Inicio

Oviedo es lírico

1 comentario

Sábado 22 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Gala Lírica inauguración de la «Temporada del reencuentro» (Los Conciertos del Auditorio). Elena Pankratova (soprano), Riccardo Massi (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Arias y dúos de ópera.

Hace años que reivindico para Oviedo el título de «capital lírica» por sus temporadas de ópera y zarzuela, así como los muchos recitales de las mejores voces en concierto, bien camerístico o con orquesta. Y nada mejor para comenzar la llamada Temporada del reencuentro (Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano) que esta Gala Lírica donde el COVID19 nos privó de la prevista Ermonela Jaho pero presentó en Oviedo a la soprano rusa Elena Pankratova junto al tenor italiano Riccardo Massi y con una Oviedo Filarmonía (OFIL) y su titular Lucas Macías al frente.

Programa organizado como es previsible alternando las diferentes arias de tenor y soprano con un dúo cerrando cada parte, haciendo «descansos vocales» desde páginas instrumentales donde poder disfrutar con nuestra «orquesta de foso» que brilla aún más sobre el escenario. Porque la antigua OSCO creada para los festivales líricos y estos ciclos, así como alternar con la OSPA en las temporadas de ópera, daría su salto de calidad como OFIL a partir de F. Haider, caminó «adolescente» con M. Conti y con la llegada de Macías Navarro alcanzaría su mayoría de edad, el onubense dando un paso al frente para lograr una sonoridad propia, confiada, y con solistas de primera como pudimos comprobar este sábado lírico.

Interesantes los dos cantantes aunque hubiese momentos de trazo grueso pero con una selección de arias conocidas donde ambos dieron lo mejor de sí mismos, avanzando en musicalidad y matices no todo lo delicados que hubiésemos deseado, pues la orquesta detrás, y no abajo, requiere una emisión vocal de mayor proyección que en el caso de Massi no se equiparó a la Pankratova, sacrificando el italiano su mezza voce y optando la rusa por el poderío del volumen, fuerza que hacer perder intensidades dramáticas de buen gusto pero sobrevolando sin dificultad la masa sonora.

Globalmente me quedo con la OFil que se lució de principio a fin, desde una ágil por no decir vertiginosa Obertura de Carmen (Georges Bizet, 1838-1875) ejecutada con limpieza, seguridad y equilibrada en todas las secciones (al fin cuatro contrabajos y sobre podio para redondear los graves), la “Méditation” de Thaïs  (Jules Massenet, 1842-1912) con el extraordinario solo de la concertino Marina Gurdzhiya, todas en la primera parte, más el Preludio e Intermedio del sainete Diana cazadora o Pena de muerte al amor (María Rodrigo, 1888-1967) con el objetivo de programar obras de mujeres compositoras, y con ese piano final del virtuoso Sergey Bezrodny (hoy también al órgano), más un hondo “Intermezzo”, de Manon Lescaut (Giacomo Puccini,1858-1924) con el cello de Gabriel Ureña y la viola de Rubén Menéndez, ya en la segunda (con esa melodía que siempre me recuerda las notas «galácticas» de John Williams), lo mejor de esta orquesta ovetense en la gala lírica de apertura.

Los acompañamientos de las arias y dúos estuvieron a gran altura, exigiendo a las voces lo apuntado anteriormente, y de nuevo con lucimiento de los primeros atriles (bravo el arpa de Danuta Wojnar o el clarinete de Inés Allué) en una orquesta de la que Macías saca brillo, buenos balances y verdadera pasión en páginas que ya sonaron en el Campoamor pero que en el Auditorio adquieren la grandeza sinfónica.

El tenor Riccardo Massi eligió para Oviedo lo mejor de su repertorio: en la primera parte Massenet “Ah! Fuyez douce image” (Manon) mostrando un timbre redondo y poderoso aunque mínimamente calado en los agudos por el esfuerzo dinámico, mejor “Ah! Lève-toi, soleil” (Roméo et Juliette) de Charles Gounod (1818-1893), y más entonado además de confiado con una orquesta a la que se sobrepuso por potencia durante la segunda parte “A te, o cara”, (I Puritani) de Vincenzo Bellini (1801-1835) para redondear con su mejor aria del gran Giuseppe Verdi (1813-1901): “Giorno di pianto” (I vespri siciliani) que convenció por color, entrega y musicalidad.

La soprano Elena Pankratova posee un caudal vocal potentísimo en todo su amplio registro, si se me permite el calificativo, «típica voz rusa» con una proyección capaz de sobreponerse a una plantilla orquestal detrás, con buenos detalles técnicos y escena convincente donde no faltaron los «tics de diva» de imagen muy cuidada, jugando con distintos zapatos y sobrecamisas de gasa diferentes para un floreado conjunto hasta el paso al elegante color negro en el final de la gala.

Arias poderosas de bravura más que íntimas, Francesco Cilea (1866-1950) y  “Io son l’umile ancella”, (Adriana Lecouvreur), mejor Un ballo in maschera (Verdi): “Morrò, ma prima in grazia” (bravo el cello de Ureña) y el bellísimo dúo “Teco io sto / Gran Dio”, en «duelo de volúmenes» reposado, empastado y bien arropados por la OFIL; ganando enteros siempre con el inimitable, exigente y emocionante Giacomo Puccini (1858-1924) con una Turandot grandísima en todos los sentidos en el aria “In questa reggia”, y todavía más centrada y entregada con Pietro Mascagni (1863-1945), verismo puro donde “Voi lo sapete, o mamma” (Cavalleria Rusticana) nos dejó lo mejor de su color vocal y dominio técnico con una orquesta rotunda y explendorosa.

Y siempre Puccini para cerrar recital con el dúo de Tosca «Ah! Franchigia a Floria Tosca”, feliz conjunción  musical de voces y orquesta, que arrancó los mayores aplausos de un auditorio lleno para este estreno lírico de temporada.

Los regalos igualmente alternados del gran Puccini, primero el Calaf de Massi con el verdadero número uno “Nessun dorma” de Turandot, sentido aunque la nota final fuese más corta de lo que estamos acostumbrados, y Pankratova haciendo de Musetta con el vals “Quando m’en vo” de La Bohème con la risa surgida no sé si por olvido o miedo al agudo final tras el desgaste físico de toda la velada.

