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La Mancha asturiana

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Jueves 23 de mayo de 2024, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXI Festival de Teatro Lírico Español.
«La rosa del azafrán», zarzuela en dos actos y seis cuadros.
Música de Jacinto Guerrero, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, inspirado en El perro del hortelano de Lope de Vega
. Estrenada en el Teatro Calderón de Madrid el 14 de marzo de 1930. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Edición crítica de Miguel Roa / Tritó Edicions (Barcelona, 2008).

(Crítica de «La rosa del azafrán» para Ópera World del viernes 24 de mayo con el añadido de los links siempre enriquecedores y la tipografía que la prensa no suele admitir. Fotos de Alfonso Suárez)

En los felices años 20 del pasado siglo, el asturiano Federico Romero junto a Guillermo Fernández-Shaw y el compositor Jacinto Guerrero, acompañados del fotógrafo José Zegri y el crítico musical Julio Gómez emprendieron un viaje en coche para empaparse de las coplas, estribillos y cantos tradicionales de los campos y tabernas manchegas que servirían de inspiración a la bella y compleja partitura de «La rosa del azafrán», zarzuela de la recia tierra de Don Quijote, que casi cien años después sigue triunfando cada vez que se repone, en parte por su calado popular lleno de melodías que escuchábamos a nuestras abuelas y madres, siendo además Emilio Sagi Barba, abuelo de nuestro universal Emilio Sagi, el primer Juan Pedro, con lo que también había homenaje asturiano en este penúltimo título del XXXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo.

Tras su paso en enero por el madrileño Teatro de La Zarzuela recalaba con gran parte de la producción en el Teatro Campoamor nuevamente a rebosar, que aplaudiría casi todos los números a un elenco de primera que dignifica y hace grande este verdadero Patrimonio de la Humanidad, pidiendo aumentar las dos funciones actuales, pues cuando hay calidad, y esta función la tiene, el público no falla.

La producción madrileña es una maravilla de principio a fin tal como la ha concebido Ignacio García, que estos días viajaba al Bellas Artes mexicano para un ‘Turandot’ seguramente con la misma honestidad y verismo que esta «La rosa del azafrán» tan ligada a nuestro país, sus gentes y su folklore. En la rueda de prensa García dejaba claro que “El alma de la zarzuela es el vínculo con la tierra anclada en el pueblo” y no defraudó, comenzando por el respeto a la propia obra inspirada en El perro del hortelano de Lope de Vega, una recreación “verista” que refleja la esencia del campo manchego y sus gentes, los celos y conflictos de clase, la dureza del trabajo rural humilde y pobre en las postrimerías del siglo XIX, y hasta el aroma a trigo, cómo pasan las estaciones cual metáfora del ciclo vital y los complejos sentimientos de los protagonistas, con diálogos adaptados y acortados que informan de la trama, el estilo, los personajes y las situaciones invirtiendo la proporción entre lo hablado y lo cantado para un mayor dramatismo de esta historia.

Los decorados de Nicolás Boni están muy logrados, captando la esencia de un pueblo manchego, piedra y cal, espigas en el profundo infinito cual mar sobre el que se puede caminar, y que con la delicada y excelente iluminación de Albert Faura impresionaron por captar cada hora del día, cada estación y ciclo del campo, embelleciendo escenas dignas de la gran pantalla. El rústico vestuario de Rosa García Andújar para los labriegos y espigadoras completó la imagen histórica y verdaderamente creíble de este libreto que la música de Guerrero eleva a la quintaesencia de la mejor lírica hispana.

Con estos mimbres la representación ya animaba al triunfo contando además con un elenco equilibrado bien rodado en Madrid junto a las incorporaciones en la capital asturiana, comenzando por la dirección musical del bilbaíno Diego Martín-Etxebarría. Feliz sustituto de la anunciada Alondra de la Parra que voló antes de tiempo pero encontrando a un maestro conocedor de la obra, atento al detalle, mimando las voces que al fin cantan y no gritan, musicalidad a raudales con una Oviedo Filarmonía (OFil) dúctil, comprometida, capaz de bajar al foso (tras el “espectáculo Villazón” comentado en estas mismas líneas) y ceñirse a la batuta del maestro con plena confianza en el resultado final. Otro tanto del coro titular, la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” con mucho que cantar tanto en conjunto como en las intervenciones solistas de hombres (simpáticos en el “Pasacalle de las escaleras”) y mujeres (convincentes y pícaras en “La caza del viudo”), bien afinados y matizados, seguros, ofreciendo el movimiento escénico requerido por Sara Cano junto a las cinco parejas de bailarines. Pese a algún inicio coral por delante de la orquesta, en apenas dos compases encontraron la pulsación con el foso, siempre atento a las indicaciones del director vasco, intervenciones de principio a fin casi interiorizadas y no canturreadas aunque ganas no nos faltasen, incluso para “disimular” los pertinaces y maleducados teléfonos. Seguidillas, rondas, pasacalles, jotas (“Bisturí, Bisturí…”) y hasta el popular “Coro de espigadoras” volvieron a mostrar el buen trabajo del director José Manuel San Emeterio y la excelente concertación con la OFil por parte de Martín-Etxebarría.

Si los diálogos están adaptados y acortados, contar con Mario Gas, verdaderamente Generoso en el amplio sentido de su personaje, declamando los clásicos hispánicos tan cervantinos cual Quijote poderoso de alta alcurnia, es todo un plus. Completarlo con Vicky Peña igualmente Custodia de la mejor escena española, resultó el tándem ideal que cuando se incorpora a nuestra zarzuela la hacen merecedora de todos los elogios. Sumar al gran Emilio Gavira, otro actor esencial, o el Carracuca de Juan Carlos Talavera que junto al Moniquito de Vicenç Esteve sacaron las sonrisas del público y el fino humor del libreto (impagable la marcha fúnebre que se vuelve jocosa), conjugando lo popular y lo culto que conviven felizmente. Tampoco defraudaron el mendigo – Julián del joven Javier Gallardo y el Miguel del habitual Carlos Mesa, incorporaciones que también van ganando su espacio en la zarzuela con las intervenciones de los llamados actores-cantantes, cuya formación escénica no distingue hace años esa doble faceta.

Y si la parte actoral es necesaria en la dramaturgia, las voces protagonistas son las “cabezas de cartel”, verdaderas todoterreno que pasan del canto a la palabra con la exigencia de una técnica que asusta a muchas, pero para quienes aceptan el reto y se preparan concienzudamente, nos dejan el buen sabor de boca que obliga a pedir más zarzuela. Incorporar como cantante de la música popular a la asturiana Anabel Santiago, una artista que comenzando en la tonada ha evolucionado su repertorio haciéndolo llegar a las nuevas generaciones, resultó un acierto siendo quien arrancaría a capella la función, ligeramente amplificada con una reverberación que daría posteriormente los enlaces entre cuadros, jotas y seguidillas actuales, con coreografiada percusión de manos sobre las mesas o con los panderos, volviendo a la voz sola del soneto quijotesco, e incluso cerrando la representación en un cuidado unísono con el ama protagonista.

El “duelo vocal” de las sopranos asturianas, Beatriz Díaz y María Zapata, Sagrario y Catalina, reflejó dos generaciones líricas como en el propio libreto, ama y criada unidas por el buen quehacer. Tan excelentes actrices como cantantes, la allerana afrontó una partitura exigente técnicamente, con unos graves que han ganado cuerpo, los agudos claros y seguros, más una gama de matices donde sus pianissimi siguen siendo únicos, bien proyectados, con todo el respeto desde el foso para disfrutar de una voz que sigue emocionando desde una madurez bien enfocada. Sus romanzas, especialmente “No me duele que se vaya”, la lírica “La rosa del azafrán es como la maravilla” que así resultó, y los dúos con Catalina o el final con Juan Pedro “Tengo una angustia de muerte” derrocharon buen gusto, musicalidad, empaste y entrega en un personaje complejo.

No quedó atrás ante este reto la ovetense como Catalina, resuelta en escena pasando de lo cómico (excelentes seguidillas con Moniquito) al drama con seguridad, timbre ideal, gran jota y copla en el penúltimo cuadro, buen empaste y mejor proyección junto a las voces blancas en el difícil “Coro de las espigadoras”.

Dejo para el final a Damián del Castillo, el Juan Pedro protagonista que arranca con la famosa “Canción del sembrador” sentida, agradecida y aplaudida, interpretación generosa de esta romanza que han cantado los grandes barítonos y verdadera prueba de fuego para su tesitura en una partitura exigente de principio a fin. Entregado y bien cantado su primer dúo con Sagrario (“Manchega, flor y gala de la llanura”), entregado en “Aunque soy forastero”, rotunda su jota “Hoy es sábado y no quiero”, más el emocionante dúo final “Manchega, tu cariño me da la vida” para redondear una función sobresaliente.

Una espléndida, colorida y sembrada flor sin fisuras que sigue demostrando la vigencia de nuestra zarzuela cuando se realiza con calidad, honestidad y entrega. Oviedo quiere más zarzuela y pide más funciones para los títulos de las próximas temporadas, siempre que sean como la actual. El éxito está asegurado con producciones y elencos como el de esta rosa, “… una flor arrogante que brota al salir el sol…” pero no murió al caer la tarde.

