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Josetxu Obregón: Celloterapia

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Miércoles 10 de julio, 20:00 horas. Centro Cultura Antiguo Instituto, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: Josetxu Obregón (violonchello Sebastian Klotz, 1740): «De la Basílica de San Petronio en Bolonia al Palacio de Köthen» La evolución del repertorio para violonchelo solo en el Barroco. Obras de Domenico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali, Domenico Galli y J. S. Bach.

Cuando el cello se independiza del «bajo continuo» y comienza su larga vida en solitario, sus cuerdas tan semejantes a la voz humana pasarán de acompañar a conmover. Josetxu Obregón con un instrumento cuya alma permanece en el tiempo, es capaz de acallar en solitario a un público entre el asombro y la relajación, atónito ante lo escuchado que hace vibrar desde las cuatro cuerdas lo más profundo del sentir humano.

Qué bien explica el programa esa historia del cello solista desde Doménico Gabrielli y sus dos Ricercar, «Primo» y «Quinto» como los ancestros, auténtica referencia en el cello solo, primer virtuoso el «Minghino dal violoncello» y Josetxu el vehículo que nos lo presenta con la pasión del descubridor antes de afrontar la Suite II en re menor BWV 1008 de J. S. Bach, auténtica cumbre musical para este instrumento cuando el «kantor» trabajaba en Köthen para el Príncipe Leopold, palacio que tuve la suerte de visitar y a donde me transporté cerrando los ojos con Obregón y su Klotz de la época, cuerdas de tripa, arco característico y sonoridad enervante en armónicos y resonancias únicas desde una interpretación más que histórica, fidedigna. Si las suites de Bach no eran danzas propias acabarían siéndolo, y su estructura permancerá en todas ellas: Preludio, Allemande, Courante, Sarabande y Gigue, y entre estas otra llamada «galanterie», en la dos primeras suites un Minueto y una Bourré (ambos ejemplos los pudimos escuchar) en las siguientes para incluir la Gavota en las últimas. La segunda suite exige al intérprete todo un equilibrio entre una ejecución ajustada a la partitura y una interpretación histórica sin perder nada de lo que Bach escribe: fraseos increíbles con un arco cual diafragma para las cuerdas vocales cantando y respirando. Primer eslabón de una cadena todavía sin cerrar y catársis total con el público.

Volvimos al «sescento» con dos italianos igualmente señeros en la independencia del «hijo gambista», Vitali y su Tocata y Bergamasca llena de guiños renacentistas con los avances de la época, música instrumental pura y virtuosa con los aires de danza, enlazados con Galli y su Sonata I, nuevo discurso independiente para un instrumento completo en su soledad que el cellista vasco hace propia.

Y solamente Bach podía cerrar el círculo, la Suite III en do mayor BWV 1009, nuevo despliegue emocional, remanso del alma frotada en cuatro cuerdas, la felicidad del «kantor» en Köthen sin ataduras luteranas, un Prélude brillante, una Allemande de inspiración medieval realmente solemne, la elegante Courante francesa que no italiana más sosegada y asimétrica que Obregón (todo cobró sentido) dibujó con auténtico primor, una Sarabande pausda y expresiva, sincopada como el origen español que el cello transmitió desde la hondura cantábrica, la Bourrée binaria y ligera con nuevos colores baritonales para rematar en esa Gigue inglesa rápida, popular desde el magisterio de Bach que la hace atemporal y transfronteriza, teatral y brillante como toda la interpretación de Josetxu Obregón, magisterio y hondura en un concierto que resultó «celloterapia». La propina calmó aún más a un público que contuvo la respiración como embelesado o hipnotizado por el instrumento más parecido a la voz humana.

Dicen que Casals desayunaba una suite de Bach a diario, nosotros las merendamos de vez en cuando porque pocos violonchelistas se atreven en solitario con tal manjar de difícil digestión, y el último grande que recuerdo fue nada menos que Yo-Yo Ma en Avilés con tres de las seis. Josetxu Obregón es español, lo compartió en Gijón y además hizo de musicoterapeuta. Qué más podemos pedir…

Feliz nacimiento en Eisenach

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Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Un dúo poco escuchado

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sto. Tomás de Cantorbery: Juan Pedro Romero Nieto (oboe), Rubén Díez García (órgano). Obras de Bach, Telemann, Buxtehude, Händel y Guillaume Gabriel Nivers.

