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Pulcritud coral

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Lunes 30 de marzo, 20:00 horas. Catedral de San Salvador, Oviedo: “Crucifixus”, Concierto de Semana Santa. Coro “El León de Oro” (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Lotti, Victoria, Donati y Pizzetti. Fotos de Beatriz Montes y propias.

En la presentación de este concierto sacro, el coro “El León de Oro” (LDO) dentro de su propia temporada (de los pocos que la tienen) nos describen lo que escucharíamos este Lunes Santo en la Sancta Ovetensis con un lleno increíble y colas que rodeaban la plaza de Alfonso II hasta la capilla de La Balesquida media hora antes:

«El programa que presenta El León de Oro en la Catedral de Oviedo se inscribe plenamente en el espíritu de la Semana Santa, como un recorrido sonoro por la oscuridad, el dolor y la esperanza que atraviesan estos días. En él se respira, además, un marcado ambiente italiano, que conecta distintas generaciones y estéticas: desde Antonio Lotti hasta Lorenzo Donati e Ildebrando Pizzetti, sin olvidar a Tomás Luis de Victoria, cuya profunda vinculación con Italia —donde vivió y se formó— se refleja en la intensidad expresiva de su música.

A través de este diálogo entre tradición y contemporaneidad, el programa traza un itinerario que transita desde las tinieblas hacia la trascendencia. En este contexto, la interpretación de la Messa di Requiem de Pizzetti se erige como el eje central del concierto: una obra de extraordinaria belleza y profunda espiritualidad, muy poco frecuente en los escenarios. Su inclusión supone una apuesta artística valiente que invita a la escucha atenta y al recogimiento, en perfecta sintonía con el carácter introspectivo y meditativo de la Semana Santa».

Si algo identifica al coro asturiano, uno de los más laureados en España y con casi tres décadas de trayectoria, es la impecable organización de cada concierto, con una versatilidad al alcance de muy pocas formaciones corales amateurs, y que conjugan tradición e innovación con una plantilla de geometría variable que le permite tan amplio repertorio (desde el Renacimiento a las llamadas vanguardias actuales). Y nuevamente volvieron a acertar en elección y calidad con el éxito de un público fiel que crece en cada aparición de los gozoniegos. En el IV Festival AtriumMusicae de Cáceres cautivaron a medianoche en su Concatedral con el Officium Defuntorum de Victoria junto a la Schola Antiqva, y a primera hora del día siguiente asombraron con parte de este programa que disfrutamos este penúltimo día de marzo. Incluso en el Niemeyer volvieron a cantar parte de un Donati que ya es «fondo coral» de los gozoniegos.

La magia coral se repitió nuevamente en Lunes Santo (como el pasado año), con la acústica catedralicia que ayuda y no perdona, pero LDO no conocen las dificultades. Afinación perfecta, concentración total para unas entradas seguras, matices extremos sin importar la tesitura, finales precisos y cada partitura un dechado de belleza coral aunque la temática de este “Crucifixus” pareciera oscura. Pero resultó contenida, brillante, sin estruendos, empaste entre las cuerdas impecable, las asombrosas sopranos de agudos casi imposibles siempre limpios y fraseados, los bajos que cimentan hasta las profundidades cada templo sonoro, los contrastes de unas contraltos que enriquecen el color, y los tenores que van rejuveneciendo desde la cantera para completar una tímbrica de coro uniforme, compacta y expresiva a más no poder.

Abría el concierto el Crucifixus (a 8) de A. Lotti, con una acústica que multiplica presencia y realza las líneas de claroscuros para esta página conmovedora, herencia directa del Maestro Peter Phillips.

Alternar a Victoria con Donati es otra apuesta arriesgada, y acertada, de Marco A. García de Paz que los “enfrenta” por temática y aúna en esta visión doble de la polifonía eterna. Las tinieblas del abulense y la interiorización del italiano, el Renacimiento del “tactus” que tan bien conocen “los leones” más lo abrupto de nuestro tiempo hecho música. El Caligaverunt oculi mei a cuatro voces mixtas (de su Oficio de Tinieblas), arrancó unos tímidos aplausos por su magna interpretación que no rompieron la continuidad con las tinieblas de Donati. Todo un despliegue de voces siempre equilibradas, de disonancias afinadas, todas las cuerdas entregadas, llevadas con la expresividad de las manos maestras y la respuesta justa a cada indicación, con las campanas de Las Pelayas sonando de fondo.