P. D. Curiosidades al descanso desde mi butaca: me aterroriza escuchar frases narrando sin pudor al teléfono, cual retransmisión social, como «Muy guay, veinte violines sonando como uno», «Qué heavy», y «No escuchas, qué caos» mientras algunos músicos afinaban. Todo sea por un público joven cuyo pobre vocabulario me rechina cada vez más. Serán los años o mi deformación profesional de docente jubilado.

Recortes de prensa:

Heres más que una promesa

Deja un comentario

Lunes 28 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 4 del año 2022, 2.029 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. María Heres Peláez (mezzo), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de: Schubert, Mahler, Hugo Wolf, Milhaud, Granados, Donizetti, Saint-Säens, Penella y J. Serrano.

Siempre es interesante acudir a un recital de lírica en una voz tan auténtica como la de mezzo y aún más si es María Heres a quien sigo desde sus inicios en este difícil mundo del canto. La juventud y el trabajo tienen su premio, y debutar en esta histórica sociedad ovetense es uno de ellos. Con su pianista de cabecera, Mario A. Blanco nos trajeron un muestrario de lo que la mezzo pixueta está estudiando mientras amplía repertorio buscando siempre el más apropiado a su voz, que va ganando cuerpo en un torrente de volumen controlado con la técnica, tanteando tanto las llamadas «canciones de concierto» (lied, chanson y canción española) en los tres idiomas, como arias de ópera y romanzas de zarzuela, profundizando en el carácter que todas estas obras esconden.

La primera parte transitó por textos alemanes de Goethe («Los elfos» de Schubert), Ruckert (Mahler y su Liebst du um Schönhelt) y Morike (Verborgenheit de Wolf) musicados por tres figuras del lied que exigen una dramatización propia con el piano realzando unas letras, no siempre bien vocalizadas, estando la mezzo asturiana cómoda en las tres pero sin la visión y poso que sólo los años pueden dar a estas partituras.

Mucho más cómoda con el francés de Milhaud y sus Trois Chanson de Négresse, que sigue trabajándolas porque le van muy bien además de aplaudidas una a una para esta «mujer de negro», jovial en «Mon Histoire», más lírica en «Abandonée» y sentida «Sans feu ni lieu», mejor conexión poética con el país vecino y un piano que lleva en volandas a la voz.

Igualmente aplaudidas cada una de las tres canciones de La maja dolorosa de Granados, exigentes en tesitura pero que los crecientes graves de Heres alcanzaron con seguridad y el piano mimándola. Habrá que seguir trabajando la vocalización pero «Ay, majo de mi vida» está en el camino correcto.

Breve descanso para coger fuerzas pues vendrían dos arias de ópera donde María Heres brilló con luz propia, tanto en la Leonora de Fia dunque vero? O Mio Fernando («La Favorita» de Donizetti) donde el piano orquestal debe sufrir como sólo los maestros repetidores saben, y la Dalila de Mon coeur s’ouvre á ta voix de Saint-Saëns, ese canto de amor a Sansón que sintió en este rol al que le va tomando el pulso en cada recital.

De nuestra zarzuela otros dos números de fuste, «La Malquerida» de Penella y su romanza Él va a venir que protagoniza la mezzo de voz poderosa y doliente, dramatización entregada, y Qué te importa que no venga («Los Claveles») del maestro Serrano, perfecto cierre a este recital de la cantante de Oviñana, cómoda vocalmente, emocionada por el apoyo de un público fiel y el piano siempre.

Tras agradecer tanto a la propia sociedad como al RIDEA y La Castalia que tanto han supuesto en el apoyo musical de los jóvenes talentos asturianos, también en el de María Heres en su incipiente carrera, y especialmente a su maestra Begoña G. Tamargo, alma mater de la pronto veinteañera asociación cultural que toma el relevo a la decimonónica de la capital asturiana, dos regalos: La tarántula, el popular Zapateado de «La tempranica» (Giménez), y la bellísima Pampamapa de Guastavino que la mezzo bordó en casa, siempre con el esforzado Mario Álvarez Blanco al piano, su «mano derecha» necesaria con quien tanto ha trabajado y auténtico pilar para este estreno en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Quedamos con las ganas de celebrar en apenas un mes la Gala Lírica del XX Aniversario de La Castalia en el Auditorio, donde estarán dos de sus alumnas destacadas, que ya no son promesas sino realidades, Janeth Zúñiga y la propia María Heres, otro peldaño más compartir escenario con el tenor asturiano Alejandro Roy y cantar con una orquesta como Oviedo Filarmonía que estará dirigida por Isabel Rubio y donde podremos escuchar dos estrenos de Guillermo Martínez y Gabriel Ordás, igualmente muy ligados a «La Castalia del siglo XXI«, esperando poder seguir contándolo desde aquí.

Una «schuvertida»

1 comentario

Miércoles 23 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo), Schubertiada. Enol Ensemble, Carlos Dávila (actor). Entrada: 8 €.

El CIMCO es un nuevo ciclo y apuesta municipal en la sala de cámara que, como indica su acrónimo, es interdisciplinar, aunando espectáculos con la música como nexo, «vanguardista y prejuicios» tal como se presenta.

Y este miércoles bajo el título de Schubertiada, hizo cual «Ministerio del Tiempo» un viaje al Oviedo actual del romántico Franz Schubert encarnado por Carlos Dávila de Higiénico Papel, con una ambientación mínima pero suficiente, incluso con una iluminación muy cuidada, aunando en su música la lectura traducida de cuatro lieder cantados por Ana Nebot y el piano de Mario Bernardo, con una saltarina trucha última que sirvió para escuchar finalmente el quinteto homónimo a cargo de esta formación adaptable a distintos repertorios e intérpretes conocidos de los melómanos asturianos. Una reunión en el «salón de casa» con amigos haciendo música y muchos más disfrutándola (con una excelente entrada a precio asequible), sin prejuicios, aplaudiendo incluso entre movimientos, buena propuesta que completa la gran oferta de «La Viena española» dentro de la siempre didáctica y necesaria música camerística.

