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Aprendiendo con experiencias y recuerdos

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La muy manida frase «parece que fue ayer» siempre viene bien, especialmente cuando vamos cumpliendo años y los recuerdos de tiempos lejanos se acercan por momentos. Así hemos llegado al IV Ciclo de Conferencias del RIDEA y La Castalia que este año versaron sobre «De la ilustración a la actualidad: 260 años de lírica en España», conferencias de un mayo siempre musical y con oradores que me han hecho recorrer tres generaciones en cinco años, comenzando allá por 2018 con los homenaje a Gayarre o Granados, el 2019 de escenarios y géneros líricos, o el 2021 (tras «robarnos» el 2020) de «Patrimonio lírico hispano» que continuarían hoy citando a Fray Luis de León: «Como decíamos ayer».
Sería mi querida musicóloga María Sanhuesa, miembro correspondiente del RIDEA, la encargada de abrir ciclo el pasado día 3 con su conferencia «Lírica y voz en la obra de Gaspar Melchor de Jovellanos» que me perdería pero se puede disfrutar en el propio canal de YouTube© del Real Instituto (a la espera de que suban las otras dos que sí comento desde aquí como apuntes de un incansable alumno).

El siguiente martes, día 10, sería el compositor y organista Guillermo Martínez quien compartiría sus vivencias «De niño cantor a compositor: impronta y esencia de mi música lírica», el paso por la Escolanía de Covadonga (77 años cumple este septiembre) de 1994 a 1998, su primer curso con 10 años narrándonos experiencias organizadas en un capítulo por cada año (ilustrado con una audición significativa) y citando al filósofo y ensayista norteamericano del s. XIX Henry David Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido” (Walden, La vida en los bosques).

1994 comenzaría recordando a Pergolesi, las audiciones de los sábados, el transcurrir diario, los conciertos en Valencia, los encuentros con FECORA, clases, anécdotas como la visita a Covadonga de Alfredo Kraus, las vivencias con otros escolanos como el hoy famoso tenor Jorge Norton, los exámenes libres en Oviedo con Purita de la Riva, el imperecedero D. Alfredo de la Roza y por supuesto la Novena a la Santina como culmen de su primer curso. Escuchar su No llores paloma mía por el LDO me sirvió para comprobar cuántos recuerdos comunes nos trae la música.

En 1995 sería Silos otra experiencia imperecedera, el concurso de voces blancas que convocaba FECORA, músicas del cangués Ramon Prada, la construcción de los órganos nuevos de Acitores en Covadonga, el positivo prestado mientras se montaban y poder escuchar sus propias obras en ellos, más audiciones de los sábados con Murray Perahia y los conciertos de piano de Mozart, Bartok y el Microcosmos, el deseado verano y su primera misa con más obras de violín, audiciones del barroco italiano o las sinfonías de Mendelssohn por él analizadas, los nacionalismos y su segunda Novena. Una palabra: «belleza», escuchando su  Fantasía “Virgen con niño y San Juanito” (para mezzo y piano), rehecha con orquesta que sería la que nos pondría.
El año 1996 comenzaría citando el aforismo de Heráclito que decía «nadie puede bañarse dos veces en un mismo río, porque aunque aparentemente el río es el mismo, sus elementos, su cauce, el agua que corre por él, han cambiado», el cambio como constante de la vida ya que ésta representa una constante transformación del río que nunca es el mismo. Sus estudios y lecturas de Historia de la música, Zamacois, Amat… el Manual de Solfeo LAZ, una biografía de Mozart… siempre la importancia de los libros. Y musicalmente obras con formas más audaces y fijándose en la orquestación. Sus propias sonatinas o valses… ya con 12 años pero con la composición claramente consolidada, contando con un ensemble instrumental que crece con sus escolanos, conciertos con y sin coro, más el concierto de los Niños cantores de Viena en Oviedo que sería otro recuerdo compartido de aquel 96, la pequeña opereta vienesa que le abriría otro género, que dejaría para el final pero escuchando a Beatriz Díaz cantando su Maharajá.
1997 sería su cuarto año, asentando conocimiento y composición, libros de ensayos, armonía en todos los tratados que tenía a mano y aumentando sus obras compilando todo lo hecho más un curso de clarinete y los órganos ya armados, siendo suplente de organista en un oficio donde el estudio y trabajo con Fernando Álvarez en los dos «juguetes» nuevos aceleraría el trabajar improvisaciones. Escuchamos un fragmento de la Cantata “El sueño eterno”.
1998 sería el último año en Covadonga pero siempre permanecerá en él, la finalización de la ESO y los estudios de música en Oviedo, reglados y no, alternando la composición y el canto con la preparación de un CD ya con orquesta ampliada y Leoncio Diéguez instrumentando, del que Guillermo tomaba nota como alumno aventajado. Más recuerdos compartidos como la inauguración del Auditorio y el estreno de Jorge Muñiz para la ocasión. Su vocación ya consolidada y la primera eclosión. Última audición del Intermezzo “Corona de azahar” para su ópera Bodas de sangre que escuchamos en el concierto de los «20 años de La Castalia», ópera ya acabada pero sin estrenar aún.
Para un músico y lector empedernido, nada mejor que cerrar con una cita de Borges y sus Poemas del  alma totalmente actual: «En el Oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra». Hora y media de aquellos años 90 revividos con un fenómeno como Guillermo Martínez.
Y este 25 de mayo convertiría el salón de actos del RIDEA en un aula de mi cercana Facultad de la Plaza Feijóo 40 años atrás, compartiendo «pupitre» incluso con compañeros de entonces: otra clase de Emilio Casares, «La ópera española en el siglo XX: el final del camino«, la continuación de la escuchada el «curso pasado«, que se quedó y arrancaría esta vez desde 1890 hasta el cierre del Teatro Real en 1925, donde hubo hasta 125 óperas en aquellos finales de siglo, casi todas «muy buenas» y con 55 estrenos, pero sin llegar al pasado siglo porque hablar de música y escucharla no se puede calcular.
La ópera española auténtica, entendiéndola desde el «Nacionalismo de las esencias«, sería el objeto de esta conferencia maestra, centrándose en los wagnerianos y Cataluña, pero manteniendo las líneas verdianas y el verismo.
Historias como la lucha contra el Teatro Real construido para representar ópera francesa y nada española, Chapí luchador y el eclecticismo como explicación al estilo precisamente por faltar dónde representarse. Referencias a la fuerza del Nacionalismo que bien explica Artola y sirve para la ópera española, comenzando con Felipe Pedrell y Los Pirineos, que fijará el método en tres ejes: desarrollo sinfónico, músicas e históricas propias y el lied como canción del pueblo y nada de cantar en italiano. Así nos recordó el Orientalismo / Andalucismo que levantó críticas por una gitana protagonista cuando Cataluña «debía mirar a Alemania»  Sí se parte del leitmotiv wagneriano pero más allá porque la literatura del momento uniría los dos mundos: ópera con prólogo y 3 actos, 7 horas reducidas a 4 por el propio Pedrell, y basado en los hechos históricos del sur de Occitania y el Reino de Aragón como la Cataluña soñada. Parece actual y hasta nos contaría la anécdota de sus entrevistas con Jordi Pujol tras pedirle el prólogo, que sí escribiría, esperando un estreno en un Liceu lleno de políticos, que como algo habitual no asistieron y refleja cómo tratan la cultura, y especialmente la música. Escuchamos tres audios con el bardo contempla los Pirineos dando gracias a Dios por crearlos, el coro inmenso (nuestros coros de ópera son únicos y comparables a los rusos) de todos los protagonistas que contesta con cita del Tanhausser y finalmente el Lamento del Conde de Foix por la pérdida de la patria desde el Stabat Mater dolorosa gregoriano. No se estrenaría hasta 10 años después por considerar el Marqués de Comillas un ataque a la iglesia, pero las páginas para voz y piano llegaron a media Europa.
De nuevo el Verismo en la esencia, el que describe la realidad y como respuesta italiana al naturalismo francés, que entra en España por los grandes escritores y el nuevo drama español que llenará los libretos. Interesantísimo el periodo de 1895-1910 con La Dolores de Bretón, que batiría récords en Madrid y Barcelona por las 33 y 133 funciones seguidas respectivamente,
escuchando el famoso «Dúo de amor«, y cómo la obra gira en torno a una jota.
El Circo Paris sería el escenario ideal y una compañía estable con estrenos (aún pendientes en el día de hoy), por donde pasarían el Curro Vargas de Chapí, que sí conocemos y disfrutamos en Oviedo, o Maria del Pilar (rescatada como muchas más en el madrileño Teatro de la Zarzuela) de G. Giménez, poniéndonos el audio con el aria de Valentín, viendo cómo no se pierde nunca la melodía.
Y aparecerá Granados, de orquesta casi wagneriana pero con música española o Albéniz y su inglesa Henry Clifford, por supuesto con influencia de Bretón pero también de Wagner como buen catalán. Entonces si no hacías ópera no triunfabas, y así compondrá The Magic Opal («destrozada» hace poco en Madrid), la citada Henry Clifford (escuchando un dúo), Pepita Jiménez, y Merlín.
Muchos aún en el tintero pero no podía olvidarse de Amadeo Vives, discípulo de Pedrell, con su ópera Artús en el Bellas Artes más el cambio que supondrá Euda d’Euricah, brujas catalas y la influencia de R. Strauss a quien acompañará en sus viajes, todo un intelectual, crítico, escritor, que le habla a Falla de Debussy, para darnos idea de quién era el músico catalán. Y el «descubrimiento» de Salvador Giner, valenciano con su obra por descubrir, comentando con su sorna el profesor Casares el coste de cada butaca en Les Arts que daría para pagar el viaje en AVE a Madrid y escuchar sus 6 óperas increíbles, por cierto legadas a la asociación valenciana El Micalet, donde se han conseguido 3.200 fotos de ellas para un estudio que ya tiene preparado el prolífico catedrático emérito. Giner adora a Verdi, Meyerbeer y Saint-Säens, escuchamos un fragmento del trío de L’Indovina (La adivina) escrita en italiano, pero sobre todo citar y recordar Sagunto y El soñador, histórica la primera y en castellano, que desde 1912 no se representa (nos pondría un audio del dúo al piano).
No parecía correr el reloj de clase y siempre quedan  anécdotas por contar como la de 1902 cuando Alfonso XIII es proclamado rey con la representación de Don Giovanni en el Teatro Real y la crítica de Don Ruperto. Al menos encargaría al millonario Price su teatro para 2.000 personas, e invitaría a escribir óperas como su Circe, Farinelli de Bretón…
(escuchando un fragmento del inicio tormentoso de la primera, estrenada hace poco, muy walkiriana), y por supuesto Margarita la tornera que cerrará época.
Nueva anécdota de C. Halffter charlando con Casares sobre la famosa frase de Conrado del Campo: “la solución está en Chapí”, y el asombro de los invitados alemanes “¡esto es nuevo!”.
Falta hablarnos de qué pasaba en Cataluña, con E. Morera, y Jaume Paíssa, otro amigo de R. Strauss. Gala placidia revisada por Udaeta, Marianela otra recuperada, ambientada en Asturias y esperando verla en Oviedo, con reminiscencias de Schönberg.
Quedaba citar La Celestina (1902) de Pedrell, cuyo «estreno» mundial será en octubre, aprovechando para agradecer al Teatro de las Zarzuela de Madrid con Daniel Bianco y Emilio Sagi que hayan recuperado tanto patrimonio en tiempo récord.
De la ópera en Euskadi, de menor calidad que las ya citadas, creo que la dejaremos para el próximo curso, pues más de 100 minutos ya parecían mucho para el alumnado que no cumplimos años tan bien como el profesor Casares, excusando a los que «faltaron» com su sobrino o el siempre recordado David Ruiz.