FICHA:

Jueves 23 de mayo de 2024, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXI Festival de Teatro Lírico Español.
«La rosa del azafrán», zarzuela en dos actos y seis cuadros.
Música de Jacinto Guerrero, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, inspirado en El perro del hortelano de Lope de Vega. Estrenada en el Teatro Calderón de Madrid el 14 de marzo de 1930. Producción del Teatro de la Zarzuela (2024). Edición crítica de Miguel Roa / Tritó Edicions (Barcelona, 2008).

FICHA ARTÍSTICA:

Dirección musical: Diego Martín-Etxebarría – Dirección de escena: Ignacio García – Escenografía: Nicolás Boni – Vestuario: Rosa García Andújar – Iluminación: Albert Faura (AAI) – Coreografía: Sara Cano – Asistente a la dirección musical: Sergio Sáez Tecles – Ayudante de dirección de escena: Ana Cris.
Oviedo Filarmonía – Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio).

REPARTO

«La rosa del azafrán»

Sagrario: Beatriz Díaz – Juan Pedro: Damián del Castillo – Catalina: María Zapata – Moniquito / Un pastor: Vicenç Esteve – Custodia: Vicky Peña – Carracuca: Juan Carlos Talavera – Don Generoso: Mario Gas – Miguel: Carlos Mesa – Micael: Emilio Gavira – Julián / Un mendigo: Javier Gallardo – Cantante de música popular: Anabel Santiago – Bailarines – Figurantes: Adrián Gómez, Ana del Rey, Ángela Chavero, Cristina Cazorla, Irene Hernández, Jesús Hinojosa, Nuria Tena, Verónica Garzón, José Alarcón, Miguel Ballabriga, Enrique Arias y Yoel Vargas.

La Pires siempre impresiona

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Miércoles 22 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, clausura de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Maria João Pires e Ignasi Cambra (piano). Obras de Debussy, Mompou, Mozart y Debussy.

Cada visita de la pianista portuguesa Maria João Pires (Lisboa, 1944) a Oviedo siempre es un espectáculo para recordar y con miedo a no repertir, pero volvía para la clausura de esta temporada en compañía del catalán Ignasi Cambra (Barcelona, 1989).

Cual madre e hijo salieron los pianistas a un escenario casi en penumbra, con una lámpara sobre el piano y una silla con mesita a la izquierda sobre la que se posaban dos vasos de agua. Y cristalino sería el primer Debussy de la Suite bergamasque con «la Pires» siempre pulcra, sin tics, de sonido claro, matices amplios para dibujar los cuatro cuadros «impresionantes» del compositor francés, una gama de color desde el nítido Prélude hasta el poderoso y saltarín Passapied lleno de ímpetu, aunque el siempre conocido Clair de lune sería de quitar la respiración y obligar a un silencio sepulcral ante la maestría en el diseño que la portuguesa hace de esa sonoridad evanecescente, vaporosa, de sombras coloreadas y unos pedales siempre ayudando a ambientar un aire primaveral desde su eterna juventud.

El «alumno» que escuchó atento a la maestra nos ofrecería seis de las Cançons i danses (las números 1, 2, 5, 6, 7 y 8) de su paisano Mompou, la luz catalana hecha poesía musical que Cambra fue dibujando pausado, saboreando y matizando melodías y ritmos, abundando los tiempos lentos como el de la segunda mediterráneamente clásica (con el inicio recordando Für Elise), una quinta Lento litúrgico introspectiva y casi dolorosa, pero más sentida aún la sexta Cantabile expresivo que resume el piano tan actual de Mompou sin perder de vista la inspiración en un folklore que sigue entre nosotros y no entiende de nacionalismos.

En la segunda parte no podía faltar Mozart del que Maria João Pires sigue siendo irrepetible y los años siguen manteniéndola juvenilmente madura frente a la madurez juvenil del pupilo Cambra que comenzaría con la Sonata nº 4, algo plana y por buscar la forma de expresarme, ambos pintarían acuarela pero mientras el catalán perfilaba con tinta y en las repeticiones rellenaba de color, la portuguesa de un trazo ya dejaba claro todo, dejando la segunda «pasada» para sin apenas cambiar de pincel completar una gama de color luminosa, limpia. Ignasi Cambra interpretó su Mozart con el ímpetu juvenil que pasó por las teclas matizando pero sin profundizar.

Tras la escucha de la anterior, la Sonata 13 en las manos de Pires supo a poco, como explicando «así se toca Mozart» que Cambra parecía empaparse con ella. El Allegro inicial más sosegado que en sus años jóvenes pero igualmente elegante, con las repeticiones recalcando y explicando la «forma sonata» llena de ataques para las frases, motivos claros, trinos que crecen en intensidad; el Andante cantabile de una profundidad que viene con los años para afrontar sin dudar el color exacto, el trazo con un pincel «de lengua de gato» y grafía japonesa, sin prisa pero segura, con poso, casi genuflexión en los pocos instantes donde su pequeña figura se encorva ante el teclado buscando el color de cada nota; y el Allegretto grazioso donde el humor mozartiano es fino, juguetón, los dedos de la maestra portuguesa ágiles arriba y abajo con una izquierda poderosa en los graves y el balance exacto de volúmenes para una acuarela 333 mágica y nuevo referente. Lección magistral como era de esperar.

Y si el primer Debussy de la maestra jugó superponiendo trazos de color que se fundían en la gran sala ovetense, en versión a cuatro manos de Henry Woollett nos regalarían primero la Rêverie donde Cambra llevaría el «sustento» y Pires «los detalles», un gran lienzo sonoro que la maestra pintó y llenó de luz, para finalizar con el Valse romantique donde confluir la tutela de la «juvenil mamá» sobre el «maduro pupilo», encajando los rubati sin desdibujar el tema.

Para hacernos olvidar el recital paralelo de toses y teléfonos que vuelven a ser una plaga y siempre en los peores momentos cual primera ‘Ley de Murphy’, el regalo tenía que ser evidentemente Mozart, esta vez cambiándose los papeles: la Pires al grave, mandando y «tomando la lección» a un Cambra con el que el Adagio de la Sonata a cuatro manos en si bemol, K. 358 volvió a saber a poco, el clasicismo eterno que seguirá por los siglos de los siglos, con la alegría de volver a disfrutarlo en vivo aunque siga saboreándolo en mis grabaciones. Larga vida a «La Pires» esperando siga ejerciendo su magisterio aunque sea en compañía. El piano por partida doble también nos llena y el público salió adorándola en la mejor clausura de estas jornadas que seguro han hecho sonreír al bueno de Iberni, parando la lluvia para compartir emociones a la puerta deseando no se apagasen las emociones.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Maria João Pires:

Claude Debussy (1862-1918)

Suite bergamasque, L.75:

1. Prélude

2. Menuet

3. Clair de lune

4. Passapied

Ignasi Cambra:

Federico Mompou (1893-1987)

Cançons i danses, Nos. 1, 2, 5, 6, 7 y 8

SEGUNDA PARTE

Ignasi Cambra:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sonata nº 4 en mi bemol mayor, K. 282:

1. Adagio

2. Menuetto I – Menuetto II

3. Allegro

Maria João Pires:

Sonata nº 13 en si bemol mayor, K.333:

1. Allegro

2. Andante cantabile

3. Allegretto grazioso

Maria João Pires & Ignasi Cambra:

Claude Debussy

Rêverie

Valse romantique

Más que un vals para dos

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Lunes 13 de mayo, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio “Príncipe Felipe”: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO). Dúo del Valle: Vals para dos. Víctor del Valle (piano) y Luis del Valle (piano); Compañía WETTRIBUTE (Daniel Fernández, bailarín – Maite Ezcurra, bailarina). Obras de Poulenc, Milhaud y Ravel. Entrada: 8€.

Ya desde mis años como estudiante de piano las obras a cuatro manos y sobre todo las escritas para dos pianos me cautivaron y poder vivirlas en directo era algo único y extraordinario, desde Frechilla y Zuloaga en la Caja de Ahorros de Mieres hasta la pareja Joaquín Achúcarro y Emma Jiménez en la Filarmónica de Oviedo. Iría posteriormente descubriendo en disco a las gemelas Pekinel y después a las Labèque, Katia y Marielle, también en directo, o al matrimonio astur-canario Francisco Jaime Pantín y María Teresa Pérez como Dúo Wanderer.

