Animales sonoros
19/10/2013
órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, estreno, Giampaolo di Rosa, Guilmant, música Deja un comentario
Ana Belén García sigue asombrando
14/10/2013
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Domingo 14 de octubre, 19:00 horas. Catedral de Astorga, XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Ana Belén García (órgano). Obras de J. S. Bach, Martín y Coll, Naji Hakim (1955), Nicolás de Grigny (1672-1703), Alexandre Guilmant (1837-1911) y Bruno Vlahek (1986). Entrada libre.
En una tarde que trajo la lluvia otoñal y el fresco desapacible me acerqué a este nuevo concierto de órgano del FIOCLE, y nada que ver lo escuchado en el viejo órgano maragato de Amezúa (construído en 1857 y restaurado por Acitores en 1985) con lo programado en la web del festival, aunque se nos regaló el programa que en la capital se vende a 2€. La organista guipuzcoana volvía a Astorga tras su paso por Ponferrada en un festival que no se olvida de los intérpretes españoles, y Ana Belén García Pérez tiene una larga trayectoria donde las obras de nuestro tiempo siempre están presentes en sus conciertos, aunque los órganos no suelan responder a sus exigencias. Pensaba en poder escucharla en «el bicho de Kleis» porque el programa que trajo era para disfrutar en su totalidad, o al menos equiparable al esfuerzo y trabajo realizado.
Para «calentar» nada menos que el Preludio en do menor, BWV 546 (Bach), difícil como toda la obra para el instrumento rey escritas por el kantor de Leipzig, donde el virtuosismo en manos y pies va unido a la sabia elección de los registros adecuados, interpretación vigorosa y fiel a la partitura.
Las Diferencias sobre la gayta, un anónimo del siglo XVIII, exploran el timbre de la cornamusa o gaita, sea gallega, asturiana, bretona o escocesa, con una nota pedal o bordón sobre la que escuchamos los floreos del puntero, aquí teclado, exponiendo un tema popular para proseguir con la técnica de la diferencia, nueva demostración de virtuosismo en el órgano astorgano que resonó cual aerófono popular.
Del fraile franciscano Antonio Martín y Coll pudimos escuchar y saborear tres números de «Flores de Música», El villano, Marizápalos y Canarios, barroco en cronología pero aún deudor renacentista que además de recoger y variar temas españoles utiliza los efectos que el instrumento de Aquilino Amezúa tiene, en especial los «pajarillos», bien ayudada la guipuzcoana en los registros para su entrada a tiempo en esta auténtica recreación a los teclados.
Una de las muchas virtudes de la joven organista de Andoaín es trabajar obras contemporáneas, y la Ezpata dantza del libanés Hakim dedicada e inspirada precisamente en el pueblo vasco y sus danzas, resultó un soplo de aire fresco a pesar de las carencias del órgano, poderío en disonancias desde registros variados sin perder el ritmo danzante de melodías modales para un auténtico derroche sonoro que hizo «llorar» muchos tubos, temerosos de la tímbrica exigente.
El Veni Creator de Grigny no estuvo a la zaga en cuanto a despliegue de color para sus cinco movimientos perfectamente contrastados en todo: el primero (Plein Jeu en taille) con trompetería y pedalero gimiendo en el arranque, el tema fugado (Fugue à 5) en las dos voces, una por teclado, el intimismo del tercer número (Duo) buscando registros agudos y trémolo para una trompeta magna de batalla delicada en ornamentos (Récit de Cromorne – Amen), finalizando en un tutti (Dialogue sur les Grand Jeux) donde pies y manos retoman aires fugados con cambios de registros manteniendo siempre presente la línea melódica ante nuevos tutti siempre recios y sin excesos para un órgano castellano en colorido y fortaleza.
No hubo descanso del guerrero ni obras de relleno y el Allegro appasionato (de la Sonata V op. 80) de Guilmant resultó como el título, apasionada, exigente para un instrumento que se «empapizaba» con un aroma francés en armonías y registros variados donde el pedalero tiene su protagonismo rezumando romanticismo coral casi sinfónico en cuanto a sonoridades que otro órgano más «capaz» hubiese sacado chispas, finalizando con esa modulación en modo mayor antes del acorde final menor, guiños de compositor en una partitura dura en toda su extensión y perfectamente resuelta por el magisterio de Ana Belén.
