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El milagro Mehta

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Viernes 12 junio, 22:00 horas. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos.Palacio de Carlos V: Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, Zubin Mehta (director). Obras de Mozart. Fotos de ©Fermín Rodríguez – Festival de Granada y propias.

He asistido de nuevo al privilegio de vivir en directo al nonagenario director hindú Zubin Mehta (Bombay, 1936) tras el concierto del pasado 19 de febrero en Oviedo, esta vez al frente de la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (que se estrenaba en la capital nazarí), nada menos que con la trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, una de las cimas de la música sinfónica y referencia fundamental en la historia de la música occidental. para la inauguración del 75 Festival (tras el previo de la noche anterior).

Mehta debutó en Granada en 1964, algo que el propio director relata en sus memorias “La partitura de mi vida”: «Mi romance con España empezó en 1964, cuando tuve el gran placer de hacer música con la Orquesta Nacional de España en la maravillosa Alhambra de Granada». En este regreso, habiendo dirigido siete conciertos a lo largo de más de seis décadas (en las ediciones de 1964, 1968, 2011 y la actual de 2026), tras su última visita bien se merecía la concesión de la Medalla de Honor 2026, reconociéndole una trayectoria excepcional que ha dejado profunda huella en la música clásica contemporánea y una relación privilegiada con el certamen granadino, como también recordaría en el acto su amigo Paolo Pinamonti.

Presente en aquel su primer concierto en este mismo recinto, estuvieron los entonces Príncipes de España, y este viernes la Reina Emérita, quien aquella noche junto a su hermana Irene de Grecia, lo llevó a ver bailar a los gitanos en las cuevas del Sacromonte, iniciando una amistad con Doña Sofía que llega hasta nuestros días, por lo que Su Majestad, reconocida y extraordinaria melómana, cercana y amiga de grandes figuras internacionales, sería la invitada perfecta para hacerle entrega al descanso de tan merecida distinción al maestro hindú. También estuvieron presentes en este emotivo concierto (retransmitido en directo por Radio Clásica y la UER) de homenaje: el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo; el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí Grau; la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo; y el director del Festival, Paolo Pinamonti que realizó la semblanza del maestro Mehta así como la cita a Alfonso Aijón (presente en el concierto), fundador de «Ibermúsica» y que tantas veces trajo a España al director hindú.

La web del Festival presentaba este concierto como Apasionante debut mozartiano, con otro de los grandes hitos de esta edición del Festival, “el debut de la prestigiosa Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección de una de las batutas más reconocidas y admiradas del último medio siglo, Zubin Mehta. A sus 90 años, las limitaciones físicas no han mermado en absoluto la autoridad musical del maestro ni su comprensión profunda del gran repertorio internacional”, y en efecto tuvo la ocasión de “mostrarlo con la extraordinaria trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, que a la postre sería culminación de su pensamiento sinfónico. Tres obras consecutivas y contrastadas, que recorren desde la amplitud luminosa hasta la tensión dramática y la afirmación final, y que resumen como pocas el genio del compositor salzburgués. Un debut de alto voltaje artístico para el Festival, a cargo de una orquesta histórica y un director esencial”.

En lo estrictamente musical, la primera parte, tras el susto de la caída desde el podio tras la laboriosa colocación desde la silla de ruedas hasta el taburete de un Zubin Mehta que nos puso el corazón en un puño, la ocuparían las sinfonías 39 y 40, donde el maestro nos hizo olvidar su estado físico porque revive con Mozart . Y la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (en colocación vienesa con violines enfrentados y contrabajos atrás a la izquierda) se rindió al magisterio de un director que la conoce como pocos. Los años consiguen alcanzar el poso y la sabiduría para no apurar los tempi, con una gestualidad contenida y amable, la batuta reducida en movimientos pero siempre marcando la pulsación y las dinámicas exactas, mientras la mano izquierda marcaba todas las entradas, la presencia de las secciones, el fraseo amable hasta alcanzar la magia. Si la Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor por los tres bemoles de la armadura esconde la simbología masónica del número 3, como nos cuenta José Luis García del Busto en las notas del programa, Mehta se erigió en Gran Maestre de la Orden Mozartiana. El Menuetto posado para saborear la maravillosa escritura del genio salzburgués con una orquesta ideal por plantilla. de sonoridad clara, con unas maderas (sin oboes) cantabiles y sobre todo un Allegro sin prisas, de “tempo giusto” que el hindú transmitió con la respuesta exacta a sus gestos, economizados, mas donde una mirada, un leve movimiento del cuerpo y permitir dejar fluir la música, dejaron el listón muy alto para “La 40”.

Parece increíble la rapidez con la que Mozart compuso esta trilogía, y un mes después de la anterior llegaba la popular Sinfonía nº 40 en sol menor, con un Molto allegro contenido para escuchar todos los detalles, de nuevo maderas al completo y trompas de empaste perfecto, más la cuerda sedosa, equilibrada con esa colocación donde apreciar que los llamados violines segundos son tan protagonistas como los primeros, y el juego instrumental que proyectan en el centro los cellos y violas. De nuevo con el Menuettto sacó a flote tanto las virtudes de los florentinos como el carisma y magisterio de un Mehta que detiene su tiempo vital y revive con el musical. Sin las ataduras del atril y con la mente clara, dirigiendo todo el concierto de memoria, el Allegro assai reafirmó que los años frenan los ímpetus para no perder ningún detalle de tanta buena música.

Tras el descanso llegaría el emotivo y emocionante acto de entrega de la Medalla de Oro presentada por Pinamonti, con los políticos de testigos mientras Doña Sofía de Grecia aplaudía a su amigo Zubin, que incluso se pondría brevemente en pie, agradecido, sonriente, y todo el público que llenaba el Palacio de Carlos V mostrándole el mismo cariño, respeto y admiración con una larguísima ovación.

Y nada mejor que soñar y volar con “Júpiter” al firmamento mozartiano, la luz de la tonalidad limpia de do mayor (sin alteraciones en la armadura), que en palabras del mencionado García del Busto, “con voluntad de superar, de resolver en positivo la tensión del heroico dramatismo de la Sinfonía en mi bemol mayor y la tragedia íntima de la Sinfonía en sol menor”. Tal parece la definición de Mehta con “su” Maggio para la Sinfonía nº 41 en do mayor, “sabiduría y altísimo oficio musicales”, pues no se puede describir mejor este soplo vital. Cada movimiento nos deleitó con unas dinámicas exquisitas, una elección de tempi perfecta y sobre todo ese Finale “claro, fluido, risueño” volviendo a tomar los calificativos de las notas al programa, con una orquesta brillante (sin clarinetes) con el rigor interpretativo y el milagro de un Mehta que dirigiendo nos hizo olvidar su frágil apariencia con la fortaleza de una carrera impecable, recibiendo los larguísimo y merecidos aplausos de un público puesto en pie que, como la orquesta, le quiere, admira y respeta a sus 90 años.

Una noche para recordar al eterno Mozart y al milagroso Zubin Mehta.

PROGRAMA:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

I

Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, KV 543 (26 de junio de 1788)

Adagio – Allegro

Andante con moto

Menuetto. Allegretto

Allegro

Sinfonía nº 40 en sol menor, KV 550 (25 de julio de 1788)

Molto allegro

Andante

Menuetto. Allegretto

Allegro assai

II

Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 «Júpiter» (10 de agosto de 1788)

Allegro vivace

Andante cantabile

Menuetto. Allegretto

Finale: Molto allegro

Efecto Einaudi

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Jueves 11 junio, 22.30 h. 75 Festival de Granada, Concierto Extraordinario. Teatro del Generalife: Ludovico Einaudi. Solo piano. Fotos Álex Cámara / Festival de Granada, y propias.

