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Vivencias en el 74º Festival de Granada

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A lo largo de un mes y desde este blog he ido subiendo mis críticas y reseñas del 74º Festival de Granada, que paso a resumir en esta entrada, los conciertos que tuve que seleccionar ante la oferta inmensa, este año también asistiendo a la Danza -otra de las señas de identidad del Festival- en el Generalife y parte del FEX,

sumando alguna noche flamenca, que podéis ver y leer en las distintas entradas a ellas dedicadas, sin poder constatar en primera persona los Cursos Manuel de Falla, la versión pedagógica del Festival.

Muchas experiencias únicas e inolvidables en este 2025, tercer año al completo desde mi jubilación domo docente, y donde el sábado 21 de junio a la noche, con prórroga y mucha emoción, viví desde mi teléfono el ansiado ascenso a Primera del Mi Oviedín del alma tras 24 años de espera, recordando a mi padre que no pudo revivir este regreso, con la foto que me sacó Teresa Montellano, otra de las profesionales de la fotografía en Granada.

Mi eterna gratitud a todo el EQUIPO del Festival desde su director Paolo Pinamonti en su primera edición, pasando por la Jefa de Prensa Teresa del Río, la encantadora María José Serrano en el Patrocinio y Relaciones Externas, la insustituible Nina von Krogh en la Coordinación Artística y la mio neña Lorena Jiménez con sus «Encuentros» y «Off Stage» en las Redes Sociales para el festival, por citar sólo a mis «habituales», este año con Carlos y Alba como becarios.

También mis gracias eternas al fotógrafo, y ya amigo, Fermín Rodríguez, cuyas imágenes oficiales nunca pueden faltar en todas las entradas de mi blog, RRSS y noticias… por supuesto al amplísimo y numeroso personal (azafatas, técnicos más el «ejército de voluntarios y voluntarias») con quienes este festival funciona como un perfecto engranaje muy entrenado tras tantos años de trabajo, no siempre visible y que merecen todo mi reconocimiento vivido en primera persona.

Proseguir los agradecimiento al equipo humano de Radio Clásica con mis queridos Jesús Trujillo y Elena Horta, siempre un placer las tertulias y paseos tras los conciertos, sin olvidarme del «imprescindible» Arturo Reverter con quien compartir tanto, no solo recuerdos comunes sino toda su sabiduría de gallego en la capital madrileña.

Al personal del ambigú que el Grupo Abades montaba (y desmontaba) en el Palacio de Carlos V y en el Generalife, ya conocidos de estos tres años y que me tenían siempre fresquita «una verde» antes y después de cada concierto, siendo cada noche los que casi cerrábamos y recogíamos.

Imposible relacionar el encuentro con amistades de anteriores ediciones, granadinos ilustres, melómanos llegados de toda la geografía española y críticos de distintos medios: al «maestro» Rafael Ortega Basagoiti, con quien compartir toda su sabiduría, Pablo L. Rodríguez, José Manuel Ruiz, José Antonio Lacárcel, José Antonio Cantón, Justo Romero, Alejandro Fernández «mi boquerón» junto a Paco Naranjo, por citar solo a unos pocos sin dejarme a Mercedes García Molina, profesora de música que espero tenga un buen destino el próximo curso, gran crítica y orgullosa madre además de cantante a quien disfruté desde mi butaca en palacio.

Reencuentros con Mercedes Pérez Villena o Paloma Viana (con mi querido paisano Nacho de Paz) a los que sumar «nuevos fichajes» como al inclasificable profesor Luigi (de madre ovetense) o ponerle cara al director artístico de la Sociedad Filarmónica de Burgos, José Miguel González.

Especial ilusión la visita de mi amigo el abogado mexicano Mario Herrera que me acompañó el día de mi santo en el concierto matinal, café en mano, haciendo un paréntesis en su largo periplo profesional por España, y al que volveré a ver, si nada lo impide, en Oviedo a finales de septiembre.

Siempre una mención especial al Colegio Mayor Santa Cruz La Real, mi segunda casa en otro mes granadino donde me trataron con la cercanía y cariño del «colegial repetidor» y todas las atenciones inmerecidas para este melómano noctámbulo (no solo por los horarios de los conciertos).

Gracias a Laura y Perico durante la semana, junto a Óscar y Natalia por «dar de comer al hambriento», a mis «guardianes» Paqui, David, Samuel y Manolo (by night), junto a todo el personal de limpieza, con el resto de trabajadores de un alojamiento increíble donde conviven los Padres Dominicos (Don Antonio Larios a la cabeza) y muchos grupos de estudiantes.

Cada día y cada noche hay que descubrir Granada, embrujo y magia, tapas con cerveza de la tierra (también malagueña), el Pub irlandés (Hannigan & Sons) con una Doble IPA de Almuñecar, que repetiría más de una noche con un camarero que conocía las Danzas húngaras de Brahms (!),

y entre mis habituales paradas por el Realejo citar el Rosario Varela (con las tapas más originales de Granada), las plazas de Santo Domingo (en La esquina de Juande) o de Carlos Cano (siempre sonando en mi cabeza) en Disloque…

Volver a visitar mi oficina de «La Auténtica Carmela» en la calle Colcha, viendo la espalda de la estatua dedicada a Yehuda Ibn Tibon para seguir disfrutando de su carta, amabilidad y profesionalidad de todo el personal, agradeciendo un trato de «vecino»,

y el apoyo al Real Oviedo cada vez que vestía gorra o camisetas, extensible a tanta gente con la que me cruzaba por la capital nazarí, alegrándose de la vuelta a la máxima categoría del fútbol nacional.

No quiero dejarme otra parada «obligada» en la Plaza de la Trinidad a comer un salmorejo exquisito tras los conciertos matutinos en San Jerónimo, y donde compartí sobremesas con alemanes, sirios, ingleses y suecos (Granada siempre es internacional).

En otra entrada colocaré un resumen con los enlaces (links) a todas las reseñas de mis 33 conciertos en 8 espacios y  25 días… tengo que dejar algo más estrictamente musical aunque sin nada de lo anterior no hubiera sido lo mismo.

En casa iré retomando la normalidad y los horarios con todas las novedades que no faltarán desde este blog.

Nadine Valéry la Traviata de Granada

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 23). Ópera.

Viernes 11 de julio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V: Verdi: La traviata. Ópera en tres actos, versión concierto. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Hace ahora dos años que disfrutábamos en Granada del Turandot llegado del Teatro Real en versión concierto, y esta vigésimo tercera noche de mi festival nos traían La traviata, sin la escena de Willy Decker, pero ideal para quienes no gusten de nuevas producciones, pese a que la madrileña estrenada en Salzburgo es ya un «clásico» tras dos décadas (guardando el DVD como oro en paño junto a otras versiones igualmente referentes), manteniendo el festival nazarí la apuesta por seguir ofreciendo ópera a tantos aficionados que llegan de todas partes para escuchar a un elenco de voces internacionales en este entorno único.

La expectación previa era grande ante esta ópera que aterrizaba desde el Real madrileño con un elenco de altura, donde Nadine Sierra protagonizaba una entrevista a toda página en el diario granadino Ideal:

Ya la propia web nos anunciaba este título verdiano que muchos conocemos casi como si lo hubiésemos cantado a lo largo de nuestra vida:

La ópera de las óperas
Después del exitoso Turandot de 2023, vuelven los conjuntos del Teatro Real al Palacio de Carlos V, esta vez con la que puede ser considerada la ópera más famosa y popular de todos los tiempos. Inspirada en La dama de las camelias de Dumas hijo, Verdi se acercó en La traviata a conflictos de su época para abordar temas como el amor, el sacrificio y la hipocresía social con una fuerza por completo inédita en su tiempo. Dos de los grandes cantantes de las escenas líricas internacionales de nuestros días, la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor donostiarra Xabier Anduaga pondrán sus voces al servicio de los principales protagonistas. La batuta estará en las manos del húngaro Henrik Nánási, reconocido especialista que frecuenta los grandes templos líricos centroeuropeos, de Viena a Múnich.

Nadine Sierra fue la figura de la noche, la mejor Violetta Valéry del momento, de belleza absoluta con una interpretación llena de personalidad, expresividad, encanto, mandando en los tempi de  un excelente concertador como el húngaro Henrik Nánási al que se le notó el trabajo previo y las funciones que lleva en Madrid, encajando todo al detalle con una Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real impecables. Desde la primera aparición en escena la soprano marcó un personaje que lo siente, manejando el escenario de izquierda a derecha con una voz prodigiosa que además de fiato único, crescendi, pianissimi y todas las virtudes que debe tener una cantante verdiana, cautivó en cada aria, en cada dúo, logrando los silencios de un público embelesado ya desde el brindis inicial al trágico Addio, del passato, la progresión dramática a lo largo de esta ópera que nos dejó hechizados.