De los más cercanos en el tiempo aún se recuerdan en la capital asturiana las visitas de los hermanos Jussen y curiosamente este año hemos disfrutado hace nada de los asturianos Martín García y Juan Barahona con la OSPA, para la próxima semana cerrar las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con Maria João Pires e Ignasi Cambra y este lunes llegaba el penúltimo concierto del CIMCO «la magia de dos pianos» con el Dúo del Valle, los hermanos Víctor y Luis continuando una saga fraternal que parece marcar estas agrupaciones junto a parejas donde la convivencia parece tan necesaria para «latir juntos» como el arduo ensayo de todo programa, del romanticismo al pasado siglo, como fue el de Los Valle con música francesa impresionista, aunque en la presentación el doctor Alejandro G. Villalibre aclaró conceptos o estilos, tres compositores franceses y contemporáneos que superan etiquetas, estilos diferentes pero muy agradecidos para un público que no llenó la sala de cámara, reiterándome en la excelente acústica para esta música de piano junto a una cercanía que hace estos conciertos casi familiares.

Los hermanos malagueños comenzarían con tres obras de Poulenc, primero la Sonatina para piano a cuatro manos (1918, rev. 1919) aunque optando por los dos pianos que aumentan la dificultad de compenetración. Impecable la afinación y uniformidad de color pese a ser dos modelos diferentes de Steinway© y sonoridades distintas pero que en las manos de los hermanos cerrando los ojos escuchábamos un solo instrumento interpretado por veinte dedos: contrastes violentos, ritmo intrínseco en el Prelude, casi de nuestro siglo por su estilo original y por momentos «minimalista«, el lírico Rustique de recuerdos académicos transportados al pórtico de los felices años 20 del pasado siglo, y el Final vertiginoso, aires rusos en la Francia capital mundial de aquella época entreguerras, piano cosmopolita y rítmico en cuatro manos manejadas como si una sola alma las mandase.

L’ embarquement pour Cythère (vals musette para dos pianos) es otra joya llena del aire francés popular a orillas del Sena elevado al magisterio pianístico de una escritura minuciosa y unos rubati encajados a la perfección con apenas una mirada, un leve gesto de mano al aire o simplemente latiendo al unísono. Sonidos etéreos, cristalinos, fraseos elegantes, matices extremos y hasta una coreografía visual para no perderse ni un detalle.

Finalizarían con el Capriccio (d’après le Bal Masqué), virtuoso y festivo, juguetón y humorístico, encajado de manera increíble como en las dos anteriores, sonoridades rotundas y delicadas con precisión milimétrica.

Siguiente bloque nada menos que con el Scaramouche, op. 165 (1937) de Milhaud, cinematográfico, personaje inspirado en la ‘Comedia dell Arte’ con el que el viajero Darius escribe esta suite de virtuosos pentagramas en tres números: el Vif casi imposible, deslumbrante y casi de «pianola», el Moderé para reposar y tomar aliento antes de revestir el último de samba Brazileira, otra de sus «debilidades», contagiando alegría de vivir en las manos de los Hermanos del Valle, escalas cromáticas enfrentadas pero cosidas, articulaciones variadas para todo un espectáculo visual y sonoro.

Aún quedaba el plato fuerte de Ravel, el vasco-francés que jugaba y experimentaba en el piano su sabiduría orquestal, comenzando por la obra basada en cinco cuentos de Perrault, música sin palabras de Ma mère l’Oye (1910), una «Mamá Oca» cuya primera versión para dos pianos crecería incluso hasta llegar a ballet, pero que esta personal y original composición sigue siendo un referente. Víctor y Luis fueron «narrando» la pavana de La Bella Durmiente, a Pulgarcito, la inquietante Laideronnette emperatriz de las pagodas, la conversación de La Bella y La Bestia, o El jardín encantado. Magia sonora, relatos bien hilvanados y diferenciados expresivamente, reverberaciones de los pianos creando esa atmósfera impresionista donde el color que se funde en la retina es sonido en nuestros oídos viajando por la pétrea sala que antaño fuese depósito de agua. Música atemporal, evocadora y un cuento para soñar despiertos desde una infancia detenida por estos hermanos para la partitura de Don Mauricio.

Y siendo CIMCO interdisciplinar además de camerístico, nada menos que la monumental La Valse que estuvo coreografiada por los bailarines de la compañía de danza ‘Wettribute’, Daniel Fernández y Maite Ezcurra a modo de guiño a lo que intentase Diaghilev y después el maestro del ballet George Balanchine.

Una propuesta de claroscuros, con una iluminación sencilla pero plásticamente impecable a lo largo del concierto, en esta «valse» tiempo de entreguerras, encuentros, danza de nuestro tiempo para una música sinfónica a dos pianos, pletórica en la interpretación, coreografía de los hermanos cual pareja musical frente a los bailarines reales, subrayando esta partitura única e imprescindible para esta formación.

Aún hubo tiempo para una propina y nada menos que Brahms con la Danza Húngara nº 11 (de las 21 que escribiese), esta vez interpretando a cuatro manos, un solo piano, remanso bien entendido de esta monumentalidad zíngara del alemán para 20 dedos, 88 teclas con un solo corazón y el mejor cierre tras una hora larga de espectáculo francés hecho en «La Viena de España» por estos hermanos universales.

PROGRAMA

Francis Poulenc (1899-1963):

Sonatina para piano a cuatro manos (versión dos pianos): Prelude – Rustique – Final

L’ embarquement pour Cythère, vals musette para dos pianos

Capriccio d’après le Bal Masqué

Darius Milhaud (1892-1974):

Scaramouche

Maurice Ravel (1875-1937):

Ma mère l’Oye:

Pavana de la Bella durmiente (Lent) – Pulgarcito (Très modéré) – Laideronnette, Emperatriz de las Pagodas (Mouvt. de Marche) – Conversación de la Bella y la Bestia (Mouvt. de Valse très modéré) – El jardín encantado (Lent et grave)

La Valse

Folklore sinfónico de mi tierrina

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Jueves 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de la OSPA: Conciertu de les lletres asturianes. Martín García y Juan Barahona (pianos), Rafael Casanova y Francisco Revert (percusión), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Bartok, Mª Teresa Prieto y Daniel Sánchez Velasco. Entrada gratuita.

El folklore ha sido y seguirá siendo fuente de inspiración para todo tipo de música y la sinfónica es la muestra del alcance que tiene. En este día tan asturiano la OSPA traía un programa casi «de la tierrina» (así somos aquí con los diminutivos), con dos pianistas de casa en el difícil concierto para dos pianos y percusión junto a los «adoptados» tras tantos años en la orquesta, un director y compositor que pasa del atril de clarinete al podio e incluso dirigiendo una obra que enlaza con la escritura de nuestra asturiana más universal y emigrada a México, desde donde recordará su patria chica pero también homenaje a su país de adopción. Por lo tanto se puede hablar de un concierto folklórico, popular y sinfónico en el día de las letras asturianas que es el mejor escaparate (y gratis) para disfrutar de la música, y como dicen ahora, «poner en valor» nuestro rico patrimonio.

El Concierto para dos pianos y percusión de Bartók tiene su origen en la “Sonata para dos pianos y percusión”, versión con arropamiento de una orquesta sinfónica pero con los valores musicales de la “forma sonata” intactos. La versión orquestal es de 1940 (la redacción original esta fechada en 1937) y fue publicada por Boosey & Hawkes, toda una síntesis estética que surge cual explosión que se manifiesta en una estructura aparentemente clásica al respetanr la estructura en tres movimientos: forma tripartita para el primer movimiento, una melodía lírica con una sección central contrastante en el segundo movimiento, y una suerte de rondó-scherzo marcado por la tensión para finalizarla. La novedad está en la escritura rítmica y tímbrica, la unión de los pianos con las percusiones (timbales, xilófono, triángulo, platillos, bombo, tambor y tam-tam) que permite cambios constantes de ritmos, incluyendo algunos muy queridos por el húngaro a base de sonoridades mantenidas en los pianos, contrapuntos con las líneas melódicas dibujadas o sugeridas en la percusión,  «El piano percute y canta, y la percusión canta y percute» que escribía el Padre Sopeña sobre esta obra. Stravinsky, Debussy o la segunda Escuela de Viena le enseñan a Bartók a dibujar melodías dentro de un complejo instrumental con un resultado que no es un “pastiche”sino una de las obras más significativas y elocuentes del compositor.

