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Diluvio sinfónico

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Viernes 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Tras el diluvio, abono 10 OSPA , Erika Baikoff (soprano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Britten y Schumann.

(Crítica para LNE digital del sábado 7, en papel el domingo 8, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Brahms sigue siendo una de las piedras angulares en los repertorios sinfónicos, y aún más en nuestra OSPA que estas dos últimas temporadas ha interpretado tres de sus sus sinfonías: Tercera (21/02/25) con su titular Nuno Coelho , Cuarta (21 de marzo  de 2025) con Giancarlo Guerrero, Primera (14 de noviembre de 2025) con Françóis Leleux, más su Obertura para un Festival Académico (23 de enero pasado) con Ramón Tébar, completándose este primer, frío y lluvioso viernes de marzo con la Obertura Trágica que escribiría a continuación, feliz complemento de la anterior, que la doctora María Sanhuesa en sus notas al programa escribe tanto de las dos oberturas como el análisis de la que escucharíamos abriendo este décimo de abono: «Consciente de las diferencias de carácter, el compositor afirmaba de ambas obras que “una ríe, y la otra llora”». Mas la interpretación del décimo abono mantuvo media sonrisa, su escritura en la tonalidad de re menor (que tantas obras maestras utiliza), asociada a lo triste y trágico, que pareció marcar el concierto, la OSPA con Coelho la mantuvo luminosa además de majestuosa, dejándonos el rictus para esperar el resto del programa, organizado a la manera decimonónica de obertura, obra con solista y sinfonía.

La soprano norteamericana Erika Baikoff , que nos enamoró en su Gretel de la ópera ovetense el pasado  septiembre, sería quien cantaría Les Illuminations de Benjamin Britten  en sustitución de Ian Bostridge  que cancelaría su participación por enfermedad el miércoles a primera hora, dejándome con las ganas de escucharle de nuevo tras su paso por el 74º Festival de Granada el pasado verano, precisamente con un Britten emocional e incluso escalofriante. Es de agradecer la prontitud de los gestores para contactar con la soprano de origen ruso para un programa que ya estaba cerrado y ¡tenía en su repertorio! (poco habitual por otra parte), estando encantada de regresar a Oviedo (como nos contaría Nuno Coelho en la conferencia previa al concierto).

Las notas de prensa sobre Erika Baikoff dicen que se está consolidando rápidamente como una de las voces líricas más cautivadoras de su generación y elogiada por su arte “conmovedor” y su canto “luminoso y vibrante”. Tras sus dos visitas a Oviedo puedo reafirmar todos los calificativos, que en mi caso describí como “de voz clara, ágil, excelente proyección y volumen suficiente, transmitiendo la inocencia sin caer en lo infantilizado desde un fraseo siempre elegante dominadora de la escena de principio a fin, con un vals conjunto pletórico por parte de ambas”.

El ciclo Les Illuminations op. 18 de Britten (estrenado el 31 de enero de 1940 por la soprano suiza Sophie Wyss) está compuesto para soprano o tenor solista con orquesta de cuerda, usando nueve canciones de la colección homónima escrita por Arthur Rimbaud que inspiraron al compositor inglés nada más leerlas. La OSPA, este viernes con Jordi Rodriguez de nuevo como concertino invitado (seguimos esperando la convocatoria de la plaza titular tan necesaria) volvió a sonar perfecta, empastada, rica, con los distintos solistas de cada sección que fueron completando una interpretación perfecta de Baikoff , verdadero caleidoscopio lírico repleto de matices, con una voz de emisión clara, sentida, de enorme expresividad acorde con cada poema y una perfecta dicción en la lengua de Molière, que pudimos seguir desde el programa de mano aunque hubiese preferido se proyectaran, gustándome especialmente en la cuarta canción (Realeza: Allegro maestoso), una impactante quinta (Marina: Allegro con brio) y la última (Partida: Largo mesto), auténtica tormenta emocional mientras la cuerda “imitaba” en todos los registros los silbidos, rasgueos de guitarra, arpegios y fraseos donde Britten refleja sobre el pentagrama toda la carga que Rimbaud (sólo él comprende una realidad alucinada) plasmaría con alucinaciones, sueños y magia hecha música de nuestro tiempo. Más allá de la última frase «Départ dans l’affections et le bruit neufs!» (¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!), mucho afecto y poco ruido. Un triunfo que logró varias salidas de la soprano y el maestro portuense ante los largos y merecidos aplausos de un público fiel que no abandona nuestra orquesta ni en días de tragedias o diluvios.

Y para la segunda parte, una plantilla ideal de esta OSPA plenamente sinfónica y trágica por la susodicha tonalidad menor de esta segunda sinfonía de Schumann (escrita en 1841). Tras revisarla por el poco éxito tras su estreno en Leipzig homenajeando a Liszt ante un lenguaje orquestal novedoso, haría importantes cambios para dirigirla en Düsseldorf el 3 de marzo de 1853 ya como Sinfonía n.º 4, op. 120.

Sería interesante poder escucharla en su primera versión (que a Brahms le parecía “más natural”) pero está claro que tiene pros y contras. Sus cuatro movimientos enlazados, con modulaciones agradecidas, dinámicas amplias siempre bien planteadas por Coelho y bien respondidas por la orquesta, con todas las secciones bien balanceadas y plegadas a cada indicación del portuense, nos “iluminaron” hasta el re mayor final que hizo escampar pese a los presagios. Aires o tiempos arriesgados además de valientes, que la OSPA llevará hasta el Euskalduna bilbaíno dentro del festival “Música-Musika” donde siempre ha brillado, llevando la marca Asturias que mejor nos define culturalmente.

PROGRAMA:

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897):

Obertura trágica, op. 81

BENJAMIN BRITTEN (1913 – 1976):

Les Illuminations, op. 18:

I. Fanfarria: Maestoso (poco presto)

II. Ciudades: Allegro energico

IIIa. Frase: Lento ed estatico

IIIb. Antiguo: Allegretto; un poco mosso

IV. Realeza: Allegro maestoso

V. Marina: Allegro con brio

VI. Interludio: Moderato ma comodo

VII. Encarnando la belleza: Lento ma comodo

VIII. Desfile: Alla marcia

IX. Partida: Largo mesto

ROBERT SCHUMANN (1810-1856):

Sinfonía n.º 4 en re menor, op. 120 (rev. 1851):

I. Ziemlich langsam – Lebhaft

II. Romanze: Ziemlich langsam

III. Scherzo: Lebhaft

IV. Langsam – Lebhaft

Tragedia, luz y poesía

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Viernes 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Tras el diluvio, abono 10 OSPA , Erika Baikoff (soprano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Britten y Schumann.

(Reseña para LNE del mismo viernes en su web, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Tragedia, luz y poesía

La soprano Erika Baikoff brilla con Britten junto a la cuerda de la OSPA bajo la batuta de Nuno Coelho en el Auditorio

Pasado el ecuador de la temporada prosigue la OSPA con un programa de título apropiado a la climatología y “trágico”, donde la soprano norteamericana Erika Baikoff cantaría Les Illuminations de Britten en sustitución este mismo miércoles de Ian Bostridge (que cancelaría su participación por enfermedad). La «Gretel» triunfadora en la pasada edición de la ópera ovetense encantada de volver a la capital asturiana para registrar otro éxito en su carrera.

Abría velada la “Obertura Trágica” de Brahms, sumando repertorio del hamburgués que tan bien le va a la orquesta asturiana con su titular al frente, volviendo a demostrarlo desde un sonido compacto y majestuoso con una dirección precisa y enérgica.

Solo con la cuerda, hoy comandada nuevamente por Jordi Rodriguez, la soprano Erika Baikoff iluminó el Arthur Rimbaud musicado por Britten. Nueve canciones llenas de imágenes oníricas, alucinaciones, enigmas, incluso magia (especialmente en las centrales cuarta y quinta más la “Salida” última) que la soprano transmitió desde un mosaico vocal pleno de expresividad, delicadeza y lirismo poético, al igual que los atriles solistas dejándonos una interpretación de altura premiada con aplausos más que merecidos para cantante y cuerda. Como finaliza el poeta francés “¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!».

