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Bach, Messiaen y Alard

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Sábado 22 de junio, 12:30 horas. 73º Festival de Granada. Parroquia de Nuestro Salvador / Grandes intérpretes | +Bach: Benjamin Alard, órgano. Misterios de la Trinidad. Obras de Bach y Messiaen. Fotos de ©Fermín Rodríguez y propias.

En la sesión matutina de mi séptimo día de Festival tocaba subir al Salvador para volver a disfrutar  del magnífico órgano de Francisco Alonso Suárez del que me enamoré el año pasado, así que no quería faltar con el francés Benjamin Alard en su ambiente natural (sin experimentos) y con dos grandes del órgano alternándose, Bach y Messiaen en programa muy bien estructurado, ideal para un instrumento tan versátil en cualquier repertorio, estilo y época, titulado Misterios sonoros y misterios de la Trinidad que las notas al programa del también organista y profesor Pablo Cepeda relaciona con todo el simbolismo (yo añadiría magia ) del número 3, y de aquí el título de mi entrada.

Con un dominio de los registros del instrumento inaugurado en 2001 que ya se ha hecho al templo y va tomando solera, el intérprete francés iría «confrontando» a Bach con Messiaen en una lectura no ya rigurosamente académica, sino con la sonoridad apropiada para cada uno. Así abría con el Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1 (sin «necesidad» de fuga), majestuosidad, tutti impactantes y claridad tímbrica  en manos y pies con los tres registros bien delimitados.

Messiaen y su Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939) supuso cambiar de registro en todos los sentidos, pero creando una atmósfera serenamente inestable, trompetería de dos cornetas dialogantes, espiritualidad y hasta evocación de un canto gregoriano imaginado que Alard elevó por la bóveda de Salvador cual armonio poderoso.

 

Como si quisiese continuar con el canto llano instrumental, vuelta a «dios Bach» y la Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013, dos registros de flauta maravillosa, la respiración continua del fuelle organístico pero el fraseo humano, inmaterializable de ser la original que el kantor también dominaba y feliz en Köthen donde lo sacro no era obligado que Alard huyó del virtuosismo vacuo para ahondar en una sonoridad organística donde los saltos originales parecen más integrados, el aliento lo ponía el fuelle y dando unidad al orden de las obras de este concierto.

 

Adelante sin dejar de fluir la buena música y escritura organística, Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux) que Messiaen comenta y Cepeda recoge en sus notas: «flujo incesante del simbólico río de gracia que fluye en la ciudad celestial. El extraño carácter líquido de la música tiene dos causas: polimodalidad y registración»., cuerpos resucitados y agua de gracia, metáforas granadinas que Alard buscó en un órgano capaz de sonar igual de poderoso con esta «biblia messiaenica» del siglo XX.

El instrumento fue calentando tubos, el organista dedos y llegaba un «bloque Bach» con el coral luterano «Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684, simbolismo de agua y bautismo en un maravilloso juego de manos y registros fluyendo limpios y cristalinos. A continuacion la Trío Sonata nº 2 en do menor, BWV 526, un mundo orquestal en tres tiempos (Vivace – Largo – Allegro) que Alard no solo contrapuso en aire sino en registros siempre claros de los movimientos extremos, con un equilibrio de dinámicas en los pedales fruto de una elección correcta, más un Largo donde «mein Gott» siempre nos hace cerrar los ojos y agradecer tanto a la música (y a la vida) de nuevo con un tres mágico.

 

El «misterio» de esta trinidad tomaba todo el sentido: Alard, Bach y de nuevo Messiaen, Le Mystère de la Sainte-Trinité despedía al compositor francés en las manos de su intérprete y paisano, cierre de la colección de Les Corps Glorieux y exigente para todo organista. Por medio de los timbres que el órgano de la Placeta del Abad esconde y Alard conoce, pudimos comprender lo de «Dios, Uno y Trino«, Padre en el pedal registros graves que retumban, Hijo en la voz central y Espíritu Santo en el tiple, escucha perfecta de los tres, cada uno con su registro pero con la tímbrica y frecuencias perfecta que permiten la feliz unión  o «bendita comunión» organística, estructura tripartita y simbolismo elevado al máximo que personalmente  recreaba contemplando el altar mayor…

 

Para mí y tantos otros Bach es «dios padre de todas las músicas» y hasta Trino así que con él cerraba Benjamin Alard este concierto «a 3», primero la monumental Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530 que como en la 2 sus movimientos conjugan virtuosismo y placidez (Vivace – Lento – Allegro) con la alegría de encontrar el equilibrio siempre estable del tres, teclados de manos y pedalero, una orquesta reducida pero inmensa, con fraseos precisos, pulsación rigurosa, ornamentaciones claras y cerrar desde el principio del Preludio al final de la Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2, forma pura, matemática espiritual donde cada elemento va construyendo un edificio sonoro con los planos de Bach y Alard de arquitecto.

Aplausos y bravos de los muchos madrugadores, algún despistado que se sintió «santificado» en El Albaicín y un regalo que parece flotar en el Festival de Granada: unas improvisaciones de Benjamin Alard sobre el conocido De los álamos, vengo, madre, aún frescas en su mente y en la mía desde hace unos días (más de tres) pero totalmente nuevas este mediodía disfrutando con los registros, jugando y explorando un órgano con solera, seguro, afinado, bien tratado y que necesita aire diario para seguir respirando. El francés lo demostró y Paco Alonso, «padre de la criatura» mantuvo la magia del tres…


PROGRAMA

«Misterios sonoros y misterios de la Trinidad»

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1

Olivier Messiaen (1908-1992):

Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939)

Johann Sebastian Bach:

Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013

Olivier Messiaen:

Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

«Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684

Sonata en trío nº 2 en do menor, BWV 526:

Vivace – Largo – Allegro

Olivier Messiaen:

Le Mystère de la Sainte-Trinité (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530:

Vivace – Lento – Allegro

Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2

Koopman, vitalidad y oficio

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Sábado 1 de julio, 21:00 horas. 72 Festival de Granada, Parroquia de Nuestro Salvador, “Grandes intérpretes”: Ton Koopman (órgano). Obras de Bruna, Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Iglesia del Salvador fue arrasada el 10 de marzo de 1936 por un pavoroso incendio, y reemplazadas por frías imitaciones en hormigón. La maltrecha iglesia, que en su día recibiera el título de “Insigne”, así como cuantiosos bienes, luce hoy en la capilla mayor una imagen del Salvador –procedente de la basílica de Nª Sª de las Angustias–, de Pedro Duque Cornejo, así como un lienzo de la Santa Cena, debida a Pedro Atanasio Bocanegra, y dos retablos procedentes de la iglesia de Santa Escolástica. Y desde 2001 Granada tiene un nuevo órgano versátil construido por Francisco Alonso Suárez donde esta tarde de sábado el infatigable Ton Koopman, tras impartir en la mañana unas clases magistrales para unos pocos privilegiados, disfrutó y nos hizo disfrutar de un concierto basado en sus grandes maestros (Froberger, Sweelinck, Buxtehude y Bach) sin olvidarse de comenzar con una anónima Batalha Famosa en do mayor para ir abriendo tubos, especialmente la trompetería siempre bien dispuesta, y el Tiento sobre la letanía de la Virgen de Pablo Bruna (1611-1679) “El Ciego de Daroca”, explorando las sonoridades del llamado “órgano ibérico” que el del Salvador esconde entre sus muchos registros.

Escuchar al maestro holandés desgranar cada obra es una delicia, pues juega siempre a encontrar los registros apropiados, como un niño con un juguete que además hace magia.
Tras el tributo “hispano” llegaría el barroco potente, primero con Johann Jakob Froberger (1616-1667) y la Toccata II (Libro secondo, 1649) escrita en el denominado stylus phantasticus y desembocando en una giga, una demostración del poderío tanto del órgano como del organista para proseguir con Jan Pieterszoon Sweelinck (1562-1621) y la Echo fantasia «Puer nobis nascitur», un despliegue de registros para alcanzar esos juegos de contestación con tímbricas que recrean ese fenómeno de la naturaleza, y el órgano del Salvador respiró por flautados y lengüetas de todas las medidas.

Los grandes alemanes serían los verdaderos platos fuertes en las manos de Koopman, primero el danés (eso dicen en Helsingør) afincado en Lübeck Dietrich Buxtehude (1637-1707) cuyo Preludio, BuxWV 139 sonó poderoso en un despliegue de registros que la composición pedía, un políptico (como bien explica el también organista Pablo Cepeda en las notas al programa), pues encadena sucesivamente un preludio cuasi-improvisatorio, una fuga, un adagio y una tocata final. A continuación el coral «Wie schön leuchtet der Morgenstern», BuxWV 223, verdadera fantasía al órgano, con algún problema de equilibrio pero siempre apreciable la melodía, para terminar con la Fuga, BuxWV 174, luminosa como el verano danés o alemán, que no vamos a discutir de nacionalidades ya que la música es universal.

Y siendo Ton Koopman su profeta, el “sermón final” sería de Johann Sebastian Bach (1685-1750) con una delicia de obras:

La Fantasía en sol mayor, BWV 572, que comienza en tresillos de registros agudos antes de la poderosa parte central con pedal, a cinco voces que se distinguieron y sonaron nítidas.
Los preludios corales de Bach son un muestrario de recursos a partir de glosar las melodías luteranas, y así fuimos disfrutando de «Wachet auf, ruft uns die Stimme», BWV 645, que incluye la conocida aria de la Cantata 140 con un pedal de trompetería pleno y los flautados que nos transportan a los templos protestantes, después en tiempo de adviento «Nun komm‘ der Heiden Heiland», BWV 659, otro juego de registros con un pedal potente pero sereno.

Lo festivo continuaría con «In dulci jubilo», BWV 729 a cuatro voces donde manos y pies de Koopman volaron juveniles y con el oficio de toda una carrera, ornamentaciones aéreas e improvisadas desde una vitalidad pasmosa, para cerrar los corales con «Schmücke dich, o liebe Seele», BWV 654, complicado de escritura y ejecución por la necesidad de acertar con los registros, entrando todos sin dificultad ni gemidos, respondiendo el órgano a las exigencias del holandés.

Y mejor cierre que la Fuga en sol menor, BWV 578 no podíamos encontrarlo, de extenso desarrollo para que Koopman siguiese “tirando” de vitalidad y oficio. Con el tema conocido por todos los bachianos, voló y sonó cual violín por estilo y sonoridad; cada entrada del tema en una mano y registro le precede otro anticipando el contenido de la siguiente entrada. Maravillosa fuga e interpretación para un público entregado que llenó la iglesia parroquial del Albaicín.

No importaba el esfuerzo ni la edad para el incombustible Koopman que aún nos regaló dos joyas, una bachiana (creo que uno de los corales de Leipzig) y otra que me recordó a las Fantasías de Jean Alain por la búsqueda de registros que resultaron un verdadero muestrario de sapiencia para explotar al máximo los recursos de este potente y versátil órgano joven, casi tanto como un maestro que no parece cumplir años en este concierto vespertino del undécimo día de Festival.

Ton Koopman, Medalla del Festival de Granada 2023

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En el día 8 de festival recibimos una gran noticia: Ton Koopman, clavecinista, organista y director de orquesta será Medalla del Festival de Granada 2023. Hoy tendremos su primer concierto en el Colegio Mayor Santa Cruz la Real a las 22:00 horas, nada menos que con la Pasión según San Juan de Bach, que contaré desde aquí.

Adjunto la nota de prensa:

 

En la última reunión de los miembros del Consejo Rector del Festival de Granada, del pasado 10 de mayo, se acordó por unanimidad la concesión de la Medalla de Honor, con motivo de la 72 edición del Festival, al clavecinista, organista y director de orquesta holandés Ton Koopman por su compromiso con la música de Bach, por su trayectoria musical a lo largo de casi seis décadas en defensa de la interpretación de la música barroca y clásica con criterios historicistas y por su vinculación con el Festival de Granada, donde se presentó en 1988, siendo este año artista residente con tres conciertos, un recital de órgano y una clase magistral en los Cursos Manuel de Falla.

El galardón reconoce la relevancia artística y profesional del artista y su vinculación con el Festival de Granada en el que participó por primera vez en 1988.