Como figura en la web del festival, llegaba esta cita excepcional de aniversario (con todo vendido): Einaudi en el Generalife, antesala de la 75 edición del Festival, con el reconocido compositor y pianista italiano Ludovico Einaudi (Turín, 1955) debutando en Granada con este concierto extraordinario en el Teatro del Generalife, en gira española de Granada a Pamplona, Madrid y Barcelona hasta el día 16, y el programa Solo piano que ha grabado recientemente, a la espera de nuevo en estos días, enlazando y organizado temas con la naturalidad y sencillez del italiano.

Figura destacada en el panorama musical contemporáneo, Einaudi ha construido un lenguaje personal que trasciende géneros y públicos. Su obra, próxima a veces al minimalismo, combina claridad melódica y carga emocional profunda, conectando con audiencias amplias más allá de los circuitos clásicos tradicionales, lo que se nota por “el tirón” de todas su actuaciones, como en Granada con todo el papel vendido y colas esperando antes de abrirse las puertas. Sus composiciones para piano solo, también  para conjuntos, han sido aclamadas internacionalmente, formando parte de bandas sonoras cinematográficas y de series, consolidándolo como uno de los creadores más influyentes de nuestro tiempo.

Concierto extraordinario en todos los sentidos para comenzar oficialmente este viernes la septuagésima edición del festival granadino, apostando por “música sin etiquetas” como me gusta llamarla, y nadie mejor que el pianista italiano que rompe barreras, aunque los que peinamos canas asociemos su música a la por entonces llamada “New Age” donde el estadounidense George Winston marcó estilo siendo un superventas parecido al inglés Michael Nyman, y que ahora el turinés parece tomar el relevo.

Con una amplificación no de la calidad esperada, pero con los efectos de reverberación y delay habituales en sus grabaciones, sumándole un excelente uso de los pedales, Einaudi embrujó a todo el Generalife que siguió la actuación en un silencio sepulcral, relajante, cual «salvapantallas sonoro» de casi dos horas, donde ir desgranando y enlazando temas de una carrera longeva como el propio artista comentaría (en inglés) tras el primer bloque. Su música, como él la definió, es un lienzo desde el piano donde puede pasar de la brocha al lápiz, un paisaje que nunca es igual, como en cierto modo entendían los impresionistas, el mezclar colores  directamente en el óleo que para Ludovico es el piano, con el fondo de los cipreses imperiales.

En el Generalife ofreció una velada única e irrepetible, un concierto o mejor recital íntimo, donde “invita al público a sumergirse en un universo sonoro íntimo y universal, donde cada nota parece hablar en silencio. El programa propone un viaje emocional por una obra que trasciende géneros y fronteras, caracterizada por su minimalismo lírico, su profundidad expresiva y una conexión directa con el oyente”. A través del piano solo, fuimos disfrutando casi de un muestrario de todos sus trabajos, pues el autor interpretó algunas de las piezas más queridas de su repertorio junto con otras menos conocidas, y composiciones de sus trabajos más recientes, tal y como lo presentaba el programa de mano.

En su biografía destaca “que se ha formado en el Conservatorio de Milán bajo la guía de maestros como Luciano Berio. Einaudi ha sabido destilar la complejidad de la vanguardia para alcanzar una «esencialidad máxima». Desde su debut con Le Onde hasta su reciente e íntimo proyecto Underwater –gestado en el silencio del confinamiento–, su carrera ha sido una búsqueda constante de la pureza. Ya sea interpretando su célebre Elegy for the Arctic sobre el hielo del océano Ártico o bajo las estrellas en el Generalife (como en esta noche nazarí), Einaudi demuestra que, en un mundo ruidoso, su piano es el refugio donde el silencio y la emoción finalmente se encuentran”.

Cual cuadros de una exposición donde el italiano iba pintando al piano mientras el público contemplaba cada lienzo, el color inicial casi etéreo, por el empleo del registro agudo, iría ganando en intensidades cuando aparecían unos graves potentes, pinceladas donde el trazo cambiaba con irisaciones ayudadas por el técnico de sonido en un piano peculiar por esa sonoridad casi electrónica. No hace falta aplicar conceptos academicistas de acordes, tonalidad, cadencias, ni siquiera frases que esperamos se repitan y evolucionan sutilmente, simplemente dejar fluir sonidos y sensaciones.

Las notas prosiguen en el apartado Referente internacional de la música contemporánea que “Ludovico Einaudi no es solo un pianista; es un referente indiscutible de la música contemporánea, una figura que ha logrado lo que parecía imposible para un compositor de formación clásica: derribar las barreras entre géneros y conectar con el alma de millones de personas en todo el mundo. Su nombre es sinónimo de un éxito sin precedentes, siendo el único músico de su disciplina capaz de batir récords de permanencia en las listas de éxitos internacionales, compitiendo con los grandes iconos del pop y el rock, y llenando los auditorios más prestigiosos del planeta, desde el Royal Albert Hall hasta la Sidney Opera House”.

Noche con el «Efecto Einaudi» para un público heterogéneo, intergeneracional, que vivimos un recital distinto, casi como de musicoterapia para una total relajación y disfrute emocional, banda sonora sin imágenes, donde cada uno puso las suyas, puede que en parte por los muchos vídeos que están en las distintas redes sociales del italiano, hoy auténtico soporte vehicular de esta música de nuestro tiempo que escapa a las etiquetas tradicionales.

PROGRAMA y enlaces:

Ascent
Jay
(* 10)
Melodia Africana
(* 3)

Memory One (* 4)
Swordfish

Tu sei
Elegy for the Arctic
(* 16)

Le Onde (* 1)
Oltremare

Low Mist 1
Birdsong
Devils
Low Mist 2
Una Mattina
(* 7)

Experience (* 14)
Divenire

I giorni (* 5)

(* X número de pista en su CD “Solo piano” ©2026)

Música para la Granada Imperial

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Martes 9 de junio, 22:00 horas. 25 FEX, Palacio de Carlos V: Concierto extraordinario “Música para un centenario. Estelas de Carlos V”. Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director). Obras de F. Jusid, García Abril y J. Lopez-Montes.

La presentación de este concierto que llenó el palacio imperial, decía: «Un concierto que, con motivo del V Centenario de la UGR, explora el legado de Carlos V a través de tres miradas sonoras, desde la evocación histórica hasta la creación contemporánea». Y tras las fanfarrias a lo largo de día entrábamos a palacio para disfrutar de juventud y buena música.

Me alegra comprobar que las universidades españolas son una cantera musical, una afición como pueda ser la coral, como la orquestal donde comprobar el altísimo nivel de una juventud preparada que poco a poco va ocupando atriles en las profesionales, y siendo la labor docente como la realizada por la Universidad de Granada de alabar. Con una orquesta inmensa, de amplia mayoría femenina, especialmente en la cuerda, bastante equilibrada en plantilla y la acústica siempre increíble de este marco incomparable, la noche (no prevista para mí) arrancaba con música de cine, la de Federico Jusid (1973) organizando una suite con dos series televisivas (Isabel de 2021, y Carlos Rey Emperador tres años después) con la que mis antiguos estudiantes conocieron un poco de nuestra historia, aquí hecha música desde nuestro tiempo mostrando la oposición de caracteres de ambos personajes. Carácter épico que va transformándose hacia lo lírico antes de la explosión final de esta página sinfónica muy bien llevada por el maestro Gabriel Delgado, buen conocedor y director, exprimiendo al máximo a estos jóvenes instrumentistas, atento siempre a los detalles a los que le respondieron todas las secciones.

