Inicio

Mayúsculos Cuartetos menores

3 comentarios

Martes 18 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola), Helena Poggio (celo). Obras de Haydn y Brahms. Entrada libre.

En su cuenta de Twitter© el Cuarteto Quiroga escribía «500pers aforo completo y una cola con cientos fuera sin escucharnos. Luego dirán q la música de cámara es minoritaria«. Qué más se puede decir del concierto probablemente más esperados de este verano carbayón, algo nunca visto en cuanto a la expectación generada desde su anuncio, porque todos sabíamos que estábamos ante un acontecimiento que triunfa allá donde va, sinónimo de éxito y además en Oviedo ¡gratis!. Porque este cuarteto se le siente como nuestro aunque sólo sea una cuarta parte, la conexión asturiana no es «madreñismo» sino auténtica sinergia desde Llanes hasta Oviedo y un placer poder deleitarse con esta cuadratura del círculo, pasar del Palacio Real al Arqueológico, un cuarteto mayúsculo, casi hercúleo, que afrontó dos obras en modo menor, dos muestras de la excelencia que «El Quiroga» domina de principio a fin, Haydn, el padre del cuarteto, y Brahms, el alumno aventajado, dos momentos, clasicismo y romanticismo, para cuatro magníficos que funcionan como unidad total.

Soy muy dado a buscar paralelismos y no cabe duda que el mejor para hoy es el piragüismo, de hecho nuestra tierra presume de olímpica y universal en este deporte, esta vez en el llamado K4, auténticos campeones individuales que comparten embarcación para remar en perfecta sincronía, respirando al unísono y alcanzando triunfos allá donde compiten, tal es el grado de perfección y entendimiento de una formación que sólo el tiempo, y llevan más de diez años juntos, es capaz de elevar a estas cotas de trabajo permanente. El gallego Cibrán Sierra ha publicado el pasado noviembre un libro titulado «El Cuarteto de Cuerda: laboratorio para una sociedad ilustrada» (Alianza Editorial), casi un manual desde el que comprender esta formación en proceso inverso, casi de retroalimentación de la práctica a la teoría, la historia que nos ayuda a entender mejor y sin olvidar que para muchos de mi generación -y anteriores- supuso el itinerario previo necesario para alcanzar cotas mayores. Así entiende, tal como (d)escribe el cuarteto la música que interpretan desde el conocimiento profundo como docentes y ejecutantes, en una una embarcación que les está llevando por todo el mundo con la calidad como bandera. Ésta es la verdadera «Marca España», un asturiano, un gallego, un valenciano y una madrileña, capaces de acallar bocas con los hechos, la música de cámara con mayúsculas, accesible, popular y embriagadora para todos, moviendo masas en pleno verano carbayón.

El Cuarteto de cuerda en sol menor op. 20 nº 3 (Hob, III. 33) de Haydn es todo un catálogo de sensaciones y el mejor inicio en el mundo camerístico por excelencia, piedra de toque con la receta sempiterna a partir de entonces de los cuatro movimientos, el banco de trabajo y «laboratorio» para experimentar, un Allegro con spirito donde las cuerdas coquetean con un sustento claro del cello, el Menuetto (Allegretto) de evocación barroca por lo danzante y verdadera maravilla polifónica, riqueza de matices posibles desde la sutil limpieza de cada integrante del cuarteto, el extenso Poco adagio de lirismo intrínseco para paladear todos los registros sumados en empaste casi paradisíaco, pianísimos que cortaban el aire (hoy sin apenas interrupciones), silencios dramáticos preparatorios de cada frase con un cello «cantabile» poderoso pero nunca hiriente, acunado por sus tres compañeros de viaje, y el Allegro molto como guinda de un manjar, evolución sin involución sonora pues escuchar perfectamente a los cuatro sin perder unidad es la aspiración de toda la música en conjunto, siendo el cuarteto la mejor manifestación de ello y el elegido auténtica «prueba del algodón».

Brahms pide, exige más como conocedor de sus antepasados y admirador de Beethoven, el Cuarteto de cuerda en do menor, op. 51 nº 1 explora sonoridades, conjuga pizzicatos y arcos, trabaja la melodía en los cuatro instrumentos, da protagonismo desde la colectividad y lo impregna de sentimientos aún más elevados, contrastes y evolución sin revolución: Allegro, tensiones marcadas, sinceridad interpretativa, respeto a cada duración, a cada momento, progresión de cuatro elementos en todas sus combinaciones, sin excesos ni decaimientos; Romanze. Poco Adagio, el más brahmsiano posible, cantabile a más no poder, romanticismo en estado puro y más que el experimento sinfónico la cercanía de lo máximo con lo mínimo, complicidades en todas y cada una de las cuerdas vibrando y cantando como una para alcanzar el timbre celestial cargado de todo el sentimiento posible; Allegretto molto moderato e comodo, el mundo en miniatura, la mínima expresión para el mayor placer, la línea eterna en los extremos dinámicos sin perder plasticidad ni belleza, música cada vez más actual y cercana, conjugando punteo y arco en feliz mezcla tímbrica, para alcanzar el Allegro final que nos sumerge en la angustia, tortuoso, grave, profundo, punzante pero no hiriente, de pulsación vital, respiraciones a una, fraseos prodigiosos, sumas sin restar, multiplicación sonora y sin división de opiniones porque el resultado global te deja vencido ante tanta música directa al estómago, siempre «Brahms con sentido Quiroga».
De menores sólo las modalidades, mayúsculos los cuartetos y gigantesca la interpretación, no podían acabar sino con «un mayor» Haydn, el último movimiento del Op. 20 nº 4 para retomar el vuelo hacia las luces sin sombras.

Sin descanso veraniego

1 comentario

Jueves 13 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Auditorio Príncipe Felipe: Damián Martínez Marco (cello), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Joaquín Martínez de la Roca (1676-1747), Schumann y Beethoven. Entrada: 6 €.

Los equipos de fútbol tras las breves vacaciones una vez finalizadas las competiciones y debiendo mantener el estado físico incluso fuera de la temporada, comienzan la preparación de la siguiente jugando partidos amistosos, triangulares e incluso torneos, lo que se llama la pre-temporada que sirve para dar minutos a los llamados reservas o jugadores de los filiales, engrasar el juego conjunto, probar fichajes, mejorar el entendimiento con el entrenador y todo lo que confluya en una competición de alto nivel a partir del inicio de lo que prefiero llamar Curso 2015-16.

Los músicos, como los deportistas, no tienen vacaciones nunca porque la exigencia es diaria y lo decía incluso el propio Casals: «Si un día no ensayo me lo noto yo , si son dos me lo nota el público«. Y las orquestas, al igual que los equipos, también necesitan su pretemporada, por lo que podemos tomarnos estos conciertos de la orquesta local con su titular cual dura preparación ante un intenso y nuevo curso escolar.

Pese a la coincidencia de actividades dentro de este festival carbayón para un desapacible jueves como los Bailes del Bombé o el espectáculo de danza «E Coreográficas Asturias ’15» en el Teatro Campoamor, que además eran gratis, el auditorio hoy de pago simbólico tuvo una excelente entrada y un comportamiento del público acorde a lo esperado. El programa elegido fue como enfrentarse a rivales de distinta entidad, con invitado de lujo y una OFil aún algo destemplada y falta del ritmo de partido, que fue calentando a lo largo de los noventa minutos «de partido» sin descanso, sentando en el banquillo a varios titulares, hoy Marina Gurdzhiya de concertino, cambiando posiciones pero dando minutos a los no habituales que reforzarán la plantilla más de una vez la larga temporada.

Dedicado a la memoria de la madre de Marzio Conti, fallecida el pasado martes 11, el concierto se abrió con el maestro sentado (sigue con problemas físicos, unidos a un estado anímico que no restó profesionalidad alguna) con una formación casi camerística para estrenar parte de Los desagravios de Troya del compositor zaragozano del barroco Martínez de la Roca aunque sin la presencia vocal pero a fin de cuentas música escénica en una comedia casi simbólica dentro de una producción mayormente religiosa, zarzuela de estilo italiano con protagonismo del trompeta principal Juan Antonio Soriano y donde no faltó el continuo a cargo de Bezrodny, página que recordó el auge de castrati como Carlo Broschi «Farinelli», un verdadero fichaje galáctico de Felipe V para la corte española de entonces. Buen calentamiento la música barroca española que no pasa de moda y debería ser más habitual en los conciertos porque hace afición y es agradecida siempre.

