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Feliz nacimiento en Eisenach

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Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Un dúo poco escuchado

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.

Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.

Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.

La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.

La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.

El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.

El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.

El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.

P.D.: Esta vez esperé a publicar el Blog sabedor de la subida al Canal en YouTube© de la Semana con el concierto de este lunes, dejando en cada obra el enlace o link.
(1) En el vídeo grabado directamente en el coro, la sonoridad resulta mucho mejor que abajo.

Un Grenzing en Pola de Siero

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Viernes 8 de febrero, 19:00 horas. Parroquia de San Pedro
(Pola de Siero). Concierto inaugural del nuevo órgano de Grenzing. Juan de la Rubia Romero. Obras de Händel, Bach, Kerll, Pierné, Vierne y Juan de la Rubia.

La villa asturiana, famosa por sus fiestas y tradición coral donde Don Ángel Émbil Ezenarro se afincó y dejó una huella que todavía perdura, también pasa desde el viernes carnavalesco al llamado circuito organístico con un instrumento fabricado en los talleres del organero alemán afincado en Barcelona Gerhard Grenzing, contando con la presencia de su hijo Daniel para el evento. Y de esas tierras vino Juan de la Rubia, el titular de la Sagrada Familia de Barcelona para ser quien estrenase un órgano del que avancé algunas características en la entrada rápida desde los dispositivos móviles (también fotos y programa escaneado). Las posibilidades de un instrumento adecuado al entorno y la liturgia pero también para conciertos, son suficientes (no llega a los 1.000 tubos), con un sistema de registración situado encima del organista (ver foto más abajo) que facilita rápidamente la elección adecuada normalmente sin ayudante. Y el repertorio elegido por el instrumentista valenciano dejó buena muestra de la capacidad del nuevo órgano, más «cómodo» en el Barroco que en el Romanticismo pero igualmente válido sin magnificencias y adaptado a una acústica que ayuda a disfrutar los plenos sin molestar nunca al oyente.

Tras todo el cerenominal religioso de la Bendición, incluyendo el Bendita la Reina (Himno Oficial de Covadonga) de Ignacio Busca de Sagastizábal a cargo del coro parroquial y el Coro Ángel Émbil dirigidos por Maite Martínez Émbil, nieta de Don Ángel, hacia las 8 de la tarde comenzaba el concierto propiamente dicho con «La llegada de la Reina de Saba» –The arrival of the Queen of Sheba– de Händel perteneciente al oratorio Solomon, en un arreglo para órgano agradecido en cuanto a los registros elegidos, jugando con los de trompeta real de 8′ y flautados, bien apoyados en un pedal presente pero sin tapar las líneas melódicas. No podía faltar en el estreno J. S. Bach con tres obras que sonaron perfectas en el nuevo instrumento, con dos preludios Corales Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 731, un remanso de meditación musical, y Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, con la archiconocida Toccata y fuga en Re m., BWV 565, en medio, algo corta de volúmenes y bien ornamentada por De la Rubia, «saboreando» la fuga y haciéndola «correr» con maestría, adaptadas las tres a los registros y sacándole todo el partido posible a las obras de «El Kantor de Leipzig«, sin prisas y haciendo cantar los corales luteranos en los teclados y pedalier.

Continuaría el Capriccio sopra il cucu (J. K. Kerll), socorrido en muchos conciertos para jugar con los sonidos del pájaro y en registros de 4′ que encajaron como anillo al dedo, cerrando el grupo de obras barrocas.

Las dos obran siguientes, ya metidos en el llamado órgano romántico, también son bastante habituales en los conciertos de órgano: la Cantilène Op. 29 nº 2 (G. Pierné) de lirismo intrínseco y registraciones con trémolo, con cierto regusto a Debussy, más el Carillon de Westminster (L. Vierne) perteneciente a las «Piezas de fantasía», Op. 54, la más aplaudida por los presentes por la gran gama dinámica y tímbrica utilizada por Juan de la Rubia que vovió a encontrar los planos sonoros adecuados para ambas además de un virtuosismo siempre al servicio de la obra, esta vez ayudado en los cambios por el que será titular del órgano poleso Emilio Huerta Villanueva.

