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Dorada noche blanca

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Viernes 7 de octubre, 20:30 horas. Noche Blanca 2016, Oviedo: Iglesia Santa María la Real de La Corte. Coro «El León de Oro», Marco A. García de Paz (director): «Intimate & Brilliant. El lenguaje eterno del alma», obras de Nicolas Gombert, Orlando di Lasso, Dominique Phinot, Manuel Cardoso, T. L. de Victoria, Cristóbal de Morales y G. Palestrina.

Como «leónigan» confeso tenía muchas ganas de volver a escuchar al mejor coro español de los últimos años (no me ciega la pasión), juvenilmente maduro y con una cantera o banquillo que le permite mantener sus cualidades primigenias siempre agrandadas con el duro trabajo para seguir creciendo en busca de la perfección. Hace tiempo comenté que hay un antes y un después de Peter Philips, sobre todo en el repertorio renacentista que ha enamorado a los ingleses, algo como vender nuestro queso asturiano en Suiza o Francia, porque este repertorio tiene mucha hondura además de dificultad enorme solamente al alcance de muy pocos, y nuestro coro gozoniego puede afrontarlo con la calidad británica sumándole la pasión española, tal vez la fórmula del triunfo.

Los motetes que conformaban el largo concierto (alcanzó el aforo completo y cola previa), exigen claridad en la dicción del texto latino y religioso, subrayándolo, engrandeciéndolo, no ya en las partes homofónicas sino, y especialmente, en los contrapuntos que además obligan a un color homogéneo en todas las voces, independientemente de cantar a 4, 5, 6 voces… a doble coro o en formación de cámara. El León de Oro tiene capacidad, técnica, empaste y todas las virtudes corales que son su sello propio. Sumemos el exigente y casi diabólico tactus que supone un entendimiento total con el director para alcanzar estas cotas de virtuosismo vocal por lo que no es de extrañar que P. Philips quisiera volver a trabajar con este coro un programa que repasa estilos y escuelas para llevarlo al disco el pasado mes de septiembre (que probablemente se edite en un Reino Unido en pleno «Brexit», otro hito del LDO equiparable al comentado de nuestros quesos), diez obras que el coro fundado en Luanco ha trabajado con tanta perfección que hasta el oro quedó «niquelado». El título del concierto (y del disco) expresa muy bien las dos partes, con algunas obras que ya tienen en su repertorio hace tiempo pero que con los años han adquirido el poso interpretativo tan característico de «los leones».

El Intimate lo conformaron cinco motetes luctuosos y lamentaciones de Semana Santa, hondos, expresivos y reflexivos, obras a seis voces como las del gran Orlando di Lasso al que tienen «pillado» hasta el mínimo detalle recreándose en los matices hasta el grado sumo, o el «descubrimiento» del franco-flamenco Phinot con un doble coro que volvió a demostrar la versatilidad de una formación que suena increíble en cualquier combinación y número, siempre buscando el equilibrio sonoro perfectamente reflejado en la acústica de «La Corte«. Me gustó también escuchar al portugués Cardoso porque completaba este repaso de escuelas que bebiendo de la misma forma y texto son capaces de crear obras distintas en su expresión que el LDO transmite con generosidad y magisterio, máxime en una obra a seis pletórica de luminosidad vocal.

Un breve descanso para Brilliant con nuestro «siglo de oro de la polifonía» con Lasso y Palestrina pareciendo pugnar por componer himnos marianos que las luces «ad hoc» del templo de la Plaza de Feijóo reforzaron iluminando la imagen de Nuestra Señora en la Festividad de la Virgen del Rosario, motetes cual vidrieras vocales por los contrastes perfectamente cantados en combinaciones variadas, sin cambios de color que el directo disipó cualquier duda de montaje en estudio cuando llegue el disco, juegos panorámicos de homogeneidad en emisión y empaste pero también en intención y emociones. Si los italianos juegan con el virtuosismo polifónico, Morales y Victoria resultan no ya tridentinos por obligación sino escurialienses férreos capaces de alturas y brillo propio a doble coro, fortaleza en los graves frente a la luz de las voces blancas.

Bisar el «aleluya» del Regina Coeli resultó el colofón ideal de un concierto hondo, exigente, para paladear en cada obra, confirmando que este «león» no solo ruge sino que es capaz de poner el oro a esta primera noche blanca. El sábado en el Museo de Bellas Artes, Aurum, la cantera femenina con Elena Rosso volverán a corroborar el refulgente momento vocal con un futuro asegurado a largo plazo en la gran noche cultural ovetense.

Programa:
«Intimate»
Media vita (Gombert)
Media vita (Lasso)
Lamentations (D. Phinot)
Lamentations (Cardoso)
«Brilliant»
Regina coeli (Victoria)
Regina caeli (Morales)
Regina caeli (Lasso)
Laudate pueri (Palestrina)

Con Durón de Brihuega a León

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Miércoles 5 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII Festival Internacional de Órgano Catedral de León – Centro Nacional de Difusión de la Música «Músicas históricas«: La Galanía, Raquel Andueza (soprano): Ayrezillos suaves. Durón 300.
León estaba de celebración con el patrón San Froilán y la fiesta llegó hasta La Pulchra que volvió a llenarse para celebrar también el tricentenario de la muerte de Sebastián Durón (Brihuega, Guadalajara 19 abril 1660 – Cambo-les Bains, Francia, 3 de agosto de 1716) gracias a la colaboración del CNDM con el FIOCLE y un concierto muy esperado que congregó aficionados llegados de todas partes. No está de más seguir recuperando nuestro patrimonio musical y rendir tributo a figuras universales que no siempre tienen la consideración necesaria, pero si además los intérpretes son referentes de estos repertorios, es lógico el éxito de este concierto en mi capital vecina.
Excelente y buen programa desde el sugerente título hasta la organización del mismo, alternando al homenajeado (con tres recuperaciones históricas a cargo del musicólogo Raúl Angulo Díaz y Antoni Pons Seguí, con las ediciones de las obras vocales en su catálogo Ars Hispana de la Cátedra de Filosofía de la Música dirigida por el primero dentro de la Fundación Gustavo Bueno), con contemporáneos que ayudan a vivir y comprender todo el entorno musical de aquellos tiempos dorados.
La obra religiosa de Durón es hermosa en si misma y atemporal, junto a unos textos que la soprano pamplonica Raquel Andueza articula con la maestría que la caracteriza, por lo que vestirlos en diferentes combinaciones y colores instrumentales a cargo de La Galanía (en trío) agranda la belleza, juegos tímbricos tejidos por la tiorba de Jesús Fernández Baena, el arpa barroca de Manuel Vilas y el órgano positivo de Alberto Martínez Molina, para las distintas cantadas y tonadas sacras más la alegre jácara de Navidad que cerraría el concierto, alternando obras instrumentales que además de descansar la voz o enriquecer el repertorio sirven para lucimiento de unos reconocidos y prestigiosos instrumentistas.
Dejo arriba del todo el programa leonés íntegro con ligeras variantes, destacando algunas cosas. El Durón de Andueza y La Galanía tiene sello propio de intención, emoción, buen gusto, entendimiento, lo apuntado de melodías que realzan unos textos religiosos desde una globalidad interpretativa que pasa por el cuidado coprotagonismo instrumental, más que un complemento polifónico. El blando susurro, tono al nacimiento, resulta de un intimismo que cortaba el aire de la catedral leonesa por donde la voz de la soprano navarra corría con la misma naturalidad de su timbre, siendo el bis esperado y largamente aplaudido. Tomando cada título literalmente nos da el enfoque perfecto de estas formas religiosas, varias dedicadas (y recuperadas) al Santísimo Sacramento: «Atended, sonoras aves», «Si mirando las luces», «Impetuosas cristalinas fuentes», «Pajarillo que el viento peinando»… sentidas por este cuarteto que respira al unísono y visten de gala cada partitura, engrandeciendo las letras en la mejor tradición compositiva e interpretativa.
Ideales estos instrumentistas para el arreglo propio de las famosas Folías de Gaspar Sanz, permitiendo centrar nuestra escucha en esas combinaciones despojadas de la voz, con un arpa celestial (más rica que la guitarra), la tiorba virtuosa igualmente cantarina que contrapunstística o rítmica en sus rasgueos, más el órgano positivo capaz de silabear como buen aerófono pero también de dar la base sonora a cada dibujo, y con él pudimos disfrutar la Gaitilla de mano izquierda que preparaba el el penúltimo bloque de Durón, además de la Zarabanda (Martin i Coll) en versión cercana del nuevo órgano positivo leonés, suficiente en volúmenes y acorde con el intimismo que rodeó todo el concierto. Igualmente interesante Encarceladito está (Carlos Subías) o los anónimos del siglo XVII como La Nochebuena, zagales y Morenas, gitanas en el último bloque cantado por una Andueza que ya había cautivado a todos los presentes, rematando con dos obras del alcarreño, Ayrezillsos suaves (título del programa) y Vaya pues rompiendo el aire cuya letra final pide el aplauso, ganado mucho antes.
El excelente reportaje gráfico del concierto a cargo del músico y fotógrafo local Juan Luis García se puede ver en este enlace de flickr©, arte visual de un artista global.