Y llegaba el estreno esperado, la obra ganadora del XXXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» que patrocina el Aula de Música Esteban de la Puente y la Sociedad Filarmónica Juan del Enzina, del Instituto de Estudios Bercianos (en Ponferrada se estrenaba el viernes 11 para España), Choral-Phantasie Breitet dem Herm den Weg para órgano solo (2009) del croata afincado en Madrid Bruno Vlahek. Además de las notas al programa, que transcribo un poco más adelante, y comentarios sobre la obra, estuve haciendo mis anotaciones (algo raro en mí pero que en los estrenos suelo hacer como referencia) de una compleja y trabajada obra sobre el coral «Preparad el camino al Señor» inspirado en la figura bíblica de San Juan Bautista y su profecía, que se suele entonar en Adviento: «La composición presenta esta antigua tradición con un lenguaje musical de nuestros días. Las distintas partes de la obra están compuestas libremente aunque todas se inspiran en el motivo temático original, algunas son variaciones corales estrictas y otras tienen libertad temática. La pieza está especialmente adecuada para ser interpretada por el gran instrumento que es el órgano. Combina técnicas diferentes, virtuosismo, variedad de colores y timbres, y formas de tocar el órgano. Para llegar a la última parte, el intérprete ha tenido que improvisar sobre el tema coral en el pedal del órgano que llevará a una coda muy festiva». A continuación dejo el vídeo subido por Marko Pletikosa de la premier en Zagreb el pasado 21 de septiembre (el mismo día de la inauguración del «bicho» leonés) por la propia Ana Belén García y a continuación mis impresiones a vuelapluma intentando «describir lo indescriptible» según lo iba escuchando:
Además de reiterarme en haber escuchado esta joya en un órgano más apropiado que el astorgano, la obra es impresionante desde el inicio, con un fraseo en trompetería del coral seguido por esas dos voces que van creciendo en disonancias con el apoyo del pedalero. Agudos saltarines contrastando con el grave de los pies (que además tuvo el complemento de los cuartos en las campanas catedralicias que aún enriquecieron la paleta tímbrica). Un tutti y silencios dramáticos que dan paso a un presto agitado de dinámicas bruscas, cascadas frente a ritmos acórdicos y una vorágine tímbrica que siempre vuelve al flautado inicial sólo (y esta vez con las campanadas de las 8 de la tarde) y el pedalero sobre el que emerge el coral diluyendo disonancias que crecen hasta retomar el grueso armónico con el pedal como sustrato orgánico para reconstruir en una segunda menor a modo de nota pedal distintas bocanadas en las tuberías. Nuevo silencio dramático para el siguiente juego de timbres rítmicamente trabajados en sentidos opuestos, pedalero «cantabile» y teclados tocando otra marcha paralela que crece hasta el abismo. Ligeras cesuras hasta la aparición de un bis cual danza oriental en ostinatos picados y da capo al flautado solo como remanso necesario. Nuevo bordón, silencio subyugante y carreras arpegiadas de tímbricas potentes y clusters. Una mínima toma de aliento preparando la siguiente melodía clara en los pies y manos revoloteando hasta nuevos bloques sonoros con notas tenidas, largas, para volver al coral en el pedalero, tutti claro resguardado en el teclado II virtuoso antes de los acordes sobre otra nota pedal que elevan dinámicas en trompetería con un rallentando en el pedalero y una figuración cada vez más larga antes de pedal, acorde, silencio y el concluyente último y poderoso acorde mayor.
Auténtico arco iris de timbres más allá de los registros elegidos que se quedaron algo pequeños para el poderío exigido, técnicas interpretativas que aprietan en la búsqueda del impacto sensorial sin perder el motivo coral hecho fantasía como los grandes compositores para el órgano. Un descubrimiento que Ana Belén García ya ha interiorizado (ahí está el vídeo), ha hecho suya esta partitura que llevará en sus muchos conciertos por España y Europa, esperando repetir con un órgano acorde a la obra y la intérprete.
