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Un piano con voz propia

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«UN PIANO ENTRE LIBROS». Diego Fernández Magdaleno (piano)

Junta de Castilla y León / Instituto Castellano y Leonés de la Lengua / Ref. 8 435725 606535 / S-33327

Precio: 15€

Obras de F. García Álvarez, I. Adiego, J. Legido, C. Fernández-Vidal y J. Soler.

Grabado en la Sala de Cámara del Centro Cultural Miguel Delibes, en Valladolid, entre los días 4 y 7 de agosto de 2025. Técnico de sonido: Armando Fernández León. Afinador: Xavier Pérez Casares. Piano: Steinway & Sons.

Puedo presumir de los muchos años que conozco y admiro al vallisoletano Diego Fernández Magdaleno (Medina de Rioseco, 31 de diciembre de 1971), siguiéndole tanto en algunos de sus conciertos como en las redes sociales e incluso en su faceta de escritor (guardo desde 2005 sus diarios titulados El tiempo incinerado), tan unida a la de pianista. Así, en 2011 pude disfrutar de su CD “Soledad sonora” dedicado a Pedro Aizpurúa, y ahora llega este último titulado “Un piano entre libros”, verdadera definición de toda una vida entre ellos, pues son dos de sus facetas más significativas del académico y Premio Nacional de Música 2010 o en 2024 la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio (entre muchos más galardones).

Quiero comenzar con las palabras del propio maestro en el extraordinario libreto que acompaña este su último trabajo discográfico que está presentando estos días por parte de la geografía española, contando también con el texto “La virtud ilimitada” de su colega y amiga María del Ser Guillén:

«Vuelve el camino, mira

su mapa de silencio

donde se abre la luz:

un piano entre libros.

Allí está, como el agua,

dejándose soñar hacia lo alto.

La belleza que muere

es lo que llamas fruto».

Desde el Centro Cultural Miguel Delibes, vecino del conservatorio de la capital castellana y segunda casa del profesor riosecano, nos ha dejado una grabación con 28 obras de sus muchos compositores de referencia, manteniendo una trayectoria que le ha situado como el mayor exponente de la música de nuestro tiempo por haber estrenado más de 300 obras escritas por casi 80 compositores contemporáneos. De cinco de ellos, las páginas elegidas vuelven a las siempre necesarias referencias literarias, inspiración y bandas sonoras para todo lector uniendo el legado sonoro del piano actual de su gran difusor y docente.

En un concierto celebrado en Valdediós (Asturias) allá por agosto de 2019, en mi blog escribía que “Nada es casual” asombrándome “cómo combina las obras para darles unidad, diálogo entre ellas, uniones impensables que con él resultan plenamente convicentes”. Y en este disco ese nexo son los libros, “bellísima metáfora de conciencia y consciencia y parte indispensable de un todo ordenado en este tiempo disipado y fútil como lo (d)escribe María del Ser con sus doctas y cercanas palabras.

Unión y reunión de las las dos facetas más significativas de Diego Fernández Magdaleno: pianista y escritor de extensa trayectoria pero también resumen de su vida y de su tierra, embajador de Castilla y León donde lleva décadas difundiendo su patrimonio musical y literario.

No faltan los homenajes a tantos grandes de nuestra literatura donde no podía faltar Miguel Delibes, Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Agustín García Calvo, incluso Umberto Eco… también compañeros y amigos, desde Joaquín Díaz, Pedro Aizpurúa o Eva Gigosos, pero también la invitación para seguir descubriéndonos escritores como la leonesa Elena Santiago (Veguellina de Órbigo, 1936 – 2021), la dominicana Ángela Hernández (Buena Vista Jarabacoa, 1954) el poeta palentino Gabino Alejandro Carriedo (1923-1981), el burgalés Tino Barriuso (1948-2017), el segoviano Luis Javier Moreno (1945-2015), el abulense José Jiménez Lozano (Langa, comarca de La Moraña, 1930 – Valladolid, 2020), o el soriano Avelino Hernández (Valdegeña, 1944- Selva, Baleares, 2003), relaciones literarias cercanas al propio Diego en esta fusión de música y literatura minuciosamente construida.

Textos castellanos, recios, poéticos, musicales en origen, homenajes desde el mismo blanco y negro de su escritura que en estas (re)interpretaciones se vuelven todo un mosaico donde los compositores vuelcan su creación de esta literatura musical o música literaria, pues tanto monta una como otra.

Alternando autores y obras, todas van sumando estilos, texturas, duraciones, cercanías, geografías, historias, sentimientos e imaginación. Veintiocho partituras cual autobiografía y gratitud a unos compositores que son y han sido “la familia musical” del escritor y pianista Diego Fernández Magdaleno.

La mitad de las obras son de su paisano Francisco García Álvarez (Valladolid, 1959), muchos años de amistad entre ambos, incluso escribiendo el discurso de contestación tras el ingreso de su compañero en la Academia de Bellas Artes de Valladolid.

