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Cuando los sueños se cumplen

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Viernes 9 de junio de 2023, 20:00 horas. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), ADDA Ópera: «La Bohème» (Puccini).

Crítica para ÓperaWorld del sábado 10 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Llegaba «La Bohème» al Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) con todo vendido para las tres funciones programadas (7, 9 y 11), en la producción de Emilio Sagi más rentabilizada desde su estreno allá por el año 2000 en el Teatro Campoamor de Oviedo (“La Viena Española”), y con un elenco conocido y de conocidos, con calidad e ilusión, compañerismo y complicidad entre todos.

Esta «Bohème de Sagi» continúa el sueño del director valenciano Josep Vicent, titular desde 2015 de la ADDA·Simfónica Alicante por traer la ópera a un auditorio que no es un teatro (con telón y telares), la orquesta situada delante del escenario en una disposición “exprofesso” y todo el esfuerzo que supone adaptar esta conocida producción, un desafío que necesitó mover un equipo con más de 150 personas. El tándem Sagi-Vicent tras la «Carmen» de noviembre 21, y con algunas de las voces repitiendo este segundo título más complicado aún, Alicante lo esperaba y la respuesta ha sido total, con el público aplaudiendo cada aria y el final en pie. Como reza el dicho, “querer es poder”, la apuesta arriesgada resultó ganadora y hasta interesante comprobar cómo funcionó todo, cambios a la vista aplaudidos (menos que en la primera), y como apuntaba en la prensa local el director un “toque de modernidad” sin perder nada del color o ambiente previo al mayo del 68 de esta «Bohème ADDA».

Si de sueños hablamos, está claro que el de toda Musetta es cantar Mimì, y la soprano asturiana Beatriz Díaz no solo lo cumplió sino que volvió a demostrar que Puccini escribió para ella. No solo ofreció una auténtica lección de canto con una gama de matices donde los pianissimi son increíbles por la proyección y unos crescendi con delicadeza, musicalidad unida a un fiato abrumador, sino que su personaje lo delineó de principio a fin. Sencillez del primer acto en buena respuesta a Rodolfo “Mi chiamano Mimì”, un conjunto inocente en el “Momus” siempre claro por emisión y presencia, el impactante y exigente tercer acto pasando de la desesperanza (“O buon Marcello” en otro dúo más para recordar) al consuelo que corta la respiración, y no digamos el último acto donde su voz fue toda el alma de Mimì, poesía en estado puro cantada con el hálito vital y cristalino, poniéndonos la piel de gallina y consiguiendo tras su muerte un silencio sepulcral, el consiguiente suspiro del público y la explosión de júbilo bien merecida para un sueño hecho realidad con todo el auditorio en pie.

Rodolfo es el contrapunto para lucirse tanto en sus arias como dúos y concertantes, y el mexicano Ramón Vargas volvió a dejarnos buena prueba de lo que supone dominar las tablas, mantener un color vocal homogéneo y transmitir todo el sentimiento que Puccini escribió para este enamorado atormentado. Desde la buhardilla inicial, la esperada “Che gelida manina” con gusto y agudos siempre bellos, hasta ese “Mimì” de llanto cantado también con alma pucciniana y respuesta esperada tras una muerte trágicamente delicada. Rodolfo y Mimì triunfantes en esta ópera que emociona siempre, el amor apasionado y torturado, cantado y sentido por estas dos voces que se encontraron bien arropadas por sus compañeros y una orquesta a su servicio.

La otra pareja bohemia son Musetta y Marcello, encarnados por la valenciana Luca Espinosa y el asturiano David Menéndez. La soprano también evoluciona desde su irrupción y provocación en el célebre vals “Quando m’en Vo’” con volumen y definición suficiente, el conjunto del tercero, contraste de parejas y colores pero igual de entregados, con el final casi susurrado que el ambiente contagió. El barítono que cantó tantos Schaunard también soñó y llegó a este Marcello que se hizo de rogar pero en este momento con la voz ideal para ese pintor casi omnipresente en la obra, dramáticamente perfecto, rotundo y contenido porque así se dibuja, “conjuntos de buhardilla” de gran actor y mejor cantante, compañero confidente y amigo de Mimì, celoso enamorado de Musetta, empastes ideales con el resto de voces para cuadrar esta doble pareja que aún llegaría al póker.

El filósofo Colline y el músico Schaunard comparten ático parisino con Rodolfo y Marcello, también acción y concertantes de compañerismo lírico: Manuel Fuentes (aplaudido antes de finalizar su “Vecchia Zimarra”) y Manel Esteve, feliz reto de amigos, cómplices para echar a Benoit y duelo en el amplio sentido de la palabra (también en el sentimiento). El tenor malagueño Gerardo López también de casero al “paganini” Alcindoro remataría este septeto vocal en una ópera de pasión.

Y Puccini no dejó nada al azar, un coro que llena acción y pasajes mixtos y por color, muy bien la Coral ADDA y excelentes los niños (los “xiquets” de Crevillent), con profesionalidad y desparpajo en el conocido “Parpignol” al que sumar un mimo (desconozco quién de los figurantes) que ayudó a cerrar con humor el segundo acto pidiendo aplausos para ellos así como a la banda de tambores, cornetas y tambores.

Capítulo aparte se merece el también valenciano Josep Vicent con otro sueño cumplido, “hacer ópera” en este auditorio, y esta vez titánica por el esfuerzo que ha supuesto armar «La Bohème de Sagi» que brilló con todas las voces pero gracias también a su ADDA-Simfònica Alicante sonando plegada a los deseos del titular. La ubicación delante del escenario colocando las secciones para adaptarlas a este espacio de acústica perfecta, no fue obstáculo para que el maestro sacase de ella un sonido impecable, preciosista, todo el color sinfónico de Puccini al servicio de las voces, con una gama dinámica rica, excelentes primeros atriles y destacando especialmente sus pianissimi casi camerísticos. Batuta precisa, gestos claros y conocedor de todos los recursos de una formación joven pero madura por su ejecución.

No podemos olvidarnos que en territorio valenciano hubo tres asturianos triunfando: Beatriz Díaz, David Menéndez y Emilio Sagi, en esta “su producción” por la que no pasan los años. Con la misma libertad de sus personajes, la complicidad escenográfica con los siempre recordados amigos carbayones Julio Galán y Pepa Ojanguren, con la universalidad de la música de Puccini que trasciende el tiempo y seguirá emocionando al público “dejándonos claro que la juventud se alejó; que Mimì ya no va a volver más” (en palabras de Sagi) aunque la ópera siempre la resucita y mañana al finalizar la tercera función no bajará el telón, solo se apagarán las luces para seguir soñando.

Ficha:

Auditorio de la Diputación de Alicante -ADDA-, viernes 9 de junio de 2023, 20:00 horas. ADDA Ópera: «La Bohème», ópera en cuatro actos. Música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la novela “Scénes de la vie bohème” (Escenas de la vida bohemia) de Henri Murger. Estrenada en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896. Producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

RODOLFO: Ramón Vargas – MIMÌ: Beatriz Díaz – MARCELLO: David Menéndez – MUSETTA: Luca Espinosa – SCHAUNARD: Manuel Esteve – COLLINE: Manuel Fuentes – BENOIT ALCINDORO: Gerardo López.

PARPIGNOL: Jesús García – ADUANERO: Pedro Garcinuño – SARGENTO: Victor Alcañiz – FRUTERO: Víctor Marquina – UNA NIÑA: Sara Gallardo – FIGURANTES: José Juan Díax, Liam CVlark, Agripa Hervás.

DIRECCIÓN MUSICAL: Josep Vicent – DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi – VESTUARIO: Pepa Ojanguren – ESCENOGRAFÍA: Julio Galán – ILUMINADOR: Eduardo Bravo.

Orquesta ADDA·Simfònica, Coral ADDA (Orfeón Crevillentino, directora: Isabel Puig; Coro del Teatro Principal, director: Luis Seguí; Compañía Lírica Alicantina, director: Christian A. Lindsey), Coro de niños ADDA (Escola de la Federación Coral de Crevillent, directora: Isabel Puig).

Beatriz Díaz debuta Mimì en Alicante

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Miércoles 7 de junio de 2023, 20:00 horas. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), ADDA Ópera: «La Bohème» (Puccini).