Y para cerrar nada mejor que las improvisaciones, algo habitual en todos los organistas en el quehacer litúrgico e histórico desde sus orígenes, entregándole a Juan de la Rubia la melodía de la Danza Prima (que utilizase Nuberu en aquél «Qué probe quedó’l ríu Güerna» del tema Al home de la unidá, Xuanín que Emilio tantas veces tocó con el dúo entreguino), recreando en el propio estilo romántico una interpretación llena de buen hacer, despliegue del arsenal sonoro y respeto a la partitura, algo siempre de agradecer. La propina no podía ser otra que nuevamente Bach, la «Fuga» de la Toccata, Preludio y Fuga en DO M., BWV 564, pues suena perfecto en el nuevo órgano. Una alegría saber que hay cosas que vivirán más años que todos los presentes…

Por último reflejar que el domingo tuvo lugar ya la primera liturgia y posterior concierto a cargo del organista titular y de Fernando Álvarez del Santuario de Covadonga, con nueva participación de los coros del viernes, pues todo instrumento debe estar vivo y funcionar a diario supondrá una mejor vida ¡para todos!.

Camilos carbayones

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Sábado 12 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Alexandre Da Costa (violín), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de C. Saint-Saëns.

Arrancaba mi 2013 del Auditorio ovetense con el regreso del violinista Alexandre Da Costa, esta vez con la OvFi dirigida por su titular y en un monográfico Saint-Saëns que se grabará para el Sello Warner en estos días. Reconozco que el compositor francés no está entre mis elegidos, sin entrar en la «corriente de opinión que desvalorizaba a este compositor acusándolo entre otras cosas de frío academicismo…» que comenta en las notas del programa la profesora Miriam Perandones, pero resultó un placer seguir comprobando el crecimiento artístico de la orquesta carbayona y el buen entendimiento con el maestro italiano que está dándole a la formación nuevos colores y el espíritu mediterráneo del que Haider carece pero que nos hace más cercana en los repertorios y sus interpretaciones.

Además del protagonismo del virtuoso violinista canadiense y su Stradivarius «Di Barbaro» (1727) con un arco Sartory, cortesía de la Fundación Canimex, una delicia completa, la orquesta con Monti estuvo a su altura, todo un logro haciendo que Oviedo tenga ahora dos Camilos: Camilo de Blas y Camilo Saint-Saëns, destronando a Wolf-Ferrari del repertorio discográfico emprendido con el maestro austriaco.

La Introducción y rondó caprichoso en La m., Op. 28 abría el concierto, obra que tiene mucho de nuestro virtuoso español Sarasate no ya por haberla estrenado y dedicatario de la misma sino por la cantidad de temas hispanos, con una orquestación muy académica pero también exigente desde ese inicio en pianísimo hasta todo el desarrollo cual catálogo de exhibición violinística. El canadiense sacó de la joya una amplísima gama de sonidos siempre presentes en primer plano, con una técnica impactante perfectamente concertada por Conti que llevó a la orquesta a ser perfecta acompañante. El disco dejará constancia de ello.

Más complejo, igualmente estrenado y dedicado a mi tocayo navarro, el Concierto para violín y orquesta nº 3 en Si m., Op. 61 está entre los habituales del repertorio. Sus tres movimientos resultaron bien contrastados y ejecutados, poderío en el Allegro non troppo, lirismo en el Andantino quasi allegretto y fortaleza en el Molto moderato e maestoso, majestuoso encuentro solista y orquesta que la obra, con sus altibajos emocionales, resultó más que aseada, equilibrada y por momentos plena de emotividad. Destacar nuevamente el entendimiento entre solista y orquesta que brillaron con luz propia.

Una versión a solo de la Asturiana de Falla fue un regalo con guiño local desde la universalidad de la música, donde no lloró el pino sino el violín de Alexandre, expléndido nuevamente.

La segunda parte nos trajo la nada habitual Sinfonía nº 3 en Do m., Op. 78 con el compositor Guillermo Martínez al órgano (bien amplificado incluso con un subwoofer) y el piano a cuatro manos de Olga Semouchina y la mierense Silvia Carrera, protagonistas dentro del conjunto orquestal que así concibió Saint-Saëns y volviendo a preguntarme por qué no hay órganos de tubos en todos los auditorios, enriqueciendo una tímbrica que la orquesta ovetense comienza a tener como signo de identidad en todas sus secciones, no ya la cuerda que ha alcanzado su madurez a pesar de la plantilla siempre corta, sino en una madera bien ensamblada, unos metales seguros y nada estridentes, más la percusión siempre con un toque de calidad que envidio para otras formaciones queridas.