Del turolense García Abril se eligió para la ocasión el poema sinfónico Alhambra (1996-1998), aprovechando la propia historia hispano-germana (la obra fue un encargo de la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin para sus 75 años) no solo el entorno donde el Palacio representa al Emperador Carlos V, sino también la plantilla, que dejo  a contiuación para ver la magnitud: 3 (pic) – 3 (crn ing) – 3 (req, cl b) – 3 (cfg) – 4.3.3.1.1 – 5 perc, ap, pf – cuerda). Intervenciones excelentes de los solistas (no tengo sus nombres), desde la concertino al clarinete y oboe, con una orquesta muy empastada con unos metales siempre presentes. Partitura con el sello sinfónico de un compositor completo que también nos dejó unas bandas sonoras y televisivas que muchos conocemos aunque la mayoría desconozcan su autoría.

Asistir a un estreno siempre es un privilegio y nuestros compositores actuales no siempre tienen la posibilidad de que se escuchen sus obras, pero al menos los encargos de distintas instituciones, solistas o incluso orquestas, no solo motivan la creatividad sino que logran ampliar un repertorio que es el nuestro y era norma antes de lo que se ha convertido en repertorio. Aplaudo ue se sigan programando obras nuevas, más aún cuando se mezcla lo sinfónico-coral con la electrónica, poco habitual en parte por la complejidad de los montajes. En esta ocasión se contó con el propio músico, José López-Montes (Guadix, 1977), que presentaría su obra: Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V.

López-Montes, catedrático de «Tecnología musical» en el Conservatorio Superior de Granada, muestra interés, como él mismo refleja en su web, «en el trabajo tímbrico-armónico, la composición algorítmica y la sinestesia, con obras aúnan síntesis de vídeo, tecnologías de espacialización sonora y programación de herramientas de composición asistida por computadora, combinando elementos tales como autómatas celulares, algoritmos genéticos, gramáticas generativas o sonificación de datos. Su producción abarca una amplia variedad de instrumentaciones, técnicas y planteamientos escénicos».

El acitano de prolífico catálogo, nos explicaría antes del estreno, que esta composición es una instalación octofónica por encargo de la UGR,  pensado para el propio Palacio de Carlos V desde el pasado (la vihuela de Narváez y su “Delphin”) y presente, inspirado en la arquitectura renacentista de esta joya monumental con la obsesión por la geometría traducida a la música; también utiliza textos de la poeta y musicóloga franco-libanesa Katia-Sofia Hakim (Bayona, 1988), Garcilaso de la Vega, el granadino Ibn al-Jatib, Juan Boscán, el embajador de Carlos V Andrea Navagero y anónimos, tanto grabados como cantados.

Composición muy interesante y compleja de dirigir e interpretar, pues a una orquesta poderosa se sumaba el Coro Manuel de Falla que dirige Juan Ignacio Rodrigo, más la impactante parte electrónica que en momentos es protagonista y en otros se suma a la masa instrumental, alcanzando una tímbrica que pasa de lo inquietante a lo onírico. Aunque mi ubicación trasera no me permitió la escucha envolvente que los altavoces colocados en torno al círculo «abrazaban» los oídos e incluso parecían rebotar en las piedras centenarias, me pareció encontrar partes de sampleo sinfónico-coral manejadas por el propio compositor dentro de la propia orquesta, para esta feliz conjunción entre pasado y presente. La labor del director canario Gabriel Delgado fue admirable, desde el trabajo con unos músicos sobresalientes (espectaculares los percusionistas), un coro atento, afinado y con buena proyección frente al bloque sinfóncio, hasta el producto final de un directo siempre irrepetible, con unas sensaciones de poder estar asistiendo a todo un espectáculo sonoro.

Ya con tiempo pude leer el programa con notas extendidas de Marina Hervás Muñoz, profesora contratada doctora en el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. De ellas quiero destacar la inclusión de los textos utilizados y su traducción, así como dejar algunos párrafos que ayudan a una mejor comprensión de este estreno:

«(…) Ya en el título se nos presentan sus dos ejes principales: de un lado, la «diferencia», el término renacentista para las variaciones, con la salvedad de que no son solo instrumentales –como acostumbraba a ser en la época–, sino también vocales. Estas diferencias se hacían sobre música, por lo general, muy conocida. Aquí se juega con la tensión entre lo que nos puede sonar conocido y su extrañamiento, en la medida en que parte de los materiales son del Delphin de música de Luys de Narváez, vihuelista granadino vinculado a la corte imperial. Fragmentos de esa música son absorbidos, transformados y orquestados hasta dialogar con sonoridades contemporáneas, revelando también su modernidad latente.

De otro lado, suena el propio Palacio. Tal y como explica José López-Montes: «Icnofonía es una palabra inventada a partir de icnografía, que es la representación gráfica de la planta de un edificio. Icnofonía podría traducirse, pues, como su equivalente sonoro, y por tanto, una suerte de sonificación de las proporciones que se encuentran en una estructura arquitectónica horizontal». La electrónica, distribuida en un dispositivo octofónico que rodea al público, prolonga del octógono presente –aunque no de manera evidente– en la arquitectura del Palacio, algo que refuerza, aún más, su conexión con la tradición andalusí y la Alhambra. El coro, además, canta sobre textos de varios autores de distintas procedencias (…). Los poemas tratan de ampliar las numerosas capas de significado que se pueden extraer del Palacio: la transformación de la ciudad, la vida personal e íntima de los emperadores o el dolor bélico. A ello se suman voces, grabaciones y ecos del paisaje sonoro contemporáneo del monumento, como si la propia arquitectura conservase aún estratos de escucha acumulados durante siglos y que en Icnofonía se nos presentan como ecos espectrales a lo que solo hay que prestar oído. Es una invitación, entonces, a invocar a los «Icnos (ἴχνος)» –que significa «huella, rastro, pisada»– del Palacio, con el anhelo de que quiera revelarnos el enigma de su silencio».

Éxito de público y aplausos para todos los participantes, con dos propinas. No podía faltarnos Falla y de El sombrero de tres picos y el final de las seguidillas y farruca, homenaje a este granadino de adopción con la cuerda de la orquesta algo desbalanceada tras el esfuerzo previo, pero totalmente entregada al maestro Delgado, y todos entonando el muy logrado arreglo del himno universitario Gaudeamus Igitur con el público en pie y algunos entonando las estrofas elegidas.

PROGRAMA:

Federico Jusid (1973)

Suite Isabel / Carlos, Rey emperador (2012-2016)

Antón García Abril (1933-2021)

Alhambra, 1996-1998

José López-Montes (1977)

Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V (2016, estreno absoluto, encargo de la UGR)

La música por Granada

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Martes 9 de junio: 75 Festival de Granada, 23 FEX (Festival del Extensión).