La “Cuarta de Schumann devolvía el músculo sinfónico en la trágica y mortal tonalidad de re menor, solo con luz mayor en el final transitando cuatro movimientos enlazados, plenos de matices siempre bien marcados por Coelho que sigue sacando lo mejor de la formación asturiana, a la que disfrutarán en Bilbao este domingo en “Musika-Música». Lástima que el público de casa no lo valore y siga habiendo muchas butacas vacías…

PROGRAMA

El barberillo valiente

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Jueves 26 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894): El barberillo de Lavapiés. Zarzuela en tres actos con libreto de Luis Mariano de Larra (1830–1901). Estrenada el 19 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela. Coproducción del Theater Basel (2025), el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo y el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Fotos propias y de Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World del viernes 27 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez más alguna propia)

Oviedo sigue siendo capital lírica, y finalizada la LXXVIII Temporada de Ópera arranca el Festival de Teatro Lírico Español que alcanza su trigésimotercera edición con dos funciones que se quedan pequeñas ante la demanda en la que es segunda temporada estable de zarzuela, tras la madrileña. Y este jueves llegaba a la capital asturiana el director de escena alemán Christof Loy, de fama internacional, quien se enamoró de nuestro género creando su  propia compañía de zarzuela con cuatro artistas españoles llamada “Los Paladines”, con sede en Austria (y a quien le comunicaron en el ensayo general el Premio del Teatro de Rabisbona como “Mejor Emprendedor”). Con ellos ha venido a Oviedo y con quienes ha debutado en Viena con Benamor (Pablo Luna), y en el Teatro de Basilea (Suiza) el pasado mes de septiembre precisamente con este Barbieri de El barberillo de Lavapiés que estrenaba este último jueves de febrero en nuestra sempiterna Vetusta (Madrid deberá esperar a la próxima temporada), para proseguir su andadura en el coliseo de la calle Jovellanos madrileña donde dirigirá El Gato Montés (Penella) el próximo junio, esperando siga periplo y lo traiga para la próxima edición de nuestro festival (personalmente me encantaría disfrutar de Benamor).

De El barberillo de Lavapiés aún recordamos anteriores producciones como la de 1994 en el primer festival, la de 2005 en la duodécima edición con la producción madrileña de Calixto Bieito y la más cercana de Alfredo Sanzol (en 2020) con dirección musical de Miquel Ortega.

Christof Loy confesaba no hace mucho en la prensa especializada que sus pasión por nuestra zarzuela le vino tras ver una representación de La del Manojo de Rosas en el Teatro de la Zarzuela en pleno Covid-19, cuando toda Europa tenía cerrados los teatros líricos mientras los españoles abrían, lo que le ganó para el género, siendo el comienzo de una andadura que ha culminado esta temporada con las tres producciones líricas antes citadas.

El barberillo de Lavapiés sigue siendo la zarzuela emblemática de la amplísima producción de Barbieri, y obra cumbre de la denominada “Zarzuela Grande”, triunfando ya desde su estreno, permaneciendo en la memoria de tantos aficionados al género, siendo de agradecer la edición crítica de los doctores de la Universidad de Oviedo Mª Encina Cortizo y Ramón Sobrino a los que bien conocemos y admiramos, y que se llevó al disco gracias a la Fundación Caja-Madrid para el sello francés Auvidis-Valois, con un reparto encabezado por María Bayo, Lola Casariego, Manuel Lanza y Juan Pons en el cuarteto protagonista, todos bajo la dirección musical de Víctor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Muchos nombres ligados a Asturias que han mantenido en alto este «Barbero de Barbieri« que combina intriga política, aventuras con una vibrante defensa del buen casticismo madrileño y goyesco, majos y majas, manolas y estudiantes, guardias y conspiradores para esta “tonadilla escénica dieciochesca” ampliada, que no pierde el tono cómico y le ha asegurado su permanencia en los escenarios a lo largo del tiempo.

No quiero olvidarme de Luis Mariano de Larra, autor del libreto e hijo de Mariano José (que firmaba sus artículos como Fígaro e otro guiño al barbero) de quien heredó el amor a las letras, y escribió muchos textos de zarzuela para Arrieta, Gaztambide y Barbieri entre otros, pero cuyo fin de carrera literaria es digno de una película por estar ligado a una estafa de su hermana Baldomera, que tristemente le trajo el sobrenombre de “Larra el malo” con una furia hacia él que le obligó a abandonar el teatro y retirarse, como bien ha escrito Carlos Gómez Amat en el libreto que acompaña la histórica grabación de 1994, además de las excelentes notas del tándem Cortizo-Sobrino, donde el análisis de esta joya de Barbieri (el “maestro Bandurria” como humorísticamente él mismo se llamó) es referente para todo amante de nuestro patrimonio musical.

Christof Loy se refería a El barberillo de Lavapiés con las siguientes palabras antes del estreno suizo: «Ante todo, he intentado leer la obra con atención y he descubierto que, como toda buena comedia, tiene un trasfondo serio que debe aflorar constantemente. Lo genial del libreto es que personajes como Lamparilla y Paloma siempre logran salir de situaciones difíciles con humor. De este modo surge un nivel jovial tanto del contenido como de la filosofía de la obra. Y ese delicado equilibrio entre lo ligero y lo serio —algo parecido a lo que ocurre en la genial película de Ernst Lubitsch To be or not to be— es lo que intento captar atmosféricamente».

Sigo citando al alemán porque explica muy bien su acercamiento, siendo lo que más le atrae del Lamparilla «su origen teatral, la figura del Arlecchino. Sin proponérselo, se ve enredado en una intriga política que amenaza su vida. Y a lo largo de la acción va perdiendo cada vez más su papel “profesional” de bufón… y solo entonces se convierte en el hombre al que Paloma puede amar. Esta historia de amor entre Paloma y Lamparilla es, de por sí, gran literatura, comparable con las grandes parejas de enamorados en las comedias de Shakespeare. Y yo intento dar a esta evolución tan conmovedora de la pareja una gran autenticidad en mi puesta en escena».

La propuesta de Loy está obviamente actualizada y situada en El Pardo, como bien explicaba el propio director en una entrevista para la revista “Codalario” el 20 de septiembre pasado: «Como siempre en mis producciones, me tomo la libertad de inventar un mundo poético-teatral que corresponda al espíritu de la obra, pero también a mi necesidad de acercarme a los personajes. Para mí era importante representar el mundo del primer acto —que no transcurre en Madrid, sino en El Pardo— como una belleza casi irreal; luego, la barbería de Lamparilla se convierte en el lugar central de la acción, pero también ese Lavapiés es una invención: de un Lavapiés realista solo permanecen los faroles. Y, finalmente, el tercer acto es un espacio íntimo, la vivienda de Paloma, y en principio el escenario de un drama psicológico de cámara. Lo insólito de esta obra es que los personajes principales se sustraen por completo a los clichés. A primera vista parece evidente: está la pareja cómica del pueblo y, por otro lado, la pareja noble y seria. Sin embargo, los celos de Don Luis lo hacen parecer, en ocasiones, el personaje más cómico de la obra; al amor de Paloma y Lamparilla le devuelvo toda la dignidad que quizá se haya perdido con el paso de la tradición escénica. Y al final, también la pareja tragicómica de los nobles alcanza de nuevo esa grandeza. Es maravilloso cómo en esta obra se hace realidad la utopía».

Resaltar por último que esta producción está disponible para todo el mundo en la plataforma Operavision que la ha subido a Youtube© durante seis meses (filmada los días 5 y 7 de noviembre del pasado año). Evidentemente es una elaboración contemporánea (como era de esperar con Loy) pero de estética atemporal, casi de musical americano setentero por el vestuario, incluso anterior por las costureras que me recordaron el taller que tenía mi abuela materna), y donde lo único dieciochesco es la Guardia Walona de Carlos III “el rey alcalde”, elegantes de blanco con tricornio y peluca, pero la trama se sigue sin mayores problemas y sigue divirtiendo igual que siempre, incluso notando que Loy no ha renunciado a los tópicos más asociados al género (danza, colorido y casticismo), en un Madrid colorido donde toda la gente fluye, “todos un poco locos..” como lo describe el propio escenógrafo alemán que piensa ya en la temporada del Carnaval vienés, donde podría funcionar muy bien, reconociendo que está aprendiendo mucho y se acerca con respeto, amor y pasión a este género, pero también con cierta inocencia, “Y en mi teatro siempre es esencial una verdadera emoción”.

El decorado se ve limpio y concentrado en los actores para que nada distraiga, pues siempre funciona bien el aforismo de “más e menos”, unido a una iluminación cálida  que me recordó al mejor Sagi. No puede faltar el cuerpo de baile con cuatro parejas que dieron color y salero, lo que redunda y añade el calificativo de “grande” a esta producción internacional, a la que se sumó el coro titular del festival, la “Capilla Polifónica de Oviedo” que salvo un arranque dubitativo en la “Jota de los estudiantes” volvieron a funcionar en cada acto, estudiantes, vecinos y soldados, destacando especialmente el coro de las costureras (aunque no suspirasen el “Camisón” como el propio Barbieri indica en su manuscrito, en una acotación que me hizo llegar Ramón Sobrino).