La OSPA abre sus puertas

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Viernes 30 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Concierto de puertas abiertas«, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Weber, Mozart, Beethoven, Grieg, Brahms, Tchaikovsky, Mendelssohn y Chapí. Entrada libre (previa invitación).
Aunque nuestra OSPA ya arrancó la temporada en el foso del Campoamor nada menos que con el estreno en España de Mazeppa, el pistoletazo de salida en el Auditorio sería este último día de septiembre en un concierto gratuito que cambió la primera capital asturiana por la actual, devolviendo a todos los contribuyentes una parte de sus impuestos que, de momento, se lleva la orquesta de todos los asturianos, como el propio Milanov recordó, siendo además el presentador de las obras y compositores de un programa muy llevadero para el público que llenó casi todas las butacas además de agradecer este gesto, disfrutando de principio a fin.

Con la plantilla actual se organizó un concierto con obras conocidas por los aficionados y los músicos que volvieron a mostrar las cualidades de una formación veterana capaz de todo. Cierto que el inicio con la obertura de Oberon (Weber) pudo resultar algo destemplado en cuanto a los balances no del todo correctos perdiéndose presencia de la cuerda por momentos, que tampoco pudo desquitarse en el «Rondó: Allegro», último movimiento de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) que hubiera necesitado más compenetración y limpieza aunque la cuerda siga siendo «la niña bonita» de la orquesta.

El «IV. Allegro con brio» de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (Beethoven) sirvió para encontrar el deseado equilibrio entre las secciones, con empuje rítmico y contrastes «de libro», puede que demasiado impersonal en la interpretación para todo lo que encierra este maravillo último movimiento plagado de grandes matices así como de heroicidad, pero resultó aseada y ya con todos en la temperatura adecuada para afrontar lo siguiente.

De la conocida «Suite nº 1 op. 46» del Peer Gynt (Grieg) se eligieron los dos números iniciales, lentos para poder paladear unas texturas y planos ideales de la formación asturiana: la famosa «Mañana» que hizo brillar la madera, flautas y oboe, más «La muerte de Ase» verdaderamente coral, hasta prescindiendo de la batuta para un Milanov que mece la cuerda alcanzando tímbricas y unos pianísimos «marca de la casa» de lo más emotivos.
La Danza Húngara nº 5 en sol menor (Brahms) suele ser propina de las grandes formaciones para hacer gala del virtuosismo de todas las secciones, y así la planteó el maestro búlgaro con su OSPA, ligera con el rubato en su sitio y dinámicas generosas, con leves desajustes.
De mucha más hondura y aún reciente en foso, Tchaikovsky resulta un talismán para estos intérpretes con mucha genética rusa que parecen darlo todo en sus obras, lo que volvieron a demostrar con la «Polonesa» del Eugene Onegin, claridad en todos los sentidos, brillantez, precisión y pasión que hizo aún más brillante el «Saltarello: Presto» de la Sinfonía «Italiana» de Mendelssohn, ejecución impecable en todos los aspectos, de aire arriesgado pero bien resuelto por nuestra orquesta, solistas seguros, empaste y entendimiento total.

El toque español y castizo lo puso Chapí con el Preludio de La Revoltosa que hubieron de bisar, gustándome el partido que le sacaron todos (de nuevo el oboe de Ferriol en estado de gracia) a una de nuestras joyas sinfónicas, final con este preludio de una esperanzadora temporada oficial que arrancará el viernes 14 de octubre (un día antes en Gijón) con «Rusia esencial«, nuevamente con Tchaikovsky con los mismos protagonistas para «la patética» y el número uno de piano con Natasha Paremski además de Pasión Cautiva (1997, rev. 2001) de Consuelo Díez Fernández, sin olvidar una esperada «Novena» de Beethoven en el extraordinario de los Premios Princesa de Asturias (20 de octubre), el retorno a este concierto con ensayo abierto al público el día antes.

Lo iremos contando como siempre desde aquí porque esto solo acaba de arrancar y me queda mucho por escuchar.

Eloqventia danza en La Pulchra

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Viernes 23 de septiembre, 21:00 horas. Catedral de León, segundo concierto del FIOCLE: ELOQVENTIA (Alejandro Villar, flautas; David Mayoral, percusión): «Danzas imaginarias», música instrumental del medioevo europeo. Entrada libre.

Eloqventia en su formato original de dúo llegaba a la ciudad natal de Alejandro, su fundador allá por 2009, para presentar su reciente trabajo discográfico, «Danzas imaginarias», grabado en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo con una calidad y cercanía en la toma de sonido nada habituales en otros registros, y que en la catedral leonesa, con una leve amplificación, ideal para apreciar todos los detalles y amplia gama de matices de su repertorio, unida al directo siempre irrepetible, mejoraron aún más estas obras medievales fruto del trabajo de muchos años, entendimiento y química perfecta entre el madrileño David Mayoral, un genio de las percusiones al que se rifan muchas otras formaciones y que también nos dejó el dominio del dulcimer, dulcémele o tympanon, variante del salterio con cuerdas percutidas, más el leonés Alejandro Villar, verdadero virtuoso de todas las flautas de pico, incluida el aulos o doble pero también el cuerno o la sinfonia, organistrum, zanfona, zanfonía, zanfoña o gaita de rabil, que así se conoce este cordófono de cuerda frotada, en un tándem capaz de hacer crecer cada «danza» hasta límites insospechados desde el dominio y el rodaje de un programa que hizo las delicias del público, nuevamente llenando La Pulchra tras la cola de rigor, y la mejor promoción de su CD con el prestigioso sello Cantus que comienza a ser reconocido por especialistas y melómanos «omnívoros» como el que suscribe en una verdadera recreación sonora de muchas ilustraciones de las Cantigas de Alfonso X «El Sabio» o tantos pórticos catedralicios.

