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La Castalia de nuestro tiempo

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Miércoles 23 de julio, 20:00 horas. Club La Nueva España: Conferencia-presentación «La Regenta y el Teatro Lírico». En torno al espectáculo «La Castalia en Vetusta».

Como aperitivo a la I Edición Ópera-Studio que se celebrará el próximo martes 29 de julio a las 20 horas en el Teatro Filarmónica, con entrada libre hasta completar aforo, esta tarde teníamos la presentación y posterior conferencia sobre el espectáculo que organiza la Asociación «La Castalia» heredera de la que se fundó en el siglo XIX, presidida por Begoña García-Tamargo, quien haría de presentadora, el director de escena Íñigo Santacana más la doctora Ana Cristina Tolívar, bisnieta de Clarín y toda una autoridad en Leopoldo Alas, que nos expondría la relación de su bisabuelo con la lírica en Oviedo reflejada en su obra maestra «La Regenta» que ahora cumple 140 años de su publicación.

La profesora y directora artística García-Tamargo comenzaría adelantándonos esta nueva apuesta de «La Castalia», por vez primera en el formato de «Ópera-Studio» centrada en la creación lírico literaria con fragmentos de las óperas y zarzuelas citadas por Clarín, con gran relevancia de ambos géneros en muchos capítulos. No faltaron los agradecimientos a todas las instituciones que colaboran, Ayuntamiento de Oviedo desde distintas concejalías, al diario La Nueva España, al Centro RETO por participar de manera altruista en toda la escenografía, a los artistas participantes (dejo al final copia con sus nombres), a Mª Luz González Peña, siempre colaborando con «La Castalia» desde el archivo de la SGAE por su ayuda con los materiales utilizados, y a los musicólogos de la Universidad de Oviedo los doctores Mª Encina Cortizo  y Ramón Sobrino, pareja de indispensables por el conocimiento en la materia y su inestimable apoyo a «La Castalia del siglo XXI».

A continuación realizaría la presentación de los dos conferenciantes y sus currículum, tanto el de la doctora Ana Cristina Tolívar Alas como del director de escena donostiarra Íñigo Santacana.

Sería Ana Cristina quien profundizaría en su conferencia sobre La Regenta y el teatro lírico. Comenzaría el 19 de abril de 1868 citando cómo Clarín escribe en el periódico sobre música tras escuchar una Norma en el ovetense Teatro de El Fontán (hoy Biblioteca de Asturias), su paso por Madrid y los sucesivos viajes entre Oviedo y la capital de España. Anécdotas como la carta que en 1868 escribe a Bretón y su proyecto de una ópera española que Don Leopoldo no veía claro, especialmente por la politización a la que podría verse abocada. No faltarán sus críticas varias de las representaciones a las que acudirá desde niño y su admiración por Wagner, pues la música siempre tiene protagonismo en su obra, con preferencias por los compositores germanos y un buen conocedor de Eduard Hanslick.

De su bisabuelo recordará la amistad con el músico Anselmo González del Valle, quien probablemente le iniciaría en la música, aunque sería Víctor Sáenz, fundador de «La Castalia» y una familia muy musical, sobre todo su aventajada alumna, y que sería mujer de Clarín, Onofre García-Argüelles, a quien el escritor solía rogarle con frecuencia que cantase una romanza que al mismo tiempo interpretaba al piano. Para los curiosos y estudiosos, la profesora Tolívar Alas tiene en el nº 23 de Los Cuadernos del Norte (1984) un excelente trabajo titulado «La música en «La Regenta»» así como el titulado «Clarín y el teatro lírico» que se puede consultar en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Ya centrándose en las referencias musicales de «La Regenta» la filóloga nos hablaría de un Paseo por una sinfonía llamada Vetusta con citas varias a obras de otros compositores como Martínez Burgos, la ópera de Marisa Manchado y Amelia Valcárcel, o directamente las que cita el propio Clarín, caso del Stabat Mater de Rossini, que le sirve para criticar la teatralización de las obras religiosas y cuya música va a producir en Ana Ozores la decisión de desfilar como penitente el día de Viernes Santo (citando fragmentos de los capítulos XXV y XXVI).

De las obras citadas por Leopoldo Alas y su relación con la época parecen coincidir con representaciones donde La Castalia participaría activamente en el Oviedo que Clarín convertiría en Vetusta. Primero las dos óperas, Norma y La Favorita con sus famosas arias («Casta diva» y «Spirto gentil»), paralelismo de castidad y carnalidad con citas varias en «La Regenta» y sus personajes. De La favorita  cita al tenor ovetense Lorenzo Abruñedo con Víctor Sáenz al piano, pero también El barbero de Sevilla y el paralelismo entre Rosina y Ana Ozores que cita Fermín de Pas por despertarse con unos gritos, así como Víctor Quintanar y su obsesión por la ópera identificándose con Don Bártolo.

Interesante la citas clarinianas de La Favorita y La Sonámbula que “canta” Paco Vegallana, la ópera francesa con el Fausto de Gounod, y hasta La dama de las camelias en que se inspira Verdi para La Traviata con una gaita «tocando» el famoso brindis. De su amor por Donizetti tampoco falta el aria «Decio, signor del mondo» de Poliuto, y hasta Meyerbeer con Los Hugonotes (ópera que inaugurará el Teatro Campoamor al que Clarín propone el nombre). Víctor  Quintanar recuerda en la novela a un tenor de Valladolid comparándolo con Gayarre o la cita al famoso cuarteto de Rigoletto y «La donna è mobile» que aparece también. Hay una cita de 1883 a la compañía madrileña “Los bufos” que estuvieron en Oviedo y más citas de La Traviata como la referencia al «amor de padre». Los títulos y textos se cantan en italiano como era costumbre de la época de Clarín.

Y si la ópera aparece con frecuencia, también la zarzuela: Marina y El dominó azul (Arrieta), El relámpago (Barbieri) o Los magyares (Gaztambide), todas en el repertorio de aquella Castalia decimonónica «con sus esforzados cantantes», así como dos páginas que merecen destacarse por haber caído en el olvido: La isla de San Balandrán (Oudrid) y Beltrán y la Pompadour (José Casares). De todas formas en «La Regenta» aparece más ópera que zarzuela, entonces «asociada al ridículo o la ruina moral». Finalizaría la doctora Tolívar Alas dando las gracias a los musicólogos que colaboraron en la documentación aunque imposible escucharlas todas en el espectáculo pero siendo una selección ajustada.

Finalmente Íñigo Santacana nos hablaría de la sinopsis, la dramaturgia y la selección de los extractos más representativos de «La Regenta» donde la zarzuela también aparece con muchos títulos no representados, y contar con la experta Ana Cristina Tolívar resultó fundamental en el montaje. El espectáculo está ubicado en 1890 ensayando en La Castalia los temas de «La Regenta» con una actriz que es la propia Ana Ozores (sin citarla), con el el conflicto al aparecer en medio e intentar integrarla en el montaje. Lo meta-teatral logra dar dos planos: los personajes reales de la primitiva Sociedad La Castalia (Clementina Bertrand, Lola García, Luisa Bontel, Álvaro Olay, Víctor Sáenz) ensayando las obras, más el ficticio de Ana Ozores en un juego de los personajes de la novela universal de Clarín y los reales. Hay otro nivel con el  dúo de Fausto (Gounod) y Margarita ligados a la novela y sus propios personajes. El trabajo ha supuesto todo un reto vocal e interpretativo pues no salen nunca de escena y deben saber cuándo pasar de un plano a otro. Al final en el coloquio le preguntarían por las luces, que estarán a cargo de Eduardo Espina (del Centro Niemeyer de Avilés), tan importantes en toda producción y en este caso «muy poéticas».

Begoña García-Tamargo remarcaría que esta producción es especial entre otras cosas por darse y vivirse en Oviedo, convencida que pasará a la historia, con un duro trabajo de ocho horas diarias y todas las dificultades técnicas, destacando el enorme esfuerzo del pianista Juan Carlos Martín con todas las voces, muchas ya conocidas de anteriores cursos y algunas haciendo ya carrera profesional, a saber: Vilma Ramírez (soprano), Noive Solar (soprano), María Heres (mezzo), Aitor Garitano (tenor), Ángel Simón (barítono) y Laura Iglesias (actriz).

Las puertas del Teatro Filarmónica se abrirán el próximo martes 29 de julio a las 19;30 horas y pide no asustarse por la larga cola habitual, pues el aforo de 700 butacas es suficiente para poder disfrutarlo todos quienes acudan al mismo.

Finalmente remarcará que el vestuario y los muebles de la época darán mayor credibilidad a un espectáculo que mantiene el mismo espíritu de La Castalia del XIX en el XXI. Avanza igualmente que el 25 de octubre habrá otro espectáculo (ópera de cámara con ballet, coro, cuarteto de cuerda…) que se presentará en su momento, y a propósito del citado Stabat Mater de Rossini recuerda que será la inauguración de la próxima temporada de los Conciertos del Auditorio que recomienda a todo el público que llenó el Club LNE.

#LaRegenta140

Zarzuela en tejanos

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Viernes 18 de julio, 20:00 horas. Atesora Oviedo (2025): Conciertos: Beatriz Díaz (soprano), Marcos Suárez (piano), «Zarzuela en vaqueros». Fotos de las RRSS y propias.

En verano la música no para, y Oviedo como candidata a la Capitalidad Cultural Europea de 2031 sigue demostrando ser «La Viena española» porque la oferta, proporcional a su población, sigue estando a la cabeza del país. A los melómanos, tanto locales como quienes acuden en sus vacaciones a la capital del Principado, conocen esta seña de identidad que desde la concejalía de cultura del ayuntamiento local y su Fundación Municipal de Cultura programan en el periodo estival, antaño en el Claustro del Monasterio de San Vicente (Museo Arqueológico) y ahora en la sala de cámara del auditorio, pero también en el patio del edificio histórico de la Universidad de Oviedo y en otros lugares emblemáticos. Tampoco faltan el cine a la luz de la luna, las artes escénicas, plásticas ni la poesía, con una amplia oferta que se puede completar con la gastronomía o las visitas, casi obligadas, a tanto patrimonio artístico del que podemos presumir en mi tierra.

