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Mieres, fiesta coral por San Juan

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Coincidiendo con las fiestas patronales de San Juan, Mieres lleva celebrando desde hace diecisiete años el «Encuentro coral de los pueblos mineros La mina canta unida«, con visitas de coros amigos invitados por el anfitrión, a menudo devolviendo viaje con nuestro centenario Orfeón de Mieres, el decano de los asturianos, que volvieron a llenar el Auditorio Teodoro Cuesta los días 15 y 16 de junio, siendo el sábado a las 8 de la tarde cuando acudí a escuchar los dos coros en la última jornada.

Antes de comenzar volver a mostrar mi preocupación por la elevada media de edad de unas formaciones con mucha historia pero donde cantar casi es terapia e inclusión social más que buscar la belleza del canto. El envejecimiento de los coros, salvo honrosas excepciones, sigue siendo preocupante, lo que deja voces cansadas, con emisiones no correctas y problemas de afinación, olvidando unos mínimos de calidad que compensan con ilusión y ganas de gustar. No denigro esta faceta pero un coro amateur también debe buscar calidad dentro de sus posibilidades. Y si profundizamos en los repertorios elegidos también nos encontramos con muchas obras conocidas que el público demanda, así como arreglos o adaptaciones que darían para mucha crítica, acompañados por instrumentos que más que ayudar entorpecen, olvidándose de la existencia de obras asequibles, agradecidas y menos populares que como embajadores musicales también deberían dar a conocer.

Es el caso de la veterana Coral Polifónica Follas Novas de A Coruña que dirige el maestro Fernando Vázquez Arias, con acompañamiento de piano (electrónico) a cargo de la armenia Anna Mirzoyan en todas las obras que trajeron a Mieres, distintas calidades con resultados dispares y muy mejorables, donde sí encontramos tradición, popularidad y cierta renovación.

De ejemplo la Insalata italiana (Richard Genee) donde el repaso por la terminología musical debería ir pareja letra y música, aunque no siempre resultó. En general el coro coruñés abusó de brusquedades en emisión y matices, a menudo alejadas de lo escrito, con desajustes para elegir entre cuerdas y piano, por otra parte con desequilibrio entre hombres y mujeres que parece endémico en muchos coros y hasta se opta por coros de voces blancas. Los intentos del maestro Vázquez por encajar piano y coro fueron constantes pero la afinación no se logró más los matices demasiado exagerados.

De las tres obras de zarzuela mejor no ensañarme y de la llamada Suite latina del propio director Vázquez Arias resultó un pupurri excesivamente largo de boleros y canciones del otro lado del charco más propicio para una sobremesa que elegirlo para un concierto. Su obra A Coruña e unha serea desconocida para mí ofrece buenas ideas musicales que me gustaría escuchar por otra formación para poder emitir un mejor juicio de valor.

Tras entregas e intercambios de regalos entre los dos coros así como la entrega de distinciones al Área de Cultura de nuestro ayuntamiento por el apoyo a eventos como el que nos ocupa, o la insignia de plata del Orfeón a Rosa Mª Llaneza que lleva toda la vida cantando y es historia viva del coro decano de Asturias,

el Orfeón de Mieres con Carlos Ruiz de Arcaute Rivero seleccionó para casa siete partituras variadas donde se escuchó por primera vez la obra Mieres del camino originalmente para voz y piano del pintor gijonés Juan Martínez Abades (1862-1920) que también escribía música para cabarets y salones de su época. De aplaudir la incorporación de temática local buceando o trabajando en adaptaciones como esta estrenada hoy por el propio orfeón.

Del folklore asturiano no podían faltar el Axuntábense (Sergio Domingo) o la hermosísima Tengo de ponete un ramu de Benito Lauret que tanto hizo por la música en Asturias durante su estancia allá por los años 70 con la entonces Orquesta de Cámara «Muñiz Toca» que sería la Sinfónica de Asturias, y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Del repertorio habitual con el que disfrutamos del orfeón La golondrina (J. Pagán), Mi viejo San Juan pero del portorriqueño musicado por Antonio Barés, o Ilusión de amor (Santos Montiel, armonizada por Ginés Abellán), sumándose la conocida Chiquitita del grupo ABBA que dio un toque de «modernidad» aunque también habría mucho que escribir de los repertorios e incorporada recientemente en La Calzada por nuestro decano coro. Con todo felicitar a este Orfeón que con Ruiz de Arcaute está llevando la música coral con el nombre de Mieres por la geografía española.

Tratándose de poner voz, esta vez alzándola con el silencio de la razón, todos los componentes del orfeón a los que se sumó algún conocido más sobre el escenario en una campaña que se extiende por todas partes, hicieron visible con carteles la petición del Grado de Deportes para nuestro Campus de Mieres, pues ya va siendo hora de dotar de más contenidos a unas instalaciones modélicas e infrautilizadas por parte de la Universidad de Oviedo, el pasado minero e industrial que tanto dio a Asturias y España, teniendo todavía por saldar una deuda con Mieres, justo cuando se vuelve a plantear el cese de la actividad minera y la defensa de energías limpias y renovables. Al menos que nos dejen ser una verdadera ciudad universitaria al completo.

El colofón tras la reivindicación, Asturias, patria querida cantado por todos los presentes que volvió a sonar luchador y esperanzador porque «quien canta, su mal espanta».

Todavía llegaría a casa para el «Liceu a la fresca» con un Manon Lescaut de Puccini donde brilló el español Carlos Chausson y el estadounidense Gregory Kunde que cunde pese a los años, aunque no haya sido para archivar. Al menos el «horario cultural» no resultó ser las dos de la madrugada sino el llamado «prime time» y todo lo que sea popularizar la ópera siempre será bien recibido.

A disfrutar de la fiesta siempre con música…

Un acierto de desconcierto

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Miércoles 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto 103, clausura temporada 17-18 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Desconcierto para piano y voz: Rocío Márquez (cantaora), Rosa Torres Pardo (piano), Luis García Montero (recitador). Obras de Granados, Falla, Turina, Albéniz, García Lorca y García Montero.

Triángulos mágicos de cante, poesía y música, Huelva, Granada y Madrid, la perfección de la forma, geometría pura y Arte con mayúsculas. Con cierto desconcierto para un público que llenaba el teatro del Paseo de Begoña en una tarde desapacible abierta no solo a los socios de la centenaria sociedad, donde el concierto rodaría como la rueda poética. Desconcierto de un programa donde los tres bloques sin descanso estaban enlazados, los García (Lorca y Montero) sumaban Torres mientras Rocío rimaba con quejío. Aplausos contenidos cual respiraciones entrecortadas, ímpetu escénico con susurros del alma rotos por otros fuegos escritos que no queman, iluminan.
Rosa Torres Pardo (Madrid, 1960), el talento del piano desde el centro de la piel de toro, la musicalidad plena, el sentimiento hispano femenino y universal capaz de enlazar Granados y Falla, hilarlo con Albéniz en un sinfín armónico, seguir con la orgía de Turina y ambientar los poemas granadinos bien elegidos, elegías y saetas de siempre, hacer del piano poesía para conjugar en plural el texto ajeno invitado al rincón íntimo y sumarle pitos y palmas sordas con un flamenco de sangre y oro.

