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Dolor por amor

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Miércoles 24 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, V Centenario de la visita de Carlos V a Granada. Colegio Mayor Santa Cruz la Real: Ensemble InAlto – Lambert Colson (corneto y dirección. Obras de Desprez, Gombert, Payen, Crécquillon, Fernández Palero, Juan del Encina, Rore, Monteverdi, Guami, Antegnati, Festa, da Gagliano y Emilio de’ Cavalieri. Fotos Álex Cámara y propias.

La web del Festival presentaba este concierto con el título Duelo por una emperatriz:

Continuando la conmemoración del 500 aniversario de la visita de Carlos V a Granada, coincidente con su matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal, el Ensemble InAlto presenta MemoriAmor, un programa centrado en la conmemoración, el duelo y el recuerdo en la música del Renacimiento y del primer Barroco. Bajo la dirección de Lambert Colson, el eje del concierto es la Missa Mort m’a privé de Thomas Crécquillon, vinculada a la muerte de la emperatriz Isabel en 1539 y a la práctica conmemorativa promovida por el propio emperador. Junto a ella se escuchan obras de Desprez, Monteverdi y Da Gagliano, entre otros, que permiten trazar un recorrido por distintas formas de expresión del lamento y la memoria en la Europa de los siglos XVI y comienzos del XVII.

El Ensemble InAlto hace referencia a la expresión italiana válida para el mar y la montaña, la lejanía física y los riesgos que conlleva explorarlos, y musicalmente busca explorar tanto el aspecto vocal como el instrumental en un diálogo entre ellas, con compositores que también asumieron riesgos en su tiempo, los mismos que supone ofrecer programas como este del entonces convento dominico fundado en el siglo XVI por los Reyes Católicos tras conquistar Granada, hoy Colegio Mayor desde inicios de los años 60.

¿Cómo conmemorar un amor perdido y mantenerlo vivo a través del tiempo? La respuesta es el programa que explora dos historias singulares y conmovedoras de amor, pérdida y recuerdo de la época del Renacimiento. El 1 de mayo de 1539, la emperatriz Isabel de Portugal, amada esposa de Carlos V, falleció durante el parto y el profundo dolor de Carlos, aún resuena hoy en día a través de las numerosas obras de arte que encargó en su memoria, siendo el  compositor de la corte, Thomas Crécquillon, quien recibió entonces el encargo de crear un legado musical apropiado, «Mort m’aprivée» («La muerte me ha arrebatado») sobre un texto inusualmente personal, posiblemente escrito por el propio emperador, que recibió dos composiciones musicales: una dedicada a Carlos y otra a Isabel. Crécquillon compuso una misa de réquiem basada en estas dos canciones, entrelazándolas con la sublime perfección musical que el emperador tanto anhelaba.

Y otro homenaje musical al amor perdido es el de Monteverdi y su famosa Sestina, o «Lágrimas de un amante en la tumba de su amada» tras la muerte en 1608 de su alumna de la cantante Caterina Martinelli, también conocida como la Romanina. Cuando Monteverdi publicó su Sexto libro de madrigales, unos años más tarde, incluyó tanto la Sestina como el doloroso clímax de su ópera Arianna , el famoso Lamento, cual homenaje a la voz perdida y querida de Caterina.

InAlto bajo la dirección de su fundador Lambert Colson (París, 1985) desarrollaron un programa con una breve  pausa donde el director dio unas pinceladas sobre el programa. Su corneto (sin duda uno de los instrumentos musicales más importantes de los siglos XVI y XVII, fabricado en madera y recubierto de cuero o pergamino, que se consideraba el instrumento más capaz de imitar la voz humana) daría el color especial tanto al cuarteto de trombones como al sexteto vocal en unas músicas para las pérdidas (y felizmente no perdidas).

Las notas al programa de Ascensión Mazuela analizan en profundidad las páginas elegidas por InAlto, donde personalmente Monteverdi sigue siendo “El Divino” en este emparejamiento de dolor por amor con Crécquillon.

MemoriAmor

“El encargo de piezas musicales en recuerdo de una persona fallecida es una práctica que transita la historia de la música occidental. Este programa se centra en dos manifestaciones de duelo a través del mecenazgo musical, relacionadas, respectivamente, con la muerte de Isabel de Portugal en 1539 y con la de la cantante Caterina Martinelli, la Romanina, en 1608.

La emperatriz falleció a los 35 años tras complicaciones derivadas de su séptimo embarazo y fue sepultada en la Capilla Real de Granada. Carlos V, devastado, se retiró al monasterio jerónimo de Santa María de la Sisla y no volvería a casarse. Thomas Crécquillon, maestro de la capilla real, compuso tres chansons que expresan la aflicción del emperador: Oeil esgaré y dos versiones musicales del texto Mort m’a privé, que podría haber sido escrito por el propio emperador. Las tres piezas se citan en la Missa «Mort m’a privé» de Crécquillon, que se cantaría anualmente en el aniversario de la muerte de la emperatriz y está repleta de simbolismos y de correspondencias con La Gloria de Tiziano, pintura encargada por Carlos V.

Otro miembro de la capilla flamenca, Nicolás Payen, creó el motete Carole cur defles, un epitafio musical de la emperatriz que se considera ejemplo de su preocupación por expresar a través de la música el contenido del texto, en línea con el todavía enigmático concepto de musica reservata.

La primera parte del programa, que se inicia con una versión a 5 voces atribuida a Josquin de la baja danza La Spagna, presenta estos homenajes musicales a la reina y se complementa con una glosa de Mort m’a privé realizada por Francisco Fernández Palero, organista de la Capilla Real de Granada, un villancico de Nicolas Gombert sobre la lealtad de la dama ausente hacia el caballero, y una canción de Juan del Encina acerca de la futilidad de la vida.

Si Crécquillon y Payen crearon recuerdos musicales de Isabel de Portugal, Claudio Monteverdi homenajearía a Caterina Martinelli. Miembro del ensemble vocal de mujeres al servicio de Vincenzo Gonzaga en Mantua, Martinelli interpretó el papel de Venus en la exitosa ópera Dafne de Marco da Gagliano en febrero de 1608. Pocas semanas después falleció de viruela a los 18 años, cuando estaba a punto de protagonizar L’Arianna de Monteverdi. Gonzaga ordenó que se le construyera una tumba en la iglesia de los carmelitas de Mantua y que cada año se le cantara una misa, y encargó a Monteverdi que compusiera en su honor el ciclo de seis madrigales Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata. Como tributo a la cantante, este ciclo sería publicado por Monteverdi en su sexto libro de madrigales, junto a Il Lamento d’Arianna, el único extracto de la ópera que se conserva.

La segunda parte del concierto presenta ejemplos de estas obras y se complementa con tres piezas instrumentales (la Sinfonia à 5 de Monteverdi, una canzon del organista bresciano Costanzo Antegnati y uno de los contraponti del músico de la Capilla Sixtina Costanzo Festa), un madrigal de Cipriano de Rore sobre un poema de Petrarca que muestra la intensidad expresiva del compositor, un motete de Gioseffo Guami destacado por sus experimentos cromáticos, y un recitativo coral de Rappresentatione di Anima et di Corpo de Emilio De’ Cavalieri.

Así, el repertorio compuesto en memoria de Isabel de Portugal y Caterina Martinelli muestra que la música no solo ha servido para expresar duelo, sino como una ofrenda que plasma el estatus sociocultural de estas dos mujeres”.

En las veintidós páginas se fueron alternando voces e instrumentos, a menudo doblándolas, y paso a especificar cada una de ellas con breves comentarios, aunque el programa detallado queda al final de esta entrada.

Casi por sorpresa comenzó a sonar La Spagna de Josquin Desprez desde la entrada con la “fanfarria” del corneto de Lambert Colson con su cuarteto de sacabuches (mejor que los posteriores trombones): Guy Hanssen, Charlotte Van Passen, Susanna Defendi, Bart Bromen, auténticas cuatro voces polifónicas que se colocarían después tras el sexteto vocal que permanecería repartido a ambos lados del escenario para incorporarse en las obras que les correspondían, dando no solo solemnidad sino rotundidad al tejido polifónico.

La primera obra vocal sería Dezilde al cavallero de Nicolas Gombert a cargo de la soprano Alice Foccroulle, de técnica perfecta, con buena emisión y dicción, acompañada por el laúd de Jonas Nordberg. Para Nicolas Payen y Carole cur defles se sumarían a la soprano belga el “quinteto de viento” antes de lo que sería el ensamble de viento con Thomas Crécquillon y Mort m’a privé, a 5 voces (prescindiendo del tenor Andrés Montilla) más el laúd y el órgano de Joseph Rassam (que alternaría con el clave). Empaste, afinación y colorido vocal increíble por parte de todos, pues no había dirección al frente pero las voces entraban y finalizaban con solo mirarse unas a otras.