Crítica publicada en LNE del viernes 9 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Con todas las entradas agotadas para las tres funciones programadas (7, 9 y 11), llegaba «La Bohème» más asturiana al ADDA en la producción mejor rentabilizada y exitosa de Emilio Sagi desde su estreno hace 23 años en “La Viena Española”, con un reparto conocido, de calidad y además español, si me dejan adoptar al tenor mexicano.

Llevo años diciendo que Puccini parece haber escrito “exprofeso para la soprano Beatriz Díaz tras escucharla en su ya consolidada y dilatada carrera, interpretando los distintos roles del compositor de Lucca por escenarios de medio mundo, quien como “toda Musetta aspira a ser Mimì”, y al fin llegaba su día en Alicante con un auditorio preparado especialmente para esta producción carbayona de Sagi, todo un esfuerzo de nuestro escenógrafo más internacional, un reto inmenso junto a Josep Vicent, director musical desde 2016 por representar esta “Bohème alicantina” y sesentera con una apuesta que necesitó un equipo con más de 150 personas para el desafío de desplazar, preparar y adecuar el ADDA para una escena sin telares, reforzando el suelo, adaptando toda la tramoya y decorados para asistir en directo a los cambios, lo que supone de por sí un “toque de modernidad” como el titular Vicent comentaba en la prensa local, sin perdernos nada del colorismo y ambiente parisino previo al mayo del 68 ideado por el ovetense. Éxito corroborado pues no faltaron los aplausos para todo el equipo.

Y si Sagi es siempre seguro para la escena, las voces de este primer jueves bohemio sumaron en la mejor dirección con un reparto de lujo encabezado por dos asturianos más: la allerana Beatriz Díaz junto al castrillonense David Menéndez, dos voces que conozco desde sus inicios líricos y que tras años de cantar en teatros de Europa, América o Asia, debutaban como Mimì y Marcello.

La soprano de Bóo nos volvió a poner la piel de gallina en una interpretación única, derrochando todo el dramatismo de su personaje en los cuatro actos, desplegando su reconocida y amplia gama de matices con una voz siempre presente, llegando a cada uno de los rincones del inmenso auditorio, y con una orquesta de más de 60 músicos delante (que no debajo). Si en el primer acto asombró con sus pianissimi siempre cristalinos, incluso saliendo de escena, el empaste con el Rodolfo mexicano fue vocal pero también emocional, aumentando la carga interpretativa en un tercer acto con el dúo primoroso junto al “Marcello Menéndez” y el cuarteto principal derritiendo la nieve, para en el cuarto toser y morirse como nadie, cortando el aire en este gigantesco edificio que no se vino abajo por el triunfo de esta Mimì que no olvidaremos y hasta podemos retitular con “BóoEmE”.

El Rodolfo del mexicano Ramón Vargas sería compañero perfecto de “La Mimì Díaz”, tenor de raza (aunque no se contemple esta categoría vocal), referente desde hace años en su cuerda, manteniendo no ya la profesionalidad sino un timbre personal y el color hermoso para este rol, añadiéndole la experiencia sobre las tablas. Modelando el sonido, emisión bien proyectada unida a su presencia escénica y el gusto habitual del tenor, en los números de la buhardilla con sus “compañeros” empastó y ayudó a brillar al resto, y las escenas con Beatriz Díaz en feliz entendimiento, esperado para esta pareja que interpretaron nuevamente este drama como sólo Puccini los escribía.

Enorme y en su línea de canto habitual el Marcello de David Menéndez, de voz rotunda, madura, recreando este rol tras pasar por muchos Schaunard, con paralelismo personal a la evolución de la protagonista femenina: paisanaje, amistad y profesionalidad lírica de tantos años, con un dúo del tercer acto que no pudo tener más química, gusto, complicidad y sentimientos compartidos y cantados con el alma.

Puccini escribe para las voces protagonistas sin olvidarse de las mal llamadas secundarias, pues el armazón musical y argumental se logra con todas ellas. Y de justicia destacar cada una de ellas: la Musetta de Luca Espinosa (compañera de “fatigas” en muchas “Carmina Burana” de La Fura con Díaz y la batuta del propio Vicent), juego tímbrico no siempre perfecto en ambas sopranos pero con la misma entrega y pasión, brillando en su segundo acto. Otro tanto para los Schaunard de Manel Esteve, bien conocido en el Teatro Campoamor, barítono solvente y seguro completando y compartiendo buhardilla parisina junto a otros dos compañeros impecables: el Collline de Manuel Fuentes y el “doblete” de Gerardo López (Alcindoro / Benoit) para todo este “cast” de casa.

De la escena nada nuevo que no conozcamos ya en Oviedo, pues Emilio Sagi con el vestuario de Pepa Ojanguren y la escenografía del siempre recordado Julio Galán sigue tan actual como hace dos décadas, más para este trabajo adaptándolo con todas las garantías a un escenario que debemos recordar es auditorio, no teatro.

El maestro valenciano Josep Vicent, implicado con estos proyectos desde su anterior Carmen de noviembre 2021 (repitiendo varias voces en esta Bohème), llevó toda la producción a lo más alto, mimando las voces de manera exquisita y extrayendo toda la riqueza pucciniana de su Orquesta ADDA·Simfònica de dinámicas amplias, junto a la Coral ADDA y los “xiquets” sobre las tablas en el conocido Parpignol junto a la banda que en esta tierra es un plus, para redondear una “BooM” donde hubo muchos asturianos no solo sobre las tablas. Un miércoles para el recuerdo y la emoción que Puccini sigue levantando.

Tesoros navarros

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Miércoles 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1668: Sofía Esparza (soprano), Rinaldo Zhok (piano). «Canciones para una reina»: Homenaje a Arrieta y Gaztambide. Obras de E. Arrieta, J. Gaztambide, Martín Sánchez Allú y Dámaso Zabalza.

Escribe la doctora María Encina Cortizo en las notas al programa, y que daría una conferencia el día anterior complementaria para este concierto, en otra excelente iniciativa de la filarmónica gijonesa, como máxima autoridad que es la berciana en los estudios biográficos del compositor de Puente de la Reina: «El patrimonio musical español del siglo XIX sigue conteniendo tesoros desconocidos, como revela el programa de este concierto, que reúne fragmentos de los compositores navarros Arrieta y Gaztambide», y algo tiene esa tierra que atesora tanto talento musical, incluyendo a la soprano Sofía Esparza (Pamplona, 1994) que nos trajo con el pianista italiano, afincado en esa tierra, Rinaldo Zhok (Trieste, 1980), parte imprescindible en las recuperaciones que ambos han llevado al disco el pasado año para conmemorar no solo el bicentenario del nacimiento de Emilio Arrieta (1823-1894), también el de su amigo Martín Sánchez Allú (1823-1858), otro compositor y pianista a rescatar del olvido, o el anterior aniversario del tudelano Joaquín Gaztambide (1822-1870), todos presentes en este recital donde disfrutar parte de la música que también escuchaba la reina Isabel II, de quien Arrieta fue su profesor de canto (además de director de la Escuela Nacional de Música de Madrid), pero de más «realeza» como la infanta María de la Paz de Borbón, la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena a quien sumar otras «reinas de la lírica» en la corte española de su época como bien recoge Rinaldo Zhok en el libreto del doble CD.

Verdaderos «Tesoros desconocidos de Arrieta y Gaztambide» como titula las notas mi querida María Encina, comenzando por el gran Don Emilio de quien pudimos escuchar cinco canciones para comprobar su capacidad para crear melodías desde el conocimiento belcantístico en sus años milaneses, pero también la inspiración y conocimiento de la voz, para quien escribe unas melodías plenamente líricas, con un piano tanto propio para ellas como «apunte orquestal» en la selección que nos hizo el dúo Esparza-Zhok, letras incluidas en el programa de mano, perfecto complemento para una escucha que nos llevaría por una pequeña muestra del buen hacer de un compositor formado en Italia que es mucho más que el compositor de Marina, aunque fue la que le encumbrase, como pudimos reconocer en la impresionante Gran Fantasía sobre «Ildegonda» de Emilio Arrieta sobre su ópera de 1845 editada en 2004, página de concierto escrita por el virtuoso salmantino Martín Sánchez Allú, en la línea de tantas paráfrasis sobre los compositores de ópera del momento, la forma de hacerlas llegar al público en las veladas de los salones del XIX, que seguro escucharían a otros navarros como Sarasate.

