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Otro alemán en Covadonga

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Domingo 18 de agosto, 17:00 horas. V Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano mayor de la Basílica: Heinrich Walther. Obras de Bach, Usandizaga, Mozart y Guridi.

«El alemán de Corao» (Roberto Frasinelli) está ligado a la propia historia de Covadonga y creo que desde este penúltimo domingo de agosto debemos sumar al organista Heinrich Walther que volvía a nuestra tierra para seguir sentando cátedra en los instrumentos del taller de Federico Acitores. Le escuché hace dos años en el nuevo de Santo Tomás con motivo de la Semana de Música Religiosa de Avilés, y en 2010 en el de la Iglesia de San Francisco de Oviedo dentro del defenestrado Festival de Órgano Cajastur que la podadora se llevó sin reparar en daños pese a los esfuerzos de mi querido Chema, durante ¡23 años!. Al menos Covadonga sigue siendo lugar de peregrinación también para los amantes del instrumento rey para paliar desaguisados y los cinco veranos esperamos sigan en años venideros. Al menos el Abad Don Juan José Tuñón es melómano y defensor de la cultura, algo a tener en cuenta…

Si entonces me cautivó el magisterio de Herr Walther al servicio de las obras elegidas, con una técnica impecable que permite disfrutar las melodías siempre presentes desde un manejo perfecto de los registros, esta vez redescubriendo juntos no ya la sonoridad del gran instrumento de la cuna de España sino también a compositores españoles en un recital hispanogermano donde Usandizaga y Guridi compartieron programa con Bach y Mozart. Buen cuarteto y obras muy distintas que Walther desgranó con un abanico sonoro realmente admirable, y que Federico disfrutó a su lado, siempre pendiente de «sus criaturas».

El Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548 (J. S. Bach) jugó con teclados y pedalero arrancando potencia en los momentos justos sin perder de vista el siempre difícil arte del «kantor», con una fuga impactante en todo su desarrollo y conclusión.

La Pieza Sinfónica Op. 25 (J. M. Usandizaga) en tres partes -Introducción, Cantabile y  Final- convirtió el órgano en orquesta sinfónica para una obra enorme en todos los sentidos (recuperada por el maestro donostiarra Esteban Elizondo), registros inverosímiles en combinaciones que hicieron resplandecer una partitura con muchas referencias, desde el sencillo armonio hasta el órgano romántico francés, registros Cavaillé-Coll impensables y tan ajustados a la escritura del vasco.

Mozart siempre es un hueso duro de roer y la Fantasía en fa menor, KV 608 vuelve a corroborar no ya el genio del compositor sino el extraordinario conocimiento de todos los instrumentos, incluyendo el órgano, al desarrollar una obra en dos movimientos, Allegro y Andante, con su inimitable estilo desde sonoridades casi sinfónicas y técnica deudora del piano pero amoldada al órgano mecánico, como cabe esperar del de Salzburgo, trinos límpidos, armonías plenas, desarrollos temáticos llenos de luz y giros subrayados por cada cambio de registro. No me extraña que sea una partitura «habitual» cuando instrumento e instrumentista responden, y Walther en Covadonga lo bordó (como en la grabación en CD).

Para cerrar las Variaciones sobre un tema vasco, 1948 (Jesús Guridi) supusieron un colofón exigente, obra con regusto nacionalista más allá del txistu en zorztico y técnicamente dura como todas las compuestas con esta técnica de la variación, por otra parte perfecta para manejar combinaciones ricas en tímbrica y dinámicas, siempre manteniéndose el tema original «Itxasoan laino dago» (Hay niebla en el mar) en las nueve «apariciones» que se enriquecieron en los dedos del intérprete alemán haciendo respirar salitre en la hoy soleada montaña mítica asturiana.

Supongo que además del gusto por estas obras españoles que acabará llevando por todo el mundo sumará el poderío que el órgano de Covadonga es capaz de derrochar desde un sonido asturiano recio y redondo que se adapta a cualquier época interpretativa, y el público de la Basílica se contagió de este otro alemán que acabaremos «adoptando», al menos musicalmente.

