Inicio

La Ofelia de Hamlet

2 comentarios

Jueves 8 de diciembre de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Hamlet” (de Charles Louis Ambroise Thomas, con libreto de Jules Barbier y de Michel Carré basado en la tragedia homónima de William Shakespeare); ópera en cinco actos estrenada en la Ópera de París el 9 de marzo de 1868. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Critica para Ópera World del viernes 9 de diciembre, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Los dramas de Shakespeare son ideales para ponerlos en música y así ha sucedido a lo largo de la historia universal de la ópera, con muchos ejemplos en la memoria de los buenos aficionados. Pero “Hamlet” no ha sido de los más llevados a la escena, por lo que la ópera de Ambroise Thomas era muy esperada en esta première de la 75 temporada ovetense.
Las distintas traducciones al francés, algunas tildadas de “traiciones”, así como las adaptaciones para lograr un libreto cantábile, no deberían asombrar a nadie, y menos en estos tiempos de reescrituras hasta de la propia historia, por lo que quitar y añadir partes de la trama de Don Guillermo, e incluso cambiarle el final, viene bien para alcanzar las metas propuestas en aras de la propia dramaturgia.
Este “Hamlet” de Oviedo, con la puesta en escena de la asturiana Susana Gómez, calificado por ella misma como “la frágil arquitectura de la realidad”, tiene carambolas argumentales en un escenario diría que atemporal y sencillo, en plano inclinado con trampillas efectistas y efectivas, cortinas de azul turquesa o aguamarina, iluminación de Félix Garma que utiliza al final el frío blanco de los fluorescentes, con el siempre elegante vestuario de Gabriela Salaverri solamente colorido para el coro o los personajes femeninos, pero donde el cénit llegaría en los dos últimos actos: la fiesta de la primavera (sin ballet, que sabemos complica y encarece las producciones) y la “escena de la locura” de Ophélie, aclamada por un público expectante, tormenta real de agua y plástico cual hielo, que no destripo (ahora con el anglicismo “hacer spoiler”) para quien acuda a las siguientes representaciones, muy logrado visualmente, más el desenlace en el cementerio de Elsinor (Helsingør en danés), logrado hasta en la fosa con la arena sacada a paladas e igualmente aplaudido, aunque nada sería igual sin un reparto muy homogéneo donde la triunfadora fue Sara Blanch junto al protagonista David Menéndez, dos roles complicados en la lengua de Molière, bien defendidos por este dúo que estuvo bien arropado de principio a fin por el resto del elenco, creciendo a medida que avanzaba la representación.
El príncipe danés estaba originalmente escrito para tenor y el propio Ambroise Thomas hubo de adaptarlo a barítono por no encontrar un cantante que se adaptase a lo escrito por él. Papel exigente y poliédrico, casi omnipresente y sin apenas utilería o atrezo donde apoyar la acción, David Menéndez defendió su partitura desde un trabajo vocal pulcro, una escena que domina como pocos cantantes, y sobre todo un color vocal capaz de expresar todas las emociones de un personaje muy complicado. Pasajes introspectivos muy matizados (el famoso “ser o no ser” colocado en el acto tercero) con arrepentimiento cual plegaria, desazón y rabia contenida sin caer en excesos, como la escena junto al padrastro, buen empaste en dúos, tríos y concertantes, para acabar coronándose rey de la función.
Pero la reina de la noche fue la Ophélie de Sara Blanch en un momento vocal extraordinario, con un personaje que crece a medida que avanza la trama, sobremanera en la esperada locura del cuarto acto que bordó, emocionó y levantó el clamor entre el público que interrumpió la finalización del aria. Si escénicamente supone recrear uno de los momentos más bellos de la historia del arte, coronada de flores y vestida de blanco con un larguísimo velo, su defensa de la partitura sacó lo mejor de su técnica interpretativa al servicio de lo escrito, incluida la canción nórdica que Thomas incluyó tras trabajar en el estreno con la soprano sueca Christine Nilsson, y cantada por la tarraconense más de estilo italiano que francés, reconociendo que resulta complicado “cambiar el chip” de tantos años de estudio, pero su talento, convicción, versión y visión escénica la llevaron a entregarse de lleno y alcanzar el mayor triunfo de la noche.
No se quedó atrás la reina Gertrude interpretada por la mezzo francesa Béatrice Uria Monzon sin problemas idiomáticos ni dramáticos, encarnando sobre la escena otro de los personajes llenos de aristas: madre amada y odiada, amante sin escrúpulos y dolorosamente arrepentida tal como nos la refleja Thomas. Tan solo comentar la poca diferencia de color con la soprano española, aunque su registro grave lógicamente es más rotundo e ideal para su personaje, lo que hubiese enriquecido aún más las apariciones conjuntas de la gala.