La zarzuela ha sido declarada «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España» cuyo objetivo es proteger y poner en valor este género musical, reconociendo su importancia cultural e histórica. Oviedo tras Madrid es la única ciudad que mantiene un festival a ella dedicada, con títulos que conocemos por nuestros abuelos y padres, verdadera herencia que sigue viva y mejor si además se representa e interpreta con la calidad que este género exige. Hay romanzas que son verdaderas arias líricas tan exigentes como su hermana «la ópera» por lo que afrontar un recital con ellas supone un esfuerzo aún mayor que representar una de ellas sobre las tablas. Nuestra soprano internacional, la allerana Beatriz Díaz, alterna ópera y zarzuela en su amplio repertorio, y en este lluvioso viernes de julio nos ofrecería un recital informal por presencia (en tejanos), cercano por la propia sala de cámara, en una selección de romanzas con el piano del langreano Marcos Suárez, tándem cómplice donde «la Díaz» agradeció el esfuerzo de su acompañante en una labor no siempre reconocida, y más con las endiabladas reducciones orquestales a las 88 teclas que son tan exigentes como para los cantantes.

Pero calidad, entrega y profesionalidad son calificativos más que merecidos para un recital donde agrupar una exquisita selección de páginas zarzuelísticas para comprobar el excelente estado de nuestros dos intérpretes. La soprano con una técnica exquisita, unas agilidades cristalinas, una gama dinámica amplísima, un registro grave que ha ido tomando cuerpo con los años, una musicalidad innata que imprime a cada página su propia personalidad, y una escena que convierte cada romanza en un microrrelato llevándonos a todos los personajes. El pianista conocedor de cada matiz, mimando la voz, encajando y respirando con ella, el trabajo previo para los rubati exactos y el entendimiento al detalle para conjugar un recital intenso.

Sin entrar en el análisis pormenorizado de cada página, pues dejo al final las obras y autores, destacar los «aires» variados desde los tangos hispanos a las siempre agradecidas habaneras, pero también la recuperación por parte de la soprano de Bóo de No hay tesoro ni poder (Las alondras) de Jacinto Guerrero que preparase hace años para su participación en el concurso que lleva el nombre del compositor, «lo que bien se aprende jamás se olvida» que dice el refrán, sumándole el poso de una carrera muy asentada, más el «descubrimiento» de María Rodrigo por parte de la musicóloga avilesina Mª Luz González Peña (directora del Centro de Documentación y Archivo de la Sociedad General de Autores), autoridad en la materia rescatando la zarzuela «Diana cazadora» con una romanza bellísima como la Canción de la muerte chiquita, pequeña muestra de lo mucho que aún queda por escuchar. Siempre nuestra zarzuela internacional, española, cubana o mexicana… para volver a escuchar la habanera Americana de «La niña pancha» (J. Romea y J. Valverde), cubanita graciosa y con abanico, o Mulata infeliz de «María la O» (Ernesto Lecuona) desde un piano íntimo acompañando, que tras la interpretación de la allerana casi debería actualizarle la letra como «Bea la de Bóo, qué bien la cantó…».

De mi tocayo Sorozábal sigue siendo maravillosa la romanza de Ascensión No corté más que una rosa («La del manojo de rosas») de la que Beatriz Díaz recordó la atemporalidad de esta zarzuela que cantaase en 2021 con la producción del asturiano Emilio Sagi, que sigue programándose y triunfando, de plena actualidad, esta vez con el «piano orquestal» de Marcos Suárez.

El regalo de la famosa canción Los nardos de «Las leandras» del maestro Alonso, sirvió no solo para ir preparándome para el 8 de septiembre llanisco que la ha convertido en «Himno de La Guía» sino para que todos participásemos con esta florista que nunca defrauda, logrando una excelente entrada y el fervor de un público entregado a nuestra soprano (y su pianista de cabecera).

PROGRAMA

● Noche hermosa – Katiuska (P. Sorozábal)

● Marinela – La canción del olvido (J. Serrano)

● Tango de la Menegilda – La gran vía (F. Chueca y J. Valverde)

● No hay tesoro ni poder – Las alondras (J. Guerrero)

● Canción de la muerte chiquita – Diana cazadora (M. Rodrigo)

● Americana – La niña pancha (J. Romea y J. Valverde)

● Mulata infeliz – María la O (E. Lecuona)

● No corté más que una rosa – La del manojo de rosas (P. Sorozábal)

● Canción del Paloma – El barberillo de Lavapiés (F. Asenjo Barbieri)

● Carceleras – Las hijas del Zebedeo (R. Chapí)

Nadine Valéry la Traviata de Granada

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 23). Ópera.

Viernes 11 de julio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V: Verdi: La traviata. Ópera en tres actos, versión concierto. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Hace ahora dos años que disfrutábamos en Granada del Turandot llegado del Teatro Real en versión concierto, y esta vigésimo tercera noche de mi festival nos traían La traviata, sin la escena de Willy Decker, pero ideal para quienes no gusten de nuevas producciones, pese a que la madrileña estrenada en Salzburgo es ya un «clásico» tras dos décadas (guardando el DVD como oro en paño junto a otras versiones igualmente referentes), manteniendo el festival nazarí la apuesta por seguir ofreciendo ópera a tantos aficionados que llegan de todas partes para escuchar a un elenco de voces internacionales en este entorno único.

La expectación previa era grande ante esta ópera que aterrizaba desde el Real madrileño con un elenco de altura, donde Nadine Sierra protagonizaba una entrevista a toda página en el diario granadino Ideal:

Ya la propia web nos anunciaba este título verdiano que muchos conocemos casi como si lo hubiésemos cantado a lo largo de nuestra vida:

La ópera de las óperas
Después del exitoso Turandot de 2023, vuelven los conjuntos del Teatro Real al Palacio de Carlos V, esta vez con la que puede ser considerada la ópera más famosa y popular de todos los tiempos. Inspirada en La dama de las camelias de Dumas hijo, Verdi se acercó en La traviata a conflictos de su época para abordar temas como el amor, el sacrificio y la hipocresía social con una fuerza por completo inédita en su tiempo. Dos de los grandes cantantes de las escenas líricas internacionales de nuestros días, la soprano estadounidense Nadine Sierra y el tenor donostiarra Xabier Anduaga pondrán sus voces al servicio de los principales protagonistas. La batuta estará en las manos del húngaro Henrik Nánási, reconocido especialista que frecuenta los grandes templos líricos centroeuropeos, de Viena a Múnich.

Nadine Sierra fue la figura de la noche, la mejor Violetta Valéry del momento, de belleza absoluta con una interpretación llena de personalidad, expresividad, encanto, mandando en los tempi de  un excelente concertador como el húngaro Henrik Nánási al que se le notó el trabajo previo y las funciones que lleva en Madrid, encajando todo al detalle con una Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real impecables. Desde la primera aparición en escena la soprano marcó un personaje que lo siente, manejando el escenario de izquierda a derecha con una voz prodigiosa que además de fiato único, crescendi, pianissimi y todas las virtudes que debe tener una cantante verdiana, cautivó en cada aria, en cada dúo, logrando los silencios de un público embelesado ya desde el brindis inicial al trágico Addio, del passato, la progresión dramática a lo largo de esta ópera que nos dejó hechizados.

El donostiarra Xabier Anduaga interpretó un Alfredo de buena escuela, de color homogéneo en un grave ya asentado, unos medios redondos y unos agudos valientes, muy matizado y perfectamente implicado en la acción, no solo en sus arias y dúos (convincente con Giorgio)  sino mostrando una línea de canto elegante para secundar a la Violetta arrolladora.

El barítono polaco Artur Rucinski nos dejó un Giorgio Germont joven en carácter y presencia, aún sin redondear aristas y luchando por mantener volumen con una poderosa orquesta detrás, pero de técnica suficiente con un fraseo muy ligado y acertado, redondeando el trío protagonista de esta Traviata granadina.

La moscovita Karina Demurova como Flora Bervoix lució sin desentonar en sus apariciones y concertantes, no así la Annina de la mezzo gerundense Gemma Coma-Alabert, muy oscurecida en sus breves intervenciones.

Del resto del elenco, el bajo Giacomo Prestia (Grenvil) le dio el caracter solemne a su personaje, presente aunque limitado en volumen, y correctos el barítono Tomeu Bibiloni como Douphol , David Lagares (marqués de Obigny) con un discreto Albert Casals como Gastone.

No hacía falta escena porque todos se movieron por el escenario delante de la orquesta, transitando de izquierda a derecha incluso delante del director, entradas y salidas donde lo que faltaba lo suplíamos con nuestros recuerdos e imaginación, carnaval del coro, toreros de negro, un casino imaginario y la Violetta único foco de atención con su rojo pasional y sanguíneo hasta la muerte.

Insistir en la buena dirección musical de Henrik Nánási que jugó con los tempi llevados por Nadine Sierra o algo más ligeros para el coro. A la batuta nos dejó dos preludios matizadísimos, con una concertino y un oboe a destacar, y «llevando de las manos» la concertación exacta con los protagonitas. Tan solo tachar de excesiva la colocación de la «banda fuera de escena» que por la acústica palaciega rebotaba en la cúpula interior dando la sensación de estar ubicada encima y que en el primer dúo de Violetta y Alfredo les dejaron «emparedados» a nivel sonoro, mientras ayudó al tenor en el Sempre libera más presente que en un teatro fuera de escena.

Pasadas las cinco de la madrugada dejo estas primeras impresiones ante un fin de festival don programas dobles que seguiré contando desde aquí.

FICHA

La Traviata. Ópera en tres actos (1853). Versión concierto.

Música de Giuseppe Verdi (1813-1883)
Libreto de Francesco Maria Piave, basado en La dama de las camelias de Alexandre Dumas hijo

ELENCO:

Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real – Henrik Nánási (director musical) – José Luis Basso (director del coro).

Nadine Sierra, soprano (Violetta Valéry) – Karina Demurova, mezzosoprano (Flora Bervoix) – Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano (Annina) – Xabier Anduaga, tenor (Alfredo Germont) – Artur Rucinski, barítono (Giorgio Germont) –  Albert Casals, tenor (Gastone, vizconde de Létonières) – Tomeu Bibiloni, barítono (El barón Douphol) – David Lagares, bajo (El marqués de Obigny) – Giacomo Prestia, bajo (Doctor Grenvil) – Joan Laínez, tenor (Giuseppe)

Payasos de cine

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 20). Ópera y Cine (II).

Martes 8 de julio, 22:30 horas. Palacio de Carlos V. Pagliacci (Leoncavallo) – The Circus (Chaplin). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Programa doble y largo que llevó a parte del público a marcharse en el descanso tras un Pagliacci en versión concierto con mínima escenificación y los textos proyectados además de traducidos, mientras que El Circo de Chaplin sí resultó cine con música en vivo.