Los dos bloques de la sinfonía estuvieron bien delineados por el maestro italiano el Adagio-Allegro moderato – Poco adagio claro de diseño, sacando a flote los recovecos melódicos que esconde y jugando con las dinámicas y cambios de tempo, más la irrupción orgánica y pianística del Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro perfectamente encajados cual bloque cálido jugando con los protagonismos de todas las familias instrumentales. Versión brillante de esta sinfonía «orgánica» casi pariente lejana aunque con menos recursos que el posterior Preludio Festivo Op. 61 de R. Strauss.

La Jota Aragonesa para orquesta en LA M., Op. 64 fue la propina a plantilla completa para cerrar este monográfico, aunque vuelve mi opinión de la falta de «pegada» en esta partitura del compositor francés dedicada a Paquita Sarasate y deudora de la de Pablo o Tárrega, frente a orquestaciones mucho más brillantes para obras de un folklore como el español que tanto ha inspirado (y lo que queda aún) a músicos de muchas y distintas generaciones, aunque dentro de la grabación ayude a completar la duración y visión española de Monti y la Oviedo Filarmonía. Esperaremos a disfrutarla también en CD.

Apoyando la música de órgano

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Viernes 7 de diciembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de Soto del Barco, Concierto de órgano: Rubén Díez García. Obras de Lemmens, Rinck, Dienel, Merkel, Rheinberger, Grabert, Urteaga, Franck y Dubois.

Con la tijera podando por doquier siempre es de agradecer el esfuerzo de ayuntamientos con alcaldes como el de Soto del Barco que sigan apostando por la música de órgano, y buscando colaboraciones donde se sabe que de momento responden a este derecho universal que es la cultura, como es la entidad catalana de «La Caixa».
De forma altruista volvía al renacido órgano de Sabugo en Soto el sacerdote y gran organista praviano Rubén Díez García para ofrecernos un concierto romántico estructurado en dos bloques:

Uno primero con el coral como eje y protagonista en distintos seguidores bachianos, buscando registros siempre apropiados para la melodía, el acompañamiento y el pedalero, sencillez unida a sobriedad como exigen estas obras que no faltan en tantas iglesias nórdicas o germanas: el belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) y el Himno de Adviento «Creator alme siderum» (Creador y sustento de los astros), con flautados íntimos, el alemán Johann Ch. H. Rinck (1770-1846) con «Werde munter, mein Gemüte» (Se despierta mi alma) algo más «poderoso en pulgadas» melódicas y pedal discreto pero presente, avanzando con el berlinés Otto Dienel (1839-1905) «Komm, o komm, du Geist des Lebens» (Ven, oh Espíritu de la Vida) con reminiscencias directas al Kantor por registración, Gustav Adolf Merkel (1827-1885) «Kommt her zum ir, spricht Gottes Sohn» (Ven a mí, habla del Hijo de Dios) de romanticismo germano por tímbrica desde el lenguaje medieval del coral tamizado por Lutero y rematando con el digno heredero de Bach Josef Gabriel Rheinberger (1839-1901) donde el Trío über den Choral «Wenn ich einmal soll scheiden» (Cuando yo haya de partir ¡no te apartes de mí!) recreó todo un mundo polifónico a los teclados que resonaron siempre claros en la parroquia de San Pedro.

Para el segundo bloque tendríamos una muestra del romanticismo pleno por los cambios de registro exigidos al instrumento, siempre perfectos como conocedor que es Rubén de este órgano al que ha dedicado mucho tiempo en buscar sonoridades nuevas, disfrutando de su magisterio desde la pantalla, y con alguna obra menos conocida pero igualmente adaptada a las características globales del programa elegido.

La «Fantasie» de Martin Grabert(1868-1951) sirvió para comenzar a deleitarnos de las capacidades del pedal de expresión unidas a unos contrastes dinámicos desde los propios registros realmente exigentes, con unos oboes muy del gusto del compositor. La «Misa para órgano para la festividad de Cristo Rey» de Luis José Urteaga Iturrioz (1882-1960) resultó una agradable sorpresa en sus seis números, de estética cercana a la escuela francesa y digna de compartir concierto con el resto de compositores y organistas, intérprete y compositor de amplia producción donde también tuvo su hueco el harmonio cual hermano menor del grandioso de tubos. Triunfante Entrada (Exibunt aquae vivae de Jerusalem), lirismo contenido en el Ofertorio (Vexilla Christus inclyta), tintes impresionistas de recogimiento para la Elevación (Ecce vir Oriens), desarrollo tímbrico y melódico en la Comunión (Dominus judex noster) con momentos virtuosos lógicos para la escucha en esta parte de la Misa, y apoteosis final para la Salida (In caelo et in terra), desplegando todos los recursos posibles en una lección organística de Rubén Díez.

