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Lírica para jóvenes con talento

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Viernes 13 de enero de 2023, 19:30 horas. Auditorio Principe Felipe, Oviedo. Gala Lírica Jóvenes Cantantes Españoles. María Zapata (soprano), Carmen Artaza (mezzo), Antoni Lliteres (tenor), Carles Pachón (barítono). Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación “Princesa de Asturias” (dirección: José Esteban García Miranda); Lara Diloy (dirección musical). Obras de Mozart, Rossini, Donizetti y Bellini.
Critica para Ópera World  del sábado 14, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Acercándose el “Ernani” verdiano que cerrará desde el día 29 del presente la 75 temporada de la ópera ovetense, la más antigua de España tras la del Liceu barcelonés, este viernes era el momento de celebrar con los jóvenes talentos de casa este aniversario, continuando una seña de identidad desde aquel 1948, dando oportunidades y creyendo en las voces españolas que triunfarían por escenarios mundiales.
Gala con cuatro voces que ya no son promesas sino realidades como también la batuta de Lara Diloy, directora asistente a lo largo de esta temporada de celebraciones que se ponía al frente de la OSPA en un programa consensuado con los intérpretes, siguiendo una lógica que marca la siempre difícil carrera operística comenzando con el “necesario” Mozart para las voces, la complejidad de la aparente sencillez en la primera parte que ayuda en el estudio de todo intérprete, también y especialmente para la voz, más una segunda parte de “bel canto” con Rossini y Donizetti que no faltan en las temporadas líricas cerrando con un Bellini de lujo donde disfrutar también del Coro de la FPA que primero nos dejó con la OSPA el célebre coro de Don Pasquale, todo un regalo para una formación más sinfónica que lírica demostrando la calidad musical asturiana en esta velada, oportunidad única para cuatro talentos que dejaron lo mejor de ellos sobre las tablas de un auditorio con una excelente entrada.
De la OSPA nada que descubrir, casi camerística con un Mozart algo descafeinado donde Diloy se limitó a marcar cuando la plantilla era ideal para esta primera parte, matizando lo mínimo para unas voces algo desiguales, especialmente en La clemenza di Tito donde el tenor mallorquín Antoni Lliteres no acertó con la línea de canto a diferencia del barítono catalán Carles Pachón dominador desde su primer aria “Hai già vinta la causa?” así como en el dúo con Artaza “Il core vi dono” y su aria “Parto tu ben mio” junto al excelente clarinete de Andreas Weisgerber, de lo más aplaudido de la velada.
Otra oportunidad perdida en el trío “Soave sia il vento” del Così del que hubiésemos esperado más calidez global. Las arias, dúos y cuarteto final mostraron buen empaste en los cantantes, con la poderosa soprano ovetense María Zapata y la mezzo donostiarra Carmen Artaza de bello color en todo su registro.
La obertura rossiniana de Semiramide con que se abría la segunda parte, careció de la chispa necesaria y un poco más de contrastes y dinámicas hubiesen venido bien pues la OSPA tiene todos los recursos para ello, quedando mermada en comparación con el aluvión posterior, nuevamente Pachón triunfando con el “Largo al factotum” del Barbero sin piedad orquestal en los matices, Artaza deleitándonos con “Una voce poco fa” sentida y medida antes del ya citado coro “Che interminabile” del Don Pasquale para disfrutar de la gran masa vocal, especialmente las mujeres, en una página donde esta vez lo humorístico sí predominó..
Aún quedarían tres momentos más: el dúo Lliteres-Zapata del Poliuto donizettiano bien ensamblado y equlibrado, la conocida furtiva lágrima donde el catalán mostró su mejor vocalidad, y el lujo de la “Casta diva” final con la que la soprano ovetense disfrutó en la plenitud sinfónico-coral haciéndonos partícipes de ello.
El regalo del cuarteto y coro del Alceste de Gluck puso el broche final de esa gala donde los llamados “viernes de ópera” están llamados a ser no ya una oportunidad para las nuevas voces sino una necesidad para los aficionados asturianos de poder presumir con los años de haberlas escuchado en el Campoamor. Hay talento, trabajo y muchas ganas de ópera en la capital asturiana, pese a los agravios económicos con otras temporadas españolas, pero la apuesta de futuro de la Fundación Ópera de Oviedo es firme e inasequible al desaliento.
Ficha: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, viernes 13 de enero de 2023, 19:30 horas. Gala Lírica Jóvenes Cantantes Españoles.
Programa:
I PARTE: MOZART
• Le nozze di Figaro: Obertura.
• Aria de barítono “Hai già vinta la causa?”.
• Così fan tutte: aria de soprano “Come scoglio…”.
• Dúo barítono-mezzosoprano “Il core vi dono…”.
• La clemenza di Tito: aria de tenor “Del più sublime…”.
• Aria de mezzosoprano “Parto, ma tu ben mio…”.
• Così fan tutte: Terceto barítono-soprano-mezzo “Soave sia il vento…”.
• La finta semplice: cuarteto mezzo-tenor-soprano-barítono “Bella cosa è far l’amore…”.
II PARTE: ROSSINI-DONIZETTI-BELLINI
Rossini:
• Semiramide (Obertura).
• Il barbiere di Siviglia: Aria de barítono “Largo al factotum…”.
• Aria de mezzo “Una voce poco fa…”.
Donizetti:
• Coro “Che interminabile…”. Don Pasquale.
• Duo tenor-soprano “Ah fuggi da morte…”. Poliuto.
• Aria tenor “Una furtiva lagrima…”. L’elisir d’amore.
Bellini:
• Aria soprano y coro “Casta diva…”. Norma.
Reparto:
María Zapata (soprano) – Carmen Artaza (mezzo) – Antoni Lliteres (tenor) – Carles Pachón (barítono).
DIRECCIÓN MUSICAL: Lara Diloy. Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Coro de la Fundación “Princesa de Asturias” (dirección: José Esteban García Miranda).

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar definitivamente este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las aún cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible, aunque vuelvan las mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado manteniéndolas en el transporte público, hospitales o farmacias. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) más nuestros solistas, de los que tenemos un montón y ¡de primera! en mi querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide este año de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2023 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha. Darles las gracias porque sí nos trajeron al fin un titular, y además «vecino».
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos, juntos y por separado, pues siempre son el mejor regalo.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes como Mario Bernardo, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2023 tras irse recuperando todos ellos de un 2021 para olvidar.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos, tal como les había pedido en mi carta del 2022.
Gracias también por hacer que La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno se estrenase en esta temporada de los 75 años en Oviedo.
Y por mantener la ilusión aunque como dice mi madre «parece que te hizo la boca un guardia» (?), continúo pidiendo a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias de contratación… saben de sobra que la Cultura ha demostrado además de ser Segura resultar la mejor inversión.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez sigue emigrado a Alemania y María Ovín en la OSPA), creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúe el éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2023 y más. Además de darle de nuevo las gracias, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque espere mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor como protagonista, pues al fin le han traído para este año su esperada Mimí en Alicante (donde le han cambiado su apellido Díaz por Martínez), por lo que les sigo pidiendo la lleven al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa, pero recordándoles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que valer ya de pedir… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que son universales.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2022. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque, ya lo hacen mis músicos) espero mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas al mismo nivel tras cuatro años sin parar (ni siquiera con el Covid), y llevando su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible (este pasado año ya estuvimos por tierras murcianas), con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales en este mi primer curso fuera de ella. Pero veo que la LOMLOE  (Ley Celáa) sigue empeorando leyes anteriores (y dicen que van ocho en 35 años),en pos de una generación de ignorantes digitales, aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan) utilizando el transporte que tengan (saben que los carburantes están tan caros como el pienso) sin entrar en cabalgatas que no opino, y menos las que se inventaron el año pasado como ¡estáticas! y con Baltasar descolorido… Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días del año.
Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años.