El plato fuerte vendría con el cellista Damián Martínez Marco en el muy escuchado Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, opus 129 (1850) de Schumann, que puso sobre el césped los desencuentros a la hora de concertar de la plantilla, algunas entradas a destiempo sin llegar a la tarjeta, falta de tensión e implicación que se fue corrigiendo a lo largo de los tres movimientos sin pausa de una de las joyas escritas para cello y orquesta donde el solista apostó por sonoridades cercanas aunque fraseos menos claros, el Nicht zu schnell destemplado en todos, costando arrancar y coger ritmo, mejorando en el Langsam que siempre permite el lucimiento de la figura, arropado por un ya erguido Conti aunque los hermosos «pizzicati» estuvieron algo faltos de presencia, y el Sehr lebhaft con cadencia incluida que trajo mayor entendimiento, un buen «tiki taka» agradecido pero falto de contundencia sonora, dejando un resultado aceptable pero corto en expectativas.

Una figura como Damián Martínez no podía abandonar sin una propina a su altura, por lo que la «Courante» de la Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 de Bach era lo menos, tampoco muy sentida para una afición no habitual que disfruta siempre con estos regalos de talla.

El tramo final nadie mejor que Beethoven y la no muy escuchada Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 36 (1803) manteniendo teorías sobre las pares e impares, pero ésta junto a la cuarta son casi rarezas poder encontrarlas en nuestros partidos caseros pese a la grandeza sinfónica ya pergeñada del genio de Bonn, que parece semejar en vigor y temperamento el Mozart de Don Giovanni, transición del Clasicismo al Romanticismo, apareciendo ya el «scherzo» que suplirá al «menuetto«, sinfonía par esta segunda bien entendida por Conti en plena forma y sin necesidad de papeles, exigiendo a todas las secciones que fueron de menos a más para rematar una intervención notable.

El inicial Adagio molto – Allegro con brio logró más seguridad en el viento (bien la flauta de Juan de Nicolás) que la cuerda, algo coja y afianzándose según va creciendo hasta arrancar el aplauso inesperado pero agradecido, síntoma de la emoción incontenida. El Larghetto es la elegancia de los movimientos lentos beethovenianos, dramatismo que orquesta y maestro transmitieron con buen gusto y sonoridades más equilibradas, pero aún sin garra. El Scherzo: Allegro sube la velocidad y exigencias a todos los músicos, centrados y con los músculos entonados, puede que todavía sin la intensidad del final de la temporada pasada pero convencidos, buscando luminosidad más que lucimiento con un tempo casi «allegretto» en pos de la seguridad. Y había que echarlo todo en el Allegro molto final, ritmo apoteósico y fuerza orquestal nunca vista hasta entonces, el Beethoven rompedor e innovador usando una forma no muy estricta de rondó, al fin los violines presentes dada la obsesión mostrada por el compositor en este movimiento, el trío de contrabajos al límite de intensidades desde el pianísimo, la frescura de las maderas con las trompas ya confiadas, verdadera entrega total y disciplinada a un Marzio Conti que se movió cómodo y confiado en esta perla cultivada llena de brillo.

Aún queda «pretemporada» pero el de hoy no fue entrenamiento ni pachanga, menos un amistoso con rivales inferiores, sino un partido exigente y primera toma de contacto con la realidad que se avecina. Plantilla y calidad hay para afrontar una larga y dura temporada.

Talento también en verano

1 comentario

Miércoles 12 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: Dúo In Extremis: Andrés Fernández (oboe) y Omar Majbour Navarro (piano). Obras de Schumann, Gilles Silvestrini (1961), Tchaikovsky y O. Majbour (Oviedo, 1983). Entrada libre.

Concierto original con estreno incluido del pianista, director y compositor carbayón, organizado de forma cíclica donde no faltaron las correspondiente intervenciones a solo de dos músicos de casa que “in extremis” lograron evitar más fugas de un público veraniego mal educado que acude a ciegas y sin respeto por nada. Menos mal que sólo queda en anécdota pues todo estuvo bien trabajado y ejecutado por un dúo joven con mucho que decir en el difícil terreno de la música.

Schumann abría programa con Tres romanzas, op. 94, tres originales «lieder» sin palabras para la voz del oboe de timbre no siempre nasal, mientras el piano mantuvo y compartió protagonismo arropando melodías, Nicht schnell bien fraseado arropado por un teclado romántico, intenso Einfach, innig, «sencilla y ardorosa», simplemente íntimo pero con fuego, y la última Nicht schnell llena de intensidades y poesía instrumental.

Del oboísta y compositor francés Gilles Silvestrini pudimos escuchar dos lienzos distintos pero de «pinceladas maestras» donde Andrés Fernández jugó con una amplísima y virtuosa paleta de unas partituras con variadas reminiscencias, explorando sonoridades extremas de un instrumento siempre melódico, más de lo esperado a solo: De los Seis cuadros para oboe solo, el nº 2 «Potager et Arbres en Fleurs, Printemps Pontoise», el cuadro de Camile Pissarro primaveral árbol en flor como inspiración de expresividad máxima, incluso espacial en la búsqueda de colores plenos más allá del impresionismo, proyectando el sonido en las dos alas del claustro, ligero, de acento ruso y extremista sin perder expresión para todo un recital de oboe, y tras el estreno comentado, el nº 8 «Le Ballet Espagnol de E. Manet«, cuadro lleno de luz para un nuevo lucimiento solista, ese baile español que me trajo recuerdos de viajes, rumores de la caleta malagueña de Albéniz, expresividad desde la exploración tímbrica de tintes mediterráneos con pellizco flamenco de Alhambra orientalista como la de nuestro Falla, momentos sonoros cercanos al corno inglés ante un registro grave muy compacto, auténtico muestrario de notas extremas cual arco violinístico para semejar dos voces sin perder sentido melódico, verdaderos lienzos maestros con el pincel del oboe de Andrés Fernández.

Omar Majbour eligió para su intervención solista nada menos que a Tchaikovsky, sinónimo de melodía y sentimiento musical, Tres valses para piano que recordaron parte de los ballets sinfónicos del ruso, contrastes de género y tiempo, el opus 39 nº 9 masculino y quasi orquestal, ligero de ritmo bien marcado, la feminidad «sentimental» opus 51 nº 6, introspección menos bailable por el «rubato» que buscó y contagió todo el intimismo de esencia chopiniana, con una mano izquierda que semeja los violonchelos llevando el peso melódico mientras la derecha alza el vuelo cristalino, para volver a la fortaleza en pareja del opus 40 nº 8 por carácter e interpretación, sinfonismo del teclado en blanco y negro en bailarines de salón y puro romanticismo. Muy buena ejecución del pianista ovetense antes de enfrentarse a su estreno.

La Fantasía para oboe y piano, op. 8 del propio Omar Majbour conjuga parte de lo escuchado en el resto del concierto, conocedor del lenguaje del oboe, dominador de la escritura pianística para pasar del acompañamiento al solo en una obra “ad hoc” de plena actualidad. Tiene tintes franceses como los cuadros de Silvestrini, armonías ricas, un completo y variado discurso más allá del lucimiento del viento, que lo tiene, juegos de notas extremas y disonancias sin perder nunca el sentido melódico característico del instrumento «solista», cargas expresivas a base de amplios reguladores y tiempos contrastados, más silencios subrayando un expresionismo cercano. Interesante obra y ejecución de este dúo “in extremis”. Como en cada estreno suelo tomar notas según voy escuchando, aquí las comparto:

Arranca el oboe solo contestado por pinceladas del piano a base de acordes en melodía tranquila antes de desarrollar un tema de aire ruso por fraseo y acompañamiento, ganando en intensidad y tiempo de forma simultánea para un segundo tema jugando en unísonos, notas cortas y silencios, stacatos en ambos protagonistas y un remanso pianístico solo preparando el tercer tema casi oriental y variando el primero, momentos «ad libitum» antes de un puente del piano que retoma el tempo lento de fraseo muy melódico por parte del oboe, escritura muy clásica con los rellenos armónicos del piano donde no faltan notas pedales que engrandecen una sentimental melodía. Prosigue esta fantasía con un crescendo y tempo agitado a base de arpegios y trinos desembocando en un lento y brillante tema de aire francés con unos graves en el piano que contrastan tímbricantemente con el oboe y caminan juntos hacia un final sin excesos, mínima pausa con e silencio subrayando el vivo y aumento dinámico hasta un seco y concluyente fortísimo.

Tras el ya comentado segundo cuadro del oboista francés, se cerraba el círculo virtuoso con el Adagio y allegro op. 70 de Schumann, perfecto principio y final, auténticas «romanzas sin palabras» del Leipzig de Félix y Robert, el “lied” lento de verbo abstracto y claro seguido del “allegro” final tortuoso y brillante, cascada sentimental de protagonismo compartido en el más puro romanticismo alemán.