En la web del Festival se presentaba esta segunda función de cine de verano con ópera, esta vez en el Palacio de Carlos V y no en el Teatro del Generalife (como inicialmente estaba previsto):

Payasos
La segunda sesión del ciclo Ópera & Cine dirige la mirada hacia el verismo italiano con Pagliacci, la obra maestra de Leoncavallo, que nos sumerge en las emociones intensas y trágicas de los artistas de circo y en cuyo Prólogo se contenía casi un auténtico manifiesto del nuevo estilo verista. El complemento cinematográfico es también un lujo, El circo (1928), último film mudo de Charles Chaplin, al que puso música el compositor alemán Arthur Kay. Serán los conjuntos del Programa de Jóvenes Intérpretes de la Junta de Andalucía, esto es, la OJA y el Joven Coro, este último completado con el Coro de la OCG, los responsables de la interpretación del programa, que contará con un director operístico, el madrileño Guillermo García-Calvo, y un especialista en la música de cine, muy especialmente en Chaplin, Timothy Brock.

Una agradable sorpresa los Payasos de Leoncavallo con un elenco donde quiero comenzar por la Orquesta Joven de Andalucía que sonó adulta desde la introducción orquestal hasta el final de la ópera, profesional, con el maestro García Calvo claro, preciso, dándoles la confianza y seguridad necesarias a una auténtica cantera de músicos que en nada estarán engrosando sinfónicas por toda la geografía nacional e internacional. Y otro tanto a un gran coro uniendo al Joven Coro de Andalucía, que ha hecho doblete tras el concierto del pasado día 5 con Marco Antonio García de Paz, con el Coro de la Orquesta Ciudad de Granada que dirige Héctor Eliel Márquez. Esta joya del verismo es exigente para todas las voces, y la formación coral rindió al máximo, afinada, con buenas cuerdas, matizada y empastada.

De los solistas, y no es chauvinismo, el tenor asturiano Alejandro Roy como Canio volvió a demostrar que estos papeles son ideales para su voz: potencia, expresividad, escena (lástima las obligadas distancias), de tesitura amplia que además los años han reforzado sus graves, y un empaste con todo el reparto que le convirtió en «el malo de la película» triunfando en este circo palaciego con la famosa aria Vesti la giubba de cortarnos la respiración.

El Tonio del barítono italiano Claudio Sgura (1974) tiene larga trayectoria en su carrera y se notó por la escena, memorización, gran envergadura, color rotundo y amplio volumen que mantuvo en toda la obra.

Desconocía a la soprano bolivano-albanesa Carolina López Moreno (1991) que planteó una Nedda llena de matices, sensualidad, desgarro, buen fiato, graves sin perder la homogeneidad y unos agudos claros y limpios redondeando una brillante interpretación. Habrá que seguir su trayectoria.

El Beppe del tenor granadino Moisés Marín (La Zubia, 1985), además de poseer un color vocal precioso, gusto y línea de canto muy pulida, la escena del dúo con Nedda nos privó, por la distancia, del beso y la «cercanía» de un rol donde apreciar las diferencias entre los dos tenores que necesita Leoncavallo.

Finalmente el Silvio del barítono granadino Pablo Gálvez (Guadix, 1987) no lució tanto, algo apagado y poco expresivo pero como en los tenores buscando la diferencia de color con Tonio.

Aplaudir la apuesta por el talento nacional y granadino en esta ópera, aunque fuese en versión concierto, una forma de atraer público y ofrecer la posibilidad de escuchar a una generación vocal que triunfa en escenarios fuera de nuestras fronteras.

Tras un largo descanso donde director y cantantes posaron para la prensa (con parte del público abandonando el palacio rondando la medianoche), aún quedaba El circo de Chaplin que siendo una joya de película, idealmente restaurada y con las cartelas subtituladas al español, poder contar con la música orquestal en vivo engrandece aún más la última película muda de Charlot.

La música suponía el estreno en España de la banda sonora original (1928) de Arthur Kay (1882-1969), recuperada por Timothy Brock hace tres años (en las notas al programa de Joaquín López González se explica todo el programa), y se ponía al frente de la Orquesta Joven de Andalucía donde aparecen motivos del Pagliacci anterior, de Wagner, el «organillo circense» o la conocida sintonía de Jeff Alexander (1910-1989) utilizada por Hitchcock en su serie televisiva, pues el maestro Brock que lleva años investigando el archivo suizo de Charles Chaplin, no ha podido completar la banda sonora al completo como contaba en los encuentros del Festival (Canal YouTube©) su enorme labor cual «restaurador», siendo capaz de completar este puzzle sonoro que los jóvenes interpretaron magistralmente, con solistas de categoría, perfectamente encajada la imagen con el sonido (incluso en los efectos imprescindibles en el cine mudo) y haciéndonos olvidar, viendo y riéndonos con la genial película de Charlot, la edad de estos músicos que sonaron mejor que muchos mayores.

PROGRAMA:

Pagliacci (1892)
Drama en un prólogo y dos actos, en versión concierto.
Música y libreto de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919)

Orquesta Joven de Andalucía
Joven Coro de Andalucía
Marco Antonio García de Paz, director del coro
Coro de la Orquesta Ciudad de Granada
Héctor Eliel Márquez, director del coro
Guillermo García Calvo, director

Carolina López Moreno, soprano (Nedda) / Alejandro Roy, tenor (Canio) / Claudio Sgura, barítono (Tonio) / Moisés Marín, tenor (Beppe) / Pablo Gálvez, barítono (Silvio)

The Circus (1928)
Película de Charles Chaplin (1889-1977)
Música de Arthur Kay
 (1882-1969)
The Circus © Roy Export S.A.S.
Estreno en España de la banda sonora original de Arthur Kay de 1928, recuperada por Timothy Brock en 2022

Orquesta Joven de Andalucía

Timothy Brock, director

Britten forever

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 14). Recitales.

Miércoles 2 de julio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Ian Bostridge (tenor), Julius Drake (piano), Timothy Morgan (contratenor), Mauro Borgioni (barítono), Ketevan Kemoklidze (mezzo), solistas de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG). Obras de Falla y Britten. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Llegó mi noche 14 de festival y con un recital donde el tándem Bostridge – Drake encabezaba un monográfico Britten preludiado por la Psyché de Falla conmemorando los cien años de su estreno, y que nos supo a poco.

En la web se nos presentaba este recital que unía al compositor inglés y al gaditano:

Cinco cánticos de Britten
La extraordinaria versatilidad del gran tenor inglés Ian Bostridge se muestra en este programa en que encabeza un pequeño conjunto de solistas vocales e instrumentales. Los cinco Cánticos de Benjamin Britten no fueron concebidos como un ciclo o una serie integrada, sino que fueron escritos en distintos momentos de su carrera en respuesta a circunstancias particulares. La palabra “cántico” no se utiliza en su sentido estrictamente litúrgico, sino más bien para indicar una obra con implicaciones profundamente religiosas (tres fueron escritas como piezas conmemorativas). Compuestas para diferentes combinaciones de intérpretes, son más largas y sofisticadas en su construcción que las canciones simples, y podrían describirse mejor como cantatas en miniatura. Se presentan en el Festival por primera vez en su integridad, precedidos por arreglos del gran compositor inglés de himnos religiosos de Bach y Purcell. Abrirá el concierto Psyché, una obra de delicada textura musical y atmósfera intimista de Manuel de Falla sobre texto de Georges Jean-Aubry, en el centenario de su composición.

En Granada no puede faltar Falla, optando por una Psyché (sobre un poema de Jean-Aubry), que contó con la mezzo georgiana Ketevan Kemoklidze y un quinteto de solistas de la OCG (los dejo indicados abajo) excelentes, arropando a la voz pero también protagonistas en la original instrumentación del gaditano universal, aunque con ganas de seguir escuchándoles. Apenas seis minutos donde disfrutar de una voz cálida pero rotunda, de larga proyección, y total expresividad, de vocalización exquisita con un francés (traducido en los sobretítulos por Luis Gago) natural, nada impostado, delicada en la parte sola, y las ganas de haber seguido escuchándola, pese al dicho de «menos es más«.

Tras una pausa para retirarse, se incorporaban al «escenario» los tres cantantes masculinos más el pianista para alternarse en los arreglos que Brittten hizo de cinco Geistliche Lieder de Bach, con desigual resultado, como con los de Purcell. En el caso de «mein Gott» el contratenor Tim Morgan se quedó corto en volumen y expresión aunque mejor el barítono Mauro Borgioni, que ciertamente irían «entrando en calor», más con el idioma de Shakespeare que con el de Goethe. Alternancia vocal -desconozco la pausa saliendo del escenario para volver a cerrar las canciones- con el conocido y bellísimo dúo Sound the Trumpet bien empastados ambos con un Drake siempre fiel compañero de viaje.

El plato fuerte vendría con los «Cánticos» de Britten donde el peso recaería en un Bostridge completo, entregado, expresivo, matizado, con Morgan y Borgioni entonados y empastados, más el magisterio de Drake que redondeó un emocionante tránsito por el dolor. De las amplias y enriquecedoras notas al programa tituladas The Pilgrim’s Progress, que firma Luis Gago, también traductor de los textos proyectados sobre el arco central bajo en que se ubicaron los intérpretes, aquí las dejo íntegras:

Basta asomarse con una simple ojeada al catálogo de Benjamin Britten para descubrir un buen número de obras religiosas o, si se prefiere, espirituales: desde la humilde Missa brevis hasta el formidable War Requiem, desde Noye’s Fludde hasta las tres parábolas eclesiásticas, desde The Holy Sonnets of John Donne hasta la cantata Rejoice in the Lamb, desde la Cantata misericordium hasta los cinco Canticles que escucharemos esta noche, sin olvidar, por supuesto, posibles lecturas religiosas –perfectamente plausibles– de óperas como Peter Grimes, Billy Budd o The Rape of Lucretia. Pero ¿era el compositor inglés un hombre religioso? Quien probablemente mejor lo conoció, su pareja durante décadas, el tenor Peter Pears, respondió así a la pregunta: «Era religioso en el sentido general de reconocer la existencia de un poder mayor que nosotros mismos, pero no frecuentaba regularmente la iglesia. En sus actitudes morales era Low Church [poco amigo del ritual, los sacramentos, los aspectos formales de la liturgia o la autoridad del clero, y más apegado al mensaje del Evangelio] y, por tanto, tendía a la austeridad en su comportamiento moral». Y en otra ocasión, Pears se refirió a él como «un agnóstico que sentía un gran amor por Jesucristo». Su colega, también homosexual, Michael Tippett, afirmó tajantemente: «Los dos somos compositores religiosos, es decir, religiati, con un fuerte vínculo con lo numinoso, pero Britten es más apropiadamente cristiano». Y el pianista Murray Perahia recordó haber preguntado al compositor en un día sagrado para los judíos si se tenía por una persona religiosa: «Britten contestó que era ciertamente cristiano en su música. Aunque no podía aceptar la doctrina de la Iglesia, creía en Dios y en un destino».