Y que cumplan muchos más

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Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela. Entrada butaca: 20 €.

Crítica para Ópera World del sábado 17 de diciembre con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Dos figuras de la lírica muy queridas en Asturias se unían para celebrar una carrera que sigue al alza con el paso de los años, cumpliendo treinta desde su debut el tenor barcelonés José Bros y veinte la soprano allerana Beatriz Díaz, dos cantantes que han compartido escena varias veces y volvían este viernes, casi navideño, al Teatro Campoamor (75 años de la Temporada de Ópera de Oviedo,) donde tantas noches hemos disfrutado con sus triunfos, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL) dirigida por el ovetense Óliver Díaz.

El programa habitual en este tipo de recitales se organizó con ópera y zarzuela en dos partes junto a oberturas e intermedios que sirven para descansar las voces sin perder coherencia con las obras elegidas, entrelazando arias y dúos de calado, más romanzas de nuestro gran género para que Bros y Díaz repasasen sus mejores momentos sobre las tablas.

Tener a la Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Óliver Díaz es asegurar calidad y buen entendimiento, una orquesta que también va cumpliendo años y creciendo por igual encima del escenario que desde el foso, como en esta gala aprovechando la escena de “Hamlet”, volviendo a demostrar en las páginas instrumentales una sonoridad corpórea y una musicalidad para la lírica realmente destacable, especialmente en el Intermedio de Manon Lescaut (Puccini) donde sigue emocionando no sólo por conocido sino por lo bien interpretado que estuvo, además de la poco escuchada obertura de La Princese jaune, op. 30 (Saint-Saëns), y otro tanto con las páginas de zarzuela, desde el bellísimo “Intermedio” de La pícara molinera (Luna) abriendo la segunda parte, al menos escuchado y bellísimo de La montería (Guerrero), género donde el maestro Díaz es un referente y verdadera autoridad, reafirmando el buen entendimiento y la química entre formación y director.

En las arias y dúos además de disfrutar con las voces de Bros y “La Díaz”, la orquesta de la capital estuvo siempre al servicio de ellas, con “el Díaz” ovetense sacando lo mejor de lo músicos, mimando cada pasaje, degustando unas partituras que son oro molido, especialmente Puccini y Massenet, y que con la OFil “abajo” nos permitió escuchar al dúo en su vocalidad total “arriba”.

De las arias operísticas José Bros nos dejó dos con su entrega total como “un obrero de la lírica” -así se define el catalán- y la conocida profesionalidad a lo largo de toda su longeva carrera, este viernes con algún problema añadido, puede que alguna afección sobrevenida ante el frío de diciembre que siempre provoca alguna flema o “telilla”, amén de sus cambios de color buscando la expresividad, casi cincelando cada nota, mejorando en el fuerte de unos agudos aún poderosos, que fue solventando a lo largo de la gala, páginas que ha llevado por medio mundo, siendo Oviedo una de las paradas obligadas: la conocida “Una furtiva lagrima” de L´elisir d’amore (Donizetti) del Nemorino todavía frío abriendo velada y “Pourquoi me réveiller”, de Werther (Massenet) con el que siempre viene a mi memoria Alfredo Kraus, flojo pero sentido y aplaudido.

La asturiana Beatriz Díaz, en un momento vocal pleno, se mostró cómoda en escena donde es envidiable cómo afronta cada personaje, eligiendo para comenzar “Ebben? Ne andrò lontana” de La Wally (Catalani), bellísima línea de canto llena de matices, y la esperada “Mi chiamano Mimì” de La Bohème (Puccini) que tras años como Musetta por fin debutará como protagonista el próximo año en Alicante, un rol que no me cansaré de repetir parece escrito a su medida, jugando con los registros, filados “marca de la casa”, emoción y carne de gallina en esta página que nuestra soprano ha hecho suya totalmente.

En esta parte operística, dos de los dúos donde admirar la suma de entendimiento y buen gusto de esta pareja felizmente arropada por la orquesta bajo la batuta clara y precisa del maestro ovetense: “Suzel!… Come si è fatta pallida” de L´amico Fritz (Mascagni), la misma donde coincidieron por primera vez en noviembre de 2002, que con el paso de los años alcanza la madurez necesaria para afrontarla en su plenitud, pura escena donde un Fritz comedido no brilló tanto como la dominadora Suzel, más la emocionante escena de Saint-Sulpice de Manon (Massenet), maravilloso dúo que de nuevo con “La Díaz” asombró de principio a fin, la juventud ya madura para esta Manon francesa hoy allerana (con)venciendo al Des Grieux barcelonés.

Nuestra zarzuela necesita voces como las de este viernes para ponerla en el mismo lugar que “la hermana mayor”, y así pudimos comprobarlo en la segunda parte con las dos romanzas de soprano “Qué feliz mi vida fuera” de La labradora (Magenti) y “Tres horas antes del día” de La marchenera (Moreno Torroba) no lo suficientemente escuchadas pero que Beatriz Díaz cantó con su impresionante técnica y musicalidad, la misma que hace poco llevó a Sao Paulo (Brasil) en una gala puramente española, estilo y salero inconfundibles, gracejo y buen cantar, junto a las más conocidas de tenor “Por el humo se sabe” de Doña Francisquita (Vives) y “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) donde José Bros superó los problemas iniciales mostrándose cómodo en el registro medio y más pleno en los agudos, agradeciendo su entrega en unas partituras donde siempre sobrevuela en mi recuerdo “el tenor” (entiéndase Don Alfredo Kraus Trujillo).

Y otros dos dúos de altura para redondear las intervenciones en solitario, primero “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives), Fernando Bros y Francisquita Díaz en dramaturgia pura antes de la sorpresa previa al último número. Proyectando un vídeo que recogía los mejores momentos en el coliseo lírico de la capital asturiana de esta pareja, especial el “Elisir” de ambos (2017), o los Puccini únicos de la allerana: Liù (2012) más la inolvidable Butterfly (2020) que emocionó a todos, incluyendo al que suscribe por haberlos vivido con ellos.

Palabras de agradecimiento a “las melodías de Oviedo” como rezaba el último fotograma, Bros siempre querido y entregado en el escenario, Díaz reconociendo estar en casa recogiendo el cariño del público sin el que nada tendría sentido. Secando lágrimas y tragando saliva, al fin el mejor cierre con el conocido “Torero quiero ser” de El gato montés (Penella), Juanillo rematando faena, Soleá con mantón de verónica, Bros bravo, Díaz cautivadora y la música torera de la OFil con el mayoral Díaz en el arte de la doma, que no rejoneo, para completar un cuadro final soberbio.

Y si el regalo fueron las propias voces, aún nos darían el suyo: Bros El último romántico (Soutullo y Vert) con “bella enamorada” rematando esta gala de menos a más, tras la Beatriz Díaz rescatando de su amplio repertorio la canción andaluza de El dúo de la africana (Fernández Caballero), que sigue ganando con los años, y el mejor colofón con la Jota “No cantes más la Africana”, dúo de aniversario con dos carreras que tras diez años de distancia volvían a unir sus caminos en este punto de encuentro lírico que es el Teatro Campoamor, esperando como finaliza la canción que no se interpretó “…Y que cumplan muchos más”.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 16 de diciembre de 2022, 20:00 horas. GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela.

