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Magia y heroismo

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Viernes 16 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 4 OSPA, Suyoen Kim (violín), Gilbert Varga (director). Obras de Beethoven y Dvorak.
Concierto que nos dejó huella con un repertorio calificado en cierto modo de «heróico» como escribe en las notas al programa Asier Vallejo Ugarte (enlazadas en los nombres de los compositores) lo que siempre se agradece, en especial cuando confluyen un conductor serio, riguroso, y una solista joven e impactante que debutaba en España sustituyendo a otro joven prodigio como Kristóf Baráti, aunque creo que todos ganamos con el cambio por esta alemana de origen coreano que es Suyoen Kim, 24 años pero con una trayectoria que ha unido esa técnica oriental con el vigor germano bien tamizado por la escuela rusa. Mis queridos daneses la bautizaron hace nueve años en el diario Jyllands-Posten (el de las caricaturas de Mahoma) como «nueva estrella mundial», y no se equivocaron.

El Concierto para violín en RE M., Op. 61 (Beethoven) compuesto en 1806 es una de esas joyas universales de la literatura musical que la propia Kim tiene en su repertorio hace años, ahora más maduro, pletórico, romántico, de sonoridades potentes en ese Stradivarius «exCroall» de 1684 patrocinado por Portigon AG (Baráti hubiese traído el «Lady Harmsworth» de 1703), con una orquesta que sonó como nunca, todo un bloque bien ensamblado y unificado con el rigor del maestro Varga, planos sonoros en su sitio ¡hasta los de Mr. Prentice!, medidas exactas, tal como están escritas, acompañamiento delicado, un dúo de trompas de terciopelo, sacando de todas y cada una de las secciones de la OSPA una identidad que ojalá no se pierda, con muchos atriles jóvenes en esta primera parte, gustándose, escuchándose, disfrutando con violinista y director, compartido por el respetable. El inicio de los timbales y la larga introducción orquestal del Allegro ma non troppo

lograron la magia (siempre en lucha herórica con un ejército de toses sincopadas que va en aumento) desde el primer instante, incisivo, potente, sinfónico, y la aparición del violín de Suyoen Kim auténtica seda, musicalidad en cada arco, en cada trino, dobles cuerdas imposibles y una cadencia impactante. El Larghetto resultó cautivador, nuevamente mágico en intimidad compartida por solista y orquesta con el maestro atento a todos los detalles, sin perder nunca la vista en la protagonista, incluyendo el arranque seguro del Rondó: Allegro, enérgico, dinámico, con el tempo giusto y humorístico… rigor y vigor que apuntaba como primeros calificativos al finalizar el concierto. Magia orquestal donde tengo que destacar el dúo del violín con Mascarell en la línea de empaste y musicalidad de esta maravilla concertística, y el fraseo con los cellos realmente de filigrana sonora bien llevado por Varga.

Varias salidas tras los aplausos de un público entregado a la interpretación de la germanocoreana también agradecida a sus compañeros en este viaje heróico todavía dejó una propina «Little bird», pajarillo de nuestro tiempo en alarde técnico sin perder un ápice la misma delicada fuerza demostrada en el concierto beethoveniano.

La Sinfonía nº 7 en Re m., op. 70 (Dvorak) continuaría en cierto modo el heroismo y admiración por el genio de Bonn, tamizada por el de Hamburgo, con una amplia plantilla, la habitual con algún refuerzo, obra memorizada e interiorizada por el maestro inglés, hijo y alumno del violinista húngaro Tibor Varga (1921-2003), lo que permitió una lección de cómo dirigir esta obra sacando nuevamente lo mejor de la orquesta asturiana. La sombra amenazante de los graves con que arranca el Allegro maestoso fue ganando en dramatismo, cuerda hiriente sin chirriar, maderas a dos pero todas a una, metales potentes, timbales en su sitio, momentos líricos en violines y flautas, remanso en el Poco adagio, sin perder la melancólica tristeza con un clarinete idílico de Andreas en su intervención, y Varga dibujando cada detalle, atento a cada matiz, dinámicas bien cuidadas sin perder rotundidad, casi organístico. El Scherzo: Vivace sincopado, casi danzante cual vals brillante devolvió una oscuridad sin tragedias, interiorizada para concluir con el Finale: Allegro titánico, broche de oro para una sinfonía continuadora de la magia que flotó en el ambiente, luces y sombras con triunfo sonoro gracias a la simbiosis musical conseguida por un director con música en sus genes. Grabado por Radio Clásica tendremos que estar atentos a la programación para rememorar un día mágico.