El donostiarra Xabier Anduaga interpretó un Alfredo de buena escuela, de color homogéneo en un grave ya asentado, unos medios redondos y unos agudos valientes, muy matizado y perfectamente implicado en la acción, no solo en sus arias y dúos (convincente con Giorgio)  sino mostrando una línea de canto elegante para secundar a la Violetta arrolladora.

El barítono polaco Artur Rucinski nos dejó un Giorgio Germont joven en carácter y presencia, aún sin redondear aristas y luchando por mantener volumen con una poderosa orquesta detrás, pero de técnica suficiente con un fraseo muy ligado y acertado, redondeando el trío protagonista de esta Traviata granadina.

La moscovita Karina Demurova como Flora Bervoix lució sin desentonar en sus apariciones y concertantes, no así la Annina de la mezzo gerundense Gemma Coma-Alabert, muy oscurecida en sus breves intervenciones.

Del resto del elenco, el bajo Giacomo Prestia (Grenvil) le dio el caracter solemne a su personaje, presente aunque limitado en volumen, y correctos el barítono Tomeu Bibiloni como Douphol , David Lagares (marqués de Obigny) con un discreto Albert Casals como Gastone.

No hacía falta escena porque todos se movieron por el escenario delante de la orquesta, transitando de izquierda a derecha incluso delante del director, entradas y salidas donde lo que faltaba lo suplíamos con nuestros recuerdos e imaginación, carnaval del coro, toreros de negro, un casino imaginario y la Violetta único foco de atención con su rojo pasional y sanguíneo hasta la muerte.

Insistir en la buena dirección musical de Henrik Nánási que jugó con los tempi llevados por Nadine Sierra o algo más ligeros para el coro. A la batuta nos dejó dos preludios matizadísimos, con una concertino y un oboe a destacar, y «llevando de las manos» la concertación exacta con los protagonitas. Tan solo tachar de excesiva la colocación de la «banda fuera de escena» que por la acústica palaciega rebotaba en la cúpula interior dando la sensación de estar ubicada encima y que en el primer dúo de Violetta y Alfredo les dejaron «emparedados» a nivel sonoro, mientras ayudó al tenor en el Sempre libera más presente que en un teatro fuera de escena.

Pasadas las cinco de la madrugada dejo estas primeras impresiones ante un fin de festival don programas dobles que seguiré contando desde aquí.

FICHA

La Traviata. Ópera en tres actos (1853). Versión concierto.

Música de Giuseppe Verdi (1813-1883)
Libreto de Francesco Maria Piave, basado en La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo

ELENCO:

Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real – Henrik Nánási (director musical) – José Luis Basso (director del coro).

Nadine Sierra, soprano (Violetta Valéry) – Karina Demurova, mezzosoprano (Flora Bervoix) – Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano (Annina) – Xabier Anduaga, tenor (Alfredo Germont) – Artur Rucinski, barítono (Giorgio Germont) –  Albert Casals, tenor (Gastone, vizconde de Létonières) – Tomeu Bibiloni, barítono (El barón Douphol) – David Lagares, bajo (El marqués de Obigny) – Giacomo Prestia, bajo (Doctor Grenvil) – Joan Laínez, tenor (Giuseppe)

Payasos de cine

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 20). Ópera y Cine (II).

Martes 8 de julio, 22:30 horas. Palacio de Carlos V. Pagliacci (Leoncavallo) – The Circus (Chaplin). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Programa doble y largo que llevó a parte del público a marcharse en el descanso tras un Pagliacci en versión concierto con mínima escenificación y los textos proyectados además de traducidos, mientras que El Circo de Chaplin sí resultó cine con música en vivo.

En la web del Festival se presentaba esta segunda función de cine de verano con ópera, esta vez en el Palacio de Carlos V y no en el Teatro del Generalife (como inicialmente estaba previsto):

Payasos
La segunda sesión del ciclo Ópera & Cine dirige la mirada hacia el verismo italiano con Pagliacci, la obra maestra de Leoncavallo, que nos sumerge en las emociones intensas y trágicas de los artistas de circo y en cuyo Prólogo se contenía casi un auténtico manifiesto del nuevo estilo verista. El complemento cinematográfico es también un lujo, El circo (1928), último film mudo de Charles Chaplin, al que puso música el compositor alemán Arthur Kay. Serán los conjuntos del Programa de Jóvenes Intérpretes de la Junta de Andalucía, esto es, la OJA y el Joven Coro, este último completado con el Coro de la OCG, los responsables de la interpretación del programa, que contará con un director operístico, el madrileño Guillermo García-Calvo, y un especialista en la música de cine, muy especialmente en Chaplin, Timothy Brock.

Una agradable sorpresa los Payasos de Leoncavallo con un elenco donde quiero comenzar por la Orquesta Joven de Andalucía que sonó adulta desde la introducción orquestal hasta el final de la ópera, profesional, con el maestro García Calvo claro, preciso, dándoles la confianza y seguridad necesarias a una auténtica cantera de músicos que en nada estarán engrosando sinfónicas por toda la geografía nacional e internacional. Y otro tanto a un gran coro uniendo al Joven Coro de Andalucía, que ha hecho doblete tras el concierto del pasado día 5 con Marco Antonio García de Paz, con el Coro de la Orquesta Ciudad de Granada que dirige Héctor Eliel Márquez. Esta joya del verismo es exigente para todas las voces, y la formación coral rindió al máximo, afinada, con buenas cuerdas, matizada y empastada.

De los solistas, y no es chauvinismo, el tenor asturiano Alejandro Roy como Canio volvió a demostrar que estos papeles son ideales para su voz: potencia, expresividad, escena (lástima las obligadas distancias), de tesitura amplia que además los años han reforzado sus graves, y un empaste con todo el reparto que le convirtió en «el malo de la película» triunfando en este circo palaciego con la famosa aria Vesti la giubba de cortarnos la respiración.

El Tonio del barítono italiano Claudio Sgura (1974) tiene larga trayectoria en su carrera y se notó por la escena, memorización, gran envergadura, color rotundo y amplio volumen que mantuvo en toda la obra.

Desconocía a la soprano bolivano-albanesa Carolina López Moreno (1991) que planteó una Nedda llena de matices, sensualidad, desgarro, buen fiato, graves sin perder la homogeneidad y unos agudos claros y limpios redondeando una brillante interpretación. Habrá que seguir su trayectoria.

El Beppe del tenor granadino Moisés Marín (La Zubia, 1985), además de poseer un color vocal precioso, gusto y línea de canto muy pulida, la escena del dúo con Nedda nos privó, por la distancia, del beso y la «cercanía» de un rol donde apreciar las diferencias entre los dos tenores que necesita Leoncavallo.

Finalmente el Silvio del barítono granadino Pablo Gálvez (Guadix, 1987) no lució tanto, algo apagado y poco expresivo pero como en los tenores buscando la diferencia de color con Tonio.

Aplaudir la apuesta por el talento nacional y granadino en esta ópera, aunque fuese en versión concierto, una forma de atraer público y ofrecer la posibilidad de escuchar a una generación vocal que triunfa en escenarios fuera de nuestras fronteras.

Tras un largo descanso donde director y cantantes posaron para la prensa (con parte del público abandonando el palacio rondando la medianoche), aún quedaba El circo de Chaplin que siendo una joya de película, idealmente restaurada y con las cartelas subtituladas al español, poder contar con la música orquestal en vivo engrandece aún más la última película muda de Charlot.

La música suponía el estreno en España de la banda sonora original (1928) de Arthur Kay (1882-1969), recuperada por Timothy Brock hace tres años (en las notas al programa de Joaquín López González se explica todo el programa), y se ponía al frente de la Orquesta Joven de Andalucía donde aparecen motivos del Pagliacci anterior, de Wagner, el «organillo circense» o la conocida sintonía de Jeff Alexander (1910-1989) utilizada por Hitchcock en su serie televisiva, pues el maestro Brock que lleva años investigando el archivo suizo de Charles Chaplin, no ha podido completar la banda sonora al completo como contaba en los encuentros del Festival (Canal YouTube©) su enorme labor cual «restaurador», siendo capaz de completar este puzzle sonoro que los jóvenes interpretaron magistralmente, con solistas de categoría, perfectamente encajada la imagen con el sonido (incluso en los efectos imprescindibles en el cine mudo) y haciéndonos olvidar, viendo y riéndonos con la genial película de Charlot, la edad de estos músicos que sonaron mejor que muchos mayores.