Tras la presentación de Franz Dávila recordando el texto del programa «on line», comenzaría la reunión con una selección de cuatro lieder y textos leídos previamente, que la soprano ovetense «vivió» además de cantar, dramatización musical bien arropada por el piano de un compañero habitual en tantos años de profesionales, amigos disfrutando de An die Musik D. 547 (Von Schober), sosiegoy gusto, Lied der Mignon D. 877 (Goethe) delicado personaje femenino que Nebot casi nos susurró arrulada por Bernardo, y Die Fiorelle D. 550 (Schubart), saltarina y vital, naturaleza hecha música. Canciones válidas para cualquier voz, habitualmente masculinas aunque siempre resultan tentadoras para las femeninas, y que con Ana Nebot brillaron desde ese ambiente íntimo y cómplice con el piano, cómoda tanto en estos lieder schubertianos como en las francesas que también le van a su voz y ya hemos disfrutado igualmente.

Y una vez lanzada la caña al río finalmente el anzuelo funcionó para escuchar el Quinteto con piano en la mayor, Op. 114, D. 667 «La trucha», inspirada composición del vienés en esta formación poco habitual para una de sus obras más conocidas y versionadas, con un piano propio siempre muy presente y el cuarteto de cuerda bien ensamblado donde todos tienen su protagonismo individual y el necesario entendimiento, que entre amigos no presentó problemas. Los cuatro movimientos (Allegro Vivace; Andante; Scherzo. Presto; Tema con variaciones; Finale. Allegro giusto) fueron «in crescendo» en complicidad y entrega, especialmente las variaciones del lied antes de un final brillante, diría que plateado cual trucha de nuestros ríos a cargo de un ensemble con nombre de lago asturiano y emblemático.

Otro disfrute musical en este divertida schubertiada que podríamos unir en una velada «schuvertida» para un público agradecido que no falla, mascarillas incluidas con las que el Schubert «transportado» al siglo XXI hizo la chanza inicial de su viaje en el tiempo al salón ovetense.

Enol Ensemble: Ana Nebot (soprano), Fernando Zorita (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente-Pereira (chelo), Ximo Clemente (contrabajo), Mario Bernardo (piano).

El invierno de la vida

1 comentario

Jueves 3 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Matthias Goerne (barítono), Markus Hinterhäuser (piano). Winterreise (Viaje de invierno), D. 911 (Franz Schubert).

Inscribir este concierto o recital dentro de las Jornadas de Piano tiene todo el sentido, aunque estemos ante uno de los grandes ciclos de lieder, pues la voz no puede ser protagonista sin el hermanamiento con el piano en los 24 poemas de Wilhem Muller a los que la música del «Príncipe del Lied» eleva a la máxima categoría lírica camerística.
Hace años que conozco este Schubert romántico en la voz de Dietrich Fischer-Dieskau y su «alter ego» Gerald Moore, disfrutar de la reedición digitalizada, mi acercamiento a la lengua de Goethe y el estudio concienzudo publicado (y agotado) en Alianza Música del barítono alemán al que siempre hay que volver, más aún para este recital lleno de emociones vitales con los actuales «defensores» del género musical y poético por excelencia junto a Ian Bostridge, el alumno aventajado Goerne y el pianista Hinterhäuser.
Recital intimista con menos público del esperado para un excelente tándem Goerne-Hinterhäuser, la conjunción schubertiana de la poesía marcando cada nota, cada palabra, cada verso, momentos pictóricos donde el piano pinta el paisaje y la voz los personajes, todo un lienzo sonoro con sobretítulos y traducción que nos hicieron valorar más cada uno de los poemas de Muller.
Sin pausa pero sin prisas, comenzando con las «Buenas noches» que cierran y abren ciclos vitales, la despedida del molinero que el arroyo acoge y un nuevo adiós del último viaje, el caminante, de la mano voz y piano, ya en la madurez, las metáforas del invierno como última etapa no exenta de recuerdos a su amada y «sueños primaverales» con simbolismos bien dramatizados por un Goerne casi bardo, explorando cada registro, su grave potente, los agudos filando la sílaba exacta, con un piano de por sí romántico, nada «veleta» en buena compenetración, postura encogida como el alma de Schubert, subrayando intenciones, paleta desde la amplia pincelada al brochazo expresivo, pudiendo escucharse con un actor declamando y sintiendo las dos docenas escénicas.
Primera parte de versos fluidos como un «torrente» y tranquilamente brillante cual «tilo» totémico, con «descanso» tras el «fuego fatuo» y antes de las flores soñadas hasta la «Soledad» sonora. El caminante Goerne con el bastón de Hinterhäuser, versos escalofriantes para un Schubert enfermo, tránsito lleno del dolor espiritual, el del alma que parece más intenso.
Las otras doce canciones aún más introspectivas (recomendables las siempre acertadas palabras de mi querido Luis Suñén en las notas al programa), reflexivas, la crisis invernal con «la cabeza gris», Goerne dramatizando con su amplio canto y gestualidad tan personal como su acercamiento a Schubert, el arranque tras «El correo» bien anunciado por Hinterhäuser, recordándome a Mahler, la amenazante compañera «corneja» que oscurece y enerva con una melodía intrigante, los cambios de tono y de color que en la voz del barítono alemán encuentran la pincelada exacta para mantener la «Ultima esperanza«, la rápida parada «En el pueblo» y volver al miedo de una «Mañana de tormenta«, la gama de grises del piano y la voz que no quitan nunca «ilusión» pues en este viaje invernal cada vez se atisba más claramente el final.
Una referencia del trecho andado es «El mojón» y por supuesto mucho «Coraje» que no sería aún el adiós sino la última escena de la rueca de la zanfona, de la molinera, la del organillo callejero o del ciego zanfonista (Der Leiermann) al que se une el canto solidario acompañado por un piano casi quejumbroso tras «Los falsos soles» en un viaje que rompe el hielo para una inmersión profunda y personal.
El lied como máxima expresión dramática compartida y reducida al salón romántico en el que Matthias Goerne y Markus Hinterhäuser convirtieron el auditorio, y donde los móviles volvieron a romper la magia siempre en los momentos más delicados. Si las mascarillas parece vinieron a acallar toses, habrá que esperar una pandemia telefónica para que se silencien, pues la educación y saber estar parecen perdidos en un siglo tecnológico, deshumanizado, donde solo parece primar lo inmediato. El viaje de invierno es lento pero inevitable, y su disfrute no admite interferencias.