Reubicando las voces con las blancas a la izquierda y graves a la derecha llegaría la impresionante Messa di Requiem (1923) de Ildebrando Pizzetti (1880–1968), una obra que muestra la influencia de los compositores polifónicos de los siglos XV y XVI, todo un descubrimiento por parte de LDO y Marco que mantienen toda la solemnidad de la liturgia en latín con esa herencia polifónica llena de “guiños” históricos que son como la propia historia del coro, más las aportaciones de unas disonancias siempre bellas, de sonidos esculpidos por las distintas voces de los luanquinos. Un Réquiem de dinámicas asombrosas, desde un perfecto unísono contraltos-bajos quasi gregoriano; el poderoso Dies Irae medieval «vistiéndose» actual con las contestaciones rítmicas y melódicas sin apenas palabras; el vibrante Sanctus de armonías espectaculares, sustentadas por unos bajos tenidos mientras las voces agudas nos elevan a las alturas que Victoria ubicó en el infinito y las sopranos iluminando al parmesano, verdadera explosión vocal frente a la espiritualidad contrapuntística; el Agnus Dei suplicante y ese final «liberador» marcando el carácter de cada sílaba, de cada frase, tejiendo un manto sonoro acogido con una atronadora ovación.

No faltó el regalo de bisar el Sanctus para esta misa (entendida incluso como puesta en escena) esperanzadora donde LDO siguen conmoviendo, asombrando y enamorando.

¡Hosanna Leones!

PROGRAMA:

Antonio Lotti (1667–1740):

Crucifixus (a 8)

Tomás Luis de Victoria (1548–1611):

O vos omnes (SSAT)

Lorenzo Donati (1972):

Davanti alle tenebre

Tomás Luis de Victoria:

Tenebrae factae sunt (SSAT)

Lorenzo Donati:

Dentro alle tenebre

Tomás Luis de Victoria:

Caligaverunt oculi mei (SATB)

Lorenzo Donati:

Oltre le tenebre

Ildebrando Pizzetti (1880–1968):

Messa di Requiem, 1923.

I. Requiem aeternam

II. Dies irae

III. Sanctus

IV.Agnus Dei

V. Libera me

Silencios sonOROs

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Domingo 15 febrero, 12:00 h. Cúpula del Centro Niemeyer. Coro EL LEÓN DE ORO, Marco Antonio García de Paz (director): Deafening Silence. Obras de Venturini, Donati, Pärt, Cage, Arnesen y Whitacre. Entrada: 12€ (+ 1€ de gestión). Fotos de Beatriz Montes y propias.

Silencio sonoro, silencio de oro, silencio respetuoso, silencio vergonzoso, silencio cómplice, silencio doloroso, silencio bochornoso, silencio majestuoso y musicalmente llenando vacíos como pausas en un camino de aires actuales, con un silencio imponente y trágico, impetuoso y nostálgico, el oximoron de «silencio  atronador» o «silencio ensordecedor» (Deafening Silence), porque lo vivido esta mañana dominical en la Cúpula del Niemeyer -con todo vendido muchos días antes– gracias al El León de Oro (LDO), más allá de mi reconocido calificativo de «leónigan», traspasa todo lo que pueda contar o intentar describir. Pensé incluso en poner solo la ficha técnica y dejar toda esta entrada en blanco cual silencio, pero hay experiencias que no podemos dejar pasar aunque a veces la prensa las omita o no les dé la importancia que tienen.

Barajé también disertar sobre la cantidad de música que se ha compuesto con el silencio como tema a lo largo del tiempo («The Sound of Silence» lo primero que me vino a la cabeza), más allá de que sea tan importante como el propio sonido desde aquella definición decimonónica que «la música es el arte de combinar sonidos y silencios».

