando calificaba este concierto como «cinematográfico», siendo estrenado nada menos que por Jascha Heifetz aunque las críticas no fuese muy favorables: «las melodías son corrientes y de carácter sentimental; la facilidad de la composición va a la par con la mediocridad de las ideas»; otro crítico neoyorquino acuñó la frase «más maíz que oro», que se cernió como una nube sobre el compositor durante las décadas siguientes; llegado el concierto a Los Ángeles en enero de 1953, el crítico de Los Angeles Mirror lo tachó de «música casi totalmente carente de cualquier inventiva o desarrollo reales». Pero la sonoridad pasados los años sigue siendo la del Korngold hollywoodiense, al reutilizar temas de varias de sus bandas sonoras, como el doctor Alejandro G. Villalibre analiza en sus notas al programa:

El primer movimiento arranca con la melodía de Otro amanecer (Another Dawn, 1937), seguida de un segundo tema tomado de Juárez (íd., 1939). El movimiento central reutiliza el tema de amor de El caballero Adverse (Anthony Adverse, 1936), con una original sección «misterioso» de violín con sordina, celesta y vibráfono. El final es un rondó bailable con material de El príncipe y el mendigo (The Prince and the Pauper, 1937), que cierra con una coda brillante.

Con una orquestación nuevamente grandiosa (2 flautas-flautín), 2 oboes-corno inglés, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 fagotes-contrafagot, 4+1 trompas, 2 trompetas, trombón, timbales, percusión -bombo, platillos, gong, vibráfono, xilófono, campanas, carillón-, arpa, celesta, cuerdas), el violín de Veriko Tchumburidze fue el verdadero protagonista por su sonido siempre presente, su impactante virtuosismo lleno de expresividad, una concertación impecable de Sung y un perfecto balance en todas las secciones de una OSPA siempre segura y presente sin tapar a la solista con el puntual protagonismo de los primeros atriles. «Una melodía larga de treinta y dos compases sigue siendo un regalo del cielo», declaró Korngold aThe New York Times en 1946. Los apasionados tres movimientos (Moderato nobile, Romance y Allegro assai vivace) se organizan académicamente, donde no falta una cadenza para deleitarnos con el Guadagnini en manos de la turca, musicalidad verdadera de un tema de amor (maldito por el uso del tritono) digno de la mejor película del género romántico. Un concierto que desde los años 60 será reconocido como una de las obras concertísticas más interpretadas del compositor nacido en Brno (República Checa).

No entendí la autoría de la propina que nos regaló Veriko Tchumburidze, pero el virtuosismo y sonido de la muy laureada violinista turca fue un dechado de perfección, luminoso y agradeciéndole que haya sido Asturias su debut como solista en España.

Casi todos conocemos la biografía de Robert Schumann y sus problemas mentales. La Sinfonía «Renana» la compuso en 1850 en apenas cinco semanas, recién llegado a Düsseldorf con Clara y sus siete hijos tras ser nombrado director musical, siendo estrenada al año siguiente bajo su dirección. De ella Villalibre escribe:

«La obra celebra esa nueva etapa y la grandiosidad de la región del Rin, sobre todo de la catedral de Colonia. En lugar de los cuatro movimientos habituales el autor distribuye la obra en cinco movimientos. El primero, vigoroso y en compás ternario, arranca con un tema enérgico en Mi bemol Mayor; el segundo es un scherzo con aire de canción popular. Y de pronto el ambiente se vuelve más íntimo con el tercer movimiento, «Nicht schnell», con la orquesta reducida y una melodía fragmentada entre las diferentes voces. El cuarto es un solemne coral en modo menor, con los trombones sonando por primera vez, para evocar la solemnidad de una ceremonia en la Catedral. El quinto y último retoma la energía inicial, luminoso y desenfadado, hasta un final vigoroso imbuido de júbilo».