Ucrania dos años después

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Jueves 12 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXIX Festival de Teatro Lírico Español: Katiuska (Pablo Sorozábal). Ainhoa Arteta, Àngel Òdena, Martín Nusspaumer, David Rubiera, Milagros Martín, Juan Noval-Moro, Enrique Baquerizo, Amelia Font. Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, Jaume Santonja (director musical).

Reseña para Opera World del viernes 24 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías y de Alfonso Suárez / Cultura OVD, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En dos años el mundo ha cambiado de forma vertiginosa. La pandemia de 2020 se llevó por delante una “Katiuska” muy esperada en Oviedo, Ainhoa Arteta entraba en una complicada etapa de su vida cancelando actuaciones, el volcán de La Palma estaría en erupción casi tres meses en un no lejano 2021, y por si fuera poco, Putin invadía Ucrania el 24 de febrero pasado. No es un argumento ideal, la realidad supera siempre la ficción, pero la primera opereta del maestro donostiarra parece más actual que hace 91 años, recomendando la lectura de «El teatro musical de Pablo Sorozábal (1897-1988): Música, contexto y significado» de Mario Lerena (Arte Textos 4, Universidad del País Vasco), donde en el capítulo 2.2.1.2. «Un despegue fulgurante: el triunfo de Katiuska» se narra con todo lujo de detalles esta obra escénica que forma parte de nuestra memoria musical, sobre todo para los que peinamos canas y escuchamos cientos de veces tanto en vinilo (conservo la grabación con el Coro de Cantores del maestro Perera, la Orquesta de Conciertos de Madrid dirigida por el propio compositor y los siempre únicos Pilar Lorengar, Alfredo Kraus o Renato Cesari), como en casete o CD, y ya en los tiempos actuales desde todas las plataformas a nuestra disposición, incluyendo YouTube© con la misma producción representada en Madrid el mes de octubre de 2018 cuando nadie preveía esta postpandemia tan dura y convulsa.
La “Katiuska de Sagi” sigue siendo vistosa pese al plano inclinado (como en la “Maruxa de Paco Azorín» que disfrutamos en Oviedo hace ahora tres años) pues no ayuda a la mejor actuación posible sobre el escenario y hasta podría haber algún percance, incluyendo las ruinas delanteras, solventado por la gran profesionalidad de todos los que subieron al escenario. Sumemos la escenografía del hoy director del Teatro de la Zarzuela Daniel Bianco, el elegante vestuario de Pepa Ojanguren (repuesto por Susana de Dios), o la iluminación siempre acertada de Eduardo Bravo en esta coproducción española triunfadora allá donde va.
Todo el elenco en general estuvo bien y muy equilibrado, comenzando con un Àngel Ódena protagonista total, como en su día Marcos Redondo, que fue creciendo de principio a fin pese a tener que comenzar con la siempre exigente romanza Calor de nido casi en frío, para ganar enteros, volumen y presencia a lo largo de los dos actos, destacando sobremanera en el dúo Somos dos barcas con Ainhoa Arteta. Pedro el Comisario tarraconense se ha hecho totalmente con el personaje y lo transmite con plena autoridad vocal, siendo el triunfador de la tarde.
La soprano tolosarra, auténtica princesa lírica vestida para la ocasión volvía a pisar las tablas con todos los miedos y precauciones, ganas y entrega sin estar en su mejor momento vocal, pero el público asturiano la adora y no solo le perdona todo, sino que le agradeció su presencia en el Campoamor. La emoción se palpó en cada romanza, Vivía sola con mi abuelita y sobremanera Noche hermosa, la musicalidad y buen gusto siempre presente, aunque en los concertantes no pudiese mantener su presencia vocal, pero todo un logro haber cantado esta “Katiuska” que servirá para continuar este renacimiento de nuestra Ainhoa querida y admirada en tantos años de carrera, donde Oviedo siempre ha estado presente. Le deseamos todo lo mejor en estos duros tiempos que corren y besar las tablas al final de la representación es un acto de fe en ella misma.
Mención aparte para la gran dama de la zarzuela, la veterana Milagros Martín más joven que nunca, derrochando talento, voz, gracia, escena, una declamación perfecta y el fox-trot impresionantemente bien bailado, A París me voy en la buena compañía del asturiano Juan Noval Moro y la réplica de la otra pareja de altura, Amelia Font con David Rubiera, que hicieron las delicias igualmente con el cuarteto y vals ¡Rusita, rusa divina!. Aunque los diálogos se hayan cortado, algo habitual hoy en día, ya no se habla de tiples o tenores cómicos, tampoco de actores y actrices cantantes, al fin tenemos cantantes que son grandes actores, y su participación en la opereta de mi tocayo, redondearon el equilibrado elenco, sin olvidarme de otro “imprescindible” como Enrique Baquerizo, el Amadeo Pich catalán que logró más de una carcajada en esta tragicomedia donde las katiuskas también tuvieron su propia coreografía.
Cerrando el elenco vocal, el tenor uruguayo Martín Nusspaumer que ya apuntase maneras en aquella “Tabernera” de 2018, defendió su Príncipe con ganas en unos concertantes siempre difíciles en donde su bello color (demostrado al menos en su romanza del primer acto Es delicada flor), quedó algo corto en volumen.
El coro y orquesta titulares subrayaron el nivel de la opereta con un Jaume Santonja sin concesiones vocales y manteniendo unos tiempos algo más lentos de lo habitual, lo que vendría bien a los solistas. De la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que dirige José Manuel San Emeterio) las voces graves comenzaron la función algo excesivos frente a las blancas más comedidas, todos al fin sin mascarillas, para ir ganando en empaste, siendo verdaderamente rotundos como campesinos y soldados. De Oviedo Filarmonía agradecer la inclusión de dos mandolinas para emular las balalaikas rusas, generando una tímbrica propia y especial, los buenos balances logrados por el director valenciano donde tampoco faltaron los saxofones y el piano, más las intervenciones del arpa, con una plantilla ideal que desde el foso sonó siempre bien armada, matizada y disciplinada.