Seguiría la instrumental Oeil esgaré, viento con laúd y clave, antes de comenzar la Misa «Mort m’a privé» (el Kyrie, Gloria, Credo, y Sanctus) de Crécquillon. Combinando cada parte del ordinario, en el Kyrie el viento al completo con órgano, y laúd, que en la repetición quedaron las voces femeninas (Alice Foccroulle y la mezzo Maria Dalia Albertini) de color uniforme en ese registro intermedio, en el Gloria con el mismo orgánico, el Credo comenzaría nuevamente con ellas más el laúd, para ir incorporando en el Sanctus las voces graves (masculinas) con el órgano y sumarse el viento y todo el sexteto vocal.

En este V Centenario de la visita de Carlos V a Granada no podía faltar la música de Francisco Fernández Palero (Tendilla c. 1533 – Granada 1597), compositor, organista y capellán de la Capilla Real de Granada durante 40 años. Su Mor me a privé, fue una “delicadeza” a cargo del clave y el laúd con ese parecido tímbrico de registro, que pese a ser cuerda pinzada y punteada, lograron una “unidad sonora”.

Continuaría ía Missa de Crécquillon con el Benedictus y el Agnus Dei, seis voces que arrancaron con órgano y laúd junto a las voces  del tenor Riccardo Pisani y el bajo Jimmy Holliday, para ir agrandando con el mismo orgánico y el viento doblando todas las voces de estos dos números finales de la misa.

De Juan de Fermoselle, más conocido como Juan del Encina, escuchamos del Cancionero de Palacio su villancico (entendido como canto de los villanos, que habitaban las villas) Todos los bienes del mundo, con las seis voces “a capella” para después ser dobladas por el ensemble, sin percusión aunque bien podría tenerla pues el Renacimiento otorga licencias de una música no tan detallada en su escritura.

Al finalizar llegaría la primera ovación de la noche que aprovechó Colson para dirigirnos unas palabras sobre el programa, mientras cambiaban el laúd por la tiorba.

Y así arrancaba el segundo bloque de una noche calurosa con Vergine bella (Cipriano de Rore), otra delicadeza instrumental con el corneto melódico, casi virtuoso, de Lambert Colson y el órgano sustento armónico con Joseph Rassam en feliz conjunción tímbrica. A continuación los madrigales de Claudio Monteverdi: Incenerite spoglie donde se sumarían cinco voces, permutando los tenores para el Darà la notte il sol.

Es habitual alternar partes vocales e instrumentales en programas como el de este miércoles colegial, y todo el ensemble interpretaria In die tribulationis de Gioseffo Guami, música de un siglo XVI rico en todas las artes. Volvía “El Divino”  y para La Sestina su madrigal Dunque, amate reliqui* antes de otra instrumental de Costanzo Antegnati, La Moranda, haciéndome meditar cuántas vidas necesitaríamos para escuchar tantas músicas más allá del dolor y la belleza que de él surge.

Iba acercándose la medianoche y escucharíamos de Marco da Gagliano el aria Chi da lacci d’amore (de su ópera  La Dafne), bellísima, sentida por Alice Foccroulle acompañada por el clave y la tiorba, ornamentos limpios y un color ideal para este repertorio, seguido por el Contrapunto 108 de Costanzo Festa a cargo del ensamble antes de retomar cinco voces con tiorba y clave para una polifonía exquisita de Monteverdi, el conocido madrigal Lasciatemi morire, después permutando tenores O Teseo, Teseo mio en contraste de colores en el dúo entre Pisani y Holiday, la parte instrumental  de la Sinfonia à 5, para ir finalizando con el dúo entre Benedícte Hymas y Pisani en Vita nostra al fin polvere et ombra de Marco da Gagliano, otra partitura para seguir escuchándola más veces, y final «In Alto» con Emilio De’ Cavalieri y Questa vita mortale. Música imperial de tantas escuelas cortesanas europeas que al menos no entendían de fronteras, y un placer escucharla en este Colegio cuyas paredes están empapadas de mucha historia y música para ella.

INTÉRPRETES

InAlto

Guy Hanssen, Charlotte Van Passen, Susanna Defendi, Bart Bromen (trombones)

Jonas Nordberg (laúd y tiorba)

Joseph Rassam (órgano y clavecín)

Alice Foccroulle (soprano) –   Maria Dalia Albertini (mezzosoprano) – Andrés Montilla (alto) – Benedict Hymas, Riccardo Pisani (tenores) – Jimmy Holliday (bajo)

Lambert Colson (corneta renacentista y dirección)

PROGRAMA:

MemoriAmor

Josquin Desprez (ca.1450-1521):

La Spagna

Nicolas Gombert (1495-1560):

Dezilde al cavallero

Nicolas Payen (1512-1559):

Carole cur defles

Thomas Crécquillon (1505-1557):

Mort m’a privé, a 5 voces

Oeil esgaré

Missa «Mort m’a privé» (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus)

Francisco Fernández Palero (c. 1550):

Mor me a privé

Thomas Crécquillon:

Missa Mort m’a privé (Benedictus, Agnus Dei)

Juan del Encina (1468-1529):

Todos los bienes del mundo

Cipriano de Rore (1516-1565):

Vergine bella

Claudio Monteverdi (1567-1643):

Incenerite spoglie*

Darà la notte il sol*

Gioseffo Guami (1542-1611):

In die tribulationis

Claudio Monteverdi:

Dunque, amate reliqui*

Costanzo Antegnati (1549-1624):

La Moranda

Marco da Gagliano (1582-1643):

Chi da lacci d’amore (de La Dafne, 1608)

Costanzo Festa (1485-1545):

Contrapunto 108

Claudio Monteverdi:

Lasciatemi morire**

O Teseo, Teseo mio**

Sinfonia à 5

Marco da Gagliano:

Vita nostra al fin polvere et ombra

Emilio De’ Cavalieri (1550-1602):

Questa vita mortale

* Extractos de La Sestina. Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata, SV 111 (Madrigales, Libro VI. 1614)

** Extractos de Lamento d’Arianna, SV 107 (Madrigales, Libro VI. 1614)

En conmemoración del V centenario de la visita de Carlos V a Granada.

Concierto grabado para su emisión en diferido por RNE-Radio Clásica y

la UER (Unión Europea de Radiodifusión)

Seis voces y seis cuerdas

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Martes 23 junio, 22:30 h. 75 Festival de Granada, Flamenco. Teatro del Generalife: Yerai Cortés. Fotos Álex Cámara y propias.

Mi noche de San Juan “mierense” la celebré en Granada y la disfruté con un espectáculo original, flamenco, actual, sencillo y lleno de calidad con la guitarra de Yerai Cortés y seis mujeres aún sin nombre artístico aunque parece que las hemos bautizado como “Las Coralitas” porque sin ellas nada hubiera sido igual. Con una inicio desconcertante donde el alicantino salía leyendo el periódico y con unas voces procesadas que resultaron directas, comenzaba un espectáculo único.

La web del Festival presentaba así esta noche flamenca:

Yerai Cortés (Alicante, 1995) es uno de los guitarristas más relevantes de la actualidad y una figura clave del flamenco contemporáneo. Criado en una familia vinculada al arte jondo, comenzó su trayectoria en los principales tablaos de Madrid, desarrollando un estilo propio marcado por el virtuosismo y una narrativa muy personal. Con una propuesta artística elegante y gran carga emocional, su guitarra conecta con un amplio público, desde el más tradicional hasta las nuevas generaciones. En 2024 protagonizó el documental La guitarra flamenca de Yerai Cortés, dirigido por C. Tangana (Antón Álvarez). La película obtuvo dos Premios Goya, el de Mejor Película Documental y Mejor Canción Original por Los Almendros, compuesta por el propio el propio director, Cortés, y La Tania. Fue nominado a los Latin Grammy 2025 en la categoría «Mejor Nuevo Artista», un reconocimiento que consolidó su presencia en el panorama musical internacional. En directo ofrece un formato que combina guitarra, coro a seis voces y palmas, con el que ha actuado en escenarios tan diversos como el Montreux Jazz Festival o el auditorio de Radio France en París, además de agotar entradas en todas sus fechas.

El alicantino curtido en acompañar espectáculos de baile y cantaores, tenía la oportunidad de presentarse en solitario con “seis soles”, más sus seis cuerdas con las que ir desgranando temas propios, bulerías, tarantas y hasta valses, con una sonorización exquisita donde los efectos electrónicos estaban tan bien encajados que no distinguíamos el vivo y lo grabado, con las seis chicas todas ellas una fiesta compartida.