Me perderé la vuelta de Milanov con un programa «Diaghilev» que me llama, pero en la Ópera del Campoamor Beatriz Díaz como Liù ejerce un magnetismo único… aunque Santander está cerca para un sábado de un noviembre cargadísimo.

Emoción, elegancia y precisión

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Viernes 9 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 3 OSPA, Alexander Vasiliev (violín), David Lockington (director). Obras de Sawyers, Glazunov y Mendelssohn. Fotos: ©Marta Barbón-OSPA.

Los viernes de noviembre están cargados de música y la elección se hace difícil, pero este era especial y no tuve dudas: volvía David Lockington como flamante director invitado de nuestra OSPA, una de mis opciones a la titularidad, y el querido Alexander Vasiliev daba nuevamente el paso al frente, de concertino a solista, en una obra que conoce desde las fuentes.

Para abrir boca otro estreno en España con la OSPA y Lockington (el jueves en Avilés) de Philip Sawyers y The Gale of Life (El vendaval de la vida), premonitorio, obra muy cinematográfica con reminiscencias y tributos varios a John Williams o Berlioz, compuesta para abrir veladas en una perfecta y agradecida orquestación para una formación que esta tarde venía con ganas y el maestro británico que volvía a comandar en repertorio de nuestro tiempo. Protagonismo del metal que respondió sin fisuras pero con todas las familias precisas en una partitura bien explicada en las notas al programa de Juan Manuel Viana.

Vasiliev es «el primero de la clase», El Maestro, mucho más que el concertino o jefe, es la referencia de la orquesta desde su fundación como tal en 1991. La llegada a Asturias de Los Virtuosos de Moscú y todo su «entorno» supuso un punto de inflexión en la vida cultural asturiana, la semilla rusa se plantaría en nuestra tierra… desembarcó con la maleta cargada de ilusión y magisterio que ha ido transmitiendo a todos. VasilievEs ya un asturiano con raíces que no olvida su tierra y mucho menos cuando se trata de la música. El Concierto para violín en Lam, Op. 82 (Glazunov) va unido a su biografía y ya lo interpretó hace años con sus compañeros. Esta vez, con un Lockington siempre elegante y excelente concertador y conocedor de la orquesta asturiana, demostró que los años pasan para bien: madurez, profundidad interpretativa, poso y la técnica asombrosa que «hace hablar» a la prolongación de sus extremidades superiores, su violín. Emoción antes, durante y después, flores merecidas de la familia de sangre (el primero su nieto asturiano) con toda la admiración y respeto de compañeros y público. Glazunov no será de los grandes pero este concierto ocupa su sitio en la historia, más en la interpretación de Alexander, al que espero darle personalmente la enhorabuena.

La segunda parte trajo, además del molesto intermedio entre movimientos de la fanfarria de toses arrítmicas que va en aumento ¡y aún no llegó el invierno! o la impertinente señora con el papel del caramelo subrayando cada pianísimo, una de esas obras que ni deben faltar en las programaciones porque bien interpretadas son sustento de afición y profesión, la Sinfonía nº 4 en LA M, Op. 90 «Italiana» (Mendelssohn), inmensa, precisa, romántica sin exageraciones, clara en el diseño de Lockington, por el que crece mi admiración en cada concierto (felizmente le tendremos puntualmente), sacando de la orquesta esa calidad que atesoran todos y cada uno de sus músicos, una plantilla equilibrada, bien ensamblada, empastada, acertada en todas las secciones que fue asentándose desde un inicial y titubeante Allegro vivace para un Andante con moto más encajado, incluso pletórico por emotividad (desconozco la causa de mi recuerdo a Granados en este movimiento), Con moto moderato melancólico y límpido, cuerda y viento en simbiosis, líneas melódicas claras para impactarnos con el último Saltarello: Presto que desde la precisión gestual, elegancia y sabiduría del maestro británico afincado en EE.UU. logró enardecernos con esta joya sinfónica sonando como en las mejores orquestas, las flautas Pearse como una, cuerda a una incisiva desde el terciopelo, madera siempre de lujo y metal majestuoso… Aplausos muy merecidos para un concierto que tenía todas las de ganar y no defraudó.

Aleluya barroco

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Miércoles 31 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Conciertos Día Universal del Ahorro 2012. OSPA, Raquel Lojendio (soprano), Aarón Zapico (director). Obras de Geminiani, C. Avison y Vivaldi. Patrocinado por CajAstur; entrada por invitación.