La Medalla de Honor que cada año concede el Festival Internacional de Música y Danza de Granada será entregada al prestigioso clavecinista, musicólogo y director holandés Ton Koopman, “por su compromiso con la música de Bach, por su trayectoria musical a lo largo de casi seis décadas en defensa de la interpretación de la música barroca y clásica con criterios historicistas y por su vinculación con el Festival de Granada, donde se presentó en 1988, siendo este año su artista residente con un total de tres conciertos, dos de ellos al frente de su orquesta Amsterdam Baroque, Orquestra & Choir, un recital de órgano y una clase magistral dentro de la 54 edición Cursos Manuel de Falla, tal como ha acordado el Consejo Rector en su reunión celebrada el pasado 10 de mayo. El acto de entrega de la medalla de honor tendrá lugar en el Hospital Real al final del concierto que se ofrecerá en el patio de los mármoles del hospital real el jueves, 29 a las 21 30 horas.

El holandés Tom Koopman (Zwolle, 1944) es uno de los artistas residentes este año en el Festival, en el que actuará dos veces como director de la Orquesta Barroca de Ámsterdam que él mismo fundó (en la primera de ellas, con participación también del Coro), otra dos veces en calidad de organista, en uno de los casos, dentro de un espectáculo del FEX y ofrecerá una clase magistral en los Cursos Manuel de Falla. A punto de llegar a sus 80 años, Tom Koopman no necesita presentación, pues es una de las grandes figuras de la música barroca de las últimas décadas, un continuador de la línea que iniciaron en los años 50 nombres míticos como los de Gustav Leonhardt y Nikolaus Harnoncourt, ya fallecidos.

Su presentación en el Festival será además por todo lo alto con una Pasión según San Juan de Bach que se presentará hoy en el Colegio Mayor Santa Cruz la Real a las 22:00 horas. Cuando llegó a Leipzig en 1723, Bach se impuso la tarea de renovar por completo el repertorio que se escuchaba en las iglesias de la ciudad. Fruto de ese empeño son sus ciclos de cantatas –culminación de toda una tradición que arranca con la misma reforma de Lutero– y sus pasiones, cumbre del arte occidental. El Viernes Santo de 1724 Bach ofreció la primera de ellas, escrita sobre el Evangelio de San Juan, una pasión no tan monumental como la escrita tres años después sobre San Mateo, pero de una cohesión dramática, doctrinal y musical deslumbrante, como han destacado muchos especialistas, que la tienen por obra de culto. Koopman ofrecerá la obra al frente de su Orquesta y Coro Barrocos de Ámsterdam, fundados respectivamente en 1979 y 1992 y con los que, entre otras cosas, registró la integral de las cantatas sacras y profanas de Bach. Como solistas, un sólido cuarteto europeo que forman la soprano Hana Blažíková, el contratenor Maarten Engeltjes, el tenor Tilman Lichdi y el bajo Klaus Mertens.

Ton Koopman
(Zwolle, Países Bajos, 1944)

Director de orquesta, clavecinista y organista. Artista residente del 72 Festival

Ton Koopman es uno de los ejemplos más notables de músico integral entre las filas de la interpretación históricamente informada –por otro nombre “música antigua”– en su triple condición de clavecinista, organista y director de orquesta. El discurrir de su ya extensa carrera profesional ha traspasado la barrera del medio siglo. Pertenece a esas primeras generaciones del movimiento historicista que irrumpieron en la escena internacional desempolvando el pasado musical del Renacimiento y del Barroco, desde el máximo respeto y fidelidad posible hacia la esencia original.

El prestigioso maestro holandés vuelve al Festival de Granada, 31 años después de su última visita en 1992, para ofrecer 5 actuaciones distintas: dos conciertos, un recital de órgano, protagonizará un espectáculo de música y danza barroca para los más pequeños en el FEX y una Clase Magistral en los Cursos Manuel de Falla.

Conciertos en anteriores ediciones del Festival

1988 Orquesta Barroca de la Comunidad Europea. Ton Koopman, director. Obras de Bach y Haendel

1992 Ton Koopman. Recital de órgano. Obras de Arauxo, Cabanilles, Bruna, Bach

Conciertos en 2023

Colegio Mayor Santa Cruz la Real. Amsterdam Baroque Orchestra and Choir. Ton Koopman, dir.

Bach: La pasión según San Juan

Patio de los Mármoles (Hospital Real). Amsterdam Baroque Orchestra. Ton Koopman, dir.

Bach. Ofrenda musical

Parroquia de Nuestro Salvador. Ton Koopman. Recital de órgano. Obras de Bach

En el FEX. Teatro Alhambra. Ton Koopman, órgano. Marieke Koopman. Cecilia

En los Cursos Manuel de Falla. Clase magistral de órgano.

Esplendor organístico en San Jerónimo

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Sábado 24 de junio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Monasterio de San Jerónimo, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Benjamin Alard (órgano). Obras de Muffat, Froberger, Couperin, Correa de Arauxo, Cabanilles, Grigny y Bach. Fotos de Fermín Rodríguez.

Granada es mágica y espectacular. Su Festival Internacional de Música sabe elegir los llamados “marcos históricos” y el Monasterio de San Jerónimo es uno de ellos, más con el órgano original de Fray Francisco Alejo Muñoz, construido en 1727 para el convento de Santa Paula y “salvado” además de restaurado, para este monumento que debía preservar un patrimonio de la humanidad a buen recaudo por las actuales moradoras. Y es que los órganos deben respirar cada día, de nada sirve ponerlos en marcha si les falta el aire vital, por lo que este órgano traído desde Santa Paula hasta San Jerónimo puede mantenerse vivo gracias a los cuidadores y equipo que lo mantiene en marcha, pudiendo disfrutar tras el concierto de su historia y proceso de restauración.

Con Benjamin Alard en este órgano, el intérprete francés trajo un programa que Pablo Cepeda tituló en sus notas al programa “Esplendor barroco”. Y no le faltaba razón escuchando una de las joyas granadinas organísticas con compositores que dieron lustre al “rey de los instrumentos”, desde Muffat a Bach sin olvidarse de nuestros grandes Correa de Arauxo y Cabanilles.

El teclista francés vuelve cuando puede al órgano de sus inicios siempre viajando desde el mundo clavecinista, que le permite dominar la técnica de un repertorio cercano con el añadido de la complejidad tímbrica que conlleva encontrar los registros ideales para cada obra y estilo. La ornamentación correcta es necesaria pero también complicada en este resucitado órgano ibérico, aunque la elección de las sonoridades adecuadas es aún mayor, y Alard encontró lo que buscaba en cada página elegida.