Como comentaba la maestra Sung en el encuentro previo, hay elementos que podemos relacionar con los de la primera parte, como el estado anímico de los tres compositores del programa. La tercera sinfonía del sajón refleja un estado de ánimo sorprendentemente optimista y alegre, inspirado en la belleza del paisaje renano y la alegría de viajar. Si bien el propio Schumann no tituló la sinfonía como «Rhenish», este sobrenombre se le atribuye posteriormente debido a la evidente inspiración del compositor en sus experiencias, tercera sinfonía que refleja los paisajes, las ciudades y las emociones que el compositor experimentó a lo largo de su viaje en tren desde Düsseldorf hacia el sur de Colonia.

La orquestación de la «Renana» se adapta perfectamente a una OSPA en pleno estado de forma. Shyeon Sung transmitió seguridad y la interpretación discurrió con las dos fuerzas que trabaja la sinfonía: un conservadurismo formal esencial y una exuberante inventiva rítmica y melódica, que se combinan para dar al primer movimiento una tremenda fanfarria, con las trompas luciéndose por encima del resto de la orquesta, cantando el majestuoso primer tema. El viento recibe el breve segundo tema y a partir de este material, Schumann procede a construir el movimiento sinfónico en forma de sonata más riguroso que jamás haya compuesto. El Scherzo, que originalmente llamó «Mañana en el Rin», captura la atmósfera relajada del nuevo entorno del compositor con su tema de suave balanceo, casi contagiando el traquetreo del tren. El tercer movimiento, Nicht schnell, proporciona un intermezzo lento con el viento sonando muy lírico sobre un acompañamiento de cuerdas, que nos recuerda la habilidad de Schumann como compositor orquestal. El Feierlich tal vez sea una de las cosas más impresionantes que el alemán escribió para orquesta: un vasto lienzo sinfónico que parece existir en algún lugar más allá de los límites del tiempo, compuesto con su imaginación disparada por la visión de la catedral de Colonia, movimiento al que el compositor le dio originalmente un título descriptivo: «En el carácter de un acompañamiento para una ceremonia solemne», para más tarde reducirlo a la simple indicación en alemán de «Solemne». Los trombones, perfectamente empastados, colorearon la textura orquestal, y este movimiento culmina en una masiva y repetida fanfarria de metales y maderas, que Sung dirigió con las manos cual coral luterano. Con el Lebhaft regresa la animación del primer movimiento, enfatizando el ritmo y la claridad de la articulación (gran parte de la música está marcada para ser tocada en staccato), bien ejecutado por una cuerda empastada y equilibrada, dando a la música una ligereza propulsora que lleva a esta tercera sinfonía hasta el estimulante y noble final, mostrando a una OSPA versátil en cualquier repertorio, aunque el romántico sea una de sus fortalezas, esperando ya por el tercero de abono para arrancar noviembre.

PROGRAMA

GRAŻYNA BACEWICZ (1909–1969)

Obertura

ERICH WOLFGANG KORNGOLD (1897–1957)

Concierto para violín en re mayor, op. 35:

I. Moderato nobile

II. Romance: Andante

III. Finale: Allegro assai vivace

ROBERT SCHUMANN (1810–1856)

Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, op. 97, «Renana»

I. Lebhaft

II. Scherzo: Sehr mäßig

III. Nicht schnell

IV. Feierlich

V. Lebhaft

Una «schuvertida»

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Miércoles 23 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo), Schubertiada. Enol Ensemble, Carlos Dávila (actor). Entrada: 8 €.

El CIMCO es un nuevo ciclo y apuesta municipal en la sala de cámara que, como indica su acrónimo, es interdisciplinar, aunando espectáculos con la música como nexo, «vanguardista y prejuicios» tal como se presenta.

Y este miércoles bajo el título de Schubertiada, hizo cual «Ministerio del Tiempo» un viaje al Oviedo actual del romántico Franz Schubert encarnado por Carlos Dávila de Higiénico Papel, con una ambientación mínima pero suficiente, incluso con una iluminación muy cuidada, aunando en su música la lectura traducida de cuatro lieder cantados por Ana Nebot y el piano de Mario Bernardo, con una saltarina trucha última que sirvió para escuchar finalmente el quinteto homónimo a cargo de esta formación adaptable a distintos repertorios e intérpretes conocidos de los melómanos asturianos. Una reunión en el «salón de casa» con amigos haciendo música y muchos más disfrutándola (con una excelente entrada a precio asequible), sin prejuicios, aplaudiendo incluso entre movimientos, buena propuesta que completa la gran oferta de «La Viena española» dentro de la siempre didáctica y necesaria música camerística.

