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Preparando el Turandot palaciego

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Ayer en el decimotercer día del Festival de Granada, lunes 3 desde las 18:30 horas, y antes de acudir al concierto de Javier Perianes, me escapaba una tarde de bochorno hasta el Colegio de Arquitectos de Granada para asistir a la conferencia organizada por la Asociación de Amigos del Festival sobre el Turandot que ya disfrutan en el Teatro Real de Madrid, y en versión concierto -mejor, leyendo sobre la primera función– viajará para que la disfrutemos en el Palacio de Carlos V el próximo día 12.

Con una buena entrada en el salón de actos bien acondicionado, donde no faltó una limonada y hasta varias tartas de queso caseras, todo exquisito, el acto lo presentó Francisco de Asís Muñoz Collado, presidente de la Asociación de Amigos del Festival antes de entrar en materia, más que conferencia toda una clase magistral a cargo de Ricardo Molina Oltrá, profesor, ingeniero y humanista granadino, creador del blog operanostra.co, verdadero apasionado y erudito aunque confesase haber «llegado tarde» al mundo lírico.

Dos horas de clase amena, trufada de humor elegante y punzante, con audiciones y vídeos bajo el título «Turandot: la última ópera de Puccini», centrada primero en la figura del último operista italiano, sus contemporáneos, el entorno histórico para centrar y contextualizar mejor al autor, antes de ahondar en su obra póstuma e inacabada, Turandot. Con un breve descanso, como en mis clases de facultad para echar un cigarrillo (al igual que Puccini pero esperando no terminar como Don Jaime), el profesor Molina ya nos metería de lleno en esta joya del compositor de Lucca, recuerdo obligado a la «Commedia dell’Arte», anécdotas, personajes y hasta homenajes para esta maravillosa ópera tan suya y tan distinta a las anteriormente compuestas, con la curiosidad de que todas ya habían sido escritas por otros a lo largo de la historia aunque el lenguaje y libretistas serían únicos recordando más las del italiano que ya han pasado a la posteridad.

No faltaron las «presentaciones» del casting que vendrá a Granada, destacando a «La Pirozzi«, Jorge de León, o la más conocida como rossiniana la georgiana Salome Jicia como»Liù» (tras cancelar Nadine Sierra), el personaje más pucciniano, ilustrado con distintas audiciones y vídeos históricos.

Todo un curso condensado en una lección magistral sobre un tema que daría para más de un mes de clases ininterrumpidas, no ya por la información ofrecida sino por la pasión que el profesor Molina transmite desde el conocimiento profundo de un mundo único que nos ha cautivado a tantos.

Más zarzuela por favor

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Martes 27 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Universo Vocal”, Gala lírica I: María José Moreno (soprano), Carlos Álvarez (barítono), Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), José María Moreno (director). Obras de ópera y zarzuela. Fotos de Fermín Rodríguez.

 

Crítica para Ópera World del jueves 29, con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
El maestro Arturo Reverter titula las notas de esta primera gala lírica del Festival «Sustancia lírica de dos voces andaluzas» donde disecciona cada página que escuchamos, y todo ello organizado como es habitual en estos recitales con dos partes separando ópera y zarzuela, suma de arias y romanzas, dúos y números orquestales, todas obras archiconocidas pero siempre agradecidas de escuchar. La Danza Española nº 5 de Granados, conocida como “Andaluza”, tiene como añadido una poesía de Luis Muñoz Lorente que refleja en parte el espíritu siempre inspirador para compositores e intérpretes de todos los géneros y estilos en esta tierra del sur que en parte siento mía:
“¡Mi Andalucía! Rojo clavel de un gran vergel
Alma de España que guarda en su entraña amor,
Es el sonar de tu cantar copla de amar”.
Sabor andaluz con la soprano granadina María José Moreno, el barítono malagueño Carlos Álvarez con la orquesta de su ciudad sumando al titular desde la temporada 2020-21 José María Moreno, un mallorquín a la batuta uniendo para esta gala sentimientos mediterráneos aunque la música siempre sea universal y no conozca fronteras, triunfando lo nuestro.
La Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) dista mucho de la que disfruté hace años en la capital de la Costa del Sol con Manuel Hernández Silva al frente tanto en conciertos sinfónicos como en recitales y ópera. Desconozco los cambios habidos en estos años, pero en esta gala granadina adoleció de brillo en los violines, echando de menos más entendimiento entre las distintas secciones, con alguna inexactitud imperdonable para estos profesionales junto a la necesaria sonoridad global que pecó de oscuridad con desajustes variados en pasajes demasiado conocidos donde se apreciaron estas carencias.
El maestro Moreno pese a los esfuerzos y gestos por momentos demasiado exagerados, tampoco tuvo la respuesta exigida desde el podio ni en las partes orquestales, caso de las oberturas operísticas o en los preludios e intermedio de zarzuela, ni en las acompañantes de las voces, no siempre mimadas estando en el mismo plano sonoro, y por momentos con la sensación de ir “a remolque” que fue más que evidente aunque la batuta luchó por encajar y enderezar lo que cojeaba. Lástima que páginas de tanta enjundia como el Preludio de El tambor de granaderos (1894) de Ruperto Chapí (1851-1909) la percusión no estuviese presente y marcando con decisión, o el conocidísimo Intermedio de La boda de Luis Alonso (1896) de Gerónimo Giménez (1854-1923) que hubiese necesitado más limpieza en la ejecución de la OFM e incluso pausar un poco los tempi para disimular estas carencias globales.
En la parte vocal los artistas brillaron en algunas páginas solistas, empastaron bien en los dúos y resultaron mucho mejor en la parte dramatizada o escenificada que en la lírica, siendo necesarias ambas aunque no podemos negar su profesionalidad y conocimiento de sus intervenciones, todas bien interiorizadas aunque evitasen notas agudas, las buscaran con diferente resultado, o incluso las obviaran.
Los dúos elegidos por María José Moreno y Carlos Álvarez fueron desiguales en el resultado vocal y global. De los operísticos, Mozart bien de color y equilibrio dinámico, especialmente Don Juan con Zerlina en “Là ci darem la mano” y sobre todo Donizetti “La voilà, la voilà…” de La fille du régiment (1840) que resultó lo mejor de la primera parte por interpretación y escena, con la OFM más balanceada con ellas.
De las zarzuelas, Federico Moreno Torroba (1891-1982) con Luisa Fernanda (1932) es una obra completa vocalmente, y en el dúo de Carolina y Vidal “Para comprar a un hombre” el color de Moreno y Álvarez fue ideal, con buena química entre ambos, luciéndose más el malagueño que la granadina, mientras en el que cerraría recital, el mejor y popular Pablo Sorozábal (1897-1988) de La del manojo de rosas (1934) con un tempi no muy cómodo para “Hace tiempo que vengo al taller”, al menos la calidad de ambos solistas prevaleció y nos recordó los buenos momentos sobre la escena.
Individualmente María José Moreno ha ganado en corporeidad y sus agudos no son tan incisivos, con un color ideal para las arias operísticas de esta velada, aunque el grave pierda algo de volumen, más si la orquesta tampoco mimó los matices. Las agilidades fluyen bien aunque las respiraciones rompan un poco la línea melódica buscando el ataque preciso. De las conocidas romanzas de zarzuela, Moreno optó más por asegurar los agudos que por la expresividad, que intentó jugando con unos tempi que la OFM no siempre encajó con ella. Con todo, la soprano granadina va asentándose con un registro que, de acertar en la elección de los roles, la mantendrá muchos años en escena, y su entrega dramática en esta gala fue lo más destacable.
Carlos Álvarez lleva años siendo un barítono importante e imponente sobre la escena. En este “universo vocal” hizo gala de sus tablas y veteranía, el timbre propio y corpóreo de amplia proyección. En la ópera total dominio mozartiano junto a la expresividad donizettiana, mientras que en nuestro género lírico es una voz que eleva el nivel esperado y exigible para exportar la zarzuela más de lo que hacemos. Abriendo la segunda parte, Pablo Luna (1879-1942) y la canción de Manacor “Qué me importa ser judío” de El niño judío (1918) rescata del olvido esta romanza única que el malagueño interpretó con toda su sabiduría. Otro tanto con páginas que triunfan solas más que la propia obra donde se incluyen, caso de la Jota de Perico, de El guitarrico (1900) aunque “amoldada” desde las tablas en una versión particular, puede que otro ejemplo de páginas solistas que triunfan más que la propia zarzuela de Agustín Pérez Soriano (1846-1907).
Desde Granada venció nuestro género por excelencia con dos voces andaluzas que fueron muy aplaudidas, quedándonos con ganas de una propina a dúo, que para sorpresa sería el Preludio de La Revoltosa de Chapí  ¡finalizando con una obertura! y esperando de este “universo vocal” al menos escuchar a Felipe y Mari Pepa aunque fuesen con acento propio. La OFM con el director mallorquín mantuvieron las sensaciones ya comentadas, debiendo pedirles interpretaciones con igual calidad que la escrita y con tantos referentes en nuestra historia lírica.
FICHA:
María José Moreno, soprano – Carlos Álvarez, barítono – Orquesta Filarmónica de Málaga – José María Moreno, director
Programa
I
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):
Obertura de Le nozze di Figaro (1786)
Crudel! Perché finora (duetto Conte-Susanna)
Hai già vinta la causa (aria Conte)
Crudele!…
Non mi dir (aria Donna Anna), de Don Giovanni (1788)
Là ci darem la mano (duetto Don Giovanni-Zerlina)
Gaetano Donizetti (1797-1848):
Obertura de Don Pasquale (1843)
La voilà, la voilà… (duetto Sulpice-Marie), de La fille du régiment (1840)
II
Pablo Luna (1879-1942):
Qué me importa ser judío (canción de Manacor), de El niño judío (1918)
Pablo Sorozábal (1897-1988):
En un país de fábula (romanza de Marola), de La tabernera del puerto (1936)
Federico Moreno Torroba (1891-1982):
Para comprar a un hombre (dúo Carolina-Vidal), de Luisa Fernanda (1932)
Ruperto Chapí (1851-1909):
Preludio de El tambor de granaderos (1894)
Agustín Pérez Soriano (1846-1907):
Jota de Perico, de El guitarrico (1900)
Amadeo Vives (1871-1932):
Canción del ruiseñor, de Doña Francisquita (1923)
Gerónimo Giménez (1854-1923):
Intermedio de La boda de Luis Alonso (1896)
Pablo Sorozábal:
Hace tiempo que vengo al taller, de La del manojo de rosas (1934)