En la parte instrumental repetían el Barberillo ovetense de 2020 tanto el coro como la Oviedo Filarmonía y seis componentes de la Rondalla Langreana (guitarras y mandolinas), presentándose este 2026 con el cuarteto protagonista (de “Los Paladines” ): la mezzo donostiarra Carmen Artaza (que también estuvo en el de Sanzol en la calle Jovellanos), la soprano madrileña Cristina Toledo y su paisano el barítono David Oller, completando el cuarteto principal el tenor uruguayo Santiago Sánchez, quien ejerció de presentador antes de levantarse el telón (al igual que en Basilea, allí en un alemán perfecto), por lo que el trabajo de la partitura de Barbieri estaba más que hecho, aunque nunca haya dos representaciones iguales.

Dos dúos bien diferenciados que representan los distintos mundos sociales, aún vigentes incluso en los diálogos que siguen siendo actuales, destacando la inclusión y presencia en ellos de Lope, con el guitarrista argentino Marcelino Echeverría, que iría poniendo el fondo ideal con melodías del propio barberillo pero también fragmentos de Asturias (Albéniz) o Recuerdos de la Alhambra (Tárrega) que enriquecieron la acción hablada, destacando la buena proyección y el mismo color vocal en las muchas y siempre difíciles partes teatrales de todos los protagonistas (lo que es un hándicap para muchos cantantes no hispano parlantes).

Y si la nobleza la representan la Marquesita del Bierzo y Don Luis de Haro, todos estábamos con el pueblo, con Paloma y Lamparilla, verdaderos triunfadores de la función.

La dicharachera costurera madrileña de Carmen Artaza mostró su gracia y buen hacer tanto  en las partes habladas como en cada intervención: romanzas (su canción inicial “Como nací en la calle de la Paloma”), dúos (bisaría con Oller “Una mujer que quiere ver a un barbero” cantado con gusto, al igual que el conocido dúo de las majas del tercer acto con Cristina Toledo (“Aquí estoy ya vestida como hace el caso”), y por supuesto en los concertantes, siempre de empaste perfecto manteniendo un color homogéneo y redondo de mezzo, sumándole una escena completísima haciendo plenamente suyo este rol.

Hace tiempo que el rol de Lamparilla lo abandonaron los llamados tenores cómicos para incorporarse directamente al repertorio de los barítonos, en parte por los guiños al rossiniano que tantas veces aparece en esta zarzuela, y David Oller es un lírico con la obligada vis cómica que dominó la escena dentro y fuera (Rossini le va muy bien) aunque el tempo algo rápido (hubo varios a lo largo de la función) para su entrada del primer acto hiciesen difícil una mejor vocalización, pero mostrando siempre una buena línea de canto, proyección hablada y cantada, presencia y dominio de este barbero castizo.

Un escalón por debajo (que no en lo social), la Marquesita Cristina Toledo no tiene suficiente caudal vocal en los graves pero lució buen empaste y equilibrio en el dúo de las majas antes citado, mientras el tenor Santiago Sánchez estuvo algo más opaco como Don Luis de Haro incluso en las partes habladas, menos “interpretadas” o creíbles que las cantadas, un tenor lírico con una bella línea de pero de poco volumen.

Excelente el bajo gallego Alejandro Baliñas como Don Juan de Peralta, poderoso, cantabile desde su registro y agradecido en escena. De los llamados actores cantantes (aunque prefiero la inversa), Joselu López, un albaceteño de Hellín, funcionó muy bien como Don Pedro de Monforte, completando un elenco vocal donde hubo nobleza canora y triunfo del pueblo.

No quiero olvidarme de los llamados partiquinos, a cargo de tres componentes del coro titular que van buscando su sitio en estos papeles comprometidos precisamente por su brevedad: los estudiantes encarnados por el langreano Adrián Begega y Carlos Prado junto a la contralto Eugenia Ugarte como vendedora, más desenvuelta y espontánea que sus dos compañeros tenores.

El director ovetense Óliver Díaz volvía al foso con Oviedo Filarmonía, una relación de hace años que le permite sacar de esta versátil y ya madura orquesta capitalina lo mejor en todas sus secciones. Además de saber mimar las voces como pocos, ya en el Preludio inicial supo jugar con las dinámicas y el ritmo, al igual que en el Intermedio del tercer acto, dando confianza y feliz entendimiento que hasta en las caleseras finales la dejó sonando sola con la misma calidad. Interesante resultó repetir las conocidas seguidillas “En el Templo de Marte vive Cupido” para favorecer el cambio de decorado sin pausa al tercer acto, haciendo cantar como Lamparilla la corneta de Antonio Soriano, que además adornó como buen valenciano que no olvida su tierra pese a los años que lleva en Oviedo. El maestro Díaz siempre favoreciendo y apoyando las voces, aceleró algún número para no agotar las exigentes capacidades pulmonares que pide Barbieri, aunque fuese en detrimento de unos textos ya de por sí difíciles de encajar, incluso para el coro, pero hay que reconocerle como un defensor de nuestra zarzuela desde su magisterio y experiencia en tantos fosos, incluso operísticos.

Otro éxito en Oviedo, que ama nuestro género por excelencia, y el aforo completo para las dos funciones sigue mostrando una afición que crece cada temporada, aplaudiendo entusiasmada a Christof Loy y todo su equipo en este estreno español dentro de la zarzuela, que pronto corroborarán en la capital de España y allá donde la lleve, valiente en sus apuestas y un idilio hispano que no decaerá, menos con “Los Paladines” que a buen seguro irán rodándose y ampliando plantilla, algo de agradecer en los siempre duros tiempos para la lírica.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Óliver Díaz – Dirección de Escena: Christof Loy – Asistente de dirección: Silvia Aurea – Escenografía: Manuel La Casta – Asistente de escenografía: Matías Carbia – Iluminación: Valerio Tiberi – Asistente de iluminación: Emanuele Agliati  Vestuario: Robby Duiveman – Coreografía: Javier Pérez.

REPARTO
Lamparilla: David OllerPaloma: Carmen ArtazaMarquesita del Bierzo: Cristina Toledo Don Luis de Haro: Santiago SánchezDon Juan de Peralta: Alejandro BaliñasDon Pedro de Monforte: Joselu LópezLope/Guitarrista: Marcelino EcheverríaEstudiante 1º: Adrián Begega* – Estudiante 2º: Carlos Prado* – Vendedora: Eugenia Ugarte*.

* Miembros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

BAILARINES

Davide Pillera, Lucía Vázquez, Iván Amaya, Laura García Aguilera, Amparo Uhlmann, Pascu Ortí, Chiara Viscido, Giuseppe Bencivenga

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio)

Orquesta Langreana de Pulso y Púa

Sara Cuello, Isabel Benavente (guitarras) – Dimas Coalla (guitarra bajo) – Sofía Nevado, Begoña Pérez, Ángel Cuartas (mandolinas)

Giulio Cesare in Ovetum

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Martes 17 de febrero, 19:30 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Georg Friedrich Händel (1685-1759): Giulio Cesare in Egitto, HWV 17 (ópera en versión de concierto). Ópera en tres actos con libreto de Nicola Francesco Haym (1678–1729), basado en un texto anterior de Giacomo Francesco Bussani. Estrenada el 20 de febrero de 1724 en el King’s Theatre, Haymarket, de Londres. Fotos de Pablo Piquero.

(Crítica para Ópera World del miércoles 18 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Pablo Piquero más alguna propia)

Oviedo es capital lírica desde hace años con temporadas de ópera, zarzuela y muchos Conciertos del Auditorio donde tanto las galas líricas como las versiones en concierto de títulos no siempre “atrayentes” para la escena, acercan a muchos aficionados de todas partes, que a menudo son referentes por los intérpretes, caso de este Giulio Cesare in Egitto donde el reclamo era Il Pomo D’Oro con el contratenor polaco Jakub Józef Orliński (que volvían por tercera vez al auditorio ovetense tras abril de 2022 y octubre de 2023) más la afamada soprano francesa Sabine Devieilhe en los dos papeles protagonistas de esta joya haendeliana que combina virtuosismo vocal y refinamiento expresivo, recordando la estrenaron en Londres el célebre, caprichoso e idolatrado castrato Sinesino y la prima donna Francesca Cuzzoni, y que al igual que Händel como empresario además de compositor hace doscientos dos años, los programadores son conscientes de que el público melómano paga su entrada atraído por el renombre de los cantantes, y que en ellos reside a menudo el éxito de una ópera.