Perfecto entendimiento entre el compositor y su intérprete, obras casi todas recientes en el estilo inconfundible de nuestro Paco, desde la locura de Rosa la salmantia, el aire folklórico de la quintaesencia asturiana “Dónde vas por agua” que también inspiró al inigualable Joaquín Díaz, el color malva de Elena Santiago con pinceladas rítmicas y acordes potentes, espíritu y homenaje femenino de principio a fin, el guiño de Delibes a los diputados de la transición en la austera (como su música) Castilla rural, contrapuesto a la amiga y profesora Eva Gigosos, felizmente jubilada hace poco, todo un ejercicio pianístico de acordes y plácidas atmósferas como la sonoridad del “Begin the beguine” de Cole Porter para esta “Eva en el jardín de las hadas”. También aparece la mentira nocturna para Ángela, verdaderas perlas luminosas, la “ausencia” de Umberto Eco con clusters y notas llenas de matices sonoros en una estructura pianística propia.

Un “tríptico” que arranca con la angustia de ese corazón en un puño homenajeando a Carriedo, latidos asincopados, desasosiego con registros extremos, el siguiente Mompou espiritual que escribe a San Juan de la Cruz, “noche pasiva del espíritu” con resonancias que invitan a una mística casi organística, y más filosofía con el salto hasta los Países Bajos de Baruch Spinoza, de origen sefardí quien defendía que alma y cuerpo no son entes separados, música y filosofía en la unidad compositiva e interpretativa.

Dos nuevas poesías pianísticas para Avelino Hernández y Tino Barriuso, reflexiones en los propios títulos, con el primero clásico en escritura, juguetón el segundo. Finalizan disco y autorías la muy afamada Caperucita neoyorquina de 1990, aires americanos cercanos al jazz pero con impronta propia y tintes literarios de este cuento para todas las edades, más el homenaje común al maestro Aizpurúa, el silencio musical, la reflexión sobre lo aparentemente insignificante que toma cuerpo en una diálogo de notas cual sílabas formando palabras antes de un inquietante coral de nuestro tiempo.

No podía faltar en este disco el recuerdo además de homenaje al maestro y amigo Josep Soler i Sardá (Vilafranca del Penedès, 1935 – Barcelona, 2022), precisamente de quien dio la lección inaugural de la Real Academia de Bellas Artes con el discurso “Estética e interpretación de la obra pianística de Josep Soler”, un hombre de increíble personalidad creadora y vasta cultura, siendo además escritor y ensayista, muchos puntos en común con “su” intérprete. Primero, dos corales de 2009 contrapuestos en el aire con el lenguaje que el compositor catalán encontró en el pianista amigo su intérprete de referencia (y obras siempre sabiamente colocadas en el orden del disco para dotar de la unidad expositiva que Diego Fernández Magdaleno lleva también a sus conciertos). Prosigue el guiño juvenil escrito en 1956 al cuento que se hace ballet ruso (La bella durmiente) y casi melodía para una caja de música de nuestro tiempo; la Elegía (1995) siempre definida como subgénero de la poesía lírica, generalmente de naturaleza triste y sombría, que Soler eleva a género pianístico propio, más el todopoderoso “Wagner del Tristán” de 1996, con quien el compositor catalán nos lleva a la magia de la “obra de arte total” condensada en las 88 teclas por su intérprete amigo.

Aportan cuatro obras el catalán Ignasi Adiego (Barcelona, 1963) y el vallisoletano Jesús Legido (Valladolid, 1943). Del primero páginas recientes de nuestros años 20, como la evocación que Alonso Mudarra hace de las famosas coplas de Jorge Manrique (Recuerde el alma dormida, 2020), el Preludio (2023) que preparará la mujer malva cual paleta de pintor donde colocar los colores que se mezclarán sobre el lienzo de la partitura, la Cantiga dos babous (2024), que me recuerda al Verdi de su Requiem antes de adentrarnos en esos ritmos medievales galaico-portugueses de Martín Códax y tantos juglares vecinos, y Las semanas de Daniel (2024), mucho más que las profecías bíblicas unos apuntes pianísticos sobre un conflicto que permanece en nuestros días.

De la inconmensurable producción del profesor Legido escuchamos en este disco sendos homenajes y el recuerdo a Javier Marías (1951-2022). Primero Pasos silentes (2017) del compositor vallisoletano que me hacen viajar a la Semana Santa castellana, una miniatura en el título de El mudejarillo (2022) que me lleva de nuevo a rememorar a Mompou y su Damunt de tus nomes les flors, aquí homenaje a Jiménez Lozano, música sin palabras plena de romanticismo. En la misma línea los Brotes primaverales (2020) con la inspiración del luchador y rebelde zamorano Agustín García Calvo (1926-2012), primavera poética al piano en el lenguaje inconfundible de Don Jesús -de quien recomiendo sus obras para voz y piano– para finalizar con el Corazón tan blanco (2022) que estrenase el 11 de septiembre del año siguiente el propio Diego Fernández Magdaleno en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, una bellísima página que rezuma pedagogía y melodismo.

