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Domingo 27 de septiembre, 17:00 horas. Basílica de Covadonga. 18º Ciclo “Órganos de Covadonga”: Heinrich Walther. Obras de Vivaldi, Bach y Arriaga.

Segundo concierto del organista alemán Heinrich Walther este fin de semana en una Asturias que le enamora hace muchos años (reconoce tener una foto de Los Lagos en su despacho de Friburgo), y otra oportunidad para comprobar cómo la música es irrepetible y cada órgano un mundo.

Con un programa casi idéntico al anterior de Pola de Siero, este domingo se veía recortado por las «necesidades del culto» que limitaron la duración del concierto a una hora (con las campanas marcando cada cuarto y las seis de la tarde durante el último Allegro con moto, y privándonos de alguna obra más). Si el “órgano de La Pola” lo calificaba de cercano, de sonido relajado y versátil por su mecánica con el verdadero “sello Grenzing”, el «Federico de Covadonga» otorga mayores posibilidades  en su tímbrica, un teclado más, la sonoridad que la Basílica proporciona, así como muchos más registros apropiados para las tres páginas que el alemán interpretó como hace 13 años, donde ya escribía «Otro alemán en Covadonga» recordando al de Corao, aunque a Heinrich casi podemos considerarlo asturiano de adopción.

También segundo concierto del 18º Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga» con la presentación del programa a cargo de María Sanhuesa Fonseca que relacionó las obras sinfónicas con las transcripciones al órgano, un breve análisis de las tres partituras que escucharíamos, así como la cita a Edouard Batiste «El domador de órganos» por su labor en esta siempre complicada labor a partir del estudio y copia de las partituras originales, y cómo el Acitores de la Basílica está «bien domado por su titular Fernando Álvarez Menéndez» desde hace muchos años, verdadero alma mater de un ciclo plenamente consolidado en este inicio del otoño asturiano donde acudimos los amantes del instrumento rey (que posamos con Walther a la salida del concierto donde no faltó el propio Federico Acitores y señora, orgulloso de su «hijo» que ya ha cumplido 25 años, inaugurado el 21 de abril de 2001).

J. S. Bach conoció y admiró la obra de su contemporáneo el italiano Vivaldi pues el aprendizaje en su época consistía en copiar las partituras, aunque «el Kantor» no se limita al trabajo artesano para poder dar desde su instrumento toda la gama tímbrica de orquesta del Concierto Op. 3 nº 6 para 2 violines y continuo, RV 522, sino rehacerla y añadiendo ornamentos tan propios de «mein Gott», jugando con los teclados y registros para engrandecer los contrastes entre solistas y  tutti que en el gran órgano sinfónico de Acitores con las manos, pies y magisterio de Heinrich Walther, trabajando como pocos la registración.

Heinrich Walther volvió al Bach original con el «Autógrafo de Leipzig» desde su estancia en Weimar y uno de sus 18 Chorales, “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (Oh! Inocente Cordero de Dios), canto de manos y pies con la siempre prodigiosa escritura de Bach, y en Covadonga sin la bombarda turbia para que los bajos no tapasen los tres teclados, al fin el equilibrio que Walther no encontró el día anterior y al fin pudimos disfrutar de la grandeza germana -en todos los sentidos- y la sonoridad de otro «Federico El Grande», desde Covadonga al mundo.

Y como escribía esta madrugada antes sobre dos órganos distintos por las sonoridades pero un solo maestro, volvía a escuchar el arreglo para órgano de la Sinfonía en re del malogrado Arriaga realizada por el propio Heinrich, enlazando lo que hizo Bach con Vivaldi: llevar lo orquestal a los tubos, un exhaustivo estudio de la partitura sinfónica y la recreación al órgano, pues como «el kantor» con el italiano, el maestro alemán lo realiza desde su conocimiento con el bilbaíno. Siempre le agradeceremos al maestro alemán que siga volcado no ya en la interpretación, también en la difusión a través de sus arreglos de muchas páginas sinfónicas donde no faltan compositores vascos. Walther recrea esta Sinfonía en Re de Arriaga, y además como un bien pintor es capaz en dos órganos distintos de utilizar una base distinta (tabla o lienzo), técnica (óleo o acuarela) pero sobre todo pinceles distintos porque logra nuevos trazos, brillos, inmediatez desde el oficio, para ofrecer un mismo cuadro con dos visiones. No es sólo restaurar y limpiar un cuadro, es utilizar las características de los órganos para reconocer siempre lo pintado. Riqueza orquestal por tímbricas, matices, fraseos, tempi y sobre todo un clima sonoro que en Covadonga fue aún más hondo.