PROGRAMA:

Pagliacci (1892)
Drama en un prólogo y dos actos, en versión concierto.
Música y libreto de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919)

Orquesta Joven de Andalucía
Joven Coro de Andalucía
Marco Antonio García de Paz, director del coro
Coro de la Orquesta Ciudad de Granada
Héctor Eliel Márquez, director del coro
Guillermo García Calvo, director

Carolina López Moreno, soprano (Nedda) / Alejandro Roy, tenor (Canio) / Claudio Sgura, barítono (Tonio) / Moisés Marín, tenor (Beppe) / Pablo Gálvez, barítono (Silvio)

The Circus (1928)
Película de Charles Chaplin (1889-1977)
Música de Arthur Kay
 (1882-1969)
The Circus © Roy Export S.A.S.
Estreno en España de la banda sonora original de Arthur Kay de 1928, recuperada por Timothy Brock en 2022

Orquesta Joven de Andalucía

Timothy Brock, director

La belleza del canto

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 12). Recitales.

Lunes 30 de junio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Sondra Radvanovsky (soprano),
Anthony Manoli (piano):
From Loss to Love. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Noche ideal para cerrar junio tras una tormenta a media tarde que hizo bajar la temperatura y poder disfrutar en Los Arrayanes con un recital muy esperado. La web del festival presentaba este recital de mi duodécimo día donde disfrutar de mi admirada Sondra Radvanovsky (Berwyn – Illinois, 1969) con un programa que titulaba «De la pérdida al amor» con las siguientes palabras:

La diva enamorada
Es una de las grandes sopranos de las escenas líricas internacionales. Sus interpretaciones de las reinas de Donizetti, de los principales papeles del repertorio verdiano, pucciniano o verista son seguidos con entusiasmo por los operófilos de todo el mundo, pero una diva también tiene derecho a relajarse en conciertos camerísticos, si es que lo que Sondra Radvanovsky hace sobre la escena puede llamarse así, pues la cantante pone toda la pasión imaginable en cada comparecencia. Aquí lo hará en un recital sobre el amor que arranca en modo barroco al dar voz a dos de las grandes protagonistas femeninas del Londres de los siglos XVII y XVIII, la Dido de Purcell y la Cleopatra de Handel. Luego hará canciones en ruso, alemán, italiano e inglés para terminar con otro de sus grandes roles, el de Maddalena de Andrea Chénier de Giordano y su inmortal La mamma morta.

De traje pantalón blanco la soprano americana junto a su pianista, en manga corta tras un día de bochorno, comenzarían un programa que están rodando por distintos escenarios, con dos arias del barroco donde comprobar que una de las últimas divas también se desenvuelve bien con Purcell y el aria «When I am laid in earth» de Dido and Aeneas, aunque las agilidades no sean muy del estilo, y mejor la Cleopatra de Haendel con una muy sentida  en «Piangerè la sorte mia» de Giulio Cesare in Egitto, acompañada por un piano redondo que la conoce tan bien tras años de trabajo juntos, respirando con ella, revistiéndola en dos arias para ir calentando. De hecho se retirarían al finalizar para este inicio de recital para despojarse de la chaqueta. De agradecer los sobretítulos proyectados con el idioma original y la traducción.

Unas palabras en inglés que no pude entender muy bien desde mi posición, aunque sirvieron para presentar el programa y dedicarlo a su padre que estaba sentado cerca del escenario, amores filiales, recuerdo a su madre perdida, o el encuentro de un nuevo amor tras su divorcio, un viaje como el título de pérdida del amor aunque con un halo de esperanza, interpretándonos las cuatro canciones de Rajmáninov, que se aplaudieron rompiendo la globalidad y esencia de las mismas. Verdadera entrega y melodismo tanto en la voz como en el piano que transitaron por los distintos estados de ánimo tan bien escritos por el ruso, expresividad en el idioma de Tolstoi con un acompañamiento delicado y plegado siempre a la voz.

En la misma línea dramática llegarían, tras otras palabras de la soprano, cuatro canciones de Richard Strauss (nuevamente aplaudidas una a una) que quise entender afrontaba desde hace poco, con una dicción en alemán perfecta, jugando con esas consonantes finales tan bien marcadas, y donde apareció la magia nazarí curiosamente con la mañana («Morgen!») que logró el silencio respetuoso para emocionarnos a todos y «romper el hielo» con el entusiasmo de «Heimliche Aufforderung» antes del descanso.

 

Dejo, como suele ser lo habitual en este blog, parte de las notas al programa de Alejandro Martínez que nos presentan un breve análisis de las obras interpretadas, y que evidentemente eludo a Liszt:

La vida en canciones

Con este recital, titulado From Loss to Love, la célebre soprano norteamericana Sondra Radvanovsky nos propone un viaje muy personal, salpicado de tintes autobiográficos. No en vano la velada empieza con un guiño al repertorio barroco que ella misma interpretó en los comienzos de su trayectoria. Escucharemos así dos piezas icónicas, dos lamentos, ambos conmovedores: el de Dido, «When I am laid in Earth», en la ópera Dido and Aeneas de Henry Purcell; y el de Cleopatra, «Piangerò la sorte mia» en el Giulio Cesare de Handel.

Acompañada por su pianista habitual, Anthony Manoli, Radvanovsky recorrerá a continuación dos bloques de canciones. Por un lado, se ofrecerán tres romanzas de Serguéi Rajmáninov, un autor al que la voz de Radvanovsky se pliega como un guante, con el color oscuro y a un tiempo brillante de su instrumento. Se escucharán después cuatro canciones de Richard Strauss, otro autor al que los medios de la soprano se pliegan con suma naturalidad. La selección de lieder aquí escogidos incluye páginas tan memorables como el célebre «Morgen», que parece detener el tiempo cuando suena.

Cambio de vestuario, el pianista de camisa azul «Real Oviedo» y la soprano con un veraniego vestido amarillo que no era supersticiosa aunque anunció el cambio en el programa, cambiando los Tres sonetos de Petrarca (Liszt) por la belíisima «Canción de la luna» de Rusalka (Dvorak) que mejoró las espectativas y en un repertorio donde Sondra Radvanovsky estuvo como una reina en Los Arrayanes y un piano delicadamente orquestal que es maravilloso comprobar lo bien que se entienden y las veces que lo han interpretado.

Sí se mantuvo esa maravilla de canción dedicada a la propia Sondra, con letra suya por Jake Heggie, «If I had known», una plegaria de dolor cuando una hija pierde a su madre, en este caso la propia de la cantante tras una triste demencia. Toda la emoción que la soprano Sondra Radvanovsky con su pianista Anthony Manoli nos regalaron. Sigo citando las notas de Martínez para comentar lo que restaba de una velada que se nos hizo corta:

En este recital, Sondra Radvanovsky ha querido también hacer un guiño a la creación contemporánea en Norteamérica, que ha florecido con gran pujanza en las últimas décadas. Uno de sus mejores representantes es el pianista y compositor Jake Heggie (Florida, 1961), autor de óperas tan aplaudidas como Dead Man Walking o Moby-Dick. «If I had known» es una pieza expresamente dedicada a Radvanovsky por el autor estadounidense. Lo cierto es que se trata de una canción de enorme calado autobiográfico pues cuenta con versos de la propia soprano, en recuerdo a su madre fallecida hace ahora dos años.

Y como broche a la velada, y en conexión precisamente con ese recuerdo a su propia pérdida familiar, escucharemos «La mamma morta» de Maddalena en Andrea Chénier de Giordano, una pieza que quedó inmortalizada en la memoria colectiva desde su inclusión en la banda sonora de la película Philadelphia, de 1993, en una célebre escena con Tom Hanks.

La soprano de Illinois sigue manteniendo un timbre «afilado y singular, sumamente identificable» con esta «madre muerta» sincera y entregada, excelentemente dramatizada con un portento de agudo y timbre pleno, y aunque por momentos realice unos portamentos tanto hacia el agudo como para descender (manteniendo unos graves portentosos que han ido ganando con el tiempo) que personalmente no añaden expresividad, su volumen y filados extremos y bien cuidados nos dejaron lo mejor de la última noche granadina de junio.

Como reconociendo lo escaso aunque intenso del programa granadino, al menos regalaría dos arias operísticas que «La Radvanovsky» mantiene en su repertorio y domina, junto a un Anthony Manoli verdaderamente «orquestal». Primero la delicada «Io son’ l’umile ancella» de Adriana Lecouvrer (Cilea), suntuosa, impactante en los matices con ese final «Morrò» en pianissimi que cortó el aire, para finalizar con Verdi y la intensa aria «Pace, pace, mio Dio!» de La forza del destino (que debutará pronto en Londres) que con el si bemol agudo brillante e intenso resultó el broche de oro para este «aperitivo operísitico» que el Festival sigue manteniendo e iré contando desde aquí.