Fanfarrias. Ensemble de Metales de la Federación Granadina de Bandas de Música (FEGRABAND). Puerta Real (12:45 horas), Plaza Bib-Rambla (12:45 horas), Hotel Victoria (20:00 horas) y Palacio Carlos V (21:30 horas). Obras de Tárrega, Beethoven, Puccini, Óscar Musso, Gustav Holst y Wagner.

Granada ya respira música en la calle y en mi día 1 en la capital nazarí me encontré como aperitivo el FEX (Festival del Extensión) que lleva un montón de actividades artísticas por la ciudad y su provincia. Los voluntarios reparten los folletos para seguir cada día paseando por la ciudad y encontrarnos sorpresas como las Fanfarrias, esta vez con un “ensemble” de ocho trombones de distintas edades, músicos que ya están tocando en las distintas bandas de música granadinas y agrupados en la FEGRABAND.

Buscando la sombra y a la puerta del edificio de Correos en Puerta Real, mi primera parada y la de muchos paseantes que se detenían a escuchar uso arreglos “corales” por las voces utilizadas y variando épocas y estilos. Mi amigo Fermín Rodríguez es fotógrafo profesional (Ferminius) con quien sigo charlando en mi “segunda casa” y me pilló preparando el teléfono para mis instantáneas con el móvil (me reconozco adicto) y son las que suelo acompañar cada entrada del blog, y que además no tenía prevista hasta el jueves.

Un breve paseo hasta la siempre concurrida Plaza Bib-Rambla y sentado en una terraza porque era  ya hora de mi primera cerveza granadina, nuevamente el público se asombraba de la sonoridad tan especial de lo que los guiris llamarían un “Brass Ensemble” y casi homenaje el conocido Amazing Grace. Banda sonora de la mañana antes de volver a mis aposentos, pues quedaba mucho por la tarde. 

Por deformación profesional en la tarde volví a seguir, como los niños de Hamelín, a los trombonistas que cambiaban de director pero mantenían las obras, aunque alternando el orden, y en la tarde regresaba a Puerta Real, donde desde el primer piso del Hotel NH Collection Granada Victoria (que ya disfruté en otros viajes), como es habitual en tantas ciudades con tradición musical y festivalera, la Fanfarria anunciaba que en nada arranca la edición del emblemático festival, 75 años que también conmemoran los 150 años de Falla, uno de los ideólogos del mismo junto a Federico allá por 1922, y cuya música estará presente a lo largo de un mes intenso, esperando ir contándolo.

Camino del primer concierto nocturno, tras tomar el microbús que nos lleva hasta La Alhambra, a rebosar ambos, delante del Palacio Carlos V cerraba esta “trombonada” del martes aún sonando la obertura de Tannhäusser, tan imperial y adecuada antes de acceder a un espacio y día tan especial, que contaré en la siguiente entrada.

En femenino plural

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Viernes 29 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe – Oviedo. “Dominio mágico”, abono 15 OSPA, Adam Walker (flauta), Kristiina Poska (directora). Obras de Hallik, Puts y Mendelssohn.

(Crítica para LNE del domingo 31, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Penúltimo concierto de abono de la actual temporada de la OSPA y programa marcado por una significativa presencia femenina. Sobre el podio, la directora estonia Kristiina Poska (Türi, 1978); en el atril, el estreno en España de Transience de su compatriota Elis Hallik (Pärnu, 1986), escuchada por vez primera tanto en Gijón (jueves) como en Oviedo (viernes); como concertino invitada, la violinista polaca Joanna Wronko; y hasta las notas al programa llevaban firma femenina, las de la pianista, gestora y musicóloga coruñesa Marta García Teijido. Todo ello en un concierto que hacía honor al título de esta crítica: un auténtico “femenino plural”.

La velada añadía además otro estreno español, el Concierto para flauta del estadounidense Kevin Puts (St. Louis, 1972), escrito para el británico Adam Walker (Retford, 1987), encargado de defender una partitura tan exigente como comunicativa. Un programa inteligentemente construido, alternando creación contemporánea y gran repertorio romántico.

Resulta esperanzador comprobar cómo muchas obras nuevas parecen recuperar ciertos cánones expresivos y narrativos que durante décadas parecían proscritos. Así ocurrió con Transience, cuya compositora, presente en la sala, recibió una cálida y unánime ovación. La obra, de apenas once minutos, propone una intensa reflexión sonora sobre lo efímero: la fugacidad del instante que desaparece pero deja huella. Como explicaba Poska en el encuentro previo, Hallik trabaja “la idea de aquello que nos atraviesa y se desvanece, casi como una luz suspendida en el tiempo”.

La escritura, de gran refinamiento tímbrico, alterna momentos de explosión sonora con otros de contemplativa suspensión, en un discurso que convierte el silencio en elemento estructural. La cuerda de la OSPA, tratada casi coralmente —tan propia de la tradición musical estonia—, respondió con admirable concentración, logrando esa atmósfera entre lo tangible y lo inaprensible que exige la compositora. Hubo compenetración absoluta entre Poska y Hallik, dos músicas nacidas bajo la misma geografía báltica y aparentemente unidas por una idéntica concepción del sonido.

El Concierto para flauta de Kevin Puts ofreció un paisaje sonoro muy reconocible desde la tradición estadounidense, con ecos de Copland o Bernstein, especialmente perceptibles en sus amplias melodías y en un sentido casi cinematográfico de la orquestación. Adam Walker fue el mejor embajador posible de una partitura escrita claramente a su medida, llena de exigencias técnicas y amplios vuelos líricos. El primer movimiento, Con gran sinceridad y afecto, desplegó una escritura brillante y de corte casi clásico para la flauta solista, mientras que el central, Juguetonamente, con creciente agitación, escondía un ingenioso guiño al célebre Concierto nº 21 de Mozart, reconocible incluso en la presencia del piano, aunque hábilmente reformulado dentro del lenguaje de Puts. El final, Muy rápido, con una sensación de desenfreno, convirtió la obra en un auténtico “tour de force” colectivo: percusión extenuante, cuerda participando con palmas en el final, y una sensación rítmica casi vertiginosa que Walker resolvió con virtuosismo deslumbrante. Todo con el sólido respaldo de una OSPA muy implicada y atenta en cada detalle a la precisa dirección de Kristiina Poska, siempre elegante y clarísima desde su característica batuta sostenida con la mano izquierda.

Como propina, el flautista británico regaló una impresionante lectura de Density 21.5 de Edgar Varèse, demostrando una vez más su extraordinario dominio técnico y expresivo.

La segunda parte devolvía el protagonismo al gran repertorio con la Sinfonía nº 3 “Escocesa” de Mendelssohn. Poska la dirigió íntegramente de memoria, mostrando un conocimiento profundo de la arquitectura de la obra y un admirable equilibrio entre las secciones de la orquesta asturiana. La directora estonia apostó por tempi vivos y un discurso muy fluido, especialmente convincente en el final “guerrero y majestuoso”, evitando cualquier tentación de pesadez romántica. Muy logrado también el Adagio cantabile, fraseado con sensibilidad y naturalidad, mientras la OSPA respondía con madurez y empaste a una lectura refinada y orgánica. Mendelssohn, el compositor viajero fascinado por Escocia, encontraba así una recreación de acentos nórdicos y sensibilidad báltica, pero también impregnada de ese salitre musical asturiano que la OSPA lleva décadas incorporando a su personalidad sonora.