Tras el concierto de Siero escribía «Perfecta recreación sinfónica, todo un espectáculo visual verle manejar pies y manos, los cambios de teclado, los registros rápidos sin perder la unidad orquestal, la dirección e interpretación todo en uno desde el instrumento rey que además Walther conoce a la perfección», para redondear en «El Federico de Covadonga» una Sinfonía en Re mayor de Arriaga-Walther.

Gracias a Heinrich ¡el alemán asturiano!

PROGRAMA:

Antonio Vivaldi (1678-1741) – J. S. Bach (1685-1750): Concierto para órgano en la menor, BWV 593 -arreglo para órgano-:

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro.

Johann Sebastian Bach: “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (del “Autógrafo de Leipzig” / 18 Chorales).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826) – Heinrich Walther (1959): Sinfonía en Re, para orquesta:

I. Adagio – Allegro vivace – Presto. II. Andante. III. Allegro. IV. Allegro con moto.

Siempre Heinrich Walther

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Sábado 26 de septiembre, 20:15 horas. Iglesia de San Pedro de Pola de Siero. Concierto de órgano “El viento que canta”: Heinrich Walther. Obras de Buxtehude, Vivaldi, Bach y Arriaga.

Al organista alemán Heinrich Walther (1959) habría que nombrarle hijo predilecto de Asturias, pues además de un enamorado de nuestra tierra es habitual encontrarlo en los distintos órganos asturianos a los que hace “trabajar” a fondo, e incluso grabar discos en ellos donde transmitir el enorme legado que muchos de aquí ni siquiera reconocen, aunque todavía quedan los fieles defensores del llamado “rey de los instrumentos”, y Walther es todo un apóstol.

En Pola de Siero la Iglesia de San Pedro tiene desde 2013 un órgano de Gerhard Grenzing (13/II), constructor afincado en El Papiol, al que el tiempo le va otorgando la “maduración” necesaria desde una sonoridad  cercana por su ubicación (en el transepto norte al lado izquierdo del altar) y sonidos muy bien combinados, con un secreto doble de registros intercambiables para poder seleccionar alternativamente el suministro de viento a los tubos de uno u otro teclado, con las correderas de palancas encima de la consola. Por todo ello es un órgano capaz de crear sonido rápido con una mecánica de ejecución precisa y sensible, de sonido relajado pero fusionado muy “sello Grenzing”, y como el propio constructor lo ha definido.

En este mismo instrumento Heinrich grabó un CD en noviembre de 2023 con una muestra de Bach a Usandizaga, tres siglos de estilos variados donde mostrar las enormes posibilidades del “órgano de La Pola”, una exploración que con Walther siempre es un placer escuchar, y aún más en directo.

Este último sábado de septiembre la Asociación Pro-Órgano de Siero, con el patrocinio de la propia Parroquia de San Pedro Apóstol, la Consejería de Cultura del Principado, el Ayuntamiento  de Siero y el propio taller de Gerhard Grenzing, el organista alemán desgranaría  cuatro páginas con el nexo del trabajo en encontrar los sonidos precisos para cada una de ellas.

Buxtehude sería el principio de este «peregrinaje», como haría J. S. Bach, el órgano barroco poderoso, de sonoridades rotundas combinadas con rigor expresivo en los dos teclados más el pedal, que nos llevaron a la majestuosidad luterana de los preludios abriendo las celebraciones, esta vez con el Preludio en fa sostenido menor, BuxWV 146.

Bach conoció la obra de su contemporáneo Vivaldi, y el arreglo que hace “el Kantor de Leipzig” es un trabajo de artesano para poder dar desde su instrumento toda la gama tímbrica de orquesta del concierto para dos violines, cuerda y continuo RV522, rehaciéndola, engrandeciendo las voces y jugando con los contrastes de sus tres movimientos, donde el Adagio central es un prodigio en el órgano. Así lo entendió Heinrich Walther con un esmerado trabajo de registración.