También aparecen compositoras de nuestro tiempo en muchos programas del pianista, como Teresa Catalá, y así de la mallorquina Carme Fernández-Vidal (Palma de Mallorca, 1970) su Tanto vay Santa María (2024), otra nueva inspiración en nuestras cantigas (como la de Alfonso X El Sabio), que mantienen vigencia más allá de su tiempo con estos acercamientos que resultan verdaderas relecturas musicales.

Un disco para escuchar, desde una excepcional toma de sonido y un piano ideal para subir el volumen y sentirlo a tu lado, no por autores sino en el mismo orden de aparición, porque todo está hilvanado cual capítulos de este libro pianístico que nos “lee” Don Diego con la misma pasión con las que están escritas, “la narrativa interior sin perder la coherencia musical que debe tener” en sus palabras, una voz propia para este “piano entre libros”.

Autores, cortes, obras y cronologías

Francisco García Álvarez (1959):

1. Ofrenda a una virgen loca (2023) -sobre un texto de Rosa Chacel-.

4. Un romance de Joaquín (2024) – homenaje a Joaquín Díaz-.

6. Una mujer malva (2023) -sobre un texto de Elena Santiago-.

8. El disputado voto del señor Cayo (2020) -homenaje a Miguel Delibes-.

10. Eva en el jardín de las hadas (2024) -homenaje a Eva Gigosos-.

15. La noche y la mentira (2022) -a la memoria de Ángela Hernández-.

17. La estructura ausente (2017) -homenaje a Umberto Eco-.

20. El corazón en un puño (2023) -homenaje a Gabino Alejandro Carriedo-.

21. Mompou escribe a san Juan de la Cruz (2015).

22. Baruch Spnioza (2017).

24. No es bueno echar el ancla donde se ha sido feliz (2024) -homenaje a Avelino Hernández-.

25. Paloma sin alas (2023) -homenaje a Tino Barriuso-.

27. Caperucita en Manhattan (2023) -sobre un texto de Carmen Martín Gaite-.

28. Prevalencia del silencio (2018) -Pedro Aizpurua in memoriam-.

Ignasi Adiego (1963):

2. Recuerde el alma dormida (2020) -evocación de la melodía de Alonso Mudarra para las Coplas de Jorge Manrique-.

5. Preludio (2023).

7. Cantiga dos babous (2024).

19. Las semanas de Daniel (2024).

Jesús Legido (1943):

3. Pasos silentes (2017) -homenaje a Luis Javier Moreno-.

11. El mudejarillo (2022) -homenaje a José Jiménez Lozano-.

14. Brotes primaverales (2020) -homenaje a Agustín García Calvo-.

23. Corazón tan blanco (2022) -in memoriam Javier Marías-.

Carme Fernández-Vidal (1970):

9. Tanto vay Santa María (2024).

Josep Soler (1935-2022):

12.-13. Dos corales (2009) -sobre un glosado de Antonio de Cabezón, Au holy bois sur le verdure, de Johannes Lupi-:

12. Molto tranquilo; 13. Lento.

16. La bella durmiente del bosque (1956).

18. Elegía (1995).

26. Tristán e Isolda (1996) -recuerdo de Richard Wagner-.

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:

Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es seguir pasando hojas del calendario aunque la gripe y el «bicho» del Covid n quieren abandonarnos.

Musicalmente, y a la vista de cómo está el mundo lleno de odio, guerras, genocidios y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música posible, a ser posible en PAZ, aunque sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.

Sin necesidad de aniversarios (que en 2026 hay muchos para celebrar), como todo los años, que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, y la de la Fundación Filarmónica de Oviedo recién nacida tras la «degollada» Universitaria), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y chicos de hierro, jóvenes pétreos y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también alguna escolanía -la Escolanía de Covadonga -la han «desaparecido»- como la luchadora heredera de San Salvador… que sigue recordando a Don Alfredo), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.
Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, ya que se ha despedido de la OCRTVE, agradeciéndoles que le dieron una orquesta en Tenerife y continúa siendo invitado en las de medio mundo. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha. Darles las gracias porque nos han traído a un nuevo gerente.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (que llevan años mereciéndolo), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, actuando solos, en otros ensembles, y especialmente en «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes como Mario Bernardo o Noelia Rodiles, a Martín García o Henar F. Clavel que siguen creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2026.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (que este pasado año sigue igual de fructíferoy Gabriel Ordás (que sigue en USA con sus estudios y componiendo nuevas obras), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en mi carta del 2025. Gracias señorías…
Y por mantener la ilusión, aunque como decía mi madre «parece que te hizo la boca un fraile» (?), continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias de contratación… saben de sobra que la Cultura ha demostrado resultar la mejor inversión en tiempos difíciles.
De mis violinistas favoritos, que se van haciendo mayores, siguen trabajando. Gracias por traernos desde Bélgica a Valencia a Don Ignacio Rodríguez, y a María Ovín que continúa en la OSPA con el mejor regalo de su reciente maternidad. Que sigan creciendo como personas y artistas, deseándoles que continúen sus éxitos.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2026 con mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo aunque no tanto su agenda. Al menos ha estrenado la ópera Faycán, y retornará a nuestro Campoamor con Maharajá, que nos enamoró en 2017. Sigo pidiendo la lleven al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa, pero recordándoles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla. Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero haciendo caso a mi mamá, que creo está con ustedes, vale ya de pedir… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalásteis su presidencia en junio de 2018 y ahí seguimos, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2025, esperando ver crecer más su Banda Sinfónica y en un nuevo año acertemos con los dos directores que además «son de casa». Poder mantener el mismo nivel tras casi ocho años sin parar, con ganas de seguir con nuestros «13 Reyes 2.0» que tantas alegrías nos lleva dando junto a los «Toroyos hermanos», y llevando su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no nos faltan.
A propósito, de la música en la educación, tras cuatro cursos fuera de ella, ya ni les pido como el chiste «me quede como estoy» pues sigo comprobando que lo que hay que mejorar son los políticos, y eso no lo arregla ni un milagro. Ya está aquí la generación de ignorantes digitales y adictos al móvil, aunque mantengo la esperanza (es lo último que se pierde) de alcanzar un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan) utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso y los eléctricos no tienen autonomía suficiente para un viaje tan largo)… El regalo del ascenso de «el mi Oviedín» ha sido lo mejor del año pasado tras 24 años esperando con mi papá que seguro saltó de alegría con ustedes. Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2026.
Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:

Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar la hoja del calendario a este nuevo año con rima fácil y poco educada aunque cause risa (como «caca, pedo, culo, pis»…).

Musicalmente, y a la vista de cómo sigue el mundo lleno de guerras, genocidios, odio y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música a ser posible en PAZ, FRATERNIDAD y AMOR como pidió Riccardo Muti el primero de año desde Viena, aunque sé que la SALUD es el mejor regalo en estos tiempos.

Sin necesidad de aniversarios (y en 2025 también tenemos varios para celebrar), como todo los años que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas, chicos de hierro, «piedras» y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también una Escolanía -pues a la de Covadonga la han «desaparecido»- más la de San Salvador…), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.

Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, también finalizado su contrato con la OCRTVE, así que aprovecho para pedirles «le den una orquesta» para este 2025 y siguientes, pese a que no le falta trabajo. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues seguimos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha, y que se acierte en el nombramiento de una gerencia que la ayude a seguir creciendo con su titular portugués (¡por favor que no nos lo lleven!).

Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles muchos conciertos para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando «desde casa», actuando solos, con otros ensembles, pero especialmente con «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo en cualquier día del año.

También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes y «emigrados» como Mario Bernardo o Martín García. Todos ellos, junto a Henar F. Clavel, están creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui (que será de nuevo mamá este año como el mejor y mayor regalo) o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2025.

Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (al menos que siga igual de fructíferoy Gabriel Ordás (en Manhattan formándose y trabajando en la distancia), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en otras cartas. Gracias señorías…

Y por mantener la ilusión, aunque como decía mi madre «parece que te hizo la boca un fraile», continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias porque acaban repitiéndolas más que el ajo.

Este año no pido nada para mis violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pero siguen trabajando y bien: Ignacio Rodríguez sigue emigrado en Bélgica y María Ovín continúa en la OSPA, creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúen los éxitos.

Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2025 y mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la soprano asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque esperemos mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor (como fue su gran protagonista de La Rosa del Azafrán), tras su esperada Mimí en Alicante y hace poco un Manojo madrileño a tope), por lo que les sigo pidiendo llevarla al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa pero debo recordarles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.

Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi recordada mamá me repetía aquello de «contra el vicio de pedir, la virtud de no dar»… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos (parece que se va logrando) sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.

A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan que existe la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que «los envíos» llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).

Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia allá por junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2024 en que cumplíamos seis años (esta vez la Lotería no tocó pero sí nuestros músicos que no pararon), esperando mantengan su Banda Sinfónica y agradecerles haber hecho un buen relevo de nuestro querido Antonio Cánovas (ya en su tierra murciana y dirigiendo la Banda de Águilas) con un prometedor e ilusionado Nando Castelló. Poder mantener el mismo nivel a lo largo de estos seis años y llevar su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos, es un deseo que se sigue cumpliendo y nuestros «13 Reyes» estrenados en la Folixa de Mieres triunfaron en Lorient, esperando ya el 31 de mayo para volver a disfrutarlo en el Auditorio de Oviedo con los «hermanos» de la Banda de Gaites «La Laguna del Torollu» e Iñaki Santianes comandando este proyecto que se hizo realidad. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.

A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces descansaría (no tiro fuegos artificiales por respeto a los perros…) pero ya ven que no está entre las peticiones musicales de este mi tercer curso fuera de ella. La LOMLOE o Ley Celáa sigue empeorando leyes anteriores (y recuerdo que iban ocho en 37 años) en pos de una generación de ignorantes digitales y adictos al móvil (no pienso escribir nada de la mal llamada INTELIGENCIA ARTIFICIAL que parece un oximorón), aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.

Gracias señores majos y Magos (de donde vengan utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso). Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2025.

Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

Carta a SS.MM.