Luces sencillas pero por momentos impactantes, destellos de flashes blancos o rojos, efectos de humo, coincidiendo con la tensión y la “furia” o la penumbra. Sus voces sonaron como una, con quejío y pellizco, rememorando el arte de Algeciras aunque desconozca su procedencia, palmas tanto virtuosas de toque preciso como sordas empujando y encajando con la guitarra de Yerai, y un zapateado tan sincronizado que daba ritmo de cajón desde una tarima amplificada con exquisitez.

El programa de mano se limitaba a plasmar las siguientes notas:

Yerai Cortés se consolida como una de las figuras más importantes del flamenco actual. Combina una sensibilidad poco común con una visión artística que trasciende etiquetas. En su música conviven la raíz popular y una mirada contemporánea, que dan forma a un discurso propio, sólido y abierto al riesgo.

Tras el reconocimiento internacional obtenido con su debut, el guitarrista presenta “POPULAR”, un segundo trabajo que amplía su universo creativo y reafirma su personalidad artística. Más allá del virtuosismo, Yerai apuesta por la emoción, el detalle y la construcción de atmósferas que invitan a una escucha atenta.

Su propuesta adquiere una dimensión especial en directo. Sobre el escenario, se rodea de seis mujeres que aportan voz y percusión corporal. Este formato genera una experiencia inmersiva, marcada por el pulso colectivo y la intensidad interpretativa. La interacción entre los elementos crea una tensión que evoluciona a lo largo del espectáculo.

El concierto no se plantea como una simple sucesión de temas. Funciona como un recorrido continuo, con transiciones fluidas y momentos de gran carga expresiva. La sobriedad escénica y el cuidado de la iluminación refuerzan un enfoque centrado en lo esencial, donde cada gesto y cada sonido adquieren protagonismo.

Con esta nueva gira, Yerai Cortés presenta su proyecto en los escenarios y festivales más emblemáticos de Europa. Su propuesta encuentra en el directo su espacio natural.

Todo lo anterior se queda corto, como los 90 minutos de fiesta. El clima creado en el Generalife, a tope con público de todas las edades y gustos, fue cual montaña rusa de puro arte. La guitarra jonda, sentida, explosiva y mágica, más la coreografía de unas chicas “manga” de negro (tutú, minifalda y medias colegiales) moviéndose por el escenario entre un bosque de pies de micrófono, que iban cambiando de posición, con los jaleos espontáneos y sinceros de “¡agua!” o “¡aire!” porque el fuego lo ponían las seis cuerdas junto a las seis corales de oro molido. El “Yeri” cambiando de ubicaciones, sentado, a la izquierda, susurrando algunas melodías «corales», con el pie sobre la silla, centrado, adelantado, recogido, acompañando y compartiendo protagonismo, enriqueciendo unos cantos con letras actuales y naturales como el vals que decía “en los puertos italianos y en los cafés parisinos”… y viva los alicantinos, con el Castillo de Santa Bárbara igualmente celebrando la noche más corta del año (con sus “Fogueres”) en esta fiesta flamenca, moderna, juvenil, distinta, “la fuerza la sacaría de donde la saca nadie”…

Si Yerai “tiene cinco en la izquierda” primorosos, limpios, “la derecha otros cinco que valen por veinte”, como cantaban, de bordones rotundos y melódicos siempre perfectamente compenetrados con sus seis perlas, fusión bien entendida con mucha compenetración desde este maravilloso espectáculo de una docena de luces con media docena de cuerdas y otra de voces.

La Noche de San Juan con calor natural y fuego musical, «canela en rama» desde Alicante hasta Granada con mi mente en Mieres pero el cuerpo flamenco.

Cuartetos para centenarios

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Lunes 22 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Música de cámara. Patio de los Arrayanes: Cuarteto Quiroga. Obras de Arriaga y Kurtág. En conmemoración del bicentenario de la muerte de J. C. Arriaga y el centenario del nacimiento de G. Kurtág.

El Cuarteto Quiroga proponía un diálogo entre dos figuras separadas por dos siglos, pero unidas por la radicalidad de su escritura y la intensidad. El bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, fallecido con diecinueve años, y a quien se la apodado “el Mozart español”, dejó pese a su breve trayectoria una obra madura, en la que sus tres cuartetos de cuerda ocupan un lugar central por su equilibrio formal, claridad expresiva y dominio del lenguaje clásico (y el Quiroga los ha grabado en septiembre de 2005 en la neerlandesa iglesia WedtVest90 de Schiedam, que están presentando este año del bicentenario). Por otro el compositor húngaro, nacido en Rumanía, György Kurtág, que ha cumplido cien años este pasado febrero, representa una de las figuras más singulares del último siglo con exploraciones más concentradas y de carácter aforístico, junto a una expresividad diría que especial. Como dice la web del Festival “El programa subraya así una curiosa relación entre juventud truncada y longevidad creadora, con el cuarteto de cuerda como vehículo privilegiado para la introspección y la experimentación”.

Alternar las miniaturas de Kurtág con los tres cuartetos de Arriaga no pareció encajar mucho, y el público estuvo algo «perdido» con el húngaro, pero estaba claro que el punto fuerte era el bilbaíno.

Las notas al programa de Luis Gago las titula Los dos extremos:

«(…) Escuchar la música de ambos en el concierto de esta noche tiene, por tanto, el atractivo del contraste entre dos maneras casi antagónicas de abordar la creación musical: la eclosión de talento casi incomprensible en un adolescente Arriaga versus la larga lucha por encontrar una voz propia de Kurtág, que publicó su op. 1, precisamente un cuarteto de cuerda, a los treinta y tres años. La conjunción de un genio precoz y una muerte temprana suelen ser los mejores aliados de la leyenda (…). El editor y musicólogo Alfred Schlee es homenajeado en su nonagésimo cumpleaños y recordado tras su muerte en Aus der Ferne III y V, esta última «música angustiada con grandes dosis de sul ponticello. Y luego, muy suavemente, algo se eleva», nos dice su autor. Conmueve observar las tres páginas y media en las que, con una escritura temblorosa, Kurtág entonó un planto fúnebre por László Dobszay, una persona cercanísima al compositor durante décadas, fechadas en Saint-André-de-Cubzac el 26 de agosto de 2011 (…) . En palabras de Cibrán Sierra, «un epitafio turbador que nos enfrenta al sobrecogedor abismo de la nada, donde el átomo se funde con la materia oscura y el sonido parece desintegrarse en el fatal agujero negro del silencio». Calando e perdendosi, escribe Kurtág casi al final de esta música rica en armónicos, en acordes de séptima y novena, tocada con sordinas de metal, con los sonidos reducidos a ascuas: «serán ceniza, mas tendrá sentido».

Sin entrar a fondo en la biografía de Arriaga citar la curiosidad de su fecha de nacimiento: un 27 de enero de 1806 (exactamente el día en que Mozart habría celebrado su quincuagésimo cumpleaños). De las únicas obras que se publicaron en vida del compositor vasco están los tres cuartetos de cuerda, que vieron la luz en París en 1824. De ellos, Cibrán Sierra escribe en el libreto del CD: «El dramatismo oscuro del inicio del primer cuarteto, en la sombría tierra sonora de re menor, convive con la deliciosa naïvité de las variaciones del segundo cuarteto, o con la increíble imaginación sonora del Andante del tercer cuarteto, que preludia usos instrumentales inauditos en la época». Del Quiroga podría repetir sus cualidades que reflejo en cada concierto al que he asistido, y son muchos, pero los tres cuartetos de Arriaga son también un referente en vivo, con la peculiar acústica del Patio de los Arrayanes. Ahondando en la descripción, “el Primer Cuarteto, en re menor, transmite la cara más sombría, dramática y retóricamente intensa de Arriaga, con una seriedad expresiva verdaderamente sorprendente en un compositor tan joven. El Segundo, en la mayor, tiene una luminosidad más extrovertida y una brillantez casi concertante, con momentos de un encanto y una elegancia irresistibles. Y el Tercero, en mi bemol mayor, es el más libre y audaz en términos de invención, color y juego formal: su Andante se convierte en pura imaginación sonora, y su final, una explosión de inteligencia y energía”.

