Inicio

Lírica en Gijón

1 comentario

Jueves 12 de octubre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, Gala Lírica: Carlos Álvarez (barítono), Rocío Ignacio (soprano), Jorge de León (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano).

Magnífica fiesta lírica con tres generaciones de voces españolas triunfando por el mundo y un pianista que sigue al pie del cañón trabajando repertorios tan variados como el de este Día de la Hispanidad.
Concierto de calidad y cercanía tocando todos los palos, el musical, la opereta, nuestra zarzuela y la ópera, la voz como verdadera protagonista organizada a la usanza de solos y dúos bien buscados para llegar a un público fiel aficionado a la lírica venido de distintos puntos de Asturias al abrir la centenaria sociedad gijonesa la taquilla, ampliando un aforo que los asociados no pueden llenar.

Tras la salida a escena del cuarteto de artistas dándonos la bienvenida el «veterano» barítono malagueño, comenzó el tenor canario Jorge de León con esa bellísima Maria del «West Side Story» (Leonard Bernstein) pletórico y lleno de matices tomando el relevo Carlos Álvarez con el «Sueño imposible» (Impossible dream) de «El hombre de La Mancha» (Mitch Leight), dos óperas más que musicales del siglo pasado también llevadas a la pantalla y conocidas en versiones más o menos líricas. Y cual musical la opereta del «rey Lehar» especialmente «La viuda alegre» para disfrute de la sevillana Rocío Ignacio con Vilja oh Vilja más reposado de lo habitual, y el dúo con el tenor canario del vals cantado en español, páginas conocidas y bien interpretadas, sentidas y mimadas desde el piano de Álvarez Parejo antes de acometer nuestra zarzuela.

Dificultades y exigencias aún mayores, cantantes y actores más que a la inversa para cuatro joyas de nuestra zarzuela defendidas como debe ser para alcanzar la calidad que se merece. Primero la soprano con la romanza Un tiempo fue de «Jugar con fuego» (Barbieri) de amplio registro y color uniforme, buena dicción y expresión, después el poderío y gusto de nuestro barítono más internacional en Luché la fe de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba), cantada con sentimiento y estilo único del malagueño para rematar en dúo andaluz del mismo compositor para «La Marchenera» que pudimos disfrutar en Oviedo, esta vez con piano pero igualmente agradecido, empaste, relevo generacional que hace coincidir madurez y frescura.

Verdi no pasa de moda y todavía estamos disfrutándolo estos días desde Oviedo, páginas que a nuestros cantantes les abre puertas en todo el mundo y demostrando su dominio. Dura el aria Come in quest’ora bruna de «Simón Bocanegra» para una soprano con voz creciendo poco a poco, durísimo ganar cuerpo y volumen en el grave pero bien defendida por Rocío Ignacio.
Para cerrar esta segunda parte cuatro números de «Otello«, el Shakespeare verdiano elevado al olimpo lírico para rodar dúos y arias en tres personajes dispares condenados a entenderse. Maravilloso estar cerca del escenario para ver la transformación gestual y actoral en cada número, Già nella notte de soprano y tenor, Desdémona aún más cómplice que la viuda de la primera parte, Credo in un Dio crudele de auténtica recreación a cargo de Carlos Álvarez en un momento álgido olvidado el pasado y disfrutando de una etapa nueva de mayor goce escénico y vocal; Dio mi potevi scagliar… nos descubrió nuevos colores del tenor Jorge de León, con cuerpo en el grave y agudos seguros en todos los matices. Y la guinda del pastel nuestros particulares Otelo y Yago del segundo acto, el dúo Si, per ciel, guiños de entendimiento y sabiduría, paleta de colores complementarios para enriquecer ese lienzo donde la reducción orquestal al piano es verdaderamente endiablada pero la belleza vocal primó de principio a fin. Excelente dúo de altos vuelos «Made in Spain» para un tenor canario que encara este demandado moro de Venecia con solvencia junto a un Yago talismán más que dominado por el barítono malagueño, para quien Verdi siempre es una llave que seguirá abriendo puertas.

De propina nada menos que dos dúos también verdianos: los caballeros Álvaro y Don Carlo en Solenne in quest’ora, el duetto de «La forza del destino» y los andaluces dejándonos a Leonora y El Conde Luna en «Il trovatore», desigual peso de personajes y voces pero buen cierre para seguir tarareándolo entre las funciones del Campoamor, a donde volverán Carlos y Jorge con el «Andrea Chenier» que cierra año, penúltimo título de la temporada. El buen sabor de boca durará varios días.

P.D.: Crítica de Ramón Avello en El Comercio. Crónica en La Nueva España.

Sigfrido sin miedos

6 comentarios

Miércoles 13 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera de Oviedo: tercera función: Siegfried (R. Wagner), nueva producción de la Ópera de Oviedo. Entrada último minuto delantera de principal: 30 €.