En todo drama los mal llamados papeles secundarios deben estar no solo bien (d)escritos sino mejor elegidos para hacer que todo funcione a la perfección, y poniéndoles música ocurre otro tanto para poder armar un espectáculo completo, a menudo sin necesidad de decorados porque la acción es de todos conocida y la escena la pone cada uno mentalmente. Así pues el elenco vocal de este Giulio Cesare in Ovetum resultó ideal junto a la formación de Francesco Corti que sigue siendo sinónimo de calidad interpretativa en el barroco, tres horas y media para afirmar que se pasaron volando ante esta representación operística que seguro permanecerá en el recuerdo del numeroso público que se congregó en la capital asturiana sin mirar el reloj.

Desde la obertura y el coro de egipcios formado por las ocho voces “secundarias” todos sabíamos que estábamos ante un verdadero espectáculo musical. Si el dúo protagonista eran Julio César y Cleopatra, el resto de voces brillaron en cada intervención, sentida, dramatizada vocal y corporalmente, con los sobretítulos para entender aun mejor una historia que con la música del “inglés” Haendel enamora y cautiva de principio a fin todavía más.

Siempre difícil elegir los roles con sus cantantes, el acierto absoluto en este “Giulio Cesare” con buenos contrastes de color en las voces, comenzando por la Cornelia de la mezzo escocesa Beth Taylor, oscura, poderosa, brillante y brava como su mujer romana, o el Sesto de su homóloga y compatriota Rebecca Leggett, que cuenta y canta varias de las arias más conocidas de esta ópera, que nos dejarían complicidad, gusto y entrega individual tanto en solitario como en sus conjuntos.

Impresionante el Achilla (Aquiles) del bajo californiano Alex Rosen, poseedor de un amplio y caudaloso registro, barítono por color y tesitura con el grave poderoso que no es óbice para dar todos los muchos matices a su personaje.

Y dos contratenores más en el elenco, igualmente ideales en la elección por color y expresividad, comenzando por el Tolomeo del ucraniano Yuriy Mynenko, (porque no solo para barítonos son los roles de “los malos de la película”), de color uniforme incluso en los agudos forte que llenaban el auditorio, más el Nireno del francés Rémy Brès-Feuillet brillando en sus intervenciones de un “secundario” de nivel. Completó este equilibrado reparto el Curio del barítono italiano Marco Saccardin, aplaudiendo el acierto de unas voces que elevaron esta cita lírica en concierto hasta límites y calidades increíbles.

De los números musicales destacar en primer lugar que Il Pomo d’Oro es un lujo en su orgánico y su sonoridad compacta, cuidada y bien balanceada en cada número instrumental, también el perfecto ropaje para las voces con un continuo de altura (además del propio Corti al clave que las mima) junto a Guillaume Haldenwang en el segundo clave -casi arpa que no estaba- junto al tiorbista Miguel Rincón, o los dos chelos más la viola de gamba; seguir sumando dos contrabajos escoltando el “grosso” para dar el cimiento y sustento grave, una madera donde Petra Dámec Ambrosi alternaría el trasverso con la flauta de pico y hasta uno de los oboes, dos fagotes que citaré más adelante (con Ángel Álvarez doblando la flauta) y el puntual cuarteto de trompas naturales donde el dúo de Christian Biende en el aria nº 15 de la escena IX con Giulio Cesare demostró la calidad y perfecto ensamblaje con Orliński, desde la siempre difícil afinación y un timbre redondo.

A lo largo de la ópera que contiene algunas de las arias más célebres del Barroco, habituales en recitales de solistas mundiales que bien conocemos en la capital asturiana, hubo muchos momentos estelares que hacen difícil resaltarlos, pero al menos debo citar varias como el dueto final del primer acto (escena XI) de Sesto y Cornelia «Son nata a lagrimar» con las mezzos entregadas, bellísima línea de canto, empaste  prodigioso y los primeros suspiros de un público emocionado ante una interpretación increíble, que siempre dudó en aplaudir dentro de un silencio que indica mucho de lo vivido este martes de carnaval.

Del Julio César protagonista y cabeza de cartel, Orliński nos dejaría el aria del segundo acto «S’in fiorito, ameno prato» a dúo con el pájaro en manos, o mejor boca, de la viola de gamba Natalia Timofeeva rivalizando en musicalidad y gorjeos, con el polaco incluso silbando y dejándonos antes del “da capo” un guiño al Jesus bleibet meine Freude de la cantata 147 de Bach con unos ornamentos y flato “marca de la casa” que siguen poniendo la carne de gallina y dominando la escena de principio a fin, figura internacional que llena cada evento musical.

La pausa se hizo con toda la intención en la escena VIII del segundo acto tras el aria de Cleopatra «Se pietà di me non senti» donde Sabine Devieilhe lució la magia de su voz desde su primera aparición. Muy expresiva en un papel complicado que reúne estados de ánimo cambiantes a lo largo de la obra, tras el amoroso «V’adoro pupille» de la escena segunda en el acto central, agilidades hasta un agudo increíble en pianissimo, fuerza junto al dúo de los fagotes (Álvarez y Bernat Gili Díaz) verdaderamente primoroso en conjunto, poniendo el auditorio patas arriba tras casi dos horas antes de salir a estirar las piernas porque aún quedaba la segunda parte, pese a que algunos pensaron se acababa ya que las diez de la noche es la hora habitual de finalizar en el auditorio carbayón y no se leen el programa de mano (ni parece conozcan la historia de la pareja más cinematográfica).

El último acto contiene más arias de lucimiento de todos los protagonistas, comenzando con «Dal fulgor di questa spada» de Aquiles arrancando con el continuo perfectamente encajado antes del tutti con Alex Rosen y unas agilidades portentosas; Tolomeo y «Domero la tua fierezza» buscando igualar belleza y ornamentos del segundo contratenor Mynenko; la conocida y siempre emocionante aria «Piangerò la sorte mia» con una Devieilhe íntima junto a Il Pomo d’Oro remarcando y vistiendo de terciopelo cada frase cantada desde el gusto y dominio de esta página única; y por supuesto el duetto con Orliński «Caro! – Bella!» antes del impactante coro final «Ritorni omai nel nostro core la bella gioia» con todas las voces que nos dejaron con ganas de ‘volver a nuestro corazón’ para poner broche d’Oro pasadas las once de la noche con esta ópera que se recordará mucho tiempo en Oviedo, a quien seguiré calificando como “La Viena Española” nuevamente en el mapa ibérico entre Barcelona y Madrid dentro de una gira que dará mucho que hablar.

REPARTO

Giulio Cesare: Jakub Józef Orliński (contratenor) – Cleopatra: Sabine Devieilhe (soprano) – Tolomeo: Yuriy Mynenko (contratenor) – Cornelia: Beth Taylor (mezzosoprano) – Sesto: Rebecca Leggett (mezzosoprano) – Achilla: Alex Rosen (bajo) – Curio: Marco Saccardin (barítono) – Nireno: Rémy Brès-Feuillet (contratenor)

IL POMO D’ORO – Francesco Corti (director)

 

Carmen cita en Oviedo

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Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen». Fotos de Iván Martínez.

(Crítica para Ópera World del jueves 5 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Iván Martínezmás alguna propia)

Último título de la LXXVIII Temporada de la eterna cigarrera sevillana, «Carmen» de Bizet (también la de Mérimée), cima de la ópera francesa y una de las mayores obras maestras del teatro cantado de todos los tiempos, que es un imprescindible para asegurar buena respuesta de público, también por poseer la mayor cantidad de melodías populares para todos, que regresaba al coliseo ovetense por decimocuarta vez desde1894 (recuerdo personalmente la de 1984 con Carreras y Obratzsova), representada ahora en versión de opéra-comique al recuperar los diálogos hablados del propio Bizet en el estreno parisino de 1875, y dentro de una producción del Auditorio de Alicante firmada por Emilio Sagi en un título que nunca es inocente ni sencillo.

El libreto de Halévy y Meilhac que se inspira en Merimée nos narra la historia de una mujer nómada y hedonista que por encima de todo ama su independencia y libertad (repetida a lo largo de la ópera), y que en nuestros días calificaríamos como “mujer empoderada”, y aunque todos sabemos que su historia de amor fatal termina en tragedia, en pleno siglo XXI seguimos despertándonos muy a menudo con estos crímenes que parece no hay forma de detener.