El sábado será la segunda función de este consolidado Festival de Teatro Lírico en “La Viena española” que finalizará con la ópera «María Moliner» de Antoni Parera el próximo mes de junio que espero contar también desde aquí, más una gala lírica que me perderé por causas mayores, donde estarán Carlos Álvarez, Jorge de León y Rocío Ignacio bajo la batuta de Lucas Macías que vuelve al frente de su orquesta.
Ficha: Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 12 de mayo de 2022, 20:00 horas. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: “Katiuska” (Pablo Sorozábal), libreto de Emilio González del Castillo y Manuel Martí Alonso. Estrenada en el Teatro Victoria de Barcelona el 27 de enero de 1931, y en el Teatro Rialto de Madrid el 11 de mayo de 1932. Producción del Teatro Arriaga de Bilbao, coproducida por el Teatro Campoamor de Oviedo, el Teatro Calderón de Valladolid y el Teatro Español de Madrid. Edición de Pablo Sorozábal Gómez. Instituto Complutense de Ciencias Musicales / Sociedad General de Autores y Editores (Madrid, 2008).
Reparto: KATIUSKA, PROTEGIDA DEL PRÍNCIPE SERGIO: Ainhoa Arteta; PEDRO STAKOF, COMISARIO DEL SÓVIET: Àngel Òdena; SERGIO, PRÍNCIPE PRÓXIMO A LA FAMILIA IMPERIAL: Martín Nusspaumer; BRUNO BRUNOVICH, CORONEL DEL EJÉRCITO ZARISTA: David Rubiera; OLGA, JOVEN NOVIA DE BONI: Milagros Martín; BONI, ANTIGUO ASISTENTE DEL CORONEL: Juan Noval-Moro; AMADEO PICH, VIAJANTE VENDEDOR DE MEDIAS: Enrique Baquerizo; TATIANA, TÍA DE BONI Y DUEÑA DE LA POSADA: Amelia Font.
DIRECCIÓN MUSICAL: Jaume Santonja; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; AYUDANTE DE DIRECCIÓN DE ESCENA: Javier Ulacia; ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; VESTUARIO: Pepa Ojanguren; REPOSICIÓN DE VESTUARIO: Susana de Dios; ILUMINACIÓN: Eduardo Bravo; AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: David Hortelano; COREOGRAFÍA: Nuria Castejón.
Oviedo Filarmonía, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirección: José Manuel San Emeterio).

Felices 20 años de La Castalia

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Sábado 26 de marzo, 20:00 horas. Gala Lírica «La Castalia», XX Aniversario: Oviedo Filarmonía, Isabel Rubio (directora), Alejandro Roy (tenor invitado), Olena Sloia (soprano), Vanessa del Riego (soprano), María Heres (mezzo). Entrada libre.

La Castalia del siglo XXI sigue los pasos de aquella de 1873 con más fuerza y apoyando desde nuestra tierra el talento lírico, celebrando una gala lírica de altura que colmó las expectativas, un auditorio lleno que hacía cola una hora antes del comienzo, para reafirmar que Oviedo sigue siendo capital musical y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tributo a dos generaciones de cantantes y compositores, la segunda labor de esta asociación que preside Begoña García-Tamargo con el mismo entusiasmo que sus discípulas.

Los que peinamos canas disfrutamos viendo la evolución de estas voces a las que conozco desde sus inicios, desde nuestro gran Alejandro Roy, invitado de lujo con sus paisanas Vanessa del Riego y María Heres, más el feliz encuentro con la ucraniana Olena Sloia, comprobar el talento de «las dos G» de la composición actual en Asturias, Guillermo Martínez (1983) y Gabriel Ordás (1999), la madurez de la directora murciana Isabel Rubio llamada a seguir comandando grandes orquestas, y por supuesto la Oviedo Filarmonía que si siempre es solvente, en estos repertorios aún más.

El programa lo dejo aquí encima detallado y paso a comentarlo globalmente: Primera parte operística donde el estreno de la obertura Homenaje a La Castalia de Ordás no pudo ser mejor inicio, aires empujando una apertura de forma clásica, digna de este aniversario que Isabel Rubio llevó al detalle para una sonoridad muy aterciopelada digna de las grandes formas orquestales.

Y abriendo la siguiente parte el segundo estreno de la tarde, Corona de azahar de Martínez, el intermezzo de su ópera «Bodas de Sangre» con aire hispano a más no poder, el mejor tributo a los grandes como Falla, Granados o Turina digna de ser coreografiada por el Ballet Nacional, impresionante instrumentación y excelente interpretación de OFil con Rubio dominadora de todos los recursos utilizados en esta maravilla que espero disfrutar completa en algún coliseo lírico como el que se convirtió el auditorio ovetense en este feliz cumpleaños. Apoyar estos estrenos con el talento de dos compositores que ya tienen su hueco en la SGAE, bien representada por otra asturiana como Mª Luz González Peña, igual de orgullosa de comprobar el talento de nuestra tierra.

De Alejandro Roy insistir en su excelente momento vocal, el aria de «Romeo y Julieta» (Gounod) Ah lève-toi, soleil poderosa y sentida, la romanza No puede ser de «La tabernera del puerto» (Sorozábal) en la mejor línea de canto con gusto y maestría, ambas concertadas a placer por Isabel Rubio, y la propina que siempre pone la carne de gallina cantada por el tenor gijonés, su Cavaradossi que se despide de la vida en «Tosca» (Puccini), uno de los roles que más triunfos le está dando y atravesando la mejor edad para afrontarlo. Gratitud hacia La Castalia que hizo llegar obligando a subir al escenario a Begoña G. Tamargo, y gratitud de un público rendido al mejor tenor asturiano de todos los tiempos.

Otra excelente voz la soprano Olena Sloia, con un Caro nome de «Rigoletto» (Verdi) ideal para su color y emisión, impresionante la actuación completísima de una página tan difícil como el Glitter an Be Gay de «Candide» (Bernstein) y dos romanzas bien cantadas, perlas vocales con un gusto y afinación ideales junto a la orquesta detrás que no bajó el volumen y la arropó con las mejores galas que sacó con buen hacer Rubio, la Canción del Ruiseñor de «Doña Francisquita» (Vives) y Me llaman la primorosa de «El Barbero de Sevilla» (Giménez). Sabiendo el triste momento por el que pasa su tierra, la ucraniana dio lo mejor y el público lo agradeció con grandes aplausos solidarios con su país y premiando la entrega de Olena.