Preparando el próximo curso

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Aún cerrando detalles de la actual temporada y como en mis tiempos docentes que parecen lejanos, ya vamos perfilando la siguiente y como los escolares organizamos por cursos preparando la cartera, porque en la oferta de Oviedo no nos falta de nada: ópera, zarzuela, barroco, bandas de música, nuestra OSPA y un ciclo que alcanza cotas increíbles.

Los Conciertos del Auditorio de Oviedo junto a las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» han dejado muy alto el listón de este 2022-23, pero para la próxima temporada se cumplen las bodas de plata o lo que es igual, 25 años de este edificio diseñado por Rafael Beca que se ha convertido en el templo musical asturiano, albergando también este ciclo que sigue poniendo a la capital del Principado en el mapa de los circuitos europeos. «La Viena Española» mantiene unos niveles de calidad generadores de riqueza (existe y me consta un turismo musical) con figuras míticas, formaciones de primera y la entrega de un público que valora al máximo estas programaciones así como a su responsable, el incombustible Cosme Marina, contando con un nuevo consistorio municipal salido de las últimas elecciones, donde estrenamos un concejal de cultura como David Álvarez, un melómano que esperamos con tanta ilusión como él por mantener o incluso aumentar la apuesta por esta «capitalidad musical» con la que suele etiquetar (o poner el «hastag») sus tweets donde podemos seguirle esa pasión compartida por tantos asturianos.

Como se puede ver en el avance que figura aquí, siempre sujeto a cambios inesperados aunque la pandemia ha demostrado que en Asturias somos resistentes y resilentes, hay retornos esperados porque Oviedo les acogió como su segunda casa, desde las voces de Orliński con Il Pomo d’Oro, los «tops» Ermonela Jaho o Javier Camarena con la OFil y Lucas Macías, pianistas tan queridos como Maria João Pires, siempre un lujo escucharla en vivo, el maestro bilbaíno Joaquín Achúcarro que mantiene un idilio con Oviedo desde sus primeros años en la Sociedad Filarmónica, la avilesina Noelia Rodiles que está en esta nueva generación de reconocidos intérpretes herederos de «nuestros mayores», sumando a otro grande como Igor Levit con la NDR Elbphilarmonie Orchestra y Alan Gilbert en la dirección, o tomando nota de Yulianna Avdeeva entre los debutantes para recordar a Luis G. Iberni.

La presencia de asturianos internacionales tampoco puede faltar en este ciclo, con Aarón Zapico dirigiendo a Forma Antiqva junto al clavecinista Diego Ares, o nuestro LDO en un Requiem de Verdi comandado por Lucas Macías al frente de la orquesta titular de este ciclo con cuarteto de solistas muy esperado.

Regresos que no dejan nunca indiferentes como Christina Pluhar con L’Arpeggiata y también lista de solistas destacados como las violinistas Liza Ferschtman (junto a la Orquesta Hallé de Manchester con Kahchun Wong de director), la auténtica «revelación» de nuestra María Dueñas que vendrá nada menos que en compañía de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen y Paavo Järvi, otro concierto de esperar  un lleno total, sin olvidarme de Ellinor D’Melon que actuará con la ONE a la que esperábamos hace lustros nos visitase en sus salidas de Madrid, esta vez dirigida por el cántabro Jaime Martín, otro intérprete «de casa» que supongo habrá influido en esta parada «obligada».

Siguiendo con figuras internacionales, el excelente cellista Jean-Guihen Queyras con la Philharmonia Orchestra de Londres y Sir John Eliot Gardiner (que esperemos no vuelva a llamar la atención a los maleducados que aumentan con los años), manteniendo estas «querencias asturianas», junto a batutas como la esperada mexicana Alondra de la Parra que dirigirá a nuestra OFIL, envuelta en alguna que otra «polémica«, el «Bach nuestro de cada año» no faltará con la Pasión Según San Juan por La Cetra Barockorchester Basel & Vocalconsort Basel con Andrea Marcon, sinónimos de calidad, y esperaremos el cierre «estratosférico» de la Gustav Mahler Jugendorchester que dejará en la cumbre con Kiril Petrenko una temporada no de plata sino dorada que espero poder contar desde aquí.

Cuando los sueños se cumplen

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Viernes 9 de junio de 2023, 20:00 horas. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), ADDA Ópera: «La Bohème» (Puccini).

Crítica para ÓperaWorld del sábado 10 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Llegaba «La Bohème» al Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) con todo vendido para las tres funciones programadas (7, 9 y 11), en la producción de Emilio Sagi más rentabilizada desde su estreno allá por el año 2000 en el Teatro Campoamor de Oviedo (“La Viena Española”), y con un elenco conocido y de conocidos, con calidad e ilusión, compañerismo y complicidad entre todos.

Esta «Bohème de Sagi» continúa el sueño del director valenciano Josep Vicent, titular desde 2015 de la ADDA·Simfónica Alicante por traer la ópera a un auditorio que no es un teatro (con telón y telares), la orquesta situada delante del escenario en una disposición “exprofesso” y todo el esfuerzo que supone adaptar esta conocida producción, un desafío que necesitó mover un equipo con más de 150 personas. El tándem Sagi-Vicent tras la «Carmen» de noviembre 21, y con algunas de las voces repitiendo este segundo título más complicado aún, Alicante lo esperaba y la respuesta ha sido total, con el público aplaudiendo cada aria y el final en pie. Como reza el dicho, “querer es poder”, la apuesta arriesgada resultó ganadora y hasta interesante comprobar cómo funcionó todo, cambios a la vista aplaudidos (menos que en la primera), y como apuntaba en la prensa local el director un “toque de modernidad” sin perder nada del color o ambiente previo al mayo del 68 de esta «Bohème ADDA».