No podía faltar el belga afincado en París César Franck (1822-1890) con su «Preludio, fuga y variación, Op. 18» en un programa romántico, obra difícil bien resuelta por el praviano con momentos quasi pianísticos técnicamente (pues además de organística hay opción para dos pianos o piano y harmonio) en los pasajes rápidos pero bien armonizados buscando la potencia sonora y polifónica del instrumento rey, y cerrar con la conocida Toccata en SOL M. del organista y compositor francés Théodore Dubois (1837-1924), penúltimo despliegue de registros en un órgano que se ha hecho al enclave, con acento propio en esta ubicación y nueva aportación del taller de Federico Acitores a la cada vez mayor lista de instrumentos rehabilitados que necesitan seguir vivos con conciertos como el de Rubén Díez cerca de su casa, obra de lucimiento para un intérprete que crece en cada concierto con un trabajo previo que muchos desconocemos pero que da siempre sus frutos en una profesión donde no hay vacaciones, todos los días son «de guardar».
Una fuga del Kantor tenía que ser la propina agradecida por todos como rúbrica que corroboraba un concierto con el órgano siempre protagonista.

Mis aplausos a todos los que lo han hecho posible.

Final y principio en Covadonga

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Miércoles 29 de agosto, 19:00 horas. Real Colegiata de San Fernando, IV Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga»: Rubén Díez García (órgano), Escolanía de Covadonga (director: Jorge de la Vega Laria). Obras de J. P. Sweelinck, P. Bruna, Julio Domínguez, D. Zipoli, J. Rinck, J. Lidón, J. Mª Beovide, y J. Adam Reincken.

Volvía a Covadonga un día antes de la Novena y como final de un agosto organístico dando comienzo a un curso por parte de la Escolanía que se prepara ya con nuevas voces blancas ilusionadas en esta etapa donde compartirán tanto con los ya veteranos, alternando este cierre de ciclo nada menos que en esa joya del siglo XVIII que es el realejo de la Colegiata y en las manos de mi admirado Rubén Díez con un programa lleno de esquisiteces, que dejo a continuación.

La parte coral bien llevada por el maestro De la Vega (antiguo escolano y alumno de Leoncio Diéguez) estuvo perfectamente elegida para un día y lugar donde la Virgen siempre es protagonista. Tras la apertura organística de la Fantasía chromatica (Sweelinck), clara y pulcra como nos tiene acostumbrados el padre Rubén, el «incipi» del Salve Regina de las voces graves alternado con el Tiento de 1º tono de mano derecha y al medio a dos tiples (Pablo Bruna) del órgano portátil, duro en su mecánica pero realmente sobrecogedor en sonoridades y registros divididos, para seguir la Escolanía completando el gregoriano y rematando el tiento, para al completo desgranar ese bellísimo Ave María de Julio Domínguez, sabedores que la nueva hornada tendrá que acoplarse al duro trabajo diario con los veteranos pero compartiendo desde el primer concierto buena música, siempre un placer ver chiquillos de seis años que apenas pueden con las partituras pero «concelebrando» esta liturgia musical de órgano y coro.

La Suite II en Sol m. de Domenico Zipoli tuvo su «interludio coral» a la mitad de sus cuatro movimientos (Preludio, Corrente, Zarabanda y Giga) con el Pange Lingua de Rinck y el posterior gregoriano de las voces graves, buena elección y momento de esa cesura conjugando el perfecto maridaje de las voces a capella y el subrayado instrumental plenamente espiritual como resultó igualmente el Cantábile para órgano al alzar en la misa y allegro (José Lidón), glosa incluída del Pange Lingua, delicia para paladares auditivos, esquisiteces en los registros y subrayado pleno antes de ese nuevo rezo cantado de la Cantiga a la Virgen (Beovide) entonado por las voces graves, veteranas y sustento necesario en el quehacer diario.