Fiel a sí misma, Carmen rechaza la esclavitud que José le propone desde esta partitura exquisita y llena de luz que como repite la protagonista, y cita Sagi en el libreto, «Ha nacido libre y libre morirá». Carmen es mito, espejo y herida abierta, y el ovetense lo sabe. En la prensa local, el hijo predilecto de la capital reflejaba haberla despojado del ornato para buscar lo esencial de una mujer que, insistía, «no es ninguna puta, es una mujer que quiere ser libre». Su propuesta, de escenografía sobria y eficaz diseñada por Daniel Bianco, se articula en torno a un espacio único —un coso simbólico de albero rojo— verdaderamente es granza, como una arena pero de goma que “no mete ruido ni suelta ácaros ni polvo, y es muy higiénico. Aquí hay tantas peleas que es estupendo para tirarse al suelo” como explicaba unos días antes el propio Emilio, y que funciona como metáfora de encierro, destino y violencia anunciada, un atrezzo limitado a sillas y mesas que son plaza, taberna, paraje montañoso o coso taurino, siempre con el rojo que lo invade todo: pasión, sangre, advertencia…

La iluminación de Eduardo Bravo, con las bombillas que suben y bajan, siempre muy cuidada, más las videoproyecciones de Pedro Chamizo (hermosa noche de luna llena), hoy imprescindibles y enriquecedoras para estas puestas de escena sencillas a la vez que eficaces, si se me permite el oxímoron son ‘la complejidad de lo sencillo’, completando un marco visual que, sin deslumbrar, acompañan con inteligencia el desarrollo dramático, destacando momentos de gran belleza como la taberna de Lillas Pastia o el clima ominoso del cuarto acto.

Sagi anticipa la tragedia y subraya, desde el segundo acto, la violencia latente de Don José hacia Carmen, sin renunciar al tono ligero y casi burlón que Bizet y sus libretistas reservaron para los personajes secundarios (como en la escena echando las cartas). Las coreografías de Nuria Castejón, siempre orgánicas y reconocibles, extensibles incluso a los cantantes, aportan ese andalucismo estilizado que evita el folclorismo fácil, con un entreacto danzado de notable fuerza simbólica y sin taconeo, bailan sobre las mesas y destacar tanto el cuerpo de baile como el bellísimo solo de Juan Pedro Delgado, un torero con capa de plasticidad y tronío.

En el plano vocal, la más aplaudida de la noche fue la mezzo brasileña Marcela Rahal, debutante en la Ópera de Oviedo, que construyó una Carmen de gran presencia escénica y caudal vocal generoso, aunque los fraseos los cortase más de la cuenta. En la  famosa habanera «L’amour est un oiseau rebelle» mostró alguna respiración excesiva, pero su progresión dramática fue innegable, del blanco al rojo, hasta culminar en un cuarto acto de intensidad y convicción.

El tenor italoestadounidense Leonardo Capalbo, también debutante en Oviedo que sustituyó al inicialmente previsto Antonio Corianò, asumió el ingrato reto de Don José con entrega absoluta, dibujando un personaje extremo, obsesivo y sin redención. De instrumento potente y expresivo, aunque de fraseo precipitado y ciertos agudos forzados restaron matices a un rol que exige tanto lirismo como contención, histriónico por momentos con la violencia del papel reflejada en una voz que solo logró un pianissimi recurriendo a un falsete poco agraciado en la esperada «La fleur que tu m’avais jetée” poco sentida. La soprano italiana Francesca Sassu ofreció una Micaela correcta pero algo limitada en vuelo, proyección y color, con un vibrato que afea sus agudos, mientras que el barítono ubetense Damián del Castillo defendió con solvencia su debut como Escamillo, elegante pero sin buscar la rotundidad, de gran presencia escénica y buen empaste en el “duelo” con Don José, buena faena de aliño en una plaza que conoce bien.

Sólidos los papeles secundarios, con un Zúñiga especialmente acertado  del bajo tinerfeño Jeroboám Tejera tanto en lo vocal como en lo escénico, y una Mercedes eficaz, presente además de convincente de la mezzo barcelonesa Anna Gomà, mientras la Frasquita de la soprano madrileña Inés Ballesteros quedó siempre opacada en volumen e incluso en el inicial trío femenino del tercer acto no empastó todo lo deseado.

Mantuvieron la homogeneidad vocal y el abanico tímbrico los dos barítonos, Morales del mexicano Emmanuel Franco, y Le Dancaïre del cordobés Javier Povedano, más El Remendado del tenor catalán Josep Fadó, moviéndose todos muy bien en escena y logrando un conjunto bien empastado en el quinteto del segundo acto.

Destacar como ya es habitual el gran trabajo del Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras, con algún desajuste con el foso, pero bien en conjunto, y especialmente las “cigarreras” además de bandoleras. De afinación intachable, proyección precisa y empaste global, sumaron una escena que con su movimiento ayudaron a que esta producción “minimalista” por sencilla la engrandecieran manteniendo una acción dramática que no decayó nunca.

Del Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento solo elogios porque no solo aportan frescura y cohesión a la propuesta, son verdaderos artistas en escena, desde su primera aparición en el cambio de guardia, unos profesionales desde el juego con las espadas de palo, hasta el desfile torero jugando entre “los mayores”, con un empaste y afinación que se alcanza con mucho trabajo previo bien llevado por Cristina Langa.

En el foso, el avilesino Rubén Díez condujo a la Oviedo Filarmonía con atención al equilibrio entre escena y orquesta, destacando los preludios, impecable el inicial y el del tercer acto de sonoridad presente llena de musicalidad con el arpa de Domené con la flauta de Mercedes Schmidt. Otro tanto en los pasajes orquestales, aunque con los ya indicados desajustes puntuales e  inevitables en una obra compleja de equilibrar, respetando el protagonismo y balance con las voces, con una lectura serena y bien coordinada con todas las secciones, para hacer que la función fluyese con solidez.

El público, casi completando el aforo para esta tercera función, respondió con entusiasmo creciente y ovaciones finales porque son títulos que atraen y el reparto, más o menos equilibrado sin grandes figuras, ayuda a los éxitos en taquilla.

©PabloSiana

Carmen cerraba la temporada ovetense (quedan aún la cuarta el próximo sábado, precedido del “viernes de ópera” con un sugerente segundo reparto) dejándome sensaciones encontradas, pero confirmando que esta obra, tantas veces representada, sigue interpelándonos con la misma crudeza: la libertad (que siempre tiene su precio), el deseo y la violencia, que siguen bailando peligrosamente juntos sobre la arena roja del escenario.

FICHA:

Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen», Opéra comique en cuatro actos, con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en la obra homónima de Prosper Mérimée (1845, rev. 1846). Estrenada en la Opéra Comique de París, el 3 de marzo de 1875. Producción del Auditorio de Alicante.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Rubén Díez – Dirección de escena y diseño de vestuario: Emilio Sagi – Diseño de escenografía: Daniel Bianco – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo – Coreografía: Nuria Castejón – Diseño videoproyección: Pedro Chamizo – Dirección del coro: Pablo Moras – Dirección del coro infantil: Cristina Langa – Fotos: Iván Martínez.

REPARTO:

Zúñiga: Jeroboám Tejera (bajo) – Moralès: Emmanuel Franco (barítono) – Don José: Leonardo Capalbo (tenor)* – Escamillo: Damián del Castillo (barítono) – Le Dancaïre: Javier Povedano (barítono) – Le Remendado: Josep Fadó (tenor) –Frasquita: Inés Ballesteros (soprano) – Mercédès: Anna Gomà (mezzo) – Carmen: Marcela Rahal (mezzo)* – Micaëla: Francesca Sassu (soprano).

Orquesta Oviedo Filarmonía (Ofil)

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento

* Debutante en la Ópera de Oviedo

Esplendor Barroco

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Lunes 2 de febrero día 6 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Catedral de Santa María de Plasencia (Cáceres). Miriam Hontana (violín), Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach y Vivaldi. Fotos propias y de Sandra Polo.

(Crítica para Scherzo y aquí con la tipografía que las webs no admite así como los siempre enriquecedores enlaces -links- y más fotos de Sandra Polo).

Sin el inicio del IV Festival Atrium Musicae tenía lugar en Coria con el concierto de órgano a cargo de Benjamin Alard, la clausura de este intenso festival nos devolvía al Camino de La Plata con parada final en Plasencia, también con órgano (el que se instaló en 1919 y restaurado por José Antonio Azpeitia en 2023) añadiendo el violín para unir dos generaciones de maestros: el consagrado Daniel Oyarzabal y la joven Miriam Hontana en un programa con música de dos de los grandes de la primera mitad del siglo XVIII, Bach y Vivaldi, un dúo que en Madrid ya actuó en el Bach Vermut allá por noviembre de 2023 además de formar el conjunto OBNI (Objeto Barroco No Identificado) participando en el FIAS de 2022.