Las dos propinas fueron muy del gusto de cualquier melómano por lo conocidas: un respetuoso arreglo del Nocturno op. 9 nº 2 de Chopin, aquí con el oboe llevando toda la melodía y el piano original sin ella, para degustar todavía más del placer y dolor romántico, más el Summertime de Gershwin interpretado y sentido como un canto del siglo XX en el lenguaje americano que perseguía el llamado «Chopin de Broadway», aquí despojado de jazz, perfecto entendimiento de un joven dúo sobresaliente ¡y de casa!.

Del público veraniego irreverente y maleducado volver a destacar sus móviles, movimientos ruidosos de sillas, desvergüenza en marcharse sin esperar una pausa entre obras y demás lindezas que mejor no cabrearse ante el incivismo campante de nuestro tiempo. Por lo menos los fotógrafos respetan los tiempos y algunos incluso desactivan el «click» de sus cámaras digitales, marchando a las redacciones al finalizar los intérpretes. Supongo que algo de complicidad artística hay. Todavía queda mucha música de verano en Oviedo, y en las de pago espero no pasar vergüenza ajena.

P.D. 1: Dejo la crónica de N. Hermida en LNE del 13 de agosto.
P.D. 2: Dejo mi crítica en LNE del 14 de agosto.

.

Vientos tañendo a rebato

1 comentario

Martes 11 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María la Real de la Corte. Festival de Verano Oviedo 2015: AUDI ALTERAM: María Martínez Ayerza (flautas), Petri Arvo (bajón y flautas), Petros Paukkunen (órgano). Obras de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, Francisco Correa de Arauxo, Jan Pieterszoon Sweelinck, Aurelio Virgiliano, Bartolomeo de Selma y Salaverde, Pierre Regnault Sandrín / Diego Ortiz, Michelangelo Rossi, Carlo Gesualdo y Tarquinio Merula. Entrada libre.

La crisis bancaria abolió en 2013 sin más explicación ni disculpas el Festival de Órgano «CajAstur» de Asturias, una cita para los amantes del llamado instrumento rey durante los meses de mayo y junio que llevaba nada menos que ¡23 años!, rompiendo un apoyo que alcanzó numerosas manifestaciones culturales, siendo las musicales las más perjudicadas y echando por tierra los esfuerzos de muchos implicados en mantener nuestro Principado como referente en los circuitos internacionales, quedando conciertos sueltos en Covadonga con su ciclo de verano que llega éste al séptimo año, la Semana de Música Religiosa de Avilés, XXXVIII ediciones en la pasada Semana Santa, o muy puntuales en los grandes órganos del patrimonio asturiano. No me sirve de consuelo ver que León tras el titánico trabajo en alcanzar financiación para el nuevo órgano de su Catedral, y con 32 ediciones de su festival, también se haya quedado estancado ante el desinterés político e institucional (salvo el ciclo Bach del INAEM a través del CNDM) y parece quedar luchando contra todo el Festival de Órgano Ibérico de Palencia, en los históricos instrumentos de la Tierra de Campos.

Oviedo viene a paliar el desaguisado y barbecho organístico (entre todos mataron y él solo se murió), quedándose en una simple agonía porque cada verano recupera parte de este legado, estando presente algún concierto como el último al que asistimos, con un nuevo lleno «pagando» incluso la misa previa en La Corte, la antigua iglesia del monasterio de San Vicente, el mismo del Padre Feijóo que preside la plaza, y cuyo claustro acoge hoy el Museo Arqueológico, sede de la mayoría de conciertos veraniegos, una iglesia restaurada en el XVIII que tiene el mejor órgano ovetense y una de nuestras joyas (junto al de Puerto de Vega), instrumento barroco (1705) “mudo” desde 1950, restaurado por Grenzing en 1988 cuando quedaba dinero para casi todo, y que si pudiese hablar daría para muchas y variopintas historias de muerte y resurrección musical con Moisés casi patrono por «salvado» de las aguas en 2003.

El trío Audi Alteram en gira española que les llevará el jueves 13 al Festival de Santander y el sábado 15 hasta Cuenca, es una formación hispanofinesa que se encuentran en Amsterdam, aún capital de la música antigua, audi alteram … Las piedras y los árboles movía para titular su concierto «Música para un mundo cambiante», y así resulta, cambiante y sabia conjunción de soplo mecánico en el órgano ovetense tañido por Petros y el humano de su compatriota Petri al bajón y flautas, más la española María Martínez, todos de amplio recorrido y experiencia en estas músicas instrumentales esta vez centradas en el «seicento», alcanzando momentos de empaste con el órgano de unidad tímbrica todavía más enriquecedora, a lo largo de diez piezas (hicieron dos de Sweelinck). Las notas al programa que dejo arriba, hablan de su nacimiento para promover el Stylus Phantasticus, estilo de música instrumental del siglo XVII que se caracteriza por utilizar una variada paleta expresiva, grandes contrastes y una libertad compositiva insólita hasta el momento, gracias a que desde 1600 los instrumentos encuentran su propio vocabulario independiente del vocal, lleno de virtuosismo, trinos, acentos, escalas, cromatismos… y así resultó cada obra, alguna adaptada por y para esta formación de vientos, que como su nombre latino, «escucha a los otros».

El siglo XVII resultó revolucionario también en la música y las artes plásticas por un efecto dramático que rompe con la simetría y el equilibrio renacentista y deja paso a las emociones «desde el sufrimiento extremo o la alegría más desbordada», seña de identidad en cada pieza donde alternan grandes maestros de la música instrumental con obras para órgano tituladas de “durezze e legature” como llamaría Frescobaldi, traducido a esta música como «disonancias y suspensiones», alternancia de acordes puede que «duros» para entonces, hoy más placenteros por educación y tiempo, con armonías placenteras que expresan contrastes preparatorios del barroco pleno, dolor y serenidad como pilares emocionales.

A destacar cuánto cuidó el detalle en toda la gama de registros del órgano ovetense Petros Paukkunen, sabedores de la dificultad que tiene hacerse con un instrumento único, sabiendo elegir los adecuados para ser capaz de confundirse con las flautas y bajón (fagot barroco) de su compatriota que tuvo su protagonismo cual ministril de tantos templos, mezcla perfecta de lengüetas mecánicas y humana, y las flautas dulces de la conquense María Martínez, combinadas en obras para demostraciones virtuosísticas por parte de los tres intérpretes donde no faltó elegancia ni musicalidad, presencia clara de la emancipación instrumental a partir de 1600 frente al dominio vocal: trinos, acentos, escalas y cromatismos de todo tipo resueltos con excelencia.

Variados compositores para un concierto de autores variados comenzando por la Sonata quarta: La Castella de Pandolfi Mealli, una «sonate à violino solo, per chiesa e camera» de tres movimientos donde aparecen los contrastes antes mencionados, en versión para órgano y dos flautas en subidas y bajadas dialogadas con solos intermedios de la tecla desde registros similares capaces de confundir a oídos inexpertos, para seguir con nuestro Correa de Arauxo y su Tiento de dos tiples de séptimo tono básicamente flautas, arreglo para órgano y flautín antes de la incorporación de la segunda flauta contralto al final de esta obra con tintes virtuosos rica en disonancias, como la mayoría de formas elegidas, .

El órgano solo llegó con la Fantasía (contraria) en sol, SwWV. 270, S. 3 (g1) del genio Sweelinck, nueva lección de Petros Paukkunen y sabia elección de registros de menor a mayor dinámica según avanzaban las variaciones, incluyendo la trompetería que aguantó sin problemas de afinación en un derroche sonoro y virtuoso. Del mismo compositor hicieron una nueva obra para «canto e basso» donde se conjugaron órgano, flauta y bajón con alguna dificultad de afinación de éste con la tubería homónima, especialmente en los pasajes agudos, que no sucedió con la flauta soprano siempre atinada y empastada con el padre organístico.

Crecida la flautista y profesora española en Londres nos dejó un impecable Ricercare de Virgiliano (de Il Dolcimelo), obra solística pleno de recursos al servicio de la partitura, haciendo cantar sola una flauta no ya española sino internacional, trinos imposibles, fraseos vocales y poderío instrumental, virtuosismo en estado puro en todo el amplio registro de la flauta contralto.

Brillante protagonismo de los intérpretes finlandeses en la Fantasía 5 a basso solo (Bartolomeo Selma y Salaverde), tres movimientos más empastados y afinados que en el trío “canto e basso”, con verdadero canto del fagot y contracanto organístico siempre con el registro adecuado para no tapar nunca la doble lengüeta humana con la mecánica, hermanamiento con el bajón gemelo de un compositor referente de los fagotistas.