Jaroussky cercano

3 comentarios

Miércoles 26 de enero, 20:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: À SA GUITARE. Philippe Jaroussky (contratenor), Thibaut Garcia (guitarra). Obras de Poulenc, Giordani, Caccini, Dowland, Purcell, Mozart, Paisiello, Rossini, Matos Rodríguez, Granados, Schubert, Fauré, Barbara, Lorca, Bonfá, Reis, Ramírez y Britten.

Segundo concierto del triplete de contratenores con otro conocido de la afición como Philippe Jaroussky, esta vez con el guitarrista Thibaut Garcia, la unión de dos mundos, estilos, ambientes, casi una velada íntima para un auditorio con excelente entrada que respiró la cercanía de dos artistas con vínculos españoles en perfecta armonía, comentando los temas y su organización en distintos bloques, bromeando entre ellos y levantando algunos excesivos «bravos» que rompieron la tranquilidad y recogimiento que transmitieron tanto los artistas como la tenue iluminación y una sonorización cuidadísima, amplificación tan bien mezclada que ayudó a redondear un recital de los que llamo para «omnívoros» por la variedad.

Como si de la presentación que hacen las figuras internacionales de sus trabajos discográficos, el recital mantuvo esa estructura, la del CD homónimo al título del concierto, alternando solamente el orden,  con abundante música francesa como era de esperar, algún guiño al repertorio barroco que el contratenor lleva años defendiendo, por supuesto la música «ligera» de mi tiempo, esa que también se ha convertido en clásica, y por supuesto las intervenciones solitas del guitarrista hispanofrancés que demostró sus dotes no ya de acompañante ideal para este formato de repertorio sino un transcriptor de páginas con piano que en la guitarra toman un color casi de salón. Si la séptima cuerda, como bien escribe María Sanhuesa en las notas al programa (enlazadas arriba en obras) es la voz, este concierto, con duración más allá de noventa minutos, fue un auténtico placer para seguir situando a Oviedo como «la Viena española».

Imposible detallar las dos decenas largas de obras, incluyendo las dos propinas, pero quiero destacar el acercamiento al popular García Lorca y su Anda, jaleo con una guitarra cercana al flamenco como bien comentó el propio Thibaut, mucho más «verdadero» que la «maja» de Granados, las canciones de Poulenc, la primera dando el título a la grabación y el concierto, el siempre bello y sentido lirismo de Fauré que Jaroussky con García dejaron para el recuerdo, incluso el Britten «francés» atemporal o el más reciente Septembre de Barbara (1930-1997) porque no había «enero» que bromeó el contratenor. La mezcla de estilos en una voz que adopta y adapta cualquier canción que con la guitarra las hacen actuales y para todos los públicos. Incluso el «tributo» a los laudistas como Dowland que nuestro instrumento identitario engrandece en color y sonido.

Interesante el acercamiento sudamericano, tanto en la versionadísima Mañana de Carnaval en «brasileño» como en la argentina Alfonsina y el mar naturales y que demuestran la versatilidad de estilos tanto de los intérpretes como de estas páginas ya atemporales de las que todos tenemos nuestras referencias.

Al principio citaba el enorme trabajo de Thibaut García como solista y transcriptor, dejándonos La cumparsita uruguaya a nivel concertístico o el Xodó de Baiana (Dilermando Reis), lo popular con la calidad camerística. Pero personalmente me impactó el Schubert elegido, esos elfos (Erikönig D 328) sobre un texto de Goethe que la guitarra francesa «robó» al piano alemán y el contratenor interpretó con el dominio del siempre exigente lied que en esta interpretación demostró la excelente idea de este dúo. Interesantes igualmente las transcripciones de Giordani o Paisiello que todo estudiante de canto conoce pero que con Jaroussky alcanzan la excelencia.

Concierto original y variado como el público, satisfechos y con la amabilidad de siempre por parte de unos intérpretes cercanos siendo estrellas mundiales, sin divismos, firmando autógrafos y fotografiándose con todos, como ya hiciese hace tres años cuando el mundo era más sano y las mascarillas no robaban sonrisas.

Trío solidario y asturiano

2 comentarios

Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Estrenos matutinos

2 comentarios

Domingo 15 de agosto, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, «El jardín de la música»: María Heres (mezzosoprano), Mario Álvarez (piano). Obras de: Schubert, Wolf, Fauré, García Abril, Guastavino, G. Ordás, Gounod, Sait-Saëns, J. Serrano y G. Giménez. Entrada libre (previa reserva telemática).

Enredando con los refranes, «a mal tiempo buena música» y aunque el orbayu carbayón obligó a cambiar los jardines del museo por el patio de columnas, continúa la programación de la capital asturiana dentro de su ciclo «Oviedo, Origen del Camino» y no podíamos faltar esta mañana llena de emociones por asistir a otro estreno de mi admirado Gabriel Ordás pero sobre todo al debut en solitario de la querida María Heres a quien sigo desde sus comienzos, la «Cantera de La Castalia» que sigue demostrando el talento asturiano con estos ejemplos a modo de pequeña muestra. Ahí estaban muchos de los compañeros de María y sus orgullosas profesoras con Begoña G. Tamargo disfrutando y «sufriendo» como sólo las maestras de canto saben, recogiendo sus enseñanzas de la mejor forma posible: un concierto. El público completó el aforo, aún más reducido por las medidas ante el Covid y respondió con merecidas ovaciones a cada página, premios para unos intérpretes que hicieron las delicias en horario siempre difícil para los recitales, habiéndose aclimatado como el entrenamiento de los deportistas en competición.

Programa de altura en este debut de la mezzo pixueta donde hubo de todo: la llamada canción de concierto, ópera y zarzuela, con un Mario Álvarez impecable en cada página, pianista coprotagonista en las primeras canciones, virtuoso en las obras de Ordás, que merecen capítulo aparte, y la orquesta lírica con esas reducciones orquestales al piano que parecen imposibles y sólo los grandes profesionales como él saben afrontar. Siempre mimando la voz, entendimiento obligado y entregado con María Heres, brillando con luz propia desde un plano compañero y privilegiado de compartir estos estrenos desde su posición.