Comienza para algunos el Puente de los Santos y puede ser causa de las muchas butacas vacías aunque tampoco hubo facilidades para encontrar entradas que no estaban a la venta. Personalmente tengo que agradecer a Forma Antiqva que me hiciesen llegar una para un concierto que suponía el debut de Aarón Zapico al frente de una «OSPA de cámara» para un repertorio que el hermano mayor domina y supo transmitir a esa cuerda que siempre es referente de la orquesta asturiana, con el refuerzo en el contínuo del fagot y los otros dos hermanos Zapico, Daniel y Pablo, perfecto acompañamiento de la soprano tinerfeña (estuvo anunciada Sabina Puértolas aunque ni ella misma lo supo y alguien responderá del entuerto) que dio lo mejor de ella, entregada en alma y cuerpo. El programa de mano no era tal a pesar del «ahorro», pues no ayudó nunca a parte del público que estuvo más perdido que un pulpo en un garaje. Lástima que el Barroco no tenga más presencia en las salas de concierto, felicitándonos de los tres conciertos del nuevo ciclo «Oviedo Barroco» para los que ya me hice con el abono (44€) en la Sala de Cámara que espero se llene más que la Principal de este último día de octubre.

El mayor de los Zapico y cabeza visible de Forma Antiqva tiene las ideas muy claras en un repertorio donde se mueve como pez en el agua, lo que supo transmitir a la perfección a una orquesta que pareció disfrutar tanto o más que muchos de los presentes. La elección de cuatro motetes para soprano de Vivaldi (que figuraban sin más en el cartoncillo biográfico) y su organización fueron perfectos pese a la «reiteración» estilística que suponen, una dificultad añadida a la interpretación que nunca fue idéntica ni siquiera en los Da Capo, sin perder rigor y gracias a esa claridad buscada por Aarón Zapico bien entendida por todos los músicos.

Geminiani y su Concerto grosso nº 12 «La Folia», Op. 5/12 abría velada con las cartas boca arriba, sin esconder nada y aprovechando el magisterio de los solistas, impecables todos, Vasiliev, Corpus, Alamá y Atapin, más «el grueso»donde el continuo de guitarra barroca y tiorba equilibraban una plantilla de lujo para la ocasión: 7 primeros, 7 segundos, 3 violas, 2 cellos, 2 contrabajos más fagot y el «dúo Zapico». Y Aarón no permitió ruptura encadenando el primer motete de Vivaldi, «In turbato mare irato» RV 627 que trajo a escena a una Raquel Lojendio segura, poderosa en los agudos, equilibrada en el medio y suficiente en el grave, con una técnica al servicio de esta música que en vez de instrumentalizar la voz resultó más bien «vocalizar los instrumentos» a lo largo de todo el concierto, con unos fraseos y contrastes en todo que dieron la unidad estilística que la dirección buscó, con tiempos bien elegidos para poder degustar todo el caudal sonoro.

Otro tanto podríamos decir del siguiente y complementario motete «In furore iustissimae irae» RV 627,  potente interpretativamente y frescura total en cada uno de los músicos, con los Aleluya finales tan unificados estilísticamente y tan distintos en su vocalización, un triunfo añadido.

También se organizó la segunda parte sin ruptura entre el Concerti grosso nº 5 en Re m. del inglés Charles Avison plenamente italianizante y «Sum in medio tempestatum» RV 632, microcosmos del «Cura Pelirrojillo» donde más allá de las agilidades vertiginosas del primer movimiento trajeron el recitativo con la guitarra de Pablo profunda en la sencillez y cálida al sumarse la tiorba de Daniel, más aún con Mascarell en el fagot del Aleluya final que redondeó este motete como el mejor del concierto para mi gusto.

Todavía faltaba el más cinematográfico de los motetes, «Nulla in mundo pax sincera» RV 630 brillante culminación del concierto donde fluyó la estructura conocida con nuevos contrastes y la voz de Lojendio pletórica en una durísima interpretación que nos devolvió un barroquismo asturiano pero universal, frescura y personalismo para un repertorio nada manido y poco escuchado del que Aarón Zapico logró nuevas perspectivas siempre fiel al estilo.

La propina hispana con Raquel y los gemelos Zapico a trío corroboraron ese aire asturiano para el veneciano Vivaldi al que los hijos de Eloy Zapico (presente siempre en el recuerdo) y Marga Braña han reinventado hace tiempo.

Música del Régimen

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Jueves 25 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, XXI Concierto Premios Príncipe de Asturias. Coros de la Fundación Príncipe de Asturias, OSPA, Sergey Romanovsky (tenor), Alexander Vinogradov (bajo), Rossen Milanov (director). Obras de Richard Strauss y Dmitri Shostakovich. Entrada con invitación.