Para ir calentando el “órgano de Santa Paula”, la Toccata tertia y la Chacona en sol mayor de Georg Muffat (1653-1704) fueron llenando los pulmones y respirando hondamente mientras contemplábamos el maravilloso retablo renacentista de San Jerónimo, testigo de una banda sonora desde el “Fray Alejo” en perfecto estado de salud, unión de estilos francés e italiano en este instrumento hispano, música llena de luz a lo largo de la docena de secciones donde el órgano engrandece al clave original, más si es con Alard interpretándolo.

De Johann Jakob Froberger (1616-1667) su Fantasia sopra ut, re, mi, fa, sol, la, FbWV 201 es auténtica lección compositiva que el maestro Benjamin Alard fue desgranando con claridad, virtuosismo y registración ideal desde el hexacordo inicial que va desarrollándolo en ocho secciones, las dos últimas cromáticas más allá del término musical, con una tímbrica ideal para este órgano del XVIII.

Otro de los compositores recuperados sería Louis Couperin (1626-1661) y sus Fantasías (entre las más de 70 obras inéditas publicadas en 2003 tras su aparición en 1957 en Londres, entre ellas siete de las 23 que escuchamos), “piezas breves, audaces y que recuperan incesantemente tema y respuesta” como bien nos cuenta mi tocayo Cepeda. Como toda forma virtuosística en escritura y ejecución, Alard fue desplegando todo el arsenal de un órgano que respondió como un joven a las exigencias del interprete, sin un quejido en un despliegue sonoro impresionante.

Nuestros “dorados españoles” compartieron exquisiteces ofertando de nuevo una paleta tímbrica que en este “ibérico de pata negra” gracias al oficio del intérprete francés, pusieron en valor el órgano hispano tan universal como los “compañeros” que compartieron concierto. Por pares escuchamos a Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) con sus Dos tientos de tiples junto a Juan Cabanilles (1644-1712) y Dos pasacalles, teclado partido muy hispano, diferenciando bajos y tiples, junto al contrapunto del compositor valenciano que los registros buscados por Alard realzaron aún más una escritura autóctona pero universal.

Y el más grande, universal, padre de todas las músicas Johann Sebastian Bach (1685-1750) no podía faltar en un concierto de Benjamin Alard. Muy interesante elegir la Canzona, en re menor, BWV 588 en la línea de fusionar estilos e influencias tras lo escuchado con anterioridad. El Cantor escribe esta “fuga a la italiana” a 4 voces alternando métricas y con el tema en el grave que sobrevolaría libre y claro en el Monasterio de San Jerónimo con nuevo acierto de registros. Limpieza expositiva de la forma fugada, siempre compleja de interpretar para no perderse la “matemática del teclado” que es el quebradero de todo intérprete, aunque Alard la domina en cualquier variante.

Para ir cerrando el “esplendor matutino”, de nuevo Muffat y su Passacaglia en sol menor, la variación virtuosa y rítmica jugando con la tímbrica de este órgano respondiendo “como un campeón” ante las exigencias de un Alard maestro conocedor al detalle de partitura e instrumento.
El mejor remate Nicolas de Grigny (1672-1703) y Point d’orgue sur les grands jeux, de “A solis ortus (Livre d’orgue)”, majestuoso, de graves portentosos y profundos, pedal y sustento donde va construyéndose este edificio sonoro con Alard “maestro de obra” y arquitecto organístico, resucitando músicas que respiraron jóvenes en la mañana granadina, ejerciendo de “maestro de obra” pasado mañana cambiando de paleta y edificio el día 27 (y que me perderé por coincidencias de agenda).

Un éxito de público aguantando desde un silencio respetuoso acorde con el entorno del sacrificado calor sofocante, y alegría comprobar cuántos gestores y melómanos conocidos compartieron “vermut musical”, contando con la presencia de Eliahu Inbal que a las 20:00 h. volverá al frente de la JONDE en el Auditorio Manuel de Falla con una Séptima de Bruckner preludiada por Wagner tras su rodaje jienense con una generación de jóvenes músicos que pronto veremos dar el salto de calidad con los mayores. Pero esto lo contaré en otra entrada, ya de madrugada.

El Bach de Walther

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Martes 4 de octubre, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Pedro, Pola de Siero. Concierto de órgano: Heinrich Walther. Obras de J. S. Bach.

Pola de Siero, villa musical de siempre y con un ciclo de órgano que lleva más de 50 conciertos, como recordó el párroco Fermín Riaño antes del concierto, acogió en un templo abarrotado (con presencia de docentes, músicos, estudiantes y aficionados al órgano llegados de toda Asturias) el tercero de los conciertos de esta gira por nuestra tierra a cargo del maestro alemán Heinrich Walther en el más «germano» de los órganos del Principado y con un monográfico del dios Bach (1685-1750): nada menos que las Seis sonatas en trío para órgano.

El maestro Walther ha elegido para cada uno de los cuatro órganos un repertorio no ya con gusto sino desde su siempre sabia y acertada elección propia y específico para cada uno de ellos. El Grenzing inaugurado hace nueve años, que ya conocía de otras visitas, resultó el instrumento ideal para tan magna obra de «Mein Gott» en una verdadera gesta cual ascensión alpina en el templo «pétreo», coronar estos seis ochomiles donde la «sonoridad germana» confluía milagrosamente: autor, obras, instrumento e intérprete.

Mucha emoción, exigencias técnicas altísimas, la inestimable ayuda del titular poleso Emilio Huerta y la respuesta de un público imbuido del espíritu bachiano consiguieron la comunión perfecta de las sonatas del kantor, el objetivo didáctico de enseñarnos a escuchar cada una de las tres voces pero también para ser estudiado e interpretado probablemente por su hijo mayor (Wilhelm Friedemann), el deleite de percibir cómo la tonalidad barroca se asienta no ya en esa biblia del teclado que es El clave bien temperado (que Walther habrá releído tantas veces), sino en estas seis sonatas en trío, tres en modo menor y otras tres en mayor, la matemática musical de Bach, el número tres siempre mágico y esotérico, tres voces, tres movimientos, cada uno específicamente tratado en los registros del Grenzing de «La Pola» siendo maravilloso comprobar el oficio del kapellmeister, las modulaciones que se entretejen para volver siempre a la tonalidad inicial desde algo más que la dualidad tristeza-alegría perfectamente entendidas por el profesor.