No hace falta decir que LDO es sin duda uno de los coros más reconocidos del panorama coral internacional, más allá del español, y he vivido en primera persona su triunfo en el reciente Festival AtriumMusicae en Cáceres, donde ofreció dos conciertos que siempre son únicos bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, maravillando a un público llegado de los cuatro puntos cardinales.

El programa del Niemeyer se titulaba Deafening Silence (Silencio ensordecedor), una invitación al público a adentrarse en un viaje sonoro que interpelaba, conmovía y cuestionaba nuestro tiempo, como ya indicaba la web del ágora avilesina y el propio programa de mano:

«En una época en la que las ideologías se disuelven y las palabras pierden peso, el silencio –aparentemente pasivo– se vuelve protagonista. Pero no cualquier silencio: un silencio ensordecedor, que grita con fuerza todo aquello que ya no se dice, lo que se oculta, lo que no se quiere mirar».

Luces cuidadas, proyecciones con varios textos, cantados o evocados, imágenes en movimiento y un público en un respetuoso y por momentos inquietante silencio, donde se podía escuchar respirar con solo algún leve y breve comentario infantil que se apagaba rápidamente. Una selección de obras que solamente «los leones» puede interpretar porque se mueven -en todos los sentidos- cómodos tanto en las épocas históricas pero especialmente en el repertorio coral de nuestro tiempo que dominan como ningún otro en España. Sigo citando los propios textos que invitaban a leerse y pensarse antes, durante y/o después de una experiencia sonora más allá del silencio:

Este concierto nace de una necesidad urgente: la de reflexionar, desde el arte, sobre la indiferencia y la distancia creciente entre los avances tecnológicos y la dignidad humana. Mientras algunos alcanzan las estrellas, millones siguen luchando por derechos básicos. Las voces que aquí resuenan –poéticas, espirituales, fragmentarias– nos hablan del dolor ignorado, de la violencia silenciada, de los muertos sin nombre.

Las obras de los seis compositores elegidos suman textos de autores que nos invitan a escuchar  esa música desde otro lugar, puede que el interior. Y el silencio se hizo con Venturini (Udine, 1959) y la obra que daba título al concierto. Aparición del coro bajo la cúpula susurrando, hablando, cantando recorriendo el espacio con el sonido, ubicándose en una tarima con un fondo que daría luz al tríptico y las letras de Donati (Arezzo, 1972), tinieblas de disonancias que suenan próximas, bellas y hasta luminosas. El lenguaje de Dante sublimado con la música del madrigalista contemporáneo en las voces impecables, afinadas, expresivas, celestiales asentadas desde el Averno del arquitecto brasileño.

Si hay un compositor que conmueve como pocos es el estonio Arvo Pärt más allá de su música sacra, y LDO sigue ejerciendo su apostolado. Las dificultades no existen, afinan, empastan, emocionan, juegan con el espacio, disfrutan con el sonido, la magnificencia de los fortissimi y los interiorizados pianissimi tan trabajados que se hace imposible consigan esa fusión vocal tan plena. Carne de gallina en el cántico bíblico de Simeón, Nunc dimittis, enlazado con The Deers Cry (2007), maravilloso diálogo de la voces masculinas y femeninas en un continuo “in crescendo” lleno de fuerza donde sentir esas maravillosas polifonías del final con todas las voces combinadas en un momento de gran inspiración y emoción con el grito del ciervo (impresionantemente proyectado), jugando con «Cristo» conmigo, delante, detrás, en mí…

Y llegó la «conocida» obra de John Cage, el único compositor no vivo del concierto, con 4’33’’ que no apareció como provocación (lo fue en su momento y hasta se vendía por 0,99€ en las plataformas), un reloj de arena proyectado ese tiempo de silencio absoluto mientras Marco  A. García de Paz dirigía al imaginario coro silencioso que formaba el público, marcando a tres o a cuatro, quién sabe si VictoriaRheinberger como en Cáceres, las pausas y «fraseos», que buscaban lo escrito previamente: «un punto de inflexión que nos invita a escuchar el espacio, el tiempo y la comunidad reunida. Especialmente en un lugar como la cúpula del Centro Niemeyer, el silencio se convierte en una experiencia compartida que da sentido a la música que la rodea».

