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Flores y especias

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Crítica para La Nueva España del domingo 20 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Viernes invernal con tres ofertas en “La Viena española” (danza en el Filarmónica, ópera en el Campoamor y OSPA en el Auditorio) que bien pudieron restar público a un concierto distinto, atrevido, original y divertido donde debutaba en el podio de la orquesta asturiana la directora ítalo-turca Nil Venditti, verdadera animadora antes de cada obra que iría explicando, en inglés, y ofreciendo un programa atrevido, inusual pero también muy interesante como bien contó María Sanhuesa en la conferencia previa y autora de las notas al programa (felizmente recuperado en papel en edición bilingüe). La temporada llamada de los “Nuevos comienzos” da otro paso más, aunque sigamos sin concertino titular, esta vez invitada la norteamericana Mirabai Wesmehl actualmente en la Sinfónica de Dubrovnik (Croacia) que mostró buena química igual con la batuta que con la orquesta en este tercero de abono.

Comenzar con una orquesta camerística de ambiente cabaretístico o mejor de verdadero “music-hall” por la calidad de la formación, con Divertissement del francés Jacques Ibert (1890-1962) y Venditti saludando además de presentar micro en mano cual estrella rockera la obra, prepararía al respetable para disfrutar de seis piezas llenas de humor, teatrales o cinematográficas, banda sonora de la casi surrealista “Un sombrero de paja en Italia” (1928) que con los componentes de la OSPA y el empuje de la maestra Nil incluso pidiendo palmas bien respondidas desde las butacas, nos alegraron un frío ambiente que iría caldeándose, original propuesta y plantilla donde la percusión tiene un papel casi protagónico, lleno de guiños a obras como la marcha nupcial de Mendelssohn (el argumento de la película lo explica todo) o un can-can final tributo al “Orfeo en los infiernos” de Offenbach, pues Ibert conoce el oficio al proceder de una familia musical, curiosamente como todos los compositores de este abono que sirvieron para titular como Sagas la conferencia de la doctora Sanhuesa, con los pros y contras que esto pueda tener, musicalmente positivos en este “divertimento parisino” de Ibert.

Con L’Horloge de Flore del también francés Jean Françaix (1912-1997) se apuntarían todos los intérpretes la segunda sorpresa de la velada, esencias más que perfumes en cada una de las siete horas elegidas de este reloj floral, apuntadas con las agujas del oboe solista de la OSPA Juan Ferriol, contestado en varias por su compañero clarinetista Andreas Weisgerber, feliz conjunción de viento madera que el compositor francés siempre tendrá presente en su amplia producción, un concierto para oboe siempre bien arropado por una orquesta amplia con Venditti transmitiendo jovialidad, que les llevó a las mayores ovaciones de la tarde, rendidos al magisterio de Ferriol que todavía nos regalaría el Gabriel´s Oboe de Morricone, excelente “La Misión” de cuerda y solista, amistad de lustros, complicidad más buen hacer.

El Preludio sinfónico en la mayor de G. Puccini (1858-1924) puede resultar al menos asombroso, novedoso seguro, para quien se quede solo con el gran operista del cambio de siglo, pero este trabajo académico final de curso en el Conservatorio de Milán tiene todo el tejido orquestal del genio italiano, con aires wagnerianos nada extraños que en nada deben rivalizar con los verdianos anteriores, aunque Aida le llevaría a dedicar su vida a la ópera (donde llegará a utilizar algunos motivos de este preludio en sus primeras obras escénicas como Le Villi o Edgar), si bien este preludio tiene entidad propia, con la OSPA al completo para disfrutar de una sonoridad rotunda donde apreciar la calidad de cada sección orquestal y el buen oficio del joven organista en su Lucca natal.