En una obra de reparto dominado por hombres, el menorquín Simón Orfila, como Claudius, cumplió con el papel de bajo en su línea de canto segura para un barítono que va cumpliendo años, de registros extremos sin dificultades de volumen, matizado siempre aunque con un vibrato en los agudos actualmente algo exagerado, pletórico sobre la escena y sin enturbiar la calidad global de todas sus intervenciones, siendo un cantante muy querido en la temporada ovetense.
Rotundo el palentino Javier Castañeda como el espectro del rey difunto, asombrando en cada aparición desde la trampilla del suelo al patio de butacas en el final, llenando de sorpresas un papel que traía de nuevo al Campoamor muertos muy vivos y cantados sin problemas, pues esta vez la escena nunca molestó a las voces.
Breves las apariciones de Laërte pero convincente el santanderino Alejandro del Cerro, un tenor seguro de color brillante que además tiene la virtud de empastar bien con todas las voces del reparto además de una escena donde se desenvuelve con soltura. Los papeles cortos son exigentes siempre para redondear una función equilibrada, y por ello hay que destacar en primer lugar a los dos sepultureros, Juan Laborería y David Barrera, que dejaron en alto un último acto brillante en todos los aspectos. Otro tanto para el Marcellus de Josu Cabrero, el Horatio de Carlos Carzoglio o el Polonius cantado por el mexicano Alejandro López, varios debutantes en Oviedo que cumplieron.
Nuevamente reseñar el excelente trabajo del coro titular “Intermezzo” que dirige Pablo Moras en una obra con mucho peso y dificultades: cuerdas afinadas en todos los amplios registros, empaste y potencia exigida por la masa orquestal, escenas coreografiadas muy logradas, desde la fiesta báquica a la palaciega o el último cortejo fúnebre, y las voces graves como titiriteros, junto a una figuración excelente de Emilio Álvarez Gutiérrez, César Baragaño Esteo y Oskar Fresneda Uribe, sobremanera en la representación del “drama dentro del drama”, junto a los alumnos de la asturiana Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) Senén Menéndez Valera y Rafael Ordóñez Arce, pues todos juntos contribuyeron a redondear esta dramaturgia universal y atemporal donde el nivel homogéneo de todos prevaleció y enalteció los protagonismos en una escena convincente.
Dejo para el final la participación en el foso de la OSPA bajo la dirección de la francesa y debutante Audrey Saint-Gil, que pudo sacarle más provecho a una partitura extraordinaria por la orquestación de Thomas (que me recuerda a muchos compatriotas suyos), no solo acompañando a las voces, sin miramientos dinámicos, sino por la enorme cantidad de matices que encierra, llegando a asombrar al propio Chaikovski cuando la escuchó y enamorándose del sonido del saxofón (también protagonista en este “Hamlet”). Los maestros de la orquesta asturiana tienen calidad suficiente y demostrada para exprimirles en una interpretación que resultó suficiente pudiendo haber sido sobresaliente, aunque supongo que con las siguientes funciones vaya mejorando. Desconozco si el material musical de los editores y propietarios de la obra (Alphonse Leduc et Cie, Paris) están a la altura del original de Ambroise o bien que la directora francesa necesite más recorrido para “hacerse con la obra”, que demostró no sólo ser del gusto del público asturiano, también una verdadera gran ópera francesa merecedora de más representaciones ante la excelente acogida que tuvo en este estreno festivo.
Como última curiosidad volver a incidir en lo cansino que resulta el ya habitual “pataleo de la primera función” al discurso asturiano por la megafonía del teatro tras el castellano y el inglés, olvidando la mínima cortesía o educación, que por otra parte asombra al público que viene a Oviedo y pregunta la causa del triste espectáculo previo a cada representación (aunque menguando en decibelios en las siguientes). De las toses y móviles daría para toda una tesis doctoral, aunque no es privilegio de “La Vetusta del XXI” sino toda una pandemia.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 8 de diciembre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Hamlet” (de Charles Louis Ambroise Thomas, con libreto de Jules Barbier y de Michel Carré basado en la tragedia homónima de William Shakespeare); ópera en cinco actos estrenada en la Ópera de París el 9 de marzo de 1868. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
HAMLET: David Menéndez – CLAUDIUS: Simón Orfila – LAËRTE: Alejandro del Cerro – EL ESPECTRO DEL REY DIFUNTO: Javier Castañeda – MARCELLUS: Josu Cabrero – HORATIO: Carlos Carzoglio – POLONIUS: Alejandro López – PRIMER SEPULTURERO: Juan Laborería – SEGUNDO SEPULTURERO: David Barrera – LA REINA GERTRUDE: Béatrice Uria Monzon – OPHÉLIE: Sara Blanch.
DIRECCIÓN MUSICAL: Audrey Saint-Gil – DIRECCIÓN DE ESCENA: Susana Gómez – DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda – DISEÑO DE VESTUARIO: Gabriela Salaverri – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Félix Garma – DISEÑO DE VÍDEO: Rubén Rayán – COREOGRAFÍA: Mauricio Villa.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).
Recortes de prensa:

El mito de Don Juan con visión feminista

5 comentarios

Domingo 13 de noviembre de 2022, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: 75 Temporada de Ópera Oviedo: primera función de Don Giovanni (de Wolfgang Amadeus Mozart, libreto de Lorenzo Da Ponte, inspirado en el libreto de Giovanni Bertati para la ópera Don Giovanni ossia il convitato di pietra -1787- de Giuseppe Gazzaniga). Dramma giocoso en dos actos, KV 527. Estrenado en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787. Nueva producción de la Ópera de Oviedo. Fotos propias y del ensayo ©Miki López para LNE.

Critica para Ópera World del lunes 14 de noviembre, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

La ópera, como la propia sociedad, está revisando la historia e incluso intentando reescribirla como si verdaderamente pudiese cambiarse, y en estos tiempos donde todo es válido, hasta el mito de «El burlador de Sevilla» de Tirso de Molina le ha llegado la corriente del “MeToo”, esta vez en Oviedo con un equipo formado casi todo por mujeres, encabezadas por la directora macedonia Elena Mitrevska (que fue la titular del coro de la ópera ovetense entre los años 2016 y 2020) más la regista bilbaína Marta Eguilior, con una perspectiva distinta: la de las víctimas del conquistador como mujeres abusadas inspirándose en el ensayo «Violadas o muertas» (2018) de la periodista Isabel Valdés, “Un alegato contra todas las ‘manadas’ (y sus cómplices)” como reza la publicidad del libro, buscando desmitificar el mito, convertir al burlador en burlado o lo que veo más arriesgado, hacer explícito lo implícito, enfocarlo desde un machismo que tristemente aún perdura, desde una propuesta arriesgada y oscura como el propio sepulcro del libertino concebido como una “Vanitas” de cuatro cráneos gigantescos (las víctimas Donna Elvira, Donna Anna, Zerlina y El Comendador), y que en palabras de la propia Eguilior se explica perfectamente: “Tenemos que enseñar a no ensalzar esa figura del Don Juan que hace daño”. Más sombras que luces para estas calaveras con el libertino ya difunto nada más subir el telón, condenado con este pre-juicio, el antes seductor trocado ahora en violador antes de que sonase la obertura (siempre impresionante), dibujando al burlador y conquistador también como sátiro e incluso asesino a espada, pistola o cuchillo, un chulo despreciable, engreído, baboso que diríamos hoy, al que su entrepierna le domina.

La provocación llama al público y la Vetusta del XXI pateó más que aplaudió la escena de la vasca (como la megafonía en asturiano que se desinfla a medida que se suceden las funciones), pero se rindió nuevamente a este Mozart que subía al coliseo ovetense por quinta vez en 75 años, la cuarta de las temporadas anteriores (1996-97, 2009-10 y 13-14) tras mi recordado XV Festival Internacional de Música y Danza un 24 de mayo de 1990 con la Compañía eslovaca del Teatro de Bratislava que pareció descubrir la grandeza de esta joya operística a la tradicional y conservadora afición carbayona.

Y sin ahondar en la escena que sólo aportó penumbra y dudas en parte del respetable, además de marcarnos antes del primer acorde el enfoque del protagonista a cargo de Marta Eguilior, está claro que este Don Giovanni de 1787 es magia pura o como bien escribe la doctora Cortizo, “todas las emociones del alma humana”. Porque el libreto de Da Ponte dota a cada personaje de enfoques poliédricos, incluso humorísticos o sarcásticos para criticar desde la inteligencia y la maravillosa partitura del genio de Salzburgo la humanidad, el sentir no ya del momento sino de nuestra Europa ancestral: un seductor sin escrúpulos, un criado que se juega su trabajo y hasta la vida, aunque nunca acepte la vileza de su señor, la burguesa engañada que sabedora de la poca catadura de su amor sigue sintiendo desde el dolor una pasión no sólo carnal, la inocente rendida a la seducción de la nobleza, los celos del esposo el día de la boda, la sed de venganza de la huérfana que traspasa al prometido, y así un retablo de sentimientos donde la música de Mozart juega con todos ellos, en arias (todas aplaudidas), dúos, concertantes y conjuntos que siempre sonaron empastados gracias a una Oviedo Filarmonía en un momento dulce, y la maestra Mitrevska dominando desde su experiencia encima del escenario todos los planos sonoros en el foso, mimando cada voz salvo el Don Giovanni que parecía siempre tapado por la orquesta, como contribuyendo a un personaje desprestigiado antes de comenzar. Interesantes los recitativos muy reposados y con silencios que ayudaban a la escena, con el clave de Borja Mariño sin perder ni un detalle sobre las tablas.

Del elenco vocal, homogéneo y bien elegido, la triunfadora del domingo fue la soprano Vanessa Goikoetxea interpretando una Donna Elvira con todas las aristas emocionales y escénicas, incluso “embarazada” desde la óptica elegida, con carácter, potencia y dominio vocal, bien armada en los conjuntos a la vez que íntima, delicada y dejándonos intervenciones en el segundo acto (Ah taci, ingiusto core!) memorables, así como el dúo con Leporello buscando una puerta que al no haberla escarbaron el suelo, o el simpático Numi, che strano affetto, Mi si risveglia in petto! -casi una vuelta de tuerca al Cyrano de Rostand– así como sus entradas en escena rompiendo los intentos seductores del protagonista. Y con ella Rubén Amoretti cual voz de la conciencia más que cómplice de su patrón, desde el conocido catálogo que nos hace sumar mentalmente, poniendo a España como un paraíso para el libertino, en una interpretación inconmensurable de principio a fin, llevándose ambos las mayores ovaciones del respetable.

La pareja Zerlina (Laura Brasó) y Masetto (David Lagares) también nos dejaron momentos entrañables en la parte vocal, si bien la escena hace explícita una violación de Don Giovanni que solo hubiese sido otro intento de seducción, buscando hacernos pensar y convencer, como a su esposo, que hubo más de lo imaginado o sugerido por Da Ponte. Al menos tras la paliza de los “matones de Don Juan” su dúo sacó sonrisas y química, voces y personajes bien defendidos y cantados.