Segundo concierto de la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés nuevamente con artistas de casa de reconocido prestigio, el primero profesor en el conservatorio avilesino y de la OSPA, el segundo compaginando su labor pastoral con la organística, con todo el sacrificio que conlleva. Y esta vez no hablaremos de crisis porque el dúo oboe-órgano no es habitual escucharlo en vivo y de ambos instrumentos tenemos unos músicos de primera en Asturias capaces de un concierto impresionante no solo por lo novedoso del formato: alternando obras y arreglos que supusieron todo un colorido tímbrico por el sonido tan peculiar de la doble caña en un instrumento siempre importantísimo en la orquesta a lo largo de su historia, pero que en el repertorio barroco toma aún más protagonismo si cabe.

Comenzaba en solitario Rubén Díez con una obra de calado como es el Praeludium et Fuge BWV 532 (Bach) por exigencia, virtuosismo en manos y pies, combinación de pedales a teclado, manos separadas y sobre todo poder lograr ese crescendo progresivo a lo largo de esta maravillosa obra del Cantor. Cada concierto del praviano es siempre un placer al comprobar su estudio riguroso tanto de las partituras como de los registros siempre distintos y apropiados dependiendo del instrumento que tenga delante, y el nuevo de Acitores puede dar sonoridades adaptadas al estilo, esta vez puramente barroco.

La Sonata a-moll TWV 41 (Telemann) fue el primer dúo, contrastes en sus cuatro movimientos donde el oboe envolvió el templo avilesino bien arropado por unos registros que empastaron a la perfección y un dúo compenetrado con entradas siempre a tempo: la lenta y recogida Siciliana, el rápido Spirituoso, con pasajes fuertes sin estridencias, el lirismo puro del Andante y el Vivace potente de sonoridad y velocidades bien resuelto por ambos intérpretes.

La Ciacona en minor, Bux WV 160 (Buxtehude) es una obra delicada, reposada, donde la elección de una registración tenue en teclados y pedalier nos trajo nuevas y recogidas tímbricas para una partitura más difícil de lo que su escucha pueda parecer. Nuevo reto conseguido por el Maestro Díez.

El arreglo para este dúo del Adagio del «Osteroratorium» BWV 249 (Bach) le da un protagonismo casi vocal al oboe, capaz de unos reguladores que el órgano barroco no tenía pero sí todo el repertorio para viento, y siendo un número lento el placer de escuchar los fraseos de Juan Pedro Romero resulta una oración interior sin palabras. Otro tanto sucede con el arreglo del conocidísimo Largo de «Xerxes» (Händel), el aria «Ombra mai fu» tantas veces cantada que en la versión instrumental cobra nueva dimensión.

El último escalón para órgano solo es el Kyrie de la «Messe du 2ene ton» (G. Nivers), cinco movimientos de auténtico magisterio por el despliegue en la búsqueda de registros adaptados a cada uno de ellos, dificultades técnicas e interpretativas bien resueltas por el intérprete praviano, gustándome sobremanera el «Recit de Cromhome» central.

El cierre del concierto vendría a dúo que interpretó el Trío sonata nº 3 en Re m., BWV 527 (Bach), para mí con problemas variados en sus tres movimientos (Andante – Adagio e dolce – Vivace) porque el órgano quedó opaco frente al poderío de las frecuencias del oboe, no se logró el empaste de las anteriores obras (cierto que los tiempos lentos son más agradecidos) y la reverberación tampoco ayudó (1). Pese a todo una nueva demostración de virtuosismo para una forma que Bach trabajó durante toda su vida en combinaciones varias, siendo ésta probablemente la menos lograda, aunque el magisterio y belleza de toda la producción bachiana soporta mezclas y el paso del tiempo como nadie. El próximo concierto del miércoles 20 será TODO BACH en el mismo órgano de Federico Acitores con Adolfo Gutiérrez Viejo.

P.D.: Esta vez esperé a publicar el Blog sabedor de la subida al Canal en YouTube© de la Semana con el concierto de este lunes, dejando en cada obra el enlace o link.
(1) En el vídeo grabado directamente en el coro, la sonoridad resulta mucho mejor que abajo.