Igualmente buena mecánica y combinaciones con la flauta baja en la cláusula Doulce memoire de Sandrin que glosase nuestro Diego Ortíz, respetuosas dinámicas del órgano con la piccolo femenina en una hermosísima reinvención remanso de paz que aumentaría en intensidad con la incorporación del bajón nuevamente en difícil afinación que no enturbió la interpretación del trío.

Habiendo órgano no puede faltar la forma por excelencia, Toccata 7 de M. Rossi que trajo un verdadero catálogo de recursos a cargo del organista finlandés, auténtico virtuoso de sonido limpio en ambos teclados, con sonoridades plenas, floreos u ornamentaciones ricas de disonancias contrarias en oposición de teclados y con registros variados y contrastados, demostrando una calidad excelente este joven intérprete corroborada con la Gagliarda del «Príncipe di Venosa» Carlo Gesualdo cual marcha procesional en tubería segura y afinada de contrates variados, trompetas frente a plenos, violones contra tutti que «el resucitado» por Grenzing soportó con la misma seguridad y templanza del intérprete nórdico, solamente frío por nacimiento y realmente fogoso sin quemar naves.

Los danzantes pájaros del dúo de flautas con órgano de la Ciaccona de Merula, perteneciente a las «Canzoni» publicadas en Venecia en 1637, redondearon una completa velada de formas instrumentales para lucimiento de todos, entendimiento de soplo humano felizmente casado con el mecánico, todo un amplio despliegue de recursos musicales que hicieron cantar a los tres vientos, ya que es denigrante el público mal educado al que no le importa siquiera estar en un templo religioso, algo que debe cantarse a los cuatro vientos pese al dicho de «espectáculo gratis, cueste lo que cueste».

 
P. D.: Dejo aquí mi crítica publicada en LNE del 13 de agosto:

.

Piedra y terciopelo

2 comentarios

Jueves 6 de agosto, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Festival de Verano Oviedo 2015: Rubén M. Larfeuil (viola), Kennedy Moretti (piano). Obras de Reger, Brahms, Hindemith y Hummel. Entrada libre.

Diferencias entre un violín y una viola: La viola arde más tiempo, en la viola cabe más cerveza, el violín puede afinarse… y así toda colección de chistes sobre los violas, cierto que los hay de todos los instrumentistas, pero la que podemos llamar hermana del violín se lleva la palma, incluso podemos hacer chanza del propio nombre, prefiriendo nombrar a los constructores de guitarras como violeros, genérico de todos en detrimento del afrancesado «luthier» y puede que la razón por la que en Portugal se llama viola a la guitarra. Toda una evolución del término aunque no del propio instrumento.

No podemos entender el llamado cuarteto de cuerda sin la viola, siempre presente y necesario equilibrio en el amplio rango, capaz de sonar a violín o a violonchelo para «cubrir» los excesos de sus hermanos. Y en la orquesta sinfónica otro tanto, siendo sus intervenciones contadas pero muy agradecidas. Existe mucha literatura para la viola y el concierto del asturiano Rubén Menéndez Larfeuil (1984) se ciñó a lo más representativo. Profesor de la Orquesta de RTVE desde 2009 y recién llegado de Santander donde participó con ella, dirigido por el también asturiano Pablo González, en los conciertos del Festival así como los del Concurso Internacional de Piano Paloma O’Shea, para el programa preparado no se anduvo con concesiones ni limitaciones, al contrario, volvió a darlo todo y con el brasileño Kennedy Moretti, un pianista de repertorio que supuso el perfecto complemento para un concierto completo. Reivindicación del protagonismo de un «secundario», los mismos que en el cine realzan el reparto porque sin ellos la acción no resultaría igual y que  cuando se les exige remontan el vuelo como eclipsando a las llamadas primeras figuras, como de menor renombre, incluso algo olvidados los compositores elegidos en comparación con los llamados genios si es que pudiésemos establecer un listado de categorías, y donde sólo Brahms parece tener el privilegio de figurar en el encabezado de protagonistas eternos.

El claustro del antiguo convento de San Vicente demostró la excelente acústica para estos conciertos, sin necesidad de amplificaciones artificiales, y la viola de Rubén convirtió en terciopelo las piedras que se empaparon de música con un dúo de talento y excelencia para un programa virtuoso. Volviendo al símil cinematográfico «Solo ante el peligro» se presentó Larfeuil para comenzar con la Suite nº 1 para viola sola, en sol menor, opus 131d del alemán Max Reger (1873-1916), para llenar no la pantalla sino todo el museo, un placer sonoro disfrutar la calidez y calidad de la viola en ese emular por momentos al violín y en otros al cello, tal es el espectro del secundario (que no segundón) del cuarteto de cuerda, obra de un auténtico perfeccionista y trabajador que parece utilizar esta forma heredera de Bach, otro enamorado del timbre de la viola. Cuatro movimientos contrastados en discurso y emoción, como piezas independientes que engrandecen a esta «hermana» intermedia: Molto sostenuto sosegado, Vivace luminoso, Andante sostenuto fraseado con delicadeza y Molto vivace poderoso, impares hondos en expresión y pares de maravilla técnica al servicio de la música, con la sonoridad de las piedras multiplicando la sensación de paz que transmitía la viola sola.

Ya con Moretti llegó la profundidad de Brahms (1833-1897) y su Sonata nº 1 en fa menor, opus 120 para poner un primer plano de viola (también en versión con clarinete), acompañada en el sentido amplio del término, dúo de lujo para una obra compleja, con recovecos y exigencias en un largo desarrollo plagado de intensidades para los dos intérpretes, cuatro movimientos ajustados a cada indicación de tempo, cual guión que se haría realidad: Allegro appassionato-Sostenuto ed espressivo, el piano casi orquestal y la cuerda sinfónica en una reducción o cortometraje experimental de obra mayor, Andante un poco adagio cual escena amorosa y contraposición de género, piano masculino y viola femenina, diálogos sabrosos, el toque de humor del Allegretto grazioso que una buena película debe poseer con la alternancia hablada, chispeante y de contagioso ritmo ternario casi vienés concebido por un actor de primera como el hamburgués cuya baja autoestima no le permitió creerse nunca su grandeza, antes de finalizar con un Vivace encajado por el dúo al detalle, protagonistas de un romance tormentoso lleno de emociones musicales en una versión encomiable y personal.

El esfuerzo trajo el necesario descanso para otra proyección o sesión en otro idioma y metraje, realización magistral para argumentos distintos de otro “secundario” como el alemán Paul Hindemith (1895-1963), compositor, musicólogo, violinista y también violista, cuya Sonata nº 4 para viola y piano, opus 11 nº 4 (1919) elige de protagonista a la habitual secundaria, una Phantasie que presentada el piano y contesta la cuerda en feliz evolución que crecerá en el tema con variaciones del siguiente movimiento y el final igualmente variado, para lucimiento violista y virtuosismo pianístico de lenguaje moderno, actual, que explora todo el registro de la hermana del violín, bien apoyada por un piano poderoso y claro alternando planos para una ejecución magistral a dúo, grandeza desde el conocimiento del instrumento tanto del compositor como de los intérpretes, excelente elección y ejecución magistral sin ambages.

Y para terminar nadie mejor que otro secundario de lujo, el austrohúngaro J. N. Hummel (1778-1837), alumno de Mozart, que desde el lenguaje clásico de su maestro alcanza realiza la transición al romanticismo, presente en variadas composiciones para solistas, recordando el famoso concierto para trompeta en mi bemol. Para la viola compone su Potpourri sobre óperas de su maestro y de Rossini, conocida como Fantasía opus 94 convirtiendo la orquesta en piano, versión fresca que la piedra del claustro devolvió sedosa y cercana, resplandeciente como los arcos góticos sobre nosotros, ligereza de la piedra como los arcos en la viola en un saber decir por parte de Larfeuil y Moretti, unos secundarios que actuaron como verdaderos y excelentes protagonistas, indispensables en veladas de cámara tan necesarias como complemento a grandes auditorios, diría que recordándome aquel cine llamado de arte y ensayo de mi juventud, preparación y amplitud de miras para poder disfrutar del llamado séptimo arte en todos los formatos, paralelismo musical que no debemos olvidar.