Lo religioso le sirvió también a Britten para plasmar por medio de la música sus preocupaciones más acuciantes e, incluso, para expresar sus emociones más íntimas. En este sentido, los cinco Canticles, compuestos en momentos muy diferentes de su vida, podrían considerarse casi una tentativa de autobiografía espiritual. El primero (1947) es una inequívoca declaración de amor, inspirada en última instancia en el Cantar de los cantares, cuando su relación con Peter Pears, finalizados los horrores de la Segunda Guerra Mundial y entronizado como el gran compositor inglés tras el éxito incontestable de Peter Grimes; el segundo (1952), a partir de un texto medieval en el que Britten se vale de los dos cantantes para encarnar la voz de Dios, vuelve sobre uno de sus temas recurrentes: la inocencia infantil y cuán fácilmente es corrompida o traicionada por los adultos, un tema que planea también ominosamente sobre The Turn of the Screw y el propio War Requiem, donde reaparece la figura de Abraham en uno de los poemas de Wilfred Owen que se intercalan o superponen con los textos latinos de la misa de difuntos católica; el tercero (1954) traza un puente, como el poema de Edith Sitwell que le sirvió de inspiración, entre el hecho histórico más trascendental para los cristianos (la crucifixión de Jesús) y el dolor colectivo representado por los terribles bombardeos alemanes sobre Londres, un hecho histórico (The Battle of Britain) durante el cual el compositor se encontraba muy lejos del frente de batalla en su pseudoexilio estadounidense, lo que le valió críticas feroces por parte de algunos de sus compatriotas; el cuarto (1971) y el quinto (1974), siendo ya un hombre enfermo y condenado quizás a una muerte cercana, parten de sendos poemas de T. S. Eliot sobre el viaje de los Reyes Magos para asistir en Belén al nacimiento de Cristo –un hecho crucial que cambiará sus vidas– y, claro, sobre la muerte de un santo, con la significativa ausencia del piano (tras sufrir un infarto, con su brazo derecho semiparalizado, Britten, un pianista consumado, ya no podía tocar su instrumento), sustituido no menos reveladoramente por un arpa. Del esplendor del amor a la disolución final, del siglo XV al siglo XX, los Canticles son un compendio de la vida de su autor, un puente entre tres gloriosas tradiciones poéticas, un homenaje al poder confesional de la voz cantada, un peregrinaje íntimo no muy alejado del Pilgrim’s Progress.

Aunque Britten jamás tuvo un plan previo para componer esta pentalogía, lo cierto es que, cuando se interpretan en su totalidad, y en orden cronológico, como esta noche, las cinco obras conforman un todo perfectamente coherente, incluso con una clara lógica interna derivada de la presencia del tenor a ambos extremos (Peter Pears como alfa y omega), el empleo de voces adicionales en los Cánticos segundo y cuarto, con un eje central en el que una trompa (tocada en el estreno en 1955 por el inolvidable Dennis Brain, destinatario a su vez doce años antes de la memorable parte obbligato para su instrumento en la Serenata op. 31) comparte por una vez protagonismo tanto con la voz como con el (casi) omnipresente piano. Fue el azar probablemente el que quiso que hasta en las fechas de creación a uno y otro lado del largo arco compositivo encontremos también plasmado una suerte de palíndromo: 1947 y 1974.

El propio Britten admitió que el primero de sus Canticles, que calificó más tarde de «una nueva invención», encontró su inspiración directa en los Divine Hymns de Henry Purcell, bautizado tras su temprana muerte como el Orpheus Britannicus. En una entrevista realizada en 1963 llegó incluso a afirmar que «Purcell es un gran maestro por el modo en que maneja la lengua inglesa en la canción y yo he aprendido mucho de él. Recuerdo que un crítico me preguntó una vez que de quién había aprendido a poner música a la poesía inglesa. Le contesté que de Purcell; se quedó asombrado. Supongo que esperaba que le dijera que de la música folclórica y de Vaughan Williams». Dos siglos y medio después, y tras una larga espera, la música inglesa encontró por fin a su heredero, a su nuevo Orfeo, en el autor de Peter Grimes, que siempre tuvo a su compatriota como un referente esencial. Fue director de muchas de sus obras (Dido and Aeneas, The Fairy Queen), le rindió múltiples homenajes en sus composiciones –más o menos explícitos– y realizó el continuo de muchas de sus canciones para interpretarlas él mismo en sus recitales con Peter Pears. Y cuando todavía no estaba de moda hacerlo, Britten editó y dirigió excepcionalmente bien la Pasión según san Juan de Bach, un compositor del que también realizó el continuo de cinco canciones incluidas en el Musicalisches Gesangbuch que Georg Christian Schemelli publicó en Leipzig en 1736. No hay mejor referente para quien tuvo siempre muy presente que nuestras vidas poseen una irrenunciable dimensión espiritual, poderosísima en Manuel de Falla, católico confeso, que abre el programa de hoy con su Psyché en el centenario de su estreno. Y que aquella puede ser traducida de un modo memorable por medio de la música.

De los cinco «Cánticos«, «My beloved is mine» fue la mejor carta de presentación del dúo Bostridge – Drake. La incorporación de Tim Morgan para el dúo de «Abraham and Isaac» resultó uno de los momentos álgidos, ese dúo de padre e hijo primero de espaldas cantando en la caja de resonancia, para representar este sacrificio donde el piano subraya cual espada a decapitar, con dos voces de color ideal, tenor carnoso y rotundo y contratenor infantil, sollozante, suplicante y aceptando la decisión del padre. Para el cántico III («Still falls the Rain – The Raids, 1940, Night and Dawn») la incorporación de la trompa (magnífico Óscar Sala) mantuvo esa tensión y juego tímbrico con el tenor, más un piano en la línea segura de todo el recital, con la exigencia que Britten reclama.

Y las tres voces nos interpretarían, con actuación regia el cuarto cántico, «The Journey of the Magi», un viaje de los tres reyes magos dramatizado por la dualidad de nacimiento y muerte, plenamente empastados donde el color vocal resultó muy adecuado para este trío.

Para finalizar este ciclo de dolor, pasión, muerte, y desesperanza Bostridge cantaría sentado junto al malagueño Miguel Ángel Sánchez Miranda en un arpa exigente, virtuosa, actual, en un diálogo delicadamente trágico desde una tímbrica por momentos vaporosa del último Canticle «The Death of Saint Narcissus», el tenor más britteniano que lo interpretó de memoria y con esa voz que emociona en todos los registros. Esta música de Britten no es «una nueva invención» sino la fuerza compositiva de este británico «religioso» que siempre toca la fibra y nos deja el alma encogida ante un dolor interior que no encuentra respuesta. Para mí, y sin dudar, Britten forever…

INTÉRPRETES

Ian Bostridge, tenor
Julius Drake, piano
Timothy Morgan, contratenor
Mauro Borgioni, barítono
Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano

Solistas de la Orquesta Ciudad de Granada (OCG):

Juan Carlos Chornet (flauta), Miguel Ángel Sánchez Miranda (arpa), Atsuko Neriishi (violín), Hanna Nisonen (viola), Arnaud Dupont (violonchelo), Óscar Sala (trompa).

PROGRAMA

Manuel de Falla (1876-1946)
Psyché (para voz y ensemble, poema de G. Jean-Aubry.1924) *

Benjamin Britten (1913-1976)
Arreglos de cinco Geistliche Lieder de Johann Sebastian Bach:

Gedenke doch, mein Geist, zurücke, BWV 509 (1725)

Kommt, Seelen, dieser Tag, BWV 479 (c. 1736. Texto: Valentin Ernst Löscher)

Liebster Herr Jesu, BWV 484 (c. 1736. Texto: Christian Weselovius)

Komm, süßer Tod, BWV 478 (c. 1736)

Bist du bei mir, BWV 508 (Texto: Gottfried Heinrich Stölzel)

Arreglos sobre Henry Purcell:

Music for a While (de Seven Songs from ‘Orpheus Britannicus’. Texto: John Dryden)

In the Black Dismail Dungeon of Despair (Texto: William Fuller)

An Evening Hymn (de Three Divine Hymns. Texto: William Fuller)

Sound the Trumpet (de Ode for the Birthday of Queen Mary. Texto: atrib. Nahum Tate)

Canticles (Cánticos):

Canticle I «My beloved is mine», op. 40

(Tenor y piano. 1947. Texto: Francis Quarles)

Canticle II «Abraham and Isaac», op. 51

(Contratenor, tenor y piano. 1952)

Canticle III «Still falls the Rain – The Raids, 1940, Night and Dawn», op. 55

(Tenor, trompa y piano. 1954. Texto: Edith Sitwell)

Canticle IV «The Journey of the Magi», op. 86

(Contratenor, tenor, barítono y piano. 1971. Texto: T. S. Eliot)

Canticle V «The Death of Saint Narcissus», op. 89

(Tenor, arpa y piano. 1974. Texto: T. S. Eliot)

* En el centenario del estreno de Psyché 

La belleza del canto

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 12). Recitales.