Más de una hora de programa donde fueron desfilando distintos anónimos medievales, piezas recogidas en las dos colecciones fundamentales de la época, el Chansonnier du Roi de Paris y el Códice italiano 29987 de la biblioteca del Museo Británico en Londres. Combinaciones de flautas y percusiones que vestían unas melodías ricas, llenas de vivacidad y frescura, juegos de pandero «tipo bodhram», panderetas y darbukas siempre asociadas a historias sonoras del viejo Al Andalus y la música sefardí, alternando con los trovadores franceses o los goliardos italianos.

Eloqventia arrancaron con el anónimo italiano Belicha y a continuación el andalusí Badri Ader Kasa antes de esa joya del «Llibre Vermell» como el Polorum regina con unas iniciales campanas delicadas que preparan la entrada de la zanfona en un engarce de riqueza tímbrica que la amplificación permitió degustar en toda su amplia gama dinámica, lo mismo que ese pandero universal, bodhram capaz de «afinar» y casi cantar.

La Tierche estampie roial fue una peregrinación sonora por las alas del aulos hasta el crucero más la darbuka con la pandereta esperando, generando emociones cercanas en ese tránsito musical antes de volver al escenario con el anónimo andalusí Lamma Bada de largo solo de salterio, intimismo y juegos tímbricos más la posterior aparición de la flauta grave, perfecta afinación y entendimiento, o la canción sefardí Los Bilbilicos que resultó otro placer de pandero y flauta capaz de hacernos viajar y danzar en el tiempo, multiculturalidad y convivencia añorada que solo la música mantiene, al igual que el anónimo italiano Tre fontane.
Volvería la estampie, una danza típica medieval y que el trovador Guiraut Riquier (ca.1230-1292) compone a partir de la «cansó» Mot me tenc ben per paguatz, obra de lucimiento para los dos intérpretes, donde la sonoridad del cuerno evoca intercambios musicales de ida y vuelta con el subrayado siempre acertado de unas percusiones increíbles.

El «fin de fiesta» tuvo sabor italiano, el Chominciamento di gioia en nuevo dúo de flauta aguda, ligerísima como la jugetona pandereta unida al grave de la darbuka, o La Manfredina con su correspondiente «rotta» de zanfona ornamentada y esas pinceladas de la percusión que arrancaron bravos de un público totalmente entregado.
Sinceras y emotivas palabras de gratitud a cargo del local que arrancaba de niño en esta misma catedral una andadura musical con un horizonte siempre inalcanzable pero lleno de alegrías como estas compartidas en el festival leonés, verdadero referente antes de la propina en «formato Eloqventia», saltarello de flauta y darbuka danzarinas para encaminarnos a la Plaza de Regla tras casi hora y media de música pura que también tiene su hueco en estos tiempos pluriculturales. Bravo por Eloqventia (nombre de la obra de Dante Alighieri De vulgari eloqventia vinculada a la música medieval y a la poesía trovadoresca) y a seguir escuchando estas «Danzas Imaginarias» que no tienen desperdicio porque nunca pasan de moda.

Haselböck despierta el bicho

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Miércoles 21 de septiembre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Martin Haselböck (órgano). Obras de J. S. Bach, G. Ligeti, F. Liszt y M. Haselböck. Concierto inicial, en colaboración con el CNDM y su ciclo «Músicas históricas». Entrada libre.

 

Volvía a La Pulchra el director y organista vienés pero con «el bicho KLAIS» en el día del tercer aniversario de su inauguración, con un lleno presagiado por la larga cola una hora antes, y cambiando algo el programa inicial (donde estaba Wagner) para poder hacer rugir y casi renacer el impresionante órgano alemán que va tomando acento castellano, recio y brillante en cuanto le aprietan, algo que el maestro austriaco Haselböck hace como nadie.

Porque unir a Bach, Ligeti y Liszt en el mismo concierto, tras las palabras de agradecimiento iniciales de Samuel Rubio Álvarez, sobre el papel podría parecer chocante aunque la escucha corroboró lo acertado del programa.

Meine Gott Bach es perfecto siempre, comenzando con la conocida Tocata y Fuga en re menor, BWV 565, buena elección de registros y una versión muy romántica en cuanto al juego dinámico y sobre todo expresivo, acelerandos y ritardandos más allá del rubato, pletórico de sonoridades, tal vez investigando registros que aparecerían posteriormente, virtuoso y brillante más que reposado y austero, pero es partitura siempre agradecida en cualquier versión por muchos ornamentos que le añadan. Lo mismo podríamos decir de los cuatro corales del Orgelbüichlein, esta vez más plegados a lo que podría llamar interpretación tradicional, contrastante registros y prevaleciendo la melodía desde los registros buscados: intimismo reposado del BWV 639, flautados barrocos y vivos del BWV 642, vuelta a la tranquilidad de la lengüetería levemente ornamentada del BWV 641 y creciendo volúmenes con los propios registros y tempo vigoroso utilizados en el BWV 642 de factura impecable, aunque algún pasaje el pedal tomase un primer plano demasiado presente en relación a los teclados, pero nada que objetar de la visión personal de Haselböck.

Difícil encontrar a György Ligeti (1923-2006) en los conciertos de órgano, algo apuntado en el discurso previo de Rubio, y es que Volumina sacó del KLAIS sonidos de tubos nunca escuchados, aprovechando la comodidad que supone poder tener automatizados los cambios de registro alternando con los manuales, una explosión sorpresiva que levantó murmullos, dinámicas amplias conseguidas con el juego tímbrico, ambiente sonoro contrastado con el silencio pétreo de La Pulchra Leonina que parecía despertar de un letargo secular con el ballet de los tiradores movidos por un fantasma llamado tecnología como ayudante invisible pero bien trabajado, exprimiendo pedales de expresión y cambios vertiginosos en un alarde de volúmenes y texturas.

Desempolvados casi todos los tubos escuchar a Franz Liszt resultaría el puente húngaro entre los dos mundos alemán y rumano, el virtuosismo de las Variaciones «Weinen, Klagen, Sorgen Zagen» que delineaba tímbricas esculpidas en bruto por el contemporáneo con el ímpetu del abad reconvertido tras una vida licenciosa, romanticismo en estado puro lleno de convulsiones dinámicas con cambios de volúmenes abruptos pero bellos, jugando con la reverberación y resonancia catedralicia y la vuelta al origen, al otro dios de Eisenach enterrado en Leipzig y adorado mundialmente por todo melómano con el Preludio y fuga sobre B-A-C-H, la locura del teclado máximo con el respeto al Maestro, órgano en vez de piano pero igual de virtuosista añadiendo nuevas sonoridades solo antes intuidas, como el mármol de la cantera que montaña abajo toma forma como con Miguel Ángel, cual cierre del círculo orgánico.

Para concluir nada mejor que retomar las improvisaciones, siempre parte de las propias formas musicales tan del gusto de los intérpretes que parecen recuperarse de nuevo. El tema nos lo había chivado Samuel Rubio y entregada la partitura del Himno a la Virgen del Camino, Martin Haselböck fue revistiendo la melodía de armonías francesas, pasando de las manos al pedal sin perder el norte y redescubriendo registros que encajaban como anillo al dedo el juego de acordes desplegado en las distintas variaciones. Una lección de improvisación que hizo despertar al bicho para ser domado en toda su grandeza.