El virtuosismo al servicio de las melodías de óperas como esta primera de Arrieta que apuntaba ya muy alto, o la de Dámaso Zabalza (1835-1894), íntimo amigo suyo y fallecido el mismo año, coincidencias del destino, cuya Fantasía sobre «Marina» de Emilio Arrieta para piano, Op. 103 de nuevo refleja la importancia de un músico que marcó tendencia en su momento. Impresionante esta doble interpretación del maestro Zhok, quien también presentó cada bloque, e intercaladas entre las canciones y romanzas no solo para dar descanso a la voz, también para valorar a dos grandes pianistas y compositores contemporáneos de los dos homenajeados este miércoles en el Jovellanos. El pianista de repertorio, mucho más que acompañante, investigador y capaz de pasar de estas intervenciones solistas a las compartidas en las canciones o a las siempre complejas reducciones orquestales para piano, auténtico soporte vital en este recital desde Gijón.

De las canciones de Arrieta, la voz de la soprano pamplonica mostró todas las virtudes de una lírica que además dramatiza cada página, desde las dos primeras La zingara (alla polacca), virtuosismo vocal sobre un poema de Adela Curti (1810-1845) casi aria operística, a La melancolía sobre el poema «Presentimiento» (Ensayos poéticos, 1848) de Juan Federico Muntadas, unión emocional entre texto y música, voz y piano sumando y rezumando lirismo que podría firmar años más tarde Tosti. Como suelo escribir a menudo, la música engrandece los textos y más en este estilo tan italianizante pero propio de Don Emilio, canciones de concierto que parecen el banco de pruebas de sus grandes producciones. Y otro tanto con las tres siguientes, diferentes en ánimo y expresión: ¡Pobre Granada! compuesta para ayudar con otros compositores a las víctimas del terremoto de la capital nazarí en 1885, el estilo llamado «alhambrista» de Los ojos de las niñas (1857), seguidillas sobre un poema de José Selgas (1822-1882), amigo y correligionario del compositor, danza hispana tan recurrente en nuestra literatura musical con el gracejo de Esparza, abanico incluido, y la «vestimenta» pianística de Zhok, o L’addio di Eleonora a Torquato, tercera canción italiana sobre un poema de Felice Romani de nuevo con aire belcantista que personalmente me recordó el M’appari de «Martha» (Flotow) por el dibujo melódico y el piano tan delicado, demostrando que Arrieta conocía a los grandes la ópera que triunfaban en Europa.

Del segundo operista navarro y contemporáneo de Arrieta, escucharíamos al tudelano Gaztambide con reducciones para soprano y piano, siempre auténticas «locuras», de varias romanzas de zarzuela que Sofía Esparza volvió a interpretar, en el amplio sentido de la palabra, dramatizadas, bien vocalizadas, matizadas y fraseadas junto a un inmenso Rinaldo Zhok, ya cantadas en Madrid el pasado septiembre en el Teatro de la Zarzuela, comenzando por la Romanza de Berta «Pasó la noche» (de la zarzuela Catalina), la curiosa y en cierto modo pícara Canción de Baltasara «Al ver que uno me camela» (Casado y soltero), la Romanza de María «Ay yo me vi en el mundo desamparada», de la más conocida de sus zarzuelas, El Juramento; la Cavatina de Conchita: «Como es la vez primera», de la zarzuela
En las astas del toro, la mejor expresión de nuestro género por excelencia. Para cerrar recital, la «Malagueña y Jota del Tá y del Té» «¡Ay!, yo me enamoré del aire… Y al mirarte sonreír» (Los caballeros de la tortuga). Cinco páginas donde pasar de unos registros a otros, aires y estilos tan operísticos como de raigambre hispana caso del último «doblete» pasando de la malagueña a la jota tan española (y navarra), romanzas de títulos poco (o nada) representados pero escogidos números ideales en la voz de la soprano pamplonica con el magisterio del maestro repertorista imprescindible en recuperar estos tesoros desde Navarra y traerlos al público.

El regalo y avance del siguiente trabajo del dúo recuperando obras de otro grande como Barbieri con la canción El negrito de su entremés «Los dos ciegos«. Complemento de lo más idóneo para redondear estas canciones que nos hicieron sentir realeza del siglo XXI en Gijón.

A la salida más felicitaciones a los intérpretes que gentilmente atendieron al público y firmaron ejemplares del disco con la primera integral de las canciones de Arrieta (en el concierto sólo una breve muestra) y que bien merece la pena adquirirse, escucharlas repetidamente y leerse un libreto que forma parte de la musicología de nuestro tiempo junto a las partituras, con el directo siempre irrepetible.

Dolores que son alegrías

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Jueves 27 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo),  XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Crítica para Ópera World del viernes 28 de abril, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Continúa en “La Viena Española” la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español nada menos que conmemorando el centenario del fallecimiento del salmantino Tomás Bretón (1850-1923) y su ópera (o drama lírico) «La Dolores» con una producción a lo grande, como se merece, con aforo completo para las dos funciones que ya piden ampliarse, y muchas ganas de disfrutar este título tan poco representado del autor de «La Verbena de la Paloma».

Oviedo tiene un prestigio ganado que sólo admite obras de gran nivel pero apostando igualmente por recuperar nuestro patrimonio lírico. Y la producción llegada del teatro de la madrileña calle Jovellanos (que pudieron disfrutar en la capital a finales de enero y principios febrero) hubo de apretarse un poco para este espectáculo de primera con casi un centenar de artistas en escena más otros tantos músicos dentro y fuera de las tablas, sin reparar en nada: gran orquesta, banda de música, rondalla, amén de dos coros, adulto e infantil, junto a bailarines, acróbatas, gigantes y cabezudos, por lo que armar en el Campoamor semejante grandeza supongo serían los únicos “dolores” dado que el resultado fue una auténtica alegría, sumándole la presencia en los papeles principales de muchas voces conocidas de la tierra, todo ello comandado por el ovetense Óliver Díaz que domina toda la materia prima de este gran drama lírico de Bretón.

Casi tres horas de espectáculo a lo grande que fue creciendo como la propia partitura del salmantino, un preludio en cada acto que incluye la escenografía de Amelia Ochandiano con unas acrobacias especiales, bellísimas plásticamente (sobre todo en el onírico acto final), haciendo lucir aún más las partes instrumentales donde la Oviedo Filarmonía brilló con luz propia, manteniendo el poderío incluso en los concertantes que por momentos taparon las voces solistas, aunque también los hubiese de buen balance gracias igualmente a la potencia de algunas voces que sobresalieron por volumen, entrega y buen gusto según fue avanzando la representación.

La banda fuera de escena, dirigida por David Colado, también se lució encajando tímbrica y rítmicamente con el foso. La rondalla langreana quedó algo atrás en dinámicas aunque en la última jota pudimos disfrutar de unas bandurrias mucho más presentes, bien ajustadas desde el podio y empastadas con la orquesta.

La partitura de Bretón está llena de detalles wagnerianos, italianos y hasta franceses sin olvidar el aire español, cambios estilísticos que el maestro Díaz intentó subrayar y encajar, siendo probablemente el más completo la famosa jota Aragón la más preciosa del primer acto, con todas las voces “Grande(s) como el mismo sol” incluyendo una Capilla Polifónica que no tuvo mayores problemas con ella, volcándose en esta popular página, destacando el excelente cuerpo de baile donde las castañuelas mandaron y marcaron. Con todo sigue siendo el momento esperado, emocionante y tan aplaudido que se bisó desde el dúo de joteros.

Si la escena fue bien pensada acercándola a los años 50 con un vestuario acorde y los decorados adaptables a cada acto, esta ópera romántica necesita de voces sutiles, flexibles y capaces, exigentes por tesitura y expresión buscando jugar con los colores ante los “duelos” de barítonos o tenores que plantea esta magna ópera del compositor salmantino.

La soprano cubanoamericana Monica Conesa, debutante en Oviedo, fue una Dolores para recordar. De voz corpórea, homogénea con graves suficientes y agudos nunca excesivos manteniendo no ya el color sino la gran expresión de su personaje a lo largo de toda la obra, despuntó desde su seductora aparición en el primer acto, pasando por los desafiantes y enérgicos dúos con Melchor, hasta con los de Lázaro, el intimista “¡Vencida estoy por mi cruel destino!” de la novena escena del segundo acto, o ya en el tercero su aria “Tarde sentí cuitada…” y el dúo final. Expresiva, valiente, jugando con los registros para coquetear y enamorar a todos pero arreada como buena maña a quien la copla atormentará, al igual que al pueblo de Calatayud.

