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Tributo a los organistas anónimos

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Domingo 19 de agosto, 16:30 horas, Basílica de Covadonga. IV Ciclo de conciertos Órganos de Covadonga: Víctor Urdialez Ruiz y Jaime Menéndez Corrales. Obras de Sweelinck, J. Bennett (c. 1735-1784), Frescobaldi, Pachelbel, Bach, Elgar, Henri Mulet (1878-1967) y Satie.

Covadonga es «La Cuna de España», además de un Santuario Mariano en el que cualquier día del año, y más en verano, el peregrinaje es permanente. La Escolanía es también historia de este lugar tan emblemático para todos; la Santa Cueva mantiene todo su simbolismo, y la Basílica cuenta desde hace años con el nuevo órgano de la factoría Acitores S. L., instrumento a pleno funcionamiento que además se sitúa en el itinerario del Festival de Órgano CajAstur (estando la edición XXIV en el aire por la crisis bancaria donde la «tijera cultural» está haciendo estragos); su organista titular, Fernando Álvarez Menéndez, lleva en el puesto 25 años y siempre resulta un placer escucharle.

Coincidiendo con un agosto donde los turistas y peregrinos son multitud, hace cuatro años que comenzó este ciclo dominical de conciertos previos al inicio de la Novena a la Virgen de Covadonga, distinto a otros por ese aire festivo aunque la calidad siempre está presente en el quehacer de los intérpretes. Esta edición la inauguraba mi querido Chema Martínez y continuó Fernando Álvarez. Como bien recordaba el actual Abad D. Juan José Tuñón al inicio del concierto, hay que rendir doble tributo: a los organistas litúrgicos, esos que acompañan domingos y fiestas de guardar, muchos de formación autodidacta, amantes de la música para tecla y auténticos «forofos» más allá de una afición que los feligreses no siempre entienden, caso de Jaime Menéndez (1956) en la Iglesia de San Pedro de Soto del Barco; a los estudiantes de órgano, los futuros profesionales que en plena formación académica pueden ir fogeándose no ya con el repertorio sino con ese público sin el que nada tendría razón de ser, como Víctor Urdialez (1993), un ecuatoriano formado en la Escolanía del Real Sitio de Covadonga que estudia órgano en el CONSMUPA de Oviedo (comenzará su tercer curso) y este domingo compartió concierto en el Órgano Mayor de la Basílica, que atesora una riqueza tímbrica de la que ambos intérpretes nos hicieron partícipes.

El programa lo dejo aquí arriba, y sin entrar en cada obra, al menos comentar algunas cosas.

A modo de presentación, el titular nos ofreció una breve recreación de uno de los temas de La noche celta de Ramón Prada Blanco, otro ex-escolano, músico cangués y obra impresionante que en el órgano tomó una impronta nueva, que seguramente tendrá continuidad con algún proyecto nuevo que me comentó Fernando Álvarez al finalizar el concierto. La apuesta por nuevos repertorios a partir de adaptaciones de calidad como la escuchada, es un camino aún por explorar y del agrado de públicos como el del verano en «La Cuna».

Las obras elegidas por los concertistas fueron muy diferentes pero todas interpretadas desde el rigor y el buen gusto, así como una correcta elección de registros que siempre lleva mucho tiempo, repertorio:

  • siempre necesario en la formación, como en el caso de Víctor Urdialez, difícil no ya técnicamente, que lo es, en especial esa Partita BWV 767 -coral y tres variaciones- de Bach sino en el acierto de la elección tímbrica, todo una vida de oficio donde cada instrumento es un mundo; tomaremos nota porque su nivel de autoexigencia es muy grande y siempre es positivo;
  • personal del organista para el culto diario que conjuga la necesaria ambientación litúrgica, como pueda ser el Adagio (Bennett) con las inquietudes propias de todo músico, incluso uniendo ambas, caso de las dos obras del Kantor: el coral Liebster Jesu, Wir Sind Hier (BWV 731) y el Adagio (BWV 564), donde la sonoridad redondeó unas obras que no faltan nunca en los bancos y Jaime disfrutó con ambas.