1 comentario

Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar la hoja del calendario aunque el «bicho» del Covid siga entre nosotros conviviendo con la gripe habitual.
Musicalmente, y a la vista de cómo está el mundo lleno de odio, guerras, genocidios y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música posible, a ser posible en PAZ, aunque sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesidad de aniversarios (y en 2024 hay muchos para celebrar), como todo los años que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también la Escolanía de Covadonga -que la han «desaparecido»- más la de San Salvador…), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.
Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, y ya que se ha despedido de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le den una orquesta para este 2024 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha. Darles las gracias porque sí nos trajeron al fin un titular, y además «vecino».
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, actuando solos, en otros ensembles, y especialmente en «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes como Mario Bernardo, a Martín García o Henar F. Clavel que están creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui (que será mamá este año como el mejor y mayor regalo) o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2024 tras ir recuperando todos ellos fechas.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (que este pasado año sigue igual de fructíferoy Gabriel Ordás (que tambén se ha ido a USA para proseguir sus estudios), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en mi carta del 2023. Gracias señorías…
Y por mantener la ilusión, aunque como dice mi madre «parece que te hizo la boca un fraile» (?), continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias de contratación… saben de sobra que la Cultura ha demostrado además de ser Segura resultar la mejor inversión en tiempos difíciles.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez sigue emigrado aunque ahora en Bélgica y María Ovín continúa en la OSPA), creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúen los éxitos.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2024 (el Año Puccini que debería celebrarse contando con su voz) y mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque espere mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor como protagonista (con ganas de La Rosa del Azafrán), pues al fin le trajeron el año pasado su esperada Mimí en Alicante (donde le cambiaron hasta su apellido Díaz por Martínez), por lo que les sigo pidiendo la lleven al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa, pero recordándoles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que vale ya de pedir… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2023 en que cumplíamos nuestro primer lustro (incluso con la Lotería que no les pedía tocase, porque ya lo hacían nuestros músicos, pero que les agradezco nos trajeran ¡una pedrea!), esperando mantengan su Banda Sinfónica y acertemos en el relevo de Antonio Cánovas (a quien le han traído destino en su tierra murciana y la dirección de la Banda de Águilas). Poder mantener el mismo nivel tras cinco años sin parar (ni siquiera con el Covid), y llevando su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales en este mi segundo curso fuera de ella. Pero veo que la LOMLOE  (Ley Celáa) sigue empeorando leyes anteriores (y dicen que van ocho en 36 años),en pos de una generación de ignorantes digitales y adictos al móvil, aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan) utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso), sin entrar en cabalgatas de las que no opino, y menos con Baltasar descolorido… Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2024 olímpico y bisiesto.
Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

Nada es casual

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Sábado 3 de agosto, 20:00 horas. Salón de Actos del Monasterio de Valdediós: Atardeceres musicales 2019 «Cómo se puede vivir con la mitad ausente«. Diego Fernández Magdaleno (piano): Diálogos.

Nada es casual en los programas del vallisoletano Diego Fernández Magdaleno al que sigo hace muchos años, me asombra cómo combina las obras para darles unidad, diálogos entre ellas, uniones impensables que con él resultan plenamente convincentes, adaptadas en cada sala y cada programa siempre distinto y muy trabajado, sorprendiéndonos continuamente con unos conciertos intensos, sin apenas pausa entre las distintas partes o bloques, esta vez seis con cuatro obras cada una, veinticuatro obras mayormente de autores vivos, de nuestro tiempo, los que ha estrenado y dado a conocer a lo largo de una trayectoria impecable en defensa de la música actual que no atiende a modas ni tiene etiquetas, solamente la música desde el interior.

El Círculo Cultural de Valdediós vuelve otro año, y van dos décadas, a sus ciclos, esta vez con el lema «Cómo se puede vivir con la mitad ausente» haciendo referencia a la mujer, también protagonista en este concierto por la presencia de tantas compositoras sin las que nuestra mitad musical se quedaría incompleta. Diego Fernández Magdaleno volvió a interpretar obras de Carme Fernández Vidal (1970), Zulema de la Cruz (1958), Anna Bofill (1944), Encarnación López de Arenosa (1935), Dolores Serrano (1967) o Teresa Catalán (1951) perfectamente emparejadas con sus colegas donde tampoco faltó un estreno, esta vez Tristán e Isolda de Josep Soler (1935) en la parte III.

María Bosch en las notas que también dejo aquí, hace referencia a los «programas minuciosamente construídos, que ahondan en la psicología de la escucha«, y cada página forma un bloque que aúna música tonal y atonal con una naturalidad pasmosa. Los Crisantemos de Jesús Legido (1943) ponen luz al Estudio de cluster de Zulema de la Cruz, el cántabro Francisco García Álvarez (1959) hace una hermosísima transcripción de Letania Laurentana compuesta por Nicolás Fernández Arias (1863-1938) que prepara la Terra perduda de Bofill, la Anástasis del propio García Álvarez reencontrando sonoridades y el explosivo Preludio IV de Carlos Cruz de Castro (1941), poesía musical como cuatro versos recitados al piano por ese humanista universal que es Fernández Magdaleno.