Lunes 30 de junio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Sondra Radvanovsky (soprano),
Anthony Manoli (piano):
From Loss to Love. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Noche ideal para cerrar junio tras una tormenta a media tarde que hizo bajar la temperatura y poder disfrutar en Los Arrayanes con un recital muy esperado. La web del festival presentaba este recital de mi duodécimo día donde disfrutar de mi admirada Sondra Radvanovsky (Berwyn – Illinois, 1969) con un programa que titulaba «De la pérdida al amor» con las siguientes palabras:

La diva enamorada
Es una de las grandes sopranos de las escenas líricas internacionales. Sus interpretaciones de las reinas de Donizetti, de los principales papeles del repertorio verdiano, pucciniano o verista son seguidos con entusiasmo por los operófilos de todo el mundo, pero una diva también tiene derecho a relajarse en conciertos camerísticos, si es que lo que Sondra Radvanovsky hace sobre la escena puede llamarse así, pues la cantante pone toda la pasión imaginable en cada comparecencia. Aquí lo hará en un recital sobre el amor que arranca en modo barroco al dar voz a dos de las grandes protagonistas femeninas del Londres de los siglos XVII y XVIII, la Dido de Purcell y la Cleopatra de Handel. Luego hará canciones en ruso, alemán, italiano e inglés para terminar con otro de sus grandes roles, el de Maddalena de Andrea Chénier de Giordano y su inmortal La mamma morta.

De traje pantalón blanco la soprano americana junto a su pianista, en manga corta tras un día de bochorno, comenzarían un programa que están rodando por distintos escenarios, con dos arias del barroco donde comprobar que una de las últimas divas también se desenvuelve bien con Purcell y el aria «When I am laid in earth» de Dido and Aeneas, aunque las agilidades no sean muy del estilo, y mejor la Cleopatra de Haendel con una muy sentida  en «Piangerè la sorte mia» de Giulio Cesare in Egitto, acompañada por un piano redondo que la conoce tan bien tras años de trabajo juntos, respirando con ella, revistiéndola en dos arias para ir calentando. De hecho se retirarían al finalizar para este inicio de recital para despojarse de la chaqueta. De agradecer los sobretítulos proyectados con el idioma original y la traducción.

Unas palabras en inglés que no pude entender muy bien desde mi posición, aunque sirvieron para presentar el programa y dedicarlo a su padre que estaba sentado cerca del escenario, amores filiales, recuerdo a su madre perdida, o el encuentro de un nuevo amor tras su divorcio, un viaje como el título de pérdida del amor aunque con un halo de esperanza, interpretándonos las cuatro canciones de Rajmáninov, que se aplaudieron rompiendo la globalidad y esencia de las mismas. Verdadera entrega y melodismo tanto en la voz como en el piano que transitaron por los distintos estados de ánimo tan bien escritos por el ruso, expresividad en el idioma de Tolstoi con un acompañamiento delicado y plegado siempre a la voz.

En la misma línea dramática llegarían, tras otras palabras de la soprano, cuatro canciones de Richard Strauss (nuevamente aplaudidas una a una) que quise entender afrontaba desde hace poco, con una dicción en alemán perfecta, jugando con esas consonantes finales tan bien marcadas, y donde apareció la magia nazarí curiosamente con la mañana («Morgen!») que logró el silencio respetuoso para emocionarnos a todos y «romper el hielo» con el entusiasmo de «Heimliche Aufforderung» antes del descanso.

 

Dejo, como suele ser lo habitual en este blog, parte de las notas al programa de Alejandro Martínez que nos presentan un breve análisis de las obras interpretadas, y que evidentemente eludo a Liszt:

La vida en canciones

Con este recital, titulado From Loss to Love, la célebre soprano norteamericana Sondra Radvanovsky nos propone un viaje muy personal, salpicado de tintes autobiográficos. No en vano la velada empieza con un guiño al repertorio barroco que ella misma interpretó en los comienzos de su trayectoria. Escucharemos así dos piezas icónicas, dos lamentos, ambos conmovedores: el de Dido, «When I am laid in Earth», en la ópera Dido and Aeneas de Henry Purcell; y el de Cleopatra, «Piangerò la sorte mia» en el Giulio Cesare de Handel.

Acompañada por su pianista habitual, Anthony Manoli, Radvanovsky recorrerá a continuación dos bloques de canciones. Por un lado, se ofrecerán tres romanzas de Serguéi Rajmáninov, un autor al que la voz de Radvanovsky se pliega como un guante, con el color oscuro y a un tiempo brillante de su instrumento. Se escucharán después cuatro canciones de Richard Strauss, otro autor al que los medios de la soprano se pliegan con suma naturalidad. La selección de lieder aquí escogidos incluye páginas tan memorables como el célebre «Morgen», que parece detener el tiempo cuando suena.

Cambio de vestuario, el pianista de camisa azul «Real Oviedo» y la soprano con un veraniego vestido amarillo que no era supersticiosa aunque anunció el cambio en el programa, cambiando los Tres sonetos de Petrarca (Liszt) por la belíisima «Canción de la luna» de Rusalka (Dvorak) que mejoró las espectativas y en un repertorio donde Sondra Radvanovsky estuvo como una reina en Los Arrayanes y un piano delicadamente orquestal que es maravilloso comprobar lo bien que se entienden y las veces que lo han interpretado.

Sí se mantuvo esa maravilla de canción dedicada a la propia Sondra, con letra suya por Jake Heggie, «If I had known», una plegaria de dolor cuando una hija pierde a su madre, en este caso la propia de la cantante tras una triste demencia. Toda la emoción que la soprano Sondra Radvanovsky con su pianista Anthony Manoli nos regalaron. Sigo citando las notas de Martínez para comentar lo que restaba de una velada que se nos hizo corta:

En este recital, Sondra Radvanovsky ha querido también hacer un guiño a la creación contemporánea en Norteamérica, que ha florecido con gran pujanza en las últimas décadas. Uno de sus mejores representantes es el pianista y compositor Jake Heggie (Florida, 1961), autor de óperas tan aplaudidas como Dead Man Walking o Moby-Dick. «If I had known» es una pieza expresamente dedicada a Radvanovsky por el autor estadounidense. Lo cierto es que se trata de una canción de enorme calado autobiográfico pues cuenta con versos de la propia soprano, en recuerdo a su madre fallecida hace ahora dos años.

Y como broche a la velada, y en conexión precisamente con ese recuerdo a su propia pérdida familiar, escucharemos «La mamma morta» de Maddalena en Andrea Chénier de Giordano, una pieza que quedó inmortalizada en la memoria colectiva desde su inclusión en la banda sonora de la película Philadelphia, de 1993, en una célebre escena con Tom Hanks.

La soprano de Illinois sigue manteniendo un timbre «afilado y singular, sumamente identificable» con esta «madre muerta» sincera y entregada, excelentemente dramatizada con un portento de agudo y timbre pleno, y aunque por momentos realice unos portamentos tanto hacia el agudo como para descender (manteniendo unos graves portentosos que han ido ganando con el tiempo) que personalmente no añaden expresividad, su volumen y filados extremos y bien cuidados nos dejaron lo mejor de la última noche granadina de junio.

Como reconociendo lo escaso aunque intenso del programa granadino, al menos regalaría dos arias operísticas que «La Radvanovsky» mantiene en su repertorio y domina, junto a un Anthony Manoli verdaderamente «orquestal». Primero la delicada «Io son’ l’umile ancella» de Adriana Lecouvrer (Cilea), suntuosa, impactante en los matices con ese final «Morrò» en pianissimi que cortó el aire, para finalizar con Verdi y la intensa aria «Pace, pace, mio Dio!» de La forza del destino (que debutará pronto en Londres) que con el si bemol agudo brillante e intenso resultó el broche de oro para este «aperitivo operísitico» que el Festival sigue manteniendo e iré contando desde aquí.

PROGRAMA

From Loss to Love

I

Henry Purcell (1659-1695):
When I am laid in earth (de Dido and Aeneas. 1677-89)
George Frideric Handel (1685-1759):
Piangerè la sorte mia (de Giulio Cesare in Egitto, HWV 17. 1724)
Serguéi Rajmáninov (1873-1943):
Ne poi, krasavitsa, op. 4 nº 4 (1890-93)
Zdes’khorosho, op. 21 nº 7 (1900-02)
Ya Zhdu Tebya, op. 14 nº 1 (1894-96)
Richard Strauss (1864-1949):
Allerseelen, op. 10 nº 8 (1885)
Befreit, op. 39 nº 4 (1897-98)
Morgen!, op. 27 nº 4 (1894)
Heimliche Aufforderung, op. 27 nº 3 (1894)

II

Franz Liszt (1811-1886):
Tre sonetti di Petrarca, S. 270a (1842-46)
Jake Heggie (1961):
If I had known (2022)
Umberto Giordano (1867-1948):
La mamma morta (de Andrea Chénier. 1896)

Oviedo adora a Marina

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Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Campodrón y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire. Fotos de Alfonso Suárez y propias.

(Crítica para OperaWorld del viernes 13, con fotos de Alfonso Suárez, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

Inmejorable cierre de temporada del trigésimo segundo Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, lírica pura porque «Marina» fue primero zarzuela pero después ópera gracias a un Emilio Arrieta que supo estar en el lugar exacto en el momento justo, aunque también por un Enrico Tamberlick, el tenor más famoso del momento que luchó junto al compositor navarro para poder estrenarla en el Teatro Real aún “italiano” tras el éxito de «Ildegonda» en 1849 -con libreto de Temistocle Solera en la lengua de Dante- y al fin poder cantar en español (tras los añadidos de Ramos Carrión) para convertirse en la primera “ópera en español” representada en el coliseo de la Plaza de Oriente dos décadas después de aquella primera que seguimos sin poder verla representada sobre las tablas (solo una versión de concierto en 2004 llevada al disco por RTVE). Al menos esta emblemática y casi eterna «Marina» tras la edición crítica de nuestro mejor tándem Cortizo-Sobrino se ha podido escuchar como en su estreno de 1871, íntegra, al igual que en la calle Jovellanos madrileña el pasado octubre, y con un elenco de altura para seguir reivindicando nuestro patrimonio musical, que nunca será suficiente a la vista de tantos grandes títulos que siguen cogiendo polvo incluso en archivos tan “poco musicales” e incluso difícilmente accesibles a los musicólogos como pueda ser el del Museo Nacional de Artes Escénicas de Almagro.

«Marina» ha sonado en todas las casas de mi generación, por la radio o en vinilo, números que se hicieron populares y “cantables” hasta para una parte del público ovetense sentado a mi lado (Vetusta sigue en el siglo XXI), habiendo pasado por las tablas del coliseo carbayón tanto en la versión primigenia como en la propia temporada de ópera, siendo un éxito seguro en taquilla, pidiendo a voces una tercera función pero exigiendo siempre la misma calidad que esta producción que volvió a llenar y hacernos disfrutar.