Buen inicio del festival en sus 33 años consecutivos y perfecto cumpleaños para esta joya fabricada en Bonn y bautizada en San Mateo de 2013, que comienza a hablar un perfecto castellano. Aún quedan muchos conciertos, variados y dentro de la Catedral de León.

Adiós verano, adiós

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Aunque climatológicamente hablando el verano finaliza por San Mateo, las vacaciones han llegado a su fin y el nuevo curso 2016-17 arranca todavía con ecos del anterior, que no está tan lejos pero parece un mundo. Musicalmente la temporada arranca este domingo con la Ópera en Oviedo y la OSPA en el foso, como es costumbre local, esta vez con el estreno en España de Mazepa (Tchaikovski), y que intentaremos contar desde aquí en la medida del bolsillo, pero sobre todo tras una escapada suiza donde hubo mucho y bueno.

Como escribía mi querido danés «Viajar es vivir» y sigue siendo de mis «adagios» que esta vez me llevaron a zonas de Suiza aún desconocidas. Si hubiera que resumir este periplo de agosto bien cabrían palabras como verde, agua, montañas, bicicletas, y por supuesto quesos, salchichas, cerveza más multiculturalidad, no mucha emigración y ésta con trabajadores en un país con moneda propia (el franco suizo) y una historia reciente de neutralidad con secretos bancarios que parecen ir rompiéndose.

Sin música en vivo suelo visitar iglesias con sus órganos, edificios emblemáticos, museos, y por supuesto disfrutar de la gastronomía autóctona además de callejear, unas veces sin rumbo fijo, mezclándose con el paisaje y el paisanaje, otras buscando sitios concretos, pero con el factor sorpresa siempre presente.

La primera parada en Zürich donde estuvimos en un apartamento a un paso de la estación de tren y al lado de uno de los mejores miradores de la zona vieja (Lindenhof), nos dejó imágenes impensables como las de su universidad, la más grande del país con un edificio que además de albergar distintos museos, tiene réplicas de griegas, romanas o egipcias, paseos por el lago, caminatas varias que nos llevaron incluso a la sede de Google, o una buena raclette en el Hotel Adler, y por supuesto dos edificios que son santo y seña de la actividad musical:

La ópera y el Tonhalle, uno a cada lado del lago y verdaderos templos de la lírica y la música sinfónica. La primera no tenía funciones esos días y la segunda acogía un encuentro de música folklórica, pero pudiendo admirar un edificio ampliado que combina épocas sin problemas.

Una de las calles que circundan la Tonhalle lleva el nombre del genio de Bonn, y no pude resistir la tentación de la foto con la placa.

De las iglesias me quedo con la reformista de Fraumünster con vidrieras de Chagall o Augusto Giacometti, tío del más famoso Alberto, y la protestante de Grossmünster, todas con conciertos de órgano programados, aunque no coincidieron con mis fechas. Tampoco está mal pasear por las zonas comerciales que albergan todas las firmas famosas de relojes, ropa o automóviles.

La segunda parada sería St. Gallen, para los músicos una parte de la historia con su famosa abadía originaria de la primera escritura musical neumática, hoy solo facsímiles, también de la cerveza, pero sobre todo con el encanto de una biblioteca barroca, y por supuesto su catedral en cuyo órgano había estado unos días antes el guipuzcoano Esteban Elizondo dentro de un ciclo habitual en cualquier templo que se precie, y la catedral barroca es parte de las giras de los mejores organistas mundiales.

Pero el verdadero «campanazo» resultó asistir en vivo a un estreno mundial el 21 de agosto desde la atalaya privilegiada del hospital y residencia geriátrica (hay que ir tomando nota), puede que acústicamente no tan bien ubicado como los miles de «peregrinos» que ocupaban las montañas cercanas, un original proyecto titulado Zusammenklang, capaz de unir tradición al hacer sonar las 118 campanas de las 29 iglesiss de la zona, con tecnología mediante dispositivos móviles que hicieron posible ejecutar la composición de la rusa Natalija Marchenkova, afincada en esta bella ciudad, y el compositor local Karl Schimke, tuba de la sinfónica de St. Gallen.

Tuve el humor de grabar el audio, al menos para recordar una experiencia única y que conociendo la complejidad del mecanismo así como todo el proyecto, solo puede darme una idea aproximada de lo que realmente sucedió. Presumir de haber estado «in situ» no tiene precio, y más por el sitio que respiraba paz y sosiego.

St. Gallen tiene unos alrededores como la reserva natural del «Wildpark Peter und Paul» desde donde se puede divisar el Lago Constanza, familias al completo y animales en cautividad, escapada cercana al centro, y un poco más lejos llegar a la zona de Ebenalp, tomar un teleférico y realizar la actividad por antonomasia de los suizos, caminar por unas montañas cuidadas y listas para ser fotografiadas como si de una postal se tratase, incluso visitando cuevas prehistóricas. Uno de los restaurantes más curiosos supone una caminata que hace pensar en los trabajadores del mismo y en llenar sus neveras, no solo de su cerveza típica, pero la experiencia es inolvidable.

La ciudad de Chur (o Coira), considerada como la más antigua de los Alpes, es acogedora, coqueta, diría que casi familiar, tan cercana como el piso que nos acogió en algo tan habitual como los Bed and Breakfast, y la Catedral de Santa María de la Asunción en lo alto, que alberga una cripta que me recordó nuestra Cámara Santa asturiana por el apostolado, así como un moderno órgano.

Pero el protagonista resultó el Bündner Kunstmuseum y su ampliación adyacente, un hermoso edificio recién estrenado el pasado mes de junio a cargo del estudio de los arquitectos Barozzi – Veiga, un tándem ítalo-gallego en Barcelona que también está ligado al danés Andersen en su Odense natal y al centro de arte gijonés, con una belleza única en su diseño, albergando una exposición de la familia Giacometti, por supuesto también Alberto, «Solo Walks» así como otros artistas ligados a esta ciudad de Chur, perfecta conjunción en línea con las obras que exhibe.

Siguiendo por esta zona la mayor parada estuvo en Sankt Moritz como cuartel general, aunque también nos llevaron esos trenes orgullo helvético hasta Tirano (Italia). La subida alpina en el más lento del mundo es impresionante: glaciares, ríos, lagos, cientos de tonos de verde a bordo del panorámico Bernina Express en un viaje de cuatro horas que merece la pena hacerse.

Y el fin del trayecto en suelo lombardo donde se paga en euros, hablamos italiano con los Alpes de otro color y sabor, visitando el Santuario della Madonna de Tirano, basílica construida en el siglo XVI en perfecto estado de conservación, con un órgano barroco del que no pude disfrutar su sonido pero sí su arquitectura.

De St. Moritz habría mucho para contar además de lo ya sabido en tiempos de la decaída jet-set, especialmente en invierno aunque el verano es radiante y con la suerte de unos días de sol increíbles. Un gran lago para caminar a cualquier hora del día bordeándolo, tiendas de lujo, terrazas y restaurantes comidas de todo el mundo, como los conciertos, variados desde la Casa de Cultura local donde el viola da gamba Paolo Pandolfo estaba impartiendo un curso con recital final de sus alumnos, al que no pude asistir, hasta el que ofrecía a precios estratosféricos el hotel más lujoso de la ciudad alpina con el reclamo de un Mozart que nunca falla.