Por todo lo anterior, que añado ante la falta de notas al programa con las que suelo completar mis reseñas, no es habitual escuchar esta versión en vivo, primero por lo difícil que resulta encontrar cuatro solistas para él mismo, sumarle un orgánico sinfónico tan exigente, más un director capaz de aunar fuerzas, pero sin salir de nuestra tierra se consiguió. Primero dos jóvenes pianistas, hoy triunfando por el mundo y que dieron sus primeros pasos musicales en Asturias, pudiendo dar fe en primera persona de sus conciertos iniciales, Martín García (Gijón, 1996) y Juan Barahona (París, 1989), capaces de sacar del teclado todo el poderío armónico, melódico y por supuesto percusivo. Con una formación que nunca se detiene, estos dos artistas son parte de mi expresión «exportar talento asturiano», por lo que es de agradecer volver a escucharlos y además juntos. La percusión en las agrupaciones instrumentales son el verdadero motor, y para este Bártok que apuesta por una rítmica trepidante más allá del folklore húngaro, en la OSPA tenemos a un tándem titular al que podemos llamar «pareja de hecho» por la cantidad de música que llevan juntos estos asturianos nacidos en Valencia, Rafael Casanova y Francisco Revert que cautivaron y se ganaron la cena por el enorme trabajo que este concierto les exige. Un espectáculo escucharles y verles cambiando rápidamente de baquetas, posiciones e instrumentos que dominan como nadie. La articulación de los instrumentos solistas protagonizaron un diálogo lleno de exigencias y virtuosismo así como de timbres sutiles y altisonantes que maduraron en la mente del compositor húngaro antes de su exilio en Estados Unidos. El entendimiento entre ellos es básico para lograr una sonoridad tan especial, y si Daniel Sánchez Velasco, que conoce como pocos a sus compañeros en ambos lados (clarinete y dirección) se pone al frente, con gesto elegante, preciso, contagiando confianza desde el trabajo, el resultado no podía ser mejor con todas las secciones en su sitio, empastadas, de amplias dinámicas y la cuerda nuevamente con el austriaco Benjamin Ziervogel de concertino invitado, junto a Daniel Jaime. Austria y Asturias casi se escribe igual con dos generaciones unidas para hacer música mayúscula, con la despedida fuera de los abonos y último entre su «familia sinfónica» de Joshua Kuhl, contrabajista neoyorkino y asturiano, en un concierto más allá de fronteras.

Aprovechando todo el montaje anterior y antes de retirarlo para continuar el concierto, nada mejor que una propina de Maurice Ravel (1875-1937), de su Suite para piano a cuatro manos Ma mère l’oye, un arreglo para percusión y dos pianos de Rafael Casanova, la «Laideronnette, impératrice des pagodes«, ideal para poder lucirse los cuatro solistas, tanto Martín como Juan nuevamente en perfecta conjunción y entendimiento con los «percu» que engrandecieron esta maravillosa página de uno de los orquestadores mejores que ha dado la historia, aires de pagoda que por estar en Asturias podríamos retitular panoya, a fin de cuentas otro «templo».

La ovetense Mª Teresa Prieto compone ya en México su poema sinfónico Chichén Itzá, nueva fuente inspiración aunque nunca olvidará sus raíces asturianas. Estructurado en movimiento único en do mayor constituido por tres temas fundamentales donde la creadora parte de sendas ideas literarias inspiradas en las ruinas mayas de Yucatán, la cultura maya del juego de pelota, la serpiente emplumada y el sacrificio de una doncella, un acercamiento fantasioso partiendo de «movimiento, muerte y enigma» con una música que no describe sino que imagina, construcción nacida de impresiones que a pesar del origen programático, la sensación al escuchar esta página no es la de ver algo, sino de estarlo soñándolo, entrelazando temas y con un desarrollo discursivo de gran sutileza tímbrica y la instrumentación que usase en su Sinfonía Asturiana (madera a dos con corno inglés y clarinete bajo, cuatro trompas, tres trompetas, tuba, arpa, timbales, tambor indio, y la cuerda). Sobre la vida y obra de María Teresa Prieto sigo recomendando el libro publicado en 2020 por la Universidad de Oviedo de la doctora Tania Perón Pérez que lleva como subtítulo «Creación y añoranza en el México del siglo XX». Buena interpretación de la OSPA con Daniel Sánchez Velasco entresacando sensaciones, planos sonoros como si una de sus partituras cinematográficas se tratara, sonidos claros y motivos precisos, incorporando el teponaxtle de tradición maya con la intención de reflejar el ritmo y sonido de esa cultura precolombina tan misteriosa y rica como el ambiente logrado con su música.

Y para finalizar, casi como una continuación estilística pero con un dominio en la instrumentación, sus Tres canciones asturianas que todos los presentes reconocieron, son una línea a seguir desde el propio Torner que las recopilase hasta otros compositores que se inspiraron en nuestro folklore, los más cercanos en el tiempo el nunca suficientemente reconocido Benito Lauret (un cartagenero tantos años en nuestra tierra y lo que por ella trabajó) o Antón García Abril. En estas tres páginas, aplaudidas por separado, Daniel Sánchez con un fino trabajo orquestal, reviste de banda sonora canciones que ya cantasen nuestros antepasados, orquestaciones del Dime paxarín parleru, con unas trompas compactas y toda la grandeza sinfónica sin perder el carácter y rítmica, la hermosa, lírica y emotiva Ayer vite na fonte con el oboe presentando y jugando con el tema en un ambiente onírico de nuestra rica mitología de xanas y ayalgas retomado por una cuerda aterciopelada, evocadora del musgo, y finalmente saltar de alegría como en una romería tradicional, Sal a bailar cual banda sonora imprescindible para publicitar nuestra tierra que como el himno  tan conocido, es para vivirla «en todas las ocasiones». Si las orquestaciones del maestro avilesino son de película, el sinfonismo de nuestro tiempo, la respuesta de sus compañeros estuvo a la altura que se merecen estas tres canciones que crecen y no mueren, material plenamente exportable.

Comenzamos mayo con mucho talento que no siempre se queda en Asturias pero la llevan siempre en el alma.

PROGRAMA

Bela Bartók (1881-1945): Concierto para dos pianos y percusión.

Mª Teresa Prieto (1895-1982): Chichén Itzá (1942).

Daniel Sánchez Velasco (Avilés, 1972): Tres canciones asturianas.

Una cantata para el Milenario

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El pasado sábado 20 de abril asistía en la Iglesia de San Juan Bautista del Monasterio de San Salvador de Cornellana al estreno mundial de la Cantata Sancti Salvatoris in Corneliana de mi admirado Guillermo Martínez (¡cosecha del 83!), con tiempo de sobra para disfrutarla a partir de las 20:00 horas, y con el templo del milenario monasterio a rebosar, pudiendo encontrar una silla vacía en un lateral con poca visión pero suficiente para escucharla, que era de lo que se trataba.

La Cantata para el Milenario del Monasterio de Cornellana (1024-2014) es un encargo de la FUNDACIÓN “VALDÉS-SALAS” con el patrocinio de CMC “XXI” (Cosmen Menéndez-Castañedo), escrita en 7 movimientos para soprano, mezzo-soprano, octeto vocal, coro de voces mixtas y un ensemble de metales, percusión, arpa y órgano. Al final de esta entrada dejo todo el elenco cercano a los cien intérpretes para una obra que contaba con un excelente programa de mano para los asistentes donde se incluía además de los textos, un interesantísimo artículo de mi profesor Ángel Medina, catedrático de Musicología de la Universidad de Oviedo ya jubilado, explicando la génesis de esta cantata, y uno más del profesor Daniel Moro Vallina titulado Músicas para un milenario con un análisis pormenorizado de esta cantata de Guillermo Martínez, un libreto para guardar en mi biblioteca como imprescindible fuente de consulta.

Tras la presentación, todos los músicos con el maestro Joaquín Valdeón responsable de otros estrenos de Guillermo Martínez, arrancaban la cantata organizada en siete partes, con una acústica no muy buena para los tutti, teniendo en cuenta que el ensemble instrumental era de viento y percusión más arpa y en el órgano el propio compositor, haciendo difícil la comprensión de los textos, que al menos pudimos seguir por escrito, haciendo difícil encontrar el balance justo ante tal contingente sonoro, aunque hubo momentos más delicados en la instrumentación donde poder apreciar el estilo del compositor y la hermosa musicalidad de varias partes bien interpretadas por los distintos solistas y todo el conjunto.

A nivel global y antes de algunas anotaciones a vuela pluma, comenzar por las dos solistas, la soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico y la mezzo gijonesa Serena Pérez, la primera con más protagonismo y «fija» en los estrenos de Guillermo, desde un prólogo en el segundo número o un aria muy exigente por todo lo que debe y tiene que cantar en el tercero de agudos casi imposibles que flotaron sobre el «ejército milenario», mientras la segunda resultó el contrapeso ideal, el contraste de color de su voz con una bellísima aria en el quinto número, más un buen empaste entre ambas voces.

Insistiendo en la acústica, mejor el Octeto vocal, auténtico «corazón» de la cantata, que el inmenso coro formado la unión de tres (Universitario, «Bloque al Canto» de los aparejadores asturianos más la Capilla «Palacio de Meres») en cuanto a la percepción de las armonías vocales de todo un castillo sonoro para el inicio y final cual fachada coral, si bien el impacto sonoro de ese Coro para el Milenario junto al ensemble instrumental y resto de intérpretes resultó por momentos impresionante.

En la escritura de esta cantata y sin entrar en los detalles del profesor Moro Vallina, hay partes delicadas, otras camerísticas alternando con tutti jugando con los propios textos y creando un clímax sonoro donde no faltaron los textos leídos, solos o sobrepuestos para unas tímbricas muy trabajadas. El Introito «In nomine Patris» arrancó con todo el coro más el ensemble, para que en el Tránsito («Los que buscan al Salvador») el octeto vocal entrase cantando cual coro gregoriano hasta ubicarse en su posición final a la izquierda del coro, mientras el prólogo corría a cargo de la soprano gallega. Interesante la alternancia de los textos, octeto, órgano, arpa, percusión, varias partes a capella y efectistas campanas antes del aria «En el corazón de la antigua España».