Si de sueños hablamos, está claro que el de toda Musetta es cantar Mimì, y la soprano asturiana Beatriz Díaz no solo lo cumplió sino que volvió a demostrar que Puccini escribió para ella. No solo ofreció una auténtica lección de canto con una gama de matices donde los pianissimi son increíbles por la proyección y unos crescendi con delicadeza, musicalidad unida a un fiato abrumador, sino que su personaje lo delineó de principio a fin. Sencillez del primer acto en buena respuesta a Rodolfo “Mi chiamano Mimì”, un conjunto inocente en el “Momus” siempre claro por emisión y presencia, el impactante y exigente tercer acto pasando de la desesperanza (“O buon Marcello” en otro dúo más para recordar) al consuelo que corta la respiración, y no digamos el último acto donde su voz fue toda el alma de Mimì, poesía en estado puro cantada con el hálito vital y cristalino, poniéndonos la piel de gallina y consiguiendo tras su muerte un silencio sepulcral, el consiguiente suspiro del público y la explosión de júbilo bien merecida para un sueño hecho realidad con todo el auditorio en pie.

Rodolfo es el contrapunto para lucirse tanto en sus arias como dúos y concertantes, y el mexicano Ramón Vargas volvió a dejarnos buena prueba de lo que supone dominar las tablas, mantener un color vocal homogéneo y transmitir todo el sentimiento que Puccini escribió para este enamorado atormentado. Desde la buhardilla inicial, la esperada “Che gelida manina” con gusto y agudos siempre bellos, hasta ese “Mimì” de llanto cantado también con alma pucciniana y respuesta esperada tras una muerte trágicamente delicada. Rodolfo y Mimì triunfantes en esta ópera que emociona siempre, el amor apasionado y torturado, cantado y sentido por estas dos voces que se encontraron bien arropadas por sus compañeros y una orquesta a su servicio.

La otra pareja bohemia son Musetta y Marcello, encarnados por la valenciana Luca Espinosa y el asturiano David Menéndez. La soprano también evoluciona desde su irrupción y provocación en el célebre vals “Quando m’en Vo’” con volumen y definición suficiente, el conjunto del tercero, contraste de parejas y colores pero igual de entregados, con el final casi susurrado que el ambiente contagió. El barítono que cantó tantos Schaunard también soñó y llegó a este Marcello que se hizo de rogar pero en este momento con la voz ideal para ese pintor casi omnipresente en la obra, dramáticamente perfecto, rotundo y contenido porque así se dibuja, “conjuntos de buhardilla” de gran actor y mejor cantante, compañero confidente y amigo de Mimì, celoso enamorado de Musetta, empastes ideales con el resto de voces para cuadrar esta doble pareja que aún llegaría al póker.

El filósofo Colline y el músico Schaunard comparten ático parisino con Rodolfo y Marcello, también acción y concertantes de compañerismo lírico: Manuel Fuentes (aplaudido antes de finalizar su “Vecchia Zimarra”) y Manel Esteve, feliz reto de amigos, cómplices para echar a Benoit y duelo en el amplio sentido de la palabra (también en el sentimiento). El tenor malagueño Gerardo López también de casero al “paganini” Alcindoro remataría este septeto vocal en una ópera de pasión.

Y Puccini no dejó nada al azar, un coro que llena acción y pasajes mixtos y por color, muy bien la Coral ADDA y excelentes los niños (los “xiquets” de Crevillent), con profesionalidad y desparpajo en el conocido “Parpignol” al que sumar un mimo (desconozco quién de los figurantes) que ayudó a cerrar con humor el segundo acto pidiendo aplausos para ellos así como a la banda de tambores, cornetas y tambores.

Capítulo aparte se merece el también valenciano Josep Vicent con otro sueño cumplido, “hacer ópera” en este auditorio, y esta vez titánica por el esfuerzo que ha supuesto armar «La Bohème de Sagi» que brilló con todas las voces pero gracias también a su ADDA-Simfònica Alicante sonando plegada a los deseos del titular. La ubicación delante del escenario colocando las secciones para adaptarlas a este espacio de acústica perfecta, no fue obstáculo para que el maestro sacase de ella un sonido impecable, preciosista, todo el color sinfónico de Puccini al servicio de las voces, con una gama dinámica rica, excelentes primeros atriles y destacando especialmente sus pianissimi casi camerísticos. Batuta precisa, gestos claros y conocedor de todos los recursos de una formación joven pero madura por su ejecución.

No podemos olvidarnos que en territorio valenciano hubo tres asturianos triunfando: Beatriz Díaz, David Menéndez y Emilio Sagi, en esta “su producción” por la que no pasan los años. Con la misma libertad de sus personajes, la complicidad escenográfica con los siempre recordados amigos carbayones Julio Galán y Pepa Ojanguren, con la universalidad de la música de Puccini que trasciende el tiempo y seguirá emocionando al público “dejándonos claro que la juventud se alejó; que Mimì ya no va a volver más” (en palabras de Sagi) aunque la ópera siempre la resucita y mañana al finalizar la tercera función no bajará el telón, solo se apagarán las luces para seguir soñando.

Ficha:

Auditorio de la Diputación de Alicante -ADDA-, viernes 9 de junio de 2023, 20:00 horas. ADDA Ópera: «La Bohème», ópera en cuatro actos. Música de Giacomo Puccini y libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la novela “Scénes de la vie bohème” (Escenas de la vida bohemia) de Henri Murger. Estrenada en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896. Producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

RODOLFO: Ramón Vargas – MIMÌ: Beatriz Díaz – MARCELLO: David Menéndez – MUSETTA: Luca Espinosa – SCHAUNARD: Manuel Esteve – COLLINE: Manuel Fuentes – BENOIT ALCINDORO: Gerardo López.

PARPIGNOL: Jesús García – ADUANERO: Pedro Garcinuño – SARGENTO: Victor Alcañiz – FRUTERO: Víctor Marquina – UNA NIÑA: Sara Gallardo – FIGURANTES: José Juan Díax, Liam CVlark, Agripa Hervás.

DIRECCIÓN MUSICAL: Josep Vicent – DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi – VESTUARIO: Pepa Ojanguren – ESCENOGRAFÍA: Julio Galán – ILUMINADOR: Eduardo Bravo.

Orquesta ADDA·Simfònica, Coral ADDA (Orfeón Crevillentino, directora: Isabel Puig; Coro del Teatro Principal, director: Luis Seguí; Compañía Lírica Alicantina, director: Christian A. Lindsey), Coro de niños ADDA (Escola de la Federación Coral de Crevillent, directora: Isabel Puig).

Beatriz Díaz debuta Mimì en Alicante

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Miércoles 7 de junio de 2023, 20:00 horas. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), ADDA Ópera: «La Bohème» (Puccini).

Crítica publicada en LNE del viernes 9 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Con todas las entradas agotadas para las tres funciones programadas (7, 9 y 11), llegaba «La Bohème» más asturiana al ADDA en la producción mejor rentabilizada y exitosa de Emilio Sagi desde su estreno hace 23 años en “La Viena Española”, con un reparto conocido, de calidad y además español, si me dejan adoptar al tenor mexicano.

Llevo años diciendo que Puccini parece haber escrito “exprofeso para la soprano Beatriz Díaz tras escucharla en su ya consolidada y dilatada carrera, interpretando los distintos roles del compositor de Lucca por escenarios de medio mundo, quien como “toda Musetta aspira a ser Mimì”, y al fin llegaba su día en Alicante con un auditorio preparado especialmente para esta producción carbayona de Sagi, todo un esfuerzo de nuestro escenógrafo más internacional, un reto inmenso junto a Josep Vicent, director musical desde 2016 por representar esta “Bohème alicantina” y sesentera con una apuesta que necesitó un equipo con más de 150 personas para el desafío de desplazar, preparar y adecuar el ADDA para una escena sin telares, reforzando el suelo, adaptando toda la tramoya y decorados para asistir en directo a los cambios, lo que supone de por sí un “toque de modernidad” como el titular Vicent comentaba en la prensa local, sin perdernos nada del colorismo y ambiente parisino previo al mayo del 68 ideado por el ovetense. Éxito corroborado pues no faltaron los aplausos para todo el equipo.