Dicen que Asturias es la pequeña Suiza y algo hay de cierto: vacas, leche o mantequilla, también maíz, manzanas, solas o en zumo, aunque la asignatura pendiente de nuestra tierra siga siendo además de la poca publicidad, la limpieza. Un placer caminar por cualquier rincón y no encontrarte suciedad pero tampoco policía. La educación como la cultura se puede legislar, pero básicamente se hereda y refleja la sociedad e idiosincrasia que no se puede copiar ni comprar porque se hereda, supongo que como el dinero. Desconozco si la envidia es sana, y si como escribía Andersen «At rejse er at leve«, regresar nos hace añorar lo que no tenemos.

Esta región de Engadin tiene lagos, sendas y pueblos cercanos bien comunicados por autobuses, como Sils Maria y Silvaplana, la primera alberga la Casa Museo de Nietzsche, así como hoteles para celebridades que también ofertan conciertos puntualmente (alguno incluso grabado por sus vecinos de Winter and Winter), visitas obligadas antes de regresar a la capital disfrutando siempre de un paisaje de postal.

También se celebraba esos días el CSI (Concurso Internacional de Saltos) donde no encontré famosos entre el público pero tampoco jinetes o amazonas de prensa rosa, si bien al lado de la zona equina, en el llamado St. Moritz Bad, está la iglesia católica de St. Karl, con unas modernas vidrieras y ampliación de 1991, más el necesario y obligado órgano que tampoco pude escuchar, pero la querencia por el rey de los instrumentos sigue allá donde viajo.

St. Moritz nos regalaba cada día al despertarnos una vista única, la última antes de abandonar nuestro particular refugio, la comparto aquí.

La vuelta a Kloten, al lado del aeropuerto, sirvió para saborear las últimas cervezas suizas (es más cara el agua ¡quién lo diría! y no digamos la «frei» sin alcohol) y una comida italiana que parece estar presente como el idioma en una Suiza algo cara para nuestros sueldos, creo que también para los trabajadores (que cobran poco más que en España), con paisajes también para saborear, caminar, paraíso ciclista y última noche antes del retorno a la normalidad. Imposible plasmar tanto aunque el diario de viaje, siempre a mano, ocuparía mucho más espacio.
Septiembre me devolverá a la música, en vivo o grabada, pues también tiene su hueco en el blog y lo seguiremos contando tras el necesario descanso estival. Este curso 2016-17 arranca con dudas pero la esperanza nunca podemos perderla…

P. D.: A petición de Alonzo V. de Artsy.net en N.Y. dejo aquí el link a las obras de Alberto Giacometti disponibles en su web con otros enlaces interesantes incluso para educación.

Ascenso de la viola de Gestido

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Jueves 21 de julio, 20:00 horas. Oviedo, Claustro del Museo Arqueológico: Festival de Verano: Cristina Gestido (viola), Gala Pérez (violín), Ana Nebot (soprano), Luis Parés (piano). Obras de Mozart, Weber, Brahms y Piazzolla. Entrada libre.

En una reciente entrevista para el diario El Mundo, la navarra Isabel Villanueva decía que «a la viola le falta un Paganini o un Paco de Lucía» reivindicando su instrumento y citando referentes del violín o la guitarra flamenca. Cristina Gestido (Oviedo, 1983) toca la viola, un instrumento maduro que parece un violín grande, curiosamente el más humano (aunque «su hermano chelo» se haya apoderado de esa expresión) pero también la guitarra eléctrica además de una reconocida cantautora, siendo más famosa para algunos como la única española en la orquesta que acompañó a Sting o en su vertiente «rockera» en vez de un larguísimo currículo donde Londres sigue siendo su ciudad habitual desde hace más de una década tras un breve paso por nuestra OSPA. Seguimos exportando talento aunque el «Brexit» hará perder mucho capital humano de calidad.

La propia Gestido reconocía hace poco en el digital La Voz de Asturias: «me salgo un poco de la norma de la clásica y un poco de la del rock«, aunque en este nuevo concierto del festival del estío carbayón optó por la primera, rodeándose de amistades para abordar un programa variado y espléndido en el doble sentido de compartir, la escena y la excelencia por las interpretaciones, siendo la anfitriona en esta visita a casa para reencontrarse con compañeros y lugares que la música hace comunes y duraderos.

La violinista Gala Pérez Iñesta (Burgos, 1982) titulada en Oviedo y tan internacional como Gestido, es otra buscadora de nuevos caminos con el Trío Pérez Iñesta, fundado allá por 2002 en Palma de Mallorca y desde 2012 cuarteto con el chelista leonés Luis Zorita, otro músico emigrante e igualmente ligado a Asturias. Y es que la burgalesa no podía faltar a este encuentro con nada mejor que Mozart para hablar un mismo idioma: el Dúo para violín y viola en sol mayor nº1, K. 423, mano a mano puramente vienés de «dos hermanas» que en los tres movimientos (Allegro, Adagio, Rondó: Allegro) parecían comentar historias y experiencias con total naturalidad, sin quitarse la palabra, alternando protagonismo en un diálogo sin más disculpa que la propia música, enorme y exclusiva del austriaco universal, mínimo esfuerzo aparente y máxima entrega de dos amigas, la aguda y la grave como una sola en momentos indescriptibles y sin más compañía.

Ovetense que ejerce de ello, luchadora y con música en vena como la propia capital asturiana, la soprano Ana Nebot compagina docencia y escena, trabajo permanente, viajera con parada «obligada» en París antes de volver a la tierrina, pero sobre todo puro amor por la ópera, a la que pone la sinceridad que dice le falta, desde el programa de la televisión autonómica «Manos a la ópera» traído este jueves en formato reducido y en vivo con el piano de Luis Parés, un ítalo venezolano también de paso por Londres, solvente, seguro, muy reclamado como acompañante y con la propia Gestido a la viola, para contar y cantar Einst träume meiner sel’gen Base, el aria de Ágata perteneciente a «El cazador furtivo» (considerada la primera ópera romántica) de Carl Maria von Weber, registro y color ideal para nuestra cantante en un alemán perfecto, con detalles como girarse para las dos alas del claustro y así escucharla sin cortapisas, escena y voz arropada por dos compañeros en segundo plano enriqueciendo esta aria bellísima que corrobora un momento vocal de madurez donde la elección del repertorio es tan importante o más que la técnica.

Tras estas amigas invitadas, volvería la Gestido protagonista con Parés, la violista para disfrutar casi nueve años después, el sonido maduro y la interpretación viajera que deja poso como la propia vida, primero Brahms y su Sonata para viola y piano en fa menor nº 1 op. 120, página inicialmente compuesta para clarinete pero que con el arco alcanza el color vocal y la tensión en sus cuatro movimientos (1. Allegro appassionato / 2. Andante un poco adagio / 3. Allegretto grazioso / 4. Vivace), romanticismo en los dos instrumentos con el piano tan del hamburgués, casi de lied en esta sonata donde la indicación de los aires sirve de calificativo para lo escuchado, casi cantado en arco, fraseo, presencia e incluso silencio: apasionado, andando lento y tranquilo, gracioso y vivaz, mientras Irene, mi sobrina de nueve años, se enamoraba de esta música que llenaba el claustro que seguía embutida en la lectura (me lo comentaría nada más terminar, con charco de baba por parte de su tío que la traía otro verano más a disfrutar en la capital).