Otro de los números donde poder disfrutar fue el quinto, «Por mil años más, brille tu luz» con el aria de  la mezzo asturiana acompañada en momentos por el octeto vocal, otros por el ensemble y la delicadeza con órgano y arpa, buen ropaje para la voz con texturas muy trabajadas.

De instrumentación poderosa el  Ensemble, con órgano más el octeto de sonoridad muy «olímpica» por la Fanfarria «En el valle de las historias y de los viejos misterios», donde también intervienen el arpa antes de la solista del octeto (Ana Maria Peinado García, otra conocida de La Castalia que ya ha estrenado más obras de Guillermo Martínez) con arpa, una matizada parte central hasta la solista con trompeta, timbales y un Da Capo efectista (silbato incluido), de aires norteamericanos que tan bien maneja nuestro compositor lleno de épica.

Sancti Salvatoris es el último número, nuevos juegos de dinámicas, expresión y tímbricas variadas, con los coros callados  y el octeto a la izquierda, un Ensemble a todo volumen y cambios bruscos de matices (muy bien la trompa solista del mierense Jaime A. Sixto) antes del in crescendo, con los textos hablados alternados con el órgano, un pianisimo final todos juntos, un solo del bajo y mezzo del octeto para la entrada, sumándose la soprano gallega de agudos extremos y finalizando el Tutti  con órgano, arpa, octeto vocal y hasta un glockenspiel cual repique de campanas hasta la última entrada del Coro con las solistas juntas en un final colosal y glorioso que puso al público, que aún no lo estaba, en pie.

Larga vida al milenario Monasterio y toda la inspiración para Guillermo Martínez que sigue regalándonos obras para poder disfrutarlas y enriquecer nuestro patrimonio musical.

INTÉRPRETES

Patricia Rodríguez Rico, soprano

Serena Pérez, mezzo soprano

OCTETO VOCAL «Sine Nomine»:

SOPRANOS: Ana Maria Peinado Garcia – Ángeles Rojas

MEZZOSOPRANOS: Vilma Ramírez Álvarez – Olga Guseva

TENORES: Fernando Fuego García – Eduardo Pintado Sarachaga

BAJOS: André Phelipe Horbatiuk  – Fran Sierra Fernández

CORO UNIVERSITARIO DE OVIEDO

Maestro de coro: Joaquín Valdeón

&

CORO «Bloque al Canto»
(del Colegio de Aparejadores)

Maestro de coro: J. Valdeón

&

CAPILLA MUSICAL «Palacio de Meres»

Maestro de coro: Miguel QA

ORADORES:

Nuria Sánchez y Manuel Valiente (directores de Maliayo Teatro y Rizoma Escena)

ENSEMBLE INSTRUMENTAL

TROMPAS: Jaime Aurelio Sixto – Konrad Markowski

TROMPETAS: Guillermo García Cuesta – Sergio Lomas Roncero – Pablo Núñez Noval

TROMBONES: Ángel Sapiña – Luis Fuego Casielles (TROMBÓN BAJO)

TUBA: Rafael de la Torre

TIMBALES: Miguel Díez Casado

PERCUSIÓN: Rafa Casanova Ortiz – Francisco Revert García – Gabriel Catalán Rivera

ARPA: Mirian del Río

ÓRGANO: Guillermo Martínez

PRENSA:

Oportunidades necesarias

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Martes 23 de abril, 19:45 horas. Oviedo, Teatro Filarmónica, concierto 2.070 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo: Nina Rivas (violonchelo) y Gleb Koroloeff (piano): Obras de C. Schumann, Brahms, Tchaikovsky, Falla, R. Rivas y Piazzolla.

Las sociedades filarmónicas siguen siendo el marco perfecto para que los jóvenes intérpretes tengan las necesarias oportunidades para ir rodándose, darse a conocer y también continuar haciendo de ellas verdaderas «escuelas para futuros melómanos» y un oasis para los de siempre, por lo que seguiremos apoyando a nuestras filarmónicas siempre que podamos.

En el noveno concierto de este año en el teatro de la calle Mendizábal llegaba un dúo de chelo y piano con un programa bien elegido. La ovetense de adopción y sangre venezolana Nina Rivas (Cincinnati, Ohio, 2001) al cello, con el que lleva desde los 7 años, acompañada al piano por el maestro letón Gleb Koroleef optaron, con ligeros cambios en el orden previsto, por una primera parte llamemos académica, con tres románticos donde poder comprobar el alto nivel de los dos intérpretes, y una segunda de aires populares donde «cantar» con el instrumento que dicen más se parece a la voz humana.

De Clara Wieck, pues va siendo hora de retomar su apellido aunque la influencia de Schumann haya sido grande en todos los sentidos, el dúo Rivas-Koroleef nos dejó sus Tres Romanzas opus 22 (originalmente para violín y piano) bien contrapuestas, con un piano que comparte protagonismo con el cello, brillante, bien ajustados ambos aunque por momentos la sonoridad no estuvo lo suficientemente equilibrada, y donde el magisterio del letón se mostró siempre contundente.

Del virtuoso Chaicoski de su Pezzo Capriccioso, op. 62 el dúo nos brindó de nuevo el buen entendimiento y compenetración entre cello y un piano quasi orquestal antes de cerrar con esa inmensidad de sonata que es la primera de Brahms, cerrando el círculo con su amada Clara, para disfrutar de una musicalidad plena en ambos intérpretes aunque el instrumento de Rivas pareció faltarle agudos, algo cortos, frente a los graves más rotundos. Con todo resultó una interpretación de estas obras que ambos han trabajado y se nota.

De las conocidas y versionadas Siete Canciones Populares Españolas de Falla, las de cello y piano transcritas por M. Maréchal son las más cercanas a las originales para voz. Si bien los tempi elegidos, tal vez demasiado rápido el Polo último, ayudan al fraseo del cello, parece claro que quedan por pulir detalles técnicos tales como mejorar la afinación, intentar evitar los excesivos golpes de las cuerdas rebotando en el mástil o el manejo del arco, pero la «ovetense» tiene un buen maestro que irá guiándola por el mejor camino así como probablemente en adquirir un instrumento que se adapte a la expresividad de esta cellista, pues el actual se nota que «no está domado» y lleva su tiempo. A nivel interpretativo remarcar que tampoco se puede abusar de los glissandi pues resta la expresividad original de Falla (en la Nana sobre todo) y es una pena porque los fraseos fueron siempre adecuados, incluso los rubati siempre bien encajados con un piano coprotagonizando estas siete joyas.

De las dos obras de los Rivas venezolanos, Rubén Rivas (Mérida, 1948) y Alejandro Rivas, abuelo y padre de Nina respectivamente, muy interesantes tanto de escritura como el arreglo para este dúo Rivas-Koroloeff, dos momentos muy contrastados de aires caribeños y clara inspiración folclórica, la segunda (San Rafael con Gabán) con un solo de cello cual fermata de concierto, muy exigente por los recursos técnicos empleados, con cambios de tempo y ritmos muy efectistas de habanera o joropo para el dúo y que sirvió de perfecto enlace con la última.

Bien enlazado El Gran Tango de Piazzolla, sin partitura, plenamente interiorizado y donde sí vienen bien los glissandi escritos, con un piano rotundo y bien balanceado con el cello, que resultó lo mejor de este frío día de San Jorge.

PROGRAMA

CLARA SCHUMANN (1819-1896): Tres Romanzas, op. 22:

Andante molto – Allegretto – Leidenschaftlich schnell.

P. I. CHAIKOVSKI (1840-1893): Pezzo Capriccioso, op. 62.

JOHANNES BRAHMS (1833-1897): Sonata nº 1 en Mi menor, op. 38.

MANUEL DE FALLA (1876-1946): Siete Canciones Populares Españolas:

El paño moruno – Seguidilla murciana – Asturiana – Jota – Nana – Canción – Polo.

RUBÉN RIVAS (1948) / ALEJANDRO RIVAS (1968): Arboleda – San Rafael con Gabán.

ASTOR PIAZZOLLA (1921-1992): Le Grand Tango.

Del mar a la tierra

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Viernes 19 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 9 OSPA FEST, East West II: Fleur Barron (mezzo), Benjamin Bruns (tenor), OSPA, Nuno Coelho (director). Obras de Du Yun y Mahler.

La OSPA es una fiesta y volvía con estos conciertos «Este-Oeste» (del que me perdí el octavo de abono) en cuanto a la fusión de músicas desde Oriente a Occidente, una de las apuestas del titular que organiza los conciertos con mimo, preparación y entrega. Así para el noveno se unía la compositora de Shanghai Du Yon (1977) que triunfa en EE.UU. y el siempre actual Mahler con esta sinfonía de seis lieder como es «La canción de la tierra» (Das Lied von der Erde) con textos de poemas chinos de la antología «La flauta china» (Die chinesische Flöte) compilada por Hans Bethge, bien hiladas ambas con una orquesta perfecta para ambas páginas y sin descanso porque los noventa minutos formaban esta unidad East-West sin cesura.