Y si Sagi es siempre seguro para la escena, las voces de este primer jueves bohemio sumaron en la mejor dirección con un reparto de lujo encabezado por dos asturianos más: la allerana Beatriz Díaz junto al castrillonense David Menéndez, dos voces que conozco desde sus inicios líricos y que tras años de cantar en teatros de Europa, América o Asia, debutaban como Mimì y Marcello.

La soprano de Bóo nos volvió a poner la piel de gallina en una interpretación única, derrochando todo el dramatismo de su personaje en los cuatro actos, desplegando su reconocida y amplia gama de matices con una voz siempre presente, llegando a cada uno de los rincones del inmenso auditorio, y con una orquesta de más de 60 músicos delante (que no debajo). Si en el primer acto asombró con sus pianissimi siempre cristalinos, incluso saliendo de escena, el empaste con el Rodolfo mexicano fue vocal pero también emocional, aumentando la carga interpretativa en un tercer acto con el dúo primoroso junto al “Marcello Menéndez” y el cuarteto principal derritiendo la nieve, para en el cuarto toser y morirse como nadie, cortando el aire en este gigantesco edificio que no se vino abajo por el triunfo de esta Mimì que no olvidaremos y hasta podemos retitular con “BóoEmE”.

El Rodolfo del mexicano Ramón Vargas sería compañero perfecto de “La Mimì Díaz”, tenor de raza (aunque no se contemple esta categoría vocal), referente desde hace años en su cuerda, manteniendo no ya la profesionalidad sino un timbre personal y el color hermoso para este rol, añadiéndole la experiencia sobre las tablas. Modelando el sonido, emisión bien proyectada unida a su presencia escénica y el gusto habitual del tenor, en los números de la buhardilla con sus “compañeros” empastó y ayudó a brillar al resto, y las escenas con Beatriz Díaz en feliz entendimiento, esperado para esta pareja que interpretaron nuevamente este drama como sólo Puccini los escribía.

Enorme y en su línea de canto habitual el Marcello de David Menéndez, de voz rotunda, madura, recreando este rol tras pasar por muchos Schaunard, con paralelismo personal a la evolución de la protagonista femenina: paisanaje, amistad y profesionalidad lírica de tantos años, con un dúo del tercer acto que no pudo tener más química, gusto, complicidad y sentimientos compartidos y cantados con el alma.

Puccini escribe para las voces protagonistas sin olvidarse de las mal llamadas secundarias, pues el armazón musical y argumental se logra con todas ellas. Y de justicia destacar cada una de ellas: la Musetta de Luca Espinosa (compañera de “fatigas” en muchas “Carmina Burana” de La Fura con Díaz y la batuta del propio Vicent), juego tímbrico no siempre perfecto en ambas sopranos pero con la misma entrega y pasión, brillando en su segundo acto. Otro tanto para los Schaunard de Manel Esteve, bien conocido en el Teatro Campoamor, barítono solvente y seguro completando y compartiendo buhardilla parisina junto a otros dos compañeros impecables: el Collline de Manuel Fuentes y el “doblete” de Gerardo López (Alcindoro / Benoit) para todo este “cast” de casa.

De la escena nada nuevo que no conozcamos ya en Oviedo, pues Emilio Sagi con el vestuario de Pepa Ojanguren y la escenografía del siempre recordado Julio Galán sigue tan actual como hace dos décadas, más para este trabajo adaptándolo con todas las garantías a un escenario que debemos recordar es auditorio, no teatro.

El maestro valenciano Josep Vicent, implicado con estos proyectos desde su anterior Carmen de noviembre 2021 (repitiendo varias voces en esta Bohème), llevó toda la producción a lo más alto, mimando las voces de manera exquisita y extrayendo toda la riqueza pucciniana de su Orquesta ADDA·Simfònica de dinámicas amplias, junto a la Coral ADDA y los “xiquets” sobre las tablas en el conocido Parpignol junto a la banda que en esta tierra es un plus, para redondear una “BooM” donde hubo muchos asturianos no solo sobre las tablas. Un miércoles para el recuerdo y la emoción que Puccini sigue levantando.

Que me busquen en Triana

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Jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo), XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.