Con la sonoridad germana del Grenzing catalán en esta Pola recia, el mejor exponente sería el coral BWV 656 “Oh! Inocente Cordero de Dios”, la plegaria musical del culto, donde cantan manos y pies. La escritura de Bach es prodigiosa y los bajos por momentos taparon las dos manos, pero es difícil encontrar el equilibrio que Walther buscó desde el inicio.

Lo más interesante e intenso de este concierto sabatino sería escuchar el arreglo para órgano de la Sinfonía en re del malogrado Arriaga, presentada en Avilés el pasado año (que me perdí), realizada por el propio Heinrich, en cierto modo enlazando lo que hizo Bach con Vivaldi, y que continúa la labor que el maestro alemán ya hizo con los también vascos Usandizaga y su “Fantasía para violonchelo y orquesta” o Tomás de Garbizu y su “Misa Benedicta”.

Entusiasta de estos compositores le ha llevado a analizar sus páginas sinfónicas para recrearlas en el órgano. El trabajo que Walther realiza de la sinfonía de Arriaga, que descubrió hace un año, es como la de restaurar y limpiar un cuadro, para ofrecer desde el órgano toda la riqueza orquestal no solo en tímbricas sino en matices, fraseos, tempi y hasta en el clima sonoro. Perfecta recreación sinfónica, todo un espectáculo visual verle manejar pies y manos, los cambios de teclado, los registros rápidos sin perder la unidad orquestal, la dirección e interpretación todo en uno desde el instrumento rey que además Walther conoce a la perfección, consiguiendo una recreación más que un arreglo de la Sinfonía en Re mayor de Arriaga. Si en la segunda obra la autoría es Vivaldi-Bach, en esta es justo por Arriaga-Walther.

Y con ese aire mozartiano o haydniano que tiene Arriaga más los sonidos del Grenzing, la propina sería del Brahms romántico heredero de la tradición organística germana con su Herzlich tut mich erfreuen, antes de partir para Covadonga donde Heinrich Walther se pondrá nuevamente al mando del Acitores, como hace ya 13 años tras el “bautizo avilesino”, dos años antes en su Semana de Música Religiosa o la visita en 2010 a otro Acitores, el ovetense de 2000 en la Iglesia de San Francisco para la vigésimo primera edición del siempre recordado Festival de Órgano CajAstur.

Distintos órganos, distintas sonoridades y un solo maestro.

PROGRAMA:

Dietrich Buxtehude (1637-1707): Preludio en fa sostenido menor, BuxWV 146.

Antonio Vivaldi (1678-1741) – J. S. Bach (1685-1750): Concierto para órgano en la menor, BWV 593 -arreglo para órgano-:

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro.

Johann Sebastian Bach: “O Lamm Gottes, unschuldig”, BWV 656 (del “Autógrafo de Leipzig” / 18 Chorales).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826): Sinfonía en Re, para orquesta:

I. Adagio – Allegro vivace – Presto. II. Andante. III. Allegro. IV. Allegro con moto.

(arreglo para órgano de Heinrich Walther, 202 / 2026)

Propina: Johannes Brahms (11833-1897): Herzlich tut mich erfreuen, op. 122, nº4

El Bach de Walther

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Martes 4 de octubre, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Pedro, Pola de Siero. Concierto de órgano: Heinrich Walther. Obras de J. S. Bach.

Pola de Siero, villa musical de siempre y con un ciclo de órgano que lleva más de 50 conciertos, como recordó el párroco Fermín Riaño antes del concierto, acogió en un templo abarrotado (con presencia de docentes, músicos, estudiantes y aficionados al órgano llegados de toda Asturias) el tercero de los conciertos de esta gira por nuestra tierra a cargo del maestro alemán Heinrich Walther en el más «germano» de los órganos del Principado y con un monográfico del dios Bach (1685-1750): nada menos que las Seis sonatas en trío para órgano.

El maestro Walther ha elegido para cada uno de los cuatro órganos un repertorio no ya con gusto sino desde su siempre sabia y acertada elección propia y específico para cada uno de ellos. El Grenzing inaugurado hace nueve años, que ya conocía de otras visitas, resultó el instrumento ideal para tan magna obra de «Mein Gott» en una verdadera gesta cual ascensión alpina en el templo «pétreo», coronar estos seis ochomiles donde la «sonoridad germana» confluía milagrosamente: autor, obras, instrumento e intérprete.