Para los docentes y melómanos en Asturias el comienzo del curso lo marca la temporada de ópera ovetense que este año alcanza nada menos que 70 años, cumpliendo con los 125 del Teatro Campoamor, así como el paso por taquilla para la adquisición de abonos de OSPA, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano, una verdadera «cuesta de septiembre» más allá del Huerna o el Puerto de Pajares, en todos los sentidos.
Inicio de curso musical por todo lo alto, con una conferencia previa cual lección inaugural el pasado día 5 a cargo del maestro Guillermo García Calvo embarcado en completar la tetralogía wagneriana que este 2017 nos trae la tercera entrega de El Anillo del Nibelungo con «Sigfrido«. Si Wagner siempre es mucho, contado por el director madrileño aún se engrandece la figura y obra del compositor, lo que pude comprobar en la tercera función de un miércoles climatológicamente ardiente, como toda la trama de fuego, con excelente entrada pese a las cinco horas largas que suponía esta cita ineludible (parte del público marchó en el segundo descanso, perdiéndose el tercer acto… pero ya sabemos cómo es Vetusta clariniana).
Media hora antes de levantarse el telón, en el salón de té Pachi Poncela avanzaba su «preludio» informal pero documentado para los que venían con tiempo, invitando a disfrutar con la mochila vacía de este cuento para niños de todas las edades, si bien algunos traíamos la lección aprendida sabedores de lo que se avecinaba, máxime tras la citada conferencia del maestro madrileño junto a Carlos Wagner, el diseñador de una original puesta en escena que tapaba el foso para situar los cantantes sobre él, incluso entrando por el patio de butacas o cantando desde Principal, sin utillaje y con un vestuario atemporal pero efectivo, mientras en el escenario una «Orquesta Fantástica Asturiana» con más de cien músicos compartiría el protagonismo musical total.
Y hablo de orquesta fantástica porque se unieron OSPA y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de García Calvo para alcanzar una sonoridad única, duro trabajo previo buscando ese ideal wagneriano de riqueza tímbrica, el verdadero color con todos los matices posibles que nunca taparon un elenco vocal muy equilibrado, otro logro alcanzado de un reto titánico. La «orquesta fantástica» nos dejó momentos increíbles de empastes en todas las secciones, el ropaje idóneo para las voces y el protagonismo total en el sitio justo, cuerda sedosa, maderas y metales casi como un órgano, percusión segura, dinámicas y equilibrios perfecto bajo la dirección siempre comprometida, segura y convencida del maestro Guillermo. Desde el inicio hasta el último acto no hubo respiro, pianísimos increíbles, casi camerísticos, contrastes sin miedos como el propio Siegfried, reguladores amplios, potencia caleidoscópica en el inicio del tercer acto que mantuvo el concepto de obra de arte total rematando un trabajo de orfebre para un anillo mágico y una Nothung bien forjada orquestalmente. alternancia de concertinos en cada acto pero una alegría ver compartir atriles a los músicos de ambas formaciones en esta orquesta única que espero poder volver a encontrarla para una Octava de Mahler asturiana…
Con el escenario lleno en todos lo sentidos, las voces elegidas completarían una función que pasará a la historia operística local, comenzando por el tenor ruso Mikhail Vekua como Sigfrido, un verdadero atleta para poder cantar un rol tan exigente, Heldentenor o tenor heróico además de dramático en el buen sentido, desde una clasificación cada vez menos necesaria pero que ayuda a entender este tipo de voz necesaria en estas óperas.
Impresionante la riqueza expresiva, su potencia sin perder lirismo ni buen gusto y el crecimiento del personaje nunca temeroso hasta encontrar a Brunilde, redondeando una actuación magistral sobre el foso, caminando de un lado al otro, corriendo, tumbándose, escenificando sin ningún atrezzo y convenciendo a todos.
Otro tenor y otro color pero igualmente creíble el Mime de Johannes Chum, personaje complejo el malvado enano capaz de pasar de la ternura al odio, la (con)fabulación y la burla, segundo pilar vocal de Sigfrido.
La tercera pata masculina fue el barítono rumano Béla Perencz como Wotan El Viandante (o caminante) apareciendo por el pasillo del patio de butacas con lo que supone a nivel acústico, fue mejorando en cada acto para completar una actuación sobria de este trío protagonista.
Pero el resto, pese a intervenciones «menores» en cuanto a presencia escénica no podían quedar a la zaga en cuanto a calidades.
Destacables a mi gusto el bajo-barítono rumano Zoltan Nagy como Alberich el hermano de Mime, manteniendo el tipo, y las dos sopranos españolas: Maribel Ortega, una Brünnhilde impresionante, segura, de tesitura amplia y redondez en todos los registros, llenando el acto final de belleza vocal junto a Siegfried, más la voz del Pájaro del bosque del segundo acto, Alicia Amo, cantando desde principal (un lujo escucharla tan cerca de mí) y entresuelo, afinada pese a la distancia con la orquesta, color hermoso que esperamos disfrutar mucho tiempo en papeles protagonistas, pero tan necesarios en estas óperas para alcanzar esa calidad vocal global.
Dentro del citado equilibrio vocal el bajo milanés Andrea Mastroni como Fafner me gustó su color y volumen, cerrando elenco en un escalón inferior la mezzo polaca Agnes Zwierko como Erda, breve escénicamente y la única que pareció tener miedo al empuje orquestal detrás con un vibrato algo excesivo pero completando un reparto muy homogéneo para este Sigfried wagneriano.
No entraré en detalles sobre  la representación semiescénica (o más técnicamente «semi stage«) con la que los cantantes afrontaron sus personajes, sin espadas, lanzas o yelmos, aunque el concepto del venezolano Wagner basado en proyecciones sobre la pantalla del fondo y la cortina delante de la orquesta, tuvo de todo. Bien lograda la forja o los vuelos de los estorninos que parecían estar dentro del teatro dando formas cambiantes desde el propio anillo hasta un corazón o una calavera, la lluvia, espadas o incluso el dragón, también la gruta junto a las cartas de la baraja y otras formas más o menos abstractas que no añadían mucho, aunque por momentos se lograban efectos tridimensionales pero desde el patio de butacas parece molestaron más que desde mi ubicación en el segundo piso. La escenografía con estos contenidos generados digitalmente dan mucho juego y en esta concepción donde la orquesta forma parte del propio argumento siendo decorado y protagonista a la vez, personalmente no engrandeció la representación puesto que la música lo inundó todo y cerrando los ojos ponía lo que echaba en falta.
El resto en las manos de Guillermo García-Calvo, orfebre de lujo para perder el miedo a Wagner.
Aún faltando la cuarta y última función, ya han comenzado los ensayos del siguiente título, un trovador verdiano para mantener la sana rivalidad con el alemán, histórica y complemento de dos polos que siguen sumando: el italiano con legión de seguidores, el germano ganando adeptos y nuevos públicos, y en Oviedo, nuestra «Viena del Norte», compartiendo cartel para deleite de operófilos y melómanos en general en un curso 2017-2018 que se avecina de lo más completo.

Enlaces: Tertulia de «La Nueva España»; críticas de: Ramón Avello «El Comercio», Andrea G. Torres «La Nueva España», Aurelio M. Seco «Codalario», Alejandro G. Villalibre «OperaWorld», Javier Labrada «Platea Magazine», y prensa escrita:

El verano también es trabajo

4 comentarios

Viernes 21 de julio, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: Concierto de clausura del III Curso de Canto y Repertorio «La Castalia«. Entrada libre.
Para algunos el verano supone ocio y vacaciones aunque en el mundo musical nunca se tenga un minuto de tiempo libre. Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» hispano incluso en los meses de estío con unas temperaturas idóneas para disfrutar de su amplia oferta en los distintos entornos y festivales, pero también para aprovechar unos días de formación, la que ocupa toda la vida profesional y más aún en el siempre exigente mundo lírico.

La Asociación Cultural «La Castalia» que preside Santiago Ruiz de la Peña sigue ofreciendo cursos como este tercero de canto y repertorio en la capital asturiana, acudiendo jóvenes voces asturianas y de las comunidades cercanas para continuar esa carrera en algunos casos incipiente, en otros consolidándose, buscando siempre mejorar distintos aspectos como perfeccionar la técnica, dicción y fonética, idiomas tan necesarios en todas las facetas profesionales, o repertorio y análisis, recordando que todo ello es imprescindible para quienes se dedican al mundo de la lírica, independientemente de buscar una carrera o por el mero hecho de continuar ese itinerario sin final que es el canto.
La labor del claustro de «La Castalia» sigue siendo encomiable por inculcar amor por la música y poder visibilizar unas voces desconocidas para parte de un público que volvió a llenar el Palacio de Toreno, y que resultó el termómetro de examen final a cinco días de duro trabajo que culminan con el concierto final.

Enhorabuena a Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto), Manuel Burgueras (repertorio y pianista «oficial» de estos cursos), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis) y la ucraniana afincada entre nosotros Yelyzaveta Tomchuk, nuevo fichaje en el campo del pianista de repertorio, más allá del acompañamiento, con un trabajo «poco agradecido» en las siempre diabólicas reducciones orquestales que compensan páginas «liederísticas» como también pudimos disfrutar este viernes, completando un elenco de profesores a los que la moda e invasión anglosajona comienza a llamar coach.
Interesantes las obras elegidas y el orden de intervención de los cantantes para «armar» este concierto de clausura del que dejo copia a continuación y amplío con algunas anotaciones a vuelapluma.

Abundante cosecha de sopranos y digna representación del resto de cuerdas (mezzo, tenor y barítono) afrontando repertorio variado y difícil donde hubo una verdadera colección lírica con dos obras por voz colocadas en el programa para dar variedad y vistosidad a los géneros trabajados con el profesorado durante la semana.

Abría velada la soprano gallega Cristina Suárez con Manuel Burgueras al piano cantando Sposa son disprezzata de «Bajazet» RV 703 (Vivaldi), con la misma trama de «Il Tamerlano«, un aria barroca de calado mostrando buenas maneras (que completaría su intervención con Weber) y ganas de gustar en dos estilos distintos y distantes.

Volvía a escuchar a la soprano Canela García que nos dejó el «lied» sinfónico Zueignung op. 10 nº 1 (R. Strauss) de sentimiento, poesía musical y diálogo con el piano del maestro hispanoargentino y volvería con La zagala alegre de las «Seis canciones castellanas» (Toldrá), la canción de concierto que exige a los intérpretes crear y cantar un microrrelato donde el texto debe ser subrayado con la música, algo que ambos intérpretes entendieron en la dirección correcta.