Programa:

Primera parte

Obertura de La Princesse jaune, op. 30 (C. Saint-Saëns). “Una furtiva lagrima”, de L´elisir d`amore (G. Donizetti).
“Ebben? Ne andrò lontana”, de La Wally (A. Catalani).
“Suzel!… Come si è fatta pallida”, de L´amico Fritz, (P. Mascagni).
Intermedio de Manon Lescaut (G. Puccini).
“Mi chiamano Mimì”, de La Bohème (G. Puccini).
“Pourquoi me réveiller”, de Werther (J. Massenet).
Escena de Saint-Sulpice, de Manon (J. Massenet).

Segunda parte

Intermedio de La pícara molinera (P. Luna).
“Qué feliz mi vida fuera”, de La labradora (L. Magenti).
“Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita (A. Vives).
“Le van a oír”, de Doña Francisquita (A. Vives).
Intermedio de La montería (J. Guerrero).
“No puede ser”, de La tabernera del puerto (P. Sorozábal).
“Tres horas antes del día”, de La marchenera (F. M. Torroba).
“Torero quiero ser”, de El gato montés (M. Penella).

La Ofelia de Hamlet

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Jueves 8 de diciembre de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Hamlet” (de Charles Louis Ambroise Thomas, con libreto de Jules Barbier y de Michel Carré basado en la tragedia homónima de William Shakespeare); ópera en cinco actos estrenada en la Ópera de París el 9 de marzo de 1868. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Critica para Ópera World del viernes 9 de diciembre, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Los dramas de Shakespeare son ideales para ponerlos en música y así ha sucedido a lo largo de la historia universal de la ópera, con muchos ejemplos en la memoria de los buenos aficionados. Pero “Hamlet” no ha sido de los más llevados a la escena, por lo que la ópera de Ambroise Thomas era muy esperada en esta première de la 75 temporada ovetense.
Las distintas traducciones al francés, algunas tildadas de “traiciones”, así como las adaptaciones para lograr un libreto cantábile, no deberían asombrar a nadie, y menos en estos tiempos de reescrituras hasta de la propia historia, por lo que quitar y añadir partes de la trama de Don Guillermo, e incluso cambiarle el final, viene bien para alcanzar las metas propuestas en aras de la propia dramaturgia.
Este “Hamlet” de Oviedo, con la puesta en escena de la asturiana Susana Gómez, calificado por ella misma como “la frágil arquitectura de la realidad”, tiene carambolas argumentales en un escenario diría que atemporal y sencillo, en plano inclinado con trampillas efectistas y efectivas, cortinas de azul turquesa o aguamarina, iluminación de Félix Garma que utiliza al final el frío blanco de los fluorescentes, con el siempre elegante vestuario de Gabriela Salaverri solamente colorido para el coro o los personajes femeninos, pero donde el cénit llegaría en los dos últimos actos: la fiesta de la primavera (sin ballet, que sabemos complica y encarece las producciones) y la “escena de la locura” de Ophélie, aclamada por un público expectante, tormenta real de agua y plástico cual hielo, que no destripo (ahora con el anglicismo “hacer spoiler”) para quien acuda a las siguientes representaciones, muy logrado visualmente, más el desenlace en el cementerio de Elsinor (Helsingør en danés), logrado hasta en la fosa con la arena sacada a paladas e igualmente aplaudido, aunque nada sería igual sin un reparto muy homogéneo donde la triunfadora fue Sara Blanch junto al protagonista David Menéndez, dos roles complicados en la lengua de Molière, bien defendidos por este dúo que estuvo bien arropado de principio a fin por el resto del elenco, creciendo a medida que avanzaba la representación.
El príncipe danés estaba originalmente escrito para tenor y el propio Ambroise Thomas hubo de adaptarlo a barítono por no encontrar un cantante que se adaptase a lo escrito por él. Papel exigente y poliédrico, casi omnipresente y sin apenas utilería o atrezo donde apoyar la acción, David Menéndez defendió su partitura desde un trabajo vocal pulcro, una escena que domina como pocos cantantes, y sobre todo un color vocal capaz de expresar todas las emociones de un personaje muy complicado. Pasajes introspectivos muy matizados (el famoso “ser o no ser” colocado en el acto tercero) con arrepentimiento cual plegaria, desazón y rabia contenida sin caer en excesos, como la escena junto al padrastro, buen empaste en dúos, tríos y concertantes, para acabar coronándose rey de la función.
Pero la reina de la noche fue la Ophélie de Sara Blanch en un momento vocal extraordinario, con un personaje que crece a medida que avanza la trama, sobremanera en la esperada locura del cuarto acto que bordó, emocionó y levantó el clamor entre el público que interrumpió la finalización del aria. Si escénicamente supone recrear uno de los momentos más bellos de la historia del arte, coronada de flores y vestida de blanco con un larguísimo velo, su defensa de la partitura sacó lo mejor de su técnica interpretativa al servicio de lo escrito, incluida la canción nórdica que Thomas incluyó tras trabajar en el estreno con la soprano sueca Christine Nilsson, y cantada por la tarraconense más de estilo italiano que francés, reconociendo que resulta complicado “cambiar el chip” de tantos años de estudio, pero su talento, convicción, versión y visión escénica la llevaron a entregarse de lleno y alcanzar el mayor triunfo de la noche.
No se quedó atrás la reina Gertrude interpretada por la mezzo francesa Béatrice Uria Monzon sin problemas idiomáticos ni dramáticos, encarnando sobre la escena otro de los personajes llenos de aristas: madre amada y odiada, amante sin escrúpulos y dolorosamente arrepentida tal como nos la refleja Thomas. Tan solo comentar la poca diferencia de color con la soprano española, aunque su registro grave lógicamente es más rotundo e ideal para su personaje, lo que hubiese enriquecido aún más las apariciones conjuntas de la gala.
En una obra de reparto dominado por hombres, el menorquín Simón Orfila, como Claudius, cumplió con el papel de bajo en su línea de canto segura para un barítono que va cumpliendo años, de registros extremos sin dificultades de volumen, matizado siempre aunque con un vibrato en los agudos actualmente algo exagerado, pletórico sobre la escena y sin enturbiar la calidad global de todas sus intervenciones, siendo un cantante muy querido en la temporada ovetense.
Rotundo el palentino Javier Castañeda como el espectro del rey difunto, asombrando en cada aparición desde la trampilla del suelo al patio de butacas en el final, llenando de sorpresas un papel que traía de nuevo al Campoamor muertos muy vivos y cantados sin problemas, pues esta vez la escena nunca molestó a las voces.
Breves las apariciones de Laërte pero convincente el santanderino Alejandro del Cerro, un tenor seguro de color brillante que además tiene la virtud de empastar bien con todas las voces del reparto además de una escena donde se desenvuelve con soltura. Los papeles cortos son exigentes siempre para redondear una función equilibrada, y por ello hay que destacar en primer lugar a los dos sepultureros, Juan Laborería y David Barrera, que dejaron en alto un último acto brillante en todos los aspectos. Otro tanto para el Marcellus de Josu Cabrero, el Horatio de Carlos Carzoglio o el Polonius cantado por el mexicano Alejandro López, varios debutantes en Oviedo que cumplieron.
Nuevamente reseñar el excelente trabajo del coro titular “Intermezzo” que dirige Pablo Moras en una obra con mucho peso y dificultades: cuerdas afinadas en todos los amplios registros, empaste y potencia exigida por la masa orquestal, escenas coreografiadas muy logradas, desde la fiesta báquica a la palaciega o el último cortejo fúnebre, y las voces graves como titiriteros, junto a una figuración excelente de Emilio Álvarez Gutiérrez, César Baragaño Esteo y Oskar Fresneda Uribe, sobremanera en la representación del “drama dentro del drama”, junto a los alumnos de la asturiana Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) Senén Menéndez Valera y Rafael Ordóñez Arce, pues todos juntos contribuyeron a redondear esta dramaturgia universal y atemporal donde el nivel homogéneo de todos prevaleció y enalteció los protagonismos en una escena convincente.
Dejo para el final la participación en el foso de la OSPA bajo la dirección de la francesa y debutante Audrey Saint-Gil, que pudo sacarle más provecho a una partitura extraordinaria por la orquestación de Thomas (que me recuerda a muchos compatriotas suyos), no solo acompañando a las voces, sin miramientos dinámicos, sino por la enorme cantidad de matices que encierra, llegando a asombrar al propio Chaikovski cuando la escuchó y enamorándose del sonido del saxofón (también protagonista en este “Hamlet”). Los maestros de la orquesta asturiana tienen calidad suficiente y demostrada para exprimirles en una interpretación que resultó suficiente pudiendo haber sido sobresaliente, aunque supongo que con las siguientes funciones vaya mejorando. Desconozco si el material musical de los editores y propietarios de la obra (Alphonse Leduc et Cie, Paris) están a la altura del original de Ambroise o bien que la directora francesa necesite más recorrido para “hacerse con la obra”, que demostró no sólo ser del gusto del público asturiano, también una verdadera gran ópera francesa merecedora de más representaciones ante la excelente acogida que tuvo en este estreno festivo.
Como última curiosidad volver a incidir en lo cansino que resulta el ya habitual “pataleo de la primera función” al discurso asturiano por la megafonía del teatro tras el castellano y el inglés, olvidando la mínima cortesía o educación, que por otra parte asombra al público que viene a Oviedo y pregunta la causa del triste espectáculo previo a cada representación (aunque menguando en decibelios en las siguientes). De las toses y móviles daría para toda una tesis doctoral, aunque no es privilegio de “La Vetusta del XXI” sino toda una pandemia.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 8 de diciembre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Hamlet” (de Charles Louis Ambroise Thomas, con libreto de Jules Barbier y de Michel Carré basado en la tragedia homónima de William Shakespeare); ópera en cinco actos estrenada en la Ópera de París el 9 de marzo de 1868. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
HAMLET: David Menéndez – CLAUDIUS: Simón Orfila – LAËRTE: Alejandro del Cerro – EL ESPECTRO DEL REY DIFUNTO: Javier Castañeda – MARCELLUS: Josu Cabrero – HORATIO: Carlos Carzoglio – POLONIUS: Alejandro López – PRIMER SEPULTURERO: Juan Laborería – SEGUNDO SEPULTURERO: David Barrera – LA REINA GERTRUDE: Béatrice Uria Monzon – OPHÉLIE: Sara Blanch.
DIRECCIÓN MUSICAL: Audrey Saint-Gil – DIRECCIÓN DE ESCENA: Susana Gómez – DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda – DISEÑO DE VESTUARIO: Gabriela Salaverri – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Félix Garma – DISEÑO DE VÍDEO: Rubén Rayán – COREOGRAFÍA: Mauricio Villa.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).
Recortes de prensa:

Oviedo es lírico

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Sábado 22 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Gala Lírica inauguración de la «Temporada del reencuentro» (Los Conciertos del Auditorio). Elena Pankratova (soprano), Riccardo Massi (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Arias y dúos de ópera.

Hace años que reivindico para Oviedo el título de «capital lírica» por sus temporadas de ópera y zarzuela, así como los muchos recitales de las mejores voces en concierto, bien camerístico o con orquesta. Y nada mejor para comenzar la llamada Temporada del reencuentro (Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano) que esta Gala Lírica donde el COVID19 nos privó de la prevista Ermonela Jaho pero presentó en Oviedo a la soprano rusa Elena Pankratova junto al tenor italiano Riccardo Massi y con una Oviedo Filarmonía (OFIL) y su titular Lucas Macías al frente.

Programa organizado como es previsible alternando las diferentes arias de tenor y soprano con un dúo cerrando cada parte, haciendo «descansos vocales» desde páginas instrumentales donde poder disfrutar con nuestra «orquesta de foso» que brilla aún más sobre el escenario. Porque la antigua OSCO creada para los festivales líricos y estos ciclos, así como alternar con la OSPA en las temporadas de ópera, daría su salto de calidad como OFIL a partir de F. Haider, caminó «adolescente» con M. Conti y con la llegada de Macías Navarro alcanzaría su mayoría de edad, el onubense dando un paso al frente para lograr una sonoridad propia, confiada, y con solistas de primera como pudimos comprobar este sábado lírico.

Interesantes los dos cantantes aunque hubiese momentos de trazo grueso pero con una selección de arias conocidas donde ambos dieron lo mejor de sí mismos, avanzando en musicalidad y matices no todo lo delicados que hubiésemos deseado, pues la orquesta detrás, y no abajo, requiere una emisión vocal de mayor proyección que en el caso de Massi no se equiparó a la Pankratova, sacrificando el italiano su mezza voce y optando la rusa por el poderío del volumen, fuerza que hacer perder intensidades dramáticas de buen gusto pero sobrevolando sin dificultad la masa sonora.

Globalmente me quedo con la OFil que se lució de principio a fin, desde una ágil por no decir vertiginosa Obertura de Carmen (Georges Bizet, 1838-1875) ejecutada con limpieza, seguridad y equilibrada en todas las secciones (al fin cuatro contrabajos y sobre podio para redondear los graves), la “Méditation” de Thaïs  (Jules Massenet, 1842-1912) con el extraordinario solo de la concertino Marina Gurdzhiya, todas en la primera parte, más el Preludio e Intermedio del sainete Diana cazadora o Pena de muerte al amor (María Rodrigo, 1888-1967) con el objetivo de programar obras de mujeres compositoras, y con ese piano final del virtuoso Sergey Bezrodny (hoy también al órgano), más un hondo “Intermezzo”, de Manon Lescaut (Giacomo Puccini,1858-1924) con el cello de Gabriel Ureña y la viola de Rubén Menéndez, ya en la segunda (con esa melodía que siempre me recuerda las notas «galácticas» de John Williams), lo mejor de esta orquesta ovetense en la gala lírica de apertura.

Los acompañamientos de las arias y dúos estuvieron a gran altura, exigiendo a las voces lo apuntado anteriormente, y de nuevo con lucimiento de los primeros atriles (bravo el arpa de Danuta Wojnar o el clarinete de Inés Allué) en una orquesta de la que Macías saca brillo, buenos balances y verdadera pasión en páginas que ya sonaron en el Campoamor pero que en el Auditorio adquieren la grandeza sinfónica.

El tenor Riccardo Massi eligió para Oviedo lo mejor de su repertorio: en la primera parte Massenet “Ah! Fuyez douce image” (Manon) mostrando un timbre redondo y poderoso aunque mínimamente calado en los agudos por el esfuerzo dinámico, mejor “Ah! Lève-toi, soleil” (Roméo et Juliette) de Charles Gounod (1818-1893), y más entonado además de confiado con una orquesta a la que se sobrepuso por potencia durante la segunda parte “A te, o cara”, (I Puritani) de Vincenzo Bellini (1801-1835) para redondear con su mejor aria del gran Giuseppe Verdi (1813-1901): “Giorno di pianto” (I vespri siciliani) que convenció por color, entrega y musicalidad.

La soprano Elena Pankratova posee un caudal vocal potentísimo en todo su amplio registro, si se me permite el calificativo, «típica voz rusa» con una proyección capaz de sobreponerse a una plantilla orquestal detrás, con buenos detalles técnicos y escena convincente donde no faltaron los «tics de diva» de imagen muy cuidada, jugando con distintos zapatos y sobrecamisas de gasa diferentes para un floreado conjunto hasta el paso al elegante color negro en el final de la gala.