PROGRAMA

From Loss to Love

I

Henry Purcell (1659-1695):
When I am laid in earth (de Dido and Aeneas. 1677-89)
George Frideric Handel (1685-1759):
Piangerè la sorte mia (de Giulio Cesare in Egitto, HWV 17. 1724)
Serguéi Rajmáninov (1873-1943):
Ne poi, krasavitsa, op. 4 nº 4 (1890-93)
Zdes’khorosho, op. 21 nº 7 (1900-02)
Ya Zhdu Tebya, op. 14 nº 1 (1894-96)
Richard Strauss (1864-1949):
Allerseelen, op. 10 nº 8 (1885)
Befreit, op. 39 nº 4 (1897-98)
Morgen!, op. 27 nº 4 (1894)
Heimliche Aufforderung, op. 27 nº 3 (1894)

II

Franz Liszt (1811-1886):
Tre sonetti di Petrarca, S. 270a (1842-46)
Jake Heggie (1961):
If I had known (2022)
Umberto Giordano (1867-1948):
La mamma morta (de Andrea Chénier. 1896)

Oviedo adora a Marina

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Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Campodrón y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire. Fotos de Alfonso Suárez y propias.

(Crítica para OperaWorld del viernes 13, con fotos de Alfonso Suárez, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

Inmejorable cierre de temporada del trigésimo segundo Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, lírica pura porque «Marina» fue primero zarzuela pero después ópera gracias a un Emilio Arrieta que supo estar en el lugar exacto en el momento justo, aunque también por un Enrico Tamberlick, el tenor más famoso del momento que luchó junto al compositor navarro para poder estrenarla en el Teatro Real aún “italiano” tras el éxito de «Ildegonda» en 1849 -con libreto de Temistocle Solera en la lengua de Dante- y al fin poder cantar en español (tras los añadidos de Ramos Carrión) para convertirse en la primera “ópera en español” representada en el coliseo de la Plaza de Oriente dos décadas después de aquella primera que seguimos sin poder verla representada sobre las tablas (solo una versión de concierto en 2004 llevada al disco por RTVE). Al menos esta emblemática y casi eterna «Marina» tras la edición crítica de nuestro mejor tándem Cortizo-Sobrino se ha podido escuchar como en su estreno de 1871, íntegra, al igual que en la calle Jovellanos madrileña el pasado octubre, y con un elenco de altura para seguir reivindicando nuestro patrimonio musical, que nunca será suficiente a la vista de tantos grandes títulos que siguen cogiendo polvo incluso en archivos tan “poco musicales” e incluso difícilmente accesibles a los musicólogos como pueda ser el del Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro.

«Marina» ha sonado en todas las casas de mi generación, por la radio o en vinilo, números que se hicieron populares y “cantables” hasta para una parte del público ovetense sentado a mi lado (Vetusta sigue en el siglo XXI), habiendo pasado por las tablas del coliseo carbayón tanto en la versión primigenia como en la propia temporada de ópera, siendo un éxito seguro en taquilla, pidiendo a voces una tercera función pero exigiendo siempre la misma calidad que esta producción que volvió a llenar y hacernos disfrutar.

Nuevamente una función redonda por parte de todo el equipo que en el Campoamor funciona como una experimentada y gran familia donde todos se sienten “en casa”, pues se han subido muchas veces a estas tablas, y el trabajo concienzudo logra siempre el éxito, incluso en esta joya del compositor de Puente de la Reina donde lo flojo del libreto nunca podrá borrar la inspiradísima vena melódica, capaz de conjugar un romántico lenguaje belcantista, cercano a Donizetti pero también a Verdi o Rossini, con elementos de nuestro folklore, muchos de los que hicieron España parada obligada en aquellos primeros viajeros, escritores e ilustradores de la segunda mitad del siglo XIX.

El mejor ejemplo de belcanto es todo el papel de la protagonista Marina, sin duda uno de los más difíciles de cantar e interpretar que lleva al límite la voz (la de todos pero especialmente la de soprano ya desde su primera aria Pensar en él). Y nadie como Sabina Puértolas que así lo definió en la rueda de prensa previa, para encarnarlo en esta primera función y cautivarnos. Su momento vocal es espléndido, ha ganado en el registro grave sin perder color ni volumen, una proyección perfecta llena de matices y musicalidad, un empaste con sus compañeros ideal (el dúo Magnífico buque con Roque), siempre presente en los concertantes, más una interpretación de esta “adolescente” que convence con los gestos y enamora con su voz. Madurez escénica con una técnica que engrandece esta protagonista de Arrieta (de quien ha grabado también parte de sus canciones en “Los cisnes de Palacio”), fortaleza en la parte navarrica y los avatares de un hijo en la “edad del pavo” de quien ha tomado no la inseguridad sino toda la expresividad y estados emocionales para bordar esta Marina. Su “mezza voce” es prodigiosa (bellísima su romanza ¡Oh grato bien querido!), su dicción perfecta y cada aria de la “embajadora de la mierensía” fue muy aplaudida, de agudos prístinos, claros, seguros, especialmente en la recuperada aria final Iris de amor y de bonanza cual Lucía a duo con la flauta (brava Mercedes Schmidt) exigente, virtuosa y explosiva.

Todas las voces tiene ya una primera intervención arriesgada, pero nadie pecó de cobarde como expertos marineros. Así, estuvo muy acertado el trío masculino, que gira en torno a Marina, por los diferentes colores vocales, expresividad y entrega. El capitán crevillentino Antonio Gandía conoce bien este Jorge y estuvo valiente, buen alumno del maestro Kraus que sigue siendo el modelo para este rol (incluso en el ornamento tan de Donizzeti en la famosa aria Costa la de Levante… con la que se presenta en escena), agudos no muy abiertos y bien colocados. Iría creciendo en confianza hasta el popular brindis que abre el tercer acto, correcto y empastado en sus dúos y tríos, para llevar a buen puerto el hermoso dúo Por Dios, tu pena cese con la protagonista.

El asturiano David Menéndez debutaba un Roque apabullante de principio a fin. Vocalmente su timbre es carnoso en toda la extensión, poderoso y brillante pero también muy expresivo con unas tablas que hacen siempre creíbles sus papeles. El cuarteto Seca tus lágrimas (nº 8) sería verdiano a más no poder por empaste y color de todos, otro tanto en el dúo con Marina Magnífico buque o el terceto Ya estamos a bordo, pero impresionaría especialmente en sus seguidillas (La luz abrasadora) tanto en lo vocal como por una interpretación “embriagadora” donde lucir su vis cómica y voz en toda su amplitud al igual que melódico y sentido el tango con el coro Dichoso aquel que tiene la casa a flote.

El contramaestre malagueño Luis López Navarro encarnó un completo Pascual, un bajo auténtico pero musical en cada intervención, rotundo por registro y “cantabile” en el primer dúo con Marina (¡Niégame que es tu amante!), nada «tosco y rudo trabajador…» sino pura lírica y lleno en el octavo número del cuarteto, para rematar una gran interpretación con la escena junto a Marina y Jorge (¡Ella! ¡Prudencia!).

Breves pero manteniendo el nivel de calidad el bilbaíno capitán y marinero “medio asturiano” José Manuel Díaz ya desde su primera escena Felices días con Marina, o la Teresa ovetense María Zapata, así como Seve Cimadevilla, componente del coro.

Y el coro titular que prepara San Emeterio, voces aficionadas pero imprescindibles en el Festival, aquí con protagonismo de principio a fin. Escénicamente siempre acertados (aunque para la complicada sardana resultase casi una danza prima mezclada ¿con un rigodón?), las voces blancas bien afinadas con los pescadores iniciales, encajando bien la escena marinera que cierra el primer acto, algo más “tensos” en la primera escena del segundo (con el arpa brillante y presente de José Antonio Domené que proseguiría en la romanza de Marina), para llegar bien curtidos para el brindis y matizados en el tango con Roque.

En el foso el asturiano Óliver Díaz volvió a demostrar su amplia experiencia en los repertorios belcantistas y el profundo, además de minucioso, conocimiento de «Marina» (con la que debutó en Gijón el ya lejano verano de 2003 para dirigirlo diez años más tarde en Madrid, y Oviedo al siguiente), exigiendo y “apretando” a todos hasta el límite pero mimando todas las voces, ayudándolas, consiguiendo sacar un balance orquestal apropiado para una plantilla mayor que en la versión de zarzuela, con la titular Oviedo Filarmonía que en sus manos rinde al máximo, con excelentes preludios (el del tercer acto de lo más “italiano”), buenos solistas y contagiando la confianza necesaria para un resultado global más que notable. No figuraba en el programa de mano, pero bien y presente (sonó algo amplificada) la breve intervención de pulso y púa desde la bolsa escénica en las seguidillas de Roque.