Ya conocía a la mezzo María Heres, con Lisa Tomchuk al piano que afrontó el aria Che puro ciel de «Orfeo y Euridice» (Gluck), un repertorio de arias barrocas en las que la ovetense se desenvuelve con comodidad y un color idóneo recordándonos el de algunos contratenores que están recuperando muchas de estas partituras, retomándolo posteriormente con Che faro senza Euridice (en vez del previsto Cruda sorte! Amor tiranno! de la rossiniana «L’Italiana in Algeri«, único cambio que demuestra el atento trabajo por ofrecer siempre lo mejor de cada intérprete).

Mi admirada soprano la avilesina Vanessa del Riego con Manuel Burgueras al «piano orquestal» nos interpretaron el Laudamus te de la «Gran Misa en do menor» (Mozart) siempre progresando en un repertorio que lleva interpretando a lo largo de su carrera, siempre difícil en el caso del genio de Salzburgo, endiablado en agilidades, color, saltos y musicalidad. Un aplauso por su encomiable trabajo y amor por la música.

El también conocido tenor Adrián Begega con Yelyzabeta Tomchuk afrontó el lied Der Neugierige del ciclo «Die schöne Müllerin» (Schubert) y el recitativo con aria Sventurata Sidon!… Se colà ne´fatti è scritto del «Idomeneo» mozartiano, bello color y registro central poderoso, más idóneo para Mozart que para el muy exigente y siempre complicado mundo camerístico de la llamada canción de concierto, al que pocos cantantes han querido acercarse precisamente por sus dificultades.

La también gallega y soprano Carla Romalde nos interpretaría la Ännchen de «El cazador furtivo» (Weber) con el aria Einst träume meiner sel’gen Base donde su expresión gestual debe complementar la acción que el texto en alemán describe, mejor en la parte movida y «cantabile», mientras su compañera Cristina Suárez volvería para la Ágata doliente Und ob die Wolke sie verhülle, dos colores de voz y personajes para la misma obra, con la reducción pianísitica a cargo de una convincente Lysa Tomchuk. Carla Romalde repetiría posteriormente con la Romanza de María de «El Juramento» (Gaztambide) más cómoda  con el castellano y de color carnoso escrito para lo que entonces se llamaba tiple, para una partitura igual de exigente que también pudimos disfrutar en el Campoamor hace tres años.

Habitual en nuestra tierra y también trabajando duro, la soprano moscona Paula Lueje con Manuel Burgueras nos dejaron una auténtica recreación de I’ vidi in terra (soneto 123 y último de los «Drittes Sonet von Petrarca«) del húngaro Franz Liszt, partitura poco habitual bien defendida y ejecutada por ambos intérpretes, que como escribe Petrarca supusieron «cordura, amor, dolor y cortesía», muchas tablas por parte de ambos, siendo la de Grado quien finalizaría el concierto con el piano de Tomchuk pasando de la poética italiana al alemán casi cabaretero de la conocida Canción de Vilja (Vilja Lied) perteneciente a «La viuda alegre» («Die Lustige Witwe«) de Léhar, el rey de la opereta siempre exigente pero muy agradecida, perfecto rubato con feliz entendimiento pianístico y sentimiento a raudales que resultaría broche dorado del concierto.

Otra voz que pasó hace unos años por Asturias y volvía a este curso es la soprano ferrolana Gloria Amil que tiene tras de sí una carrera variada, esta vez trabajando y cantando con la orquesta hecha piano de Manuel Burgueras dos exigentes y conocidas arias operísticas: el Addio, del passato bei sogni ridenti de «La Traviata» (Verdi) y la gavota Obéissons quand leur voix appellee de «Manon» (Massenet) lógicamente con piano y sin coro pero que el público interrumpió varias veces -supongo que por desconocimiento pese a ser un título de referencia en la ópera-, mejor Manon que Violeta sin meterse mucho en dos roles que deben convencer y enamorar además de cantarse, aunque la belleza de estas páginas supera cualquier comentario teniendo todos nuestras referencias en dos personajes fetiches para cualquier operófilo.

El joven barítono turolense Ricardo Barrul Martín acompañado al piano por el maestro Burgueras apuntó buenas maneras en las arias de Alfonso Ma, de’malvagi invan… Vien, Leonora de «La Favorita» (Donizetti) y Zurga O Nadir de «Los pescadores de perlas» (Bizet), con un bello color vocal que los años irán dando el cuerpo necesario puesto que musicalidad tiene y técnica continúa trabajándolo, estando en el camino correcto para afrontar estos roles.

La soprano vitoriana Nora Chena Sola con el piano de Yelyzabeta Tomchuk demostró el buen y poderoso instrumento que posee afrontando dos pesos pesados vocalmente como la «Canción de la risa de Adela· en Mein Herr Marquis de «El murciélago» (Johann Strauss hijo) y Les oiseaux dans la chamille («Los Cuentos de Hoffman«) de Offenbach, mucho más que un despliegue de poderío, agudos o agilidades, convencimiento y escena que da el trabajo así como mucho tiempo de estudio, el que nunca termina, cautivando al público en ambas arias, especialmente la segunda donde no necesitó «darle cuerda a la muñeca» para enamorar siempre con el excelente subrayado musical de la astur-ucraniana Tomchuk.

En definitiva un curso de nota con las lecciones bien aprendidas que todavía quedaría repasar tras el concierto de examen final porque así es la vida del música, estudiando siempre para buscar la excelencia. Y llegar a casa con tiempo para disfrutar en El Palco de La 2 (también en la web de rtve) de un «Liceu a la fresca» con un «Trovador» que algunos de estos cantantes podrían cantar en algún momento de sus carreras, pues la ópera sigue enamorando y las voces llegan directamente al alma.
Enhorabuena a todos.

El magisterio de Maria Callas

1 comentario

Lunes 3 de julio, 20:00 horas. Oviedo, La Nueva España, Club de Prensa Asturiana: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, conferencia «El magisterio de Maria Callas», a cargo de Victoria Stapells y Arturo Reverter.

Lleno hasta la bandera en el club de prensa del diario asturiano para escuchar la conferencia organizada por la ALAAK, presidida por Carlos G. Abeledo, quien abrió el acto para presentar a los ponentes, la canadiense afincada en sevilla Victoria Stapells y el musicólogo, crítico musical, escritor y radiofonista Arturo Reverter, en un verdadero y ameno homenaje con motivo de los 40 años de la muerte de «La Divina«, que sigue siéndolo además de un verdadero mito, manteniendo su vida y su carrera tan presente como solo las divas pueden.

Alternando Stapells y Reverter en perfecto orden datos personales, audios de conferencias, fotografías y por supuesto fragmentos de algunos de los mejores momentos de Maria Callas (Nueva York, 1923 – París 1977) en los felices años 50, sin faltar el toque crítico y el humor gallego de Don Arturo, pudimos disfrutar de tomas en vivo, siempre las mejores que en estudio, reconociendo que la soprano americana de origen griego pese a carencias conocidas resultó única, sabiendo adaptarse y hacer suyo cada rol. Tampoco faltaron esas anécdotas que todavía engradecen más si cabe al mito, y cómo no, la soledad de las grandes tras la apoteósis del escenario.