Rocío Márquez Limón (Huelva, 1985) es pasión y océano, pulsión e ímpetu con una voz inimitable, personal, única, escena y sentimiento, afinación clásica para el cante jondo en el que los músicos españoles de este concierto bebieron, poniendo el flamenco como un lied único que enamora, con un piano cercano cual guitarra pero poderosamente armado por nuestros grandes, inspiración de un pueblo al fin culto, ganado por la sabiduría de la música que llamamos pellizco, duende, magia, neblina u orpín.

Luis García Montero (Granada, 1958) artesano de palabras, poeta andaluz de ahora, prestidigitador lírico capaz de armar este triángulo con momentos solitarios tumultuosamente compartidos en primera persona. «Antes del concierto está el desconcierto, la necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido, de que tu cinco y mi cuatro midan lo mismo«, nuestro tres en Gijón acertado y multiplicado por esperanza.

Puntualidad británica en el inicio, pianista intentando asentar rezagados con un arpegio, el poeta arrancando «Sabe el mundo vivir en unas manos» junto a esa grandiosa poesía vestida de Granados, cantada goyesca andaluza enlazando partituras y cante, fandangos de concierto y acento onubense, barrio de «Lavapiés» madrileño acogiendo andaluces en altas Torres, majos sin mantilla, guitarras de teclas y palabras desde el vientre que da vida.
Lorca y Poesía para ensamblar «Lorquiana» donde Albéniz en el piano de Rosa Torres Pardo es para regodearse, el Tango gaditano de poniente con la Almería del levante, García Montero poniendo la imagen del verso que habitó entre nosotros, Iberia y «Las palmeras navegan y nadan en el viento«, el estrecho de puertas abiertas como la onubense, canciones del norte y el sur en feliz convivencia, una sefardí anónima unidas a las «Canciones populares antiguas» del Lorca pianista con La Argentinita además de poeta, enamorado de Iberia, sentidas por estos artistas. Increíble el pupurri enlazando El Vito, Zorongo, Jota (de Falla), La tarara y Las tres hojas que en Asturias sentimos llegar por la Ruta de la Plata embaladas con un piano volador sobre el que cabalga la voz plateada en la «Huerta de San Vicente» de García Montero encontrando la ciudad buscada igual que la palabra.

Momentos mágicos de Albéniz y Falla, El Corpus Christi en Sevilla de saeta, pitos y palmas sordas con el arrebato pianístico, después la calma de arrullo, la Nana, placentera y murmurada como mecida por el mismo viento de Montero.
El amor brujo del Falla que embruja, dolores de Rocío con fuegos rituales y fatuos bien atizados por Pardo, Fandango Montero y Cantares de Turina con los barrios de Huelva entre dos patrias de una misma piel bravía. Si hace años «La Jurado» encendió a Saura y guardo el CD como una joya sinfónica entendiendo al gaditano como nadie, en este siglo XXI una Rocío onubense, «La Márquez» con Rosa son el Falla racial universal desde un canto que no rompe, desgarra con el piano candente, elementos de la naturaleza vividos en una concepción que saliendo del Moguer de Juan Ramón Jiménez vuelve a unir mundos en este mestizaje que mejora la raza musical y la propia vida. «El dogmatismo de las ideas» explicando Luis la prisa con pies de plomo, aplomo sin prisas de Falla para las damas.

Un trabajo conjunto donde Rosa Torres Pardo atesora el vagaje suficiente y la musicalidad en cada poro que le permite solear, solapar temas que fluyen como uno solo, modular con total naturalidad sin perder unidad (de ahí cierta sorpresa en unos aplausos que tras la Danza del fuego parecieron romper la complicidad, las entradas y salidas de la cantaora), adornar la poesía en primera persona con el acento granadino de García Montero y el timbre grave de dicción rotunda, para felizmente acompañar un cante íntimo, sentido por Rocío, casi imposible otro nombre de mujer en Huelva, fresco de la mañana y también Su Señora de Almonte, Márquez de apellido poético sin García, que lo pusieron Lorca y Montero, con un decir de clásica como un palo flamenco sin necesidad de desgarro, solo el vertido por las letras goyescas, populares y universales. Un verdadero espectáculo que lleva mucho recorrido y el ensamblaje resultó perfecto.

Concierto tras el desconcierto, «tu cinco y mi cuatro» reducidos a nuestro tres con par femenino para Volver, melodía de tango, imagen manchega de Almodóvar pero Puro Arte fusionando Rosa y Rocío, Torres con Márquez, mano a mano taurino incluso jugando con propios y artistas sobre la escena, Rocío Torres Montero clausurando con este cartel una temporada filarmónica gijonesa que ha apostado fuerte desde la renovada directiva buscando ampliar públicos, sumándose el Teatro Jovellanos que con este espectáculo «triangular» hace feliz a tantos omnívoros musicales como el que suscribe.

II Semana de la voz: en la música asturiana

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Lunes 16 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La voz en la música asturiana. Fernando G. Nuño (voz), Marcos Suárez Fernández (piano), Vicente Prado Suárez «El Pravianu». Entrada: 5 €.

Desde el año 1999 cada 16 de abril se celebra el «día mundial de la voz» para concienciarnos del cuidado de esta herramienta con la que nacemos, nos comunicamos, hacemos sufrir o emocionar y debemos cuidarla porque es para toda la vida. El Ayuntamiento de Mieres a través de su Concejalía de Cultura con la colaboración de la Escuela de Canto y Repertorio «Haragei» que dirige Elena Pérez-Herrero, han vuelto a organizar por segundo año, y luchando contra incomprensiones pero sin desmayar aunque el público no responda, la «Semana de la voz» que contemplando lo variado contempla distintos enfoques en el uso y disfrute de lo más preciado que tenemos quienes la necesitamos para nuestro trabajo y cómo no, para el ocio. Nada incomparable a la voz humana que en Mieres tiene su espacio público.