La puesta en escena de Bárbara Lluch volvió a ser visualmente atractiva, sencilla pero efectiva con la escenografía de Daniel Bianco, ayudando a las voces a base de escaleras y pasarela superior donde ir colocándose para proyectarse sin problemas, aunque haya cierto “horror vacui” por los muchos figurantes (también bailarines) que plásticamente resultan correctos pero por momentos abigarrados, deambulando sin mucho sentido. Espectaculares las videoproyecciones de Pedro Chamizo con unos cielos y Mediterráneo cambiantes para subrayar cada escena y la siempre acertada iluminación de Albert Faura. El vestuario de Clara Peluffo muy de la época en “los señoritos y señoritas” que no lo son para el ambiente marinero de astillero, playa y puerto, con unas rederas algo “floreadas” aunque el resto resultó más creíble y apropiado a todos los personajes.

Oviedo adora a Marina y toda la lírica, el Arrieta como mejor broche para un curso variado que sigue haciendo las delicias de tantos melómanos venidos de toda la geografía para comenzar a reivindicar la capitalidad cultural europea para 2031. Aún queda tiempo pero la historia se sigue escribiendo y la música en Asturias forma parte de su identidad.

FICHA:

Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta (Puente de la Reina, 1821 -Madrid, 1894) y libreto de Francisco Campodrón (1816-1870) y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire.

Estrenada como zarzuela en el Teatro del Circo, el 21 de septiembre de 1855.

Estrenada como ópera en el Teatro Real, el 16 de marzo de 1871.

Edición crítica de María Encina Cortizo.

Ediciones Iberautor, Promociones Culturales SRL Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2005 (2ª edición)

Nueva producción del Teatro de la Zarzuela (2024).

FICHA ARTÍSTICA

Dirección musical: Óliver Díaz – Dirección de escena: Bárbara Lluch – Asistente de la dirección de escena: Paula Castellano – Escenografía: Daniel Bianco – Vestuario: Clara Peluffo – Iluminación: Albert Faura Bravo – Ayudante de iluminación: David Hortelano – Movimiento escénico: Mercè Grané – Diseño de videoproyecciones: Pedro Chamizo.

REPARTO

Marina (huérfana): Sabina Puértoles – Jorge (capitán): Antonio Gandía – Roque (contramaestre): David Menéndez – Pascual (propietario del astillero): Luis López Navarro – Alberto (capitán): José Manuel Díaz – Teresa (amiga de Marina): María Zapata – Un marinero y una voz: Seve Cimadevilla (componente de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”).

FIGURANTES

Alberto Arcos, Claudia Agüero, Emilio Vega, Joana Quesada, Lucas García, Lucrecia Sánchez, Maite Menéndez, Olimpia Oyonarte, Oscar Fresneda, Paco Celdrán.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

Director de coro: José Manuel San Emeterio

La Regenta vuelve a Vetusta

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Jueves 10 de abril de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español. «La Regenta», ópera en tres actos, con música de Maria Luisa Manchado Torres y libreto de Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós.

(Crítica para OperaWorld del viernes 11, con las fotos de Alfonso Suárez, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

Oviedo ya no es Vetusta pero «La Regenta» de Clarín merecía esta ópera en homenaje a los 140 años de su publicación, y tras el estreno madrileño llegaba al Teatro Campoamor y su festival de teatro lírico, gracias al empeño de la profesora Amelia Valcárcel y la compositora Marisa Manchado, Premio Nacional de Música (2024) precisamente en la modalidad de ópera por esta obra tan esperada en la capital asturiana, un tándem que aceptó el reto equiparable según ambas al de Da Ponte y Mozart por reducir a drama Las bodas de Fígaro y cómo el primero escribía las palabras mientras él segundo hacía la música. Para ellos en seis semanas todo estaba en regla pero para las madrileñas la composición de «La Regenta» les llevaría diez años (más otros diez desde la idea primigenia).

Estrenada en Madrid (con cinco funciones) estaba claro que Oviedo tenía que vivir y presenciar esta ópera de nuestro tiempo, donde más de cien años después, aún queda parte de esa Vetusta clariniana y farsante, pues parte del público -maduro y femenino mayormente- salía escandalizado de sus localidades y gritando por los pasillos en medio de la escena del tercer acto con “el cazador Víctor y la presa Regenta”, un coito elegante y nada explícito mientras el cornudo Quintanar se confiesa a Fermo y retará a Mesía, pero que hubiera reaccionado probablemente de la misma forma ambientándose en Boston o Sonneberg, pues si algo tiene esta novela llevada al cine, la televisión, el teatro o finalmente a la lírica, es su atemporalidad y universalidad donde aparecen “el poder, la maldad, las miserias y las ruindades humanas” que son la inspiración de la compositora, tal y como refleja en sus notas al programa.

Condensar las casi mil páginas de la novela de Leopoldo Alas no era tarea fácil, menos aún adaptarla para poder ser cantada (y hablada en momentos puntuales) por sus personajes, pero el trabajo de composición es loable para una ópera actual (me niego a calificarla de vanguardista), exigente para todos, sumándose una escena minimalista de Bárbara Lluch (en Oviedo estuvo Paula Castellano), negra, sobria, que plasma la soledad y la claustrofobia, con un diván como único mobiliario, donde los tres actos se suceden sin pausa, siendo los dos planos en que se realiza la acción lo más logrado, junto a la iluminación y escenografía apropiada de Urs Schönebaum más el vestuario elegante de Clara Peluffo (válido para toda ella aunque implícito en el baile del casino), nos van situando en todos los ambientes de la obra de Clarín.

Y Ana Ozores omnipresente la hora y media, con los cambios de vestuario llenos de complejo simbolismo, revistiéndose en la escena con los distintos modelos, casi como disfraces, de viuda, señora, virgen o prostituta, con pestañas que parecían ser aquellos recortables de los que en mi época llamábamos “mariquitas”.

La soprano María Miró encarnó a esta regenta plena, empoderada en una evolución de su personaje a lo largo de la función: mojigata con las beatas, doliente en la procesión, contenida con El Magistral, apasionada con Mesía y hasta consumida por el remordimiento (y el enclaustramiento), con esa frase tan concluyente y angustiada de “Estoy tan sola, tan yerta”. De canto siempre cuidado, íntimo y potente, timbre bellísimo y uniforme color vocal, sin fisuras en las no muchas coloraturas que MM (como llama Amelia Valcárcel a la compositora) escribe para la protagonista, sobre todo en el último acto de esta su tercera ópera.

El Magistral del barítono David Oller también jugó con su lucha interior, difícil proyectar la voz desde el plano superior pero mejor al lado de su Anita de quien es “su amigo del alma”, el cura lascivo de apariencia mística y sin complejo de Edipo con su madre Doña Paula (una Laura Vila de graves cortos en su emisión desde el lateral del plano superior), de timbre algo “blando” para su personaje, pero convincente en la escena.

El inmoral Álvaro encontró en el tenor Vicenç Esteve la mejor opción para toda la carga seductora de su personaje, “El Don Juan de Vetusta”, vestido decimonónico morado con peluca de ilustrado, que nos dejó un trío bien empastado en el casino con Vegallana, otro sátiro bien encarnado por el también tenor José Manuel Montero de registro más grave con buena diferenciación de colores, y el Don Víctor a cargo del bajo Cristian Díaz, algo limitado de volumen pero suficiente gracias a un foso que siempre respetó las tablas, que sería abatido por el fugado Mesía.

La soprano María Rey-Joly sedujo como la viuda Obdulia y ex-amante de Don Álvaro, sensual, luchando con una escritura vocal que no ayuda al lucimiento pero escénicamente convincente, al igual que la Petra de la mezzo Anna Gomà, con una voz de calibre especialmente en la confesión al Magistral. Dos carreras vocales divergentes en el tiempo pero completando un reparto que remataría el contratenor Gabriel Díaz como sapo, actoralmente impresionante y vocalmente perfecto en este rol repulsivo: imaginería en la procesión central del segundo acto y el repugnante “sapo” del beso a La Regenta.

Merece destacar la intervención del coro residente del festival que prepara San Emeterio, una Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” amateur pero plenamente entregados en el papel de Vetusta, los vecinos de mirada pervertida, chismosos (original la escena con los periódicos y el agujero con las caras, del que dejo una de las fotografías de Alfonso Suárez), inmóviles, jugando con los paraguas más allá del guiño a la climatología asturiana del “Nunca pasa nada, llueve y para…”, con pasajes complicados en esta partitura atonal y sin muchos referentes pero que solventaron con profesionalidad, además de aportar a Eugenia Ugarte y Ángel Simón como Beata y Señorito a este gran reparto clariniano de Valcárcel-Manchado.