La composición de un cuarteto de cuerda supone todo un complejo proceso que en Haydn, Beethoven o Schubert llevó años, mientras que en Arriaga asombra por su precocidad, celeridad y calidad, tres páginas amables del más puro clasicismo pero con sello propio. Retomando el libreto de la grabación del Cuarteto Quiroga, quiero destacar el análisis:

«Resulta admirable cómo se divierte con frases irregulares, cómo roza el cubismo en sus Scherzi, jugando al trilero con el oyente, en un ejercicio de ingenio parangonable a algunos de los más arriesgados experimentos haydnianos de Eszterháza. Es fascinante el arrojo instrumental, como ese brillante y operístico comienzo del segundo cuarteto, o el audaz tejido contrapuntístico con el que va urdiendo, de manera nada ostentosa, pero llena de pícara creatividad, los desarrollos del Finale del cuarteto en mi bemol. Sorprende ver a un joven firmar páginas donde los silencios ocupan espacios retóricos de tanta profundidad expresiva, un adolescente que no se esconde ante la oscuridad y que maneja con sobriedad las texturas más dramáticas; da gusto observar cómo es capaz de desarrollar el trabajo temático, explotar la diversidad de las cadencias, con sus múltiples encrucijadas narrativas, y cómo, a pesar de todo, nunca suena pretencioso, como les pasa a tantos, y no cae en el habitual pecado de la pedantería o la hipertrofia petulante. En sus cuartetos, Arriaga suena atrevido, con agallas y descaro; fresco y joven, pero inteligente, refinado y elegante».

Si Kurtág es lo actual, con sus aristas y particular entendimiento de estos “regalos cuartetísticos”, exigentes para poder extraer tanta profundidad en tan cortas duraciones, y el Cuarteto Quiroga los interpretó de forma magistral, desde matices íntimos, casi imperceptibles, a la fuerza arrolladora, Arriaga es frescura, con una escritura madura que saca de cada instrumento su protagonismo: diálogos deliciosos de los violines, el chelo sustentando la arquitectura sin perder los pasajes melódicos y un tratamiento de la viola que le da el color y el brillo que el Quiroga demostró con una interpretación perfecta a la que ni el calor, ni las toses, ni los cuchicheos a mi alrededor, lograron opacar.

Como decía George Steiner, un clásico lo es porque nos lee a nosotros tanto como nosotros a él, y así entendió el Cuarteto Quiroga al genio bilbaíno, al que llevan interpretando desde sus inicios, esta vez emparejado con el húngaro simplemente por efemérides.

PROGRAMA

I

György Kurtág (1926)

Aus der Ferne III (1991).

Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826)

Cuarteto de cuerda nº 1 en re menor (1823).

György Kurtág

Aus der Ferne V (1999).

Juan Crisóstomo de Arriaga

Cuarteto de cuerda nº 2 en la mayor (1823).

György Kurtág

Secreta: funeral music.
in memoriam László Dobszay (2011).

II

Juan Crisóstomo de Arriaga

Cuarteto de cuerda nº 3 en mi bemol mayor (1823).

En conmemoración del bicentenario de la muerte de J. C. Arriaga y el centenario del nacimiento de G. Kurtág.

@Lucía Rivera – Festival de Granada

P. D. Las fotos fueron compartidas el martes 23 a las 11:39 horas, utilizo esta última, ya subida la entrada de madrugada y actualizada a mediodía.

Sonidos imperiales en Palacio

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Domingo 21 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, V Centenario de la visita de Carlos V a Granada. Palacio de Carlos V: Música para la coronación imperial de Carlos V,  Odhecaton, La Pifarescha, Ensemble Pian & Forte, Paolo Da Col (director), Rita Cosentino (puesta en espacio). Fotos de Álex Cámara y propias.

En el sexto día de festival y decimotercero en Granada volvía al Palacio de Carlos V para una propuesta original donde recrear la Música para la coronación imperial de Carlos V (Bolonia, Basílica de San Petronio, 1530), una reconstrucción escénica de la ceremonia de coronación a cargo de Rita Cosentino con tres formaciones unidas donde escuchar una fanfarria de trompetas naturales, coro a capella e instrumentos «de época» tanto doblando voces como interviniendo en un programa que arrancaba invitándonos ya con Ensemble Pian & Forte en la propia entrada a esta ceremonia entre la liturgia, el ceremonial cívico y la propaganda política, «evocando el ideal sonoro de la capilla imperial y su proyección simbólica del poder. La capilla imperial de Carlos V estaba integrada por cantores profesionales, niños cantores y ministriles, y reflejaba una compleja estructura al servicio de la magnificencia del emperador» como escribe la profesora de la Universidad de Granada Cecilia Nocilli en las notas al programa (que voy añadiendo en mis comentarios).

Ya sentados y cual plaza de toros musical, a la galería superior subían para arrancar el espectáculo con clarines y timbales, sumándose un «sacabuche» (trombones antiguos) en la Prima entrata imperiale atribuida a Girolamo Fantini (1600-1675), una entrada soberana que nos la imaginamos con el emperador trasladado de Bolonia a Granada:

«Siguiendo la práctica de San Petronio, el concierto propone una disposición espacial diferenciada en el Palacio de Carlos V de Granada. La “música alta” (cornetas, sacabuches, trompetas y timbales) se sitúa en las alturas del palacio, proyectando su sonido luminoso, mientras el conjunto vocal, en un nivel inferior, desarrolla la trama polifónica con mayor cercanía».

Paolo Da Col al frente del coro Odhecaton formado por 12 voces graves (con excelentes falsetistas) irían completando el concierto, bien con La Pifarescha (corneto y cuarteto de. trombones) doblando la parte vocal, otras veces a capella, e incluso con solo medio coro. Afinación exquisita, empaste y una lectura de las obras elegidas llevando el tactus renacentista para una expresividad y dicción ideal.

«Aunque publicada en 1638 en su tratado Modo per imparare a sonare di tromba, esta música recoge una tradición más antigua: la de los conjuntos de trompetas y timbales que acompañaban las entradas solemnes de los monarcas, portando estandartes y anunciando su presencia. Fantini sistematizó una técnica avanzada, amplió el registro del instrumento y fijó prácticas de articulación y virtuosismo fundamentales para la trompeta natural. La escritura clara de la Prima entrata imperiale establece desde el inicio un tono de solemnidad».

La Missa a la Incoronation «Sur tous regrets», a 5 voces) de Nicolas Gombert (c. 1495 – c. 1560), núcleo del concierto que iría intercalándose con otros compositores y formaciones. Comenzaron  desgranando el Kyrie y Gloria, misa «parodia»  a partir de la chanson de Jean Richafort (c. 1480 – c. 1547), con el corneto y los sacabuches, más dos motetes Conceptio tua e In illo tempore, a 6 voces, perfecta integración de voces y ministriles, para finalizar este primer bloque con el Credo. La doctora Nocilli escribe que Gombert fue maestro de los niños cantores de la capilla de Carlos V, a quien acompañó en sus viajes por España, Italia, Austria y Alemania, y probablemente se escuchó en la ceremonia recreada este domingo en el Palacio.

De Jean Richafort (c. 1480 – c. 1547) el Sour tous regretz lo interpretaron corneto y trombones, polifonía instrumental rica en fraseo y contrastes dinámicos muy difíciles en estos instrumentos naturales, prosiguiendo retomando la misa de Gombert con el Sanctus y Agnus Dei, a 5 y 6 voces, un coro bien llevado por Da Col que llenaba la noche palaciega muy matizado, de sonoridad clara como el cielo granadino.

Se hacía llevadera la parte vocal al intercalarla con la instrumental, y de nuevo «la música alta» sonaba Frisque et gaillard de Jacobus Clemens non Papa (ca. 1510 – 1555), donde el ágil corneto no destacaba sobre los sacabuches pero enriquecía la tímbrica, más unos timbales poderosos.

O bone et dulcissime Jesu, a 4 voces de Josquin Desprez (1450-1521) trajo la emoción y devoción con un autor que anterior a esta época era un «superventas» (y tal vez maestro de Gombert) que no podía faltar en ningún evento musical y se supone sonó también en San Petronio, con un avance en la música polifónica que marcaría un estilo característico.

Vuelvo con las notas al programa para las siguientes obras intercaladas:

«Las intervenciones instrumentales de Heinrich Lübeck († 1619) y Cesare Bendinelli (c. 1542-1617) –respectivamente Etzliche Punctenn aus einer Sonade y la Sonata nº 336– iluminan la tradición de la trompeta natural en el ámbito imperial. Desde el siglo XVI, los trompetistas gozaron de privilegios y de organización gremial en los territorios de los Habsburgo, y su repertorio, conservado en cuadernos y tratados, combinaba señales militares, fanfarrias, ejercicios y piezas de conjunto. Los cuadernos manuscritos de Lübeck (1598), heredero de la refinada escuela alemana de trompeta, y el tratado Tutta l’arte della trombetta (1614) de Bendinelli, que contiene más de trescientas».

Y otro de los momentos íntimos llegaría con el  monumental Regina caeli, a 12 voces, el coro situado bajo los arcos de la entrada, en círculo aprovechando la increíble acústica palaciega para hacernos sentir invitados imperiales con esta partitura «moderna» armónicamente, expresiva, de silencios dramatizando el texto cantado con una dicción perfecta y un empaste que las voces iguales alcanzan siempre, enriquecido por los falsetistas que dn el color y la luminosidad coral.