Y para finalizar el concierto, siempre preparándonos la “showwoman” Venditti, un compatriota suyo, Fazil Say (1970), que además de excelente pianista -al que pudimos escuchar en Oviedo allá por febrero de 2016 en la Jornadas de Piano– y oboísta por prescripción facultativa -como terapia tras una operación bucal- también compone obras sinfónicas tan maravillosas y cautivadoras como sus Danzas sinfónicas op. 64 , cuatro movimientos que nos transportaron a esa tierra puente de oriente y occidente, melodías norteafricanas para evocar paisajes áridos, caravanas de caballos de Siberia a Estambul, el golfo del Bósforo, el tabaco y el café, hasta un zoco lleno de especias que son riqueza para el olfato y el gusto. Aromas y sabores musicales reflejados por el comprometido y rompedor Say interpretados por una OSPA plegada a la inspiración, empuje y conocimiento que transmite Nil Venditti, quien está haciéndose hueco en varios podios europeos y también españoles, con estas danzas donde la percusión de Casanova y Prentice fueron imprescindibles para llevar por buen camino la riqueza rítmica de estas cuatro danzas turcas con las que toda la orquesta asturiana nos hizo viajar a una tierra rica de sensaciones y puerta europea hacia la Asia que tantos tesoros musicales tiene para degustar.

Concierto con buen sabor de boca, público contento, orquesta feliz, pues se nota sobre el escenario, y una joven directora a la que debemos seguirle la pista porque la energía y “buen rollo” (como se dice ahora) que transmite hace estos conciertos diferentes y para todas las edades.

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Novedoso y original

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Reseña para La Nueva España del sábado 19 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Interesante, original y poco habitual programa este tercero de abono OSPA con la turco-italiana Venditti de directora invitada más el solista de la orquesta Juan Ferriol en L’Horloge de Flore de Jean Françaix (1912- 1997), nueva demostración de la calidad de los primeros atriles de la formación asturiana aunque siga sin concertino, esta vez la norteamericana Mirabai Wesmehl.

Obras poco o nada escuchadas, comenzando por el Divertimento de Ibert que abría velada y daba título al programa, agradecido de escuchar para una orquesta colorista y camerística más la verdadera animadora Venditti animando a participar dando palmas a los asistentes en un torbellino de “music hall” fresco y realmente divertido.

Otra obra francesa, la de Françaix, cumbre en el repertorio de oboe que Juan Ferriol bordó en una lección magistral de gracejo y musicalidad junto a sus compañeros, incluyendo el excelente diálogo con el clarinete de Weisgerber, bien llevados por una batuta derrochando simpatía y complicidad, latiendo con este “reloj floral” de siete horas lleno de perfumes parisinos más el regalo del ya eterno Morricone con el “Juan’s oboe” mejor que el Gabriel original.

La segunda parte mantuvo novedades y la simpatía de la directora presentando cada obra con calidad y entrega orquestal, desde el joven Puccini recuperado por Muti, sinfónico de trabajo académico y espíritu wagneriano antes de la apuesta necesaria por la música actual, la del siempre rompedor pianista y compositor turco Fazil Say -al que escuchamos en febrero de 2016– con cuyas cuatro Danzas sinfónicas op. 64 muestran su inspiración en el folklore de su tierra no tan lejano al nuestro, pleno de paisajes evocadores como las especias. Orquestación poderosa, rítmica desbordante, entendimiento total con la directora y una velada novedosa e interesante.

Triunfó la directora Nil Venditti y la música nada habitual. Lástima las muchas butacas vacías, desconozco si por el frío que llegó de pronto o el desconocimiento de este concierto que resultó original y de calidad, esperando que en los próximos recuperemos el aforo de los buenos tiempos sinfónicos antes del tedio o la pandemia que aún habita entre nosotros.

El arpa ancestral del siglo XXI

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Crítica para La Nueva España del viernes 18 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Segunda edición de los conciertos del Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) que completan de octubre a junio la oferta musical ovetense, este miércoles con el arpista murciano José Antonio Domené junto a seis músicos de la Oviedo Filarmonía (cuatro de ellos forman el Cuarteto Galerna), y un programa con aires franceses como el propio Erard que inventó el instrumento tal como hoy lo conocemos, pese a ser ancestral y tocada en Egipto o Grecia, siendo su mejor etapa la que pudimos escuchar en la sala de cámara este miércoles con música de tres compositores del país vecino. Como tengo la ventaja de peinar canas, volvieron mis recuerdos de juventud desde el gran Nicanor Zabaleta, habitual de la centenaria Sociedad Filarmónica de Oviedo en los años 60 y 70, hasta mi Mieres natal con María Rosa Calvo Manzano en 1973, que fue profesora de Domené y tanto ayudó a formar arpistas en aquella España aún huérfana de grandes instrumentistas.