Verano de músico

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Miércoles 24 de julio, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Escuela Internacional de Música de la Fundación Príncipe de Asturias, Curso de Verano 2013: Concierto de alumnos. Entrada libre.

Los músicos, como los profesores, no tienen vacaciones e incluso el verano lo aprovechan habitualmente para seguir perfeccionándose, en la siempre eterna búsqueda de la inalcanzable perfección. La Fundación Príncipe de Asturias lleva desde 2005 con esta escuela internacional que convierte Oviedo en un campamento urbano de verano musical, un bullir de jóvenes músicos y profesores de prestigio internacional al que se une en este 2013 la JONDE, también residente un par de semanas, en periplo cantábrico hasta el 10 de agosto.

Entrar en el Auditorio y comprobar cuánta música se respira es todo un orgullo, máxime en unos tiempos donde los políticos recortan precisamente por la cultura, y la música desaparece de la educación obligatoria dejándola como materia residual (WERTgonzoso). Tendrían que pasarse por Oviedo y vivir de cerca lo que supone estudiar música para estos jóvenes, muchos llegarán a figuras, otros se convertirán en atriles de las pocas orquestas que nos dejen o emigrarán para engrosar plantillas donde los apellidos españoles cada vez son más habituales, más muchos que seguirán disfrutando de la música desde otras profesiones, porque ya se sabe que es difícil explicar que álguien estudie música ¿nada más?.

Inversión en futuro que arrancó hace años con la FPA apostando por ella desde la llegada de Los Virtuosos de Moscú en 1990 que marcaría este presente reluciente. Plantar para recoger, esperanza y tiempo dedicado al más sublime de las artes que ahora con la perspectiva que dan estos 23 años supone presumir de músicos en todas las familias orquestales y no sólo en el viento donde la región valenciana era referencia. Gracias a la Fundación por seguir manteniendo la visión de futuro pese a los recortes de miopes gobernantes y también gracias a los patrocinadores y colaboradores que hacen posible esta formación, algo más económica de lo que supone para las familias seguir pagando los estudios musicales de sus hijos.

Y es que tenía que contar todo lo anterior antes de relatar un concierto de alumnos de viento madera y cuerda: solistas, dúos, tríos y hasta un cuarteto de cuerda que convierten la llamada «música de cámara» en lo más didáctico para intérpretes y público, una Escuela de Verano donde los profesores preparan con ellos las obras que el público degustará y juzgará siempre con benevolencia, sabedores de lo que supone tocar ante el respetable unas obras que marcarán un camino muy largo pero asentado desde estos cimientos.

Verano de músico que no sabe de vacaciones pero al que trabajar en estos niveles les viene cual complejo vitamínico extra, trabajo individual y en equipo, solidaridad juvenil hecha música con el desparpajo de la edad y también la responsabilidad por hacerlo lo mejor posible. Citar en primer lugar el papel desempeñado por el profesor Óscar Camacho Morejón como pianista, más que acompañante o repertorista un apoyo imprescindible para los solistas, piano en estado puro o reducciones orquestales, siempre atento a los intérpretes que mima con experiencia y rigor.

Los alumnos de viento madera tienen como profesor de flauta a Antonmario Semolini y fueron en el concierto el jovencísimo Hernán Rodríguez San Miguel al que le tocó abrir velada interpretando la Sonata en fa mayor (B. Marcello) apuntando maneras y buen sonido aún pendiente de fijar afinaciones, sobre todo en los movimientos lentos, y en sexto lugar Diego Aguiar Armada y el «Allegro» de la Sonata para flauta y piano en si bemol mayor, anh4 (Beethoven), ya de nivel más avanzado aunque todavía falto de volumen en el grave.