Tras la presentación de Franz Dávila recordando el texto del programa «on line», comenzaría la reunión con una selección de cuatro lieder y textos leídos previamente, que la soprano ovetense «vivió» además de cantar, dramatización musical bien arropada por el piano de un compañero habitual en tantos años de profesionales, amigos disfrutando de An die Musik D. 547 (Von Schober), sosiegoy gusto, Lied der Mignon D. 877 (Goethe) delicado personaje femenino que Nebot casi nos susurró arrulada por Bernardo, y Die Fiorelle D. 550 (Schubart), saltarina y vital, naturaleza hecha música. Canciones válidas para cualquier voz, habitualmente masculinas aunque siempre resultan tentadoras para las femeninas, y que con Ana Nebot brillaron desde ese ambiente íntimo y cómplice con el piano, cómoda tanto en estos lieder schubertianos como en las francesas que también le van a su voz y ya hemos disfrutado igualmente.

Y una vez lanzada la caña al río finalmente el anzuelo funcionó para escuchar el Quinteto con piano en la mayor, Op. 114, D. 667 «La trucha», inspirada composición del vienés en esta formación poco habitual para una de sus obras más conocidas y versionadas, con un piano propio siempre muy presente y el cuarteto de cuerda bien ensamblado donde todos tienen su protagonismo individual y el necesario entendimiento, que entre amigos no presentó problemas. Los cuatro movimientos (Allegro Vivace; Andante; Scherzo. Presto; Tema con variaciones; Finale. Allegro giusto) fueron «in crescendo» en complicidad y entrega, especialmente las variaciones del lied antes de un final brillante, diría que plateado cual trucha de nuestros ríos a cargo de un ensemble con nombre de lago asturiano y emblemático.

Otro disfrute musical en este divertida schubertiada que podríamos unir en una velada «schuvertida» para un público agradecido que no falla, mascarillas incluidas con las que el Schubert «transportado» al siglo XXI hizo la chanza inicial de su viaje en el tiempo al salón ovetense.

Enol Ensemble: Ana Nebot (soprano), Fernando Zorita (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente-Pereira (chelo), Ximo Clemente (contrabajo), Mario Bernardo (piano).

Sembrar para recoger

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Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Lola Casariego y Ana Peinado (sopranos), Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores).
Catedral de Oviedo, Concierto de Navidad. Lunes 18 de diciembre, 20 horas.

La historia de un pueblo se escribe desde la cultura, hay que sembrar para recoger aunque algunos dirigentes políticos obliguen al barbecho confundiendo gasto con inversión. Al menos la universidad asturiana sigue apostando por la música no solo en los estudios sino desde la propia Extensión Universitaria, con los altibajos lógicos de épocas, edades y renovación. Con un coro estable desde 1963 y una orquesta universitaria que fue la primera en España, fundada en 1979 por Alfonso Ordieres triunfando casi una década (recordar aquellas jornadas y posteriores festivales de música primaverales), felizmente recuperada este curso por su hijo Pedro Ordieres, con la puesta de largo catedralicia (debutaron en Vegadeo el mes pasado) donde Händel (1685-1759) compartiría programa con los asturianos Gabriel Ordás (1999) y Guillermo Martínez (1983). Las sopranos también de la tierra, con Lola Casariego en el coro de aquellos años de Luis G. Arias antes de alzar vuelo como solista, bien recordado por el amigo, compañero y maestro Valdeón, al frente de la formación vocal desde hace diez años, contando además con unas excelentes notas al programa firmadas por Ángel Medina, catedrático de musicología de nuestra universidad también pionera en esta especialidad, analizando cada obra como solo un Maestro es capaz.