En este ambiente verista, el canario Jorge de León encarnó un Lázaro que comenzó incómodo por tesitura y terminó siendo de los más aplaudidos según fue entrando en calor, tanto en el “madrigal” del segundo acto como en el maravilloso dúo final “¡Dolores mía!” tan operístico, una pareja de voces dejándose la piel con un papel endiablado, que fue creciendo expresivamente desde unos agudos claros para este tenor valiente y arrebatador.

La joven mezzo asturiana María Heres debutaba en un papel principal sobre las tablas que lleva años pisando en el coro y comprimaria, por lo que su Gaspara resultó ideal para ella: segura en su línea de canto, buena proyección y dicción, escena bien trabajada y sobre todo un color de voz que redondea este personaje. De madrina de Lázaro en el segundo acto, creyente, además de eficiente mesonera al inicio y cómplice con Dolores en la escena cuarta del último acto (“¡Infame, infame sirvienta!”) o con su ahijado (“Mentira me parece… Lázaro… ven… soy yo!”), de una madurez fruto de mucho estudio, esperando más papeles como este para seguir viéndola crecer en el difícil mundo de la lírica.

Como casi siempre los villanos dan mucho juego argumental y por supuesto vocal, así que el Melchor del tarraconense Àngel Òdena volvió a triunfar con un rol de “malo y traidor” que le va como cuando canta: “así Dios me formó, cruel, violento”, sobrado de volumen pero amplio en matices, su color se diferenció por todo con Rojas y Patricio en este “duelo baritonal”, empastando con todas las voces, poderosos sus dúos con Dolores para redondear otra sobresaliente tarde en un Oviedo que le quiere.

Al asturiano David Menéndez le correspondió dar vida a un andaluz sargento Rojas con esa vis de acobardado cómico que le va muy bien; vocalmente fue mejorando desde el segundo acto con los esdrújulos casi rossinianos (“En cuanto de la música el paso doble escúchese…”), aunque no se le notase cómodo en un papel originario para bajo, y sonó convincente en sus recortados, por exigencias del guión, “Soldado valiente…” o la “Soleá”, saliendo corneado aunque a salvo.

Otro tanto del rico Patricio, un Gerardo Bullón siempre seguro en escena, armando un buen tándem con Rojas, cómica la escena de los regalos para Dolores, cerrando un trío de barítonos con mucho que cantar para diferenciarse dramática, vocal y expresivamente.

Excelente el tenor almeriense Juan de Dios Mateos como Celemín, de timbre bello y buena proyección vocal que le permitió mantenerse claro en todas sus intervenciones, siendo muy sentido en el tercer acto con Lázaro (“Pues solos un momento”).

No son las coplas la especialidad del asturiano Juan Noval-Moro ni las jotas de Bretón totalmente de Aragón. Algo tirante “en las alturas” y mejor a dúo con Celemín, en su última intervención “Si vas a Calatayud…” estuvo más cómodo y seguro.

Ya destaqué el excelente cuerpo de baile y a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que algo desigual mantuvo el tipo en esta difícil ópera de Bretón, pero dejo para el final al Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” por su profesionalidad bajo la dirección de Cristina Langa. Es maravilloso cómo se desenvuelven en escena cantando tan natural, verdadera cantera coral asturiana que funciona a la perfección, toda una experiencia que no olvidarán nunca.

“Salud al noble pueblo de Calatayud” y larga vida a esta Dolores para que nos siga dando alegrías.

Ficha:

Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 27 de abril de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Reparto:

DOLORES: Monica Conesa – LÁZARO: Jorge de León – MELCHOR: Àngel Ódena – GASPARA: María Heres – ROJAS: David Menéndez – CELEMÍN: Juan de Dios Mateos – PATRICIO: Gerardo Bullón – CANTADOR DE COPLAS: Juan Noval-Moro – HOMBRES: Adrián Begega, Sergey Zavalin – BAILARINES FIGURANTES: Miriam Abad, David Acero, Hugo Aguilar, Enrique Arias, Cynthia Cano, Elisa Díaz, José Molina, Concepción Mora, Daniel Morillo, Lucía Prada y Pablo Viña – ACRÓBATAS: Cleyra Membrilla, Giada Ottaviani y Myriam Rojo.

DIRECCIÓN MUSICAL: Óliver Díaz – DIRECCIÓN DE ESCENA: Amelia Ochandiano – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Juan Gómez Cornejo (AAI) – COREOGRAFÍA: Miguel Ángel Berna – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ESCENA: Ana Barceló – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ILUMINACIÓN: David Hortelano – ASISTENTE DE COREOGRAFÍA: Estíbaliz Barroso – COORDINADOR DE ACROBACIAS: Roberto Gasca.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez), Banda de Música “Ciudad de Oviedo” (dirección de la banda: David Colado), Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” (dirección de Cristina Langa), Rondalla de la “Orquesta Langreana de Plectro” (directora: Seila González).

Cantares de “La Vía de la Plata”