Si el ensayo del día anterior prometía, abriéndolo al público en general que abarrotó el Auditorio, la actuación corroboró las buenas impresiones con la Sala Polivalente para la grandes ocasiones, y el concierto anual para los Príncipes de Asturias es una de ellas, con público variopinto que disfruta con el evento independientemente de lo que se programe, y con las incomodidades conocidas de protocolo y seguridad que todos soportamos con estoicismo y educación, músicos y director incluidos.

Para abrir boca tras el obligado himno nacional algo «tibio», una historieta hecha música, Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op. 28 (R. Strauss) muy bien llevada por una orquesta que esta vez sonó vigorosa y clara, con las dinámicas a las que nos tienen acostumbrados en una obra cuya orquestación exige una amplia plantilla que reforzada para ella rindió como en los conciertos de primera, y Milanov pudo sacarle partido a todos los episodios dramatizados con el protagonismo de los distintos solistas que, salvo pequeños detalles tristemente repetitivos, brillaron como ellos saben hacer, desde los clarinetes y toda la madera hasta la percusión con una cuerda nuevamente centrada y con graves poderosos.

Y llegaba la obra esperada, esa grandiosa cantata -algunos hablan de oratorio- tan del régimen stalinista que es El Canto de los Bosques, Op. 81 del bueno (!) de Shostakovich, compuesta por encargo en 1949 con todos los tics esperados y el excelente oficio de Dmitri que sacó toda la artillería pesada, fanfarria final también, donde los coros personifiquen al pueblo soviético, esta vez más asturiano y protagonista que nunca, con permiso de Vinogradov.

Como hecho histórico local, los tres coros de la FPA unidos para la ocasión, desde los chiquitines que aparecieron al final, pasando por el infantil, ambos dirigidos por Natalia Ruisánchez, el Joven Coro de José Ángel Émbil y el de adultos de José Esteban Gª Miranda, auténtica población coral de todas las edades que cumplieron en todos sus números, afinando, empastando, con matices difíciles ante una mastodóntica orquesta «también de régimen» con el general Milanov al mando y dos oficiales de rango, el narrador moscovita Vinogradov que lleva casi todo el peso con ese timbre casi genético de bajo ruso potente (todo un lujo contar con él) de proyección clara hasta el anfiteatro y recreándose cual militar temeroso de destino en gulag, y el subordinado Romanovsky, tenor que sigue prometiendo aunque se ganó graduación en ese Gloria final que exige darlo todo tras los seis números anteriores.

El pueblo siempre sufridor se mantuvo protagonista, Cuando terminó la guerra era esperanzador y bien guiado por el «mariscal», Visitamos a nuestro país de bosques de difíciles intervenciones por cambios de ritmo y compás exigiendo registros altos, largos y matizados bien mantenidos, El recuerdo de las cosas pasadas siguió esa reforestación muy ecológica en nuestros días aunque mejor no preguntar a quienes les tocó hacerla, dura también musicalmente, tomando el relevo al pie de la letra Los pioneros plantas los bosques de los infantiles que aseguran el futuro coral en auténtico paralelismo con la narración musical como en Los integrantes de la Liga Joven Comunista avanzan ¿qué pensarían los ilustres invitados del número? ante una seguridad y aplomo pese al buen paso exigido por Rossen el general. Claro que Un paseo por el futuro dio la tranquilidad y momentos exquisitos de coro y tenor, con la orquesta en «descanso» aunque estaba cargando toda la pólvora para ese final tan del Régimen, búsqueda de aplauso fácil aunque bien merecido del Gloria con todo el ejército musical de un día otoñal que augura momentos complicados socialmente (al menos ni hubo gaitas destempladas antes ni después) donde también necesitamos unirnos a esta exhaltación de ánimo entre camaradas, calando el mensaje grandioso cual terapia musical. Bien por todos y prosigo mi semana musical, ya que CajAstur dejó la suya en el «Concierto de los Premios» (mejor del día antes), todos sabemos la causa.

Para cerrar, otro himno, el nuestro que sigue sonándome «aldeanu» aunque sea el que tenemos por decisión de los gobernantes (ninguno músico entre ellos, ni siquiera para consultar), donde los pequeños salieron a primera fila para regocijo del respetable y colofón del evento.

Eso sí, lleno hasta la lámpara, entrada previa de cámaras de televisión y fotógrafos con flashes cual fuegos de artificio y toda la corte ¡en un programa muy del régimen! a la que se unirá el mundo periodístico con amplia paleta de colores que convierten a Oviedo en capital mundial por un día y portada de telediarios de todo el espectro mediático. La música sigue siendo perfecta acompañante aunque otros la entendamos como la verdadera protagonista.