Del compositor noruego Arnesen (Trondheim, 1980) que hoy en día está siendo referente coral a nivel mundial, LDO nos interpretarían un emocionante Even When He Is Silent (2011), una obra coral conmovedora e introspectiva cuya música está inspirada en un texto breve pero profundamente conmovedor, escrito por un judío que se escondió durante la Segunda Guerra Mundial y encontrado rayado en la pared de un sótano en Colonia, que estuvo proyectada mientras  la escuchábamos.

De nuevo el silencio como protagonista pues así comienza reflejando la profunda profundidad de las palabras usadas para ir gradualmente desarrollándose hasta un clímax dramático con la frase «Creo en el amor», que encarna las intensas y conflictivas emociones de aferrarse a él en tiempos difíciles. La pieza se desvanece luego en un final más contemplativo, que culmina en una serena aceptación de la fe en Dios, incluso en medio del silencio. Música conmovedora, de acordes exuberantes y desafiantes líneas vocales, todo un viaje emocional del texto interpretado con profundidad por LDO donde también está la esperanza en los momentos más oscuros, iluminados tenuemente como las luces sobre las partituras. Podrán quitarnos el sol o el amor pero la música nos recuerda que incluso en las circunstancias más sombrías, podemos aferrarnos a nuestra esperanza y fe.

Y para finalizar esta experiencia coral otro de los compositores «fetiche» de los asturianos, Eric Whitacre (1970) con las voces graves rodeándonos desde arriba, las blancas en la tarima y Marco manejando ese Water Night, luz y oro, noche con ojos de caballo y de agua, «Silencio y soledad» antes de un recitado preparando la última posición del coro, «voces que aquí resuenan, poéticas, espirituales, fragmentarias, hablan del dolor ignorado, de la violencia silenciada, de los muertos sin nombre«, de guerras en Gaza y Ucrania pero también en África, Asia… When David heard, un tránsito musical a la muerte, al silencio y la oscuridad, emoción contenida, explosión coral de una página que LDO tienen en su genética y va pasando de generación en generación con la misma entrega de sus inicios. El proyecto es una realidad y mantiene la eterna búsqueda de la belleza vocal que prosigue con una versatilidad única, capaz de transitar entre estilos muy diversos manteniendo coherencia expresiva y claridad sonora, que incluso desde el silencio atronador.

Finalizo con las notas escritas por Marco A. García de Paz:

En su ensayo “El resto es silencio”, Aldous Huxley reflexiona sobre cómo el ser humano experimenta la belleza, el placer, el dolor, el éxtasis o la muerte sin necesidad de expresarlos con palabras. Cuando lo inexpresable exige manifestarse, decía, recurrimos a la música. Y cuando la música ya no basta, siempre queda el silencio.

Shakespeare coloca esas mismas palabras —The rest is silence— en boca de Hamlet en el instante final. Pero en su tragedia la muerte no es solo un desenlace: es un proceso. Un camino que va desde la oscuridad del duelo hasta un intento de reconciliación con lo inevitable. La vida, parece decirnos Shakespeare, no se pierde del todo mientras haya alguien que recuerde, alguien que cruce el umbral del tiempo para contar la historia. Mientras exista la memoria, el silencio no será vacío.

Deafening Silence propone precisamente eso: escuchar el silencio no como ausencia, sino como presencia cargada de significado. Como un espacio donde la música, al retirarse, nos obliga a mirar, y a mirarnos, con mayor profundidad.

PROGRAMA

Andrea Venturini (1959)

Deafening silence

Lorenzo Donati (1972)

Davanti alle tenebre Dentro alle tenebre Oltre le tenebre

Arvo Pärt (1935)

Nunc dimittis

The Deers Cry

Jonn Cage (1912 – 1992)

433

Kim André Arnesen (1980)

Even When He Is Silent

Eric Whitacre (1970)

Water Night

When David heard

Contrafacta dorada

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 10:15 horas: Iglesia de Santiago. El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz): Contrafacta. Obras de Victoria, Donati, Palestrina, Pärt, Rheinberger y Whitacre. Fotos propias y de Sandra Polo.