El público volvió a llenar el claustro pero con el precio de la ignorancia y la mala educación, marchando durante el concierto, sin esperar propinas que aún nos regalaron y se perdieron (gratis total), un arreglo del siempre emotivo Salut d’Amour, op. 12 de Elgar, otro secundario conocido más como música de fondo en documentales de la realeza pero otro compositor imprescindible y protagonista como nuestro dúo.

P. D.: Crítica en La Nueva España del 8 de agosto de 2015:

Malestar pero nada grave

Deja un comentario

Martes 4 de agosto, 20:00 horas. Claustro Museo Arqueológico de Asturias: Festival de Verano Oviedo 2015: Manuel Ballesteros Taboada (contrabajo) e Irina Palazhchenko (piano). Obras de Granados, Falla, G. Bottesini, Chopin, Pere Valls y Piazzolla. Entrada libre.

Nuevo lleno en el Arqueológico para escuchar una propuesta original, por lo inusual, aunque me dejase cierto malestar por conocer al solista desde hace muchos años, sabedor de su enorme carrera y trabajo tanto de solista como de profesor de contrabajo, un músico integral capaz de acercarse a todo tipo de repertorios, pero que esta vez no pareció acertar (con) la compañía, pese a los años juntos, ni tampoco con el programa, habiendo como hay repertorio propio en vez de optar por algunas “adaptaciones vocales” y arreglos donde el registro potente y grave resultó poco cantabile, peor aún si además tiene una amplificación añadida cuando la acústica del Claustro hubiese sido más que suficiente.

El contrabajo no es instrumento solista habitual aunque existan intentos a lo largo de la historia en escribir para él, con verdaderas joyas específicas (al menos escuchamos alguna) más allá de su importancia en la música de cámara o la sinfónica, incluso imprescindible en el jazz y mucha música folklórica, repertorios todos en los que Manuel se desenvuelve sin problemas. Pero es difícil casar su color y afinación con el piano (quienes conocen del tema saben el problema), que además casi nunca estuvo a la altura esperada para una concertista especializada precisamente en acompañar. Noté a disgusto al asturiano, al menos fue mi percepción ya desde el principio del concierto, fraseos poco claros, cambios de octava bruscos, arcos poco ligero y sobre todo la falta de entendimiento con el piano, limitándose diría más a tocar que a interpretar en detrimento de un disfrute por falta de ambos que pienso se transmitió al público. Había mucha música en todas las partituras pero sólo nos llegó una mínima parte, verdadera lástima y cierta amargura por mi parte.

El arreglo para cello y piano del Intermezzo de “Goyescas” (Granados) realizado por Gaspar Cassadó, esta vez con contrabajo, sirvió para calentar motores, claro que intentar reducir el hilo de seda orquestal a la cuerda del contrabajo con acompañamiento de piano es tarea más que ingrata. Reconocible la melodía es decir lo mínimo que podríamos esperar, como podríamos aplicar a las siete «Canciones populares españolas» de Falla, que conocemos de memoria tanto en sus versiones originales para piano y voz (habitualmente soprano / mezzo o tenor) pero también en arreglo con guitarra o adaptaciones para violín, viola o cello, hoy también para contrabajo (creo que en arreglo del maestro vienés Ludwig Streicher) que obliga a esforzarse todavía más para alcanzar el fraseo y tesitura humana que sus hermanos mayores tienen más fácil. Tres de ellas escuchamos en este original dúo: El paño moruno resultó de lágrimas, carece de la agilidad original por mucho que el intérprete intente el fraseo humano doblado incluso con el instrumental del piano; la Asturiana (nada que ver con la «Asturianada» del programa, supongo que deslices de la tierra) intenta consolar y así pareció sentirla Manuel pero el instrumento es poco agradecido y hubo momentos de auténtico gemido más que enamoramieneto; y la siempre comprometida Jota no tuvo nada de bailable, un piano «despojado de notas» añadidas al contrabajo que compensó con todo el sentimiento máximo (casi maño) el desequilibrio casi angustioso, siendo mejor el cambio a la octava aguda, más «humano».

El virtuoso Bottesini cual Paganini o Sarasate del contrabajo ha sido uno de los mayores defensores de su instrumento, intentando auparle a lo máximo en las salas de concierto y auténtico compositor para privilegiados que son el terror de estudiantes de futuros atriles ante obras que les exigen unas cotas de técnica necesarias. Así escribió su Fantasía de “Lucía de Lammermoor” de locura total en la línea de la fama operística que llegaba a los salones europeos en versiones instrumentales para lucimiento de los músicos de arco. Ballesteros tuvo que lidiar con partitura y pianista, dificultades resueltas de manera desigual, especialmente en los agudos y armónicos, nunca en su sitio, necesitando más “legato” aunque reconociendo la dificultad extrema de esta partitura que tarareaba mentalmente mientras la escuchaba, variaciones diabólicas en un original virtuoso de inspiración belcantista que no tuvo el necesario contrapunto del acompañamiento, siempre mejorable. Original e inusual propuesta de dúo desacertada velada en el terreno interpretativo pese a las buenas intenciones del profesor Manuel Ballesteros.

Para dar descanso al contrabajista tras el esfuerzo titánico y retocar afinaciones, la pianista rusa optó nada menos que la Polonesa en la bemol mayor, op. 53 de Chopin, ignorando el porqué de esta elección a la vista de cómo resultó, “patética” en vez de «heroica», para olvidar en un día nada inspirado y pienso que extraño para una profesional de la que esperaba más, perdiéndose, comiéndose notas, intentando compensarlo más con la intención de un rubato por otra parte nada sentido, que con la ejecución, literal.

Volvimos a escuchar música original para esta formación, precisamente de un alumno de Bottesini, el catalán Pere Valls, profesor de contrabajo al que incluso Casals le estrenó su “Romanza” en transcripción para cello, quien compone la Suite Andaluza (1918) como sus contemporáneos españoles sumergidos en pleno nacionalismo musical, hoy suprimida del programa la Saeta pero escuchando el resto: una emocionada y sentida Serenata con más cuerda que tecla, un Polo gitano de inspiración similar a nuestro ibérico Albéniz que adoleció del «pellizco», sin el ritmo contagioso, y finalmente el siempre agradecido y pegadizo Zapateado, casi como el de mi tocayo navarro que al menos no dañó calzado ajeno aunque se quedase cojo por no bailar o entender lo mismo solista y acompañante. Seguí haciéndome cruces y preguntándome la causa de este desaguisado, máxime en una obra que el dúo tiene más que trabajada, pero no hay dos días iguales y el directo tiene estas cosas.

Del Gran tango de Piazzolla me costó descubrir su magnitud y verdadera grandeza, sentir ese ritmo porteño que no resultó baile pese al intento de Manuel, quien realizó todo un esfuerzo para «convertir» en cello su contrabajo y poder brillar sin resultar pisado por Irina, una verdadera lástima por la divergencia y falta de entendimiento entre dos profesores reconocidos que hubiesen conseguido una verdadera (re)interpretación. Dejo arriba un vídeo de ambos intérpretes con la misma, obra, que sin dejarme las mismas sensaciones del claustro, tampoco resulta muy diferente en cuanto a emociones.

Y como existe una parte del público poco entrenado a los conciertos, desconoce las mínimas normas de cortesía o las costumbres (no siempre cumplidas) de esperar que los concertistas no regresen al escenario para saber que ya ha finalizado. Hubo propina mientras salían delante de mis narices, interrumpiendo, haciendo ruido sin esperar e impidiendo que escuchase la propina de aire español. Ni siquiera la megafonía pudo compensar mi intento de agudizar el odio, pero es lo que tiene.

La crítica para La Nueva España ya está enviada con un título distinto al de esta entrada y las limitaciones de espacio habituales de la prensa escrita, algo que desde aquí no supone hándicap alguno además de la posibilidad de enlazar obras, autores, versiones… Supongo salga el próximo jueves 6 donde volveremos al Arqueológico para otro concierto de este ciclo veraniego carbayón, esperando un buen día para los músicos.

El Falstaff «de Muti»

3 comentarios

Viernes 31 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Falstaff (de Giuseppe Verdi), comedia lírica en tres actos con libreto de Arrigo Boito, basado en Las alegres comadres de Windsor y el drama Enrique IV de W. Shakespeare. Entrada delantera principal: 77,50 €.

Primera de las dos representaciones de la última ópera verdiana con Riccardo Muti (74 años cumplidos en la capital asturiana) encabezando toda la producción, únicas en España tras el debut en Rávena, que trajeron a Oviedo multitud de aficionados llegados de todas partes y donde no faltaron críticos nacionales, gestores internacionales, cantantes de ópera en activo, directores de orquesta y melómanos universales para un espectáculo donde el protagonista fue el director italiano y la propia partitura defendida como si Muti tuviese hilo directo con Verdi.