Nuevamente una función redonda por parte de todo el equipo que en el Campoamor funciona como una experimentada y gran familia donde todos se sienten “en casa”, pues se han subido muchas veces a estas tablas, y el trabajo concienzudo logra siempre el éxito, incluso en esta joya del compositor de Puente de la Reina donde lo flojo del libreto nunca podrá borrar la inspiradísima vena melódica, capaz de conjugar un romántico lenguaje belcantista, cercano a Donizetti pero también a Verdi o Rossini, con elementos de nuestro folklore, muchos de los que hicieron España parada obligada en aquellos primeros viajeros, escritores e ilustradores de la segunda mitad del siglo XIX.

El mejor ejemplo de belcanto es todo el papel de la protagonista Marina, sin duda uno de los más difíciles de cantar e interpretar que lleva al límite la voz (la de todos pero especialmente la de soprano ya desde su primera aria Pensar en él). Y nadie como Sabina Puértolas que así lo definió en la rueda de prensa previa, para encarnarlo en esta primera función y cautivarnos. Su momento vocal es espléndido, ha ganado en el registro grave sin perder color ni volumen, una proyección perfecta llena de matices y musicalidad, un empaste con sus compañeros ideal (el dúo Magnífico buque con Roque), siempre presente en los concertantes, más una interpretación de esta “adolescente” que convence con los gestos y enamora con su voz. Madurez escénica con una técnica que engrandece esta protagonista de Arrieta (de quien ha grabado también parte de sus canciones en “Los cisnes de Palacio”), fortaleza en la parte navarrica y los avatares de un hijo en la “edad del pavo” de quien ha tomado no la inseguridad sino toda la expresividad y estados emocionales para bordar esta Marina. Su “mezza voce” es prodigiosa (bellísima su romanza ¡Oh grato bien querido!), su dicción perfecta y cada aria de la “embajadora de la mierensía” fue muy aplaudida, de agudos prístinos, claros, seguros, especialmente en la recuperada aria final Iris de amor y de bonanza cual Lucía a duo con la flauta (brava Mercedes Schmidt) exigente, virtuosa y explosiva.

Todas las voces tiene ya una primera intervención arriesgada, pero nadie pecó de cobarde como expertos marineros. Así, estuvo muy acertado el trío masculino, que gira en torno a Marina, por los diferentes colores vocales, expresividad y entrega. El capitán crevillentino Antonio Gandía conoce bien este Jorge y estuvo valiente, buen alumno del maestro Kraus que sigue siendo el modelo para este rol (incluso en el ornamento tan de Donizzeti en la famosa aria Costa la de Levante… con la que se presenta en escena), agudos no muy abiertos y bien colocados. Iría creciendo en confianza hasta el popular brindis que abre el tercer acto, correcto y empastado en sus dúos y tríos, para llevar a buen puerto el hermoso dúo Por Dios, tu pena cese con la protagonista.

El asturiano David Menéndez debutaba un Roque apabullante de principio a fin. Vocalmente su timbre es carnoso en toda la extensión, poderoso y brillante pero también muy expresivo con unas tablas que hacen siempre creíbles sus papeles. El cuarteto Seca tus lágrimas (nº 8) sería verdiano a más no poder por empaste y color de todos, otro tanto en el dúo con Marina Magnífico buque o el terceto Ya estamos a bordo, pero impresionaría especialmente en sus seguidillas (La luz abrasadora) tanto en lo vocal como por una interpretación “embriagadora” donde lucir su vis cómica y voz en toda su amplitud al igual que melódico y sentido el tango con el coro Dichoso aquel que tiene la casa a flote.

El contramaestre malagueño Luis López Navarro encarnó un completo Pascual, un bajo auténtico pero musical en cada intervención, rotundo por registro y “cantabile” en el primer dúo con Marina (¡Niégame que es tu amante!), nada «tosco y rudo trabajador…» sino pura lírica y lleno en el octavo número del cuarteto, para rematar una gran interpretación con la escena junto a Marina y Jorge (¡Ella! ¡Prudencia!).

Breves pero manteniendo el nivel de calidad el bilbaíno capitán y marinero “medio asturiano” José Manuel Díaz ya desde su primera escena Felices días con Marina, o la Teresa ovetense María Zapata, así como Seve Cimadevilla, componente del coro.

Y el coro titular que prepara San Emeterio, voces aficionadas pero imprescindibles en el Festival, aquí con protagonismo de principio a fin. Escénicamente siempre acertados (aunque para la complicada sardana resultase casi una danza prima mezclada ¿con un rigodón?), las voces blancas bien afinadas con los pescadores iniciales, encajando bien la escena marinera que cierra el primer acto, algo más “tensos” en la primera escena del segundo (con el arpa brillante y presente de José Antonio Domené que proseguiría en la romanza de Marina), para llegar bien curtidos para el brindis y matizados en el tango con Roque.

En el foso el asturiano Óliver Díaz volvió a demostrar su amplia experiencia en los repertorios belcantistas y el profundo, además de minucioso, conocimiento de «Marina» (con la que debutó en Gijón el ya lejano verano de 2003 para dirigirlo diez años más tarde en Madrid, y Oviedo al siguiente), exigiendo y “apretando” a todos hasta el límite pero mimando todas las voces, ayudándolas, consiguiendo sacar un balance orquestal apropiado para una plantilla mayor que en la versión de zarzuela, con la titular Oviedo Filarmonía que en sus manos rinde al máximo, con excelentes preludios (el del tercer acto de lo más “italiano”), buenos solistas y contagiando la confianza necesaria para un resultado global más que notable. No figuraba en el programa de mano, pero bien y presente (sonó algo amplificada) la breve intervención de pulso y púa desde la bolsa escénica en las seguidillas de Roque.

La puesta en escena de Bárbara Lluch volvió a ser visualmente atractiva, sencilla pero efectiva con la escenografía de Daniel Bianco, ayudando a las voces a base de escaleras y pasarela superior donde ir colocándose para proyectarse sin problemas, aunque haya cierto “horror vacui” por los muchos figurantes (también bailarines) que plásticamente resultan correctos pero por momentos abigarrados, deambulando sin mucho sentido. Espectaculares las videoproyecciones de Pedro Chamizo con unos cielos y Mediterráneo cambiantes para subrayar cada escena y la siempre acertada iluminación de Albert Faura. El vestuario de Clara Peluffo muy de la época en “los señoritos y señoritas” que no lo son para el ambiente marinero de astillero, playa y puerto, con unas rederas algo “floreadas” aunque el resto resultó más creíble y apropiado a todos los personajes.

Oviedo adora a Marina y toda la lírica, el Arrieta como mejor broche para un curso variado que sigue haciendo las delicias de tantos melómanos venidos de toda la geografía para comenzar a reivindicar la capitalidad cultural europea para 2031. Aún queda tiempo pero la historia se sigue escribiendo y la música en Asturias forma parte de su identidad.

FICHA:

Jueves 12 de junio de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «Marina», ópera en tres actos con música de Emilio Arrieta (Puente de la Reina, 1821 -Madrid, 1894) y libreto de Francisco Campodrón (1816-1870) y Miguel Ramos Carrión (1848-1915) basado en el texto de la opéra -comique La Veillée (1831), de Paul Duport y Amable Villain de Saint-Hilaire.

Estrenada como zarzuela en el Teatro del Circo, el 21 de septiembre de 1855.

Estrenada como ópera en el Teatro Real, el 16 de marzo de 1871.

Edición crítica de María Encina Cortizo.

Ediciones Iberautor, Promociones Culturales SRL Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2005 (2ª edición)

Nueva producción del Teatro de la Zarzuela (2024).

FICHA ARTÍSTICA

Dirección musical: Óliver Díaz – Dirección de escena: Bárbara Lluch – Asistente de la dirección de escena: Paula Castellano – Escenografía: Daniel Bianco – Vestuario: Clara Peluffo – Iluminación: Albert Faura Bravo – Ayudante de iluminación: David Hortelano – Movimiento escénico: Mercè Grané – Diseño de videoproyecciones: Pedro Chamizo.

REPARTO

Marina (huérfana): Sabina Puértoles – Jorge (capitán): Antonio Gandía – Roque (contramaestre): David Menéndez – Pascual (propietario del astillero): Luis López Navarro – Alberto (capitán): José Manuel Díaz – Teresa (amiga de Marina): María Zapata – Un marinero y una voz: Seve Cimadevilla (componente de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”).

FIGURANTES

Alberto Arcos, Claudia Agüero, Emilio Vega, Joana Quesada, Lucas García, Lucrecia Sánchez, Maite Menéndez, Olimpia Oyonarte, Oscar Fresneda, Paco Celdrán.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

Director de coro: José Manuel San Emeterio

Marina para cerrar temporada

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Este pasado lunes 9 a mediodía tenía lugar la rueda de prensa para presentar en el salón de té del Teatro Campoamor el cuarto y último título de la 32ª edición del Festival de Teatro Lírico, «Marina» de Arrieta y Campodrón, que levantará el telón este jueves 12 (19:30 horas) y el sábado 14 (19:00 horas).

Tomaría la palabra el presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC), el concejal David Álvarez Menéndez que presentaba esta nueva producción del Teatro de la Zarzuela madrileño con dirección escénica de Bárbara Lluch, a quien agradeció y felicitó por el trabajo realizado en La Regenta, el segundo título, y por supuesto a la Oviedo Filarmonía en el foso, en el escenario la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo y al maestro Óliver Díaz, presente en la rueda de prensa junto a todo el elenco y a Cosme Marina, director artístico de la FMC.

Álvarez pudo presumir y con razón de seguir siendo el “segundo centro de exhibición de la lírica tras el Teatro de la Zarzuela, con una programación contemporánea estable en España» para este festival que sigue vivo 32 años después.

Cosme Marina comentaría de este título la fusión de “zarzuela y ópera» con un título que sigue vinculado al Teatro Campoamor (incluso en la temporada de ópera que arranca en septiembre), título recurrente en la capital asturiana. Del Festival de Teatro Lírico Español resaltó que puede sea el único con ocupaciones que están entre el 90 y el 100%. De esta Marina, resaltó que es un gozo por muchas razones, por Bárbara Lluch «que ha sido casi nuestra artista residente esta temporada, con dos de los cuatro títulos» y por tener a otra persona de la casa como Óliver Díaz, otra de las columnas de este Festival, para concluir con la ventaja de esta Marina donde tenemos un grandísimo reparto (con una zarzuela que el director ovetense conoce bien pues ya la dirigió en Madrid en 2014).