Los habituales del blog conocen mi debilidad por Don Astor Pantaleón, y en 2009 escribía también de Le grand Tango con estos mismos intérpretes en un concierto casi privado celebrado en el defenestrado Centro Cultural CajAstur de Mieres: «totalmente volcados con la obra, el piano consiguió imprimir no sólo el tempo porteño o la dinámica del bandoneón sino convertir el teclado en una orquestina rioplatense tan protagonista como la viola, ya sin ataduras de papel (facilitando la interpretación, de memoria) cantabile y arrastrá si se me permite la expresión, que el tango reinventado por el gran Piazzolla destila en cada nota y que ha dado geniales versiones más con cello que esta de hoy con viola, aunque no por ello menos agradecida ni fantástica, al menos para un servidor que no pudo sino soltar un merecidísimo ¡Bravo! nada más concluirla.
Todo un privilegio asistir a esta sesión casi familiar con un dúo que demostró no sólo profesionalidad sino compenetración y pinceladas de maestría
«. El tiempo nos ha dado hondura, perspectiva y más carga en la mochila del recuerdo, dejando todo lo escrito como entonces pero debiendo añadir que como un tango bien bailado no levanta los pies de la tarima, casi deslizando las suelas sobre ella como el arco de la viola, el hombre guía con maestría el contoneo sensual de la mujer, piano masculino y viola femenina, duelo, suelo y vuelo pero sin despegarse, ascenso sin aire, solo el porteño de mi recordado barrio de La Boca con la banda sonora en vivo de dos artistas.

Bertolt Brecht con Kurt Weill escribieron la ópera en tres actos «Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny«, pero antes trabajaron varios números, el Mahagonny-Songspiel también conocido como Das kleine Mahagonny (El pequeño Mahagonny), obra de concierto para voces y pequeña orquesta donde aparece la «Canción de Alabama«, un verdadero regalo de Gestido y sus amistades, cabaret alemán en el trazado gótico del claustro, estilos de entonces y de ahora como rag-time, jazz y contrapunto formal, canción en el común inglés (Alabama Song) dentro del texto alemán de la ópera, y que ha sido interpretada por diversos artistas como The Doors, David Bowie o Marilyn Manson. Porque Cristina también conoce versiones y épocas, escenarios y estilos atemporales donde el vestido arropa el mismo cuerpo haciéndolo parecer distinto, y así con Gala poder tocar como en Mozart y hacer los coros a una Ana nuevamente acertada, pletórica y en su salsa, con Luis de pianista irremplazable, omnipresente sin molestar jamás, que acabó de envolver este presente de Gestido recorriendo el mundo del que todos fuimos partícipes, sin caídas en la ciudad imaginaria de Vetusta, esta vez final con el ascenso de la viola.
Personalmente me despido por vacaciones aunque queda festival por delante, especialmente el martes 2 de agosto donde estarán mis queridos y admirados amigos Lola Casariego y Aurelio Viribay a los que mandaré como es habitual «MUCHO CUCHO» y un abrazo en la distancia, con un programa hermosísimo que no deben perderse los buenos aficionados.

Bonsais y crisantemos

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Sábado 16 de julio, 20:30 horas. Gijón, Fundación Museo Evaristo Valle, Ciclo de Música de Cámara: Siripong Tiptan (violín), Ignacio Rodríguez (violín), David Abrahamyan (viola), Jaime Calvo-Morillo Rapado (violonchelo), Sergey Bezrodny (piano). Obras de Brahms y Puccini. Entrada: 10€.

El verano no supone descanso para los músicos y si cuentan con espacios como el museo gijonés donde poder ofrecer su trabajo, mucho mejor, inaugurándose este ciclo de lo que llamo la base musical, tanto para intérpretes como público, la música de cámara. El entorno del «Evaristo Valle» sigue siendo único en cualquier estación, y esta vez los bonsais, la paciencia, el tiempo y el verdadero amor por la naturaleza tuvieron de nuevo paralelismo en la compañía musical como intentaré describir en las siguientes líneas.

Alrededor del conocido virtuoso afincado en nuestra tierra Sergey Bezrodny se aglutinan jóvenes que sabedores de la solvencia del pianista ruso en estos repertorios aprovechan para trabajar unos conciertos básicos en sus carreras, y así conocí este sábado al violinista tailandés Siripong Tiptan quien con el ruso interpretó la Sonata para violín y piano nº 2 en la mayor, op. 100 (1886) de Brahms, el siempre exigente hamburgués que dominó el género camerístico como pocos, siendo un romántico que bebió de las fuentes clásicas para elevarlas a su quintaesencia. Tres movimientos donde poder respirar su riqueza melódica compartida por un dúo exigente técnicamente, el violín cantabile y el todopoderoso piano rivalizando en belleza protagonista, con un Allegro amabile de sonoridad carnosa por parte del tailandés más el contrapeso pianístico del ruso compañero ideal en estos viajes. El movimiento central juega con cambios de aire y amplias dinámicas que resultaron equilibradas y serenas (Andante tranquilo. Vivace. Andante. Vivace di più. Andante. Vivace) para quien se mostraba como un valor en alza con ganas de volar alto en los extremos. El Allegretto grazioso (quasi andante) devolvió la calma musical con el piano manteniendo una pulsación que frenase ímpetus desbocados, el contrapeso y equilibrio ideal para lograr con más tiempo una joya de cámara, un bonsai frondoso al que sólo la paciencia y el paso del tiempo dará la forma deseada.

Escrita para cuarteto de cuerda pudimos escuchar I Crisantemi (1890) de Puccini, luctuosa y colorida flor de temporada para tres conocidos músicos a los que se sumó Tiptan cual jardinero jefe, ejerciendo de primero pero compartiendo ideales, en algo más que el mero ejercicio compositivo del gran compositor de Lucca. Su concepción melódica para la escena se puede apreciar en esta composición donde Tiptan, Rodríguez, Abrahamyan y Rapado fueron cantantes de cuerda frotada, como dos sopranos de timbre irreal por uniforme, compartiendo acción con el tenor y el barítono, frases combinadas con temas que reaparecerán en Manon Lescaut desde el dominio armónico exportable a la orquesta dada la riqueza de esta breve obra elegíaca dedicada a Amadeo de Saboya duque de Aosta y rey de España (1870-1873), con el dolor por su muerte en enero de 1890 como bien recoge Clara Luz García en las notas al programa. El salón palaciego resulta ideal para saborear la tímbrica siempre cercana del cuarteto de cuerda, tesituras extremas y complementarias para un verdadero frasco de esencia pucciniana.

Un descanso para saborear una copa de cava rosado nos prepararía para el gran Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864) de Brahms, obra muy trabajada y revisada cual tilo en bonsai, evoluciones y transformaciones que denotan el incorformismo del compositor alemán para alcanzar esta obra culmen y muestra del estilo joven con sello maduro e inimitable, lo mismo que los cinco músicos que la interpretaron. Como si llevasen tiempo tocando juntos, el quinteto fue desgranando cada uno de los cuatro movimientos resultando impactantes y seguros, todos dominadores de su papel y escuchándose para hacer música además de tocarla. La propia partitura es clara y precisa en emociones pero encontrar el momento de tensión requiere tiempo y trabajo, por lo que disfrutar este quinteto con piano compartido por todos volvió a recordarme los bonsais: apretar, recortar, dirigir, esperar, regar, tiempo, paciencia, toda una filosofía de la vida y de la música, el fruto esperado que todo amante de la naturaleza contempla y reflexiona.