Crítica para Ópera World del viernes 26, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Tercer título de los cuatro programados en “La Viena Española” dentro de la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español, que ya pide más de dos funciones ante el éxito de público, y auténtica Ruta de la Plata entre “Andalucía y Asturias”, casi como escribirían mi paisano Teodoro Cuesta junto a Diego Terrero hace más de un siglo.
Y es que el sainete «Entre Sevilla y Triana» de Pablo Sorozábal Mariezcurrena (San Sebastián, 1897 – Madrid 1988) une norte y sur en feliz compañía, esta vez por los muchos asturianos tan sevillanos como los que más sobre la escena, cercanos para un público que llenó y disfrutó de nuevo con esta producción de 2012 que volvía al Campoamor nueve años después antes de su paso por Madrid en enero del pasado año, regresando “a casa” este frío jueves de mayo.
Esta página del compositor donostiarra tiene mucha historia, como bien refleja el libro que Mario Lerena dedica a su teatro musical (Ed. arte textos, vol. 4, editado por la Universidad del País Vasco) con el subtítulo «Música, contexto y significado». De ella destaca un “acentuado andalucismo bastante tópico” recurriendo a las citas folklóricas con un libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez que explota lo costumbrista y melodramático de un argumento de lo más atrevido para entonces, como es el de una madre soltera. La partitura de Sorozábal recrea esa temática sevillana buscando lo comercial del momento en aquella España franquista que tanto hizo sufrir y condicionó al músico vasco, compitiendo con «La maravilla errante» (de Quintero, León y Quiroga) con Lola Flores y Manolo Caracol de figuras. Como dato histórico reflejar que «Entre Sevilla y Triana» fue su único trabajo premiado por instituciones públicas (obtuvo el Premio Nacional de Teatro “Ruperto Chapí” a la mejor obra lírica de la temporada 1949-50) aunque su compañía no lograse acceder nunca a subvenciones ni premios oficiales. Está claro que el éxito se mantiene 73 años después, y hasta la crítica del propio Sorozábal en la prensa madrileña de 1984 parece de ayer: «La música cuando mejor ha estado es cuando los Gobiernos no se han ocupado de ella…». Música con momentos brillantes musical y escénicamente, un espectáculo total de rica instrumentación que pudimos comprobar a una excelente Oviedo Filarmonía (OFil) dirigida por Jaume Santonja mimando en todo momento a las voces y subrayando los pasajes propios.
Hoy en día es difícil encontrar tan buenos actores y actrices que canten bien, tan buenas voces que mantengan una acción que respira la camaradería y ambiente de barrio que respiró el coliseo carbayón hoy sevillano hasta la médula. La pacense Carmen Solís volvía a ser la “Reyes” que ha hecho suya esta producción, natural en su línea de canto, vocalidad limpia y dramaturgia para esta “madre valiente” que desde la primera escena cautiva, la romanza final del primer acto llena de buen gusto y hasta el dúo con Fernando del segundo acto donde enamoró hasta la última fila por su color y entrega al papel, rematado por el final “El barco de mis quereres” sólo con la interrogante argumental y la seguridad de otra actuación de “La Reyes Solís”.
Si Reyes canta y actúa, la “Señá Patro” de Charo Reina fue la segunda corona de la función, sevillana por los cuatro costados derrochando no sólo el gracejo natural en ella sino una proyección vocal única más un cante que es genético a la vera del Guadalquivir, réplica cantada y hablada del más alto nivel.
La pareja de Micaela (Mayca Teba) y Angelillo (Ángel Ruiz) transmitió toda la gracia y química entre ambos, diálogos, dúos y hasta baile, completos en sus roles y siempre polifacéticos, hoy diríamos “animales escénicos”, ganándose al público por el buen hacer total.
Al tenor asturiano Juan Noval-Moro le tocó hacer de sevillano como José María, el antipático pretendiente de Reyes, que vocalmente resultó muy cercano y convincente para triunfar en lo alto del puente de Triana con su conocida romanza “Tu que sabes del cariño…?” bien arropado desde el foso en un cuadro “aislado” antes de la última escena, que si bien paró un poco la acción, fue plástica y musicalmente la mejor recompensa a un personaje no siempre agradecido en este sainete.
Llegó a buen puerto pero no recaló el Fernando del mexicano Germán Olvera al que no se le notó cómodo ya desde el inicio. Color vocal desigual en los diálogos pese a su potencia canora y presencia, tuvo momentos de afinación imprecisa como en la hermosa “¡Dios te salve, Sevilla…!” aunque mejor su romanza “Nadie sabe cómo empiezan estas cosas” del cuadro cuarto.
Destacables los actores y actrices asturianos, citando por lo menos al popular y televisivo Carlos Mesa como Señor Mariano, cantando y siendo tan trianero como el de la última cita, Sandro Cordero como Glosopeda o el simpático Mister Olden de Roca Suárez que “no se hizo el sueco” pero el acento no le delató; otra sevillana de casa Begoña Álvarez como Esperanza Morena, cupletista para el momento o Inma Rodríguez como Doña Benita, las tablas y la necesidad camaleónica de ser sevillanas en Asturias junto al resto de figurantes incluyendo a los niños de “Divertimento”, que dejo todos reflejados en el reparto.
Punto y aparte el cante y el toque, José Montoya Carpio, jerezano “jondo” hasta en su apodo, José “El Berenjeno” con Manuel Heredia a la guitarra pusieron la pureza y el “pellizco” en sus intervenciones, puente tras la habanera del cuadro segundo y auténtico cuadro flamenco con los “Tangos de Triana” que convirtió el Campoamor en un tablao, cante sentía y profundo con la guitarra más flamenca a este lado del Pajares, sobre todo con la “soleá”.
Hablaba antes de la Habanera y ahí estuvieron los marineros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que sonaron con el volumen y buen gusto cantábrico mecidos por una OFil con el capitán Santonja al timón, sumándose al pasodoble torero y náutico del cuarto cuadro “¡Me caso en la mar salada.!…” con Angelillo y Micaela redondeando una soberbia actuación.
Espectacular el cuadro de baile, dos bailarines de escuela en el cuadro (Luis Ortega y Christian Sandoval) y hermosísima estampa en espejo con Cristina Guadaño y Vianney Gómez de Ávila, arte gitano lleno de plasticidad gracias a la excelente coreografía de Antonio Perea, que hizo bailar a todos sobre el Tablao del Campoamor.
Y el espectáculo total lo fue gracias al genio de la escena, un Curro Carreres que siente esta producción suya de principio a fin, y así la hizo llegar a todos, con un vestuario de Jesús Ruiz (la modernidad de las “gitanas”) de la época donde transcurre la acción. Sigue vigente ese barco llegando a puerto, la Macarena en Triana y los pasajes del barrio más sevillano. Todo un detalle hacer salir para los aplausos finales a todo el equipo de técnicos, parte indispensable del engranaje que convirtió Oviedo en Sevilla.
Dejo para el final el texto (y la foto) de un azulejo que está en el Bar “Las Golondrinas” de Triana, con texto de Antonio Domínguez Fombella, un gijonés afincado en Sevilla y funcionario de la Junta, ahí colocado tras unir las aguas del Sella y del Guadalquivir en 1998:
Si me perdiese algún día
que me busquen en Triana,
no vayáis hacia mi Asturias,
tal vez allí, oigáis mi gaita,
suspirar tiernos recuerdos
en mágica resonancia.
Buscadme en los aledaños
de una taberna en Triana,
donde nuestro amigo Paco
tiene aroma de albahaca,
me da de beber buen vino
de humildad y templanza;
si me perdiese algún día,
allí encontraréis mi alma.
Ficha:
Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.
Reparto:
FERNANDO: Germán Olvera – REYES: Carmen Solís – JOSÉ MARÍA: Juan Noval-Moro – ANGELILLO: Ángel Ruiz – MICAELA: Mayca Teba – CANTAOR: José “El Berenjena” – GUITARRISTA: Manuel Heredia – SEÑÁ PATRO: Charo Reina – GLOSOPEDA: Sandro Cordero – SEÑOR MARIANO: Carlos Mesa – ISIDORA: Carmen Gloria García– ESPERANZA MORENO: Begoña Álvarez – MISTER ÓLDEN: Roca Suárez – DOÑA BENITA: Inma Rodríguez – FLORISTA: María Fernández – ANTICUARIO: José Lauro Ranilla – LIMPIABOTAS: Lorenzo Roal – ALFARERO / VECINO: Cristhian Sandoval – VECINAS: Xana del Mar Tamara Norniella Aida Valladares Ana de Vega – BAILARINES FIGURANTES: Vianney Gómez de Ávila, Cristina Guadaño, Luis Ortega, Cristhian Sandoval – NIÑOS: Alumnado de la Escuela de Música Divertimento: Julián Avedilla, Sara Fernández, Guillermo Fernández, Dominique Marqués, Rodrigo Méndez.
DIRECCIÓN MUSICAL: Jaume Santonja – DIRECCIÓN DE ESCENA: Curro Carreres (AAPEE) – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Jesús Ruiz – ILUMINACIÓN: Eduardo Bravo (AAI) – REPOSICIÓN DE ILUMINACIÓN: Sergio Torres (AAI) – COREOGRAFÍA: Antonio Perea – AYUDANTE DIRECCIÓN ESCENA: Rebeca Medina.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez).

Tesoros navarros

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Miércoles 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1668: Sofía Esparza (soprano), Rinaldo Zhok (piano). «Canciones para una reina»: Homenaje a Arrieta y Gaztambide. Obras de E. Arrieta, J. Gaztambide, Martín Sánchez Allú y Dámaso Zabalza.

Escribe la doctora María Encina Cortizo en las notas al programa, y que daría una conferencia el día anterior complementaria para este concierto, en otra excelente iniciativa de la filarmónica gijonesa, como máxima autoridad que es la berciana en los estudios biográficos del compositor de Puente de la Reina: «El patrimonio musical español del siglo XIX sigue conteniendo tesoros desconocidos, como revela el programa de este concierto, que reúne fragmentos de los compositores navarros Arrieta y Gaztambide», y algo tiene esa tierra que atesora tanto talento musical, incluyendo a la soprano Sofía Esparza (Pamplona, 1994) que nos trajo con el pianista italiano, afincado en esa tierra, Rinaldo Zhok (Trieste, 1980), parte imprescindible en las recuperaciones que ambos han llevado al disco el pasado año para conmemorar no solo el bicentenario del nacimiento de Emilio Arrieta (1823-1894), también el de su amigo Martín Sánchez Allú (1823-1858), otro compositor y pianista a rescatar del olvido, o el anterior aniversario del tudelano Joaquín Gaztambide (1822-1870), todos presentes en este recital donde disfrutar parte de la música que también escuchaba la reina Isabel II, de quien Arrieta fue su profesor de canto (además de director de la Escuela Nacional de Música de Madrid), pero de más «realeza» como la infanta María de la Paz de Borbón, la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena a quien sumar otras «reinas de la lírica» en la corte española de su época como bien recoge Rinaldo Zhok en el libreto del doble CD.

Verdaderos «Tesoros desconocidos de Arrieta y Gaztambide» como titula las notas mi querida María Encina, comenzando por el gran Don Emilio de quien pudimos escuchar cinco canciones para comprobar su capacidad para crear melodías desde el conocimiento belcantístico en sus años milaneses, pero también la inspiración y conocimiento de la voz, para quien escribe unas melodías plenamente líricas, con un piano tanto propio para ellas como «apunte orquestal» en la selección que nos hizo el dúo Esparza-Zhok, letras incluidas en el programa de mano, perfecto complemento para una escucha que nos llevaría por una pequeña muestra del buen hacer de un compositor formado en Italia que es mucho más que el compositor de Marina, aunque fue la que le encumbrase, como pudimos reconocer en la impresionante Gran Fantasía sobre «Ildegonda» de Emilio Arrieta sobre su ópera de 1845 editada en 2004, página de concierto escrita por el virtuoso salmantino Martín Sánchez Allú, en la línea de tantas paráfrasis sobre los compositores de ópera del momento, la forma de hacerlas llegar al público en las veladas de los salones del XIX, que seguro escucharían a otros navarros como Sarasate.