Impresionante la Parte III donde el estreno de Soler evoca leyendas wagnerianas transitando al Preludio de Fernández-Vidal para recordarnos nuestro folclore castellano del Durme, durme (Joaquín Díaz, 1947) y explosionar con la Toccata de Josef Dichler (1912-1993), todo historia viva y atemporal en la visión e interpretación de Diego Fernández Magdaleno que sigue esculpiendo cada nota dotándolas de un color que conjuga en el oyente recuerdos variados de nuestra vida.

Nuevas sensaciones en la Parte IV con el Vals de otoño de López de Arenosa cercano en la memoria, el transgresor Caibanera blues de Dolores Serrano con aires de habanera gaditana emigrada a la tierra prometida, el propio Recuerdo de Sardá y la Carta de Falla a Rubinstein (Tomás Marco, 1942) para otro capítulo pianístico y dialogado, música donde las palabras e imágenes son nuestras.
No podía faltar György Kurtág (1926) y sus Campanas para Margit Mándy, pintando la Luna de medianoche de Stephen Montague (1943), brillando con las Espigas de Luz (Legido) y despertando con Teresa Catalán y su Elegía V, el pianista de Medina de Rioseco todo un bate de esta lírica pura que nos hace llegar.
Último lienzo musical cual cuarteta sonora, el Preludio XI (Cruz de Castro), el maestro Pedro Aizpurúa (1924-2018) de la Clusteriana Didakus al que el amigo Fernández Magdaleno mantiene siempre vivo y actual, una impagable Mazurka I de Enrique Villalba Muñoz (1878-1950) con regustos polacos y siempre nuestra Teresa Catalán para rebosar alegría con su Danza del gozo vermell, un gozo pianístico, musical, poético, caleidoscópico de dinámicas, vigor, luz y color en una velada donde seguir disfrutando entre amigos y donde nada fue casual.

Presencia entre el público del compositor Francisco García Álvarez, de amigos y familiares del propio Diego venidos de todas partes hasta este rincón a la vera de «El Conventín«, de melómanos como mi querido asturiano Florentino convertido desde Burgos al «dieguismo pianístico», también colegas como Luis Vázquez del Fresno, otro gran defensor de la música de nuestro tiempo tanto en la interpretación como desde su faceta de compositor, y un salón de actos que se llenó incluso con público de pie al completarse el aforo. El entorno lo merecía, el intérprete y la música lo engalanaron.

Los mejores de los nuestros

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Sábado 24 de marzo, 20:15 horas: Salón de Actos del Museo de la Evolución Humana (MEH), Burgos. «La voz de la memoria«, Homenaje a Joaquín Díaz, 70 aniversario, Diego Fernández Magdaleno (piano). Entrada libre (aforo completo).

El título de esta entrada no es mío sino de la Junta de Castilla y León en un ciclo que homenajea y premia a los suyos, a sus castellanos ilustres, a fin de cuentas también nuestros, y mucho mejor en vida porque se disfruta más.

Joaquín Díaz (Zamora, 1947) no necesita presentación en esta España nuestra de memorias televisivas en blanco  y negro y sobre todo radiofónicas, músico global aunque le etiquetemos de folklorista, hoy diríamos etnógrafo, que en un gesto de generosidad con visión de futuro legó a la Diputación de Valladolid su amplio archivo para plantar la Fundación con su nombre en la villa de Urueña, una parada obligada a medio camino entre Asturias y Madrid del que me enamoré en la primera visita, de «los museos de Joaquín» incluyendo el de campanas que creo es único en España, el de la música con instrumentos de todo el mundo, museo y casa de otro musicazo como Luis Delgado (Madrid, 1956), siguiendo la llamada del maestro, tiendas de artesanía, talleres varios, las incontables librerías de todo tipo que hacen de esta ubicación «La Villa del Libro«.
Pero también su muralla, las vistas desde ella, los atardeceres en cualquier estación, su gastronomía y alrededores donde es obligatorio visitar San Cebrián de Mazote. Este sábado burgalés se lo recordaba al homenajeado que además me firmaba el «pack» con tres compactos de grabaciones junto al DVD que recoge archivos de TVE, doble regalo porque mi admirado Florentino, un asturiano en Burgos con el que había quedado para disfrutar este evento, acababa de regalármelo sin conocer la presencia de Don Joaquín.

Y esta escapada a la capital castellana era para disfrutar una vez más de mi querido y admirado amigo Diego Fernández Magdaleno (Medina de Rioseco, 1971), al que tenía muchas ganas de volver a escuchar en directo porque sus conciertos respiran emociones, homenajes, respeto, literatura, música y honestidad. Analizar cómo organiza sus programas es todo un reto que me consta igualmente para él y quienes le seguimos. El homenajeado bromeaba con el último orden en estos conciertos festejando sus siete décadas, porque los ocho «bloques» incluían una referencia personal, geográfica incluso, visionada por el piano de Diego acompañada por compositores de nuestro tiempo perfectamente encajados con nuestro folklore. «La voz de la memoria» son Joaquín y Diego, palabras del agua que fluye como la música, que apuesta por los recuerdos (como la visita rápida tras el concierto a la casa donde vivió Antonio José), por los amigos, muchos compositores pues los vínculos establecidos con la música ofrecen regalos tangibles pero igualmente inmateriales.