La sonoridad del arpa moderna es única, tanto sola como en cualquier combinación, incluyendo su participación en fosos operísticos y obras orquestales, por lo que las obras elegidas por el músico murciano fueron la mejor muestra de tres compositores franceses en combinaciones de todo tipo bajo el título La belle époque.

Saint-Saëns ocupó el primer bloque, primero con la Fantasía para arpa op. 95, después la opus 124 / 194 con el violín de Gema Jurado, prosiguiendo con la espectacular versión bailada por Marta Pardo del más popular de “El carnaval de los animales”, El cisne con el chelo rotundo y sensible de Sara Chordá junto al arpa cristalina de Domené que sonarían plenamente orquestales en este dúo maravillosamente acoplado.

Debussy se inspiró en la música griega y utilizará el arpa en muchas de sus obras sinfónicas, por lo que su Sonata trío para flauta, viola y arpa mostró esa inspiración desde la combinación tímbrica a cargo de Mercedes Schmit, Álvaro Gallego y el propio Domené, tres movimientos que el público aplaudió uno a uno, pues funcionan casi como obras independientes por la conjunción de estilos donde explorar esa original formación instrumental con estos excelentes músicos de Oviedo Filarmonía.

Y con Ravel llegaría la formación al completo con todos los músicos en escena sumándose a los anteriores intérpretes Julio Sánchez (clarinete) y Gints Sapietis (violín), con su Introducción y Allegro para arpa, flauta, clarinete y cuarteto de cuerda, septeto casi sinfónico por la genialidad del compositor hispanofrancés en la orquestación, el arpa funcionando como solista de concierto alternando protagonismo y un sexteto capaz de sonar como si nos encontrásemos en la sala principal del auditorio.

Un verdadero lujo contar con estos músicos “de casa” en un concierto donde Jose Antonio Domené supo no ya elegir un repertorio para disfrutar de su maravillosa técnica y sonido, sino encontrar los intérpretes adecuados para cada obra, entregados todos y cada uno de ellos, remando en la misma dirección de amor hacia la música con el entendimiento y empaste de tantos años tocando juntos.

En un instrumento italiano actual (modelo “minerva natural” fabricada por Salvi), Domené nos regalaría, dedicándoselo a sus familiares asturianos, Pour la señorita de la francesa Freddy Alberti, alumna de Lily Laskine que cerrando el círculo mágico del arpa, fue quien estrenó el Ravel anterior.

Al final hubo tiempo de intercambiar opiniones entre colegas de instrumento, con Danuta Wojnar y Miriam del Río, arpistas de Oviedo Filarmonía y OSPA, que acudieron junto a varios compañeros de ambas orquestas a disfrutar de este segundo concierto del CIMCO, un éxito para confirmar la capitalidad musical a la que no me canso de llamar “La Viena española” por la amplísima oferta a lo largo del año y saliendo del túnel que supuso la pandemia. El del AVE (que será gorrión) sigue en obras…

FICHA

JOSÉ ANTONIO DOMENÉ: arpa.

CUARTETO GALERNA: Mercedes Schmidt, flauta – Gema Jurado, violín – Álvaro Gallego, viola – Sara Chordá, violonchelo.

Marta Pardo, bailarina – Gints Sapietis, violín  – Julio Sánchez, clarinete.

P.D.: Ya mandada la crítica al periódico, de entre los recuerdos no puedo dejarme a Harpo Marx, «mudo» pero con el sobrenombre del instrumento que siempre asombraba en sus películas y antes del cine muchos años de «Music Hall» con Los Hermanos Marx.