Y las alumnas aventajadas de La Castalia, que van forjando su carrera, la soprano Vanessa del Riego y la mezzo María Heres, voces perfectas para sus dos dúos, el conocido dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) y el de las majas de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), empaste y trabajo con piano que la orquesta engrandeció haciéndolas disfrutar aún más. La propina de Mozart redondeó este dúo «marca de la casa», el Prenderò quel brunettino del «Cossì», bien de tempo por parte de Rubio y la OFil completando el repertorio y entendimiento de todas ellas, en femenino plural.

De las arias y romanzas, Del Riego cantó Con onor muore de «Madama Butterfly» (Puccini), con una orquesta más fuerte que en el foso lo que no le impidió seguir emocionándonos en este rol, mientras Heres llevó el mayor peso de la velada, dos arias de «La Favorita» de Donizetti, y «Samson y Dalila» (Saint-Säens) muy trabajadas que con orquesta siempre ganan, especialmente su Mon coeur s’ouvre à ta voix, y otro tanto con sus romanzas de «La Malquerida» (Penella) o «Los claveles» (Serrano), un repertorio que va tomando cuerpo y terminará ampliando en una carrera bien encaminada con muchas horas de estudio.

Siempre hay que destacar la Oviedo Filarmonía que como decía anteriormente, es un seguro de calidad en todas sus secciones, y como orquesta de foso tanto ópera como zarzuela están en los atriles desde sus inicios. La línea ascendente es clara y ya tiene su propia personalidad ganada con las aportaciones de batutas de todas las generaciones.

Volver a tener al frente a Isabel Rubio le dio a esta gala no ya la precisión y gesto de la murciana, un portento de la batuta, también la pasión que transmite y una  concertadora que también va formándose a la sombra del trabajo como asistente en muchas producciones (Oviedo entre ellas). El mundo de las bandas de música es una cantera tanto para instrumentistas como para esta generación joven de directoras que comienzan a encontrar su merecido protagonismo y Rubio es una de ellas.

Esperando que La Castalia no desfallezca y encuentre el apoyo necesario para continuar esta labor impagable, centenares de cursos y actividades para seguir formando y apoyando el talento con mucho trabajo a lo largo de estas dos décadas. Como dice el tango «veinte años no es nada» pero el esfuerzo se nota y los frutos podemos compartirlos y disfrutarlos en este Oviedo que sigue siendo «La Viena española» y la mejor aspirante a capital cultural.

Goethe en el lied

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Miércoles 16 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1648: «La Lírica de Goethe». Lieder sobre textos de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Paula Iragorri (mezzo), Marcos Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Grieg, H. Wolf y Camilo Comas.

No cabe duda que el alemán Goethe, de quien se conmemora este año el 190 aniversario de su muerte, está unido a la historia del lied y muchos compositores tomaron su obra para musicarla, siendo el triunvirato por excelencia el formado por Schubert, Schumann y Hugo Wolf como así nos lo contaba mi admirado profesor Emilio Casares en aquellos felices años de facultad.

Evidentemente la lírica de Goethe resultó ideal por su propia musicalidad como bien explica el musicólogo Jorge Trillo Valeiro en las notas al programa de este concierto de la filarmónica gijonesa, apostando por la calidad de cada concierto y la importancia de la voz en una temporada digna de elogio.

De no afrontar un ciclo completo, siempre muy exigente para un concierto de lieder, elegir las obras con Goethe como inspirador resultó una auténtica lección donde pudimos escuchar otros compositores en la voz de la mezzo donostiarra Paula Iragorri Bascarán y el pianista langreano Marcos Suárez, el protagonismo compartido de todo lied que exige además un dominio idiomático, «genético» en Paula, y un compañero de viaje capaz de afrontar cada partitura como una obra solista para poder dialogar, subrayar el texto, completar el espíritu de cada poema, y brillar a la misma altura, disfrutando además de la proyección de Alejandro Carantoña con la traducción de cada canción, otro tanto a favor de la centenaria sociedad gijonesa que además apoya económicamente la rehabilitación de la capilla de San Esteban del Mar en colaboración con el Rotary Club local, cuyo presidente presentó antes del concierto agradeciendo igualmente el apoyo del consistorio.

Muy interesantes tanto las obras como los compositores elegidos, siguiendo un orden cronológico que además, tal y como nos contó al descanso David Roldán, los de la primera parte siendo más jóvenes que Goethe, murieron mucho antes, mientras en la segunda avanzamos hasta un desconocido para mí abogado catalán nacido probablemente en 1880, Camilo Comas y Mora (o de Mora), «distinguido aficionado a la bella música«, pianista entre otros instrumentos más, y compositor rescatado por María Sanhuesa y la propia Paula Iragorri, que indagando por Internet me encuentro algún dato curioso como haber sido miembro de la delegación española en el Patronato del Festival de Bayreuth creado para sufragar el estreno de Parsifal (Wagner), posteriormente su breve paso como juez de instrucción en Ibiza, donde además de dar un concierto vocal e instrumental en el Círculo Agrícola con un programa donde aparece otra obra suya, también parece que estrenaría en la catedral una Pasión según San Juan en 1901, indicando Mossèn Francesc Xavier Torres Peters en su artículo: «El Sr. Comas en las piezas que cantó y en las que ejecutó, demosstrónos nueva vez que, más que aficionado a la música slecta y al canto, es un acabadísimo profesor y un artista consumado«. La obra que cerraría el concierto, Gretchen, Op. 15, inspirada en el Faust de Gounod, con traducción al francés, demostraría no ya el conocimiento musical de sus «vecinos del norte» sino la inspiración y el excelente tratamiento musical con un piano efectista y una melodía vocal compuesta para mezzo, al mismo nivel que sus compañeros de programa en Gijón.

Comienzo con los pioneros Mozart (Das Veilchen, K, 476) y Beethoven para conocer el camino por el que discurriría el lied, la voz con la tesitura vocal central (habitualmente barítonos pero también mezzosopranos) y el piano casi sonatístico, siempre con la música al servicio del texto como así lo entendieron Iragorri y Suárez, transitando al dramatismo romántico del Egmont. Y el culmen de la primera parte con Schubert, que exprimiría a Goethe en sus casi 80 lieder a él dedicados, eligiendo aquí una pequeña muestra, desde el juvenil Wandrers Nachtlied sencillo y honda declaración de amor, hasta el conocido e impactante Erlkönig D. 328 que la mezzo «vivió» jugando con una amplia gama dramática con el piano brillando de forma frenéticamente segura, eligiendo un tempo exigente para ambos y verdadera joya del malogrado compositor vienés. La propina, en esta misma línea de feliz conjunción lírica, An die musik, paso del estilo final clásico al romanticismo del Sturm und Drang, modelos de lied que ocuparán todo el XIX impregnando de poesía las músicas de salón más allá de lo germano.

Variedad temporal y geográfica duranre la segunda parte, primero Schumann, de quien escucharíamos tres de los ocho lied de su Myrtheu, Op. 25, feliz continuador de Schubert, el piano tan poético como la voz, expresividad de Marcos cual narrador descriptivo y subrayado de Paula, cómoda en su canto pese a la exigencia interpretativa. Continuaría la influencia de las «canciones de Goethe» hasta Tchaikovsky, escuchando el último de los 6 romances, Op. 6 (Nur wer die Sehnsucht kennt), optando la mezzo por la traducción al ruso de este rey melódico, la Mignon casi operística con un piano orquestal, más la quinta de las 6 canciones, op. 68 (Zur Rosenzeit) del noruego Grieg, exprimiendo la dramaturgia del texto que el dúo así interpretó, con dominio estilístico y lingüístico de la mezzo de la mano de un piano poderoso, rico en matices, claro y disfrutando ambos de una escritura que ayuda a lucirse.