Aplaudir la iniciativa, el apoyo y reconocimiento a estos músicos «anónimos» cuyo amor por la música y más la del rey de los instrumentos, lo comparte con un público que aplaudió cada obra, dejándonos cada uno la propina de rigor en una hora de buenas sensaciones que continuó con la sobremesa en la sombra hablando, cómo no, de músicos, músicas y nuevos proyectos. Aún queda el concierto del día 29 en el realejo de la Colegiata, con la Escolanía y Rubén Díez García, cual pre-novena que comenzará el día 30 con la presencia del Nuncio, esperando poder asistir para cerrar un agosto de órgano.

Después del concierto con Fernando, Jaime y Víctor
Y el próximo año más…

Sigo un verano organístico

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Sábado 18 de agosto, 20:30 horas. XXII Música en la Catedral, Astorga: Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de Sweelinck, Buxtehude, Muffat, Pasquini, Bach, Mendelssohn y Boëllmann. Organiza: Asociación Amigos de la Catedral y Cabildo Catedralicio; aportación: 3€.

En verano suelo hacer escapadas musicales, y puede que mi amor por el órgano me lleve a buscar conciertos cerca, como así sucedió este sábado donde mi admirada Ana Belén participaba en el segundo de los tres conciertos programados en la Catedral maragata, a quien la premura me impidió saludar personalmente, y que estuvo asistida, creo, por una de sus compañeras en el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro.

Siempre es un placer escuchar a esta intérprete de Andoain que nos deleitó en Asturias un par de veces en el Festival de Órgano CajAstur del pasado año. Destacar su madurez, notoria en cada concierto, excelente registración y búsqueda de obras siempre arriesgadas de todos los estilos, pero sin perder nada de la frescura y limpieza expositiva, máxime en un instrumento que podría calificar de recio como el carácter castellano, y si me apuran berciano restaurado por Federico Acitores, a quien escuché comentar cómo cada órgano tiene su propia idiosincrasia y personalidad cual acento hablado hecho música, y el de Astorga es uno de los que marca por su sonoridad, en especial los violones y las trompetas.

Del programa previsto arrancó la Fantasía Cromática (F. Sweelinck), seguida de la Ciacona en Mi menor (Buxtehude) que ya le escuché en Asturias, para seguir subiendo el listón con la Toccata prima (G. Muffat), exigentes todas y bien expuestas aunque de escucha algo dura por la propia registración, bien utilizada en cambio al introducir en el concierto la Introducción y Pastoral (B. Pasquini) aprovechando ese efecto «pajarillo» que sí forma parte del órgano maragato, aunque las campanas de los cuartos y voladores en el exterior también se sumaron al despliegue sonoro.

Volvió a impresionar en el Preludio y fuga en La m., BWV 543 (Bach) de registros conseguidos para poder paladear toda la paleta sonora del Kantor de Santo Tomás en Leipzig, disfrutando con el pedalier virtuoso y claro, con una exposición de la fuga realmente impactante y una elección de tempi ajustada. Y el «descubridor» también se sumó al regalo organístico con la Sonata III, Op. 65 (F. Mendelssohn), fiel discípulo y seguidor del maestro, sonoridad romántica para los dos movimientos I. Con moto maestoso y II. Andante tranquilo literalmente majestuoso el primero y auténtico «delirio reposado» el segundo, magisterio instrumental de escritura y ejecución, templanza y nobleza cual virtudes organísticas.

Y aunque se «caía» Guridi por cuestiones técnicas, la Toccata final de la «Suite Gótica» Op. 25 (L. Boëllmann) puso el auténtico broche de oro para un programa amplio en el tiempo que fue del agrado de un público que abarrotó la catedral y supuso un repaso a la literatura de órgano que Ana Belén García sigue trabajando duramente.

Sorpresas veraniegas

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Jueves 19 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: Hans-Peter Retzmann, órgano. Obras de Bach, Franck, Boëllmann y el propio Retzmann. Organizado y patrocinado por la Fundación Avilés Conquista Musical.