De los cuatro movimientos bien ajustados me quedo con el Scherzo: allegro cual momento ideal antes de la poda que supuso el Finale donde la forma tomaba cuerpo y el tiempo verá crecer. La combinación de talentos ayuda a crear momentos irrepetibles, aunque la música de cámara requiera cual árboles en miniatura, mucho esfuerzo y tiempo dedicado a ello. Como público agradecer el esfuerzo de afrontar obras de estas dimensiones y aplaudir el esfuerzo de los intérpretes por buscar esa excelencia que se encuentra al final de un camino aún arrancando. Por supuesto volver a aplaudir la apuesta de la Fundación y los colaboradores por la música de cámara.

Programa variado y colorido como los árboles junto a las flores en este ciclo habitual del verano gijonés que finalizará el 4 de agosto en los propios jardines (si el tiempo no lo impide) con la guitarra como protagonista. Buena opción escaparse hasta Somió, disfrutar del entorno, de la escultura, la pintura y por supuesto los bonsais de la familia Basagoiti, un ejemplo a seguir donde la música ayuda a un crecimiento vigoroso y continuado.

Madrid, museo de músicas con guinda

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Madrid en verano es un infierno pero quedan también purgatorios y paraísos terrenales. El calor horroroso además del climatológico fue el engaño del Caravaggio en el Museo Thyssen Bornemisza, como casi siempre, donde importa hacer caja con cualquier disculpa o reclamo, y el pintor del claroscuro lo es aunque solo se exponga una décima parte arropado por muchos seguidores bajo el pomposo título de «los pintores del norte», encima prestados de su vecino de El Prado donde El Bosco sí resultó purgatorio ideal y verdadero fenómeno de masas en un «jardín infinito«, para continuar con los imperdibles Fra Angélico, Goya, Velázquez, El Greco, Ribera, Tiziano, Rafael o Rubens, entre sus joyas destacadas de siempre, sin olvidarme del asturiano Carreño de Miranda.

El Teatro Real pesenta I Puritani de Bellini para ir cerrando temporada, pero no estaba esta primera semana al alcance de cualquier bolsillo y habré de conformarme con esta «semana de la ópera» que permitirá disfrutarse gratuitamente en muy distintos lugares y formatos, quedándome con las ganas de escuchar a Javier Camarena el día de San Fermín en vivo, ya que Celso Albelo no me coincidía la fecha.

Pero como el que suscribe no da puntada sin filo, el viernes 8 y con entrada gratuita se presentaba en la Escuela Superior de Canto de la calle San Bernardo con la colaboración de la Asociación de Amigos de la ESCM el curso internacional de interpretación del repertorio vocal español de Project Canción Española dentro del amplio «Clásicos en verano«, con un concierto titulado «Granados canta a Madrid» a cargo de la directora del mismo la mezzo neoyorkina afincada en España Nan Maro Babakhanian y el pianista Emilio González Sanz donde participó como invitada la soprano Raquel del Pino, una joven promesa de 19 años que estudia guitarra en el RCSMM además de canto en el Conservatorio «Victoria de los Ángeles» y no podía hacerlo en la clausura del próximo viernes 15, que comenzó el recital con «Tres canciones»: Por una mirada un mundo, Yo no tengo quién me llore y Canto Gitano, el Granados inspirado en poemas románticos que la soprano cantó con gusto y estilo pese a la brevedad de estas partituras, con la solvencia pianística de González Sanz.

El grueso del recital lo completaron las tonadillas y las seis canciones dedicadas a María Barrientos inspiradas en el mundo goyesco del que disfruté el día anterior en El Prado  a cargo de Babakhanian más las intervenciones solistas del piano en La Campana de la tarde de «Bocetos» y el Intermedio de «Goyescas» con un sólido Emilio González Sanz demostrando el dominio de la obra del catalán, tanto sola como en el siempre agradecido acompañamiento al mejor estilo de la canción española de las vocales. La niña Inés Maro Burgos Babakhanian (2009) -que ya canta en Los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid– fue una narradora especial y excelente en la parte pianística de La maja de Goya, con un tenue acompañamiento antes de la intervención de su madre que ya tomó el mando con El majo discreto, El tralalá y el punteado y El majo tímido, tonadillas creídas y sentidas, lección para los alumnos de dicción pero sobre todo interpretación con un registro grave natural y dramático acorde a los textos, color distinto por su registro de mezzo pero igualmente bellas y con tesitura sobrada.

Otro tanto puedo decir de las tres majas dolorosas cantadas sin pausa y bien delineadas para finalizar con El mirar de la maja, Amor y odio y Callejeo, partituras que son obligadas en los estudios de canto y las grandes voces han interpretado porque son equiparables al «lied» o la «chançon» y Granados da protagonismo tanto al texto cantado como al piano desde esta visión castiza que gusta en todo el mundo, buen tándem Babakhanian – González Sanz en el coqueto teatro, antiguo salón de baile del Palacio Bauer, hoy «la Escuela de Lola Rodríguez Aragón«.

Mi paraíso musical nocturno en Madrid es el Café Central, otro monumento de la música en vivo que lucha por mantenerse y lo hizo toda la semana con Zenet y su banda, también llenando por 20 € sin regatear calidad ni cantidad en su regreso al local de la Plaza del Ángel.

El actor y cantante malagueño supo encontrar un estilo propio a partir de las letras de Javier Laguna y la música del guitarrista José Tabodada, un trío único.

La banda con la que comenzó semana tenía al citado José Taboada y los también habituales Manuel Machado a la trompeta y fliscorno (bugle o flügelhorn para los puristas), Öve Larsson al trombón y el batería Pedro Moisés Porro, pero hubo dos cambios que no mermaron la excelencia instrumental: el viernes se incorporó el venezolano José Vicente Muñoz que hubo de sustituir en el contrabajo a Yrvis Méndez, mientras el sábado lo hacía el pianista chileno Jorge Vera por Pepe Rivero, siendo esta función la que disfruté en compañía de familia y amigos.

Si algo caracteriza al malagueño es la elección de sus músico, siempre excelentes, afincados en España pero que no han olvidado sus raíces, lo que enriquece cada canción hasta el infinito. Qué decir del cubano Machado, verdadero poeta de la trompeta y cuarta pata para asentar el trío primigenio, de Ove, sueco formado en Dinamarca y más madrileño que el cocido, al que tengo en vinilo con multitud de formaciones siempre aportando la musicalidad ronca que esta vez también es malagueña, el venezolano Taboada cual flamenco renacido de gallegos ancestrales pasado por el Mississipi en vez del Orinoco, la guitarra que Zenet no toca, el ritmo del cubano Porro que empuja sin necesidad de fumarlo, mago en cambios de velocidad y sabor, todos sustento y confianza para los recién llegados Muñoz, solvencia y musicalidad para lo que le pongan delante, pero sobre todo la sorpresa de Vera, «llegar y triunfar» a primera vista, engrandeciéndose en cada tema, convincente y delicado, humilde desde su grandeza conformando un sexteto zenetiano a más no poder, recreando canciones grabadas para hacerlas nuevas, vestidos de gala para el cuerpo que crece al cantar con ellos, apoyado en un micrófono cual complemento de la «naturalidad» instrumental.