Este primer día tras la bienvenida y agradecimientos de mi querida amiga, colega y artista pudimos apreciar el papel de la voz en la música asturiana quitando etiquetas y poniéndola donde siempre está, encima del escenario, sea sola, con gaita, piano o toda una orquesta, sin trampas ni amplificación y buscando temas populares en los que muchos compositores siguen inspirándose, manteniendo cada vez más viva nuestra tradición aunque como bien decía hoy el cantante Vicente Díaz en El Comercio, «la tonada está poco valorada por los organismos oficiales«. Por lo menos en mi pueblo se sigue apostando por ella y hasta la televisión autonómica le dedica bastantes programas, necesario para el relevo generacional que está mucho más preparado que hace cien años.

El cantante Fernando García Nuño es un conocido en los circuitos de canción asturiana que sigue preparándose en Haragei y ampliando horizontes en su repertorio. De voz algo gastada y rota, quebrada en algún momento, está en proceso de «reparación» tanto para la tonada como para el llamado «repertorio lírico» que se debe cantar con la misma naturalidad y gusto en él innato desde la tonada y su simpatía, puliendo detalles que con trabajo y esfuerzo irán dando frutos.
Buena elección de doce temas variados que fue comentando, alternando el acompañamiento al piano de Marcos Suárez y la gaita de El Pravianu, para derribar barreras y etiquetas inútiles de una música tan universal como la asturiana, con muy diferentes arreglos, interpretaciones e inspiraciones.

Del Cancionero de Maya y Rodríguez Lavandera en buen arreglo de piano comenzaron Fernando y Marcos cantándonos Pasé la puente de hierro antes de cambiar al acompañamiento de gaita de El Pravianu, magisterio vivo colocándose al fondo del escenario para equilibrar dinámicas, en Si quieres que te cortexe, con primera referencia grabada por Botón (Los Cuatro Ases) en La Habana allá por 1918 y recogida por Baldomero Fernández, otro nombre propio imprescindible en la dignificación de la canción asturiana, hoy con letra de Antonio Gamoneda que junto a Joaquín Pixán han descongelado nuestra tonada dando paso a esta «Tentativa de Cancionero asturiano del siglo XXI«, llevada incluso a CD.

El músico guipuzcoano afincado en Pola de Siero Ángel Émbil (1897-1980) también se inspiró en nuestros temas populares, dejándonos un hermoso arreglo con piano de Les fayes de la rotella donde Fernando G. Nuño añadió el solo de la conocida tonada Arboleda bien plantada para seguir manteniendo viva nuestra música, llamémoslo actualizar o adaptar, con un acompañamiento pianístico agradecido.
Muchos músicos se han inspirado en nuestra tierra, caso de Rimsky-Korsakov con nuestra Alborada y Fandango asturiano en el Capricho Español, e igualmente en la canción de concierto que buscaba identidades en los salones decimonónicos como nacionalismos bien entendidos, por lo que me encantó escuchar la Asturiana de Joaquín Nin (La Habana, 1879-1949) con letra adaptada por Narciso Fernández en la línea de Falla o Antón García Abril sin olvidarme de nuestro Luis Vázquez del Fresno, compositores que encontraron el equilibrio entre voz y piano desde el folklore. Un caso cercano es el del excelente director y compositor Alfonso Sánchez Peña (1942) con su Allende’l mar con letra de José Leon Delestal (Ciaño, 1921 – Madrid, 1989), asturiana cabraliega, de «equí» del oriente astur, de Bulnes, Carreña o Poncebos.

Con la gaita escuchamos La mio neña grabada en 1911 por el Gaiteru Llibardón y recogida como tantas por Baldomero Fernández, siendo famosa en versiones de Juanín de Mieres o Joaquín Pixán, de nuevo con la letra algo cambiada y con un complicado acompañamiento por los cambios de octava entre voz y gaita que con la tonalidad elegida El Pravianu hubo de hacer malabares.
No podía faltar un merecido homenaje y recuerdo al gijonés Enrique Truán (1905-1995) con su Añada para voz y piano de una delicadeza increíble donde los intérpretes se encontraron realmente cómodos.
En el estilo o modalidad soberana con gaita Arrimadito aquel roble poco habitual con gaita y vuelta al piano con el emotivo Pasando el puertu (A. Sánchez Peña y letra de León Delestal) tras comentarnos su charla con mama Josefa de lo más cercana, espontánea y emotiva para que le cantase alguno de los «Cantares de chigre» recogidos en un libro de bolsillo y cómo se convirtió en un verdadero concierto de tres cuartos de hora que le sirvió de ejemplo para este lunes, saliendo y volviendo a «la tierrina» por cualquiera de nuestros puertos de montaña.

El trío final recuperó tres «clásicos», primero la bellísima La foguera (Truán), alegre, fiesta de San Xuan con una escritura pianística envidiable en perfecta conexión con la voz, después Cuando oigo sonar la gaita de Vicente, el recitado antes de continuar acompañado por el piano en esta canción langreana que como nos contó el propio Fernando, hay una grabación de 1905 a cargo del cantante flamenco El Mochuelo por ese viaje permanente de las músicas sin fronteras, y en estilo «soberana» recogida por Miranda (Los Cuatro Ases) en 1923, conocida más cerca por Alfredo Canga. Emotivo recitado con voz sola y quebrada para entonar después con el pianista que en estos temas donde solo hay melodía y poco más, suelo llamar «gaiteru de tecla».

Otro tanto para terminar con la casi obligada y famosa Dime xilguerín parleru que por lo visto fue un asturiano en México quien se la enseñó al El Presi antes de grabarla con guitarra, como informa Javier de Arroes, también presente en la sala, cierre sin «acompañamiento lírico» pero siempre plegado al estilo de canción asturiana cuya historia se remonta a La Busdonga pasando por Diamantina Rodríguez hasta las nuevas generaciones que siguen cantando y renovando nuestro repertorio.

Los mejores de los nuestros

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Sábado 24 de marzo, 20:15 horas: Salón de Actos del Museo de la Evolución Humana (MEH), Burgos. «La voz de la memoria«, Homenaje a Joaquín Díaz, 70 aniversario, Diego Fernández Magdaleno (piano). Entrada libre (aforo completo).

El título de esta entrada no es mío sino de la Junta de Castilla y León en un ciclo que homenajea y premia a los suyos, a sus castellanos ilustres, a fin de cuentas también nuestros, y mucho mejor en vida porque se disfruta más.