Ana Belén García vuelve a Astorga
13/10/2013
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El peregrinaje por el XXX FIOCLE me llevó este domingo 13 de octubre hasta la Catedral de Astorga para volver a disfrutar de la organista Ana Belén García, en un programa exigente como en ella es habitual, donde destacaba la obra de Bruno Vlahek que resultó ganadora del XXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» estrenada dos días antes en Ponferrada.
Si el concierto sacó chispas del envejecido órgano maragato, restaurado por Acitores S.L. aunque al límite de sus posibilidades ante el poderío de la donostiarra, la obra del croata afincado en Madrid supo a poco ¡ojalá vuelva a sonar en el «bicho de Kleis»! pero pasará a ocupar un puesto entre las obras imprescindibles de nuestro tiempo, como la de Hakim, perfectas en un repaso histórico donde lo mejor fue la interpretación de la muy trabajadora Ana Belén, capaz de seguir ejerciendo magisterio allá donde va. El programa escuchado fue el publicado en papel (que en Astorga nos regalaron) y nada que ver con el de la web del Festival.
Con tiempo y desde casa entraremos en detalles.
Domingo completo en la Pulchra
07/10/2013
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Otro concierto en «La Pulchra leonina» con largas colas hora y media antes del inicio, otra paralela de los habituales caraduras que se ríen del resto y se cuelan sin más, programas de mano inexistentes (tan sólo el completo a 2€ donde hay erratas y tampoco figura el cambio de solistas, aunque siempre está la web del FIOCLE), pero sobre todo un concierto donde obras e intérpretes dieron lo mejor de sí.
El coro de cámara de Pamplona es una agrupación que se presentó con 23 voces (13+10) más que suficientes, bien equilibrada, afinada, empastada y bajo la dirección del valenciano maestro Gálvez sonó perfecta salvo en momentos muy puntuales donde quedó tapado por el órgano, supongo que «más lejano» desde el escenario en el crucero.
El otro protagonista del concierto fue el organista titular de la Sagrada Familia barcelonesa, un Juan de la Rubia (1982) que sacó del «bicho de Klais» (hoy con la consola frente al escenario) sonoridades nuevas, auténtica orquesta para el coro aunque el público percibiese otro equilibrio, ambientes románticos, impresionistas o contemporáneos dependiendo de la obra, pero sobre todo las improvisaciones sobre Duruflé que fueron totalmente impactantes.
El dúo solista, solamente para la obra de Orbán, afinado y discreto, algo desigual aunque con buen entendimiento en sus intervenciones conjuntas pero aprobado globalmente.
Stabat Mater Speciosa (Pastor Arriazu) es un auténtico órgano como rezan las notas al programa: «un ser vivo, un organismo multi-estructural…» jugando con voces e instrumento todo en uno, obra de nuestros días de un conocedor coral en cuanto a escritura –dirigió a la propia coral pamplonesa-, que mantiene referencias francesas atemporales y un dominio, no ya vocal impresionante donde el texto siempre permanece claro, sino en un órgano que no sólo acompaña, comparte protagonismo en cuanto a expresión superior del hermoso canto litúrgico.