Y como ya es costumbre, a las 19:15 en la Sala de Cámara tenía lugar el encuentro de Fleur Barron y Nuno Coelho con los habituales, siendo interesante cómo se conocieron ambos en los Estados Unidos y se ha mantenido esta amistad que les daría la complicidad necesaria para Mahler, lo que supone esta colaboración en distintos formatos como han sido «Joy» el pasado día 13 con Julius Drake (piano) y Max von Pfeil (cello) donde unió cantos de Lorca o Falla con canciones chinas (que conoce por su madre) o el floklore de Brahms, y este sábado en el Museo Casa Natal de Jovellanos con parte del Kaleidoscope Chamer Collective, otra combinación de amistad y canciones de oriente a occidente con este grupo, que también me perderé por otros compromisos. Un esfuerzo no solo vocal sino mental el de Fleur Barron transitar en una semana por repertorios y formaciones tan distintos pero unidos, como bien nos contó, por la pasión y la emoción, así como poder disfrutar de nuestra tierra acompañada por su madre.

Sobre Kraken de la china Du Yun aunque afincada en los EEUU, se estrenó en 2012 por la Detroit Symphony Orchestra dirigida por Leonard Slatkin, con una gran plantilla y una interesante orquestación donde no faltan dos grandes kits de percusión y utilizando dos mirlitones (kazoos), sustituyendo a oboe y timbal, que deben “cantar utilizando la voz a través del instrumento”, extremadamente rubato con toda una paleta de recursos variados en esta compositora multi-instrumentista, activista, que ha pasado por distintos géneros y estilos pero que en esta obra muestra una trabajada exploración rítmica y tímbrica de cada instrumento, un lenguaje actual con reminiscencias de Hermann o Stravinsky por los efectos en las cuerdas o metales, aunque como sucede con nuestras actuales músicas sinfónicas, bien pueden ser bandas sonoras. El propio título que para muchos de nosotros es un calamar gigante, en este caso forma parte de una serie de obras de Yun sobre fábulas mitológicas: mitad dios y mitad demonio, un dragón marino elegido por representar el punto medio de la existencia humana, “recuerdo pasado del futuro, futuro del pasado” que la compositora china dice reconocer en ella misma y en su obra, como bien indica en las notas al programa la doctora Julia Mª Martínez Lombó. La obra se estructura, sin ser estrictamente narrativa ni programática, en tres capítulos consecutivos sin apenas separación y el maestro portuense fue indicando cada parte con precisión en una obra exigente precisamente por los muchos contrastes, rubati y hasta cadenzas reflejando «la figura que muta en el tiempo y cómo la materia se extiende, desdobla y disipa», tormentas marinas, profundidades oceánicas y toda una mitología sinfónica en esta interesante composición llena de tensión y fuerza para una interpretación detallista como en Coelho es habitual.

Antes de Mahler, el maestro presentó la obra y nos hizo saber la jubilación tras 30 años en la OSPA de Joshua Kuhl, coprincipal de contrabajos, al que hizo entrega de un ramo de flores y que deja un vacío que espero se llene con su otra pasión jazzística (sobre vacíos volver a comentar que seguimos con concertinos invitados, esta vez Łucja Madziar y ayudante Daniel Jaime).

Das Lied von der Erde es una sinfonía para tenor, contralto (o barítono) y orquesta, contando para esta ocasión con el tenor hamburgués Benjamin Bruns (sustituyendo al inicialmente previsto el escocés Nicky Spence) en los lieder impares y la mezzo británica Fleur Barron en los pares. El primero verdaderamente «mahleriano» por potencia, color, registro, cantando las partes alegres y jocosas en esta mitología dionisíaca o báquica, expresivo y suficiente este alemán capaz de sobreponerse a una orquesta que podría haberle tragado o convertirlo en el kraken inicial.

Por su parte la cantante nacida en Irlanda del Norte pero de nombre francés (porque su madre es una enamorada del país galo y en su Singapur natal anglófono la matriculó en el Colegio Francés), tiene un color ideal, en cierto modo oscuro pero con graves de contralto (una cuerda hoy casi en peligro de extinción), unido a una musicalidad innata que le permite afrontar, como comenté más arriba, repertorios muy variados. Para este Mahler terrenal, su voz resultó perfecta, expresiva y dulce para el otoño solitario, mas bella, lírica y conmovedora en esa larga despedida «para siempre» que te pone un nudo en la garganta.

Coelho que ya ha moldeado un «sonido OSPA», nos demostró no solo lo buen concertador que es, también el dominio total de una formación hoy casi gigantesca, con muchos refuerzos por la plantilla exigida pero que se integran sin problemas en cada sección con sonoridades camerísticas como exige esta partitura. De nuevo la madera estuvo inspiradísima, con un dúo de flauta y voz casi operístico, las intervenciones solistas de oboe, corno, clarinete o fagot capaces de pasar de la exaltación al dolor, unos metales broncíneos tan necesarios para este Mahler, la percusión sin crecerse en las dinámicas que controla con mano firme el maestro portugués, y nuevamente la cuerda que ha recuperado la unidad sonora desde unos matices extremos que no pierden presencia en ningún momento. Esta «otra sinfonía» compuesta en los peores momentos anímicos de Mahler nos hizo pasar de nadar en el fondo marino a pisar la tierra con la misma esperanza del compositor bohemio, «De la brevedad de la vida» de nuestro Séneca reflexionando sobre lo efímero de la belleza, vida y muerte, transcendencia llena de contrastes hechos música, de primavera y otoño simbólicos que nos llevan a esa larga despedida (ewig, para siempre) cantada, susurrada por momentos por una Barron sentida y dilatando hasta el último hálito con Coelho aguantando los brazos y el público respetando un silencio solo roto por una merecida y larga ovación. Esperemos que cada concierto siga siendo una fiesta de calidad y apuestas por repertorios tan poco habituales.

PROGRAMA

Du Yun (1977)

Kraken (2012)

Gustav Mahler (1860-1911):

«Das Lied von der Erde» (1908):

I. Allegro Pesante. Ganze Takte nicht Schnell. «Das Trinklied vom Jammer der Erde» (Canto báquico de la aflicción de la tierra).

II. Etwas Schleichend. Ermudet. «Der Einsame im Herbst» (El solitario en otoño).

III. Behaglich heiter. «Von der Jugend» (De la juventud).

IV. Comodo. Dolcissimo. «Von der Schönheit» (De la belleza).

V. Allegro. Keck, aber nicht zu Schnell. «Der Trunkene im Frühling» (El borracho en primavera).

VI. Schwer. «Der Abschied» (La despedida).

Coloreando sonidos sinfónicos

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII Coll dirige Coll: OSPA, Francisco Coll (director). Obras de Coll, Schubert-Berio y Mussorgsky-Ravel.

Séptimo de abono con encuentro previo a las 19:15 en la Sala de Cámara, esta vez con el maestro Francisco Coll (Valencia, 1985) en su doble faceta de compositor y director (desde 2019), y esta temporada colaborador artístico de la OSPA, muy interesante explicándonos su obra o cómo la afronta sin ser un poema sinfónico pues cual sinestesia parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único. Curioso cómo toda música es una banda sonora que tenemos todos al escucharla, y aunque Lilith parte del personaje legendario -cuya personalidad entre demoníaca y seductora dio origen al mito de la mujer fatal-  que marcó la juventud del músico valenciano, hoy afincado en Lucerna, también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día.

Con un programa muy pictórico, su Lilith (estrenada en mayo de 2022 con la Orquesta de Valencia) abría el concierto con una OSPA que daba gusto ver su plantilla de hoy (de nuevo comandada por Aitor Hevia), al fin con unos graves poderosos (calculen a partir de los 6 contrabajos), unos metales que brillaron todo el concierto, percusión abundante que no puede faltar para las texturas y tímbricas de nuestros días, más dos pianos, uno de ellos afinado un cuarto de tono bajo al que el oido no está acostumbrado y da a la obra esa sensación de incomodidad. Obra trabajada por capas como si de un lienzo sinfónico se tratase, alcanzando como una tridimensionalidad sonora que pintó con sus manos sacando de todas las secciones de la formación asturiana el color y ambiente imaginado para armar este «mueble orquestal» sin perder ni olvidar ninguna pieza en su discurrir. En palabras de Jesús Castañer “una de las composiciones más provocadoras, enigmáticas y cargadas de simbolismo que ha escrito hasta la fecha”, y con muchos paralelismos expresivos con su Aqva cinerea que disfruté en el Festival de Granada del pasado verano junto a Richard Strauss para quien su Vida de héroe también está en la raíz de esta Lilith valenciano-suiza.