Donna Anna y Don Ottavio llevan el dolor en sus papeles y así lo intentaron transmitir María Rey-Joly, de dinámicas muy iguales con un volumen más que suficiente para el rol de mujer violada y huérfana (Ah, l’assassino mel trucidò), más Joel Prieto cuyo Dalla sua pace del primer acto quedó no solo estático sino algo plano pese a un color vocal siempre redondo, disfrutándolos más en los dúos y conjuntos con un buen empaste.

Si vemos al protagonista condicionados desde antes de cantar, parece que los esfuerzos de Jacques Imbrailo no cayeron en saco roto, ni siquiera cantando sobre una de las calaveras una nada creíble serenata Deh, vieni allá finestra sin ventana ni mujer que le escuchase, donde la mandolina de Begoña Pérez fue lo mejor del momento. Los recitativos diseñados para agriar aún más el perfil buscado, el pecho descubierto y el trato bronco y exagerado hacia todos, fue paralelo en el desarrollo de la obra donde ni siquiera La ci darem la mano transmitió la dulzura musical, y sólo al final pudimos disfrutar del poderío vocal del barítono sudafricano.

El Coro “Intermezzo” siempre es un seguro sobre las tablas y hasta fuera de ellas, mimado por una directora musical que conoce bien el trabajo de estos “secundarios” tan necesarios como imprescindibles en la ópera.

Al menos El Comendador de Fernando Latorre nos hizo reencontrarnos con el convivado de piedra, pasando del negro al blanco marmóreo (sin estatua) cual desteñido del ideado por Peter Shaffer, breves intervenciones que nos devolvieron al mito en ese final casi cinematográfico con sustos, truenos, relámpagos y la “ejecución del villano” dando respuesta al perturbador inicio, donde un cadáver colgado iría descendiendo hasta el hoyo mientras dentro de una luz cenital caía tierra, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” o como rezaba el rótulo bajo el escenario, Omnia mors aequat, la muerte que todo lo iguala.

Vestuario de época con simbolismo de colores actualizados e iluminación ayudando a esos claroscuros de la escena, aunque se rompiese con los “móviles” de la manada en otra provocación o deseo no sé si de contemporizar o modernizar, detalles de una puesta y apuesta que forzando un poco hubiese resultado aún más rompedora con desnudos, siempre motivo de escándalos para la Vetusta decimonónica que no muere. A propósito, “la piccina” o “le pene” son palabras italianas que significan pequeña y pena, aunque nos suenen o sugieran otras cosas. Pero lo que nunca falla es Mozart (ni siquiera con las genialidades de Peter Sellars) y cómo escribe de bien para todas las voces. El reclamo de la provocación no hacía falta para que todos disfrutásemos de este Don Giovanni ovetense del que se hablará y escribirá (incluso por la apuesta de Marta Eguilior).

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 13 de noviembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Don Giovanni” (de Wolfgang Amadeus Mozart, libreto de Lorenzo Da Ponte, inspirado en el libreto de Giovanni Bertati para la ópera “Don Giovanni ossia il convitato di pietra” -1787- de Giuseppe Gazzaniga). Dramma giocoso en dos actos, KV 527. Estrenado en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

DON GIOVANNI: Jacques Imbrailo – EL COMENDADOR: Fernando Latorre – DONNA ANNA: María Rey-Joly – DON OTTAVIO: Joel Prieto – DONNA ELVIRA: Vanessa Goikoetxea – LEPORELLO: Rubén Amoretti – MASETTO: David Lagares – ZERLINA: Laura Brasó.

DIRECCIÓN MUSICAL: Elena Mitrevska – DIRECCIÓN DE ESCENA y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Marta Eguilior – DISEÑO DE VESTUARIO: Betitxe Saitua – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Rodrigo Ortega, Marta Eguilior – COREOGRAFÍA: Inma Saénz.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Amores sacrificados

3 comentarios

Miércoles 12 de octubre, 19:30 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo: tercera función Norma (de Vincenzo Bellini, libreto de Felice Romani, basado en la tragedia Norma ou l’infanticide -1831- de Louis Alexandre Soumet y en la obra Les martyrs -1809- de François-René de Chateaubriand). Tragedia lírica en dos actos. Producción de la Asociación de Amigos Canarios de la Ópera.

Crítica para Ópera World del jueves 13 de octubre con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

En los 75 años de ópera ininterrumpida del Teatro Campoamor, llega esta temporada la obra maestra belcantista de Bellini que ha subido a escena en ocho ocasiones desde 1954 siendo por tanto la novena esta de 2022. En mi recuerdo están Renata Scotto (1975), Montserrat Caballé (1978), Rosalind Plowright (1988) y Sondra Radvanovsky (2011) que han dado vida en Oviedo a Norma, la suma sacerdotisa del dios Irminsul, completando Francesca Sassu la nómina de sopranos.