El cierre una auténtica maravilla en este recuperado realejo de la Colegiata que ya le había escuchado en Valdediós: la Fuga en Sol de Johann Adam Reincken, organista sin concesiones delineando unas voces cristalinas para esta obra virtuosa en ejecución maestra.

Volví a disfrutar con todo el programa, parte conocido pero siempre nuevo al escucharlo en este órgano cuya mecánica antigua convive con la tubería nueva respetuosa con su ubicación y reverberación, maestría intrepretativa desde la elección de los registros que lograron pasar de momentos íntimos a sonoridades plenas sin olvidar la perfecta ornamentación en Bruna o Zipoli y la íntima mística de Lidón hasta alcanzar la plenitud con Reincken, un Rubén Díez trabajador, estudioso y artista en el amplio sentido de la palabra al que espero escuchar más a menudo.

Y la propina estuvo fuera cuando la Escolanía subió hasta la Sagrada Cueva a entonar el «Himno de Covadonga» a capella y prefacio musical a la Novena de la Santina. Final de ciclo, principio de un curso escolar que en Covadonga arranca a lo grande como no podía ser menos.

Tributo a los organistas anónimos

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Domingo 19 de agosto, 16:30 horas, Basílica de Covadonga. IV Ciclo de conciertos Órganos de Covadonga: Víctor Urdialez Ruiz y Jaime Menéndez Corrales. Obras de Sweelinck, J. Bennett (c. 1735-1784), Frescobaldi, Pachelbel, Bach, Elgar, Henri Mulet (1878-1967) y Satie.

Covadonga es «La Cuna de España», además de un Santuario Mariano en el que cualquier día del año, y más en verano, el peregrinaje es permanente. La Escolanía es también historia de este lugar tan emblemático para todos; la Santa Cueva mantiene todo su simbolismo, y la Basílica cuenta desde hace años con el nuevo órgano de la factoría Acitores S. L., instrumento a pleno funcionamiento que además se sitúa en el itinerario del Festival de Órgano CajAstur (estando la edición XXIV en el aire por la crisis bancaria donde la «tijera cultural» está haciendo estragos); su organista titular, Fernando Álvarez Menéndez, lleva en el puesto 25 años y siempre resulta un placer escucharle.

Coincidiendo con un agosto donde los turistas y peregrinos son multitud, hace cuatro años que comenzó este ciclo dominical de conciertos previos al inicio de la Novena a la Virgen de Covadonga, distinto a otros por ese aire festivo aunque la calidad siempre está presente en el quehacer de los intérpretes. Esta edición la inauguraba mi querido Chema Martínez y continuó Fernando Álvarez. Como bien recordaba el actual Abad D. Juan José Tuñón al inicio del concierto, hay que rendir doble tributo: a los organistas litúrgicos, esos que acompañan domingos y fiestas de guardar, muchos de formación autodidacta, amantes de la música para tecla y auténticos «forofos» más allá de una afición que los feligreses no siempre entienden, caso de Jaime Menéndez (1956) en la Iglesia de San Pedro de Soto del Barco; a los estudiantes de órgano, los futuros profesionales que en plena formación académica pueden ir fogeándose no ya con el repertorio sino con ese público sin el que nada tendría razón de ser, como Víctor Urdialez (1993), un ecuatoriano formado en la Escolanía del Real Sitio de Covadonga que estudia órgano en el CONSMUPA de Oviedo (comenzará su tercer curso) y este domingo compartió concierto en el Órgano Mayor de la Basílica, que atesora una riqueza tímbrica de la que ambos intérpretes nos hicieron partícipes.

El programa lo dejo aquí arriba, y sin entrar en cada obra, al menos comentar algunas cosas.

A modo de presentación, el titular nos ofreció una breve recreación de uno de los temas de La noche celta de Ramón Prada Blanco, otro ex-escolano, músico cangués y obra impresionante que en el órgano tomó una impronta nueva, que seguramente tendrá continuidad con algún proyecto nuevo que me comentó Fernando Álvarez al finalizar el concierto. La apuesta por nuevos repertorios a partir de adaptaciones de calidad como la escuchada, es un camino aún por explorar y del agrado de públicos como el del verano en «La Cuna».