Para terminar la hora de conferencia nada menos que unos fragmentos de «La Callas» (sólo las grandes tienen su apellido precedido por el artículo) en una de aquellas históricas clases en la Juilliard School allá por 1971 explicando cómo cantar Una voce poco fa del «Barbero», repasando Arturo Reverter las variaciones y agregados habidos a lo largo de este aria de Rosina en el tiempo y las distintas intérpretes, siempre desde el análisis técnico de un especialista como el madrileño, para terminar con la «Tosca» del Covent Garden en 1964 rodada por Zeffirelli y el famoso Vissi d’arte con Tito Gobbi que todavía sigue poniendo los pelos como escarpias…

DiDonato trajo la paz

5 comentarios

Martes, 6 de junio, 20:00 horas: Oviedo, clausura de los Conciertos del Auditorio: «En guerra y paz: armonía a través de la música».
Joyce DiDonato (mezzosoprano), Il pomo d’Oro, Maxim Emelyanichev (clave y dirección musical). Coreógrafo y bailarín: Manuel Palazzo; director de escena: Ralf Pleger; iluminador: Henning Plum; diseñador de vídeo: Yousef Iskandar; vestuario: Vivienne Westwood y Lasha Rostobaia; maquillaje M.A.C. Fotos de webs, Sven Lorenz y Javier del Real.

Un mensaje de «La DiDonato» entregado en sobre cerrado nos pregunta como en la web ¿En medio del caos, cómo encuentras paz?… Múltiples respuestas en estos tiempos de atentados, hambre, migraciones, guerras y muchas crisis incluyendo la cultural, pero la respuesta la dio la propia diva internacional en sus palabras de despedida: el Oviedo que conoció en los exterminados Premios Líricos del Campoamor, su anterior concierto y este martes de campo festivo en Vetusta, con música y bailes tradicionales en el Campo San Francisco, los árboles, la hierba, las familias comiendo bollos preñaos que compartió, la inocencia y alegría de los niños, la inocencia y sobre todo el amor por la música que convierte a la capital asturiana en «La Viena del Norte» de España, una ciudad que las figuras, los grandes nombres que la han visitado, saben colocar en el mapa (cultural) sin dudar la ubicación, con ganas siempre de volver.

Joyce DiDonato nos trajo un verdadero espectáculo más allá de la propia música, perfectamente elegida y organizada, con textos traducidos y proyectados que la mezzo norteamericana representó, microrrelatos llenos de belleza, hondura guerrera y luz pacífica, interpretando en cuerpo y alma, con una puesta en escena completísima donde Il Pomo d’Oro con Emelyanichev al mando de esta nave, al clave, dirigiendo, marcándose un solo de «cornetto» en De Cavalieri, auténtico espectáculo cuidado al mínimo detalle, sobrio y elegante, nada accesorio, todo en su sitio, con la voz carnosa de una Joyce que gana con los años como los buenos vinos, aunque las agilidades no brillen como antaño, musicalidad a borbotones, buen gusto, elegancia, saber estar, llenar la escena en todo momento… Si además la orquesta es de lo mejor que podemos encontrar hoy en día en estos repertorios, un ruso todoterreno y virtuoso al mando de un continuo impecable, unos graves poderosos y unos instrumentistas de viento capaces de pasarse a las flautas como si fuesen sus primeros instrumentos, incluso el piccolo de Anna Fusek virtuoso aún más que con su violín segundo y escenificando convincentemente al pastor, no es de extrañar que el resultado fuese de verdadero «rejoice».

Colas para entrar, detalles en el vestíbulo con grandes pantallas de plasma proyectando la imagen de esta diva cercana, carteles con el diseño corporativo de esta gira, todo estudiado para una velada a la altura de sus protagonistas en un cierre de temporada que ha vuelto a dejar el listón muy alto. Dejo el programa que también disfrutaron en Madrid y Barcelona para seguir situando a Oviedo como capital musical de primera y mis impresiones nada más llegar a casa.

Primer parte – Guerra
G. F. HÄNDEL: Scenes of horror, scenes of woe (Storgè), de «Jeptha», HWV 70 (1752).

L. LEO: Prendi quel ferro, o barbaro! (Andromaca) de «Andromaca» (1742).
E. DE’ CAVALIERI: Sinfonia: «Rappresentatione di anima e di corpo» (1600).
H. PURCELL: Ciaconna in sol minor for 3 violins and basso, Z730 (instrumental); Dido’s Lament (Dido) de «Dido and Aeneas», Z626 (1689).
HÄNDEL: Pensieri, voi mi tormentate (Agrippina) de «Agrippina», HWV 6 (1709).
C. GESUALDO: Tristis est anima mea. Tenebrae Responsoria Nº 2 (1611) (instrumental).
HÄNDEL: Lascia ch’io pianga (Almirena) de «Rinaldo», HWV 7 (1711).

La sorpresa nada más entrar en la sala casi en penumbra, con la luz muy atenuada y la mezzo al fondo sentada y el bailarín tumbado en escena, solos, innanes, cual decorado mudo mientras el público iba llenando el auditorio antes de la primera escena de horror. El Händel «marca de la casa» con una orquesta ideal, a continuación el poco escuchado Leonardo Leo aumentando la tensión, tragedias épicas, dolor subrayado por la sinfonía de Cavalieri antes de volver a los grandes ingleses, el «Dido DiDonato» único, Purcell en estado puro al igual que la Agrippina haendeliana con un responsorio de tinieblas del Príncipe de Venosa en el medio preparando el más sentido Lascia ch’io pianga que he escuchado en directo, cortando el aire, silencios dramáticos, expresión vocal y corporal irrepetible, permitiendo llorar de emoción, la guerra hacedora de belleza profunda, con un conjunto instrumental verdadero oro de muchos quilates.

Segunda parte – Paz

PURCELL: They tell us that you mighty powers (Orazia) de «The Indian Queen», Z630 (1695).
HÄNDEL: Crystal streams in murmurs flowing (Susanna) de «Susanna», HWV 66 (1749).
ARVO PÄRT: Da pacem, Domine (2004) (Instrumental).
HÄNDEL: Augelletti, che cantate (Almirena) de «Rinaldo», HWV 7 (1711); Da tempeste il legno infranto (Cleopatra) de «Giulio Cesare», HWV 7 (1724).

Media hora de descanso antes de regocijarnos con la paz, cara y cruz, sufrimiento desde el dolor infinito al que sigue el placer interior, compartido nuevamente con los ingleses Purcell y Händel que DiDonato canta como nadie junto a la pincelada gélidamente cálida de Pärt, mimetizado en un barroco cada vez más actual, con Il Pomo d’Oro impresionante en presencia, calidad y musicalidad, con el fuego de artificio final de una Cleopatra madura bien arropada por los italianos capitaneados por el ruso.

De propina el aria Par che di guibilo de «Attilio Regolo» (Niccolò Jommelli), rematando una velada increíble, antes de sus palabras en español e inglés, cercanía, gratitud y simpatía para terminar con un Morgen! (Richard Strauss) atemporalmente barroco en recuerdo de su mañana festiva y carbayona, perfecto cierre luminoso cargado de optimismo en estos tiempos que no ayudan pero donde la música sigue siendo el remanso buscado.

Se detuvo abril

4 comentarios

Domingo 30 de abril, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Piotr Beczala (tenor), Coro de la Ópera de Oviedo (directora: Elena Mitrevska), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de: Verdi, Massenet, Rossini, Donizetti, Bizet, Gounod y Puccini.

No se puede pedir más para terminar una semana grande de abril en Oviedo, «La Viena del Norte» que el debut en Asturias del mejor tenor del momento, el polaco Piotr Beczala que vino con lo mejor del repertorio operístico francés e italiano acompañado por la habitual orquesta del foso del Teatro Campoamor (qué bien hubiera estado tenerlo para celebrar los 125 años) con Conti en su progresiva despedida musical, y el Coro de la Ópera de Oviedo, un broche de oro para una programación digna de las grandes capitales culturales, y la asturiana es una de ellas aunque los gestores miopes sigan pensando que la cultura es otra cosa.

