Martes 27 de octubre, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, concierto 13 del año 2026 (año 120, concierto 2.110) de la Sociedad Filarmónica de Oviedo: Trío Semper, Ludmil Angelov (piano). Obras de R. Strauss y J. Brahms.

En este último martes de octubre volvía la música de cámara al teatro de la calle Mendizábal con un programa poco interpretado por su dificultad, y que al Trío Semper formado para esta ocasión por el ruso Andrey Baranov (violín), el búlgaro Rumen Cvetkov (viola) y el avilesino Gabriel Ureña (chelo), tres solistas internacionales, se les sumaba el pianista búlgaro Ludmil Angelov, otra figura reconocida mundialmente, con quien están llevando estas obras no solo por nuestra geografía sino también por parte de Europa; así quedaría claro que las páginas estaban muy trabajadas y “rodadas”. La calidad de este cuarteto con piano hizo las delicias de un público fiel que entiende estas músicas como verdaderos laboratorios sinfónicos por parte de los compositores, auténtica y necesaria formación melómana, donde los cuatro intérpretes se mostraron plenamente «orquestales» por la riqueza tímbrica, su amplísima gama dinámica y un entendimiento perfecto para dos cuartetos con piano de altísimo nivel, solventados con matrícula de honor, pues emoción, narrativa y arquitectura sonora se alcanzan desde un virtuosismo que no es  el fin sino el medio para lograrlo.

Y es que la experiencia acumulada de sus intérpretes, su escucha mutua y su dominio del repertorio camerístico convirtieron este concierto ovetense en una cita especialmente atractiva para todos los amantes de la gran música.

Permutando el orden inicialmente previsto, comenzarían con el Cuarteto con piano en do menor, op. 13 de Richard Strauss, que se estrenaría en Weimar el 8 de diciembre de 1885 con el propio compositor al piano. Bajo la influencia de Brahms (que podríamos apreciar en la segunda parte), el compositor aún adolescente, comenzó este cuarteto en la primavera de 1884 asentado en Berlín, terminándolo en 1885. Obra juvenil de gran formato, combina una escritura densa y apasionada, energía romántica y amplias melodías líricas; aunque no pertenece al Strauss más maduro de los poemas sinfónicos o las óperas, ya muestra ambición formal y notable dominio camerístico. Esta página muestra una fusión inusual de personalidades musicales: la sobriedad y la grandeza de Brahms se muestra aquí con el ardor y el virtuosismo impetuoso del joven Richard. Este cuarteto con piano es una obra de gran envergadura, con un sonido rico y oscuro, que desarrolla sus ideas con una energía arrolladora. Así la entendieron los cuatro músicos en sus cuatro movimientos, donde todos tienen sus momentos de protagonismo y unos conjuntos siempre bien balanceados.

La silenciosa apertura del Allegro es engañosa, ya que la música explotará rápidamente en una lluvia de energía, y ese agudo contraste puede ser la clave de este movimiento con forma sonata: los momentos marcados con espressione o tranquillo darán paso instantáneamente a pasajes “sobrecalentados”, marcados como molto appassionato o agitato. Este movimiento de apertura es el más brahmsiano del cuarteto, particularmente por su oscura sonoridad, su desarrollo de pequeños motivos temáticos y su alcance dramático: el movimiento conduce a un cierre que es virtualmente sinfónico en su concepción y sonido.

El Scherzo, marcado como Presto, está lleno de movimientos rápidos y de mucha energía, especialmente en las gotas de octavas que se repiten por todas partes, iniciado por el piano de Angelov marcando y contagiando el tempo y la energía. Una sección de trío fluida lleva a un retorno del material de apertura, y Strauss recuerda un poco de la sección de trío antes de que el movimiento llegue a su cierre del Prestissimo, con el siempre impecable violín de Baranov.

Tras dos movimientos tan intensos, el Andante aporta un poco de calma. La encantadora idea inicial del piano, que me recordó a Rachmaninov, da paso al segundo tema lírico de la viola de Cvetkov, donde Strauss desarrolla estos dos temas con elegancia.

El Vivace final vuelve al estado de ánimo y al estilo del movimiento inicial. Su comienzo ardiente, lleno de aristas y ritmos sincopados, da paso al tranquilo segundo tema del violonchelo de Ureña (molto con espressione como especifica Strauss), y estas dos ideas se desarrollan ampliamente —y con gran virtuosismo— antes de que la música se abra paso con fuerza hacia la conclusión con un firme acorde en do menor.

Comentar como curiosidad que tras el estreno de este cuarteto, al año siguiente ganó el primer premio (entre 24 participantes) en un concurso de cuartetos con piano patrocinado por el Tonkünstlerverein de Berlín. Pero esta música representa una dirección que el joven compositor no eligió seguir.  La música de cámara (y la influencia de Brahms) ya no le interesaban, y este cuarteto con piano – como «nubes rezagadas de Brahms»- representa uno de los últimos momentos del aprendizaje juvenil de Strauss antes de que descubriera el camino hacia su propia independencia musical.

El Cuarteto con piano nº 1 en sol menor, op. 25 de Brahms lo escribiría entre 1856 y 1861, estrenándose en su ciudad natal en 1861 (sería orquestado por Schoenberg en 1937), con su eterna amada Clara Schumann al piano, aunque posteriormente el propio Brahms se uniría al Hellmensberg Quartet en Viena para posteriores interpretaciones. Primer cuarteto con piano del hamburgués, considerado su primera obra madura tras las revisiones y críticas tanto de Clara como del violinista Joseph Joaquim, podemos afirmar que es una de sus obras camerísticas más populares, combinando densidad romántica, gran elaboración temática y una escritura pianística exigente, uno de los obstáculos para programarlo más habitualmente pero que con Angelov supuso garantía de virtuosismo al servicio de la partitura.

Interesante la escritura donde no hay una jerarquía dentro del cuarteto sino que los cuatro instrumentos pasan por las funciones básicas de cualquier composición (melodía, armonía, homofonía) aunque el piano presenta en solitario el tema principal mientras las “secundarias” son interpretadas por todos excepto el chelo que a menudo acompaña o realiza “otras melodías”, aunque la escritura sea igualmente difícil. Partitura densa en ritmo, armonía y textura, bebe del clasicismo pero supone el último romanticismo tanto por la armonía como por las amplísimas dinámicas, sin dejar de citar el trémolo que es un relax tras tanta tensión.

El Trío Semper junto a Ludmil Angelov nos dejaron una interpretación de altura, con los tempi y balances ajustados, con el primer Allegro sereno y valiente, un Intermezzo delicado, un Andante con moto con mucho poso que todos ellos tienen como solistas y camerísticamente volvió a demostrar la excelencia, más el último movimiento, Rondo alla Zingarese, que aportó un final brillante, virtuosístico y con esa inspiración húngara del alemán, llena de energía rítmica, cambios de tempi donde los intérpretes demostraron su compenetración y musicalidad a raudales.

PROGRAMA:

Primera parte

R. STRAUSS (1864-1949)
Cuarteto con piano en do menor, op. 13:

I. Allegro – II. Scherzo – III. Andante – IV. Finale: Vivace. Rondó

Segunda parte

J. BRAHMS (1833-1897)
Cuarteto con piano nº 1 en sol menor, op. 25:

I. Allegro – II. Intermezzo: Allegro ma non troppo – III. Andante con moto – IV. Rondó alla Zingarese: Presto