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Avilés siempre lírico

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Jueves 29 de octubre, 19:30 horas. Auditorio Casa Municipal de Cultura, Sociedad Filarmónica Avilesina: Concierto nº 2 de la Temporada (666 de la Segunda Época y 766 de la Sociedad): Beatriz Díaz (soprano), Marcos Suárez Fernández (piano).

Tercer día de esta semana con el periplo por las sociedades filarmónicas asturianas, que además tienen un convenio entre ellas para que los socios podamos acudir a los conciertos de abono de ellas, así que este último jueves de octubre me dirigí a La Villa del Adelantado para volver a escuchar a la soprano allerana Beatriz Díaz en recital, tras su espléndida Suor Angelica del Campoamor, y la Gala Lírica en el Teatro Monumental madrileño con la OCRTVE dirigida por Miquel Ortega en compañía de varias voces nacionales. Esta vez la escucharíamos con el acompañamiento del pianista langreano Marcos Suárez, su repertorista de cabecera ya convertido en referente lírico asturiano desde las 88 teclas.

Tras un respetuoso y emotivo minuto de silencio por las víctimas del trágico accidente ferroviario de Urta, el recital lírico se organizaría en cuatro bloques separados, como suele realizarse, con intervenciones solistas del piano, que además se relacionaban con los estilos elegidos.

Francesco Paolo Tosti es uno de los compositores italianos que mejor han entendido la canción de concierto, y Beatriz Díaz eligió dos de ellas (Sogno y L’ultimo bacio), íntimas, sentidas, de dicción perfecta y un acompañamiento delicado desde el piano. En la misma línea y con la predilección que la soprano asturiana tiene por Puccini, nos dejaría la bellísima romanza Sole e amore, una “mattinata” casi aperitivo para el siguiente bloque operístico, con una interpretación de lírica pura, pianíssimos increíbles y auténticos microrrelatos, porque la allerana dramatiza cada página, siempre perfectamente arropada por el langreano, que haría el puente con el cinematográfico Intermezzo de “Cavalleria rusticana” (Mascagni).

La ópera ha llevado a nuestra soprano a escenarios internacionales y no puede faltar en sus recitales tanto sinfónicos como camerísticos, con verdaderas recreaciones precisamente por la antes mencionada capacidad actoral que eleva el canto a la escena. Beatriz Díaz sin ser una soprano barroca, se agradece que nos brindase la conocida aria del “Rinaldo” haendeliano Lascia ch’io pianga, con poso, sin prisas, ornamentos precisos, matices extremos donde la “mezza voce” fluye natural y el piano casi clavecinístico, arrulla la voz en esta sentida aria.

Aunque no haya cantado mucho Mozart (y lo recuerdo en Santiago de Compostela la noche de Reyes de 2013 con la Real Filarmonía de Galicia dirigida por Manuel Hernández Silva), es uno de los compositores ideales para testar toda voz, y de “Las bodas de Fígaro” el aria Porgi amor, qualche ristoro… es una de las páginas perfectas para los ornamentos, matices y expresión lírica, que “La Díaz” junto a Suárez marcó lo que vendría a continuación, la grandeza de la ópera en la cercanía del salón en que se convirtió el escenario avilesino.

Llevo muchos años diciendo que Puccini parece haber escrito para Beatriz Díaz y así lo he comprobado a lo largo del tiempo, aún con la cercanía ovetense de su Sor Angélica. La juvenil Liù de “Turandot” mantiene la firma propia de una voz que con los años ha ganado cuerpo y redondez en el registro grave, así que Tu che di gel sei cinta volvió a ponernos la carne de gallina por entrega, dramatismo y belleza canora con un piano orquestal rotundo al servicio de la solista.

Otra de las páginas operísticas que no pueden faltar en los recitales aunque la obra completa sea casi una rareza, y me refiero a “La Wally” de Alfredo Catalani, es el aria Ebben? Ne andrò lontana que va más allá de lo que suelo denominar pirotecnia vocal, partitura que todas las sopranos han llevado a su terreno y la asturiana también: la discusión  de La Wally protagonista con su padre que quiere obligarla a casarse con Hagenbach, a quien no ama, decidiendo abandonar su hogar en los Alpes tiroleses para irse lejos, quizás para no volver jamás. Intensidad emocional que en la voz de La Díaz nos trajo la expresividad de un personaje que arrebata.