Verdadero festival operístico de arias y coros de ópera sin escatimar esfuerzos por parte de nadie desde la obertura de I vespri sicialini (Verdi) bien llevada por la OFil y Conti en planos y tiempos antes de la primera aria de Beczala, «Di’tu se fedele il flutto m’aspetta» de Un ballo in maschera, verdadera piedra de toque para casi todos los grandes tenores líricos de la historia, muchos de ellos pasando por el centenario coliseo carbayón, y el polaco pasando a engrosar la larga lista, en estado vocal y físico perfecto para cantar Riccardo, timbre hermosísimo, color homogéneo en todos los registros con un cuerpo de auténtico tenor, bien acompañado por una orquesta esta vez detrás, lo que no siempre tuvo en cuenta el director florentino que apenas se «apiadó» por mantener los matices escritos aunque siempre atento al polaco que sí lo cantó todo, graves poderosos, medios fuertes y agudos seguros con el exigente salto descendente de octava y media que casi nunca escuchamos, pese a estar en la partitura, bien acompañado por el coro ovetense en estado de gracia.

Comentábamos unos cuantos que peinamos canas al descanso que Alfredo Kraus será para muchos de nosotros el verdadero y genuino Werther de Massenet, casi el único, poniendo el listón tan alto que su referencia estará siempre presente «por los siglos de los siglos», sobre todo en Oviedo donde aún se le recuerda como si fuera ayer. «Pourquoi me réveiller» en la voz de Piotr Beczala alcanzó casi la esencia del canario, poderosamente lírico, línea de canto ideal, emisión perfecta y sobre todo emoción, levantando los primeros bravos de un público que no llenó el Auditorio, tal vez por el llamado «puente de Mayo» aunque no faltaron muchos habituales de la temporada ovetense, que seguramente estuvieron en el Liceu escuchando al polaco en este rol.

Las voces graves del coro de la ópera cantaron el conocido coro de aldeanos «Quel jour serein le ciel présage!» de Guillermo Tell (Rossini) porque en una gala lírica no podía faltar «el Cisne de Pesaro» aunando Italia y Francia, feliz interpretación y notándose ya la mano de Mitrevska en color, empaste y amplia gama de matices en todas las cuerdas.

Una de mis óperas preferidas, y puede que más escuchadas en vivo, es Lucia de Lammermoor (Donizetti) con representaciones históricas y varios Edgardo para el recuerdo (por supuesto Kraus a la cabeza) por lo que poder escuchar «Tombe degli avi miei» cantado por Beczala me emocionó particularmente, más al comprobar que pese a los aplausos y con los hombres del coro en pie todavía quedaba el suicidio, esa bella alma enamorada («Tu che a Dio spiegasti l’ali, O bell’alma innamorata…«) donde solo faltó Raimondo preguntando con voz de bajo profundo «Che facesti?» al desdichado, porque nuevamente quedó demostrado el escalafón tenoril con un Piotr poderoso e íntimo, cantando lo escrito desde la recreación del personaje a pesar de lo destemplada de una orquesta cuyos metales nunca fueron matizados desde el podio. Un placer este final de «mi Lucia» en la voz del tenor polaco.

Si la primera parte nos dejó boquiabiertos, quedaba la segunda nuevamente con lo mejor del repertorio francés e italiano. El Preludio del acto III de Carmen (Bizet) bien llevado por Conti que olvidó hacer saludar al arpa acompañante del solo de flauta a cargo de Mercedes Schmidt, dio paso a la conocidísima aria de la flor, «La fleur que tu m´avais jetée» que no puede cantarse mejor ni con más gusto, incluyendo el agudo pianísimo tan difícil y nuevamente con la orquesta algo «pasada de matices» que no taparon la emisión perfecta del polaco, con una cuerda aterciopelada en esta verdadera recreación de un Don José de referencia en este siglo.

Aún cercano el Fausto (Gounod) del Campoamor, volvimos a disfrutar con el coro de soldados («Gloire immortelle de nos ayeux») a cargo de las voces graves potentes, afinadas, de dicción perfecta y con la OFil sobre el escenario antes del aria «Salut Demeure chaste et pure» con un Beczala bordando el personaje en toda su expresión, poco ayudado por la orquesta, con unos agudos brillantes algo tapados, el registro medio redondeado y sobre todo una musicalidad que devuelve su Fausto al nivel de nuestro Kraus, algo de agradecer en tiempos de penurias tenoriles salvo contadas excepciones (cancelaciones aparte).

Teniendo un coro en escena no podía faltar «Va pensiero, sull’ale dorate» de Nabucco (Verdi) que las voces de nuestra temporada operística cantaron de memoria sentido y bien acompañadas de una OFil con Conti bien matizado como era de esperar en un canto que casi se convierte en el himno de los oprimidos a lo largo de una historia que seguimos escribiendo y coro popular nunca populista.

El fuego lo pondría Il Trovatore (Verdi) con la comprometida aria «Di quella pira» donde Manrico Beczala no pareció estar a gusto, con menos «fiato» del esperado aunque abordando todas las notas de la partitura y con poca mano izquierda de Conti que estuvo más pendiente de las entradas y el «tempo» que de los matices, a punto de quemarse en esta pira verdiana pese a un coro de hombres perfecto cantando «All’armi» como el tenor…

Pocas veces se puede escuchar en un recital «Nessun dorma» de Turandot (Puccini) completo, un lujo y verdadero placer en las voces de Piotr Beczala y el Coro de la Ópera de Oviedo ideal, perfecto cierre de un concierto para el recuerdo donde las propinas estuvieron a la altura del Calaf polaco.

Si en la primera parte se nos suicidaba Edgardo, Mario Cavaradossi antes de ser fusilado canta «adiós a la vida» en Tosca (Puccini), la conocida aria «E lucevan l’estelle» que el polaco cantó a gusto y con gusto, la OFil contenida para disfrutar del poderío y buen cantar de un tenor triunfador en Oviedo.

No estamos acostumbrados a la opereta aunque la conocemos y suele programarse en recitales. Beczala también tiene en los suyos a Lehár que no podía faltar (¡ay, me muero si llega a estar con la Netrebko!) y más teniendo al coro de hombres de la ópera de Oviedo, «Freunde, das Leben ist lebenswert» de Giuditta, más el extraordinario violín solista de Andrei Mijlin, matices impresionantes, juego con el «rubato» bien entendido por Conti, musicalidad a raudales y otro regalazo antes del «Core N’grato – Catari» (Salvatore Cardillo), nuevo recuerdo, legado o tributo a Kraus y la lírica de la canción popular napolitana (faltó la mandolina) bien interpretada por todos para una lección de buen gusto a cargo del mejor tenor actual sin lugar a dudas por lo escuchado en Oviedo deteniendo abril…

Perfeccionamiento y descubrimiento

1 comentario

Martes 11 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura «Curso de Repertorio Vocal» con Manuel Burgueras (piano).