La Sonata nº 1 en mi bemol mayor, BWV 525 (Allegro-Adagio-Allegro) abría la clase magistral, la limpieza expositiva, el fraseo claro, los tempi ajustados, el instrumento «calentando» a esta congregación bachiana en este martes festividad de San Francisco de Asís. La Sonata nº 2 en do menor, BWV 526  (Vivace-Largo-Allegro) nos llevaría al modo menor y relativo de la anterior, sin prisas, meditadas, no importó que la bombarda enmudeciese en alguna nota para seguir paladeando cada una de las otras voces, con unas progresiones de bajo verdaderamente limpias.Y la Sonata nº 3 en re menor, BWV 527  (Andante-Adagio e dolce-Vivace), como ya sucediese en Covadonga,  jugaría con registros equilibrados, balanceados, siempre con el movimiento central cual auténtica meditación del creyente Bach con un lenguaje único e inimitable que su compatriota al órgano entendió antes del último vivace sin excesos de aire pero respetando cada duración, cada paso seguro e implacable marcado en los pentagramas, tras los que tendría que hacer una pausa necesaria tras estas tres primeras cumbres.

Apenas unos tragos de agua, los comentarios del respetable en voz baja tras lo vivido en la primera parte, y las tres sonatas siguientes en un «crescendo emocional» que rompería el silencio desde una entregada interpretación, sentida, pisando terreno conocido que siempre resulta distinto. Primero la Sonata nº 4 en mi menor, BWV 528 (Adagio e Vivace-Andante-Un poco Allegro), el juego de teclados para saborear cada melodía precisa sin que nada turbase los «contracantos» y el pedal virtuoso de corcheas y semicorcheas preciso; después la Sonata nº 5 en do mayor, BWV 529 (Allegro-Largo-Allegro), verdadera explosión de júbilo y sonoridades plenas, las notas largas exactas en duración, para concluir con la Sonata nº 6 en sol mayor, BWV 530 (Vivace-Lento-Allegro) culminando estas dos «sonatas mayores», aire italiano de Vivaldi maridado con la «pasión de Mateo», la alegría del trabajo bien hecho y la emoción del propio intérprete vitoreado por un apostolado que vio en el maestro alemán al Pedro de la primera piedra en esta catedral del dios Bach.

Aún tendría fuerza para regalarnos la Sonata en mi mayor, K380 de Scarlatti, el clavicordio llevado al órgano como sólo Heinrich Walther sabe, instrumentador del teclado que tras el esfuerzo de las seis cumbres, esta bajada al «campo base» resultó como tomar aire fresco y soltar la tensión acumulada.

Este miércoles cerrará esta gira asturiana en el Acitores de Santo Tomás (Avilés) con un programa casi resumen de los tres conciertos a los que he tenido el placer de asistir, disfrutando no ya de verdaderas lecciones para goce de sus seguidores, también de la gran humanidad y cercanía de Heinrich Walther, a quien los asturianos le debemos tanto.

Gracias MAESTRO

Heinrich Walther sigue impartiendo magisterio

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Domingo 2 de octubre, 17:00 horas. XIV Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga»: Heinrich Walther. Obras de Antonio de Cabezón, Jan Pieterszon Sweelinck, J. S. Bach, Usandizaga y Víctor de Zubizarreta.

Segundo de los conciertos asturianos del ciclo de Covadonga que alcanza su decimocuarta edición, echando de menos nuestro desaparecido Festival de Órgano aunque Valdediós parece haber recuperado el pulso organístico. También segundo concierto del organista alemán con otra lección de buen hacer interpretativo  con un programa donde nos dejó seis obras que volvieron a poner a prueba el Acitores de la Basílica  con el propio Federico a pie de obra para que nada fallase.

Un auténtico placer volver a escuchar el gran órgano capaz de expresar como pocos los diferentes estilos y épocas, comenzando con nuestro Cabezón (1510-1556) y su Salve Regina,  el renacimiento hispano del órgano ibérico con registros emulando los de su época que Walther eligió a la perfección con una ornamentación clara y aire reposado, con la inestimable ayuda de Fernando Álvarez, titular del instrumento.

El compositor y organista holandés Jan Pieterszoon Sweelinck (1561-1621) prepararía el camino para el barroco posterior, y en su Psalm 23 (Tres diferencias) podemos apreciar un rico lenguaje modal con una trompetería clara de su época y la técnica de la variación que posteriormente alcanzaría niveles de auténtico virtuosismo. Walther mantuvo la «línea argumental» hispana trasladada a nuestra Covadonga.

Si Johann Sebastian Bach (1685-1750) es un referente musical en general y organístico en particular, de las obras más complicadas de ejecución y registro son sus seis Sonatas a trío, y Heinrich Walther eligió para este primer domingo de octubre la BWV 527 en re menor, una maravilla sus tres movimientos (Andante-Adagio-Vivace) donde eligió con mimo los registros adecuados para poder degustar cada voz, de digitación impecable y duraciones exactas para apreciar todo lo que «mein Gott» volcó en el papel, especialmente el último tiempo de exquisita tímbrica, donde los registros, incluso el «diabólico» pedal, estuvieron perfectamente equilibrados en el Acitores que respondió perfectamente a las exigencias del maestro alemán.

Volvía a sonar la transcripción de 2022 que el propio Walther realizó del I. Andante (1908) perteneciente a la Fantasía para violonchelo y orquesta del donostiarra José María Usandizaga (1887-1915), que en el órgano de Soto del Barco ya me encantase pero con los registros del de la Cuna de España aún brilló más. Sin perder nada de la original, como buen profesor de instrumentación el profesor Herr Heinrich supo darle la sonoridad del órgano con sabor vasco-francés (me transportó a los Cavaillé-Coll) donde el potencial del Acitores puede rendir a tope, y hasta la Voz Celeste o la Voz Humana con el trémolo apropiado, logra una paleta tímbrica más rica que la orquestal con unos Violones que realmente nos llevaban al fraseo del arco desde el pedal o el teclado I mientras los otros dos sugerían toda la plantilla sinfónica.

Sin dejar el País Vasco, del bilbaíno Víctor de Zubizarreta Arana (1899-1970), organista, compositor, pedagogo y director de orquesta y coros, disfrutamos de su Epitalamio, registros para sonoridades propias con las que Walther se identifica plenamente mostrando no ya el amor y conocimiento de las obras  de Guridi, Usandizaga y el propio Zubizarreta, sino el profundo conocimiento del estilo entre siglos con el «aroma francés» que marca estas composiciones.