Cercana en el tiempo y con una orquestación menor pero igualmente sugerente es Rendering de Luciano Berio a partir de los bocetos a disposición de los estudiosos desde 1978 de la incompleta décima sinfonía de Schubert, más restauración del italiano que reconstrucción ni terminación del austríaco. Interesante escritura donde se nota el espíritu del compositor vienés pero aderezado con armonías y tímbricas del siglo pasado que el compositor italiano organiza en tres movimientos (Allegro, Andante y Scherzo) donde el papel de la celesta le imprime una tímbrica muy personal (disfrutando como en la segunda parte de la aragonesa Clara Gil que también estuvo al piano principal en Lilith). La sonoridad clásica es ya seña de identidad de la OSPA, lo que se notó en la calidad de una cuerda homogénea, una madera empastada y los metales con la sonoridad que yo llamo orgánica por el instrumento rey. Colorido clásico con pinceladas propias en una de las muchas «meninas» a partir de las de Velázquez, como también nos dio a entender el maestro Coll en el encuentro, y esta vez con batuta (olvidada pero recuperada) cual pincel para destacar mejor las aportaciones quasi picassianas de Berio.

Y en un programa tan pictórico no podían faltar los Cuadros de una exposición de Mussorgsky en la maravillosa orquestación de Ravel, que como las visiones de una misma obra, la original para piano del ruso son maravillosos grabados a los que el vasco-francés eleva a categoría de lienzos descomunales. La instrumentación toda de todo el color que en mis años jóvenes intentó actualizar Isao Tomita con sintetizadores, y que para toda orquesta es un examen donde todas las secciones y primeros atriles deben darlo todo. Coll de nuevo sin «pincel» pudo ir llenando con gesto claro cada paseo y cuadro de Hartmann con nuestras propias imágenes, sin prisas, saboreando cada número, matizando al detalle alcanzando unas dinámicas extremas y perceptibles sin toses ni teléfonos. Enorme trabajo de todos los solistas, toda la madera en digna pugna por la excelencia en cada principal, impecables y afinadísimos los metales (bravo por el trabajo de Maarten y el trío de trombones más la tuba (hoy especialmente el doblete con el eufonio en «Bydlo» de Christian), presente y seguro el saxo del ponferradino David Delgado en «El viejo castillo«, más la percusión que empuja y realza ese final apoteósico en la puerta de la Kiev hoy ucraniana y acosada. Por supuesto una cuerda poderosa, empastada, matizada, precisa y clara, sonando en equipo para escucharse todos y poder completar esta partitura que el valenciano coloreó con la luz de su tierra y el conocimiento orquestal que desde su aún breve carrera directorial estas experiencias ayudan no solo a comprender sus propias partituras sino las de obras que le gustan, transmitiendo ese amor a la orquesta y un público de nuevo no muy numeroso (y con otro evento de Danza en el Campoamor) que salió feliz del auditorio.

Si hubiera sido increíble haber visto y escuchado a Beethoven dirigir alguna de sus sinfonías, a Bernstein uno de sus musicales o al propio Berio con sus creaciones, está claro que fue un placer haber disfrutado de Coll dirigiendo a Coll y sus compañeros de galería sonora.

PROGRAMA

Francisco Coll (1985):

Lilith (2022).

F. Schubert / L. Berio (1925):

Rendering (1989-1990).

M. Mussorgsky / M. Ravel
(1875-1937):

Cuadros de una exposición (original 1874 / orquestada 1922):

Introducción: Promenade

I. El gnomo

II. El viejo castillo

III. Tullerías

IV. Bydlo

V. Baile de los polluelos en sus cascarones

VI. Samuel Goldenberg y Schmuÿle

VII. Limoges

VIII. Catacumbas

IX. La cabaña sobre patas de gallina:
Baba-Yaga

X. La gran puerta de Kiev

El Sistema también tiene coral

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Lunes 25 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica de Oviedo, Concierto 2067 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (número 6 del año): Coral Nacional Simón Bolívar, Lourdes Sánchez (directora), Calio Alonso (piano). Obras de Fauré y música sacra a capella.

Oviedo sigue pidiendo pidiendo a voces la «capitalidad musical» y este Lunes Santo en apenas 300 metros teníamos dos conciertos corales: un laureado El León de Oro en la Catedral y la Coral Nacional Simón Bolívar en gira por España, agradeciendo tener a la capital asturiana entre sus paradas. Mi opción fue la segunda pues a los asturianos les disfruto más a menudo como «leónigan» confeso, pero tenía mucho interés en escuchar esta sección coral de «El Sistema» venezolano también a iniciativa del recordado José Antonio Abreu, quien decidió cumplir otro sueño: tener un gran coro profesional tras lis infantiles y juveniles (como con la orquesta) que manejara un elevado nivel de repertorio académico. Así fue como nació la Coral Nacional hace 18 años de la que esperaba un mayor nivel si tenemos en cuenta no ya el número de voces, rondando las 90, sino el grado profesional de una formación que además traía un programa que es habitual en «mi LDO» más el Requiem de Fauré que se escuchó el pasado viernes en el auditorio, aunque esta vez reducido al piano (ya recalcaba El Sistema que «Será difícil, lograr la atmósfera interna de espiritualidad sin el cobijo que ofrece una orquesta sinfónica») y que de optar por esta versión hubiese preferido el órgano por la mayor gama tímbrica.

Para un coro profesional está bien alternar repertorios de distintas épocas así como jugar con distintas formaciones, todas bajo las manos de Lourdes Sánchez de «gesto académico» contenido y que no siempre encontró la respuesta esperada. Arrancaron las voces blancas con el Miserere de la donostiarra Eva Ugalde, la única donde la directora dio el tono desde el piano (preparado para la segunda parte), y debiendo parar para repetir ante la falta de afinación. Una versión muy «plana» antes de incorporarse las voces graves, colocándose a la derecha de las blancas y desde entonces un miembro del coro sería quien diese los tonos, para comenzar con el impresionante Nunc Dimitis a 8 voces de Holst. El «poderío» previsto se contuvo en parte por un desequilibrio entre las cuerdas, con unas sopranos demasiado presentes y unos bajos sin la rotundidad exigible para que todo estuviese mejor asentado. Del gran compositor argentino Dante Andreo su Tenebrae Factae Sunt adoleció de los mismos problemas, con tardanza siempre en las entradas que el gesto de Sánchez tampoco «ayuda», necesitando más equilibrio entre las voces, mejor pronunciación aunque en los finales siempre fuera exacta, sobre todo los «nasales» donde el coro sí se mostró disciplinado y siempre afinado.

Las siguientes obras de Gjeilo y Vila se interpretaron con la misma intención que las anteriores, demasiado planas para todo lo que hay escrito tanto del noruego del catalán (llena de emoción hasta en el propio texto), con una línea de canto muy homogénea de matices y fraseos, más la repetida falta de mejor articulación.

Las voces en Brahms sonaron más empastadas y afinadas, aunque el texto en alemán no marcó suficientemente las consonantes ni los balances, mejor las voces graves que las blancas otra ez desequilibradas en presencia, antes del grupo masculino, voces iguales con unos bajos limitados en volumen para nuestro gran Javier Busto que tiene en España coros que defienden mejor su repertorio, y esperaba que los venezolanos hubiesen bebido de las fuentes directas, pero la solemnidad la resolvieron con más volumen que expresión, perdiéndose el tapiz coral del doctor Busto.

Vuelta a las voces mixtas con nueva colocación flanqueando las blancas a las graves para el resto de esta primera parte que sacó a relucir de nuevo unas sopranos estridentes y unos bajos comedidos, olvidándose que también tenores y contraltos completan la tímbrica y textura coral. Y pese a enfrentarse a dos obras «barrocas» a 8 voces como las de Lotti o Salazar, la interpretación mantuvo la línea de las obras anteriores, carentes del estilo y entrega necesarias para ellas, sin la intensidad coral del italiano ni el misticismo del español.

Lo mejor de esta selección a capella vendría con el norteamericano Forrest y su Entreat Me Not To Leave You, pues al menos se entendió el inglés y el coro pareció más cómodo en esta obra con las voces entremezcladas, ganando en sonoridad global así como en el entendimiento con la maestra Sánchez.

En el centenario del nacimiento de Gabriel Fauré la coral de El Sistema optó por el Requiem en re menor, op. 48 con el excelente acompañamiento al piano del granadino Calio Alonso, que volvía a este escenario de la calle Mendizábal, aunque un órgano con pedalero hubiese sido mejor opción y evitar contar con tres o cuatro manos (de una componente del coro) en la segunda parte del Agnus o en el hermoso Sanctus.

Esta vez la «contención» vino bien para poder disfrutar de un buen barítono para el Hostias et preces tibi del Ofertorio y el Libera me, o la soprano en un Pie Jesu algo «destemplado» pero bien de emisión, ambos componentes de un coro que no siempre entró a tempo y los matices fueron los escritos por el compositor francés para esta serena misa de difuntos, aunque siga prefiriendo su Cantique de Jean Racine o incluso el menos escuchado Les Djinss, op. 12 para estas formaciones sin orquesta, pero se agradece el homenaje.