Mucha emoción, exigencias técnicas altísimas, la inestimable ayuda del titular poleso Emilio Huerta y la respuesta de un público imbuido del espíritu bachiano consiguieron la comunión perfecta de las sonatas del kantor, el objetivo didáctico de enseñarnos a escuchar cada una de las tres voces pero también para ser estudiado e interpretado probablemente por su hijo mayor (Wilhelm Friedemann), el deleite de percibir cómo la tonalidad barroca se asienta no ya en esa biblia del teclado que es El clave bien temperado (que Walther habrá releído tantas veces), sino en estas seis sonatas en trío, tres en modo menor y otras tres en mayor, la matemática musical de Bach, el número tres siempre mágico y esotérico, tres voces, tres movimientos, cada uno específicamente tratado en los registros del Grenzing de «La Pola» siendo maravilloso comprobar el oficio del kapellmeister, las modulaciones que se entretejen para volver siempre a la tonalidad inicial desde algo más que la dualidad tristeza-alegría perfectamente entendidas por el profesor.

La Sonata nº 1 en mi bemol mayor, BWV 525 (Allegro-Adagio-Allegro) abría la clase magistral, la limpieza expositiva, el fraseo claro, los tempi ajustados, el instrumento «calentando» a esta congregación bachiana en este martes festividad de San Francisco de Asís. La Sonata nº 2 en do menor, BWV 526  (Vivace-Largo-Allegro) nos llevaría al modo menor y relativo de la anterior, sin prisas, meditadas, no importó que la bombarda enmudeciese en alguna nota para seguir paladeando cada una de las otras voces, con unas progresiones de bajo verdaderamente limpias.Y la Sonata nº 3 en re menor, BWV 527  (Andante-Adagio e dolce-Vivace), como ya sucediese en Covadonga,  jugaría con registros equilibrados, balanceados, siempre con el movimiento central cual auténtica meditación del creyente Bach con un lenguaje único e inimitable que su compatriota al órgano entendió antes del último vivace sin excesos de aire pero respetando cada duración, cada paso seguro e implacable marcado en los pentagramas, tras los que tendría que hacer una pausa necesaria tras estas tres primeras cumbres.

Apenas unos tragos de agua, los comentarios del respetable en voz baja tras lo vivido en la primera parte, y las tres sonatas siguientes en un «crescendo emocional» que rompería el silencio desde una entregada interpretación, sentida, pisando terreno conocido que siempre resulta distinto. Primero la Sonata nº 4 en mi menor, BWV 528 (Adagio e Vivace-Andante-Un poco Allegro), el juego de teclados para saborear cada melodía precisa sin que nada turbase los «contracantos» y el pedal virtuoso de corcheas y semicorcheas preciso; después la Sonata nº 5 en do mayor, BWV 529 (Allegro-Largo-Allegro), verdadera explosión de júbilo y sonoridades plenas, las notas largas exactas en duración, para concluir con la Sonata nº 6 en sol mayor, BWV 530 (Vivace-Lento-Allegro) culminando estas dos «sonatas mayores», aire italiano de Vivaldi maridado con la «pasión de Mateo», la alegría del trabajo bien hecho y la emoción del propio intérprete vitoreado por un apostolado que vio en el maestro alemán al Pedro de la primera piedra en esta catedral del dios Bach.

Aún tendría fuerza para regalarnos la Sonata en mi mayor, K380 de Scarlatti, el clavicordio llevado al órgano como sólo Heinrich Walther sabe, instrumentador del teclado que tras el esfuerzo de las seis cumbres, esta bajada al «campo base» resultó como tomar aire fresco y soltar la tensión acumulada.

Este miércoles cerrará esta gira asturiana en el Acitores de Santo Tomás (Avilés) con un programa casi resumen de los tres conciertos a los que he tenido el placer de asistir, disfrutando no ya de verdaderas lecciones para goce de sus seguidores, también de la gran humanidad y cercanía de Heinrich Walther, a quien los asturianos le debemos tanto.

Gracias MAESTRO

Heinrich Walther sigue impartiendo magisterio

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Domingo 2 de octubre, 17:00 horas. XIV Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga»: Heinrich Walther. Obras de Antonio de Cabezón, Jan Pieterszon Sweelinck, J. S. Bach, Usandizaga y Víctor de Zubizarreta.