Para finalizar de nuevo «Bach, mein Gott» y su Preludio y Fuga en mi bemol mayor BWV 552, la contención luterana sin sacrificar el «más puro sonido alemán», registración justa para una nueva lección de claridad expositiva, del sugerente y luminoso preludio a la trabajada meditación de la fuga con que nos deleitó a un público ensimismado con Heinrich Walther, segunda jornada de esta su personal peregrinación asturiana que el martes nos llevará al Grenzing de Pola de Siero.

Heinrich Walther de nuevo en Asturias

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Viernes 30 de septiembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de San Pedro de Soto del Barco. Concierto de órgano: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga y Franck.

Cada visita del organista Heinrich Walther (1959) a nuestra tierra es un verdadero acontecimiento para los amantes del instrumento rey, siempre fieles a la cita, y en esta estancia que arrancaba en un ayuntamiento melómano que siempre ha apoyado al órgano, el músico alemán pasará los próximos días por los órganos de Covadonga, Pola de Siero para recalar finalmente en Avilés (que me perderé por coincidencia con mi «calendario musical»), instrumentos que conoce como pocos.

Sería el alcalde Jaime José Menéndez Corrales quien también organista e impulsor de estos conciertos  en su concejo, presentaría el primero de la gira asturiana de Heinrich Walther, recordando que el órgano parroquial se inauguró en 2010 (reaprovechando el antiguo de Santo Tomás de Avilés) y desde entonces han dado conciertos en él grandes intérpretes nacionales e internacionales, incluyendo el propio Walther en los años 2012 y 2019. Aplaudir a Jaime por volcarse con los necesarios cuidados de un instrumento que necesita seguir sonando, funcionando y en perfecto estado de mantenimiento, pudiendo tomar nota tantas autoridades que están dejando pudrirse literalmente otras joyas organísticas, algunas a pesar de ser «Bien de Interés Cultural«.

El trabajo de un organista no sólo consiste en la técnica y especialmente la registración, nunca hay dos instrumentos iguales. Sumemos el el trabajo diario en busca de repertorio nuevo o la ardua labor de transcribir obras de otros instrumentos para el órgano o directamente las páginas sinfónicas que en el instrumento rey alcanzan nuevos colores.

Heinrich Walther eligió para el «resucitado Acitores de Soto» tres compositores ideales para un órgano que se ha asentado con el tiempo y mejorado sonoridades, comenzando con «el padre de todas las músicas», Johann Sebastian Bach (1685-1750), imprescindible para intérpretes y melómanos, esta vez el Preludio y Fuga en mi bemol mayor, BWV 552. Sin necesidad de muchos cambios en los registros, el maestro Walther afrontó con claridad de fraseos, combinaciones y transiciones de teclado increíbles y pedal en su justa presencia, tanto el impresionante preludio como la siempre exigente fuga, en una gama de matices que el instrumento sacó a relucir como pocas otras veces. Respeto total al estilo de El kantor en este órgano a la orilla del Nalón que nos transportó de la Alemania luterana a la Asturias católica desde la espiritualidad que sólo la música de órgano alcanza. Primera lección vespertina con «Mein Gott».

Hace años que el profesor Walther se enamoró de la música de José María Usandizaga (1887-1915), del que está transcribiendo muchas de sus obras, caso de la Fantasía para cello y orquesta de 1908, cuyo primer movimiento (Grave, Andante) ya estrenó este año en Logroño, siendo nuevamente un placer escuchar el trabajo del alemán para recrear una obra como la del donostiarra. La sabia elección de los registros (ayudado por José María Martínez a lo largo de todo el concierto) nos permitió descubrir matices nuevos con todo el respeto al original pero que escuchado al órgano tiene todo el aire francés de los compositores que acudieron a la Schola Cantorum parisina por la que también pasaron varios españoles como el propio Usandizaga.

Y manteniendo en el aire ese aroma francés del compositor vasco, nada mejor que César Franck (1822-1890) y su Sinfonía en re menor para concluir este concierto en tres movimientos: Lento-Allegro non troppo; Allegretto; Allegro non troppo, la última versión de 2020/21 con la que Walther lleva muchos años de trabajo casi cual orfebre, y no es de extrañar porque la labor de transcripción alcanza cotas increíbles de calidad, otra auténtica recreación de esta sinfonía orquestal. La obra original, de la que se atacó la orquestación juzgándola de «espesa» por sus largos desarrollos y continuas modulaciones, calificándose también de «wagneriana», se ha escrito igualmente que «llegó a ocupar un lugar privilegiado en el repertorio de las grandes orquestas, aunque en la actualidad está de nuevo un tanto «olvidada»». La explotación de un tema único consigue rememorar sinfonías de Bruckner y evita también la fragmentación, y Walther la entiende a la perfección con una increíble combinación de registros y pedal de expresión que nos descubren tímbricas propias engrandeciendo las orquestales. A cada movimiento le otorga un sentido propio pero manteniendo claro el motivo principal que pasa de un teclado a otro con un juego sonoro donde el órgano del Bajo Nalón se comportó a la perfección. Los arreglos y adaptaciones tecnológicas al «Acitores» han hecho posible todo un abanico de sonidos que no sólo recuerdan las distintas secciones orquestales sino las casi infinitas posibilidades del órgano. Flautados penetrantes, un violon celestial, lengüetas afinadas y en general toda la tubería respondió a la paleta desplegada por el maestro alemán, fiel a la partitura orquestal a la que dota de nueva vida sin perder nunca la sonoridad francesa tan reconocible. Una verdadera lección que sólo este viernes hemos tenido en Soto del Barco. El domingo Covadonga volverá a recibirle y la música del órgano llenará la cuna de España en manos del otro alemán al que ya consideramos hijo adoptivo de nuestra tierra.

Covadonga de puente

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Domingo 10 de octubre, 17:00 horas. Clausura del XIII Ciclo de Conciertos Órganos de Covadonga: Felipe López. Obras de Ximénez, Buxtehude, Bach, Reger, Guilmant y Tournemire.