Tras un breve descanso la segunda parte comenzaría con tres canciones de concierto españolas, nuestro lied para voz y piano que solo podía arrancar desde Asturias y su folklore que ha inspirado a tantos compositores a lo largo del tiempo. El turolense Antón García Abril nos ha dejado escrita una colección de 14 “Canciones asturianas” de las que el dúo eligió Ayer vite na fonte y Duérmete neñu, protagonismo compartido entre el piano y la voz, la escritura actual que (re)viste la voz del pueblo, la soprano cercana que ha vivido en casa la tonada, y como el compositor, eleva a clásica una música de todos desde el tránsito lírico y el sentimiento. Un éxito aplaudido largamente por el público que acudió en buen número a este segundo concierto de la actual temporada de la Sociedad Filarmónica Avilesina fundada en 1918, con ganas de celebrar su centenario.

Y la Granadina del cubano-español Joaquín Nin me llevó al reino nazarí donde el piano es guitarra y la voz tiene el “pellizco” necesario, la versatilidad de los asturianos para afrontar y deleitarnos con nuestro rico “folklore de concierto” en buena complicidad y perfecta compenetración.

El “puente” para el último bloque sería el sevillano Joaquín Turina de verdadero Ensueño (segunda de las tres Danzas Fantásticas op. 22) desde el piano de Marcos Suárez, buena elección decantándose por un ambiente íntimo y no la explosión de cualquiera de las otras danzas (aunque la Orgía se la escuché con la misma entrega), rico en dinámicas y fraseos para entrar en la zarzuela que con Beatriz Díaz es otro espectáculo.

Cinco números variados, exquisitos y populares, recuperados y actuales, comenzando con la habanera de la “Niña Pancha” Soy cubanita (Romea y Valverde), el género lírico de La Habana Colonial con Beatriz Díaz cantando la Pancha sabrosona y sensual; el original sainete de los hermanos Quintero con música de María Rodrigo “Diana la cazadora” y la romanza Canción de la muerte chiquita que se ha convertido en otra joya recuperada de nuestro patrimonio musical en una interpretación impecable; el popular Tango de la Menegilda (“La Gran Vía”) de Chueca castizo a más no poder; para finalizar con “El dúo de La africana” de Fernández Caballero y la Canción andaluza que Beatriz Díaz ya ha representado sobre las tablas y este jueves volvió a interpretar en el amplio sentido de la palabra, con todo el humor, gracejo, escenificación y complicidad de Marcos Suárez, compartiendo este final de jolgorio y picaresca.

Tras agradecer la acogida que Avilés siempre ha mostrado a la soprano allerana desde sus inicios de su carrera, con muchas amistades presente, nos regalaría El vito (de “Canciones clásicas españolas” de Obradors) en una exigente partitura para el piano y nuevamente la voz del folklore traída a la escena, perfecto broche final a este recital que supo a poco.

PROGRAMA

I

P. Tosti (1846-1916): Sogno – L’ultimo bacio

G. Puccini (1858-1924): Sole e amore

P. Mascagni (1863-1945): Intermezzo (“Cavalleria rusticana”)

G. F. Haendel (1685-1757): Lascia ch’io pianga (“Rinaldo”)

W. A. Mozart (1756-1791): Porgi amor (“Le nozze di Figaro”)

G. Puccini (1858-1924): Tu che di gel sei cinta (“Turandot”)

A. Catalani (1854-1893): Ebben? Ne andrò lontana (“La Wally”)

Il

A. García Abril (1933-2021): Ayer vite na fonte – Duérmete neñu (de “Canciones asturianas”)

J. Nin (1879-1949): Granadina (de “Veinte cantos populares españoles”)

J. Turina (1882-1949): Danzas Fantásticas op.22: Ensueño

J. Romea (1813-1868) y J. Valverde (1846-1903): Soy cubanita (“Niña Pancha”)

M. Rodrigo (1888-1967): Canción de la muerte chiquita (“Diana la cazadora”)

F. Chueca (1846-1908): Tango de la Menegilda (“La gran vía”)

M. F. Caballero (1835-1906): Canción andaluza (“El dúo de La africana”)

Propina:

F. Obradors (1896-1945): El vito (de “Canciones clásicas españolas”)

Espléndida Jaho

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Viernes 12 de enero de 2024, 20:00 horas. Auditorio “Príncipe Felipe” (Oviedo), Conciertos del Auditorio (25 años): «Gala Lírica». Ermonela Jaho (soprano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Entradas: 29€ y 25€.

Crítica para ÓperaWorld del sábado 13 con los añadidos de fotos de las RRSS y propias, más links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Ermonela Jaho volvía por tercera vez a “La Viena Española” tras su cancelación por enfermedad del concierto previsto en octubre de 2.022 con otro nuevo revés, esta vez el tenor Antonio Corianò que durante los ensayos en Oviedo debido a una repentina y severa afección respiratoria hubo de cancelar su participación. Ante esta situación sobrevenida, la soprano de origen albanés asumiría en solitario esta Gala Lírica incorporando nuevas arias a las inicialmente previstas y programadas (sin tiempo para cambiar los programas de mano, y al menos solventado con una hoja),emitiendo un comunicado la Fundación Municipal de Cultura que deseaba “una pronta recuperación al señor Corianò y agradeciendo muy especialmente a la señora Jaho su generosidad en asumir íntegramente la gala lírica”.
Los Conciertos del Auditorio ya nos trajeron en abril de 2019 a una Jaho con legión de admiradores que repetiría en la ópera ovetense hace ahora dos años con su «Adriana Lecouvrer» comentada en estas mismas páginas. Si el formato de recital compartido presupone la alternancia de números instrumentales a cargo de la orquesta con arias y dúos que permiten a las voces un ligero descanso, pues cada página conlleva un esfuerzo mayor que la propia ópera a la que pertenecen, está claro que asumir las nuevas arias en solitario y con tan poco tiempo, le traería a la soprano un extra que solventó con la misma profesionalidad y entrega a la que nos tiene acostumbrados, espléndida incluso con las propinas tras una “carrera de fondo” luchando contra los elementos y volviendo a enamorar a un público que casi llenó el auditorio ovetense, con muchos “operófilos del Campoamor” y una buena legión de fans, poniéndose en pie al finalizar el recital.
Si de esfuerzo hablamos también el de la Oviedo Filarmonía debiendo armar en dos días el ‘nuevo’ programa aunque su experiencia acumulada en estos veinticinco años en el foso es un tanto a su favor y más con su titular Lucas Macías que se ha hecho plenamente con ella, llevándola a crecer en cada función y concierto, tanto en el “templo lírico” como en este auditorio que con la orquesta celebra sus bodas de plata. La formación de la capital abrió la velada con la obertura de las Vísperas de Verdi disfrutando de la sonoridad fuera del foso y con refuerzos que le dieron un “músculo” extra, desde la parte inicial para acallar toses (algo difícil en estos días), teléfonos y alarmas, que siguen siendo pandémicas, hasta el cambio de tempo para dejarnos lo mejor de este gélido viernes con el que comenzaba un enero lírico en la capital asturiana.
Destacable igualmente el siempre bello «Intermezzo» de la Cavalleria de Mascagni para degustar una cuerda hoy homogénea, vigorosa, cálida, con el arpa de José Antonio Domené que estaría impecable a lo largo de toda la velada. La segunda parte abriría de nuevo Verdi con el Preludio de Macbeth, algo más destemplado y un Adagietto de la Quinta de Mahler que pese a carecer de lógica en una gala operística, al menos se inspiraba en el texto de Rückert “He muerto para el mundo”, lo que daba el carácter dramático (y casi cinematográfico de Visconti) tras el dolor de Suor Angelica, volviendo a disfrutar de una cuerda madura y ya con sonoridad propia, siempre bien entendida por el maestro onubense que alterna titularidad con Granada.