Buen general

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Ensayo general para el Concierto de los Premios Príncipe de Asturias este Jueves 25 de octubre. Todos los Coros de la FPA, OSPA, Sergey Romanovsky y Alexander Vinogradov (con fans hasta en Japón, lo que no es de extrañar), y la dirección de Milanov deleitaron a un auditorio lleno con El Canto de los bosques, Op. 81 (Shostakovich) tras Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op 28 (R. Strauss) que ya presagiaban algo bueno. No faltó el Himno Nacional de España para entrar ni el «Asturias Patria Querida» con los peques en primera fila que pondrá el punto y final. Pero el ensayo siguió a pesar de la desbandada general poco educada, olvidando qué es un ensayo, pero ellos se lo perdieron, aunque fuese gratis. Mañana ya será todo distinto por lo visto y oído, MUCHO MEJOR.

Las correcciones surtieron efecto, el coro afrontará la dureza de una partitura agradecida para el conjunto y menos para ellos, con el Maestro Milanov puntualizando muy acertadamente lo que quiere de nuestra orquesta en un concierto extraordinario al que acudiremos algunos melómanos que corroboraremos el trabajo de este general…

No funcionó

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Viernes 12 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto nº 2 de abono: OSPA, Michelle Johnson (soprano), Margaret Mezzacappa (mezzo), Adam Frandsen (tenor), Luis Ledesma (barítono), Coro Lírico de Cantabria, Coro El León de Oro, Rossen Milanov (director). Novena sinfonía de Beethoven.

Qué difícil afrontar una obra tan conocida como la Sinfonía nº 9 en Re m., Op. 125 «Coral» de Beethoven con algo nuevo que aportar, tanto para los intérpretes como para el público. Esta vez, pese a la ilusión previa, nada funcionó. No puedo caer en populismos ni decir que la música de Beethoven triunfa siempre porque precisamente faltó «hacer música», escucharse unos a otros, disfrutarla y contagiarnos. Desde el arranque del Allegro ma no troppo, un poco maestoso ya flotaba cierto temor en el ambiente, indecisión en las entradas, inseguridad, sin pegada en los graves, como una bruma que impedía captar los muchos detalles de un cuadro sinfónico único, más brochazos (y timbalazos) que pinceladas para un fresco brillante que parecía empañado. Era un «querer y no poder» al que le faltaba emoción y limpieza.

El Molto vivace parecía arrancar con otro espíritu pero de nuevo se contagió de cierta melancólica indiferencia, tiempo contenido, partes inconexas, falta de un discurso único, sumas de partes que no lograban el todo. Detalles sin continuidad con altibajos en un «querer y no poder», trompas que no cuajaban, madera por libre, cuerda sin tensión, timbales demasiado fuertes… sin vigor ni rigor.

Parecía que el Adagio molto e cantabile nos redimiría, pero fue otro espejismo. Aquello no funcionaba, esbozos sin cuajar para un movimiento lento que favorecía saborear cada compás pero que el maestro Milanov parecía no tener claro su discurso musical. Las líneas melódicas, las intervenciones solistas, todo seguía con una neblina que impedía arribar a buen puerto. Todos esperando el ansiado Presto final, roto por la aparición de los cuatro solistas que con los aplausos parecían comenzar otra obra en vez de continuar una ascensión ya de por sí tortuosa.

Ni siquiera el tempo elegido logró contagiar algo de este último movimiento que debería suponer esa «Oda a la alegría», hoy tornada en tristeza a la vista de los resultados a pesar de las excelentes notas al programa de mi admirada Hertha Gallego de Torres. La entrada del barítono mexicano prometía por su color vocal, excelente, vigoroso, pero nuevamente quedó en soplo sin continuidad. El coro nunca transmitió confianza ni pegada, juntar dos no hace uno y las concepciones vocales son totalmente distintas, dando como resultado un «simple» entonar olvidando calidad y calidez en la emisión aunque hubiese momentos válidos, pero tampoco funcionó. Si el empaste y color vocal es cuestión de años, es imposible lograrlo en una semana, más el idioma de Schiller y Goethe que requiere mucho tiempo tampoco resultó inteligible, aunque me consta que el LDO lo domina.