Covadonga siempre cita obligada aunque un puente de su homónima virgen mañica no sea la mejor fecha para el respeto que se debe al Real Sitio, su Basílica y la música de órgano. Mejor quedarse en Cangas de Onís donde la mañana reunía quesos, miel y pasacalles de mi banda del Ateneo Musical de Mieres. Cual parque temático que decía una querida amiga presente en el concierto del titular de San Ginés, se hacía difícil concentrarse tanto los fieles como al intérprete que pondría el punto final a un ciclo de larga trayectoria tras trece años.
Desconozco si es la penitencia por el pecado inicial del compositor con apellido de uva dulce cuya batalla quedó en refriega y sin munición apropiada, pese a tener la mejor artillería asturiana, igualmente pecado venial con el ídolo alemán-danés por quien peregrinaría Mein Gott seguro con más devoción que los turistas en busca de la foto, Dietrich sin fuga ni chacona preludio de gula, pues mientras el inicial coral ya profetizaba la partida con alegría, la fuga de «Mi Señor» resultó literal tras un preludio cual verdadero Via Crucis.
Al menos con el compatriota Reger, igualmente enterrado en la ciudad del Kantor, llegaría la absolución, y ya libre de pecado, el organista madrileño se merendó Bolognesa marina del francés Guilmant, una verdadera plegaria meditada de bellos trémolos antes de repicar las campanas parisinas con el natural de Burdeos al final del concierto, bendición mariana de Nuestra Señora en la Cuna de España, más un postre gastronómico-musical digno de Rossini con alegría mozartiana.
El Acitores de la Basílica sonó mejor con acento romántico francés, pues el alemán barroco no alcanzó el auténtico espíritu ni esencia de los dos grandes. Cierto que Felipe López es una autoridad del órgano nacional, al que tampoco faltaron los nervios provocados por un murmullo molesto, mas el «instrumento rey» gestado en Torquemada no perdona, por lo que hasta dar con los registros, el sonido y el equilibrio justo entre teclados y pedal, hubo que esperar el duro camino penitencial germano antes poder ir en paz francesa donde el madrileño sí mostró lo mejor de este intérprete que cerraba el decimotercer (no creo en la superstición) ciclo otoñal donde mi admirado Heinrich Walther puso el listón tan alto que se hizo imposible superar la marca.
PROGRAMA

Clausura en casa

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Viernes 13 de agosto, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Susana G. Lastra (órgano). Obras de: Soler, Correa de Arauxo, Galuppi, Martín y Coll, Cabanilles, Froberger, Haydn y Arquimbau. Entrada libre por inscripción.

Llegamos a la clausura de este décimo ciclo de órgano con el concierto de la maliayesa Susana García Lastra predicando nuevamente con el ejemplo a las teclas (antes del próximo en tierras catalanas) y no solo desde la organización de esta cita imprescindible en el verano asturiano para melómanos y amantes del órgano, también los muchos turistas que se acercan a visitar y disfrutar este rincón mágico de nuestro Paraíso Natural, completando otra vez el aforo reducido con todas las medidas de seguridad e higiene en tiempos de pandemia, demostrando siempre que la cultura es segura cuando hay responsabilidad por parte de todos.

La máxima conocedora del instrumento «de casa» seleccionaría un programa adecuado a las posibilidades de la joya de Valdediós, en el que la gran organista local realizó un recorrido europeo por el Renacimiento, Barroco y Clasicismo, con alguna obra ya escuchada en conciertos anteriores pero disfrutando de la magia del directo, siempre irrepetible pues nunca es igual por registros ni interpretación, esmerándose y trabajando incluso a «seis manos» en un derroche sonoro para dejar en todo lo alto la música de tecla que sonó a lo largo de estos cuatro conciertos y llenando de luz un día grisáceo en el casi vaciado valle monacal.

Para abrir boca y oídos así como los «pulmones» del instrumento de viento por excelencia, nada mejor que el Padre Antonio Soler (1729-1783) con una amplia selección de sus Versos para “Te Deum”, jugando con registros variados gracias a la ayuda de dos compañeros luchando con los tiradores de una madera a la que los cambios meteorológicos afecta igual que a la lengüetería pero donde la música bien tocada cura todos los males.

El indispensable Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) repetiría en Valdediós con el Tiento de quarto tono (1626), dedicado a John Mortimer, un artista local muy querido y fallecido recientemente, haciéndolo extensivo a todas las víctimas del Covid que siguen dejándonos aún en estos días, y manteniendo la proyección de su obra «Un diálogo infinito» con el tiento como banda sonora.

Saltando a Italia hasta la laguna veneciana, conocido como Il Buranello, Baldassare Galuppi (1706-1785) cuya Sonata en re (Allegro – Largo – Allegro e spiritoso) jugó con los timbres para cada uno de sus tres movimientos, sin importar que en el último «no quisiese entrar» el registro buscado, para retomarlo rápidamente a gusto de una intérprete que buscó la limpieza y exactitud en todo.

Atravesando el Mare Nostrum del reusenc Antonio Martín y Coll (ca. 1680-1734?), otro habitual en los programas organísticos, degustamos Obra de falsas cromáticas, música rica en escritura y tímbricas ejecutada con primor y sonando luminosa en el órgano monacal, nueva clase de la profesora Lastra en «su órgano».

Atribuída a Juan Cabanilles (1644-1712), la Corrente italiana tampoco podía faltar en un órgano barroco por responder fiel a la historia y aunando los gustos del momento así como la música anterior y posterior que sonaría de nuevo este segundo viernes de agosto, siempre distinta y única jugando con el tempo y los timbres, grandeza del único lenguaje universal.

Asimilando las escuelas francesa e italiana, el alemán Johann Jakob Froberger (1616-1667) es un referente organístico y su Toccata III in Sol M toda una prueba de fuego para los «teclistas»: variedad de registros en esta virtuosística forma que resonó grandiosa en las centenarias paredes de Valdediós cual catedral germana en tiempos barrocos. Y continuando con los anglosajones, un anónimo inglés atribuido a John James (s. XVIII) y una de las formas típicas de su época, Voluntary en la menor (Adagio-Allegro),  dos movimientos contrastados en todo, recreando la sonoridad británica exportada al continente, para proseguir con la Marche (Flötenuhrstücke, Hob.XIX) de Franz Joseph Haydn (1732-1809) que forma parte de las llamadas  piezas para órgano mecánico en la misma línea de su contemporáneo Mozart, que también sonaría en el ciclo, pero que Lastra prefirió engrandecerla con una registración plena más allá de los «tubos callejeros», manteniendo la marca Haydn de principio a fin.