Al frente de su Orchestra Giovanile Luigi Cherubini y con puesta es escena de su esposa Cristina Mazzaavillani, a base de proyecciones (genial el guiño a la casa de Verdi en Busseto como hostería «La Jarretera» del último acto) y Ezio Antonelli, más las luces de que dieron mucho juego así como el vestuario de Alessandro Lai realmente elegante y en su época, tratado todo el conjunto desde el respeto y conocimiento de las voces sobre las tablas, el maestro Muti trajo un elenco joven que aún tiene mucho recorrido y donde pudimos apreciar esos detalles del napolitano que marcan la diferencia, aunque lo que nos impresionó especialmente fue la forma de llevar toda la representación, fiel a sus principios de fidelidad al texto, mimando la línea de canto, sacando del foso todas las sonoridades en el plano exacto, los tiempos vivos, los silencios realmente dramáticos y la puesta en práctica de lo que nos contó por la mañana en una lección global del Falstaff de Verdi.

Encontrar ocho (ya no digo las diez) voces equilibradas para este testamento operístico no es tarea fácil nunca, y todos lo intentaron con la tensión añadida de estar dirigidos por Muti y colmar aspiraciones y expectativas, muy empastados y equilibrados en conjunto que no tuvieron la contrapartida individual o en los dúos y tríos. Fueron mejorando en cada acto y hubo problemas puntuales de afinación o equilibrio de planos, sobre todo en alguno de los concertantes, y aunque dejo la ficha al final, quiero destacar:

El Falstaff de Kiril Manolov está bien trabajado debiendo llevando todo el peso protagonista, con presencia escénica y vocal incluso en los «falsetes», color homogéneo, gusto y musicalidad con altibajos pero convincente. Personalmente el más «completo» del reparto resultó Federico Longhi como Ford, notándosele seguro en cada aparición. Bien el Pistola de Graziano Dallavalle y algo «corto» el Fenton del tenor Matthias Stier poseedor de un timbre bello para este rol, creciendo a lo largo de la obra. Cumplió Matteo Falcier como Bardolfo.

De las féminas la «triunfadora» fue la mezzo Isabel de Paoli como Mrs. Quickly aunque de color desigual, grave realmente potente y totalmente distinto al potente agudo pero convincente en su papel; la Alice de Eleonora Buratto arrancó bien, tuvo una «recaída» en el segundo acto y acabó siendo creíble en la conclusión, algo parecido a la Meg de Anna Malavasi pero con menos protagonismo individual, lo contrario a la Nannetta de Damiana Mizzi que no colmó mi esperanza puesta en ese rol, auténtica «pera en dulce» para degustar, destemplada aunque con pianos prometedores por emisión y fiato pero desafinados, salvando el dúo con Fenton, y esperando días mejores porque cualidades tiene.

El Coro del Teatro Municipal de Piacenza que dirige el maestro Corrado Casati cumplió con creces en el último acto, con número suficiente para las exigencias de volúmenes que el maestro Muti pide desde el podio.

Finalmente una orquesta joven y preparada, muy trabajada por el napolitano, empastada, equilibrada, con solistas seguros de sonido limpio, plegada siempre a la dirección impecable de Muti y fiel reflejo de cómo debe sonar el foso sin excesos dinámicos salvo los escritos en una amplísima gama que permite disfrutar las voces, siendo ellas las responsables finales con todo lo que conlleva.

El público, casi lleno el teatro, disfrutó con el espectáculo, «todo el mundo es burla» bien entendida, vital, dinámica, pasiones y críticas desde la genialidad italiana inspirada en un Shakespeare que Verdi entendió como nadie y Muti traduce a la quintaesencia. Seguro que la función sabatina mejorará la primera, porque la exigencia está en el trabajo diario y todos los intérpretes lo saben.

Ficha técnica:
Sir John Falstaff: Kiril Manolov – Ford: Federico Longhi – Fenton: Matthias Stier – Dr. Cajus: Giorgio Trucco – Bardolfo: Matteo Falcier – Pistola: Graziano Dallavalle  – Mrs. Alice Ford: Eleonora Buratto – Nannetta: Damiana Mizzi – Mrs. Quickly: Isabel De Paoli – Mrs. Meg Page: Anna Malavasi – L’oste della Giarrettiera: Ivan Merlo – Robin paggio di Falstaff: Michael D’Adamio.
Bailarines del Teatro Alighieri.
Dirección musical: Riccardo Muti.
Dirección escénica
y diseño de escenografía: Cristina Mazzavillani Muti.
Diseño de luces: Vincent Longuemare – Escenografía: Ezio Antonelli – Vestuario: Alessandro Lai – Diseño visual: Davide Broccoli.
Orchestra Giovanile Luigi Cherubini –  Coro del Teatro Municipal de Piacenza (Maestro del coro: Corrado Casati)
Producción del Festival de Ravena para la EXPO 2015,
en colaboración con la Regione Emilia-Romagna.

Muti: una lección de vida

4 comentarios

El Faltstaff de Verdi en Oviedo con el maestro Riccardo Muti es historia desde el momento de su programación, noticia en todos los medios de comunicación y todo un acontecimiento nacional para los melómanos en general y operófilos en particular, siendo cita ineludible a pesar de las fechas en este tránsito de mes con luna llena, inicio, final o continuidad vacacional.

La Asociación de Directores de Orquesta Españoles (AESDO) que presiden Cristóbal Soler y Óliver Díaz lograron organizar el mismo día de la primera representación verdiana un homenaje  y encuentro con el gran Muti en el Salón de Té del Teatro Campoamor, con el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo, Cosme Marina y la representante del director napolitano) que resultó toda una lección no ya de música y de Verdi, que lo fue, sino de vida y pasión mediterránea a cargo del maestro napolitano, una hora para haber grabado cada palabra, cada gesto, desde la cercanía de los GRANDES y la sabiduría de quien conoce y defiende como nadie las óperas de su compatriota.

Difícil reflejar la emoción en el ambiente, la escucha casi religiosa de los presentes, la humanidad del Maestro, con mayúsculas, despojado de la batuta e imbuido de la vida más allá de los pentgramas, ese Don Riccardo que puede decir sin equivocarse que «el director no debe crear« (en entrevista de Rubén Amón para el diario El Mundo, hoy también presente en Oviedo junto a muchos críticos, empresarios y dirigentes musicales).

En un italiano comprensible, con algunas palabras en español, no importa el idioma cuando todo es tan vivido, fue llenando de anécdotas e historias donde se mezclaban con naturalidad pinceladas históricas que ayudaron a entender más a Verdi, la importancia de Vincenzo Lavigna, alumno de Paisiello y lo que supuso la escuela napolitana, el sur frente al norte, el Milán perteneciente al imperio austrohúngaro donde Mozart era «ciudadano» frente al Verdi «extranjero» rechazado como alumno de piano en su Conservatorio, el compositor romántico de escuela clásica, el escritos de todas su óperas para el público excepto la última Falstaff  para él mismo como auténtico testamento.

Volvió a recordarnos Muti la «escritura mozartiana» de Verdi, conocedor y estudioso de los cuartetos del genio de Salzburgo, de los de Haydn y también de Beethoven como referentes siempre al lado de la mesa de trabajo en Roncole, y el Falstaff como la ópera más difícil de todas que inspira y acerca a Debussy o Stravinski por una modernidad increíble que requiere un control absoluto de la verticalidad de la música, el texto como protagonista en esta «ópera de cámara» ligera y profunda.

No faltó el sentido del humor del Maestro criticando el poder visual, la imagen, olvidando que lo importante es la música, y hacer referencia a muchos colegas de gesto grandilocuente en esta moda de la imagen que encandilan al público, cuando precisamente es la letra con la música exacta la protagonista que apenas requiere un gesto mínimo, o cómo en los teatros los espectadores miran los sobretítulos olvidándose de la escena, exigiendo que todos conozcan el argumento con antelación… No podía olvidar a Mahler, admirador de las partituras de Verdi por su clasicismo, no solo el ritmo sino la expresión, cada nota con su emoción, sin renunciar al común Mediterráneo, los orígenes griego y romano de nuestra cultura frente a los «tedescos«, por lo que «Grecia debe estar en Europa» sin falta de ser economista ni político.