Joaquín Díaz (Zamora, 1947) no necesita presentación en esta España nuestra de memorias televisivas en blanco  y negro y sobre todo radiofónicas, músico global aunque le etiquetemos de folklorista, hoy diríamos etnógrafo, que en un gesto de generosidad con visión de futuro legó a la Diputación de Valladolid su amplio archivo para plantar la Fundación con su nombre en la villa de Urueña, una parada obligada a medio camino entre Asturias y Madrid del que me enamoré en la primera visita, de «los museos de Joaquín» incluyendo el de campanas que creo es único en España, el de la música con instrumentos de todo el mundo, museo y casa de otro musicazo como Luis Delgado (Madrid, 1956), siguiendo la llamada del maestro, tiendas de artesanía, talleres varios, las incontables librerías de todo tipo que hacen de esta ubicación «La Villa del Libro«.
Pero también su muralla, las vistas desde ella, los atardeceres en cualquier estación, su gastronomía y alrededores donde es obligatorio visitar San Cebrián de Mazote. Este sábado burgalés se lo recordaba al homenajeado que además me firmaba el «pack» con tres compactos de grabaciones junto al DVD que recoge archivos de TVE, doble regalo porque mi admirado Florentino, un asturiano en Burgos con el que había quedado para disfrutar este evento, acababa de regalármelo sin conocer la presencia de Don Joaquín.

Y esta escapada a la capital castellana era para disfrutar una vez más de mi querido y admirado amigo Diego Fernández Magdaleno (Medina de Rioseco, 1971), al que tenía muchas ganas de volver a escuchar en directo porque sus conciertos respiran emociones, homenajes, respeto, literatura, música y honestidad. Analizar cómo organiza sus programas es todo un reto que me consta igualmente para él y quienes le seguimos. El homenajeado bromeaba con el último orden en estos conciertos festejando sus siete décadas, porque los ocho «bloques» incluían una referencia personal, geográfica incluso, visionada por el piano de Diego acompañada por compositores de nuestro tiempo perfectamente encajados con nuestro folklore. «La voz de la memoria» son Joaquín y Diego, palabras del agua que fluye como la música, que apuesta por los recuerdos (como la visita rápida tras el concierto a la casa donde vivió Antonio José), por los amigos, muchos compositores pues los vínculos establecidos con la música ofrecen regalos tangibles pero igualmente inmateriales.

El programa lo dejo escaneado como los demás «regalos», y para intentar sumarme a este homenaje dedicado a Los mejores de los nuestros destacar un poco de lo mucho que supuso el concierto junto al entorno previo y posterior.

Notas telegráficas: la sorpresa adelantada del encuentro. Inmensidad del MEH que necesitaría un día completo para disfrutarlo. La evolución humana también está marcada por la amistad y la música entre muchas cosas. La materialización física y burgalesa de dos melómanos asturianos en la ciudad del Cid. Emociones compartidas en primera fila, sintiendo las vibraciones del Steinway© en la madera del salón.

Las campanas de Urueña con Kurtág, Montague y el Gerineldo de Joaquín. La fusión de palabras y músicas tan del gusto de Diego, Caibanera por las habaneras de Cádiz y el blues de raíz a cargo de Dolores Serrano Cueto (Cádiz, 1967) con la añada asturiana Duérmete, fíu del alma y la Carta de Falla a Rubinstein de Tomás Marco (Madrid, 1942), un bloque para viajar sin equipaje.
Impensable Diego F. Magdaleno sin un estreno absoluto de un español y amigo, esta vez Espigas de luz de Jesús Legido (Valladolid, 1943) tan actual como el que más, Castilla desde un trigal cromático en blanco y negro con la explosión de Sa Ximbomba de Antonio Ruiz-Pipó (Granada 1934 – París, 1997).

El cuarto bloque redondo por encaje desde la gratitud por compartir Recuerdo de Albert Sardà (Barcelona, 1943), homenaje a Diego Fernández Piera, padre de nuestro pianista, enamorado del flamenco que el compositor catalán entendió desde los melismas que el hijo canta en el piano, como El enamorado y la muerte de Joaquín con el homenaje de «mi gemelo» Francisco García Álvarez (Valladolid, 1959) al músico zamorano festejado este sábado burgalés.

Mi «descubrimiento» de otro pucelano, Luis Villalba Muñoz (1873-1921), cuya Meditación me despertó la curiosidad para urgar en un pasado menos cercano que su música, curiosamente la más alejada cronológicamente en este concierto pero capaz de «compartir actualidad» con la conocida canción burgalesa Morito pititón visionada por el mallorquín Román Alís (1931-2006) junto al Romance del Conde Olinos. Geografías musicales manteniendo título de «los mejores de los nuestros» aunque siempre se quede alguno fuera de programa ante el obligado encaje de bolillos que siempre realiza Diego para sus conciertos.

Sesión «in crescendo» emocional y de homenajes el piano cantábrico en mis entrañas por la Clusteriana Didakus de Pedro Aizpurúa (Andoain, 1924) llena de vigor y resaca marina junto a Sabor d’amor de Ignasi Adiego (Barcelona, 1963) capaz de elevar el bolero al concierto contemporáneo con La rosa enflorece castellana bien regada musicalmente en el medio de ambas.
Último bloque el octavo que supo a poco, Joaquín con Carlos Cruz de Castro (1941) y Max Richter (1966), Diego y su intensidad emotiva, los mejores y además nuestros en sus dedos, con un público agradecido, aplausos merecidos, intercambios a vuelapluma, confidencias rápidas, tiempo para unas cañas rápidas, ilusiones compartidas y sorpresas como los mejores regalos de nuestras vidas.

La música es algo que no tiene precio y viajar el mínimo peaje por ella, para ella y con ella, incluso sin moverte de casa. Pero el directo siempre es irrepetible, palabras del agua…

Sobre el ciclo Historias de Mieres

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Martes 6 de marzo, 20:00 horas. Ciclo «Historias de Mieres», Casa de la Cultura «Teodoro Cuesta». Proyección comentada de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada, 1928).

Volvíamos a visionar ¡al fin en Mieres! una película que además de ser historia de nuestra «hermosa villa» supuso descubrirme musicalmente cómo se ambientaba en vivo desde el piano aquellas proyecciones de cine mudo en las salas de entonces. Siempre agradeceré a Juan Bonifacio Lorenzo, Boni, director de la Filmoteca Asturiana (defenestrado por los incompetentes habituales) no ya haber recuperado esta película y mantenerla para siempre en la historia del cine, sino contar conmigo en las primeras proyecciones, recordando especialmente la del Teatro Jovellanos de Gijón con la única luz procedente de la pantalla y tocando temas relacionados con mi pueblo de Mieres, canciones populares que incluso aparecían de soslayo en el propio argumento (el encauce del río y el nuevo puente de Siana sobre el Caudal además del ferrocarril a Mieres), la Danza Prima, Santa Bárbara patrona de los mineros, junto a páginas clásicas de Wagner, Beethoven o Albéniz que ponían la banda sonora en vivo tras un visionado previo en una cinta en VHS, hoy ya digitalizada… Boni volvería a mi instituto en 2013 para proyectársela a todo el personal dentro de las jornadas culturales que dedicamos a la minería.
Hoy en día podemos verla completa en YouTube© con un piano añadido del que desconozco procedencia, pues de aquella no era costumbre grabar nada, aunque tendría que investigar y lo improvisado no lo suele reconocer ni siquiera quien lo interpretó en su momento.