Siguiendo con el viento madera, los alumnos de fagot de Javier Aragó Muñoz nos ofrecieron distintas combinaciones: dúo en segundo lugar con Ana Martín Delgado y Daniel Solís García que nos interpretaron los movimientos primero y tercero de la Sonata nº 1, op. 40 (J. B. de Boismortier), empastando como si llevasen años juntos,

y en quinto lugar un trío con los dos fagotes Jorge Galán Corral y Ana Martín más el oboe de Irene Roser Espert en el tercer movimiento de la Sonata en re menor (G. F. Haendel),

Para rematar en penúltimo lugar del concierto nos ofrecieron un J. S. Bach del que interpretaron dos arreglos de las «Invenciones»: la Invención I en do mayor, BWV 772 con Ana Martín e Irene Roser Espert (alumna de oboe de Jesús Fuster) que cambió de pareja para la Invención XIII en la menor,BWV 784 con Jorge Galán (fagot). Interesante escuchar las dos voces en estos instrumentos de lengüeta doble que dan otra visión a las siempre increíbles obras del «kantor«, dos en y para uno que solamente se consigue con mucho ensayo, y hay que recordar que apenas llevan una semana desde que comenzó este curso.

No faltó el clarinete de David Martínez Marcos, alumno de Jorge Montilla, que nos regaló en octavo lugar el «Grazioso» de la Sonata para clarinete y piano de L. Bernstein, sentida de principio a fin por un músico que ya tiene sonido propio y un perfecto entendimiento con el maestro Camacho.

Siguiendo con el viento madera el protagonismo del oboe (con los alumnos de Fuster) tuvo su momento de gloria: «no hay quinto malo» con Marcos Oviedo García que nos regaló el «Allegro» del Concierto para oboe en sol menor (Bach), ejecutado con soltura adulta y el apoyo de un piano «quasi barroco» y la novena actuación con Miriam Puchades Alejos que interpretó el «Recitativo / Adagio» del Concertino para oboe (B. Molique), dificultades de los tiempos lentos por las exigencias respiratorias y una musicalidad de muchos quilates en esta joven oboísta que contagió la emoción del movimiento elegido.

Para el final dejo al departamento de cuerda porque pienso que el salto cualitativo y cuantitativo que hemos dado en estos años era impensable en mis tiempos de estudiante, siempre volviendo a la comparación con el viento (las bandas de música siempre han sido cantera) o la percusión. En las teclas siempre hubo nivel pero con necesidad de salir de España hasta la llegada de las familias rusas en distintos puntos de España, siendo Oviedo uno de ellos.

La cuerda, y en especial el violín, fueron nuestro talón de Aquiles que se vio reforzado por esa feliz idea ya comentada de «La Fundación» por acoger en Asturias a Los Virtuosos de Moscú. Poco a poco resultó normal encontrar suficientes alumnos, antes minoría, como para ir creando escuela en nuestra tierra, unido a esfuerzos familiares apostando por completar esa formación, siempre paralela a los estudios obligatorios en colegios e institutos. Y estos cursos siguen ayudando a descubrir talentos o reforzar los que ya tenemos. Cierto que estos jóvenes tienen niveles y edades distintos, pero las obras presentadas fueron exigentes y sin concesiones para los intérpretes.

En tercer lugar actuó Carolina Camp Guasp, alumna de Sergey Teslya, quien hubo de enfrentarse al primer movimiento del Concierto nº 4 en re mayor, K. 218 (Mozart), muy trabajado, de memoria y a quien los nervios traicionaron pero que también son parte de la formación musical, siendo capaz de retomar con la inestimable ayuda del maestro Camacho, el rumbo para tranquilizarse en la cadenza y finalizar con un cabreo que los aplausos no pudieron aplacarle.