Palabras mayores, también en lo musical, las de Hugo Wolf y su noveno número, Mignon: Kennst du das Land? (de los Goethe-Lieder, IHW 10), el último romántico del lied camerístico que abriría puertas a los sinfónicos, el culmen de un recital para disfrutar de este género tan difícil, exigente, ideal para la tesitura y color de Paula Iragorri que encontró en Marcos Suárez su igual y fiel acompañante, dos caminantes a los que también cantaría Schubert.

Broche final el agradable «rescate» ya comentado, Gretchen, Op. 15 del citado Camilo Comas, que puso a este catalán al mismo nivel emocional de sus compañeros de programa compartiendo la lírica de Goethe, sin vender almas y girando en la rueca como Margarita. Así lo defendieron y sintieron Paula y Marcos en un programa atractivo para los amantes de este género, feliz conjunción de voz y piano, que como escribió el Padre Sopeña en su estudio El lied romántico (1973), también citado por Trillo, «la música como autobiografía con genial capacidad de transmigración, es lo que hace de la música romántica novedad y constante a la vez«.

En el buen camino

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En la recuperación de la llamada canción de concierto, Aurelio Viribay Salazar es una verdadera autoridad desde su cátedra madrileña, además de un pianista solicitado por muchas voces, especialmente jóvenes que sin complejos se acercan a un repertorio de tanta calidad como el francés o el alemán con el pianista vitoriano de referencia para ello.

Tengo las últimas grabaciones con la soprano pacense Mar Morán cantando a García Leoz o al tenor cordobés Pablo García-López en una selección titulada Raíces, uniones atlánticas y mediterráneas que van en esta línea de sacar a la luz tantas partituras olvidadas y seguramente polvorientas, con un canal en YouTube© dedicado a la «Canción Lírica» que aloja multitud de vídeos en vivo donde se muestra nuestro grandísimo patrimonio musical y la calidad de las voces que el vasco Aurelio Viribay comparte desde su magisterio, y a quien Arturo Reverter ha bautizado como «arqueólogo de la canción española» (tras «nacerle» en Bilbao en vez de Gasteiz, pues como dicen los chistes «los de Bilbao nacen donde quieren«).

Ya llevo días disfrutando de esta grabación, No camiño (GeBéMusic del Grupo Beroly), con el barítono Gabriel Alonso (Ferrol, 1991), trece temas de compositores gallegos de distintas épocas que pusieron música a la poesía de mi vecina y querida Galicia, auténticas joyas literarias. Trece poemas en la lengua de la gran Rosalía de Castro, la más conocida, junto a Manuel Antonio, Leiras Pulpeiro, Salvador Golpe, Manuel Cuña Novás, Ramón Otero Pedrayo, Manuel Curros Enríquez, Manuel Martínez González y José Trapero Pardo, lírica escrita que los músicos realzan con unas melodías siempre ajustadas al texto, y en este caso unos más que interesantes pianos compartiendo la métrica interna de la lengua gallega escrita con músicas de salón atemporales.

Todos los compositores, uno para cada canción, son una excelente mezcla, desde los actuales a los veteranos más los que están «por descubrir», todos gallegos de pura cepa, muchos apegados al terruño, otros emigrados, viajeros siempre con la «morriña» presente e inspiradora al igual que la literaria. Aquí los dejo ordenados cronológicamente, como curiosidad y con enlaces a sus biografías, algunas dignas de ser novelas o guiones cinematográficos:

Marcial del Adalid (A Coruña, 1826-1881), Canuto Berea (A Coruña, 1836-1891), Xoán Montes (Lugo, 1840-1899), Xosé Castro «Chané» (Santiago, 1856 – La Habana, 1917), Xosé Baldomir – seudónimo de José Ventura Eduardo Gregorio Valdomir- (A Coruña, 1865-1947), Gustavo Freire (Lugo, 1885-1948), José Fernández Vide (Ourense, 1893-1981), Antonio Iglesias (Ourense, 1918-2011), Margarita Viso (A Coruña, 1957), Juan Durán (Vigo, 1960), Octavio Vázquez (Santiago, 1972), Fernando Buide (Santiago, 1980) y Borja Mariño (Vigo, 1982).

Interesante la variedad de estilos que son cual catálogo de la evolución de nuestro patrimonio lírico, por lo que propongo una escucha de cada canción sin conocer más datos, disfrutarlas siguiendo, si se puede, los textos del libreto (aunque sin traducir) e intentar descubrir la época, pues seguro habrá más de una sorpresa, mestizajes de puro romanticismo del XXI o vigencia plena del XIX para nuestros tiempos, unidad gallega de varias generaciones que son, como el slogan turístico, «Galicia calidade«, al igual que la cantera de voces gallegas de nuestros días.

El barítono ferrolano de registro amplio y bello, redondo en el grave, con buena articulación y matices variados, siempre resaltando los textos, repasa aquí dos siglos de música gallega con el siempre docto piano de Aurelio Viribay en una excelente toma de sonido de esta grabación realizada los días 7, 8 y 11 de enero del pasado año (con Filomena azotando) en los Estudios Cezanne Producciones de Las Rozas (Madrid). Canciones para cualquier voz pero que en las masculinas, y más las graves, son relatos todavía más cercanos a aquellos emigrantes dejando todo en su tierra.

Dejo al final de la entrada el listado con los trece temas, especificando música y letra, pues así debemos entender estas partituras. Personalmente siempre me ha gustado, en cualquier versión, el llamado segundo himno gallego, Negra sombra de Juan Montes, que supone actualizar la visión coral por la camerística aunque desconozco cuál fue primero; el excelente Sós de Durán dedicado al barítono, bien tratado el dúo como unidad, piano rotundo y voz explorando registros; los Dous cantares de Buide que suponen una brisa fresca en el acercamiento al género de la canción de concierto por la excelente armonización y trabajo de voz y piano; al igual que la Saudade de un Mariño verdaderamente inspirado por Rosalía de Castro; el aire popular llevado al concierto por Vázquez del En Cornes de la escritora nativa, e interesante Ao lonxe de Iglesias, casi operístico con silencios dramáticos y dedicado dentro del ciclo «Canciones gallegas» al gran crítico Antonio Fernández-Cid. Ciertas remembranzas extremeñas -encuentro cierta similitud inicial con «Ya se van los pastores»- desde el Caribe (porqué no también asturianas por cantábricas) en la Mariquiña de Chané o la zarzuelística Romanza de Xosé que me recuerda igualmente parte de la «Molinera» ibérica, sencillez sentida tanto en la voz como en el piano de este mosaico lírico.

Habrá que esperar, como se ha hecho con la gallega, la revisión de la lírica asturiana a lo largo de esta misma época (con algunos intentos no muy reconocidos), pues las similitudes musicales corren parejas y también se conjugan compositores interesantes de hoy en día con los señeros, aunque nos han faltado escritores de la talla literaria que nuestros «primos hermanos» siempre han tenido, en parte por no ser una lengua oficial ni parezca que lo sea, siendo todavía motivo de disputas políticas.

Cortes, autores (música / letra) y títulos:

1. Juan Durán / Manuel Antonio: Sós.

2. Margarita Viso / Leiras Pulpeiro: O mar.

3. Marcial del Adalid / Popular: Adiós, meu meniño, adiós!.

4. Xosé Baldomir / Salvador Golpe: Meus amores.

5. Fernando Buide / Rosalía de Castro: Dous cantares.

6. Borja Mariño / Manuel Cuña Novás: Saudade.

7. Xoán Montes / Rosalía de Castro: Negra sombra.

8. Antonio Iglesias / Ramón Otero Pedrayo: Ao lonxe.

9. Octavio Vázquez / Rosalía de Castro: En Cornes.

10. Xosé Castro «Chané» / Manuel Curros Enríquez: Un adiós a Mariquiña.

11. Canuto Berea / Manuel Martínez González: Un sospiro.

12. Gustavo Freire / José Trapero Pardo: Romanza de Xosé (Non chores Sabeliña).

13. José Fernández Vide / Ramón Otero Pedrayo: Canción de Corisco – Miñatos de vran.

Heres más que una promesa

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Lunes 28 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 4 del año 2022, 2.029 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. María Heres Peláez (mezzo), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de: Schubert, Mahler, Hugo Wolf, Milhaud, Granados, Donizetti, Saint-Säens, Penella y J. Serrano.