Con puntualidad británica sonaría Erlkönig de Schubert para despertar emociones desde las primeras notas del piano y el poderío de María Heres, el lied alemán tan bien trabajado y sentido, al igual que Verborgenheit (H. Wolf) en la línea de expresividad y entrega musical a la poesía, piano y voz protagonizando dos páginas alemanas que muestran la evolución de la forma y la de la mezzo a lo largo de estos años.

Si el lied es prueba de fuego para los cantantes, la chanson francesa examina la dicción siempre complicada para todos los cantantes no parlantes, pero el trabajo en los idiomas es parte importantísima en la formación lírica, y María Heres es una alumna sobresaliente, dejándonos dos ejemplos de belleza indescriptible en escritura y ejecución: Tristesse (Fauré) y À Chloris (R. Hahn), el piano que viste a medida la voz y la melodía dramatizada de dos poesías que la música eleva a obras de arte como las que rodeaban el escenario.

Continuaría la lección de idiomas con dos tributos, al recién desaparecido García Abril, ligado igualmente a «La Castalia» con su Camiño longo (de las «Canciones Xacobeas«) en este año especial, y el grandísimo Guastavino cuya Pampamapa puso la piel de gallina por la entrega interpretativa, el piano rítmico y único del argentino con la voz poderosa e íntima, Álvarez y Heres en tándem campeón con una de las primeras cimas de la mañana, y que bisarían al final.

Excelente primer bloque con obras elegidas a la perfección para una voz que enamora, potente y nunca estridente, afinada y bien colocada, técnica para dominar cada partitura con una musicalidad innata, más un color homogéneo en toda su amplia tesitura como demostraría más adelante.

El «intermedio» pianístico siempre necesario en los recitales, sirvió para gozar con las músicas de Gabriel Ordás (1999), quien explicaría previamente el germen de ellas, el estreno de «Consonancias» y sus Transparencias, preciosismo cargado de virtuosismo al que Mario Álvarez dio vida, proceso creativo de pintor musical, bocetos que van delineando formas y coloreando con su característica paleta compositiva que bebe de tantas fuentes de inspiración, casi tantas como la ejecución y escucha de esta obra preciosista.

Vendrían después cinco de las «MiniMiniaturas» que así tituló Ordás estas instantáneas pianísticas de corta duración y grandeza en escritura, delineadas con trazo firme, sonoridades del piano bien logradas por Álvarez, reflejos diarios en tiempos de pandemia, Unicornio onírico de raíz astur, Etéreo el contacto del piano con el aire, Montaña de cimas y valles tan poderosas como las notas, Starship auténticamente galáctico y Amor sin más, todas paisajes interiores, juguetes de un talento desbordante y aparente facilidad que esconden complejidades interpretativas solventadas con la profesionalidad y arte de Mario Álvarez.

Y si la llamada canción de concierto es exigente para la voz, no digamos las arias y romanzas siguientes,  primero ópera francesa que para María Heres supone su «aria de confort» por dominio escénico, lingüístico e interpretativo más la orquesta pianística del maestro Álvarez: Faites-lui mes aveux de «Fausto» (Gounod) y sobre todo Mon coeur s’ouvre à ta voix de «Samson et Dalila» (Saint-Saëns), dramatismo concentrado, sentimiento a borbotones, expresión total de un aria que ya es suya, intensidad emocional y vocal con «el piano imposible» que sólo un repertorista conocedor puede amoldar al concierto.

Defendiendo nuestra zarzuela, con la calidad y dignidad que tiene, interpretada sin complejos, con gracejo y poderío, dos pequeñas muestras muy grandes de nuestro género, ¿Qué te importa que no venga? de «Los Claveles» (J. Serrano), total control de la escena para una mezzo ya madura, asentada, dominadora de la situación, entregada, y la alegría desbordante de La tarántula, el famoso Zapateado de «La tempranica» (G. Giménez), verdadero trabalenguas vocal y rompededos pianístico que Heres y Álvarez interpretaron con una frescura digna de elogio tras todo lo que llevaban hasta ese momento.

Comentaba anteriormente que la ópera francesa es ideal para el color vocal de María Heres, y así lo demostró en su propina con la famosa Habanera de «Carmen» (Bizet), profesionalidad a raudales, musicalidad desbocada para esta Mujer con mayusculas libre, enamorada y entregada, la gitana en el cuerpo de la asturiana, amor y entrega por la música con una voz privilegiada que continúa su formación dando pequeños pasos que en su profesión la llevarán a las alturas.

Ovaciones cerradas, emociones variadas en familia, compañeros, profesores, amigos, melómanos, y el bis de Guastavino pusieron este regalo de María en nuestros corazones para estos estrenos matutinos que dejarían despejado un día prometedor.

ENHORABUENA.

Il senso delle parole

1 comentario

Miércoles 28 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo: Piotr Beczała (tenor), Sarah Tysman (piano). Obras de Donaudy, Respighi, Wolf-Ferrari, Tosti, Verdi y Puccini. Entrada butaca de patio: 20 €.

Hace cuatro años pudimos disfrutar de Piotr Beczała (Czechowice-Dziedzice, Polonia, 1966) en una gala que titulé «Se detuvo abril«, y de nuevo hizo que se parase el tiempo en un recital con piano para paladear su voz, su buen decir, su presencia, su técnica impecable y con un programa donde más que nunca pudimos entender «Il senso delle parole», el sentido de la palabra en la lengua de Dante que el tenor polaco pronuncia perfecto y las letras en subtítulos fueron tomando vida una a una. Programar la llamada «canción de concierto» con la calidad de los autores elegidos es un desafío que exige entrega total en cada bloque, pues son verdaderos microrrelatos que deben sentirse y compartirse con el piano, el de su habitual acompañante la francesa Sarah Tysman, más allá de las reducciones orquestales habituales para las arias de ópera.

Comentaba en broma que comenzar con el siciliano Stefano Donaudy (1879-1925) era un increíble calentamiento vocal. Así fue porque el público que no llenó el auditorio, pero se entregó al tenor, no respetó el «ciclo» haciendo perder la unidad dramática y una continuidad que impidió hacer brillar un poco más una voz aún fría pero siempre hermosa, desgranando esos tres frescos con un piano adecuado y escrito para realzar los textos: Vaghissima sembianza, Freschi luoghi, prati aulenti y O del mio amato ben.