La séptima posición dentro del programa le correspondió a todo un joven vetarano del violín y alumno de la profesora Lara Lev en este curso: Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre que se atrevió nada menos que con la Introductione and Tarantella de Sarasate, palabras mayores de la literatura violinísitica no ya por la técnica totalmente virtuosa que mi admirado «Don Ignacio» sigue trabajando dentro y fuera de España, sino por el poso interpretativo que pide desde la delicada introducción hasta la movida danza italiana, pudiendo decir que su madurez es aplastante, autoexigencia y afán por mejorar cada día (la búsqueda de la limpieza en los endiablados pasajes y armónicos escritos por el pamplonica sucesor de Paganini) desde un sentido musical digno de admiración, bien secundado por Óscar Camacho que comparte protagonismo en esta partitura. Un placer ver su progresión tanto en el arco como en una mano izquierda que crece como su estatura.

El antepenúltimo en actuar fue Jorge Cañete Calderón de la Barca, alumno de Oleh Krysa que nos deleitó con la Romanza op. 6 nº 1 (Rachmaninov), agradecida para todos, de sonido poderoso en todos los registros y con poso para poder disfrutar con Óscar Camacho de esta delicia camerística.

El Cuarteto nº 14 en re menor, D. 810 «La muerte y la doncella» (Schubert) sigue siendo una de las cumbres de la música de cámara, y el profesor Igor Sulyga les preparó el «Scherzo» y el «Presto» (que dejó recién salido y subido a YouTube© por la madre de la violista) para Edgardo Carone Sheptak (volín I), Jorge Cañete (violín II), Cristina Cordero Beltrán (viola) y Carmen Hernández Bellas (cello), maestría juvenil nuevamente montada en tiempo récord para una obra complicada de interiorizar, de hacer sonar en su grandeza, protagonismos bien compartidos, sonoridades rotundas en los cuatro y entendimiento imprescindible para afrontar los últimos movimientos en bloque, sin fisuras, algo que forjaron desde el inicio. Fueron los más aplaudidos por un público que tiene la «música en casa» y saben recompensar el esfuerzo.

Enhorabuena a todos y desconecto unos cuantos días… aunque me perderé mucha actividad musical asturiana. A mediados de agosto volveremos con las pilas cargadas.

Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

Josetxu Obregón: Celloterapia

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Miércoles 10 de julio, 20:00 horas. Centro Cultura Antiguo Instituto, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: Josetxu Obregón (violonchello Sebastian Klotz, 1740): «De la Basílica de San Petronio en Bolonia al Palacio de Köthen» La evolución del repertorio para violonchelo solo en el Barroco. Obras de Domenico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali, Domenico Galli y J. S. Bach.

Cuando el cello se independiza del «bajo continuo» y comienza su larga vida en solitario, sus cuerdas tan semejantes a la voz humana pasarán de acompañar a conmover. Josetxu Obregón con un instrumento cuya alma permanece en el tiempo, es capaz de acallar en solitario a un público entre el asombro y la relajación, atónito ante lo escuchado que hace vibrar desde las cuatro cuerdas lo más profundo del sentir humano.

Qué bien explica el programa esa historia del cello solista desde Doménico Gabrielli y sus dos Ricercar, «Primo» y «Quinto» como los ancestros, auténtica referencia en el cello solo, primer virtuoso el «Minghino dal violoncello» y Josetxu el vehículo que nos lo presenta con la pasión del descubridor antes de afrontar la Suite II en re menor BWV 1008 de J. S. Bach, auténtica cumbre musical para este instrumento cuando el «kantor» trabajaba en Köthen para el Príncipe Leopold, palacio que tuve la suerte de visitar y a donde me transporté cerrando los ojos con Obregón y su Klotz de la época, cuerdas de tripa, arco característico y sonoridad enervante en armónicos y resonancias únicas desde una interpretación más que histórica, fidedigna. Si las suites de Bach no eran danzas propias acabarían siéndolo, y su estructura permancerá en todas ellas: Preludio, Allemande, Courante, Sarabande y Gigue, y entre estas otra llamada «galanterie», en la dos primeras suites un Minueto y una Bourré (ambos ejemplos los pudimos escuchar) en las siguientes para incluir la Gavota en las últimas. La segunda suite exige al intérprete todo un equilibrio entre una ejecución ajustada a la partitura y una interpretación histórica sin perder nada de lo que Bach escribe: fraseos increíbles con un arco cual diafragma para las cuerdas vocales cantando y respirando. Primer eslabón de una cadena todavía sin cerrar y catársis total con el público.