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Miércoles 8 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica (Oviedo), Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. Cantares de la Vía de la Plata, María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Guridi, Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.
Critica para Ópera World del jueves 9 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La llamada “Canción de concierto” española no tiene nada que envidiar a la alemana, francesa, británica o italiana, alcanzando en muchos compositores niveles muy exigentes que pueden ser la causa de su no mayor difusión, aunque forman parte de los estudios de canto conformando una base de repertorio que debe tenerse siempre cerca. En nuestros días continúa escribiéndose para voz y piano en esta línea que toma todos los estilos posibles, con la inspiración en la canción popular, el folclore real pero también el imaginado hecho viaje musical.
Y los conciertos de canciones españolas no pueden faltar en nuestras centenarias sociedades filarmónicas entre las que se encuentra Oviedo, que ofrecía este miércoles un programa desde Andalucía hasta Asturias, composiciones escritas por españoles, vascos, catalanes o aragoneses porque así de rico es nuestro patrimonio, lo popular desde el Renacimiento hasta el pasado siglo con la visión del exilio, interior o real.
La soprano ovetense María Zapata, tras su éxito como Elvira en el “Ernani” que cerraba la 75ª temporada de ópera ovetense, cambiaba la escena por la “música de salón” y subía con el pianista Aurelio Viribay al Teatro Filarmónica para hacernos viajar por la Ruta de la Plata, tan fructífera en intercambios, idas y vueltas históricas a las que la música nunca ha sido ajena, y así nos lo demostró este dúo de larga trayectoria en estos repertorios.
Para comenzar las Seis canciones castellanas de Jesús Guridi (1886-1961), vitoriano como el maestro Viribay, inspiradas en tierras abulenses y escritas para la película “La malquerida” como nos explicó el pianista y catedrático de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Exigentes por su amplio registro vocal, la más conocida es “No quiero tus avellanas” pero escucharlas todas supone no ya un regalo sino todo un esfuerzo, cambios de ritmo y aires, riqueza de la tierra cercana con melodismo popular y “armonías francesas” sin perder la esencia. Así las interpretaron a dúo con protagonismo compartido, voz poderosa y sentida con piano más que mero acompañante, una de las características de la canción española.
Uno de nuestros grandes compositores a rescatar de un olvido histórico es el tarraconense Robert Gerhard (1896-1970), nacido en Valls, hijo de padre suizo y madre francesa, exiliado tras la Guerra Civil a Inglaterra (como nuestro Torner) donde desarrollaría su carrera. Sus cuatro canciones tradicionales andaluzas, tituladas “Cante jondo”, son verdaderas joyas (Rondeña, Boleras sevillanas, Malagueña y Zapateado), inspiración universal desde esos ritmos tan típicos que con la música del catalán alcanzan un cénit que finaliza en el complicado zapateado para la soprano y el pianista, el remate “jondo” de esta primera parte.
María Zapata no olvida la ópera, continúa estudiando roles, y en este viaje musical pudimos escuchar del ilerdense Enrique Granados (1867-1915) La maja y el ruiseñor también conocida como Quejas, de su ópera “Goyescas” compuesta en el exilio parisino con material previo de la suite de seis piezas para piano, esta vez escuchando la más popular y famosa de ellas convertida en aria, versión con soprano y piano, fascinante el diálogo rapsódico con el ruiseñor, la maja Rosario en este drama de celos entre su amante Fernando y Paquiro que la desea. Delicadeza vocal, expresividad, buena dicción más el piano “orquestal” de Aurelio Viribay, una lección lírica que como dice la letra “¡Misterio es el cantar…”.
El barcelonés Fernando Obradors (1897-1945) fue un gran compositor, director de orquesta y pianista, que escribió muchas obras para voz y piano como buen conocedor de todos los recursos a utilizar, nieto e hijo de pianistas y casado con una cantante, estudiando como tantos otros en París que dará la visión “clásica” a lo popular, destacando la musicalización de La casada infiel: romance gitano de Lorca. Igual de inspiradas son sus tres volúmenes de las Canciones clásicas españolas (1921-1941), con un estilo nacionalista en boga pero con su particular e inimitable estilo. Zapata y Viribay eligieron tres de ellas, “Consejo” (Cervantes), la maravillosa “Del cabello más sutil” y “El Vito”, voz que se eleva por encima de lo popular y piano virtuoso como era de esperar de Obradors, cuyo archivo musical se conserva en la Sociedad Filarmónica de Las Palmas que lo adquirió tras el fallecimiento del compositor.
Y para llegar al fin del viaje, la visión del turolense Antón García Abril (1933-2021), otra víctima el Covid, sobre Canciones asturianas, catorce melodías conocidas por populares pero también inspiradas en nuestro rico folclore sin perder su propio lenguaje musical y resistiendo los dictados de las modas a las que el maestro García Abril combatió con un domino de la melodía en todas sus composiciones, que el cine o la televisión ayudaron a popularizar en gran parte. Originalmente escritas por encargo del tenor asturiano Joaquín Pixán que las grabaría en 1984 junto a la Orquesta Filarmónica de Londres dirigida por el toresano Jesús López Cobos, el propio compositor haría el arreglo para voz y piano (también grabado por Pixán junto a Rosa Torres Pardo en 2007 publicado dos años más tarde) que en muchos conciertos del tenor cangués contó con el pianista Mario Bernardo, y éste revisó con permiso del compositor una versión para viola y piano con Cristina Gestido, llevando y ampliando estas “canciones de concierto” siempre enriquecidas desde la versión original cantada con textos del poeta langreano José León Delestal. Difícil elegir entre todas ellas, el dúo Zapata-Viribay optó por la popular Ella lloraba por mí a partir de la tonada “Cuando salí de Cabrales” que ya recogiese Eduardo Martínez Torner (Oviedo, 1888 – Londres, 1955) en su “Cancionero de la lírica asturiana” (1920) siendo habitual la interpretase al piano en sus conferencias, o Juan Hidalgo en el “Cancionero de Asturias” (1973). Excelente modelo de orquestación para un folclore tan rico como el asturiano, una melodía bien cantada y sentida, arropada por un piano hermoso y complejo desde su aparente sencillez, más dos originales del propio García Abril con letra de León Delestal: El canto del urogallo, cantada y sentida por ambos, cerrando con Madre Asturias que da título a las grabaciones y es mucho más que un homenaje a los emigrantes lejos de la “tierrina”, más emoción por la soprano asturiana desde Madrid, enorme, heroica y exigente para los dos intérpretes, aún más en esta “reducción orquestal” que difícilmente iguala el original pero que el vitoriano defendiendo esta asturiana del turolense volcaría toda su experiencia y magisterio sobre las 88 teclas en estos repertorios españoles, colofón en casa de una música siempre cercana y no suficientemente escuchada, menos en vivo.
María Zapata nos regalaría la conocida romanza de la criolla Cecilia Valdés, homónima de la zarzuela cubana estrenada en 1932, compuesta por Gonzalo Roig (1890-1970), españoles en La Habana donde tantos asturianos emigraron. Cómoda en este rol y con el seguro Aurelio Viribay desde el piano “llevándola de la mano” en los cambios de ritmo tan típicos de esta obra de la lírica hispana, que ya la escuchase en el Museo Arqueológico ovetense dentro de su ciclo veraniego en 2019 por estos mismos intérpretes. Un buen viaje musical con nuestra canción de concierto universal.
Ficha:
Teatro Filarmónica (Oviedo), miércoles 8 de febrero de 2023, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). “Cantares de la Vía de la Plata”, obras de Guridi Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.

Acercando el canto lírico

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Sábado 4 de febrero, 20:00 h. Auditorio «Teodoro Cuesta» (Mieres): “¿Cómo se canta Ópera? Curiosidades del canto lírico” por Abraham García (bajo-barítono), Verena Menéndez (piano), Dalia Alonso (poetisa). Entrada libre.

El mierense Abraham García lleva años buscándose un hueco en el difícil mundo de la lírica, y como tantos otros, su vida ha estado más centrada en Italia que en casa, hablando como todos nosotros pero ya con acento italiano. Poco a poco van saliendo papeles secundarios, primer paso para los grandes roles líricos que aún le esperan, y ya ha debutado en el Campoamor, donde volverá los próximos  23 y 25  abriendo el XXX Festival Lírico de Oviedo.

Para un público variopinto y de todas las edades, con mucho humor y totalmente didáctico, Abraham fue explicando desde los tipos de voces hasta las tripas de la Scala milanesa, no solo la escena, el foso o la platea sino todos los pasos que encierra el montaje de una ópera, vestuario, zapateros, maquillaje, utillaje… Anécdotas varias, explicaciones del papel que juegan los agentes artísticos o los críticos, por supuesto los directores de orquesta, las correcciones e incluso algunos datos técnicos, todo bien medido y explicado, sentándose al piano como Elton John (y mejor que el mediático Ramón Gener, otro barítono pero el catalán truncado cambiándose a «divulgador musical»). Incluso no faltaron los ejemplos musicales, con la poetisa Dalia contando y traduciendo las partituras a cantar que desde el piano completaría Verena.

Hubo tiempo para aclarar dudas, contestar preguntas y cerrar esta charla concierto de unos 80 minutos, con un formato muy válido y exportable que daría para muchas más «clases», complemento de los talleres que ha dado en el Conservatorio de Mieres. Está bien conocer las exigencias del buen canto, la preparación, todo el trabajo vocal y por supuesto el escénico, buscando convencer desde la voz, lo que se comprobó en los tres ejemplos elegidos.

De ópera pudimos escucharle primero la canzonetta –con mandolino al piano- Deh vieni alla finestra del «Don Giovanni» (Mozart), un papel que le va perfecto al barítono mierense.

Otro tanto el Colline de «La Boheme» (Puccini), con el aria Vecchia zimarra perptechado con la «chamarra» e intetando combatir el frío exterior, explicando la escena junto al lecho de muerte de Mimì.

Y el último ejemplo cantado por cercanía en el tiempo, defendiendo nuestra zarzuela (tan difícil como la ópera), aprovechando su presencia en el próximo «Pan y toros» (Barbieri), la canción popular «El perulillo» (Por lo dulce las damas) medio en caló del torero Costillares, e imaginándonos a Abraham vestido de rosa y oro para una faena, esta vez vocal.

Si nada lo impide estaremos en el Campoamor para seguir comprobando la evolución del «mierense con voz grave».