La Castalia retoma el ideal de la primitiva agrupación bajo la dirección de Begoña García-Tamargo que como profesora de canto mantiene estos cursos de repertorio vocal con un pianista como Manuel Burgueras de amplia experiencia y trayectoria en el mundo de la lírica, con cantantes de distintas procedencias conocedores de que la voz siempre hay que entrenarla, perfeccionarla y encontrar los repertorios ideales para ello. Con Begoña y Manuel saben que encontrarán el apoyo imprescindible en una carrera que nunca acaba, sea por afición o profesión, y estos cursos siempre finalizan con el concierto para el público. Tras algunas bajas y cambios en el programa que he intentado «arreglar» un poco más abajo para dejarlo en el orden que pudimos escuchar el público que abarrotó el RIDEA, incluso por los pasillos laterales tras hacer cola con más de media hora de antelación, me llevo distintas impresiones de los artistas que llevaron a la práctica las enseñanzas de sus maestros.

Sin entrar en muchos detalles quiero al menos destacar pequeños detalles y algún «descubrimiento», con intervenciones salteadas que completaron diecisiete números variados donde no faltó ópera, zarzuela o música religiosa en este Martes Santo, con el magisterio de un Burgueras que sigue siendo un maestro en el piano desde el rol conocido como «repertorista«, el apoyo necesario para todo cantante y pilar imprescindible de estos cursos.

Distintos niveles en las sopranos Canela García (con Mozart y Fauré) o Paula Lueje (Toldrá, R. Strauss, Massenet o Giménez), donde las tablas de la moscona se notan, quedándome con Madre, unos ojuelos vi pese a estar acostumbrados a las versiones de mezzo, como perfecta expresión del cantar diciendo que exigen estos lieder españoles así como continuar apostando por nuestra zarzuela con la difícil romanza Sierras de Granada de «La Tempranica» y a la primera que tendremos que seguir su evolución, apuntando maneras como suele decirse en estos casos.

Aún en formación el tenor Adrián Begega que apunta maneras, con un registro grave sin problemas pero debiendo trabajar más la afinación, con dos Schubert más el Beethoven en la línea del genuino lied alemán por color más apropiadas para barítono, y dicción, que el tiempo le dará aplomo y autoconfianza porque está en buenas manos.

Y quienes me leen conocen mi debilidad por la voz de mezzo, contando esta vez con dos: María Heres, feliz reencuentro con Gluck y Vivaldi pero también con el complicado Rossini de L’invito al que hemos escuchado en sopranos pero que la ovetense defendió con solvencia, y el saleroso Tango de la Menegilda, segura en todos los registros, buena técnica y la confianza que da una trayectoria donde cantar es su vida, lo que se nota en cuanto la escuchamos.

El «hallazgo» de la tarde fue la barcelonesa Anna Gomà, una profesional que ya pasase por Gijón y que este martes se erigió en la voz del recital desde sus dos primeras intervenciones (en tercer y cuarto lugar), primero con arias de ópera con Massenet, Va! Laisse couler mes larmes de «Werther«, y una Carmen de Bizet arrolladora en la «Canción Bohemia«, sentida, dramatizada, color vocal carnoso e  igualado en todos los registros; después romanzas de zarzuela en el decimocuarto número y cerrando el recital, nueva demostración de buen cantar y sentir, Cuando está tan hondo el querer de «El barquerillo» (Chapí) y un Qué te importa que no venga… de «Los claveles» (Serrano) que levantó literalmente al público de los asientos. Voces como la de esta mezzo catalana que acuden a estos cursos da idea de lo que se busca, mejorar y ampliar repertorios con los maestros, estando Oviedo en el mapa de muchas voces profesionales de toda España.

Para quienes quieren seguir aprendiendo saben que no hay vacaciones, lo mismo que para descubrir de primera mano figuras que en breve estarán en los mejores escenarios, y por el Palacio del Conde de Toreno había varios «cazatalentos» que no habrán desperdiciado la ocasión, como tampoco ninguno de estos alumnos que encuentran en La Castalia el apoyo necesario para darse a conocer un poco más mientras siguen formándose en una carrera que nunca termina.

Los caramelos viajeros de Cecilia

Deja un comentario

Jueves 23 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. «Un viaje por 400 años de música italiana«: Cecilia Bartoli (mezzo), Antoni Parera Fons (piano).

Cada visita de la mezzo romana asegura lleno allá donde vaya, independientemente de lo que se programa. En esta gira española eligió un programa de música variada, la que ha cantado como solo ella sabe, con simpatía y buen gusto, técnica apabullante, pianísimos que enamoran y acallan toses o móviles, potencia la justa en vivo y esta vez con piano.

Pero está visto que en Oviedo parecemos gafados y el habitual acompañante Sergio Ciomei tras una indisposición obligó a retocar un programa (dejo los dos arriba) con el que el compositor, productor y pianista Antoni Parera Fons (Manacor, 1943) hubo de lidiar tomando algunas propinas para incorporarlas, sustituyendo la Fantasía en re menor de Mozart (que en Oviedo no aparecía) por T’estim i t’estimarem  y con toda la profesionalidad (los modernos dirían «el marrón») adaptarse a la diva que al principio hubo de tranquilizar a su acompañante accidental.

Se notó al mallorquín cauto, en cierto modo apagado abusando del pedal izquierdo como temiendo tapar a «La Bartoli» incluso con la tapa bajada, en un repertorio barroco donde el instrumento no es ideal aunque los estudiantes de canto tienen que estudiar estas obras desde este formato. Selve amiche de Caldara, las dos de Bellini, la encantadora y personal versión donizettiana del Me voglio fa na casa o el «hit» de Händel Lascia la spina que la propia mezzo se basta para cantarlas como sólo ella sabe desde sus inicios. Cierto que a una artista integral como Cecilia Bartoli cuesta acompañarla así de improviso y seguirla en sus acelerandos, pausas no escritas y ornamentos imprevisibles, pero ella siempre ayuda y esta vez se tornaron los papeles en cuanto al temple pero brillando «la diva«.

Nos perdimos por el camino esos esperados Vivaldi o Mozart de Parto, ma tu ben mio («La Clemenza di Tito») que el docto Arturo Reverter comentaba en las notas al programa, aunque con piano hubieran resultado «distintos», y apareció el Rossini de La danza que no nos hace olvidar a los grandes tenores aunque Cecilia no teme repertorios de voces «ajenas» pues siempre los hace suyos. El recuerdo de mi infancia radiofónica resultó el Munasterio ‘e Santa Chiara (Alberto Barberis) de Claudio Villa que aquí hizo famoso y traducido Jorge Sepúlveda aunque tras la versión a dúo romano-barcelonés me quedo con «la Bartoli de cámara», mejor incluso que Mina o Vittorio De Sica que también la (re)interpretaron entre muchos más italianos famosos.

Tras las «chuches» de la primera parte y el cambio de vestuario, seguiríamos con el Puccini melódico e inspirado, descanso vocal incluido con el Piccolo valzer a cargo de Parera con la conocida aria de Musetta enlazada ya con «La Bartoli» y su peculiar Lauretta para otro «hit» como O mio babbino caro. Mejoría con un Tosti que siempre destila belleza en cualquier registro (su Aprile de lo mejor) y que Cecilia siente, canta y transmite incluso en el gesto, grande hasta los mínimos detalles. Después Donaudy, Parera Fons más tranquilo con unas páginas menos exigentes y traidoras, la conmovedora Santa Lucia luntana o simpática Tammurriata nera, ambas de E. A. Mario (1884-1961) napolitanas tan populares y cercanas a toda una generación como las de De Curtis (del que también regaló Non ti scordar di me) o el «Volare» de Modugno que Parera Fons acompañó como si fuese suya y Cecilia la destinataria, antes de las siempre esperadas propinas (algunas «reutilizadas» cual reciclaje obligado): O sole mio que no puede faltar en este recorrido de cuatro centurias de música italiana, la seguidilla de «Carmen» verdaderamente carnosa en la voz de «La Bartoli» apurando al pianista con el taconeo, y Mamma además del citado De Curtis, redondeando una fiesta italiana con pianista manacorí, plagada de dulces que Cecilia Bartoli eleva a delicadezas.