Segundo de los conciertos asturianos del ciclo de Covadonga que alcanza su decimocuarta edición, echando de menos nuestro desaparecido Festival de Órgano aunque Valdediós parece haber recuperado el pulso organístico. También segundo concierto del organista alemán con otra lección de buen hacer interpretativo  con un programa donde nos dejó seis obras que volvieron a poner a prueba el Acitores de la Basílica  con el propio Federico a pie de obra para que nada fallase.

Un auténtico placer volver a escuchar el gran órgano capaz de expresar como pocos los diferentes estilos y épocas, comenzando con nuestro Cabezón (1510-1556) y su Salve Regina,  el renacimiento hispano del órgano ibérico con registros emulando los de su época que Walther eligió a la perfección con una ornamentación clara y aire reposado, con la inestimable ayuda de Fernando Álvarez, titular del instrumento.

El compositor y organista holandés Jan Pieterszoon Sweelinck (1561-1621) prepararía el camino para el barroco posterior, y en su Psalm 23 (Tres diferencias) podemos apreciar un rico lenguaje modal con una trompetería clara de su época y la técnica de la variación que posteriormente alcanzaría niveles de auténtico virtuosismo. Walther mantuvo la «línea argumental» hispana trasladada a nuestra Covadonga.

Si Johann Sebastian Bach (1685-1750) es un referente musical en general y organístico en particular, de las obras más complicadas de ejecución y registro son sus seis Sonatas a trío, y Heinrich Walther eligió para este primer domingo de octubre la BWV 527 en re menor, una maravilla sus tres movimientos (Andante-Adagio-Vivace) donde eligió con mimo los registros adecuados para poder degustar cada voz, de digitación impecable y duraciones exactas para apreciar todo lo que «mein Gott» volcó en el papel, especialmente el último tiempo de exquisita tímbrica, donde los registros, incluso el «diabólico» pedal, estuvieron perfectamente equilibrados en el Acitores que respondió perfectamente a las exigencias del maestro alemán.

Volvía a sonar la transcripción de 2022 que el propio Walther realizó del I. Andante (1908) perteneciente a la Fantasía para violonchelo y orquesta del donostiarra José María Usandizaga (1887-1915), que en el órgano de Soto del Barco ya me encantase pero con los registros del de la Cuna de España aún brilló más. Sin perder nada de la original, como buen profesor de instrumentación el profesor Herr Heinrich supo darle la sonoridad del órgano con sabor vasco-francés (me transportó a los Cavaillé-Coll) donde el potencial del Acitores puede rendir a tope, y hasta la Voz Celeste o la Voz Humana con el trémolo apropiado, logra una paleta tímbrica más rica que la orquestal con unos Violones que realmente nos llevaban al fraseo del arco desde el pedal o el teclado I mientras los otros dos sugerían toda la plantilla sinfónica.

Sin dejar el País Vasco, del bilbaíno Víctor de Zubizarreta Arana (1899-1970), organista, compositor, pedagogo y director de orquesta y coros, disfrutamos de su Epitalamio, registros para sonoridades propias con las que Walther se identifica plenamente mostrando no ya el amor y conocimiento de las obras  de Guridi, Usandizaga y el propio Zubizarreta, sino el profundo conocimiento del estilo entre siglos con el «aroma francés» que marca estas composiciones.

Para finalizar de nuevo «Bach, mein Gott» y su Preludio y Fuga en mi bemol mayor BWV 552, la contención luterana sin sacrificar el «más puro sonido alemán», registración justa para una nueva lección de claridad expositiva, del sugerente y luminoso preludio a la trabajada meditación de la fuga con que nos deleitó a un público ensimismado con Heinrich Walther, segunda jornada de esta su personal peregrinación asturiana que el martes nos llevará al Grenzing de Pola de Siero.

Heinrich Walther de nuevo en Asturias

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Viernes 30 de septiembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de San Pedro de Soto del Barco. Concierto de órgano: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga y Franck.

Cada visita del organista Heinrich Walther (1959) a nuestra tierra es un verdadero acontecimiento para los amantes del instrumento rey, siempre fieles a la cita, y en esta estancia que arrancaba en un ayuntamiento melómano que siempre ha apoyado al órgano, el músico alemán pasará los próximos días por los órganos de Covadonga, Pola de Siero para recalar finalmente en Avilés (que me perderé por coincidencia con mi «calendario musical»), instrumentos que conoce como pocos.