Los Cuatro motetes sobre temas gregorianos, Op. 10 (M. Duruflé) e improvisaciones al órgano fueron lo mejor de la tarde, inicio gregoriano por parte de cada solista en las cuatro cuerdas, maravilla coral desde el siempre universal latín y sobre todo las cuatro improvisaciones tras cada motete a cargo del organista valenciano, «complementando el color, el significado y la honda espiritualidad de los motetes» (como bien figura en las notas al programa) arrancando aplausos pese a romper la obligada unidad de ellos, Ubi caritas de Jueves Santo que reza «donde hay caridad y amor» tornado a calidad y amor coral más la improvisación en el nuevo órgano a partir de la melodía gregoriana que voló desde cada tubo reinterpretando texto y espíritu; Tota Pulchra realmente «Toda Hermosura», contrapunto diáfano e improvisación angelical, etérea, silencios remarcando claroscuros bellísimos desde registros agudos levemente tintados de toques graves cual campanadas; Tu es Petrus, cimiento puro y duro, coro redondo y potente para dar paso a un tutti organístico de armonías impresionistas sin olvidar la fortaleza, «sobre esta palabra edificaré la improvisación»; Tantum ergo de Sto. Tomás de Aquino, poesía verbal, vocal e instrumental, adoración musical al Santísimo que tanto Duruflé como el propio Juan de la Rubia consiguen exaltar sin concesiones, nuevo gozo estético con tímbricas en «el Klais» llenas de color desde la introspección. Realmente irrepetible.
El Stabat Mater en Re del húngaro Orbán es una sucesión de números a coro y solistas donde el órgano comparte emociones dentro de una partitura neoromántica que mima las voces igual que las líneas escultóricas del gran Miguel Ángel, probablemente más apoteósico de contar con una agrupación vocal mayor, aunque el esmero mostrado por una camerística siempre resulta más cercano. El coro arranca el Stabat Mater casi plegaria musical y «lamento de la madre dolorosa» subrayada por un órgano discreto, prosigue el Cuis animam gementes para las solistas femeninas a dúo profanamente litúrgico, nuevo coro Pro peccatis en estacatos compartidos con tuberías aflautadas, nuevo solo de la mezzo antes del Eia Mater fons Amoris coral y orgánico retomando las notas al programa, Fac ut ardeat donde Cecilia Lavilla estuvo bien en los agudos -pues el grave no pudimos escucharlo-, y hermosísimo Christe a dúo con la vizcaína Maite Maruri, coro y órgano brillando todos sin destellos, finalizando un bellísimo Amen coral y orgánico, «variedad casi infinita de colores y texturas que voz y órgano ofrecen y logrando esa comunión perfecta cuando ambos se funden» porque El Verbo se hizo Música y habitó entre nosotros, organum, «herramienta» al servicio de todos los presentes, intérpretes y público.
La música se hizo luz con Guillou
22/09/2013
órgano, conciertos, música Adolfo Gutiérrez Viejo, órgano, Bach, C. Halfter, Cabanilles, conciertos, estreno, Jean Guillou, León, música, Mussorgski 2 comentarios
Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.
En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.
El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.
Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.
La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.
No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.
Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.
A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.
Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.
Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.
La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.
El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.
A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:
y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.
El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).
De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.
Un realejo que puede con todo
29/08/2013
Asturias, órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, Grünberger, Izumi Kando, Kerll, Knecht, Máximo López, música, Storace, Sweelink Deja un comentario
Miércoles 28 de agosto, 19:00 horas. V Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano Realejo (siglo XVIII) de la Real Colegiata de San Fernando: Izumi Kando. Obras de J. P. Sweelink, Theodor Grünberger, Bernardo Storace, Félix Antonio Máximo López Crespo, J. H. Knecht, J. S. Bach y J. Kaspar (von) Kerll.
Cierre de ciclo en Covadonga con unas palabras iniciales del señor abad como resumen de este nuevo verano organístico del que han gozado peregrinos, visitantes y aficionados, disfrutando nuevamente del magisterio de la organista japonesa afincada hace dos décadas en Barcelona, esta vez en el restaurado realejo de la Colegiata del siglo XVII que pudo con un repertorio variado donde no faltó música renacentista, barroca y clásica pero tampoco un «ragtime» de propina que volvió a demostrar la universalidad del lenguaje musical y lo bien que se portó un «renacido» instrumento de casi tres siglos para todo tipo de obras cuando la interpretación es impecable en la búsqueda de universos impensables para muchos puristas.
Del domingo anterior y por rigor musicológico volvíamos a escuchar el Ballo del granduca de Sweelink, menos poderoso que en el órgano de Acitores pero igualmente bello al disfrutarlo en su contexto sonoro. Misma obra por la misma intérprete pero nuevos colores y siempre descubriendo matices.