Excelente propuesta de penúltimo abono, equilibrando contemporaneidad y tradición con naturalidad y coherencia. Lástima, una vez más, el preocupante vacío de butacas en una cita de semejante nivel artístico.

PROGRAMA:

ELIS HALLIK (1986- )

Transience *estreno en España

KEVIN PUTS (1972- )

Concierto para flauta *estreno en España

I. Con gran sinceridad y afecto
II. Juguetonamente, con creciente agitación
III. Muy rápido, con una sensación de desenfreno

FELIX MENDELSSOHN (1809-1847)

Sinfonía nº 3 en la menor, op.56 “Escocesa”:
I. Andante con moto – Allegro agitato

II. Scherzo assai vivace

III. Adagio cantabile

IV. Allegro guerriero – Finale maestoso

Apostando por lo actual

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Viernes 29 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe – Oviedo. “Dominio mágico”, abono 15 OSPA, Adam Walker (flauta), Kristiina Poska (directora). Obras de Hallik, Puts y Mendelssohn.

(Reseña para LNE del sábado 30, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Penúltimo de abono con estrenos y presencias femeninas. Sobre el podio la directora estonia Kristiina Poska, en el atril el estreno de Transience obra de su compatriota Elis Hallik (1986), la polaca Joanna Wronko de concertino invitada, sumando el Concierto para flauta del estadounidense Kevin Puts (1972) actuando de solista el inglés Adam Walker (1987).

De las obras nuevas parece que afortunadamente se vuelve a los cánones llamemos “clásicos” que se perdieron durante la transición entre nuestros dos siglos. Así fue Transience, con su compositora presente (que recibió el aplauso unánime saludando a los presentes). Obra de belleza intensa, evocadora en 11 minutos, enérgica y contemplativa, lo inaprensible hecho música para una formación de cuerda casi coral, como toda Estonia, en feliz entendimiento con las músicas nativas.

El Concierto de flauta de Puts resultó todo un catálogo desde los EEUU y escrito para el solista: recuerdos de Copland o Bernstein, con cadencias para la flauta muy clásicas y brillantes, pero también la inspiración del movimiento central en el famoso concierto 21 de Mozart (piano incluido). Obra virtuosa y exigente para todos (los dos percusionistas sin descanso y hasta la cuerda palmeando un vitalista final) para disfrutar de Walker (su propina increíble) respaldado por una excelente OSPA llevados por la precisa batuta izquierda de Poska.

Segunda parte con la “Escocesa” de Mendelssohn, redondeando un programa para alternar novedades y romanticismo, que se agradece por todos (lástima el preocupante vacío de aficionados). Valiente la dirección de la estonia por los tempi con respuesta fiel de una OSPA madura para esta escocesa refinada con salitre cantábrico.

PROGRAMA:

ELIS HALLIK (1986- )

Transience

*estreno en España

KEVIN PUTS (1972- )

Concierto para flauta

*estreno en España

I. Con gran sinceridad y afecto
II. Juguetonamente, con creciente agitación
III. Muy rápido, con una sensación de desenfreno

FELIX MENDELSSOHN (1809-1847)

Sinfonía nº 3 en la menor, op.56 “Escocesa”:
I. Andante con moto – Allegro agitato

II. Scherzo assai vivace
III. Adagio cantabile
IV. Allegro guerriero – Finale maestoso

“13 Reyes: El Camino Primitivo”

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La saga continúa: 30 de mayo, 19:00 horas, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo.

Entrada libre hasta completar aforo (se hará una cuestación en beneficio de la Asociación Down Principado de Asturias)

Esta mañana de San Isidro tuvo lugar a las 11:30 horas la Rueda de Prensa en el Ayuntamiento de Oviedo presentando el «Episodio II: La saga musical más épica sobre la monarquía asturiana», “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que dejo con todos los detalles más los enlaces que siempre enriquecen y aportan más información.

El presidente de la Fundación Municipal de Cultura, el concejal David Álvarez ha presentado, esta mañana, en rueda de prensa el segundo concierto de “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que tendrá lugar en el Auditorio Príncipe Felipe, el sábado 30 de mayo, un espectáculo de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres y la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» compuesto por Yónatan Santianes y organizado por la Delegación de Defensa en Asturias y la Fundación Municipal de Cultura.


El edil de Cultura, que ha estado acompañado por el Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, Iñaki Santianes, ideólogo del proyecto y Pablo Álvarez Fernández, presidente del Ateneo Musical de Mieres, ha asegurado que “este segundo volverá a poner en valor, como lo hizo en el primero, la monarquía asturiana, una de nuestras raíces, seña identitaria de nuestra sociedad y germen de lo que hoy somos, de nuestro país y de nuestra nación. Tenemos una obra creada ex profeso, dando cabida a los creadores musicales, pero también de cualquier tipo, como debe ser la obligación de cualquier institución pública. Y tenemos la unión de dos formaciones musicales: la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» y la Banda Sinfónica del Ateneo Mieres, dos formaciones que a priori pueden parecer inconexas, pero que encima del escenario forman una conjunción extraordinaria”.

El Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, tras agradecer al Ayuntamiento de Oviedo y al concejal de Cultura su apoyo, ha destacado: “La Delegación de Defensa mantiene un firme compromiso con las actividades orientadas a reforzar el vínculo entre las instituciones y las sociedades,  que, entre otras, se materializa en un compromiso permanente para la difusión de la cultura de defensa en particular y de la cultura en general, así como otras actividades de apoyo a asociaciones de carácter social”. Respecto al poema sinfónico “13 Reyes, El Camino Primitivo” se trata, en su opinión, “de una aproximación más épica, si cabe” y lo ha calificado de “ejemplo de colaboración, tradición y proyección cultural, valores especialmente significativos para Oviedo  en su aspiración y carrera a convertirse en la Capital Europea de la Cultura” en 2031.

El recital, ha concluido Moreno, es de entrada libre si bien “incluirá una cuestación voluntaria en apoyo a la Asociación Down Principado de Asturias, con la que se busca contribuir a facilitar la inclusión de las personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual”.


El creador del proyecto, Iñaki Sánchez-Santianes, ha especificado: “Esta segunda parte, que dedicamos al Camino primitivo, la dedicamos a Alfonso II. El Episodio I lo cerramos en una lluviosa tarde en el Jardín de los Reyes Caudillos, junto a la Catedral, y ahí consideramos que debíamos empezar ahí la segunda parte, bajo la estatua de Alfonso II. Lo que nos lleva la música es a esa ruta que Alfonso II hacía en ese caminar a Santiago de Compostela, tras el rumor de que allí estaban los restos del apóstol. La música nos va guiando por toda esa historia. Habrá jotas, pandereta, pandero, gaita, la banda sinfónica… creo que es muy interesante esta segunda parte porque introducimos la parte vocal y coral. Viene una soprano que traemos de Salamanca, Inés Cortés, que también nos aporta ese dulce sonido de la voz y que nos ayuda a todavía más a meternos en lo que es la música y en la historia. Es muy interesante saber que va a haber 100 personas encima del escenario , una masa coral, una banda de gaitas,  una banda sinfónica, un grupo de pandereteras, un grupo de panderos, una soprano y alguna sorpresa más».