Un concierto distinto en el Festival, que como titulaba la doctora, fue «El sonido del Imperio» y todos invitados como hace quinientos años.

INTÉRPRETES Y PROGRAMA

Fuego valenciano en Granada

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Sábado 20 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos. Palacio de Carlos V: Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV), Marianne Crebassa (mezzo), Gustavo Gimeno (director). Obras de Ravel, Falla, Berio, Stravinsky. Fotos de Álex Cámara y propias.

La Orquestra de la Comunitat Valenciana llegaba al Festival de Granada con el mismo programa ofrecido dos días antes en Valencia junto a Gustavo Gimeno, director invitado habitual de las principales orquestas internacionales. El escenario incomparable del Palacio de Carlos V y una noche de calor ya veraniego sirvieron de marco para un concierto dominado por el fuego en todas sus acepciones: el color orquestal, la intensidad expresiva y, finalmente, la célebre danza «falliana» que cerró la velada.

La primera parte se abrió con la Rapsodie espagnole de Maurice Ravel, obra escrita entre 1907 y 1908 que constituye una de las más refinadas evocaciones de España realizadas desde fuera de nuestras fronteras. Gimeno apostó por una lectura de líneas claras y gran precisión, construida desde el equilibrio de planos y una atención minuciosa al detalle tímbrico. Fue un Ravel limpio y transparente, de sonoridades cuidadosamente perfiladas, en el que destacó especialmente la intervención del corno inglés (Ana Rivera) en la Malagueña, uno de los momentos más inspirados de la interpretación.

La llegada de Marianne Crebassa elevó aún más el interés de la velada. La mezzosoprano francesa confirmó una vez más su extraordinaria afinidad con la música española en las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla. Su impecable dicción, particularmente en la articulación de las consonantes, y un fraseo siempre elegante permitieron disfrutar de unas versiones alejadas de cualquier exceso expresivo. Crebassa optó por la naturalidad y la musicalidad, dejando que la belleza de estas canciones emergiera desde su aparente sencillez.

La versión interpretada fue la orquestación realizada por Luciano Berio, de mayor complejidad y densidad sonora que la más «conocida» de Ernesto Halffter. La escritura del compositor italiano amplía considerablemente el papel de metales y maderas sin traicionar la esencia de la parte pianística original. Gimeno supo encontrar el equilibrio entre la riqueza orquestal y la línea vocal, exigiendo una precisión admirable a los músicos valencianos. Aunque no todas las canciones alcanzaron idéntico nivel de inspiración, resultó difícil no dejarse conmover por una emotiva Asturiana que, por unos minutos, me devolvió a mi tierra. Pese a las prolongadas ovaciones que obligaron a la cantante a salir varias veces a saludar, finalmente no hubo propina.

La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a El pájaro de fuego de Igor Stravinsky en su versión completa de ballet, una opción poco frecuente en las salas de concierto. La ausencia de la dimensión escénica hace que la obra pueda resultar extensa para parte del público, pero permitió comprobar el extraordinario momento artístico que atraviesa la formación valenciana.

De nuevo aparecieron las señas de identidad de la noche: precisión, claridad y disciplina orquestal. Aunque el estilo gestual de Gimeno no termina de convencerme. Su dirección resulta a menudo muy amplia sin coincidir con las dinámicas, y físicamente intensa, con una mano izquierda que, cuando no pasaba las páginas (y eran muchas), frecuentemente duplica el trabajo de la derecha o puede resultar agresiva visualmente para las entradas en ff, pero debo reconocerle una capacidad indiscutible para mantener la tensión narrativa y extraer el máximo rendimiento de la orquesta. En Stravinsky encontró además un terreno especialmente propicio para desplegar esa energía.

Hubo espacio para la magia. Uno de los momentos más reveladores llegó en el final de la obra, cuando el director dejó caer simplemente los brazos para señalar el piano subito, obteniendo una reacción instantánea de los músicos antes del crescendo final. Fue un gesto sencillo pero enormemente eficaz.

La orquesta desplegó una impresionante paleta de colores. La cuerda brilló con especial intensidad y las numerosas intervenciones solistas fueron resueltas con gran calidad. Merecen mencionarse al menos a Bernardo Cifres en la trompa y Gjorgi Dimcevski como concertino, sin olvidar el delicado trabajo de la celesta, instrumento fundamental tanto en Ravel como en Stravinsky.

Y cuando parecía que la temperatura ya no podía subir más, llegó la propina. La célebre Danza ritual del fuego de Falla puso el broche definitivo a una velada de enorme nivel musical. Los valencianos la ejecutaron con brillantez y contundencia, añadiendo la última chispa a una noche que, entre el calor granadino y la intensidad del programa, tuvo mucho de celebración alrededor de una hoguera de San Juan.

P.D.: Me encantó saludar a mi querido Don Ignacio a quien he visto crecer como violinista, resultando una verdadera alegría este encuentro sorpresa en Granada.

Siempre la radio para vivir mejor

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“Músicas para vivir mejor” Radio Clásica en su 60 aniversario”. Prólogo de Gustavo Dudamel y Espido Freire. Editorial Medio Tono.

ISBN 978-84-127901-3-9. 198 páginas, Precio 22 €.

Soy de la generación que ha vivido y vive con la radio. Mi primer recuerdo es aquella que teníamos en la cocina sobre la mesa, con un mueble de madera a medida y donde escuché la muerte del papa Juan XXIII en 1963. Tres años más tarde se creaba en Radio Nacional un segundo canal dedicado a la llamada música clásica, y sumando los muchos discos de mi padre, era lógico que me aficionara a ella de crío, para ir pasando a pasión y profesión.

Llegaron los radiocasetes, y aún atesoro dos cintas grabadas en vivo cuando vino a España Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena y el pianista Krystian Zimerman al Teatro Real (por entonces solamente sala de conciertos) a finales de octubre de 1984 con una interpretación de nuestro “Himno Nacional” única -que recuerdan los archivos de RTVE– .

Llevo siempre sintonizada Radio Clásica en el coche, mi radio despertador otro tanto. Llegó la TDT, con una calidad de sonido fenomenal por lo que a menudo utilizo la televisión sólo para escuchar. Y no me falta una en el baño otra que funciona a pilas (se agradeció cuando “el apagón”).

Los llamados teléfonos “inteligentes” con la aplicación de RNE Audio se sumaron a las muchas opciones de seguir fiel y últimamente es la que más utilizo, pues me permite escuchar música a la carta con la posibilidad de los llamados “podcast” y así poder rescatar programas en “horas de sueño”, aunque también en el ordenador, y si lo tengo conectado a la cadena de música todavía mejor.

Celebré los 50 años de Radio Clásica con un cofre de 5 CDs (“La Música de una Historia”) donde se repasaba la historia de la música “académica” desde el Medievo hasta nuestros días con nada menos que 8o «pequeñas joyas», más un libreto con autógrafos de compositores, fotografías del equipo de Radio Clásica, y una selección de textos firmados por los  entonces trabajadores de la emisora, todo voces expertas de la radio pública.

Y en este 2026 llegaría el doble CD editado por Warner Music Spain (“Mucho más que música”) con abundantes fotos y textos de “mi familia radiofónica”, un aperitivo donde también están las sintonías de nuestra vida al otro lado de la radio «para trazar un itinerario afectivo a través de la historia de la cadena. Un viaje sonoro que conecta memoria, excelencia interpretativa y diversidad estilística» como lo presentaba la web.

A este 60 aniversario se suma 1/2 Tono, una editorial de libros de música “donde la historia se lee con los oídos y se escucha con la imaginación”. con un libro en colaboración con Radio Clásica, RNE y RTVE, titulado “Músicas para vivir mejor”, perfecto complemento donde 22 de sus actuales informadores nos dejan este relato colectivo y nos ofrecen su personal visión musical desde la óptica y línea “argumental” de los programas que dirigen. La contraportada ya nos indica que «Estas páginas exploran cómo la música influye en nuestra identidad, en nuestras relaciones, en nuestra forma de pensar y hasta en nuestra manera de habitar el tiempo». Además se acompaña de una lista de reproducción accesible desde un QR con la selección que cada uno de los participantes ha elaborado relacionada con el título  del capítulo (también en la Web).

El libro de 198 páginas, con un diseño y  cubierta de Javier Díaz Garrido “marca de la casa” que sigue ampliando su catálogo (este es el cuarto y esperando que “no hay quinto malo”) lo he estado leyendo cual “rayuela” anímica (Ad libitum), mentalmente con sus voces y sintiéndome plenamente reflejado tanto en la selección y textos de cada uno y cada una, como en los propios títulos de Música para… Reír con Elena Horta, meditar con Mikaela Vergara, el duelo con Eva Sandoval, aprender idiomas con Martín Llade (en su línea habitual incluso por la extensión)… y por supuesto para despertarse feliz (Lidia Cossío), sólo por citar algunos capítulos, pero donde encontrar la música en cada momento.