Este martes seguía el ciclo con la presencia del doctor historiador y cinéfilo Juan Carlos De La Madrid presentado por Mª Fernanda Fernández Gutiérrez, vivencias paralelas recordando esa joya documentada y editada allá por 1996 por el primero, «Cinematógrafo y varietés en Asturias (1896-1915)», repasando memoria e historia de nuestro Mieres donde teníamos en la misma manzana nada menos que tres cines: el Novedades, el Pombo y después el Esperanza (del cuarto en liza, el Capitol, daría para muchas más sesiones), siendo el empresario Gerardo Pombo quien produciría la película de Juan Díaz Quesada, cubano de origen asturiano, entendiendo bien el poder del cine como espectáculo pero también como documental y elemento de propaganda minera, tal vez patrocinada por la entonces poderosa Fábrica de Mieres. En esta semana de homenajes no podía faltar esta película que ya ha cumplido 90 años el pasado enero, estrenada primero en el Cine Princesa de Madrid y dos días después en nuestro Teatro Pombo.

Un placer escuchar a Juan Carlos contando y glosando la importancia de la película por el hecho de tenerla, las vicisitudes del propio formato, la mina como verdadera protagonista en 1926 que comienza la producción de la película sin entrar nunca en el minero ni el trabajo, el triángulo protagonista de Pinón, Pepina (hija de Gaspar Campomanes) y el prometido indiano Ruperto que está siempre «off», treinta y un minutos donde no faltará mucha información documental de los años dorados de Mieres, el carbón como potencia industrial, también la parte musical que en parte ya comenté anteriormente y donde el final feliz de una historia de Capuletos y Montescos locales tiene boda y fiesta asturiana donde no faltan la pareja de baile -jota asturiana intuida- puede que también tonada, y la pareja de gaita (José La Piedra) y tambor, sin olvidarnos del gran Martinez Abades, músico y pintor relacionado con este  “Celuloide ceniciento y temblón” como lo bautizó De la Madrid.

Interesante seguir la proyección con los comentarios de Roberto Álvarez Espinaredo centrando la acción en lugares reconocibles como Fábrica, el Pozu Barredo, la bocamina del Grupo Mariana, las Casas Baratas de Anasagasti y hasta el Palacio de Viade donde viven Gasparón y Pepina.
Noventa años de una película que es patrimonio cultural en una villa que ha perdido sus teatros como seña de identidad mutados en mini-cines llamados multicines, impersonales dentro de los llamados centros comerciales siguiendo la moda americana donde no faltan palomitas y refrescos, situados en un extrarradio casi cercano al palacete de Gaspar en el valle de Cuna. Al menos quedan los recuerdos y amantes del séptimo arte que siguen rodando en nuestra tierra, denunciando las mismas injusticias de entonces y reivindicando una historia que no podemos olvidar.
La semana aún guarda sorpresas y un guateque en el Casino, como en mis años mozos con el «incombutible» Juan de Pablos, «Flor de Pasión«… el sábado me pilla de verbena en Oviedo pero las horas nocturnas forman parte de muchas biografías locales entre las que se encuentra la mía.

Los eternos cantores de Viena

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Crítica para La Nueva España publicada el martes 27 añadiendo «links», fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

La música sigue poniendo a Oviedo en el mapa musical y este domingo sería última parada de los Niños Cantores de Viena, el coro más famoso del mundo tras una gira española de diez días recorriendo Granada, Bilbao, Zaragoza, Valladolid, Madrid y Burgos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y tal como los conocemos desde el siglo XV con Maximiliano de Habsburgo, reconstruyéndose en 1921 tras la caída del Imperio austrohúngaro. Integrado actualmente por 100 coristas entre 10 y 14 años divididos en cuatro grupos corales para poder dar los 300 conciertos de media anuales, arribando a la capital asturiana con 23 efectivos más el brasileño Luiz de Godoy (que trabaja además con el coro de la Konzerthaus de Viena y la Academia de Coros de la Wienner Staatsoper) al piano y dirigiendo, además de presentarnos en un castellano correcto las distintas obras, con alguna alteración y omisión sobre el programa previsto.

El auditorio estaba al completo con público de todas las edades donde no podían faltar nuestros “Niños cantores de Covadonga”, la Escolanía con su director Jorge de la Vega tomando buena nota de todo sabedores que ellos también son historia viva.

Los Niños Cantores de Viena, una de las «más consolidadas» tradiciones musicales europeas, a lo largo de los siglos han sido numerosos los músicos que han trabajado para esta institución, se han iniciado musicalmente en ella o han dedicado obras: Isaac, Mozart, Caldara, Salieri, Bruckner, Haydn o Schubert entre tantos otros, ampliando un repertorio que abarca todas las épocas y estilos. Para esta gira se centraron en un “viaje coral europeo” como comentó al inicio Luiz de Godoy.

Acallando murmullos arrancaron desde el patio de butacas, bajaron por ambas escaleras y se colocaron sobre el escenario interrumpidos cada etapa por aplausos con el canon a 3 voces O Virgo splendens de nuestro Llibre Vermell de Monserrat (s. XIII) antes de ir saltando autores y épocas para combinar en escena las 23 voces blancas a ambos lados del piano, alternando acompañamiento y canto “a capella”, puro, siempre en perfecto entendimiento con el maestro brasileño, también prodigio quien adaptó el handeliano Piangerò la sorte mía con dos solistas marca Casa Viena o el Gloria in excelsis de Vivaldi desde un piano-orquesta de toque propio y demasiado rápido. En algunas obras se les notó cansados, no por algunos solistas en ambas cuerdas (tienen un tiple increíble que brilló en tres de los cantos rusos) sino por un piano forte sin contemplaciones como en El café de Chinitas recogido por García Lorca, con atrezzo de taza y periódico al que se iba sumando un solista hasta los cuatro finales totalmente tapados por el brasileño, de espaldas a ellos.

Simpática lección coral infantil el “Contrapunto bestial”, verdadero festín animal de Banchieri (ca. 1568-1634), bien las Cuatro canciones rusas K28 de Stravinsky sin piano, sentidos los cantos religiosos del motete Cantate Domino (Buxtehude), Ave Verum Corpus (Poulenc), Salve Regina (Fux) y la casi póstuma Pequeña cantata alemana K619 (Mozart) en adaptación del austriaco Gerald Wirth (1965), autor igualmente de Carmina Austriaca –de similitud con los de Orff– en reducción pianística más percusión variada a cargo de cinco de los niños para la selección ofrecida, ya descansados para afrontar una segunda parte más variada y agradecida.