El arpa siempre mágica

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Reseña para La Nueva España del jueves 17 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Prosigue este ciclo camerístico que completa la impresionante programación musical de “La Viena española” con el arpista murciano y nieto de asturianos Jose Antonio Domené, junto al Cuarteto Galerna formado por intérpretes de la Oviedo Filarmonía, hoy hasta seis con refuerzo de flauta y clarinete para el último Ravel, uniéndose también la bailarina asturiana Marta Pardo en un cisne de Saint-Saëns bellísimo.

El original programa francés con Saint-Saëns, Debussy y Ravel hizo las delicias de un público que casi completó la sala de piedras del antiguo depósito de aguas, acústica cristalina como el arpa mágica y perfecta en todas las combinaciones con las que Domené fue hechizándonos: solo, dúos con violín y chelo, trío junto a flauta y viola de Debussy aplaudido en los tres movimientos, y el final de Ravel al completo, casi sinfónico del gran orquestador hispano francés.

Una apuesta camerística de CIMCO con un lujo de intérpretes en torno al mago Domené y ese arpa con tanta historia detrás, que no tuvo su parte pedagógica explicando la actual inventada por otro francés como Erard, aunque esta velada utilizase una nueva italiana de sonoridad muy rica (Salvi minerva natural) para una tarde de música francesa igual que la propina dedicada a sus familiares presentes y las fotos con las arpistas de nuestras dos orquestas asturianas.

Más allá de Beethoven

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“The Ninth Wave, Ode to Nature”, Soundart after Ludwig van (Beethoven). Dedicado a Christophe Desjardins (1962-2020). Music Edition Winter&Winter, Neue Klang Kunst. N° 910 268-2. CD, 2022.

La música después de Beethoven es siempre un reto y el propio Stefan Winter escribe y dirige un espectáculo con la música del japonés Fumio Yasuda (Tokio, 1953), nuevo trabajo del sello Winter&Winter grabado en vivo los días 17 y 18 de diciembre de 2020 bajo la dirección musical del asturiano Aarón Zapico al frente de un grupo de músicos con nueve obras organizadas en una trilogía de tres colores (azul, verde y rojo) tituladas: Infinite Blue, Deep Green y Red Zone, tres partes preparadas para interaccionar con pinturas en vivo, danza y sonidos con la naturaleza verdadera protagonista e inspiradora, bella y trágica.

Imágenes reflejadas en los cuerpos (las fotografías están en el CD) igualmente etiquetados junto a cada obra, que se inspira en la tragedia de la Isla de Lampedusa del 3 de octubre de 2013 y toda una serie de referencias que van desde el propio Himno de Europa (la Oda a la Alegría), recuerdos de la propia novena del sordo genial, el famoso cuadro de Gericault La balsa de la medusa y hasta «La Divina Comedia» de Dante.

Interesante la elección del grupo instrumental con piano a cuatro manos (las hermanas Ferhan & Ferzan Önder), dos
violas (Kelvin Hawthorne y Klaus-Peter Werani), clarinete (Joachim Badenhorst) y clarinete bajo (Gareth Davis), todos ellos bajo la dirección del mayor de los Hermanos Zapico con una toma de sonido verdaderamente excelente para un directo, tal como nos tiene acostumbrados el sello alemán. En YouTube© se puede ver la “performance” que tuvo lugar en Munich al día siguiente de la grabación discográfica el 19 de diciembre de 2020, dedicado al fallecido violista francés Christophe Desjardins en febrero de ese año horrible para todos.

La música de Yasuda, con efectos sonoros variados e impactantes sigue la línea del sello alemán Winter&Winter de inspirarse en obras clásicas (como comenzaron con Las Cuatro Estaciones de Forma Antiqva junto a Uri Caine), aquí toda una una recreación de obras más allá del último movimiento de “La Novena” sin necesidad de narrador o diálogos, simplemente el arte sonoro para toda una experiencia de escucha.

Así encontramos la Cantata op. 112, “Mar en calma y viaje feliz” (Meeresstille und Glückliche Fahrt), titulada “Water an Air”, la Sonata para piano nº 30, op. 109, “Afterlife”, interesante recreación a cuatro manos, o el Cuarteto de Cuerda nº 14 op. 131 junto a la Gran Fuga op. 134, “Seafoam”, conformando Infinite Blue, con las imágenes “Creation”, “Finiteness” y “Beauty”.