Siempre es interesante acudir a un recital de lírica en una voz tan auténtica como la de mezzo y aún más si es María Heres a quien sigo desde sus inicios en este difícil mundo del canto. La juventud y el trabajo tienen su premio, y debutar en esta histórica sociedad ovetense es uno de ellos. Con su pianista de cabecera, Mario A. Blanco nos trajeron un muestrario de lo que la mezzo pixueta está estudiando mientras amplía repertorio buscando siempre el más apropiado a su voz, que va ganando cuerpo en un torrente de volumen controlado con la técnica, tanteando tanto las llamadas «canciones de concierto» (lied, chanson y canción española) en los tres idiomas, como arias de ópera y romanzas de zarzuela, profundizando en el carácter que todas estas obras esconden.

La primera parte transitó por textos alemanes de Goethe («Los elfos» de Schubert), Ruckert (Mahler y su Liebst du um Schönhelt) y Morike (Verborgenheit de Wolf) musicados por tres figuras del lied que exigen una dramatización propia con el piano realzando unas letras, no siempre bien vocalizadas, estando la mezzo asturiana cómoda en las tres pero sin la visión y poso que sólo los años pueden dar a estas partituras.

Mucho más cómoda con el francés de Milhaud y sus Trois Chanson de Négresse, que sigue trabajándolas porque le van muy bien además de aplaudidas una a una para esta «mujer de negro», jovial en «Mon Histoire», más lírica en «Abandonée» y sentida «Sans feu ni lieu», mejor conexión poética con el país vecino y un piano que lleva en volandas a la voz.

Igualmente aplaudidas cada una de las tres canciones de La maja dolorosa de Granados, exigentes en tesitura pero que los crecientes graves de Heres alcanzaron con seguridad y el piano mimándola. Habrá que seguir trabajando la vocalización pero «Ay, majo de mi vida» está en el camino correcto.

Breve descanso para coger fuerzas pues vendrían dos arias de ópera donde María Heres brilló con luz propia, tanto en la Leonora de Fia dunque vero? O Mio Fernando («La Favorita» de Donizetti) donde el piano orquestal debe sufrir como sólo los maestros repetidores saben, y la Dalila de Mon coeur s’ouvre á ta voix de Saint-Saëns, ese canto de amor a Sansón que sintió en este rol al que le va tomando el pulso en cada recital.

De nuestra zarzuela otros dos números de fuste, «La Malquerida» de Penella y su romanza Él va a venir que protagoniza la mezzo de voz poderosa y doliente, dramatización entregada, y Qué te importa que no venga («Los Claveles») del maestro Serrano, perfecto cierre a este recital de la cantante de Oviñana, cómoda vocalmente, emocionada por el apoyo de un público fiel y el piano siempre.

Tras agradecer tanto a la propia sociedad como al RIDEA y La Castalia que tanto han supuesto en el apoyo musical de los jóvenes talentos asturianos, también en el de María Heres en su incipiente carrera, y especialmente a su maestra Begoña G. Tamargo, alma mater de la pronto veinteañera asociación cultural que toma el relevo a la decimonónica de la capital asturiana, dos regalos: La tarántula, el popular Zapateado de «La tempranica» (Giménez), y la bellísima Pampamapa de Guastavino que la mezzo bordó en casa, siempre con el esforzado Mario Álvarez Blanco al piano, su «mano derecha» necesaria con quien tanto ha trabajado y auténtico pilar para este estreno en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Quedamos con las ganas de celebrar en apenas un mes la Gala Lírica del XX Aniversario de La Castalia en el Auditorio, donde estarán dos de sus alumnas destacadas, que ya no son promesas sino realidades, Janeth Zúñiga y la propia María Heres, otro peldaño más compartir escenario con el tenor asturiano Alejandro Roy y cantar con una orquesta como Oviedo Filarmonía que estará dirigida por Isabel Rubio y donde podremos escuchar dos estrenos de Guillermo Martínez y Gabriel Ordás, igualmente muy ligados a «La Castalia del siglo XXI«, esperando poder seguir contándolo desde aquí.

Sangría, jamón y zarzuela «Off»

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Sábado 12 de febrero de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo, XXIX Festival de Teatro Lírico Español, Oviedo: Off. Zarzuela, The Land of Joy (La tierra de la alegría) de Joaquín Valverde Sanjuán. Entrada butaca (con descuento para los abonados al Festival):  16 €.
Reseña para Opera World del domingo 13, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

En Oviedo la ópera finaliza y da el relevo a la zarzuela que alcanza en este año su vigesimonovena edición, aunque con un título fuera del ciclo con representación única, supongo que de ahí lo de OFF Zarzuela, pues se trata de una revista u opereta angloespañola, que así se definía entonces, bilingüe y estrenada en Nueva York en 1917, rescatada y recuperada por la musicóloga Miriam Perandones. En su momento supuso todo un reto aunar la llamada música ligera en la que Quinito Valverde era una figura reconocida además de digno heredero de su padre Joaquín Valverde Durán, con las melodías del gusto americano que tanto nos recuerdan los musicales de Broadway donde también sería representada esta «Tierra de la alegría» que viajaría con éxito por Europa antes de saltar el charco.

Buena idea de promocionar nuestra España con todos los tópicos del momento, toros y flamenco, folklore y zarzuela todo en uno para una campaña turística que hubiese firmado el mismísimo Fraga Iribarne unos lustros después, añadiendo jamón rancio y sangría con vino barato. Difícil trasladar de época este «pastiche» de números musicales bien orquestados por Borja Mariño y con un trío lírico de altura que sólo pudo defender sus intervenciones con la máxima dignidad, al igual que el coro de mujeres de la «Capilla Polifónica» o la propia Oviedo Filarmonía con Pérez-Sierra al mando.

La adaptación del libreto resultó sin gracia, histrionismo contagioso por parte de Alberto Frías cual López Vázquez, los Ozores o el «landismo» de los últimos años de dictadura fuera de toda la actualidad o renovación buscada, si bien la idea primigenia era «reírse de los tópicos». Salvo el final del aclamado, mediático y popular Rodrigo Cuevas interpretándose a sí mismo, el más aplaudido de un trío de cantantes con textos hablados que no encajaban ni pegaban con los cantados en un intento de dar cohesión a una trama pobre en «decorados». Las proyecciones de collages variados (desde Curro Jiménez o El Quijote, hasta un caducado y descolorido jamón más un Arguiñano que en los 60 debería estar de «pinche de cocina«) no sirvieron para suplirlos, ni tampoco contribuyeron a dar empaque un atrezzo hecho sobre la marcha y una ¿puesta en escena? donde hasta las chicas resultaban perdidas con unos movimientos poco acompasados, aunque defendiendo bien tanto su primer número de «taquimecanógrafas» como la socorrida corrida de toros sevillana en una Feria de Abril con este frío carnavalesco, números cantados con mascarilla,  Con todo, la música siga siendo la mejor terapia y así debíamos entender esta «tierra de alegrías» que no fue pareja entre lo visto y lo escuchado, echando a perder una oportunidad de rescatar del olvido unas partituras que probablemente volverán al cajón.

Una lástima tener a tres voces que brillaron más en los «números ingleses», apropiados a sus tesituras, pues los españoles mantenían unos registros tan extremos que no quiero imaginarme cómo sonarían hace más de cien años. Cantados por Beatriz Díaz, de nuevo completa actoral y vocalmente, pero encasillándola en unos papeles que no le hacen justicia; otro tanto de Marina Pardo, lidiando con un rol poco agradecido para su color, y David Menéndez, al que llamaban Bogart cuando la trama era la del cafetero Cluny que así figuraba en el programa, soportando las morcillas literales o unos «Clavelitos» que no eran el hit de la tuna sino un nuevo intento de risa fácil.