La Catedral se quedaría pequeña para disfrutar del Concierto de Navidad (El Mesías del Auditorio para el próximo viernes agotó las invitaciones en tiempo récord), que abriría la sección de cuerda universitaria con Fernando Zorita de concertino bajo la dirección de Pedro Ordieres interpretando el Concerto grosso op. 6 nº 1 en sol mayor del alemán nacionalizado inglés. Bautismo barroco de calidad con juego de contrastes solistas –tutti “de libro”, unido a sonoridades claras y precisas pese a la inevitable reverberación, cinco movimientos ricos, variados, paladeados por intérpretes y público antes de ampliar plantilla, dar paso al coro y ceder la batuta a Valdeón para estrenar el Stabat Mater speciosa, encargo de la Universidad de Oviedo al portentoso intérprete y compositor ovetense, acabada el mes pasado y de quien la OSPA estrenará en febrero su Onírico. ¡Y tiene 18 años!.
Ordás arma musicalmente esta imagen navideña de “Virgen con Niño” contrapuesta a la Dolorosa , triunfante y dulce, con el coro cantando en latín junto a una orquesta rica en paleta tímbrica de cada sección, matices y colores donde no faltó una amplia percusión bien elegida ni el órgano arropando alegres melodías bien construidas, acordes con el tiempo vivido. Dotado de un humanismo atemporal al que las leyes educativas son reacias, formado en una casa culta y seguir estudiando en el Conservatorio local, Ordás vuelca su talento innato en los pentagramas, bien orientado por sus maestros en esta joya de obra que bisarían al final para deleite y asombro de todos los asistentes.

Completaría el programa Guillermo Martínez (hoy en el órgano), todo un clásico de estos conciertos, revisando para la ocasión dos obras conocidas, su cantata O magnum mysterium (2003), estrenada por la desaparecida JOSPA, LDO y Elena Rosso cantando la antífona gregoriana, hoy a cargo de Ana Peinado y los universitarios, orquesta y coro en perfecta conjunción para este relato igualmente navideño, de distinta hechura pero mismo idioma, el de aquella generación JASP (joven aunque sobradamente preparado) que sigue pidiendo paso y presencia en los programas, siembra de casa esperando no la recoja ni la lleve otro, más el aria Verkündiung über die Hirten perteneciente a su cantata Solstizio d’oro con textos de Rilke, estrenada también por Valdeón y “su coro”, tomando vida propia como aria de concierto tal como predijese en este mismo periódico Ángel Medina, el lunes con la voz de nuestra Lola Casariego, generosa y entregada como siempre sumándose a esta fiesta navideña universitaria en la Catedral con acústica no siempre agradecida para unas músicas que sí lo son, abocadas a seguir disfrutándolas (al menos en las llamadas redes sociales).

P. D.: La alegría se truncó con la triste noticia del fallecimiento de Roberto Álvarez, trompa de la OSPA y amigo de muchos de los músicos presentes. DEP.
Pablo Álvarez Siana
Crítica para La Nueva España del miércoles 20 de diciembre de 2017. En esta entrada no añado links y la dejo literal salvo las fotos, habiendo sido escrita la noche del lunes y programada para no subirla antes que el propio periódico.

Lunáticos en el Museo

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Jueves 21 de enero, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. Conferencia «Pierrot Lunaire, la actriz y el pintor de sonidos» a cargo de María Sanhuesa. 20:00 horas, Concierto (extraordinario) OSPA en el Museo: Pierrot Lunaire, Op. 21 (Schoenberg): Rossen Milanov (director), Fernando Zorita (violín), María Moros (viola), Maximilian von Pfeil (violonchelo), Peter Pearse (flauta y flautín), Andreas Weisgerber (clarinete), Antonio Serrano (clarinete bajo), Patxi Aizpiri (piano), Anna Davidson (soprano).