El programa lo dejo escaneado como los demás «regalos», y para intentar sumarme a este homenaje dedicado a Los mejores de los nuestros destacar un poco de lo mucho que supuso el concierto junto al entorno previo y posterior.

Notas telegráficas: la sorpresa adelantada del encuentro. Inmensidad del MEH que necesitaría un día completo para disfrutarlo. La evolución humana también está marcada por la amistad y la música entre muchas cosas. La materialización física y burgalesa de dos melómanos asturianos en la ciudad del Cid. Emociones compartidas en primera fila, sintiendo las vibraciones del Steinway© en la madera del salón.

Las campanas de Urueña con Kurtág, Montague y el Gerineldo de Joaquín. La fusión de palabras y músicas tan del gusto de Diego, Caibanera por las habaneras de Cádiz y el blues de raíz a cargo de Dolores Serrano Cueto (Cádiz, 1967) con la añada asturiana Duérmete, fíu del alma y la Carta de Falla a Rubinstein de Tomás Marco (Madrid, 1942), un bloque para viajar sin equipaje.
Impensable Diego F. Magdaleno sin un estreno absoluto de un español y amigo, esta vez Espigas de luz de Jesús Legido (Valladolid, 1943) tan actual como el que más, Castilla desde un trigal cromático en blanco y negro con la explosión de Sa Ximbomba de Antonio Ruiz-Pipó (Granada 1934 – París, 1997).

El cuarto bloque redondo por encaje desde la gratitud por compartir Recuerdo de Albert Sardà (Barcelona, 1943), homenaje a Diego Fernández Piera, padre de nuestro pianista, enamorado del flamenco que el compositor catalán entendió desde los melismas que el hijo canta en el piano, como El enamorado y la muerte de Joaquín con el homenaje de «mi gemelo» Francisco García Álvarez (Valladolid, 1959) al músico zamorano festejado este sábado burgalés.

Mi «descubrimiento» de otro pucelanoLuis Villalba Muñoz (1873-1921), cuya Meditación me despertó la curiosidad para urgar en un pasado menos cercano que su música, curiosamente la más alejada cronológicamente en este concierto pero capaz de «compartir actualidad» con la conocida canción burgalesa Morito pititón visionada por el mallorquín Román Alís (1931-2006) junto al Romance del Conde Olinos. Geografías musicales manteniendo título de «los mejores de los nuestros» aunque siempre se quede alguno fuera de programa ante el obligado encaje de bolillos que siempre realiza Diego para sus conciertos.

Sesión «in crescendo» emocional y de homenajes el piano cantábrico en mis entrañas por la Clusteriana Didakus de Pedro Aizpurúa (Andoain, 1924) llena de vigor y resaca marina junto a Sabor d’amor de Ignasi Adiego (Barcelona, 1963) capaz de elevar el bolero al concierto contemporáneo con La rosa enflorece castellana bien regada musicalmente en el medio de ambas.
Último bloque el octavo que supo a poco, Joaquín con Carlos Cruz de Castro (1941) y Max Richter (1966), Diego y su intensidad emotiva, los mejores y además nuestros en sus dedos, con un público agradecido, aplausos merecidos, intercambios a vuelapluma, confidencias rápidas, tiempo para unas cañas rápidas, ilusiones compartidas y sorpresas como los mejores regalos de nuestras vidas.

La música es algo que no tiene precio y viajar el mínimo peaje por ella, para ella y con ella, incluso sin moverte de casa. Pero el directo siempre es irrepetible, palabras del agua…

Meditaciones vallisoletanas

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Sábado 13 de febrero, 20:00 horas. Museo Nacional de Escultura, Colegio de San Gregorio, Valladolid. Ciclo «Nada temas, dice ella». Diego Fernández Magdaleno (piano), Meditaciones. Obras de Fenton, Sardà, J. Alain, Kurtág, Joaquín Díaz, S. Bainbridge, Lully, H. Skempton, Benet Casablancas, Cruz de CastroFederico OlmedaTeresa Catalán, Francisco García Álvarez, C. Halfter, Marais, A. Grèbol y Edward Ivory. Entrada: 10 €.

Entrar en la capilla del Colegio de San Gregorio impacta por cierta austeridad unida a la comodidad de unas sillas confortables y una calefacción radiante, espacio ideal para asistir a un concierto, donde el piano, flanqueado por los primeros Duques de Lerma como magníficos orantes de Pompeo Leoni llamaban a una primera meditación de la fría tarde de sábado en Pucela.