El «espanglish» ya trasnochado (chechan of chan) tampoco resultó simpático para esta sociedad actual, y la provocación llegaría con Rodrigo Cuevas, el único amplificado del reparto, cuya «Serafina» fue de cuplé drag-queen que parte del público que llenaría el Campoamor, esperaba como fin de fiesta. No importaron los bien cantados dúos de Díaz y Menéndez (There’s A Chapter) o el buen hacer de Pardo, tampoco los esfuerzos femeninos del coro y la ilusión de tres de ellas en su minuto de gloria. Tampoco la sonoridad cercana y cuidada de la orquesta titular del festival, sin Lucas Macías pero con José Miguel Pérez-Sierra, máxima profesionalidad en todos ellos para defender lo indefendible en una hora y media de espectáculo. Todo parecía encaminarse al espectáculo final, verdadero reclamo del autodenominado «agitador folclórico», buena publicidad de la agencia del embaucador Alberto Albert para un mal montaje que echó por tierra toda la campaña prevista en el guión, aunque los «guiris» sigan eligiendo España de destino turístico, olvidando que no solo tenemos sangría y jamón, con la zarzuela mal empleada como banda sonora.

Ficha:

Teatro Campoamor de Oviedo, sábado 12 de febrero de 2022, 20:00 horas. The Land of Joy (La tierra de la alegría). Música: Joaquín Valverde Sanjuán. Libreto: Eulogio Velasco, José F. Elizondo y Ruth Boyd Ober. Revista angloespañola en dos actos y un prólogo, estrenada en el Park Theatre de Nueva York el 31 de octubre de 1917, recuperada por Miriam Perandones Lozano. Salma Yer, Beatriz Díaz. Lola Rubio, Marina Pardo. David Cluny / H. Bogart, David Menéndez. Alberto Albert, Alberto Frías. Rodrigo «El Adivino» / Lola Montiel, Rodrigo Cuevas. Dirección musical, José Miguel Pérez-Sierra. Oviedo Filarmonía. Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Dirección del coro, José Manuel San Emeterio. Dirección de escena, Bárbara Lluch. Arreglos musicales, Borja Mariño. Adaptación del libreto, Susana Gómez. Vestuario, Clara Peluffo. Diseño de iluminación, David Hortelano.

Trío solidario y asturiano

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Miércoles 22 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Filarmónica de Gijón, concierto 1642: Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Serena Pérez (mezzo), Juan Noval-Moro (tenor), Marcos Suárez (piano). Arias de ópera y romanzas de zarzuela.

Mi último concierto de este 2021 con un recital lírico a cargo de tres cantantes asturianos y a beneficio de la Asociación Galbán, con un Pachi Poncela de maestro de ceremonias, inspirado como siempre, melómano verdiano que al inicio de la parte de zarzuela informó que se recaudaron 4.200 €.

Recital con ópera en la primera parte y donde pudimos disfrutar tres arias en solitario de Carmen, dando cierta unidad y con la Micaela de «La Díaz» que recientemente interpretase en Alicante, dúos como la conocida Barcarolla de Offenbach con las dos damas astures en dúo de calidad y empaste perfecto, o la deseada Mimí de Puccini con Beatriz Díaz y Juan Noval (O soave fanciulla) en su salsa, incluso finalizando como en la propia ópera entre bastidores para cerrar la primera parte.

Destacar igualmente la incorporación de Idomeneo (Mozart) al repertorio de la soprano allerana que le va como anillo al dedo en este momento de su carrera, impecable técnica y escénicamente, espero poder disfrutarla en escena porque el papel de Elettra lo tiene plenamente asimilado y este aria del tercer acto fue un lujo de auténtico furor barroco.

La zarzuela tiene en Asturias su segunda capital y no podía faltar en esta gala, romanzas y dúos para comprobar el excelente nivel del trío vocal y una selección adecuada a cada voz, desde Las hijas del Zebedeo (Chapí), el Moreno Torroba con el dúo de Luisa Fernanda a cargo de Serena Pérez y Juan Noval muy sentido seguido de pasacalle de La Chulapona de la mezzo gijonesa, o la poderosa romanza de Doña Francisquita (Vives) con el tenor poleso en todo su esplendor vocal.

El cierre con Manuel Fernández Caballero y dos de sus números estrella, el dúo femenino de Los sobrinos del Capitán Grant, interpretación bien entendida y equilibrada, y el dúo y jota «No cantes más La Africana» de Beatriz Díaz y Juan Noval que siempre nos toca más de cerca que el Puccini aún sin estrenar por la allerana.

No podían faltar las propinas donde seguir disfrutando de las voces asturianas en más combinaciones, desde las conocidas «Mañanitas» de Don Gil de Alcalá con las damas de nuevo cómplicas en empaste y gusto que cohibió la participación de más público, «No puede ser» de La tabernera del puerto (Sorozábal) con el tenor volcado de nuevo en volúmenes impactantes, siempre muy aplaudidos, para finalizar los tres con el villancico francés Cantique de Noël (Adams) una estrofa cada uno (mezzo, soprano y tenor) y el final de ellas a trío.

Mención especial para el pianista Marcos Suárez, auténtico trabajador con un programa no ya extenso sino exigente, con buen entendimiento y complicidad entre las voces, trabajando esas reducciones orquestales que son más guiones que partituras pianísticas, resueltas con profesionalidad y gusto en un repertorio en el que se está asentando poco a poco.

Felicitar de nuevo a la Filarmónica Gijonesa por su tarea de apostar por lo nuestro y además con fines solidarios, y también por la calidad de sus programas, esta vez con unas completísimas notas de Mª Antonia Entrialgo que redondearon esta gala en el Jovellanos.

P.D.: con tiempo tras las vacaciones navideñas añadiré los enlaces habituales.

Regalos de cumpleaños para La Castalia

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Lunes 1 de noviembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XX Curso «La Voz en la Música de Cámara». Concierto de Clausura. Entrada libre.

Veinte años lleva la Asociación Cultural «La Castalia» apostando por el talento musical desde Asturias con las incombustibles Begoña G. Tamargo y Ana Cristina Tolívar formando músicos y dándoles la oportunidad de mostrarse a un público que ya desde «La Castalia» original del siglo XIX, la de Víctor Sáenz, ha hecho de la capital del Principado verdadera cuna de aficionados a la lírica y melómanos en general. Y La Castalia del XXI como bien recordaba al inicio del concierto la profesora de canto, con la misma decisión de entonces, con altibajos en los apoyos pero decidida en promover la formación y el inicio de carreras profesionales, homenajeaba en este concierto a la que fuese directora de la Obra Social y Cultural de la extinta Caja de Ahorros de Asturias, entre los años 1995 y 2005, Regina Rubio.

Importante agradecer el apoyo en los inicios de entidades que los tiempos han deslocalizado y perdido uno de los objetivos principales como era el apoyo a la cultura de nuestra tierra. Ya no tenemos Caja, ni Ahorros, ni en Asturias, por lo tanto, gracias en el recuerdo por el trabajo de Regina que entendió desde su responsabilidad que esta Castalia debería tener el respaldo de una entidad financiera que, como tantas otras, han llevado su capitalidad a otras autonomías para medrar de políticos en consejos de administración.

Me sigue asombrando la cantera, y hasta escuela propia, que nuestra Asturias ofrece, y nada mejor que comenzar noviembre descubriendo figuras en ciernes, aplaudiendo la progresión de voces que he visto «nacer al público», el trabajo nunca valorado por el tiempo que conlleva, el apoyo de un profesorado plenamente volcado a esta labor pedagógica a menudo ingrata pero necesaria, y esta vez añadir el regalo de poder escuchar ¡cuatro estrenos! en el Principado de compositores actuales, con lenguaje propio, conocedores de la voz y sus recursos, que las intérpretes han estudiado en tiempo récord para compartir con todos estas alegrías de «los primeros 20 años» de La Castalia del XXI.