En Asturias diríamos caxigalines con ingredientes y presentación de alta repostería. Como ha pedido en Madrid o Barcelona nos encantaría escucharla en una ópera, aunque con la orquesta en el foso no creo que luciese tanto y el banquete podría atragantarse. Pero siempre nos queda DiDonato que cerrará los Conciertos del Auditorio, parece que manteniendo ese «duelo» en el ciclo ovetense que las suele traer juntas ¡pero distanciadas!. Las grabaciones están bien pero siempre comento que el directo es irrepetible… y sino que se lo digan al bueno de Parera Fons, verdadero héroe para sobrevivir al volcán italiano.

El Rigoletto de hoy

5 comentarios

Domingo 29 de enero, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXIX Temporada de Ópera de Oviedo: Rigoletto (Verdi), segunda función. Producción de la Ópera de Oviedo procedente de la Ópera de Saint-Étienne. Entrada delantera de general: 55 €.

FICHA ARTÍSTICA
El Duque de Mantua: Celso Albelo
; Rigoletto: Juan Jesús Rodríguez
; Gilda: Jessica Pratt; 
Sparafucile: Felipe Bou
; Maddalena: Alessandra Volpe
; Giovanna/La condesa: Pauline de Lannoy
; El Conde de Monterone: Ricardo Seguel; 
Marullo: José Manuel Díaz; 
Borsa: Pablo García-López; 
El Conde de Ceprano/Ujier: Javier Galán; 
Paje de la Duquesa: Lara Rainho.
Dirección musical: Marzio Conti; dirección de escena: Guy Joosten; 

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFil); Coro de la Ópera de Oviedo (directora: Elena Mitrevska).

Tarde de domingo para una ópera esperada, con lleno hasta «gallinero» donde no faltó la clá procedente de Bilbao y Donosti, seguidores no ya de Celso Albelo, que debutaba en la temporada carbayona, sino verdaderos aficionados que suelen acudir a otras representaciones hasta «nuestra Vetusta«, porque la ópera de Oviedo mueve masas con todo lo que supone para la capital de imagen cultural e ingresos. Lástima que los políticos no lo vean así, aunque espero que vayan abriendo los ojos aunque la lírica no parezca estar entre sus aficiones. Al menos el concejal local del ramo y otros políticos sí acudieron este último y primaveral domingo de enero.

Pero si el tenor canario parecía ser la figura con más «gancho», tanto el trío principal como el famoso «cuarteto» eran un reclamo para el aficionado fiel, sumando todo un elenco de papeles secundarios con muchos cantantes españoles, figurantes y demás participantes en esta veterana producción para uno de los títulos más esperados, incluso para Pachi Poncela, que tiene «su obertura» treinta minutos antes, es «la ópera». Si me permite parafrasearle, este último título era «El Rigoletto», siempre con esa manía de poner artículos a los divos.

Y es que Juan Jesús Rodríguez encarna en estos momentos no ya el barítono verdiano sino al Rigoletto actual, los dos mundos de los que nos hablaba el comunicador gijonés construidos desde una vocalidad clara, rotunda, preciosista, de amplia expresividad en todos los registros unido a una escena poderosa que llena con su sola presencia, ese jorobado capaz de transmitir exterior e interior, el trabajo y los sentimientos personales, el personaje dual al que la «maledizione» parece perseguirle en este drama de Victor Hugo con el que Piave construye un libreto que Verdi eleva a la ópera de su vida en plena cuarentena. Aunque las intervenciones en general resultaron algo lentas, tónica general de casi toda la ópera, y los fraseos del andaluz no sean los de Leo Nucci que sigue siendo referente, está claro que el Rigoletto de Juan Jesús Rodríguez es personal e intransferible. Cada aria (de nota el Cortiggiani), cada dúo, incluso en el cuarteto, resultó prodigiosa su versatilidad anímica desde el canto.

El tenor canario es muy querido en Asturias y ha venido varias veces invitado por la ALAAK para distintos recitales (incluso con el citado Nucci), pero nos faltaba el esperado debut dentro de la temporada del coliseo capitalino, y nada mejor que con su Ducca, un rol que Celso Albelo ha ido moldeando a la par que su voz, ahora «más hecha», unido a su exquisita dicción y emisión que perfila este personaje con las arias más conocidas de Verdi, cantadas con la musicalidad acostumbrada, pianísimos de cortarnos la respiración y agudos en toda la gama, sumándole los ornamentos propios para construir este personaje tan distinto a su propia personalidad, de nuevo los dos mundos desde la ópera. Cantar tumbado boca arriba en el último acto con Maddalena permitió disfrutar de su técnica, mejor que ese baile «a lo travolta» que realmente no le va, pero fue otro de los triunfadores de la noche aunque no me respigase (si es que sirve de referencia personal), dejándonos un buen dúo con Gilda, mejor que el Questa o quella, y una interesante Donna è mobile por la línea de canto elegida para la más universal de las arias de tenor, jugando con fraseos y matices variados para una tesitura sobrada.

Jessica Pratt, también «descubierta» en una gala lírica celebrada en el Auditorio (también con el barítono onubense más los asturianos Beatriz Díaz y Alejandro Roy), fue una Gilda que crece como su personaje, de lo infantil a lo carnal con amor y resignación. Las agilidades de su papel no tuvieron secretos como tampoco su color brillante y una amplia gama de matices con un Caro nome de muchos quilates, pero sobre todo un cuarteto equilibrado entre dos mundos, ella con su padre en la reja mientras el Duque flirtea con la voluptuosa Maddalena en la taberna, la ya conocida Alessandra Volpe de breve protagonismo pero exigente porque la mezzo es pieza clave no ya en la trama sino en el colorido del más bello concertante verdiano, capaz de inspirar hasta una película.

Con este equilibrado elenco, no se quedaron a la zaga el resto, comenzando por varios «habituales» en el Campoamor como el Sparafucile de Felipe Bou, mejor que en sus anteriores visitas, bien secundado en su primera aria por un perfecto acompañamiento de cello y contrabajo en octavas que «cerró el trato» con Rigoletto en lo más bajo del registro; otro que cumplió con creces fue José Manuel Díaz con un Marullo bien cantado y sentido, o el cordobés Pablo García-López como Borsa, buen color vocal capaz de dialogar y contrastar con Il Ducca, unido a una emisión clara que llegó sin problemas hasta el último piso, completando el buen nivel el chileno Ricardo Seguel como Monterone, uno de los «secundarios» que más me gustaron. Incluso las breves intervenciones de la mezzo belga Pauline de Lannoy, el barítono valenciano Javier Galán o la soprano portuguesa Lara Rainho ayudaron a redondear este esperado Rigoletto.

Nuevamente el coro de la ópera, esta vez solo las voces masculinas, resultó un seguro en escena y vocalmente, solo un poco lastrado en el tempo global salvo el más ligero Zitti, zitti del rapto de Gilda en el final del primer acto, asomados al muro. Precisamente el maestro Conti, tratando bien a los cantantes en cuanto a las dinámicas, pienso que se le cayó el aire por momentos, como ya apunté anteriormente. Cierto que ralentizar puede ayudar por momentos a las voces pero es como tener errores de principiante: piano lento y forte rápido. La OFil sigue siendo versátil y una orquesta de foso segura, como lo demostró en la obertura y subrayando los distintos solistas las arias y dúos más conocidos, aunque también decir que Verdi escribe para ella con un auténtico primor de Maestro.