La entrada elegante en escena de “La Jaho” marcaría las líneas generales de la gala, los atributos ya conocidos de la albanesa que ya apuntase en su primera visita al auditorio (entonces con el tenor Benjamin Bernheim): su entrega total en cada papel, su presencia escénica, su técnica e incluso su color vocal que se ha enriquecido, así como la plena implicación en todas las arias elegidas, escenificando las heroínas operísticas que todos esperábamos aunque siga “abusando” de recursos como el vibrato por momentos desmedido, los fiatos que han ganado en amplitud dinámica y todavía algunos portamentos hacia el agudo, dificilísimos por otra parte, rozando una afinación no del todo limpia en algún “tutti” con la orquesta, que tampoco ayudó por sus dinámicas poderosas detrás de la soprano y no abajo en el foso, lo que nos hizo perder intensidades dramáticas en los graves, pero deshaciéndose en estos años del amaneramiento que le pasaba factura global en cuanto a calidad.
Este frío viernes en Vetusta se mantuvo un interesante duelo operístico entre Verdi y Puccini, decantándose por el de Lucca por poca diferencia (la prórroga desequilibraría el empate pese al gran instrumental del de Busseto), aunque abriría recital con su Adriana Lecouvreur (que bisaría como segunda propina) y la famosísima aria de Cilea “Io sono l’umile ancella» de gran poder emocional, que volvió a enamorar por su dramatización y entrega, haciéndonos volver atrás en el tiempo hasta el centenario teatro carbayón con las temporadas líricas de ópera y zarzuela auténticos referentes en España.
Y de nuevo Verdi tras una rápida salida y entrada del escenario para “cambiar el chip”, pues tras la “Canción del Sauce” de Otello, el «Ave María» supone un cambio drástico por la amplia tesitura de una Desdémona evocadora que presiente la muerte, y donde el registro grave tan exigente quedaría algo tapado por una orquesta poderosa más que misteriosa. Pero esta oración siempre emociona y Jaho transmite el intimismo del rol y el dramatismo de su celoso y asesino esposo, miedo y angustia cantado en el “Egli era nato per la sua gloria, io per amar” (Él nació para su gloria y yo para amar…), el mismo sentimiento hacia Otello escrito por Verdi y cantado por Ermonela con toda la carga emocional que el personaje pide.
El siguiente grande, Puccini primero de la tarde, llegaría con Magda de Civry y su aria “El bello sueño de Doretta” de La rondine (brava María Cueva al piano), nuevo cambio escénico y actoral donde la voz de Ermonela Jaho voló como la golondrina, bien proyectada, fiatos “marca de la casa ” y la tentación orquestal por ser águila imperial en esta “opereta vienesa a la italiana”.
Aún quedaba un nuevo contraataque verdiano, la Violetta Valery del último acto, todavía cercana en nuestros oídos (con “La Bakanova” también comentada desde estas páginas) y el aria inmortal “Addio del passato” con la Jaho saliendo transmutada, otra transformación escénica leyendo la carta a Alfredo, melancólica belleza, tosiendo (ayudada por parte del público), creyéndose y sintiendo ese papel que está haciéndola triunfar: el lamento de su vida descarriada y llena de excesos así como de su amor perdido. Emoción y respeto antes de los atronadores aplausos, al menos hubo química con la orquesta y el maestro Macías sacó el mejor concertador, con el oboe de Jorge Bronte tan lírico como la propia albanesa. Público entregado y agradecido por la generosa Jaho que da todo sobre las tablas.