Todo el peso de la ópera recayó en Jordi Francés que sacó lo mejor de la partitura, concienzudamente trabajada, con una Oviedo Filarmonía compacta, amplia, afinada, versátil desde hace años, con tímbricas hermosas, una percusión precisa, arpa y teclas virtuosas, el saxo que nos llevaba al vals del casino o el maravilloso solo de violín de Mijlin. La música de Manchado, bien analizada en las notas al programa por el doctor Jonathan Mallada, es difícil de ejecutar por todos. Tiene pasajes agradables de escuchar, con glisandos en la cuerda muy efectistas, solos para demostrar la calidad de los primeros atriles, sonoridades de music-hall, ritmos reconocibles e incluso leit motivs que ayudan a seguir una acción siempre clara en el libreto de Valcárcel, pero el trabajo del director barcelonés, todo un especialista en nuevos títulos, hizo posible una función de autentico drama escénico con respeto por las voces y hacer con la música de la orquesta un abrigo que vistió esta ópera de nuestro tiempo, esperando siga representándose al menos en los 150 años de «La Regenta», porque espero que para entonces el público de esta Vetusta del siglo XXI ya esté educada en las músicas actuales, incluso a las que llaman “de vanguardia”.

FICHA:

Jueves 10 de abril de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «La Regenta», ópera en tres actos, con música de Maria Luisa Manchado Torres y libreto de Amelia Valcárcel y Bernardo de Quirós, basada en la novela homónima de Leopoldo Alas “Clarín”. Estrenada el 24 de octubre de 2023 en la Sala Fernando Arrabal de las Naves de Español en Matadero (Madrid). Coproducción del Teatro Real y del Teatro Español (2023).

Versión orquestal para el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo. Edición a cargo de Guillermo Buendía Navas (Madrid, 2024).

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Jordi Francés – Dirección de escena: Bárbara Lluch – Asistente de dirección: Paula Castellano – Escenografía e iluminación: Urs Schönebaum -Vestuario: Clara Peluffo –  Director del coro: José Manuel San Emeterio.

REPARTO:

Ana Ozores (La Regenta): María Miró – Fermín de Las (El Magistral): David Oller – Álvaro Mía (Presidente del Casino de Vetusta): Vicenç Esteve – Don Víctor Quintanar (marido de la Regenta, exregente de la Audiencia): Cristian Díaz – Paco Vegallana (mejor amigo y confidente de Mesía): José Manuel Montero – Obdulia (viuda llamativa y antigua amante de Mesía: María Rey-Joly – Petra (criada de la Regenta): Anna Gomà – Doña Paula (madre del Magistral): Laura Vila – Sapo (un monago): Gabriel Díaz – Beata: Eugenia Ugarte – Señorito: Ángel Simón.

Actores: Andrés Bernal y Magdalena Aizpurúa.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo

Vetusta espera por La Regenta

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Este martes 8 de abril a las 11 horas tenía lugar en el Salón de Té del Teatro Campoamor la rueda de prensa para presentarnos la ópera española «La Regenta», segundo título del XXXII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, un proyecto que al fin devuelve a Vetusta nuestra Ana Ozores tras casi un siglo y medio.

David Álvarez, concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC) del Ayuntamiento de Oviedo, tomaba la palabra en primer lugar para cedérsela después a Cosme Marina, director artístico de la FMC, resaltando ambos lo que supone para la capital asturiana, dentro de los actos del 140 aniversario de la  publicación de la gran novela de Leopoldo Alas Clarín, y por supuesto la implicación y esfuerzo de tantos implicados en esta ópera, comenzando por todo el personal del Teatro Campoamor, la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pilares de esta producdión de nuestro tiempo, antes de dar paso a Amelia Valcárcel, libretista, y Marisa Manchado, compositora.

Evidentemente en Asturias conocemos bien a la profesora de Filosofía en nuestra universidad, enamorada de la película del asturiano Gonzalo Suárez y como buena aficionada a la ópera pensó en utilizar este «esqueleto de hierro» de Clarín y poder llevarla a las tablas ya en sus tiempos de Consejera de Cultura (de 1993 a 1995). Lo que parecía imposible  resultó un reto, sus gestiones, contestaciones no solo económicas donde la «cenicienta» parece siempre nuestra cultura, lo de «como no lo hagas tú» y los más de 20 años dándole vueltas sabedora que sólo una ópera podía «condensar» esta Regenta, incluso con las reticencias a las óperas contemporáneas. Estaríamos horas escuchando a Doña Amelia, las explicaciones del proceso creativo junto a MM (como se refería a su amiga y cómplice a la que fue convenciendo en Madrid, Oviedo o Llanes), casi como el tándem Mozart-Da Ponte de estas dos señoras, mujeres implicadas en mejorar nuestra sociedad, las escapadas para ir dando forma a esta ópera llena de sarcasmo (como el de la propia Valcárcel), reflejar el «odio» de Vetusta donde el coro personifica una ciudad que con el paso de los años solo quedará en el recuerdo pero que permanecerá en la ópera.

También Marisa Manchado destacaría aspectos importantes para un argumento que permanece con una «Música que es farsa desde la música» porque ya existe demasiada tragedia en el texto y como en el cine la banda sonora está para completar la trama, casi como en sus muchos años al piano ambientando cabaret, Brecht y un ambiente traído a esta ópera donde lo más destacable es el trabajo en equipo con el mismo elenco casi al completo tras su estreno en Madrid el 24 de octubre de 2023 en las Naves del Español en Matadero.

El responsable musical de esta ópera es Jordi Francés, felicitando al coro por el enorme reto que supone siendo aficionados y la total entrega en esta obra, cómo trabajó con Bárbara Lluch para aprender y dirigir desde nuevas ópticas, en Oviedo con Paula Castellano, para posteriormente y con todo el reparto en el salón, ir comentando la experiencia de esta Regenta en Oviedo, el placer de María Miró y David Oller en los papeles protagonistas, y el último en incorporarse, José Manuel Montero, quien se sintió como en casa y lo que supuso preparar esta ópera desde el piano hasta al fin escuchar a la orquesta y comprender aún mejor esta partitura que todos estamos deseando vivir.

Dos funciones el jueves y sábado que sabrán a poco, con casi todo el papel vendido y esperando la oferta del festival aumente las representaciones en próximas ediciones porque está claro que hay afición, acuden aficionados de todas partes, es una inversión y Oviedo sigue siendo referente lírico en España.

Lo contaré desde aquí y para Ópera World.

Unas bodas elegantes

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Sábado 25 de enero de 2025, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. W. A. Mozart (1756-1791): «Le nozze di Figaro», KV 492, ópera bufa en cuatro actos con libreto de Lorenzo Da Ponte (1749-1838).

(Crítica para OperaWorld del domingo 26, con fotos de la Ópera de Oviedo y propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links y la tipografía que no siempre se puede utilizar)

La septuagésimo séptima temporada de ópera ovetense baja el telón con «Le nozze di Figaro», uno de los grandes monumentos del arte occidental como se ha calificado esta ópera de Mozart con libreto de Lorenzo Da Ponte, el mejor maridaje de texto y música para la escena y con la que hemos podido cerrar en la misma temporada la llamada “Trilogía de Beaumarchais”, tras “El barbero” rossiniano de octubre y «La mère coupable» de Milhaud en una adaptación para jóvenes coproducida por la Fundación Ópera de Oviedo y el Festival de Santander esta misma semana.

Cerrar ciclo con estas bodas tan queridas en la capital asturiana (se ha representado en siete ocasiones desde 1966) y con un cartel que podemos calificar “de casa”, siempre llama al aficionado que llenó el teatro, contando con nuestro internacional Emilio Sagi, sinónimo de calidad en la fiel escena sevillana, sumándole el elegante vestuario de Gabriela Salaverri, el foso con Oviedo Filarmonía y su titular Lucas Macías, el Coro Intermezzo, y finalmente un doble reparto vocal, casi todo él bien conocido en Oviedo, demostrando que hay materia prima para una representación equilibrada que apuesta sobre seguro con esta producción belga encajada muy bien en las tablas de un Campoamor siempre complicado por sus dimensiones pero resistiendo incluso montajes como el que pudimos disfrutar en «Aída», también comentado aquí, aunque siga reclamando maquinaria de nuestro tiempo. Estamos por tanto ante «La ópera perfecta” que respeta la época pero sigue siendo tan actual por su planteamiento y crítica social desde la sátira, deleitándonos con el equilibrio formal de un Mozart en plena madurez que conjuga el tempo dramático (cuatro actos para una folle journée) con el musical desde su inigualable genio compositivo.