Tercera función con una excelente entrada y la esperada ópera de Bellini no defraudó aunque tardó en subir enteros. Partitura para el “canto bello” que exige un reparto homogéneo en todos los papeles, exigente desde las primeras apariciones con coros y arias comprometidas que todos conocemos pero que van más allá de la archiconocida Casta Diva. Sólo los druidas comenzaron seguros, con aplomo, pues Oroveso (Giacomo Prestia) de voz rotunda y al fin un bajo, mostró unos agudos algo tirantes y Pollione (José Bros) cantaba con distinto color según el registro, pero ambos irían de menos a más. Parecida sensación la omnipresente Norma (Francesca Sassu) con su aria interpretada de forma personal, diría que más virginal y menos voluptuosa, el primer amor espiritual y etéreo antes de afrontar los amores sacrificados de esposa y madre. Pisando fuerte Adalgisa (Paola Gardina) que mostró sus dotes desde la salida a escena con aplomo y dominio vocal, para dejarnos su amor juvenil entregado, el descubrimiento de la traición, el sacrificio y entrega divina, con un triunfo global en cada aparición echando de menos una mayor diferencia en el color con la protagonista, aunque todos rindieron de menos a más en cada escena de los dos actos.

Si la ópera se arma con un elenco equilibrado, a ello ayudaron las breves pero ajustadas intervenciones tanto Flavio (Facundo Muñoz) como de Clotilde (Serena Pérez), siendo la mezzo asturiana pieza para completar las voces de esta tragedia con tanto sacrificio.

Y el Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras, mantuvo el excelente nivel al que nos tiene acostumbrados, tanto druidas como sacerdotisas separados, impresionando sus conjuntos en escena y fuera de ella, de amplios matices además de una escena muy bien trabajada pese a cierto estatismo, lo que en este caso les ayudó al separarse las cuerdas para conseguir la sensación de globalidad coral que siempre da mayor seguridad. Tal vez algo más de empaste en los tenores con el resto del coro hubiese sido ya sobresaliente.

La orquesta Oviedo Filarmonía es otro de los seguros en el foso para los títulos programados, así como la banda interna formada casi en su totalidad por alumnos del Conservatorio Superior de Música, todos bajo la batuta de Renato Balsadonna, que logró sonoridades ideales para aupar el reparto vocal y coral además de dejarnos una excelente obertura.

La amplia figuración, donde están los dos niños sobre los que gira el amor maternal, cerró el equilibrio en escena junto a la sencilla pero lograda ambientación y vestuario de Mario Pontiggia, y los diseños de Antonella Conte y Alfonso Malanda, sin alardes, pero favoreciendo el canto y fidelidad histórica. La luna en la noche, su influjo en el ánimo y la propia naturaleza, tienen todo el sentido en este enfoque de la obra del llamado “Cisne de Catania” en esta producción de la Asociación de Amigos Canarios de la Ópera.

Momentos álgidos en los dúos, tanto los de Norma con Adalgisa y Pollione, con Sassu creciendo dramáticamente y fiel al mejor belcanto, Bros igualando color para dejarnos unos graves claros y los agudos seguros, y Gardina verdadera mezzo de agilidades precisas además de sentidas con una escena imponente, por lo que el trío subió enteros y los concertantes con el coro aportaron el plus de emociones y entrega para esta segunda ópera en la temporada de brillantes ininterrumpidos en el templo de la lírica asturiana.

Me hubiese encantado escuchar el reparto alternativo con la malagueña Berna Perles en el papel estelar, junto a otras voces jóvenes que necesitan más tablas para crecer en este difícil mundo de la lírica, pero mi agenda no da para tanto. La recomendación queda hecha y este viernes con precios populares de los que otros teatros deberían tomar nota. Parafraseando un cuadro de Sorolla solo puedo añadir “Y dicen que la ópera es cara”.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, miércoles 12 de octubre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: tercera función “Norma” (de Vincenzo Bellini, libreto de Felice Romani, basado en la tragedia “Norma ou l’infanticide” -1831- de Louis Alexandre Soumet y en la obra “Les martyrs” -1809- de François-René de Chateaubriand). Tragedia lírica en dos actos. Producción de la Asociación de Amigos Canarios de la Ópera.

Reparto:

POLLIONE: José Bros; OROVESO: Giacomo Prestia; NORMA: Francesca Sassu; ADALGISA: Paola Gardina; CLOTILDE: Serena Pérez; FLAVIO: Facundo Muñoz.
DIRECCIÓN MUSICAL: Renato Balsadonna; DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE VESTUARIO: Mario Pontiggia; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Antonella Conte; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Alfonso Malanda.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Una dama asturiana y universal

Deja un comentario

Martes 13 de septiembre, 19:30 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Segunda función: La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del miércoles 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El pasado domingo, tal y como contamos desde aquí, tuvo lugar el estreno absoluto de la ópera del gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) «La dama del alba» basada en el “retablo” homónimo de Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965) y volvíamos al Teatro Campoamor para escuchar el resto del “doble reparto” igualmente muy trabajado, con algunos de ellos repitiendo este martes 13 en plenas Fiestas de San Mateo de la capital asturiana.

La ópera contemporánea ya suma otro título y, como en toda obra, siempre resulta bueno escucharla de nuevo, pues cada interpretación es única, irrepetible y personal pero también la recepción del público, que acudió igualmente ilusionado ante este acontecimiento histórico. Como canta Martín en el primer acto Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió, y esta segunda función personalmente me llenó incluso más que el estreno. Los motivos sobre los que trabaja el compositor se tararean al salir y partir de las notas de nuestro “se oye sonar una gaita” (también “sal a bailar buena moza”) crea melodías que pasan de unos personajes a otros, a la orquesta, trabajándose desde todos los lenguajes que Vázquez del Fresno vuelva en este “retablo musical”.