Arias poderosas de bravura más que íntimas, Francesco Cilea (1866-1950) y  “Io son l’umile ancella”, (Adriana Lecouvreur), mejor Un ballo in maschera (Verdi): “Morrò, ma prima in grazia” (bravo el cello de Ureña) y el bellísimo dúo “Teco io sto / Gran Dio”, en «duelo de volúmenes» reposado, empastado y bien arropados por la OFIL; ganando enteros siempre con el inimitable, exigente y emocionante Giacomo Puccini (1858-1924) con una Turandot grandísima en todos los sentidos en el aria “In questa reggia”, y todavía más centrada y entregada con Pietro Mascagni (1863-1945), verismo puro donde “Voi lo sapete, o mamma” (Cavalleria Rusticana) nos dejó lo mejor de su color vocal y dominio técnico con una orquesta rotunda y explendorosa.

Y siempre Puccini para cerrar recital con el dúo de Tosca «Ah! Franchigia a Floria Tosca”, feliz conjunción  musical de voces y orquesta, que arrancó los mayores aplausos de un auditorio lleno para este estreno lírico de temporada.

Los regalos igualmente alternados del gran Puccini, primero el Calaf de Massi con el verdadero número uno “Nessun dorma” de Turandot, sentido aunque la nota final fuese más corta de lo que estamos acostumbrados, y Pankratova haciendo de Musetta con el vals “Quando m’en vo” de La Bohème con la risa surgida no sé si por olvido o miedo al agudo final tras el desgaste físico de toda la velada.

P. D. Curiosidades al descanso desde mi butaca: me aterroriza escuchar frases narrando sin pudor al teléfono, cual retransmisión social, como «Muy guay, veinte violines sonando como uno», «Qué heavy», y «No escuchas, qué caos» mientras algunos músicos afinaban. Todo sea por un público joven cuyo pobre vocabulario me rechina cada vez más. Serán los años o mi deformación profesional de docente jubilado.

Recortes de prensa:

Asturias ópera universal

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos, recortes de prensa y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) lleva media vida, con su ópera «La dama del alba» de la que los primeros esbozos datan de finales de los 80 (aunque fechada entre 1991 y 2003), que al fin se ha estrenado este domingo once de septiembre para inaugurar las Bodas de Platino de la Temporada de Ópera de Oviedo. Mi admirado Luis ha sido y sigue siendo no solo un docente y pianista de referencia sino también uno de nuestros compositores más activos y relevantes del panorama musical desde hace más de medio siglo, con repertorio y obras que abarcan prácticamente todos los géneros y estilos, desde la adaptación y asimilación de material folclórico hasta la música indeterminada. El libreto, también suyo, inspirado en la obra de teatro homónima del escritor asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965), es un drama rural escrito en 1944 durante su exilio bonaerense y estrenado en la capital argentina el 3 de noviembre de ese año, nada menos que por Margarita Xirgu junto a Alberto Closas, Susana Canales y Amelia de la Torre, verdaderas figuras en la memoria de muchos de mi generación.
La obra teatral comienza «En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo» dejando claras las intenciones de Casona y del propio Vázquez del Fresno: el dónde para configurar un espacio dentro del imaginario colectivo pero no el cuándo que apenas importa, en cualquiera de nuestras «aldeas» pues Asturias siempre es inspiradora desde el exilio, sea físico o interior, con la lucha del amor como fuerza más poderosa que la muerte entre el vigor de la naturaleza que todo lo invade, energía y música vital contra el dolor y la acechanza de la parca seductora que no pierde vigencia en este “Paraíso Natural” además de atemporal, bien llevado a la escena por otro asturiano universal como Emilio Sagi en tándem con Daniel Bianco más la iluminación de Albert Faura, un auténtico acierto que encumbra este teatro cantado, conjunción de lo real y lo onírico en un bosque de robles otoñales y estivales, todo un éxito que arrancó grandes ovaciones.
La música del compositor no solo realza la prosa poética del dramaturgo de Cangas de Narcea, eliminando escenas y diálogos pero manteniendo lo esencial, siempre respetando los textos a base de motivos reconocibles y pegadizos cual leit motiv o idea fija desde sus años de formación parisina, evocando las notas de la melodía asturiana “sal a bailar buena moza” que encajan perfectamente en la letra que Casona pone en boca de sus personajes, también la orquesta, de plantilla amplia con gran percusión e incluyendo también piano, arpa o saxofón y hasta efectos sonoros, forma parte de la propia acción completando momentos de tensión o remanso con un estilo propio que bebe de todo tipo de recursos donde no falta un toque cinematográfico de musical. En este sentido la OSPA fue tan protagonista como las voces para una partitura realmente compleja y muy exigente para todos, especialmente para todo el elenco vocal que apenas tenía referencias, con tesituras extremas donde los graves no siempre resultaron suficientemente audibles pero que el maestro avilesino Rubén Díez siempre intentó mantener el equilibrio entre foso y escena, volcado en este estreno que puso a prueba cada intervención, destacando la obertura y un hermoso interludio del segundo acto muy aplaudido, que marcaba el cambio del invierno al verano tras las siete lunas.
De la parte vocal quiero comenzar destacando al coro titular dirigido por Pablo Moras, con mucha participación fuera de escena que supone un hándicap, contestando la acción como flotando, pero solventado con éxito y mucho ensayo previo, y no digamos su presencia protagonista como aldeanos en la Noche de San Juan o al final de la obra verdaderamente emocionante. Voces muy trabajadas y homogéneas junto a una escena que redondeó este estreno.
También importante el papel que desempeñan los niños: Ruth González como Dorina, con más protagonismo y un color natural perfecto para su rol, más Andrés y Falín cantados por Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego de la Escuela «Divertimento», verdadera cantera infantil con una profesionalidad digna de admiración (aportando los dos repartos).
Lo más destacable de la ópera es el papel de la omnipresente muerte, “La Peregrina” que Vázquez del Fresno escribe para contratenor, una voz sugerente para la ambigüedad, de una carga dramática reflejada en su partitura con la que Mikel Uskola hubo de luchar toda la obra, especialmente en los graves poco audibles, pero compensado por los momentos de ternura como la escena con los niños. Inconmensurable su trabajo y entrega pese a su juventud, que se cura con los años, y la voz también.
Son los personajes femeninos sobre los que pivota el grueso de la acción aunque los masculinos sean el contrapunto necesario, elegidos todos en tesituras “clásicas” pero también por los distintos colores, comenzando por el abuelo de David Lagares con un peso escénico y vocal importante que el bajo onubense defendió con solvencia y buen cuerpo, el breve y efectivo Quico del tenor asturiano Juan Noval-Moro con volumen más que suficiente, y el complejo Martín del tenor uruguayo Santiago Vidal que fue de menos a más como su personaje, destacando su dúo con Adela de la escena undécima.
Las mujeres de aldea, duras, matriarcas, también tuvieron que bregar con registros no siempre cómodos y líneas de canto exigentes, luchadoras como sus personajes, comenzando con dos mezzos: la sufrida Telva de la bielorrusa y asturiana de adopción Marina Pinchuk que pasa del dolor por la pérdida de sus siete hijos en la mina (escenificados por robles) a la emoción con los niños o la complicidad con el ama y con Adela, bien reflejado en sus intervenciones; la apenada, esperanzada y finalmente convencida aunque dolorosa madre de Sandra Ferrández, papel menos agradecido pero lleno de matices con momentos de calidad y complicidad en sus dúos.
Y quedan las sopranos: Beatriz Díaz, la más internacional de las nuestras, encarnó a una Adela de tesituras extremas y no siempre agradecidas, poderosa en los agudos, pianos sobrecogedores, gusto en la escena con los niños, entrega total en el dúo con Martín y una línea de canto segura pese a unos graves demasiado exigentes, explotando su ya conocido potencial sobre escena; breve pero igualmente entregada e intensa la Angélica de la pacense Carmen Solís, desgarradora, plena de intensidad vocal y emocional, con color parecido a quien Martín la supliría en su corazón, otro acierto en la elección del elenco.
Estreno esperado de casi tres horas, con una primera parte algo lenta, como la espera de la parca que ahuyentó a parte del público, y la luminosa segunda donde fuimos reconociendo los motivos para llegar al final por todo lo alto con el Campoamor, de gala para este regalo de cumpleaños, aplaudiendo largamente esta ópera de nuestro tiempo y a todos los que hicieron posible esta “Dama de Luis” con un compositor feliz de ver cumplido un sueño. Y mi felicitación para la ópera ovetense por seguir programando obras actuales en la temporada de los 75 años.
El martes 13 asistiré, si nada lo impide, a la segunda función para escuchar y volver a disfrutar con esta obra de mi tiempo por voces de hoy para el futuro.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 11 de septiembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: Estreno mundial “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno con libreto inspirado en la obra de teatro homónima de Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: David Lagares; TELVA: Marina Pinchuk; MADRE: Sandra Ferrández; ADELA: Beatriz Díaz; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: Carmen Solís; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Irene Gutiérrez*; FALÍN: Gabriel Orrego*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); *Escuela de Música “Divertimento”.