FeliciBach

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Sábado 9 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. RIAS Kammerchor, Concerto Kölhn, Hans-Christoph Rademann (director). Motetes y sinfonías de Bach.

No había mejor forma de celebrar mis 22 años de matrimonio que acudir con mi señora, casi religiosamente, a disfrutar de Bach, rememorando nuestro particular Peregrinaje a tierras del Cantor de Leipzig en agosto de 2007, cantado por uno de los coros de referencia y con una agrupación instrumental de la que hay en casa muchas grabaciones.
Los alemanes están de mini gira por España (Kursaal de San Sebastián, Auditorio de Oviedo, Baluarte de Pamplona, Palau de la Música Catalana de Barcelona) con un recital bien armado y los Motetes 225 a 29 como eje vertebrador, intercalando las sinfonías de diversas Cantatas. Gustavo Moral Álvarez en las excelentes notas al programa de Oviedo titula «Música para sentirse en el centro del mundo» y para los que amamos a Bach sobre todas las cosas y a sus intérpretes como a nosotros mismos, escuchar estas obras siempre es alivio de espíritu, pues pese a ser «fúnebres» cuatro de los cinco motetes de esta tarde, «no son visiones tristes o dolientes de la muerte sino que nos confortan y consuelan, preparando el alma para el tránsito hacia la vida eterna, donde gozará la presencia de Dios» que escribe Rafael Banús en las notas del Baluarte.

El concierto comenzaba con el Motete BWV 226, credenciales de coro para no dudar de lo que esperaba: empaste, afinación, equilibrio, técnica prodigiosa al servicio de una música que subraya siempre el texto bíblico, y un conjunto instrumental perfecto para el acompañamiento colla parte aunque algo titubeante en el fagot u órgano, como si aún no acertase Rademann con ellos, más centrado en las voces a doble coro.
La Sinfonía de la Cantata BWV 21 dio protagonismo al concertino y al español Rodrigo Gutiérrez en el oboe, que el director casi llevó de la mano para una formación historicista que domina este repertorio, donde el tempo lento resultó conmovedor y el entendimiento comenzó a fluir.

El Motete BWV 228 volvió a traer un coro envidiable acompañado de un continuo que sí funcionó, con un órgano portativo, cello y contrabajo redondeando colores, «No temas, estoy contigo».
La Sinfonía de la Cantata BWV 42 sirvió para gozar los solos de concertino, oboes y fagot, más «entonados» aún, cual preludio para el primer gran motete de la noche, el conocido Jesu, meine Freude BWV 227, doble coro del que salen los cuatro solistas para renovar «mi alegría», color vocal idéntico en la división, disfrute de fugados, destacando hasta los silencios tras los nichts (nada) del texto, toda la gama posible de matices, arte vocal con mayúsculas como no puede ser menos en un coro profesional que interpretó este Bach de Sto. Tomás de forma magistral, siempre bien arropado por la orquesta y continuo. De agradecer el respeto del público que no aplaudió hasta finalizar esta primera parte, como pasaría con la segunda, aportando ese clima de espiritualidad que la música de El Cantor es capaz de transmitir.

El oboista español bordó sus intervenciones en la Sinfonía de la Cantata BWV 156 con reminiscencias o regusto italiano, que Bach conocía, y buen gusto interpretativo, dando paso al Motete BWV 229. Mismos calificativos y aún mayor compenetración entre todos, con un Rademann convincente por convencido, voces todas bien dirigidas, sonsacando estos tratados casi matemáticos del gran Bach.
La Sinfonía de la Cantata BWV 49 tuvo en el órgano al solista correspondiente, algo desigual en sus intervenciones, como si hubiese retardo en los ataques y cromatismos, pero sin pega a sus hermosas ornamentaciones, así como el oboe d’amore / da caccia español que tuvo su merecido minuto de gloria compartido con el corno inglés y fagot, más una cuerda siempre en su sitio, sinfonía de alegría contagiosa y quasi brandemburguesa.