Cuatro compositores con Juan Durán (1960) y los presentes Miguel Brotóns (1965), Guillermo Martínez (1983) y Raquel Rodríguez (1980) en distintas combinaciones, el Tríptico rosaliano con María Heres y Henar F. Clavel, del vigués, Ferrol, 1916, Impromptu fantasía para soprano y piano, de un alicantino afincado en Galicia inspirado por la poesía del ferrolano Ricardo Carballo Calero con Beatriz Vázquez y el maestro Mario Álvarez Blanco,  Pprincipio è Maggio del prolífico venezolano adoptado y «escolano de oro» en la voz de Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, más Yllayah de la carbayona con la voz de la mezzo Andrea Rey y un trío instrumental con Jesús Méndez (violín), Paula Lebón (chelo) y nuevamente Yelyzaveta (piano), cuatro regalos en cuatro interpretaciones y cuatro estilos que conviven y las voces recrean, música que necesita ser cantada para vivir. Enhorabuena.

De las voces felicitar de nuevo a la mezzo María Heres que apostó por la canción italiana antes del tríptico de Durán o el dúo de Guastavino Pueblito, mi pueblo con su homónima de tesitura Andrea Rey, en clara progresión, y a la chihuahuense Janeth Zúñiga que sigue ampliando repertorio, bien enfocada hoy con Deux ancolies (Lili Boulanger) más el estreno de Guillermo que le va perfecto a su color y tesitura.

Siempre sorprendente el desparpajo del joven violinista Marcelo Re con dos obras de Kreisler y Beethoven bien arropado por el «piano orquestal» de Tomchuk que vuelve a demostrar cómo la cuerda asturiana que trajeron «Los Virtuosos» ha florecido,  y desigual la joven avilesina Henar F. Clavel, buen fichaje en el mal llamado piano acompañante que tiene relevo generacional aunque algo precipitada en sus Albéniz y Falla, ímpetu juvenil que apunta maneras interpretativas pero deberá ser más cuidadosa al afrontar obras tan conocidas como comprometidas.

Final vocal con el piano de Mario con las famosas Mañanitas de «Don Gil de Alcalá», algo descompensadas pero siempre agradecidas para el gran público.

Apostar por repertorios nuevos, por compositores de ahora, sin olvidar la base necesaria de los llamados «clásicos», apoyar a músicos que se forman en nuestra tierra y brindarles la oportunidad del concierto son objetivos de «La Castalia» desde sus inicios. Su claustro de profesores conoce de primera mano lo que supone una carrera interminable de sacrificios, penurias y también alegrías como la de este inicio de noviembre, con un público que sigue siendo fiel y acudiendo a cada cita, sea en el RIDEA, en el Bellas Artes o en el Auditorio. En marzo se esperan novedades para celebrar por todo lo alto el vigésimo aniversario, tal como avanzó Begoña García-Tamargo, y poder actuar con una orquesta será otro escalón y premio para unas voces que seguirán formándose toda la vida.

Sueños de amor, cariño y pasión

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Miércoles 27 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos. Concierto 1639 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «Los históricos de la Filarmónica: Vázquez del Fresno». Cantarinos pa que suañes. Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano y compositor).

Los homenajes deben hacerse siempre en vida, y a ser posible en la tierra natal. La centenaria sociedad gijonesa rendía este último miércoles de octubre el merecido a Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) uno de sus socios que además debutó en ella como pianista hace 50 años, apoyado desde los inicios, disfrutando como espectador, triunfando como intérprete y haciéndonos disfrutar a sus fieles seguidores, que con los años terminamos siendo amigos.

La ventaja de cumplir años me permite poder compartir la trayectoria de este músico integral al que admiré en los conciertos que daba en Mieres, entonces también con Filarmónica local, donde como estudiante de piano le admiraba y pude escuchar el estreno de sus Audiogramas (de los que hoy nos regaló  el intermedio segundo) dedicado a su malogrado paisano y compañero Jesús González Alonso, a quien recordaré toda mi vida tras escucharle ganar el Concurso «Casa Viena» del antiguo conservatorio en la calle Rosal de Oviedo durante de mis vacaciones mateínas, y posteriormente también en mi Mieres de Luis Fernández Cabeza, presidente de una Filarmónica a la que aún no se le ha escrito su historia.

Al menos a Luis sus paisanos han dedicado el mejor homenaje posible en su doble faceta de intérprete y compositor, comenzando con su juvenil Yerba, op. 12 sobre temas populares asturianos, diez acuarelas vigentes por frescura, paisanaje desde el ímpetu virtuoso del Vázquez del Fresno enamorado de Debussy y la escuela francesa con los guiños humorísticos y socarrones entre cada número, el amor del Cantábrico  y la historia musical además de genética de sus tíos abuelos Saturnino del Fresno y Baldomero Fernández,  el respeto por el maestro Enrique Truán, el cariño demostrado hacia los destinatarios de todas sus obras y el amor por la vida que en su caso ha estado escrita siempre en los pentagramas. Un placer volver a escuchar la yerba asturiana desde la óptica de Luis Vázquez del Fresno, 50 años que son un soplo en una larga historia.

El segundo regalo fueron los Cantarinos pa que suañes al completo y encontrando al fin la voz ideal y única, destinataria in mente que la tierra y el destino pusieron en su camino, también en el mío, la soprano Beatriz Díaz que solo ella puede recrear e interpretar como la concibió el compositor, también pianista, el «lied asturiano» que da al piano el mismo protagonismo y a la voz la pureza lírica junto a la raíz autóctona de la tonada. Si en el Avilés «pre-pandemia» los trece poemas de Chemag (José María González Fernández) supusieron un hito, volver a escucharlos en Gijón resultaron el auténtico homenaje para todos. Cantarinos llenos de amor y dolor, de tristeza y melancolía, de sentimiento y esperanza, pero sobre todo de pasión. Cada poema, todos lujosamente encuadernados por «El Sastre de los Libros» para esta ocasión especial, los textos originales y traducidos con el respeto por el buen gusto y el merecido hacia un histórico de la propia Sociedad Filarmónica de Gijón, emanaban la propia lírica que Vázquez del Fresno volcaría en cada página. La voz de Beatriz Díaz engrandecía cada página, microrrelatos cargados del sentimiento preciso con una gama de matices aún mayor que la paleta del mejor pintor musical, pianísimos de cortar la respiración, los momentos de tonada propia cantados con el saber de una estrella operística que también lleva lo asturiano en sus genes, los melismas tan barrocos y belcantísticos que el piano apoya cual gaita de tecla, finales a elegir dependiendo del texto, susurrados o potentes, con entrega hasta la extenuación organizándolos de cuatro en cuatro, alegrías y tristezas, cadeninas y ñubes, auténticos xuguetes de la allerana con el beneplácito total del gijonés, compositor y pianista.

El cierre Marineru que une la mina y el mar, de Bóo a Xixón por autopista musical, retomando la melodía de los primeros Cantarinos pa que suañes cantados y saboreados, no sería aún colofón sino mi deseo de poder llevarlos al disco para herencia de nuevos melómanos e historia musical viva de nuestra tierra.

Si el segundo Audiograma me hizo desandar cincuenta años y desempolvar los programas de entonces, todos a buen recaudo, el estreno de Otoño con Beatriz Díaz resultó la tarta final, poesía de vida, metáfora de hojas caídas y sienes plateadas, el lenguaje propio de Luis Vázquez del Fresno que nuestra soprano universal hizo verbo lírico.

Una tarde con muchas historias, sueños cumplidos, poesía y música en perfecta comunión, amores fraternales y platónicos, elegías con recuerdos, pasión por la vida, amistades que perduran en el tiempo echando raíces que engrosan cada capítulo de un libro aún sin final.

Gracias Luis por tu música, tu amistad y por darnos tantas alegrías a quienes tenemos la suerte de compartirlas contigo. Felicidades por estas Bodas de Oro a las que todavía le quedan muchos años más de fértil creación, esperando seguir contándolos.

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