La amplia reverberación catedralicia no ayudó a disfrutar en todo su esplendor de un órgano algo desafinado y con “gemidos, en parte por la climatología y el poco uso, un instrumento que necesita respirar para vivir y mantenerse en forma, pero la calidad y buen oficio del dúo nos hicieron disfrutar de un repertorio que se organizó a pares entre “El Kantor” y el “Prete Rosso”, emparentando obras de cámara y piezas solísticas, alternando transcripciones y conciertos que muestran la fecunda relación entre ambos compositores.

Se abría la fría tarde con el Preludio BWV 568 impetuoso y potente aunque necesitado de más presencia en el pedalero a cargo de Daniel para proseguir con el arreglo que el propio Bach hizo sobre el concierto para dos violines RV522 del italiano, tres movimientos variados en registros, graves en el Allegro inicial, agudos para el Adagio central y plenos para el Allegro final.

Y el órgano se convirtió en el continuo de la Sonata BWV 1023 para que Miriam Hontana arrancase con una cadenza de cortar la respiración antes del Adagio ma non tanto, la Allemande y la Gigue siempre en primer plano gracias a una sabia elección de registros en el órgano de balances bien equilibrados. En cambio con la vivaldiana RV12 tras un Adagio inicial preciso y sentido, la reverberación empañó los siguientes tres movimientos, con sonidos “confusos” que mezclaban los registros del órgano y la sonoridad propia de un violín que en el Presto voló sin poder despegar toda la belleza de esta sonata.

Siguiente bloque emparejado, la Fuga en sol menor para violín y continuo BWV 1026 adoleció de la mala acústica pese a la tímbrica de un violín de graves redondos y agudos limpios bien arropados por los registros del órgano. Seguiría el célebre “Invierno” de Las Cuatro Estaciones, más equilibrado, con tiempos más ligeros (obviando el “molto”), virtuosa Miriam Hontana y certero Daniel Oyarzabal con unos excelentes registros “orquestales” más los silencios y articulación que esta vez sí ayudaron a una mayor limpieza de escucha para apreciar tanto una ejecución muy personal de la violinista, expresividad desde el respeto a este opus 8 RV 297 del que aportar la frescura e ímpetu solista y la registración capaz de engañar al oido por lo acertada.

No hay mejor forma de finalizar que Bach, Oyarzabal en solitario con el coral In dir int Freude, BWV 615, del”Libro de órgano” nuevamente pletórico de sonoridades, al fin el pedalero presente sustentando la melodía y registros idóneos para este rey del barroco.

Aprovechando esta joya, Miriam Montana bajaría hasta el crucero catedralicio para interpretar en solitario la monumental Ciaccona para violín de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, intensidad emocional, sensibilidad, fraseos personales, dominio técnico asombroso y un sonido que esta vez la acústica lo repartió por todo el templo, desde un violín plenamente barroco que resultó un regalo para el público que abarrotó la Catedral de Santa María. La joven madurez donde ya hay un trabajo no solo técnico sino introspectivo para afrontar esta chacona con la sonoridad y el poso de esta artista.

Aún quedaba una propina vivaldiana, el Largo del Concierto para violín en Si menor, RV 389, con Oyarzabal en el órgano y Hontana en el crucero en esta clausura esplendorosa de la cuarta edición de AtriumMusicae, que se ha saldado con un gran éxito de público en todas sus citas, incluso en las que han tenido lugar fuera de la capital, esperando ya la de 2027 que a buen seguro seguirá creciendo como la propia Fundación Atrio de Cáceres, fiel a su slogan “Sonidos que construyen legados, donaciones que transforman”.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Preludio en sol mayor, BWV 568

Antonio Vivaldi (1685-1750)
Concierto en re menor, BWV 596
(arreglo para órgano de J. S. Bach del Concierto para dos violines en re menor, RV 522 (de L’Estro Armonico)

Johann Sebastian Bach
Sonata para violín y continuo en mi menor, BWV 1023

Antonio Vivaldi
Sonata para violín y continuo en re menor, RV 12

Johann Sebastian Bach
Fuga en sol menor para violín y continuo, BWV 1026

Antonio Vivaldi
Concierto n° 4 en fa menor, op. 8, RV 297 “El Invierno” (de Las Cuatro Estaciones)

Johann Sebastian Bach
In dir ist Freude, BWV 615, BWV 731
Ciaccona para violín solo de la Partita n° 2 en re menor, BWV 1004

Sorteando obstáculos

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Gran Teatro, Cáceres. Viena, punto de encuentro. Javier Perianes (piano), María Florea (violín), Joaquín Riquelme (viola) y Olaf Maninger (chelo). Obras de Schubert, Brahms y Mozart. Fotos propias y de Sandra Polo.

Si en la anterior entrada comentaba lo importante de una agenda, en la despedida de la capital (antes del cierre que también comentaremos desde aquí) aún habría más impedimentos que los buenos contactos y disponibilidad de los artistas tienen para este festival que ya avanzó las fechas de su quinta edición en 2027 (última semana de enero hasta el lunes 1 de febrero).

La indisposición del maestro Perianes tras el anterior concierto del viernes, estuvo a punto de cancelar este concierto que traía a los solistas de la Filarmónica de Berlín, y que otro contratiempo dejaría al violinista Luis Esnaola en Berlín al no tomar el avión por una Gripe A que no entiende de fronteras ni músicas. Con Riquelme y Maninger ya en Cáceres había que encontrar un violín que conociese el programa previsto de Schubert y Mozart encontrando en Barcelona a la muy reconocida María Florea (Esparreguera, 1993), concertino de la Franz Schubert Filharmonia, y muy solicitada en otras formaciones, además de conocida por los que estaban esperando ensayar y dominadora de ambas obras. El resultado nos pareció que llevasen años tocando juntos, talento nacional que seguimos exportando.

Aún quedaba un último contratiempo que fue la pérdida de la caja con los programas de mano, aunque estaba Antonio Moral para contarnos todo lo acontecido y desearnos que disfrutásemos porque el diluvio exterior invitaba a una velada que traía la Viena Imperial al Cáceres inmortal.

El concierto lo abría el Trío para cuerdas en si bemol mayor, D 471 (1816) de Schubert, bien encajados sus dos movimientos con una sonoridad perfecta, un mismo discurso en fraseos y contestaciones, para este romanticismo vienés que ya vivimos cantado pero necesitábamos también el instrumental.

Desde 2009 el murciano Joaquín Riquelme García (1983) es viola de la Filarmónica de Berlín que es la mejor presentación de un músico inmenso que es invitado por muchas orquestas como solista y al que he tenido la ocasión de disfrutar en Oviedo tanto con la OSPA en 2020 como con un Ensemble berlinés en 2022 y los hermanos Jussen, además de ser habitual en retransmisiones radiofónicas o televisivas, aprovechando para comentar que este concierto se grababa para Radio Clásica. Junto a un Perianes recuperado, nos ofrecían la Sonata n° 2 para viola y piano en mi bemol mayor, op. 120 (1895) de Brahms, originalmente escrita para clarinete pero que en este arreglo del propio compositor es casi más programada (también el de violín) por el color que consigue la viola, y más en las manos de nuestro murciano en Berlín.

El amor por la música de cámara en todas sus formas que el hamburgués que murió en Viena sentía le llevó a componer esta sonata para el clarinetista Richard Mühlfeld tras escucharle en el concierto de Weber. Pero también adoraba el cálido y rico sonido de la viola, publicando rápidamente esta versión que disfrutamos en Cáceres. El piano no es solo acompañante, es coprotagonista con pasajes virtuosos, casi orquestales, y el onubense sabe concertar a la perfección, por lo que los cuatro movimientos de esta sonata sonaron en todo el esplendor de matices, balances y tempi. Riquelme y Perianes son dos músicos inmensos (sin malentendidos y con mi chanza de amigo al verlos sobre el escenario) que no defraudaron en este Brahms tan camerístico y exigente para ambos.

Tras el descanso Mozart y uno de los cuartetos con piano más agradecidos de escuchar, que necesitan un encaje y entendimiento de años si se quiere exprimir todo el genio que el salzburgués atesora y asentado en una Viena que rebosaba música por todos los rincones y se trasladó a Cáceres.

Tres movimientos y cuatro intérpretes sonando equilibrados, protagonizando sus momentos más presentes, el piano cristalino brillando en los cromatismos y trinos, amoldándose a la cuerda para mantener esa unidad, con el trío berlinés-catalán dando nueva lección de musicalidad tanto entre ellos como con un onubense que está cómodo, igual en solitario como en lo sinfónico que lo hace camerístico porque entiende la necesaria unidad estilística del conjunto, aportando y remando todos para lograr hacer sentir «el cuarteto» como la formación más completa y verdadero banco de pruebas, tanto para el compositor como para los intérpretes y el público.