Para cerrar Singet dem Herrn ein neus Lied, BWV 225, «Cantad al Señor un cántico nuevo», aire festivo y jubiloso, uno de los motetes más duros para doble coro que los berlineses bordaron técnica e interpretativamente con un cuarteto de solistas nuevamente impactantes junto a «los de Colonia». Qué maravilla escuchar las agilidades cual instrumentos de viento, registros extremos con un color siempre cuidado en igualarse, dinámicas nunca exageradas, afinación perfecta, contrastes de «tempi» sin fisuras, seguridad aplastante para esta joya bachiana, atreviéndose incluso a bisar el Aleluya. Mejor aniversario de boda imposible.

Un Grenzing en Pola de Siero

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Viernes 8 de febrero, 19:00 horas. Parroquia de San Pedro
(Pola de Siero). Concierto inaugural del nuevo órgano de Grenzing. Juan de la Rubia Romero. Obras de Händel, Bach, Kerll, Pierné, Vierne y Juan de la Rubia.

La villa asturiana, famosa por sus fiestas y tradición coral donde Don Ángel Émbil Ezenarro se afincó y dejó una huella que todavía perdura, también pasa desde el viernes carnavalesco al llamado circuito organístico con un instrumento fabricado en los talleres del organero alemán afincado en Barcelona Gerhard Grenzing, contando con la presencia de su hijo Daniel para el evento. Y de esas tierras vino Juan de la Rubia, el titular de la Sagrada Familia de Barcelona para ser quien estrenase un órgano del que avancé algunas características en la entrada rápida desde los dispositivos móviles (también fotos y programa escaneado). Las posibilidades de un instrumento adecuado al entorno y la liturgia pero también para conciertos, son suficientes (no llega a los 1.000 tubos), con un sistema de registración situado encima del organista (ver foto más abajo) que facilita rápidamente la elección adecuada normalmente sin ayudante. Y el repertorio elegido por el instrumentista valenciano dejó buena muestra de la capacidad del nuevo órgano, más «cómodo» en el Barroco que en el Romanticismo pero igualmente válido sin magnificencias y adaptado a una acústica que ayuda a disfrutar los plenos sin molestar nunca al oyente.

Tras todo el cerenominal religioso de la Bendición, incluyendo el Bendita la Reina (Himno Oficial de Covadonga) de Ignacio Busca de Sagastizábal a cargo del coro parroquial y el Coro Ángel Émbil dirigidos por Maite Martínez Émbil, nieta de Don Ángel, hacia las 8 de la tarde comenzaba el concierto propiamente dicho con «La llegada de la Reina de Saba» –The arrival of the Queen of Sheba– de Händel perteneciente al oratorio Solomon, en un arreglo para órgano agradecido en cuanto a los registros elegidos, jugando con los de trompeta real de 8′ y flautados, bien apoyados en un pedal presente pero sin tapar las líneas melódicas. No podía faltar en el estreno J. S. Bach con tres obras que sonaron perfectas en el nuevo instrumento, con dos preludios Corales Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 731, un remanso de meditación musical, y Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, con la archiconocida Toccata y fuga en Re m., BWV 565, en medio, algo corta de volúmenes y bien ornamentada por De la Rubia, «saboreando» la fuga y haciéndola «correr» con maestría, adaptadas las tres a los registros y sacándole todo el partido posible a las obras de «El Kantor de Leipzig«, sin prisas y haciendo cantar los corales luteranos en los teclados y pedalier.

Continuaría el Capriccio sopra il cucu (J. K. Kerll), socorrido en muchos conciertos para jugar con los sonidos del pájaro y en registros de 4′ que encajaron como anillo al dedo, cerrando el grupo de obras barrocas.

Las dos obran siguientes, ya metidos en el llamado órgano romántico, también son bastante habituales en los conciertos de órgano: la Cantilène Op. 29 nº 2 (G. Pierné) de lirismo intrínseco y registraciones con trémolo, con cierto regusto a Debussy, más el Carillon de Westminster (L. Vierne) perteneciente a las «Piezas de fantasía», Op. 54, la más aplaudida por los presentes por la gran gama dinámica y tímbrica utilizada por Juan de la Rubia que vovió a encontrar los planos sonoros adecuados para ambas además de un virtuosismo siempre al servicio de la obra, esta vez ayudado en los cambios por el que será titular del órgano poleso Emilio Huerta Villanueva.