La escenografía comandada por el asturiano universal Emilio Sagi volvió a convencer y enamorar con su estilo inimitable (sobretelón, espejos…), buenos movimientos organizados por Bianco y la impresionante iluminación de Faura, sin olvidarme esta vez del vestuario de otra carbayona, Susana de Dios, engrandeciendo todo ello la magna partitura del compositor gijonés junto a una OSPA de gran plantilla (con piano, arpa, amplia percusión y hasta saxo) en las manos del avilesino Rubén Díez, verdadero conocedor y concertador de esta ópera, haciendo música en mayúscula tanto instrumentalmente en solitario, caso del inicio, como en el interludio del segundo acto tras el descanso (que marca el paso estacional del invierno al verano en la siempre mágica noche de San Juan), con sonoridades plenas y matizadas, como acompañando las voces, mimándolas ante las dificultades técnicas que supone cada intervención del elenco, coro y solistas, todos con registros extremos donde los graves resultan a veces imperceptibles ante una masa sinfónica siempre controlada desde el foso.

Del estreno dominical repetían en roles breves, pero intensos, la excelente y natural Dorina de la soprano tinerfeña Ruth González que mantiene ese color ideal para encabezar el trío infantil con los cantores de la ovetense Escuela de Música “Divertimento”, en esta función Rita García como Andrés y Carla Gutiérrez en el papel de Falín, pequeñas grandes profesionales; también el siempre seguro tenor sierense Juan Noval-Moro como Quico, nuevamente sobrado en volumen y gusto, más dos de los “pesos pesados” de esta ópera que merecen un aparte.

La Peregrina del contratenor donostiarra Mikel Uskola, algo más potente este martes y buenos cambios de registro aunque adoleciendo de mayor volumen para su protagonismo casi total (nos quedamos con las ganas de haberlo escuchado interpretado por el inicialmente “pensado” Carlos Mena), pero dejándonos dos dúos con el abuelo y Angélica de mucho calado emocional; el tenor uruguayo Santiago Vidal como el “viudo” y enamorado Martín, de nuevo entregado, con un timbre de color agradable y buenos agudos, destacando en el dúo de amor que tiene junto a Adela.

Los debutantes en esta segunda función, con más peso escénico y vocal, fueron el bajo malagueño Luis López Navarro (abuelo), rotundo y potente; la mezzo cántabro-asturiana Marina Pardo (Telva) convincente en toda la tesitura de graves poderosos, muy integrada con su personaje tan cercano a nuestra tierra; la soprano valenciana Maite Alberola (madre) que personalmente fue lo mejor de la velada por su gusto en el canto, variedad expresiva para un rol que la necesita, proyección clara, volumen suficiente en toda la gama de matices, siendo un acierto su elección para contrastar colores; la también soprano y malagueña Berna Perles (Adela), salvada de las aguas, que elevó la calidad del elenco para esta partitura, con un registro de voz corpórea en toda la extensión de su tesitura, brindándonos un emocionante dúo con Martín.

Destacable la breve pero intensa aparición de Angélica que cantó otra asturiana, la soprano María Zapata, con el dramatismo expresado desde el desgarro lógico del personaje, seguridad sobre la escena y dominio vocal para redondear el poderío femenino de esta ópera tan universal como asturiana.

Buena elección de las paletas vocales para cada personaje, defendidos todos y cada uno con entrega, solvencia y seguridad desde unos registros al límite, junto a una “cantilena” donde las “pocas notas” se van modulando sin apenas referencias desde el foso, lo que exige un lirismo común a todas ellas.
Volver a aplaudir el importantísimo papel del Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” dirigido por el ovetense Pablo Moras, hoy más presente fuera de la escena, con los ecos claros, intensidades bien equilibradas y, por supuesto una escena con la danza de San Juan que junto al final coral de apoteosis con todas las voces, resultó un final digno de esta obra de perfumes asturianos y universales.

Encontrar el equilibrio y la homogeneidad global de todos los que han estrenado con tanta calidad esta ópera de Vázquez del Fresno es un verdadero triunfo, aunque todavía haya público que se pierda lo mejor marchándose al descanso. Los aficionados disfrutaron y aplaudieron merecidamente esta segunda función, de nuevo con buena entrada, volviendo a citar lo escrito por Casona en la voz de Martín: “Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió”. Porque nada es igual, cada representación es única, así que volver a disfrutar «La dama del alba» un martes y trece no fue sino una verdadera suerte.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, martes 13 de septiembre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: segunda función “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno y libreto inspirado en la obra de teatro homónima escrita por Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: Luis López Navarro; TELVA: Marina Pardo; MADRE: Maite Alberola; ADELA: Berna Perles; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: María Zapata; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Rita García*; FALÍN: Carla Gutiérrez*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); * Escuela de Música “Divertimento”.