Otro tanto sucedió con esas seis joyas del boloñés Ottorino Respighi (1879-1936), el lenguaje musical siempre clásico del segundo italiano de la noche, romanticismo en estado puro, poesía de contrastes, juegos de palabras donde el piano subraya cada palabra y el canto las sublima: Lagrime, Scherzo, Stornellatrice, Nevicata, Pioggia y Nebbie, una clase magistral de Beczała con la técnica perfecta puesta al servicio de los textos de Zangarini, Ada Negri o Vittoria Aganoor Pompilj, con unos registros extremos donde el polaco no pierde nunca ese color único, una gama de matices ideales para esta maravillosa música de salón, las agilidades increíbles enfrentadas a los sentimentales tiempos lentos, y el asombro de una proyección que llenaba toda la sala de ese timbre redondo y elegante como su presencia escénica.

El «descanso» vocal lo puso la pianista que eligió al español Isaac Albéniz (1860- 1909) y su conocida Granada (de la «Suite española, op. 47»), resultando más literaria que nazarí en parte por lo comentado de lo difícil que es para un pianista adaptarse al lied o la ópera que son mundos totalmente distintos al solístico, y la francesa optó por una interpretación desde la distancia emocional.

Aún quedaban otros dos italianos para redondear el placer del dúo cercano, tenor y piano bien hermanados, el tantas veces escuchado en Oviedo Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1948) el veneciano del siempre recordado Haider, pero el íntimo que pone música a cuatro textos populares con toda la riqueza melódica del italiano: Quando ti vidi a quel canto apparire, Jo dei saluti ve ne mando mille, E tanto c’è pericol ch’io ti lasci y O sì che non sapevo sospirare, un placer escuchar y leer la letra original y su traducción (también el digitalizado programa de mano) que en la voz de Beczała nos transportaba a la península hermana que tanto arte nos ha dejado. Y mejor remate para este bloque literario que Francesco Paolo Tosti (1846-1916) el músico de Ortona, con tres canciones bien acompañadas al piano y mejor interpretadas por el polaco, L’ultima canzone, la menos escuchada Chi sei tu che mi parli y el Ideale literal, un juego donde el «rubato» toma sentido y los agudos imperceptibles una delicia, demostrando que lo que parece fácil siempre es lo más exigente.

Beczała se vuelca en cada partitura, el semblante agradable, su máscara facial toda una lección de canto y los aficionados operísticos venidos de varios puntos de la geografía, conocidos del Campoamor y rendidos ante el polaco, esperando el «tour de force» final, siempre en el repertorio italiano que domina como pocos hoy en día, perfecta «la orquesta desde el piano» más cómoda que en el lied,  sin necesitar el pedal izquierdo que cambia color y tapa abierta para mostrar que el polaco está en un momento álgido de su carrera.

Dos arias del genio de Busseto Giuseppe Verdi (1813- 1901) para quitar el hipo, Di tu se fedele il flutto m’aspetta («Un ballo in maschera«) sobrado de recursos y exquisito de principio a fin, más  Quando le sere al placido («Luisa Miller«) con ese final a solo que llenó todo el auditorio del color puro y la magia de este tenor completo, verdadera figura mundial.

Y de la Italia protagonista en este lluvioso miércoles lírico asturiano, desde Lucca el gran Giacomo Puccini (1858- 1924) y una de sus arias fetiche para todos los tenores, la maravillosa Recondita armonia («Tosca») con un piano perfecto y la salida entre «bastidores» de un Cavaradossi impecable que enamoró al auditorio. Creo que no se puede interpretar mejor y así lo reconoció el público entregado a Beczała.

La hora pasó volando y podríamos estar escuchando al polaco todo el tiempo del mundo porque volvió a transmitir, como hace cuatro años, que «se detuvo abril«, regalándonos todavía dos napolitanas, el Core ‘ngrato de Cardillo, con dedicatoria a «su Caterina» en la sala, el otro título en su dialecto «Catarì, Catarí», y el mismo calor del sur con la famosísima Mattinata de Leoncavallo, un broche de oro con estas canciones escritas para el gran Caruso y recreadas por el enorme Beczała con un recital que dio sentido a la palabra en la voz de este Tenor con mayúsculas que sigue triunfando en Oviedo, parada obligada en las giras de los mejores intérpretes. Esperemos algún día tenerlo sobre las tablas del Campoamor porque el triunfo es tan seguro como la cultura en tiempos de pandemia, y la música más necesaria que nunca.

Extraordinario triplete de La Díaz

4 comentarios

Corren tiempos difíciles, y para el sector musical aún más, con cancelaciones de última hora que rompen la programación y el ritmo de trabajo necesario, pero esta semana antes de mis vacaciones, la soprano Beatriz Díaz afrontó un triplete extraordinario digno de figurar en los anales de esta «Era Covid».

El miércoles 24 a las 19:30 horas  en el Teatro Jovellanos de Gijón, dentro de la temporada de la Sociedad Filarmónica estaba programado de nuevo, dentro del ciclo «Los Históricos de la Filarmónica», el programa Cantarinos pa que suañes con el pianista y compositor Luis Vázquez del Fresno al que su corazón le dio un susto el lunes, y al que le deseo desde aquí una pronta recuperación.

Noticia triste pero ante la adversidad se mantuvo el concierto, siempre de agradecer por parte de los gestores de la centenaria sociedad gijonesa, armando urgentemente un nuevo programa (el 1.632)  a cargo de la propia Beatriz Díaz con el pianista Marcos Suárez, y organizado en cuatro bloques de tres obras, el tres mágico, donde la soprano allerana  nos dejaría una muestra de su musicalidad, versatilidad y amplio repertorio. Primero tres arias de ópera cantada en italiano, donde estuvieron Händel y el Lascia del «Rinaldo», Porgi amor de las bodas mozartianas, y una de las preferidas de la cantante, Catalani y «La Wally» con Ebben? ne andrò lontana, una lección de bien cantar con toda la amplia gama de color que caracteriza a la asturiana, siempre bien acompañada de un Marcos Suárez que se afianza como maestro repertorista como bien destacó el músico local David Roldán Calvo, quien ejerció de maestro de ceremonias presentando y poniendo cada obra en su contexto histórico.