Oviedo de verbena

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Jueves 14 de mayo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Tomás Bretón (1850-1923) – Ricardo de la Vega (1839-1910): La Verbena de la Paloma. Sainete lírico en un acto, con el prólogo cómico lírico Adiós, Apolo, de Álvaro Tato (Madrid, 1978). Estrenada el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Fotos de Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World del viernes 15, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez, más alguna propia)

Con todo el aforo vendido hace semanas para las dos funciones (que siguen pidiendo a gritos la tercera), se comprueba que Oviedo es capital lírica de referencia, y La Verbena de la Paloma sigue estando entre nuestras zarzuelas grandes donde lo de “género chico” solo se puede entender por la duración. Si además se crea un sainete lírico para completar y homenajear al Teatro Apolo, donde se estrenó esta joya del dúo De la Vega-Bretón con una selección de los números que el histórico templo de nuestra lírica acogió hasta el 29 de junio de 1929 -fecha de su última función y que sería tristemente derribado para construir  la sede del Banco de Vizcaya- en una genial idea de Nuria Castejón con la colaboración de Álvaro Tato, el éxito estaba asegurado de antemano en esta producción madrileña de hace dos años, y con una escena casi homenaje a “El Manojo de Sagi”.

Para tan magna producción hacía falta contar con un enorme elenco de actores que canten junto a cantantes que actúen, más un cuerpo de baile, y por supuesto una dirección musical que tenga en el foso una orquesta solvente, y en escena un coro rodado en estas obras tan populares que el público, que llenó el Campoamor, las canturrea de cabo a rabo.

En este tercer y penúltimo título del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español se dio todo, sumándole escena, iluminación (Albert Faura) y vestuario fiel (siempre elegante el de Gabriela Salaverri), llevado a ese fatídico 1929 para redondear otra verbena ovetense que quedará en el recuerdo, y con mucho recorrido por delante dos años después de su paso por el Teatro de la Zarzuela madrileño.

“Veremos qué pasa…” comentaba Bretón antes del estreno y nos preguntábamos lo mismo al añadir no otro sainete o “zarzuela chica”, de las que hay muchas dónde escoger como bien nos recordó el profesor Casares en la conferencia del pasado lunes 11, sino el prólogo Adiós, Apolo de Álvaro Tato, con una “acertada antología breve” donde poder escuchar números no siempre muy populares que también sonaron en “las noches del Apolo” para mostrar y presentar todo el elenco, incluyendo el cuerpo de baile. Así fueron desfilando “Soy la garçon, con el pelo cortao” de El sobre verde (Guerrero), una guerra de valses  “De los mares rey me llaman” enlazada con el Caballero de Gracia  y La Gran Vía (Chueca-Valverde), el “Tango del cinematógrafo” de La gente seria (Serrano), la simpática polca japonesa de El pobre Valbuena (Torregrosa y Valverde) para cerrar este nuevo sainete para la ocasión con la “Polca del fotógrafo” de El bateo (nuevamente Serrano), con una escena entre cajones preparando “La verbena” e intervenciones orquestales interrumpidas, aprovechando el piano de María Cueva, unos diálogos acertadísimos, con guiños históricos al final de la dictadura de Primo de Rivera, críticas claras y estampas “fotografiadas” perfectamente ambientadas con apariciones desde las bolsas o el patio de butacas.

Arriba el telón ya para esta verbena carbayona, en la víspera de San Isidro, que sigue chispeante con más años que sumados los de Don Hilarión y Don Sebastián (una recreación personal de Antonio Comas, debutante en el festival, sin hilaridades y toques de revista, más un sobrio Gerardo López), la gracia y desparpajo de Gurutze Beitia, otra debutante y perfecta Tía Antonia, junto al dúo protagonista de Julián y Susana: César San Martín, poco aplaudido en el prólogo y algo más en el sainete (con su canción “También la gente del pueblo”), y Carmen Romeu que brilló también como feminista garçon.

Empaste y entrega en la famosa habanera “Dónde vas con mantón de Manila”, en unos roles bien defendidos vocalmente que además se movieron en escena con la soltura de estos veteranos muy queridos en Oviedo. No se quedó a la zaga Amparo Navarro como la Señá Rita, papel exigente incluso en las partes habladas con excelente proyección. Nicolás Boni colocó a la morena y la rubia en el balcón del primer piso con el boticario, también en la calle, ayudando a una mayor presencia vocal, y el juego de callejas donde mover una acción en la que apenas hubo paradas.

Si el cuerpo de baile cantó, y bien, en el prólogo, en la verbena nos dejaron momentos bellísimos donde se nota que Nuria Castejón conoce y domina las tablas desde su experiencia. Y la soleá “En Chiclana me crié” de la cantaora Sara Salado con el piano y el baile desde el Café de Melilla aportaron otra de las escenas más plásticas de esta fiesta madrileña.

La Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige José Manuel San Emeterio volvió a mostrar su largo recorrido y experiencia como coro titular del festival: voces equilibradas y escena muy trabajada, ayudando a lograr un divertido jolgorio sobre las tablas, con muy dignas intervenciones de las voces “vecinas” de Eugenia Ugarte y Pelayo Alonso del propio coro.

Y del amplísimo elenco todos redondearon esta verbena coral donde los diálogos son tan importantes como los números musicales. La Casta de la ovetense María Zapata o los actores Rafa Castejón (como tabernero y el director de escena del prólogo donde nos dejó un “rico Valbuena”), sumaron junto a Críspulo Cabezas (buen fichaje para nuestro género) y Mitxel Santamarina (un sereno en toda su acepción). De la pareja de guardias además de Adrián Quiñones (haciendo de apuntador en el prólogo), el asturiano Carlos Mesa como bombero, no solo ayudaron en los diálogos, también con una presencia que el libreto de Ricardo de la Vega (ofrecido inicialmente a Chapí) remarca sin perder la crítica de esta pareja de autoridades, al igual que Ricardo Reguera como inspector.

Finalmente una Oviedo Filarmonía en el foso, siempre bien llevada por el maestro Víctor Pablo Pérez que logró la viveza de una música conocida -con el famoso Preludio para degustar calidades individuales y colectivas- más una concertación muy cuidada y atenta a una escena siempre poblada donde encajar mucha acción.

Todo un éxito este penúltimo título a la espera del cierre de temporada con la reposición de Maharajá para los días 18 y 20 de junio, una producción propia que ha tenido que esperar nueve años para volver a la escena, mientras se sigue pidiendo una tercera función para próximas ediciones.

FICHA

Jueves 14 de mayo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Tomás Bretón (1850-1923) – Ricardo de la Vega (1839-1910): La Verbena de la Paloma. Sainete lírico en un acto, con el prólogo cómico lírico Adiós, Apolo, de Álvaro Tato (Madrid, 1978). Estrenada el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Fotos de Alfonso Suárez.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Víctor Pablo Pérez – Dirección de escena y coreografía: Nuria Castejón – Escenografía: Nicolás Boni – Iluminación: Albert Faura – Vestuario: Gabriela Salaverri – Asistente de dirección de escena, solista y bailarina: Cristina Arias – Asistente de iluminación: David Hortelano – Asistente de vestuario: Sabina Atlanta.