Asturias ópera universal

4 comentarios

Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos, recortes de prensa y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) lleva media vida, con su ópera «La dama del alba» de la que los primeros esbozos datan de finales de los 80 (aunque fechada entre 1991 y 2003), que al fin se ha estrenado este domingo once de septiembre para inaugurar las Bodas de Platino de la Temporada de Ópera de Oviedo. Mi admirado Luis ha sido y sigue siendo no solo un docente y pianista de referencia sino también uno de nuestros compositores más activos y relevantes del panorama musical desde hace más de medio siglo, con repertorio y obras que abarcan prácticamente todos los géneros y estilos, desde la adaptación y asimilación de material folclórico hasta la música indeterminada. El libreto, también suyo, inspirado en la obra de teatro homónima del escritor asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965), es un drama rural escrito en 1944 durante su exilio bonaerense y estrenado en la capital argentina el 3 de noviembre de ese año, nada menos que por Margarita Xirgu junto a Alberto Closas, Susana Canales y Amelia de la Torre, verdaderas figuras en la memoria de muchos de mi generación.
La obra teatral comienza «En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo» dejando claras las intenciones de Casona y del propio Vázquez del Fresno: el dónde para configurar un espacio dentro del imaginario colectivo pero no el cuándo que apenas importa, en cualquiera de nuestras «aldeas» pues Asturias siempre es inspiradora desde el exilio, sea físico o interior, con la lucha del amor como fuerza más poderosa que la muerte entre el vigor de la naturaleza que todo lo invade, energía y música vital contra el dolor y la acechanza de la parca seductora que no pierde vigencia en este “Paraíso Natural” además de atemporal, bien llevado a la escena por otro asturiano universal como Emilio Sagi en tándem con Daniel Bianco más la iluminación de Albert Faura, un auténtico acierto que encumbra este teatro cantado, conjunción de lo real y lo onírico en un bosque de robles otoñales y estivales, todo un éxito que arrancó grandes ovaciones.
La música del compositor no solo realza la prosa poética del dramaturgo de Cangas de Narcea, eliminando escenas y diálogos pero manteniendo lo esencial, siempre respetando los textos a base de motivos reconocibles y pegadizos cual leit motiv o idea fija desde sus años de formación parisina, evocando las notas de la melodía asturiana “sal a bailar buena moza” que encajan perfectamente en la letra que Casona pone en boca de sus personajes, también la orquesta, de plantilla amplia con gran percusión e incluyendo también piano, arpa o saxofón y hasta efectos sonoros, forma parte de la propia acción completando momentos de tensión o remanso con un estilo propio que bebe de todo tipo de recursos donde no falta un toque cinematográfico de musical. En este sentido la OSPA fue tan protagonista como las voces para una partitura realmente compleja y muy exigente para todos, especialmente para todo el elenco vocal que apenas tenía referencias, con tesituras extremas donde los graves no siempre resultaron suficientemente audibles pero que el maestro avilesino Rubén Díez siempre intentó mantener el equilibrio entre foso y escena, volcado en este estreno que puso a prueba cada intervención, destacando la obertura y un hermoso interludio del segundo acto muy aplaudido, que marcaba el cambio del invierno al verano tras las siete lunas.
De la parte vocal quiero comenzar destacando al coro titular dirigido por Pablo Moras, con mucha participación fuera de escena que supone un hándicap, contestando la acción como flotando, pero solventado con éxito y mucho ensayo previo, y no digamos su presencia protagonista como aldeanos en la Noche de San Juan o al final de la obra verdaderamente emocionante. Voces muy trabajadas y homogéneas junto a una escena que redondeó este estreno.
También importante el papel que desempeñan los niños: Ruth González como Dorina, con más protagonismo y un color natural perfecto para su rol, más Andrés y Falín cantados por Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego de la Escuela «Divertimento», verdadera cantera infantil con una profesionalidad digna de admiración (aportando los dos repartos).
Lo más destacable de la ópera es el papel de la omnipresente muerte, “La Peregrina” que Vázquez del Fresno escribe para contratenor, una voz sugerente para la ambigüedad, de una carga dramática reflejada en su partitura con la que Mikel Uskola hubo de luchar toda la obra, especialmente en los graves poco audibles, pero compensado por los momentos de ternura como la escena con los niños. Inconmensurable su trabajo y entrega pese a su juventud, que se cura con los años, y la voz también.
Son los personajes femeninos sobre los que pivota el grueso de la acción aunque los masculinos sean el contrapunto necesario, elegidos todos en tesituras “clásicas” pero también por los distintos colores, comenzando por el abuelo de David Lagares con un peso escénico y vocal importante que el bajo onubense defendió con solvencia y buen cuerpo, el breve y efectivo Quico del tenor asturiano Juan Noval-Moro con volumen más que suficiente, y el complejo Martín del tenor uruguayo Santiago Vidal que fue de menos a más como su personaje, destacando su dúo con Adela de la escena undécima.
Las mujeres de aldea, duras, matriarcas, también tuvieron que bregar con registros no siempre cómodos y líneas de canto exigentes, luchadoras como sus personajes, comenzando con dos mezzos: la sufrida Telva de la bielorrusa y asturiana de adopción Marina Pinchuk que pasa del dolor por la pérdida de sus siete hijos en la mina (escenificados por robles) a la emoción con los niños o la complicidad con el ama y con Adela, bien reflejado en sus intervenciones; la apenada, esperanzada y finalmente convencida aunque dolorosa madre de Sandra Ferrández, papel menos agradecido pero lleno de matices con momentos de calidad y complicidad en sus dúos.
Y quedan las sopranos: Beatriz Díaz, la más internacional de las nuestras, encarnó a una Adela de tesituras extremas y no siempre agradecidas, poderosa en los agudos, pianos sobrecogedores, gusto en la escena con los niños, entrega total en el dúo con Martín y una línea de canto segura pese a unos graves demasiado exigentes, explotando su ya conocido potencial sobre escena; breve pero igualmente entregada e intensa la Angélica de la pacense Carmen Solís, desgarradora, plena de intensidad vocal y emocional, con color parecido a quien Martín la supliría en su corazón, otro acierto en la elección del elenco.
Estreno esperado de casi tres horas, con una primera parte algo lenta, como la espera de la parca que ahuyentó a parte del público, y la luminosa segunda donde fuimos reconociendo los motivos para llegar al final por todo lo alto con el Campoamor, de gala para este regalo de cumpleaños, aplaudiendo largamente esta ópera de nuestro tiempo y a todos los que hicieron posible esta “Dama de Luis” con un compositor feliz de ver cumplido un sueño. Y mi felicitación para la ópera ovetense por seguir programando obras actuales en la temporada de los 75 años.
El martes 13 asistiré, si nada lo impide, a la segunda función para escuchar y volver a disfrutar con esta obra de mi tiempo por voces de hoy para el futuro.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 11 de septiembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: Estreno mundial “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno con libreto inspirado en la obra de teatro homónima de Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: David Lagares; TELVA: Marina Pinchuk; MADRE: Sandra Ferrández; ADELA: Beatriz Díaz; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: Carmen Solís; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Irene Gutiérrez*; FALÍN: Gabriel Orrego*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); *Escuela de Música “Divertimento”.