En los dos pases Toni Zenet desgranó temas que no pueden faltar en sus directos jugando con la voz como sólo él sabe, mandando en el ruedo, actuando, plegándose, intimando, pero sobre todo las melodías con la banda que crecían en cada intervención entre estrofas (Silencio salvaje de un Agua de Levante marinera a más no poder, Por debajo de Madrid casi chotís mediterráneo en Gata y no gato pero siempre chulesco, Un Beso de esos, Dientes de rata con Machado en el fliscorno y el público participando en una jam de altos vuelos, Ella era mala, o la propina última de Soñar contigo en una versión irrepetible como el resto de los temas) junto a los que ha grabado para el próximo disco «Si sucede conviene» (de nuevo con «El volcán música» más autoproducción con micromecenazgo  alcanzado en poco tiempo), Cómo será con los acordes guitarrísticos de «Pepiño» a los que se sumó el trío piano, bajo y batería antes de la descarga sabrosa del recién salido del horno Fuiste tú en un viaje desde la imaginación por cualquier océano de marineros de tierra o mares caribeños, música que crece, navega y llega a buen puerto con todos los estilos y ropajes para la voz única de Zenet, crooner por utilizar una palabra americana que intenta explicar el formato con el que actúa, pues con su banda surca no ya «Los Mares de China» sino los de la propia música para olvidarnos de etiquetas y contestar que la música de Zenet es propia porque su originalidad está en saber beber de aguas navegables desde todas las emociones.

El violonchelo que llena

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Martes 12 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo: Festival de Verano. Gabriel Ureña, violonchelo. Obras de J. S. Bach, W. Lutoslawski y P. Hindemith. Entrada gratuita.

Hace años que este joven chelista avilesino levantó el vuelo -como los pájaros que «acompañaron» todo el concierto- dejando la OFil (de la que fue el Principal más joven de España con solo 19 años) para continuar su formación a caballo entre Viena y Florencia con Natalia Guttman entre otros para emprender una sólida carrera como solista que le está llevando por medio mundo aunque como hace dos veranos, volvió a nuestro Oviedo veraniego con otro lleno hasta la puerta.

El día gris asturiano resultó el telón ideal para un concierto potente con dos mundos de la escritura para violonchelo: el arranque histórico de J. S. Bach con dos de sus suites, la segunda y tercera, de quienes las leyendas urbanas cuentan que Pau Casals (su conocido El Cant del Ocells fue propina idónea por los pájaros que no callaron durante todo el recital) se desayunaba a diario, la definitiva victoria sobre la viola de gamba para convertirse en el instrumento imprescindible de cualquier formación, más la consolidación actual para esta gran generación de cellistas españoles plenamente universales, dos pesos pesados como Hindemith (1895-1963) y Lutoslawski (1913-1994).

Parte del público que siempre atrae un espectáculo gratuito se levantó en medio de las obras sin el más mínimo reparo, otros se fueron tras Bach, puede que creyendo era el final del concierto o bien por el todavía «menosprecio» a unos compositores que forman parte de una misma historia y hace tiempo dejaron de ser contemporáneos para integrarse en los repertorios sin problemas.

Las Seis suites para chelo solo de Bach son el compañero para toda la vida de cualquier instrumentista y algo extensible a «todo el universo Bach», al principio se odian cual tortura necesaria, después y con mucho estudio se logran tocar con los mínimos fallos posibles, con los años comienzan a paladearse, pues siempre están ahí, y al final de la vida consiguen disfrutarse.
La Suite nº 2 en re menor, BWV 1008 es uno de esos amigos de viaje, seis números únicos individualmente pero que conforman un todo diferenciable en intención, aire, texturas, fraseos y hasta mimetismos. El Preludio es auténtica presentación, la Alemanda una reflexión, la Courante el toque de luz contrapuesto a la oscuridad, toda francesa, de la Sarabande aún de sonoridad renacentista e intimismo emparentado con la citada «viola de pierna», el Minueto abre la puerta al gran salón y la Giga será el viaje pastoral. Gabriel Ureña transitó cada cuadro con una gama de color muy uniforme donde el dibujo primó sobre el fondo, sonoridad rotunda en los graves y un arco que ha alcanzado el camino correcto pero aún sin interiorizar para poder disfrutar de «la segunda».

La Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 pese al paralelismo con la anterior en formato, resultó mucho más madura y redondeada, contrastada en todo, con un Preludio decidido y valiente, destacando la Sarabande por el mimetismo sombrío del cello y la alegría de la Giga cual gaita asturiana desde un juego de roncón y melodía bien planteado, olvidándose de pájaros y centrándose en la inmensidad bachiana desde la soledad del instrumento que llenaba cada piedra del antiguo Monasterio de San Vicente, acústica ideal para «Mein Gott», paladeando «la tercera» que además sonó convincente en los seis aires.

Cinco minutos para saltar dos siglos en el tiempo, cosas de la magia musical y los distintos idiomas que la gente joven dominan sin problemas en este mundo global. La Variación Sacher (1975) para chelo solo del polaco Witold Lutoslawski (dedicada al musicólogo y director Paul Sacher con motivo de su setenta cumpleaños y estrenada por el gran Rostropovich al año siguiente, verdadero impulsor de esta breve composición) es un lienzo sonoro lleno de arrebato, el contraste barroco actualizado y tamizado por la propia evolución humana donde el trazo es mero rasgo en vez de línea, ágil y espontánea, mientras los colores explotan y la distancia consigue dejarnos intuir motivos sin necesidad de formas concretas, «grafía aplicada a la música y no viceversa» en el entorno monacal de otros pájaros sobrevolando el claustro desde el sonido claro y potente de Ureña, cello actual y cercano, exigente técnicamente pero con la frescura de su generación, acercamiento más llevadero para una impetuosa interpretación llena de cuiadosos detalles y la búsqueda de un sonido propio.

La Sonata para violonchelo op. 25 nº 3 (1922) de Paul Hindemith son palabras mayores en escritura e intención que Gabriel Ureña ya ha interiorizado y trabajado en profundidad, dominada la fiera para jugar con los cinco movimientos que indican en sus títulos el camino a seguir casi al pie de la letra: 1. Animado, muy marcado, 2. Moderamente rápido, lento, 3. Lentamente – Tranquilo, 4. Animado y 5. Moderadamente rápido, reflexiones sonoras en cada cuerda y fraseo, en los arcos y el mástil, ligados y «stacati», dobles cuerdas, amplitud de matices, sonata de sonar y llenar anímicamente de principio a fin, siempre la búsqueda de contrastes como toda obra y todo recital que no quiera hacer caer en el sopor, creciendo en cada movimiento hasta el vibrante final con la cuerda en pizzicato resonando en el claustro.

Una hora de música llena de intensidad para un chelista como Gabriel Ureña (1989) que sigue engrosando la lista de españoles virtuosos del instrumento de Pau Casals -con su propina ornitológica- o Gaspar Cassadó junto a los jóvenes Asier Polo, Josetxu Obregón, Pablo Ferrández o Adolfo Gutiérrez Arenas, por citar unos pocos.

El Festival de Verano arranca con éxito, los martes y jueves citas en la agenda para residentes y visitantes, porque Oviedo es música en todas las ocasiones.

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