El virtuosismo al servicio de las melodías de óperas como esta primera de Arrieta que apuntaba ya muy alto, o la de Dámaso Zabalza (1835-1894), íntimo amigo suyo y fallecido el mismo año, coincidencias del destino, cuya Fantasía sobre «Marina» de Emilio Arrieta para piano, Op. 103 de nuevo refleja la importancia de un músico que marcó tendencia en su momento. Impresionante esta doble interpretación del maestro Zhok, quien también presentó cada bloque, e intercaladas entre las canciones y romanzas no solo para dar descanso a la voz, también para valorar a dos grandes pianistas y compositores contemporáneos de los dos homenajeados este miércoles en el Jovellanos. El pianista de repertorio, mucho más que acompañante, investigador y capaz de pasar de estas intervenciones solistas a las compartidas en las canciones o a las siempre complejas reducciones orquestales para piano, auténtico soporte vital en este recital desde Gijón.

De las canciones de Arrieta, la voz de la soprano pamplonica mostró todas las virtudes de una lírica que además dramatiza cada página, desde las dos primeras La zingara (alla polacca), virtuosismo vocal sobre un poema de Adela Curti (1810-1845) casi aria operística, a La melancolía sobre el poema «Presentimiento» (Ensayos poéticos, 1848) de Juan Federico Muntadas, unión emocional entre texto y música, voz y piano sumando y rezumando lirismo que podría firmar años más tarde Tosti. Como suelo escribir a menudo, la música engrandece los textos y más en este estilo tan italianizante pero propio de Don Emilio, canciones de concierto que parecen el banco de pruebas de sus grandes producciones. Y otro tanto con las tres siguientes, diferentes en ánimo y expresión: ¡Pobre Granada! compuesta para ayudar con otros compositores a las víctimas del terremoto de la capital nazarí en 1885, el estilo llamado «alhambrista» de Los ojos de las niñas (1857), seguidillas sobre un poema de José Selgas (1822-1882), amigo y correligionario del compositor, danza hispana tan recurrente en nuestra literatura musical con el gracejo de Esparza, abanico incluido, y la «vestimenta» pianística de Zhok, o L’addio di Eleonora a Torquato, tercera canción italiana sobre un poema de Felice Romani de nuevo con aire belcantista que personalmente me recordó el M’appari de «Martha» (Flotow) por el dibujo melódico y el piano tan delicado, demostrando que Arrieta conocía a los grandes la ópera que triunfaban en Europa.

Del segundo operista navarro y contemporáneo de Arrieta, escucharíamos al tudelano Gaztambide con reducciones para soprano y piano, siempre auténticas «locuras», de varias romanzas de zarzuela que Sofía Esparza volvió a interpretar, en el amplio sentido de la palabra, dramatizadas, bien vocalizadas, matizadas y fraseadas junto a un inmenso Rinaldo Zhok, ya cantadas en Madrid el pasado septiembre en el Teatro de la Zarzuela, comenzando por la Romanza de Berta «Pasó la noche» (de la zarzuela Catalina), la curiosa y en cierto modo pícara Canción de Baltasara «Al ver que uno me camela» (Casado y soltero), la Romanza de María «Ay yo me vi en el mundo desamparada», de la más conocida de sus zarzuelas, El Juramento; la Cavatina de Conchita: «Como es la vez primera», de la zarzuela
En las astas del toro, la mejor expresión de nuestro género por excelencia. Para cerrar recital, la «Malagueña y Jota del Tá y del Té» «¡Ay!, yo me enamoré del aire… Y al mirarte sonreír» (Los caballeros de la tortuga). Cinco páginas donde pasar de unos registros a otros, aires y estilos tan operísticos como de raigambre hispana caso del último «doblete» pasando de la malagueña a la jota tan española (y navarra), romanzas de títulos poco (o nada) representados pero escogidos números ideales en la voz de la soprano pamplonica con el magisterio del maestro repertorista imprescindible en recuperar estos tesoros desde Navarra y traerlos al público.

El regalo y avance del siguiente trabajo del dúo recuperando obras de otro grande como Barbieri con la canción El negrito de su entremés «Los dos ciegos«. Complemento de lo más idóneo para redondear estas canciones que nos hicieron sentir realeza del siglo XXI en Gijón.

A la salida más felicitaciones a los intérpretes que gentilmente atendieron al público y firmaron ejemplares del disco con la primera integral de las canciones de Arrieta (en el concierto sólo una breve muestra) y que bien merece la pena adquirirse, escucharlas repetidamente y leerse un libreto que forma parte de la musicología de nuestro tiempo junto a las partituras, con el directo siempre irrepetible.

Dolores que son alegrías

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Jueves 27 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo),  XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Crítica para Ópera World del viernes 28 de abril, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Continúa en “La Viena Española” la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español nada menos que conmemorando el centenario del fallecimiento del salmantino Tomás Bretón (1850-1923) y su ópera (o drama lírico) «La Dolores» con una producción a lo grande, como se merece, con aforo completo para las dos funciones que ya piden ampliarse, y muchas ganas de disfrutar este título tan poco representado del autor de «La Verbena de la Paloma».

Oviedo tiene un prestigio ganado que sólo admite obras de gran nivel pero apostando igualmente por recuperar nuestro patrimonio lírico. Y la producción llegada del teatro de la madrileña calle Jovellanos (que pudieron disfrutar en la capital a finales de enero y principios febrero) hubo de apretarse un poco para este espectáculo de primera con casi un centenar de artistas en escena más otros tantos músicos dentro y fuera de las tablas, sin reparar en nada: gran orquesta, banda de música, rondalla, amén de dos coros, adulto e infantil, junto a bailarines, acróbatas, gigantes y cabezudos, por lo que armar en el Campoamor semejante grandeza supongo serían los únicos “dolores” dado que el resultado fue una auténtica alegría, sumándole la presencia en los papeles principales de muchas voces conocidas de la tierra, todo ello comandado por el ovetense Óliver Díaz que domina toda la materia prima de este gran drama lírico de Bretón.

Casi tres horas de espectáculo a lo grande que fue creciendo como la propia partitura del salmantino, un preludio en cada acto que incluye la escenografía de Amelia Ochandiano con unas acrobacias especiales, bellísimas plásticamente (sobre todo en el onírico acto final), haciendo lucir aún más las partes instrumentales donde la Oviedo Filarmonía brilló con luz propia, manteniendo el poderío incluso en los concertantes que por momentos taparon las voces solistas, aunque también los hubiese de buen balance gracias igualmente a la potencia de algunas voces que sobresalieron por volumen, entrega y buen gusto según fue avanzando la representación.

La banda fuera de escena, dirigida por David Colado, también se lució encajando tímbrica y rítmicamente con el foso. La rondalla langreana quedó algo atrás en dinámicas aunque en la última jota pudimos disfrutar de unas bandurrias mucho más presentes, bien ajustadas desde el podio y empastadas con la orquesta.

La partitura de Bretón está llena de detalles wagnerianos, italianos y hasta franceses sin olvidar el aire español, cambios estilísticos que el maestro Díaz intentó subrayar y encajar, siendo probablemente el más completo la famosa jota Aragón la más preciosa del primer acto, con todas las voces “Grande(s) como el mismo sol” incluyendo una Capilla Polifónica que no tuvo mayores problemas con ella, volcándose en esta popular página, destacando el excelente cuerpo de baile donde las castañuelas mandaron y marcaron. Con todo sigue siendo el momento esperado, emocionante y tan aplaudido que se bisó desde el dúo de joteros.

Si la escena fue bien pensada acercándola a los años 50 con un vestuario acorde y los decorados adaptables a cada acto, esta ópera romántica necesita de voces sutiles, flexibles y capaces, exigentes por tesitura y expresión buscando jugar con los colores ante los “duelos” de barítonos o tenores que plantea esta magna ópera del compositor salmantino.

La soprano cubanoamericana Monica Conesa, debutante en Oviedo, fue una Dolores para recordar. De voz corpórea, homogénea con graves suficientes y agudos nunca excesivos manteniendo no ya el color sino la gran expresión de su personaje a lo largo de toda la obra, despuntó desde su seductora aparición en el primer acto, pasando por los desafiantes y enérgicos dúos con Melchor, hasta con los de Lázaro, el intimista “¡Vencida estoy por mi cruel destino!” de la novena escena del segundo acto, o ya en el tercero su aria “Tarde sentí cuitada…” y el dúo final. Expresiva, valiente, jugando con los registros para coquetear y enamorar a todos pero arreada como buena maña a quien la copla atormentará, al igual que al pueblo de Calatayud.