Las obras elegidas por los concertistas fueron muy diferentes pero todas interpretadas desde el rigor y el buen gusto, así como una correcta elección de registros que siempre lleva mucho tiempo, repertorio:

  • siempre necesario en la formación, como en el caso de Víctor Urdialez, difícil no ya técnicamente, que lo es, en especial esa Partita BWV 767 -coral y tres variaciones- de Bach sino en el acierto de la elección tímbrica, todo una vida de oficio donde cada instrumento es un mundo; tomaremos nota porque su nivel de autoexigencia es muy grande y siempre es positivo;
  • personal del organista para el culto diario que conjuga la necesaria ambientación litúrgica, como pueda ser el Adagio (Bennett) con las inquietudes propias de todo músico, incluso uniendo ambas, caso de las dos obras del Kantor: el coral Liebster Jesu, Wir Sind Hier (BWV 731) y el Adagio (BWV 564), donde la sonoridad redondeó unas obras que no faltan nunca en los bancos y Jaime disfrutó con ambas.

Aplaudir la iniciativa, el apoyo y reconocimiento a estos músicos «anónimos» cuyo amor por la música y más la del rey de los instrumentos, lo comparte con un público que aplaudió cada obra, dejándonos cada uno la propina de rigor en una hora de buenas sensaciones que continuó con la sobremesa en la sombra hablando, cómo no, de músicos, músicas y nuevos proyectos. Aún queda el concierto del día 29 en el realejo de la Colegiata, con la Escolanía y Rubén Díez García, cual pre-novena que comenzará el día 30 con la presencia del Nuncio, esperando poder asistir para cerrar un agosto de órgano.

Después del concierto con Fernando, Jaime y Víctor
Y el próximo año más…

Sigo un verano organístico

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Sábado 18 de agosto, 20:30 horas. XXII Música en la Catedral, Astorga: Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de Sweelinck, Buxtehude, Muffat, Pasquini, Bach, Mendelssohn y Boëllmann. Organiza: Asociación Amigos de la Catedral y Cabildo Catedralicio; aportación: 3€.

En verano suelo hacer escapadas musicales, y puede que mi amor por el órgano me lleve a buscar conciertos cerca, como así sucedió este sábado donde mi admirada Ana Belén participaba en el segundo de los tres conciertos programados en la Catedral maragata, a quien la premura me impidió saludar personalmente, y que estuvo asistida, creo, por una de sus compañeras en el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro.

Siempre es un placer escuchar a esta intérprete de Andoain que nos deleitó en Asturias un par de veces en el Festival de Órgano CajAstur del pasado año. Destacar su madurez, notoria en cada concierto, excelente registración y búsqueda de obras siempre arriesgadas de todos los estilos, pero sin perder nada de la frescura y limpieza expositiva, máxime en un instrumento que podría calificar de recio como el carácter castellano, y si me apuran berciano restaurado por Federico Acitores, a quien escuché comentar cómo cada órgano tiene su propia idiosincrasia y personalidad cual acento hablado hecho música, y el de Astorga es uno de los que marca por su sonoridad, en especial los violones y las trompetas.

Del programa previsto arrancó la Fantasía Cromática (F. Sweelinck), seguida de la Ciacona en Mi menor (Buxtehude) que ya le escuché en Asturias, para seguir subiendo el listón con la Toccata prima (G. Muffat), exigentes todas y bien expuestas aunque de escucha algo dura por la propia registración, bien utilizada en cambio al introducir en el concierto la Introducción y Pastoral (B. Pasquini) aprovechando ese efecto «pajarillo» que sí forma parte del órgano maragato, aunque las campanas de los cuartos y voladores en el exterior también se sumaron al despliegue sonoro.

Volvió a impresionar en el Preludio y fuga en La m., BWV 543 (Bach) de registros conseguidos para poder paladear toda la paleta sonora del Kantor de Santo Tomás en Leipzig, disfrutando con el pedalier virtuoso y claro, con una exposición de la fuga realmente impactante y una elección de tempi ajustada. Y el «descubridor» también se sumó al regalo organístico con la Sonata III, Op. 65 (F. Mendelssohn), fiel discípulo y seguidor del maestro, sonoridad romántica para los dos movimientos I. Con moto maestoso y II. Andante tranquilo literalmente majestuoso el primero y auténtico «delirio reposado» el segundo, magisterio instrumental de escritura y ejecución, templanza y nobleza cual virtudes organísticas.