La historia al fin cantada

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

 
Reseña para La Nueva España del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), recortes de prensa y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Estreno mundial para las Bodas de Platino de la ópera ovetense con esta dama universal de Alejandro Casona contada al fin por Luis Vázquez del Fresno, y cantada por un elenco bien elegido en color y tesitura sobre esa escena de Emilio Sagi que entiende como pocos el “teatro cantado”.
Todo un equipo desde Asturias al mundo, como así la sintió desde el exilio argentino Casona para redondear este regalo de cumpleaños apostando por esta obra esperada tras toda una vida musical como la del gijonés Vázquez del Fresno, escrita desde un estilo propio con una madurez musical envidiable, exigente para todos los intérpretes por los registros extremos, agudos al límite y graves difíciles de escuchar, pero con el objetivo cumplido de cantar esta historia de todos conocida donde texto y música se suman para una acción lenta como la espera peregrina.
Campoamor de gala con presencia de autoridades y cargos públicos, de artistas en las butacas compartiendo emociones con familiares de Casona y Luis, junto a la siempre entendida y fiel afición que atesora mucha experiencia lírica labrada desde aquel 1947, todos llenando este domingo histórico pleno en ilusión y esperanza.
Grandes actores pero sobre todo actrices: solistas y coro, cantando al amor y la muerte, sintiendo esa lucha vital, con una OSPA subrayando magistralmente los textos y llenando la acción sin palabras contando con una amplia plantilla de calidad contrastada en un intermedio muy aplaudido, orquesta colorida además de segura desde el foso, bajo la dirección concienzuda del avilesino Rubén Díez, detallista, atento, mimando las voces en una escena tan nuestra y atemporal como nuestro ovetense Sagi junto a Daniel Bianco sumando la extraordinaria iluminación de Albert Faura que resaltó y encumbró esta ópera de difícil asimilación para muchos de los presentes pero plena de simbolismos y colores (como los siete robles en memoria de los mineros muertos, hijos de Telva).
Destacable el trabajo e implicación de todo el elenco vocal, desde esta Asturias universal, de adopción o nacimiento, transmitiendo la magia lírica, personajes reconocibles hasta en los nombres, reales y ficticios.
Interesante contar con el contratenor Mikel Uskola como Peregrina, gran acierto del compositor (quien pensó originalmente en Carlos Mena) en un rol complicado, algo opaco en el grave (como casi todas las voces), omnipresente y exigente pero también emotivo, especialmente en el conjunto con los tres niños: Dorina, Ruth González, la más protagonista, junto a Falín y Andrés, Gabriel Orrego e Irene Gutiérrez (bravo por esas voces de la Escuela Divertimento).
Impecable el abuelo de David Lagares rotundo y emocionante junto a la Telva de Marina Pinchuk defendiendo su papel con calidad y calidez.
Poderío escénico de la madre Sandra Ferrández, vocalmente exigente (para todos) y la pareja de sufridos enamorados, Adela y Martín, en las bellas voces de Beatriz Díaz siempre entregada y completa en su actuación, junto a Santiago Vidal capaz de completar registros contradictorios bien resueltos en cada intervención, con dúo cargado de emociones además de buen empaste.
Breves papeles pero necesarios los de Quico por Juan Noval-Moro claro e incisivo además de sobrado en volumen, y la Angélica de Carmen Solís resolutiva, plena, desgarradora y volcada en intensidad.
Más otra ovación para el Coro “Intermezzo” de Pablo Moras, solvente fuera de escena, flotando y contestando la acción, e impresionante como pueblo en la mágica noche de San Juan, danza prima incluida.
Éxito en este esperado estreno con mujeres protagonistas para las bodas de platino de nuestra ópera carbayona más universal que nunca desde la Asturias mágica y atemporal.

Juan Durán en femenino plural

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JUAN DURÁN: «(di)Versos Femeninos». NURIA LORENZO, mezzo; ALEJO AMOEDO, piano. Sello RDC; referencia MG-2201.