Bárbara Lluch aseguraba que Marina “es una de que una de las óperas españolas más difíciles de cantar y de interpretar” y ha incidido en que “es un honor, estar en Oviedo, en el Teatro Campoamor, defendiendo nuestro género lírico español”. Y comentaría que junto a La Regenta son dos de sus ‘hijos’ favoritos.

Para el asturiano Óliver Díaz siempre es un placer y un honor estar en casa en el amplio sentido de la palabra y estar impresionado con el dato del 92% de ocupación que «dice mucho del amor por la cultura que se respira en Oviedo». Musicalmente destacaría que Marina es una obra muy de contrastes y coral, pues requiere solistas de primer nivel. Proseguiría la maña de nacimiento, criada en Tafalla y «embajadora de la mierensía» Sabina Puértolas que asume el reto de este título de su «paisano» Arrieta, uno de los «más difíciles de cantar e interpretar… nos lleva al límite», y que con la «nueva visión» de Lluch es como recrear a su hijo adolescente por los cambios de ánimo de su rol protagonista.

Del elenco presente, también hablarían Antonio Gandía solicitando con humor, una «tercera función» que muchos venimos pidiendo hace tiempo (recuerdo cuando en los inicios había cuatro) y también pediría el barítono asturiano David Menéndez, debutando un Roque que preparamos juntos en aquellos años de estudiante, y ya que tiene tanto éxito de público también reivindicaría la tercera función.

Este jueves de vuelta a casa lo contaré para Ópera World y también desde este blog.

La Corte de Oviedo

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Jueves 15 de mayo de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «La Corte de Faraón», opereta bíblica en un acto y cinco cuadros con música de Vicente Lleó (1870-1922) y libreto de Guillermo Perrín (1857-1923) y Miguel de Palacios (1863-1920), en versión de Emilio Sagi y Enrique Viana.

(Crítica para OperaWorld del viernes 16, con fotos de Alfonso Suárez, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

En Oviedo así llamamos a la Iglesia de Santa María La Real de La Corte y también un céntrico local hostelero frente a la Junta del Principado, pero esta vez me referiré a «La Corte de Faraón», recordando que el título debe ir con «de» y no con «del», pues toma Faraón como nombre propio y no como cargo electo, por lo que a partir de aquí simplemente me referiré a ella como “La Corte”.

Nuestra legendaria Vetusta lleva tiempo pidiendo una tercera (y hasta cuarta) función para este festival de teatro lírico que alcanza ya treinta y dos temporadas, pues el éxito de muchos títulos agota las entradas para las dos actuales. Lo mismo ha sucedido con este penúltimo (solo queda para cerrar en junio «Marina»), tan unido al nombre de Emilio Sagi -quien la presentase en 2012 en Bilbao y Madrid- junto a un elenco con presencia de muchas voces asturianas que suponen la mejor propaganda para dos llenos en el Campoamor, contando con gran parte del reparto que la representó en el Teatro de la Zarzuela abriendo este año con la misma producción (y 15 funciones), “La Corte” que Jonathan Mallada, autor de las notas al programa, definió como “divertida, irreverente e hilarante” en la conferencia previa el día anterior.

Está claro el éxito de esta “opereta bíblica” como así se la calificó para su escandaloso estreno en 1910, y que llegaría a las 772 representaciones. Mezcla de cabaret y revista, Sagi le añade “sicalíptica”, pues hasta con la definición del DRAE queda perfectamente explicada: “malicia sexual, picardía erótica”, con sinónimos como erótica, picante, pícara, procaz, atrevida, sexual, sensual, obscena, verde. Pero “las circunstancias se relajan de tal modo que hoy la mayoría de esas bromas están pasadas de rosca y es necesario darlas otra vuelta de tuerca utilizando el equívoco de sexos y la ambigüedad sexual, elementos que precisamente convierten esta obra en un género sicalíptico muy particular, más volcado hacia el cabaré o la revista” como la define el propio Emilio, pero también “gamberra». Y añade Manuel Lagos Gismero en el programa madrileño que “efectivamente, es gamberra, cachonda, descarada y desvergonzada, directa a lo que nos ocupa e interesa al ser humano: el sexo, la política y la religión, y todo queda reflejado con ingenio y humor”. No faltan tampoco la ironía, la crítica social o la irreverencia, y hasta la censura franquista la prohibiría por obscena -no así con la música, gracias a la grabación de Ataúlfo Argenta en 1958 que sonó en tantos hogares de entonces- para “resucitarla” en plena transición e incluso con la versión cinematográfica de 1985 dirigida por José Luis García Sánchez, con guión de Rafael Azcona, protagonizada por Ana Belén y Antonio Banderas, hasta convertirse en una representación casi recurrente cada cierto tiempo en los teatros hispanoamericanos y por distintas compañías.

La música de Vicente Lleó es una delicia en todos los números, desde los valses al garrotín junto a todas las canciones que con los textos del tándem Perrín-Palacios encajan como un guante, pero aún mejor con esta actualización que ha escrito el dúo Sagi-Viana, donde el juego de palabras, incluso con las siempre complicadas esdrújulas (y aprovecho para tildar esta Corte de “magnífico espectáculo”) nos normalizan especialmente las partes habladas, contando con unos excelentes cantantes y actores que mejoran los inicios del género (a la inversa: actores que cantaban).

Y si alguien triunfó en Oviedo ha sido Enrique Viana, el Sul sorpresa “empaquetada” en el movido sarcófago para Faraón, largo solo de nombre y casi dirección postal, sorpresa para todo el Campoamor brindándonos no solo un Babilonio único, juguetón, cachondo como siempre, lleno de guiños locales repletos de fino humor (Colloto, Monte Cerrao, La Escandalera con todo lo que significa…). Genuinos cuplés del siglo XXI de esta vedette con bata ecológica que barría todo el oropel del escenario para llevarlo al contenedor amarillo, obligando a cantar a “los hombres solos… que quedan y están todos aquí”, pidiendo que “respiren”, bromeando con el maestro Bayona sobre “cómo tocar” el Babilonio, en tono “gris perla” y no en modo menor sino de edad mediana. Dedicatorias por partida doble a “mis primas segundas” con los deportistas que deben tener pelotas a pares, y “a las mujeres vigoréxicas” con la dureza de doble sentido. Actualidad bromeando con la Transparencia y hasta con Groenlandia, que encaja con Babilonia, donde “hasta los pingüinos están haciendo las maletas”,  bajando por el Basilisco (Obelisco) y unas carcajadas que no nos hicieron perder el excelente estado vocal del tenor madrileño, con un falsete increíble, el ingenio imperecedero e imperdurable de su histrionismo bien entendido, la química con el público y la valentía por seguir defendiendo y manteniendo viva 115 años después esta opereta sicalíptica, con el cuplé final Actualizando toda la Corte en letra y vestuario (Gabriela Salaverri dejó para el final sus coloridos diseños de temporada).

Y si Viana es incombustible, no se queda atrás La Reina Milagros Martín, nuestra auténtica señora de la zarzuela que cada vez que se sube a las tablas ofrece una lección de profesionalidad, de entrega, de saber hablar y cantar, haciendo beber “del rico vino de Antila”, respeto a los compañeros en el terceto Para jugar y sentenciar….  Son actuaciones siempre para recordar por la magnificencia tanto de su personaje como de su persona.

El casto José jugaba en casa, pero Jorge Rodríguez-Norton lleva una carrera de primera sin olvidarse de la zarzuela, nuestro patrimonio que cuando se interpreta con la calidad del avilesino la hace aún más grande. Física y vocalmente brilló más que todo el oro con el que cubrieron su cuerpo y las tablas del centenario templo lírico carbayón, con un derroche reclamado por todas las damas y y aplaudido como se merece, solo, a dúo o en terceto.

María Rey-Joly volvía tras su viuda Obdulia de «La Regenta» (comentada también desde aquí) como la insatisfecha Lota que busca felicidad ante tanta castidad, que se mueve como pez “en el oro” en este rol tan cabaretero por picardía y sensualidad, especialmente en el dúo con José, aunque más legible cantando que hablando. Otro tanto con Annya Pinto como Raquel, quien mostró musicalidad y buena línea de canto con voz bien proyectada en La luz de la luna se quiebra en el Nilo.

También cantaban en casa Ra, Sel y Ta, tres viudas asturianas encarnadas por Serena Pérez, María Heres y Ana Nebot que se lucieron bailando, cantando muy empastadas y sumándose a un elenco que defiende las voces de “la tierrina” junto al siempre inconmensurable Carlos Mesa como Selhá que no sólo es un actor cómico de primera sino que canta afinado y se metió al público en el bolsillo desde su primera aparición junto al colega Oscar Fresneda como Seti, un juego de roles bien ensamblado e interpretado. Otro asturiano el barítono mierense Abraham García como Gran Sacerdote, presentando a Lota y luciéndose en un Garrotín concertado y brillante.

Grande el Faraón Enric Martínez-Castignani muy querido en Oviedo que siempre defiende sus roles con solvencia y es capaz de empatizar incluso con los gestos. Mientras, la flecha afectó un tanto al Putifar de Ramiro Maturana al que le faltó más música que humor, color bien timbrado pero poco homogéneo y por momentos forzado en el agudo pero sin llegar al «Horror».

El coro titular del festival, preparado por José Manuel San Emeterio, volvió a mostrarse con una profesionalidad digna de elogio. Escénica y vocalmente ayudaron a una representación que con toda la comicidad es exigente para todos, especialmente para las voces blancas y más cuando las sitúan atrás, con lo que supone encajar con el foso. Desde el inicial “¡Victoria!¡Victoria! Ya de las trompetas…” premonitorio del resultado final y con paraguas para el chaparrón, junto a unos Sacerdotes compactos y seguros son uno de los pilares de cada temporada.

Una nutrida Oviedo Filarmonía en el foso sigue siendo el seguro orquestal de este festival, y se crece con maestros como Néstor Bayona, buen concertador manteniendo unos balances que respetaron siempre las voces, dejando “sacar músculo” en los números instrumentales y con buenos solistas, destacando el flautín y el arpa.

Nuria Castejón montó una coreografía “muy egipcia” en gestos para un buen “cuerpo de baile” a cargo de seis caballeros (dejo al final sus nombres) que también completaron una escena nunca abigarrada y sin resbalar ante los papeles que inundan del suelo y terminarían barriendo.