El Coro de Prisioneros de Fidelio, “Forest”, el segundo movimiento de “La Quinta”, “Wandering”, y “Under the Waterfall” con el Benedictus de la Missa Solemnes, op. 123 para Deep Green, con bailarines que proyectan “Forlornness”, “Escape” y “Search” de nuevo con esa combinación instrumental y de efectos de sonido no ya novedosas sino impactantes.

Finalmente Red Zone donde vislumbramos el segundo movimiento de “La Séptima” con el sugerente título “At the Bank of River Styx”, de nuevo el Coro de Prisioneros de Fidelio, “Red Rain”, una delicia de recreación, y concluyendo con “The Great Wave”, la Oda a la alegría de “La Novena” y el poder del rojo con “Powerlessness”, “Hatred” y “Desolation”.

Tríptico musical evocador e inspirador de por sí, que con la puesta en escena hace aún más impresionante este acercamiento desde nuestros días a la música después de Ludwig.

Una dama asturiana y universal

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Martes 13 de septiembre, 19:30 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Segunda función: La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del miércoles 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El pasado domingo, tal y como contamos desde aquí, tuvo lugar el estreno absoluto de la ópera del gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) «La dama del alba» basada en el “retablo” homónimo de Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965) y volvíamos al Teatro Campoamor para escuchar el resto del “doble reparto” igualmente muy trabajado, con algunos de ellos repitiendo este martes 13 en plenas Fiestas de San Mateo de la capital asturiana.

La ópera contemporánea ya suma otro título y, como en toda obra, siempre resulta bueno escucharla de nuevo, pues cada interpretación es única, irrepetible y personal pero también la recepción del público, que acudió igualmente ilusionado ante este acontecimiento histórico. Como canta Martín en el primer acto Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió, y esta segunda función personalmente me llenó incluso más que el estreno. Los motivos sobre los que trabaja el compositor se tararean al salir y partir de las notas de nuestro “se oye sonar una gaita” (también “sal a bailar buena moza”) crea melodías que pasan de unos personajes a otros, a la orquesta, trabajándose desde todos los lenguajes que Vázquez del Fresno vuelva en este “retablo musical”.

La escenografía comandada por el asturiano universal Emilio Sagi volvió a convencer y enamorar con su estilo inimitable (sobretelón, espejos…), buenos movimientos organizados por Bianco y la impresionante iluminación de Faura, sin olvidarme esta vez del vestuario de otra carbayona, Susana de Dios, engrandeciendo todo ello la magna partitura del compositor gijonés junto a una OSPA de gran plantilla (con piano, arpa, amplia percusión y hasta saxo) en las manos del avilesino Rubén Díez, verdadero conocedor y concertador de esta ópera, haciendo música en mayúscula tanto instrumentalmente en solitario, caso del inicio, como en el interludio del segundo acto tras el descanso (que marca el paso estacional del invierno al verano en la siempre mágica noche de San Juan), con sonoridades plenas y matizadas, como acompañando las voces, mimándolas ante las dificultades técnicas que supone cada intervención del elenco, coro y solistas, todos con registros extremos donde los graves resultan a veces imperceptibles ante una masa sinfónica siempre controlada desde el foso.

Del estreno dominical repetían en roles breves, pero intensos, la excelente y natural Dorina de la soprano tinerfeña Ruth González que mantiene ese color ideal para encabezar el trío infantil con los cantores de la ovetense Escuela de Música “Divertimento”, en esta función Rita García como Andrés y Carla Gutiérrez en el papel de Falín, pequeñas grandes profesionales; también el siempre seguro tenor sierense Juan Noval-Moro como Quico, nuevamente sobrado en volumen y gusto, más dos de los “pesos pesados” de esta ópera que merecen un aparte.

La Peregrina del contratenor donostiarra Mikel Uskola, algo más potente este martes y buenos cambios de registro aunque adoleciendo de mayor volumen para su protagonismo casi total (nos quedamos con las ganas de haberlo escuchado interpretado por el inicialmente “pensado” Carlos Mena), pero dejándonos dos dúos con el abuelo y Angélica de mucho calado emocional; el tenor uruguayo Santiago Vidal como el “viudo” y enamorado Martín, de nuevo entregado, con un timbre de color agradable y buenos agudos, destacando en el dúo de amor que tiene junto a Adela.