Quienes me conocen saben que soy un ferviente “leónigan” y si en la mañana del sábado sacaba pecho presumiendo de este coro de mi tierra, con casi 30 años de trayectoria, muchos premios internacionales (y no solo nacionales), pero sobremanera con una cantera que hace de este proyecto algo único y vivo, escucharles de nuevo y en solitario, dominando repertorios tan variados y a la vez tan bien ensamblados, me hicieron “engordar de orgullo” ante mucha parte de un público con el que estamos coincidiendo en este festival tan intenso y casi maratoniano (ya conocemos a Don Antonio), pero con un éxito arrollador que respondió a esta oferta de la que aún me queda mucho por contar.

Marco A. García de Paz presenta este Contrafacta explicando que es “un viaje sonoro que atraviesa los límites del tiempo, el estilo y la tradición, deteniéndose en un fenómeno fascinante de la historia musical: la capacidad de una obra para transformarse en otra sin perder su esencia”, y por ello contrafactum que es la práctica de reutilizar una música ya existente aplicándole un nuevo texto, algo tan histórico pero igual de vigente. El León de Oro (LDO) tiene muy trabajadas gran parte de las obras que cada temporada aunque vayan incorporando repertorio no almacenan ni archivan mucho, con la oportunidad de poder armar conciertos como este matutino que abría el 5º día del Atrium Musicae.

Diálogos entre el Victoria genético de “los leones” (no me canso de recordar a P.P.) con el italiano Lorenzo Donati (Arezzo, 1972), música actual de enorme dificultad en afinación con disonancias exigentes para cualquier coro y que LDO lleva años siendo referente en estos aspectos, tres parejas que conviven en calidad y emotividad. Otro tanto con Palestrina y Arvo Pärt en el Nunc dimittis, e incluso con Josef Gabriel Rheinberger en el Kyrie, todos ellos en el archivo mental (también digital y coral) de estos leones ya desde cachorros y que Marco refresca emparejando mundos como sólo él acostumbra.

Y el cierre nadie mejor que la pareja Victoria-Whitacre, el Sanctus de la Missa Salve Regina con el Sainte-Chapelle jugando como siempre con distintas ubicaciones de las voces, dobles coros, siempre equilibradas, matizadas, unas sopranos celestiales y unos bajos verdaderos (nada de barítonos con años), para completar este edificio sonoro sumando unas contraltos y tenores para armar otro templo coral que mueve pasiones fuera de las fronteras astures.

No importa el horario ni la climatología, si el sábado LDO con la Schola Antiqua asombraron, por separado y arrancando febrero volvieron a llamar a un público abierto de mente (y de oído) “comulgando” solo con la música bien interpretada por dos coros que mantienen la esperanza en el mundo coral.

Casi sin tiempo había que irse hasta Malpartida de Cáceres con el segundo concierto a las 12:30… pero como en los seriales y desde este blog

CONTINUARÁ…

PROGRAMA:

Contrafacta
Tomás Luis de Victoria (1548-1611)
O vos omnes
(SSAT)
Lorenzo Donati (1972)
Davanti alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Tenebrae factae sunt (SSAT)
Lorenzo Donati
Dentro alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Caligaverunt oculi mei (SATB)
Lorenzo Donati
Oltre le tenebre

Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594)
Nunc dimittis (SATB + SATB)
Arvo Pärt (1935)
Nunc dimittis

Giovanni Perluigi da Palestrina
KyrieMissa Papae Marcelli (SATTBB)
Josef Gabriel Rheinberger (1839 – 1901)
Kyrie – Cantus Missae

Tomás Luis de Victoria
SanctusMissa Salve Regina (SSAB + SATB)

Eric Whitacre (1970)
Sainte–Chapelle

P.D.: Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la noche del 6º día de festival, aún no estaban disponibles) pero las añadí cuando las tuve ya de madrugada.