 

 

 

 

 

 

Viernes de “Ernani” accidentado y equilibrado

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Viernes 3 de febrero de 2023, 19:30 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo: «Viernes de ópera«, Ernani (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Fotos propias y de las RRSS.
Critica para Ópera World del sábado 4 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La septuagésima quinta temporada ovetense, la más antigua de España tras el Liceu barcelonés, y de la que debemos seguir presumiendo para que no existan agravios con otras ciudades como tristemente sucede, está a punto de bajar el telón, así que no podíamos faltar a la función denominada “Viernes de ópera”, una oportunidad de asistir a la ópera con precios populares, de 10 € a 60 €, para escuchar unas voces que están buscando poco a poco su protagonismo en el siempre arduo trabajo de la lírica. Y la Ópera de Oviedo lleva años dándoles la oportunidad de formar parte de algunas producciones como en este quinto título verdiano, poder subirse a escena tras varias semanas de duros ensayos con todo el elenco. En esta penúltima función del «Ernani» de Verdi pudimos comprobar el buen estado vocal de la soprano asturiana María Zapata y del barítono gallego Borja Quiza más los debutantes este viernes de jóvenes incluso en el público: el tenor guatemalteco Mario Chang (ganador del “Francisco Viñas” en 2011 y “Operalia” 2014) junto al bajo italiano, esta vez “gafado”, Christian Barone. Un cuarteto protagonista que comparte reparto con el resto del reparto para las cinco funciones, presente en todas las representaciones, algo también digno de resaltar como explico a continuación.
Y quiero comenzar con la mala suerte del bajo Christian Barone al que desde su primera aparición le notamos problemas de emisión, verdadera pena pues su registro grave parecía redondo pero sin volumen ni cuerpo, agravándose a medida que transcurría el primer acto, hacha en mano marcando la pulsación, carraspeando, sufriendo con él y casi “mascándose la tragedia” transmitiendo el nerviosismo lógico a todos. Tras la bajada del telón al acabar el primer acto, el director general y artístico Celestino Varela comunicaría por megafonía (la inicial en asturiano no fue pateada, como era previsible) que ante los problemas que le impedían continuar ¿por afección? sería sustituido por Gianfranco Montresor, al que hubo de darle tiempo para prepararse y afrontar los tres actos restantes, con un breve descanso de diez minutos no previsto que ayudaría al cambio de decorado y vestuario del “sustituto”. Una verdadera lástima ver así truncado el debut ovetense del bajo italiano en esta ópera tan exigente para cada una de las voces, especialmente las del cuarteto protagonista, lo que precisamente hace difícil representar este «Ernani» con un reparto homogéneo, que en el primer y frío viernes de febrero brilló con luz propia. Felicitar a toda la Ópera de Oviedo la rápida sustitución al tener al primer reparto bien localizado ante estos imprevistos y buscando lo mejor para todos.
Si el domingo escribía sobre el poderío vocal, esta vez, y tras las tres representaciones anteriores, sí hubo fuerza pero también buen balance en las dinámicas tanto vocales como orquestales, con una OFIL a la que el maestro Callegari hizo sentirse segura en el foso, más contenida en los tiempos y matices, con una obertura bien llevada y destacando las intervenciones solistas de Sara Chordá (cello), Julio Sánchez (clarinete bajo) y Danuta Wojnar (arpa) del tercer acto, el más completo del este viernes.
Nuevamente el Coro “Intermezzo”, que dirige Pablo Moras, funcionó con su solvencia y profesionalidad habitual, cada vez más seguro tras unos mínimos desajustes iniciales -adelantándose a la orquesta- destacando especialmente las voces graves en cada aparición, desde el “Bebamos” inicial hasta la brillantez del penúltimo acto con los conspiradores cantando “Que despierte de nuevo el León de Castilla”, más los conjuntos globales, especialmente en el cuarto acto, donde hubo empaste entre todas las cuerdas, buen gusto además de escena, algo estática para este «Ernani» pero que ayuda a la colocación de todos para una mejor emisión, incluso la figuración de la ESAD que se desenvolvió muy bien en todas sus entradas, más coordinados y situados. Hasta la iluminación estuvo más correcta que en la primera función dominical, pudiendo disfrutar del rico vestuario de época y el brillo de espadas.
Si hablo de equilibrio en esta cuarta representación, quiero comenzar por los mal llamados “secundarios” que esta vez no tuvieron que luchar contra volúmenes excesivos, pudiendo disfrutar más y mejor de sus intervenciones: la ovetense Mª José Suárez como Giovanna, el Don Riccardo del catalán Josep Fadó, ambos con más presencia y vocalidad clara, sin olvidarme del Jago de Jeroboám Tejera, redondeando todo ellos con sus intervenciones esta penúltima función.
A Gianfranco Montresor no solo reconocerle su rápida incorporación desde el segundo acto, lo que pudo en cierto modo descentrar al resto, pues todo fue encauzándose en los siguientes actos, tardando poco en encajar los “tempi” con el foso. Su Silva ganó enteros en volumen respecto a la primera dominical, disfrutamos de sus arias y en los concertantes se sumó al buen nivel global del cuarteto protagonista.
La ovetense María Zapata nos dejó una Elvira muy trabajada vocal y escénicamente. Su voz fluye sin problemas en todo el amplio registro, comenzando con un vibrato algo molesto que fue controlando para ganar en belleza, aplaudida tanto en las arias como en los dúos, tríos y concertantes. Hubo química con el “bandido” Ernani, valentía con el “viejo” Silva y “fuerza aragonesa” con Don Carlo, el trío masculino al que sumó el buen quehacer de un papel tan exigente que dominó siempre con “color verdiano”, defendiendo su rol con gusto, matizado y poderoso en su justa medida. Una alegría comprobar la progresión de la soprano asturiana que ya me gustó en la breve Angélica del segundo reparto en el estreno de «La Dama del Alba» abriendo temporada el pasado mes de septiembre, y recibiendo grandes aplausos al finalizar este quinto y último título.
Otro conocido y querido del Campoamor es el gallego Borja Quiza que nos dejó un Don Carlo creciendo a lo largo de la ópera, de menos a más como todos… No solo mostró sus excelentes cualidades de actor, enriqueciendo enormemente el papel, también su momento de madurez vocal aunque comenzase algo irregular (cada primera aparición de los protagonistas les obliga a darlo todo “en frío”), dando la sensación de estar rozando la afinación correcta para ir centrándose y afianzándose más en cada acto: potente, valiente e incluso brillante en la evolución dramática de su rol, cantando el “Gran Dio” del tercer acto ante la tumba de Carlomagno, que arrancaría algún bravo ante la entrega y buen hacer en esta bellísima aria para barítono. Nuevo éxito del coruñés con gran ovación en los saludos finales.
Esperaba un poco más del debutante en Oviedo, aunque con años de trayectoria profesional al otro lado del Atlántico (Met, Los Ángeles o Washington), el guatemalteco Mario Chang. Tenor de color vocal adecuado, aunque personalmente “extraño” para Verdi que pide una voz entre el belcanto romántico y el nuevo perfil buscado por el genio de Busseto, todo un reto para su cuerda por lo extenso y la obligada además de necesaria dosificación. Pero que como el resto del cuarteto protagonista iría ganando enteros desde su primer aria “O tu che l’alma adora” hasta su último dúo a base de buen gusto, emisión suficiente, matizada línea de canto, así como empaste en el resto de las intervenciones, y el final con Elvira “Non ebbe di noi miseri” cantado con la emoción del momento. Habrá que seguirle en otros roles como los puccinianos que seguramente le vendrán mejor, pero su aportación resultó perfecta en pos del equilibrio de todo el elenco vocal.
Una 75ª temporada de celebraciones que llega a su fin este sábado hasta la próxima, y que tendrá siete títulos con dos programas dobles) de septiembre a febrero: las velas de cumpleaños las soplaremos con “Manon” de Massenet (como en 1948), dos títulos del famoso tríptico de Puccini (“Il Tabarro” y “Gianni Schicchi”), otro doblete con la vuelta de la ópera española de Falla al Campoamor (“Goyescas” y “El retablo de maese Pedro”), el casi imprescindible Verdi de “La Traviata”, para cerrar con el “Lohengrin” de Wagner. Esperamos seguir contándolo desde aquí.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 3 de febrero de 2023, 19:30 horas. “Viernes de ópera”. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Ernani” (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Edición musical y propietarios: Casa Ricordi S. R. L. Milán.
ERNANI: Mario Chang – DON CARLO: Borja Quiza – DON RUY GÓMEZ DE SILVA: Christian Barone (Acto I) / Gianfranco Montresor – ELVIRA: María Zapata – GIOVANNA: Mª José Suárez – DON RICCARDO: Josep Fadó – JAGO: Jeroboám Tejera. DIRECCIÓN MUSICAL: Daniele Callegari – DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Giorgia Guerra – DISEÑO DE VESTUARIO: Fernand Ruiz – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sylvain Geerts.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Un drama que pide clemencia