Otro tanto podemos decir de Daphne, obra anónima del siglo XVII llena de vericuetos en su escritura y con buenas elecciones de registros.
El Offertorium de la Orgelmissa (Grünberger) resultó menos organístico pese a su concepción original como tal, brillante en su escritura para el momento en que debe ejecutarse pero que en el contexto de concierto tiene giros más sonatísticos que litúrgicos.
Volvimos a la historia pareja al realejo con Storace y su Ballo della Battaglia, trompetería efectista de «batalla» así llamada por estar en posición horizontal, para recrear no ya la forma sino el propio nombre, quién sabe si inspiradora de nuestro «Sitio de Zaragoza«, de Beethoven y la homónima de Vitoria e incluso de Tchaikovsky. Lo cierto es que además del virtuosismo el despliegue de registros resultó plenamente guerrero.
Desconocía la Sonata nº 4 en sol menor del compositor y organista de la Capilla Real en tiempos de Carlos III Félix Antonio Máximo López (inmortalizado por el pintor Vicente López), en estilo clásico vienés cercano al pianoforte pero bien adaptado al órgano portátil que lleva varios cientos años en el mismo lugar, del que Izumi supo delinear melodías en ambas manos aprovechando los registros partidos que engrandecen obras «minoritarias«, otro plus de la intérprete en la búsqueda de obras adaptadas y adaptables al instrumento de turno.
Contemporáneo al anterior es el Thema mit vier Veranderunger (Tema con cuatro variaciones) de Justin Heinrich Knecht que sí parecía más apropiado al instrumento restaurado y nuevamente brillante en ejecución y sonoridades en registro partido, flautados cortos con bajoncillo.
Un guiño a Bach y su conocida Badinerie de la Suite nº 2 BWV 1067 en una adaptación donde la flauta es protagonista en un registro agudo para la mano derecha articulado cual soplo humano y no mecánico mientras la izquierda rellena casi con un «violone» imperceptible dejando las armonías orquestales reducidas a la mínima expresión en este arreglo que rendía culto al kantor.
Para cerrar concierto volvíamos a los orígenes con otra Battaglia (Johann Kaspar Kerll) en todo su esplendor. No voy a descubrir la técnica y musicalidad de Kando que volvió a brillar en esta forma tan del gusto de los siglos XVII y XVIII cual muestrario de las capacidades instrumentales y de escritura para un virtuosismo interpretativo. Parecen increíbles todas las combinaciones sonoras en un instrumento pequeño que se engrandece con obras para él pensadas y que tuvieron recompensa en los muchos y merecidos aplausos de un público que casi llena la Colegiata.
La sorpresa vino con un Ragtime de Gunther Martin Goettsche, al puro estilo Scott Joplin y los felices años 20 que nos transportaron en el tiempo y el espacio, con timbres de music-hall y sonrisas cómplices para un concierto «desde el corazón» como bien decía el abad al principio del concierto, final de ciclo y verano asturiano para un otoño lleno como los colores de nuestra tierra que igualmente compartió la organista japonesa, siempre bienvenida.
Gracias a todos por compartir tanto y seguir teniendo fe también en la música, lenguaje universal capaz de conmover como ningún otro.
Repaso histórico de Izumi Kando
26/08/2013
Asturias, órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, Fauré, Izumi Kando, Lefébure-Wely, música, Naji Hakim, Stamm, Sweelink Deja un comentario
El programa de Kando, penúltimo del ciclo, siempre difícil como suele ser habitual en ella, arrancó en el Renacimiento con Ballo del granduca (Sweelink), música modal de tecla que desde la tubería ofrece grandes y variadas combinaciones, estallando en una trompetería digna de los instrumentos de su época que el órgano mayor recreó como si tuviese más edad.Otro alemán en Covadonga
18/08/2013
Asturias, órgano, clásica, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, Guridi, Heinrich Walther, música, Mozart 4 comentarios
Domingo 18 de agosto, 17:00 horas. V Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano mayor de la Basílica: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga, Mozart y Guridi.