Con el programa en la mano impresionaba ver nada menos que veinte obras de compositores variados, casi todos actuales, organizados en cuatro meditaciones, un verdadero alarde de originalidad en la composición de cada bloque con el nexo de György Kurtág (1926) en todos ellos y pinceladas históricas intercaladas entre los actuales, como notándose la faceta docente del maestro Diego Fernández Magdaleno (1971) que es capaz de preparar conciertos siempre únicos y muy trabajados en el marco ideal, como el reciente del Instituto Cervantes de París, esta vez con unas músicas para meditar no ya sobre Santa Teresa sino sobre nuestra historia, también la musical, incluso de la actualidad plegada a pie de calle.
Porque el pianista riosecano, Premio Nacional de Música 2010, un humanista de nuestro tiempo, escritor y músico, hila siempre fino y sabe engarzar verdaderas perlas buscando ofrecer momentos para meditar, un embajador de nuestros compositores vivos, equiparándolos con los eternos y los olvidados, igualando en la música categorías vanales de prioridades o gustos para defender partituras con un dominio y expresión como sólo Diego Fernández Magdaleno es capaz de interpretar. Incluso el nexo Kurtàg cuyos 90 años podemos comenzar a celebrar toda esta temporada, esperando siga regalándonos obras como las escuchadas este sábado.

«Meditación I» uniendo ingredientes aparentemente incompatibles pero cocinados en el orden perfecto para este primer pensamiento de atemporalidad, comenzando con un Veni Sancte Spiritus espiritual de George Fenton (1950), seguido por Amor y humor de Albert Sardà (1943), donde la fuerza de los sentimientos toma forma en una ejecución impactante estrenada por el propio painista vallisoletano, un breve respiro «organístico» con El niño Jesús va a la escuela de Jehan Alain (1911-1940), recuerdo infantil sobre el teclado de alguien todavía cercano desde la lejanía, el toque breve y profundo de Somos flores… (1b) de Kurtág que daaría para un tratado sobre la expresividad máxima con recursos mínimos, y la tierra común de Joaquín Díaz (1947), La rosa enflorece cual deseo de olvidar distancias cronológicas, incluso religiosas, y convertir la música atemporal en ideario vital.
«Meditación II» con aumento de tensiones y reflexiones interiores, desde las Campanas de Simons Bainbridge (1952) que resonaron pianísticas en la capilla, el recuerdo francés de J. B. Lully (1632-1687) con una Zarabanda (en transcripción de Marie Bertin) llena de sonoridades violagambistas en un piano universal que se pliega a los lenguajes sin acentos, el Versetto: Temtavit Deus Abraham breve Kurtág porque no puede condensarse más en menos, nueva Reflection 2 esta vez de Howard Skempton (1947) y el admirado Benet Casablancas (1956) Come un recitativo, compositor unido al intérprete como todos los españoles de nuestro tiempo que Diego recrea y engrandece en este segundo bloque.

«Meditación III» de la amistad y el trabajo, obras de la vida y rescate del olvido, Carlos Cruz de Castro (1941) con el Preludio IV, un Andante religioso de Federico Olmeda (1865-1909) inmenso, necesario de interpretar en un espacio desacralizado devolviéndonos autores «ninguneados» con obras capaces de firmarlas sus compañeros de Olimpo, este músico presbítero de Burgo de Osma, folklorista burgalés recuperado por el zamorano Joaquín Díaz de la primera meditación, y recreado por el pianista de Medina de Rioseco, la música de Castilla al piano; el Tiento de tantos tonos (2011) donde Teresa Catalán (1951) juega con la tecla del siglo de oro para traerla a la era digital con los mismos mimbres de antaño pasados por la óptica abierta de los compositores a los que Diego da voz, se entrega, engrandece con mimo por el sonido, matices inconmensurables y profunda reflexión con el punto de inflexión Kurtág Somos flores… (2) antes de Partiré en silencio del cántabro Francisco García Álvarez (1959), interesantísima partitura donde la evolución e involución se dan la mano, lenguaje abstracto que lleva a la pura melodía coral antes del terrible conflicto interior de una partida silenciosa hecha música cercana incomprensible solamente para los inmovilistas de espíritu, de nuevo (re)creado por un Diego Fernández Magdaleno irrepetible.
«Meditación IV» de los grandes, el culmen del concierto donde todo parece encajar del papel al piano, lo antiguo y lo nuevo, padres e hijos, atemporales e imperecederos, herencias actuales y sueños eternos, Cristóbal Halfter (1930) Contando una historia, Kurtág … flores… también las estrellas iluminando el retablo y la capilla renacentista, Marin Marais (1656-1728) La soñadora, Savall en el subconsciente colectivo de intérprete y público, hasta en el título buscado, Armand Grèbol (1958) Fantasía, compositor diría que fetiche para Fernández Magdaleno por las sinergias entre ambos, y Edward Ivory (1985) Resonancia (J. S. Bach, Quédate con nosotros Señor), la paleta de las teclas y el cuadro bachiano leído desde la juventud de un estreno cercano por el propio Diego, crisol y tamiz en el universos de las 88 teclas con un piano que sonó siempre poderoso  (pese al tamaño) e íntimo, conjunción ideal para entorno y título de un concierto irrepetible con el magisterio de Fernández Magdaleno.

Foto © Diego Fernández Magdaleno

Todavía hubo tiempo de escuchar de nuevo a Skempton Extremely quietly en un cuatro por ocho que hizo sonar las piedras.