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Domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo: Ernani (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Fotos propias y ©OperaOviedo.
Critica para Ópera World del lunes 30 de enero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La temporada de ópera ovetense llega a su quinto y último título en estos 75 años, con el «Ernani» (1844) de Giuseppe Verdi (1813-1901), que se representó en Asturias por vez primera en el Teatro del Fontán de la capital un 15 de septiembre de 1849 y hacía ya 20 años desde la última vez, retomando casi como costumbre cerrar el ciclo con “un Verdi”, aunque yo solo recuerde con admiración uno de 1983 (Bruno Rufo, Luisa Vanini y el siempre genial Matteo Manuguerra que ya era “como de casa”). La capital del Principado disfrutó esta primera función porque se notó en las ganas de aplaudir cada aria o conjunto, y hasta el pateo inicial a la megafonía en asturiano ha bajado el volumen respecto a anteriores primeras funciones. Pero no sería por un volumen más que suficiente el de este quinto título verdiano, estrenado en Venecia, y que marcará su “iter hispanicum” del que María Sanhuesa escribe en un libreto siempre para guardar: Ernani, Trovador, La Forza y Don Carlo.
Si Verdi tuvo problemas con los cantantes para el estreno, en Oviedo se acertó con las voces, todas conocidas más dos debutantes que redondearon un reparto muy compacto, especialmente en el trío protagonista (más que cuarteto) como comentaré posteriormente. Una producción “antigua” de la ópera real belga en Wallonie que traía a mi memoria las de mi juventud, totalmente válida, uniendo un elegante vestuario de Fernand Ruiz, la buena figuración del alumnado de la ESAD gijonesa (Robin Alexander de Bruine Sánchez, Oskar Fresneda Uribe, Carlos Jurado Hipólito y Senén Menéndez Valera) y todos los participantes sobre el escenario, ambientada respetando la época histórica con una escenografía de otra debutante, la romana Giorgia Guerra, que ayuda a todos, tanto al coro que tiene un peso fundamental en esta ópera con juegos de espadas muy trabajados, como a los solistas, pareciendo conociese la “magia sonora” que tiene la esquina derecha del escenario ovetense, pues todas las voces que por él han pasado la buscan. Iluminación correcta de Sylvain Geerts aunque demasiado oscura para el tercer acto del Aquisgrán conjurado. Todo jugando con dos elementos como la clemencia y la venganza junto a los sentimientos de una mujer y tres hombres “que compiten por su amor: un joven, un viejo y un poderoso” en palabras de la regista italiana para esta ópera, los protagonistas dieron lo mejor de ellos aunque primase sobre todo la fuerza, también en el foso con el maestro milanés Daniele Callegari y la OFil que sonó solvente desde la obertura, sin fisuras, muy homogénea además de disciplinada, con un brillante solo de cello a cargo de Sara Chordá en la parte “Oh, de verd’anni” del aria “Gran Dio” de Don Carlo.
Tres voces potentes y emocionales: las del tenor gijonés Alejandro Roy, el barítono de Cartaya (Huelva) Juan Jesús Rodríguez y la joven soprano croata Marigona Qerkezi que en su debut en el Campoamor sorprendió y gustó a todos, pero que en las intervenciones junto al bajo veronés Gianfranco Montresor lo eclipsaron en decibelios, y no digamos con los mal llamados “secundarios”, el tenor de Mataró Josep Fadó (Don Riccardo) que al menos mostró su buen hacer, el debutante bajo tinerfeño Jeroboám Tejera como Jago (bien sin el “poderío conjunto”) y especialmente con la mezzo ovetense Mª José Suárez (Giovanna) que pese a sus breves intervenciones, apenas se la pudo escuchar ante el torrencial sonoro del trío y aún menos en los conjuntos.
Y es que la fuerza vocal primó en este drama español, lo que permitió a la orquesta sonar sin miramientos, con arias, dúos, tríos y demás combinaciones de solistas y conjuntos en los que Verdi sería único escribiendo. Precisamente ese volumen hizo destacar de nuevo el Coro “Intermezzo”, titular de la temporada en todas sus cuerdas, un impactante brindis inicial de los hombres, delicadeza y escena de las damas ibéricas en su entrada con Elvira, y rotundos todos en la “Festa del ballo” del último acto sin dejarme el conocido como segundo himno del Risorgimento, “Si ridesti il leon di Castiglia” con la escena de los conjurados. Verdi compuso probablemente los mejores coros de ópera, al menos los más populares, y el de «Ernani» es uno de ellos con el que las voces que dirige Pablo Moras brindaron vocal y escénicamente.
La exigencia para las voces es grande desde la aparición de los personajes que dominan cada acto: el Bandido “Ernani Roy”, detrás la deseada “Elvira Qerkezi”, el rey “Don Carlo Rodríguez” y el anfitrión “Ruy Montresor”. Todos arrancaron con potencia, sin miramientos, ajustados con la orquesta y encajando sus finales.
Las luchas por el amor fueron más allá de los roles, a la potencia sonora. Ninguno defraudó en sus arias o dúos. Alejandro Roy demostró sus conocidas cualidades, personaje vengador que transmuta de bandido con la excelente aria “Come rugiada al cespite” a Duque de Segorbe y Don Juan de Aragón, sacrificado protagonista a lo largo de la obra. Incluso tuvo dúos muy matizados especialmente con Elvira, más de fuerza con Don Carlo y sentido con Silva.
El rey y emperador de la función resultaría Juan Jesús Rodríguez, muy aplaudido y querido en el coliseo carbayón, dominador de la escena y poseedor de una voz a la que se ha calificado como verdiana porque su registro y modo de afrontar los papeles, que para barítono escribió el de Busseto, los hace todos suyos, siendo su debut en este rol aquí en Oviedo. Emocionalmente la evolución de su Don Carlo es encomiable, de poderoso e implacable a clemente, reflejado en su línea de canto. Su declaración de amor a Elvira del primer acto (“Quello escolta del mio cor”) fue un derroche vocal y la escena ante la tumba de Carlomagno en la esquina derecha, una lección de buen fraseo y cantar matizado con el aria “Gran Dio!… Oh, dei miei ver’anni”.
Pero la grata “sorpresa” para todos resultó la Elvira de la soprano croata de padres kosovares Marigona Qerkezi, porque pese a su juventud (nacida en 1993) tiene una técnica increíble, potencia de sobra (verdaderamente una fiera aragonesa su protagonista), color homogéneo en todos los registros que no pierde nunca ni en las partes más “piano”, y hasta la escena, que no la hizo moverse mucho, favoreciendo una emisión siempre clara, precisa, que el paso de los años irá moldeando sus agilidades, siempre recordando las que en Violeta-Traviata desarrollará Verdi de forma única (la tiene ya en su repertorio), una voz y rol perfecto el de esta soprano coloratura. Para recordar su interpretación de la conocida cavatina del primer acto “Ernani involami”. Ser familia de músicos siempre ayuda y ha defendido su rol con solvencia, entrega, gusto y la necesaria fiereza.
También resultó convincente y agradecido el Silva de Gianfranco Montresor en su primer aria y cabaletta “Che mai veg’gio!… Infelice! E tuo credevi”, línea de canto muy melódica pero que carece de la potencia en los graves de aquellos bajos que tengo en mi recuerdo, lo que se notó en los conjuntos pese a luchar con el “chaparrón” del trío, brillando más en el final “Tutto ora tace intorno” con Ernani y Elvira.
Del resto del elenco lo indicado sobre los matices ante el predominio de dinámicas extremas: los forte fueron la lucha de todos los cantantes en escena. Añadamos que por momentos los tempi del maestro Callegari fueron muy ligeros, resultando muy exigentes para las voces que no pidieron clemencia ante esta especie de venganza desde el foso.
Deberemos no tener clemencia con los móviles que siguen sonando en el momento más inoportuno, ni tampoco con la vuelta de las toses tras la desaparición de las mascarillas (hoy solo máscaras en el último acto pero en escena). No es igual oír que escuchar, sea en español, inglés y asturiano, pero es ya pandemia de cada espectáculo que además se hace más patente en las partes con poco volumen, y en este gélido último domingo de enero no fue precisamente el caso. Habrá que buscar una vacuna contra la mala educación y hacerla obligatoria para volver a los buenos modales cumpliendo la perdida urbanidad.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Ernani” (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Edición musical y propietarios: Casa Ricordi S. R. L. Milán.
Reparto:
ERNANI: Alejandro Roy – DON CARLO: Juan Jesús Rodríguez – DON RUY GÓMEZ DE SILVA: Gianfranco Montresor – ELVIRA: Marigona Qerkezi – GIOVANNA: Mª José Suárez – DON RICCARDO: Josep Fadó – JAGO: Jeroboám Tejera.
DIRECCIÓN MUSICAL: Daniele Callegari – DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Giorgia Guerra – DISEÑO DE VESTUARIO: Fernand Ruiz – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sylvain Geerts.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Lírica para jóvenes con talento