En este ambiente verista, el canario Jorge de León encarnó un Lázaro que comenzó incómodo por tesitura y terminó siendo de los más aplaudidos según fue entrando en calor, tanto en el “madrigal” del segundo acto como en el maravilloso dúo final “¡Dolores mía!” tan operístico, una pareja de voces dejándose la piel con un papel endiablado, que fue creciendo expresivamente desde unos agudos claros para este tenor valiente y arrebatador.

La joven mezzo asturiana María Heres debutaba en un papel principal sobre las tablas que lleva años pisando en el coro y comprimaria, por lo que su Gaspara resultó ideal para ella: segura en su línea de canto, buena proyección y dicción, escena bien trabajada y sobre todo un color de voz que redondea este personaje. De madrina de Lázaro en el segundo acto, creyente, además de eficiente mesonera al inicio y cómplice con Dolores en la escena cuarta del último acto (“¡Infame, infame sirvienta!”) o con su ahijado (“Mentira me parece… Lázaro… ven… soy yo!”), de una madurez fruto de mucho estudio, esperando más papeles como este para seguir viéndola crecer en el difícil mundo de la lírica.

Como casi siempre los villanos dan mucho juego argumental y por supuesto vocal, así que el Melchor del tarraconense Àngel Òdena volvió a triunfar con un rol de “malo y traidor” que le va como cuando canta: “así Dios me formó, cruel, violento”, sobrado de volumen pero amplio en matices, su color se diferenció por todo con Rojas y Patricio en este “duelo baritonal”, empastando con todas las voces, poderosos sus dúos con Dolores para redondear otra sobresaliente tarde en un Oviedo que le quiere.

Al asturiano David Menéndez le correspondió dar vida a un andaluz sargento Rojas con esa vis de acobardado cómico que le va muy bien; vocalmente fue mejorando desde el segundo acto con los esdrújulos casi rossinianos (“En cuanto de la música el paso doble escúchese…”), aunque no se le notase cómodo en un papel originario para bajo, y sonó convincente en sus recortados, por exigencias del guión, “Soldado valiente…” o la “Soleá”, saliendo corneado aunque a salvo.

Otro tanto del rico Patricio, un Gerardo Bullón siempre seguro en escena, armando un buen tándem con Rojas, cómica la escena de los regalos para Dolores, cerrando un trío de barítonos con mucho que cantar para diferenciarse dramática, vocal y expresivamente.

Excelente el tenor almeriense Juan de Dios Mateos como Celemín, de timbre bello y buena proyección vocal que le permitió mantenerse claro en todas sus intervenciones, siendo muy sentido en el tercer acto con Lázaro (“Pues solos un momento”).

No son las coplas la especialidad del asturiano Juan Noval-Moro ni las jotas de Bretón totalmente de Aragón. Algo tirante “en las alturas” y mejor a dúo con Celemín, en su última intervención “Si vas a Calatayud…” estuvo más cómodo y seguro.

Ya destaqué el excelente cuerpo de baile y a la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que algo desigual mantuvo el tipo en esta difícil ópera de Bretón, pero dejo para el final al Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” por su profesionalidad bajo la dirección de Cristina Langa. Es maravilloso cómo se desenvuelven en escena cantando tan natural, verdadera cantera coral asturiana que funciona a la perfección, toda una experiencia que no olvidarán nunca.

“Salud al noble pueblo de Calatayud” y larga vida a esta Dolores para que nos siga dando alegrías.

Ficha:

Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 27 de abril de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «La Dolores», drama lírico en tres actos. Música y libreto de Tomás Bretón (Salamanca, 1850 – Madrid, 1923), basado en el drama rural de José Feliú y Codina. Estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Conmemoración del centenario del fallecimiento de Tomás Bretón (1923-2023). Edición crítica de Ángel Oliver Pina (Ediciones AUTOR / ICCMU, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 1999).

Reparto:

DOLORES: Monica Conesa – LÁZARO: Jorge de León – MELCHOR: Àngel Ódena – GASPARA: María Heres – ROJAS: David Menéndez – CELEMÍN: Juan de Dios Mateos – PATRICIO: Gerardo Bullón – CANTADOR DE COPLAS: Juan Noval-Moro – HOMBRES: Adrián Begega, Sergey Zavalin – BAILARINES FIGURANTES: Miriam Abad, David Acero, Hugo Aguilar, Enrique Arias, Cynthia Cano, Elisa Díaz, José Molina, Concepción Mora, Daniel Morillo, Lucía Prada y Pablo Viña – ACRÓBATAS: Cleyra Membrilla, Giada Ottaviani y Myriam Rojo.

DIRECCIÓN MUSICAL: Óliver Díaz – DIRECCIÓN DE ESCENA: Amelia Ochandiano – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Juan Gómez Cornejo (AAI) – COREOGRAFÍA: Miguel Ángel Berna – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ESCENA: Ana Barceló – ASISTENTE DE DIRECCIÓN DE ILUMINACIÓN: David Hortelano – ASISTENTE DE COREOGRAFÍA: Estíbaliz Barroso – COORDINADOR DE ACROBACIAS: Roberto Gasca.

Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez), Banda de Música “Ciudad de Oviedo” (dirección de la banda: David Colado), Coro Infantil Escuela de Música “Divertimento” (dirección de Cristina Langa), Rondalla de la “Orquesta Langreana de Plectro” (directora: Seila González).

Cantares de “La Vía de la Plata”