Volvimos al «sescento» con dos italianos igualmente señeros en la independencia del «hijo gambista», Vitali y su Tocata y Bergamasca llena de guiños renacentistas con los avances de la época, música instrumental pura y virtuosa con los aires de danza, enlazados con Galli y su Sonata I, nuevo discurso independiente para un instrumento completo en su soledad que el cellista vasco hace propia.

Y solamente Bach podía cerrar el círculo, la Suite III en do mayor BWV 1009, nuevo despliegue emocional, remanso del alma frotada en cuatro cuerdas, la felicidad del «kantor» en Köthen sin ataduras luteranas, un Prélude brillante, una Allemande de inspiración medieval realmente solemne, la elegante Courante francesa que no italiana más sosegada y asimétrica que Obregón (todo cobró sentido) dibujó con auténtico primor, una Sarabande pausda y expresiva, sincopada como el origen español que el cello transmitió desde la hondura cantábrica, la Bourrée binaria y ligera con nuevos colores baritonales para rematar en esa Gigue inglesa rápida, popular desde el magisterio de Bach que la hace atemporal y transfronteriza, teatral y brillante como toda la interpretación de Josetxu Obregón, magisterio y hondura en un concierto que resultó «celloterapia». La propina calmó aún más a un público que contuvo la respiración como embelesado o hipnotizado por el instrumento más parecido a la voz humana.

Dicen que Casals desayunaba una suite de Bach a diario, nosotros las merendamos de vez en cuando porque pocos violonchelistas se atreven en solitario con tal manjar de difícil digestión, y el último grande que recuerdo fue nada menos que Yo-Yo Ma en Avilés con tres de las seis. Josetxu Obregón es español, lo compartió en Gijón y además hizo de musicoterapeuta. Qué más podemos pedir…

Feliz nacimiento en Eisenach

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Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Un dúo poco escuchado

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.

Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.

Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.

La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.

La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.

El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.

El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.

El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.

P.D.: Esta vez esperé a publicar el Blog sabedor de la subida al Canal en YouTube© de la Semana con el concierto de este lunes, dejando en cada obra el enlace o link.
(1) En el vídeo grabado directamente en el coro, la sonoridad resulta mucho mejor que abajo.

FeliciBach

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Sábado 9 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. RIAS Kammerchor, Concerto Kölhn, Hans-Christoph Rademann (director). Motetes y sinfonías de Bach.

No había mejor forma de celebrar mis 22 años de matrimonio que acudir con mi señora, casi religiosamente, a disfrutar de Bach, rememorando nuestro particular Peregrinaje a tierras del Cantor de Leipzig en agosto de 2007, cantado por uno de los coros de referencia y con una agrupación instrumental de la que hay en casa muchas grabaciones.
Los alemanes están de mini gira por España (Kursaal de San Sebastián, Auditorio de Oviedo, Baluarte de Pamplona, Palau de la Música Catalana de Barcelona) con un recital bien armado y los Motetes 225 a 29 como eje vertebrador, intercalando las sinfonías de diversas Cantatas. Gustavo Moral Álvarez en las excelentes notas al programa de Oviedo titula «Música para sentirse en el centro del mundo» y para los que amamos a Bach sobre todas las cosas y a sus intérpretes como a nosotros mismos, escuchar estas obras siempre es alivio de espíritu, pues pese a ser «fúnebres» cuatro de los cinco motetes de esta tarde, «no son visiones tristes o dolientes de la muerte sino que nos confortan y consuelan, preparando el alma para el tránsito hacia la vida eterna, donde gozará la presencia de Dios» que escribe Rafael Banús en las notas del Baluarte.