Siempre es un placer escaparme hasta Avilés a escuchar «el niño de Chema» y la prensa avisó de este concierto (también este compañero bloggero) en el órgano fabricado por Acitores además del acompañamiento de la Eucaristía previa al mismo, otra sorpresa agradable al escucharlo durante el culto, como supongo hace este organista nacido en Colonia y titular de la Iglesia de S. Juan Bautista de Mönchengladbach.

Cada vez descubrimos nuevas sonoridades en esta joya de «Sabugo Nuevo», y me alegra saber que más allá del Festival de Órgano o la Semana de Música Religiosa, Avilés sigue apostando por mantener vivo un instrumento que tanto esfuerzo (y dinero) ha costado. Escuchar a tres de los grandes en la interpretación de Retzmann resultó bien aunque no esté acostumbrado a unos registros como los elegidos por el alemán, puede que por falta de tiempo para investigar en los miles de combinaciones posibles apropiadas para las obras de esta tarde gris del verano avilesino, si bien me consta el esfuerzo realizado porque la profesionalidad del músico germano está demostrada y seguro estuvo perfectamente asesorado tanto por el «titular» José Mª Martínez como por el propio Federico Acitores. También a su favor la evolución y trabajo a lo largo del concierto «haciéndose» con un instrumento que seguirá asombrándonos en cada escucha.

El Preludio y Fuga en RE M., BWV 532 (J. S. Bach) resultó algo confuso en los planos sonoros pese a un tempo más reposado de lo «normal», aunque la Fuga diese más luz, y un pedalero bien ajustado, siempre desde una interpretación ajustada históricamente.

La Pastoral de Cesar Franck sí sonó puramente romántica en el instrumento de Santo Tomás, gran variedad de registros y matices para un intérprete de técnica impecable, con momentos realmente de belleza tímbrica.

De esta tríada inicial destacó Priére á Notre-Dame, tercer número de la «Suite Gotique» de Léon Boëllmann, descubriendo combinaciones en los teclados soberbias, en especial un trémolo de «cromormo» quasi armonio en el Teclado I mientras en el III desgranaba una «voz celeste» realmente hermosa.

Y para redondear este concierto, el organista, que estudió con el muy querido en Avilés Naji Hakim composición e improvisación, tuvo a bien ofrecernos dos temas asturianos desde una técnica que va más allá de la  histórica variación a la que los intérpretes de hoy están volviendo. En el órgano positivo del altar nos desgranó unas Variaciones sobre «Carretera de Avilés» que enriquecieron tímbrica y armónicamente un tema tan universal desde lo local, adaptado a esa pequeña maravilla que también tuvo su protagonismo junto al «hermano mayor», preparatorio de la obra final nuevamente en el gran órgano: Sinfonietta asturiana a partir de la melodía «Santa María, en el cielo hay una estrella…», en cuatro movimientos bien contrastados en todo, llámese fraseo, registros, tiempos, matices y lo que queramos añadir, sin perder nunca el original pese a las múltiples variaciones: Introducción, Trío, Meditación y Final, suponiendo habrá quedado grabada para el archivo de la Fundación. Resultó un derroche musical de clara inspiración en Max Reger, compositor sobre el que el maestro Retzmann está preparando una tesis doctoral.

La satisfacción fue generalizada, no ya por estos dos regalos musicales de inspiración asturiana en uno de los mejores órganos de nuestra tierra sino por seguir comprobando cómo queda aún mucha ilusión en mantener viva la llama encendida del rey de los instrumentos. Siempre de agradecer conciertos como el de esta tarde, esperando el pronto relevo de organistas de nuestra tierra (ya los hay) que ayudarán a poder continuar un camino que nunca debió perderse. Los maestros siempre son un referente y el modelo a seguir; Hans-Peter Retzmann ya está en la larga lista de un claustro de profesores que sigue creciendo desde esta tierrina nuestra, y al que esperamos volver a escuchar de nuevo.

Del abismo al paraíso

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Miércoles 14 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Midori (violín), OvFi, Marzio Conti (director). Obras de Puccini, Britten y Ravel.