El aria más conocida de La Wally, la sexta y última ópera de Catalani (calificada como “verismo blando” por Arturo Reverter en sus notas al programa), que personalmente nunca vi en directo. “Ebben ne andrò lontana” sería donde Ermonela Jaho arrancaría vocalmente la segunda mitad con otro vestido (las cantantes suelen hacerlo contrastando igualmente color y hechura) antes del Puccini que en el actual momento vocal de la soprano de origen albanés es su mejor tarjeta de presentación. Maravillosos sus cambios de roles, pasando de Sor Angelica a Cio-Cio-San y sin apenas respiro a Flora Tosca, tres arias donde explotar las dotes de una Ermonela que transmite cada página, que las escenifica, que las siente, que emociona y hace creíbles. De nuevo sobrevoló la tentación sinfónica del inigualable orquestador Puccini que opacó por momentos los registros graves, pero la ópera es escena, texto y música. La Jaho lo sabe y el público lírico asturiano lo agradece: la madre y monja sacrificada del “Senza mamma” nos hizo añorarla en el último díptico pucciniano del Campoamor (no llegó a tríptico), ya más mimada por Macías y corpórea en los graves con toda la emoción de los agudos. La japonesa, hasta en la gestualidad, de “Un bel di vedremo” haciéndonos sentirnos Suzuki a todo el auditorio, divisando la esperada nave entrando en puerto, la fragilidad del personaje y la fortaleza vocal de esta “gheisa”. Por último “Vissi d’Arte”, el destino hecho música y personificado por Ermonela Jaho, a merced de los teatros o el público igual que Cavaradossi del terrible Scarpia, testamento propio y ajeno cuando canta “He vivido del arte, he vivido del amor…”, Ermonela Tosca triunfadora de la noche.
Si había un incierto empate en este particular duelo lírico entre Busseto y Lucca, la primera propina lo decantó por el último gran operista, el toscano frente al parmesano rememorándonos nuevamente el ya comentado díptico del Campoamor, Gianni Schicchi y el aria más cantada, “O mio babbino caro” donde Lauretta Jaho completó sus personajes puccinianos: angustia y tormento para poder casarse con Rinuccio, esfuerzo dramático y amor por la ópera, regalándonos esta “gala de gala” en solitario con el carácter de “espléndida” en el amplio sentido del adjetivo.
Auditorio en pie, rendido a “La Jaho” y bisando“humilde esclava del genio creador”, Ermonela verdadera trabajadora lírica, quien en una entrevista para la prensa local contestaba que su ópera favorita es “aquella con la que puedo llevar al público en un viaje espiritual en el que ambos alcanzamos la catarsis”, y realmente lo consiguió, rompiéndonos el corazón con todas las protagonistas.
PROGRAMA:
1ª PARTE
Obertura de “I vespri siciliani” (G. Verdi)
Io sono l’umile ancella, de “Adriana Lecouvreur” (F. Cilea)
Ave Maria, de “Otello” (G. Verdi)
Intermezzo de “Cavalleria Rusticana” (P. Mascagni)
Il bel sogno di Doretta, de “La Rondine” (G. Puccini)
Addio del pasato, de “La Traviata” (G. Verdi)
2ª PARTE
Obertura de “Macbeth” (G. Verdi)
Ebben ne andrò lontana, de “La Wally” (A. Catalani)
Senza Mamma, de “Suor Angelica” (G. Puccini)
“Adagietto” de la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (G. Mahler)
Un bel di vedremo, de “Madama Butterfly” (G. Puccini)
Vissi d’Arte, de “Tosca” (G. Puccini)