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Viernes 13 de enero de 2023, 19:30 horas. Auditorio Principe Felipe, Oviedo. Gala Lírica Jóvenes Cantantes Españoles. María Zapata (soprano), Carmen Artaza (mezzo), Antoni Lliteres (tenor), Carles Pachón (barítono). Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación “Princesa de Asturias” (dirección: José Esteban García Miranda); Lara Diloy (dirección musical). Obras de Mozart, Rossini, Donizetti y Bellini.
Critica para Ópera World  del sábado 14, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Acercándose el “Ernani” verdiano que cerrará desde el día 29 del presente la 75 temporada de la ópera ovetense, la más antigua de España tras la del Liceu barcelonés, este viernes era el momento de celebrar con los jóvenes talentos de casa este aniversario, continuando una seña de identidad desde aquel 1948, dando oportunidades y creyendo en las voces españolas que triunfarían por escenarios mundiales.
Gala con cuatro voces que ya no son promesas sino realidades como también la batuta de Lara Diloy, directora asistente a lo largo de esta temporada de celebraciones que se ponía al frente de la OSPA en un programa consensuado con los intérpretes, siguiendo una lógica que marca la siempre difícil carrera operística comenzando con el “necesario” Mozart para las voces, la complejidad de la aparente sencillez en la primera parte que ayuda en el estudio de todo intérprete, también y especialmente para la voz, más una segunda parte de “bel canto” con Rossini y Donizetti que no faltan en las temporadas líricas cerrando con un Bellini de lujo donde disfrutar también del Coro de la FPA que primero nos dejó con la OSPA el célebre coro de Don Pasquale, todo un regalo para una formación más sinfónica que lírica demostrando la calidad musical asturiana en esta velada, oportunidad única para cuatro talentos que dejaron lo mejor de ellos sobre las tablas de un auditorio con una excelente entrada.
De la OSPA nada que descubrir, casi camerística con un Mozart algo descafeinado donde Diloy se limitó a marcar cuando la plantilla era ideal para esta primera parte, matizando lo mínimo para unas voces algo desiguales, especialmente en La clemenza di Tito donde el tenor mallorquín Antoni Lliteres no acertó con la línea de canto a diferencia del barítono catalán Carles Pachón dominador desde su primer aria “Hai già vinta la causa?” así como en el dúo con Artaza “Il core vi dono” y su aria “Parto tu ben mio” junto al excelente clarinete de Andreas Weisgerber, de lo más aplaudido de la velada.
Otra oportunidad perdida en el trío “Soave sia il vento” del Così del que hubiésemos esperado más calidez global. Las arias, dúos y cuarteto final mostraron buen empaste en los cantantes, con la poderosa soprano ovetense María Zapata y la mezzo donostiarra Carmen Artaza de bello color en todo su registro.
La obertura rossiniana de Semiramide con que se abría la segunda parte, careció de la chispa necesaria y un poco más de contrastes y dinámicas hubiesen venido bien pues la OSPA tiene todos los recursos para ello, quedando mermada en comparación con el aluvión posterior, nuevamente Pachón triunfando con el “Largo al factotum” del Barbero sin piedad orquestal en los matices, Artaza deleitándonos con “Una voce poco fa” sentida y medida antes del ya citado coro “Che interminabile” del Don Pasquale para disfrutar de la gran masa vocal, especialmente las mujeres, en una página donde esta vez lo humorístico sí predominó..
Aún quedarían tres momentos más: el dúo Lliteres-Zapata del Poliuto donizettiano bien ensamblado y equlibrado, la conocida furtiva lágrima donde el catalán mostró su mejor vocalidad, y el lujo de la “Casta diva” final con la que la soprano ovetense disfrutó en la plenitud sinfónico-coral haciéndonos partícipes de ello.
El regalo del cuarteto y coro del Alceste de Gluck puso el broche final de esa gala donde los llamados “viernes de ópera” están llamados a ser no ya una oportunidad para las nuevas voces sino una necesidad para los aficionados asturianos de poder presumir con los años de haberlas escuchado en el Campoamor. Hay talento, trabajo y muchas ganas de ópera en la capital asturiana, pese a los agravios económicos con otras temporadas españolas, pero la apuesta de futuro de la Fundación Ópera de Oviedo es firme e inasequible al desaliento.
Ficha: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, viernes 13 de enero de 2023, 19:30 horas. Gala Lírica Jóvenes Cantantes Españoles.
Programa:
I PARTE: MOZART
• Le nozze di Figaro: Obertura.
• Aria de barítono “Hai già vinta la causa?”.
• Così fan tutte: aria de soprano “Come scoglio…”.
• Dúo barítono-mezzosoprano “Il core vi dono…”.
• La clemenza di Tito: aria de tenor “Del più sublime…”.
• Aria de mezzosoprano “Parto, ma tu ben mio…”.
• Così fan tutte: Terceto barítono-soprano-mezzo “Soave sia il vento…”.
• La finta semplice: cuarteto mezzo-tenor-soprano-barítono “Bella cosa è far l’amore…”.
II PARTE: ROSSINI-DONIZETTI-BELLINI
Rossini:
• Semiramide (Obertura).
• Il barbiere di Siviglia: Aria de barítono “Largo al factotum…”.
• Aria de mezzo “Una voce poco fa…”.
Donizetti:
• Coro “Che interminabile…”. Don Pasquale.
• Duo tenor-soprano “Ah fuggi da morte…”. Poliuto.
• Aria tenor “Una furtiva lagrima…”. L’elisir d’amore.
Bellini:
• Aria soprano y coro “Casta diva…”. Norma.
Reparto:
María Zapata (soprano) – Carmen Artaza (mezzo) – Antoni Lliteres (tenor) – Carles Pachón (barítono).
DIRECCIÓN MUSICAL: Lara Diloy. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Coro de la Fundación “Princesa de Asturias” (dirección: José Esteban García Miranda).

Carta a SS.MM.

1 comentario

Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar definitivamente este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las aún cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible, aunque vuelvan las mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado manteniéndolas en el transporte público, hospitales o farmacias. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) más nuestros solistas, de los que tenemos un montón y ¡de primera! en mi querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide este año de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2023 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha. Darles las gracias porque sí nos trajeron al fin un titular, y además «vecino».
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos, juntos y por separado, pues siempre son el mejor regalo.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes como Mario Bernardo, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2023 tras irse recuperando todos ellos de un 2021 para olvidar.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos, tal como les había pedido en mi carta del 2022.
Gracias también por hacer que La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno se estrenase en esta temporada de los 75 años en Oviedo.
Y por mantener la ilusión aunque como dice mi madre «parece que te hizo la boca un guardia» (?), continúo pidiendo a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias de contratación… saben de sobra que la Cultura ha demostrado además de ser Segura resultar la mejor inversión.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez sigue emigrado a Alemania y María Ovín en la OSPA), creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúe el éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2023 y más. Además de darle de nuevo las gracias, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque espere mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor como protagonista, pues al fin le han traído para este año su esperada Mimí en Alicante (donde le han cambiado su apellido Díaz por Martínez), por lo que les sigo pidiendo la lleven al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa, pero recordándoles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que valer ya de pedir… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que son universales.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2022. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque, ya lo hacen mis músicos) espero mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas al mismo nivel tras cuatro años sin parar (ni siquiera con el Covid), y llevando su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible (este pasado año ya estuvimos por tierras murcianas), con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales en este mi primer curso fuera de ella. Pero veo que la LOMLOE  (Ley Celáa) sigue empeorando leyes anteriores (y dicen que van ocho en 35 años),en pos de una generación de ignorantes digitales, aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan) utilizando el transporte que tengan (saben que los carburantes están tan caros como el pienso) sin entrar en cabalgatas que no opino, y menos las que se inventaron el año pasado como ¡estáticas! y con Baltasar descolorido… Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días del año.
Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años.

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