La soprano norteamericana, siendo la destacada, cumplió sin emocionar, como su compatriota la mezzo de Ohio, y el tenor danés de color vocal perfecto para el rol, llegó a ser «engullido» por un coro algo desbocado y demasiado apretado en los agudos, parte forzado por dinámicas nunca ajustadas. El cuarteto solista empastó sin más, faltando otra vez la musicalidad, el escucharse todos un poco. Y es que como escribía «en caliente», las partes no lograron hacer un todo, faltó la visión unitaria, el conjunto, el discurrir fluido que esta sinfonía requiere, entenderla globalmente y no sumas individualizadas.

Desconozco el trabajo previo de todos así como lo que buscaba el maestro Milanov en esta versión, pero personalmente me dejó no ya indiferente sino algo cabreado. Beethoven nunca es fácil y requiere algo más, puede que lo que faltó este viernes en Oviedo. Seré raro, especial o vaya Vd. a saber, pero esta vez NO FUNCIONÓ casi nada.

VÍDEO: © OSPA en YouTube®:

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VolvemOS PAra bien

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Viernes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 1, inauguración de la temporada 2012-13, OSPA, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Rimsky-Korsakov, Prokofiev y Debussy. Todos teníamos «mono» de OSPA y las ganas de comenzar la primera temporada con el maestro Milanov de titular. Los titulares de prensa previos ya apuntaban bien y la entrada con «orbayu» no impidió saludar a tantos conocidos, amigos, músicos, encantados del reencuentro esperado. El programa elegido tenía muchos guiños y el pianista invitado un lujo para una ciudad que disfruta con los mejores y hasta tiene unas jornadas propias. La aplaudida salida del maestro búlgaro fue mayor tras la lectura de sus primeras palabras en un castellano más que correcto, cumpliendo su promesa de hablar español para su llegada. Incluso dio las gracias a la gerente Ana Mateo por su trabajo constante, y al Gobierno del Principado por seguir apostando por nuestra mejor embajadora, así como a la Consejera de Educación, Cultura y Deporte mi colega de profesión Ana González Rodríguez. Hasta nos invitó a brindar al descanso con una copa de vino de las Bodegas OSCA, patrocinadora del concierto, que animó un descanso algo más prolongado de lo habitual.

Y sin más arrancó la música con ese Capricho español, Op. 34 de Rimsky-Korsakov, la primera obra sinfónica asturiana y compuesta por un ruso, como bien recuerda Ramón G. Avello en las notas al programa que enlazo en los títulos y figuran en el número 1 de la Revista Trimestral enviada a los abonados (se vende a 2€ en el propio Auditorio aunque se repartía una hoja más que suficiente para seguir el concierto, una forma de ahorro que ya aplaudí y comenté). Los cinco movimientos suponen un examen para toda la plantilla (hoy reforzada) tras el merecido descanso veraniego (esta vez sin las visitas que patrocinaba la antigua Caja de -Ahorros inexistentes- de Asturias, ahora un banco en espera de rescate), y el compromiso en el foso con el Werther del Campoamor. La primera prueba para comprobar cómo se entendían Maestro y músicos: prueba superada, con Vasiliev marcando profesionalidad y el resto sin quedarse a la zaga (muy bien Andreas y demás solistas). Tiempos bien contrastados, con tranquilidad para degustar las melodías asturianas (también la «gitana» del cuarto número), sonoridades nunca estrepitosas, el empaste total siempre deseado (incluyendo unos metales que cada vez están más acoplados), los rubati justos y bien entendidos, con pocas concesiones a la galería en una obra que esta orquesta siente casi como propia desde la Alborada (muchos años de sintonía en Asturias del programa homónimo en Radio Nacional del fallecido Modesto G. Cobas) al Fandango Asturiano.

El francés Jean-Efflam Bavouzet nos brindó un Concierto para piano nº 1 en RE b M, Op. 10 de Prokofiev para recordar (de hecho lo grabó Radio Clásica para su posterior emisión en diferido). Obra dura para todas las partes, Milanov concertó a la perfección con el solista, lo que ya es un triunfo, mimando una paleta orquestal no muy clara pero que así está escrita para goce de admiradores y toses de detractores. Y la propina tenía que ser Debussy, preparando la segunda parte en este homenaje en su centenario, y más teniendo un intérprete que ha grabado la integral de su compatriota: el noveno preludio de su primer libro Serenade interrompueauténtica delicia sonora, rítmica, de aire hispano que voló por todo el auditorio flotando sus aromas rememorando mis primeros conciertos en el Filarmónica. Tras el vino del descanso, que me tomé afuera mientras fumaba mi cigarrillo, la segunda parte mantuvo el perfume francés con aromas españoles, primero rusos y ahora galos.