Los debutantes en esta segunda función, con más peso escénico y vocal, fueron el bajo malagueño Luis López Navarro (abuelo), rotundo y potente; la mezzo cántabro-asturiana Marina Pardo (Telva) convincente en toda la tesitura de graves poderosos, muy integrada con su personaje tan cercano a nuestra tierra; la soprano valenciana Maite Alberola (madre) que personalmente fue lo mejor de la velada por su gusto en el canto, variedad expresiva para un rol que la necesita, proyección clara, volumen suficiente en toda la gama de matices, siendo un acierto su elección para contrastar colores; la también soprano y malagueña Berna Perles (Adela), salvada de las aguas, que elevó la calidad del elenco para esta partitura, con un registro de voz corpórea en toda la extensión de su tesitura, brindándonos un emocionante dúo con Martín.

Destacable la breve pero intensa aparición de Angélica que cantó otra asturiana, la soprano María Zapata, con el dramatismo expresado desde el desgarro lógico del personaje, seguridad sobre la escena y dominio vocal para redondear el poderío femenino de esta ópera tan universal como asturiana.

Buena elección de las paletas vocales para cada personaje, defendidos todos y cada uno con entrega, solvencia y seguridad desde unos registros al límite, junto a una “cantilena” donde las “pocas notas” se van modulando sin apenas referencias desde el foso, lo que exige un lirismo común a todas ellas.
Volver a aplaudir el importantísimo papel del Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” dirigido por el ovetense Pablo Moras, hoy más presente fuera de la escena, con los ecos claros, intensidades bien equilibradas y, por supuesto una escena con la danza de San Juan que junto al final coral de apoteosis con todas las voces, resultó un final digno de esta obra de perfumes asturianos y universales.

Encontrar el equilibrio y la homogeneidad global de todos los que han estrenado con tanta calidad esta ópera de Vázquez del Fresno es un verdadero triunfo, aunque todavía haya público que se pierda lo mejor marchándose al descanso. Los aficionados disfrutaron y aplaudieron merecidamente esta segunda función, de nuevo con buena entrada, volviendo a citar lo escrito por Casona en la voz de Martín: “Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió”. Porque nada es igual, cada representación es única, así que volver a disfrutar «La dama del alba» un martes y trece no fue sino una verdadera suerte.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, martes 13 de septiembre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: segunda función “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno y libreto inspirado en la obra de teatro homónima escrita por Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: Luis López Navarro; TELVA: Marina Pardo; MADRE: Maite Alberola; ADELA: Berna Perles; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: María Zapata; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Rita García*; FALÍN: Carla Gutiérrez*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); * Escuela de Música “Divertimento”.

Nasushkin: Ante todo, Música

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Domingo 6 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Ensemble Ars Mundi: «Ante todo, Música II. El lenguaje común de lo diverso«. Director artístico: Yuri Nasushkin. Jóvenes solistas y conjuntos de cámara. Música española, inglesa, austríaca, alemana, belga, mexicana, checa, armenia, klezmer… Entrada gratuita.

La llegada de Los Virtuosos de Moscú para instalarse en Asturias a principios de los 90 supuso uno de los hitos de nuestra tierra en el ámbito musical, no ya por la talla de los intérpretes bajo el mando de Vladimir Spivakov sino por plantar la semilla pedagógica de lo que sería la mejor cantera de cuerda española en un país que carecía de un plantel con esta calidad. No ya los integrantes, entre los que estaba Yuri Nasushkin, que se unieron a las orquestas asturianas, también sus familias y luthiers que conformaron un tejido musical del que en esta década del siglo XXI podemos seguir disfrutando con muchos alumnos hoy convertidos en profesionales repartidos por medio mundo (Aitor Quiroga, María Ovín, Mª Teresa López, Ignacio Rodríguez, Sergio Heredia y tantos otros que bien lo indican en sus biografías).