Roberto Santamaría, actual director de RNE, en el Epílogo y (citado también en la contraportada) escribe que « (…) cada día se demuestra que Bach ordena el mundo, que Mahler lo ensancha, que Falla lo enciende y que Monteverdi lo consuela», porque todos están en nuestra vida y en este libro.

La radio nos mantiene informados, despiertos o acunándonos para el sueño, pero sobre todo nos hace vivir mejor. Radio Clásica es como mi hermana pequeña y no hay mayor placer que la lectura con música porque nunca termina.

En estos días se está presentando el libro, y esperando seguir cumpliendo y celebrando décadas solo queda cantar

♩ ♫ ♪ Cumpleaños feliz ♪♫♪♫

Redacción actual de Radio Clásica:

Nacho Arbalejo, Fernando Blázquez, Ana Cortijo Haro, Clara Corrales, Lidia Cossío de la Iglesia, Yolanda Criado Díaz, Germán García Tomás, Carlos Hernández Sánchez, David Hervás, Elena Horta Barrio, Irene de Juan Bernabéu, Vigor Kuric, Martín Llade, Marisa Martínez Esparza, Amaya Prieto Barriuso, Ana Reina, Diego Requena, Clara Sánchez González, Eva Sandoval Díez, María del Ser, Gracia Terrén Lalana, Mikaela Vergara.

El milagro Mehta

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Viernes 12 junio, 22:00 horas. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos.Palacio de Carlos V: Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, Zubin Mehta (director). Obras de Mozart. Fotos de ©Fermín Rodríguez – Festival de Granada y propias.

He asistido de nuevo al privilegio de vivir en directo al nonagenario director hindú Zubin Mehta (Bombay, 1936) tras el concierto del pasado 19 de febrero en Oviedo, esta vez al frente de la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (que se estrenaba en la capital nazarí), nada menos que con la trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, una de las cimas de la música sinfónica y referencia fundamental en la historia de la música occidental. para la inauguración del 75 Festival (tras el previo de la noche anterior).

Mehta debutó en Granada en 1964, algo que el propio director relata en sus memorias “La partitura de mi vida”: «Mi romance con España empezó en 1964, cuando tuve el gran placer de hacer música con la Orquesta Nacional de España en la maravillosa Alhambra de Granada». En este regreso, habiendo dirigido siete conciertos a lo largo de más de seis décadas (en las ediciones de 1964, 1968, 2011 y la actual de 2026), tras su última visita bien se merecía la concesión de la Medalla de Honor 2026, reconociéndole una trayectoria excepcional que ha dejado profunda huella en la música clásica contemporánea y una relación privilegiada con el certamen granadino, como también recordaría en el acto su amigo Paolo Pinamonti.

Presente en aquel su primer concierto en este mismo recinto, estuvieron los entonces Príncipes de España, y este viernes la Reina Emérita, quien aquella noche junto a su hermana Irene de Grecia, lo llevó a ver bailar a los gitanos en las cuevas del Sacromonte, iniciando una amistad con Doña Sofía que llega hasta nuestros días, por lo que Su Majestad, reconocida y extraordinaria melómana, cercana y amiga de grandes figuras internacionales, sería la invitada perfecta para hacerle entrega al descanso de tan merecida distinción al maestro hindú. También estuvieron presentes en este emotivo concierto (retransmitido en directo por Radio Clásica y la UER) de homenaje: el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo; el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí Grau; la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo; y el director del Festival, Paolo Pinamonti que realizó la semblanza del maestro Mehta así como la cita a Alfonso Aijón (presente en el concierto), fundador de «Ibermúsica» y que tantas veces trajo a España al director hindú.

La web del Festival presentaba este concierto como Apasionante debut mozartiano, con otro de los grandes hitos de esta edición del Festival, “el debut de la prestigiosa Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección de una de las batutas más reconocidas y admiradas del último medio siglo, Zubin Mehta. A sus 90 años, las limitaciones físicas no han mermado en absoluto la autoridad musical del maestro ni su comprensión profunda del gran repertorio internacional”, y en efecto tuvo la ocasión de “mostrarlo con la extraordinaria trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, que a la postre sería culminación de su pensamiento sinfónico. Tres obras consecutivas y contrastadas, que recorren desde la amplitud luminosa hasta la tensión dramática y la afirmación final, y que resumen como pocas el genio del compositor salzburgués. Un debut de alto voltaje artístico para el Festival, a cargo de una orquesta histórica y un director esencial”.

En lo estrictamente musical, la primera parte, tras el susto de la caída desde el podio tras la laboriosa colocación desde la silla de ruedas hasta el taburete de un Zubin Mehta que nos puso el corazón en un puño, la ocuparían las sinfonías 39 y 40, donde el maestro nos hizo olvidar su estado físico porque revive con Mozart . Y la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (en colocación vienesa con violines enfrentados y contrabajos atrás a la izquierda) se rindió al magisterio de un director que la conoce como pocos. Los años consiguen alcanzar el poso y la sabiduría para no apurar los tempi, con una gestualidad contenida y amable, la batuta reducida en movimientos pero siempre marcando la pulsación y las dinámicas exactas, mientras la mano izquierda marcaba todas las entradas, la presencia de las secciones, el fraseo amable hasta alcanzar la magia. Si la Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor por los tres bemoles de la armadura esconde la simbología masónica del número 3, como nos cuenta José Luis García del Busto en las notas del programa, Mehta se erigió en Gran Maestre de la Orden Mozartiana. El Menuetto posado para saborear la maravillosa escritura del genio salzburgués con una orquesta ideal por plantilla. de sonoridad clara, con unas maderas (sin oboes) cantabiles y sobre todo un Allegro sin prisas, de “tempo giusto” que el hindú transmitió con la respuesta exacta a sus gestos, economizados, mas donde una mirada, un leve movimiento del cuerpo y permitir dejar fluir la música, dejaron el listón muy alto para “La 40”.

Parece increíble la rapidez con la que Mozart compuso esta trilogía, y un mes después de la anterior llegaba la popular Sinfonía nº 40 en sol menor, con un Molto allegro contenido para escuchar todos los detalles, de nuevo maderas al completo y trompas de empaste perfecto, más la cuerda sedosa, equilibrada con esa colocación donde apreciar que los llamados violines segundos son tan protagonistas como los primeros, y el juego instrumental que proyectan en el centro los cellos y violas. De nuevo con el Menuettto sacó a flote tanto las virtudes de los florentinos como el carisma y magisterio de un Mehta que detiene su tiempo vital y revive con el musical. Sin las ataduras del atril y con la mente clara, dirigiendo todo el concierto de memoria, el Allegro assai reafirmó que los años frenan los ímpetus para no perder ningún detalle de tanta buena música.

Tras el descanso llegaría el emotivo y emocionante acto de entrega de la Medalla de Oro presentada por Pinamonti, con los políticos de testigos mientras Doña Sofía de Grecia aplaudía a su amigo Zubin, que incluso se pondría brevemente en pie, agradecido, sonriente, y todo el público que llenaba el Palacio de Carlos V mostrándole el mismo cariño, respeto y admiración con una larguísima ovación.

Y nada mejor que soñar y volar con “Júpiter” al firmamento mozartiano, la luz de la tonalidad limpia de do mayor (sin alteraciones en la armadura), que en palabras del mencionado García del Busto, “con voluntad de superar, de resolver en positivo la tensión del heroico dramatismo de la Sinfonía en mi bemol mayor y la tragedia íntima de la Sinfonía en sol menor”. Tal parece la definición de Mehta con “su” Maggio para la Sinfonía nº 41 en do mayor, “sabiduría y altísimo oficio musicales”, pues no se puede describir mejor este soplo vital. Cada movimiento nos deleitó con unas dinámicas exquisitas, una elección de tempi perfecta y sobre todo ese Finale “claro, fluido, risueño” volviendo a tomar los calificativos de las notas al programa, con una orquesta brillante (sin clarinetes) con el rigor interpretativo y el milagro de un Mehta que dirigiendo nos hizo olvidar su frágil apariencia con la fortaleza de una carrera impecable, recibiendo los larguísimo y merecidos aplausos de un público puesto en pie que, como la orquesta, le quiere, admira y respeta a sus 90 años.

Una noche para recordar al eterno Mozart y al milagroso Zubin Mehta.