Y para cerrar nada mejor que las improvisaciones, algo habitual en todos los organistas en el quehacer litúrgico e histórico desde sus orígenes, entregándole a Juan de la Rubia la melodía de la Danza Prima (que utilizase Nuberu en aquél «Qué probe quedó’l ríu Güerna» del tema Al home de la unidá, Xuanín que Emilio tantas veces tocó con el dúo entreguino), recreando en el propio estilo romántico una interpretación llena de buen hacer, despliegue del arsenal sonoro y respeto a la partitura, algo siempre de agradecer. La propina no podía ser otra que nuevamente Bach, la «Fuga» de la Toccata, Preludio y Fuga en DO M., BWV 564, pues suena perfecto en el nuevo órgano. Una alegría saber que hay cosas que vivirán más años que todos los presentes…

Por último reflejar que el domingo tuvo lugar ya la primera liturgia y posterior concierto a cargo del organista titular y de Fernando Álvarez del Santuario de Covadonga, con nueva participación de los coros del viernes, pues todo instrumento debe estar vivo y funcionar a diario supondrá una mejor vida ¡para todos!.

El magisterio de Blechacz

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Jueves 22 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Rafal Blechacz. Obras de Bach, Beethoven, Debussy y Szymanowski.

No había mejor forma de celebrar Santa Cecilia que el concierto de piano de este jueves. Puedo presumir, ya que no tengo abuelas, de haber escuchado a pianistas que han hecho historia y de los que la van a hacer, y el polaco Rafal Blechacz es uno de ellos con total seguridad, ya la está haciendo. El responsable del ciclo le calificó del siguiente Zimerman, y no le falta razón. El sello amarillo con el que ha firmado en exclusiva tiene otros buenos colegas pero nada que ver con él.

Las obras elegidas para esta gira son una auténtica clase magistral de piano (en el Baluarte pamplonés quedaron boquiabiertos), casi 300 años de historia en cuatro autores, y si además tenemos las notas al programa del maestro Pantín entonces unimos teoría y práctica para redondear una tarde pianística excepcional.

La Partita nº 3 en La m, BWV 827 (Bach) resultó fresca, limpia, de ornamentaciones exquisitas, contrastes ajustados, pulcritud total y una ejecución fantástica en las siete danzas que forman un todo pese a sus diferencias, unidad expositiva e interpretativa, claridad en las voces, fraseos transparentes, magisterio barroco en un piano íntimo.

El Beethoven amado y menos conocido llegó con la Sonata nº 7 en RE M., Op. 10 nº 3, continuidad perfecta tras el kantor, arranque vigoroso del Presto, serenidad y madurez en el Largo e mesto, alegría en el Menuetto: Allegro, retomando el aire puro, y el Rondo: Allegro colofón de lujo donde la sobriedad no impidió disfrutar de sonoridades increíbles y nueva maestría interpretativa, conocida por las grabaciones pero donde el directo es irrepetible.

Tras la pausa nuevo paso adelante en el tiempo con dos autores igualmente recogidos en la discografía del polaco pero que el Steinway del Auditorio recreó para gozo pleno. La Suite Bergamasque (Debussy) fue un abanico de luz y color, matices únicos, ambiente sonoro plenamente impresionista lleno de delicadeza precisa y preciosa, con un Clair de lune plateada por llena y poderoso influjo en el público. Si la grabación es joya, del directo no tengo sustantivos ni calificativos para los cuatro números.

Szymanowski parece hacer confluir todo lo anterior desde la Polonia del siglo XX como cerrando la clase magistral de hora y media en los dedos de su compatriota. La Sonata nº 1 en Do m., Op. 8 nos mostró otra cara de un diamante gigantesco, llena de fuerza y nuevos brillos, luminosas dinámicas con brío (Allegro moderato) frente a tenebrosos pasajes resposados (Adagio), ave fénix del Tempo di minuetto y sentar cátedra en la doble fuga Finale que el profesor Francisco Jaime Pantín califica como «cóctel  explosivo…  en una sonata que, aunque aparentemente excesiva, mantiene una fuerte cohesión interna en virtud de un sistema de derivación temática en el que los elementos parecen relacionarse«, y así la interpretó Blechacz, exacerbado, luminoso, febril, visionario, académico y de complejidad intelectual volviendo a retomar a mi admirado Paco. Teoría y práctica en estado puro.