Momentos mágicos como el Gloria de Britten a ellos dedicado con un piano más discreto, el Die Kapelle del antiguo cantor Schumann y los cantos populares de Armenia (dispersos todos por el escenario aumentando sensación dinámica), Serbia (dos primeras de lujo) o Estiria, en Austria, sumándonos con las palmas, siempre mejor solos aunque con piano ayuda en afinación y presencia, dando un ropaje global, también menos trajín entre cuerdas (12+11), favoreciendo empaste y mayor claridad de emisión.

Para estos vieneses famosos no podía faltar algo de sus paisanos los Strauss, cuya popularidad máxima alcanzan el día de Año Nuevo (2012 y 2016 con Mariss Jansons para recordar los recientes), aquí piano en vez de orquesta con excelentes arreglos del citado Wirth: el conocido Vals del Emperador (Johann Strauss II), la polka En viaje de Vacaciones (Josef Strauss) y la ¿inesperada? propina de El Danubio Azul que levantó al público de las butacas, palmeando todos esa polka rápida con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte español.

Viena y sus eternos cantores

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Reseña para La Nueva España publicada el lunes 26:

Los Cantores hacen historia

El coro infantil vienés, dirigido por Godoy, asombró en el Auditorio, repleto de público de todas las edades, con un concierto en el que recorrió distintos tiempos y lugares

Pablo Siana | 26.02.2018 | 17:52

Cuando una institución musical tiene tras de sí tanta historia y por la que han pasado muchos de los compositores que conforman su repertorio, es lógica la admiración y respeto hacia ella. Los Niños Cantores han cantado desde el siglo XIII siendo Maximiliano I quien los llevaría a la capital en 1498. Actualmente el coro lo forman 100 cantantes entre los 9 y 14 años, divididos en cuatro coros que dan casi 300 conciertos al año, llegando uno de 23 efectivos a Oviedo, con el brasileño Luiz de Godoy como maestro de coro y pianista, otro prodigio infantil al frente de esta excelencia vocal, finalizando una gira que denotó cierto cansancio en estos niños únicos, disciplinados y sacrificados.Y asombraron a un auditorio de todas las edades, con presencia de la Escolanía de Covadonga, y sin localidades libres cantando la historia coral universal de todos los tiempos y lugares.
Desde el inicial canon “O Virgo splendens” del Llibre Vermell de Montserrat (siglo XIII) que pasearon por las butacas al escenario, hasta obras de su compatriota G. Wirth (1965), arreglista y compositor de los «Carmina Austriaca», dos números recordando los de Orff, pasando por los folclores serbio, español de “El café de chinitas» recogido por Lorca , atrezzo incluido con suma de cuatro solistas imperceptibles con el piano, hasta el armenio donde los vieneses sí mostraron su excelencia, niños que solo crecen para la música. Godoy dirigió y acompañó con soltura además de presentar este viaje coral europeo.
Se ha dicho que cada cantor de Viena es un solista que convierte su cuerpo en un instrumento de sonido lírico, transparente, único e inspirador de los mismos compositores que agrandan su repertorio, Britten de lo mejor cantado con piano, Mozart, Schumann ideal “a capella” y tantos como este domingo pudimos disfrutar sin olvidar a la Saga Strauss de Emperador y las propinas del Danubio y polka palmeada con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte.

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Miércoles 14 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, concierto 1.598: «La vida breve«. Rafael Aguirre (guitarra) y Nadège Rochat (violonchelo). Obras de Albéniz, Falla, Granados, Cassadó, Ravel, Lara, Assad, Piazzolla y Tárrega.

Andrea García Alcantarilla titula las notas al programa «De lo popular a la sala de conciertos» haciendo ver la gran deuda de los compositores con la música popular y de lo que habló unos días antes en «Las charlas de la Filarmónica» organizadas por la JAM de Asturias. La mejor forma de saldar cuentas la pusieron un dúo atípico de amplio recorrido desde 2011 formado por el guitarrista malagueño Rafael Aguirre (1984) y la chelista suiza Nadège Rochat (1991) con un programa titulado «La vida breve» no solo por Falla sino también por el CD que grabaron, y que se presentaba por fin en España tras haberlo llevado entre otras salas famosas al Carnegie Hall neoyorquino o la Konzerthaus vienesa, un tributo a los grandes compositores inspirados en la música del pueblo más allá de lo que se ha llamado «nacionalismo», y tanto a un lado como otro del charco.

Ambos fueron presentando las obras trufadas de anécdotas que completaron un San Valentín de dobles parejas por instrumentos e instrumentistas, masculino en manos femeninas y viceversa, el chelo de Nadège y la guitarra de Rafael, enamorados de unas joyas, la Alhambra de Aguirre y el Stradivarius «Ex Vatican» de 1703 de Rochat, que pude disfrutarlo, además de contemplarlo de cerca,  hace ahora un año en Bilbao a dúo con la donostiarra Judith Jáuregui, que también actuó para la Filarmónica gijonesa el pasado mayo, volviendo a reunirse en apenas quince días para Musika Música, sumándoseles la violinista ibicenca Lina Tur Bonet.
Y esta pareja acabó enamorando a un público que conocía la mayor parte de las partituras elegidas aunque las versiones a duo fueron originales por sonoridades (levemente amplificada la guitarra) y empastes, con guiños a la canción de concierto porque el violonchelo es lo más cercano a la voz y la suiza hizo cantar «su Vaticano».

La primera parte con la guitarra sola y el «pianístico» Asturias – Leyenda (Albéniz) con «arte» además de virtuosismo pues el solista malagueño supo darle un sello propio antes de afrontar con el cello las Siete canciones populares españolas (Falla), aire gitano, toque flamenco, hondura asturiana, ritmo de jota, nana mecida, cante hondo del sur universal con Nadège cantando en todos los registros que la voz humana no puede, ornamentos imposibles hasta para los grandes que el cello posibilita asombrando lo bien que esta intérprete nacida en Ginebra ha captado la atmósfera de nuestra piel de toro, y la guitarra distinta al piano más cercana al pueblo del que el gaditano toma estas melodías.
Y lograda transcripción de la pianística danza Oriental (Granados) por el intercambio de registros entre punteado y frotado como si se multiplicasen las manos sobre unas teclas de cuerda.

No podía faltar el homenaje al gran virtuoso del chelo y compositor Gaspar Cassadó del que Nadège nos deleitó con la Danza finale antes de los Requiebros con guitarra en «atrevido» arreglo de Rafael que mantuvo esa línea argumental y sonora antes de rematar la faena con la conocida Danza de «La vida breve» (Falla).