Tratándose de un recital de «La Díaz«, no puede faltar su adorado Puccini, auténtico amuleto y para el que su voz parece hecha a medida, esta vez la Musetta con alma de Mimì, bien dominada vocal y escénicamente desde hace tiempo, el siempre agradecido (y comprometido) Dvorak de «Rusalka» y su Canción de la luna, otro escalón en un repertorio que va creciendo como su voz, y el Summertime de Gerswhin, el musical hecho ópera, o viceversa, con un arreglo pianístico más rico de lo habitual y esa versatilidad de la soprano asturiana capaz de meterse en cada personaje con el estilo adecuado y la entrega conocida.

No se podía olvidar la inspiración asturiana prevista aunque adaptada al momento, por lo que escuchamos la Asturiana de Falla como un delicioso arrullo, y dos canciones de «Madre Asturias» del recientemente fallecido Antón García Abril, homenaje necesario que desde la calidad de los dos intérpretes fue emotivo y entregado, Duérmete neñu y y Ayer vite na fonte, nuestro folklore hecho universal en estas páginas para tenor pero que en la voz de soprano adquieren nuevos aires y con un pianista demostrando igualmente su papel coprotagonista.

Y el cierre de nuestra zarzuela defendida con la categoría que se merece, «El dúo de la africana» de Fernández Caballero que Beatriz Díaz lleva en la sangre a La Antonelli, Yo he nacido muy chiquita aunque solo de estatura pues resulta siempre grande en escena, No corté más que una rosa del «manojo» vasco Pablo Sorozábal que resultó nuevamente redondo, y la petenera de «La Marchenera» (Moreno Torroba) cerrando este trío lírico hispano con la misma entrega y calidad con la que se iniciaba un comprometido recital donde los obstáculos no lo son cuando hay tanto trabajo detrás y responsabilidad por mantener una calidad en todo lo que canta nuestra asturiana universal. Propinas a pares de zarzuela y ópera, imprescindible el Puccini de O mio babbino caro que en la voz de la allerana sigue siendo música celestial.

Y llegaría el jueves 25 a las 19:30 en el Teatro Jovellanos Concierto Extraordinario de Semana Santa con la OSPA dirigida por el australiano Kynan Johns donde la soprano debutaba como solista con ese motete mozartiano que pone a prueba la voz pero sobre todo la musicalidad, Exultate Jubilate, K. 158a/165 de estilo operístico que hace años parecería impensable para Beatriz Díaz, aunque las enseñanzas del maestro Hernández Silva y la amplitud que ha alcanzado su voz, el día que cumplía 40 años, han demostrado cómo el genio de Salzburgo, al igual que papá Haydn, son perfectos compañeros de viaje.

El director encontró la pulsación ideal para disfrutar los tres movimientos de esta joya juvenil de Mozart, con una Beatriz Díaz cómoda, de amplias dinámicas y lirismo en estado puro (el recitativo plenamente operístico por parte de todos, aunque el órgano quedase en segundo plano) y la OSPA clásica de sonido homogéneo, gustándose y escuchando cada detalle, con los oboes contestando ese texto tan apropiado para este día: «¡Alégrate! ¡Un gran día brilla! ¡Las nubes y la tormenta se han ido!«, final de Aleluya pletórico por repetir escenario y agrandar una historia vocal que todavía nos deparará muchas más alegrías.

La OSPA completaría este extraordinario con el siempre necesario Beethoven al que 2020 le quitó parte de su protagonismo, con Coriolano: obertura op. 62 para comprobar el buen estado sinfónico y la complicidad con un Kynan Johns que en cada visita exprime lo mejor de la formación asturiana, dominador de memoria de todo el concierto donde la recién estrenada «Primavera» sonó con Schumann en una versión clara, precisa, matizada, colorida a pesar de la acústica del Jovellanos que no está pensada para una orquesta romántica a la que Perry So en el anterior concierto, dejó perfectamente engrasada.

Y no hay dos sin tres, pues el viernes 26 a las 19:00 horas se repetía el programa extraordinario en el Auditorio de Oviedo con una entrada que la pandemia y su protocolo dejó mermada pero igual de entregada para un público que recibe a la soprano de Bóo con cariño y siempre expectante. La cultura es segura y la música en vivo única e irrepetible, Beethoven con Johns preparó sonoridades sinfónicas, Mozart un poco más vivo que en Gijón pero con la acústica ideal y presencia de cada sección (esta vez sí sonó el órgano) para una plantilla casi camerística y unas manos australianas delicadas, mimando a la solista que desplegó de nuevo esa magia vocal para el motete que iluminó este triplete de Beatriz Díaz.

La Primavera de Schumann, esa sinfonía primeriza para nada juvenil y llena de vida en sus cuatro movimientos, retomó la calidad sinfónica de la OSPA bajo la batuta de un Johns de gestos claros, sin ampulosidades pero preciso al detalle, conteniendo sonoridades en los momentos delicados, dejando fluir a la cuerda, empastando a todos con el estilete o florete de su batuta con el que fue tocando los resortes necesarios para brindarnos una versión impecable de la Sinfonía nº1 en si bemol mayor, op 38 esperando repetir su escucha en la retransmisión de Radio Clásica que sigue grabando los conciertos de nuestra sinfónica, de nuevo con el bilbaíno Xabier de Felipe de concertino, esperando se cubran pronto las vacantes, pues no me canso de repetir que hace falta un capitán para esta nave y el contramaestre obligado.

Ya han sido suficientes los candidatos y no veo necesario alargar más los plazos, aunque sigan siendo tiempos convulsos, pero la música es un bálsamo necesario, más si podemos disfrutar de Beatriz Díaz, extraordinario triplete que abre mi descanso docente por esta semana. Como dice un querido amigo común,

BraBoo Beatriz

Bendita locura de música

1 comentario

Domingo 11 de octubre, 20:00 horas. Fundación Princesa de Asturias, Semana de los premios: Fábrica de Armas de La Vega, Oviedo: Isla Locura, música en torno a Cervantes y Shakespeare. Pablo García López (tenor), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección). Entrada: gratis con invitación (agotadas en cinco minutos).