En plena celebración de las bodas de plata de nuestra orquesta y programando conciertos en distintas ubicaciones, el recién ampliado Museo de Bellas Artes de Asturias siempre abierto al arte global, acogió en la zona nueva una jornada lunática digna de recordar, comenzando con la conferencia de la doctora Sanhuesa que fue más allá de las notas al programa tituladas «El retrato oscuro», con un lleno preparando el posterior concierto (y colas desde media hora antes), que nos enseñó, como buena docente que es, no solo a entender la muerte del Romanticismo en 1912, año del estreno de este Pierrot Lunaire, recordando al Schoenberg pintor que dudó por esta disciplina en vez de la «orfeística», preguntándonos si alguna vez hemos tenido ganas de matar a alguien, toda la carga satírica y crítica de una María siempre completa e inspirada, inquiriéndonos si podríamos matar el claro de luna… la respuesta estaba en el viento, imágenes y sonidos, Caspar Friedrich y el Werther de Massenet, Debussy y la Salomé de Richard Strauss, ya cercana a un año histórico, también recordando cuadros de nuestro Evaristo Valle, de Picasso o Juan Gris y hasta Botero con pierrots y arlequines músicos y las referencias al «futurismo asesino» para hacer música en el museo, poner sonido a la imagen, cultura de la que siempre estaremos hambrientos, la evolución de la Commedia dell’Arte y su inspiración artística mostrando también el lado oscuro de esta fuerza atesorada por un lunático Pierrot capaz de matar a cosquillas su Colombina, tortura o violencia sin géneros, incluso recordarnos qué es la triscadecafobia desarrollada por un Schoenberg al que la numerología puede apagar la luna poniendo luz pantonal (mejor que atonal y con la carga que hoy tiene el término «pantone«) en una obra centenaria que sigue asombrando.

Milanov se puso al frente de sus músicos trayendo del «otro lado del charco» a una soprano norteamericana cual Pierrot contemporáneo interpretando los versos franceses de Albert Guiraud traducidos al alemán por Otto Erich Hartleben y encargados por  Albertine Zehme, una actriz del melodrama (desde la acepción de palabras con música) a un Schoenberg siempre rompedor capaz, de conseguir lo máximo desde lo mínimo en unos tiempos de crisis totalmente actuales. Un placer poder seguir los textos en la revista trimestral de la OSPA con su correspondiente traducción al español, tres veces siete, veintiún melodramas de 12a estrofas vestidos por siete -en vez de cinco- enormes instrumentistas (donde Zorita sustituía a la programada María Ovín, baja por lesión) para ir recreando paisajes llenos de expresionismo, simbolismo y decadentismo, críticos con un romanticismo trasnochado, despojándolo de las lunas convertidas en inquietantes círculos rojos, desmenuzando cada texto algo falto de la fuerza vocal del sprechgesang (“canto hablado”) en momentos puntuales -y yo estaba situado a menos de cinco metros- pero inmenso con unos solistas a los que Schoenberg trata con un lenguaje contrastante, arisco y melódico desde un concepto tímbrico, combinaciones sonoras bien resueltas por los siete magníficos. Momentos álgidos en cada grupo de siete como Der Dandy vertiginoso, Rote Messe contrastado con madera y piano trémulos a la vez que escalofritantes, y Heimfahrt verdadera «vuelta a casa» de cálida madera y saltarinas teclas bien asentadas para una voz más cantada que hablada, tres ejemplos con cargas emocionales llenas de pinceladas nocturnas sin luz de luna.

Descubrimiento especial el «fichaje» cellístico von Pfeil o las sonoridades de Serrano en el clarinete bajo, la confirmación de los conocidos con un Pearse pletórico en un flautín desgarrador, un Weigerber incisivo, la recuperación del Aizpiri pianista con tanto trabajo sustentando cada cuadro, y un dúo Zorita–Moros recordando texturas olvidadas y corroborando el impresionante momento que estos músicos de la OSPA atraviesan en esta temporada plateada cual luna llena. Al maestro Milanov se le nota feliz con estos repertorios y apuestas por escenarios que terminarán siendo habituales para la música, siente esta música más que otros periodos, puede que sus carencias queden compensadas con conciertos arriesgados, y este de Schoenberg lo era. Cierto que sus músicos responden aunque los invitados parecen quedar en segundo plano, caso de una Davidson que luchó por sentir este Pierrot desde el poderío de unos textos alemanes muy exigentes, demasiado «pegada al papel» y esperando más escena. Mezclar lo grotesto, lo ligero, lo sentimental, parodia e ironía, horror y absurdo, no es tarea fácil, pero los cinco que fueron siete nos hicieron pasar por todos los estados posibles superando con creces lo esperado y alcanzando un éxito impensable para muchos lunáticos que hoy poblábamos el museo.