Sería el alcalde Jaime José Menéndez Corrales quien también organista e impulsor de estos conciertos  en su concejo, presentaría el primero de la gira asturiana de Heinrich Walther, recordando que el órgano parroquial se inauguró en 2010 (reaprovechando el antiguo de Santo Tomás de Avilés) y desde entonces han dado conciertos en él grandes intérpretes nacionales e internacionales, incluyendo el propio Walther en los años 2012 y 2019. Aplaudir a Jaime por volcarse con los necesarios cuidados de un instrumento que necesita seguir sonando, funcionando y en perfecto estado de mantenimiento, pudiendo tomar nota tantas autoridades que están dejando pudrirse literalmente otras joyas organísticas, algunas a pesar de ser «Bien de Interés Cultural«.

El trabajo de un organista no sólo consiste en la técnica y especialmente la registración, nunca hay dos instrumentos iguales. Sumemos el el trabajo diario en busca de repertorio nuevo o la ardua labor de transcribir obras de otros instrumentos para el órgano o directamente las páginas sinfónicas que en el instrumento rey alcanzan nuevos colores.

Heinrich Walther eligió para el «resucitado Acitores de Soto» tres compositores ideales para un órgano que se ha asentado con el tiempo y mejorado sonoridades, comenzando con «el padre de todas las músicas», Johann Sebastian Bach (1685-1750), imprescindible para intérpretes y melómanos, esta vez el Preludio y Fuga en mi bemol mayor, BWV 552. Sin necesidad de muchos cambios en los registros, el maestro Walther afrontó con claridad de fraseos, combinaciones y transiciones de teclado increíbles y pedal en su justa presencia, tanto el impresionante preludio como la siempre exigente fuga, en una gama de matices que el instrumento sacó a relucir como pocas otras veces. Respeto total al estilo de El kantor en este órgano a la orilla del Nalón que nos transportó de la Alemania luterana a la Asturias católica desde la espiritualidad que sólo la música de órgano alcanza. Primera lección vespertina con «Mein Gott».

Hace años que el profesor Walther se enamoró de la música de José María Usandizaga (1887-1915), del que está transcribiendo muchas de sus obras, caso de la Fantasía para cello y orquesta de 1908, cuyo primer movimiento (Grave, Andante) ya estrenó este año en Logroño, siendo nuevamente un placer escuchar el trabajo del alemán para recrear una obra como la del donostiarra. La sabia elección de los registros (ayudado por José María Martínez a lo largo de todo el concierto) nos permitió descubrir matices nuevos con todo el respeto al original pero que escuchado al órgano tiene todo el aire francés de los compositores que acudieron a la Schola Cantorum parisina por la que también pasaron varios españoles como el propio Usandizaga.

Y manteniendo en el aire ese aroma francés del compositor vasco, nada mejor que César Franck (1822-1890) y su Sinfonía en re menor para concluir este concierto en tres movimientos: Lento-Allegro non troppo; Allegretto; Allegro non troppo, la última versión de 2020/21 con la que Walther lleva muchos años de trabajo casi cual orfebre, y no es de extrañar porque la labor de transcripción alcanza cotas increíbles de calidad, otra auténtica recreación de esta sinfonía orquestal. La obra original, de la que se atacó la orquestación juzgándola de «espesa» por sus largos desarrollos y continuas modulaciones, calificándose también de «wagneriana», se ha escrito igualmente que «llegó a ocupar un lugar privilegiado en el repertorio de las grandes orquestas, aunque en la actualidad está de nuevo un tanto «olvidada»». La explotación de un tema único consigue rememorar sinfonías de Bruckner y evita también la fragmentación, y Walther la entiende a la perfección con una increíble combinación de registros y pedal de expresión que nos descubren tímbricas propias engrandeciendo las orquestales. A cada movimiento le otorga un sentido propio pero manteniendo claro el motivo principal que pasa de un teclado a otro con un juego sonoro donde el órgano del Bajo Nalón se comportó a la perfección. Los arreglos y adaptaciones tecnológicas al «Acitores» han hecho posible todo un abanico de sonidos que no sólo recuerdan las distintas secciones orquestales sino las casi infinitas posibilidades del órgano. Flautados penetrantes, un violon celestial, lengüetas afinadas y en general toda la tubería respondió a la paleta desplegada por el maestro alemán, fiel a la partitura orquestal a la que dota de nueva vida sin perder nunca la sonoridad francesa tan reconocible. Una verdadera lección que sólo este viernes hemos tenido en Soto del Barco. El domingo Covadonga volverá a recibirle y la música del órgano llenará la cuna de España en manos del otro alemán al que ya consideramos hijo adoptivo de nuestra tierra.