Y aunque se «caía» Guridi por cuestiones técnicas, la Toccata final de la «Suite Gótica» Op. 25 (L. Boëllmann) puso el auténtico broche de oro para un programa amplio en el tiempo que fue del agrado de un público que abarrotó la catedral y supuso un repaso a la literatura de órgano que Ana Belén García sigue trabajando duramente.

Sorpresas veraniegas

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Jueves 19 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: Hans-Peter Retzmann, órgano. Obras de Bach, Franck, Boëllmann y el propio Retzmann. Organizado y patrocinado por la Fundación Avilés Conquista Musical.

Siempre es un placer escaparme hasta Avilés a escuchar «el niño de Chema» y la prensa avisó de este concierto (también este compañero bloggero) en el órgano fabricado por Acitores además del acompañamiento de la Eucaristía previa al mismo, otra sorpresa agradable al escucharlo durante el culto, como supongo hace este organista nacido en Colonia y titular de la Iglesia de S. Juan Bautista de Mönchengladbach.

Cada vez descubrimos nuevas sonoridades en esta joya de «Sabugo Nuevo», y me alegra saber que más allá del Festival de Órgano o la Semana de Música Religiosa, Avilés sigue apostando por mantener vivo un instrumento que tanto esfuerzo (y dinero) ha costado. Escuchar a tres de los grandes en la interpretación de Retzmann resultó bien aunque no esté acostumbrado a unos registros como los elegidos por el alemán, puede que por falta de tiempo para investigar en los miles de combinaciones posibles apropiadas para las obras de esta tarde gris del verano avilesino, si bien me consta el esfuerzo realizado porque la profesionalidad del músico germano está demostrada y seguro estuvo perfectamente asesorado tanto por el «titular» José Mª Martínez como por el propio Federico Acitores. También a su favor la evolución y trabajo a lo largo del concierto «haciéndose» con un instrumento que seguirá asombrándonos en cada escucha.

El Preludio y Fuga en RE M., BWV 532 (J. S. Bach) resultó algo confuso en los planos sonoros pese a un tempo más reposado de lo «normal», aunque la Fuga diese más luz, y un pedalero bien ajustado, siempre desde una interpretación ajustada históricamente.

La Pastoral de Cesar Franck sí sonó puramente romántica en el instrumento de Santo Tomás, gran variedad de registros y matices para un intérprete de técnica impecable, con momentos realmente de belleza tímbrica.

De esta tríada inicial destacó Priére á Notre-Dame, tercer número de la «Suite Gotique» de Léon Boëllmann, descubriendo combinaciones en los teclados soberbias, en especial un trémolo de «cromormo» quasi armonio en el Teclado I mientras en el III desgranaba una «voz celeste» realmente hermosa.

Y para redondear este concierto, el organista, que estudió con el muy querido en Avilés Naji Hakim composición e improvisación, tuvo a bien ofrecernos dos temas asturianos desde una técnica que va más allá de la  histórica variación a la que los intérpretes de hoy están volviendo. En el órgano positivo del altar nos desgranó unas Variaciones sobre «Carretera de Avilés» que enriquecieron tímbrica y armónicamente un tema tan universal desde lo local, adaptado a esa pequeña maravilla que también tuvo su protagonismo junto al «hermano mayor», preparatorio de la obra final nuevamente en el gran órgano: Sinfonietta asturiana a partir de la melodía «Santa María, en el cielo hay una estrella…», en cuatro movimientos bien contrastados en todo, llámese fraseo, registros, tiempos, matices y lo que queramos añadir, sin perder nunca el original pese a las múltiples variaciones: Introducción, Trío, Meditación y Final, suponiendo habrá quedado grabada para el archivo de la Fundación. Resultó un derroche musical de clara inspiración en Max Reger, compositor sobre el que el maestro Retzmann está preparando una tesis doctoral.

La satisfacción fue generalizada, no ya por estos dos regalos musicales de inspiración asturiana en uno de los mejores órganos de nuestra tierra sino por seguir comprobando cómo queda aún mucha ilusión en mantener viva la llama encendida del rey de los instrumentos. Siempre de agradecer conciertos como el de esta tarde, esperando el pronto relevo de organistas de nuestra tierra (ya los hay) que ayudarán a poder continuar un camino que nunca debió perderse. Los maestros siempre son un referente y el modelo a seguir; Hans-Peter Retzmann ya está en la larga lista de un claustro de profesores que sigue creciendo desde esta tierrina nuestra, y al que esperamos volver a escuchar de nuevo.

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