De la escenografía comentar que me gustó la disposición en diagonal y parte del vestuario del primer acto tomándolo como una fiesta de disfraces para «explicar» el cambio temporal, aunque las espadas no pueden ser sustituidas por pistolas. Otros detalles ya ni siquiera escandalizan, por superfluos, aunque puedan incomodar a algún «puriatno» pero especialmente a los cantantes (la citada intervención del duque cantando boca arriba tumbado sobre la mesa, por poner un ejemplo), pero sin molestar, al menos para el que suscribe. Resultaron algo lentos los cambios de decorado e hicieron perder concentración al público, que llenó esta segunda función, comenzando la música con muchos móviles encendidos que parecían formar parte de la escenografía en el patio de butacas (desde mi posición «cenital»). Acertado el cañón sobre Rigoletto sobre todo en el final, los claroscuros que toda la ópera y también esta representación tuvieron. Aplaudir como siempre luminotecnia y sobretítulos, además de todo el personal del teatro. No olvidemos que la ópera también crea puestos de trabajo.

La primera función dejó buen sabor de boca a los críticos y la segunda parece siempre «cojear un poco» salvada la tensión del estreno. Me encantaría escuchar el «reparto joven» del viernes, donde la cordobesa Auxiliadora Toledano será sustituida como Gilda por Cristina Toledo, con un elenco que pronto veremos en carteles «de primera», y todavía el sábado 4 de febrero se emitirá en directo por pantalla gigante en varios puntos de Asturias, Mieres incluido, aunque este último domingo de enero triunfase Rigoletto sobre todo(s).

Bryn Terfel repasando y reposando ópera

1 comentario

Miércoles 26 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, Inauguración de la temporada «Conciertos del Auditorio«: Bryn Terfel (bajo-barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Cimarosa, Händel, Mozart, Mascagni, Gounod, Boito, Puccini, Verdi y Wagner.

El galés Bryan Terfel, de quien el periodista de «Ópera Actual» y crítico del «ABC» entre otros medios, Pablo Meléndez-Haddad escribe una bella semblanza en las notas al programa, hacía su presentación en Oviedo con un recital donde repasaría sus papeles y arias preferidas desde el poco habitual barroco hasta «su» Wagner (que ocupó la segunda parte), sin olvidar el Mozart con el que triunfó y todavía sigue en el recuerdo, y por supuesto esos papeles que le van como anillo al dedo: Mefistófeles, Fausto y especialmente Falstaff, con la orquesta ovetense acostrumbrada a estos repertorios junto a su titular, quienes se lucieron en las partes instrumentales, variadas, unificadoras del programa y siempre necesarias en estos recitales de cantantes en solitario que necesitan descansar, sin olvidarnos que resultan mucho más duros que toda una ópera por el cambio de rol y la suma de arias a cuales más exigentes.
Buen inicio orquestal con Cimarosa y la Obertura de II Matrimonio Segreto, nunca mejor lo de templar cuerdas que se lucieron, antes de dejar la formación camerística sumándose el clave de Sergi Bezrodny para afrontar la primera salida de Terfel con un poco transitado Händel de su ópera Berenice, regina d’Egitto, con el aria de Demetrio “Si tra i ceppi”, originalmente para castrato contralto que en la voz del barítono alcanza otros colores y con unas agilidades algo más lentas de las acostumbradas pero con un saber cantar lleno de gusto y veteranía. Punto y seguido con Mozart, una plantilla algo más amplia manteniendo el clave y un aria de concierto de 1791, Io ti lascio, oh cara, addio, K245 (621a), de las pocas escritas originalmente para bajo, porque Terfel es un barítono de graves redondos más que poderosos, agudos llenos de matices con una «media voz» inigualable, y sobre todo un legato y forma de decir el texto increíble, sumándole una escena contagiosa que engancha al público en cada intervención suya.

La OFil le daría el primer descanso con Mascagni y ese bellísimo «Intermezzo» de Cavalleria Rusticana que volvió a dejarnos una cuerda aterciopelada y sonoridad compacta, casi íntima antes de sumergirnos en el infierno.
Bryn Terfel preparó dos visiones de ese personaje de Goethe, primero Gounod, “Le Veau d’Or est toujours debout” de su Faust, el gusto francés con la garra galesa, metido de lleno en el personaje que ya quisiéramos haber tenido en el Campoamor, y especialmente el de Boito y su “Son lo spirito che nega” de Mefistofele, el drama italiano puesto en escena por un cantante capaz de ofrecer dos caras de una misma moneda en una transformación de carácter de la que solo los grandes artistas son capaces.
Segundo descanso vocal y nueva intervención de la formación ovetense en una de las páginas que el foso no permite lucir tanto como en el escenario, el increíble orquestador Puccini con el «Intermezzo» de Manon Lescaut para «recuperar» a Gabriel Ureña en el cello maduro, de fraseo totalmente lírico para no perder sabor operístico junto al arpa siempre insustituible de Danuta Wojnar.

La última salida del barítono en esta primera parte nos dejaría una de sus creaciones, Verdi con el aria “Ehi Paggio! L’onore! ladri!” de Falstaff, la barriga hinchada gritando ¡fabada! (después sacaría varias toallas además de la que traía al hombro) y escanciando sidra en vez de vino (o cerveza) pero con una interpretación que sigue siendo referente en todo, cerrar los ojos y ver este testamento verdiano con un personaje shakesperiano donde el Orson Wells de «Campanadas a media noche» venía a mi memoria coloreando el celuloide en grises.
La segunda parte dedicada a Wagner con el que Terfel se ha encaramado en ese Valhalla escarpado con cada uno de los personajes de tres óperas a cual más intrincada musical y actoralmente, con dos oberturas verdianas para apenas tomar aire, de La Forza del Destino, con dinámicas y tempi buscando el ambiente alemán de programa, y sobre todo la Obertura de Nabucco, bien resuelta y plenamente italiana porque del buscado duelo entre contemporáneos no puede haber empate, además de que la OFil lo tiene más en atril que al alemán.

El talento de Bryn Terfel es indudable y con una voz que se proyecta sin problemas en cualquier idioma, incluso silbando afinado, lo que maravilla es su timbre, cómo juega con él para dramatizar, su paleta de matices que para Wagner es irrefutable, tres momentos estelares, Hans Sachs en “Was duftet doch der Flieder”, de Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestros cantores de Nürnberg), “O du mein holder Abendstern” de Tannhäuser, y sobre todo la «Canción de la estrella vespertina» como se conoce la “Música del fuego mágico y Adiós de Wotan” de Die Walküre (La Walquiria), con una orquesta que no bajó volúmenes y la técnica del galés pudo emerger sobre ella, Conti despiadado pero Terfel mandando, muchas tablas para unos roles wagnerianos que son referente en su registro y escena. Una lección operística.

Y si el carácter jovial se transmitía en cada página, los regalos tocaron la otra pasión del barítono británico, los musicales con el «Si yo fuera rico» (If I Were a Rich Man) de El violinista en el tejado, l eterno musical con ese personaje soñador con los pies en la tierra que Terfel mejora al Topol cinematográfico, sin prescindir de la parte hablada con poderío emisor para toda la sala, y la canción tradicional galesa «Suo Gan» que todos recordamos por la película de Spielberg El imperio del sol, cantada con ternura y sentimiento casi íntimo bien arropada por la orquesta ovetense que volvió a ser un perfecto ropaje para tantos personajes puestos sobre las tablas por un Bryn Terfel que vuelve a brillar, perfecta inauguración para una temporada donde muchas de las grandes voces líricas del momento desfilarán por el Auditorio. Todo un lujo para nuestra Asturias, patria querida, siempre musical.

Older Entries Newer Entries