La historia al fin cantada

Deja un comentario

Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

 
Reseña para La Nueva España del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), recortes de prensa y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Estreno mundial para las Bodas de Platino de la ópera ovetense con esta dama universal de Alejandro Casona contada al fin por Luis Vázquez del Fresno, y cantada por un elenco bien elegido en color y tesitura sobre esa escena de Emilio Sagi que entiende como pocos el “teatro cantado”.
Todo un equipo desde Asturias al mundo, como así la sintió desde el exilio argentino Casona para redondear este regalo de cumpleaños apostando por esta obra esperada tras toda una vida musical como la del gijonés Vázquez del Fresno, escrita desde un estilo propio con una madurez musical envidiable, exigente para todos los intérpretes por los registros extremos, agudos al límite y graves difíciles de escuchar, pero con el objetivo cumplido de cantar esta historia de todos conocida donde texto y música se suman para una acción lenta como la espera peregrina.
Campoamor de gala con presencia de autoridades y cargos públicos, de artistas en las butacas compartiendo emociones con familiares de Casona y Luis, junto a la siempre entendida y fiel afición que atesora mucha experiencia lírica labrada desde aquel 1947, todos llenando este domingo histórico pleno en ilusión y esperanza.
Grandes actores pero sobre todo actrices: solistas y coro, cantando al amor y la muerte, sintiendo esa lucha vital, con una OSPA subrayando magistralmente los textos y llenando la acción sin palabras contando con una amplia plantilla de calidad contrastada en un intermedio muy aplaudido, orquesta colorida además de segura desde el foso, bajo la dirección concienzuda del avilesino Rubén Díez, detallista, atento, mimando las voces en una escena tan nuestra y atemporal como nuestro ovetense Sagi junto a Daniel Bianco sumando la extraordinaria iluminación de Albert Faura que resaltó y encumbró esta ópera de difícil asimilación para muchos de los presentes pero plena de simbolismos y colores (como los siete robles en memoria de los mineros muertos, hijos de Telva).
Destacable el trabajo e implicación de todo el elenco vocal, desde esta Asturias universal, de adopción o nacimiento, transmitiendo la magia lírica, personajes reconocibles hasta en los nombres, reales y ficticios.
Interesante contar con el contratenor Mikel Uskola como Peregrina, gran acierto del compositor (quien pensó originalmente en Carlos Mena) en un rol complicado, algo opaco en el grave (como casi todas las voces), omnipresente y exigente pero también emotivo, especialmente en el conjunto con los tres niños: Dorina, Ruth González, la más protagonista, junto a Falín y Andrés, Gabriel Orrego e Irene Gutiérrez (bravo por esas voces de la Escuela Divertimento).
Impecable el abuelo de David Lagares rotundo y emocionante junto a la Telva de Marina Pinchuk defendiendo su papel con calidad y calidez.
Poderío escénico de la madre Sandra Ferrández, vocalmente exigente (para todos) y la pareja de sufridos enamorados, Adela y Martín, en las bellas voces de Beatriz Díaz siempre entregada y completa en su actuación, junto a Santiago Vidal capaz de completar registros contradictorios bien resueltos en cada intervención, con dúo cargado de emociones además de buen empaste.
Breves papeles pero necesarios los de Quico por Juan Noval-Moro claro e incisivo además de sobrado en volumen, y la Angélica de Carmen Solís resolutiva, plena, desgarradora y volcada en intensidad.
Más otra ovación para el Coro “Intermezzo” de Pablo Moras, solvente fuera de escena, flotando y contestando la acción, e impresionante como pueblo en la mágica noche de San Juan, danza prima incluida.
Éxito en este esperado estreno con mujeres protagonistas para las bodas de platino de nuestra ópera carbayona más universal que nunca desde la Asturias mágica y atemporal.

Newer Entries