PROGRAMA:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

I

Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, KV 543 (26 de junio de 1788)

Adagio – Allegro

Andante con moto

Menuetto. Allegretto

Allegro

Sinfonía nº 40 en sol menor, KV 550 (25 de julio de 1788)

Molto allegro

Andante

Menuetto. Allegretto

Allegro assai

II

Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 «Júpiter» (10 de agosto de 1788)

Allegro vivace

Andante cantabile

Menuetto. Allegretto

Finale: Molto allegro

Efecto Einaudi

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Jueves 11 junio, 22.30 h. 75 Festival de Granada, Concierto Extraordinario. Teatro del Generalife: Ludovico Einaudi. Solo piano. Fotos Álex Cámara / Festival de Granada, y propias.

Como figura en la web del festival, llegaba esta cita excepcional de aniversario (con todo vendido): Einaudi en el Generalife, antesala de la 75 edición del Festival, con el reconocido compositor y pianista italiano Ludovico Einaudi (Turín, 1955) debutando en Granada con este concierto extraordinario en el Teatro del Generalife, en gira española de Granada a Pamplona, Madrid y Barcelona hasta el día 16, y el programa Solo piano que ha grabado recientemente, a la espera de nuevo en estos días, enlazando y organizado temas con la naturalidad y sencillez del italiano.

Figura destacada en el panorama musical contemporáneo, Einaudi ha construido un lenguaje personal que trasciende géneros y públicos. Su obra, próxima a veces al minimalismo, combina claridad melódica y carga emocional profunda, conectando con audiencias amplias más allá de los circuitos clásicos tradicionales, lo que se nota por “el tirón” de todas su actuaciones, como en Granada con todo el papel vendido y colas esperando antes de abrirse las puertas. Sus composiciones para piano solo, también  para conjuntos, han sido aclamadas internacionalmente, formando parte de bandas sonoras cinematográficas y de series, consolidándolo como uno de los creadores más influyentes de nuestro tiempo.

Concierto extraordinario en todos los sentidos para comenzar oficialmente este viernes la septuagésima edición del festival granadino, apostando por “música sin etiquetas” como me gusta llamarla, y nadie mejor que el pianista italiano que rompe barreras, aunque los que peinamos canas asociemos su música a la por entonces llamada “New Age” donde el estadounidense George Winston marcó estilo siendo un superventas parecido al inglés Michael Nyman, y que ahora el turinés parece tomar el relevo.

Con una amplificación no de la calidad esperada, pero con los efectos de reverberación y delay habituales en sus grabaciones, sumándole un excelente uso de los pedales, Einaudi embrujó a todo el Generalife que siguió la actuación en un silencio sepulcral, relajante, cual «salvapantallas sonoro» de casi dos horas, donde ir desgranando y enlazando temas de una carrera longeva como el propio artista comentaría (en inglés) tras el primer bloque. Su música, como él la definió, es un lienzo desde el piano donde puede pasar de la brocha al lápiz, un paisaje que nunca es igual, como en cierto modo entendían los impresionistas, el mezclar colores  directamente en el óleo que para Ludovico es el piano, con el fondo de los cipreses imperiales.

En el Generalife ofreció una velada única e irrepetible, un concierto o mejor recital íntimo, donde “invita al público a sumergirse en un universo sonoro íntimo y universal, donde cada nota parece hablar en silencio. El programa propone un viaje emocional por una obra que trasciende géneros y fronteras, caracterizada por su minimalismo lírico, su profundidad expresiva y una conexión directa con el oyente”. A través del piano solo, fuimos disfrutando casi de un muestrario de todos sus trabajos, pues el autor interpretó algunas de las piezas más queridas de su repertorio junto con otras menos conocidas, y composiciones de sus trabajos más recientes, tal y como lo presentaba el programa de mano.

En su biografía destaca “que se ha formado en el Conservatorio de Milán bajo la guía de maestros como Luciano Berio. Einaudi ha sabido destilar la complejidad de la vanguardia para alcanzar una «esencialidad máxima». Desde su debut con Le Onde hasta su reciente e íntimo proyecto Underwater –gestado en el silencio del confinamiento–, su carrera ha sido una búsqueda constante de la pureza. Ya sea interpretando su célebre Elegy for the Arctic sobre el hielo del océano Ártico o bajo las estrellas en el Generalife (como en esta noche nazarí), Einaudi demuestra que, en un mundo ruidoso, su piano es el refugio donde el silencio y la emoción finalmente se encuentran”.

Cual cuadros de una exposición donde el italiano iba pintando al piano mientras el público contemplaba cada lienzo, el color inicial casi etéreo, por el empleo del registro agudo, iría ganando en intensidades cuando aparecían unos graves potentes, pinceladas donde el trazo cambiaba con irisaciones ayudadas por el técnico de sonido en un piano peculiar por esa sonoridad casi electrónica. No hace falta aplicar conceptos academicistas de acordes, tonalidad, cadencias, ni siquiera frases que esperamos se repitan y evolucionan sutilmente, simplemente dejar fluir sonidos y sensaciones.

Las notas prosiguen en el apartado Referente internacional de la música contemporánea que “Ludovico Einaudi no es solo un pianista; es un referente indiscutible de la música contemporánea, una figura que ha logrado lo que parecía imposible para un compositor de formación clásica: derribar las barreras entre géneros y conectar con el alma de millones de personas en todo el mundo. Su nombre es sinónimo de un éxito sin precedentes, siendo el único músico de su disciplina capaz de batir récords de permanencia en las listas de éxitos internacionales, compitiendo con los grandes iconos del pop y el rock, y llenando los auditorios más prestigiosos del planeta, desde el Royal Albert Hall hasta la Sidney Opera House”.

Noche con el «Efecto Einaudi» para un público heterogéneo, intergeneracional, que vivimos un recital distinto, casi como de musicoterapia para una total relajación y disfrute emocional, banda sonora sin imágenes, donde cada uno puso las suyas, puede que en parte por los muchos vídeos que están en las distintas redes sociales del italiano, hoy auténtico soporte vehicular de esta música de nuestro tiempo que escapa a las etiquetas tradicionales.

PROGRAMA y enlaces:

Ascent
Jay
(* 10)
Melodia Africana
(* 3)

Memory One (* 4)
Swordfish

Tu sei
Elegy for the Arctic
(* 16)

Le Onde (* 1)
Oltremare

Low Mist 1
Birdsong
Devils
Low Mist 2
Una Mattina
(* 7)

Experience (* 14)
Divenire

I giorni (* 5)

(* X número de pista en su CD “Solo piano” ©2026)

Música para la Granada Imperial

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Martes 9 de junio, 22:00 horas. 25 FEX, Palacio de Carlos V: Concierto extraordinario “Música para un centenario. Estelas de Carlos V”. Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director). Obras de F. Jusid, García Abril y J. Lopez-Montes.

La presentación de este concierto que llenó el palacio imperial, decía: «Un concierto que, con motivo del V Centenario de la UGR, explora el legado de Carlos V a través de tres miradas sonoras, desde la evocación histórica hasta la creación contemporánea». Y tras las fanfarrias a lo largo de día entrábamos a palacio para disfrutar de juventud y buena música.

Me alegra comprobar que las universidades españolas son una cantera musical, una afición como pueda ser la coral, como la orquestal donde comprobar el altísimo nivel de una juventud preparada que poco a poco va ocupando atriles en las profesionales, y siendo la labor docente como la realizada por la Universidad de Granada de alabar. Con una orquesta inmensa, de amplia mayoría femenina, especialmente en la cuerda, bastante equilibrada en plantilla y la acústica siempre increíble de este marco incomparable, la noche (no prevista para mí) arrancaba con música de cine, la de Federico Jusid (1973) organizando una suite con dos series televisivas (Isabel de 2021, y Carlos Rey Emperador tres años después) con la que mis antiguos estudiantes conocieron un poco de nuestra historia, aquí hecha música desde nuestro tiempo mostrando la oposición de caracteres de ambos personajes. Carácter épico que va transformándose hacia lo lírico antes de la explosión final de esta página sinfónica muy bien llevada por el maestro Gabriel Delgado, buen conocedor y director, exprimiendo al máximo a estos jóvenes instrumentistas, atento siempre a los detalles a los que le respondieron todas las secciones.

Del turolense García Abril se eligió para la ocasión el poema sinfónico Alhambra (1996-1998), aprovechando la propia historia hispano-germana (la obra fue un encargo de la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin para sus 75 años) no solo el entorno donde el Palacio representa al Emperador Carlos V, sino también la plantilla, que dejo  a contiuación para ver la magnitud: 3 (pic) – 3 (crn ing) – 3 (req, cl b) – 3 (cfg) – 4.3.3.1.1 – 5 perc, ap, pf – cuerda). Intervenciones excelentes de los solistas (no tengo sus nombres), desde la concertino al clarinete y oboe, con una orquesta muy empastada con unos metales siempre presentes. Partitura con el sello sinfónico de un compositor completo que también nos dejó unas bandas sonoras y televisivas que muchos conocemos aunque la mayoría desconozcan su autoría.