De nuestro internacional Emilio Sagi solo caben palabras de admiración en su Oviedo natal donde debutó y vuelve siempre triunfante, tanto en la ópera como en la zarzuela, de las que se ha convertido en todo un baluarte. En un encuentro previo con el público definía que “un teatro no es un ente burgués, tiene que ser un espacio de libertad, tiene que tener las ventanas y las puertas abiertas”. Como ya disfrutaron en el Arriaga bilbaíno o en la calla Jovellanos madrileña, esta producción ovetense va más allá del oro o los guiños a la revista, tiene una escena ágil, sobria, elegante y con el guiño final a nuestro tiempo, también en la vestimenta, desde un mural de arte urbano faraónico por temática pero muy colorido, casi warholiano aunque me recordó más al Vivancos del siempre añorado pub “Pick Up” (detrás de la Catedral) que nuestra generación disfrutó tantos años hasta su cierre, jugando con el plano superior que abre y cierra en los distintos cuadros para el coro o las viudas y la iluminación siempre muy lograda de Eduardo Bravo, con el final cual karaoke con letra proyectada todos cantamos -al fin con la pausa en su sitio- el babilonio “vámonos para… Judea”, que tras más de hora y media aún se entonaba al salir de un teatro inundado por el buen humor de la Corte de Oviedo.

FICHA:

Jueves 15 de mayo de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «La Corte de Faraón», opereta bíblica en un acto y cinco cuadros con música de Vicente Lleó (1870-1922) y libreto de Guillermo Perrín (1857-1923) y Miguel de Palacios (1863-1920), en versión de Emilio Sagi y Enrique Viana.

Estrenada el 21 de enero de 1910 en el Teatro Eslava de Madrid.

Coproducción del Teatro Arriaga, Teatro Campoamor y Teatros del Canal (2012).

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Néstor Bayona – Dirección de Escena: Emilio Sagi – Asistente de la dirección de escena: Javier Ulacia – Escenografía: Daniel Bianco – Vestuario: Gabriela Salaverri – Iluminación: Eduardo Bravo – Asistente de iluminación: David Hortelano – Coreografía: Nuria Castejón.

REPARTO

Lota: María Rey-Joly – La Reina: Milagros Martín – Sul: Enrique Viana – Raquel: Annya Pinto – Ra: Serena Pérez – Sel: María Heres – Ta: Ana Nebot – El Gran Faraón: Enric Martínez-Castignani – José: Jorge Rodríguez-Norton – Putifar: Ramiro Maturana – Gran Sacerdote: Abraham García – Selhá: Carlos Mesa – Seti: Oscar Fresneda.

CUERPO DE BAILE

Cristhian Sandoval, Daniel Morillo, José Ángel Capel, Antonio Bonilla, Pablo Gutiérrez, Jan Gálvez.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

Director de coro: José Manuel San Emeterio

Zarzuela para seguir cumpliendo años

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Sábado 3 y Domingo 4 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gran Gala de Zarzuela y Música Española. Orquesta Sinfónica Mercadante – Mariano Rivas (dirección artística y musical) – Alexandra Zamfira (soprano) – Quintín Bueno (tenor) – Li Guochao (piano) – Natalia Thaïs (baile). Entradas: 40€ / 30€.

(Crítica para OperaWorld del domingo 4, con fotos propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El Teatro Jovellanos gijonés cumple los 30 años de su remodelación, y nada mejor que celebrarlos con nuestro género por excelencia como es la zarzuela, que cuenta con miles de aficionados en Asturias y que en esta primera gala llenaron el coliseo del paseo de Begoña para volver a escuchar (tras la inauguración de la temporada 2022-23 de la Sociedad Filarmónica de Gijón) a la Orquesta Sinfónica Mercadante (OSMer) fundada por el asturiano Mariano Rivas (siempre bien recibido en su tierra), dando la oportunidad y el apoyo necesario a muchos músicos de los conservatorios y teatros madrileños desde su conocimiento como docente.

Dos funciones programadas donde además de la propia OSMer el programa ofrecía, como si de un catálogo promocional se tratase, no solo zarzuela sino música española sinfónica, y así junto a las voces de la soprano Alexandra Zamfira y el tenor Quintín Bueno, estaría la pianista china Li Guochao y especialmente la bailarina Natalia Thaïs.

La plantilla de la OSMer se quedó muy corta y desequilibrada en la cuerda (7-5-5-5-2), lo que perjudicó sobremanera las obras sinfónicas y las bailadas, con un esfuerzo por parte de los jóvenes músicos no siempre suficiente en las dinámicas, balances y planos, favoreciendo los matices para las romanzas, si bien el maestro Rivas trabajó con sus músicos como si de una gran orquesta filarmónica se tratase.

Centrándome en estas obras de la orquesta sola, las coincidencias en el tiempo hicieron que el día anterior escuchase en Oviedo a la OSPA con Óliver Díaz tanto la Danza final de El sombrero de tres picos (Falla) como la “Escena, canto gitano y fandango asturiano” del Capricho español (R. Korsakov), en el caso gijonés ambas cerrando cada parte del programa, que evidentemente no soporta, ni pretendo, comparaciones. De Falla diría que le faltó un pico al tricornio, con un enorme trabajo del viento madera, mientras de Korsakov el aire asturiano lo puso Don Mariano, y el concertino más el arpa hicieron el esfuerzo de sus intervenciones solistas. Por último del conocido preludio de Chapí solo diré que se quedó en “La juguetona” por las carencias antes apuntadas.

Es de aplaudir montar el piano solamente para el primer movimiento de las Noches en los jardines de España (El Generalife) de Don Manuel, con todo lo que supone, pero la pianista china se limitó a tocar todo lo escrito (que es mucho). Pese a la buena concertación de Rivas y el trabajo de la orquesta, por momentos tapó a Li Guochao ante su poco volumen y la ausencia del “duende” que inunda este concierto de nuestro gaditano universal enamorado de Granada. Faltó la atmósfera sonora que invita a la ensoñación, la magia que desprenden los arabescos y acordes que la recorren (casi imperceptibles), más el rubato casi necesario, así que espero escuchar en otro momento a la pianista y profesora china de buen currículo y trayectoria que esta vez no se lució.

Más interesante resultó comprobar todo el arte que nos ofreció la bailarina Natalia Thaïs, nacida en Zúrich pero formada en nuestro país en danza española y flamenco. Tres números donde poder cambiar de vestuario y estilo: primero el conocidísimo intermedio de Las Bodas de Luis Alonso (G. Giménez), baile español con castañuelas y zapateado mientras la OSMer rendía al máximo con sus posibilidades, de coreografía elegante y ritmo complementario al orquestal. Vestido goyesco y de nuevo con las castañuelas para el Fandango de Doña Francisquita (Vives) con el maestro Rivas exprimiendo los planos sonoros y Thaïs sin el obstáculo del piano (retirado al descanso) ampliando movimientos con unas manos y gestualidad flamencas. Para rematar la Danza Española de La vida breve (Falla) libre de “palillos” con zapateo y el juego del sombrero cordobés, nuevamente con la orquesta descompensada pero afinada y entregada al magisterio del director asturiano.

Dejo para el final las dos romanzas de cada cantante más los dúos. La joven soprano castellonense Alexandra Zamfira posee una voz de color muy bello, proyección suficiente, buena dicción y además valiente, comenzando con El barbero de Sevilla (Giménez) y la conocida “Me llaman la primorosa”, arropada por una orquesta siempre mimando a las voces (se nota el magisterio de Rivas en la Escuela Superior de Canto de Madrid), bien interpretada con agudos variados en matizaciones (el final levantó al público) y agilidades limpias, más la Romanza de la Duquesa de Jugar con fuego (Asenjo Barbieri), entendimiento con la flauta, Rivas vigilando los fraseos y una correcta acentuación  y afinación (“Tirano amor…”), muy dramatizada, de color homogéneo en todo su amplio registro, de nuevo valiente atacando el agudo final, con proyección más que suficiente ante una orquesta casi camerística. Habrá que seguir la trayectoria de esta soprano lírico-ligera con mucho camino por delante.

El tenor madrileño Quintín Bueno tiene tablas y oficio, eligiendo dos romanzas muy conocidas: “De este apacible rincón de Madrid” de Luisa Fernanda (Moreno Torroba), jugando con el maestro Rivas para cantar en un “rincón de Gijón”, de color no muy brillante, timbre algo metálico de amplio volumen algo apagado en el grave, seguro, más “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) no todo lo matizada que me hubiera gustado, abusando un tanto del portamento aunque valiente en los agudos, que suelen ser muy del gusto de los aficionados, sin problemas de tesitura y personalmente demasiado abierto el final. De nuevo impagable el trabajo de Mariano Rivas con su orquesta, concertador de primera, templando y respirando con los cantantes.

De los dúos elegidos, en la primera parte “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives) con buen empaste aunque Zamfira tapase a Bueno, arriesgando en el agudo final sin miedo a desafinarlo, y otro tanto en la propina de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá (Penella) invitando al público a realizar el coro, tímido, tras el pasodoble “España Cañí” (Pascual Marquina) antes del dúo, poco torero, demasiado descompensado en balances, dinámicas y matices, para poner el punto y final a casi dos horas de cumpleaños gijonés, aplaudiendo el trabajo de asturiano Mariano Rivas siempre apoyando esta juventud que muy a menudo debe emigrar para encontrar una hueco en el difícil mundo de los profesionales de la música, y apostando por nuestra zarzuela dentro y fuera de nuestras fronteras.

PROGRAMA:

Primera parte

La Revoltosa: Preludio (Ruperto Chapí)

El barbero de Sevilla: Me llaman la primorosa (Gerónimo Giménez)

Noches en los jardines de España: 1º mov (Manuel de Falla)

Luisa Fernanda: De este apacible rincón de Madrid (Federico Moreno Torroba)

Las Bodas de Luis Alonso: Intermedio (Gerónimo Giménez)

Doña Francisquita: Le van a oír (Amadeo Vives)

El sombrero de tres picos: Danza final -Jota- (Manuel de Falla)

Segunda parte

El Bateo: Preludio (Federico Chueca)

El último romántico: Bella enamorada (Soutullo / Vert)

Doña Francisquita: Fandango (Amadeo Vives)

Jugar con fuego: Romanza de la Duquesa (Francisco Asenjo Barbieri)

La vida breve: Danza española (Manuel de Falla)

La tabernera del puerto: No puede ser (Pablo Sorozábal)

Capricho español: Escena, canto gitano y fandango asturiano (Rimski Korsakov)

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