Chopin es el músico polaco por excelencia y ahora mismo Blechacz su mejor intérprete, ganador en 2005 de su concurso, y no podía marcharse sin regalarnos el Vals nº 3 en La m. Op. 34 nº 2 para rendirnos ante el piano romántico cual epílogo de la clase magistral. Y otro más, expléndido en todos los sentidos.

Rafal Blechacz cercano a la salida, firmando programas, discos, posando para los aficionados y agradeciendo nuestra presencia. Gratitud de un público más sano que de costumbre y menor del merecido, pero esto daría para mucho más.

Todo un Maestro de 27 años que ha irrumpido en la historia de los Grandes Intérpretes, y algunos piensan como yo que es el pianista del siglo XXI, y espero seguir disfrutándolo.

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Tributo a los organistas anónimos

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Domingo 19 de agosto, 16:30 horas, Basílica de Covadonga. IV Ciclo de conciertos Órganos de Covadonga: Víctor Urdialez Ruiz y Jaime Menéndez Corrales. Obras de Sweelinck, J. Bennett (c. 1735-1784), Frescobaldi, Pachelbel, Bach, Elgar, Henri Mulet (1878-1967) y Satie.

Covadonga es «La Cuna de España», además de un Santuario Mariano en el que cualquier día del año, y más en verano, el peregrinaje es permanente. La Escolanía es también historia de este lugar tan emblemático para todos; la Santa Cueva mantiene todo su simbolismo, y la Basílica cuenta desde hace años con el nuevo órgano de la factoría Acitores S. L., instrumento a pleno funcionamiento que además se sitúa en el itinerario del Festival de Órgano CajAstur (estando la edición XXIV en el aire por la crisis bancaria donde la «tijera cultural» está haciendo estragos); su organista titular, Fernando Álvarez Menéndez, lleva en el puesto 25 años y siempre resulta un placer escucharle.

Coincidiendo con un agosto donde los turistas y peregrinos son multitud, hace cuatro años que comenzó este ciclo dominical de conciertos previos al inicio de la Novena a la Virgen de Covadonga, distinto a otros por ese aire festivo aunque la calidad siempre está presente en el quehacer de los intérpretes. Esta edición la inauguraba mi querido Chema Martínez y continuó Fernando Álvarez. Como bien recordaba el actual Abad D. Juan José Tuñón al inicio del concierto, hay que rendir doble tributo: a los organistas litúrgicos, esos que acompañan domingos y fiestas de guardar, muchos de formación autodidacta, amantes de la música para tecla y auténticos «forofos» más allá de una afición que los feligreses no siempre entienden, caso de Jaime Menéndez (1956) en la Iglesia de San Pedro de Soto del Barco; a los estudiantes de órgano, los futuros profesionales que en plena formación académica pueden ir fogeándose no ya con el repertorio sino con ese público sin el que nada tendría razón de ser, como Víctor Urdialez (1993), un ecuatoriano formado en la Escolanía del Real Sitio de Covadonga que estudia órgano en el CONSMUPA de Oviedo (comenzará su tercer curso) y este domingo compartió concierto en el Órgano Mayor de la Basílica, que atesora una riqueza tímbrica de la que ambos intérpretes nos hicieron partícipes.

El programa lo dejo aquí arriba, y sin entrar en cada obra, al menos comentar algunas cosas.

A modo de presentación, el titular nos ofreció una breve recreación de uno de los temas de La noche celta de Ramón Prada Blanco, otro ex-escolano, músico cangués y obra impresionante que en el órgano tomó una impronta nueva, que seguramente tendrá continuidad con algún proyecto nuevo que me comentó Fernando Álvarez al finalizar el concierto. La apuesta por nuevos repertorios a partir de adaptaciones de calidad como la escuchada, es un camino aún por explorar y del agrado de públicos como el del verano en «La Cuna».