En esta ópera de enredos, infidelidades, líos, amores y desamores, no falta el elemento lúdico que nos hizo disfrutar cada número de los 28 donde Mozart escribe para todos los personajes y para una orquesta que brilló en el foso comandada por Lucas Macías que arriesgaría en los tiempos: los rápidos para “tirar de las voces” (obligándolas a respiraciones muy ágiles) y los lentos para disfrutarlas (más matizadas también), con dinámicas exigentes que desnudan el volumen individual para poder proyectarse a todo el teatro, así como unos recitativos sin apurarse, con el clave de Borja Mariño siempre en su sitio. Hasta la propia Sevilla la entiende Sagi como un personaje más, y la figuración, a cargo del propio Coro Intermezzo, igual de apremiado en los tempi pero bien afinado y empastado, habla con las manos como si Asturias fuese prolongación natural de Triana, con intervenciones siempre presentes (“Giovani liete, fiori spargete” del acto primero más el tercero con las chicas en “Ricevete, o padroncina”). Incluso el fandango del tercer acto, con Nuria Castejón al frente de un excelente cuerpo de baile de cuatro parejas, mantuvo con las castañuelas bien tocadas, una escena que puedo calificar de elegante por todo, hasta por la cuidada iluminación de Eduardo Bravo capaz de transmitir visualmente la mañana, el mediodía con los soleados ventanales laterales, la boda en el interior del Castillo de Almaviva, y la medianoche con luna llena en un jardín donde escuchamos hasta los grillos.

Once voces con distinto peso argumental y vocal, números individuales (diez arias, dos cavatinas y una arieta) y de conjunto (cinco duettinos, un dúo, dos tríos, un sexteto, tres coros y tres conjuntos finales), todos con sus momentos de gloria, pues la música de Mozart no tiene nada secundario y cada página es maravillosa y por todos conocidas, haciendo difícil quedarse con una sola. Hasta la “dosificación” de los personajes está cuidada buscando una trama ligera que fluye toda ella desde la impresionante y famosa obertura para asentar la orquesta que nos lleva al primer dúo con los futuros contrayentes midiendo la habitación prestada por el Conde antes de alzar el sobretelón.

El Fígaro del onubense Pablo Ruiz fue creciendo a lo largo de la obra, aún centrándose en el primer acto hasta el convincente “Tutto è disposto – Aprite un po’ quegl’occhi» del cuarto, bien de volumen, timbre atractivo y encajando poco a poco el aire con la orquesta, además de mostrar buen empaste tanto con Susanna como en los conjuntos, y escénicamente siempre desenvuelto. La argentina Mercedes Gancedo fue la pareja ideal, una Susanna de presencia continua, plenamente asentada sobre las tablas desde sus dos duetos iniciales junto a Fígaro o el inicio del acto tercero con el Conde (“Crudel! perché finora”), y más dúos con las voces blancas de Marcellina, Cherubino o la Condesa (en la “Canzonetta sull’aria” de color vocal no siempre diferenciado, pero cantado por ambas con mucho gusto), bien solventadas las parejas sin olvidarme de la simpatía mostrada en su aria “Venite inginocchiatevi” del segundo acto.

El noble matrimonio protagonista fueron los Condes de Almaviva encarnados por José Antonio López y María José Moreno. El barítono valenciano de presencia tanto física como vocal impecable nos dejaría el recitativo y aria “Hai già vinta la causa – Vedrò mentr’io sospiro” del tercer acto bien matizada, siempre melódico de fraseo contundente y sin problemas de volumen con el foso. Mientras tanto la soprano granadina interpretó las distintas emociones que atraviesa su personaje: pícara y enamorada en sus arias -las más serias y exquisitas de la ópera- luciéndose en su aparición del segundo acto con la siempre agradecida y bellísima  “Porgi amor” y el “Dove sono” del tercero, amén de los finales concertantes donde su voz estuvo siempre presente.

Una de las alegrías de estas bodas ovetenses fue el Cherubino de la mezzo italiana Anna Pennisi, delicada y muy expresiva, cuyas inseguridades amorosas de su papel no lo fueron al cantar sus dos arias (Non so più cosa son del primer acto y la famosa Voi che sapete del tercero). Simpatía escénica, de bello color que siempre ayuda, como en el dúo con Susanna (“Aprite presto aprite”) o el conjunto final.

También triunfó el Doctor Bartolo del bajo colombiano Valeriano Lanchas por su presencia vocal (muy aplaudida “La vendetta”) y actoral. La Marcellina de la mezzo neoyorquina -de origen cubano- Alexandra Urquiola (debutante en Oviedo) aportó tanto color en el dúo con Susanna como en los siempre “complicados conjuntos” finales del segundo y cuarto acto, con mucha musicalidad en su aria final “Il capro e la capretta ” delante del sobretelón, tras el aria de quien nunca falla por pequeño que sea su personaje: la soprano tinerfeña Ruth González y una Barbarina que no dejó indiferente en su cavatina “L’ho perduta”.

El tenor cordobés Pablo García-López como Don Basilio volvió a demostrar lo bien que le van estos personajes cómicos y el color tan mozartiano a forjado a lo largo de años. Resuelto escénicamente y de suficiente presencia vocal tanto en su aria “In quegl’anni in cui val poco” del cuarto acto como en el trío con Susanna y el Conde (“Cosa sento! tosto andate”), aunque algo mermada en el sexteto del tercero o el exigente número final.

Credibilidad por simpatía, talento y volumen el del bajo malagueño Luis López Navarro con un Antonio jardinero que aporta a los conjuntos esos graves para equilibrar siempre la escena. El tartamudo Don Curzio del tenor tinerfeño David Barrera cerró el elenco donde todos tienen su protagonismo y calidades, mayores o menores pero buscando siempre lo mejor desde un arduo trabajo que nunca finaliza con cada función(aún quedan tres más y el segundo reparto de los llamados “Viernes de ópera”).

Estas bodas tan “de casa” han sido, además de elegantes, muy equilibradas, pues si algo marca las diferencias son sus grandes finales: el del Acto II a partir del “Esci ormai” que va sumando voces desde dos a siete (una de las grandezas de Mozart) sin decaer ninguna, más el gran final “Pian, pianin le andrò”, agitado, vivo, con el foso empujando y los personajes que se van tendiendo trampas unos a otros hasta ese esperado y deseado final donde no hace falta comer perdices para ser felices cayendo el telón de mi temporada operística.

FICHA:

Sábado 25 de enero de 2025, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVII Temporada de Ópera. W. A. Mozart (1756-1791): «Le nozze di Figaro», KV 492, ópera bufa en cuatro actos con libreto de Lorenzo Da Ponte (1749-1838) basado en la comedia “La folle journée, ou Le Mariage de Figaro” (1778) de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais. Estrenada en el Hofburgtheater de Viena el 1 de mayo de 1786. Producción de la Opéra Royal de Wallonie. Alkor Edition Kassel GmbH.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Lucas Macías Navarro – Dirección de escena: Emilio Sagi – Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri – Diseño de escenografía: Daniel Bianco – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo – Coreografía: Nuria Castejón –  Director del coro: Pablo Moras.

REPARTO:

El conde de Almaviva: José Antonio López – La condesa de Almaviva: María José Moreno – Susanna: Mercedes Gancedo – Figaro: Pablo Ruiz – Cherubino: Anna Pennisi – Marcellina: Alexandra Urquiola – Doctor Bartolo: Valeriano Lanchas – Don Basilio: Pablo García-López – Don Curzio: David Barrera – Barbarina: Ruth González – Antonio: Luis López Navarro.

Oviedo Filarmonía

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo).

Para cerrar el tríptico de Fígaro

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Miércoles 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1691 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «El secreto del otro», basado en la ópera «La mère coupable» de Darius Milhaud. Versión del director de escena Íñigo Santacana. Coproducción de la Fundación Ópera de Oviedo y el Palacio de Festivales de Santander.

(Crítica para OperaWorld del jueves 23, con fotos propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links y la tipografía que no siempre se puede utilizar)

La ópera de Darius Milhaud (1892-1974) «La mère coupable», estrenada en el Gran Teatro de Ginebra el 13 de junio de 1966, se basa en la tercera y última parte de la llamada “trilogía de Beaumarchais” tras «El barbero de Sevilla» y «Las bodas de Fígaro», popularizadas en sendas óperas de Rossini y Mozart respectivamente –ambas incluidas en la actual temporada de Ópera de Oviedo, que se cierra precisamente con Le Nozze– de esta trilogía que narra la historia de amor del Conde y la Condesa Almaviva a través del tiempo y sus devenires. Esta última parte constituye el último enredo familiar en el que se descubren sus hijos secretos con una propuesta destinada a un público adolescente y adaptada con el título «El secreto del otro» donde además, como espectadores, deciden el final de la historia, colocándola frente a la vida real a través del teatro. La versión actualizada busca acercar la ópera a futuros públicos y se estrenó el pasado domingo 18 en Pola de Siero, para recalar tras esta de Gijón, el próximo viernes 24 al Teatro Filarmónica de Oviedo, justo antes de las bodas de Fígaro mozartianas a partir del sábado.