Y es que Yuri Nasushkin se implicó desde el primer día en todos los proyectos posibles, profesor, promotor, fundador de una hoy desaparecida JOSPA, que continuaría en Madrid y no digamos los años al frente de la Escuela Internacional de Música de la FPA, hoy en el aire con la «disculpa del COVID», a la que jóvenes venidos de todas partes del mundo acudían en verano a nuestra tierra a seguir sumando esfuerzos en convertirse en músicos profesionales.

Desde nuestra tierra y desde hace más de diez años, el Ensemble Ars Mundi es otro de los proyectos del maestro Nasushkin que tomando prestadas sus palabras, su «principal objetivo es la difusión de la música de cámara a través del diálogo, la colaboración, la empatía, la amistad o la solidaridad, valores siempre presentes en su filosofía» con una plantilla joven de distintas procedencias y nivel de formación pero siempre unidos por esta pasión que les ayuda a «redondear su formación y calidad musical«. De la parte solidaria dejo el programa escaneado porque es otra seña de identidad.

Este concierto, nada anunciado y «ninguneado» por las instituciones tanto locales como autonómicas, pese a lo que supone para estos intérpretes poder demostrar sus progresos y mostrar su valía musical, nos trajo más de dos horas de historia camerística en formaciones variadas con unos músicos pasando del atril al solo con total naturalidad y muchas ganas de seguir trabajando en esta vida llena de esfuerzos que los consejos de sus profesores y el aplauso del público compensan con creces el sacrificio de muchas horas dedicadas a cada instrumento, ensayos, fines de semana volcados en su sana pasión juvenil y finalmente el directo cual examen del que también sacarán su aprendizaje.

Yuri salía con su ensemble tras el acto público de ayer sábado pidiendo con la música el «No a la guerra en Ucrania», él que nació en Kiev y se formó en Moscú, con tantas amistades que saben lo que es emigrar de tu casa, con familias rotas y la música en la mochila, de ahí sus palabras, «Ante todo, música».

Asturias, la «Leyenda» de la Suite «España» (Albéniz) en un interesante arreglo para cuerda del chelista alemán Werner Thomas-Mifune y el venezolano Henry Crespo dirigiendo, abría el concierto, la obra pianística con la gestualidad de Crespo cambiando de momento su clarinete por la batuta, para sacar toda la sonoridad y cambios de tempo de esta universal partitura, también conocida en su versión guitarrística, que lleva el nombre de nuestra tierra.

Con un ensemble ya más nutrido en cuerda y viento (dos trompas y dos oboes) escucharíamos al siempre terapéutico, fácil de escuchar y complicado de ejecutar Mozart. De su Concierto para violín nº 5 en la mayor K. 219 con Anastasia Pichurina Esipovich de solista y Nasushkin nos dejarían el Adagio y Allegro aperto, el paso natural del atril al solo, la escucha en común, la responsabilidad de darlo todo y la implicación de un maestro en arropar un talento aún en desarrollo.

Para los violonchelistas el Concierto op. 85 de Elgar es un referente y del atril al primer plano Paula Qiao Lebon Real nos interpretó en arreglo de Duncan McIntyre de esta bellísima página concertística que la añorada Jacqueline Du Pré ayudó a popularizar.

Llegaría el turno de Jesús Méndez Camacho para interpretarnos el Nocturno para violín y cuerda del armenio Eduard Bagdasarian (1922-2987) en arreglo del estadounidense Jeff Manookian, sonido claro y preciso en una obra que personalmente desconocía, agradeciendo a Nasushkin su difusión, dirigiendo y llevando de la mano al joven violinista.

El Allegro del Cuarteto en sol mayor op. 85 (Dvorak) estuvo a cargo de Nicolás Ferreras, Lucía Yusta, Xiana Baliñas y Paula Qiao, la forma ideal de la música camerística, paso necesario del atril orquestal al entendimiento solístico compartido, que estos cuatro jóvenes dieron con total naturalidad para uno de los cuartetos señeros de la historia musical checa.