La Fantasía para piano y orquesta consiguió nuevas sonoridades no ya pianísticas desde su protagonismo, sino orquestales, auténtico impresionismo que mantiene la pincelada pero mezcla la paleta en el aire. Nueva lección de concertación y cohesión sonora en sus tres movimientos que sin perder lirismo consiguieron llenar de color una obra no muy escuchada que contó con uno de los mejores intérpretes actuales perfectamente arropado por nuestra OSPA con Milanov al frente. Para cerrar este concierto de aire español, la Iberia (Imágenes) equiparable a la pianística de Albéniz con el buen hacer orquestador de Debussy, deudor de algunos compatriotas pero magistral en su recreación. Inspirado hasta en los títulos, Por las calles y los caminos como ideario para toda la temporada, Los perfumes de la noche delicados y aromatizados con buen vino, y La mañana de un día de fiesta, pues así entendimos muchos este concierto inaugural. Fiesta de la música desde una pasión que el Maestro Milanov va a compartir con todos… esperando sean muchos años. Pese a la premura por llegar a casa (pasaban quince minutos de las diez de la noche), mi comentario rápido fue «Ésto promete», y el próximo concierto el Día del Pilar nada menos que con La NovenaBeethovende …

P. D.: Críticas de Ramón Avello en El Comercio y Javier Neira en LNE, así como de Aurelio M. Seco en su Web «Codalario«.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

RecuerdOS PAra la temporada finalizada

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Con el poso que da la finalización del curso y las muchas emociones vividas en la temporada que nos trajo al Maestro Milanov como esperado titular de la OSPA, sin olvidar a Lockington como principal invitado, y aceptando la invitación que la orquesta me hizo para el «balance de la temporada» en el Facebook©, quiero destacar, agradeciendo no ya poder colaborar con «nuestra orquesta» sino todos los enlaces que aquí aparecen:

  • Enlazando con lo anterior recordar el altísimo nivel de muchos solistas invitados y el reencuentro con algunos directores que siguen marcando diferencias. De los que me han dejado huella, cronológicamente, la «princesa descalza» Patricia Kopatchinskaja, la elegancia al piano de Cristina Ortiz, la musicalidad de Dylana Jenson con su marido a la batuta y «su majestad» Truls Mørk, rey absoluto del cello con un concierto de despedida que me regalaron en Gijón ante mi ausencia ovetense. Por supuesto enhorabuena a los solistas de la OSPA que dieron el paso al frente porque pueden codearse con cualquiera de los invitados, manteniendo un nivel que redunda en el de toda la orquesta. De las batutas Manuel Hernández Silva, fuera de abono y que privó a muchos habituales disfrutar de su magisterio, Rossen Gergov (con «la princesa») y Perry So (con Cristina y Truls) que consigue siempre lo mejor de todos.
  • La apuesta por obras nuevas, estrenos absolutos (me encantó el clarinetista José Franch-Ballester con la obra de Oscar Navarro dirigiendo Milanov) y otros europeos, alternando con obras menos habituales (el Dohnnanyi de mi admirado Eldar Nebolsin fue un auténtico lujo) sin olvidar el repertorio sinfónico «de siempre», urgiendo pese a la crisis un aumento de plantilla (más cuerda, por favor) que permita afrontar obras que se están aparcando sine die.
  • No olvidar el aspecto pedagógico porque es la inversión futura, una OSPA que está en su mejor momento histórico tras 21 años, no puede olvidar el público de mañana: la media de edad de los abonados es tan preocupante como sus toses y olvidos telefónicos de órdago, con una salud que dejó muchos huecos en conciertos que deberían haber colgado el cartel de completo.
    Ya voy ahorrando para la próxima temporada, primera con Rossen Milanov pergeñando con la gerente Ana Mateo un programa que seguro no nos dejará indiferentes, y Marta Barbón nos irá dando información puntual.

P. D.: El Concierto en El Vaticano ya es historia propia de la música española, la asturiana y de la propia OSPA. No sólo disfruté de emociones en la retransmisión en vivo sino que lo guardo como documento sonoro a pesar de la mala calidad del sonido.

Muy grande

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Jueves 7 de junio, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. Clausura de Temporada de la OSPA, Truls Mork (violonchelo), Perry So (director). Obras de Dvorak y Rachmaninov.

Hay citas ineludibles y más en este final de curso. Llegué a pensar que me perdería un concierto dirigido nuevamente -la tercera vez- por el maestro So, uno de los posibles titulares que nos había dejado tan buen sabor de boca, y sobre todo la presencia de un grande del cello como el noruego Mork. Pero Gijón está cerca de Mieres y mis amistades se ofrecieron a regalarme una entrada en la fila 2. Con tiempo para evitar cortes de carretera en estos convulsos días, no podía imaginar semejante regalo fin de curso.