Tarde de domingo con recuerdos en un entorno donde mi abuelo moscón Pachu del Campo trabajó muchos años, y segundo concierto de día tras el matutino de la Banda Sinfónica del Ateneo de Mieres que tengo el honor de presidir, en el día del cumpleaños de Morricone a quien ya homenajeásemos el año pasado, por lo que este le correspondía a John Williams, ambos premiados con el Premio de las Artes. La Fundación Princesa de Asturias organiza en este recuperado espacio multitud de conciertos y eventos en torno a sus premios internacionales y la «Isla Locura» sería el perfecto colofón a un 11 de octubre que tendrá mucho para rememorar (la vuelta del Ateneo tras el 8 de marzo, ganaba Nadal su 13º Roland Garros y «el mi Oviedín» al eterno rival para terminar inmejorablemente este día de La Anormalidad ya asentada).

Sobre el montaje «Isla Locura» la propia Fundación lo describe así: «Este espectáculo poético-musical dirigido por Aarón Zapico, pretende simbolizar el hermanamiento de dos grandes tradiciones literarias, la castellana y la anglosajona, representadas en los escritores más importantes de la literatura universal«. Forma Antiqva tiene la virtud de apostar por formatos siempre novedosos, adoptando las mejores formaciones para ellos y nuevamente acertando de lleno con la elección del tenor cordobés Pablo García López para encarnar un particular Alonso Quijano en sillón con lámpara de mesa, rodeado de textos y libros, Cervantes y Shakespeare, declamaciones y canciones en un alarde escénico donde los cinco músicos le arroparon junto a luces bien buscadas y complicidades desde antes del comienzo en un repertorio donde los asturianos siguen siendo un referente (dejo algunas fotos de la FPA en Twitter© que reflejan mejor la lograda escenografía que desde mi posición lateral).

La luz tenue del taller con humo cual neblina onírica más los músicos adormecidos mientras de fondo sonaba una tormenta grabada ya nos preparaba para un inicio sorprendente: Lixsania Fernández con su viola de gamba cantando Yo soy la locura, la llegada a esta isla musical de la mano de una artista completa, despertándonos de un sueño que iría tomando forma.

Declamaciones algo más difíciles de captar por la acústica de esta nave con Pablo García López antes de su primera intervención cantada: el anónimo barroco Tanta copia de hermosura, con instrumentistas y voz perfectamente acoplados, la guitarra del «otro Pablo» arropando, acunando y dramatizando cada sílaba de su tocayo, el texto magnificado por la música.

Acción  y reacción, textos declamados y cantados, la unión perfecta más que la música complementaria, de España a Gran Bretaña con los aires más irlandeses de la «hermana isla asturiana», Drive the cold winter away, el frío viento invernal con el violín «folk» de Jorge Jiménez y las pinceladas del maestro de la percusión Pedro Estevan, un «fichaje de champions» para la formación asturiana en un aire de pub desde este peculiar salón desarmado, que no desalmado.

Certera alternancia vocal e instrumental de un quinteto de lujo con declamación del «loco Pablo», tarareo del shakesperiano O Mistress Mine doblado y plegado a un amor de barroco soñado, teatralizado y huanizado. Búsqueda de textos musicados, lírica en estado original, música inspirada en la literatura, la común y natural unión artística que en este espectáculo se dan la mano.

Aún con la neblina asturbritánica en el aire y tormentas instrumentales, los contrastes brillantes «marca de la casa» nos llevarían a escuchar la bellísima y animada The Virgin Queen – Bobbing Joe de John Playford, virtuosismo en la tecla de Aarón, en el violín casi whistle y más fiddle que nunca de Jorge, los rasgueos de Pablo empujando y reforzando el ritmo discreto y necesario de Pedro que haría de campanero para la siguiente declamación, con el tenor sentado al borde del escenario, la renacentista Al alva venid del Cancionero de Palacio, la profesionalidad de proyectar la voz en todas las direcciones para degustar estas melodías que impregnaron el aire frío que se olvidó con la calidez y calidad alrededor de una imaginada pinta de buena cerveza.

Forma Antiqva ofreciendo una glossa instrumental de Diego Ortiz, siempre alternando recuperar repertorio ya trabajado con descubrimientos y novedades que mantienen ilusiones junto al estudio incansable. Unión de tradición y modernidad, apuesta por una hibridación o mestizaje capaz de servir igualmente para interactuar con la palabra, declamada dramaturgia mandando la música, dinámicas «en forma» con juegos agógicos subrayando los textos.

Más aires británicos emparejados con los hispanos, el gran Purcell de If music be the food of love, el Shakespeare contado, realmente la música alimento del amor, canto declamado o declamación cantada, duelo literario con instrumentos reforzando el color vocal del tenor cordobés, ideal en este repertorio, ambientación aún más tierna desde su actitud pensativa antes de la conocida canción inglesa Greensleeves que los músicos enlazarían con el Nobody’s Jig, el Playford que supo aunar tradición con nuevos alardes virtuosísticos, folclore hecho música de salón en tiempos de oro, los universales Shakespeare y Cervantes en esta «Isla Locura».

En el final la declamación de «Pablo Quijano» jugando con unas dinámicas y contestaciones de cada uno de los músicos: «¿Quién mejorará mi suerte? ¡La muerte! Y el bien de amor ¿quién le alcanza? ¡Mudanza! Y sus males ¿quién los cura? ¡Locura! De ese modo no es cordura querer curar la pasión, cuando los remedios son muerte, mudanza y locura«. Cervantes universal, único, quijotesco como todos nosotros, auténtica cordura loca con Un sarao de la chacona de Juan Arañés, «A la vida vidita bona«:

Un sarao de la chacona
se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas y la fama lo pregona:
A la vida, vidita bona,
vida, vámonos a chacona

Fin de fiesta con los ritornelli cantados por todos los músicos, ritmo contagioso, alegría de vivir, bendita locura en esta isla musical con millares de cosas. Gracias por compartir momentos irrepetibles.

Forma Antiqva: Pablo García López, tenor – Jorge Jiménez, violín – Lixsania Fernández, viola da gamba – Pedro Estevan, percusiones – Pablo Zapico, guitarra barroca – Aarón Zapico, clave y dirección.

Older Entries Newer Entries