Bromeó incluso con Rigoletto y la famosa aria La donna è mobile, criticada como «vulgar» pero no estúpida, una canción del pueblo que está ahí por el momento y el personaje, algo que no debemos olvidar. Y lo mal que trató la vida al de Busseto, los críticos de Londres o París afirmando estar ante la peor ópera de su vida, el buscado enfrentamiento del público prefiriendo la «intelectualidad» a Wagner antes que a Verdi con todo el sufrimiento causado que le tuvo veinte años en silencio…

De los intérpretes, casi como avisando de la función que vendría, les pide a todos que tengan «el diablo en el cuerpo«, esa pasión y sentir de nuestra cultura, que no es ni circo ni inferior a las otras «del norte», Nápoles también como herencia española, saber escuchar y vivir frente a la exigencia, porque Verdi no juzga, habla y reconforta, Beethoven exige… algo que podemos compartir todos los presentes.

Tampoco faltó el enfoque espiritual de Verdi, creyente en un dios no solo católico, judío, más bien la energía o fuerza superior, cómo sino podría haber compuesto su Requiem, y por supuesto la rúbrica musical del acorde de do mayor, acorde de paz y de luz que tantos otros compositores utilizarán con este sentido. La vida no se puede entender sin el amor, y aparece en todas las óperas del compositor parejo a su edad, todos los personajes (masculinos, femeninos, coros) son el propio Giuseppe, autobiográficos, citando La Traviata como la experiencia propia de la negativa a sus segundas nupcias con Giuseppina Strepponi como ejemplo, y por supuesto este Falstaff donde «todo es burla» cerrando ese círculo vital y amoroso.

Un placer escucharle tararear muchas citas al hilo del relato, siempre sentido y compartido. Nos supo a poco y aún hubo tiempo para más emociones, como el programa de su debut como alumno-director allá por 1966 que le trajo su compañero de estudios Vicenzo Menghini, fagot de la orquesta de La Scala -como también su padre-, afincado en Deva (Gijón) hace años, departiendo largo y tendido sobre las vivencias de entonces, de Antonino Votto, a su vez discípulo de Toscanini, que rejuvenecieron ambos tras su anterior encuentro en 2011.

Las fotos con todos los presentes, la cordialidad y amabilidad tras una lección que continuó casi hasta la hora de comer a las puertas del teatro, con las caras de sorpresa de transeúntes y visitantes (como «Pauline Viardot» espectadora de excepción) sabiendo que a las 20:00 horas de este viernes 31 de julio se levantaría el telón del Campoamor…

Pero esta es otra historia…

Gracias a la AESDO por hacernos partícipes de algo tan especial.

Avanzadas a su época

3 comentarios

Martes 28 de julio, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2015, «Oviedo es música», Claustro del Museo Arqueológico): Begoña García-Tamargo (soprano), Manuel Burgueras (piano). Obras de Clara Schumann, Fanny Mendelssohn y Pauline Viardot. Entrada libre.

No hay vacaciones para la música y menos en Oviedo, auténtica capital musical allá donde las haya, siendo ya cita ineludible los llamados conciertos de verano muchos de ellos en lugar tan mágico como el Claustro del antiguo Monasterio de San Vicente, el mismo donde estuvo el Padre Feijóo. Recordaba antes del recital mis fiestas de San Mateo en Oviedo con mi abuelo, que me hizo socio de la SOF, acudiendo a muchos conciertos en este mismo recinto así como en el salón de actos de la Escuela de Minas. Y quiero dejarlo aquí porque no es nuevo escuchar música en la calle que toma el nombre del viejo monasterio hoy remodelado Museo Arqueológico.

A la vista del programa bien podía haber titulado la entrada «Leipzig-París-Oviedo» parafraseando una película de Woody Allen que enamoró de nuestra tierra al director y escenógrafo premio Príncipe de Asturias de las Artes 2002, haciendo buena publicidad asturiana. También «Música y músicas» como la excelente guía didáctica elaborada por compañeras profesoras de instituto (al final dejo la portada), incluso «Pasión femenina» para no repetir el de mi crítica para La Nueva España del jueves 30.

Y es que las obras eran originales y femeninas, firmadas por apellidos musicales ilustres, pentagramas en la genética y en la propia vida de unas mujeres apasionadas por la música y hasta avanzadas a su tiempo, romántico y masculino:

Clara Wieck (1819-1896), hija del compositor, profesor de piano y vendedor de ellos Friedrich Wieck, mujer compositora y pianista de talento que se enamoraría de un Robert Schumann que trabajaba en la tienda de su padre, que en cierto modo «la explotaba», casándose contra su voluntad y adoptando el apellido de su amado, renunciando incluso a una carrera más que prometedora para convertirse en la mayor defensora de la música de su esposo, auténtica vida de película.

Fanny Hensel-Mendelssohn (1805-1847), hermana mayor de Félix Mendelssohn, hija de de un banquero y filántropo berlinés, nieta del filósofo judeoalemán Moses Mendelssohn, niña prodigio que estudió con Ignaz Moscheles y composición con Carl Friedrich Zelter que la introdujo en la música de Bach, aunque las imposiciones sociales de su época la «encerrarían» en el salón de su casa de Berlín, donde se hacía música semanalmente, componiendo nada menos que 466 obras entre las que encontramos cuadernos de canciones como las que escuchamos hoy en Oviedo, pero también un oratorio Escenas de la Biblia, obras para piano solo, dúos, un trío para violín chelo y piano op. 11, unas Romanzas sin palabras como las de su hermano, habiendo viajado a Italia donde conoció a distintos compositores antes de su muerte con 42 años y seis meses antes que Félix, pasando a un olvido en parte por una familia que se negó a que sus partituras se comercializaran, sus obras se tocaran, o que se escribiera sobre ella, no ya por los prejuicios habituales sino por proceder de una alta posición social y económica, siendo impensable entonces que una mujer ganara dinero con su trabajo o publicara sus obras, aunque felizmente ha sido rescatada para disfrute de melómanos y estudiosos.

Paulina García Sitches (1821-1910), hija de dos cantantes de ópera, el tenor Manuel del Pópulo García y Joaquina Sitches, padres igualmente de la famosa mezzo María Malibrán y el barítono Manuel García, inventor del laringoscopio; a nuestra Pauline parece que la casaron con el escritor e hispanista Louis Viardot, veinte años mayor que ella aunque fuese la «pasión española» de Turguéniev, resultando de aquí un más que probable ménage à trois propiciado por el carácter mundano y liberal del esposo e impulsor de la carrera musical de Pauline Viardot García, una romántica en «estado puro» con arte en las venas, capaz de reunir en el salón de su casa de campo en Courtavenel a lo más granado de entonces: músicos como Chopin, Rossini, Saint-Saëns, Gounod, Liszt -profesor suyo y amor imposible no correspondido-, escritores como George Sand (Aurore Dupin, quien parece le presentó a Louis Viardot), Flaubert, el pintor Delacroix… y estrenando obras como las escuchadas este último martes de julio en Oviedo, o ese Cendrillon que disfruté el año pasado por partida doble. Sangre española la de esta cantante «todoterreno» que nunca pisó nuestro país pero cultivando la lengua materna de sus padres para convertirse en la mejor embajadora de nuestra cultura, mujer políglota, cantante de talento, compositora, pianista, buena dibujante, fascinante conversadora, polifacética, enérgica y vigorosa como la describieron muchos de sus invitados.

Tres grandes personalidades que darían para mucho, avanzadas a su tiempo, cercanas a nosotros por lo que significan de mujer culta, luchadora, trabajadora, sin complejos, a contracorriente, inteligente pero también y sobre todo tan apasionada que se «sacrifican» por amor.

De los Sechs Lieder, op. 13 de Clara Schumann escuchamos una selección formada por Ich stand in dunklen Träumen, Sie liebten sich beide, con textos de Heine, y Liebeszauber (poema de Geibel) que mostraron la cercanía literalmente hablando con los lieder de Robert Schumann, por estilo y escritura, pareja voz-piano en complemento perfecto para unos textos en alemán no del todo claros en la potente voz de Begoña García-Tamargo, a quien le faltó sentimiento y profundidad.

Si Schumann suena a Schumann, Mendelssohn suena a Mendelssohn, no es perogrullada, las dos se acercan a la forma musical vocal romántica por excelencia, a la poesía musical del «lied» que  Fanny Hensel comienza igualmente con Sechs Lieder, op. 1, esta vez una selección de cuatro números en alternancias emotivas dadas por el propio texto de Heine en los dos primeros con el subrayado y diálogo pianístico que nos recuerda a Félix: Schwanenlied: Es fällt ein Stern herunter, un canto de cisne no muy convincente por parte de la soprano gijonesa, Warum sind denn die Rosen so blass? preguntando por la palidez de las rosas, demasiado intenso y falto de legato en la voz equilibrando el discurso pianístico del pianista porteño afincado hace años en España, Morgenständchen: In den Wipfeln frische Lüfte, despertar con serenata matutina y aire fresco sobre un poema de Eichendorff, al que le faltó precisamente más frescura pese al empuje pianístico que siempre intentó transmitir la emoción, y finalmente el Gondellied: O komm zu mir mecidos por el «canto del gondolero» pidiendo ser cazador, animal, latido de corazón cantando «ven a mí», subrayado apolíneo en Burgueras siempre atento al canto algo falto de intimismo y convencimiento, necesitando más consonantes para un texto germano musical a más no poder.