Concierto distinto con la lírica sobrevolando todo él en un estilo que tanto la orquesta ovetense como su actual titular dominan y se sienten cómodos, «cojeando» algo en Ravel pero sobre todo emocionando con Midori.

El Intermezzo del Acto III de «Manon Lescaut» (Puccini) se colocaba al inicio para calentar motores, versión más sinfónica que de foso que siempre agradecen todos al permitir una gama dinámica más amplia y mejor escucha por parte de un público tan operófilo como el carbayón, con un solo del cello de Gabriel Ureña dulce y bien cantabile cual barítono en estado de gracia, seguido por la viola de Igor Sulyga y el violín de Mijlin, trío de ases que despuntaron cual figuras líricas.

El Concierto para violín nº 1, op. 15 de Britten nos presentaba en la capital asturiana (puente entre Florida y Suiza) a Midori, una violinista cuya presencia física menuda y delicada se transforma desde el primer compás. Cual prolongación corpórea su interpretación de esta obra poliédrica, de aristas cortantes, llena de sufrimiento, transmitía con toda la gestualidad pareja a cada nota que su violín (Guarneri del Gesù de 1734) emitía, sin perder el lirismo que ya nos cautivó recientemente en el «Peter Grimes» y ahora la OvFi acompañó como si de la voz se tratase, violín cantante, emotivo, dramático, gimiente, brillante, con un virtuosismo nunca exagerado y planeando todo el dolor y sentimiento del compositor inglés en un 1939 triste históricamente como bien recuerda Aurelio M. Seco en las notas al programa. La concertación de Conti puedo decir que fue operística porque así lo pide una partitura exigente para toda la plantilla, logrando una gama dinámica que hizo suspirar tras cada pianíssimo, siempre atento a la solista que ejerció con mando en plaza. Esfuerzo recompensado dejándonos una versión para recordar de una obra con la que no se atreven muchos solistas ni orquestas, dura no ya para el ánimo.

Todavía con ese malestar que Britten te deja en el cuerpo, Midori nos regaló la Fuga de la Sonata nº 1 en Sol m. BWV 1001 de Bach, auténtica delicia de fraseo, sonido y placer tras el dolor, en un tempo agradecido, nada lento y como terapia necesaria, grandeza que continuó al pedir salir al vestíbulo del primer piso para compartir con el público el agradecimiento mútuo que supone haber dado el mejor regalo: la música.

La segunda parte comenzó con los Valses nobles et sentimentales de Ravel, más plebeyos de lo esperado aunque la plantilla estuviese algo reforzada, bien llevados pero faltando precisamente algo más de sentimentalismo que no es igual que sensiblería. Conti tuvo algunos detalles interesantes pero la orquesta aún no puede alcanzar repertorios de esta envergadura pese al excelente trabajo que están realizando. Ya que la lírica pareció impregnar el programa, como en ella la elección del repertorio es la base para una carrera fructífera que no traiga problemas a la voz.

Creo que el maestro florentino sabedor de esa máxima operística quiso resarcirse con el Capriccio sinfonico de su compatriota Puccini, obra no muy habitual, de paleta sonora cercana al oyente aunque sin la voz para la que tan bien escribirá, sólo resulte evocadora más allá de las melodías apuntadas. Bien las distintas familias orquestales, buen empaste global, nuevamente dinámicas bien conseguidas y una cuerda que va tomando cuerpo, para una obra juvenil del de Lucca donde los motivos de «La Bohème» (triunfante tras «Manon Lescaut») me trajeron mentalmente a Beatriz Díaz como la Musetta con alma de Mimì para quien Don Giácomo no tiene secretos.

Al menos la propina también sonó operística, y la cuerda vibró en el hermosísimo Intermezzo de la «Cavalleria Rusticana» de Mascagni que nos devolvió el color y la sonrisa tras un concierto que surcó lo más recóndito de nuestros sentimientos aunque inicio y final fuesen «intermedios» del abismo al paraíso…

P. D. Crítica sin firma en LVA.

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