Asistir a un estreno siempre es un privilegio y nuestros compositores actuales no siempre tienen la posibilidad de que se escuchen sus obras, pero al menos los encargos de distintas instituciones, solistas o incluso orquestas, no solo motivan la creatividad sino que logran ampliar un repertorio que es el nuestro y era norma antes de lo que se ha convertido en repertorio. Aplaudo ue se sigan programando obras nuevas, más aún cuando se mezcla lo sinfónico-coral con la electrónica, poco habitual en parte por la complejidad de los montajes. En esta ocasión se contó con el propio músico, José López-Montes (Guadix, 1977), que presentaría su obra: Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V.

López-Montes, catedrático de «Tecnología musical» en el Conservatorio Superior de Granada, muestra interés, como él mismo refleja en su web, «en el trabajo tímbrico-armónico, la composición algorítmica y la sinestesia, con obras aúnan síntesis de vídeo, tecnologías de espacialización sonora y programación de herramientas de composición asistida por computadora, combinando elementos tales como autómatas celulares, algoritmos genéticos, gramáticas generativas o sonificación de datos. Su producción abarca una amplia variedad de instrumentaciones, técnicas y planteamientos escénicos».

El acitano de prolífico catálogo, nos explicaría antes del estreno, que esta composición es una instalación octofónica por encargo de la UGR,  pensado para el propio Palacio de Carlos V desde el pasado (la vihuela de Narváez y su “Delphin”) y presente, inspirado en la arquitectura renacentista de esta joya monumental con la obsesión por la geometría traducida a la música; también utiliza textos de la poeta y musicóloga franco-libanesa Katia-Sofia Hakim (Bayona, 1988), Garcilaso de la Vega, el granadino Ibn al-Jatib, Juan Boscán, el embajador de Carlos V Andrea Navagero y anónimos, tanto grabados como cantados.

Composición muy interesante y compleja de dirigir e interpretar, pues a una orquesta poderosa se sumaba el Coro Manuel de Falla que dirige Juan Ignacio Rodrigo, más la impactante parte electrónica que en momentos es protagonista y en otros se suma a la masa instrumental, alcanzando una tímbrica que pasa de lo inquietante a lo onírico. Aunque mi ubicación trasera no me permitió la escucha envolvente que los altavoces colocados en torno al círculo «abrazaban» los oídos e incluso parecían rebotar en las piedras centenarias, me pareció encontrar partes de sampleo sinfónico-coral manejadas por el propio compositor dentro de la propia orquesta, para esta feliz conjunción entre pasado y presente. La labor del director canario Gabriel Delgado fue admirable, desde el trabajo con unos músicos sobresalientes (espectaculares los percusionistas), un coro atento, afinado y con buena proyección frente al bloque sinfóncio, hasta el producto final de un directo siempre irrepetible, con unas sensaciones de poder estar asistiendo a todo un espectáculo sonoro.

Ya con tiempo pude leer el programa con notas extendidas de Marina Hervás Muñoz, profesora contratada doctora en el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. De ellas quiero destacar la inclusión de los textos utilizados y su traducción, así como dejar algunos párrafos que ayudan a una mejor comprensión de este estreno:

«(…) Ya en el título se nos presentan sus dos ejes principales: de un lado, la «diferencia», el término renacentista para las variaciones, con la salvedad de que no son solo instrumentales –como acostumbraba a ser en la época–, sino también vocales. Estas diferencias se hacían sobre música, por lo general, muy conocida. Aquí se juega con la tensión entre lo que nos puede sonar conocido y su extrañamiento, en la medida en que parte de los materiales son del Delphin de música de Luys de Narváez, vihuelista granadino vinculado a la corte imperial. Fragmentos de esa música son absorbidos, transformados y orquestados hasta dialogar con sonoridades contemporáneas, revelando también su modernidad latente.

De otro lado, suena el propio Palacio. Tal y como explica José López-Montes: «Icnofonía es una palabra inventada a partir de icnografía, que es la representación gráfica de la planta de un edificio. Icnofonía podría traducirse, pues, como su equivalente sonoro, y por tanto, una suerte de sonificación de las proporciones que se encuentran en una estructura arquitectónica horizontal». La electrónica, distribuida en un dispositivo octofónico que rodea al público, prolonga del octógono presente –aunque no de manera evidente– en la arquitectura del Palacio, algo que refuerza, aún más, su conexión con la tradición andalusí y la Alhambra. El coro, además, canta sobre textos de varios autores de distintas procedencias (…). Los poemas tratan de ampliar las numerosas capas de significado que se pueden extraer del Palacio: la transformación de la ciudad, la vida personal e íntima de los emperadores o el dolor bélico. A ello se suman voces, grabaciones y ecos del paisaje sonoro contemporáneo del monumento, como si la propia arquitectura conservase aún estratos de escucha acumulados durante siglos y que en Icnofonía se nos presentan como ecos espectrales a lo que solo hay que prestar oído. Es una invitación, entonces, a invocar a los «Icnos (ἴχνος)» –que significa «huella, rastro, pisada»– del Palacio, con el anhelo de que quiera revelarnos el enigma de su silencio».

Éxito de público y aplausos para todos los participantes, con dos propinas. No podía faltarnos Falla y de El sombrero de tres picos y el final de las seguidillas y farruca, homenaje a este granadino de adopción con la cuerda de la orquesta algo desbalanceada tras el esfuerzo previo, pero totalmente entregada al maestro Delgado, y todos entonando el muy logrado arreglo del himno universitario Gaudeamus Igitur con el público en pie y algunos entonando las estrofas elegidas.

PROGRAMA:

Federico Jusid (1973)

Suite Isabel / Carlos, Rey emperador (2012-2016)

Antón García Abril (1933-2021)

Alhambra, 1996-1998

José López-Montes (1977)

Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V (2016, estreno absoluto, encargo de la UGR)

La música por Granada

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Martes 9 de junio: 75 Festival de Granada, 23 FEX (Festival del Extensión).

Fanfarrias. Ensemble de Metales de la Federación Granadina de Bandas de Música (FEGRABAND). Puerta Real (12:45 horas), Plaza Bib-Rambla (12:45 horas), Hotel Victoria (20:00 horas) y Palacio Carlos V (21:30 horas). Obras de Tárrega, Beethoven, Puccini, Óscar Musso, Gustav Holst y Wagner.

Granada ya respira música en la calle y en mi día 1 en la capital nazarí me encontré como aperitivo el FEX (Festival del Extensión) que lleva un montón de actividades artísticas por la ciudad y su provincia. Los voluntarios reparten los folletos para seguir cada día paseando por la ciudad y encontrarnos sorpresas como las Fanfarrias, esta vez con un “ensemble” de ocho trombones de distintas edades, músicos que ya están tocando en las distintas bandas de música granadinas y agrupados en la FEGRABAND.

Buscando la sombra y a la puerta del edificio de Correos en Puerta Real, mi primera parada y la de muchos paseantes que se detenían a escuchar uso arreglos “corales” por las voces utilizadas y variando épocas y estilos. Mi amigo Fermín Rodríguez es fotógrafo profesional (Ferminius) con quien sigo charlando en mi “segunda casa” y me pilló preparando el teléfono para mis instantáneas con el móvil (me reconozco adicto) y son las que suelo acompañar cada entrada del blog, y que además no tenía prevista hasta el jueves.

Un breve paseo hasta la siempre concurrida Plaza Bib-Rambla y sentado en una terraza porque era  ya hora de mi primera cerveza granadina, nuevamente el público se asombraba de la sonoridad tan especial de lo que los guiris llamarían un “Brass Ensemble” y casi homenaje el conocido Amazing Grace. Banda sonora de la mañana antes de volver a mis aposentos, pues quedaba mucho por la tarde. 

Por deformación profesional en la tarde volví a seguir, como los niños de Hamelín, a los trombonistas que cambiaban de director pero mantenían las obras, aunque alternando el orden, y en la tarde regresaba a Puerta Real, donde desde el primer piso del Hotel NH Collection Granada Victoria (que ya disfruté en otros viajes), como es habitual en tantas ciudades con tradición musical y festivalera, la Fanfarria anunciaba que en nada arranca la edición del emblemático festival, 75 años que también conmemoran los 150 años de Falla, uno de los ideólogos del mismo junto a Federico allá por 1922, y cuya música estará presente a lo largo de un mes intenso, esperando ir contándolo.

Camino del primer concierto nocturno, tras tomar el microbús que nos lleva hasta La Alhambra, a rebosar ambos, delante del Palacio Carlos V cerraba esta “trombonada” del martes aún sonando la obertura de Tannhäusser, tan imperial y adecuada antes de acceder a un espacio y día tan especial, que contaré en la siguiente entrada.

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