REPARTO
Barítono / Julián: César San Martín – Tiple 1ª / Susana: Carmen Romeu – Tiple 2ª / Será Rita: Amparo Navarro – Actor 1º / Don Hilarión: Antonio Comas – Tiple 3ª / Casta: María Zapata – Característica / Tía Antonia: Gurutze Beitia – Fotógrafo / Don Sebastián: Gerardo López – Cantaora: Sara Salado – Director de Escena / Tabernero: Rafa Castejón – Mujer del actor 1º / Doña Severiana: Ana Goya – Actor 2º / Mozo 1º: Críspulo Cabezas – Actor 3º / Sereno: Mitxel Santamaría – Actor 4º / Inspector: Ricardo Reguera – Apuntador / Guardia 1º: Adrián Quiñones – Bombero / Guardia 2º: Carlos Mesa – Ayudante del director / Mozo 2º: Albert Díaz – Portera / Vecina: Eugenia Ugarte *- Portero / Vecino: Pelayo Alonso *.

Bailarines: María Ángeles Fernández, Esther Ruiz, Luis Romero, Cristhian Sandoval, Daniel Morillo, José Ángel Capel, Juan Pedro Delgado, Lucía Fernández, Marian Alquézar, Olivia Juberías.

* Miembros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”.

Colaboración especial de Jesús Castejón (voz de la radio).

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio Álvarez)

Colores sugerentes

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Viernes 8 de mayo, 20:00 h. Oviedo, Auditorio Príncipe Felipe: OSPA, 𝐀𝐛𝐨𝐧𝐨 𝟏𝟑: 𝑂𝑟𝑔𝑖́𝑎 𝑑𝑒 𝑖𝑚𝑎́𝑔𝑒𝑛𝑒𝑠. Adèle Charvet (mezzo), Nuno Coelho (director). Obras de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 y 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚.

Encuentro previo a las 19:15 con Nuno Coelho
(Reseña para LNE del sábado 9, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

La OSPA presentaba en el decimotercero de abono un programa sugerente de música francesa y española con aires comunes desde la vecindad y biografías de los compositores elegidos.

Comenzaba el concierto con el poco escuchado 𝑃𝑜𝑒𝑚𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑎𝑚𝑜𝑟 𝑦 𝑑𝑒𝑙 𝑚𝑎𝑟 de 𝐂𝐡𝐚𝐮𝐬𝐬𝐨𝐧, el amor y el mar con un interludio donde volver a constatar el excelente estado de la OSPA, con Aitor Hevia de nuevo concertino invitado, el titular portugués y la mezzo francesa 𝐀𝐝𝐞̀𝐥𝐞 𝐂𝐡𝐚𝐫𝐯𝐞𝐭, plena, expresiva, delicada, en esta maravilla sinfónico vocal que emocionó a un auditorio que sigue sin la asistencia que la calidad de los conciertos se merece.

La segunda parte con una reforzada OSPA con alumnado del CONSMUPA nos trajo la España parisina de Debussy más la sentida en la distancia del sevillano Turina.

𝐼𝑏𝑒́𝑟𝑖𝑎 de 𝐃𝐞𝐛𝐮𝐬𝐬𝐲 es nuestra piel de toro, la orquestación impresionante del francés con la inspiración y color hispano, verdadero caleidoscopio instrumental para disfrutar con cada sección de la OSPA y Coelho dibujando toda la paleta parisina. Si el segundo “cuadro” trajo perfumes nocturnos, la mañana festiva resultó un derroche sinfónico.

Para  cerrar, todo el empuje orquestal desde el piano que son las enérgicas 𝐷𝑎𝑛𝑧𝑎𝑠 𝑓𝑎𝑛𝑡𝑎́𝑠𝑡𝑖𝑐𝑎𝑠 de 𝐓𝐮𝐫𝐢𝐧𝐚. Ritmo que nos transporta con aires festivos, nostalgia y energía en tres momentos de evanescencias y toda una gama tímbrica: jota aragonesa, zambra andaluza  y la “Orgía” casi zapateado que siempre asociaré a la publicidad de un conocido brandy. Pasión y exuberancia en este abono 13 que volvió a abrir la puerta grande a una OSPA pletórica y colorista.

PROGRAMA:

ERNEST CHAUSSON (1855 – 1899)
Poème de l’amour et de la mer, op. 19:
I. La fleur des eaux
II. Interludio
III. La mort de l’amour

CLAUDE DEBUSSY (1862 – 1918)

Imágenes para orquesta: Iberia:

I. Par les rues et par les chemins – II. Les parfums de la nuit – III. Le matin d’un jour de fête

JOAQUIN TURINA (1882 – 1949)

Danzas fantásticas, op. 22:

I. Exaltación
II. Ensueño
III. Orgía

NOTAS AL PROGRAMA de Julia María Martínez-Lombó Testa:

Zarzuela de las dos orillas

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Jueves 30 de abril, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Gala Lírica. Ruth Iniesta (soprano), Jorge de León (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). «Las dos orillas»: Preludios, intermedios, canciones y romanzas de zarzuela. Fotos de Pablo Piquero y Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World, con los añadidos habituales de mi blog)

Dentro del trigésimo tercer Festival de Teatro Lírico Español, aunque fuera del abono de los cuatro títulos (con dos funciones), se presentaba una interesante gala lírica con dos de nuestra voces más internacionales y defensores de nuestra zarzuela: la soprano zaragozana Ruth Iniesta y el tenor tinerfeño Jorge de León con un programa titulado «Las dos orillas» con conocidas páginas de nuestro género a ambos lados del Atlántico, y que esta pareja defiende con la misma calidad que sus habituales roles operísticos, haciendo grande nuestro “Patrimonio Cultural Inmaterial” que de momento espera dicho reconocimiento.

El ovetense Óliver Díaz en el foso -pues la escena para “La Verbena de la Paloma” de los días 14 y 16 de mayo, ya se está montando- volvía a ponerse al frente de la orquesta titular del Festival (y del ciclo “Los Conciertos del Auditorio”) con la que hace años tiene una relación tan personal que le permite sacar de ella lo mejor, siempre mimando las voces, respetándolas, acompañándolas, y en las partes orquestales haciendo sonar compacta a una gran plantilla para esta ocasión, reforzada con alumnado del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) y contando con Marina Gurdzhiya como concertino, que como muchos primeros atriles, tendrían sus momentos de lucimiento.

Interesante programa donde además de los números instrumentales que forman parte del repertorio orquestal en medio mundo, reunía algunas de las romanzas y dúos más conocidos del género lírico español junto a imprescindibles páginas de su homónima caribeña, zarzuela cubana, que pocas veces hemos disfrutado sobre las tablas aunque sí de sus romanzas más populares, canciones que muchos no asociaban a la escena musical.

El Preludio de La Torre del Oro (Giménez) sirvió para testar el buen estado de Oviedo Filarmonía y cómo se plegaron al mando de un Díaz que jugó con unos retardandos no escritos pero muy apropiados por lo personales en cuanto al fraseo. En esta parte hispana, el segundo número orquestal sería el intermedio de La pícara molinera (Pablo Luna), con esa conexión sevillano-asturiana de nuestra zarzuela, bien de tempi y excelente balance en el foso.

La parte vocal iría alternando romanzas de Iniesta, León y dúos, comenzando con la poco escuchada y exigente “La Dogaresa” (1920) del maestro Rafael Millán. Salir casi a puerta gayola para enfrentarse con «Ya muerto está mi amor en flor» supuso para la soprano madrileña tardar en centrar su rol de Marietta dejando un agudo final algo destemplado. Por su parte «Yo arrasaré Venecia», del Paolo tinerfeño, también supone comenzar literalmente a pecho descubierto con otro agudo final de los que llamamos “a romper” que dicho sea, al público habitual le encanta. La aparición para el dúo «Tu voz resonaba en la noche tranquila» por ambos lados de la escena, ayudaron a crear la necesaria complicidad, voces empastadas y compenetradas, siempre mimadas por la orquesta, pero con el público aún frío.