Finalizaba este intenso quinto día del IV Festival Atrium Musicae que se despedía de Cáceres aunque falte la Clausura en Plasencia y su Catedral… También la comentaremos desde aquí cual último capítulo de esta experiencia para repetir.

PROGRAMA:

I

Franz Schubert (1797–1828)
Trío para cuerdas en si bemol mayor, D 471 (1816):

Allegro – Andante sostenuto

Johannes Brahms (1833 – 1897)
Sonata n° 2 para viola y piano en mi bemol mayor, op. 120 (1895):

Allegro appassionato – Andante un poco adagio –  Allegretto grazioso – Vivace

II

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1991)
Cuarteto con piano en sol menor n°1, KV 478 (1785):

Allegro –  Andante – Rondo

Modernidad desde la tradición

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 12:30 horas: Museo Vostell Malpartida, Bach Fluxus IV. Mario Brunello (cello). Obras de Bach y Weinberg.

Desde que comenzó el Festival Atrium Musicae, Antonio Moral consiguió incluir como cita imperdible este Museo Vostell y el espíritu de Bach Fluxus, continuando este idilio desde sus tiempo en el CNDM así como la colaboración con José Antonio Agúndez (director gerente del museo y cronista oficial de Malpartida) y la apuesta fue sobre seguro viendo la respuesta de un público que peregrina hasta este municipio de Cáceres más allá de “Juego de Tronos” en Los Barruecos, que también merecen visita pero en otro contexto y momento.

Fluxus en latín significa flujo pero también es un movimiento de las artes visuales, de la música y de la literatura que tuvo su momento más activo entre la década de los sesenta y los setenta del siglo XX. Se declaró contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se proclamó a sí mismo como el antiarte. Así se funda en 1976 este museo en Los Berruecos dedicado este Fluxus donde llegaron el artista alemán Wolf Vostell (1932-1998) y su mujer Mercedes, que se enamoraron de este paraje natural en un antiguo lavadero de lanas, conjugando arte y naturaleza.

Y si los espacios son importantes, las agendas de los gestores musicales son mejores que las de los políticos que dan el salto a las multinacionales, bufetes o grandes empresas privadas. Si con ella se puede encontrar en un día un barítono para sustituir al previsto, ahí está el contacto (de otras “adversidades” aún me quedan por contar las de la tarde de este primer domingo), y cuando se establecen vínculos casi fraternos con muchos intérpretes, se les convence para que den no uno sino dos conciertos. Así sucedió con Mario Brunello (1960) tras el dúo Yulianna Avdeeeva del pasado jueves que esta mañana dominical lo hacía en solitario con dos de las suites de Bach (las nº 3 y nº1) escoltando a Weinberg.

El maestro italiano ofrecía en este espacio tan singular bajo el título Bach Fluxus IV (identificando el término latino ya explicado) un recorrido entre “la música” y “la vida”, entre Meinn Gott y el siglo XX del perseguido y enorme compositor judeopolaco, en sintonía con el espíritu del museo fundado Vostell. Junto a dos de las suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach, auténticos pilares del repertorio instrumental que Pau Casals rescató del olvido, el italiano Brunello como el catalán italiano está recuperando a Mieczysław Weinberg que merece un sitio propio más allá de su amistad con Shostakovich como ya comentamos en el concierto del jueves. De este “olvidado” e incluso borrado por el estalinismo soviético, Brunello nos interpretó la Sonata nº2 op. 121 (1977) que conjuga lirismo y dramatismo, felizmente hermanado en este mediodía dominical.

Tras unas palabras en italiano perfectamente entendibles donde presentarnos las obras, de las suites de Bach que probablemente son de la época de Cöthen aunque se siga investigando su cronología exacta, comenzaría con la tercera en do mayor (BWV 1009) que arranca con el famosísimo Prelude válido en cualquier entorno. Brunello la llevó a su estilo con fraseos propios, intensidades variadas, prosiguiendo con la profunda Allemande que parecía presagiar a Weinberg en cada “danza”, incluso en la Sarabande aunque la Gigue de aires gaiteros abría cierto tono festivo.

Pero los movimientos de la Sonata 2 de Weinberg ponía un nudo en la garganta, compuesta casi el mismo año en que se inauguraba este Museo y rodeada de muchas obras tan expresivas como esta sonata para violonchelo que la acústica también favoreció. Brunello siente cada nota, cada frase, estados de ánimo que como decía Bach es “la música” pero Weinberg es “la vida”. Las notas al programa se titulan “Tradición y modernidad” aunque yo invierta el orden, y en ellas se disecciona el programa. Del compositor remarca una vida marcada por el Holocausto, el exilio, su cercana amistad con Shostakovich (que le salvaría la vida en plena persecución estalinista), y destacando que es un compositor clave no sólo de música de cámara, también de sinfonías y óperas con un catálogo inmenso que se está “sacando del olvido”, y esta Sonata op. 121 pertenece a un ciclo de cuatro para violonchelo solo. La analizan de la siguiente manera:

“Tras un inicio introspectivo del Andante inicial con un tono de soledad casi meditativa, el Allegro siguiente irrumpe con fuerza, con un ritmo trepidante, lleno de energía y contrastes que desemboca en un Adagio donde el tiempo queda suspendido con un canto sencillo y directo del violonchelo creando una atmósfera entre melancólica y resignada que tanto caracteriza a Weinberg. La obra se cierra con un movimiento más ligero, con algunos guiños al folclore judío y a Bach, para concluir de forma solemne en un final que se desvanece poco a poco buscando de nuevo el sosiego del Andante inicial”.

La interpretación de Brunello fue poderosa e introspectiva, desgarradora pero llena de esperanza, amplísima en unas dinámicas con todas las técnicas del instrumento que en momentos dados hicieron soltarse el arco o arrojar la sordina violentamente al suelo para no perder un discurso que el italiano siente tan ruso como el compositor, y que obtuvo el premio Tchaikosky en 1986. El público, que agotó las plazas del museo, premió en pie con una atronadora ovación la entrega y emociones de esta sonata.

Tras el dolor viene el perdón de “dios Bach” y la primera de las seis suites, como el vermut al desayuno diario de Casals a lo largo de toda su vida a partir de los 48 años en que realizó la primera interpretación en público y llevarla al disco para convertirse en una referencia absoluta y todo un reto para los violonchelistas desde entonces. Mismas “danzas” que en la tercera que abría la velada (salvo el cambio de la Bourrée por ell Menuet) y otra lección del italiano que si desde el piccolo nos asombró en Granada, con el del siglo XVII del luthier Giovanni Paolo Maggini con una hermosa voluta tallada en forma de cabeza redondeó este Bach Fluxus antes de otra cálida, merecida y larga ovación, dejándonos un regalo de Gaspar Cassadó (Barcelona, 1897 – Madrid, 1966), alumno por muchos años de Casals en París, también amigo de Falla, Casella o Ricardo Viñés, residiendo desde 1923 en Florencia por sus amores con Guilietta Gordigiani y un dúo que triunfó incluso en los EEUU. Brunello nos lo “devolvió” con el mismo y reciproco amor en un sentido Intermezzo y Danza Finale de la Suite para Cello solo. Hora y media de profundidad interpretativa, magisterio en el instrumento y emociones a flor de piel, en esta coproducción con el Museo Vostell –como en las anteriores ediciones–, en una forma de que el concierto subraye la vocación del Festival Atrium Musicae de llevar la música a escenarios singulares y de establecer vínculos entre tradición y modernidad.

Aún quedaba el concierto de la tarde en el Gran Teatro, que es otro capítulo para el blog… Lo dicho, ¡CONTINUARÁ!

PROGRAMA:

Bach Fluxus IV
Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Suite para violonchelo n° 3 en do mayor, BWV 1009 (1717-1723):

Prelude – Allemande – Courante – Sarabande – Bourèe 1&2 – Gigue

Mieczysław Weinberg (1919-1996)
Sonata para violonchelo n° 2, op. 121 (1977):

Andante – attaca / Allegro / Adagio – attacca / Allegretto – Lento – Adagio

Johann Sebastian Bach
Suite para violonchelo n° 1 en sol mayor, BWV 1007 (1717-1723):

Prelude – Allemande – Courante – Sarabande – Menuet 1&2 – Gigue

Contrafacta dorada

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 10:15 horas: Iglesia de Santiago. El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz): Contrafacta. Obras de Victoria, Donati, Palestrina, Pärt, Rheinberger y Whitacre. Fotos propias y de Sandra Polo.