El Concierto para violonchelo en Si m, Op 104 (Dvorak) es probablemente el más hermoso que se haya compuesto para un instrumento tan cercano a la voz humana, y Mork lo hizo hablar desde la música. Faltarían calificativos para contar su interpretación que destiló Arte con mayúsculas, sonido increíble, matices extremos, perfecta integración con podio y atriles crecidos ante una figura como el noruego y conducidos todos con una energía siempre atenta a cada detalle de los muchos que atesora el concierto del checo. Desde el Allegro todo sonó distinto a otras veces, no ya por mi ubicación tan cercana que me hizo sentir privilegiado de cada vibración emanada desde el escenario. La textura de la OSPA era cual terciopelo con dinámicas amplísimas desde unos pianísimos casi exhalados (impecables los clarinetes) a unos fortísimos nunca estridentes, ataques incisivos en su punto con momentos quejumbrosos tal y como se exige, fraseos impecables… Y el cello de Mork, música en estado puro, emociones indescriptibles que continuaron en ese Adagio ma non troppo capaz de ponerme la piel de gallina. Como bien escribe Tania Perón en las notas al programa (enlazadas arriba en los autores), «el solista será alternativamente cantante o virtuoso», y escuchar esa cuarta cuerda era placer y dolor, lo más profundo de la fibra humana, esos tintes religiosos que yo casi tildaría de místicos, música de cámara desde lo sinfónico conseguido por la total y común unión de todos los músicos, con solistas pugnando por brillar a la misma altura (qué dúo nos dejó Vasiliev) solista y director en cabeza pero como un gran sonido lleno de infinitos matices y colores donde flauta y oboe pintaron nuevas gamas. Y el Allegro moderato acabó de tocar el paraíso, pegada en los graves, ritmo contagioso, empaste global como nunca, melodías sobrecogedoras, la voz humana del cello y esa explosión final desde un crescendo que arrancó en penumbra para alcanzar el sol en su cénit. Respiración profunda y aplauso interiorizado para una interpretación que me marcará el resto de mis días. Queda ahí la entrevista en OSPA TV.

Si Perry So ha sido asistente del gran Dudamel en Los Ángeles, puede que el aura del barquisimetano haya pasado al de Honk-Kong, pues energía, carisma, carácter, alegría y dominio de la orquesta son casi miméticos aunque el maestro So demostró además una pulcritud en el gesto que no olvidó nada para mayor compromiso y exigencia de todos los músicos, volviendo a dejarnos un sonido propio en dos obras «Made in Usa», primero la joya de Dvorak y después las Danzas sinfónicas, Op. 45 de Rachmaninov. Nuevo muestrario de los valores que nuestra OSPA atesora y aumenta cada curso como el maduro estudiante que no sabe aún cuál es su techo. La instrumentación del ruso afincado en Long Island permitió desplegar una formación donde no falto de nada, pues cerrar temporada y con los invitados de lujo obligaba a estar a la altura. El Non allegro titulado inicialmente «El día» abría este viaje musical con unas maderas formando un corpus único, esta vez con el saxo alto de Antonio Cánovas perfectamente integrado en la familia y alcanzando un lirismo que quedó en el aire a pesar del descanso. «El crepúsculo» vendría con el Andante con moto – tempo di valse donde el maestro So consiguió cotas extremas de calidad asombrosa, una tímbrica compacta pero delineada, ese misterioso 6/8 sin perder el rubato, apoyándose en la baradilla, poniéndose de puntillas para blandir una batuta que dibujaba el torbellino de Kubrick con Shostakovich permutado por un Sergei elegante como nunca. Para concluir «Medianoche» Lento assai-Allegro vivace y el nuevo juego sonoro, texturas y rítmicas, metales broncíneos en su momento álgido de la temporada, percusión inmejorable, madera de lujo y la cuerda que siempre enamora, «Dies irae» contrapuesto al «Bendito seas, Señor», lirismo en la sala a lo largo del concierto para ese inmenso final henchido de emoción y contagiado a todos.

Dejaré posar emociones antes de afrontar el resumen de una temporada plagada de emociones, solistas inolvidables y directores que espero mantengan el contacto, pues entre todos han conseguido llenar de felicidad muchas veladas, y el optimismo debe imperar en estos tiempos difíciles. La cultura es una necesidad, la música el aire que respiramos, y compartir momentos como el de hoy sólo se entienden desde lo profundo del ser humano.

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