Los que peinamos canas atesoramos las grabaciones de Alfredo Kraus como joyas y referentes vocales, Canarias tierra de tenores con Jorge de León que nos dejó la romanza «La roca fría del calvario» de La Dolorosa (Serrano) más vibrante que sentida, pasión en vez de dolor, pero con gusto y valentía tanto en los fraseos como en unos agudos que fueron encontrando posición a medida que avanzaba el recital.

Relevo con una Ruth “primorosa”, rojo pasión y mantón de Manila bien manejado como esta conocida página de El barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. La excelente técnica permite unas agilidades y volumen perfectos aunque los años quiten esmalte vocal pero regalen su corporeidad, así como las tablas que el tiempo, como el bien vino, convierten en reserva.

Y en una parte dedicada a la zarzuela española no puede faltar Pablo Sorozábal, de quien nos dejarían el dúo «Todos lo saben» (de La tabernera del puerto). Escena, empaste, entrega, química incluso con la combinación de colores en la pareja, optando el Leandro canario por una chaqueta de smoking azul mar para esta bien cantada escena con la Marola madrileña en el hoy “Puerto de Campoamor”, que al fin levantó el ánimo de un público que acudió con ganas y en buen número, pese a la coincidencia en el Auditorio “Príncipe Felipe” del concierto para la celebración del “Día de les lletres asturianes” con el maestro Marco A. García de Paz al frente de la OSPA, su Coro “El León de Oro” y el estreno de dos obras de los compositores Jorge Muñiz y Guillermo Martínez.

Los aires caribeños llenarían toda la segunda parte, la zarzuela cubana que bebe de su folklore al igual que la nuestra pero más cercana a las revistas o musicales de sus vecinos, sin olvidarnos que La Habana en aquellos años era el cabaret de los yanquis. Grandes compositores cubanos los elegidos para esta fiesta de la lírica de las dos orillas, comenzando por un poco reconocido Eliseo Grenet cuyo «Lamento esclavo» aún está sin encontrarse una edición completa, y que Rodrigo Prats utilizará para La perla del Caribe. Oviedo Filarmonía hizo la travesía de nuestro abuelos para llenarse de ritmos afrocubanos donde la percusión cubana de un “recuperado” Fernando Arias aportaba el sabor y el arpa de Jose Antonio Domené ese especial color caribeño.

Vestuario distinto para esta parte cubana, azabache y tinto, negro la madrileña y grana el tinerfeño que abría “en” Soledad (1932) con la romanza «Qué negra y qué triste mi vida de ayer». Ideales los solos de violín (Marina Gurdzhiya) y flauta (Mercedes Schmidt) en el puente antes de retomar la estrofa con los agudos poderosos de Jorge de León llenando un teatro ya rendido al tinerfeño.

Aún quedaba el cubano más internacional, Ernesto Lecuona con María de la O (1930), Ruth Iniesta y la conocida canción de esta ópera, cuyo título original es «Mulata infeliz» antes de escuchar el famoso estribillo. Gurdzhiya contestando desde el violín en un puente instrumental de gran versatilidad en todo el foso y el buen gusto de la soprano que prepararían el dúo «Me engañabas traicionando mi pasión», revista musical en estado puro con cambios de ritmos y tonalidades muy variados, mejor cantados y compenetración de este dúo al que se le notaba cómodo en escena y todavía más en el estilo.

Una de las comedias líricas cubanas que más tirón han tenido en Madrid, recordando aún su retransmisión por los propios canales del Coliseo de la calle Jovellanos hace ya seis años, es “Cecilia Valdés” (1932) de Gonzalo Roig. Una gala lírica se puede hacer con piano y la misma dignidad, pero teniendo una orquesta y director de casa no se podía escatimar y apostar por unos números ganadores: la Contradanza fue otra marca de calidad con ese solo de clarinete (Inés Allué) tan de Brooklyn, más los ritmos caribeños que bien hubiese firmado Lenny, pero era Roig con una OFil en estado de gracia sección por sección: una cuerda danzante, unas maderas juguetonas, los metales redondeando presencias y la percusión que contagia el ímpetu para todos, dejando listo el fin de fiesta en el Barrio del Ángel habanero que hoy era calle madrileña en el teatro de la capital asturiana para lucimiento de los dos cantantes, siempre mimados por el ovetense Óliver Díaz:

«Dulce quimera» de Jorge de León, melodía sincopada, cantable, músicas de estilo cercanas al canario y su folklore, el mestizaje con las herencias que el tenor sintió y cantó como propias con un final en sobreagudo largo y mantenido por parte de su Leonardo.

La gracia y estilo sabrosón, casi de una “modernizada” Celia Cruz para esa espléndida «Sí, yo soy Cecilia Valdés», habanera sentida que gira a danzón, donde Ruth Iniesta se entregó cantando, bailando, mandando siempre con buena respuesta desde el foso y otro final agudo, limpio, potente y arrancando muchos bravos. El dúo final, perfecto broche vocal, expresivo, entregado, de colores apropiados, química y literalidad de «Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría», en este caso con dos propinas en la misma línea y totalmente ganado el público.

Primero la famosa «Quiéreme mucho» de Roig, en casa cantada como nadie por Kraus que mi padre dedicaba a mi madre (“Cuando se quiere de veras”) y de una zarzuela titulada Servicio Militar Obligatorio, que fueron alternando estrofas canario y madrileña, incluso con segundas voces que aportaron el toque distintivo, así como el baile del puente instrumental antes de atacar el final del estribillo en unos sobreagudos no escritos muy del gusto del respetable al que encandilarían todavía más con la conocida canción del tipo tango-congo compuesta por Eliseo Grenet «Ay mamá Inés» que formaba parte de la zarzuela Niña Rita (1927) completada por Lecuona.

Dos propinas que tras los saludos de rigor, aún bisarían la última, algo al menos curioso, con la participación del público y hasta el maestro Óliver Díaz cantando, muchos recuerdos radiofónicos, Ruth bailona, Jorge cómico y una OFIL siempre cómplice en el foso.

 

PROGRAMA «LAS DOS ORILLAS»:

PRIMERA PARTE

Gerónimo Giménez (1852-1923)

La Torre del Oro, Preludio

Rafael Millán (1893-1957)

La Dogaresa

«Ya muerto está mi amor en flor»

«Yo arrasaré Venecia»

«Tu voz resonaba en la noche tranquila»

Pablo Luna (1879-1942)

La pícara molinera, Intermedio

José Serrano (1873-1941)

«La roca fría del calvario», La Dolorosa

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1015)

«Me llaman la primorosa», El barbero de Sevilla

Pablo Sorozábal (1897-1988)

«Todos lo saben», La tabernera del puerto

SEGUNDA PARTE

Rodrigo Prats (1909-1980):

«Lamento esclavo», La perla del Caribe

«Qué negra y qué triste mi vida de ayer», Soledad (1932)

Ernesto Lecuona (1895-1963)

María la O (1930)

«Mulata infeliz»

«Me engañabas traicionando mi pasión»

Gonzalo Roig (1890-1970)

Cecilia Valdés (1932)

Contradanza

«Dulce quimera»

«Sí, yo soy Cecilia Valdés»

«Ya sabía, vida mía, que esa puerta la abriría»

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