Las obras elegidas por los concertistas fueron muy diferentes pero todas interpretadas desde el rigor y el buen gusto, así como una correcta elección de registros que siempre lleva mucho tiempo, repertorio:

  • siempre necesario en la formación, como en el caso de Víctor Urdialez, difícil no ya técnicamente, que lo es, en especial esa Partita BWV 767 -coral y tres variaciones- de Bach sino en el acierto de la elección tímbrica, todo una vida de oficio donde cada instrumento es un mundo; tomaremos nota porque su nivel de autoexigencia es muy grande y siempre es positivo;
  • personal del organista para el culto diario que conjuga la necesaria ambientación litúrgica, como pueda ser el Adagio (Bennett) con las inquietudes propias de todo músico, incluso uniendo ambas, caso de las dos obras del Kantor: el coral Liebster Jesu, Wir Sind Hier (BWV 731) y el Adagio (BWV 564), donde la sonoridad redondeó unas obras que no faltan nunca en los bancos y Jaime disfrutó con ambas.

Aplaudir la iniciativa, el apoyo y reconocimiento a estos músicos «anónimos» cuyo amor por la música y más la del rey de los instrumentos, lo comparte con un público que aplaudió cada obra, dejándonos cada uno la propina de rigor en una hora de buenas sensaciones que continuó con la sobremesa en la sombra hablando, cómo no, de músicos, músicas y nuevos proyectos. Aún queda el concierto del día 29 en el realejo de la Colegiata, con la Escolanía y Rubén Díez García, cual pre-novena que comenzará el día 30 con la presencia del Nuncio, esperando poder asistir para cerrar un agosto de órgano.

Después del concierto con Fernando, Jaime y Víctor
Y el próximo año más…

Sigo un verano organístico

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Sábado 18 de agosto, 20:30 horas. XXII Música en la Catedral, Astorga: Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de Sweelinck, Buxtehude, Muffat, Pasquini, Bach, Mendelssohn y Boëllmann. Organiza: Asociación Amigos de la Catedral y Cabildo Catedralicio; aportación: 3€.

En verano suelo hacer escapadas musicales, y puede que mi amor por el órgano me lleve a buscar conciertos cerca, como así sucedió este sábado donde mi admirada Ana Belén participaba en el segundo de los tres conciertos programados en la Catedral maragata, a quien la premura me impidió saludar personalmente, y que estuvo asistida, creo, por una de sus compañeras en el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro.

Siempre es un placer escuchar a esta intérprete de Andoain que nos deleitó en Asturias un par de veces en el Festival de Órgano CajAstur del pasado año. Destacar su madurez, notoria en cada concierto, excelente registración y búsqueda de obras siempre arriesgadas de todos los estilos, pero sin perder nada de la frescura y limpieza expositiva, máxime en un instrumento que podría calificar de recio como el carácter castellano, y si me apuran berciano restaurado por Federico Acitores, a quien escuché comentar cómo cada órgano tiene su propia idiosincrasia y personalidad cual acento hablado hecho música, y el de Astorga es uno de los que marca por su sonoridad, en especial los violones y las trompetas.

Del programa previsto arrancó la Fantasía Cromática (F. Sweelinck), seguida de la Ciacona en Mi menor (Buxtehude) que ya le escuché en Asturias, para seguir subiendo el listón con la Toccata prima (G. Muffat), exigentes todas y bien expuestas aunque de escucha algo dura por la propia registración, bien utilizada en cambio al introducir en el concierto la Introducción y Pastoral (B. Pasquini) aprovechando ese efecto «pajarillo» que sí forma parte del órgano maragato, aunque las campanas de los cuartos y voladores en el exterior también se sumaron al despliegue sonoro.

Volvió a impresionar en el Preludio y fuga en La m., BWV 543 (Bach) de registros conseguidos para poder paladear toda la paleta sonora del Kantor de Santo Tomás en Leipzig, disfrutando con el pedalier virtuoso y claro, con una exposición de la fuga realmente impactante y una elección de tempi ajustada. Y el «descubridor» también se sumó al regalo organístico con la Sonata III, Op. 65 (F. Mendelssohn), fiel discípulo y seguidor del maestro, sonoridad romántica para los dos movimientos I. Con moto maestoso II. Andante tranquilo literalmente majestuoso el primero y auténtico «delirio reposado» el segundo, magisterio instrumental de escritura y ejecución, templanza y nobleza cual virtudes organísticas.

Y aunque se «caía» Guridi por cuestiones técnicas, la Toccata final de la «Suite Gótica» Op. 25 (L. Boëllmann) puso el auténtico broche de oro para un programa amplio en el tiempo que fue del agrado de un público que abarrotó la catedral y supuso un repaso a la literatura de órgano que Ana Belén García sigue trabajando duramente.