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Miércoles 8 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica (Oviedo), Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. Cantares de la Vía de la Plata, María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Guridi, Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.
Critica para Ópera World del jueves 9 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La llamada “Canción de concierto” española no tiene nada que envidiar a la alemana, francesa, británica o italiana, alcanzando en muchos compositores niveles muy exigentes que pueden ser la causa de su no mayor difusión, aunque forman parte de los estudios de canto conformando una base de repertorio que debe tenerse siempre cerca. En nuestros días continúa escribiéndose para voz y piano en esta línea que toma todos los estilos posibles, con la inspiración en la canción popular, el folclore real pero también el imaginado hecho viaje musical.
Y los conciertos de canciones españolas no pueden faltar en nuestras centenarias sociedades filarmónicas entre las que se encuentra Oviedo, que ofrecía este miércoles un programa desde Andalucía hasta Asturias, composiciones escritas por españoles, vascos, catalanes o aragoneses porque así de rico es nuestro patrimonio, lo popular desde el Renacimiento hasta el pasado siglo con la visión del exilio, interior o real.
La soprano ovetense María Zapata, tras su éxito como Elvira en el “Ernani” que cerraba la 75ª temporada de ópera ovetense, cambiaba la escena por la “música de salón” y subía con el pianista Aurelio Viribay al Teatro Filarmónica para hacernos viajar por la Ruta de la Plata, tan fructífera en intercambios, idas y vueltas históricas a las que la música nunca ha sido ajena, y así nos lo demostró este dúo de larga trayectoria en estos repertorios.
Para comenzar las Seis canciones castellanas de Jesús Guridi (1886-1961), vitoriano como el maestro Viribay, inspiradas en tierras abulenses y escritas para la película “La malquerida” como nos explicó el pianista y catedrático de la Escuela Superior de Canto de Madrid. Exigentes por su amplio registro vocal, la más conocida es “No quiero tus avellanas” pero escucharlas todas supone no ya un regalo sino todo un esfuerzo, cambios de ritmo y aires, riqueza de la tierra cercana con melodismo popular y “armonías francesas” sin perder la esencia. Así las interpretaron a dúo con protagonismo compartido, voz poderosa y sentida con piano más que mero acompañante, una de las características de la canción española.
Uno de nuestros grandes compositores a rescatar de un olvido histórico es el tarraconense Robert Gerhard (1896-1970), nacido en Valls, hijo de padre suizo y madre francesa, exiliado tras la Guerra Civil a Inglaterra (como nuestro Torner) donde desarrollaría su carrera. Sus cuatro canciones tradicionales andaluzas, tituladas “Cante jondo”, son verdaderas joyas (Rondeña, Boleras sevillanas, Malagueña y Zapateado), inspiración universal desde esos ritmos tan típicos que con la música del catalán alcanzan un cénit que finaliza en el complicado zapateado para la soprano y el pianista, el remate “jondo” de esta primera parte.
María Zapata no olvida la ópera, continúa estudiando roles, y en este viaje musical pudimos escuchar del ilerdense Enrique Granados (1867-1915) La maja y el ruiseñor también conocida como Quejas, de su ópera “Goyescas” compuesta en el exilio parisino con material previo de la suite de seis piezas para piano, esta vez escuchando la más popular y famosa de ellas convertida en aria, versión con soprano y piano, fascinante el diálogo rapsódico con el ruiseñor, la maja Rosario en este drama de celos entre su amante Fernando y Paquiro que la desea. Delicadeza vocal, expresividad, buena dicción más el piano “orquestal” de Aurelio Viribay, una lección lírica que como dice la letra “¡Misterio es el cantar…”.
El barcelonés Fernando Obradors (1897-1945) fue un gran compositor, director de orquesta y pianista, que escribió muchas obras para voz y piano como buen conocedor de todos los recursos a utilizar, nieto e hijo de pianistas y casado con una cantante, estudiando como tantos otros en París que dará la visión “clásica” a lo popular, destacando la musicalización de La casada infiel: romance gitano de Lorca. Igual de inspiradas son sus tres volúmenes de las Canciones clásicas españolas (1921-1941), con un estilo nacionalista en boga pero con su particular e inimitable estilo. Zapata y Viribay eligieron tres de ellas, “Consejo” (Cervantes), la maravillosa “Del cabello más sutil” y “El Vito”, voz que se eleva por encima de lo popular y piano virtuoso como era de esperar de Obradors, cuyo archivo musical se conserva en la Sociedad Filarmónica de Las Palmas que lo adquirió tras el fallecimiento del compositor.
Y para llegar al fin del viaje, la visión del turolense Antón García Abril (1933-2021), otra víctima el Covid, sobre Canciones asturianas, catorce melodías conocidas por populares pero también inspiradas en nuestro rico folclore sin perder su propio lenguaje musical y resistiendo los dictados de las modas a las que el maestro García Abril combatió con un domino de la melodía en todas sus composiciones, que el cine o la televisión ayudaron a popularizar en gran parte. Originalmente escritas por encargo del tenor asturiano Joaquín Pixán que las grabaría en 1984 junto a la Orquesta Filarmónica de Londres dirigida por el toresano Jesús López Cobos, el propio compositor haría el arreglo para voz y piano (también grabado por Pixán junto a Rosa Torres Pardo en 2007 publicado dos años más tarde) que en muchos conciertos del tenor cangués contó con el pianista Mario Bernardo, y éste revisó con permiso del compositor una versión para viola y piano con Cristina Gestido, llevando y ampliando estas “canciones de concierto” siempre enriquecidas desde la versión original cantada con textos del poeta langreano José León Delestal. Difícil elegir entre todas ellas, el dúo Zapata-Viribay optó por la popular Ella lloraba por mí a partir de la tonada “Cuando salí de Cabrales” que ya recogiese Eduardo Martínez Torner (Oviedo, 1888 – Londres, 1955) en su “Cancionero de la lírica asturiana” (1920) siendo habitual la interpretase al piano en sus conferencias, o Juan Hidalgo en el “Cancionero de Asturias” (1973). Excelente modelo de orquestación para un folclore tan rico como el asturiano, una melodía bien cantada y sentida, arropada por un piano hermoso y complejo desde su aparente sencillez, más dos originales del propio García Abril con letra de León Delestal: El canto del urogallo, cantada y sentida por ambos, cerrando con Madre Asturias que da título a las grabaciones y es mucho más que un homenaje a los emigrantes lejos de la “tierrina”, más emoción por la soprano asturiana desde Madrid, enorme, heroica y exigente para los dos intérpretes, aún más en esta “reducción orquestal” que difícilmente iguala el original pero que el vitoriano defendiendo esta asturiana del turolense volcaría toda su experiencia y magisterio sobre las 88 teclas en estos repertorios españoles, colofón en casa de una música siempre cercana y no suficientemente escuchada, menos en vivo.
María Zapata nos regalaría la conocida romanza de la criolla Cecilia Valdés, homónima de la zarzuela cubana estrenada en 1932, compuesta por Gonzalo Roig (1890-1970), españoles en La Habana donde tantos asturianos emigraron. Cómoda en este rol y con el seguro Aurelio Viribay desde el piano “llevándola de la mano” en los cambios de ritmo tan típicos de esta obra de la lírica hispana, que ya la escuchase en el Museo Arqueológico ovetense dentro de su ciclo veraniego en 2019 por estos mismos intérpretes. Un buen viaje musical con nuestra canción de concierto universal.
Ficha:
Teatro Filarmónica (Oviedo), miércoles 8 de febrero de 2023, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo: Año 117, Concierto 3 del año 2023, 2.046 de la Sociedad. María Zapata (soprano), Aurelio Viribay (piano). “Cantares de la Vía de la Plata”, obras de Guridi Gerhard, Granados, Obradors y García Abril.

Acercando el canto lírico

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Sábado 4 de febrero, 20:00 h. Auditorio «Teodoro Cuesta» (Mieres): “¿Cómo se canta Ópera? Curiosidades del canto lírico” por Abraham García (bajo-barítono), Verena Menéndez (piano), Dalia Alonso (poetisa). Entrada libre.

El mierense Abraham García lleva años buscándose un hueco en el difícil mundo de la lírica, y como tantos otros, su vida ha estado más centrada en Italia que en casa, hablando como todos nosotros pero ya con acento italiano. Poco a poco van saliendo papeles secundarios, primer paso para los grandes roles líricos que aún le esperan, y ya ha debutado en el Campoamor, donde volverá los próximos  23 y 25  abriendo el XXX Festival Lírico de Oviedo.

Para un público variopinto y de todas las edades, con mucho humor y totalmente didáctico, Abraham fue explicando desde los tipos de voces hasta las tripas de la Scala milanesa, no solo la escena, el foso o la platea sino todos los pasos que encierra el montaje de una ópera, vestuario, zapateros, maquillaje, utillaje… Anécdotas varias, explicaciones del papel que juegan los agentes artísticos o los críticos, por supuesto los directores de orquesta, las correcciones e incluso algunos datos técnicos, todo bien medido y explicado, sentándose al piano como Elton John (y mejor que el mediático Ramón Gener, otro barítono pero el catalán truncado cambiándose a «divulgador musical»). Incluso no faltaron los ejemplos musicales, con la poetisa Dalia contando y traduciendo las partituras a cantar que desde el piano completaría Verena.

Hubo tiempo para aclarar dudas, contestar preguntas y cerrar esta charla concierto de unos 80 minutos, con un formato muy válido y exportable que daría para muchas más «clases», complemento de los talleres que ha dado en el Conservatorio de Mieres. Está bien conocer las exigencias del buen canto, la preparación, todo el trabajo vocal y por supuesto el escénico, buscando convencer desde la voz, lo que se comprobó en los tres ejemplos elegidos.

De ópera pudimos escucharle primero la canzonetta –con mandolino al piano- Deh vieni alla finestra del «Don Giovanni» (Mozart), un papel que le va perfecto al barítono mierense.

Otro tanto el Colline de «La Boheme» (Puccini), con el aria Vecchia zimarra perptechado con la «chamarra» e intetando combatir el frío exterior, explicando la escena junto al lecho de muerte de Mimì.

Y el último ejemplo cantado por cercanía en el tiempo, defendiendo nuestra zarzuela (tan difícil como la ópera), aprovechando su presencia en el próximo «Pan y toros» (Barbieri), la canción popular «El perulillo» (Por lo dulce las damas) medio en caló del torero Costillares, e imaginándonos a Abraham vestido de rosa y oro para una faena, esta vez vocal.

Si nada lo impide estaremos en el Campoamor para seguir comprobando la evolución del «mierense con voz grave».

 

 

 

 

 

 

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