«El alemán de Corao» (Roberto Frasinelli) está ligado a la propia historia de Covadonga y creo que desde este penúltimo domingo de agosto debemos sumar al organista Heinrich Walther que volvía a nuestra tierra para seguir sentando cátedra en los instrumentos del taller de Federico Acitores. Le escuché hace dos años en el nuevo de Santo Tomás con motivo de la Semana de Música Religiosa de Avilés, y en 2010 en el de la Iglesia de San Francisco de Oviedo dentro del defenestrado Festival de Órgano Cajastur que la podadora se llevó sin reparar en daños pese a los esfuerzos de mi querido Chema, durante ¡23 años!. Al menos Covadonga sigue siendo lugar de peregrinación también para los amantes del instrumento rey para paliar desaguisados y los cinco veranos esperamos sigan en años venideros. Al menos el Abad Don Juan José Tuñón es melómano y defensor de la cultura, algo a tener en cuenta…
Si entonces me cautivó el magisterio de Herr Walther al servicio de las obras elegidas, con una técnica impecable que permite disfrutar las melodías siempre presentes desde un manejo perfecto de los registros, esta vez redescubriendo juntos no ya la sonoridad del gran instrumento de la cuna de España sino también a compositores españoles en un recital hispanogermano donde Usandizaga y Guridi compartieron programa con Bach y Mozart. Buen cuarteto y obras muy distintas que Walther desgranó con un abanico sonoro realmente admirable, y que Federico disfrutó a su lado, siempre pendiente de «sus criaturas».
El Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) jugó con teclados y pedalero arrancando potencia en los momentos justos sin perder de vista el siempre difícil arte del «kantor», con una fuga impactante en todo su desarrollo y conclusión.
La Pieza Sinfónica Op. 25 (J. M. Usandizaga) en tres partes -Introducción, Cantabile y Final- convirtió el órgano en orquesta sinfónica para una obra enorme en todos los sentidos (recuperada por el maestro donostiarra Esteban Elizondo), registros inverosímiles en combinaciones que hicieron resplandecer una partitura con muchas referencias, desde el sencillo armonio hasta el órgano romántico francés, registros Cavaillé-Coll impensables y tan ajustados a la escritura del vasco.
Mozart siempre es un hueso duro de roer y la Fantasía en fa menor, KV 608 vuelve a corroborar no ya el genio del compositor sino el extraordinario conocimiento de todos los instrumentos, incluyendo el órgano, al desarrollar una obra en dos movimientos, Allegro y Andante, con su inimitable estilo desde sonoridades casi sinfónicas y técnica deudora del piano pero amoldada al órgano mecánico, como cabe esperar del de Salzburgo, trinos límpidos, armonías plenas, desarrollos temáticos llenos de luz y giros subrayados por cada cambio de registro. No me extraña que sea una partitura «habitual» cuando instrumento e instrumentista responden, y Walther en Covadonga lo bordó (como en la grabación en CD).
Para cerrar las Variaciones sobre un tema vasco, 1948 (Jesús Guridi) supusieron un colofón exigente, obra con regusto nacionalista más allá del txistu en zorztico y técnicamente dura como todas las compuestas con esta técnica de la variación, por otra parte perfecta para manejar combinaciones ricas en tímbrica y dinámicas, siempre manteniéndose el tema original «Itxasoan laino dago» (Hay niebla en el mar) en las nueve «apariciones» que se enriquecieron en los dedos del intérprete alemán haciendo respirar salitre en la hoy soleada montaña mítica asturiana.
Supongo que además del gusto por estas obras españoles que acabará llevando por todo el mundo sumará el poderío que el órgano de Covadonga es capaz de derrochar desde un sonido asturiano recio y redondo que se adapta a cualquier época interpretativa, y el público de la Basílica se contagió de este otro alemán que acabaremos «adoptando», al menos musicalmente.
Cierre de Oro
14/07/2013
Asturias, órgano, conciertos, coros, música Alfonso Sebastián, órgano, Bach, conciertos, coros, El León de Oro, javier Utrabo, Lasso, Marco A. García de Paz, música, Palestrina, Schütz 1 comentario
Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.
Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».
LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.
El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».
El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.
La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.
Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.
Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.
Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.
Requiem por Alfonso II El Casto
22/03/2013
Asturias, clásica, conciertos, coros, música órgano, Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, conciertos, coros, Hilarión Eslava, música, Miguel Ángel Campos Galán, Rubén Díez Deja un comentario
Jueves 21 de marzo, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Actos conmemorativos del 1171 aniversario de la muerte del Rey Alfonso II El Casto, concierto Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez Fernández (órgano), Miguel Ángel Campos Galán (director). Misa de Requiem (1843) de Hilarión Eslava.
Fiel cita anual y musical para recordar al Rey Casto con curiosidades como el coro protagonista que hace un alto en la zarzuela del casto José para homenajear al rey astur en un Requiem poco escuchado de un compositor español que todos los que hemos estudiado música conocemos más por su labor docente que compositiva, y esta vez una obra que escuchaba por primera vez en directo, volviendo a clamar por la recuperación o activación de nuestro patrimonio, agradeciendo la sabia elección.
En plena época de podadora económica, que se nota sobremanera en la cultura en general y la música en particular, la crisis parece más política que artística, pues sirve para apostar por lo de casa sin perder calidad y como dice el refrán, agudizando el ingenio.
La Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» es una formación coral asturiana con muchos años a sus espaldas (fundada en 1970 con Luis Gutiérrez Arias) y larga tradición recuperando incluso obras del propio archivo catedralicio desde los tiempos del Maestro Alfredo de la Roza y Benito Lauret. En la actualidad y bajo la experta dirección desde 2002 de Miguel Ángel Campos nos ofrecieron en una fría tarde primaveral esta maravilla del compositor navarro con el acompañamiento del avilesino Rubén Díez Fernández, compositor, arreglista, director coral y orquestal, pianista, organista… ¡músico completo!, en un instrumento de los llamados «litúrgicos», aunque hubiese preferido uno portativo, pues la electrónica no siempre hace buena pareja con la música coral y sobre todo con la acústica de la Catedral. Conocedor y concertador bien formado, compartió protagonismo con el coro ovetense, preocupándose siempre de la correcta elección de registros y volumen hasta en el intento de «tirar» de las voces, oficio y profesionalidad en esta «orquesta reducida» que llevó por buen camino.
No vamos a analizar la enorme calidad de una obra encajada perfectamente en el evento, aunque se quedase corta en duración e intención al faltarle la Eucaristía, con el oficio de Don Hilarión. Exigente en todos sus números, el coro estuvo por momentos en la cuerda floja y al límite de la afinación, calando levemente en alguna parte, así como la sensación de ir detrás del órgano (que no a la inversa a la vista del gesto directorial), estando más cómodo en las breves intervenciones a capella, pero totalmente entregado interpretativamente, dando muestras de una musicalidad a prueba de repertorio, con buena gama dinámica y el «pero» de la precisión con el diapasón.
Sobre el acompañamiento, no sólo armónico y de «relleno» (para reforzar una buena cuerda de bajos ya potente de por sí) sino con protagonismo en las partes introductorias e interludios con sentido orquestal, que el pedal de volumen y los registros utilizados apoyaron en todo momento el peso vocal, algo desequilibrado en número, y por consiguiente volumen, de las voces blancas, no siempre bien empastadas con unos tenores algo desiguales, que se adelantaron más de una vez, preocupándose en sonar sin tapar, conocedor del papel de todos en cada parte del «ordinario».
Mejorable el color y emisión globales de esta formación pero comprendiendo el trabajo acumulado y el brusco paso de «La Corte del Faraón» a este Requiem donde la única coincidencia fue «El Casto«. Al menos bisaron un Sanctus que resultó de lo mejor de este concierto. Y «vuelta a Egipto» tras un compromiso bien resuelto globalmente.


















