Otro alemán en Covadonga

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Domingo 18 de agosto, 17:00 horas. V Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano mayor de la Basílica: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga, Mozart y Guridi.

«El alemán de Corao» (Roberto Frasinelli) está ligado a la propia historia de Covadonga y creo que desde este penúltimo domingo de agosto debemos sumar al organista Heinrich Walther que volvía a nuestra tierra para seguir sentando cátedra en los instrumentos del taller de Federico Acitores. Le escuché hace dos años en el nuevo de Santo Tomás con motivo de la Semana de Música Religiosa de Avilés, y en 2010 en el de la Iglesia de San Francisco de Oviedo dentro del defenestrado Festival de Órgano Cajastur que la podadora se llevó sin reparar en daños pese a los esfuerzos de mi querido Chema, durante ¡23 años!. Al menos Covadonga sigue siendo lugar de peregrinación también para los amantes del instrumento rey para paliar desaguisados y los cinco veranos esperamos sigan en años venideros. Al menos el Abad Don Juan José Tuñón es melómano y defensor de la cultura, algo a tener en cuenta…

Si entonces me cautivó el magisterio de Herr Walther al servicio de las obras elegidas, con una técnica impecable que permite disfrutar las melodías siempre presentes desde un manejo perfecto de los registros, esta vez redescubriendo juntos no ya la sonoridad del gran instrumento de la cuna de España sino también a compositores españoles en un recital hispanogermano donde Usandizaga y Guridi compartieron programa con Bach y Mozart. Buen cuarteto y obras muy distintas que Walther desgranó con un abanico sonoro realmente admirable, y que Federico disfrutó a su lado, siempre pendiente de «sus criaturas».

El Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) jugó con teclados y pedalero arrancando potencia en los momentos justos sin perder de vista el siempre difícil arte del «kantor», con una fuga impactante en todo su desarrollo y conclusión.

La Pieza Sinfónica Op. 25 (J. M. Usandizaga) en tres partes -Introducción, Cantabile y  Final- convirtió el órgano en orquesta sinfónica para una obra enorme en todos los sentidos (recuperada por el maestro donostiarra Esteban Elizondo), registros inverosímiles en combinaciones que hicieron resplandecer una partitura con muchas referencias, desde el sencillo armonio hasta el órgano romántico francés, registros Cavaillé-Coll impensables y tan ajustados a la escritura del vasco.

Mozart siempre es un hueso duro de roer y la Fantasía en fa menor, KV 608 vuelve a corroborar no ya el genio del compositor sino el extraordinario conocimiento de todos los instrumentos, incluyendo el órgano, al desarrollar una obra en dos movimientos, Allegro y Andante, con su inimitable estilo desde sonoridades casi sinfónicas y técnica deudora del piano pero amoldada al órgano mecánico, como cabe esperar del de Salzburgo, trinos límpidos, armonías plenas, desarrollos temáticos llenos de luz y giros subrayados por cada cambio de registro. No me extraña que sea una partitura «habitual» cuando instrumento e instrumentista responden, y Walther en Covadonga lo bordó (como en la grabación en CD).

Para cerrar las Variaciones sobre un tema vasco, 1948 (Jesús Guridi) supusieron un colofón exigente, obra con regusto nacionalista más allá del txistu en zorztico y técnicamente dura como todas las compuestas con esta técnica de la variación, por otra parte perfecta para manejar combinaciones ricas en tímbrica y dinámicas, siempre manteniéndose el tema original «Itxasoan laino dago» (Hay niebla en el mar) en las nueve «apariciones» que se enriquecieron en los dedos del intérprete alemán haciendo respirar salitre en la hoy soleada montaña mítica asturiana.

Supongo que además del gusto por estas obras españoles que acabará llevando por todo el mundo sumará el poderío que el órgano de Covadonga es capaz de derrochar desde un sonido asturiano recio y redondo que se adapta a cualquier época interpretativa, y el público de la Basílica se contagió de este otro alemán que acabaremos «adoptando», al menos musicalmente.