El regreso a tierras hispanas con Domingo Arquimbau (1760-1829) cuyo Baile de Seises representa el mejor espíritu sevillano del compositor catalán, Maestro de Capilla en la catedral hispalense transportado al Monasterio de Valdediós por la magia del órgano, más cuerpo sonoro que en el anterior concierto apostando por tubos menos cortos y alternando registros en los distintos aires ceremoniales de los niños catedralicios también disfrutados hace unos años en Pamplona.

Y nada mejor que terminar este «viaje musical» tal como lo iniciamos: Correa de Arauxo y su Tiento tercero de Sexto Tono sobre la primera parte de la Batalla de Morales (1626), exprimiendo todo el poderío tímbrico de los grandes registros de esta joya organística para poner no el punto final sino un deseado punto y seguido del undécimo ciclo (para 2022), con la esperanza de mantener la buena salud de un instrumento que necesita seguir respirando como nosotros con todo el mimo de su conservación, necesitada de inversión pública y privada para una sanidad también cultural.

El regalo de Susana a su madre cumpliendo años redondos fue una selección de tres temas asturianos más allá de la tonada, elevados al concierto organístico, comenzando por Soy de Mieres (que me autodediqué) aunque dice también «… y en Villaviciosa vivo», finalizando con nuestro Himno, amplia paleta sonora barroca de fin de fiesta en el BIC Grenzing para este tríptico de clausura en casa, regional e internacional por su música e intérpretes.

Trompeta regia en Valdediós

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Viernes 30 de julio, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Johannes Skudlik (órgano): «La trompeta real«. Entrada libre por inscripción.

Segundo concierto del ciclo maliayés, de nuevo con aforo completo para escuchar al organista titular de Landsberg en Alemania, Johannes Skudlik (Munich, 16 febrero 1957)  criado en Barcelona, con un programa variado, eligiendo lo mejor de la música de tecla ibérica y europea, muy trabajado y plenamente adaptado a la sonoridad del órgano de Valdediós que volvió a sonar imperial y también llevará al órgano de Turull (Morella) dentro de su Festival Internacional de la ciudad castellonense. De momento Villaviciosa sigue siendo capital del instrumento rey y el público sigue apoyándolo, cumpliendo con todas las restricciones y medidas de higiene, sin importarle la climatología astur (hoy afectando la afinación de la lengüetería) y agotando las entradas disponibles, porque «La Cultura es segura» además de necesaria.

El director del Festival Euro-Via comenzó su amplio recorrido musical con varios de nuestros ilustres españoles: el valenciano de Algemesí Juan B. Cabanilles
(1644-1712) y su barroca Battaglia Imperial, casi obligada en el órgano de Valdediós para «desatascar» las trompeterías siempre reales de las que presume este BIC, continuando con el renacentista sevillano Francisco de Peraza
(1564-1598) del Tiento de registro alto de 1° tono, registrando en solitario, pasando hojas y luchando con los primeros gemidos del instrumento lucieron con oficio en las manos del alemán.

Siguiente parada en Tudela (Navarra) con Andrès de Sola
(1634-1696) que ejercería en La Seo zaragozana, cuyo Tiento de medio registro de mano derecha de 1° tono mantiene en auge esa forma instrumental típica de nuestra escuela ibérica, verdaderas fantasías virtuosísticas que exigen limpieza en ejecución y exactitud en los registros, como así demostró Skudlik, finalizando este primer periplo con Pedro de San Lorenzo
(del siglo XVII): Obra de 1° tono de registro de mano izquierda. De nuevo la afinación algo desigual debido al efecto de la humedad y especialmente de la baja temperatura no nos impidió disfrutar de unas partituras a las que el órgano maliayés le van como anillo al dedo.

No podía faltar el genio Wolfgang Amadeus Mozart
(1756-1791) con su Andante für eine Walze in eine kleine Orgel KV 616, un juguete para pequeño órgano mecánico, siempre grande en escritura y buscando esos registros agudos de flauta que nos transportan a las calles musicales europeas.

Tras el austríaco, tres sonatas ibéricas en este repaso «formal»: del portugués Carlos Seixas
(1704-1742): su Sonata XVI en tres movimientos (Allegro, Adagio, Minuet), originalmente para clave pero adscrita a la llamada «música de tecla«, que al órgano resultan más exigentes por la figuración exacta. También del valenciano de Onteniente Vicente Rodríguez Monllor
(1685-1760) otra Sonata, referente hispano de esta forma, para continuar con la Sonata del gerundense y monje en Montserrat Anselmo Viola
(1738-1798), ya en pleno clasicismo y haciendo todo un recorrido histórico comprobando la evolución de la sonata que seguiría después con dos nuevos ejemplos en un órgano poderoso que necesita respirar a diario porque lo agradece, aunque el clima de este valle sea su peor enemigo y hasta se empapiza cuando el verano se convierte en invierno astur.

Si de sonatas se trata no podía faltar el considerado como su padre, «El Bach de Berlín» Carl Philipp Emanuel Bach
(1714-1788) con la maravillosa Sonate a-moll Wq 70,4, tripartita y organística a más no poder y equiparable sin complejos a la siguiente de nuestro Antonio Soler
(1729-1783), el padre catalán cuya Sonata de Clarines sacó lengüetería y trompetas al aire de Valdediós combinando registros variados plenamente acertados aunque no siempre limpios al oído.

Quedaría cerrar este programa titulado «La trompeta real» (registro que casi todos los órganos poseen y este especialmente) con una Batalla Famossa, anónima española del siglo XVII para poner a máximo rendimiento y «pleno pulmón» esta joya organística de nuestro patrimonio cultural. Sobre la «Batalla» o «Batalha» añadir que fue muy apreciada por los compositores ibéricos del renacimiento y el barroco que se llevará a Hispanoamérica; muchas composiciones que aparecen como anónimas generalmente fueron realizadas por los religiosos que vivieron durante este periodo y en el que su oficio secular les permitía copiar o crear estas obras musicales como una habilidad más dentro de sus funciones eclesiales. El papel que el clero ha aportado a nuestra historia de la música merece una honda reflexión y nuestro órgano ibérico es la mejor voz, siendo el de Valdediós destacada, más en las manos de un maestro como Johannes Skudlik. Excelente repertorio el de este veterano intérprete y defensor del instrumento rey.

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