Populares por inspiración, cercanía a su pueblo o directamente enamorados de esas músicas, la segunda parte comenzó con la Pièce en forme de Habanera (Ravel), una particular versión de Granada del mexicano Agustín Lara que por el mundo le hacen español aunque imposible cantarla con el cello, una joya del brasileño Sérgio Assad (1952) como es Menino, volviendo a disfrutar del Tárrega puro admirado desde niño por Rafael Aguirre que su guitarra elevó a virtuoso magisterio con la Gran Jota y Recuerdos de la Alhambra, más Piazzolla eterno que soporta cualquier combinación instrumental dada la belleza de sus temas, tangos nuevos incluso sin baile como Nightclub 1960 o Libertango acortado y algo alocado al que faltó el poso porteño difícil por la sangre joven de estos enamorados dos por dos.

Mas para tango puro la propina del gardeliano Volver más el deleite final con la milonga – tango del eterno Oblivion siempre agradecido de escuchar e interpretar para un miércoles de ceniza para enamorados de la música siendo el mejor regalo en esta original combinación de dos intérpretes que expulsan el arte a borbotones, juntos y separados.

De cañas con Möebius

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Sábado 27 de enero, 19:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón, Los conciertos del taller: Cuarteto Möebius, presentación de su primer disco L’Actuel. Obras de: Emmanuel Sejouorné, Patrick Burgan, Víctor Vallés, Javier Vázquez, Jacob Ter Veldhuis, Javier Utrabo y Guillermo Lago. Entrada libre.

No podía faltar a la presentación del primer trabajo discográfico del Cuarteto Möebius, financiado desde Verkami, grabado en Quintes, muy cerca de Gijón durante el mes de agosto de 2015 con René de Coupaud como responsable técnico y seguro de calidad en todo el proceso, siendo editado con el sello La mà de Guido, cuatro saxofones «de casa» con distintas trayectorias donde no han faltado revisiones del barroco, pero apostando en este debut grabado por autores actuales, incluso con obras de encargo que pudimos escuchar en un salón completo con presencia de gente joven y hasta de un compositor que nos contaría su inspiración como apuntaré más adelante.

Tras las palabras de Eduardo G. Salueña, responsable del «Taller de Músicos» que sigue apostando por todo tipo de repertorio en su programa y la salida de los cuatro instrumentistas con sus saxos (Enrique Prieto, al soprano, Israel Bajo, con el alto,  Pablo De Coupaud, en el tenor, y  Clemente Vicedo al barítono), se apagaron las luces para sorpresa de los presentes y algún llanto infantil pronto acallado.

Luces que se movían, que se sumaban, restaban y multiplicaban siempre con ritmo, los cuatro músicos portando cada uno dos dispositivos de luces led con una puesta en escena ideal para abrir este concierto: Vous Avez Du Feu? de Emanuel Sejourné (Limoges, 1961).

Y después de la originalidad inicial, el cuarteto pasó a interpretarnos seis temas del CD comenzando con Miniatures de Patrick Burgan (1960), obra estrenada por el cuarteto o Quatuor Diastema en Valencia allá por 1997, seis cuadros espaciales por los cambios de ubicación desde las cuatro esquinas hasta las sillas con todo el juego sonoro de saxos percusivos, guturales, rítmicos, polifónicos y hasta afónicos (titulados Funèbre, Fluide, Plaintif, Fougueux, Frémissant y Precipité) en un despliegue de expresionismo saxofónico que los asturianos han traducido y adoptado como suyo.

De-Construccions de Víctor Vallés Fornét (Vergel, Alicante, 1984) tal cual indica el título, “re-construcción” tras la “de-construcción” de J. S. Bach, padre de todas las músicas, más concretamente del sujeto de su Fuga en mi menor («El Clave Bien Temperado» I), toda una labor compositiva usando diversas técnicas que crean sonoridades peculiares verticales (armonía) y horizontales (tiempo). Un lujo esta obra encargada al compositor alicantino por y para el Cuarteto Möebius.

Desórdenes 3: Melancholia (2015) de Javier Vázquez Rodríguez) se estrenó en Estrasburgo durante el XVII Congreso Mundial de Saxofón celebrado en el mes de julio de ese año por «Los Möebius» que se la encargaron a su paisano. Partiendo del reconocible Preludio del Tristán wagneriano, que también sonaba en la película «La melancolía» (Lars von Trier) y una experiencia depresiva cercana al compositor son las fuentes de inspiración de la obra de Vázquez, arreglista, saxofonista, enamorado del cine y tan gijonés como el cuarteto. Perfectamente explicado por el autor a todos los presentes para buscar una mejor escucha, así como en el propio proyecto Verkami, resulta impresionante cómo puede plasmarse musicalmente todo el proceso interior y psicológico con los saxofones, capaces de gritar, temblar, relajarse, recuperando el tema wagneriano sin perder identidad propia y usando los glissandi cual dolor indescriptible. Bravo por Javier capaz de integrar géneros variados desde una base académica seria con un lenguaje muy personal, pues este tercer desorden pienso que nos conmocionó a muchos de los presentes.

Tras una breve pausa para recuperar aliento y líquidos llegaría el Take a Wild Guess (2007-08) del holandés Jacob Ter Veldhuis «Jacob TV» (Westerlee, Países Bajos, 1951) sobre un «soundtrack» o base pregrabada con bajo y percusión, hablada casi «rapeada», plenamente actual y jazzística avanzando temáticas de ritmo superpuesto coprotagonizado por la grabación incluida en la obra con un perfecto encaje del cuarteto con el audio al alcance de muy pocos.

El Tríptico de Javier Utrabo (Granada, 1981), siguió enriqueciendo ambientes sonoros, I con recuerdos de órgano por tímbrica y acordes que se «desparraman» con la melodía cantando sobre ellos y esa II Nana única titulada más III con el soprano llevando al trío rítmico y contrapuntístico tejiendo un verdadero lecho de sonidos este cuarteto al que los muchos años de trabajo conjunto le dan un plus de calidad sonora y un empaste único.

Concluirían con Ciudades de Guillermo Lago (seudónimo del holandés Willem Van Merwijk, Bemmel, 1960), eligiendo cuatro fotografías musicales reconocibles por ambiente y callejeo temático, cultural, folclórico, sentimental, adorables, distintas y unidas por la óptica viajera de un particular itinerario sonoro planificado por Lago. Acentos e idiomas traducidos al saxo, Córdoba flamenca, Sarajevo herida, Köln eterna y reposada como la parada final tras el agradecimiento de la Addis Abeba soñada, salvaje y africana con óptica europea.