El compositor Juan Durán Alonso (Vigo, 19/09/1960) de amplio y variado catálogo, miembro de la denominada «Generación de la apertura» y fundador de la Asociación Gallega de Compositores en 1987, encuentra en la poesía un camino propio en lo que podríamos llamar el «lied actual», voz y piano donde la música engrandece unos textos siempre bien elegidos, aunque en esta última grabación no vengan incluidos (sí en el programa del pasado 8 de mayo de 2021 en Homenaje a las víctimas del Covid celebrado en Nigrán, donde interpretaron las obras aquí grabadas), con dos intérpretes también pontevedreses.
En un formato poco habitual, este disco grabado en el Auditorio Municipal Carmen Estévez de Vilalba (Lugo) el 6 de junio de 2021, recoge diez canciones de seis poetisas (hoy parece que se debe escribir poetas) musicadas con anterioridad y ahora en la voz de la mezzo Nuria Lorenzo con el piano de Alejo Amoedo, un dúo de larga trayectoria para unas partituras de protagonismo compartido como así se debe entender, conocedor Durán del registro vocal y color de una cantante poderosa en timbre, carnoso, de buena dicción, microdramas sentidos en su escritura global. Sumemos un pianista perfecto complemento musical y subrayando el ambiente de cada poema, sugiriendo, remando en la misma dirección de presencia justa y equilibrada con la voz en todas sus diversas expresiones. El resultado es otra aportación de Durán a un repertorio que crece y donde los compositores actuales encuentran el vehículo idóneo para dar a conocer este formato de salón, ideal en las salas camerísticas.
Cada una de las obras están perfectamente analizadas en la parte musical por el siempre docto y ameno Arturo Reverter, otro pontevedrés de pro para redondear una grabación que bien podría llevar la etiqueta de «Galicia calidade«. Me limitaré a esbozar mis impresiones de cada uno de los diez cortes, destacando la calidad de la toma de sonido amén de los propios intérpretes, y el universo poético de Juan Durán, nuevamente acertado en la fusión poesía y música, lírica en estado puro y cercano con este dúo vigués.
1. Julia Uceda (Sevilla, 1925): Antígona. La poesía de la andaluza es música en cada verso y el compositor vigués evoca aires románticos cual aria de fuerza en la voz rotunda de Nuria y el piano apasionado de Alejo.
2. Alfonsa de la Torre (Cuéllar, Segovia, 1915-1993: Engrandecí con lágrimas, nostalgia preparada al teclado y continuada con unos fraseos vocales de los versos, creciendo en intensidades contenidas, jugando con la métrica tan musical como los propios pentagramas con un final perdiéndose.
3. Alfonsina Storni (Capriasca, Argentina, 1892-1938): Versos a la tristeza de Buenos Aires, la saudade o mejor «morriña» desde ambos lados del Atlántico, el hermanamiento del emigrante sentido desde Galicia con los aires del tango universal que la voz grave y profunda de la mezzo interpreta arropada por un piano muy bien tratado, dibujando y vistiendo de salón de baile esa tristeza intrínseca de la siempre recordada Alfonsina.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885), «Tríptico rosaliano«: 4. Cada noite eu chorando pensaba; 5. Tecín soya a miña tea; 6. Lúa descolorida, con explicación en vídeo del compositor, así como la interpretación por Nuria y Alejo, la expresión del pueblo gallego, tradición y canción como las cantigas a modo de «lied gallego». La primera acunando los versos desde el piano que hasta en los silencios subraya ese sentimiento de tristeza. Poder pasar del andar al bailar lo consigue la siguiente, el piano abre el paso calmado que prosigue la voz casi de puntillas, amplios escalones desgarrados desde el canto casi imperceptible que crece en intensidad emocional y aire hasta esa danza culminando sentimientos hechos música. Para concluir, la delicadeza iniciada desde el teclado que prepara una melodía fraseada con esos versos de la gran Rosalía aún más etéreos con los arpegios del piano realzando la voz cuidada además de matizada con gusto y un color propio.
7. Marica Campo (Val do Mao, O Incio, Lugo, 1948): Baixei ao teu amor. Un torbellino de emociones plasmadas tanto en el poema como la propia escritura musical, un inicio pianístico brillante preludio de la aparición vocal que toma vuelo, nostalgias gallegas, cambios de tempo ayudando a reflejar un amor atemporal. Un piano digno de sonar solo que en este caso la voz completa estas palabras tan musicales e introvertidas como esta séptima canción del disco.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile,1889-1957), «Tres poemas de amor y ausencia«: 8. Vergüenza; 9. Ausencia; 10. Balada. Cierre poético también con la magia del tres, primero rítmico y animado, melodía casi de bolero con piano, diálogo vocal e instrumental bien entendido. Otro ambiente presenta el segundo poema, protagonismo de Alejo en solitario desde una introducción íntima, casi recordándonos a Schumann, después Nuria casi recitando sobre unos pocos acordes en rubato, paréntesis que reflejan esa ausencia rellenada con versos que animan el desarrollo en intensidad siempre contenida por parte de los dos intérpretes. Para cerrar ciclo y disco una balada, «es una forma de expresar el canto cortesano del final de la Edad Media en Europa, que aparece en el siglo XIV. La poesía es disociada de la música, pero la musicalidad es creada en la escritura misma del poema»; con esta definición de la socorrida Wikipedia© entiende Durán el poema de la chilena, contratiempos sudamericanos, melodía brillante con acompañamiento muy apropiado y también en solitario, aires de danza que empujan la canción hasta un final luminoso.
Un disco para escuchar y leer esos (di)versos que Juan Durán vuelve a engrandecer y nos han dejado  grabado para guardar esta pareja de largo recorrido y experiencia: la mezzo Nuria Lorenzo, ideal en color y tesitura además de sentimiento, con el pianista Alejo Amoedo, solvente en las partes solas y riguroso en la vestimenta necesaria de la voz. Y muy recomendable el directo donde poder disfrutar de esta nueva aportación a nuestra «canción de concierto».
P.D. La foto de portada es de Xoan Piñón; el técnico de sonido Pablo Barreiro y el diseño de Antonio Cid.

Los dos Emilios

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Miércoles 15 de junio, 19:30 horas. Club de Prensa «La Nueva España». Coloquios 75 años de Ópera en Oviedo (1948-2023):
“Emilio Sagi y Emilio Casares, dos sabios asturianos en la lírica mundial”.
La próxima temporada de ópera de Oviedo cumplirá sus 75 años ininterrumpidos de historia, de los que quien suscribe lleva 51 (cuando venía de Bilbao los Barosi y cía acumulando 6 funciones en 12 días). Por ello se han organizado este mes de junio tres conferencias, esta de hoy miércoles más los días 20 y 28 del presente mes, algo alejadas de septiembre que supone, como siempre el pistoletazo de salida, pero congregando a buen número de aficionados asturianos así como a varios de los directivos de la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera y Fundación Ópera de Oviedo, organizadores la temporada, con su presidente y director general y artístico a la cabeza, así como Mario Arias, segundo teniente de alcalde municipal.
Nuestros dos Emilios, Casares y Sagi, tan unidos a Oviedo, mantuvieron una conversación sobre los principales puntos de interés de la ópera a través de la historia y de la ópera en la actualidad con Alicia Suárez Hulton, periodista responsable de comunicación de Ópera de Oviedo, como moderadora. Interesantes siempre las aportaciones de ambos porque tienen a sus espaldas no solo un amplio currículum sino también haber sido los impulsores de la efervescencia musical de nuestro Principado desde sus ámbitos, sembrar en aquellos finales de los 70 e inicios de los 80, los Festivales de Música y Danza para ver crecer una afición que sigue manteniendo a Oviedo como capitalidad musical, como bien recordó el profesor Casares con datos que nuestro añorado Luis G. Iberni recogió manteniendo la proporción entre la población y los eventos musicales, siendo Zaragoza la última de ese ranking.
Emilio Sagi os adelantó algún detalle del próximo estreno mundial de La Dama del Alba de Luis Vázquez del Fresno con quien aún continúa cerrando la escenografía de la que será director, en colaboración con Daniel Bianco en el diseño de la misma, así como en el vestuario de Susana de Dios, ambientación de postguerra con decorados asturianos para una música de nuestro tiempo de la que avanzó tener arias increíbles y partes orquestales muy interesantes.
Emilio Casares siempre en su línea, recordó la importancia de la educación musical en nuestro país, olvidada por los políticos salvo el «paréntesis» de los 70 cuando logró implantar en el recordado BUP esta materia con el primer libro de texto suyo, «el verde» de la editorial leonesa Everest tras una noche por el Húmedo que sin creérselo nos devolvería la enseñanza musical a aquel floreciente bachillerato unificado. Pesimista ante los tiempos actuales, crítico y certero con la situación, también de la ópera, donde quedan aún cientos de títulos por representar y que al menos no se puede hablar de crisis aportando datos del siglo XIX con el ejemplo de Cádiz o Toro, historias que llegarían hasta la República y los posteriores años de dictadura, repasando incluso el papel que jugaron los conservatorios, o el dominio italiano que siempre ha vendido mejor que nosotros su producto estrella, en este caso la ópera, así como el nulo interés de nuestros políticos por la música, que además sigue empeorando.
También Sagi desde sus distintos puestos de gestor y escenógrafo, aprovechó para defender nuestra lírica y la necesaria actualización de los libretos, pues son fruto del momento que nunca es igual, para recordar el Londres de juventud con Pepa Ojanguren al que volverían años después de camino a Cardiff, reconociendo que ya no era igual porque ellos tampoco, paralelismo con el Oviedo que todos vivimos y el actual. Nosotros sí vamos cambiando…
Interesantísimas las aportaciones para dotar a la Ópera de Oviedo de personalidad propia, no hacer lo mismo de «otras», poniendo de ejemplo el Wozzeck nunca representado aquí y ahora por partida doble en Barcelona y Valencia, o una Lulú, apostillando Casares los costes de esas producciones (más barato pagarles viaje y estancia a París) y cómo lo de Oviedo es un auténtico milagro.
Por supuesto se trató la necesidad de captar nuevo público sin echar al actual, desde un punto de vista didáctico, como el alabado Proyecto Zarza de muestra, y sabiendo programar para ellos, la música tanto en casa como en la educación, que parecer ser un hueso duro de roer a la vista de los momentos actuales, recordando Sagi sus tiempos de profesor en un colegio femenino religioso donde a la hermana melómana se le ocurrió «programar» una Suor Angelica nada apropiada a las adolescentes del momento, y que por cierto, nunca ha llevado a la escena.
Casi dos horas con semejante pareja de «sabios» que pasaron volando, anécdotas de cada Emilio siempre sabrosas, algunas intervenciones del público con debate y el deseo compartido de mantener la actividad musical en esta «capitalidad musical» ovetense que tiene ópera, zarzuela (la única temporada junto a Madrid), sociedad filarmónica, dos orquestas, jornadas de piano y ciclos variados. Cierto que haría falta más teatro, pero como bien recordó Sagi, la ópera como la zarzuela es «drama en música», «comedia en música», representación… Mañana lo podré comprobar y contar desde aquí con el estreno en Oviedo de María Moliner.