Siguiente paso al frente como solista de José María Revuelta con el Concierto para contrabajo y orquesta op, 3 en fa sostenido menor del ruso Serguei Kousevitzky (1874-1951), emigrado a los EEUU. del que interpretaría los movimientos Allegro y Andante en arreglo actual de Isaac Trapkus, contrabajista de la Filarmónica de NY, bajo la atenta dirección de Yuri más el perfecto acompañamiento de una cuerda solo reducida en número pero amplia de sonido. Las correcciones técnicas y los pequeños vicios que se adquieren se irán puliendo, pero evidentemente el concierto del ruso tiene mucha tela que cortar.

De nuevo el cuarteto, esta vez con Anastasia Pichúrina, Cristina Torres, Laura Torroba y Martín Herrera en el Allegro del famoso cuarteto de Schubert La Muerte y la Doncella, D. 810, muy bien interpretado y sentido, entendimiento con cómplices fraseos más una sonoridad compacta digna de formaciones veteranas que demuestran un trabajo previo exigente.

La viola solista de Xiana Baliñas brilló en el arreglo del oriolano Miguel A. Aniorte para el ensemble de la Elegía op. 50 del belga Henry Vieuxtemps (1820-1881) por sentimiento, sonido, entrega y el buen concertar del maestro Nasushkin con «su Ars Mundi», otra oportunidad para los atriles de dar el paso al frente como protagonistas, que no desperdició la joven violista gallega.

Y original el arreglo con el dúo Rodrigo Aguilera – Martín Herreras de dos de las tres «Danzas latinoamericanas» del chellista y compositor de Monterrey José  L. Elizondo (1972), buen discípulo y seguidor del mexicano con orígenes asturianos Carlos Prieto, que con Otoño en Buenos Aires y Pan de azúcar, trae los aires porteños y brasileños a la viola y el chelo plenamente actuales, apostando Ars Mundi por jóvenes compositores desde sus inicios, sonidos de hoy con dos instrumentistas que se entendieron a la perfección, y un violoncello potente que se nota es el instrumento de Elizondo.

También nuestro compositor Guillermo Martínez arregló las Estampas klezmer basadas en esa danza tradicional, con el Freilech que nos devolvió a Henry Crespo como virtuoso del clarinete, un músico integral egresado de «El Sistema» venezolano (como los hermanos Valeria y Marco Pérez, hoy en los atriles de chelo y contrabajo, todos afincados en Mieres), con un ensemble potente de cuerda, dos trompas, trompeta y percusión que contagiaron la alegría de esa música instrumental festiva que en el pasado se interpretaba en las comunidades judías de Europa del Este como acompañamiento de bodas, festividades religiosas alegres, la celebración de la Torá o la inauguración de una nueva sinagoga. Esta vez la festividad fue musical de principio a fin aunque todavía quedaba el broche emocional.

Yuri Nasushkin con el violín y después acompañado de su Ensemble Ars Mundi nos interpretaron el Himno de Ucrania más sentido que nunca, aunando deseos y esperanzas, hermanando músicos de todo el mundo y amigos soviéticos, hoy asturianos, que no entendemos en pleno siglo XXI la sinrazón ególatra de los dictadores. Pero este domingo «Ante todo, Música».

Músicos:
Violines: Nicolás Ferrer, Jesús Méndez, Anastasia Pichurina, Alba Tocino, Daniel Arnaldo García, Cristina Torres, Lucía Morales, Mencía Gómez, Hannah Kaupp, Carolina Cortijo.
Violas: Marina Gramaje, Rodrigo Aguilera, Laura Torroba, Xiana Baliñas.
Violonchelos: Martín Herrera, Paula Qiao, Lucía Hermida, Valeria del Carmen Pérez.
Contrabajos: José Mª Revuelta, Marco Pérez.
Oboes: José Ferrer, Silvia Andueza.
Clarinete: Henry Crespo.
Trompas: Jaime Sixto, Lucía Díaz.
Trompeta: José Ruibal.
Percusión: Sara González.
Profesor colaborador: Vadim Pichurin.
Compositores colaboradores: Guillermo Martínez, Miguel A. Aniorte.
Director artístico: Yuri Nasushkin.

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