Pero el protagonismo lo tuvo Pauline Viardot, un descubrimiento musical de enorme calidad y estilo totalmente contemporáneo, una selección recuperada por el propio Burgueras en la Biblioteca de París y librerías de antiguo, labor que muchos pianistas están realizando sacando a la luz nuevos repertorios y auténticos estrenos (Haí Luli’ sí la hemos escuchado antes) que resultaron singulares y bien entonadas por la soprano asturiana “in crescendo” como la emoción de cada una. De las 5 Poésies toscanas escuchamos tres: L’inamorata, Serenata Fiorentina de mayor empaque y extensión, y Povera me!, más cómoda la soprano con el idioma de Dante que el de Goethe y Schiller de melodías agradecidas para su registro con un piano sorprendente en escritura y ejecución.

Las diez siguientes, de las que escuchamos siete, demostraron el talento de la cantante y compositora francesa en su idioma, música apoyando siempre al texto, lenguaje pianístico puede que inspirador del mejor Nino Rota por armonías y texturas, la intención de la música completando un texto cantado, para mi gusto con exceso de vibrato más allá de la propia expresión de la partitura donde el francés es melodía en sí mismo, destacando Un jour de printemps de voz silabeada y piano cristalino, la antes citada Haí Lulí’ en compás de 6/8, binario de subdivisión ternaria y muy sentida, casi aria operística de salón, más la última, bisada, Grand oiseaux blancs, que tiene inicio de desnudez vocal, momentos «a capella», después un piano leve con apenas una nota grave, para ir levantando el vuelo, remontando y alcanzando toda la tensión hasta tocar y planear desde el cielo, el mismo que comenzaba a oscurecerse tenuemente en este atarceder de estío ovetense, explosión sonora en los dos intérpretes.

Mujeres protagonistas de sus vidas, de sus obras, músicas apasionadas interpretadas por este dúo conocido y muy querido en Asturias, aunque creo debutaban juntos, y que se ganaron al público desde la primera canción, si bien los aplausos rompieron la unidad de las compositoras, pero el respetable manda y cantar en casa tiene estos peajes. Bravo por esta apuesta novedosa si bien Pauline Viardot continúa enamorándonos a todos, empezando por el propio Manuel.

Músicas en verano, toma uno

2 comentarios

Finalizada la temporada ordinaria, entendiendo como tal la coincidente con mi curso escolar, el verano también tiene su hueco musical en mis vacaciones, siendo habitual lecturas variadas a las que dedicaré alguna entrada, escuchar Radio Clásica (ahí está Bayreuth o los PROMS siempre completados por unos comentarios del magnífico José Luis Pérez de Arteaga que continúa asombrándome cada vez que le escucho), pero donde tampoco faltan otras retransmisiones «on line» o en streaming, así como una agenda veraniega de ciclos que llenan muchos festivales, algunos también gracias a Internet en la pantalla del ordenador con sonido conectado a la cadena de música, y por culpa de la dichosa crisis, recortes, sueldo congelado hace años pese a los calores, pérdida de poder adquisitivo y demás «robos consentidos», también tengo recitales y conciertos cercanos, donde el Falstaff de Verdi que dirigirá Muti en Oviedo me recortó parte del presupuesto estival, pero no podía faltar a esta cita única en España desde casa, que contaremos con detalle como es costumbre, incluso algunos más desde las páginas del diario La Nueva España.

Quiero comenzar recordando el Gianni Schicchi con escenografía de Woody Allen (que estuvo de turismo por Asturias despreocupado de la capital) desde el Teatro Real en «El Palco de La2″ el pasado día 12 de julio que también pude seguir en la propia web de RTVE (de donde son las capturas de pantalla), precedido de unos fragmentos -ni siquiera completo– del llamado «concierto» (!) de Plácido Domingo que parece pegó la espantá como protagonista, intentando complacer a los que pagaron su entrada con este «formato«, supongo que sin hacerles mucha gracia ni tampoco a los compañeros de reparto que tuvieron más trabajo del previsto.

Olvidando críticas que siempre son muy distintas del auténtico e inigualable directo, me hubiera gustado que hubiesen retransmitido también las Goyescas de Granados que completaban el programa doble, en un encaje de función algo difícil de entender. Mi apuesta hubiese sido Il trittico pucciniano al completo, como debería ser «lo habitual».

En el reparto estuvieron una convincente Maite Alberola como Lauretta, y el «sustituto» Lucio Gallo, más que correcto en el papel protagonista aunque me hubiese encantado tener a Luis Cansino de suplente porque está en un momento vocal excelente (el actoral lleva tiempo), como demostró en su impecable Marco. También la mezzo asturiana María José Suárez encarnó con seguridad y convencimiento a La Ciesca, para entender lo importante de un reparto equilibrado que augure un resultado total más que aceptable (también quiero citar al tenor barcelonés Albert Casals como Rinuccio o a la mezzo Elena Zilio en el papel de Zita), y una puesta en escena algo oscura (al menos en pantalla) con la dirección de Giuliano Carella al frente de una OSM titular del teatro que sonó siempre en su sitio, aunque hubiese cortes en la retransmisión y una toma de sonido no todo lo buena que cabría esperar del ente público que todos pagamos con nuestros impuestos.

Totalmente distinta la siempre irrepetible Traviata verdiana desde el Liceu retransmitida al aire libre en varios lugares de Cataluña y en el Canal 33 de la televisión autonómica catalana la noche del 18 de julio, con interacción en Twitter© (#Traviata33 y #liceualafresca) realmente interesante como encuentro de melómanos de todo el mundo con escenografía conocida de McVicar también algo oscura aunque la luz de la partitura y la entrega de todo el reparto fue digna de recordarse.

La conexión estuvo precedida del «introito» a cargo de Ramón Gener que tras su catalana «Òpera en texans» ha dado el salto nacional (con perdón) con «This is Opera».

Con todo mi arsenal tecmológico desplegado (ordenador, tableta y móvil) pude disfrutar escuchando, capturando pantallas y realizando comentarios desde la comodidad de casa, destacando la Violeta de la soprano rumana Anita Hartig, enamorándonos a todos por entrega y carisma, el Alfredo del tenor jerezano Ismael Jordi creciéndose en cada intervención, con un color vocal realmente hermoso, y un Giorgio Germont poderoso de Gabriele Viviani que sin ser Leo Nucci («el barítono«), a los que también escuchamos en Oviedo, completó un trío protagonista equilibrado, creíble, sin sobreactuaciones.

Como siempre los mal llamados secundarios lograron una representación para recordar, con el Gastone asturiano Jorge Rodríguez-Norton entre ellos.

Evelino Pidò fue el responsable musical al frente de la orquesta y coros del Liceu que completaron La Traviata de realización impresionante para alcanzar un éxito que llegó a millones de espectadores gracias a estas iniciativas que deberían convencer a los ignorantes recalcitrantes, algunos metidos en política, que la ópera es accesible a todos los públicos y no es el espectáculo de élite que algunos quieren seguir manteniendo para un alejamiento de la realidad en busca de populismos y prioridades mal entendidas. No hablaremos de las subvenciones para la cultura, que es un derecho, ni todo el empleo que genera la música en todos los países, auténtica inversión y motor de una sociedad que se ha sacrificado para tener algo irrenunciable, como otros logros que con la disculpa del momento intentan quitarnos.

De la pasión por la música y más por la ópera hay que dar la bienvenida a un nuevo blog, El palco número 18 que curiosamente arranca con La Traviata de Verdi, como no podría ser menos, a cargo de otra apasionada que firma «Pauline Viardot«, con quien seguimos tuiteando después de «la fresca». Sólo tenemos esta vida y debemos vivirla en plenitud y apasionadamente, porque de lo contrario sólo nos quedará ignominia, un erial oscuro y  arrasado sobre el que no volveremos a poder construir absolutamente nada.

Defender la música es apostar por el futuro. Disfrutarla ya es otra cosa que requiere educación, tiempo, y sobre todo querer. Desde aquí continuaremos…

Older Entries Newer Entries