Clausura de «Champions»

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Sábado 28 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Olga Kulchynska (soprano), Emily D’Angelo (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Arias y dúos de ópera.

Tras la cancelación por enfermedad de la directora Yue Bao, Vincenzo Milletarì (1990) se puso al mando de la gala lírica con la que este sábado se clausuraba la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos voces muy interesantes como la soprano ucraniana Olga Kulchynska (1990) y la mezzo canadiense Emily D’Angelo (1994) que nos dejaron una velada de altura para un público entusiasmado. No olvidemos que Oviedo, «La Viena española», es especialmente amante de la ópera, y si en el foso la OFil es seguro de calidad, en escena, con un director italiano muy gesticulante pero siempre claro, teniendo que «adoptar» un programa ya definido, estaba claro que la despedida era de «Champions» como muchos madridistas presentes, incluso algún móvil sonando siempre en los peores momentos.

Gala lírica organizada con arias de ambas voces, dúos y oberturas para cada inicio, ópera mayoritaria pero también zarzuela como era de esperar en una ganadora del Francisco Viñas de 2015 y otra de Operalia en 2018, con páginas conocidas que las cantantes tienen ya muy trabajadas tanto en recitales como sobre las tablas, lo que aseguraba un éxito previo corroborado a lo largo de una velada que fue de menos a más.

Las obertura de La gazza ladra (Rossini) a pesar de las siempre vulnerables trompas que remontarían vuelo posteriormente, puso a prueba las agilidades y limpieza de una orquesta a la que vendrían bien más violines pues el resto estuvo bien compensado con el acierto de poner tarima a los contrabajos para conseguir una sonoridad más rotunda.

Aunque el barroco no sea el fuerte de la orquesta ovetense, estuvo bien comenzar con Claudio Monteverdi y el dúo Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» para comprobar que las dos voces femeninas empastaban a la perfección aunque la soprano parecía volar más alto que la mezzo (ya estamos más habituados a los contratenores) con unos volúmenes algo tapados pero de estilo correctamente cantado por ambas.

Mozart siempre tiene el engaño de su aparente facilidad escondiendo auténticas arias de exigencias vocales verdaderamente exigentes. Del «Così fan tutte» primero escuchamos a Olga Kulchynska un Come scoglio brillantemente interpretado con unos graves poderosos desde un color bello unido a una técnica prodigiosa, y otro tanto del dúo Prenderò quel brunettino con Emily D’Angelo de nuevo más musical y una línea de canto idealmente homogénea.

Salto a la Francia hoy capital futbolística con tres páginas que no pueden faltar, primero y alternando el orden del programa, una musicalmente agradecida canadiense y su Mon coeur s’ouvre a ta voix de «Sanson y Dalila«, una joya de Saint-Saëns a la que los volúmenes orquestales no impidieron escuchar una línea de canto muy sentida con la excelencia de la madera y un arpa brillante, a lo largo de la gala, de Danuta Wojnar. Después Gounod de su «Faust» el aria de las joyas, O Dieu! Que de bijoux para todo el lucimiento de la soprano ucraniana que pese a no estar «mimada» por Vincenzo Milletarì, más preocupado de encajar que de matizar, mostró su gusto y poderío vocal.

Y nada mejor para cerrar esta primera parte que el famoso dúo de «Los cuentos de Hoffmann» de Offenbach, la Barcarola con apariciones enfrentadas de las cantantes convergiendo en el centro,  orquesta inspirada y bien llevada por el italiano, voces con diferentes volúmenes no ya por tesitura, pero de empaste correcto pese a un color similar en ambas de tesituras tan distintas. Lo bisarían al final del concierto.

Tras el descanso la OFil sacaría lo mejor de su versatilidad con la Polonesa de «Eugene Onegin», sinfonismo de altura del gran Tchaikovski para una ópera no muy representada, tempo exigente al que respondieron todas las secciones antes de dejarnos lo mejor del bel canto como son «I Capuleti e I Montecchi» de Bellini que la canadiense pero especialmente la ucraniana, tienen en su repertorio, cambio de vestuario y más interpretación que en la primera parte, comenzando con el aria de mezzo Ascolta! Se Romeo t’uccise un figlio que D’Angelo «destroyer» masculinizada recreó con fuerza y gusto antes del recitativo y aria Eccomi…oh quante volte, personalmente lo mejor de la gala, con el trompa solista perfecto y una Olga Kulchynska que hizo poner la carne de gallina al respetable, filados, proyección, afinación y dominio completo del rol.

No se quedó atrás el dúo Si, fuggire, a noi non resta disfrutando de estas voces jóvenes que ya están triunfando en los más afamados teatros mundiales, más equilibrio de volúmenes y mejor balance orquestal para esta ópera que tengo entre mis referentes.

Y otra aria para disfrutar, más aún en la voz de «la Kulchynska», la bellísima Canción a la luna de «Rusalka» (Dvorák) con una orquesta perfecta, el arpa tan divina como la ucraniana, más un Milletarì cada vez más cómodo con todo, el punto álgido de esta gala.

La presencia de la zarzuela vendría con «La D’Angelo» que bordaría la romanza de «El barquillero» (Chapí) tan poco escuchada, Cuando está tan hondo, con una pronunciación muy trabajada y muy adecuada elección para esta voz de mezzo con agudos y medios potentes que sumados a la musicalidad y entrega de la que dio muestra a lo largo de este recital, remataría el programa antes de las dos propinas.

Tras bisar la Barcarola, las dos cantantes compartieron Chapí con la conocida romanza de «Las hijas del Zebedeo», donde sin entrar en triunfadoras y con un tempo muy ágil, la mezzo canadiense demostró una tesitura ideal para ella frente a la comodidad vocal y de amplio registro de la soprano ucraniana, con un duelo de ornamentos «ad libitum».

Buen cierre en un Oviedo lírico por naturaleza con dos jóvenes cantantes a las que no debemos perder el rastro porque son las voces de este siglo que ya piden paso.

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