El concierto comenzaba con el Motete BWV 226, credenciales de coro para no dudar de lo que esperaba: empaste, afinación, equilibrio, técnica prodigiosa al servicio de una música que subraya siempre el texto bíblico, y un conjunto instrumental perfecto para el acompañamiento colla parte aunque algo titubeante en el fagot u órgano, como si aún no acertase Rademann con ellos, más centrado en las voces a doble coro.
La Sinfonía de la Cantata BWV 21 dio protagonismo al concertino y al español Rodrigo Gutiérrez en el oboe, que el director casi llevó de la mano para una formación historicista que domina este repertorio, donde el tempo lento resultó conmovedor y el entendimiento comenzó a fluir.

El Motete BWV 228 volvió a traer un coro envidiable acompañado de un continuo que sí funcionó, con un órgano portativo, cello y contrabajo redondeando colores, «No temas, estoy contigo».
La Sinfonía de la Cantata BWV 42 sirvió para gozar los solos de concertino, oboes y fagot, más «entonados» aún, cual preludio para el primer gran motete de la noche, el conocido Jesu, meine Freude BWV 227, doble coro del que salen los cuatro solistas para renovar «mi alegría», color vocal idéntico en la división, disfrute de fugados, destacando hasta los silencios tras los nichts (nada) del texto, toda la gama posible de matices, arte vocal con mayúsculas como no puede ser menos en un coro profesional que interpretó este Bach de Sto. Tomás de forma magistral, siempre bien arropado por la orquesta y continuo. De agradecer el respeto del público que no aplaudió hasta finalizar esta primera parte, como pasaría con la segunda, aportando ese clima de espiritualidad que la música de El Cantor es capaz de transmitir.

El oboista español bordó sus intervenciones en la Sinfonía de la Cantata BWV 156 con reminiscencias o regusto italiano, que Bach conocía, y buen gusto interpretativo, dando paso al Motete BWV 229. Mismos calificativos y aún mayor compenetración entre todos, con un Rademann convincente por convencido, voces todas bien dirigidas, sonsacando estos tratados casi matemáticos del gran Bach.
La Sinfonía de la Cantata BWV 49 tuvo en el órgano al solista correspondiente, algo desigual en sus intervenciones, como si hubiese retardo en los ataques y cromatismos, pero sin pega a sus hermosas ornamentaciones, así como el oboe d’amore / da caccia español que tuvo su merecido minuto de gloria compartido con el corno inglés y fagot, más una cuerda siempre en su sitio, sinfonía de alegría contagiosa y quasi brandemburguesa.

Para cerrar Singet dem Herrn ein neus Lied, BWV 225, «Cantad al Señor un cántico nuevo», aire festivo y jubiloso, uno de los motetes más duros para doble coro que los berlineses bordaron técnica e interpretativamente con un cuarteto de solistas nuevamente impactantes junto a «los de Colonia». Qué maravilla escuchar las agilidades cual instrumentos de viento, registros extremos con un color siempre cuidado en igualarse, dinámicas nunca exageradas, afinación perfecta, contrastes de «tempi» sin fisuras, seguridad aplastante para esta joya bachiana, atreviéndose incluso a bisar el Aleluya. Mejor aniversario de boda imposible.

Un Grenzing en Pola de Siero

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Viernes 8 de febrero, 19:00 horas. Parroquia de San Pedro
(Pola de Siero). Concierto inaugural del nuevo órgano de Grenzing. Juan de la Rubia Romero. Obras de Händel, Bach, Kerll, Pierné, Vierne y Juan de la Rubia.