Sorpresas veraniegas

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Jueves 19 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: Hans-Peter Retzmann, órgano. Obras de Bach, Franck, Boëllmann y el propio Retzmann. Organizado y patrocinado por la Fundación Avilés Conquista Musical.

Siempre es un placer escaparme hasta Avilés a escuchar «el niño de Chema» y la prensa avisó de este concierto (también este compañero bloggero) en el órgano fabricado por Acitores además del acompañamiento de la Eucaristía previa al mismo, otra sorpresa agradable al escucharlo durante el culto, como supongo hace este organista nacido en Colonia y titular de la Iglesia de S. Juan Bautista de Mönchengladbach.

Cada vez descubrimos nuevas sonoridades en esta joya de «Sabugo Nuevo», y me alegra saber que más allá del Festival de Órgano o la Semana de Música Religiosa, Avilés sigue apostando por mantener vivo un instrumento que tanto esfuerzo (y dinero) ha costado. Escuchar a tres de los grandes en la interpretación de Retzmann resultó bien aunque no esté acostumbrado a unos registros como los elegidos por el alemán, puede que por falta de tiempo para investigar en los miles de combinaciones posibles apropiadas para las obras de esta tarde gris del verano avilesino, si bien me consta el esfuerzo realizado porque la profesionalidad del músico germano está demostrada y seguro estuvo perfectamente asesorado tanto por el «titular» José Mª Martínez como por el propio Federico Acitores. También a su favor la evolución y trabajo a lo largo del concierto «haciéndose» con un instrumento que seguirá asombrándonos en cada escucha.

El Preludio y Fuga en RE M., BWV 532 (J. S. Bach) resultó algo confuso en los planos sonoros pese a un tempo más reposado de lo «normal», aunque la Fuga diese más luz, y un pedalero bien ajustado, siempre desde una interpretación ajustada históricamente.

La Pastoral de Cesar Franck sí sonó puramente romántica en el instrumento de Santo Tomás, gran variedad de registros y matices para un intérprete de técnica impecable, con momentos realmente de belleza tímbrica.

De esta tríada inicial destacó Priére á Notre-Dame, tercer número de la «Suite Gotique» de Léon Boëllmann, descubriendo combinaciones en los teclados soberbias, en especial un trémolo de «cromormo» quasi armonio en el Teclado I mientras en el III desgranaba una «voz celeste» realmente hermosa.

Y para redondear este concierto, el organista, que estudió con el muy querido en Avilés Naji Hakim composición e improvisación, tuvo a bien ofrecernos dos temas asturianos desde una técnica que va más allá de la  histórica variación a la que los intérpretes de hoy están volviendo. En el órgano positivo del altar nos desgranó unas Variaciones sobre «Carretera de Avilés» que enriquecieron tímbrica y armónicamente un tema tan universal desde lo local, adaptado a esa pequeña maravilla que también tuvo su protagonismo junto al «hermano mayor», preparatorio de la obra final nuevamente en el gran órgano: Sinfonietta asturiana a partir de la melodía «Santa María, en el cielo hay una estrella…», en cuatro movimientos bien contrastados en todo, llámese fraseo, registros, tiempos, matices y lo que queramos añadir, sin perder nunca el original pese a las múltiples variaciones: Introducción, Trío, Meditación y Final, suponiendo habrá quedado grabada para el archivo de la Fundación. Resultó un derroche musical de clara inspiración en Max Reger, compositor sobre el que el maestro Retzmann está preparando una tesis doctoral.

La satisfacción fue generalizada, no ya por estos dos regalos musicales de inspiración asturiana en uno de los mejores órganos de nuestra tierra sino por seguir comprobando cómo queda aún mucha ilusión en mantener viva la llama encendida del rey de los instrumentos. Siempre de agradecer conciertos como el de esta tarde, esperando el pronto relevo de organistas de nuestra tierra (ya los hay) que ayudarán a poder continuar un camino que nunca debió perderse. Los maestros siempre son un referente y el modelo a seguir; Hans-Peter Retzmann ya está en la larga lista de un claustro de profesores que sigue creciendo desde esta tierrina nuestra, y al que esperamos volver a escuchar de nuevo.

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