Viva Puccini con Beatriz Díaz

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Miércoles 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gala Lírica Asturiana, Sociedad Filarmónica de Gijón. Beatriz Díaz (soprano), Alejandro Roy (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano). Arias y dúos de Verdi, Cilea, Ponchielli, Catalani y Puccini. Entrada 26 €.

Llevo años diciendo y escribiendo que la soprano para la que Puccini escribió es la asturiana Beatriz Díaz, y este miércoles junto al tenor Alejandro Roy quedó más que corroborado, ampliando además roles que los años colocan en su sitio exacto, sabia elección de repertorio que nos dará muchas alegrías.

No hubo lleno en el Jovellanos gijonés aunque la gala operística se lo merecía, con un Juan Antonio Álvarez Parejo en el siempre difícil papel de «pianista-orquesta», partituras imposibles de tocar por sus reducciones complejas que solo los años de experiencia logran hacer creíbles desde su magisterio repertorista, como ya demostrase en la última Suor Angelica gallega, una segunda juventud desde la madurez.

Y aunque Puccini sigue siendo tan protagonista como nuestra pareja lírica asturiana, eligieron Verdi y su Otello para abrir boca, exigente, de claroscuros instrumentales para ir descubriendo una Desdémona allerana inédita que empastó a la perfección con «el moro de Gijón» en Già nella notte. Continuarían cada uno con arias habituales de sus repertorio, Io son l’umile ancella (Cilea, Adriana Lecouvreur) para disfrutar de «La Díaz» en estado puro, y Cielo e mar (Ponchielli, La Gioconda) con un Roy en su línea habitual de tenor «dramático» por fuerza en la emisión y color vocal, cariñosamente un «auténtico animal».

El maestro Parejo tuvo su protagonismo con un arreglo de John Gribben del famoso «Intermezzo» de Manon Lescaut (Puccini), la belleza de una partitura orquestal igualmente válida al piano cuando se logra el color preciso y bebiendo en las fuentes originales del italiano.

Hasta el merecido descanso el Jovellanos de Gijón sería la Nagasaki de Madama Butterfly (Puccini) con la bomba de Boo y el Pinkerton embaucador, Un bel di vedremo que nos pondría la piel de gallina con Butterfly Díaz de salón, por cercanía capaz de susurrarnos y explotar emociones desde una voz única con la orquesta en blanco y negro del piano, contestado con Addio fiorito occhi de Pinkerton Roy, muy sentido y condensando la fuerza del personaje en este aria de apenas minuto y medio antes del amoroso dúo Bimba dagli occhi que realmente enamoró al respetable, caracteres vocales bien definidos, la inocente Cio-Cio San y el marino conquistador con amores en cada puerto, en un momento irrepetible de estos asturianos universales.

Si la primera parte rebosó emoción por Puccini, la segunda rompería moldes con pinceladas increíbles en sedas líricas como Ebben, ne andrò lontana (Catalani, La Wally) a cargo de «la sopranísima» que emociona de principio a fin en este aria de aire «pucciniano», o el Vesti la giubba (Leoncavallo, Pagliacci) de Canio Roy cual anillo al dedo de nuestro tenor que está igualmente en un momento perfecto para el verismo desde su Curro Vargas que sólo él puede cantar en estos momentos.

Puccini nos devolvió al paraíso melódico que sólo el de Lucca entendió como nadie, primero la «debutante» Tosca nos cantó a dúo con Mario (quien regaló fuera de programa el «Adiós a la vida«) actuando en igualdad de condiciones escénicas y vocales, muchas ganas de poder recrearlo encima de las tablas con orquesta, transformando después a Cavaradossi en el Dick Johnson de La fanciulla del West que la «orquesta Parejo» vistió realmente de vaqueros el aria Ch’ella mi creda. Su intermedio de esta segunda sería la Fantasía brillante sobre Carmen en arreglo de Wilhelm Kuhe, ópera que los dos asturianos tienen en repertorio pero donde Bizet permitió que Puccini le eclipsase por tierra, mar y aire.

Para el final la Liù allerana con Tu che di gel del Turandot, lágrimas musicales que espesan con los años pero vuelan igual de alto en esta cantante que adora a Giacomo, antes de La Bohème y el famoso dúo de Mimì y Rodolfo, O soave fanciulla, el papel que espero ver en vida completo de esta «Musseta con alma de Mimì» que Beatriz Díaz bordó con Alejandro Roy, dos voces asturianas por el mundo y que la «sopranísima» personifica como nadie.

Puccini también regalo de lujo como no podía ser menos, el citado E lucevan le stelle (Mario Cavaradossi de Tosca), y O mio babbino caro (Lauretta de Gianni Schichi) que pusiese el Colón bonaerense a los pies de esta grande y el Jovellanos nos la trajo de vuelta a casa junto al tenor gijonés, dúo de artistas astures profetas también en su tierra.