La villa asturiana, famosa por sus fiestas y tradición coral donde Don Ángel Émbil Ezenarro se afincó y dejó una huella que todavía perdura, también pasa desde el viernes carnavalesco al llamado circuito organístico con un instrumento fabricado en los talleres del organero alemán afincado en Barcelona Gerhard Grenzing, contando con la presencia de su hijo Daniel para el evento. Y de esas tierras vino Juan de la Rubia, el titular de la Sagrada Familia de Barcelona para ser quien estrenase un órgano del que avancé algunas características en la entrada rápida desde los dispositivos móviles (también fotos y programa escaneado). Las posibilidades de un instrumento adecuado al entorno y la liturgia pero también para conciertos, son suficientes (no llega a los 1.000 tubos), con un sistema de registración situado encima del organista (ver foto más abajo) que facilita rápidamente la elección adecuada normalmente sin ayudante. Y el repertorio elegido por el instrumentista valenciano dejó buena muestra de la capacidad del nuevo órgano, más «cómodo» en el Barroco que en el Romanticismo pero igualmente válido sin magnificencias y adaptado a una acústica que ayuda a disfrutar los plenos sin molestar nunca al oyente.

Tras todo el cerenominal religioso de la Bendición, incluyendo el Bendita la Reina (Himno Oficial de Covadonga) de Ignacio Busca de Sagastizábal a cargo del coro parroquial y el Coro Ángel Émbil dirigidos por Maite Martínez Émbil, nieta de Don Ángel, hacia las 8 de la tarde comenzaba el concierto propiamente dicho con «La llegada de la Reina de Saba» –The arrival of the Queen of Sheba– de Händel perteneciente al oratorio Solomon, en un arreglo para órgano agradecido en cuanto a los registros elegidos, jugando con los de trompeta real de 8′ y flautados, bien apoyados en un pedal presente pero sin tapar las líneas melódicas. No podía faltar en el estreno J. S. Bach con tres obras que sonaron perfectas en el nuevo instrumento, con dos preludios Corales Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 731, un remanso de meditación musical, y Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, con la archiconocida Toccata y fuga en Re m., BWV 565, en medio, algo corta de volúmenes y bien ornamentada por De la Rubia, «saboreando» la fuga y haciéndola «correr» con maestría, adaptadas las tres a los registros y sacándole todo el partido posible a las obras de «El Kantor de Leipzig«, sin prisas y haciendo cantar los corales luteranos en los teclados y pedalier.

Continuaría el Capriccio sopra il cucu (J. K. Kerll), socorrido en muchos conciertos para jugar con los sonidos del pájaro y en registros de 4′ que encajaron como anillo al dedo, cerrando el grupo de obras barrocas.

Las dos obran siguientes, ya metidos en el llamado órgano romántico, también son bastante habituales en los conciertos de órgano: la Cantilène Op. 29 nº 2 (G. Pierné) de lirismo intrínseco y registraciones con trémolo, con cierto regusto a Debussy, más el Carillon de Westminster (L. Vierne) perteneciente a las «Piezas de fantasía», Op. 54, la más aplaudida por los presentes por la gran gama dinámica y tímbrica utilizada por Juan de la Rubia que vovió a encontrar los planos sonoros adecuados para ambas además de un virtuosismo siempre al servicio de la obra, esta vez ayudado en los cambios por el que será titular del órgano poleso Emilio Huerta Villanueva.

Y para cerrar nada mejor que las improvisaciones, algo habitual en todos los organistas en el quehacer litúrgico e histórico desde sus orígenes, entregándole a Juan de la Rubia la melodía de la Danza Prima (que utilizase Nuberu en aquél «Qué probe quedó’l ríu Güerna» del tema Al home de la unidá, Xuanín que Emilio tantas veces tocó con el dúo entreguino), recreando en el propio estilo romántico una interpretación llena de buen hacer, despliegue del arsenal sonoro y respeto a la partitura, algo siempre de agradecer. La propina no podía ser otra que nuevamente Bach, la «Fuga» de la Toccata, Preludio y Fuga en DO M., BWV 564, pues suena perfecto en el nuevo órgano. Una alegría saber que hay cosas que vivirán más años que todos los presentes…

Por último reflejar que el domingo tuvo lugar ya la primera liturgia y posterior concierto a cargo del organista titular y de Fernando Álvarez del Santuario de Covadonga, con nueva participación de los coros del viernes, pues todo instrumento debe estar vivo y funcionar a diario supondrá una mejor vida ¡para todos!.