Quienes me conocen saben que soy un ferviente “leónigan” y si en la mañana del sábado sacaba pecho presumiendo de este coro de mi tierra, con casi 30 años de trayectoria, muchos premios internacionales (y no solo nacionales), pero sobremanera con una cantera que hace de este proyecto algo único y vivo, escucharles de nuevo y en solitario, dominando repertorios tan variados y a la vez tan bien ensamblados, me hicieron “engordar de orgullo” ante mucha parte de un público con el que estamos coincidiendo en este festival tan intenso y casi maratoniano (ya conocemos a Don Antonio), pero con un éxito arrollador que respondió a esta oferta de la que aún me queda mucho por contar.

Marco A. García de Paz presenta este Contrafacta explicando que es “un viaje sonoro que atraviesa los límites del tiempo, el estilo y la tradición, deteniéndose en un fenómeno fascinante de la historia musical: la capacidad de una obra para transformarse en otra sin perder su esencia”, y por ello contrafactum que es la práctica de reutilizar una música ya existente aplicándole un nuevo texto, algo tan histórico pero igual de vigente. El León de Oro (LDO) tiene muy trabajadas gran parte de las obras que cada temporada aunque vayan incorporando repertorio no almacenan ni archivan mucho, con la oportunidad de poder armar conciertos como este matutino que abría el 5º día del Atrium Musicae.

Diálogos entre el Victoria genético de “los leones” (no me canso de recordar a P.P.) con el italiano Lorenzo Donati (Arezzo, 1972), música actual de enorme dificultad en afinación con disonancias exigentes para cualquier coro y que LDO lleva años siendo referente en estos aspectos, tres parejas que conviven en calidad y emotividad. Otro tanto con Palestrina y Arvo Pärt en el Nunc dimittis, e incluso con Josef Gabriel Rheinberger en el Kyrie, todos ellos en el archivo mental (también digital y coral) de estos leones ya desde cachorros y que Marco refresca emparejando mundos como sólo él acostumbra.

Y el cierre nadie mejor que la pareja Victoria-Whitacre, el Sanctus de la Missa Salve Regina con el Sainte-Chapelle jugando como siempre con distintas ubicaciones de las voces, dobles coros, siempre equilibradas, matizadas, unas sopranos celestiales y unos bajos verdaderos (nada de barítonos con años), para completar este edificio sonoro sumando unas contraltos y tenores para armar otro templo coral que mueve pasiones fuera de las fronteras astures.

No importa el horario ni la climatología, si el sábado LDO con la Schola Antiqua asombraron, por separado y arrancando febrero volvieron a llamar a un público abierto de mente (y de oído) “comulgando” solo con la música bien interpretada por dos coros que mantienen la esperanza en el mundo coral.

Casi sin tiempo había que irse hasta Malpartida de Cáceres con el segundo concierto a las 12:30… pero como en los seriales y desde este blog

CONTINUARÁ…

PROGRAMA:

Contrafacta
Tomás Luis de Victoria (1548-1611)
O vos omnes
(SSAT)
Lorenzo Donati (1972)
Davanti alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Tenebrae factae sunt (SSAT)
Lorenzo Donati
Dentro alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Caligaverunt oculi mei (SATB)
Lorenzo Donati
Oltre le tenebre

Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594)
Nunc dimittis (SATB + SATB)
Arvo Pärt (1935)
Nunc dimittis

Giovanni Perluigi da Palestrina
KyrieMissa Papae Marcelli (SATTBB)
Josef Gabriel Rheinberger (1839 – 1901)
Kyrie – Cantus Missae

Tomás Luis de Victoria
SanctusMissa Salve Regina (SSAB + SATB)

Eric Whitacre (1970)
Sainte–Chapelle

P.D.: Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la noche del 6º día de festival, aún no estaban disponibles) pero las añadí cuando las tuve ya de madrugada.

Medianoche cacereña de meditación

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Sábado 31 de enero, día 4 del Festival Atrium Musicae. Concatedral de Cáceres23:55 horasSchola AntiquaJuan Carlos Asensio (director). Las vigilias de Santa Maria a través de la música medieval. Fotos propias.

Cerrando un intenso cuarto día de festival y entrando en febrero llegaba otro concierto de los que hacen mella hasta en el más agnóstico y ateo. Si en esta misma catedral en la mañana los asturianos de El León de Oro unían fuerzas con la Schola Antiqua para un monumental Oficio de Difuntos, febrero arrancaría con ellos “desgajados” pero igualmente dignos de reseñar.

Llenar a medianoche la Concatedral da buena señal para seguir programando en esta línea y si las obras elegidas, como bien explicó Juan Carlos Asensio tras el Ad procesionem lliteral, y la Antífona Nativitatem hodieram mirando al altar mayor, eran casi un relato musical del Retablo Mayor de Santa María, organizado en siete episodios paralelos a las tallas de del siglo XVI realizadas por Roque Balduque y Guillén Ferrant, ambos maestros muy reconocidos, resultando un ejemplo muy característico en el Renacimiento Español y carentes de policromía, siendo los cantos llanos más alguno a dos y 3 veces quienes llenaron de color esta primera noche de febrero, con obras de los propios Cantorales cacereños de la Concatedral y los monasterios de Guadalupe y Yuste, sumándose el burgalés Códice de Las Huelgas o el Libre Vermell de Montserrat, verdaderas fuentes de una música que si en la mañana nos dejaron en el siglo XVII, en la medianoche nos detendríamos en el Medievo.

Una hora de meditación bajo el título de “Ad Matutinum, In Nocturnos”, centrado en la música destinada a los rezos nocturnos, sobriedad de unas obras realzadas por el propio templo y la singularidad del horario. Juan Carlos Asensio nos dejó unas excelentes notas en el programa de mano, no accesible pero que quiero dejar íntegras aquí:

Devoción mariana

Durante toda la Edad Media, la liturgia ha consagrado una importante parcela al culto a la Virgen. Desde los primeros repertorios pregregorianos hasta las elaboradas polifonías del Ars Subtilior, las músicas en honor de María han tenido una presencia activa en las celebraciones cristianas. Por ello, Schola Antiquaha querido consagrar el programa del presente concierto dentro del IV Festival Atrium Musicae a la advocación de la Concatedral de Cáceres, Santa María, siguiendo con la monodia y las primitivas polifonías medievales, el itinerario de la vida de la titula de la seo de la ciudad. Desde la Natividad hasta la Asunción a los cielos y la posterior Glorificación, efectuaremos un recorrido a través de algunas melodías gregorianas extraídas de los cantorales de la propia catedral y de la colección dee los libros de coro jerónimos de Guadalupe y Yuste. El propio canto gregoriano se verá completado con obras polifónicas de manuscritos españoles pertenecientes a los periodos del Ars Antiqua y del Ars Nova (ss. XII-XIV), algunos de ellos como el Códice de Las Huelgas o el Libre Vermell de Montserrat de clara vocación mariana. Los responsorios y antífonas de los maitines o vigilias –Ad Matutinum-constituyen el hilo conductor que se completará con otras piezas tanto de la Liturgia de las Horas como de la Misa aprovechando este contexto peculiar, no litúrgico, pero sí revelador de la importancia que la música tuvo en el culto divino de devoción mariana.

Las 13 voces del excelente grupo especialista en el canto llano, Schola Antiqua, dirigido por Juan Carlos Asensio, siguen manteniendo viva una música que alejada de conventos o monasterios y en pleno siglo XXI casi se convierten en Patrimonio Inmaterial, voces sobras, expresivas desde la solemnidad, uniendo la belleza de algunas de esas voces además del director ejerciendo de solista, caso de uno de los tenores.

Si los diferentes ocho modos (herederos de los griegos y precursores de los solamente dos que desembocaron en la tonalidad del Barroco) sirven para subir o bajar las tesituras, además del propio carácter propio a cada momento del año litúrgico y al texto en el latín oficial, el primer motete a 3 voces demostró el mismo empaste que en la monodia, y aún mejor las caccias del códice de Montserrat, bien ubicadas en el programa y que cerrando los ojos eran de una homogeneidad en emisión y color que solo con el “duro entrenamiento” en el canto llano se alcanza.

Una hora de tentaciones sensoriales, sobre todo al oído, pero con la penitencia horaria y la absolución musical de la Madre de Dios siempre piadosa y amantísima.

Una noche que nos llevaría ya hasta otra histórica iglesia cacereña. Como en las series o culebrones ¡CONTINUARÁ!

P.D.: Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la mañana del 6º día de festival, aún no disponibles pero las añadiré cuando las tenga).

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