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La propina con un tenor desafinando y de nuevo el excelente piano de Alonso, una estática Baba Yetu de Christopher Tin, al menos con una maraca para darle el aire de alegría tras un concierto con música para esta Semana Santa que nos trajo a la Filarmónica esta Coral haciendo un esfuerzo que es de agradecer para la centenaria sociedad ovetense. En defensa de la «Coral de El Sistema» ante mi decepción aquí reflejada, dejo las palabras de la propia directora para el diario La Verdad: «… permitirá que muchos de los exmiembros de la coral, hoy artistas de carrera internacional y que viven en Europa, se sumen y canten con sus compañeros de siempre… Además, conocerán y apoyarán a los nuevos integrantes que participan por primera vez en una gira internacional. Esto representará un encuentro muy emotivo y bonito».

PROGRAMA

Primera parte:

Eva Ugalde (España, 1973): MISERERE.

Gustav Holst (Reino Unido, 1874-1934): NUNC DIMITTIS. Lucas, 2: 29-32.

Dante Andreo (Argentina, 1949): TENEBRAE FACTAE SUNT.

Ola Gjeilo (Noruega, 1978): SECOND EVE.

Josep Vila i Casañas (España, 1966): IN PARADISUM.

Johannes Brahms (Alemania, 1833-1897): SCHAFFE IN MIR, GOTT, EIN REIN HERZ.

Javier Busto (España, 1949): DE PROFUNDIS CLAMAVI.

Antonio Lotti (Italia, c.1667-1740): CRUCIFIXUS.

Antonio de Salazar (España, 1650-1715): O SACRUM CONVIVIUM.

Dan Forrest (Estados Unidos, 1978): ENTREAT ME NOT TO LEAVE YOU. Ruth 1: 16-17.

Segunda parte:

Gabriel Fauré (Francia, 1845-1924): REQUIEM en re menor, op. 48.

Introit et Kyrie –  Offertoire – Sanctus – Pie Jesu – Agnus Dei – Libera Me – In Paradisum.

Piano: Calio Alonso.

El dolor sinfónico

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Viernes 23 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono V: Rusia Siglo XX, OSPA, Stefan Jackiw (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Gubaidulina, Britten y Shostakovich.

Quinto concierto de abono y un programa interesante con dos grandes rusos y un británico que hicieron del dolor todo un arte musical, pues el aire de tragedia, guerras y sufrimiento aún lo seguimos respirando. Volvía el titular portugués y debutaba en Oviedo Stefan Jackiw (Boston, 1985), realidad más que promesa que comenzó a estudiar violín con solo cuatro años debutando con la London Philarmonic a los 14, siendo reclamado a los dos lados del Atlántico. Muy interesante el encuentro previo con ambos desgranando las obras que escucharíamos posteriormente y cómo afrontar tanto el repertorio sinfónico (prepara al menos un concierto nuevo cada año) con el camerístico en el que el violinista también es asiduo, al menos encontrándose dos semanas al año con el Junction Trio junto al pianista Conrad Tao y el chelista Jay Campbell.

Fairytale Poem (Poema de cuento de hadas) de la rusa Sofiya Gubaidulina (Chistopol – Tatar, 1931) es una maravilla escrita en 1971 inspirada en el relato «El trocito de tiza» (del checo Mazourek) para un programa de radio, con una orquestación interesante prescindiendo de timbales, metales, oboes y fagotes, sólo flautas y clarinetes a dos, contando con arpa, piano, dos percusionistas y una cuerda esta vez capitaneada por Aitor Hevia (a la eterna espera de un concertino titular). Tras la censura de las autoridades culturales soviéticas por tomar un «camino equivocado» alejándose de los convencionalismos más o menos aceptables, este poema musical es toda una metáfora del papel del artista, la tiza obligada a vivir en una pizarra de escuela para liberarse en las manos de un niño que da rienda suelta a la fantasía e imaginación aunque vaya deshaciéndose cuanto más vuela. El dolor interior, casi como la grima de escucharla rayar, elevado a una obra musical de tímbricas explosivas que finaliza en un silencio al menos sin romperse por las toses (no hay forma de acabar con ellas) ni los móviles (sonarían entre algún movimiento posterior) donde esta OSPA, que volvía a contar con la colaboración de alumnado del CONSMUPA, ya dejó claro su perfecto entendimiento con un Coelho que saca de ella matices increíbles y trabaja el sonido con detalle, más en esta obra sugerente en la utilización de recursos diría que extremos y con momentos de tensión esperando que todo se rompa mientras la imaginación campa a sus anchas por la pizarra de los pentagramas. Qué bien que la compositora rusa prosiguiese por el «camino equivocado» como le deseaba Shostakovich en 1959, y como bien recuerda Alejandro G. Villalibre en las notas al programa. Nunca está de más seguir escuchando la gran música rusa del pasado siglo que continúa vigente y actual tanto por la historia como por el trasfondo.

Stefan Jackiw comentaría en el encuentro previo que hace un año desde que incorporase el Concierto para violín y orquesta, op. 15 de Benjamin Britten (1913-1976), muy exigente técnicamente en sus tres movimientos. El compositor inglés, antibelicista nato, tras su estancia en Barcelona en la primavera de 1936 con solo 23 años y aún sin la fama que alcanzaría posteriormente, componía este concierto en 1939 (estrenado al año siguiente por su amigo el tarraconense Antonio Brosa de solista con la Filarmónica de Nueva York y Sir John Barbirolli a la batuta en el Carnegie Hall), tres cuadros de nuestra Guerra Civil: el Moderato con moto de la España luminosa, folklórica, rítmica, con una orquestación brillante y un violín cantabile que genera alegría y hasta humor, sonido amplio del solista con su Ruggieri de 1704 sobrevolando el ostinato orquestal. El Vivace central son los horrores de la guerra, recuerdos militares del Shostakovich hoy más presente que nunca por la orquestación poderosa, pero también con reminiscencias de Prokofiev y un guiño a Berlioz en el dúo de los pícolos con la tuba, un violín de escalas ascendentes con armónicos siempre presentes y limpios con Nuno Coelho templando volúmenes en su sitio, el empuje de un tren que va ganando velocidad y creciendo en dinámicas con esa Passacaglia: andante lento (un poco meno mosso) que reflejaría la devastación tras un conflicto hoy presente en Ucrania o Gaza. Impresionante el desgarro del violín tras la cadenza que enlaza el horror, un esfuerzo de todos para dejarnos exhaustos, agoncojados y con un silencio final de los que nadie quiere romper tras tanta tensión acumulada que finaliza en un re indefinido al jugar con el fa y el fa sostenido del violín con el que también se iniciaba este «retrato musical» de unas guerras que inspiran páginas tan hondas como esta de Britten.

Y la súplica al «dios Bach» con el que Stefan Jackiw «oró» la Sarabande de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, claridad, fraseo, sentimiento, despojado del virtuosismo anterior para meditar con el padre de todas las músicas.

El plato fuerte del quinto de abono llegaría con la Sinfonía nº 5 en re menor, op. 47 de Dmitri Shostakovich (1906-1975), compuesta entre abril y julio de 1937, otro nexo de unión con Britten y de nuevo expresando con la música el miedo a la muerte que suponía la disidencia en aquella dictatorial URSS que también sufrió su amiga Gubaidulina. Siempre digo que «no hay Quinta mala» (hace apenas un mes lo corroboré con esta misma obra) en cuanto al mundo de la sinfonía, y la biografía del compositor muestra todo el trasfondo, «Vislumbré al hombre con todos sus sufrimientos como un tema central de la obra», tragedia, tensiones, aparentemente triunfal y teóricamente alejada de los excesos que el tiempo parece negar y la visión de Coelho con la OSPA afrontó con la complejidad de la guerra interior, el dolor, la esperanza, sacrificio a los ideales porque va la propia vida en ello, pero la dualidad de luces y sombras en esta llamada «sinfonía de autor». Una orquestación poderosa en todas sus secciones, con 90 músicos sobre el escenario que transitaron toda la gama de matices (impactantes los pianissimi), la calidad de los primeros atriles, la cohesión global desde un balance perfecto a lo largo de los cuatro movimientos (I. Moderato – II. Allegretto – III. Largo . IV. Allegro non troppo). Intervenciones solistas perfectas, escuchándose siempre en el plano correcto, unos «bronces» hoy poderosos y contenidos cuando así se les exigía, timbales mandando, percusión dando el empuje necesario con las láminas y caja siempre presentes, las maderas inmensas, y una cuerda precisa, rotunda hasta en los pizzicati y sedosa en feliz conjunción, con los ataques cual tensión y miedo del recuerdo que Mravinsky pedía a su Orquesta de Leningrado. Una Quinta dolorosa pero profunda, brillante oscuridad con esperanza interior para una OSPA que con el maestro luso está encontrando su momento ideal afrontando repertorios que no deben faltar y esperando más público que reivindique el papel de la formación asturiana en nuestra identidad cultural.

PROGRAMA

S. Gubaidulina (1931):

Poema de cuento de hadas

B. Britten (1913 – 1976):

Concierto para violín y orquesta,
op. 15

I. Moderato con moto – II. Vivace – III. Passacaglia: Andante lento
(un poco meno mosso)

D. Shostakovich (1906-1975):

Sinfonía nº 5 en re menor, op. 47

I. Moderato – II. Allegretto – III. Largo – IV. Allegro non troppo

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