El magisterio de Blechacz

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Jueves 22 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Rafal Blechacz. Obras de Bach, Beethoven, Debussy y Szymanowski.

No había mejor forma de celebrar Santa Cecilia que el concierto de piano de este jueves. Puedo presumir, ya que no tengo abuelas, de haber escuchado a pianistas que han hecho historia y de los que la van a hacer, y el polaco Rafal Blechacz es uno de ellos con total seguridad, ya la está haciendo. El responsable del ciclo le calificó del siguiente Zimerman, y no le falta razón. El sello amarillo con el que ha firmado en exclusiva tiene otros buenos colegas pero nada que ver con él.

Las obras elegidas para esta gira son una auténtica clase magistral de piano (en el Baluarte pamplonés quedaron boquiabiertos), casi 300 años de historia en cuatro autores, y si además tenemos las notas al programa del maestro Pantín entonces unimos teoría y práctica para redondear una tarde pianística excepcional.

La Partita nº 3 en La m, BWV 827 (Bach) resultó fresca, limpia, de ornamentaciones exquisitas, contrastes ajustados, pulcritud total y una ejecución fantástica en las siete danzas que forman un todo pese a sus diferencias, unidad expositiva e interpretativa, claridad en las voces, fraseos transparentes, magisterio barroco en un piano íntimo.

El Beethoven amado y menos conocido llegó con la Sonata nº 7 en RE M., Op. 10 nº 3, continuidad perfecta tras el kantor, arranque vigoroso del Presto, serenidad y madurez en el Largo e mesto, alegría en el Menuetto: Allegro, retomando el aire puro, y el Rondo: Allegro colofón de lujo donde la sobriedad no impidió disfrutar de sonoridades increíbles y nueva maestría interpretativa, conocida por las grabaciones pero donde el directo es irrepetible.

Tras la pausa nuevo paso adelante en el tiempo con dos autores igualmente recogidos en la discografía del polaco pero que el Steinway del Auditorio recreó para gozo pleno. La Suite Bergamasque (Debussy) fue un abanico de luz y color, matices únicos, ambiente sonoro plenamente impresionista lleno de delicadeza precisa y preciosa, con un Clair de lune plateada por llena y poderoso influjo en el público. Si la grabación es joya, del directo no tengo sustantivos ni calificativos para los cuatro números.

Szymanowski parece hacer confluir todo lo anterior desde la Polonia del siglo XX como cerrando la clase magistral de hora y media en los dedos de su compatriota. La Sonata nº 1 en Do m., Op. 8 nos mostró otra cara de un diamante gigantesco, llena de fuerza y nuevos brillos, luminosas dinámicas con brío (Allegro moderato) frente a tenebrosos pasajes resposados (Adagio), ave fénix del Tempo di minuetto y sentar cátedra en la doble fuga Finale que el profesor Francisco Jaime Pantín califica como «cóctel  explosivo…  en una sonata que, aunque aparentemente excesiva, mantiene una fuerte cohesión interna en virtud de un sistema de derivación temática en el que los elementos parecen relacionarse«, y así la interpretó Blechacz, exacerbado, luminoso, febril, visionario, académico y de complejidad intelectual volviendo a retomar a mi admirado Paco. Teoría y práctica en estado puro.

Chopin es el músico polaco por excelencia y ahora mismo Blechacz su mejor intérprete, ganador en 2005 de su concurso, y no podía marcharse sin regalarnos el Vals nº 3 en La m. Op. 34 nº 2 para rendirnos ante el piano romántico cual epílogo de la clase magistral. Y otro más, expléndido en todos los sentidos.

Rafal Blechacz cercano a la salida, firmando programas, discos, posando para los aficionados y agradeciendo nuestra presencia. Gratitud de un público más sano que de costumbre y menor del merecido, pero esto daría para mucho más.

Todo un Maestro de 27 años que ha irrumpido en la historia de los Grandes Intérpretes, y algunos piensan como yo que es el pianista del siglo XXI, y espero seguir disfrutándolo.

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