Bravo por el Cuarteto Möebius y su L’Actuel verdaderamente contemporáneo y atemporal por calidad.
De propina el Patchwork de Philippe Geiss (1961), verdadero virtuosismo vocal e instrumental, con aires de jazz «Coreano», corales y saxos en cuarteto al que le espera largo recorrido.

Y por solo 10 € me he traído el disco que ahora suena en la cadena tras recrear el concierto.

De Vuelta Abajo

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Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. Concierto de Navidad del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo: Vuelta Abajo. Entrada libre.
Estar en casa por parte de organización y artistas es lo más importante para un evento en estas fiestas, y el Teatro Filarmónica ha sido escenario habitual del grupo Vuelta Abajo, Entre amigos si bien mi último recuerdo de ellos ultimando el CD fue allá por octubre en el Auditorio con la Banda de Música de la capital.

Tras el discurso de Don Ignacio Cuesta Areces, decano del ICA y la presentación de los invitados a un público fiel que llenó el patio de butacas del Filarmónica, mis amigos de Vuelta Abajo pasaron revista a los doce temas que integran un trabajo que debería estar a la venta en esta presentación, pero que problemas ajenos y lejanos lo traerán suponemos que los Reyes Magos.

La docena estuvo bien trabajada aunque vuelvo a echar de menos más púas y unos arreglos que primen las melodías, pues la escucha de temas tan conocidos en esta nueva etapa de los «primeros dieciséis años» sigue careciendo de esa presencia, supongo que por plantilla nunca al completo, por gripes y evitando hacer del responsable de sonido un mago que equilibrase un directo sin trampas ni cartón, poniendo más bien vuelta arriba las melodías. Calidad instrumental y vocal tiene esta formación de amigos en el tiempo enamorados de la música latinoamericana a los que alguna vez he bautizados como «Los sabandeños asturianos» aunque su nombre sea el de la isla cubana más tabaquera, conocedor por los cigarrillos que fumé desde que tengo memoria, antes Habanos y supongo que tras «la marcha» de Fidel se han renombrado Herencia. Amigos, tabaco, memoria y música.

Sin entrar a fondo con lo disfrutado esta tarde aunque buscando con detalle mis habituales enlaces (links dicen los expertos) a los temas escuchados, dejo directamente las anotaciones en el «celular» según iba escuchando, amparado que no escondido en la última fila por no incordiar ni molestar con las fotos que también ilustran esta entrada.

Alma Llanera de Venezuela, el himno no oficial con todos un poco fríos y desajustes varios, aunque el tema siempre ha sido de los preferidos de estos «vuelteños«.
Y con el mismo aire De Tenderete, de Elfidio Alonso, sabandeño fundador, ya van entonando en Canarias, tierra de ron y tabaco, de bellas mujeres y folklore inigualable, vuelta abajo de Venezuela de la continental canaria ultramarina en tantas cosas.
Volvemos a cruzar el charco, Argentina, Atahualpa Yupanqui y la Zamba de la toldería tras lección de historia y geografía que acompaña cada tema, famosa por Los Chalchaleros, Quilapayún o Los Cantores de Quilla Huasi, bien estos de Asturias con ese ritmo característico que los chicos de vuelta dominan a la perfección.

Paloma ausente de Violeta Parra, bienvenida a la hija donde sikus, quenas y bombo legüero visten de calidad unas voces ya empastadas y mejor ecualizadas con guitarras y bajo, eléctrico pero discreto.
De Leonardo Favio recordando a Cafrune y Marito El niño y el canario hecho bolero elevando tristeza a recuerdos de infancia, bien cantado y sentido aunque los argentinos no son de vuelta abajo.
Y no podía faltar un vals, de Perú Callejón de un solo caño enlazado sutilmente con la «marinera» Palmero, ¡qué bonito! con el típico cajón que Paco (de Lucía) traería para quedarse flamenco, voces bien equilibradas con cuerda y percusión más el bajo redondeando el conjunto aunque perdamos la melodía en pos de la armonía.

Viaje al nordeste argentino con un «chamamé» de Jorge Fandermole, pobre pescador y Oración del remanso al Cristo de las redes, efectos acuáticos y ornitologicos en la entrada instrumental antes de dos solistas (bien «mi Eduardo derecho») que van preparando el conjunto para este bello son.
Aquél grupo que se llamaba Los fronterizos popularizó el himno de todos los latinoamericanos tan escuchado en los años de la llamada transición, al menos esperanza sí había, la Canción con todos, «todas las voces, todas…» en versión creciente de solo, bocas cerradas y la explosión del estribillo, sin perderse el puente de quenas desembocando en un final nada desbocado sino agarrando los machos.

Del cuyano Buenaventura Luna, el mismo de la zamba «toldera» vendría Si «sabis» templar las cuerdas que nos devuelve el purismo folclórico, en las voces con recitados (más puneños que jujeños) e instrumentos, bien «templados» por afinados y temple (a falta de timple).
El golpe para los venezolanos también es un ritmo (no sean mal pensados), el de Amalia Rosa en arreglo asturiano del guitarrista avilesino Moisés Arnaiz, original conjunción instrumental y vocal engrandeciendo el ritmo pero corto de púas que podrían haber dado el color al segundo nombre de la dama cantada.
Los Reyes Magos (Ariel Ramírez) nos adelantó las navidades, con más equilibrio y buen contrapunto brillando flautas y percusión, manteniendo el espíritu de nochebuena en la siguiente ¡Ay para Navidad!, este bailecito villancico con el mismo ambiente de buenas voces y púas cuál arpas de registro grave, fórmula de puente flautado y desembarco pascual a la espera del nuevo año.

Más allá de los doce temas del esperado CD presentado «virutalmente», llegaría el 13 sin superstición, un bolero de origen cubano pero portorriqueño Madrigal con voz solista gastada en esa tesitura pero sentida cual tango, remontando el conjunto para quien «bolero» no es sinónimo de mentiroso ni de limpiabotas.
Nos hablan de Bolivia pero supongo será Paraguay, también en repertorio con Alma guaraní de Ramona Galarza, exaltación de una raza de orgullo y posterior mestizaje musical así entendido en este tema con todos los intérpretes entonados en el buen sentido de la palabra, incluyendo solista y coro. La celebración en taberna cercana aún debería esperar el último tema.

Amigo no podía ser mejor elección para despedirse con todo el teatro coreando y palmeando. Sin necesidad de que cantásemos el «Todos queremos más» y con la premura del técnico Rober que debe tomar rumbo a Vegadeo en esta noche lluviosa, aún queda tiempo para el Candombe para José, un clásico de Vuelta Abajo y «Ánimo arriba», echando en falta la conocida melodía más presente pero dejándonos el regusto de paladear el compacto, pues el trabajo de estudio puede remedar detalles que el directo no. Gracias amigos y felices fiestas.

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