El argumento se centra 15 años después de los desposorios, cuando la pareja ha abandonado Sevilla junto a su otro hijo León y su criada Fígara tras la muerte del primogénito, que ha sumido al Conde en una depresión, actuando de manera extraña dilapidando su fortuna, que de seguir así arruinará por completo a toda la familia, además de haberse distanciado de Rosina, la condesa, a la que maltrata sin piedad (como a León, que en esta versión no aparece). Solamente habla con el amigo de la familia, Béggears, quien también se ha venido con ellos a un apartamento parisino. Parece que son los culpables de su desgracia como confiesa a su amigo. Realmente ninguno de ellos tiene la culpa de la muerte de su primogénito, pero ¿habrá otra razón que explique el comportamiento del conde? ¿un secreto inconfesable que esos padres han fingido no saber y que ahora sale a la luz?. El desenlace de esta trilogía lo descubrimos con «El secreto del otro», adaptación al castellano con solo un piano en la parte instrumental más dos bases electrónicas de Íñigo Plazaola que utiliza parte de las oberturas de los Fígaros de Mozart y Rossini con unos ritmos y luces muy discotequeras, subiendo y bajando el telón de fondo donde se proyectaban los vídeos e imágenes diseñadas por Pedro Chamizo, intentando hacer partícipe a un patio de butacas con más gente joven de la habitual en la programación de la Sociedad Filarmónica gijonesa.

La escena, armada toda con cartones que le dan un diseño actual (y ecológico), transcurre en un apartamento diseñado como gran caja con una puerta trasera y muebles “transportables” dentro y fuera, pero siempre visibles además de la llamada “cuarta pared”. Interesante idea de Íñigo Santacana, que se completaría con un adecuado juego de luces de Víctor Longás, contrastando la parte argumental -abundante en las partes habladas no siempre legibles- con las arias y dúos que llevan solamente el difícil acompañamiento pianístico de un siempre seguro Marcos Suárez. La electrónica que hace de “puente” es la contraposición que daba paso a unos movimientos algo artificiosos (dudo que los jóvenes bailen así) por parte de los figurantes Querubino y Florestine (Oskar Fresneda y Silvia Bango) con vestimenta (a cargo de Mar Pérez Soler) muy dieciochesca precisamente en las partes electrónicas. A destacar el trabajo actoral de la narradora Arantxa Fernández como Fígara, quien se encargaría de abrir y cerrar la obra con un final preguntando al público de las primeras filas de butaca por el desenlace deseado -que mantendría el original por votación- aunque se nos presentasen momentos “muy actuales” que bien podrían acabar en los juzgados por “violencia de género”, buscando tal vez concienciarnos a todos de algo que sigue ocupando las noticias diarias en todos los medios. Una visión actual desde un lenguaje joven pero válido para todas las edades y hacernos pensar sobre las relaciones de pareja en esta historia de amor llena de infidelidades, envidia, celos y maltrato.

De los tres protagonistas -con buenos arreglos musicales de Adrián Arechavala– vestidos con colores contrapuestos muy bien elegidos para cada rol, destacar el enorme esfuerzo de las partes habladas, con desigual proyección y no muy clara dicción que sería similar a las cantadas. Tres voces jóvenes para los roles elegidos en esta versión de Santacana: un Almaviva trajeado de blanco, camisa gris y corbata azul, a cargo del barítono Francisco Sierra que demostró el mismo carácter tosco de su rol, con un volumen exagerado y por momentos “destemplado” que literalmente no mostraría empatía alguna con la condesa Rosina, de luto riguroso, cantada por la soprano de origen cubano Vilma Ramírez, de color ideal y amplia tesitura aunque volumen limitado, pero reconociéndole el esfuerzo y trabajo en sus dos arias sin más referencias que las armónicas del piano en esta compleja partitura de Milhaud, y una escena siempre creíble donde su acento caribeño se percibió. Se nota en esta “pareja noble” una formación que aún deberá seguir puliendo detalles en una música tan atonal que no siempre es agradecida de cantar.

El más experimentado barítono venezolano Ángel Simón como Bégears, con un jersey color caramelo a juego con los zapatos, continúa reafirmándose paulatinamente tanto en la escena como en el canto, más contenido y bien fraseado, completando las tres patas de esta función, necesarias para un equilibrio siempre necesario en toda representación.

FICHA:

Miércoles 22 de enero de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1691 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «El secreto del otro», basado en la ópera «La mère coupable» de Darius Milhaud (1892-1974). Versión del director de escena Íñigo Santacana. Coproducción de la Fundación Ópera de Oviedo y el Palacio de Festivales de Santander.

FICHA TÉCNICA:

Música de Darius Milhaud con textos de Madeleine Milhaud. Traducción al castellano de Íñigo Santacana.

Dirección de escena, dramaturgia e idea: Íñigo Santacana.

Arreglos musicales: Adrián Arechavala

Ayudante de dirección y vestuario: Mar Pérez Soler

Adaptaciones musicales de Mozart, Rossini y DJ: Íñigo Plazaola

Iluminación y concepto escenográfico: Víctor Longás

Creación de vídeo: Pedro Chamizo

Piano: Marcos Suárez

REPARTO:

Conde Almaviva: Francisco Sierra (barítono) – Rosine, la condesa: Vilma Ramírez (soprano) – Bégears: Ángel Simón (barítono) – Fígara: Arantxa Fernández (actriz) – Querubino: Oskar Fresneda – Florestine: Silvia Bango (figurantes)

Carta a SS.MM.

2 comentarios

Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:

Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar la hoja del calendario a este nuevo año con rima fácil y poco educada aunque cause risa (como «caca, pedo, culo, pis»…).

Musicalmente, y a la vista de cómo sigue el mundo lleno de guerras, genocidios, odio y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música a ser posible en PAZ, FRATERNIDAD y AMOR como pidió Riccardo Muti el primero de año desde Viena, aunque sé que la SALUD es el mejor regalo en estos tiempos.

Sin necesidad de aniversarios (y en 2025 también tenemos varios para celebrar), como todo los años que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas, chicos de hierro, «piedras» y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también una Escolanía -pues a la de Covadonga la han «desaparecido»- más la de San Salvador…), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.

Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, también finalizado su contrato con la OCRTVE, así que aprovecho para pedirles «le den una orquesta» para este 2025 y siguientes, pese a que no le falta trabajo. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues seguimos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha, y que se acierte en el nombramiento de una gerencia que la ayude a seguir creciendo con su titular portugués (¡por favor que no nos lo lleven!).

Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles muchos conciertos para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando «desde casa», actuando solos, con otros ensembles, pero especialmente con «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo en cualquier día del año.

También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes y «emigrados» como Mario Bernardo o Martín García. Todos ellos, junto a Henar F. Clavel, están creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui (que será de nuevo mamá este año como el mejor y mayor regalo) o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2025.

Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (al menos que siga igual de fructífero) y Gabriel Ordás (en Manhattan formándose y trabajando en la distancia), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en otras cartas. Gracias señorías…

Y por mantener la ilusión, aunque como decía mi madre «parece que te hizo la boca un fraile», continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias porque acaban repitiéndolas más que el ajo.

Este año no pido nada para mis violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pero siguen trabajando y bien: Ignacio Rodríguez sigue emigrado en Bélgica y María Ovín continúa en la OSPA, creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúen los éxitos.

Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2025 y mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la soprano asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque esperemos mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor (como fue su gran protagonista de La Rosa del Azafrán), tras su esperada Mimí en Alicante y hace poco un Manojo madrileño a tope), por lo que les sigo pidiendo llevarla al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa pero debo recordarles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.

Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi recordada mamá me repetía aquello de «contra el vicio de pedir, la virtud de no dar»… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos (parece que se va logrando) sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.

A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan que existe la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que «los envíos» llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).

Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia allá por junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2024 en que cumplíamos seis años (esta vez la Lotería no tocó pero sí nuestros músicos que no pararon), esperando mantengan su Banda Sinfónica y agradecerles haber hecho un buen relevo de nuestro querido Antonio Cánovas (ya en su tierra murciana y dirigiendo la Banda de Águilas) con un prometedor e ilusionado Nando Castelló. Poder mantener el mismo nivel a lo largo de estos seis años y llevar su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos, es un deseo que se sigue cumpliendo y nuestros «13 Reyes» estrenados en la Folixa de Mieres triunfaron en Lorient, esperando ya el 31 de mayo para volver a disfrutarlo en el Auditorio de Oviedo con los «hermanos» de la Banda de Gaites «La Laguna del Torollu» e Iñaki Santianes comandando este proyecto que se hizo realidad. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.

A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces descansaría (no tiro fuegos artificiales por respeto a los perros…) pero ya ven que no está entre las peticiones musicales de este mi tercer curso fuera de ella. La LOMLOE o Ley Celáa sigue empeorando leyes anteriores (y recuerdo que iban ocho en 37 años) en pos de una generación de ignorantes digitales y adictos al móvil (no pienso escribir nada de la mal llamada INTELIGENCIA ARTIFICIAL que parece un oximorón), aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.

Gracias señores majos y Magos (de donde vengan utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso). Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2025.

Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

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